Gifs ilustrados con los mejores momentos de GoT6

 

 

El jueves 14 de julio anunciaron las nominaciones a los Premios Emmy 2016, este año Game of Thrones se coronó como las serie más nominada, con 23. La aclamada sexta temporada de GoT no solo consiguió esta buena cantidad nominaciones a los Emmys, también obtuvo puntuaciones perfectas en IMDB y presentó algunas de las escenas más impactantes de la serie hasta el momento. El ilustrador y animador israelí Eran Mendel reimaginó en coloridos gifs 10 situaciones, una por episodio, cumbre de la temporada. Desde la revelación de Melisandre, pasando por el origen de Hodor, hasta la venganza de Cersei, fueron los momentos representados por Mendel que pueden ver bajo estás líneas.

Cinex retomó sus horarios habituales

A partir del 04 de julio Cinex retomó sus horarios habituales en los 27 complejos ubicados en las principales ciudades del país, después de acatar desde el mes de febrero el racionamiento eléctrico que afectó directamente el funcionamiento de centro comerciales y otros establecimientos. Las películas “Buscando a Dory”, “Día de la Independecia”, “El Conjuro” y “Alicia a través del espejo” ya están en la cartelera nacional. En las próximas semanas “La Era del Hielo: Choque de Mundos”, “La Leyenda de Tarzán” y “Cazafantasmas”, llegarán a las salas de Cinex. Pueden consultar la cartelera en www.cinex.com.ve y la aplicación “Mi Cinex Móvil”.

“El Chavo” celebra su aniversario 45

El 20 de junio de 1971 la Televisión Independiente de México (actualmente Televisa) transmitió el primer episodio del programa que se convertiría en uno de los más queridos y populares de la pantalla chica latinoamericana, “El Chavo del 8”. En la memoria del continente están grabados los llantos de La Chilindrina, las rabietas de Quico, las tacitas de café que le ofrecía Doña Florinda al Profesor Jirafales, los escapes de Don Ramón para no pagarle la renta al Señor Barriga y frases inolvidables como “es que no me tienen paciencia”, “bueno, pero no te enojes” y “fue sin querer queriendo”, dichas por El Chavo hasta su última emisión. En 1981 dejó de transmitirse de forma independiente y pasó a ser parte del programa “Chespirito” hasta 1992. Para 1975 se estimó que “El Chavo” contaba con una audiencia de 350 millones de personas y se había traducido a 50 idiomas. En 2006 se estrenó su versión animada. Hoy, los millones de latinoamericanos que crecieron soñando con unas vacaciones en Acapulco e imitando “la garrotera”, celebran sus 45 años.

Contracorriente: El caso de Batman v Superman

De haber sido perfecto, la imagen controladora del film habría sido esa en la que Superman vuela a salvar a Lois mientras cae desde la azotea de uno de los edificios de Metropolis. Después de un malévolo monólogo, Lex Luthor empuja a la periodista del Daily Planet, para así llamar la atención del hombre de acero. Acto seguido, el hombre de la capa roja la toma en sus brazos.

El resto del film de Zack Snyder no se compara con estos preciados segundos. Son minutos sinceros, con una especie de cámara suelta en el trípode, un grano fino que inspira un 16mm, en donde las luces de la calle inundan el encuadre mientras los dos descienden. La música de estos segundos no es música. Es el viento chocando contra un micrófono, que, junto con la cámara, operan bajo la premisa formal de que estamos viendo un documental.

Hablaba de un minuto. Y son, después de volver a ver el extracto, apenas segundos en los que todo esto sucede.

¿Por qué insistir en la descripción y repaso de esto que no representa ni un 1% del film? Porque es lo más hermoso y diferente que tiene la película, es el punto de inflexión de la franquicia de DC. Es lo que la pone en un renglón aparte. Si bien es cierto, el film no está bien. Tiene las pretensiones de. Su dramón de pareja, Holly Hunter y toda la trama política que enreda un poco el devenir del film, los flashbacks o sueños de Bruce Wayne, son algunos de los elementos que hacen de la película una especie de experimento.

Así como se abrazan a ciertas novedades, también se abrazan a los lamentables clichés de este tipo de películas. Los chistes gratuitos, los villanos apocalípticos, la acción que fatiga. El director no es santo, claro estamos.

