¿Cómo llegamos a esta crisis? Parte IV

Era tan inminente el agravamiento de la crisis, que hasta dos actores del chavismo –Jorge Giordani y Rafael Ramírez– advirtieron que era necesario virar el rumbo. Maduro no hizo caso y ya todos sabemos el resultado. En 2015, Víctor Salmerón –periodista especializado en economía– publicó el libro La economía del caos, con el sello Punto Cero. En el primer capítulo, desmenuza los problemas que padece la economía venezolana. Hoy día, en el 2018, ese texto introductorio llamado Los cavernarios ayuda a comprender cómo Venezuela llegó a la peor crisis de su historia. En Revista Ojo, con autorización de Punto Cero, dividimos el capítulo en cuatro entregas que forman parte de una serie que hemos denominado ¿Cómo llegamos a esta crisis?

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La inacción

Desde la óptica de Nicolás Maduro la calidad de vida de los venezolanos se deteriora velozmente porque su gobierno es víctima de una «guerra económica» orquestada por un enemigo que engloba bajo términos como «pelucones», «oligarquía», «burguesía parasitaria», que propicia la escasez y la inflación.

«Es una guerra contra la moneda, una guerra contra los procesos de distribución y fijación de precios, pero el objetivo es más que económico, son psicológicos: desestabilizar a la familia, a la mente y tranquilidad del trabajador (…) que el pueblo vaya perdiendo la fe en su propia patria más allá de la Revolución», dijo el 27 de junio de 2015. Una semana más tarde durante el desfile del Día de la Independencia afirmó que «esta oligarquía que ha osado secuestrar la economía se arrepentirá en el futuro de haberle hecho pasar sufrimientos y dolores al pueblo».

Bajo esta lectura la posibilidad de tomar medidas en el campo económico ha quedado descartada y aumentan las fiscalizaciones a las empresas, operativos en busca de mercancía acaparada, persecución policial a los revendedores, racionamiento, captahuellas, cierre de fronteras y llamados a los buenos sentimientos.

«Porque quien se mete a bachaquero, ¿qué opción toma, qué hay en su alma y mente? La codicia, el sálvese quien pueda, el no me importa la comunidad. ¿Queremos una patria plagada de bachaqueros o llena de gente solidaria y respetuosa?», se preguntó Maduro en cadena nacional, mientras que la economía tercamente continuaba respondiendo a incentivos[1].

Todas las voces que alertaron sobre la necesidad de realizar ajustes económicos fueron apartadas o alejadas del centro del poder. La historia de las discusiones a lo interno se remonta a enero de 2013 cuando Hugo Chávez, enfermo e impedido de asumir el cargo de Presidente a pesar de haber resultado victorioso en las elecciones del 7 de octubre de 2012, permanecía hospitalizado en Cuba y Nicolás Maduro, en su rol de vicepresidente, llevaba las riendas de la república.

Aún el petróleo se cotizaba a altos precios, pero los desafueros cometidos a fin de asegurar la última reelección del «comandante eterno» pasaban una factura larga y pesada. El 9 de enero de 2013 Jorge Giordani, en ese entonces ministro de Planificación, le entregó a Nicolás Maduro el documento Orientación de la política económica en el inicio de un nuevo período presidencial, donde alertaba de la gravedad de los desequilibrios[2].

Jorge Giordani, quien escribió los planes de gobierno para impulsar el socialismo del siglo xxi, explicó en este escrito que el gasto público se había desbocado como nunca antes entre 2010-2012, registrando un salto estelar de 12 % del PIB; que con billetes fabricados en el Banco Central Pdvsa había recibido el equivalente a 6,6 % del PIB; que los costos de la seguridad social ya eran tan elevados que igualaban «los aportes petroleros presupuestarios»; que la nómina de trabajadores en el sector público había crecido aceleradamente y que las «distintas formas de cooperación [petrolera] con países amigos bordea los 550.000 barriles diarios».

Además el escrito le indicó a Nicolás Maduro la necesidad de focalizar los planes sociales «para evitar abusos de ciudadanos de ingresos superiores a los mínimos que se inscriben» y admitió que «no existe suficiente contraloría para los recursos que insumen las empresas públicas, los numerosos programas de los ministerios y otros organismos públicos y la demanda de importaciones públicas, entre otros gastos».

