#ConstruyendoPaís: Dar a conocer la literatura venezolana en EEUU

Naida Saavedra es una venezolana radicada en Estados Unidos que ha logrado abrirse paso en el campo académico, para, entre otras cosas, hablar de literatura venezolana. Pocas expresiones culturales ayudan tanto a comprender a un pueblo como sus letras, y pocas cosas significan una forma de rebeldía tan laboriosa como defenderlas y difundirlas en cualquier parte y en cualquier contexto. Más aún, teniendo en cuenta los años oscuros que han golpeado al país, en los que desde el poder han pretendido imponernos gustos y palabras. Naida demuestra que se puede construir país desde la distancia.

Cuéntame cuánto tiempo tienes en EEUU, en qué universidad estás, qué cátedra estás dictando y cómo ha sido tu actividad literaria desde que estás allá.

Gracias por querer saber un poco de mí. Llevo 17 años en EEUU, ¡ya casi soy mayor de edad! Vine cuatro meses a estudiar inglés, pero las cosas de la vida me han hecho convertirme en una inmigrante en este país. Actualmente soy profesora en Worcester State University, en Worcester, Massachusetts. Acabo de empezar mi tercer año aquí. Antes fui profesora en Darton State College (ahora Albany State University), en el sur de Georgia; y antes de eso fui profesora contratada y estudiante de posgrado en Florida State University, en el norte de Florida.

El departamento de World Languages aquí en WSU es pequeño y todos los profesores damos clases variadas de lengua (gramática, conversación, composición, etc.). Luego, cada quien se encarga de las cátedras relacionadas con su línea de investigación. Así que hay dos profes que se especializan en España y dos en Latinoamérica (una soy yo). De la parte de Latinoamérica yo me encargo del norte de Suramérica, el Caribe y los latinos en EEUU. Mi compañera se encarga del centro y del cono Sur, más o menos. Ella además se encarga de la mención de educación que tenemos. Por eso doy fijo las cátedras de Culturas de Latinoamérica, Presencia hispana en los Estados Unidos, Introducción a las culturas latinas en los Estados Unidos, etc. También clases de Literatura generales o temáticas. El año pasado, por ejemplo, di una únicamente sobre el realismo mágico en Latinoamérica. Tenemos la Maestría en Español también y en este caso obviamente cada profe es especializado en su área. Así yo doy clase cada otoño (de septiembre a diciembre) y estoy turnando: un año doy Latinoamérica, un año Estados Unidos. Este semestre voy a dar una clase de maestría titulada New Latino Boom.

Siempre quise escribir desde que era niña y lo hacía para mi mamá. Tanto me dijeron que me moriría de hambre si seguía esa profesión que no la estudié, así que estudié Publicidad y Relaciones Públicas en LUZ. Comencé a escribir formalmente estando ya en Estados Unidos cuando estaba en el Doctorado de Literatura; aunque el doctorado es de crítica y no de creación literaria, me dieron las ganas de finalmente ponerme seria. Así que puedo decir que nací como escritora aquí.

¿Hablas de literatura venezolana en los diferentes espacios que tienes allá? ¿Estás actualizada respecto a lo que se ha publicado en Venezuela durante los últimos 17 años?

Sí. Fíjate que mi tesis de doctorado fue sobre literatura venezolana. Hice mi tesis sobre narrativa desde los años 60 hasta el año 2000 más o menos. Estudié la figura del inmigrante dentro de la ficción venezolana y su relación con la forja de la identidad nacional. Hice un estudio de la presencia de españoles, italianos, portugueses y colombianos en cuentos y novelas de diferentes autores, durante diferentes años y de diferentes estilos. El tema de la inmigración no deja de interesarme y ahora estoy enfocada en los escritores inmigrantes en Estados Unidos que escriben en español. Siempre que tengo la oportunidad incluyo a algún escritor venezolano. Por ejemplo, el año pasado di una clase de maestría sobre el boom latinoamericano y una de las novelas que discutimos en clase fue País portátil, de Adriano González León. Le dediqué mi tesis de doctorado a él y a su trabajo, y era un sueño mío dar una clase donde pudiera incluirlo. Me sentí muy feliz con ello. Sigo pendiente de lo que se ha escrito este siglo en Venezuela, y como varios autores usan las redes sociales, estoy en contacto.

