RESEÑA: ‘Steve Jobs’

Por momentos abrumadora, de ritmo vertiginoso, guion denso, diálogos avasallantes y escenas que marean. Al mismo tiempo, original, arriesgada, artística y bien actuada. Así es ‘Steve Jobs’ (2015), el largometraje que dirigió Danny Boyle –‘Trainspotting’, ‘Slumdog Millionaire’ y ‘127 hours’– y escribió Aaron Sorkin –‘The Social Network’–. No hecha para ser taquillera, la cinta se aleja de las típicas biopics de librito que buscan resumir, de forma cronológica, sesenta o setenta años en apenas dos horas de película. Por el contrario, ‘Steve Jobs’ escoge tres momentos de la vida de su protagonista y busca sintetizar en ellos el lado oscuro del genio de San Francisco. Desmitificador, el largometraje muestra al Jobs más cruel, el que reniega de su hija y trata a sus empleados de forma inhumana. El que en busca del tan anhelado perfeccionismo puede llegar a ser un patán sin parangón. El que consigue llevársela mal con toda su compañía y ser botado de su propia empresa. Con el ritmo agobiante y los diálogos sobrecargados, Boyle y Sorkin intentaron hacer una película que reflejara la mente de su protagonista. Una película que se pareciese a Jobs más allá de la similitud que pudiese tener el actor encargado de interpretar el papel. Fassbender no tenía la cara de Kutcher (‘Jobs’, 2013), pero sí supo construir un personaje más profundo, que con la suma de pequeños gestos pudiese transmitir cómo era el Steve de la vida real. “La actuación fue muy realista. En algunas películas anteriores vi a los actores simulando a Steve Jobs, pero realmente no me hicieron sentir como si estuviera en su cabeza para entender lo que estaba pasando dentro de él, su personalidad”, comentó el otro Steve, Wozniak, sobre la película. “Mucha gente piensa que la cara de Steve Jobs importa, pero es su cerebro, la cabeza, la forma en que trabajó, cómo pensaba él, cómo actuaba con la gente”, dijo Woz y nosotros le creemos. A pesar de su particular estructura, su ritmo inusual y la cantidad enorme de diálogo, ‘Steve Jobs’ es una buena película para acercarse al hombre que revolucionó, entre otras cosas, las computadoras, las películas de animación, la telefonía y la música.

Reseñas del 2017

El año pasado adoptamos el hábito de escribir todas las semanas sobre una película diferente. La sección, que pudo tener forma de crítica, terminó siendo, básicamente, una recomendación cinéfila. Sábado tras sábado fuimos reseñando cintas que, en gran parte, podían entrar en la categoría de imprescindibles, films que por una u otra razón se ganaron un espacio dentro de la memoria colectiva de Occidente.

Por la sección pasaron Russell haciendo de John Nash (‘A Beautiful Mind’: mejor película del 2002 según la Academia); una enorme Marion Cotillard interpretando el papel de su vida en la biopic de Edith Piaf (‘La Vie en Rose‘); Kate Winslet en el largometraje que le dio el Oscar (‘The Reader’) y en el film que hará que la recordemos por siempre (‘Eternal Sunshine of The Spotless Mind’); Robin Williams en la película que le permitió ganar el premio a mejor actor de reparto (‘Good Will Hunting’); el único e inigualable Robert De Niro en la que, para muchos, es su mejor actuación (‘Taxi Driver’); y producciones de habla hispana de la talla de ‘El Secreto de sus Ojos’ y ‘Relatos Salvajes’.

Del cine italiano reseñamos ‘Perfetti sconosciuti –la cinta en la que un grupo de amigos decide en plena cena empezar a leer cada nuevo mensaje de Whatsapp en voz alta– y ‘La prima cosa bella’, el largometraje que abrió la XVII Semana de la Lengua Italiana en Trasnocho Cultural. Películas como ‘Elsa y Fred’, ‘Nightcrawler’ y ‘The One I Love’ completaron una sección que tuvo en ‘Más vivos que nunca’ un pedacito de la cinematografía venezolana.

