RESEÑA – Mad Men

La publicidad es considerada, por algunos, como una profesión engañosa. La contemplan como una venta descarada de productos, que puede llegar a arruinar al consumidor, pero… ¿qué si lo es? Es decir, más allá de un sistema, la publicidad se concentra en algo mucho más complejo: la persuasión y la identificación, busca emular emociones para lograr vender, para calar en el imaginario y en las vivencias de la gente.

Mad Men es una serie que apareció en 2007. Reconocida una y otra vez por las academias, es considerada como una de las mejores de la historia, pero… ¿está sobrevalorada?

Comprender la serie depende de tres pilares fundamentales: la profesión, los personajes y el entorno. En primer lugar, aquí la publicidad es tratada como una ciencia, como un ensayo y error para explicar cómo darle importancia a un producto.

Un ejecutivo de ventas siempre se considera una especie de vendedor evangélico que va de puerta en puerta ofreciendo lo mejor de la compañía y persuadiendo a los posibles clientes, pero en Mad Men el enfoque está puesto sobre las relaciones públicas, con el manejo de intereses.

Los redactores son aquellos que sostienen el sistema: crean las ideas, estrategia y fundamentan todas las propuestas. Le dan una voz a la marca, pero se enfrentan con la dura realidad del capricho de quienes lo contratan, quienes creen saber cómo hacer el trabajo de la agencia. Así, los redactores realizan innumerables propuestas, todo para llegar a un simple bosquejo: a una presentación y a un producto tangible.

Mad Men nos muestra, con creatividad y desde un enfoque innovador, todo este proceso.

Personajes de carne y hueso

La verosimilitud de una historia reside en cómo el autor refleja las emociones y comportamientos de sus personajes, en dotarlos de una voz propia cuando están en pantalla o en un párrafo de un libro. Aquí, cada personaje tiene un objetivo, pero sobre todo un trayecto, una historia propia que choca con los hechos de la época.

Don Dreaper es un creativo que ha llegado bastante lejos en el mundo de las publicidades, crea de un instante a otro una realidad simulada: sabe persuadir a los clientes y a todo aquel quien lo escucha. Sin embargo, huye de quién es realmente, de un marco preestablecido en el sueño americano. Lo tiene todo, pero nunca es suficiente. La ansiedad lo carcome como si fuera un trastorno que lo empuja a retar al sistema, a no quedar aferrado a ninguna posición; pero también se debate entre su ambición y la percepción de intentar aprender a ser más humano, a ser padre y a convivir con su entorno.

Peggy Olson es una secretaria que llega bastante lejos. Su ambición nubla su juicio pero sirve como principal catalizador de sus razones de lucha. El reflejo de sus iguales en una oficina le deja claro qué no quiere para su vida. Contrasta con Dreaper, aunque también arriesga su humanidad.

Olson sacrifica su vida personal para construir eslóganes, para ganar una posición y sobre todo para no darse por vencida ante el sistema. Siente la presión de un mundo corrupto pero depende del mismo, se aprovecha de formar parte del rompecabezas tras entender cómo funciona.

Joanne Harris es la mujer que comanda el equipo de secretarias, quien conoce cómo funciona la oficina y el negocio pero no se involucra, sólo se mantiene al margen. Ella y Peggy representan la ficha disonante del show, personajes que nadan en contra de la corriente y que intentan buscar su propio camino en medio de una sociedad que pretende limitarlas a contestar el teléfono.

Pete Campbell es un personaje que cree tenerlo todo. Adinerado, y con un futuro prometedor, es uno de los personajes que tendrá que luchar por encontrar su lugar. Sobre todo al comprobar que no es suficiente con los contactos, sino que también es necesario tener la habilidad y talento para hacer negocios.

Finalmente, Roger Starling es el personaje que más podría hacerle ruido a la audiencia, porque es el millonario que lo tiene todo, que supervisa a todos desde la distancia pero hace estupideces. Es el reflejo a futuro de Don, su tutor y un spoiler de lo que podría ocurrirle a futuro.

