El caballo viejo que sigue galopando

Cuando Bettsimar Díaz tenía 14 años, decidió guardar bajo la cama una copia de cada nuevo álbum que sacara su padre o, en general, de cualquier manifestación –por cotidiana que fuera– de la genialidad de este. Bajo la cama de la adolescente, en vez de monstruos, fueron a parar desde recortes de prensa hasta caricaturas de la autoría de su padre, incluyendo cualquier frase dicha al vuelo que Bettsimar no dudaba en copiar en algún papelito. Transcurría el año 1979. Tres años antes, Simón Díaz había lanzado su disco Tonadas 2, el cual significó un punto de quiebre en su carrera: el momento en el que pasó de ser una talentosa celebridad a iniciar su conversión en uno de los músicos más importantes de la historia de Latinoamérica. Lo suyo ya no era solo vender discos, sino fraguar una obra trascendente. Por la casa de los Díaz desfilaban figuras que encontrarían una notoriedad similar: Cantinflas se sentó en el sofá de la sala, Juan Gabriel fue un muchachito delicado que no quiso meterse en una piscina que juzgó muy fría, Pedro León Zapata se cansó de repartir abrazos y Adriano González León conversó sin parar. Las mentes brillantes, dicen, se reconocen entre sí. Pero cabría preguntarse si Simón sospechaba el peso que tendría su obra. En un país empeñado en que todo gire alrededor de las novedades de Caracas, este canta autor usó su experiencia en los llanos (digna del realismo mágico de Gabriel García Márquez) para explorar temas universales que lo llevaron a un reconocimiento mundial. Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Plácido Domingo, Celia Cruz, Julio Iglesias, Gilberto Santa Rosa y Rubén Blades, fueron solo algunos de los muchos artistas que cantaron junto a Simón o bien versionaron alguna de sus canciones. De su obra más conocida, Caballo viejo, se conocen más de 300 versiones. Mismo número que da nombre a una famosa película sobre espartanos. Y es que con actitud de guerrero mitológico, Tío Simón emprendió la tarea de dar a conocer a Venezuela a través de tonadas que protagonizaban personajes llaneros. Su éxito fue tan notorio que hoy día pocos, muy pocos, recuerdan que alguna vez fue un humorista que cantaba a dueto con Horacio Blanco para, primero, parodiar cuñas de televisión; y luego, para explorar otras formas de humor, algunas de las cuales despertaron sensibilidades. Aunque en esa etapa de su vida, la que antecedió a su creativa época como compositor, se relamió en las mieles del éxito, lo mejor, como ya sabemos, vino después. Venezuela es un país que debería presumir, quizá hasta el hartazgo, del único caballo de nuestra identidad que no tiene nada que ver con guerras, militares o figuras bélicas. Al único caballo civil, pues. Ese que, cuatro años luego de la muerte del artista que lo concibiera, sigue galopando con el ímpetu de un potro. Y eso que es un Caballo viejo. Sucede, ya se sabe, que las grandes obras superan a los artistas para llegar adonde estos no pueden: a la inmortalidad.

 

Por Mark Rhodes

Laura no está, un tema noventoso, egoísta y popular

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Que Laura no está, que Laura se fue es una de las pocas certezas que tenemos los que crecimos en los 90’s. Una verdad musical y generacional que está grabada en nuestra memoria, y que nos enseñó un italianito llamado Filippo Neviani, al que todos conocimos por Nek, y del que, a pesar de seguir activo (en octubre  de 2016 sacó otro disco, el número 13 de su carrera), más nunca hemos vuelto a saber.

Es un tema de despecho y de desprecio. De un hombre al que abandonan, que sigue enamorado de la mujer que lo dejó, pero que no pierde la oportunidad de estar con otra. Hasta aquí todo (o casi todo) normal. Un clavo saca a otro, ya se sabe. Sólo que quien canta no tiene la intención de sacarse a Laura, sólo pasarla bien un rato y ya. Y así lo hace saber, se lo hace saber, a esa mujer. Es honesto, sí, como el que más, pero con una honestidad que se acerca al descaro, raya en el cinismo y deja ver en el fondo un cierto desprecio por ese otro clavo al que constantemente le echa en cara que no vale la mitad de lo que Laura.

Laura no está, Laura se fue
Laura se escapa de mi vida 

¿Qué tuvieron esas primeras líneas para hacernos reaccionar como el perro de Pavlov y saltar a decir un “Laura (o fulanito) se fue” nomás escuchar que Laura (o fulanito) no están? Misterios del modo de ser de los mortales, que diría el Pascual Duarte de Cela. Pero lo cierto es que esa primera frase, sin ser brillante, siendo más bien sencilla y simple, quedó convertida en una de antología, casi célebre.

y tú que sí estas, preguntas por qué
la amo a pesar de las heridas.

