Sharp Objects: Cicatrices de tinta

Elabora un artículo donde describe los detalles de un asesinato, recuerda expresamente cómo se debió haber sentido la víctima, cómo el miedo dominó todo su sistema y la nubló totalmente: la esperanza de un futuro mejor nunca llegó, sentenciándola a una muerte fulminante.

Ella se detiene, lee los dos párrafos que ha escrito pero no siente nada, observa el cuarto de su infancia y la ansiedad empieza a corroerla, siente que pierde la cordura de nuevo; cree no estar loca, toma agua para calmarse y continúa, todo está en su cabeza, menos las cicatrices de su pasado y la incertidumbre de volver a ser normal, de formar parte de un retrato que nunca llegó, de recibir un abrazo y un te quiero bajo la mirada de una familia que jamás la reconoció.

Sharp Objects es una miniserie producida por HBO, basada en la novela del mismo título por Gillian Flynn, autora de Gone Girl. Dirigida por Jean- Marc Vallée y protagonizada por Amy Adams, el breve relato televisivo nos propone un descenso a los infiernos alrededor del submundo de una periodista que siente el peso de cada palabra que escribe y que busca desvelar el misterio tras un conjunto de asesinatos.

Periodismo agrietado

La trama nos hace empatizar con los tormentos de Camille Preaker (Amy adams), una periodista que vuelve a su pueblo natal para investigar una serie de asesinatos bajo un modus operandi particular.

El mayor reto de Preaker no se fijará en resistir las imágenes de chicas muertas y de otorgarle una voz a los cadáveres que consigue a su paso, sino en resistir los tormentos de un pasado que la marcó durante toda su vida.

Al igual que Gone Girl, el formato de la historia nos plantea personajes trastornados. La madre Camille es una mujer marcada por las apariencias, que toma el control y que maneja a sus seres queridos como si fueran fichas de un tablero.

La pérdida de la hermana menor de Camille será el evento que establezca un punto de quiebre en la vida de su familia y que le recuerde constantemente lo lejos que estuvo de su familia desde un comienzo, siendo un fantasma dentro del hogar, un grito vacío que nadie escuchó.

Pueblo estancado

El formato de la serie recuerda a propuestas tales como True Detective. La miniserie le proporciona un espacio al pueblo, donde cada individuo lleva sobre sus hombros la carga pesada de un hastío continuo y de una falta de ambición.

Cada muerte se diluye ante las apariencias; es allí donde Camille y cada personaje representan una perspectiva distinta acerca de la vida y de la muerte, del paso del tiempo y de, ante todo, la lucha ante una mente trastornada por no superar la miseria.

Más que recomendada.

Por Daniel Klíe @Chdnk

Reds, romance y revolución en 1917

Warren Beatty presentó Reds en 1981, trabajo cinematográfico que supuso un verdadero reto para su realización no sólo por todo el esfuerzo técnico, artístico y actoral que conlleva hacer una película con pretensiones históricas, sino, también, por el contexto político en el que fue lanzada: la tensión global ante el ocaso del bolchevismo, que terminó con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Aunque la Guerra Fría determinó, en gran medida, la cultura popular durante la segunda mitad del siglo XX, con esta película no se intentó criticar banalmente al comunismo, al contrario, se buscó revivir la Revolución Rusa en una mirada en retrospectiva para recordar su impacto.

En líneas generales, el guion nos cuenta la historia de John Reed, un periodista socialista que vive en los Estados Unidos y se enamora de Louise Bryant, de esa misma ideología. Ambos se van a vivir a Rusia en 1917 y forman parte de la Revolución Bolchevique que lleva a Vladimir Lenin al poder. Luego regresan a los Estados Unidos pero el gobierno conservador del demócrata Woodrow Wilson los persigue. En una misión para conseguir el reconocimiento de su partido por parte de la Unión Soviética, Reed abandona Nueva York y se va Petrogrado, en medio de un escenario que contextualiza la convulsa situación frente a la Primera Guerra Mundial y el nacimiento de la URSS.

