Ramírez is the new Luisa

Al igual que pasó con la Fiscal en su momento, la purga interna del chavismo ha puesto al antiguo capataz de PDVSA a hablar de corrupción, criminalización de la disidencia, abuso de poder (caso «narcosobrinos» incluido) y ausencia de Estado de derecho. Quién lo diría. Es una verdadera lástima que haya tenido que pasar tanto tiempo para que Rafael Ramírez se diese cuenta de, por ejemplo, el negoción que hay detrás del control cambiario: “Un espacio para la corrupción ha sido tener el dólar tan barato. No tiene sentido que un dólar lo obtengas a Bs. 10 y lo puedas vender en Bs. 100 mil, el diferencial es tan grande que es un negocio mejor que el de la droga”. La frase, casi calcada a la dicha por Asdrúbal Oliveros en la entrevista publicada en nuestra web, es una de las tantas perlas que ha soltado Ramírez desde que a finales de este año empezase a firmar artículos llenos de veneno en Aporrea y Panorama.

Cuando por fin se confirmó su salida del cargo de embajador ante la ONU, varios de los rumores que hablaban de una mala relación con Maduro se fueron confirmando. En ese nido de alacranes que es el chavismo –Müller Rojas dixit–, parece que Nicolás y Rafael nunca estuvieron del mismo lado. “Te voy a decir una cosa que no sabe nadie: el presidente pidió mi remoción de PDVSA desde el primer acto, es decir, no tuvo nada que ver con mi desempeño, fue algo que él quería hacer. Yo le dije que si iba a hacer lo que Capriles quería y ahí empezó una tensión, unas diferencias, pero me mantuve en mis responsabilidades”, contó el propio Ramírez a Panorama para sacar a la luz pública las grietas de una relación fracturada.

Ya en las entrevistas con la BBC y Reuters se había asomado la posibilidad de una aspiración presidencial y el pasado fin de semana confirmó que él podía ser un competidor alterno, revelación que no tardó en responder Nicolás Maduro, quien tachó a Ramírez como el candidato de Donald Trump. Al igual que pasó con Luisa Ortega –expulsada y perseguida–, la rosca del PSUV ya tomó todas las medidas para que el antiguo ministro de Chávez no pueda, siquiera, pisar Venezuela. Aquí lo esperarían los ganchos y el Ministerio Público de Tarek William Saab.

María Corina recargada

La cola y la franela manga larga quedaron atrás. El outfit de las marchas fue sustituido por uno más ejecutivo, de pantalón y chaqueta crema. El cabello también varió: ahora lo lleva suelto y un poco más corto. Sin embargo, en María Corina Machado se mantienen intactos el firme apretón de manos, una cierta severidad en el semblante, y, sobre todo, esa capacidad narrativa de la que hace gala al tomar la palabra. María Corina, preciso es repetirlo, parece haber bebido a fondo de las fuentes de la épica grecolatina, y al hablar eleva los hechos a categorías de gesta civil y hazaña ciudadana, de empresa siempre gigante y heroica. Ayer, en la UCAB, en un conversatorio organizado por el Centro de Estudiantes de Letras –que tuvo mil y un trabas para ser llevado a cabo, arrancada de volantes incluida–, en el que estuvo escoltada por un Onechot que no se cansó de repetir que estaba dispuesto a dar la vida por Venezuela, y un Germán Carrera damas que a sus ochenta y dele fue el trol de los troles, María Corina disparó artillería pesada y gruesa contra tirios y troyanos. Para ella, en el poder lo que hay es una “narco-dictadura” que no se va a entregar sino que hay que desalojar. “El poder hay que tomarlo. El único propósito frente a una dictadura es removerla. La única política legítima es la que lucha para debilitar y socavar las bases que la sostienen, y todo lo que le da legitimidad, plata o tiempo está prohibido”, dijo para referirse a los diálogos y acciones similares. La experiencia de la MUD la resumió en una frase: “nos hicieron subordinar la efectividad a la Unidad, y caímos en una dinámica que nos hizo avanzar a la velocidad del más lento y en la dirección del más débil”. A las elecciones las llamó “farsas que pretenden convertir en épica una simulación de lucha”, no sin dejar claro que cree en el voto “pero en el voto que elige y no el que crea una ilusión de participación”. El gran error actual, en su opinión, es subestimar el poder de la gente: “Tenemos la fuerza y la mayoría, y el deber de confiar en ello”. ¿Su ruta? “Aglutinar todas las fuerzas en una sola dirección: la remoción de la dictadura”. María Corina, no quepa duda, ha vuelto recargada.