Aquí ya vamos empezando a divisar los primeros vestigios de conflicto. Hay cuentas claras, sí: ella sabe de Laura, sabe que existió, que lo hirió y, peor aún, que la ama. Que todavía la ama. Y, claro, inquiere, fastidia. Serán unas preguntas amargas: ¿por qué la amas? Ella te hizo daño, te causó heridas, ¿por qué la amas?, ¿por qué no a mí que estoy aquí?

Lo ocupa todo su recuerdo
no consigo olvidar
el peso de su cuerpo.

Él se reafirma en lo mismo. Laura está presente, omnipresente, lo ocupa todo. Curioso que lo inolvidable sea precisamente el peso de su cuerpo. Esto, comparando mujeres, podría ser una alusión indirecta (y corrosiva) a otra cosa.

Laura no está, eso lo sé
y no la encontrare en tu piel
es enfermizo, sabes que no quisiera
besarte a ti pensando en ella.

La primera línea pareciera ser la respuesta a uno de esos reproches incómodos. Como si ella le estuviera machacando constantemente que “Laura no está”, y él, harto, le dijera: “eso lo sé”, pero luego se desquita, le clava la daga: “y no la encontraré en tu piel”. Duro, ¿no? “Es enfermizo, no quisiera”, dice apaciguado, como excusándose, para luego volver con otro puñal: cuando te beso pienso es en ella. Sorry, darling.

Esta noche inventare una tregua
ya no quiero pensar más
contigo olvidare su ausencia.

Se inventará una tregua. ¿Por qué? Porque no quiere pensar más. No por ella, por él: está cansado, pobrecito. “Contigo olvidaré su ausencia”: una línea utilitaria, ‘te voy a usar para’. Y no para ser feliz, construir un mundo juntos o una cursilería así. No. Nada de eso: para olvidarla a ella.

Y si te como a besos, tal vez
la noche sea más corta, no lo sé
yo solo no me basto, quédate
y lléname su espacio, quédate.

Es es el primer coro. Una suposición: si te como a besos la noche sea más corta. Nuevamente el fin utilitario: te voy a usar para que esa noche insoportable que paso recordándola a ella se haga más corta, pase más rápido. Para ver si. Porque tampoco tengo la certeza. “Yo solo no me basto”, ojo: no es quiero estar contigo, es que me fastidio solo y quiero llenar su espacio con alguien, por eso te pido que te quedes.

Laura se fue, no dijo adiós
dejando rota mi pasión,
Laura quizá ya me olvido
y otro rozo su corazón.

 

Y yo solo sé decir su nombre
no recuerdo ni siquiera el mío
quien me abrigara este frio.

Nuevamente volvemos a Laura, esa obsesión. Se fue sin despedirse, lo dejó roto. Él cavila en voz alta: quizás lo olvidó, quizás tiene otro. Y él obsesionado: sólo sabe decir su nombre, no recuerda ni siquiera el suyo. Y como corderito desamparado, se hace la pregunta: “¿quién me abrigará este frío?”. Nuevamente el yo como centro de todo.

Puede ser difícil para ti
pero no puedo olvidarla.
Creo que es lógico: por más que yo
intente escaparme… ella esta.

Después de otro coro viene esta estrofa, entre honesta, comprensiva y lúcida. Le concede que no debe ser fácil para ella, pero le dice la verdad (no puede olvidarla), y sigue mostrando lo obsesionado que se encuentra: “por más que intente escaparme, ella está”. Tenemos un problema, Houston.

Unas horas jugare a quererte
pero cuando vuelva a amanecer
me perderás para siempre.

Esta es, quizás, la estrofa más dura de la canción. “Jugaré a quererte”: mi cariño es un juego, algo lúdico, de mentira, y va a durar lo que dure la noche, porque cuando amanezca de nuevo ya no voy a estar, “me perderás para siempre”. Es honesto, sí, por lo menos, ¿pero eso se le dice a alguien? ¿No hay allí, en el fondo, un poco de desprecio? ¿No es demasiado cínico?

Y si te como a besos sabrás
lo mucho que me duele este dolor
no encontrare en tu abrazo el sabor
de los sueños que Laura me robo.

En el tema, esta estrofa se canta con todo. Arranca como el coro, pero cambia inmediatamente. Ya no hay una suposición (tal vez), sino una certeza: sabrás. ¿Qué? “Lo mucho que me duele este dolor”. Una redundancia, una mala traducción quizás, una perogrullada que raya en la tontería, porque claro que los dolores duelen. Ella le da paso a la más incoherente de las líneas: “no encontraré en tu abrazo el sabor de los sueños que Laura me robó”. Y evidentemente: los abrazos no saben y menos los sueños, encontrar eso en un abrazo es imposible. ¿Quién permitió que eso se cantara así? ¿Quién dejó pasar por alto esa gran incoherencia? ¿Cómo esto se pudo cantar sin que nadie levantara la ceja al llegar a este punto? ¿Qué mal traductor -el tema original es en italiano- tuvo este descuido, hizo esta maldad?