RESEÑA: ‘Misery’

Su actuación está considerada como una de las mejores interpretaciones femeninas de todos los tiempos y es, para muchos, la villana más dantesca de la historia. Su papel produjo un personaje de culto, rompió barreras estereotípicas y protagonizó una de las escenas más terroríficas de los últimos 30 años: a fin de cuentas, los tobillos de Paul Sheldon estarán por siempre en nuestra memoria.

Si existiese un Salón de la Fama del séptimo arte norteamericano, Kathy Bates tendría una placa asegurada por hacer de Annie Wilkes en la adaptación cinematográfica de ‘Misery’, una de las tantas novelas de Stephen King que han sido llevadas a la gran pantalla.

‘Misery’ se centra en un afamado escritor que decide recluirse en una cabaña en Colorado con la intención de terminar la novela en la que está trabajando. Una vez escrita la última página, se dispone emprender su viaje de regreso a Nueva York. Debido al mal estado de la carretera por culpa de la nieve, pierde el control de su vehículo y termina cayendo por un barranco, inconsciente y malherido.

Cuando despierta de la conmoción, Paul Sheldon se encuentra con la cara de una mujer que dice ser, con orgullo, su fanática número uno. Wilkes le explica al escritor que debido al choque ha perdido la movilidad de sus piernas y que ella se ha encargado de atenderlo hasta el momento, que no se preocupe, pues apenas la nieve se vaya de las vías y los teléfonos vuelvan a funcionar, llamará a una ambulancia y a sus seres queridos.

Así empieza el martirio para Sheldon, quien a medida que van pasando los días comienza a darse cuenta de la naturaleza psicópata de su rescatista y su desesperación se va volviendo cada vez más latente: inmóvil en una cama y sin la posibilidad de poder comunicarse con nadie fuera de la casa, el novelista teme por su futuro.

La interpretación de Bates por momentos hiela la sangre, paraliza la respiración y pone al espectador a rezar por la vida del novelista: Annie Wilkes infunde más terror que cualquier monstruo o fantasma. Junto a James Caan –Sonny en ‘El Padrino’–, sus caras de dolor infernal y sus miradas impregnadas de miedo, creó una de las películas con mejor manejo de tensión que Hollywood haya producido.

RESEÑA: ‘The reader’

Pudo haberlo logrado en 1998 por interpretar a Rose en ‘Titanic’ o en 2005 por hacer el papel de Clementine en ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’. También tuvo los méritos en 1996, 2002 y 2007, pero no fue hasta 2009, por su magistral trabajo en ‘The Reader’, que Kate Winslet, esa leyenda viviente del séptimo arte, ganó el Oscar a mejor actriz principal. Lo hizo batiendo récords, con seis nominaciones en su espalda a sus 33 años, y frente a la número uno de toda la vida: Meryl Streep.

‘The Reader’, dirigida por Stephen Daldry, cuenta la historia de un romance entre una mujer de 35 años y un chico de apenas 15, quienes se conocen cuando el último, en medio de náuseas y vómitos, es socorrido por la primera. A partir de allí comienza a desarrollarse una relación improbable, extraña, pero verosímil, que gira en torno al placer, la curiosidad y la euforia de un muchacho que, de la noche a la mañana, se encuentra perdiendo la virginidad y pactando encuentros sexuales con una compañera de cama mucho mayor que él. Así transcurren los primeros 30-40 minutos de una película que está narrada en tres etapas diferentes de la vida de sus dos protagonistas.

La cinta indaga en los terrenos de la moral, el amor, la lujuria y la culpa, y toca un tema que ha sido tratado hasta el cansancio en Hollywood, pero que en este largometraje tiene la capacidad de formular en el espectador una nueva gama de preguntas. En ‘The Reader’, el Holocausto es abordado a través de un juicio en el que la sala de cine puede llegar a sentirse parte del jurado.

Es en ese momento cuando Kate Winslet saca lo mejor de su repertorio y hace lo que los grandes actores suelen hacer: explicar con un solo gesto lo que a otros artistas les llevaría cuatro escenas, un par de flashbacks y varias páginas de guion. Con lágrimas en sus ojos habla de su pasado, con una mueca explica el porqué de su sufrimiento y con su lenguaje corporal deja claro cómo fueron los años de su niñez, su falta de formación académica en la adolescencia y el repugnante rol que jugó en la adultez, durante el auge de la Alemania nazi. Sin duda, un Oscar merecido para la mejor actriz de su generación.

