Remesas: un respirador artificial

El país se hizo portátil. Más de tres millones de venezolanos se lo han llevado consigo a distintas latitudes, según cifras de migración de la ONU. El éxodo es inocultable, y, en contraste a la cantidad de gente que se va, el número de divisas que ingresan al país por concepto de remesas ha aumentado proporcionalmente. Muchos de esos emigrantes buscan trabajar de inmediato en sus nuevas latitudes, no solo para sobrevivir, sino para enviar algo de dinero a los familiares que permanecen en el país. Con ese monto, que al cambio en bolívares puede resultar muy superior a un sueldo mínimo, quienes lo reciben pueden todavía subsistir, y es así cómo las remesas acaban amortiguando la crisis económica y social que atraviesa Venezuela.

Producto de una hiperinflación que se acrecienta más, los salarios en el país no solo resultan insuficientes, sino que pierden poder adquisitivo con el pasar de cada día. Ante esto, las remesas aparecen como un imperioso complemento que les permite a muchos jóvenes estudiar, a familias alimentarse y a comercios mantenerse.

Oxígeno para la economía

Presentadas como un “salvavidas” a medida que recrudece la crisis, las remesas son un nuevo elemento incorporado a la realidad venezolana. Según datos del Banco Mundial, la cifra de ingresos al país por este concepto viene aumentando paulatinamente desde 2012, cuando se ubicó en 118 millones de dólares, hasta llegar a los 293 millones registrados en  2017.

No obstante, esa cantidad difiere y por mucho con respecto a otras mediciones, como la realizada por el Fondo Monetario Internacional, según se cita en un informe de Ecoanalítica, que la ubicó entre los 1.000 y 1.500 millones de dólares para ese mismo año. Y difiere también con los datos del Banco de Desarrollo de América Latina, según el cual ingresaron más de 2.000 millones de dólares en remesas durante 2017.

Para 2018, el monto total no quedó rezagado, pues según un estudio realizado por la propia Ecoanalítica, las remesas podrían haber alcanzado los 2.400 millones de dólares. Es indudable que el peso de ese dinero se va asentando en el país, aunque para el director de Econométrica, Henkel García, el total sigue siendo bajo. “Venezuela tiene una economía que necesita anualmente cerca de 1.000 dólares en importaciones por habitante. Hablamos de 30.000 millones de dólares al año. El monto actual representa unos 2.000 millones; es apenas una décima parte”, señala.

A juicio de García, el ingreso de remesas puede aumentar exponencialmente, pero su utilización es lo que marcará su grado de utilidad para el país. “Si su peso para los requerimientos de la economía sigue siendo bajo, habrá que ponerlas en su debida proporción. Lo que sí pueden hacer es una diferencia tremenda a nivel de las familias que las reciben”, acota.

Es ahí donde radica justamente la importancia de las remesas, pues les permite a muchas familias hacer frente a las vicisitudes diarias. Además, con las consecuentes transacciones y gastos, ese dinero extra termina moviendo la economía, o por lo menos haciendo que mantenga algo de ritmo dentro de la prolongada recesión que experimenta desde hace años, y que llevó a que en 2016 se reconociera la crisis con un decreto de emergencia.

En dicha crisis, marcada por la inflación más alta del mundo, el desabastecimiento y la caída del sector petrolero, las remesas vienen entonces a representar un tanque de oxígeno para que la economía siga operando, tal como señala el economista y colaborador de Cedice Libertad, Oscar Torrealba. “Las remesas se están convirtiendo en la segunda fuente de divisas del país”, indica. Lo que, a su juicio, denota dos cosas: “que la crisis se está agudizando y que la economía está estancada, pero también que hay muchos venezolanos productivos afuera”.

Con una economía estancada y una crisis que se agudiza, el panorama para quienes permanecen en el país presenta condiciones poco humanas. En esa resistencia, muchos venezolanos ven un apoyo fundamental en el dinero que les envían familiares desde el extranjero, sin el cual les resultaría casi imposible subsistir.

Amortiguadoras de la sociedad

 

Inflación en dólares. Cortesía: Ecoanalítica.

Las remesas permiten a muchos venezolanos mitigar de cierto modo los embates económicos. No pueden ser el único ingreso para sobrevivir, debido a que la inflación también consume ya el valor de los dólares, como señala Asdrubal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica, pero sí pueden ser complementos fundamentales, mayores a los sueldos.

