RESEÑA: ‘Inglourious Basterds’

 De una película sobre la Segunda Guerra Mundial se suele esperar más acción que diálogo, más balas que palabras, pero si el director es Quentin Tarantino el desarrollo será muy distinto. Inglourious Basterds es un film ucrónico ambientado en la Francia ocupada por los nazis. La trama del largometraje cuenta dos historias en paralelo que convergen al final. La primera, que le da nombre a la película, es de un escuadrón selecto de militares, ‘Los Bastardos’, encargados de asesinar crudamente y sin misericordia a soldados alemanes. La segunda es acerca de una chica judía que presenció cómo fusilaron a sus familiares y crece con un harto rencor. Tarantino dividirá la acción en cinco capítulos en los que relatará con suficiente detalle y sustanciosos diálogos cómo ‘Los Bastardos’ –liderados por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) – exterminan a sus víctimas hasta dejarlas (literalmente) sin cabello. Paralelamente, la judía Shoshanna (Mélanie Laurent) la fortuna le permitirá vengarse. Pese a que Brad Pitt es la imagen promocional del largometraje, la verdadera estrella es el austriaco Christoph Waltz –quien ganó mejor actor de reparto en los Óscar 2009 por interpretar al Coronel Hans Landa–. Su personaje será un villano maquiavélico, un genio de la lingüística capaz de usar el lenguaje para desequilibrar la vida de los demás. Con diálogos en los que lleva siempre la voz de mando, Hans Landa será la persona más importante del film. Y es que cuando se ausenta de alguna escena, se siente el vacío que un Pitt en clave Rambo no puede sustituir. Dotado de efectos de sonido únicos, una dirección artística brillante y mucha sangre al mejor estilo tarantiniano, no queda otra sino que sentarse a disfrutar de Inglourious Basterds.

Lo absurdo nunca había sido tan en serio

Crítico social a través de un humor absurdo y disparatado, a Mario Moreno Reyes (fallecido un día como hoy hace 25 años) se le conoce a nivel mundial por interpretar a Cantinflas. Hijo de una familia numerosa, vivió la cruda realidad de crecer bajo las penurias que la clase baja mexicana padece: sin posibilidad de estudiar, tuvo que ganarse la vida como cartero, limpiabotas, taxista y boxeador antes de trabajar en un circo. A partir de allí, y gracias a todas esas vivencias, empezó a sentar las bases (de forma natural) de un personaje que tuvo un basto bagaje cultural que le permitió llegar al corazón –y a la razón– de miles de hispanohablantes con un estilo humorístico muy particular. Su debut en el séptimo arte ocurrió en 1936 cuando tenía 25 años, pero no fue hasta el siguiente (1937 con ‘Cara y Cruz’) que su personaje Cantinflas obtuvo un éxito que fue capaz de hacer reír a varias generaciones de latinoamericanos. Del ganador del Globo de Oro en 1956 se solía decir que hablaba y no decía nada, pero la realidad es que decía mucho. Y es que su extraña y enredada forma de hablar (“Los países subdesarrollados tienden a desarrollarse dentro de un desenrollamiento natural porque sino nos enrollamos”) buscaba dejar una lección en los espectadores de su obra, la cual estaba cargada de mucho valor humano y, por encima de todas las cosas, comicidad. La risa, para él, nos acercaba más a la anhelada felicidad: “La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda, hacer feliz a los demás”. Cantinflas fue tan importante que incluso la Real Academia incluyó en el diccionario el verbo “cantinflear” en su acepción más universal –forma de hablar disparatada con la que finalmente no se dice nada–inspirada en el personaje inmortalizado por Mario Moreno Reyes que murió un 20 de abril de 1993, pero que permanece en la memoria gracias a Cantinflas: “Parece que se ha ido, pero no es cierto”, dice en su epitafio