RESEÑA: ‘Good Will Hunting’

Quizás no llegue a película de culto, pero ‘Good Will Hunting’ es un film que todo cinéfilo debería ver. Fue, nada más y nada menos, el largometraje que llevó a Robin Williams (†) a ganar su único Oscar, el de reparto, y fue, además, el film que impulsó las carreras de Ben Affleck y Matt Damon.

Aquel dúo de veinteañeros, mejores amigos por siempre, pisó fuerte en 1997 con una película que escribirían, producirían y, por si fuera poco, también protagonizarían. El trabajo puesto en aquella cinta les valdría nueve nominaciones de la Academia y el galardón a mejor guion original, un reconocimiento que los pondría a dar uno de los discursos más recordados en la historia de los premios.

El relato que Ben y Matt llevaron a la gran pantalla fue el de un muchacho de veinte años (Will Hunting) que se debate entre su brillante intelecto capaz de resolver cualquier problema matemático y su mal comportamiento en las calles de Boston, que le causa, una y otra vez, problemas con la justicia. Es por uno de esos delitos que Will estuvo a punto de ir a la cárcel, pero un profesor del MIT le propone un acuerdo al jurado y termina por hacerse cargo del chico, a quien obliga a comprometerse con dos tareas específicas: estudiar matemática bajo su tutoría y asistir a un psicólogo que le ayude eliminar de su vida las acciones delictivas.

Allí es cuando aparece Robin Williams. Después de varios intentos fallidos con otros especialistas en el área, Sean Maguire, un profesor de psicología del Bunker Hill Community College, logra entablar una relación con el malencarado Will, un vínculo que, a medida que se va haciendo más fuerte, traerá al film diálogos profundos y frases estremecedoras.

La actuación de Robin Williams, con ese dolor en sus ojos, con ese desconsuelo en sus gestos, con esa aflicción en sus palabras, merece, sin duda, un espacio en la vasta historia del cine norteamericano. Junto a un gran Matt Damon, Williams logra explorar uno de los grandes miedos del ser humano: quitarse la máscara, dejar los escudos, y entregarse por completo a la persona que ama. Por esa y otras razones, ‘Good Will Hunting’ es de esas películas que vale la pena volver a ver.

RESEÑA: “The last jedi” – Star Wars

George Lucas cambió la historia del cine, la ciencia ficción y los efectos especiales con ese relato épico espacial que marcó a toda una generación a finales de los 70 y que presentó al mundo al, para muchos, villano más emblemático del séptimo arte: Darth Vader.

Con la primera trilogía de la saga (‘A New Hope’, ‘The Empire Strikes Back’ y ‘Return of the Jedi’) la idea de Lucas fue conquistando salas, ciudades, países y continentes. La historia del joven Luke Skywalker enamoró a millones de espectadores a lo largo y ancho del planeta y se convirtió en un fenómeno de la cultura popular cuya estela perdura hasta nuestros días.

Las precuelas, para gran parte de la crítica especializada y los fanáticos más empedernidos, significaron una mancha, un retroceso, en esa gran obra maestra que, en total, habían conformado las primeras tres películas. No obstante, los Ewan McGregor, Hayden Christensen y Natalie Portman permitieron atar cabos y crear nuevas teorías que continuaron dándole forma (o haciendo más caótico) al llamado «universo expandido», un relato paralelo a las películas que se fue construyendo con cómics, videojuegos, novelas, comiquitas y aportes de fanáticos.

Siete años después de la última entrega de la saga –en la que se revela cómo el jedi Anakin termina convertido en el más temible de los Sith– llegó Disney con su chequera omnipotente para hacer lo que viene haciendo de unos años para acá: comprar todo a su paso. Así comenzó a labrarse el terreno para hacer una nueva trilogía (episodios VII, VIII y IX) que retomara la historia tras El retorno del Jedi (1983).

‘The Forces Awakens’ (2015) fue la primera de las tres y apostó por incluir nuevos personajes (Rey, Finn, Kylo) para mezclarlos con la nostalgia y la grandeza de los viejos conocidos (Luke, Leia, Han). ‘The Last Jedi’, segunda entrega de la trilogía, se estrenó esta semana y, aunque ya la vimos, no quisimos arriesgarnos a que nuestra reseña de fin de semana tuviese un lamentable spoiler. Por lo pronto, sólo nos queda preguntarles, si ya la vieron, ¿qué les pareció?