La película está protagonizada por Warren Beatty como John Reed y Diane Keaton como Louise Bryant, y con ellos un elenco de importantes figuras de la actuación, entre quienes destacan: Jack Nicholson, Paul Sorvino, Maureen Stapleton y Edward Herrmann. Está inspirada en la vida del periodista John Reed y su esposa, fue estrenada en 1981 y obtuvo tres galardones de la Academia. Es una historia de amor y drama, acompañada de elementos históricos y de las ideas políticas que se enfrentaron en el mundo durante el siglo pasado, reflejando una clara crítica al tiempo en el que se estrenó: el fin de la Guerra Fría.

Reds y la historia

El estallido de la Revolución de Octubre, donde Lenin tomó el poder con los bolcheviques, irradió al mundo en todos los sentidos y eso puede verse representado en el largometraje. Las causas del acto revolucionario dentro de la trama apuntan a que el gobierno de Alexander Kerensky no acabó con la guerra ni con el hambre, posición que concuerda con las nociones que muchos historiadores señalan en trabajos sobre la temática. Dentro del film podemos apreciar la aparición de personajes históricos como Lenin, León Trotsky y el burócrata Grigori Zinóviev, que jugaron un papel importante en el hecho histórico real. La entrada de los bolcheviques al Palacio de Invierno –antigua residencia de los zares, que era utilizado por Kerensky como sede gubernamental– es recreada en su totalidad por la película, lo que le da al film un valor histórico para comprender esa revolución.

Hablar de la existencia de un partido comunista en los Estados Unidos pareciera imposible, por lo que consideramos que constituye uno de los motivos que movieron Beatty para realizar la cinta. Otro elemento histórico es la campaña presidencial de 1916 presentada a través de las escenas donde se discute sobre los candidatos Woodrow Wilson, demócrata; y Charles Evans Hughes, republicano, y su posición ante la contienda bélica que se libraba en Europa.

A pesar de que la película no menciona nada relativo a Joseph Stalin ni sobre el sistema que se implantó Rusia después de la muerte de Lenin, sí suelta algunas pistas sobre la desviación de los aparentes ideales revolucionarios, cosa que podemos apreciar en la discusión que tienen Reed y Zinóviev, cuando este último cambia la traducción de una frase escrita por el periodista en su alocución en el I Congreso de los Pueblos del Este en Bakú. La burocracia estatal, las purgas y la disidencia de la revolución son mostradas al final del largometraje, sobre todo con el personaje de Emma Goldman (Maureen Stapleton).

Más que una crítica

La película constituye una evidente crítica al comunismo soviético. Pero no es una crítica banal, propagandística, que busca exaltar un sistema por encima del otro. No. Es una detracción desde la historia, de lo desvirtuado que terminaron siendo los ideales puestos en práctica a partir de 1917. Es importante comprender estas nociones dentro del momento histórico en el que la película fue lanzada y el impacto que trajo para la opinión pública.

Reds desmantela la idea de que en los Estados Unidos nunca existieron movimientos de izquierda revolucionaria, pues exhibe cómo la irradiación de la Revolución Bolchevique impregnó a la sociedad estadounidense y la manera en que esta reaccionó ante la posibilidad de una revolución socialista que era inviable por las circunstancias que acompañaron al movimiento obrero americano. Es una película que evoca a la historia en todos los sentidos, pero esto no quiere decir que sea un documental exacto: es una producción de entretenimiento con especificidades y carencias históricas como cualquier otra cinta sobre épocas pasadas. La exactitud de los acontecimientos históricos jamás será conseguida en un film, pues el cine siempre tendrá algo de ficción por más real que intente parecer.

 

Por Jesús Piñero | @jesus_pinero

RESEÑA – Mad Men

La publicidad es considerada, por algunos, como una profesión engañosa. La contemplan como una venta descarada de productos, que puede llegar a arruinar al consumidor, pero… ¿qué si lo es? Es decir, más allá de un sistema, la publicidad se concentra en algo mucho más complejo: la persuasión y la identificación, busca emular emociones para lograr vender, para calar en el imaginario y en las vivencias de la gente.

