Las imágenes y la masa: Los peligros del analfabetismo visual

Si hay algo que caracteriza al ser humano es su tendencia de innovar su estilo de vida, de una década a otra las costumbres cambian considerablemente. El individuo del siglo XX salía a la calle y se veía rodeado  de anuncios publicitarios, se sentaba a ver la tv a diario, y veía algunas fotografías al leer el periódico. Ocasionalmente iba al cine o a un museo. Y  antes, el contacto con lo visual era más limitado aun. En cambio, hoy en día el sujeto está expuesto a un conjunto de imágenes muchísimo más grande, unas en el espacio virtual, y otras en el físico. Vivimos inmersos en una época multimedia.

Desde los tiempos de las cavernas, el hombre ha tenido contacto con la creación visual, pero su relación con ella ha cambiado drásticamente con el pasar del tiempo, en especial en las últimas dos décadas. En el orden natural del mundo globalizado, las imágenes se han hecho omnipotentes, están en todos los lugares y a toda hora del día. Es el método postmoderno de relacionarse con el mundo. No es posible un cortejo sin mandar un emoticón con un beso a través de WhatsApp. Nadie imagina un negocio sin un buen trabajo de diseño gráfico que le sirva de publicidad. Es inconcebible un acontecimiento público sin una lluvia de memes que lo parodien.  Hoy, más que ser parte de nuestra vida diaria, se han convertido en  nuestra vida diaria.

Cuesta creerlo, pero el mundo en el que hoy vivimos parecía una fantasía hace un par de décadas. El internet ha hecho íntima la relación de las nuevas generaciones con el infinito de imágenes. Pero es una realidad mucho más compleja. Entender el fenómeno de la cultura visual de nuestros tiempos no implica únicamente  tener conciencia de su saturación, implica también preguntarse por el origen de estas, por las mentes detrás de ellas. Como ocurre con todos los períodos de cambios, nos toca ser críticos con la situación.

 Millones de imágenes, millones de creadores

El infinito de  imágenes que habita  el mundo digital se mantiene con vida gracias al consumo visual que realiza sociedad la global. Se hacen, se comparten, se masifican. El colectivo es tanto creador como consumidor. Internet es un medio democrático, cualquiera puede hacer una ilustración y subirla a la red. En la mayoría de las plataformas, no hay demasiadas reglas para eso.

Internet es una biblioteca infinita, un espacio donde lo maravilloso y lo nefasto tienen el mismo derecho de existencia, lo cual trae consigo tanto ventajas como  desventajas. En medio de ese fenómeno hay una realidad que no podemos ignorar: no todos poseen una cultura visual desarrollada, y una gigantesca parte del contenido de las plataformas de hoy en día lo demuestra.

Siendo un hombre un animal visual, que guía su  vida según el sentido de la vista, quizás para algunos suene incoherente hablar de una cultura visual. Pero no, los ojos pueden entrenarse. Es posible tener más conciencia sobre lo que perciben, de cómo lo perciben, además de mejorar su capacidad de interpretación. Adquirir esas destrezas requiere de una preparación, hecho del cual muchos no son conscientes. La lectura es vital en ese proceso.

Cada imagen tiene un conjunto de elementos que ordenados de una determinada manera expresan un significado. Hay temas que ameritan una base teórico para entenderlos en su totalidad. Composición, teoría cromática, iconografía, son aéreas necesarias para la comprensión del universo visual.  Quien dude de estas palabras debería responder las siguientes preguntas: ¿Qué significa el color amarillo? ¿Qué es un punto de fuga? ¿Por qué tantas representaciones utilizan la rosa?

Evidentemente, para poseer cierto  entendimiento del mundo visual no es necesario ser un erudito en semiótica o  historia del arte, pero hace falta un mínimo de preparación (evidentemente, mientras más se sepa, mejor). Hoy en día, cualquier usuario de internet goza de una libertad absoluta para subir imágenes, pese al analfabetismo visual imperante en estos tiempos. Pocos saben interpretarlas, pero todos las tienen presentes en sus vidas.

En el universo online conviven fotografías de la máxima calidad, como las que publica National Geographic, junto a algunas tragedias que pueden encontrarse en cualquier red social. Hoy, con una intensidad mucho mayor a otras épocas, volvemos a enfrentarnos al problema de las masas y las élites, como lo definió José Ortega y Gasset en su libro La Rebelión de las Masas.

La Rebelión de las Masas es un libro de título engañoso. Parece aludir a la idea de una insurrección popular contra una minoría opresora, pero no hay nada más lejos de la realidad. El conjunto de artículos del filósofo español refiere a una realidad que tomó lugar en el siglo XX gracias a los avances de la técnica y del pensamiento político. Tras el exponencial aumento de la población que vivieron las sociedades occidentales, la llegada de la democracia y de otras ideas surgidas tras la Ilustración –como por ejemplo, la de los derechos naturales-, por primera vez en toda la historia de la humanidad las mayorías empezaron a tomar las decisiones que antaño solo le correspondían a las minorías instruidas, generando una ola de caos.

Ortega y Gasset no se opone a los derechos individuales, ni promueve al sometiendo de las poblaciones por parte de pequeños grupos, se opone al estado degenerativo del sistema en el que las masas toman el control desenfrenado de todos los aspectos de la vida pública, generando la destrucción de las naciones. Ese fenómeno es lo que él denomina hiperdemocracia.

Según Ortega y Gasset, las élites no son pequeños grupos de personas adineradas, como podría pensarse, sino conjuntos de personas que se han exigido más a sí mismos para llegar a poseer una preparación superior a la media. No es un asunto de clases, estas se encuentran en todos y cada uno de los estratos de la sociedad. En cambio, las masas son esas mayorías que no tienden a formar un pensamiento propio, carentes de curiosidad, y que por lo general, tienden a refugiarse en los conjuntos para establecer una posición en el mundo. Muy a menudo, omiten opiniones sin conocer el tema, y fundamentan sus discursos basándose en falacias como “Todo el mundo dice eso, ¿cómo tú vas a negarlo?”.

La hiperdemocracia es un peligro total, les da a los idiotas la oportunidad de dirigir naciones, y muchas veces condena al silencio a las personas más preparadas, sobre todo cuando estas tienen opiniones impopulares. Los regímenes totalitarios del siglo XX –la Alemania nazi, la Unión Soviética, la Italia fascista, etc- impusieron sus tiranías mediante la manipulación de las mayorías, usando a los ciudadanos de sus naciones como borregos. Irónicamente, esa situación termina destruyendo la democracia.