RESEÑA: ‘Relatos Salvajes’

#Cine: Seguimos con peliculones, con Ricardo Darín y con el cine argentino. ‘Relatos salvajes’ (2014) es un film con un formato particular, un largometraje que presenta seis historias inconexas cuyo único elemento en común es que cada una de ellas explora hasta dónde puede llegar el ser humano cuando lo hacen explotar.

Crítica social, sátira subversiva, valoración negativa del mundo actual, la cinta dirigida por Damián Szifron y producida, entre otros, por el maestro Pedro Almodóvar, es una brillante antología de cuentos que son relatados a través del cine. Una compilación de seis pequeñas obras de arte que se exponen en pantalla durante 120 minutos, en la que Szifron cuida cada escena, cada toma y cada color con el objetivo de que el film sea un deleite para la vista.

Estamos ante una película acerca de seres humanos en su máxima expresión. Un largometraje que trata sobre personas que, como cualquiera de nosotros, pueden llegar a perder el control en momentos de desesperación y locura. ‘Relatos salvajes’ lleva a sus personajes a perder la estabilidad, los empuja hacia la incomodidad, los hace dialogar con sus demonios internos y, al final de cada relato, muestra al público los funestos desenlaces de ese coctel dinamita.

Una infidelidad descubierta en plena boda; un adinerado padre de familia que soborna a las autoridades luego de que su hijo, ebrio, atropellase y dejara sin vida a una madre y su bebé; un señor que se tiene que enfrentar contra la siempre molesta burocracia estatal porque le remolcaron el carro en una zona donde el rayado amarillo no estaba pintado; son algunas de las historias que se encuentran en la película.

Entretenida de pies a cabeza, ‘Relatos salvajes’ fue nominada a mejor film extranjero en los Oscar del 2015 y superó al ‘Secreto de sus ojos’ como el largometraje argentino más taquillero de la historia.

RESEÑA: ‘El secreto de sus ojos’

Peliculón inolvidable, obra maestra, joya cinematográfica moderna. ‘El secreto de sus ojos’ (2009) es todo lo que está bien en el séptimo arte: actuaciones ultraverosímiles; una trama compleja, atrapante y alejada de los clichés; una dirección impecable en todo sentido y un desenlace de esos que perduran en la memoria.

Con Ricardo Darín a la cabeza –ya puede decirse: uno de los mejores actores latinoamericanos de siempre–, ‘El secreto de sus ojos’ cuenta una historia dramática que gira en torno a un caso de violación y homicidio no del todo resuelto.

Narrada en dos tiempos, la película mezcla los mejores elementos del relato policíaco con una subtrama romántica y un sutil pero imprescindible toque de humor a cargo del simpático Pablo Sandoval. Interpretado por Guillermo Francella, a este personaje secundario se le atribuye una de las frases más emblemáticas del film: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión”.

El largometraje aborda una problemática latinoamericana: la mano negra del sistema judicial, capaz de dejar en libertad a violadores y asesinos mientras hace todo lo posible por mantener a raya a aquellos que pretendan hacer cumplir la justicia con dignidad. Casos sobreseídos, delincuentes en cargos públicos y civiles que, ante la falla del poder judicial, deciden condenar a criminales con sus propias manos, son solo algunas de las consecuencias de la deleznable actitud de los que deben, y no quieren, hacer que las leyes se cumplan.

El film ganó el Oscar a mejor película extranjera en el 2010 y Ricardo Darín fue alabado por medios, críticos y cinéfilos gracias a su papel de Benjamín Espósito, un fiscal al que le toca el caso más duro de su vida y que se niega a dejarlo sin resolver. “Como los grandes actores de cine, te permite ver adentro de sus ojos. No es una mirada que actúa, es una mirada que vive”, dijo de él Juan José Campanella, el director de la cinta. Y cierto es que sólo por su interpretación el film valdría la pena, pero, como ya dijimos, ‘El secreto de sus ojos’ es todo lo que está bien en el séptimo arte.

