Los orígenes de un seductor (o cómo hacer de tu problema un emprendimiento)

“Cuando yo me enteraba de que le gustaba a una chama, me paralizaba”. La frase la dice un hombre que hace unos años tenía miedo de invitar a salir a una mujer, pero que hoy, después de un proceso largo de transformación personal, no sólo logró salir con  chamas distintas todas las semanas, sino que mantiene un canal de YouTube con más de 500 mil suscriptores en donde enseña a cómo seducirlas.

De eso vive.

Luis Caraballo se describe como un tipo divertido y alocado, que le gusta aprender, y le encanta hablar sobre lo que hace. La verdad es que este Hitch caribeño no inició siendo un tigre como Charlie Sheen o Barney Stinson, sino más bien un Alan Harper. “Yo pasé por un proceso de dos años de transformación personal. Me arranqué la timidez de raíz, me enfoqué en mí. Me hice amigo de unos tipos que eran unos tigres con las chamas”.

De una primaria llena de noviecitas, pasó a un largo verano: “En bachillerato tuve una virginidad eterna”. Y no es que no hubiese tenido oportunidades, sino que el miedo podía más. “Una vez fuimos a una fiesta. Una chama estaba conmigo, estaba interesada, pero yo no sabía qué hacer. Yo hablaba un poquito con ella, luego con unos amigos. La dejo sola como una hora. Cuando volteo a buscarla, la chama se estaba besando con un amigo mío, con el hermano de un amigo mío. Él no tenía mucha idea de que yo iba pendiente ni nada, pero la estaba besando. El chamo la conoció esa misma noche, y la estaba besando en una hora de conocerse. Le hubiese dicho que a mí me gustaba para que no la besara, pero después pensé que eso no me podía estar pasando”.

El descalabro ni siquiera era sentimental, porque realmente no llegó a conectar con ninguna mujer, sino era un tema personal, por lo que conscientemente se esforzó para resolver su problema. Fue allí cuando empezó a consumir contenido acerca de seducción, negocios y marketing.

Su objetivo inicial no era encontrar el amor de su vida, sino conseguir que aceptaran salir con él. “Empecé a hablar con un montón de chamas. Algunas no me gustaban tanto, y otras sí, pero empecé a hablar con un gran volumen de chamas e intentaba formas de invitarlas para que me dijeran que sí. Agregaba a chamas al Messenger, echaba vainas con ellas, jodía con ellas, y con la que yo sintiera que tuviera más feeling, o estaba más buena, la invitaba a salir”. Confiesa que a algunas las tuvo que perseguir un poco más: “A veces las chamas se baten una, y se la dan de duras”.

“Cuando te va mal con una chama, duele. Cuando tienes meses y años sin tener sexo con una chama, duele; pero los hombres no hablamos de esa vaina”. Luis reflexionó, hizo una introspección y descubrió una necesidad que la sociedad de machos alfa-lomoplateado-pelo-en-el-pecho calla. Es por ello que narró algo de lo que pocas veces habla, pero que forma parte de la historia de una transformación personal que lo ayudó a tener éxito en su canal de YouTube.

Cuando su primer objetivo (que le aceptaran las invitaciones) fue tachado de su checklist, el siguiente paso era el contacto físico.

Era la cuarta vez que salía con esa chica, pero ni la mano le había agarrado hasta aquel día en la playa, cuando salió de la friendzone. “Estaba al lado de mí. La chama estaba dormida, pero yo sólo pensaba cuándo besarla. Tiene que ser ya, mis amigos se habían apartado. Es ahora, o estoy jodido. Le agarré la mano, abrió los ojos y me monté encima de ella. Se intentó echar para atrás, pero no pudo, movía la boca para que no la besara. Al final, medio la besé y me aparté. La miré con cara de asustado:

—Qué coño e madre estás haciendo –me dijo.

—Mierda, no sé, me provocó –respondí y, curiosamente, empezamos a hablar:

—Qué loco que hayas hecho eso –dijo.

—Es que no me interesas como amiga.

A la media hora ambos estábamos metidos en la playa besándonos. Ahí aprendí que así la chama te diga que no, que no quiere un beso, el simplemente hecho de hacerlo es necesario, tienes que hacerlo”.

La sensación de seguridad abordaba a un chamo que perdió muchas oportunidades por timidez. Del verano eterno del bachillerato pasó a: “No sé si llamarlo latinlover. Fue una locura. Yo vi Hitch creo que antes. Creo que dice algunas cosas que pueden estar en lo cierto, pero Hollywood y las películas son mucho más fresas, románticos. Hasta el propio concepto de latinlover es más romántico que en la vida real. En mi experiencia todo es más loco. A las chamas les encanta mucho más el sexo de lo que los hombres creen. Las chamas quieren todo más rápido de lo que uno cree. Las chamas son tan ansiosas por conectar sexo-romance-besos como nosotros, o más. No es un proceso como que de enamorarlas al principio, sino de más que las cosas sucedan rápido, y avancen. Hasta que consigas que una chama te guste mucho y te deje de provocar salir con otras. Es lo que a mí me pasa. A mí me encanta la locura, pero, en el fondo, creo que soy más romántico que otra cosa”.

La base conceptual y empírica estaba, sólo bastaba empezar a colocar bloques para materializar su gran proyecto. Quien cursó más de la mitad de ingeniería eléctrica en la Universidad Simón Bolívar entendió que su perfil no encajaba con esa carrera. Es por ello que decidió abandonarla en 2008. Le faltaba un año y la pasantía. En un entorno repleto de ingenieros, no fue fácil. “Mi mamá lloró. Amigos se alejaron de mí”. Para la época, la situación económica venezolana empezó a tambalearse, por lo que Luis sabía que un título de ingeniería no sería un salvavidas. El asunto era tan serio que llegó a afirmar: “Si algún día llego a trabajar como ingeniero, me suicido”.

De esta forma, decidió que lo mejor que podía hacer para entrar dentro del mundo laboral era echar una mano a todos quienes, como él, habían padecido problemas con las mujeres. Así nació Atracción Lab, un exitoso emprendimiento que hoy, incluso, lleva adelante junto a la mamá de su hija.

Todo empezó con una página web que vendía un ebook de seducción. De aquella incipiente web nació un libro que escribió con un amigo. “Lo montamos en PDF y empezamos a generar tráfico hacia la página hasta que un día tuvimos la primera venta. Yo no vengo de una familia de comerciantes. Yo pensaba que para ganar dinero tienes que meter currículum en algún lado, que te contraten y que te den dinero. No pensaba que el dinero que te da el jefe es porque está vendiendo algo. No lo veía. La mayoría de ingenieros tampoco lo ven, pero así los preparan”. Después de su primera venta, de 37 USD, recuerda, se entusiasmó.

No había vuelta atrás. No sólo había nacido un seductor, sino también un emprendedor.

 

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch 

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