La hiperdemocracia es enemiga del mérito. Por ejemplo, hace posible que personas que nunca han tocado la nieve se sientan con derecho a participar en unas Olimpiadas de Invierno y avergonzar a su país ante el resto del mundo. Muchas personalidades del mundo de la política, el espectáculo, del deporte, y de todos los demás ámbitos,  paden el síndrome del hombre-masa. Comentarios como “Ja, yo en mi vida no he leído ni un solo libro, y aun así pase bachiderato” se hacen comunes.  Reduce la calidad de todas las cosas de las que se apodera, incluyendo el mundo de las imágenes.

El analfabetismo visual

Todo el mundo sabe que el analfabetismo es un problema grave dentro de la sociedad, que condena a muchos a una vida de dificultades y limitaciones, y que es necesario buscar su erradicación. Pero casi nadie habla de otra situación que ha de ser superada cuanto antes: la falta de formación visual que se encuentra presente en una porción sumamente amplia de la población.

La falta de cultura visual degrada la sensibilidad. Ante una saturación de imágenes, la falta de criterio para distinguir la calidad de la mediocridad puede nublar el reconocimiento de cualidades en una determinada obra, dificultando el entendimiento de todas aquellas piezas que requieran de una mirada lúcida.

Muchos no lo saben, pero la hipermocracia hace que  personas que no poseen ningún conocimiento de fotografía se sientan profesionales por poseer una cámara réflex o semi-reflex, o inclusive, un teléfono que haga buenas tomas. En un mismo mercado, algunos individuos que hayan logrado hacer algunas capturas en modo automático tienen el mismo derecho de competir  con los que sí han hecho el esfuerzo por instruirse en esa disciplina. Malo para las imágenes, malo para muchos bolsillos.

Algo sumamente común, algo que hace que diseñadores y fotógrafos sientan ganas de asesinar, es escuchar el comentario “Lo siento, encontré a alguien que lo hace más barato”. Entonces, muchas personas que después de haber realizado un largo trayecto en el cual invirtieron sus ahorros en formación y equipo se enfrenten al dilema de si deben rebajar sus precios o no. Como se dijo antes, la hiperdemocracia está en contra del mérito. A diario se ven trabajos visuales de muy mala calidad ganar fama injustamente.  En su libro, José Ortega y Gasset dio una explicación muy pertinente para entender el fenómeno:

No se trata de que el hombre-masa sea tonto (…) tiene más capacidad intelectual que el de ninguna otra época. Pero esa capacidad no le sirve de nada; en rigor, la vaga sensación de poseerla le sirve solo para cerrarse más en sí y no usarla. De una vez para siempre consagra el sentido de los tópicos, prejuicios, cabos de ideas o, simplemente, vocablos huertos que el azar ha amontonado en su interior y, con una audacia que solo por la ingenuidad se explica, los impondrá donde quiera. Esto es lo que (…) enunciaba yo como característico de nuestra época: no que el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino  proclame e imponga el derecho de la vulgaridad, o la vulgaridad como derecho” (Por qué las masas intervienen en todo y por qué solo intervienen  violentamente, Capítulo VIII)

Ser incapaz de interpretar el mundo visual pone en peligro muchos aspectos de la vida. Por un lado, el dinero de varias personas, pero hay muchas más consecuencias (más de los que se pueden mencionar aquí). Anteriormente, se llegó a mencionar que las hiperdemocracias degeneraron en los sistemas totalitarios que asolaron al mundo en el siglo XX. Hay que recalcar que esos gobiernos usaron la propaganda como soporte para manipular a las masas. Las imágenes acosadoras son innatas a esa clase de regímenes, que a falta de criterio de muchas personas, pueden ser usadas para realizar engaños a escalas nacionales.

Una buena publicidad puede vender un mal producto. Un diseñador malo puede venderse como uno bueno. Un gobierno dictatorial puede venderse como una democracia. Las imágenes pueden ser utilizadas para propagar mentiras. La saturación de ellas,  acompañada de un analfabetismo visual masivo, son dos asuntos a considerar altamente peligrosos para las sociedades de hoy en día.

Consecuencias hay muchas, y la solución empieza, nos guste o no, en la exigencia de calidad. No se trata de convertirse en un profesional que únicamente suba en las redes materiales extraordinariamente bien hechos, pero sí, de saber entrenar el ojo para ser capaz de interpretar el infinito de mensajes al que nos exponemos día a día. Saber qué cosas dicen, porqué nos las dicen, y porqué están ahí. Hay que acostumbrarse a distinguir entre el montón, y entender que todo tiene su lugar, su razón y su momento. Un dibujo mal ubicado en una cuenta personal no perjudica a nadie, pero en una cuenta profesional, sí. Una imagen bien hecha requiere de una inversión por parte de quien la realiza. Y por supuesto, saber reconocer quienes fueron las que las hicieron, y para qué, porqué quieren que nosotros las veamos.

Es utópico pensar que la mayoría de los individuos que integran esta sociedad globalizada aprenderá a desarrollar una cultura visual más analítica, la humanidad siempre estará dividida entre la masa y la élite. Sin embargo, tú si puedes hacerlo. En una época en la cual la vulgaridad se apodera de nuestras vidas, es necesario que cada vez más personas aprendan la importancia de entrenar los ojos.

 

Por Diego Alejandro Torres | @sr_mowgli

¿Conoces el New Latino Boom?

En agosto de 2017 publiqué en El BeiSMan un ensayo fundacional sobre lo que hoy llamo New Latino Boom. Ese fue el primer artículo que redacté luego de haberle dado un nombre al movimiento literario que he estado observando y documentando desde principios de esta década. Comencé a notar cierta tendencia hacia la apertura de editoriales independientes dedicadas a publicar textos escritos en español dentro de Estados Unidos. Los autores, en su mayoría inmigrantes, prefieren el español como lengua principal para escribir. Se empezó a crear un nicho. El público comenzó a responder. La presencia en los medios se inició. Y el uso de las redes sociales para difundir las obras y para acercarse a los lectores se intensificó.

Después de varios años de observación, de algunas conferencias y un ensayo en donde comenzaba a discutir este fenómeno, le di un nombre. En junio de 2017 lo hice públicamente a través de mi cuenta de Twitter y creé la etiqueta #NewLatinoBoom. Lo hice de esta forma porque las redes sociales, las etiquetas, los selfies grupales, los videos live, son cruciales para los autores, las editoriales y demás agentes que intervienen en el New Latino Boom. El hashtag es intrínseco al nombre y al concepto. Sin la difusión de la producción literaria en español en las diferentes redes sociales, no habría New Latino Boom, o quizás sería otro movimiento. Los comentarios hechos en las redes sociales y hasta los tuits pueden convertirse en manifiestos.

Pero a todas estas, ¿qué es el New Latino Boom?