RESEÑA: ‘The One I Love’

Existe una suerte de consenso tácito entre quienes han reseñado este film: está prohibido hablar (mucho) de la trama. Este pacto de hermetismo, que impide hacer una sinopsis a la vieja usanza, trae consigo una recomendación: tienes que ver la película. Sin esperar que sea una obra de arte, sin tratar de predecir cómo será el desarrollo y sin revisar las críticas en IMDb o Rotten Tomatoes. Pero tienes que verla, así de simple. Ni mirar el tráiler recomiendan, puesto que uno de los grandes atractivos de ‘The One I Love’ (2014) es atreverse a darle play y dejarse llevar por la historia. De manera que, si realmente quieres disfrutar la película, lo mejor es parar de leer en este punto y correr a descargarla.
El largometraje de Charlie McDowell pertenece al cine independiente y, como suele ocurrir en estos casos, fue concebido con un bajo presupuesto en el que quizá el gasto más importante fue contar con la gran Elisabeth Moss. Quien hiciese de Peggy en la inolvidable ‘Mad Men’ recibió este año el Emmy a mejor actriz principal por su papel en ‘The Handmaid’s Tale’ –serie que se llevó 8 premios en la gala, incluido el reconocimiento a mejor serie dramática– y aquí, en el film que hoy comentamos, conformó una pareja de primer nivel con Mark Duplass. Las actuaciones, verosímiles como pocas, son capaces de sostener cualquier acontecimiento que suceda en la trama. Moss y Duplass son un matrimonio que busca reencontrar, en un fin de semana, la magia de su relación que se ha ido perdiendo con el tiempo. Con la convicción de que todo pasado fue mejor, con el deseo de poder recrear momentos del ayer y con la esperanza de volver a descubrir a esa persona que una vez los enamoró, la pareja decide hacerle caso a su terapeuta y pasar unos días en una cabaña que tiene la fama de haber arreglado varios matrimonios. Poco más se puede decir sin caer en el spoiler, así que desde @RevistaOJO nos unimos al pacto de hermetismo y extendemos la recomendación: (quizá) vale la pena ver esta película.

RESEÑA: ‘La prima cosa bella’

Cada región tiene sus cosas sabrosas, y el cine italiano tiene su aroma y color. En cualquier parte se le encuentra y notas la diferencia, con su sabor especial… Desde el pasado lunes se celebró la XVII Semana de la Lengua Italiana en el Mundo y, entre diversas actividades, Trasnocho Cultural organizó algo que nos encanta: un festival de cine. No a manera de concurso, sino como una suerte de homenaje para un país que ha dado tanto al séptimo arte. La actividad, que empezó el martes y terminó este sábado, contó con la reproducción de cinco obras extraordinarias: ‘La prima cosa bella’ (2010), ‘Il capitale umano’ (2013), ‘La pazza gioia’ (2016), ‘La sedia della felicitá’ (2013) y ‘¡Scialla!’ (2011). Las tres primeras son, hasta ahora, los últimos trabajos de Paolo Virzì, un director que ganó el premio David di Donatello (el Oscar de Italia) por ser la revelación en 1994 con su primera película: ‘La bella vita’. Decíamos que el cine italiano tiene, junto a su aroma y color, un sabor especial. Si Hollywood puede pecar de comida rápida, lo que viene de Roma suele ser un menú acompañado con una copa de vino. El cine italiano es más cercano, más humano, más verosímil, más latino, más como uno. Resulta sencillo identificarse con las historias que allí se cuentan y ‘La prima cosa bella’, el largometraje con el que empezó el festival que aquí reseñamos, no es la excepción. Con una mezcla prodigiosa entre tragedia y comedia que bien puede secar una lágrima con una espontánea sonrisa, el film escrito por Francesco Bruni, Francesco Piccolo y el mismo Virzì repasa los trances propios de cada una de las etapas de la vida. Con el humor como edulcorante, diferentes personajes se encargan de presentarle al espectador los dramas que pueden traer consigo la niñez, la adolescencia, el matrimonio, la maternidad y la vejez. La película muestra que la vida no es soplar y hacer botellas, pero también expone la convicción innegociable de los más entusiastas: no importa por qué momento estés pasando, siempre puedes intentar vivirlo con gallardía. ‘La prima cosa bella’ es, en esencia, una obra que aborda el tema más complejo de todos: la existencia.