Tras el fallecimiento de Hugo Chávez, el 5 de marzo de 2013, el Consejo Nacional Electoral convocó a elecciones el 14 de abril. Días antes Jorge Giordani escribió una «carta abierta» que recibieron Nicolás Maduro y algunos miembros del partido de gobierno.

Esa carta indica que bajo la conducción de Nicolás Maduro «la situación sufrió grados crecientes de desorganización y falta de un centro de decisiones coordinadas, lo que hizo florecer un sinnúmero de presentaciones de medidas de las cuales el equipo económico a cargo de las finanzas se enteraba por los periódicos o la televisión»[3].

Aunque durante el primer trimestre de 2013 el precio promedio de la cesta petrolera venezolana se ubicó en 103 dólares el barril, ya existía escasez de divisas. Dice Giordani en la carta abierta: «Durante el año 2013, Pdvsa no ha entregado al erario público cantidades necesarias para enfrentar lo delicado de la situación. Con esta carencia, se disminuyó sustancialmente la asignación de divisas para importaciones básicas, con lo que el previsible desabastecimiento y la aceleración inflacionaria serán inevitables».

A pesar de que esa era la situación, el 14 de mayo de 2013 (es decir: un mes después de haber recibido esta advertencia) Nicolás Maduro, ahora recién elegido Presidente de la República, culpaba a los empresarios del incremento de precios y la escasez de alimentos, señalando que «hay una guerra para desabastecer al país, para lanzar una inflación descontrolada».

Para enfrentar el ciclo de alta inflación y mínimo crecimiento que ya presentaba la economía al cierre de 2013, en marzo de 2014 Jorge Giordani le entregó al presidente Nicolás Maduro el documento Propuestas para la coyuntura económica 2014, donde incluye una serie de recomendaciones que curiosamente coinciden con las que han dicho la mayoría de los economistas que el Gobierno considera de oposición.

Entre otras medidas Giordani creía necesario «auspiciar la convergencia de los tipos de cambio en el mediano plazo, ajustar de manera progresiva las tarifas de los servicios públicos (electricidad, agua, telefonía, gas, gasolina, transporte), adecuar los precios de cada uno de los productos, evitando situaciones de desabastecimiento y definir las importaciones contingentes, necesarias para reducir los niveles de escasez en el corto plazo».

Dos meses después de entregarle este documento a Nicolás Maduro, Jorge Giordani perdió todo el poder y fue relevado de su cargo como ministro de Planificación. El 20 de marzo de 2015 diría en un acto público en el que fustigó el camino tomado por el Gobierno que «la situación es grave. Y si no se toman decisiones se pone peor y el deber de uno es decir las cosas y decir las verdades: hay que asumir la crisis».

Hubo otro intento de ajuste. El 14 junio de 2014 Rafael Ramírez, en su rol de vicepresidente de economía y presidente de Pdvsa, acudió a Londres para reunirse con inversionistas internacionales y explicarles el plan que había preparado para enfrentar los desequilibrios.

Ramírez quería devaluar para obtener más bolívares por los petrodólares y disminuir la impresión de dinero en el Banco Central, además de acabar con un dólar artificialmente barato que estimulaba las importaciones y dejar un solo tipo de cambio. Además contemplaba disminuir la lista de productos con precios regulados, acciones para controlar la liquidez y aumento en el precio de la gasolina.

Las medidas nunca se concretaron y el 2 de septiembre de 2014 Rafael Ramírez fue destituido de todos sus cargos en el gabinete económico y fue nombrado canciller. Como una muestra de que nada de lo anunciado en Londres sería puesto en práctica, al día siguiente Nicolás Maduro afirmó en cadena nacional: «A mí me dan risa los cables de la AP y de Reuters, ¿no? Porque ya ellos no tienen voceros que se atrevan a hablar dentro del país, entonces lanzan los cables, y los cables los leen en la radio, en la televisión de las regiones y todo. AP: Maduro prepara un conjunto de medidas económicas. AP: ¡Se quedarán esperando por eso! Reuters: ¡Se quedarán esperando por eso!».

Ruleta petrolera

Predecir los precios del petróleo es una manera segura de equivocarse. No obstante, la mayoría de los analistas coinciden en que el oro negro ingresó en un ciclo donde al menos hasta finales de 2016 no retornará a los niveles de 100 dólares el barril. En este contexto la posibilidad de que la administración de Nicolás Maduro logre sacar a la economía del túnel de inflación, recesión y escasez luce muy comprometida[4].