Mad Men es una serie que apareció en 2007. Reconocida una y otra vez por las academias, es considerada como una de las mejores de la historia, pero… ¿está sobrevalorada?

Comprender la serie depende de tres pilares fundamentales: la profesión, los personajes y el entorno. En primer lugar, aquí la publicidad es tratada como una ciencia, como un ensayo y error para explicar cómo darle importancia a un producto.

Un ejecutivo de ventas siempre se considera una especie de vendedor evangélico que va de puerta en puerta ofreciendo lo mejor de la compañía y persuadiendo a los posibles clientes, pero en Mad Men el enfoque está puesto sobre las relaciones públicas, con el manejo de intereses.

Los redactores son aquellos que sostienen el sistema: crean las ideas, estrategia y fundamentan todas las propuestas. Le dan una voz a la marca, pero se enfrentan con la dura realidad del capricho de quienes lo contratan, quienes creen saber cómo hacer el trabajo de la agencia. Así, los redactores realizan innumerables propuestas, todo para llegar a un simple bosquejo: a una presentación y a un producto tangible.

Mad Men nos muestra, con creatividad y desde un enfoque innovador, todo este proceso.

Personajes de carne y hueso

La verosimilitud de una historia reside en cómo el autor refleja las emociones y comportamientos de sus personajes, en dotarlos de una voz propia cuando están en pantalla o en un párrafo de un libro. Aquí, cada personaje tiene un objetivo, pero sobre todo un trayecto, una historia propia que choca con los hechos de la época.

Don Dreaper es un creativo que ha llegado bastante lejos en el mundo de las publicidades, crea de un instante a otro una realidad simulada: sabe persuadir a los clientes y a todo aquel quien lo escucha. Sin embargo, huye de quién es realmente, de un marco preestablecido en el sueño americano. Lo tiene todo, pero nunca es suficiente. La ansiedad lo carcome como si fuera un trastorno que lo empuja a retar al sistema, a no quedar aferrado a ninguna posición; pero también se debate entre su ambición y la percepción de intentar aprender a ser más humano, a ser padre y a convivir con su entorno.

Peggy Olson es una secretaria que llega bastante lejos. Su ambición nubla su juicio pero sirve como principal catalizador de sus razones de lucha. El reflejo de sus iguales en una oficina le deja claro qué no quiere para su vida. Contrasta con Dreaper, aunque también arriesga su humanidad.

Olson sacrifica su vida personal para construir eslóganes, para ganar una posición y sobre todo para no darse por vencida ante el sistema. Siente la presión de un mundo corrupto pero depende del mismo, se aprovecha de formar parte del rompecabezas tras entender cómo funciona.

Joanne Harris es la mujer que comanda el equipo de secretarias, quien conoce cómo funciona la oficina y el negocio pero no se involucra, sólo se mantiene al margen. Ella y Peggy representan la ficha disonante del show, personajes que nadan en contra de la corriente y que intentan buscar su propio camino en medio de una sociedad que pretende limitarlas a contestar el teléfono.

Pete Campbell es un personaje que cree tenerlo todo. Adinerado, y con un futuro prometedor, es uno de los personajes que tendrá que luchar por encontrar su lugar. Sobre todo al comprobar que no es suficiente con los contactos, sino que también es necesario tener la habilidad y talento para hacer negocios.

Finalmente, Roger Starling es el personaje que más podría hacerle ruido a la audiencia, porque es el millonario que lo tiene todo, que supervisa a todos desde la distancia pero hace estupideces. Es el reflejo a futuro de Don, su tutor y un spoiler de lo que podría ocurrirle a futuro.

Contexto y trama circunstancial 

Mad Men no tiene una drama definida, lo que para muchos puede es su talón de Aquiles. Aquí el factor de reflejar la vida de los protagonistas es lo más importante: contrastar sus reacciones en medio de hechos importantes en la época también tiene un peso tremendo.

Los personajes más pequeños del show tienen un porqué y permiten enseñarle al espectador qué tanto se va desarrollando la trama. La construcción de Lucky Strike, Hersheys y hasta del presunto Mcdonalds, permite entender cómo funcionaba la industria.