En un humilde intento por concebir la introducción perfecta del mundo cinematográfico, las decisiones que más trasgreden contra la naturalidad de un film de este tipo son las que, curiosamente, entierran al film en el ojo del espectador. Que salvan, de una u otra forma, el enfrentamiento, tan efímero como fue, entre Batman y Superman, o el duelo, como anticipación de lo que se viene, contra Doomsday.

Batman v Superman’ no es nada parecida a otros crossovers, como señala Anthony Lane en una pieza publicada en The New Yorker. No esperemos un desastre como ‘ Alien vs Depredador’. Y a la vez, esperemos todo lo que pudo estar mal con aquel film. Que se reta a sí mismo a ser diferente, a ir contra una corriente que no está en lo absoluto a favor de su propuesta, a ser un punto de inflexión dentro de un género que ya empieza a tonarse repetitivo.

Por supuesto, no lo logra.

Pero volvemos, una vez más, a esos segundos. A esos instantes en los que el film se convierte en documental, en los que lo florido y pirotécnico de los movimientos de cámara, aunque sea por un segundo, se ven disminuidos, y en los que la música de Zimmer y Holkenborg, tan magnífica como es, no compite con lo estruendoso que ya el film por sí solo es. No hay golpes, no hay gritos, no hay disparos ni explosiones.

Es la noche, y las luces que alumbran la carretera, envolviendo en una sola imagen que panea hacia abajo para seguir a la pareja que hacen Lois y Clark. Es un encanto, es un golpe al rostro. ¿Qué es esto? Es un fan, un espectador más. Es Zack Snyder haciendo de Jimmy Olsen.

¿Qué viene? El no hacerse rogar por puntos medios. La idea de una película de superhéroes que sea diferente debe, por lo menos, perseguir eso. ‘Batman v Superman’ lo ha hecho. Eso sí, no más Doomsday, ni “Marthas”, ni presentación de miembros de la Liga de la Justicia sin demasiado peso en el film que se visiona.

Pero roguemos por más segundos con ese fino grano, sin música. O donde la política no solo se huele en el fondo, sino que toma un plano fundamental dentro del relato.

Es, sin titubear, ponerse de acuerdo. Entre el film que merecemos y el film que queremos.

Arranca la 30 edición del Festival de Cine Francés

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Con 15 películas y un invitado especial. Así se celebrará la 30va edición del Festival de Cine Francés, que este próximo 29 de abril, contra viento y marea, llegará a Caracas. Y es que a pesar de que las circunstancias no son buenas –son probablemente las peores de edición alguna–, a pesar también de que las salas de cine tienen horarios reducidos y regulados, de que el número de espectadores ha caído drásticamente, de que no hay los dólares necesarios para negociar títulos; a pesar, pues, de todo ello, y gracias, sobre todo, al empeño y tesón de la Embajada de Francia, Gran Cine, el CNAC y el Institut Francais, los caraqueños podremos tomar una bocanada de buen cine en medio de la crisis y el aislamiento que padecemos.

Hasta la segunda quincena de mayo serán proyectadas las 15 películas de autor que conforman la muestra, entre las que hay algunas ganadoras de importantes premios internacionales. Las salas de cine del Trasnocho Cultural, Cinex y Cines Unidos serán los lugares por excelencia para disfrutar del Festival, pero también habrá otros espacios no convencionales, como la Sala Cabrujas (Los Palos Grandes), El Centro de Arte Los Galpones (Los Chorros), Cine Jardín en la Hacienda La Vega y el Auditorio de Humanidades de la UCV, y algunos puntos al aire libre de los municipios Sucre, Chacao, Libertador y El Hatillo, en los que se proyectarán algunos filmes.

Philippe Le Guay, director y guionista francés, será el invitado de honor del festival. De 60 años y parisino, Le Guay cuenta con una filmografía que se mueve entre el humor y el drama, y en la que destacan títulos como ‘Les deux Fragonard’ (1989); ‘L’Année Juliette’ (1995), y, sobre todo, ‘Las mujeres del 6to piso’, proyectada en nuestro país con mucho éxito, y premiada en el Festival Internacional de Cine Mediterraneo de Montpellier. El 30 de abril participará en un Cine Foro en el Trasnocho Cultural sobre su película ‘Florida’; y también en dos conversatorios con cineastas: uno en el auditorio de la Escuela de Humanidades de la UCV (27/04) y en la Cinemateca Nacional (28/04).