Si me enredo en tu cuerpo sabrás
que solo Laura es dueña de mi amor
no encontrare en tu abrazo el sabor
de los besos que Laura me robo, me robo.

Otra primera línea demoledora, seguida de otra incoherencia. “Si me enredo en tu cuerpo, sabrás que solo Laura es dueña de mi amor”: o sea, ni sueñes, querida. Laura y sólo Laura, más ninguna. Ni tú. “No encontraré en tu abrazo el sabor” (¡qué empeño en buscar sabores en los abrazos!) “de los besos que Laura me robó, me robó”. Aunque al menos hay una coherencia entre besos y sabores, por lo menos, es un cierre de regular a malo, con el que termina un tema que sonó y se cantó mucho, pero a cuya letra poco caso le hicieron.

REVIEW: “Keys of Mine” – Luca Bash

Por: Humberto González | @bertgonzalezb 

Hay algo más que característico en la música, y eso es la voz. La música de Luca Bash pasa por este amplio filtro de caracterización, en el que sus cuerdas vocales son lo que más nos van a evocar las sensaciones necesarias para entrar de lleno en su música. “Keys of Mine” es el nuevo álbum del cantautor italiano, y es un disco que emana complejidad musical y gran capacidad interpretativa, además de una necesidad evidente de hacerse sentir a través de las letras.

La primera canción que escuchamos en el álbum es “Backstage”, un tema que evoca la sensación de que existe una ruptura interna en Bash. Una ruptura que es difícil encontrar en todos los músicos. No una ruptura en el sentido amoroso, sino en el sentimental. Un personaje roto que para poder hacer la música que hace, debe permanecer de esta forma. Es por eso que vale más la pena hablar de “Keys of Mine” en el sentide de las sensaciones, que en el sentido de la musicalidad, aunque esto mismo lo da la propia música, redundantemente.

“Backstage” es quizás el tema más light del álbum, pues las situaciones se oscurecen junto a la música, y las letras toman un rumbo un tanto más preciso y serio en el resto del álbum. Todo esto desde la propia naturaleza de “Keys of Mine”. Esto es más que evidente en “Fair White Lies”, en el que la voz de Bash adquiere graves hasta ahora inéditos en el resto de los temas.

Esto habla no solo de la amplitud de capacidades de Bash como músico y cantante, sino de la amplitud de versiones de la misma persona, que es una de las cosas que Bash intenta promover a través del álbum, no solo con la repetición de recursos, sino con la variación de lo que es capaz de hacer.

“Keys of Mine” es un álbum largo, y a veces con la posibilidad de tornarse tedioso, pero es un buen álbum y una buena propuesta del italiano para conseguir un puesto, así sea efímero, en los oídos del escucha.

Lorena Pereira: “Mi meta es mostrar con honestidad lo que soy por medio de la música”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuando era pequeña, en la casa de Lorena Pereira no sonaba un despertador sino un cuatro. Lo tocaba su padre a las 5 de la mañana, y de esa singular manera las despertaba a ella y a su hermana cuando tenían que ir al colegio. Con tales amaneceres, su vocación musical prácticamente no necesita explicación. Todavía menos con el dato de que esa casa estaba en Barquisimeto, la ciudad musical de Venezuela, y de que ese padre que tocaba el cuatro y su esposa eran (son) instrumentistas y cantantes. Una familia musical, como la define ella ahora, en la que hay también tíos y primos dedicados al oficio, y en la que lo extraño hubiera sido que la pequeña Lorena, que a los 10 años cantaba boleros, que pertenecía al Coro Sinfónico de Venezuela y a los Niños Cantores, y que participaba en cuanto festival o concurso musical había en una ciudad cuya fama se debe a ellas ellos, no hubiera sido cantante. Pero lo es. Y ahora, luego de una travesía como corista de artistas archi conocidos y de unas cuantas presentaciones haciendo covers en Miami, donde vive desde 2014, ha decidido que es el momento de sacar su propio disco y mostrarle al mundo lo que tiene que ofrecer.

-¿Cuál es tu meta?

-Mi meta es mostrar con honestidad lo que soy por medio de la música. Yo no busco reconocimiento de la gente por ‘xs’ cosa, sino que realmente disfruten lo que estoy haciendo. Me tardé un poco en creerme el rollo de que la gente podía disfrutar de mi talento como artista principal porque siempre estuve detrás del artista. Y no por tener baja autoestima, sino porque nunca me lo había planteado de esa manera.

-¿Cómo es la música que quieres mostrar?

-Es una música que deja al descubierto mi personalidad. Yo me considero alegre, optimista y sensible. Y así tal cual como soy va mi disco: va a haber merengue, salsa, reggae, un poco de pop.

-¿Siempre quisiste ser cantante?

Sí. Siempre. Desde niña. Era algo como natural. No fue una sorpresa realmente.

-¿Te venía moldeando la familia?

-Sí. Sobre todo por parte de mamá, donde hasta mi abuela, que era músico. Lo mismo mis tíos. Tengo un primo que estuvo en Salserín. Mis papás son músicos activos actualmente. Cantantes e instrumentistas.