Al principio cuesta asimilar el ritmo pausado y muerto que podría tener la serie, pero posterior a ello se convierte en una conversación constante entre espectador y personajes, con vivencias, desgracias y sarcasmo puro en ciertas escenas.

Mad Men, al menos de mi parte, es una producción más que recomendada.

 

Por Daniel Klíe | @Chdnk

RESEÑA – Sense8 (serie más capítulo final)

“¿Pero es que no hay nadie feo en esa serie?”, pregunté a una de las amigas que me había recomendado Sense8. Acababa de finalizar la segunda temporada y mi duda, claro, hacía alusión a lo que al final terminó siendo una de mis críticas a la serie: el exceso de guapura, de rostros artificiales, de gente con una piel demasiado cuidada en contextos en donde la resequedad sería lo más normal. Eso no impidió, debo decir, que me enganchara con esta hermosa –y técnicamente ambiciosa– producción de las hermanas Wachowski. La serie narra un mundo donde cada tanto ocho personas que nacen el mismo día, en diferentes lugares del planeta, comparten una conexión que les permitirá ser uno con sus “hermanos”. Así, un policía estadounidense puede expresarse a millones de kilómetros de distancia a través del cuerpo de la hija de un empresario surcoreano, mientras disfruta de la sensación de un masaje que está recibiendo un actor mexicano en su país natal.

Lo sé: no tiene sentido tratar de comprenderlo.

La única forma de hacerse una idea de cómo funciona esto es viendo la serie. Y he ahí uno de los logros de las Wachowski: construir una realidad absolutamente verosímil, que se explica a sí misma indistintamente de si se comprenden o no las teorías típicas de la ciencia ficción. Y no solo eso, sino que la estructura narrativa está tan bien lograda, que podemos seguir las vicisitudes de ocho protagonistas –aunque es cierto que no todos tienen la misma relevancia simbólica– sin extraviarnos en los vericuetos de la historia. El acierto en el guion es notable, pero nada supera lo hecho con la cámara: las escenas son verdaderas coreografías en las que una misma persona es ocho en realidad; y nunca, pero nunca, nos confundimos, sino que, por el contrario, quedamos boquiabiertos ante la mezcolanza de personajes y situaciones.

Sense8 es una serie cuchi, con grandes logros de producción (es una de las más costosas de Netflix), llena de momentos edulcorados y que pretende transmitir un mensaje que se dice con claridad en uno de los parlamentos: “El amor es un puente y no un muro”. Por eso no duda en mostrar, con naturalidad, la diversidad sexual del mundo a través de personajes cuyos dramas, al saberse sensate, recuerdan por momentos a los de una telenovela que bien podría hacer llorar a los X-Men.

“—Ellos te tienen miedo y te lastimarán si se enteran de lo que eres

—¿Qué soy?

—El futuro.”

Tras dos temporadas que lograron un importante alcance entre algún público, la serie fue cancelada debido al alto costo. Alguien debió prever que eso sucedería: grabar en ocho puntos distintos del globo terráqueo no es nada barato. Los dolientes mostraron su indignación ante el anuncio y, como respuesta, Nextflix y las Wachowski decidieron hacer un capítulo final que durase más de dos horas.

El cierre estuvo destinado a la complacencia. Se regodeó en los elementos que más aceptación causaron en la serie –haciendo un buen uso de la elipsis– y mostró un desarrollo no demasiado dramático y poco irreverente. Como si no se quisiese herir más a ningún fan (ya era suficiente con cancelar la serie, ¿no?). Por esto, a mi parecer, el final estuvo bastante por debajo de lo hecho en las dos únicas temporadas, aunque vale acotar que los golazos técnicos y las tomas impresionantes se mantuvieron.

En general, es una serie que recomiendo bastante. Con la que es fácil sorprenderse y emocionarse. El guion está lleno de frases hermosas y coquetea con dramas cotidianos. Me decepcionó, eso sí, que toda la serie estuviese filmada en inglés: esperaba que cada personaje hablase en su lengua materna. Asimismo, como ya transmití, me resultó un poco artificial la apariencia de los mismos: todos son estéticamente perfectos hasta en sus peores horas. Nadie es feo, ni desarreglado: parece un Instagram interactivo. Y, por último, debo decir que por instantes se rozan los lugares comunes. Algo que se ve muy marcado en la primera temporada, pero que en el capítulo final pudiese resultar demasiado desagradable para quien lo viera sin estar previamente enamorado de la historia.