QUÉ VER

Los 15 filmes están compuestos por 8 dramas, 4 comedias y 3 thrillers, en los cuales se abordan tópicos tan disímiles que van desde el papel de la mujer en las sociedades conservadoras, hasta el amor en las distintas etapas de la vida, pasando por la inmigración, el Alzhaimer, la vejez o el narcotráfico.

Los filmes más esperados y de mayor categoría son, de acuerdo con la nota de prensa del Festival: ‘Mustang’, ‘Samba’ y ‘Conexión Marsella’. El primero, ‘Mustang’ cuenta la historia de cinco hermanas huérfanas que se enfrentan a la sociedad conservadora turca; ganó cuatro premios César, se llevó el Goya a Mejor Película Europea, y está nominado al Oscar, al Globo de Oro y al Independent Spirit Awards. ‘Samba’ es una comedia en la que se narra el improbable encuentro entre un inmigrante ilegal senegalés que lleva una década en París y una ejecutiva estresada que renuncia a su trabajo para ser voluntaria de una ONG; tuvo en Francia una taquilla de más de 3 millones de espectadores. ‘Conexión Marsella’ fue otro éxito de taquilla (1,5 millones de asistentes) y narra, con un elenco de multipremiados, la historia de un joven magistrado que es llevado a Marsella para luchar contra el crimen organizado, en especial las mafias que exportan heroínas, a las que ataca con todo.

LISTA DE PELÍCULAS

Esta es la lista completa de los filmes, con un links en el que se puede ver la sinopsis

Florida

Caprice

El estío

El último diamante

Los recuerdos

La odisea de Alice

Riviera francesa

Siempre hay una primera vez

Mustang

Samba

Conexión Marsella

El caso SK1

Alas de libertad

En un patio de París

Mil noches, una boda

Edgar Ramírez interpreta a Roberto Durán en “Hands of Stone”

Bajo el guión y la dirección del venezolano Jonathan Jakubowicz (Secuestro Express), Edgar Ramírez se metió en la piel del boxeador panameño Roberto Durán. Hands of Stone, película protagonizada por Ramírez y Robert de Niro, en el papel del entrenador de “Manos de Piedra” Durán, se desarrolla entre la pelea y posterior revancha del panameño contra el también legendario Sugar Ray Leonard, interpretado por el músico Usher, en 1980.

El elenco de Hands of Stone lo completan Rubén Blades, Ana de Armas, Ellen Barkin y John Turturro. Su estreno en Estados Unidos está previsto para el 26 de agosto de 2016 y aquí pueden ver el primer adelanto del largometraje.

‘James White’: El viaje del héroe

Josh Mond viene de esa escuela de realizadores estadounidenses en la que se incluyen Antonio Campos, Sean Durkin o Nicolas Pesce, que se caracteriza por contar historias que en la superficie se sienten simples y terrenales, pero a la hora del análisis, no lo son tanto. Su ópera prima es protagonizada por Christopher Abbott –“Charlie” para quienes vieron las dos primeras temporadas de ‘Girls’–, quien se mete en la piel de James White, un aspirante a escritor que busca la manera de luchar contra sus demonios internos.

De primera mano se nos presenta a James en una larga secuencia en una discoteca, en donde las luces de neón, la ensordecedora música y los primeros planos desvelan la intención del director. Mond no tarda muchos minutos para poner en perspectiva el conflicto que atormenta a James: su vida. Fácil y sencillamente. Es algo tan general como específico, pues no sólo es la muerte de su padre lo primero que conocemos sobre el protagonista, sino que su madre, interpretada por una muy correcta Cynthia Nixon, sufre de un cáncer en etapa cuatro. Además de la certeza de que la muerte de ella llegará pronto, aún sufriendo la muerte de un padre ausente, James lucha consigo mismo. Con la posibilidad de conseguir un trabajo, con su aparente alcoholismo, drogadicción y adicción a las fiestas, James emprende un viaje de héroe en el que se apoya firmemente en personajes secundarios como su viejo amigo Nick (Scott Mescudi) y su pareja Jayne (Mackenzie Leigh).