Contexto y trama circunstancial 

Mad Men no tiene una drama definida, lo que para muchos puede es su talón de Aquiles. Aquí el factor de reflejar la vida de los protagonistas es lo más importante: contrastar sus reacciones en medio de hechos importantes en la época también tiene un peso tremendo.

Los personajes más pequeños del show tienen un porqué y permiten enseñarle al espectador qué tanto se va desarrollando la trama. La construcción de Lucky Strike, Hersheys y hasta del presunto Mcdonalds, permite entender cómo funcionaba la industria.

Al principio cuesta asimilar el ritmo pausado y muerto que podría tener la serie, pero posterior a ello se convierte en una conversación constante entre espectador y personajes, con vivencias, desgracias y sarcasmo puro en ciertas escenas.

Mad Men, al menos de mi parte, es una producción más que recomendada.

 

Por Daniel Klíe | @Chdnk

Todo pasa: el retiro de Robert Redford

Suelo sentarme a pensar sobre lo efímero que es todo. Y, entonces, me pregunto de qué vale el estrés y la ambición. Las ansias de logros, de trofeos, de reconocimiento. En un viaje que hizo a Islandia, el periodista Axel Torres recabó información para escribir un libro en el que destaca la siguiente frase: “La isla se revelaba como un ecosistema perfecto para que en él habitara individuos más preocupados por ser que por trascender”. Axel, profesional serio y responsable, cuenta en una entrevista que el choque cultural lo llevó a cuestionarse la forma en la que había organizado su vida.

Robert Redford anunció su retiro de la actuación. Explicó que desde los 21 años andaba en ese oficio y que ya iba a cumplir 82: nada es para siempre. Redford es una leyenda de Hollywood, no solo por su talento sino por su aspecto: fue el ícono sexual de varias generaciones, algo así como el Brad Pitt de antaño: el hombre que hacía que millones de mujeres se sintieran insatisfechas con sus maridos.

Mentiría si dijera que he seguido en profundidad la carrera de Robert. Recuerdo que la primera película que vi en la que él participaba fue Una proposición indecente. Ahí, el papel que interpretaba era el de un millonario y guapo seductor. O sea, Robert Redford hacía de Robert Redford.

La película la vi cuando era muy joven, y, aparte de resultarme escandalosamente morboso el argumento, pasé dos noches enteras soñando con Demi Moore. La actriz nunca me volvió a parecer tan guapa como aquella vez. Nunca volví a pensar demasiado en ella: no de esa forma.

La piel se arruga, el dinero se acaba, la fama antecede al olvido, el brillo se opaca. ¿Para eso ambicionamos tanto, para que al final todo pase y solo sobreviva la nostalgia? ¿No sería mejor vivir entonces con la parsimonia con la que encaran la vida, según el libro de Axel, los islandeses? ¿La sociedad de este lado del mundo estará construida sobre los pilares incorrectos?

Cuando me siento muy abrumado, cuando creo que el tiempo se me agota, cuando el trabajo me sobrepasa, me siento a pensar en cuantas celebridades brillaron para apagarse. Porque todo lo relacionado con los humanos tiene fecha de caducidad: lo único con verdadero poder de trascendencia es el arte. No un nombre ni un hombre, una obra: un legado, que muchas veces da sus mejores frutos cuando quien lo construyó ya no está en el plano terrenal.

Robert Redford anunció que dejaba la actuación. Y la noticia no va acompañada de tanto revolú. Hoy día las mujeres suspiran por otros galanes, las películas de moda tienen otro sabor y él seguramente pasará los años que le queden en ese cómodo sillón que le dejó el éxito incuestionable. Si de él nos acordaremos o no en 50 años, es algo que está por verse. Mientras tanto, me dispongo a salir de casa invirtiendo menos energía en arreglarme. Si hasta la piel de Robert Redford se arrugó, qué quedará para uno.

