Prohibido ser neutral: necesitamos el VAR en las elecciones

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En el descanso entre Mundiales, se juega la Copa Venezuela, no la de clubes sino una de naciones. Es un trofeo peculiar porque siempre se ha dicho que brilla radiante de oro y otras riquezas (y bellezas), pero en realidad su estructura interna sigue siendo de cartón. El torneo es incómodo no solo por atravesado, sino porque nadie sabe exactamente qué hacer con él. Muchos ni siquiera están seguros de que les convenga ganarlo. Está asociado a una saga de arbitrariedad –que no es un sinónimo de arbitraje justo–, autoritarismo, usurpación, represión y dinero sucio.

La selección de Estados Unidos nunca ha sabido demasiado de este juego del que hablamos, pero en la teoría cuenta con todos los recursos para vencer en la competición. Hasta ahora es una de las que muestra más intención en llevarse la Copa, como suele manifestar su staff técnico, últimamente muy activo en las redes sociales. Bastantes puristas alegan que el único interés del equipo de las barras y las estrellas es hacer negocio, convertir este deporte en un show y autoproclamarse campeón.

En todo caso, en medio del desconcierto y la desmotivación que infectan a otros países, los gringos ven una oportunidad a pata de mingo de su confederación y están jugando fuerte. Que sean más bulla que la cabulla es otra cosa. La plancha aspirante a tomar las riendas de este deporte en Venezuela, bloqueada por una cúpula que controla la Federación de manera ilegítima, sabe que un competidor tan influyente representa una de las poquísimas posibilidades de hacer el torneo un poco más parejo y limpiar el tan maltratado nombre de la Copa. No importa que sea un equipo torpe con el balón: si les abren la frontera, ayudarán con el Gatorade y el Dencorub.

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Los europeos siempre han conocido los matices y sutilezas de este delicado juego, aunque debido a que están enfrascados en sus propias competiciones y los traslados implican cruzar el Atlántico en fecha FIFA, no están muy seguros de si quieren meterse en esta Copa. Potencias que han ganado el Mundial como Francia, Alemania, Inglaterra y la últimamente venida a menos España han manifestado su respaldo al juego limpio, aunque no están seguros de si enviarán sus jugadores titulares a la lejana Sudamérica. En todo caso dan cierto prestigio a la dispareja competición.

Aparte de los grandes animadores, por supuesto, hay un coñazo de selecciones europeas más o menos competitivas que ven con simpatía la plancha opositora aspirante a lavar la bananera reputación del torneo, aunque en general es difícil que estos equipos tipo Austria o Polonia pasen mucho más allá de los octavos de final. Una muy modesta selección que nunca ha clasificado al Mundial podría convertirse en una de las revelaciones e incluso protagonista crucial de esta definición, debido a los secretos que conoce sobre el fair play financiero: Andorra. Es un principado no mucho más grande que el Vaticano, oncena que, aunque juega con sotana, se ha dejado meter unos cuántos caños esta temporada.

La Conmebol cuenta con selecciones campeonas como Argentina y Brasil, e incluso otras que han organizado Mundiales como Chile, aunque hace tiempo que no ganan un torneo importante y suelen ir cada una por su lado. La confederación regional está debilitada, a pesar de la despeinada angustia de su presidente, un tal Almagro. Últimamente el que lleva la voz cantante es un grupete que se reúne en Lima para pedir que dejen jugar al Guerrero (Paolo).

Como esta competición es atípica, Colombia es uno de los equipos que está más interesado en el torneo. Resolver esta eliminatoria se le ha convertido en un asunto de primerísimo orden interno, de hecho, tanto en el aspecto económico como social. Parece un competidor serio y no hay que subestimar las armas (deportivas) que ha ido acumulando. Con hombres como Cuadrado, quieren impedir que la arepa se les siga poniendo ídem.

Como en todos los torneos internacionales, hay equipos sucios y equipos aburridos que hacen que muchos partidos no merezcan ser televisados. Rusia ganó la sede del último Mundial a punta de billete y Putin quiere tener una selección campeona así tenga que comprar árbitros y manipular el VAR, aunque le sigue separando una distancia considerable de las selecciones aspirantes. Han despedido técnico tras técnico y a veces tienen la sensación de que han perdido esos reales.

