El mal menor

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Voy a votar, qué remedio. No con el pañuelito en la nariz de Betancourt sino con el tonel de lejía y cloro que se necesita para sanear el Guaire. Lo haré para convertir en gobernador a mi mediocre alcalde, un hombre de gestión mejorable, probidad sospechosa, talento invisible, principios flexibles y empatía ninguna. Pero qué se le va a hacer: es él o Héctor Rodríguez, el que (sociata al fin) quiere tener a la gente pobre y bruta para controlarla. Y entre dos males, el menor. Pero teniendo siempre presente que lo son, aunque ‘El Nacional’ y ‘Ciudad Caracas’ (finalmente polos opuestos se atraen) hagan almibarados publi-reportajes para presentar a cada uno como la panacea. Y con sinceridad ‘roosevelteana’ y cinismo ‘kissingeriano’ hay que decir que no: que lo que vamos a hacer es elegir, de entre dos (y si usted leyó a Roosevelt o a Kissinger ya sabe lo que debería venir aquí), al nuestro, que, por nuestro y demócrata, será (creemos) menos malo. Y una vez asumido esto, se vota (se hace el simulacro de) con un poco más de tranquilidad. Y escribo simulacro por respeto a esas cuatro letras de la palabra voto, que son preciosas, tienen una historia admirable y nada que ver con lo del domingo, que será, en rigor, un acto de aguante, triste y resignado; una cosa que se hace porque no queda de otra, una situación de esas en la que lo único posible es recitar con el salsero infiel que ‘la vida es así / no la he inventado yo’; y por ser así la vida y no haberla inventado nosotros, nos colocó en esta circunstancia endemoniada en la que, a falta de actores de fuerza que la saquen de una, toca asestarle pequeñas y tontas derrotas a la dictadura en los escenarios que sabrá Dios por qué permite. Y nuevamente: qué le vamos a hacer. ‘Abstenerse’, me dirán. Y miren que lo consideré bastante. Pero ‘contra factum non valet argumentum’, decían los latinos, y la abstención, finalmente, es un tremendo –y legítimo– ‘argumentum’ que tiene en contra el ‘factum’ aplastante de que igual me deja a Héctor & CIA en la gobernación. Y entre dos males, nuevamente, el menor. De eso, desgraciadamente, se trata todo.

Russia is coming

“Sal y demuestra que eres mejor que Messi”, le dijo Joachim Löw a Mario Götze esa tarde en Río de Janeiro. El director técnico de Die Mannschaft ponía sobre los hombros del joven y talentoso jugador del Bayern la responsabilidad de destrabar el 0-0 que indicaba el marcador del Maracaná al minuto 88. Lo que ocurrió después ya está en los libros, y en miles de videos de YouTube: Schürrle desbordó por la izquierda, metió un centro y Götze definió tras bajarla de pecho. Era el cuarto Mundial para Alemania y la primera de las tres finales que perderían Messi y compañía. Lionel, luego de sufrir las eliminatorias, está a menos de un año de volverlo a intentar. Argentina, después de sudar frío, estará en Rusia. Es una de las 23 selecciones que ya tienen su cupo en el Mundial del año que viene, en el que también estarán la campeona Alemania y las candidatas Brasil, Francia, España, Inglaterra, Portugal y Bélgica junto a Islandia, Polonia, Serbia, Uruguay, Colombia, México, Costa Rica, Panamá (¡!), Nigeria, Egipto, Irán, Corea del Sur, Japón, Arabia Saudita y, por supuesto, la anfitriona: Rusia. Atrás quedaron la bicampeona de América (Chile), el vencedor de la Copa Oro de la Concacaf (Estados Unidos) y la selección que obtuvo el segundo lugar en Sudáfrica 2010 y el tercer puesto en Brasil 2014 (Holanda). Perú jugará el repechaje contra Nueva Zelanda y Honduras enfrentará a Australia para definir dos cupos más. En Europa quedan cuatro plazas disponibles que saldrán de los vencedores de la repesca: por sorteo, Suiza, Italia, Croacia y Dinamarca conocerán qué rival les toca entre Irlanda del Norte, Suecia, Irlanda y Grecia. Las tres selecciones faltantes irán de parte de África. Todo se definirá antes del primero de diciembre, fecha en la que, desde el Kremlin, se hará el sorteo para conocer la configuración de los grupos. Russia is coming.