De ahí en más, debo decir que disfruté bastante con esta realización.

“¿Pero es que no hay nadie feo en esa serie?”, pregunté. “Es que si fuese de otro modo, las escenas de sexo no se vieran tan arrechísimas”, me respondieron.

PD: quiero ser como Sun Bak cuando sea grande.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel

5 comiquitas que marcaron nuestra infancia

Vivimos en la época de la nostalgia. El cine y la televisión se empeñan en recordarnos que alguna vez fuimos niños y adolescentes, trayendo a nuestra adultez nuevas producciones sobre esos personajes que tantas alegrías nos regalaron. La última novedad, en esta era de remakes, tiene que ver con Rugrats, aventuras en pañales. La conocida serie animada tendrá una nueva temporada, de 26 episodios, y una película que está pautada para el 2020.

A propósito de eso, en Revista OJO nos pusimos a rememorar esos felices días en los que nuestra mayor preocupación era estar un buen rato frente a la TV y decidimos compartir con nuestros lectores cinco series animadas que marcaron nuestra infancia.

  1. Hey, Arnold

Si pensamos en alguien cool, buena gente y perspicaz, seguro que nos imaginamos a Arnold: el chico con la cabeza de balón.

Con unos dibujos poco convencionales pero que supieron convencer a millones de niños y adolescentes, esta serie se convirtió en una referencia cultural para toda una generación. Cargada de sentimentalismo y romance, la historia se desenvuelve con la banda sonora de las películas de aventuras. Cada episodio traza una línea llena de obstáculos que el buen Arnold y sus amigos deben sortear en el camino hacia su objetivo, que, a largo plazo, no es otro más que convertirse en adultos y ciudadanos competentes. Pues, al margen de todas las lecturas físicas y metafísicas que los personajes realizan a los hechos a los que se enfrentan, el leitmotiv de la historia es probablemente el crecimiento: el camino que transita un grupo de niños y preadolescentes hacia la adolescencia y una posterior adultez.

¿Cuántos de nosotros no nos preguntamos cómo serían esos mismos personajes dentro de unos 20 años?

  1. Los chicos del barrio

Mientras los personajes de Hey, Arnold parecían crecer, aprender y formarse en cada nuevo drama, los protagonistas de esta serie eran un grupo de peter panes decididos a vivir el presente como si el mañana fuera solo una continuidad de su situación actual.

La historia plantea una realidad en la que los jóvenes protagonistas son una especie de súper héroes que combaten contra sus principales enemigos: los adultos. La forma de transformar situaciones y objetos cotidianos en algo extraordinario es un gran acierto de los creadores. Así, estos jóvenes pueden, por ejemplo, mezclar tecnológicamente un secador de pelo con pastillas para la alergia de cara a enfrentarse a un enemigo llamado Catarro común.

Con un guion limpio, lleno de mucho humor y de algo de crítica social, Los chicos del barrio llenaba nuestro tiempo libre de creatividad, sueños e inteligencia.

  1. Recreo

Quienes queríamos escribir, hacer cine, música, teatro o cualquier forma de creación, entendimos desde chicos la importancia de construir escenarios que se movieran al ritmo de las creencias de nuestros personajes. Recreo, al igual que los otros cartoons de los que hemos hablado, destaca por mostrar el universo de niños de primaria como una sociedad particular con reglas y un status quo bien definido. En la jungla que significa tener diez años e ir al colegio, cada quien debe encontrar la forma de sobrevivir y seguir adelante por un trayecto que para los protagonistas de la serie dura tanto como su interminable año escolar, pues ninguno sospecha que el mañana los sorprenderá con una adultez en la que sus aventuras infantiles –ese mundo tan particular, tan bien trazado– habrá jugado un papel preponderante en su formación.