Es el movimiento, tendencia, explosión de literatura escrita y publicada en español en Estados Unidos durante las dos primeras décadas del siglo XXI. Sin embargo, por como veo las cosas, este boom seguirá en la tercera. El punto es que el New Latino Boom no solo involucra escritores y editoriales. Este fenómeno no solo se está dando por la acción de un grupo de autores que escriben y por la acción de algunas editoriales que los publican. El New Latino Boom se define y se edifica porque cada entidad, cada actor, está promoviendo la literatura en español en Estados Unidos a todo nivel. Las editoriales no están trabajando aisladamente. A propósito o no, diría yo de forma orgánica, se está dando una conexión entre las editoriales y escritores con librerías, centros culturales y universidades. Por ello podemos ver diversas antologías, encuentros, lecturas y charlas, talleres literarios, y más recientemente conferencias y artículos o ensayos. Se involucra la prensa y se hace uso de redes sociales. Todo eso, en conjunto, hace posible el New Latino Boom.

Las ciudades que resaltan por la cantidad de escritores, editoriales y eventos que incluyen son Miami, Nueva York y Chicago. No obstante, en los últimos años se destaca además una especie de comunicación o colaboración entre ellas. Para que tengan una visión de dicha colaboración les presento algunos ejemplos: en Miami está Suburbano Ediciones. Bajo este sello, Pedro Medina León y Hernán Vera Álvarez han editado una gran cantidad de ebooks y más recientemente obras en papel incluyendo dos antologías que contribuyen a la definición de lo que significa la ciudad de Miami. Medina León por su parte ha publicado dos novelas (Varsovia, 2017 y Marginal, 2018) con Sudaquia Editores, sello que se encuentra en Nueva York y que es dirigido por Asdrúbal Hernández. La presentación de su última novela, Marginal, se dio el pasado mes de marzo en Nueva York en la librería McNally Jackson, cuyos eventos en español son organizados por Javier Molea. Justo antes de este evento, se encontraba Keila Vall de la Ville dirigiendo su Jamming Poético que trasladó de Caracas a la Gran Manzana. En este Jamming Poético participó Raquel Abend van Dalen quien junto a Keila fue antologada por Fernando Olszanski en la colección Ni Bárbaras Ni Malinches (2018), en la cual yo misma soy una autora. Olszanski vive en Chicago y desde allí dirige la editorial ArsCommunis, la cual tiene en su haber varias antologías, novelas y libros de cuentos. En las últimas semanas, Olszanski fue a Nueva York para presentar Ni Bárbaras Ni Malinches y entre el público estaba Mariza Bafile, directora de la revista ViceVersa, cuyo libro Memorias de la inconformidad (2017) fue publicado por Sudaquia Editores. Asimismo, Suburbano también apoyó la presentación de Ni Bárbaras Ni Malinches ofreciendo una velada dirigida por Vera en la librería Altamira Libros ubicada en Coral Gables. Muchos eventos de este tipo son apoyados por la Miami Book Fair International además del Miami DadeCollege. A su vez desde el barrio Pilsen en Chicago trabaja Franky Piña, en compañía de Raúl Dorantes y Carolina Herrera con El BeiSMan, revista y editorial especializada en la voz en español local. En Chicago también está Contratiempo, revista y agente cultural de larga trayectoria. Chatos Inhumanos y Los Bárbaros están en Nueva York, La pereza y Nagari en Miami, además de otros actores que se encuentran fuera de estas tres ciudades pero que están en contacto permanente produciendo, editando, escribiendo. Por ejemplo, encontramos a Melanie Márquez Adams en las montañas de Tennessee (y pronto en Iowa), José Castro Urioste en Indiana, yo misma en Massachusetts, el Festival del Libro Hispano en Virginia en el que participaron, entre muchos otros escritores, Carolina Herrera y Fernando Olszanski, y demás actores que trabajan de la mano para seguir dándole una plataforma a este movimiento. Esta nota no sería una nota si nombro a todos los escritores que son parte del New Latino Boom. Son muchos los nombres que puedo incluir. Son muchos los eventos que puedo mencionar. Indiscutiblemente son muchos los libros que puedo reseñar.

En este momento, dentro del ambiente político en el que se encuentra Estados Unidos y por el ataque frontal dirigido a todo aquello que no sea mayoritario, ratifico la trascendencia que supone documentar la magnitud y envergadura del uso del idioma español como emblema de un movimiento literario único y propio de los Estados Unidos. Al encontrarnos en un momento histórico en el que las expresiones no mayoritarias son vistas como una amenaza, resulta imperioso hacer un registro de este fenómeno cultural tomando en cuenta el idioma español y su presencia como forma de resistencia.

El #NewLatinoBoom está pasando ante nuestros ojos en este momento y tenemos la dicha de seguirlo, luchar a través de este y disfrutar además de una producción artística de calidad, diversa y dinámica. Los invito a seguir el movimiento, a usar la etiqueta, a contactar a los autores, editores, compiladores y libreros que participan y que no descansan. ¡El #NewLatinoBoom no para!

 

 

Por Naida Saavedra | @naidasaavedra

*Texto publicado originalmente en Suburbano, en mayo 2018.

 

Los motores del desastre (o Revelaciones desde la chivera)

Una catástrofe como la nuestra no avanza así no más. Necesita piezas, engranajes, además de tiempo, perversidad y aceite. Tampoco es lenta ni casual la tragedia que estamos pasando: su velocidad caótica se debe a unos cuantos propulsores que la han empujado con asombrosa potencia. Autobús en caída libre, lancha llena de desagües, carro con troneras y picos de botella al frente: estos motores llevan por dentro el combustible del absurdo y operan a partir del despilfarro. Su funcionamiento es peculiar: se encienden para apagarlo todo.

Su propósito: volver el país una chatarra.

1.El motor saqueo semántico: alteración de símbolos, héroes importados, deformación de la memoria, balbuceo ideológico, sincretismo espiritual, vaciamiento y llenado de palabras molde (p.ej. democracia, revolución, pueblo), panoramas patrióticos desdibujados, silenciamiento/escandalización de efemérides, son algunas de las piezas del motor más eficaz del chavismo: el desplazamiento de la sustancia-país, la mudanza definitiva de sus significados. La casa, en apariencia, es la misma, pero le cambiaron los muebles y le movieron los espejos. No fue que nos quitaron el país: lo saquearon por dentro.

2. El motor malandrismo institucional: es la escenificación del quieto ahí de la burocracia y el pégate becerro de  las instituciones del Estado. Es la voz del descrédito, del hago lo que me da la gana oficializado, de la paralización del ciudadano ante el totalitarismo de chopo y puñal de los órganos gubernativos. Mírese el TSJ, el CNE, la antigua AN: actúan con la legitimidad del vivo y la desfachatez del malandro. Es el decir cállate o te quiebro del Poder Público Nacional.

