Hombres, dejemos de ser tan idiotas

Ada Hegerberg está en lo que, de seguro, será uno de los momentos cumbres de su vida. Está recibiendo el Balón de Oro, el premio que por décadas ha señalado al mejor jugador de fútbol masculino y que ahora, por primera vez en su historia, se entrega también a la mejor jugadora de la categoría femenina del deporte más popular del mundo. Es un reconocimiento justo a una temporada bestial por parte de la jugadora noruega, su nombre va a quedar registrado en los libros al ser la primera mujer en recibir el galardón, es un paso importante en el camino a la igualdad de géneros. ¿Qué se le ocurre entonces al presentador del evento? Preguntarle a Ada si sabe hacer twerking.

Suena tan absurdo que, cuando un amigo envió la noticia en un grupo de WhatsApp, mi primera reacción fue la negación. Quise pensar que era mentira, que era un chiste, y no abrí el link (todavía a día de hoy no he visto el video; vergüenza ajena, le llaman). “Tiene que ser mentira”, les dije a mis amigos, pero de inmediato rectifiqué: “aunque pensándolo bien, no, la verdad es que los hombres somos así de idiotas, así que sí creo que haya pasado”.

Negarlo no lo hacía desaparecer. De verdad había sucedido. Una de esas escenas que te dejan desarmado y sin argumentos ante el planteamiento de que los hombres básicamente oprimen a las mujeres en su accionar diario y en su uso cotidiano del lenguaje. En la medida de lo posible trato de luchar contra las generalizaciones; me parecen tan peligrosas como son cómodas para nuestro sistema nervioso. Al cerebro le gustan las generalizaciones porque ayudan a ahorrar energía e invertirla en otros procesos un poco más complejos o novedosos. Por eso nos encantan los prejuicios: son formas fáciles de encasillar el mundo y continuar con nuestra vida. “Todos los hombres son unos opresores” es una generalización que, a mi entender, pasa incluso a deshumanizar a los hombres, a verlos como meros reproductores de un sistema que les ha enseñado a no tratar a las mujeres como iguales. Intento desmontar esa generalización, demostrar que hay quienes estamos dispuestos a ser un poco más sensibles con nuestra aproximación a las mujeres y  nuestra experiencia en general. Me gusta apostar a que, poco a poco, los hombres estamos más atentos a nuestras conductas y a la forma en que interactuamos con los demás para ser menos hostiles con nuestro entorno, menos ofensivos tal vez. Pero luego aparecen estas escenas y no me quedan argumentos. Debo callar, suspirar y, mirando al suelo, decir “sí, los hombres somos unos idiotas”.

Pudiéramos decir que este señor que presentaba la gala, un DJ cuyo nombre no conocía y tampoco me molestaré en buscar, estaba respondiendo a un patrón de conducta que está muy fuertemente arraigado; pudiéramos decir que estaba “respondiendo a los estándares del patriarcado”, sea lo que sea que eso significa. En cierto punto entiendo ese planteamiento y hasta lo comparto. El tipo siguió el guion de lo que un macho alfa debe hacer en una situación donde hay público y una mujer atractiva: hacer un chiste que suene un tanto ingenioso y que, de ser posible, la ponga a ella un poco en ridículo.

Sin embargo, esa hipótesis me deja de convencer cuando veo la poca responsabilidad que recae sobre presentador. Verlo así sería suponer que este señor no tenía otra opción sino hacer un chiste y hacer ese chiste en particular. Pero es 2018, señor DJ, hay que avisparse. Me niego a creer que este señor pensó su chiste y no le sonó ninguna alarma. Me cuesta creer que a este punto, con todo lo que se ha hablado, debatido y discutido sobre la causa feminista y la lucha por los derechos de las mujeres, este tipo no se detenga un momento a medir lo que dice. Algunos lo verán como autocensura y, también, hasta cierto punto, lo entiendo. Pero no se trata de censurarse, se trata de entender que la comunicación incluye a más personas y que esas personas deben ser consideradas y tomadas en cuenta en el momento en que decidimos hacer algún comentario o emitir alguna opinión. Es cuestión de estar conscientes del contexto en el que estamos hablando.

Podemos decir también que, después de todo, lo que estaba haciendo era un chiste. Una vez más, no se me hace difícil comprender este argumento; es una explicación que yo mismo he usado muchas veces para defender a personajes mucho más detestables, incluso. Pero no podemos quedarnos con una explicación tan reduccionista y que de cierta forma aliviana la culpa del presentador de la gala. Porque si asumimos que solo hizo un chiste, entonces estamos atribuyéndole un tono exagerado a la respuesta seca y cortante de Ada Heberberg y estamos desacreditando todo el revuelo y la indignación que causó esta escena.

Foto: France Football

Hay una máxima de oro en el mundo de la comedia: el timing. No sólo se trata de tener un muy buen chiste, sino que debe de rematarse en el momento adecuado para que produzca el efecto deseado. Y ahí fue donde me parece que el señor DJ falló estrepitosamente. Timing tuvo Hegerberg, para rematar en el momento adecuado y lograr los más de cuarenta goles que marcó en la temporada pasada. Timing tuvieron los organizadores del Balón de Oro; en mi opinión nunca es tarde para comenzar a reconocer a quienes se lo merecen. El timing del presentador dejó mucho que desear. Era hace unos sesenta años cuando incluso la misma Ada se habría reído de su gracia en televisión abierta. Hoy no. Ya no tienen cabida el tipo de preguntas que se les hacía a las chicas que aparecían en las páginas internas de PlayBoy hace veinte o treinta años.

Como pudiera haberse esperado, el señor luego pidió disculpas y publicó una fotografía de él hablando con Hegerberg, tratando de quitarle tensión al asunto. Pero igual la mancha quedó allí. Porque aunque de verdad no lo hubiese hecho con mala intención, logró demostrar algo que sigue presente y que es bueno no olvidarlo: muchos hombres siguen sin tomarse realmente en serio a las mujeres.

Es una lástima, pero pareciera que aún es más fácil pedir perdón que pedir permiso. Me cuesta creer que aún seamos tan idiotas como gremio, pero aparentemente es así. Hombres: dejemos de ser tan idiotas. Ayudémonos un poco entre nosotros. Así ayudamos al mundo también.

 

Por César Aramís Contreras Parra | @CesarAramis 

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