 

Por Mark Rhodes

RESEÑA – Sense8 (serie más capítulo final)

“¿Pero es que no hay nadie feo en esa serie?”, pregunté a una de las amigas que me había recomendado Sense8. Acababa de finalizar la segunda temporada y mi duda, claro, hacía alusión a lo que al final terminó siendo una de mis críticas a la serie: el exceso de guapura, de rostros artificiales, de gente con una piel demasiado cuidada en contextos en donde la resequedad sería lo más normal. Eso no impidió, debo decir, que me enganchara con esta hermosa –y técnicamente ambiciosa– producción de las hermanas Wachowski. La serie narra un mundo donde cada tanto ocho personas que nacen el mismo día, en diferentes lugares del planeta, comparten una conexión que les permitirá ser uno con sus “hermanos”. Así, un policía estadounidense puede expresarse a millones de kilómetros de distancia a través del cuerpo de la hija de un empresario surcoreano, mientras disfruta de la sensación de un masaje que está recibiendo un actor mexicano en su país natal.

Lo sé: no tiene sentido tratar de comprenderlo.

La única forma de hacerse una idea de cómo funciona esto es viendo la serie. Y he ahí uno de los logros de las Wachowski: construir una realidad absolutamente verosímil, que se explica a sí misma indistintamente de si se comprenden o no las teorías típicas de la ciencia ficción. Y no solo eso, sino que la estructura narrativa está tan bien lograda, que podemos seguir las vicisitudes de ocho protagonistas –aunque es cierto que no todos tienen la misma relevancia simbólica– sin extraviarnos en los vericuetos de la historia. El acierto en el guion es notable, pero nada supera lo hecho con la cámara: las escenas son verdaderas coreografías en las que una misma persona es ocho en realidad; y nunca, pero nunca, nos confundimos, sino que, por el contrario, quedamos boquiabiertos ante la mezcolanza de personajes y situaciones.

Sense8 es una serie cuchi, con grandes logros de producción (es una de las más costosas de Netflix), llena de momentos edulcorados y que pretende transmitir un mensaje que se dice con claridad en uno de los parlamentos: “El amor es un puente y no un muro”. Por eso no duda en mostrar, con naturalidad, la diversidad sexual del mundo a través de personajes cuyos dramas, al saberse sensate, recuerdan por momentos a los de una telenovela que bien podría hacer llorar a los X-Men.

“—Ellos te tienen miedo y te lastimarán si se enteran de lo que eres

—¿Qué soy?

—El futuro.”

Tras dos temporadas que lograron un importante alcance entre algún público, la serie fue cancelada debido al alto costo. Alguien debió prever que eso sucedería: grabar en ocho puntos distintos del globo terráqueo no es nada barato. Los dolientes mostraron su indignación ante el anuncio y, como respuesta, Nextflix y las Wachowski decidieron hacer un capítulo final que durase más de dos horas.

El cierre estuvo destinado a la complacencia. Se regodeó en los elementos que más aceptación causaron en la serie –haciendo un buen uso de la elipsis– y mostró un desarrollo no demasiado dramático y poco irreverente. Como si no se quisiese herir más a ningún fan (ya era suficiente con cancelar la serie, ¿no?). Por esto, a mi parecer, el final estuvo bastante por debajo de lo hecho en las dos únicas temporadas, aunque vale acotar que los golazos técnicos y las tomas impresionantes se mantuvieron.

En general, es una serie que recomiendo bastante. Con la que es fácil sorprenderse y emocionarse. El guion está lleno de frases hermosas y coquetea con dramas cotidianos. Me decepcionó, eso sí, que toda la serie estuviese filmada en inglés: esperaba que cada personaje hablase en su lengua materna. Asimismo, como ya transmití, me resultó un poco artificial la apariencia de los mismos: todos son estéticamente perfectos hasta en sus peores horas. Nadie es feo, ni desarreglado: parece un Instagram interactivo. Y, por último, debo decir que por instantes se rozan los lugares comunes. Algo que se ve muy marcado en la primera temporada, pero que en el capítulo final pudiese resultar demasiado desagradable para quien lo viera sin estar previamente enamorado de la historia.

De ahí en más, debo decir que disfruté bastante con esta realización.

“¿Pero es que no hay nadie feo en esa serie?”, pregunté. “Es que si fuese de otro modo, las escenas de sexo no se vieran tan arrechísimas”, me respondieron.