-¿En qué momento descubres o confirmas que tienes madera para ello?

-Eso se dio de una manera súper natural. No recuerdo que me haya sentado un momento o haya puesto mi cabeza sobre la almohada y haya dicho: esto es lo que quiero hacer y vivir de esto. Todo se fue dando de una manera natural.

-¿Qué es la música para ti?

-Es todo. Es mi vida. En mi vida no hay sentido alguno si no existe la música. Es mi refugio. Mis ganas de salir adelante. Mi empuje, mi impulso, mi añoranza. La música ha sido el impulso para todo. En una palabra: todo.

-¿Cuánta música escuchas al día?

-Imposible saberlo. Siempre estoy escuchando música. Si no tengo el radio puesto, puedo estar cantando de forma inconsciente. Mi esposo dice que canto hasta dormida. Escucho reggaetón, ballenato, bolero, bossa nova, música cubana, venezolana, brasilera. Escucho de todo.

-¿Pero debe haber algún género que no te guste?

-Jamás van a encontrar en un playlist mío música grupera mexicana, tampoco trap. No los soporto. El reggaetón antes no me gustaba y, aunque no lo escucho mucho, aprendí a valorarlo un poquito cuando me tocó interpretarlo, porque no es fácil. Ya no lo desecho por completo.

¿Cuál es tu género favorito?

-El pop balada. Ese es el género en el que me muevo como pez en el agua. Que más disfruto. Que me llena. No tengo que estar triste para escucharlo ni me pone triste tampoco. Puede ser una canción de despecho, de desamor, sin embargo no cambia mi estado de ánimo. Es mi favorito tanto para escucharlo como para interpretarlo.

-Hablemos de canciones. Dime una canción que te haga llorar

-Es algo loco pero la canción que me quiebra es un tango que se llama “Nostalgia” porque me trae muchos recuerdos de mi abuela, que me la cantaba.

-…una que te haga feliz

-“Son de la loma”. Porque me recuerda las guatacas que se formaban en la casa. Y me remonta a esos momentos tan bonitos

-…una que te recuerde a Venezuela

-“Venezuela”, literal. No puedo escucharla porque se me parte el corazón cada vez que la escucho.

…una canción que te recuerde a Barquisimeto

-“El retorno”. De Isaac del Moral. Es una canción a Barquisimeto, que interpreté muchas veces de muchachita y hace que se me quiebre la voz, pero no de tristeza sino de nostalgia, de esos momentos bonitos.

-…una que te recuerde a la infancia

-Coye, mira. La de ‘El club de los tigritos’. Ese fue el ‘Somos tú y yo’ de mi época.

…una que te recuerde a la adolescencia

-“Primer amor”, de Servando y florentino.

-…una canción para enamorarse

-“Bachata rosa”, de Juan Luis Guerra

-…una para despecharse

-“Buen perdedor”, de Franco de Vita

-…una que te haga bailar

-“El cuarto de tula”

…una que tengas pegada ahorita.

-No te vas, de Nacho.

-¿Los cantantes son buenos bailarines?

-En mi caso considero que soy una buena bailarina, sin técnica y sin tener que estar haciendo maromas, sino una bailarina que sencillamente deja llevar por el momento. Me encanta sobre todo bailar salsa.

-Hablemos ahora de los artistas con los que has trabajado, porque veo que has sido corista de una cantidad considerable de ellos. Yo te voy a dar el nombre y tú me los describes en una palabra:

-Marc Anthoni

-…fuego

-Marco Antonio Solís

-…caballerosidad.

-Natalia Jiménez

-…sublime

-Alejandro Fernández

-…elocuente

-Farruko

-…una sorpresa. Porque cuando a mí me dicen que voy a trabajar con él yo digo: ‘ok’. Y veo que el tipo canta. Y lo hace muy bien. Y eso fue una sorpresa súper grata.

-Víctor Manuel

-…swing

-Jean Carlo Canela

-…novedad

-Miguel Bosé

-…experiencia

-Rosario Flores

…mira, yo te puedo decir mil cosas de esa mujer, pero lo que más sentí en ella fue el arraigo a su tierra. Ella se siente orgullosa y eso me impactó muchísimo. Es perseverante, luchadora por sus raíces: no tiene que estar haciendo reggaetón ni nada de eso, hay para todos los gustos.

-¿Cuán satisfecha te encuentras en este momento?

-Plena. Plena. Por todas las cosas que he logrado y los proyectos que tengo en camino.

[Puedes escuchar “Ven”, el primer sencillo de Pereira aquí]

Los caminos de la vida o el vallenato universal

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Seis de la tarde de un día de semana cualquiera en Chacaíto. En una de las cervecerías con terraza que está frente a Beco suena a todo volumen un vallenato. Nada que no se haya escuchado antes (y con frecuencia) por allá. Pero hay un hecho singular que altera la cotidianidad de la escena: que todos los que pasan frente al local cantan. Todos.El que más y el que menos. De quien uno se lo espera y de quien no. Lo cantan. Se lo saben. Se lamentan. Y ya por eso, porque es un tema capaz de superar las barreras del recelo y la aversión que suele generar el vallenato, género finalmente extranjero, y de llevar a la gente, en esa Calcuta caraqueña que es Chacaíto, a cantar, merece una nota.