El ojo de Mond es específico, con una sola orden: mira quién es James White, lo que hace, lo que quiere, lo que sufre. Muy pocas veces salimos de las composiciones que evidencian su trasnochado rostro, su barba de tres días y su andar por las calles. Christopher Abbott se pone sus mejores botas, y brilla a lo largo de la película, no solo mostrando el lado más sombrío del personaje. Cada uno de sus beats son tan creíbles como naturales, y esta es una de las mejores sensaciones que deja el film. A pesar de un muy buen estudio de personajes, el guión no presenta ideas demasiado nuevas o perspectivas transgresoras, sino que opta por adjuntarse a ese grupo de directores ya mencionados para contar un muy buen relato con personajes potentes. A pesar de desalentador, hasta el punto de acercarse al más grotesco espíritu de Michael Haneke, el relato concluye de forma tan esperanzadora como inconclusa. Detalle que junto a la propuesta estética, siempre desde la perspectiva y consciencia de James, reflejan la idea que mueve el film.

Lo que verdaderamente ha logrado Mond es poner a Christopher Abbott en la mira. Su magnífica interpretación es, de lejos, lo mejor de un film que plantea muchísimo, pero resuelve poco, cuestión entendible bajo la premisa perceptible del guión. Lo que sí es una certeza es que tanto Mond como Abbott demuestran que, bajo el mando del film en los dos costados de la producción, tienen el carácter y potencial más que necesario para continuar proponiendo interesantes historias.

Lo que no sabías de ‘The Shining’ de Stanley Kubrick

Para muchas personas de nuestra generación la década de los 80 es sinónimo de nuevas expresiones artísticas o el resurgir de otras. El cine no fue la excepción pues durante esos años se realizaron una serie de largometrajes que hoy por hoy son considerados como películas de culto, siendo fuente de inspiración para las nuevas generaciones de realizadores cinematográficos.

Stanley Kubrick (1928-1999), mente maestra detrás de The Shining, es uno de los directores de cine más reconocidos de la historia, famoso por las tramas de sus películas en las que la psiquis de la mente humana sirve de trasfondo de casi todas sus películas, al punto de llegar a incomodar al espectador. Kubirck también destaca por los planos perfectos que logró durante toda su filmografía, entre ella: Barry Lyndon (1975), A Clockwork Orange (1971) y The Shinning (1980). En estas tres películas contó con la colaboración de John Alcott, famoso director de fotografía y elemento clave para sus películas.

The Shining fue una obra escrita originalmente por Stephen King en 1977 y llevada a la gran pantalla en 1980. Sin embargo, no fue realizada como se esperó pues el director decidió cambiar varios elementos, agregar escenas o modificar considerablemente los pasajes del libro. A pesar de esas modificaciones fue un éxito para la época y sin duda alguna, es considerada como un clásico del subgénero de terror psicológico.

La locación escogida por Kubrick fue perfecta para llevar a cabo de terror que no es especialmente sanguinaria ni oscura, todo lo contrario. El famoso “hotel embrujado”  Overlook está hipotéticamente ubicado en las Montañas Rocosas de Colorado, Estados Unidos, un lugar perfecto en donde sus espacios amplios e iluminados envuelven al espectador en cada escena. En realidad, este hotel se llama “Timberline Lodge”, se encuentra en Oregón, Estados Unidos y recibió a Stephen King como huésped, dándole inspiración para su novela y posteriormente haría lo mismo con Stanley Kubrick durante la filmación de la película en sus instalaciones.

Los planos utilizados por John Alcott fueron sin duda alguna una de las características más importantes de esta magnifica obra de arte cinematográfica. Ejemplos de estos planos se pueden apreciar en cada escena en la que Jack Torrence (Jack Nicholson) se pasea en su triciclo por los laberínticos pasillos del hotel. Gracias a esas tomas, la angustiosa atmósfera de la película traspasa la pantalla y llega a los espectadores.

Otro elemento fundamental de la realización de The Shining fue la utilización del Steadicam para los movimientos de cámara, siendo la cuarta en la historia de disponer de este dispositivo y no de uno con más trayectoria como el Dolly. Esta escena en particular fue grabada por Garret Brown, inventor del Steadicam, quien quiso poner a prueba su invento ante la ambiciosa escena que proponía Kubrick. Es él quien graba a Danny casi al ras del suelo del hotel rodando en su triciclo e hizo posibles todos los giros que incluía el camino.

También es importante mencionar que gracias a este método de grabación se puede afirmar que la decoración utilizada en el hotel influye en la trama y se aprecia aún más gracias al steadicam. Este es el caso del estampado que tienen las alfombras de los pasillos del hotel y las habitaciones, todas con colores y estampados geométricos distintos.