¿Y qué tanta receptividad has tenido cuando hablas de autores y de literatura venezolana? ¿Cómo se percibe allá a nuestros autores?

Nadie sabe que existen [suspira].Bolívar, Bello y Gallegos. De ahí para adelante no se conoce. Cuando los estudiantes y colegas se dan cuenta de todo lo que hay se emocionan, se entusiasman y quieren saber más. Un granito de arena, al menos, pongo. Sin embargo, con la diáspora venezolana de hoy en día, se está notando una presencia de literatura venezolana.

Creo que es lo único positivo de toda esta situación. El año pasado en la Miami Book Fair International, hubo una mesa solo de escritores venezolanos. Me contenté muchísimo. Además hay escritores que se han mudado acá para hacer posgrados y que siguen con la conexión allá, entonces se nota un intercambio. Yo diría que esta última década ha traído mucho movimiento, en comparación con la nula presencia de años atrás. Te puedo nombrar por ejemplo a Keila Vall de la Ville, Raquel Abend Van Dalen, Oriette D’Angelo, José Delpino, Camilo Pino. Ahorita acaba de llegar Jacqueline Goldberg al International Writing Program de la University of Iowa, donde está una de las maestrías en creación literaria en español. Fíjate que Oriette D’Angelo acaba de empezar esa maestría y le toca compartir con Jacqueline Goldberg. Cosas así. Mariza Bafile dirige una revista en New York que se llama ViceVersa Magazine y tiene mucho contenido de escritores venezolanos. La editorial del número actual habla del movimiento migratoria a pie que se está dando. También está Sudaquia Editores en New York, cuyo dueño es Asdrúbal Hernández. Allí han publicado, por ejemplo, a Héctor Torres. Son algunos ejemplos.

Entiendo que Roberto Echeto también está Iowa, y que el año pasado estuvo Enza García Arreaza.

Sí, justo te iba a nombre a Enza. Y claro, Miguel Gomes siempre es una referencia fuerte. Él es profesor en la University of Connecticut. El programa de maestría de NYU también ha tenido varios estudiantes venezolanos. Allí estudiaron Keila y Raquel, por ejemplo; y se acaba de graduar también el poeta maracucho Miguel Ángel Hernández. Raquel ahora está en Houston porque acaba de empezar el doctorado en creación literaria en español allá. Es el primer programa de doctorado de este estilo en el país y este es el segundo año.

¿A qué crees que se deba ese escaso conocimiento en EEUU sobre la literatura venezolana? ¿Ocurre también con los autores del resto de Sudamérica?

Esa es una pregunta que me he hecho por años. He manejado varias teorías. Venezuela ha estado de cierto modo en la periferia en muchos sentidos. Además, al poseer el premio Rómulo Gallegos y la casa Monte Ávila, los escritores, pienso yo, no tenían mucha necesidad de salir. Hablo de antes.  También creo que el círculo literario venezolano ha sido muy cerrado por mucho tiempo, es difícil entrar, es difícil conocer lo que escribe la gente. Como si la literatura la lee quien la escribe, ¿no? No es una crítica, es una observación. Mi mamá, por ejemplo, es una gran lectora, lee todo, es su pasatiempo preferido. Le puedes preguntar de cualquier país, de cualquier estilo, género… ella ha leído algo. Pero si le preguntas de literatura venezolana se queda muda. Ha leído conmigo porque yo le paso los textos y me pregunta: ¿cómo esto no lo conocía yo antes? Y entonces fuera de Venezuela el desconocimiento es mayor. Mi esposo, peruano, gran lector también, nunca había leído nada aparte de Gallegos hasta que se casó conmigo.

¿Cómo podríamos ayudar a que se conozca más a la literatura venezolana en el exterior?

Pues la gente que está en el mundo de la academia tiene un poco de poder, ¿no? Como yo [risas]. Es decir, los profesores pueden difundir un poco a través de los textos que distribuyan a sus estudiantes, yendo a conferencias, hablando con colegas. Y hay que salir fuera de la academia y conectarse con las revistas culturales tanto en Estados Unidos como en Venezuela. También, por ejemplo, hacer proyectos con editoriales, antologías. La antología Topos mecánicos, de Raquel Abend Van Dalen es una muestra. Acaba de salir, ¿la has visto?, de la Editorial ígneo. Ella compiló autores que hablan sobre la vida en el metro (sobre todo de New York) y hay autores de aquí de varios países y autores de allá. La editorial sale del país sin dejar de estar allá a través de ese libro. ¿Me entiendes? Me parece una selección maravillosa. Cosas como esa son las que hay que hacer. Las plataformas digitales también acortan las distancias, ya sabes.