Daniel Defoe, hoy lo celebramos y recordamos

Espía, crítico de la Iglesia, brazo publicitario del poder, promotor del Acta de Unión entre Inglaterra y Escocia, comerciante, vocero político, estafador y convicto. Todo eso fue Daniel Defoe antes de que, pasados sus cincuenta, concibiera al náufrago más popular de la historia: Robinson Crusoe. Fue gracias a esa extraordinaria autobiografía ficticia que Defoe se ubicó entre los más grandes de la literatura universal. La obra está considerada como el Quijote de la lengua inglesa y es, además, el relato de aventuras por antonomasia. Sus miles de adaptaciones, recortes editoriales y traducciones (Julio Cortázar incluido), instalaron en la cultura popular del mundo hispano la percepción de que aquella era una novelita entretenida, infantil, y poco más. Pero nada más lejos de la verdad: las reflexiones políticas e ideológicas que en ella se expusieron motivaron halagos e interpretaciones por parte de personajes como Joyce, Marx, Poe y del Nobel J. M. Coetzee. De ella, Borges dijo que “el hallazgo esencial de Daniel Defoe fue la invención de rasgos circunstanciales, casi ignorada por la literatura anterior. Lo tardío de ese descubrimiento es notable; que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo el Quijote”. Para García Márquez fue todo un maestro: vio en él una forma de contar las cosas que nada tenía que ver con ese periodismo soporífero y cuadriculado. Cuenta Juan Villoro cómo José Salgar, encargado de la cocina de El Espectador, le pidió al Gabo que escribiera la historia de Luis Alejandro Velasco. Este pensó en negarse, pero la conversa lo llevó a una revelación: podía escribir en primera persona, como Crusoe en su isla. De allí salió ‘Relato de un náufrago’, todo un estandarte del género «robinsoniano». Por su inconmensurable aporte a la literatura anglosajona, Defoe es catalogado como el padre de los novelistas ingleses. Hoy, cuando estaría cumpliendo 357 años, aprovechamos la ocasión para recordarlo.

El amor y el interés …

 Si le gustan los hombres corruptos o es ella -y su entorno- quien los corrompe, eso queda para la especulación. Pero lo cierto es que María Gabriela Chávez Colmenares, “la consentida” del Comandante, tiene una lista de amores con prontuario que resulta curiosa, cuando no preocupante. El primero, Gustavo Arraiz Manrique, un empresario que a inicios del milenio tuvo un rápido (e injustificable) crecimiento económico producto de Microstar, una comercializadora de equipos de computación, principal proveedora del gobierno, con hasta 10 sucursales en el país, que en 2003 solicitó a –y recibió de– CADIVI $27,1 millones para importar unas computadoras que nunca trajo. En 2005 el Ministerio Público (MP) lo imputó por ello, en 2007 la Interpol (en un proceso exprés e inusual) lo apresó en Panamá, en 2009 (con dos años de retardo procesal, sí) recibió una sentencia de 8 años de prisión y en 2012 salió en libertad condicional. El segundo, Manuel Vicente Sosa Morales, mejor conocido como “Coco” Sosa, muñequito de torta de RCTV y niño consentido de María Gabriela por los días de la muerte de Chávez, quien se encuentra hoy detenido luego de que el MP determinara que una empresa de su propiedad desfalcó a la nación con una serie de contratos firmados con más de 200% de sobreprecio en la Faja Petrolífera del Orinoco, cuya estafa alcanzó también los $27 millones. El tercero y más reciente, Roberto Antonio Leyba Morales, medio hermano de Sosa, quien, según informa el semanario ‘La Razón’, estaba siendo investigado por el viejo MP (el actual no sabemos) “por desfalco de divisas a CENCOEX” por medio de 3 empresas (una registrada en Maracaibo, otra en Miami y otra en Panamá), y a quien se le atribuye también el control de una tribu judicial –grupo Leiva y Mavares– que, según El Cooperante, maneja a jueces, magistrados y Fiscales del Ministerio público. Y eso por no hablar de los amigos cercanos de “la consentida”, como el argentino Roberto Vignati, dueño de Bioart C.A, la única empresa que fue autorizada para importar las 80 mil toneladas de arroz pactadas entre Venezuela y Argentina, y que llevó a cabo con un sobreprecio de entre 30% y 80%.