Sacándole punta al pueblo

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

Más allá de que el caso Smartmatic haya marcado un antes y un después en la historia electoral del país –resulta imposible confiar en cualquier cifra dada por el CNE–, hay dos elementos que han pasado por debajo de la mesa en esto del análisis:

El primero tiene que ver con la respuesta de la oposición tras las regionales de octubre: afirmaron que la trampa no estaba en las actas (totalización de votos), sino en lo viciado del proceso (comicios retrasados a conveniencia, reubicación de centros y manipulación del registro electoral, inhabilitación de candidatos y de la tarjeta unitaria de la MUD, prohibición de las sustituciones, CNE rojo rojito y observadores internacionales elegidos a conveniencia, compañas con recursos públicos, centros de votación con el nombre de Chávez y pare usted de contar).

El segundo está relacionado con la subestimación de la maquinaria del PSUV y del chavismo en general, tema que merece una serie de artículos aparte y del que pocos dirigentes de la oposición se han atrevido a hablar. Quizá Henrique Capriles, con las palabras pronunciadas en aquel evento de la UCAB («En defensa de la Constitución») que reunió a tirios y troyanos a principio de agosto, ha sido el que más se ha acercado a la génesis del problema: “aquí se trató de invisibilizar la mayoría que tuvo el presidente Chávez”. En pocas palabras, Radonski resumía la estrategia aplicada por la oposición durante tanto tiempo: hacerle creer a sus electores que en el otro bando no había gente, jugada que trajo una serie de consecuencias que usted puede leer en «El laberinto de la oposición».

Lo cierto es que el chavismo fue mayoría durante años hasta que en 2015, con la derrota en la AN, se dio cuenta de que tenía que empezar a hacer las cosas de otra manera y jugar más sucio que nunca (asunto que también abordamos en su momento, bajo el título «El chavismo contra el voto»).

Ahora bien, en la actualidad el PSUV no cuenta con los millones de votantes religiosos de antaño, ni está en la capacidad de dar pelas electorales, pero ha diseñado un aparato de dominación tal (Carnet de la Patria, UBCh, empleados públicos, comunas, colectivos y demás) que, si se le pone la lupa y se dejan las pasiones a un lado, puede explicar cómo un gobierno tan nefasto, y en medio de una crisis como la que vivimos, puede sacar una cantidad de votos a priori incomprensible.

El propio Nicolás Maduro, gráfica en mano y sin tapujos, expuso en el programa de Mario Silva, a una semana para la Constituyente, en qué consistía el fulano 4×4 del chavismo, una maquinaria electoral de la que otros líderes, como Diosdado Cabello, se habían cansado ya de hablar.

Ese día Maduro explicó que la estrategia se sostenía en cuatro columnas: las UBCh (Unidades de Batalla Bolívar – Chávez del PSUV); la estructura de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción); los movimientos sociales (Congreso de la Patria, Gran Polo Patriótico y colectivos, más las nóminas de las empresas públicas y privadas, ministerios, gobernaciones y alcaldías); y, por último, el Carnet de la Patria.

Todas estas columnas, decía Maduro, debían registrar un 1 x 10 o un 1 x 10 x 10. Es decir, cada miembro de cada uno de esos cuatro bloques debía llevar, mínimo, a diez personas a votar. ¿Cómo el PSUV medía esto? Porque una semana antes de las elecciones estaba previsto registrar a esos potenciales electores en un sistema computarizado. “La maquinaria, la logística, la movilización, el transporte… En eso nosotros somos expertos”, soltó con orgullo Nicolás durante el programa.

“El 4×4 es vital. Nadie tiene excusas para no incorporarse. Todo el mundo debe movilizar”, fueron las palabras del número uno del PSUV antes de detallar cada una de las fases del proceso antes descrito.

