#ConstruyendoPaís: Exportar el cine venezolano a Japón

FOTO: @VenFilmFestJapan

Despreciar nuestra producción artística es una moda que creo que está dejando de ser trendy. Eso de generalizar, sin anestesia ni sentido común, diciendo cosas como “el cine venezolano es una mierda” cada vez resulta más desubicado. Supongo que mucho ha tenido que ver con eso el hecho de que nuestra producción artística ha sido tan vilipendiada por el régimen, tan descuidada por la sociedad y además se ha enfrentado a la peor crisis de la historia de Venezuela, que ya el solo hecho de que sigamos teniendo algo que pueda considerarse como cine venezolano es una cosa a celebrar.

Y aunque sí, aún habrá por ahí algún necio con halitosis hablando pestes, con el escueto argumento de que todo lo que se produce aquí está mal, también hay profesionales muy serios dedicados a difundir lo mejor de nuestra cultura en el extranjero.

En el 2015, Maykol Medina regresó a Venezuela. Pero solo de visita. Hacía tiempo que estaba residenciado en Japón ejerciendo como diseñador gráfico, abriéndose paso en otro mundo. En esa visita a su país natal, se reunió con su hermana Luza Medina y con el periodista Erick Barráez. Ahí se sembró la idea de hacer algo relacionado con el cine venezolano en Japón.

Desde la distancia, trataron de organizar un festival en Tokyo. Pero no fue sino hasta el 2018, luego de que Luza se mudara al país asiático a estudiar, cuando al fin se materializó el sueño. Erick, que es parte del equipo que organiza el festival de cine venezolano en Buenos Aires; Maykol, el único de los tres que domina a la perfección el japonés; y Luza, quien tiene años ligada a la escena cultural venezolana, crearon así el primer Festival de cine venezolano en Japón.

“Lo que nos dijeron en el Instituto Cervantes es que están abiertos a cualquier iniciativa hispanoamericana, pero de alguna manera nuestra intención era llegar al público japonés, no hacer un evento solo para los venezolanos. Y lo que nos dijeron es que tenían que estar todas las películas traducidas al japonés. Por eso hicimos una muestra pequeña. Esperemos que el año que viene podamos sumar patrocinantes, podamos sumar aliados y podamos traducir más películas. Pero, bueno, es un trabajo bastante grande, porque el japonés es otra lengua totalmente distinta”, dice Luza Medina, directora general del proyecto.

El primer Festival de cine venezolano en Japón se llevó a cabo en el Instituto Cervantes, con el apoyo económico de dos empresas japonesas: Opon y Mottomo. Así como con el de la red social venezolana Uriji, la cual, precisan, tuvo un papel fundamental y creyó en el proyecto desde el primer día.

El tema económico exigió a fondo la creatividad de Luza, quien se acercó a la comunidad de venezolanos que hace vida en Japón, la cual, aunque pequeña, no dudó en sumar a la causa a través de contactos.

“A través de las redes sociales solicité voluntarios y de esa manera pude armar un equipo de venezolanos que ayudaron muchísimo. Detrás de todo hay un venezolano. Todo de forma voluntaria”, cuenta. “La idea también era no limitar la iniciativa a la proyección de películas. Por eso hicimos unas arepas y tuvimos el cierre musical del grupo 5 años. Los contacté por Instagram y tampoco cobraron”.

Foto: @VenFilmFestJapan

¿El grupo 5 años?

“En la Universidad de Tokyo hay una cátedra electiva de música venezolana, estos muchachos vieron esa cátedra y se enamoraron de la música venezolana, o de Venezuela, y decidieron formar un grupo que se llama 5 años. Y básicamente hacen covers de música venezolana. Antes de ellos di con mucha gente. Aquí, la movida musical venezolana sí es grande, hay gente que da clases de cuatro, etc. Pero muchos viven fuera de Tokyo, lejos, y, entonces, pedían una cantidad de dinero por tocar totalmente justa para trasladarse hasta acá; pero, como te digo, tuve el presupuesto exacto, no cómo hubiese querido… Y nada, cuando ya estaba como resignada a que no hubiese cierre musical, vi a los muchachos de 5 años, los vi por Instagram, los contacté, hablamos y dijeron que sí. Estaban muy contentos. Son muchachos súper talentosos, que todos trabajan en oficinas y la música venezolana es, digamos, su pasión”, explica.