La oposición contra su incoherencia

La oposición medirá el domingo las secuelas de su incoherencia. Pondrá en números el impacto de su difuso mensaje, de consignas que prometían la inminente caída del gobierno por medio de una supuesta hora cero que el reloj nunca marcó. El 15-O se celebra la vigésimo segunda elección bajo el manto chavista y la Mesa de la Unidad deberá demostrar, nuevamente, que es mayoría. Lo tendrá que hacer convenciendo a sus electores de que en dictaduras también se vota, de que con este CNE fraudulento es posible ganar y de que votar es un método más de protesta. El gobierno, mañoso como siempre, volvió un ocho a su adversario: días después de la Constituyente instaló el tema de las regionales en la opinión pública. La MUD tenía que decidir si inscribía o no a sus candidatos y fue allí, el día que Smartmatic confirmó el fraude, cuando Ramos Allup informó que Acción Democrática participaría en los comicios. Con polemiquísimas declaraciones, el líder del histórico partido se atrevió a meter la mano en la candela y luego recogió los frutos: AD apoya a 16 de los 23 candidatos de la MUD. Con esos nombres, la oposición no sólo está obligada a ganar, sino que debe repetir una paliza similar a la de las Parlamentarias 2015: sin una contundente victoria, la presión internacional menguará y el diálogo favorecerá, otra vez, a los rojos. La MUD cuenta en la actualidad con sólo tres gobernaciones (Capriles en Miranda y dos exchavistas en Lara y Amazonas: Henri Falcón y Liborio Guarulla) y las encuestas dicen que pudiese llegar a 18, pero todas ponen un gran asterisco que se resume en un lugar común: el enemigo es la abstención. Mientras más gente salga a votar, más gobernaciones serán azules. Según Venebarómetro, 55,7% de los venezolanos están completamente seguros de sufragar el 15 de octubre. Con ese porcentaje, dice Guanipa, la oposición pudiese ganar todas las gobernaciones. Luis Vicente León estima que la participación estará entre 50-60%: en el mejor de los casos (con una abstención ‘normal’), la oposición conseguiría entre 18 y 21 gobernaciones; en el peor (con una abstención anómala), la mitad de los puestos en disputa.

Vargas Llosa marchó y habló duro contra el nacionalismo catalán

De bien nacidos, dice el refrán, es ser agradecidos. Y si alguien tiene que darle gracias a Barcelona, ése es Mario Vargas Llosa. Fue allí donde le publicaron sus dos primeros libros –‘Los Jefes’ y ‘La ciudad y los perros’–. Fue allí donde conoció a Carlos Barral (su editor) y a Carmen Balcells (su agente), los dos pilares de su carrera literaria. Y fue allí, a confesión propia, donde se hizo escritor. Se mudó a la ciudad en el verano de 1970, llevado por Balcells, quien le ofreció $500 mensuales –lo que ganaba dando clases en Londres– para que se dedicara sólo a escribir, sin tener ninguna otra distracción ni obligación. “El ambiente de Barcelona era estimulante. Fueron años muy fecundos, de gran camaradería y amistad. Existía un clima de mucha esperanza, la seguridad de que la dictadura se terminaba, de que hacía agua por todos lados, y que la España que vendría sería no solamente libre sino que en ella la cultura y la literatura jugarían un papel central”. Así la recordaba. Por eso, se entiende, ahora que la ciudad está en la víspera de caer bajo el yugo de otra dictadura, esta vez de corte separatista, se sumó a su defensa. Ya no el Mario joven de 34 años que allí vivió, sino el señor Nobel de 81, con menos cabello pero el mismo peinado –finalmente destrozado por el aire–. Vargas Llosa encabezó ayer, junto con otras personalidades, la que todo parece indicar ha sido la mayor manifestación de la historia reciente de España –la cifran en casi un millón de personas–, cuyo fin fue decirle no al totalitarismo nacionalista. “Queremos que Cataluña vuelva a ser la Cataluña capital cultural de España, como era cuando yo vine a vivir aquí, en unos años que recuerdo con enorme nostalgia”, dijo ante la multitud, en un enérgico discurso que no por improvisado fue menos bueno y que se trató, por encima de todo, de un acto de nobleza, valentía y coherencia, de un hombre que –a diferencia de tantos nuestros– no se escuda en su condición de ‘artista’ para callar y ser cómplice, sino que se mete en la candela y defiende lo que su conciencia le manda.