Revelar cuántas personas conforman cada bloque es una tarea complicada –al igual que pasa con el CNE, resulta imposible dar por bueno los números del gobierno–, pero, más o menos, estas son algunas de las cifras: las UBCh están conformadas por 40 mil militantes (2013), los CLAP pueden haber llegado, mínimo, a más de 10 millones de personas, el Carnet de la Patria lo tienen, también, más de 10 millones de venezolanos (y si a usted le parece mucho, salga a caminar y vea las colas que se hacen para sacarlo) y el PSUV tiene más de 7 millones de militantes.

El objetivo de estas líneas no es hacer una disección milimétrica para saber de dónde viene cada voto, ni dar por buenos los números del CNE, sino transmitir que el chavismo tiene un proyecto de dominación en el que la estrategia electoral es todo menos improvisada. Dominan, controlan y coaccionan, entre otros medios, a través de la comida (CLAP) y del dinero (bonos del Carnet de la Patria). Aunado a eso cuentan con un voto duro que todavía puede pasar los 3.5 millones de electores (entre chavistas devotos, miembros del partido, familiares, etcétera) y tienen una maquinaria que, palabras más, palabras menos, está en la capacidad de tocar la puerta de millones de venezolanos para obligarlos a votar (volvemos al principio del artículo: la oposición no pudo afirmar que la trampa estuviese en la totalización).

Uno de los episodios más oscuro de esta estrategia se vivió el pasado domingo, cuando la candidata del PSUV a la alcaldía del municipio Libertador, Erika Farías, tuiteó lo siguiente: “Vamos al remate perfecto. Nuestro Presidente @NicolasMaduro en sus declaraciones habló de un regalo a través del carnet de la Patria a los que voten. Sáquenle punta a eso. Vamos todas y todos después de votar al punto rojo”.

El chavismo, que criticó a adecos y copeyanos por regalar lavadores y neveras, ahora, en pleno 2017, compra votos por 500 mil bolívares, que no alcanzan para mucho más que tres cartones de huevo. Todo sea por su proyecto de dominación y por quedarse por siempre en el poder.

Verdugo no pide clemencia

Él, que alienó y amenazó a miles de trabajadores para construir su PDVSA roja – rojita. Él, superministro de la Revolución Bolivariana. Él, zar del petróleo en Venezuela. Él, figura poderosa del chavismo. Él, en su momento vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela. Él, que según el propio Chávez era la segunda cara visible del proyecto político y económico que hoy nos tiene viviendo esta desgracia. Él, el hombre que más dinero manejó durante estos años de socialismo. Él, que en sus últimos tuits alaba y homenajea a Fidel. Él, que se ha cansado de hablar de campañas mediáticas contra el gobierno venezolano, ahora ha tenido que acudir precisamente a los medios extranjeros (Reuters y BBC) para quejarse, con el rabo entre las piernas, de la forma en que el chavismo hace política en el país.
Rafael Ramírez, aunque usted no lo crea, se encuentra muy preocupado porque, como había venido denunciado en sus escritos, en Venezuela está prohibido pensar distinto: «se está recurriendo para el ejercicio de la política a herramientas inadecuadas, se está criminalizando la disidencia y se está estableciendo una forma de hacer política muy mala». Y al bueno de Rafael no sólo le preocupa eso, sino que también advierte sobre los peligros que acarrea el despotismo. Su consejo, «no solamente al presidente, sino también a todos los compañeros que tienen tan altas responsabilidades», sería «no caer en la provocación de abusar del poder, sino escuchar todas las voces, sobre todo las opiniones como las mías que tienen la intención de ayudar a que prevalezca el proyecto bolivariano sobre cualquier otra posibilidad». No hay que abusar del poder, claro que no. Hay que escuchar todas las voces, por supuesto. Pero, sobre todo, el señor Ramírez le recuerda a Maduro que no es bueno abusar, porque hay otras voces que también quieren el poder.
Al final, con una oposición tan desunida, puede que el gobierno se termine tragando a sí mismo. Por primera vez uno de los cuatro hijos de Chávez (Maduro, Cabello, Jaua y Ramírez) se ha peleado públicamente con la familia y queda todavía por ver cuáles serán las repercusiones.