PD: quiero ser como Sun Bak cuando sea grande.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel

5 comiquitas que marcaron nuestra infancia

Vivimos en la época de la nostalgia. El cine y la televisión se empeñan en recordarnos que alguna vez fuimos niños y adolescentes, trayendo a nuestra adultez nuevas producciones sobre esos personajes que tantas alegrías nos regalaron. La última novedad, en esta era de remakes, tiene que ver con Rugrats, aventuras en pañales. La conocida serie animada tendrá una nueva temporada, de 26 episodios, y una película que está pautada para el 2020.

A propósito de eso, en Revista OJO nos pusimos a rememorar esos felices días en los que nuestra mayor preocupación era estar un buen rato frente a la TV y decidimos compartir con nuestros lectores cinco series animadas que marcaron nuestra infancia.

  1. Hey, Arnold

Si pensamos en alguien cool, buena gente y perspicaz, seguro que nos imaginamos a Arnold: el chico con la cabeza de balón.

Con unos dibujos poco convencionales pero que supieron convencer a millones de niños y adolescentes, esta serie se convirtió en una referencia cultural para toda una generación. Cargada de sentimentalismo y romance, la historia se desenvuelve con la banda sonora de las películas de aventuras. Cada episodio traza una línea llena de obstáculos que el buen Arnold y sus amigos deben sortear en el camino hacia su objetivo, que, a largo plazo, no es otro más que convertirse en adultos y ciudadanos competentes. Pues, al margen de todas las lecturas físicas y metafísicas que los personajes realizan a los hechos a los que se enfrentan, el leitmotiv de la historia es probablemente el crecimiento: el camino que transita un grupo de niños y preadolescentes hacia la adolescencia y una posterior adultez.

¿Cuántos de nosotros no nos preguntamos cómo serían esos mismos personajes dentro de unos 20 años?

  1. Los chicos del barrio

Mientras los personajes de Hey, Arnold parecían crecer, aprender y formarse en cada nuevo drama, los protagonistas de esta serie eran un grupo de peter panes decididos a vivir el presente como si el mañana fuera solo una continuidad de su situación actual.

La historia plantea una realidad en la que los jóvenes protagonistas son una especie de súper héroes que combaten contra sus principales enemigos: los adultos. La forma de transformar situaciones y objetos cotidianos en algo extraordinario es un gran acierto de los creadores. Así, estos jóvenes pueden, por ejemplo, mezclar tecnológicamente un secador de pelo con pastillas para la alergia de cara a enfrentarse a un enemigo llamado Catarro común.

Con un guion limpio, lleno de mucho humor y de algo de crítica social, Los chicos del barrio llenaba nuestro tiempo libre de creatividad, sueños e inteligencia.

  1. Recreo

Quienes queríamos escribir, hacer cine, música, teatro o cualquier forma de creación, entendimos desde chicos la importancia de construir escenarios que se movieran al ritmo de las creencias de nuestros personajes. Recreo, al igual que los otros cartoons de los que hemos hablado, destaca por mostrar el universo de niños de primaria como una sociedad particular con reglas y un status quo bien definido. En la jungla que significa tener diez años e ir al colegio, cada quien debe encontrar la forma de sobrevivir y seguir adelante por un trayecto que para los protagonistas de la serie dura tanto como su interminable año escolar, pues ninguno sospecha que el mañana los sorprenderá con una adultez en la que sus aventuras infantiles –ese mundo tan particular, tan bien trazado– habrá jugado un papel preponderante en su formación.

Leyendas, mitos, fabulas, tribus. Todo forma parte del mismo universo, uno que transcurre fuera de las aulas, en el que siempre es Recreo, como si nos sugiriera que la verdadera formación, el aprendizaje más trascendental, no ocurre en los salones, sino fuera: donde hay que adaptarse al choque de culturas, y donde la libertad es un pedazo de tierra que cada uno debe saber ganarse y administrar.

  1. Ginger

La infancia quedó atrás. De las series mencionadas, es en la que se muestra a los protagonistas más grandes. Ginger Foutley es una adolescente que se enfrenta a los retos y dramas asociados a crecer. Junto a sus dos mejores amigas y su amigo Darren busca encontrar su lugar en esa selva llamada high school, mientras experimente esos confusos cambios de la pubertad que ayudan a moldear la identidad de las personas.