Una demanda que desfallece por la fragilidad de grandes locomotoras de la economía global resta brillo al crudo. La Zona Euro emite señales de dirigirse a la tercera recesión en seis años; si bien Estados Unidos muestra signos de vitalidad, en términos históricos se trata de una recuperación débil, y China comienza a perder ímpetu.

Pero la fragilidad de la demanda no es el único factor que vulnera los precios del barril. También hay un crecimiento inesperado de la oferta. Gracias a la extracción de crudo de lutitas (shale en inglés), un tipo de roca rebosante de petróleo y gas inaccesible hasta la aparición de nuevas tecnologías, Estados Unidos ha incrementado a paso firme su producción al punto que un estudio de Wood Mackenzie afirma que, al ritmo actual, en 2025 podrá autoabastecerse[5].

Arabia Saudita también ha aumentado la producción mientras que Irak –de manera lenta pero constante– comenzó a recuperar su actividad después de la guerra al igual que Libia. Por otra parte, Irán negocia la firma de un tratado que se traduciría en el levantamiento de las sanciones que le impiden colocar libremente petróleo en el mercado.

A fin de golpear la rentabilidad de la extracción del crudo de lutitas en Estados Unidos, que en teoría requiere que el barril se cotice a un precio superior a 70 dólares y no ceder cuota de mercado, Arabia Saudita ha liderado la política seguida hasta ahora por la OPEP de no recortar producción.

Un factor a tomar en cuenta es que las empresas que explotan este petróleo no convencional han mejorado notablemente la productividad y los días para perforar un pozo cayeron de 22 a 9. El número de pozos perforados cada año aumentó de 16 a 41 y también están mejorando las técnicas para romper la roca. La producción inicial por pozo creció 50 % en los últimos tres años.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) considera que el ciclo en el que la oferta de petróleo supera a la demanda por un margen amplio y presiona a la baja los precios del barril se mantendrá hasta finales de 2016.

En su reporte de agosto de 2015 el organismo señala que la oferta de petróleo continúa creciendo a una «velocidad vertiginosa» y que en el segundo trimestre superó la demanda en 3 millones de barriles diarios, la mayor cantidad desde 1998.

«El reequilibrio que se inició cuando los mercados petroleros comenzaron con una caída inicial de precios de 60 % hace un año aún no ha acabado. Desarrollos recientes sugieren que el proceso se extenderá hasta bien entrado el 2016», dijo el reporte de la AIE.

Un factor relevante a tomar en cuenta es si definitivamente China, el segundo consumidor mundial de petróleo, crecerá a menores tasas y por ende le restará soporte al precio del barril de forma permanente. Todo apunta a que este es el caso: el gobierno del gigante asiático recortó su proyección de crecimiento para 2015 a 7 %, la magnitud más baja en dos décadas.

La desaceleración de China es natural en el sentido de que tras crecer a un promedio de 10 % anual durante los últimos 30 años, lo normal es que la expansión pierda potencia porque cada vez es más difícil mantener la tasa. Por ejemplo, un crecimiento de 7 % en 2015 significaría una producción mayor en bienes y servicios a la alcanzada en 2007, cuando la economía registró un alza de 14 %.

En el largo plazo el crecimiento depende en gran medida de la productividad, es decir, de la capacidad para incrementar la producción por trabajador y la brecha tecnológica entre China y los países desarrollados ha disminuido, lo que implica que las ganancias en productividad ya no tendrán la misma intensidad.

Otro factor a tomar en cuenta es que la población en edad de trabajar alcanzó su pico en 2012 y la inversión, que llegó a ubicarse en la astronómica proporción de 49 % del PIB, también parece haber tocado techo.

A las dudas que genera el entorno internacional se añade una creciente desconfianza hacia la capacidad de pago de Venezuela. En un entorno donde los precios del petróleo han registrado una baja sustancial y la república, incluyendo Pdvsa, está obligada a cancelar entre el segundo semestre de 2015 y 2016 unos 16.000 millones de dólares por vencimientos de deuda externa, las entidades financieras se preguntan continuamente si la administración de Nicolás Maduro no optará por declararse en default, es decir, no cumplir con el pago en el tiempo estipulado.