3. El motor bochinche y mierda: el desorden, si no se goza, no se aguanta. Hay que carnavalizar la gestión pública. Hay que meterle fiesta, tarimas, musiquita en los pies. Distraerse con serpentina mientras el ventilador salpica. Así, entre rumba y gozadera, el panem et circenses se convierte en política pública, favor paternal y aspiración ciudadana. No hacen falta cornetas ni subwoofers: la sentencia mirandina tiene hoy el volumen preciso. Y atormenta.

4.El motor inoculación del vértigo: nos trajeron a bailar a una cornisa con los ojos vendados y las trenzas sueltas. Nos pusieron frente a un barranco para dejarnos la náusea como tarea. El plan: poner el pánico en alto, marear, (pre)ocupar. Hacer que el miedo nos mantenga firmes y contra la pared. ¿Qué es lo que hace uno ante un abismo? O se calla o se vomita.

 …

Intermedio contra el olvido: una breve excursión a la chivera

Este invento de mecánica popular ya había sido ensayado tiempo atrás cuando Chávez, para inaugurar el año 2007, le muestra al país los Cinco motores constituyentes de la Revolución Bolivariana. Esas turbinas apocalípticas que anunciaban la consolidación del “Socialismo del Siglo XXI” en Venezuela, y que estaban construidas sobre un plural de “realidades y aspiraciones” de dudosa procedencia, se conformaban de:

I. Ley Habilitante:el truco jurídico favorito del Ejecutivo Nacional en tiempos del chavismo, con el cual el Máximo Líder se disfraza de superhéroe omnímodo y megalosaurio legislador, y se faculta a sí mismo para meter la cuchara en todo. Es la histeria del aparato estatal sujeto a la voluntad de un hombre. Llámese: motor siembra del personalismo.

II. Reforma Constitucional: con esto se pretendió hacer de la Carta Magna un traje a la medida. Se sometió a elecciones, perdió, se cambió por enmienda para asegurar la reelección indefinida del Presidente, y muchas de sus premisas terminaron metiéndose por debajo de cuerdas. Burla y obstinación antidemocrática. Motor lo que me salga del forro.

III. Moral y Luces: estudio de la doctrina socialista en escuelas, liceos, fábricas, talleres y campos. Inyección curricular de los valores grandilocuentes del socialismo, la deformada doctrina bolivariana y la ideología política del chavismo. A este le llamamos motor no me lo mate no, porque a la par que aniquila el pensamiento libre pone en peligro al “hombre nuevo” que pretendió crear.

IV. La Nueva Geometría del Poder:con ese suculento título se buscaba cambiar la división político-territorial del país y erradicar a los municipios del mapa (a saber el nivel más próximo y real de participación ciudadana). Hablaba de simetría del poder político y militar, con una ocupación total por parte de ese pequeño monstruo al que bautizaron Poder Popular. ¿Menos ciudades, menos ciudadanos? ¿Reordenaditos se les manda mejor? Motor obediencia participativa.

V. Explosión del Poder Comunal:dependiente de los cuatro anteriores, proponía crear una federación de Consejos Comunales, especie de constelación de ciudades sin alcaldías ni juntas parroquiales, gobernadas por un Estado Comunal que recibiría del Gobierno Central el poder político, social, económico y administrativo para autogestionarse. No sería difícil predecir los requisitos de filiación ideológica y partidista de esa transferencia de poder, ni advertir las consecuencias de tal aberración. Motor constelación servidumbre.

Y estos cinco aparatos llegaron a nosotros, casi una década después, convertidos en chatarra de chivera, en tema de conversación para coleccionistas de inventos, en extraordinaria curiosidad de repuesteras. Su épica inquietante, aunque triste, nos abre la puerta al siguiente galpón de trastos.

5. El motor reducción al ridículo: la negligencia descarada, la fatalidad de la práctica de gobierno, el testimonio de su propia destructividad, ridiculizaron la ideología, la lucha de clases, el poder del pueblo y todas aquellas ensoñaciones verbales llenas de onanismo y anacronías. ¿Socialismo para qué siglo? La izquierda, por enésima vez, fue golpe de torpeza, desorientación y zurdera.

6. El motor gran milagro: la espera, la paciencia, el mesianismo. Ese algo tiene que pasar del que todos hablan. El estancamiento de la voluntad nos puso a la orden de una fe ciega, casi brujeril, en cualquier fuerza (o acontecimiento o fecha de calendario) con promesas de cambios mágicos. Y nos dejaron con el escapulario y la pulserita en vela. Más que un país, Venezuela se convirtió en una larga cola hacia un milagro.

7. El motor desesperanza para todos: aquí se afirma la generosidad del proyecto poschavista: repartirnos por igual su cuota de desesperanza. Es el abatimiento en el pecho, la pérdida del país íntimo, el ejercicio de la desmoralización del que nadie se escapa. Es esa desilusión histórica, ese te amo, pero no de la patria confundida. Es, al fin, ese gran desamor nacional.

8. El motor felicidad por cupos: entre racionamientos, inseguridad ciudadana,hiperinflación depravada y desabastecimiento, el poschavismo nos va haciendo partícipes de su filosofía de prosperidad limitada: ser feliz la máxima suma de felicidad permitida. Vivir el aprendizaje forzado de lo bueno poco. Mamar, pero contentos.

Hacia un engrase definitivo

Motores que remueven sedimentos culturales, historias fallidas, resquemores, cosas que no se hicieron. Motores que echan a andar esa gran maquinaria de desastre en la que vivimos. Podrían inventarse otros (el motor loco escondido, el motor la divisa es tu horror, el motor tranca la puerta, el motor tu puesto en la ruleta, etc., etc.,) que contengan los dramas de la impunidad y la violencia, la sombra delincuencial del Estado, el poder militar y sus alter-egos paraestatales, el falso enaltecimiento de la pobreza, la anomia vandálica, el nihilismo en el bolsillo, la devaluación de la dignidad, la ruleta de la tragedia, la primacía salvaje del individualismo.

Podrían, pero encenderlos no los dejaría en evidencia ni los haría menos malos.

Esos ya están andando sin que nadie los vea, sin que nadie perciba su escándalo de tornillos sueltos y silbidos. Y lo peor es que nos aplastan, nos vuelven mínimos, indefensos, vulnerables, sin tener siquiera la decencia de recoger el desastre después.

 

Por Zakarías Zafra |@zakariaszafra

De los Dioses del balón a los grandes obreros del siglo XXI

Todos vimos lo que ocurrió sobre la estepa rusa durante el tiempo que duró el mundial de fútbol. Semana a semana quisimos comprender el tenor de estos duelos futbolísticos y muy pronto nos dimos cuenta de que la matemática, la fría estadística y el montón de datos que hoy se generan a partir del juego, de la pura actividad física de los cuerpos, de los perfiles y del historial de las escuadras, no bastan por sí solos para sintetizar lo que estaba ocurriendo sobre el césped de la tierra de Putin y del hombre post-soviético.