¿Cómo ponderas el nivel actual de la literatura venezolana?

Esa pregunta es difícil de contestar en estos momentos si hablamos de forma general de todo lo que se está produciendo allá. Lo digo por el control de varias editoriales que siempre fueron grandes íconos de la literatura venezolana. Sin embargo, los autores que siguen escribiendo desde principios de siglo y que no se acomodan a exigencias políticas, siguen estando entre los que valoro profundamente. Algunos se han ido, algunos siguen allá y sé que seguirán luchando por mantener su voz. Hay muchos poetas comprometidos y eso me pone muy contenta también. También las revistas son cruciales. Son buenas. Siempre está Qué Leer y con La Vida de Nos, Ojo, El Estímulo, El Cautivo, etc, se mantiene la exposición de tantos textos de calidad que hay. No sé mucho de los problemas que puedan enfrentar en este momento las editoriales que no son adeptas al Gobierno. Con la cuestión de las divisas, la falta de papel, tinta… no sé, tantas cosas. Sin embargo, tengo fe en la Editorial Cómplice, Editorial Eclepsidra, OT Editores, entre otras. Pero en resumen, la literatura venezolana sigue siendo de mucha calidad, sigue siendo muy buena.

Hablemos de tu rol de escritora. ¿Cuántos libros has publicado?

Un cuento largo (que se publicó como novela corta), tres ebooks y un libro de cuentos. El primero salió en Venezuela con la Editorial El perro y la rana pero ahora no puedes encontrarlo. Me sacaron de catálogo. El próximo año van a salir aquí mi segundo libro de cuentos y un libro de ensayo. El libro de cuentos que saldrá el próximo año incluye el primero (cuento largo) que se publicó en Venezuela.

¿De qué van los tres ebooks?

Última inocencia y En esta tierra maldita son cuentos largos también. Ambos ambientados en Maracaibo. El primero es sobre un grupo de amigos que le juega una mala pasada a un hombre comprometido con la Revolución. El segundo habla del Miss Venezuela y el tema de ser transgénero. Hábitat es un libro de microcuentos. Son 40 cuentos corticos, de un párrafo o un par de líneas, todos de algún modo relacionados con personajes que podrían considerarse raros. Un poco tenebroso… o quizás no.

¿Y han encontrado tus libros lectores venezolanos? ¿Cómo haces con la difusión?

¡Mi familia! [risas]. No, en serio, la gran mayoría de mis lectores están en Estados Unidos. Los lectores en Venezuela son contados. No se me considera una escritora venezolana, entiendo yo. Antes te mencioné que es difícil entrar al círculo literario venezolano; quizás porque no estudié letras allá, porque comencé a escribir estando aquí, quién sabe. Como artista, he encontrado mi casa aquí. Estoy contenta. También hay que añadir que mis libros no se consiguen en Venezuela, eso es un problema, y el Internet para muchos es un obstáculo, que si se va la luz, que si hay que comprar con tarjeta de crédito, etc. Es difícil lograr una difusión de mis textos allá.

En tu opinión, ¿cuál es la importancia de la literatura en la sociedad? ¿Por qué, por ejemplo, es importante dar a conocer a la literatura venezolana en EEUU?

La literatura es, al fin de cuentas y en muchos casos, un reflejo de la sociedad. En este momento más que nunca es necesario que se conozcan las voces venezolanas en Estados Unidos y en todo el mundo. La literatura puede revelar las historias que los medios institucionalizados no revelan.

¿Algo más que agregar? Quizá un mensaje para estos tiempos que atraviesa Venezuela.

Tantas cosas que se pueden decir… Admiro muchísimo a la gente que se queda luchando día a día y produciendo ideas en medio de tanto caos. Por eso creo firmemente que volveremos a tener un país digno. Mientras tanto y desde aquí lo que hago día a día es informar, contarles a todos las historias que de otra forma no sabrían.

 

Por Lizandro Samuel@LizandroSamuel 

 

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