¿Cuál es ese tema?

¡Los caminos de la vida!

No hay dato que lo sustente, pero cuenta la leyenda –publicada en el semanario ‘La Calle’ y replicada luego por infinidad de páginas webs– que se trata de “la canción netamente vallenata más conocida en el mundo entero (…) después de ‘La gota fría’, de Carlos Vives”. No hay dato que lo refrende, pero podría ser verdad y para muestra el botón de ese coro espontáneo de Chacaíto. Y lo más curioso es que, salvo para los más entendidos en vallenato, el nombre de su autor bien podría no decirle nada al común de los mortales: Omar Geles. No Diomedes Díaz, no Rafael Orozco, no Jorge Celedón, no Carlos Vives o cualquiera de los pocos vallenateros con los que uno pudiera sobrevivir en una sesión de cultura chupística. No: Omar Geles, que, para que se sepa, es algo así como un Midas de los discos de oro, un hombre cuyo nombre que se ha convertido en condición ‘sine qua non’ para cualquier vallenatero que quiera tener éxito, casi un Estefan del género, como lo definió ‘El Tiempo’ de Bogotá.

Compuesta en 1992 y grabada en 1993, ‘Los caminos de la vida’ fue escrita en un cuaderno de hojas amarillas como producto de una experiencia amarga: el abandono del padre de Geles y el sacrificio de su madre para salir adelante con dos niños. “Es producto de mi  vivencia en la niñez, cuando tuvimos que afrontar muchas dificultades y necesidades luego de que mi padre nos abandonara”, contó él una vez. Pero ello no basta para explicar su éxito y su pegada, al menos no del todo, por más que sea la nuestra una tierra de padres ausentes, madres solteras e hijos abandonados

¿Qué tiene entonces el tema, qué tiene esa letra, para conectar con la gente? ¿Dónde está la clave del éxito?

Probablemente, en ese desencanto existencial, experiencia común a todos los mortales, con el que arranca y que luego repite constantemente:

“Los caminos de la vida / no son como yo pensaba / como los imaginaba / no son como yo creía”.

“Los caminos de la vida / son muy difícil de andarlos / difícil de caminarlos / yo no encuentro la salida”

Suena cándido y si nos apuramos tonto, una cosa de Perogrullo, a la que se le podría responder con un antipático ‘¿y qué pensabas?’, pero que, por el contrario, no deja de ser algo por lo que todos solemos pasar repetidamente a lo largo de la existencia: pérdida de ilusión, desencanto con el mundo, decepción vital, no saber qué hacer. Es seguramente la más común de las experiencias: que nada es como se espera. Y cantada en clave de vallenato, género que se presta para el lamento triste y sentido, suena poderoso. Allí está la receta:

Experiencia triste común a todos los mortales +

género que se preste.

Y no importará la época, llegará al corazón de todos.

Sin embargo, la canción es más que el coro, y en aquellas estrofas que siguen está la historia tan latinoamericana de la madre abandonada y echada pa’lante que cría a los hijos con esfuerzo, y el agradecimiento de esos hijos que ahora quieren retribuirle todo que hizo, lo cual también es (sea por el abandono o por las ganas de honrar a sus mayores que tiene casi todo hijo) una experiencia y un deseo bastante común.

Pero…los caminos de la vida: a pesar de todo el esfuerzo que hizo, la señora, que ya está mayor, la pasa mal, sufre, y los hijos no tienen cómo ayudarla. Esa esa difícil situación la que motiva su lamento. Es lo que lo lleva a sentarse y decir que no, que los caminos de la vida no son cómo él esperaba, que no recompensan el esfuerzo, que no retribuyen las buenas obras. Es un hombre que sufre (“yo sufro mucho madrecita al verte / necesitada y no te puedo dar”), está de manos atadas (“a veces lloro al sentirme impotente / son tantas cosas que te quiero dar”), en una encrucijada que no halla cómo resolver (“yo no encuentro la salida”), pero contra la que promete combatir con todo (“voy a luchar incansablemente”) para librar a su madre (“que de ella se aparte todo el tormento”), ya queella“no merece sufrir más”.