Este cartoon se acerca un poco más al ambiente de las miniseries juveniles o telenovelas para adolescentes, esto sin perder calidad y procurando mostrar la complejidad de unos personajes que son cualquier cosa menos planos.

En nuestro proceso hacia la adultez, muchos pasamos de Recreo a Ginger del mismo modo en que nuestros problemas e intereses comenzaban a ser otros.

  1. Rugrats

Una de las grandes anotaciones de la televisión norteamericana fue esta genial serie animada, acaso la primera que se trazó el objetivo de mostrar cómo es el mundo según los bebés.

Propuso un lenguaje, unos códigos, una forma de mirar; y la historia nos resultó verosímil. No porque nos acordáramos de nuestra primera infancia, sino porque ninguno pudo sospechar una forma más divertida de ser un bebé.

Es un sueño de muchos padres compartir con sus hijos las experiencias que ellos tuvieron en la infancia. Con el cambio de épocas, y los intereses particulares de cada generación, esto es cada vez más difícil. Por eso, no son pocos los que esperan poder disfrutar junto a sus pequeños de una buena tanda actualizada de aventuras en pañales.

 

Por Mark Rhodes

El juego infantil de Caracas

En Piedra, Papel o Tijera las realidades convergen como las personas de distintas clases sociales que se cruzan en el Metro de Caracas: el niño que vive en el Este, sabe leer y disfruta de las vacaciones, juega sin prejuicios con el que no va a la escuela, vive en una casa de ladrillo y trabaja para ayudar a sus padres. Esa escena de la película es la mejor muestra de una ciudad en las que las realidades se mezclan y funden en una sola.

El director Hernán Jabes plasmó una problemática social desde Caracas, la ciudad del caos. Es harto complicado rodar una película en la capital sin mostrar a los espectadores el tráfico en la hora pico, la autopista Francisco Fajardo o la violencia de la ciudad. Y es que cada uno de estos elementos forma parte de las piezas de un rompecabezas de una ciudad que cumplió 451 años el miércoles 25 de julio.

La corrupción, la mentira y violencia que aparecen en Piedra, Papel o Tijera no se quedaron en 2012, fecha de estreno del film, sino que permanecen en una sociedad que todavía prepondera la viveza por encima de la meritocracia, en donde “el matraqueo” continúa en una cultura que –en teoría– debe saber “cómo es la vaina”.

Detrás de la problemática social que Jabes lleva a escena, también aparece el factor azar, que en la ciudad del caos –como en el juego infantil piedra, papel o tijera–, tiene un papel importante: salir cinco minutos antes de tu casa, o cinco minutos después, puede condicionar el resto del día para evitar, por ejemplo, un retraso en el Metro o un choque en la autopista.

La película, en un cierre que –seis años después– sigue hablándonos a los caraqueños, finaliza con un texto breve que conviene atender:

El desamor, la apatía, la mentira, la incomunicación, la violencia y la corrupción son las bases fundamentales de una sociedad enferma. Para que un pueblo sea verdaderamente grande, debe ocuparse de hacerlas desaparecer lo antes posible…

Del corazón y de la mente de cada uno.

¿Qué tan enferma sigue Caracas?

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

 

¿Creció más rápido el fútbol que la sociedad?

Francia ganó el Mundial 20 años después de que consiguiera su primera Copa. En el camino, hay que contar también el subcampeonato logrado en el 2006. Han sido poco más de dos décadas de evolución en asuntos futbolísticos. Y de confrontación, mucha confrontación, en temas sociales.

Les Bleus, documental publicado en 2016, cobró especial vigencia luego de que Varane alzara la Copa en Rusia. La producción habla de la selección que tocó la gloria en 1998 y lo qué significó ese triunfo a nivel político y social. En un periodo en el que el racismo y la xenofobia carcomían los cimientos de la sociedad francesa, una selección mentada –para bien y para mal– como la de los “negros, blancos y árabes” trató de usarse por ciertos sectores como un símbolo de la Francia unida. Pero el fútbol a veces es un cuento de hadas cuyas alas se queman cuando tocan la realidad. Cuatro años después de Francia 1998, un partido racista logró postular un candidato a las elecciones y consiguió casi cinco millones votos. Ese mismo año, Zinedine Zidane –leyenda francesa de ascendencia armenia– marcó un golazo de volea que le dio al Real Madrid su novena Liga de Campeones.