Tal como viene ocurriendo cada cuatro años con la organización de los Mundiales, el complicado entramado que produce una pelota y veintidós hombres corriendo tras de ella, escapa completamente a lo fáctico y se transusbstancia en un imaginario que se desborda y no admite que se le circunscriba al exclusivo territorio de lo deportivo. Un partido es siempre más que un partido. Un jugador es mucho más que su fama inmediata, puesto que entran en juego complicadas operaciones de diferenciación y comparación que hacen del fútbol una verdadera gramática de lo universal, en el que las pasiones, las idiosincrasias, la política, la ideología, la literatura o el arte se reordenan de acuerdo a una lógica planetaria y espectacular del partido de turno.

¿Cómo es esto posible? ¿Por qué un partido termina siendo juzgado en los mismos términos heroicos del David contra el Goliat, entre la potencia y la colonia, entre la Europa aria y la de los inmigrantes, entre las invasiones napoleónicas o del poder nazi y las consecuentes derrotas imperiales sobre la estepa? ¿Por qué un duelo latinoamericano con una nación europea abre todos los torrentes para pensar la historia del capitalismo y la dominación de los imperios de turno a lo largo de la modernidad? ¿Por qué en un mundial siempre se activa el discurso de lo patriótico, el de la dignidad de los pequeños y hasta la idea de hacerse respetar como no se puede hacer respetar a una nación pequeña, endeudada o débil en una mesa de negociación política o económica?

Más allá de que el fútbol sea un deporte de los vivos y por tanto su juego se preste a las imágenes o metáforas  más vitales, sigo pensando que este “espesor” con que nos involucramos en un Mundial, con todo un arsenal de hipótesis, referencias históricas y literarias, se ha venido acentuando a medida que la sociedad líquida, donde lo evanescente toma primacía, logra imponerse de manera incontestable. Ya lo decía Monsiváis en los años 90: la patria dura 90 minutos, el Estado-nación es un partido de la selección nacional, todo lo demás forma parte del espectáculo.

El fútbol, en el contexto líquido de nuestra civilización, ha venido adquiriendo una lógica de museo, donde importan de manera relevante sus archivos,  por la originalidad o por el contexto específico donde se les puede articular. A partir del fútbol, o gracias a él, se establece un discurso de la inmortalidad, puesto que posee todos los elementos para que se elabore una narración que enlaza pasado y futuro, orígenes y destino a partir de las hazañas de una selección nacional y de sus jugadores. Al punto de que una selección, en el contexto de un mundial, es mirada, evaluada y juzgada como una intervención estética que remite a varios tiempos, como un performance o instalación donde pasado, presente y futuro acaecen en 90 minutos.

¿Cuál es la imagen de Rusia 2018?

Durante cuatro semanas asistimos a un torneo épico sobre la estepa y buscamos figuras e imágenes que pudiera describir cómo fracasaban uno a uno los grandes favoritos (Alemania, España, Argentina, Brasil, Uruguay, los “dueños y señores” de los grandes archivos del museo futbolístico). Pasamos de Tolstoi a Dostoievski para entender que las derrotas no sólo ocurren sobre el espacio de la estepa sino que también tienen resonancias en la mente, donde hay crímenes de los que nunca logramos reponernos, por culpa o por castigo. Quizá la solución rusa no esté en esa alma dostoievskiana ni en el absurdo de una derrota imprevista, como si se tratara de un cuento cómico de Gogol o de Bulgakov. Según Dostoievski, el alma rusa siempre desafina, tarde o temprano se excede, no se acopla, es carnavalesca por sus diversos atuendos, sufre de agorafobia y por eso mira lo de afuera con fascinación para después expulsarlo en forma de crimen. De allí que el Mundial haya oscilado entre la épica fallida de los grandes, el crimen de los pequeños y lo cómico de una final con faltas inexistentes, errores de arquero y goles imprevistos en los primeros treinta minutos.

La solución rusa, la que al final se impuso en este Mundial, hay que buscarla no en la literatura sino en el arte y sus vanguardias. Después de tantos partidos, la materia informe con la que se inicia un Mundial se termina reduciendo a su expresión mínima y definitiva. Esta es propiamente la solución rusa, una versión suprematista de Kazimir Malevich que materializa las pasiones humanas, los tiempos y la historia en una imagen única y eterna. Las vanguardias artísticas pensaron un arte que nunca desaparecería, un arte que tenía por hábitat el futuro, lo que nadie podía ver, salvo el artista.

Malevich, puede decirse en este caso, miraba ya en 1913 una final de fútbol entre Francia y Croacia que se realizaría en el futuro, un domingo de julio de 2018, sobre el geométrico césped de un estadio en Moscú. Malevich, en ese sentido, mira que lo verdaderamente eterno del fútbol y de la vida es que haya una diferencia definitiva, la que se establece entre un ganador y un perdedor, no importa cuál. Malevich, en su Cuadrado negro sobre fondo blanco (1913), representa el valor mismo del archivo, el triunfo de una forma o del marco que la diferencia o la separa definitivamente de lo profano y de lo mortal, de la corrupción del instante.

Malevich no sabía en realidad la menudencia del caso que pintaba en 1913, la crónica de color en la que una selección de hijos franceses de la migración logra ganar en 2018 un campeonato Mundial. Pero en cambio describió perfectamente el mecanismo de lo que queda protegido, en nombre del ganador, en un archivo futbolístico. Lo demás se corrompe en el tiempo y pasa al olvido, tal como ocurre con esos juegos inexplicables que definen el tercer y cuarto puesto de un Mundial. Esa mirada de Malevich, la que describe con su arte lo que sobrevivirá al tiempo, es lo que diferencia a todo artista del profeta.

Maradona versus Messi, lo eterno y lo ligero

Si puede materializarse esta idea del archivo de larga duración y de lo efímero en el fútbol, quizá debamos recurrir a la áspera comparación entre Maradona y Messi. La gente tiene más de veinte o treinta años puteando a Maradona por periquero, por fidelista, por chavista, por violencia doméstica, por alcohólico, por marginal orillero, por mafioso, por vividor, por impresentable y el tipo sigue allí como si nada, siendo la referencia única del fútbol argentino en los Mundiales.

Maradona es el ejemplo perfecto de alguien que se ha asegurado un puesto estable en la historia de los archivos. Eso lo hace no-biodegradable, tiene un cortafuegos que lo inmuniza completamente de sus propios excesos y de las críticas que, de paso, lo dejan más vivo que muerto en las redes sociales. Sobrevive a todo, Maradona, como las cucarachas que, se dice, son capaces de superar una desértica era post-nuclear.