Leyendas, mitos, fabulas, tribus. Todo forma parte del mismo universo, uno que transcurre fuera de las aulas, en el que siempre es Recreo, como si nos sugiriera que la verdadera formación, el aprendizaje más trascendental, no ocurre en los salones, sino fuera: donde hay que adaptarse al choque de culturas, y donde la libertad es un pedazo de tierra que cada uno debe saber ganarse y administrar.

  1. Ginger

La infancia quedó atrás. De las series mencionadas, es en la que se muestra a los protagonistas más grandes. Ginger Foutley es una adolescente que se enfrenta a los retos y dramas asociados a crecer. Junto a sus dos mejores amigas y su amigo Darren busca encontrar su lugar en esa selva llamada high school, mientras experimente esos confusos cambios de la pubertad que ayudan a moldear la identidad de las personas.

Este cartoon se acerca un poco más al ambiente de las miniseries juveniles o telenovelas para adolescentes, esto sin perder calidad y procurando mostrar la complejidad de unos personajes que son cualquier cosa menos planos.

En nuestro proceso hacia la adultez, muchos pasamos de Recreo a Ginger del mismo modo en que nuestros problemas e intereses comenzaban a ser otros.

  1. Rugrats

Una de las grandes anotaciones de la televisión norteamericana fue esta genial serie animada, acaso la primera que se trazó el objetivo de mostrar cómo es el mundo según los bebés.

Propuso un lenguaje, unos códigos, una forma de mirar; y la historia nos resultó verosímil. No porque nos acordáramos de nuestra primera infancia, sino porque ninguno pudo sospechar una forma más divertida de ser un bebé.

Es un sueño de muchos padres compartir con sus hijos las experiencias que ellos tuvieron en la infancia. Con el cambio de épocas, y los intereses particulares de cada generación, esto es cada vez más difícil. Por eso, no son pocos los que esperan poder disfrutar junto a sus pequeños de una buena tanda actualizada de aventuras en pañales.

 

Por Mark Rhodes

Soluciones de plastilina

Desde que Venezuela entró en un proceso hiperinflacionario en noviembre de 2017, la crisis económica se devoró (y devora) cada medida que implementó el Gobierno con el mismo ímpetu de un niño que se atraganta de chucherías. Ningún control de precios, aumento de salario mínimo ni bonos son correctivos suficientes para detener a un enfermo que necesita tratamiento clínico especializado en detrimento de las gotas mágicas que recetó la abuela. Si por el presidente Nicolás Maduro hubiese sido, Wolverine tendría garras de plastilina en vez de adamantium. La reconversión monetaria, que fue anunciada en marzo, y ya lleva dos prórrogas, es una medida cosmética según expertos en economía: “[La reconversión] Jamás va a bajar la inflación”, comentó el diputado a la Asamblea Nacional, José Guerra, en Twitter. “El cambio estético de la moneda no afectará de ninguna manera el crecimiento de los precios”, sentenció el equipo de Ecoanalítica en un análisis para Prodavinci. El nuevo cono monetario, que debe entrar en circulación el 20 de agosto, comprende una nueva familia de billetes (2; 5; 10; 100; 200 y 500) y la eliminación de cinco ceros al bolívar en vez de tres, como se había anuncia en marzo; es decir, el salario mínimo, que se ubica en Bs. 5.196.000, quedará en 51,96 bolívares soberanos. La convivencia de ambas familias de billetes sería tan complicada como leer un libro al revés, pero retirar de sopetón todos los billetes del cono actual produciría colas que, en comparación, harían ver como ínfimas a las que se hicieron para depositar el billete de 100 (de la familia de 2008) en diciembre de 2016; un billete que, cabe destacar, todavía tiene valor. La medida –que anclará el bolívar a una criptomoneda (el petro) que carece de transparencia y confianza– también conlleva a aumentos de precios, debido a que los servicios de bajo costo no podrán ser costeados, por lo que no habrá manera de cancelar la gasolina de 95 octanos, que pasará de Bs. 6 a 0,000006 bolívares soberanos. La devaluación has come.