Y como siempre sucede ante una situación así, a la cabeza lo que le viene es todo malo y horrible:

Y por ella no me quiero morir
Tampoco que se me muera mi vieja
Pero qué va si el destino es así
(…)

Un amigo me decía
Recompensaré a mis viejos
Por la crianza que me dieron
Y no le alcanzó la vida

¿A qué viene plantearse allí la posibilidad de su propia muerte, él, que por lo que se entiende es joven, y de recordar a aquel amigo al que se le murieron los padres antes de poder recompensarlos? ¡A que es humano! No son líneas magistrales pero sí muy reveladoras, simpáticamente reveladora, si el adverbio en semejante tragedia, de cómo funcionamos los humanos ante situaciones que nos sobrepasan: pensando lo peor y, claro, con más o menos fe, rezando:

Por eso te pido a ti, mi Dios del cielo
Para que me guíes al camino correcto
Para mi viejita linda compensar

¿Podrá? ¿No podrá? ¡Quién sabe! ‘Los caminos de la vida…’.

 

‘Robando azules’ o aquellos ojos que conquistaron a Yordano

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Caer rendido ante unos ojos. Sucumbir a una mirada. Que dos pupilas paren el mundo. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Todos hemos sido víctimas del hechizo. Pero nadie lo ha cantado como Yordano, que es, definitivamente, uno de los más grandes compositores que ha tenido nunca Venezuela. Y aunque letras sobran para demostrarlo, baste la de hoy para reforzar esa verdad: se llama “Robando azules”, fue el tercer sencillo de ‘Finales de siglo’ (1990), su quinto álbum de estudio, durante 5 meses sonó a las 9 de la noche en RCTV como tema de la telenovela ‘Caribe’ y es una auténtica joya. ¿Por qué? Porque sin caer en clichés y lugares comunes, sin repetir los tópicos de siempre, adjetivando de una manera notable, cuenta de modo sublime la experiencia del arrobamiento por una mirada.

“Vida hay una sola y yo / yo quiero perderla / en la insostenible brevedad de su mirada”. Es un comienzo de entregado, de rendido. Desde la primera línea entramos en el hechizo de esos ojos, dignos del sacrificio de una vida entera, esa que solo hay una y que no se repite. Es notable el hecho de que Yordano prescinda del relato: no es un tema narrativo –en el sentido de contar una historia– sino descriptivo: de una emoción, de un de un sentimiento, de la conmoción y el estremecimiento provocado por una mirada.

“El lugar común que hay / en las historias de amantes / yo lo vi en la inaguantable calidad de su mirada”. Una línea que vale oro, quizás la mejor del tema. “El lugar común que hay / en las historias de amantes”. Es una frase preciosa, que remite a un espacio sentimental feliz: complicidad, atracción, encanto. Las mariposas en el estómago que te genera la otra persona y, sobre todo, esa fortuna tremenda, esa alegría inconmensurable que se siente al ser correspondido por ella. Ese es el lugar común que hay en las historias de amantes, el que durante siglos, durante la historia entera, ha unido a dos personas. Lo que ha hecho felices y plenos a hombres y mujeres de todos los tiempos. Y, qué dicha, él lo vio en esos ojos.

Tras esa primera estrofa viene el coro: “Cuando ella va / por ahí / robando azules / de corazones / Destrozados / maltratados / abandonados / embrujados”. Nuevamente no hay mucho que contar, sino que sentir: va por la calle enamorando gente que está en situaciones mejorables. Allí aparece la enigmática expresión que le da título al tema: robando azules. Durante muchísimo tiempo el robar azules fue objeto de mil y un interpretaciones, cada una más disparatada que otra, hasta que recientemente el mismo Yordano develó el misterio en un twitt: “Me han preguntado qué significa Robando Azules: es para la mujer que amo, que cuando sale a la calle y camina se roba el azul del cielo”. Quedémonos, pues, con la explicación más que con la dedicatoria: esa mujer cuya mirada eclipsa el cielo de los corazones “destrozados, maltratados, abandonados, embrujados”.

Le sigue la segunda y última estrofa: “Y si yo alguna vez / yo tengo la suerte de llegar / a la inalcanzable soledad de su mirada / Yo podré decir que hoy /hoy comienza mi historia / en la imposible lucidez de su mirada…”. Es la expresión de un anhelo: llegar a ella. ¿Y si llegas qué, Yordano? “Yo podré decir que hoy comienza mi historia”. Vaya. Otra línea absoluta. Si en la primera estrofa era capaz de sacrificar toda la vida, aquí dice que tan definitiva sería la experiencia de tenerla, de llegar a alcanzarla, que marcaría un nuevo comienzo, un antes y un después. Otra vez: una línea de entregado.

Ahora bien, no estaría completo este texto sin una mención a la forma tan particular que tiene Yordano de adjetivar la mirada, lo que hace con un virtuosismo tal que roza con la auténtica poesía:

la insostenible brevedad de su mirada

la inaguantable calidad de su mirada

la inalcanzable soledad de su mirada

la imposible lucidez de su mirada

Son cuatro construcciones preciosas, similares en estructura. Todas de una calidad que se hace difícil encontrar en un tema musical, y a las que cualquier explicación no haría otra cosa que dañar. No está demás, sin embargo, buscar las correspondencias, para entenderlas en plenitud

“La insostenible brevedad de su mirada” es para perderse en ella.