La firma Síntesis Financiera proyecta que si en 2016 el precio de la cesta petrolera venezolana promedia 48 dólares el barril al tomar en cuenta los ingresos y todos los gastos en divisas como importaciones y pagos de deuda, el país tendría un déficit de 22.000 millones de dólares.

Los inversionistas observan un altísimo riesgo en las finanzas venezolanas, lo que se traduce en que si la república emitiese nuevos bonos para obtener recursos y cancelar los que están por vencerse, tendría que pagar una tasa de interés exorbitante[6].

Otra señal proviene de los credit default swap (CDS), el instrumento que utilizan los inversionistas para asegurarse de un posible incumplimiento en el pago que debe hacer el Gobierno al vencimiento de los bonos. Las compañías que venden los CDS les aseguran a los inversionistas que, en caso de que la administración de Nicolás Maduro no les cancele ellas lo harán, a cambio de recibir un pago anual. Es decir, operan como una póliza de seguro contra la eventualidad de un default.

En un reporte fechado el 8 de julio de 2015, el Bank of America indica que el desenvolvimiento de los CDS de Venezuela apunta a que el mercado observa 56 % de probabilidad de que el país caiga en default en un año y 95 % en los próximos cinco años.

La turbulencia

En 1984 el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) publicó un libro que resulta esencial para entender por qué en la década de los noventa Venezuela fue sacudida por una severa crisis política y económica que produjo un largo período de decadencia, violencia y empobrecimiento: El caso Venezuela: una ilusión de armonía.

El trabajo incluye un texto de Moisés Naím y Ramón Piñango que resultó un análisis profético: gracias a la riqueza petrolera, Venezuela creció, se modernizó y se expandió en todos los órdenes a una velocidad centelleante sin incurrir en las confrontaciones que estos procesos de transición desataron en otros países. No obstante, para ese entonces ya era evidente que el descenso de la renta petrolera presagiaba tiempos tormentosos en una sociedad carente de instituciones sólidas para dirimir conflictos. Por lo tanto, el país debía abocarse a construir un mejor sistema judicial, un parlamento eficiente y medios de comunicación social que difundieran de manera seria e imparcial los temas a ser debatidos.

Hoy podría decirse que la debilidad institucional es mucho más profunda que en 1984. Los poderes públicos responden claramente al partido de gobierno, no existen contrapesos y difícilmente habrá árbitros idóneos para encausar los conflictos que comienzan a aflorar tras el temblor que sacude al modelo económico y la desaparición del liderazgo carismático de Hugo Chávez.

Aunque es evidente un período de tiempos turbulentos está por verse si el chavismo perderá el poder. El 6 de diciembre de 2015, si todo ocurre como está previsto, los venezolanos elegirán la nueva Asamblea Nacional y entonces habrá una señal clara de si comenzará un proceso de transición política.

 

Por Víctor Salmerón | @vsalmeron 

Tapa blanda: 270 páginas

Editor: Ediciones Puntocero (20 de agosto de 2016)

Idioma: Español

ISBN-10: 9789807312363

ISBN-13: 978-9807312363

ASIN: 9807312361

 


[1]    Esta frase fue pronunciada el 27 de junio de 2015 en cadena nacional durante la entrega del Premio Nacional de Periodismo.

[2]    Jorge Giordani incluye el documento en su libro Encuentros y desencuentros en una construcción bolivariana (Vadell Hermanos, Caracas, 2015).

[3]    La carta está publicada en el libro de Jorge Giordani Encuentros y desencuentros en una construcción bolivariana (Vadell Hermanos, Caracas, 2015).

[4]    Al cierre de la primera semana de septiembre de 2015, la cesta petrolera venezolana registra un promedio en el año de 48,37 dólares versus un promedio anual de 88,42 dólares en 2014. En 2013 la cesta se cotizó a un promedio anual de 99,49 y en 2012 de 103,4 dólares.

[5]    Outlook by Wood Mackenzie’s Global Trends Service, 23 de octubre de 2014.

[6]    Al cierre de la primera semana de septiembre de 2015, Venezuela asumiría una tasa de interés de 29 puntos porcentuales por encima de lo que paga Estados Unidos, la nación que se financia al menor costo, mientras que en promedio el resto de los países de América Latina cancela 4 puntos.

 

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