RESEÑA: ‘La vida en rosa’

A Edith Piaf la existencia siempre le pesó. La vida, para ella, fue un martirio que duró 47 vueltas al Sol. Una niñez de tumbos, pobreza, malnutrición, ceguera temporal y abandono, en medio de la prostitución y la calle; una madurez conseguida a punta de talento, carisma y alcohol; y una prematura vejez marcada por la artritis, los accidentes de tránsito y la trágica muerte de su amado Marcel Cerdan, desgracias todas que únicamente la morfina –una fuerte dosis de morfina diaria– podía aliviar. Y así se le fue consumiendo la vida, tratando de resistir un día a la vez. Sólo las inyecciones lograban que su cuerpo se callase, sólo ellas le permitían permanecer en la Tierra sin sentirse parte del Infierno. A Edith Piaf la existencia siempre le pesó y Marion Cotillard, esa extraordinaria actriz, se encargó de dejarlo claro en ‘La vida en rosa’, una película biográfica en la que la protagonista merece absolutamente todos los elogios. Si cada persona tiene su perfume particular, puede decirse que Cotillard te permite oler, sentir, a Piaf durante más de dos horas: sus gestos, sus dolores, su forma de cantar, amar y ver el mundo. De que la escuches se encarga la propia Edith, quien le presta su mítica voz a Marion cada vez que se sube al escenario. ‘La vida en rosa’ es un film dramático, emocional, que recorre los contextos más sombríos por los que puede pasar un ser humano: el abandono, la soledad y la pérdida. Cotillard pone la actuación –Óscar en 2007– y Piaf el canto para hacer, quizá, uno de las mejores biopic que el cine ha visto pasar.

El panorama petrolero venezolano cada vez es peor

Venezuela se está quedando sin gasolina y no hay guerra económica, sanciones de Donald Trump o imperialismo a quien culpar. Corrupción y mala gestión son las claves que explican este improbable acontecimiento en un país petrolero. Los números son claros: el parque refinador de Venezuela –el que se encarga, entre otras cosas, de convertir el petróleo en gasolina– está operando apenas en 30% de su capacidad. ¿Por qué? Porque faltan inversión, repuestos, personal preparado, y, sobre todo, petróleo crudo (materia prima de las refinerías), cuya producción ha disminuido notablemente en revolución –de 3 millones de barriles diarios en 1998, estamos actualmente en 2,2 millones–. Así las cosas, Venezuela se está viendo actualmente obligada a importar la gasolina que ella misma podría producir. Y si fuéramos aquel país boyante de los setenta, no pasaría nada: esta importación sería otro de los tantos derroches en los que caen aquellos que son ricos a punta de no trabajar. Pero la realidad es que somos un país pobre (saqueado), al que no le dan crédito y debe pagar de contado con un dinero que no tiene, razón por la cual apenas está pudiendo importar aproximadamente 100.000 barriles, lo que cubre, si acaso, un 20% de la demanda nacional…y ello, además, con una gasolina de un octanaje menor de 91. En resumidas cuentas, gracias a la revolución este país petrolero tiene hoy poca gasolina, y además mala y cara.