De los miembros de la banda, solo uno habla bien español. Lo que, se me ocurre, es una muestra de que nuestra producción artística puede resultar atractiva en todas las latitudes. Es posible trasmitir un pedazo de nuestra tierra –y compartir las cosas positivas de ella, en una época en la que se ha hecho famosa por situaciones desagradables– a cualquiera más allá de la barrera del idioma. El profesor de música que dicta la cátedra electiva en cuestión sí es venezolano: enamora a sus alumnos hasta un punto al que solo con el arte se puede llegar.

 Pero volvamos al punto central.

Foto: @VenFilmFestJapan

En el festival se exhibieron La distancia más larga (Claudia Pino) y La casa del fin de los tiempos (Alejandro Hidalgo), así como los cortometrajes La mora y el Cocuyo (Isaías Pérez), Eva (Francisco Pareja), El galón (Anabel Rodríguez) e Ivana (Emiliano Barreto).

“La primera película fue La distancia más larga y como gustó tanto muchos repitieron: fueron al primer día, después vinieron al segundo y luego al tercero. De todas las proyecciones hacían un comentario. Además, la gente estaba muy sorprendida porque no conocen nada del cine venezolano. ¡Y hasta la gente del Instituto Cervantes!, no solo japoneses, sino españoles, comunidad hispanoparlante en general. Les gustó la calidad de las películas que vieron y se sintieron muy a gusto”, cuenta Luza.

“La película que más les gustó fue La distancia más larga. En cuanto a La casa del fin de los tiempos, aunque les gustó, algunos se asustaron muchísimo. Hubo personas que salieron de sala y después volvieron a entrar. Y de los cortometrajes les gustaron bastante La mora y el Cocuyo y El galón. Como el último día fue de cortos y tuvimos este pequeño mitin, había como mucho interés en saber más sobre El galón: que qué pasó con esos niños, que cómo es posible… Y también sobre La mora y el Cocuyo: que querían leer el cuento… ¡De las arepas también preguntaron muchísimo! Al japonés le gusta mucho la gastronomía en general. Y como no hay eso acá, les daba mucha curiosidad. Conseguir la harina PAN es un tema. Una de las voluntarias tenía, una amiga que vino de México me trajo… en fin, es difícil. Entonces, claro, cuando los japoneses las vieron preguntaron de dónde venían, de qué era el relleno, por qué se rellenaba así”, agrega.

 La mejor forma de entender a un país es a través de su producción artística, arquitectónica, de sus deportes y sus tradiciones. El encuentro cultural enriquece al individuo quien, a su vez, enriquece a su país de origen esté donde esté. La difusión de nuestro cine, en un siglo particularmente exitoso en cuanto a que se han producido películas de alto calibre, es una parte importante en la construcción de ese país que queremos y merecemos.

“La sala estuvo llena todos los días. Tiene una capacidad para 160 personas. El primer día hubo que poner sillas. El segundo estuvo lleno. Y el tercero quizá fue el día que hubo menos gente, pero fueron unas 140 personas. La idea es hacer esto todos los años. Se necesita contar con más apoyo económico. También, conociendo a los venezolanos acá, cada uno tiene su historia, y a mí me gustaría tener los recursos para que cada trabajo sea remunerado. A mí me tocó insertar subtítulos, y duré tres días sin dormir haciendo eso: porque debía quedar perfecto, en el momento perfecto. Entonces, bueno, es un trabajón que vale la pena si ves la sala llena, el interés de los japoneses, etc. La gente del Instituto Cervantes también quedó muy complacida. Ellos hacen acá muestras de cine peruano, argentino… y se sorprendieron de que tuvimos la sala llena los tres días. Lo normal es que se llene un día, pero no todos. Y pues, quedaron súper encantados: quieren que lo hagamos todos los años. Estamos trabajando en eso”, finaliza Luza.

Foto: @VenFilmFestJapan

 

Por Ulises Vargas

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