Las paletas de colores utilizadas en las escenas, decoración y utilería en general de The Shining son hilos conductores de la película, aplicando la psicología del color vemos cómo el rojo en sus distintas tonalidades se ve en las locaciones y escenas más violentas, las cuales están asociadas a la locura de Jack. Poco a poco el color se vuelve más recurrente e incluso, más intenso, lo vemos en la escena del baño en la que Jack Torrence habla con Delbert Grady (Philip Stone); en el ascensor y, asimismo, las recurrentes visiones de Danny Torrence (Danny Lloyd) con un mar de sangre y detalles mínimos como la utilización del labial rojo que usó Danny en medio de su trance, la palabra “murder” (redrum), “asesinato” en español, aunque en la traducción aparece como “crimen” (nemirc).

La iluminación siempre será otro elemento primordial en las realizaciones cinematográficas. Lo curioso de esta película es que a diferencia de otros filmes del género no se caracteriza por esa escencia gótica u oscura que predomina en la mayoría de las películas de terror. En otras palabras, el terror de The Shining se fundamenta en la luz y no en la oscuridad.

Otro dato curioso de ella es que  fue grabada durante 14 meses pues el director, Stanley Kubrick, quería grabar las escenas en cada estación correspondiente. Algunas en primavera, la mayoría en invierno. De hecho, se puede pensar que todas las escenas fueron grabadas en la misma locación pero no fue así. El emblemático laberinto no existió en realidad, las escenas fueron grabadas en dos estudios de cine en Inglaterra y, para la escena final de la percusión nocturna  en  el laberinto que estaba completamente cubierto de nieve, se utilizaron bastantes reflectores para iluminar el sitio y para lograr la nieve se usó poliestireno expandido, mejor conocido como nieve artificial usado en los copos de nieve, también se utilizó sal para recrear las montañas de nieve. Para la fachada del hotel Overlook se recreó en el mismo estudio la fachada del Timberland Lodge.

Después de todo este pequeño análisis acerca de The Shining, aún quedan un centenar de detalles interesantes acerca de la película. Por ejemplo, una de las escenas más famosas del filme, en la que Jack Torrence luego de romper la puerta con el hacha dice “Here’s Johnny”, fue una línea improvisada por Nicholson y es considerada como una de las frases más famosas del cine.

Si tu interés por The Shining aumenta con este texto, te invitamos a ver dos de los documentales dedicados a la película, el primero fue grabado por la hija de Stanley Kubrick, Vivian, en él se muestra el detrás de escenas de todo el film y fue grabado para la BBC.

El segundo, es un documental se titula “Room 237”, fue dirigido por Rodney Ascher y trata sobre las teorias conspirativas de The Shining. Este último fue estrenado en el festival Sundance en el año 2012 y está disponible online.

Leonardo Dicaprio, el joven que supo elegir

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuenta la leyenda que el primer estímulo ante el que reaccionó en esta tierra fue un cuadro de Da Vinci, y que por eso la madre lo llamó Leonardo: porque fue contemplando una obra del genio renacentista cuando la criatura se manifestó con una patada. No se decantó por las bellas artes clásicas –aunque ahora en la adultez le ha dado por coleccionar cuadros–, sino por la más moderna, el cine.

Esa fue una de las pocas cosas en las que siguieron concordando sus padres tras un divorcio de camerino sucedido apenas un año después de su nacimiento: alentarlo a entrar en el mundo de la actuación. La madre lo llevó a Romper Rooms, un clásico de la televisión infantil educativa (41 años al aire) en el que no duró mucho por su carácter inquieto –“nadie me podía controlar. Corría de arriba abajo, y golpeaba a las cámaras”–; y el padre lo introdujo en el grupo de teatro vanguardista ‘The Mud People’.

Así las cosas, no era de extrañar que ya a los 12 años tuviera lo que ninguno de sus compañeros de clase: un agente y siete años de experiencia ante las cámaras, con comerciales, cortometrajes educativos, algunas participaciones especiales en series de televisión y hasta en telenovelas. Adolescente al fin, más que la actuación lo que le gustaba era la exposición. De hecho, con un maquiavelismo pragmático, en aquella primera etapa declaraba con desparpajo que sólo una cosa buscaba con su trabajo: que las niñas lo vieran.