Hola, Kazuo

Probablemente europeo o asiático, adelantamos ayer. Y la Academia Sueca lo volteó y juntó: un asiático-europeo es el ganador del Nobel de Literatura 2017. Tal como vaticinamos, tras el paréntesis Dylan las aguas volvieron a su cauce y la Academia se decantó por lo clásico: hombre y novelista. Nacido japonés (1954), mudado a Gran Bretaña (1960) y finalmente nacionalizado inglés (80’s), Kazuo Ishiguro no entraba en ninguna apuesta, pero no le faltaban galones: ha recibido dos de los premios literarios más importantes del habla inglesa: el Costa Book (1986) y el Brooker (1989); tiene en su haber, también, las órdenes del Imperio Británico y la de las Artes y Letras de Francia, y su obra (siete novelas y un libro de relatos) se ha traducido (y vendido) en 28 idiomas, incluido el español con Anagrama. “Ha descubierto, en novelas de gran fuerza emocional, el abismo bajo nuestro sentido ilusorio de conexión con el mundo”, fue el galimatías usado este año por la Fundación Nobel para justificar la elección, que luego, como es usual, fue traducido por Sarah Danius, la Secretaria Permanente de la Academia, ante la prensa. “Es un novelista absolutamente brillante (…) una mezcla de Jane Austen y Kafka [con] un poco [no demasiado] de Proust”, explicó Danius, quien esta vez no tuvo que hacer los malabares del año pasado para defender a Dylan. “Es alguien que está muy interesado en comprender el pasado”, apostilló sobre el premiado, que ha construido su narrativa teniendo al tiempo, la memoria y la nostalgia como ejes temáticos. ‘Los restos del día’ (1989) es su novela más aclamada, y fue adaptada al cine en 1993 bajo el título de ‘Lo que queda del día’, con Anthony Hopkins y Emma Thompson como protagonistas. “[Recibir el Nobel es] un honor magnífico, principalmente porque significa que estoy siguiendo las huellas de los más grandes escritores que hayan vivido, así que es una increíble distinción”, le declaró esta mañana a la BBC, medio por el que se enteró del premio, ya que la Academia Sueca no lo había contactado. “Pensé que era un engaño”, dijo.

Desde Rusia con temor

“Venezuela es un estado fallido. Es una sola compañía: PDVSA, y esa empresa está a punto de colapsar. Dependiendo de la naturaleza del colapso puede ser tomada en un año por los rusos o por los chinos. Aunque puede ser en menos tiempo. Si leemos los contratos con cuidado veremos cuánto control de grandes partes de PDVSA pueden tomar los rusos si ésta no logra cumplir sus compromisos”. La advertencia la daba Steve Hanke, economista y profesor de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.), en una entrevista concedida a El Estímulo en marzo de este año. Hanke, quien en la revista Forbes había tachado a PDVSA como la peor empresa petrolera del mundo, aseguraba que la compañía podía quebrar al no poder pagar sus facturas y el gobierno tendría que rescatarla, pero al no tener dinero, las posibilidades serían menores y los acreedores terminarían tomando el control de la organización. Viaje relámpago de por medio, Maduro apareció esta semana en Rusia, reconoció que Venezuela había caído en default con el Kremlin y anunció, sin dar detalles, que el gobierno venezolano reestructurará la forma en la que saldará cuentas con Putin. Por ello, Henrique Capriles Radonski no tardó en decir que Nicolás había ido a Moscú a “mentir y pedir cacao para que le estiren más la liga, para que no le cobren y ver si le dan algo más de crédito”. Aparte de la factura pendiente con Rusia, el Gobierno debe pagar $3.5 millardos de deuda externa durante las próximas semanas y, aunque Maduro haya dicho que el país está listo para solventar esos compromisos, no es secreto que el chavismo está desesperado por dinero. El Kremlin es una mano amiga que puede ayudar, pero el tema central, el meollo del asunto, se encuentra en la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones? Puede que el señor Hanke vaya a tener razón. Recordemos que, como bien dijo Ramón Muchacho, Rusia y China son los principales países que sostienen a la dictadura. Maduro lo sabe y por eso tuvo que viajar para negociar, desde Rusia y con temor, la plata que le ayudará a sobrevivir los meses venideros.