El genio que habló sin palabras

Genio versátil del cine, primera estrella “todera” de la gran pantalla, Charles Spencer Chaplin (nacido un día como hoy, pero hace 129 años en Londres), en cuanto al séptimo arte se refiere, lo hacía todo y todo bien bien: director, guionista, actor, escritor, humorista y productor. Sus películas son referencias de cualquier estudiante de cine. Empezó su vida artística con apenas cinco años y no paró hasta ser reconocido mundialmente como símbolo tanto del cine mudo como del humor. Su infancia estuvo marcada por el infortunio: de padre alcohólico que partió de casa al poco tiempo de su nacimiento, y madre que terminó en un manicomio, a Charles las dificultades le abrirían los ojos para transmitir desde su obra mensajes a favor del valor humano y en contra de la miseria. Maestro del lenguaje corporal, fue un mimo experto en comunicarse sin emitir palabra alguna. Los espectadores lograron a hacer tanto feeling con los personajes interpretados por él que sentirían una cercanía más que familiar. Cuando el audio arribó a las filmografías, Chaplin se resistió debido a que sentía que todas las expresiones de sus personajes –hasta entonces– se podían dar a entender sin palabras. Cansado de trabajar para los demás, e incomprendido porque no entendían el perfeccionismo que quería alcanzar, el londinense trabajó duro hasta tener la independencia económica y creativa que buscaba para tener su propia productora: United Artists. Fue con ella con quien rodó sus masterpieces imperdibles: ‘La quimera del oro’ (1925), ‘Luces de la ciudad’ (1931), ‘Tiempos modernos’ (1936) y ‘El gran dictador’. Más allá de premios y reconocimientos (Óscar honorífico, caballero de la Orden del Imperio Británico, candidato al premio Nobel de la paz, estrella en el paseo de la fama de Hollywod), Chaplin dejó un legado irremplazable en la historia del cine mundial.

RESEÑA: ‘Shutter Island’

Shutter Island es una película que tiene la capacidad de hacer que el espectador se cuestione, una y otra vez, hacia dónde se dirige, y cuál es la trama realmente. Protagonizada por Leonardo Di Caprio y Mark Ruffalo, pero con actuaciones sensacionales del resto del elenco (Ben Kingsley y Michelle Williams, por ejemplo), el film de Martin Scorsese proyecta un profundo juego psicológico que tiene como idea principal poner en duda la verdadera razón de ser de su protagonista, quien para salvarse a sí mismo –y darle sentido a su vida– se inventará, y le inventarán, una realidad que pretende ayudarlo. El film de suspenso del director italoamericano empieza con el arribo de los agentes federales de los EE.UU., Teddy Daniels (Di Caprio) y Chuck Aule (Ruffalo), a una isla en donde se recluyen pacientes con enfermedades mentales y antecedentes criminales. El sanatorio –ubicado en una isla siniestra, como se titula la película en español– será un hervidero de preguntas que mantendrá en suspenso por 2h 18m al público. Lo que empieza como un común film policiaco (en donde las pistas y testigos no sólo serán tangibles, sino que también habrá revelaciones en sueños y memorias) termina siendo una genialidad de Scorsese para que empiecen los juegos mentales: la migraña que experimenta el protagonista, Teddy Daniels, también será experimentada por todos los espectadores. Vendida como una película de terror, con escenas en las que parece necesario taparse los ojos con las manos, Scorsese invita a todos a concentrarse y dar el veredicto final: quién está cuerdo.

RESEÑA: ‘Match Point’

Cuando Woody Allen decidió grabar Match Point, nunca se imaginó que su primera película rodada fuera de Nueva York sería un drama imperdible, una obra maestra que hará que el espectador se mantenga expectante por el desenlace final por poco más de dos horas. Chris Wilton –interpretado por Jonathan Rhys Meyers– es un personaje taciturno que se empareja por conveniencia con Chloe, pero que se encuentra enamorado irrefrenablemente de Nola (Scarlett Johansson). La temática principal del film gira en torno a la suerte e inicia con una frase lapidante que será el leitmotiv de la trama: “El hombre que dijo que ‘preferiría ser afortunado que bueno’, tenía una profunda perspectiva de la vida. La gente teme aceptar que gran parte de la vida depende de la suerte. Da miedo pensar que sea tanto sobre lo que no tenemos control”. Tener dominio sobre todas las situaciones sería el escenario ideal; sin embargo, el factor azar interviene con profunda insistencia en el entorno: Chris Wilton así lo entenderá. El largometraje contará la historia de un hombre que decide reducir la fortuna, que cuando le toque elegir entre razón y corazón pondrá por encima la primera pese a que habrá caído en el juego de los sentimientos una y otra vez. La escenografía recreada por Allen enseña a un Londres nublado, más sofisticado, más británico acompañado por una musicalización clásica, de ópera. Durante la película la cámara lenta será un aliado importante, uno que permitirá ralentizar momentos cumbres que depararán los designios de esta historia que rompe con la tradicional dirección artística  de Allen. Las escenas de amor, por ejemplo, serán más pasionales, pero dejarán que el espectador las complete en su imaginación. Match Point no podría tener mejor título: en el último golpe del juego, pese a todo el esfuerzo y planificación, un factor equis podrá alterar el resultado que parecía predecible.