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

El juego infantil de Caracas

En Piedra, Papel o Tijera las realidades convergen como las personas de distintas clases sociales que se cruzan en el Metro de Caracas: el niño que vive en el Este, sabe leer y disfruta de las vacaciones, juega sin prejuicios con el que no va a la escuela, vive en una casa de ladrillo y trabaja para ayudar a sus padres. Esa escena de la película es la mejor muestra de una ciudad en las que las realidades se mezclan y funden en una sola.

El director Hernán Jabes plasmó una problemática social desde Caracas, la ciudad del caos. Es harto complicado rodar una película en la capital sin mostrar a los espectadores el tráfico en la hora pico, la autopista Francisco Fajardo o la violencia de la ciudad. Y es que cada uno de estos elementos forma parte de las piezas de un rompecabezas de una ciudad que cumplió 451 años el miércoles 25 de julio.

La corrupción, la mentira y violencia que aparecen en Piedra, Papel o Tijera no se quedaron en 2012, fecha de estreno del film, sino que permanecen en una sociedad que todavía prepondera la viveza por encima de la meritocracia, en donde “el matraqueo” continúa en una cultura que –en teoría– debe saber “cómo es la vaina”.

Detrás de la problemática social que Jabes lleva a escena, también aparece el factor azar, que en la ciudad del caos –como en el juego infantil piedra, papel o tijera–, tiene un papel importante: salir cinco minutos antes de tu casa, o cinco minutos después, puede condicionar el resto del día para evitar, por ejemplo, un retraso en el Metro o un choque en la autopista.

La película, en un cierre que –seis años después– sigue hablándonos a los caraqueños, finaliza con un texto breve que conviene atender:

El desamor, la apatía, la mentira, la incomunicación, la violencia y la corrupción son las bases fundamentales de una sociedad enferma. Para que un pueblo sea verdaderamente grande, debe ocuparse de hacerlas desaparecer lo antes posible…

Del corazón y de la mente de cada uno.

¿Qué tan enferma sigue Caracas?

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

 

Un símbolo del chavismo que agoniza

El discurso gubernamental se resquebraja, la crisis no distingue simpatías políticas ni un sueldo aumenta por conservar lealtades. La Red de Abastos Bicentenario, creación insigne del único inmortal que se murió, se mantiene en cierre técnico y con protestas espontáneas de los trabajadores desde hace 22 días. En 2010, el Gobierno anunció, a través de Gaceta Oficial, “la adquisición forzosa”; es decir, expropiar –lo que en clave María Corina significa robar– los “bienes inmuebles” de la cadena de tiendas Cada y Éxito, por –según el oficialismo– la disconformidad y explotación de los trabajadores. La situación actual entre empleadores y empleados no sólo es confusa, sino que la hiperinflación golpea a todos. El sinfín de beneficios que percibían (mejoras salariales, cesta navideña, planes vacacionales para hijos, entre otros) cayeron como una piedra lanzada desde una terraza: la papa caliente de mentiras rojas durante 20 años le explotó a Nicolás Maduro en las manos. Tanto en la Plaza Bolívar de Caracas, como en la sede del Abasto Bicentenario en Plaza Venezuela, las consignas son las mismas: “Queremos trabajar”, “No a los despidos masivos”.  La caída de la red es tal que hasta Maduro la tuvo que admitir en 2016: “Abasto Bicentenario se pudrió”. La corrupción y negligencia reinan en la red: “Se han hecho inversiones y han sido para robar”, comentó a VIVOplay un trabajador. “Las condiciones en la que estamos trabajando son infrahumanas. La empresa siempre nos ha tratado mal: nos han quitado nuestras reivindicaciones laborales, han hecho despidos masivos”. Sólo en la capital, han cerrado siete tiendas. El discurso proselitista pro Gobierno se queda sin argumentos y aquellos simpatizantes que lo sostienen marcan diferencias entre su apoyo al inmortal que se murió y el apoyo a su hijo. “En 2010 cuando el presidente [Chávez] compró la red siempre protegió a los trabajadores. Ahora están haciendo contrarrevolución”. Pero la actualidad también es parte del legado.