El tema es que Messi es el consentido del fútbol actual, la estrella que durante años lo ha logrado todo en el contexto de los torneos de clubes. Pero Messi tiene un problema definitivo: no podrá entrar como figura original en los archivos de la selección argentina. Y pensar que Messi era el único mortal que podía disputarle –de hacerse Argentina campeona del mundo– el puesto que tiene Maradona en la exclusiva zona de la inmortalidad.

Si Messi lo lograba, para bien de la salud mental del pueblo argentino, el arquetipo mítico del sur estaría bastante completo: la figura dionisíaca encarnada en Diego y el apolineo casi autista que materializa Messi. Si lo lograba, las pasiones se repartirán de aquí en adelante en un sano equilibrio cósmico: inspiración o disciplina; carisma o vida interior; maníaco-depresivo o autista. Instinto o matemática. Pero no pudo ser. Esto augura próximos Mundiales con un Maradona a sus anchas, en plan de inmortal indiscutible. Ya seguiremos viéndolo meterse todo el vodka del estadio en la grada y después aparecerá inmortalizado en las redes sociales como un Dios ebrio que abraza el sol que hace triunfar a la Argentina del futuro.

¿Messi está condenado al olvido?  Quizá no. Cabe que ese autismo de Messi se deba, precisamente, a una protesta, a una especie de renuncia, de indisposición silenciosa a no querer trasladarse al mundo heroico de los “eternos” que soportan todo, incluso la más patética de las decadencias. A Messi quizá no le alance la condición de superhombre para disputarle un puesto a Maradona en el Olimpo solitario del que lo ganó todo con la selección nacional. Pero quizá fraguó en el largo ciclo con la Albiceleste su propio archivo de larga duración: el Dios que renuncia a ser dios, un incomprendido que no cabe en la escala mortal del Estado nación. Quizá por esa vía, Messi aún tenga vida después de la vida. Un Dios más cruel, si se quiere, que recuerda que intentes lo que intentes nunca dejarás de ser más que un pobre mortal.

El Dios del mercado y los otros divinos

Después que desapareció el maná argentino del Mundial, con la derrota ante Francia, vale la pena insistir en la dimensión de inmortalidad (o larga duración) que tienen algunas figuras del fútbol. Pelé, por ejemplo, es como el Dios de la magia buena, de sus botas brota lo inverosímil como los magos cuando se sacan conejos del sombrero, es el Dios que hace todo fácil y de su leyenda viene esta idea del “jogo bonito” brasileño. Maradona, sabemos, es todo lo contrario, un Dios heroico, de los que se monta al mundo entre los hombros y cuando conecta no hay mortal en pie (ni potencia futbolística) que se le resista.

Pienso también en arquetipos comparables a Maradona, por el espesor heroico que poseen y trascienden, por tanto, el sentido de lo futbolístico. Pienso en Zidane, por ejemplo, el francés de padres franco-argelinos que con alguna traza de ese Otro de las colonias absorbidas o recicladas (berbero), capitalizó con su talento e inteligencia las potencialidades de toda una generación y llevó a la Francia multicutural hasta el campeonato del mundo en 1998. Logro inédito el de Zidane, que no alcanzó Platini, otro francés no tan francés, de origen italiano, que también tuvo un exquisito trato con el balón.

Zidane muestra rasgos de ser de una estirpe distinta a dioses como Pelé o Maradona. Tuvo la osadía de renunciar al tesoro de su propio archivo, archivo único como el de Maradona, y ha reescrito su nombre en los últimos años no como el inmenso jugador que fue sino como el técnico más exitoso que hay en la actualidad, con tres Champions ganadas al hilo.

Maradona también lo intentó, como Zidane (de hecho fue director de la albiceleste en el Mundial de Alemania 2006), pero su fracaso circular y permanente le ha dado paradójicamente otro poder y también una estética, que sirve o alimenta ese extraño maná museístico que nos remite a sentimientos y emociones profundas y arraigadas, casi tribales, del siempre derrotado pero predispuesto a los milagros y a los golpes iluminados de timón.

El “Dios Zidane” parece estar hecho de otra materia. Es el Dios que describiría el coreano-alemán, Chul Han, como el perteneciente a la sociedad del rendimiento. El que se explota a sí mismo con tal de no perder su sitio en el presente. El Dios de lo actual, donde el aura de la versión original (e histórica) se disemina con las tácticas, las versiones y el performance del último éxito, el más reciente. Zidane es el Dios de la movilización permanente de cualidades, del flujo incesante de energía y de los esfuerzos más allá de los límites.

Si hablamos de la autofagia como el acto más radical de todos, Zidane representa quizá al Dios maldito capaz de devorarse o de vaciarse a sí mismo, con tal de que no se consuma su imagen sonriente, del que nada lo atraganta ni nada lo aparta del sentimiento presente de la multitud.

Zidane es el Dios que ha sabido movilizar y gestionar su propio exceso (su dimensión de inmortalidad atada a un hecho exclusivo), por eso es contemporáneo al mercado y sus ofertas, contemporáneo a la fama y al éxito más reciente, el de última hora. El Dios que apuesta y todo le sale bien.

Los obreros calificados y el nuevo protagonismo

La única manera de entender por qué a los dioses del fútbol ya no les basta el archivo museístico para vivir la inmortalidad, puesto que quieren eternizarse en el presente, al estilo Zidane, es aproximarnos al tipo de jugador que hoy captura la atención por ser la pieza más funcional y talentosa de un esquema de juego casi marcial donde triunfa lo colectivo sobre lo individual.

Este Mundial no fue precisamente de goleadores brillantes sino de grandes trabajadores. Volvimos a la era industrial. Eso sí, se trata de una mano de obra sumamente calificada. Hablan con soltura varias lenguas, la de la defensa, la del medio campo y la del ataque. Aprenden, además, muy rápidamente la lengua del contrario. Tienen una conciencia del espacio que los acerca a los mejores geógrafos. Se paran tan bien, y con ellos todo el equipo, que casi nunca un mueble queda fuera de lugar, por tanto son grandes diseñadores de interiores y como de ellos depende toda la estructura, son también los auténticos arquitectos de la obra.

Los grandes trabajadores de este Mundial demostraron tener un conocimiento muy avanzado en artillería militar, poseen técnicas de aviación y cuando les toca bajar, no se acomplejan y regresan a la vida de los humildes albañileros. Lo más inquietante de este perfil laboral es que hacen de la pelota un poema, un pase que nace de sus pies en un momento dado no sólo cambia un resultado matemático sino que reordena las pasiones universales, sin distingo de raza, de género o de clase social.