RESEÑA: ‘La Pasión de Cristo’

Que Judas haya vendido a Jesucristo por 30 monedas; y que Pedro lo haya negado tres veces, son cosas que hemos escuchado cientos de veces en clases de catequesis y evangelios en la Iglesia . Trilladísima y harta conocida, Mel Gibson tuvo que invertir más de $25 millones de su bolsillo en una historia que tenía todo el guion en la Biblia y nadie quería financiar. Inmersa en un clima de expectación previo a su estreno generado por su propio director (“La película es muy violenta; al que no le guste eso, que no vaya. Y el que quiera salirse a la mitad, que lo haga”), La Pasión de Cristo arribó a las salas de cine -para mayor morbo- un miércoles de ceniza de 2004 en los Estados Unidos. Nominada a mejor maquillaje, mejor banda sonora y mejor fotografía en los Óscar 2005, la película narra las últimas horas de Jesús de Nazareth, interpretado por Jim Caviezel, de una manera tan controversial como su propio director (acusado de antisemita y homofóbico). No apta para niños, en La Pasión aparecen hasta 45 minutos seguidos de violencia explícita.  La impronta Gibson se percibe durante todo el largometraje que expone humillación, tortura y soledad que padece el personaje principal. Solo con diálogos en hebreo, arameo y latín, Mel no tenía otra opción sino ser Mel Gibson. La historia más repetida por feligreses católicos en Semana Santa, y relatada cursi y light anteriormente en el séptimo arte por otros directores, tomó un color rojo sangre. Pese (o gracias a ello) alcanzó la aprobación y admiración de un público que jamás sintió tan pesada la cruz como en este film.

RESEÑA: Darkest Hour

Tendrá que competir contra Daniel Day-Lewis y hacerle frente a la extraordinaria actuación que hizo el joven Timothée Chalamet en ‘Call me by your name’, pero todo parece indicar que el momento de Gary Oldman ha llegado. Dependerá, eso sí, de la línea que siga la Academia: ¿premiar la interpretación de un personaje histórico que requirió una gran transformación física o entregarle el Oscar a un muchacho que basó su actuación, únicamente, en la gestualidad intimista? Ahí está el dilema. Lo cierto es que Oldman se roba el show en ‘Darkest Hour’. Por momentos, parece haber nacido para interpretar a Winston Churchill. Con los tics al hablar, la forma en que camina y los chistes que echa, no tienen que pasar muchos minutos para que el espectador se borre de la mente que quien tiene en frente es el mismo actor que hizo de Sirius Black en Harry Potter o de James Gordon en la trilogía del Batman de Nolan. Apoyado en un guion épico y en un gran trabajo de maquillaje, Oldman refleja, precisiones históricas aparte, todo lo que uno ha leído o escuchado del político británico: su afilado sentido del humor, su poderosa oratoria, su liderazgo ‘sui generis’, su mano dura al tomar decisiones, su temple de acero y su carisma sin igual. Juntando lo mejor de los dos mundos, ‘Darkest Hour’ tiene el ritmo y el impacto visual hollywoodense, pero cuenta también con cierto acabado artesano característico de cintas de menor presupuesto. Es una película entretenida de principio a fin: sin huecos, sin pasajes tediosos, sin escenas insípidas. Y eso es mucho decir al tratarse de una cinta cuyo corazón se halla no en la acción, sino en el diálogo. Con los discursos de Churchill, ya de por sí emocionantes, Oldman y el director Joe Wright logran ponerle la piel de gallina a la audiencia.

Oscar 2018

Se acerca el momento más esperado del año y, con él, la promesa casi siempre incumplida. Resta prácticamente un mes (4 de marzo) para que la Academia entregue los Oscars y el martes pasado quedó publicada la lista de nominados en cada una de las categorías. La tarea, el mínimo esfuerzo requerido, es tratar de ver los ocho largometrajes que competirán por el galardón a mejor película: ‘Call me by your name’, un drama italiano de amor homosexual, considerado por algunos temerarios como el film romántico de la década; ‘Darkest Hour’, la película de Churchill protagonizada por the one and only Gary Oldman (ya es hora de tenga un Oscar en su currículo); ‘Dunkirk’, el largometraje bélico de Christopher Nolan; ‘Get out’, un extraño thriller que aborda la temática del racismo; ‘Lady Bird’, la comedia dramática que tiene 99% en Rotten Tomatoes; ‘Phantom Thread’, la cinta que significa el retiro de Daniel Day-Lewis (el único en ganar tres Oscar a mejor actor); ‘The Post’, una película de Steven Spielberg que va sobre periodismo y que reúne a los incansables Tom Hanks y Meryl Streep; ‘The Shape of Water’, la apuesta de fantasía dirigida por Guillermo del Toro (El laberinto del fauno) que consiguió el mayor número de nominaciones por parte de la Academia (13) y, finalmente, ‘Three Billboards outside Ebbing, Missouri’, un drama con trasfondo criminal que está mezclado con comedia negra. Ese es el menú cinéfilo de aquí al 4 de marzo. ¿Cuál es su candidata? ¿Cuántas han visto? A ver si este año cumplimos con la promesa y llegamos a la ceremonia con la tarea hecha.