En el mismo país que llamaban “chusma” a los inmigrantes que vivían en las barriadas, latía un genuino orgullo porque una de las figuras del fútbol mundial fuese gala. Aunque los rasgos de Zidane lucieran inequívocamente árabes.

“El deporte evolucionó más rápido que la sociedad”, dice en el documental el ex presidente Francois Hollande. Ahora, en el 2018, la selección dirigida por Didier Deschamps –quien formara parte, como jugador, del combinado del 98– volvió a sostener la gloria entre sus manos con un equipo compuesto por 17 jugadores de ascendencia africana. 17 de los 23 totales.

Convendría adentrarnos en el buen documental de Netflix y esperar a ver si ahora, que hay diez veces más inmigrantes en la selección de Francia que en el país, el fútbol volvió a crecer más rápido que la selección.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel

 

RESEÑA: El mismo amor, la misma lluvia

Una década antes de ganar un premio Óscar a mejor película extranjera (con ‘El secreto de sus ojos’), el estupendo director argentino Juan José Campanella dirigió ‘El mismo amor, la misma lluvia’ (1999) con su pareja de protagonistas predilecta: Ricardo Darín y Soledad Villamil. La fascinante historia de amor entre Jorge y Laura transcurre en un contexto en el que la política argentina transita entre la dictadura, la guerra de las Malvinas y la naciente democracia; es decir, durante 20 años desde 1980. ‘El mismo amor, la misma lluvia’ cuenta el romance de un prometedor escritor y  una camarera fascinada por las artes, quienes se aman intensamente, pero que su relación sufrió un deterioro que distanció por momentos los cuerpos mas no los sentimientos. Y es que Campanella no pretendió mostrar un amor de Disney, sino uno que a pesar de sufrir desgaste e infidelidad nunca dejó de existir. Los protagonistas tendrán que reflexionar si el amor es aquello apasionado e intenso que puede quemar, o una sensación de cariño y respeto que genera seguridad. La azarosa situación de Argentina entre 1980 y 1990 no es lo único en lo que se quiere enfocar, sino que también las relaciones laborales y la vida de un medio de comunicación inmerso en dictadura y cambios de tendencias generacionales. Y es que Jorge Pellegrini (Ricardo Darín) tendrá que lidiar ante un jefe de edición que prepondera lo estándar ante lo creativo, su estancia en la revista lo condenará a escribir mecánicamente, por lo que el estado de su relación con Laura dictaminará (muchas veces) el éxito de sus textos. Jorge será aquel hombre que quería vivir una experiencia nueva cada día en vez de valorar lo que tiene en su momento, mientras que Laura refleja una mujer indecisa con sus gustos profesionales, pero que se entrega a su pareja incondicionalmente. 20 años serán reflejados en este film para observar como un amor que inicio en un atasco vehicular bajo una intensa lluvia, terminara con un beso en una noche también de lluvia.

RESEÑA: ‘The Incredibles 2’