Están mentalmente preparados para escribir un microcuento con eficacia letal, que noquea rápidamente al contrario, pero a su vez tienen la convicción suficiente para montarse un partido difícil sobre los hombros y tejer una novela complejísima con muchas voces y de varios géneros. ¿Lo mejor de todo? No son robots. Un argumento más para seguir confiando en la humanidad y sus facultades. Este fue el Mundial de los grandes obreros calificados: Modric, quien se llevó el trofeo; De Bruyne, el belga; o Pogba, el negro francés más invisible que tuvo Deschamps en el esquema de ataque de los campeones mundiales 2018.

A fin de cuentas, esta también podría ser la historia de este Mundial: cómo pasamos de los antiguos Dioses a los grandes trabajadores del siglo XXI.

Una revolución secular viene ocurriendo en el fútbol. Y es una ironía que la hayamos visto florecer en la Rusia de Putin y del hombre post-soviético.

 

Por Héctor Bujanda | @bujandah

Destrucción y reconstrucción de Venezuela

Gerver Torres, el hombre que en los noventa tenía un sueño para Venezuela y que buscaba responder en un libro cómo hacerlo realidad, estuvo el mes pasado en Caracas participando en un conversatorio de Venancham en el que habló sobre la crisis venezolana. Economista documentado y analista riguroso, sus palabras resultan de cardinal importancia para saber dónde estamos parados. En su opinión, los venezolanos “somos actores, protagonistas y víctimas de una de las peores catástrofes de la historia y una de las más significativas de los tiempos modernos: nuestro proceso de destrucción ha sido más prolongado que la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Guerra Civil Americana. Esos fueron procesos más cortos y que atacaron aspectos específicos de sus países. La crisis venezolana, por el contrario, ha sido ya más larga y amplia, y ha ocurrido en medio de una bonanza de ingresos, la mayor del continente, y por ello ha sido silenciosa y letal”. Para Torres, he allí la clave que explica tal devastación: que la crisis, en principio, estuvo tapada por la bonanza y ello llevó a que “subestimáramos su poder destructor”. Sin embargo, ella estaba allí, sibilina y silenciosa, arrasando todo por dentro. De allí se explica por qué pasamos a estar, de un momento para otro, tan inexplicablemente mal. Según los números que maneja Torres, entre 2016 y 2017 Venezuela fue el país que experimentó la mayor caída de felicidad: “entre esos dos años se produjo la mayor caída en el índice de bienestar subjetivo de la población”. No sólo eso, somos, de América Latina, el país donde más ha aumentado el deseo de emigrar: de 12% en 2006, hemos pasado a 41% en 2017 y 60% en 2018. Y aunque para Torres la reconstrucción de Venezuela es viable, posible y será “el acontecimiento estelar del siglo XXI”, no hay que olvidar “que no se puede reconstruir en medio de la guerra” por lo que hay que esperar, primero, a que todo pase, y en ese esperar la obligación primordial es sobrevivir, porque sólo los que lo hagan, dentro o afuera, serán los que la lleven a cabo.

China deshaucia a Venezuela

Si no hay ‘leal’ no hay ‘lopa’, y si no hay dinero tampoco crédito. China, que junto con Rusia fue uno de los pilares financieros de la revolución, ha cerrado el grifo crediticio con el que tan desprendidamente había regado Venezuela en los años anteriores, ante la constatación de un hecho incontrovertible: el país está quebrado y no tiene cómo pagar todo lo que debe, que es mucho. Y como sucede con el amor, según el viejo refrán, lo mismo pasa con las alianzas internacionales: se van con el dinero. Y los asiáticos, muy comunistas del discurso para afuera, son delicadísimos de la cartera para adentro. De allí, pues, que hayan decidido dejar de darle oxígeno crediticio a la agonizante economía venezolana. Nos hemos tenido que enterar por la prensa extranjera –porque la revolución, ya se sabe, no rinde cuentas del dinero público–, pero desde el año pasado no entra a Venezuela un dólar proveniente de China: atrás quedaron, enterrados definitivamente, los tiempos en los que del país asiático llegaban préstamos de diez cifras y nueve ceros que servían para todo, especialmente salvar a última hora a la revolución de sus acreedores y seguir permitiendo que derrochara. Lo que tenemos ahora es una deuda gigante -62.200 millones de dólares en cifras brutas- que los chinos no ven manera de que se pague en lo inmediato, razón por la cual han decidido dejarla como está para que no crezca más. ¿Qué significa esto? Para decirlo en términos médicos: que Venezuela ha sido desahuciada, incluso, por su médico de cabecera. La clave la da Margaret Myer, directora del programa interamericano de dialogo China-Latinoamérica, quien le explicó a ‘El País’ que “[China] tenían ciertas esperanzas de que (…) podría ayudar a resolver la situación en el país o al menos mantener el ‘statu quo’. Sin embargo, no ha sido el caso. Desde 2016 y especialmente 2017, se han dado cuenta de que la mejor opción es simplemente esperar y ver cómo se resuelve la situación”. Entiéndase: que fracasó en su empeño de ‘salvar’ o al menos ‘mantener’ una revolución amiga en América Latina y luego de echar números ha decidido darle el ‘réquiem’.

Los fraudes electorales del chavismo

Más allá de algoritmos o búnkers secretos, para Ibsen Martínez el verdadero fraude electoral del chavismo está en no reconocer jamás un resultado adverso y convertir, por ello, en irrelevante el voto. En un lúcido texto publicado en ‘El País’, Martínez hace un repaso de la historia electoral reciente y muestra con claridad la cara más tramposa del chavismo. A continuación las líneas más reveladoras: “Con el referéndum revocatorio convocado en su contra en 2004, comenzó Chávez la serie de fraudes que prolongó hasta su muerte. En aquel momento, hizo públicas ilegalmente los millones de firmas que solicitaban se convocase el revocatorio, violando no solo el secreto del voto sino haciendo ulteriormente uso de esa lista para coaccionar el voto de millones de empleados públicos, instaurando un totalitario apartheid político que sigue en vigor hasta hoy (…) En 2007, Chávez fue derrotado por poco margen en un referéndum convocado por él mismo para hacer aprobar una reforma constitucional. En un primer momento, Chávez tascó el freno pero luego reaccionó diciendo que la victoria opositora era una ‘victoria de mierda’. Más tarde se las apañaría para hacer que su mayoría parlamentaria aprobase, entre gallos y media noche, todas las modificaciones que ordenó (…) En las elecciones de 2008, convocadas para elegir gobernadores estatales, Chávez recibió un verdadero varapalo: junto con la Alcaldía Mayor de Caracas, perdió los cinco estados más populosos y económicamente activos, entidades éstas que albergan la mitad de la población del país. Ante ese revés, Chávez abrogó ‘manu militari’ las potestades de la Alcaldía Mayor, negándole recursos presupuestarios. Luego nombró protectores para cada gobernación opositora, una dudosa figura política y administrativa impuesta arbitrariamente y a la carrera (…) Chávez instauró la práctica de encarcelar, inhabilitar políticamente u obligar a exilarse a sus adversarios electorales. Nicolás Maduro no ha hecho más que llevar al límite los alcances de una estrategia que ha sobrevivido a Chávez: convocar elecciones cuidando bien de hacer del todo irrelevante el voto”.