RESEÑA: ‘Steve Jobs’

Por momentos abrumadora, de ritmo vertiginoso, guion denso, diálogos avasallantes y escenas que marean. Al mismo tiempo, original, arriesgada, artística y bien actuada. Así es ‘Steve Jobs’ (2015), el largometraje que dirigió Danny Boyle –‘Trainspotting’, ‘Slumdog Millionaire’ y ‘127 hours’– y escribió Aaron Sorkin –‘The Social Network’–. No hecha para ser taquillera, la cinta se aleja de las típicas biopics de librito que buscan resumir, de forma cronológica, sesenta o setenta años en apenas dos horas de película. Por el contrario, ‘Steve Jobs’ escoge tres momentos de la vida de su protagonista y busca sintetizar en ellos el lado oscuro del genio de San Francisco. Desmitificador, el largometraje muestra al Jobs más cruel, el que reniega de su hija y trata a sus empleados de forma inhumana. El que en busca del tan anhelado perfeccionismo puede llegar a ser un patán sin parangón. El que consigue llevársela mal con toda su compañía y ser botado de su propia empresa. Con el ritmo agobiante y los diálogos sobrecargados, Boyle y Sorkin intentaron hacer una película que reflejara la mente de su protagonista. Una película que se pareciese a Jobs más allá de la similitud que pudiese tener el actor encargado de interpretar el papel. Fassbender no tenía la cara de Kutcher (‘Jobs’, 2013), pero sí supo construir un personaje más profundo, que con la suma de pequeños gestos pudiese transmitir cómo era el Steve de la vida real. “La actuación fue muy realista. En algunas películas anteriores vi a los actores simulando a Steve Jobs, pero realmente no me hicieron sentir como si estuviera en su cabeza para entender lo que estaba pasando dentro de él, su personalidad”, comentó el otro Steve, Wozniak, sobre la película. “Mucha gente piensa que la cara de Steve Jobs importa, pero es su cerebro, la cabeza, la forma en que trabajó, cómo pensaba él, cómo actuaba con la gente”, dijo Woz y nosotros le creemos. A pesar de su particular estructura, su ritmo inusual y la cantidad enorme de diálogo, ‘Steve Jobs’ es una buena película para acercarse al hombre que revolucionó, entre otras cosas, las computadoras, las películas de animación, la telefonía y la música.

Reseñas del 2017

El año pasado adoptamos el hábito de escribir todas las semanas sobre una película diferente. La sección, que pudo tener forma de crítica, terminó siendo, básicamente, una recomendación cinéfila. Sábado tras sábado fuimos reseñando cintas que, en gran parte, podían entrar en la categoría de imprescindibles, films que por una u otra razón se ganaron un espacio dentro de la memoria colectiva de Occidente.

Por la sección pasaron Russell haciendo de John Nash (‘A Beautiful Mind’: mejor película del 2002 según la Academia); una enorme Marion Cotillard interpretando el papel de su vida en la biopic de Edith Piaf (‘La Vie en Rose‘); Kate Winslet en el largometraje que le dio el Oscar (‘The Reader’) y en el film que hará que la recordemos por siempre (‘Eternal Sunshine of The Spotless Mind’); Robin Williams en la película que le permitió ganar el premio a mejor actor de reparto (‘Good Will Hunting’); el único e inigualable Robert De Niro en la que, para muchos, es su mejor actuación (‘Taxi Driver’); y producciones de habla hispana de la talla de ‘El Secreto de sus Ojos’ y ‘Relatos Salvajes’.

Del cine italiano reseñamos ‘Perfetti sconosciuti –la cinta en la que un grupo de amigos decide en plena cena empezar a leer cada nuevo mensaje de Whatsapp en voz alta– y ‘La prima cosa bella’, el largometraje que abrió la XVII Semana de la Lengua Italiana en Trasnocho Cultural. Películas como ‘Elsa y Fred’, ‘Nightcrawler’ y ‘The One I Love’ completaron una sección que tuvo en ‘Más vivos que nunca’ un pedacito de la cinematografía venezolana.