AP

China desde hace rato quiere ser un actor de primer nivel en competiciones internacionales, pero lo hace de manera irresponsable. Para conquistar mercados están dispuestos a todo, menos a exigir una competición más limpia. Ellos tienen una palabra para hacerse los locos ante la violencia en la cancha: in-je-len-cia. Irán es una lástima, porque si se dedicaran a jugar en vez de agredir, podrían dar muy buen espectáculo. Turquía se ha vuelto una experta en la tramposería, nada que ver con el simpático equipo que llegó a semifinales en el Mundial 2002.

¿Qué pinta Cuba en este deporte? Siempre ha sido un fantasma. Pero aunque muchos no lo recuerdan, hizo algo que nunca ha conseguido Venezuela: jugar un Mundial. Ha aprovechado el factor experiencia para aferrarse a sus posibilidades de supervivencia y, al menos en esta fase clasificatoria, se han desempeñado como si estuvieran jugando beisbol. Han entrado al terreno de juego con bates de aluminio, pues. En eso de aporrear y vigilar las señas de los entrenadores contrarios son expertos. No sabrán mucho de 4-4-2 o  4-3-3, pero sí de la táctica antirreglamentaria conocida como G2.

Y llegamos a los países ladillas que nunca faltan en todo Mundial. Juegan para mantener el empate 0-0. Andan haciendo turismo en esta definición que, luego de un tiempo extra de 20 años, no se resuelve desde los 11 metros debido al mutismo de la Corte Penal Internacional, organismo que, como sugiere su nombre, se encarga de supervisar que los arqueros no se muevan antes de tiempo en las tandas de penales.

Hasta selecciones que han sido campeonas del mundo, como Uruguay e Italia, se han puesto fastidiosas. Sus delegados se la pasan quejándose de las selecciones que sí salen a ganar la Copa como sea, pero en el pasado se quedaron callados cuando vieron piernas fracturadas, árbitros amañados o futbolistas mal alimentados. Sorprende el silencio ante el fraude monumental del 20 de mayo. En el caso charrúa, hay sospechas sobre la titularidad del hijo del director técnico que hacen quedar como una caimanera de futbolito en el Parque del Este aquella insistencia de Richard Páez de poner siempre a Ricardo David. Como en todo deporte de contacto, hay tiempo de rectificar.

En Italia lo echó todo a perder una agencia de management llamada Movimiento Cinco Estrellas, que buscó y buscó en el Calcio y la única estrella actual que consiguió fue el importado Cristiano Ronaldo. Finalmente se impuso en la anodina Squadra Azzurra el viejo Catenaccio, táctica conservadora que consiste en dejar encadenados a los defensores de la democracia. De la portería, quisimos decir.

Ante el tedio de los que no quieren abandonar su área, uno no debería ser neutral. El nombre del juego es la alternabilidad.

El caso de México es lamentable. Siempre está en los Mundiales, y aunque es genéticamente imposible que pase de octavos de final, suele dar un espectáculo alegre y vistoso. Esta vez llegó nueva gerencia de educada pierna zurda que pretende salir de perdedora, aunque ha desvirtuado su esencia y ha traicionado a la Tricolor. La bandera mexicana, claro.

Al igual que la final de la Copa Libertadores 2018, nadie sabe cuándo y cómo terminará este extraño torneo llamado la Copa Venezuela. Se supone que la barra de los aficionados de la Vinotinto deben arreglárselas por sí mismos para escapar al mote de perdedores, aunque en su deteriorado estadio enfrentan a un rival de Fútbol de Altísima Efectividad en el shoot y con la desventaja añadida de un balón imprevisible por hiperinflado. Las reglas de la FIFA no son muy claras en casos como estos. Lo cierto es que solo les queda repetir en las gradas el cántico que se han aprendido este 2019: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres. No hay futuro para las divisiones menores sin un nuevo presidente en la Federación.

 

Por Alexis Correia | @alexiscorreia

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