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

 

¿Creció más rápido el fútbol que la sociedad?

Francia ganó el Mundial 20 años después de que consiguiera su primera Copa. En el camino, hay que contar también el subcampeonato logrado en el 2006. Han sido poco más de dos décadas de evolución en asuntos futbolísticos. Y de confrontación, mucha confrontación, en temas sociales.

Les Bleus, documental publicado en 2016, cobró especial vigencia luego de que Varane alzara la Copa en Rusia. La producción habla de la selección que tocó la gloria en 1998 y lo qué significó ese triunfo a nivel político y social. En un periodo en el que el racismo y la xenofobia carcomían los cimientos de la sociedad francesa, una selección mentada –para bien y para mal– como la de los “negros, blancos y árabes” trató de usarse por ciertos sectores como un símbolo de la Francia unida. Pero el fútbol a veces es un cuento de hadas cuyas alas se queman cuando tocan la realidad. Cuatro años después de Francia 1998, un partido racista logró postular un candidato a las elecciones y consiguió casi cinco millones votos. Ese mismo año, Zinedine Zidane –leyenda francesa de ascendencia armenia– marcó un golazo de volea que le dio al Real Madrid su novena Liga de Campeones.

En el mismo país que llamaban “chusma” a los inmigrantes que vivían en las barriadas, latía un genuino orgullo porque una de las figuras del fútbol mundial fuese gala. Aunque los rasgos de Zidane lucieran inequívocamente árabes.

“El deporte evolucionó más rápido que la sociedad”, dice en el documental el ex presidente Francois Hollande. Ahora, en el 2018, la selección dirigida por Didier Deschamps –quien formara parte, como jugador, del combinado del 98– volvió a sostener la gloria entre sus manos con un equipo compuesto por 17 jugadores de ascendencia africana. 17 de los 23 totales.

Convendría adentrarnos en el buen documental de Netflix y esperar a ver si ahora, que hay diez veces más inmigrantes en la selección de Francia que en el país, el fútbol volvió a crecer más rápido que la selección.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel

 

Clases de represión

Desde que iniciaron las protestas contra el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, a mediados de abril, las clases de represión por parte del Gobierno continúan. De las movilizaciones multitudinarias por avenidas principales, el sector opositor tuvo que pasar a replegarse y defenderse detrás de barricadas (como en Venezuela hace un año). La mano dura en las decisiones de Ortega rememoran las cruentas dictaduras que gobernaron en distintos países del cono sur en el siglo XIX: policía, ejército y paramilitares forman parte de distintos recursos (in)humanos para imponer a punto de plomo el miedo a pensar distinto, a discernir. Si en las filas opositoras levantan la bandera por la dignidad, la democracia y el estado de derecho, los opresores encienden el reproductor para bailar al son de las detonaciones. Y es que si el domingo no les importó que las balas llegaran a una Iglesia en donde se resguardaba un sacerdote en un cruento ataque sobre el barrio de Monimbó –bastión opositor–, mucha menos vergüenza tuvieron en festejar el martes, después de siete horas de bombardeo y persecución a los habitantes de la misma localidad: un policía –extasiado de felicidad– agarró por dos patas a un perro para bailar al ritmo de “Aunque te duela, Daniel aquí se queda”: el término despreciable nunca antes tuvo una imagen tan explicativa. Tres meses tiene la oposición nicaragüense en la calle exigiendo la renuncia de la pareja presidencial (Ortega designó a su esposa como vicepresidenta), cambios en el sistema democrático y justicia para las víctimas que, según El País de España, son más de 350 personas. Las concentraciones de calle iniciaron cuando el Gobierno decidió imponer una reforma a la Ley de Seguridad Social, la cual aumentaba la cuota de impuestos a jubilados, trabajadores y empresas privadas. Pese a que la medida fue retirada, los manifestantes no cedieron, pues visualizaron el lado más opresor de un régimen que tiene 11 años en el poder. En las calles nicaragüenses, el terror se impone gracias a los organismos oficiales del Estado y los paramilitares armados con fúsiles AK-47.

 

Por Juan Pablo Chourio@juanpa_ch