Elecciones secuestradas

Al final, todo se reduce a dinero. Quieren seguir robando y, sobre todo, disfrutar tranquilamente de sus fortunas, pero las sanciones no los dejan. Por ello, condicionan todo a su eliminación. “Hasta que se levanten las sanciones, Venezuela no va a ir a un evento electoral ni firmar ningún acuerdo”, dijo ayer Jorge Rodríguez, hablando, sabrá Dios a santo de qué, en nombre del país. La frase fue más que reveladora: primero, porque demuestra que en Venezuela las elecciones se ajustan no a un cronograma elaborado por un poder independiente, sino a los antojos –y conveniencias– de una cúpula, que decide cuándo, cómo y en qué condiciones se hacen; y segundo, porque deja claro que, socialistas a fin de cuentas, lo único que les duele es el bolsillo, que se ha visto afectado –y gravemente– por las sanciones. Son éstas las que han impedido que se refinancie la deuda que contrajeron en los años de bonanza, las que no los dejan hacer negocios en casi ninguna parte, las que hacen que no les abran cuentas en los bancos o les confisquen la plata y los negocios mal habidos, y la que, en definitiva, los ha dejado al borde de la quiebra y prácticamente sin fuente de financiamiento alguna: ni para hacer campaña ni para robar más. Y eso los tiene mal. Saben que ni toda la (costosa) ayuda de los rusos y los chinos alcanza, y que a medida que pasan los días el cerco se les estrecha y el dinero se acaba. Es apenas cuestión de tiempo para que se queden sin nada. Y como no están dispuestos tampoco a pedir ayuda al FMI, controlar el déficit o eliminar el dólar a diez –el negocio más lucrativo del mundo–, como no quieren dejar de robar, entonces apuntan al levantamiento de las sanciones. Por activa, pasiva y perifrástica buscan conseguirlo: cabildean, envían emisarios a hablar por debajo, presionan y ahora directamente chantajean. No son un gobierno, sino una mafia criminal de extracción de recursos que se está viendo ahogada. Y como mafia actúa: secuestrando las elecciones y pidiendo rescate por ellas.

El ejemplo que Mugabe dio

La reestructuración de la deuda venezolana será un complejo juego de póker geopolítico en el que Estados Unidos, Rusia y China van a apostar alto. Así lo ve el Financial Times, que ayer publicó un texto donde disecciona todas las implicaciones que tienen las negociaciones del país con las grandes potencias. Para el periódico británico, la nuestra es la deuda más complicada de restructurar, una de las más grandes y, sin duda, de las más extrañas que se hayan visto jamás: el país que está al borde del colapso teniendo las mayores reservas de petróleo del mundo. La dificultad radica en que Venezuela tiene que pagarle a grupos de acreedores muy distintos entre sí, cada uno con diferentes cláusulas legales: tenedores de bono, Rusia y China, prestamistas multilaterales y compañías de servicio que mantienen respirando a la golpeada industria petrolera. Financial Times dice que, con la excepción de los tenedores de bono, para los otros cinco jugadores de póker –gobierno, oposición, EE.UU., Rusia y China– el precio de la negociación va más allá del dinero: lo que está en juego es la supervivencia política del régimen, la suerte de la población del país (ya dijo The Washington Post que lo más probable es que estemos encaminados a más miseria) y los intereses económicos de las tres superpotencias mundiales. ¿Cuál será el destino del chavismo? El periódico británico afirma que, salvo la Zimbabwe de Robert Mugabe, ningún régimen político ha logrado sobrevivir a la hiperinflación por mucho tiempo, aunque líneas más abajo sentencia que aun dejando de pagar lo que debe, el gobierno tiene cancha libre para seguir gobernando: puede usar el (poco) dinero que posee para duplicar los niveles de importaciones y aumentar sus posibilidades en las elecciones presidenciales. Por su parte, Eurasia Group –que hasta mayo decía que había 70% de probabilidad de que Maduro no terminara su mandato– afirma que, con todas las instituciones a su merced, con la oposición agotada y dividida y con el hambre como coacción política, “el presidente está en una posición cómoda que reduce significativamente las posibilidades de cambio de régimen”. Qué desgracia.