Todo cambiaría con Vida de este chico (1993), su segundo film. No es exactamente un punto de inflexión en su carrera –eso vendría después con Titanic–, pero sí de su persona, una especie de epifanía en la que confirma que tiene madera de actor –Robert De Niro lo escoge entre 400 candidatos– y en la que sus prioridades se invierten: ya no la fama, sino los buenos papeles; ya no estrella, sino actor. Cosa que se confirma cuando decide interpretar a un joven con discapacidad mental en ‘¿A quién ama Gilbert Grape?’ (1993), en lugar del galán adolescente de cualquiera de las grandes franquicias de Disney. El papel es exigente, Dicaprio se esfuerza –“Trabajó muy duro en aquella película y pasó mucho tiempo investigando. Era muy organizado”, recordaba Johnny Deep, con quien compartió crédito– y al final obtiene su fruto: una nominación al Oscar y al Globo de Oro como Mejor Actor de Reparto.

Por eso, cuando recientemente algún impertinente entrevistador le hizo echar la vista atrás y buscar algo de lo que enorgullecerse, Dicaprio, ya cuarentón, no tuvo un atisbo de duda: “De las elecciones de aquel mocoso de 16 años que fue fiel a sus ideales”. Ese fue su kairos griego: el momento oportuno en el que se toma una decisión correcta que trasciende para toda una vida. De hecho, son esas dos películas, esas dos elecciones que en el fondo no son sino una apuesta por la actuación sobre el estrellato, las que explican muchas cosas. Es a partir de ellas que se entienden sus siguientes personajes –Jim Carrol (basquetbolista drogadicto), Arthur Rimbaud (poeta homosexual), Marvin (un joven pirómano en tratamiento psiquiátrico)–; así como lo reticente que se mostró para aceptar el papel de Jack Dawson en Titanic (1997), y lo desequilibrado que quedó: la que hasta 2010 fue la película más taquillera de la historia –$1.843 millones recaudados– lo lanzó al estrellato, lo consagró como ídolo de una generación, galán juvenil indiscutible, pero a su vez opacó ese talento por el que quería ser reconocido, y lo llevó a plantearse el abandonar la actuación y rechazar siempre cualquier protagónico romántico.

¿Fue un chiste, fue la vida o una mueca del destino? Su sueño de niño se cumplía: no sólo las niñas, también las jóvenes y todas las mujeres se rendían ante él; lo que en algún momento había querido lo conseguía, pero de aquel que actuaba para ser visto quedaba poco: “Odiaba que se me considerara un chico guapo, como si eso fuera lo único que se esperaba de mí”. Y con odio respondía: “Tengo pocas emociones, nunca me he enamorado y no creo en el matrimonio”. Si lo querían amoroso, él sería frío y descorazonado. Si lo querían caballero y centrado, él sería casanova –dos novias modelo tuvo ese año–. Si lo querían muy correcto, fumaría cajetillas enteras sin reparo. Si lo querían taquillero, él se irá por lo alternativo –Celebrity (1998)– y malo –El hombre de la máscara de hierro (1998), La Playa (2000)–.

Era un veinteañero insatisfecho y descontento, que halló en el ecologismo una forma de drenar. No es casualidad que allí comience su militancia verde, causa a la que le ha dado desde su cuenta de Instagram, hasta parte de su discurso del Oscar, pasando por su propia higiene –se baña dos veces por semana para ahorrar agua y no usa desodorante, según The Enquirer– y los miles de dólares que anualmente invierte en proyectos, cenas benéficas, donaciones a fundaciones y demás. Una búsqueda de redención, según algunos –cuando grabó La Playa lo acusaron a él y a todo el equipo de causar destrozos irreparables en la isla tailandesa de Phi Phi–; una impostura, según otros –su vida de lujo, usando jets privados altamente contaminantes, no se corresponde con la causa–; y un motivo de vivir, un sentido de la vida, para él.

Quien lo devuelve al redil y lo salva del naufragio es Martin Scorsese, cuando le ofrece la rareza de papel que tanto necesitaba: uno en el que la única manera de triunfar era gracias a su talento y a pesar de su físico. Y es que “el rostro de ángel travieso” de poco servía para interpretar a Amsterdan, un cruel y sanguinario gánster de la Nueva York de mitad del siglo XIX, por lo que tendría que demostrar de qué estaba hecho. Es allí, con Gangs of New York (2002), cuando propiamente se puede comenzar a hablar de una resurrección de Dicaprio. Un episodio proverbial –más teniendo en cuenta que ese mismo año había sido considerado para Spiderman o Star Wars– que marca el inicio de una muy buena década en su vida: la tercera, la de la consolidación.