¿Cómo salir de Maduro?

Es el periódico favorito de la dictadura, en el que pauta constantemente. Pero el amor no es recíproco. ‘The New York Times’, la dama gris del periodismo, le publica los anuncios, se queda con los dólares e igualmente lo destroza. Así ha hecho en su hipercrítico editorial de hoy, titulado ‘La elección simulada de Venezuela’, en el que pone el acento en “cómo deshacerse del Sr. Maduro antes de que complete la destrucción de su país”. Destrucción que documentan en hechos y cifras: “Por cuarto año consecutivo, Venezuela ha sido clasificada como la economía más miserable del mundo por Bloomberg. La economía se ha reducido en más del 30 por ciento desde la caída de los precios del petróleo en 2014, y la industria del petróleo está colapsando; la tasa de inflación es con mucho la más alta del mundo, que alcanzará el 13,000 por ciento este año, según el Fondo Monetario Internacional. Más de un millón de personas han huido del país desde 2015; el sistema de salud se encuentra en una situación tan desesperada que la malaria, una vez casi aniquilada, reaparece y se dispara; aproximadamente tres cuartas partes de la población ha perdido involuntariamente casi 20 libras de peso y las personas que buscan comida en la basura se han convertido, según la Brookings Institution, en la nueva norma”. De allí, pues, que digan que que hay que salir de Nicolás. ¿Cómo? La pregunta del millón tiene para el matutino más famoso del planeta una respuesta que no es exactamente la de los Marines –“es difícil ver cómo un cambio de régimen violento conducido por la administración Trump mejoraría la suerte de Venezuela”–, sino la de las sanciones: “El mejor medio para derrocar al Sr. Maduro es la acción colectiva del Hemisferio Occidental, dirigida por América Latina, para sofocar aún más los fondos a su gobierno mientras apoya a la Asamblea Nacional, que ha sido dejada de lado por el Sr. Maduro desde que la oposición ganó la mayoría en 2015”. El mejor pero no el más rápido, ya que, como reconoce el diario: “Eso puede no tener resultados rápidamente, dada la disposición del Sr. Maduro de destruir a su país para mantenerse en el poder”.

La oposición después del #20M

La crisis representativa de la oposición conllevó a un vacío de liderazgo en el que ninguna de las dos posturas antagónicas –la abstencionista y la participativa– logró un mar de apoyo suficiente para decidir cuál es la ruta a tomar para las ilegítimas elecciones del 20 de mayo. La voz certificada de Guillermo Aveledo Coll, politólogo dedicado a la historia actual, afirma que a la desarticulada MUD no le quedará de otra que refrescarse tras la derrota. Y es que ni los líderes en el exilio ni tampoco los inhabilitados tienen capacidad para tomar la voz de mando de una sociedad que tendrá que resistir más que nunca para sobrevivir. Durante la reciente historia contemporánea, la oposición entendió –tras los “Chávez vete ya”– que la manera de acercarse al poder era construyendo una mayoría electoral; sin embargo, una vez conseguida, el Gobierno tapó cualquier vía de acceso hacia Miraflores. El problema de hoy no radica en la participación o no en unas elecciones sin garantías, sino en qué sucederá después con una coalición opositora defenestrada que necesita redefinirse urgentemente. Luego del #20M, a la única cosa a la que se le debe prestar atención será al refrescamiento necesario de los adversarios al régimen tras un 2017 nefasto, en el cual la población quedó fatigada y en duelo permanente. Ni el pueblo opositor ni sus dirigentes se han podido recuperar de las fallidas protestas y posteriores elecciones gubernamentales, que se llevaron a cabo sin ningún tipo de cambio en el sistema. Después del domingo serán inevitables las recriminaciones y las conversaciones acerca de qué se debía a hacer o no; sin embargo, de ese diálogo necesario y sincero debe salir la reforma de quienes se encuentran en un muy mal momento: sin presión mediática, sin cabeza y sin plan de vuelo.

Embargarán PDVSA

La cifra es prácticamente irrisoria, pero el hecho es de trascendental importancia: ayer miércoles, PDVSA fue demandada en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York por la constructora canadiense SNC-Lavalin, que exige la cancelación de los bonos PDVSA 2019 por $25 millones. A ella se suma la demanda de la petrolera estadounidense Conoco Phillips, la semana pasada, en un tribunal caribeño, lo que deja al desnudo una grave realidad: los acreedores perdieron la paciencia y han comenzado a demandar. “Esto será el inicio de una avalancha de acciones legales [contra PDVSA]”, le adelantó a ‘The Financial Times’ el economista, abogado y analista financiero Russ Dallen, quien no dudo en calificarlo como “la peor pesadilla posible para Caracas”. ¿Por qué? Porque Venezuela debe, en acreencias, $160.000 millones y no tiene forma de pagar. De hecho, no lo hace desde septiembre, lo que en la práctica nos pone en estatus de ‘default’. No lo han llamado así porque en noviembre Maduro ofreció un plan refinanciación –que nunca se concretó– y luego comenzó a cancelar selectivamente algunas –pocas– deudas de PDVSA. Esa fue la estrategia revolucionaria: cancelar estratégicamente algunos bonos de PDVSA y olvidarse de los de la nación. Pero el nivel de deuda es brutal y la plata –y la paciencia de los acreedores– se acabó, por lo que ahora estamos en vísperas de la verdadera catástrofe. “Venezuela da un paso más hacia la implosión” fue, de hecho, la valoración que hizo de la demanda de ayer Jonathan Wheatley del FT’s. ¿Por qué? Porque si lo siguiente es una avalancha de sentencias desfavorables, al no tener cómo cumplirlas terminarán en embargo o congelación de bienes, lo que dejará a PDVSA sin ningún tipo de activo –entiéndase: tanqueros, refinerías, martillos, oficinas etc– en el extranjero, sin la posibilidad de comercializar petróleo y, por ende, el país perderá el 95% de sus ingresos. Imagínese a la Venezuela miserable de ahorita, quítele el 95% de lo poco que hay, y eso es lo que tendremos cuando nos embarguen toda PDVSA, proceso que –sin mucho ruido– comenzó ayer.