Una explicación ‘for dummies’ de nuestra crisis

 ‘The Wasington Post’ lo ve y explica clarito: toda la catástrofe que vivimos es producto de una “asombrosa historia de corrupción y malversación”. En un lúcido y didáctico editorial publicado el día de hoy, el histórico diario político de EE.UU analiza la situación económica de nuestro país y la explica para Dummies: “El régimen de Hugo Chávez y su sucesor pidieron prestadas cantidades asombrosas [de $], incluso mientras obtenían ingresos récord de las exportaciones de petróleo. Casi toda esta ganancia inesperada de más de $ 1 trillón [NDLR: equivalente a un billón de los nuestros] fue derrochada o robada. Cuando los precios del petróleo cayeron, el Sr. Maduro tuvo que elegir entre los pagos de cupones y los suministros de alimentos. Eligió Wall Street, lo que agravó una catástrofe humanitaria: la mayoría de los 30 millones de habitantes de Venezuela dice haber perdido peso debido a la falta de alimentos, y alrededor de 500.000 personas huyeron del país en los últimos dos años”, escriben. Ahora, cuando esta política está a punto de colapsar –“la mayoría de los analistas financieros dicen que un incumplimiento total es inevitable, ya sea ahora o en meses: con solo $ 10 mil millones en sus reservas, parece poco probable que cubra los más de $ 8 mil millones que debe en el próximo año”–, el diario explica que habría, sí, una solución, posible pero poco probable, ya que implicaría de Maduro una responsabilidad y buena voluntad que no tiene: “Maduro podría pagar las deudas de Venezuela y alimentar a su pueblo si estuviera dispuesto a buscar socorro del Fondo Monetario Internacional, así como ayuda humanitaria, y tomar medidas elementales para estabilizar la economía. Pero la única ayuda extranjera que busca es la del aparato de inteligencia de línea dura de Cuba, que lo empuja hacia el totalitarismo, y Rusia, que en su afán de respaldar cualquier causa antiestadounidense lo ha rescatado varias veces, y anunció otro trato para refinanciar sus préstamos la semana pasada”. Por ello, aunque el diario aplaude el anuncio del Departamento del Tesoro de permitir un refinanciamiento si éste fuera aprobado por la AN (lo que obligaría a Maduro a negociar), no le arrienda la ganancia a esa solución: “Lo más probable es que Venezuela se dirija a más miseria”.

La otra cara de la abstención

Municipales ||

“Puede que parezca ingenuo argumentar a favor de la participación, pero incluso en el caso de que las injustas condiciones signifiquen que no puedes ganar todo lo que mereces, cualquier victoria proporciona recursos y complica la estrategia del gobierno”, escribe Dimitris Pantoulas, analista político, en el portal web de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés). El texto tiene una postura clara: no ir a las elecciones de diciembre es un gran error. ¿Por qué? “Será contraproducente y no rendirá frutos. Como en ocasiones anteriores, esta decisión los dejará excluidos del poder político y de recursos, con ninguna ganancia aparente. De esta manera, ayudarán a afianzar el inestable régimen político de Maduro”. Pantoulas, experto en materia electoral, plantea su postura con base en un estudio realizado por el departamento de política internacional de la Institución Brookings, un centro de investigación fundado en 1916 en la capital de Estados Unidos. El documento se redactó tras estudiar 171 casos en los que la abstención se usó como estrategia. La conclusión fue clara: no es un método favorable para conseguir un cambio de gobierno. Para el analista político, la movida de la oposición es una estrategia desesperada ante el desastre del 15-O. La intención es seguir llamando la atención internacional para provocar más sanciones contra el chavismo. No obstante, argumenta Pantoulas, sería un triunfo pequeño, puesto que la oposición ya cuenta con la atención internacional y la historia, además, demuestra que los países rara vez están dispuestos a meter las patas en el barro por otras naciones. ¿Qué consecuencias traerá la no-participación? 1) Perder el control de importantes municipios: es decir, recursos (dinero para movilizar votantes en presidenciales) y fuerzas policiales (clave en protestas) | 2) Debilitamiento de la organización y coordinación entre liderazgos locales y nacionales: los prospectos políticos no podrán crecer y dirigentes municipales estarán desmotivados para llevar gente a votar en 2018 | 3) Depender del camino abstencionista: si el gobierno no cambia las condiciones, ¿qué hará la oposición?