Los 30 le llegan justo con otra película de Scorsese: El Aviador (2004), la segunda de cinco memorables cintas –Infiltrados (2006), La Isla siniestra (2010), El Lobo de Wall Street (2013)–, en las que trabajarán juntos con una admiración rendida de lado –“toda la vida me he preguntado cómo puedo hacer para ser como Martin”– y lado –“no hay palabras para describir la profundidad psicológica a la que Leonardo va cuando actúa”–. Diamantes de sangre (2007) e Inception (2010) son también otros dos hitos en su carrera, al que hay que añadirle Sólo un sueño (2008), en el que vuelve a protagonizar con Kate Winslet, luego de Titanic y de la promesa hecha por ambos de no volver más nunca a hacer películas románticas. Allí, entre el ocaso de la juventud y el comienzo de la adultez, Dicaprio se consolida como uno de los grandes del cine.

Su vida personal, mientras tanto, camina en paralelo con la estabilidad profesional: una relación de cinco años con Gisele Bündchen (2000-2005) y otra de seis años con Bar Refaeli (2005-2011). Y así como poco a poco comienza a quedar definida la clase de papel que le gusta –“personajes de peso”–, lo mismo pasa con el tipo de mujer: rubia, de curvas exuberantes y de profesión modelo. “Como su madre de joven”, a decir de quienes la conocieron. El equilibrio del que goza se nota hasta en sus nuevas opiniones sobre el amor –”Todos vamos detrás del amor, ¿no? El amor es de lo que realmente todos estamos hambrientos”–, el matrimonio –“ahora creo absolutamente en él y quiero casarme”– y en el hecho de que comienza a ver la paternidad como una opción –“cuando veo a los niños de mi familia, la idea de tener hijos no me parece demasiado lejana”–.

Imposible dejar por fuera las tres veces que en esos años se encuentra de frente con la muerte, esa que tanto conoce por los finales de sus personajes: buceando en Suráfrica un tiburón blanco se mete en su jaula –“estuvo a un brazo de distancia de mi cabeza”–; volando a Rusia estalla uno de los motores del avión en el que iba –“el ala entera explotó en una bola de fuego. Fue una locura”–; y un paracaídas se le enreda y no le abre luego de un salto –“pensé que caía en picada a la muerte”–. “Mis amigos me han nombrado la persona con la que menos desean hacer aventuras extremas”, bromea.

La cosecha de esos años y experiencias se aprecia claramente en las varias declaraciones que se recogen de esa época. Es un Dicaprio maduro, serio y hasta reflexivo. Parece darle la razón a Time, que lo había elegido como el twittero más inteligente de USA. Atrás queda el veinteañero invulnerable, atrás las imposturas, y las provocaciones. Ahora es capaz de reconocer las cosas que lo atormentan –“La soledad es mi demonio personal. Hay momentos en los que me doy cuenta de lo solo que estoy y lo lejos que me encuentro de llevar una vida normal”–; de decir que en su profesión no todo lo que brilla es oro –“Estás aislado de amigos, familia y de tu novia. Eso es brutal. El mundo sigue girando mientras tú estás atascado en el juego. Es como una extraña forma de amnesia cotidiana”–; que hay cosas más importantes que el trabajo –”Justamente he estado pensando en qué pequeño es el trozo de mi existencia que ha sido vivido de forma normal y qué importante es que la vida signifique más que el trabajo”–; y que la vida es, debe ser, algo más –”Necesito tiempo para reflexionar y saber que hay otras cosas en la vida igualmente interesantes y merecedoras de mi atención”–.

Django Unchained (2012), El Gran Gatsby (2013) y El lobo de Wall Street (2013) son las últimas películas que hace antes de montarse en los cuarenta. “De una forma extraña las tres están relacionadas con el sueño americano, con el dinero, el éxito, la ambición por encima de cualquier sentimiento de humanidad o de cualquier ley”. De una forma extraña, la primera y la última no dejan de ser un retrato en negativo, una definición por oposición, del Dicaprio cuarentón: exitoso, sí; adinerado, también; pero con conciencia. De alguna forma extraña, Gatsby, la del medio, no deja de perfilarlo a él: “un soñador que trabaja incansablemente para convertirse en ese gran hombre que quiso ser desde niño”. ¿Ha logrado Leonardo ser ese hombre? “Ahora estoy por fin en ese momento en el que me doy cuenta del gran viaje que ha sido mi vida, que he sido capaz de hacer realidad mis sueños de juventud”. Un viaje que no estuvo exento de dificultades –”Hollywood está lleno de tentaciones y posibilidades de llevarte por el camino equivocado a un mundo del que siempre he intentado estar apartado”–, pero en el que logró vencer. “Como dice mi madre, me tocó la lotería. No fue un accidente, porque siempre quise ser actor, pero tuve la suerte de hacer Vida de este chico y ¿A quién ama Gilbert Grape?”“.