“La inaguantable calidad de su mirada” es donde vio el lugar común que hay en las historias de amantes.

“La inalcanzable soledad de su mirada” es adonde quiere llegar.

“La imposible lucidez de su mirada” es para comenzar la nueva vida.

¿Explicar cada una? Sería dañarlas, repito. Hay, sencillamente, que sentirlas, saborearlas, deleitarse con ellas y disfrutar la melodía.

Quién hubiera visto esos ojos, Yordano, que te impulsaron a escribir este temazo.

 

REVIEW: “John Wayne” – Rebel ACA and TheMonkeyWrench

Por Humberto González | @bertgonzalezb 

Rebel ACA and TheMonkeyWrench presentan un nuevo tema llamado “John Wayne”, que, en una especie de resumen digital actual, comienza nombrando una a una las plataformas digitales más conocidas en el mundo.

En el vídeo de “John Wayne”, un collage de imágenes se agrupan de una manera tediosa, que terminan por estorbar a la premisa de los raperos londinensesmás que aportar de forma visual las capacidades de esta premisa ideadora, en la cual John Wayne y lo clásico se burlan de lo contemporáneo y digital.

“John Wayne” forma parte del nuevo álbum de la banda, que lleva el mismo nombre, y que es una extensión de las temáticas y los sonidos que ya podemos  escuchar en el single. Fuera de lo interesante que pueda parecer esta crítica absurda, y la contraposición de los mundos en pro de sacralizar lo clásico, Rebel ACA and TheMonkeyWrench no logran más nada que adherirse a ese grupo que buscar componer un movimiento, para ellos lo “antihipster”.

Lo bueno es que existen bandas que utilizan lo clásico junto con elementos de lo moderno, para transgredir lo que ya conocemos. Este no es el caso de “John Wayne”, que penosamente no se atreve a nada.

REVIEW: Rise – BrettRandell

Por Humberto González | @bertgonzalezb 

BrettRandell ha recorrido largo rato y largos tramos junto a Rise, EP que lanzó en agosto del 2015. El músico, inseparable junto a su guitarra, es una interesante voz joven dentro de la música independiente mundial.

“Rise” da su primer salto con “TheWaitress”, un tema entretenido, con fraseos largos y complicados, y una guitarra que intenta llevar la melodía y el ritmo al mismo tiempo en el que Randell canta las complicadas líneas. Ésta es la fórmula de entrada para “Rise”.

El segundo tema recibe todo la presión sentimental del EP. “I willneverfallasleepagain” es la frase que se repite una y otra vez en el tema “WithoutYou”, quizás el más introspectivo y complejo de los cinco que componen el EP. No solo por el cambio de registro en la voz de Randell, sino por el contrapunteo sutil de la guitarra, y el ritmo que ahora se disminuye para convertirse en un tema más desolador. Lo mismo sucede con “Rise”, el tema que le da nombre al EP. Acá, la sutileza de la guitarra es lo principal en cuanto a cambios musicales, además de la entrada del violín, nuevo elemento que no presenciamos anteriormente.

Si bien comentamos que “Withoutyou” es el tema sentimental, “Ghost” es el tema desolador, en el que Randell entra en territorios desconocidos para el escucha hasta el momento. Acá su voz se vuelve a convertir, recordando al más eficaz Damien Rice.

“Rise” concluye con el tema “Enigma”, cerrando el ciclo que comienza, quizás no con “TheWaitress”, que a la larga parece ser un tema sacado de registro, de relleno, sino con “WithoutYou”, en el que se comprime todo el carácter narrativo de la pieza.

“Jardín prohibido”: la salsa del perfecto infiel latinoamericano

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

De las salsas de camionetica, esta es una que no falta en ninguna ruta interurbana de Caracas. Un clásico, si se quiere. De Puente Baloa a Casalta, esta melodía ha cruzado la capital y ha sido fondo musical de innumerables sueños, atracos, peleas por el vuelto, choques y colas. Y ha sido –no es descartable– parte de la educación sentimental del peatonado capitalino, que ha tenido en su coro, que es lo que todos se saben y en momentos apasionados gritan, la excusa perfecta para la infidelidad más inexcusable: “La vida es así, no la he inventado yo”.

Aunque ‘YouTube’ y medio internet digan que la canta Eddie Santiago, su intérprete es Alex Bueno, que, como buen dominicano, es más merenguero que salsero, pero que en su primer LP como solista –luego de haber sacado discos con Fernando Villalona, Andrés de Jesús y Sergio Vargas–decidió meter, en medio de un montón de merengues (alguno muy notable como ‘Noches de fantasía’), y como sexto tema, una salsa, ‘Jardín prohibido’, que terminó por convertirse en un auténtico fenómeno a inicio de los 90’s y en uno de los temas más representativos de eso que algunos llaman salsa erótica o sensual.