Daniela Buitrago pasa sus días entre la UCV, donde estudia Comunicación Social, y su trabajo. Su familia sufrió en 2018 la ida de su padre a Medellín, quien ahora les manda remesas. Ese dinero resulta fundamental para su subsistencia, según señala, porque le permite seguir estudiando sin tener que recurrir a un segundo trabajo. “Podríamos sobrevivir sin la remesa, pero sería muchísimo más trabajoso: mi mamá tendría que trabajar más, y yo tendría que trabajar más, porque con sueldos mínimos no es posible. La remesa supera ese monto, y estar sin eso sería complicarse más”, indica.

Aunque en su casa las remesas van destinadas a la compra de alimentos y a los imponderables del hogar, agrega también que gracias a estas tuvieron oportunidad de ir al cine en una ocasión, dejando ver con ello otro de los usos que pueden darse a ese dinero, como lo son las actividades de entretenimiento y recreación.

Esta otra destinación es más visible con Angélica Guarenas, madre de familia que trabaja como coordinadora de Permisología y Desarrollo de Nuevos Productos en la empresa Chocolates San José, además de ser profesora de postgrado en la UCV. Su familia recibe remesas desde principios de 2018, provenientes de su pareja, quien emigró a Chile a inicios de 2018. Aunque ese dinero no le resulta esencial porque cuenta con un salario que le permite cubrir las necesidades básicas, según indica, sí que les hace la vida más cómoda. “Si bien yo puedo cubrir los gastos básicos con mi sueldo, los adicionales se cubren es con la remesa. Si quiero hacer algún curso, por ejemplo, se paga con esta”, indica.

Aquí las remesas sí van destinadas a gastos ajenos a la cesta básica, como ella misma expresa. “Sin la remesa no hay entretenimiento, y de hecho es algo que se planifica”, culmina. Esto demuestra una cosa, y es que las remesas están amortiguando además la crisis social del país, tal como señala la también socióloga y profesora universitaria, Verónica Zárraga, pero generando a la par una distorsión ahora a nivel social. “Se está mostrando una realidad que, desde la perspectiva de la sociedad productiva, engaña, genera representaciones que no corresponden”, puntualiza, refiriéndose a ese dinero con el cual se hacen gastos que, de otro modo, no se podrían.

Sin embargo, para Zárraga, esto no es nuevo, pues en su visión las remesas solo vienen a sustituir al petróleo como dinamizador de la economía y la sociedad. Y esta dinámica, agrega, viene dada por la concepción de un Estado manejado desde la beneficencia, y no desde la productividad. Pero en medio de la crisis actual, incluso ese Estado rentista se ha visto en jaque, y, viendo en las remesas un tanque de oxígeno, también él ha querido conectarse a este respirador artificial.

Intromisión del régimen

De las tres casas de cambio habilitadas, Italcambio es la de mayor reconocimiento internacional

Como parte de un intento por atraer las divisas que ingresan al país bajo la figura de remesas, el régimen autorizó en junio a tres casas de cambio para realizar operaciones relacionadas. Tales casas (Italcambio, Grupo Zoom e Insular) recibieron el aval para operar con sus agencias, pero bajo la tasa que estableciera el régimen a través del Banco Central de Venezuela (BCV). Y esa tasa ha permanecido muy por debajo del valor de la divisa en el mercado negro. Además, vale destacar que a fines de julio se derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios.

A partir de todo esto podría inferirse una apertura al mercado cambiario, pero la advertencia que recoge el diario El Universal hecha por Antonio Morales, Presidente de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (SUDEBAN), parece no indicarlo así: “El envío de remesas desde el exterior debe efectuarse por casas de cambio y no por transferencias entre personas naturales o jurídicas que envían dinero por medio de la banca electrónica sin pagar las tasas correspondientes”.

No obstante, con un control de cambio establecido desde hace 15 años, y por la desconfianza que genera en sí el régimen, tampoco es probable que la gran parte de las remesas se canalicen a través de esa vía. “Se eliminó la Ley de Ilícitos Cambiarios, pero la gente no puede enviar las remesas por el medio que quiera, sino que tiene que hacerlo por los medios oficiales, al tipo de cambio oficial”, argumenta el economista Oscar Torrealba.