Por eso, el domingo pasado, bajo la piel del intérprete cuarentón y consagrado, quien verdaderamente recogía el Oscar no era otro sino “aquel mocoso de 16 años que fue fiel a sus ideales” y escogió ser actor antes que estrella. Aplausos de pie para él.

“Spotlight” se llevó el Oscar a Mejor Película

“Los periodistas estamos acostumbrados a hacer preguntas complicadas, pero aquello fue demasiado”, dijo Sasha Pfeiffer, periodista de “Spotlight”, la unidad de investigación del diario ‘The Boston Globe’ que destapó en 2002 casos de pederastia dentro de la arquidiócesis de Boston, historia que inspiró el largometraje del mismo nombre que anoche fue reconocido como “Mejor Película” en la edición número 88 de los Premios Oscar. Como señaló El País, “Spotlight” es “una reproducción sin adornos de la investigación”, merecedora del Premio Pulitzer en 2003. Una historia que recuerda la importancia del periodismo de investigación, ese que requiere tiempo, dedicación, paciencia, curiosidad y recursos, pero al que tan poco se le apuesta ahora cuando los clics superan en muchos casos la rigurosidad del periodismo. La película dirigida por Tom McCarthy también se llevó el reconocimiento a “Mejor Guion Original”. La ganadora en las categorías técnicas fue “Mad Max: Fury Road”, con 6 galardones, entre ellos “Mejor Edición” y “Mejor Diseño de Producción”. Este año los ojos de millones de televidentes estaban en el premio a “Mejor Actor”, reconocimiento que finalmente –después de seis nominaciones– fue entregado a Leonardo Di Caprio por su interpretación de Hugh Glass en “The Revenant”.

Aquí puedes conocer todos los ganadores:

Mejor película: “Spotlight” (Ganadora)

Mejor actor: Leonardo DiCaprio, “The Revenant”

Mejor actriz: Brie Larson, “Room”

Mejor actor de reparto: Mark Rylance, “Bridge of Spies”

Mejor actriz de reparto: Alicia Vikander, “The Danish Girl”

Mejor dirección: “The Revenant”, Alejandro G. Iñárritu

Mejor guión original: “Spotlight”, Josh Singer y Tom McCarthy

Mejor guión adaptado: “The Big Short”, Charles Randolph y Adam McKay

Mejor diseño de vestuario: “Mad Max: Fury Road”, Jenny Beavan

Mejor diseño de producción: “Mad Max: Fury Road”, Colin Gibson y Lisa Thompson

Mejor maquillaje y peluquería: “Mad Max: Fury Road”, Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin

Mejor fotografía: “The Revenant”, Emmanuel Lubezki

Mejor edición: “Mad Max: Fury Road”, Margaret Sixel

Mejor edición de sonido: “Mad Max: Fury Road”, Mark Mangini y David White

Mejor mezcla de sonido: “Mad Max: Fury Road”, Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo

Mejores efectos visuales: “Ex Machina”, Andrew Whitehurst, Paul Norris, Mark Ardington y Sara Bennett

Mejor corto animado: “Bear Story”, Gabriel Osorio y Pato Escala

Mejor película animada: “Inside Out”, Pete Docter y Jonas Rivera

Mejor corto documental: “A Girl in the River: The Price of Forgiveness”, Sharmeen Obaid-Chinoy

Mejor película documental: “Amy”, Asif Kapadia y James Gay-Rees

Mejor corto de ficción: “Stutterer”, Benjamin Cleary y Serena Armitage

Mejor película extranjera: “Son of Saul”, Hungría

Mejor canción original: “Writing’s on the Wall” (“Spectre”), Jimmy Napes y Sam Smith

Mejor banda sonora original: “The Hateful Eight”, Ennio Morricone