Desmantelada la casa naranja

El chavismo lo tuvo siempre en la mira y, antes de que pudiese agarrar vuelo, lo inhabilitó hace casi una década, en el lejano 2008. La decisión lo dejó sin Alcaldía Mayor y sin cargo al que optar. Ante tal panorama, se dedicó a recorrer el país para fundar su partido con base en redes populares construidas desde 2004 y miembros del movimiento estudiantil, ese que había ganado la primera elección contra el gobierno en el año 2007. Tras desacuerdos con PJ y UNT, Leopoldo López creó su propio equipo en 2009: Voluntad Popular. Aún inhabilitado, se fusionó con Capriles para tratar de vencer en las presidenciales, primero contra Chávez y luego frente a Maduro. No sería hasta 2014 cuando, por fin, Leopoldo tomaría el liderazgo opositor por los cuernos. Su apuesta fue ‘La Salida’ y su destino la cárcel: el Ministerio Público de Luisa Ortega (prohibido olvidar) lo imputó por presuntos delitos de instigación pública, daños a la propiedad, incendio intencional y asociación para delinquir. Desde ese momento, el gobierno comenzó a desmantelar Voluntad Popular. Luego de Leopoldo vino Carlos Vecchio, líder de facto del partido, quien tuvo que exiliarse en EE.UU. tras más de 100 días en la clandestinidad. Con el MP primero y con el TSJ después, el chavismo fue eliminando fichas: Daniel Ceballos, Lester Toledo, David Smolansky, Gilber Caro, Warner Jiménez, Carlos Graffe, Yon Goicoechea y Delson Guarate –estos últimos liberados el sábado y postulados misteriosamente para las municipales– son sólo algunos de los nombres a los que Freddy Guevara se unió el pasado viernes, luego de que el Tribunal Supremo de Justicia pidiera enjuiciarlo y levantar su inmunidad parlamentaria por incurrir “de manera permanente en los delitos de asociación, instigación pública continuada y uso de adolescentes para delinquir”. Tras López y Vecchio, Guevara es el tercer líder de VP perseguido en los últimos tres años. La tolda naranja se vuelve a quedar sin líder y el gobierno sigue cumpliendo su objetivo: alejar del poder todo lo que tenga que ver con Leopoldo López.

La perrarina se quedará pendeja

Repitieron hasta el cansancio que en la Cuarta se comía perrarina y la historia, en vez de absolverlos, terminará indicando que en la Quinta los basureros se llenaron de personas. Precios justos, impresión de dinero inorgánico, aumentos mensuales de sueldo mínimo, controles de cambio. El gobierno ha creado un coctel inflacionario que no quiere dejarse de tomar. Entre cadivis, sicadis, simadis, cencoexes y dicoms ha construido una economía que sólo beneficia a aquellos que ostentan el poder. El dólar preferencial ha sido la gallina de los huevos de oro para un grupo de personas que vive en un país paralelo. Boliburgueses y enchufados disfrutan en una burbuja revolucionaria mientras el resto del país se divide las migajas de la torta petrolera. El modelo, si es que puede llamarse así, fracasó hace rato, pero la mala noticia es que siempre, siempre, se puede estar peor. Ayer Econométrica saldó el debate: Venezuela entró, oficialmente, en los terrenos de la hiperinflación. La firma se basa en la definición del economista Phillip Cagan, profesor emérito de la Universidad de Columbia, quien indicó que un país entra en esa condición cuando el aumento de precios intermensual es de 50% o más. En octubre, la inflación general en nuestro país fue de 50,6%. Pero hay más. Lamentablemente, los récords de la Revolución no se acaban allí: somos el primer Estado petrolero en la historia que cae en esta condición. “La hiperinflación es una enfermedad muy rara en el mundo, propia de países que pasaron por guerras muy agudas”, le dijo Asdrúbal Oliveros a César Miguel Rondón a principios de octubre. Aquí la guerra es ficticia, pero los precios son verdaderos: la calle no miente. Y mientras el país se va por la borda, Nicolás ha sacado un nuevo billete: 100.000 bolívares. El de 20.000, anunciado hace menos de un año, ya no compra ni un almuerzo. Y con este nuevo papelito, hoy por hoy, no se pueden comprar ni dos cartones de huevos. Bienvenidos a la locura. Bienvenidos a la hiperinflación.