Para el además profesor universitario, esa necesidad del régimen de encausar las remesas por medios “oficiales”, se debe a la posibilidad de acceder con ellas a divisas extranjeras. “La urgencia de divisas se incrementa a medida que la economía produce menos, porque así se depende más de las importaciones. Al depender más de las importaciones, se depende más de las divisas, y como las importaciones están siendo prácticamente centralizadas por el gobierno, al final del día quien necesita más divisas es el gobierno”, añade.

Lo más probable es que la informalidad siga reinando en este sentido. Muchos de esos venezolanos que envían remesas deben someterse a trabajos forzosos, y lo que buscan es que esa porción de salario que pueden mandar sea aprovechada al máximo por sus familiares en el país.

Afuera también es difícil

José Manuel Rodríguez es uno de los tantos jóvenes venezolanos que se ha marchado del país para buscar un futuro. En febrero de este año abandonó la carrera de Estudios Internacionales en la UCV, para emigrar a Buenos Aires, donde obtuvo una beca en una universidad privada. Sus padres permanecieron en Venezuela y, desde junio, cuando consiguió trabajo en un laboratorio de ideas (think thank), él les ha enviado remesas para que puedan sobrevivir en medio del caos.

Subsistir con un salario mínimo, o no muy distante de este, es un reto duro en cualquier país. Las necesidades básicas elementales quizás quedan cubiertas (salvo en casos como el de Venezuela), pero se vuelve cuesta arriba hacer otros gastos. Y si encima toca desprenderse de un pequeño monto del salario, todo se torna más difícil aún. “Lo que esas personas le pueden enviar a sus familiares es lo mínimo, porque ellos también necesitan comer allá. Y está el tema de la salud, a muchos se les deteriora por la depresión”, comenta la socióloga Zárraga.

Este no es el caso de Rodríguez, según indica él mismo, pues no se siente limitado por enviar dinero a sus padres: en detrimento de las cosas que puede comprarse, le satisface mandarles dinero sabiendo que lo necesitan. “Desde que llegué he querido comprarme un teléfono, por ejemplo, pero no he ahorrado, porque en vez de hacerlo les he mandado dinero a ellos. La satisfacción por un teléfono nuevo es la misma que tengo por saber que están mejor”, relata a la distancia.

Finalmente, Rodríguez comenta que no contempla enviar remesas por los canales ahora legales, pues no le convendría, debido a que la tasa de cambio “oficial” tiene un valor asignado que, establecido por el régimen, no le compite al valor real en el mercado. Y así como él, son muchos los venezolanos que preferirán seguir usando los canales informales, en esta avalancha que significa el envío de remesas y que no se detendrán mientras el éxodo continúe.

La expansión y la dependencia

Las remesas no solo permanecerán en tanto continúe la migración, sino que se irán acrecentando. Sin embargo, para Henkel García esto no representa una solución de mediano-corto plazo para la economía venezolana, porque ese dinero enviado va enfocado a nivel de las personas y no a nivel macroeconómico.

A nivel social, por otra parte, el efecto de las remesas podría ser no del todo positivo de cara al futuro, tal como lo señala la socióloga Verónica Zárraga. “Creo que se puede generar un arraigo pernicioso para la sociedad venezolana”, comenta, aludiendo a la posibilidad de la dependencia a estas en un futuro post crisis.

Las remesas se posicionan como un nuevo elemento en la realidad de muchos venezolanos. Su peso no solo es económico sino también social. Y viendo en ellas a una muleta de divisas con la cual apoyarse, el propio régimen ha tratado de canalizarlas a través de sus organismos cómplices. Es decir, el resultado del éxodo, en un fenómeno paradójico, podría ser ahora uno de los sostenedores del régimen. Al menos por algo más de tiempo.

Dentro de la crisis, las remesas vienen a generar distorsiones y espejismos. Ahora al país lo sostiene, en buena parte, un dinero no trabajado aquí por los venezolanos. Y esa es, tal vez, la mayor paradoja socioeconómica en la Venezuela de fines de 2018, donde la inflación interanual finalmente se queda con el récord de la más alta en la historia de América Latina, y donde muchos venezolanos ya no ven soluciones a su cada vez más deteriorado nivel de vida, por lo que parten a otras tierras sin olvidarse de quienes aún permanecen en el país.

 

Por Anderson Ayala Giusti | @Anderson2_0

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