Pie de páginas de Las tribulaciones de un sensor antiplagios.

Pie de página 1:

Valencia, Vadell Hermanos Editores, 1984.

Pie de página 2:

El Gran Escritor ordenó quemar esta edición porque ningún colaborador del volumen cita alguno de sus libros. Este arrebato, considerado por muchos analistas como un error político, a los entendidos en la materia no nos sorprendió. Como tampoco nos sorprendió que El Gran Sabio decretara por intermedio de su gabinete de ministros adscritos al sistema de educación, la lectura obligatoria de sus obras completas distribuidas equitativamente en los pensum de enseñanza media, diversificada, técnica y profesional de las instituciones públicas y privadas de la nación. «Esto acabará con el malandraje», dijo y firmó.

Pie de página 3:

Horas antes de publicarse estas páginas, el Congreso Nacional aprobó las relecturas con un valor de un ¼ de libro, transcurridos al menos tres meses de haberlo leído por primera vez y con al menos cinco libros mediante.

 

¡FELIZ NAVIDAD!

Fue el gran antes y después de la historia de la humanidad. Al menos, de la que conocemos. El hecho que la dividió en dos, y a partir del cual se empezaron a medir los años. El arte, la pintura y la música lo han hecho lucir esplendoroso. Nuestros aguinaldos también. Que nació cubierto de flores, canta uno. Que venía del Ávila bien arropadito, o que su cuna estaba alumbrada por destellos radiantes luz, cuentan otros. Sin embargo, según el relato de Lucas, el acontecimiento fue más bien pobre: un hombre y su mujer embarazada peregrinaban para cumplir con el empadronamiento ordenado por el César, cuando a ella le vinieron los dolores de parto. No encontraron posada en ningún sitio, así que el alumbramiento hubo de suceder en un establo. El pesebre, ese recipiente donde come el ganado, fue lo que el niño, nacido en la más absoluta pobreza, tuvo por cuna. ¿Dónde estuvo la grandeza de este hecho para lograr cambiar la historia del mundo? Hace diez años, difícilmente hubiéramos podido responder a ello. Ahora, sin embargo, algo entendemos. Son tiempos de verdadera desgracia y ruina en Venezuela: hay pobreza, hambre y una infeliz dictadura. Hoy, a nosotros, también se nos cierran todas las puertas. El sufrimiento de los hambrientos, de los que comen de la basura, la desesperación de los padres que no consiguen alimento para sus hijos, la de todos aquellos que no encuentran medicinas, de los que mueren por un antibiótico, de los que lloran a un ser querido asesinado por el hampa o por alguno de los organismos de seguridad de la dictadura, la soledad de los que tienen a los suyos lejos, bien sea fuera del país o en una celda inmunda, ese lamento desesperado es una tiniebla tan oscura como la noche que cubrió a aquella pobre familia en Belén. Al contemplarlos a ellos, al volver a esa escena inicial, surge, sin embargo, una certeza: que la esperanza puede nacer, y de hecho nace, en medio de las condiciones más precarias; y que aún en la soledad más profunda, en medio de todas las adversidades, de algo tan pequeño y frágil como un bebé sin cuna puede venir la salvación. ¡FELIZ NAVIDAD!, les decimos, y no lo hacemos como lugar común, sino con el sentido más profundo y cristiano del término, para que hoy, como hace dos milenios, en medio de esta noche oscura, triste y pobre que vivimos, nazca en ustedes la esperanza y no se dejen vencer ni intimidar por el poder temporal y la soberbia de nuestros Césares y Herodes criollos, porque nosotros, lo prometemos, tampoco lo haremos. ¡FELIZ NAVIDAD!

REVIEW: Whatever – Ivan Beecroft

Por: Humberto González

Hay algo característico en el estilo de Ivan Beecroft, que es lo que lo convierte en un músico a veces apetecible de escuchar. No es su genialidad creativa para las letras, que, con seguridad, no son demasiado originales o presentan tratamientos temáticos o sensaciones humanas, al menos, diferentes.

Más que cualquier otra cosa, el músico australiano es un personaje vocal. Su voz es de un carácter envidiable y, como menos, agradable al escucharse. Es quizás eso lo que nos mantiene al escuchar su música.  Y sin dudas, es lo único que nos mantiene al escuchar Whatever, su último disco. Ivan Beecroft es un músico hiperactivo, que cada tanto invade el escenario independiente con nueva música, quizás una de sus insolvencias a la hora de entregar música relevante. Pues track a track vuelve a pisar sus mismas huellas en caminos ya transitados.

“Broken  Wing” es quizás el tema diferente del resto. No por sus ritmos y sus formas, sino por cómo Beecroft lo presenta. Un tema para cerrar el álbum, con una gran personalidad acústica que no se asemeja a ningún otro tema en el álbum.

Después de once temas, “Whatever” es un álbum lento, no por sus características musicales, sino porque es un álbum que se siente como una repetición tediosa del mismo Beecroft de siempre.

Teresa de la Parra, una de las grandes escritoras

Jueves de octubre, jueves de Nobel, jueves (este sí) de Literatura en mayúscula. Ocasión propicia para festejar el premio (¡por fin!) bien entregado y conmemorar también el nacimiento 128 de una de nuestras glorias, la que probablemente sea la escritora más grande que ha tenido Venezuela: Ana Teresa de la Parra Sanojo. Mujer, aristócrata y buena parte del tiempo extranjera, nada de ello obstó para que De La Parra escribiera (y bien) sobre Venezuela. Logró, desde la distancia, expresar en su obra, condensar en ella, el ambiente íntimo y familiar de aquel país que fuimos a principios del siglo pasado. Bajo el seudónimo de “Fru Fru” publicó un par de cuentos en ‘El Universal’ para luego firmar en dos importantes publicaciones literarias de la época: ‘Actualidades’, de Rómulo Gallegos, y ‘Lectura semanal’, de José Rafael Pocaterra. En 1924, en París, publicó la que será su novela insignia, su obra más premiada y elogiada: ‘Ifigenia’. Con ella ganó el primer premio de Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa y se consagró como una de las escritoras más importantes de Latinoamérica, hasta llegar a ser puesta al lado de la poeta y Nobel chilena Gabriela Mistral, de quien terminaría siendo amiga. La novela la protagoniza una joven de 18 años llamada María Eugenia, que regresa a Caracas, luego de una larga estadía en Europa, para encontrarse con que ya no tiene herencia ni fortuna, lo que la obliga a vivir en la casa de la abuela y procurar un buen matrimonio que le garantice un futuro. La novela, una de las grandes cimas de nuestra literatura, retrata a la Venezuela de principios del siglo XX, sus estrictas normas morales y su corrupción, y esconde algunas críticas veladas a la dictadura gomecista. A 128 años del nacimiento de su autora, desde ‘Revista OJO’ la recordamos y festejamos, a la par que rogamos encarecidamente que el dictador, sus ministros y varios políticos de la oposición tomen consejo y, por favor, lean el diccionario para que dejen de decir tantas burradas.