 [Sin spoiler] 14 años pasaron desde que observamos como Mr. Incredible dejó su trabajo de oficinista en ‘Seguritas’ para volver a utilizar su traje de súper. Parece costumbre que los productores de películas animadas dejen huérfanos a sus infantes espectadores para que después –cuando las responsabilidades y la vida adulta atacan– los aborden con una secuela que debió estrenarse mucho antes. La misma receta que utilizó ‘Toy Story’ (con la tercera entrega) y también replicó ‘Monsters Inc’ (con ‘Monsters University’), sucede con ‘The Incredibles 2’. Y es que hace 14 años todos sabíamos que la película podía continuar, pero el director Brad Bird prefirió engavetar el proyecto (y lo súper que puede ser Jack Jack) para estrenarla mucho tiempo después: “Creo que no podría haber hecho esta película inmediatamente después. Ni habría querido. Siempre quiero analizar las cosas antes de seguir con algo más”, comentó Bird en 2015. Una película animada, pero enfocada principalmente para un público adulto genera una expectativa tremenda, por lo que puede ser contraproducente. “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” dijo una vez Gabriel García Márquez. La memoria es aquel espacio en donde, por ejemplo, un gol se convierte en un golazo y una rumba se transforma en un rumbón inolvidable. Es así como Pixar apela a la nostalgia de la niñez para que sus espectadores desborden las salas de cine en 2018.
En la primera entrega observamos a Bob (Mr. Incredible) y Hellen Parr (Elastigirl) como los súper de closet que anhelan la gloria del pasado en contraste de la realidad del presente: una vida atrincherada a las obligaciones dependiente de un salario. Aun así, Mr. Incredible hace lo que debe hacer para mantener a su familia sin olvidar sus orígenes, sus poderes. Lo interesante de la secuela es el nuevo enfoque. Si bien Pixar nos tiene acostumbrados a que sus películas animadas tengan un mensaje para el público adulto, The Incredible 2 no olvida su procedencia, pero le permite al niño que no vio la primera entrega emocionarse como nosotros hace 14 años.

RESEÑA: ‘Cuba and the cameraman’

‘Cuba and the cameraman’ es un documental formidable de un admirador de Fidel Castro, pero responsable con su trabajo. Y es que pese a la afición del director por la figura del dictador cubano, Jon Alpert es capaz de mostrar la realidad de la isla desde la óptica de sus habitantes, pues son ellos -sus rostros- que cuentan cómo su calidad de vida empeoró desde la llegada de la revolución. El documental cuenta la historia de tres familias cubanas durante 40 años. A través de sus testimonios, es que el espectador sabrá las experiencias de ciudadanos comunes bajo el yugo de un comunismo que se quedó (como se ha quedado siempre) en pura dialéctica. Un extranjero, Alpert, pone en escena no sólo las vivencias cubanas, sino también una verdad insoslayable. Y es que en Cuba, los turistas siempre tendrán prioridad por encima del nacional, por lo que el cubano se siente como un extranjero en su propio país. La verdadera belleza de este documental, que se encuentra disponible en Netflix, es como el director logró amar a un líder, pero a la misma vez hundirlo. Si nunca se duda de las creencias de Alpert hacia la revolución, menos de su calidad, pues realizó una obra impecable desde el punto de vista histórico y fílmico. ¡Disfruten!

RESEÑA: ‘Her’

La tecnología revolucionó todos los aspectos de la vida, incluso el más complejo, el amor. Y es que desde que el internet nos permite comunicarnos en tiempo real sin importar la distancia, las relaciones amorosas también nacen desde la web. Aplicaciones para encontrar pareja existen desde inicios del siglo XXI, lugares digitales en los que la comunicación es a través de una pantalla. A partir de esta idea, y la llegada de la inteligencia artificial, el director Spike Jonze escribió y dirigió ‘Her’, una historia de amor diferente.Theodore (Joaquín Phoenix) es un escritor de cartas para terceros, que tiene mucha percepción, pero que es solitaria. Acaba de terminar una relación que no ha podido superar. Es allí cuando en todas las demás filmografías conociera a la chica ideal que será su pareja, que ‘Her’ se destaca, pues Theodore no empieza a charlar con cualquiera, sino con un sistema operativo con voz de mujer. El futuro siempre ha sido parte fundamental de las narrativas filmlicas, pero el filón que encuentra Jonze es muy llamativo, sobre todo porque es un futuro cercano que a puede comparar con situaciones de hoy en día. Y es que relaciones a distancia se logran mantener gracias a las comunicaciones que existen. También aparece el ‘sexting’, por lo que en ‘Her’ se logra ver un poco cómo son las relaciones en la actualidad y cómo puede ser en un futuro, aunque suena descabellado. Los diálogos serán reflexiones que penetraran en el espectador. La genialidad de las frases y el mundo creado por Jonze convierten a ‘Her’ en una película de amor imperdible.