No fue una apuesta muy original tampoco, sino la primera adaptación a la salsa de un tema que ya tenía una exitosa trayectoria, cuya génesis se ubica en la Italia de mediado de los setenta. ‘Ilgiardinoproibito’ era su título y lo cantaba Sandro Giacobbe. Se trataba de una balada muy de la época, que en su versión italiana fue censurada pero en la española llegó a ser número uno de ventas. En 1981, Vickiana, una cantante dominicana de fugaz trayectoria, la cantó con éxito en versión balada, pero desde la perspectiva de una mujer. Hasta que en los 90’s Alex Bueno la grabó en salsa –con coros de Juan Luis Guerra y su 440 en la versión original–, y la magia se hizo.

¿Por qué?

Quizás porque fue un tema que nación para la salsa, género que realza el desparpajo y el descaro de la letra, y le quita el tono dramático y afectado que tiene en sus versiones de balada.

¿Y de qué va la letra?

De la confesión y justificación de una infidelidad con la mejor amiga. Pero como todo en la música, no es lo que se cuenta sino como se cuenta.

La canción arranca con la confesión, que tiene lugar en una tarde melancólica. “Tengo que decirte que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos”. Ese tono cursilón, como de novelita rosa, exagerado y grotesco, puede que hasta ridículo, será la norma las dos primeras estrofas. “Sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias”, le dice, para dejar claro que era ella la que lo buscaba. “Su cuerpo me rogaba que le diera vida”, insiste, en un arranque de cursilería que tiene su apogeo en lo que viene después: “Comí del fruto prohibido / dejando el vestido / colgado de nuestra consciencia”.Una manera afectada y eufemística de decir que se acostó con ella. Y curiosamente, luego de admitir la inconsciencia del acto, sale con una racionalización del mismo: “mi cuerpo fue gozo durante un minuto / mi mente lloraba tu ausencia”. Tuve placer, pero estaba triste. El cuerpo la pasaba bien, pero mi mente (¿por qué no el corazón?) mal. A lo que le sigue la promesa de arrepentimiento, que se repite por dos: “no lo volveré a hacer más”.

Y entonces llega el coro, que en el tema tiene una fuerza tremenda, tanto musical como narrativa: “Pues mi alma volaba a tu lado / y mis ojos decían cansados / que eras tú / que eras tú / que siempre serás tú”. Lo que aquí se cuenta es casi una experiencia metafísica: mientras el cuerpo fornicaba con su amiga el alma se iba con su mujer, y los ojos, que en vez de deleitarse se le habían cansado (¿?), no cesaban de indicarle una cosa lapidaria: “que siempre serás tú”. Es una frase tremenda, con un carácter total, perpetuo, que viene dado por la combinación del adverbio siempre + el verbo en futuro. Y entonces, luego de hacer ese descubrimiento definitivo, viene una petición de perdón (“lo siento mucho”) seguida de la más humana (él que se había puesto tan metafísico) de las justificaciones: “la vida es así, no la he inventado yo”. Así, sin más. Todo fue horrible, lo que hice estuvo malísimo, tú eres la que flinchy, pero estas son las reglas y no las puse yo.

Cosa que termina siendo reforzada por la segunda parte del coro: “Siempre que me ha mirado a los ojos / y cogido por manos / yo me he dejado llevar por mi cuerpo / y me he comportado como un ser humano”. Así funciona todo. Así funciono yo. Eso parece decir (aparte de confesar que ha habido más veces, pequeño detalle). Unos ojitos que me miran, unas manos que me agarran, el cuerpo que me llama, y yo, que actúo en consonancia porque soy un ser humano, ni más ni menos. “Lo siento mucho / la vida es así / no la he inventado yo”, vuelve a sonar inmediatamente y entonces se entiende todo: no siente lo que pasó, sino que la vida sea así. No es tanto una petición de disculpa como una declaración (descarada) de la fragilidad de la condición humana, ante la que (también descaradamente) él se rinde.

Y entonces, ¿se arrepiente o no?, ¿va a cambiar o no?

Que hable uno de los latiguillos finales del tema:

“Ya lo ves / no es que yo quiera / eso son cosas que le pasan a cualquiera”.

Y allí, sí, termina de cuadrarse el círculo del desparpajo: el arquetípico macho latinoamericano de la única esposa (“siempre serás tú”) y las varias mujeres (“siempre que me ha mirado a los ojos…yo me he dejado llevado por mi cuerpo”), ese que hacía a las señoras de antes (y seguramente a las de ahora) consolarse pensando que si sus hombres se acostaban con muchas, al final de la noche sólo dormían con una. Y aquí, en versión salsa, ese hombre cuenta y canta. “Lo siento mucho. La vida es así, no la he inventado yo”.

REVIEW: “Don’tSpeak” – Helga Arvesten

Por Humberto González | @bertgonzalezb 

Helga Arvesten presenta un nuevo single, el tercero de su corta carrera. La artista sueca es una de las propuestas musicales más interesantes de la escena musical en el país nórdico. Y a pesar de que aún es un tanto desconocida para la mayoría del público en su país, poco a poco comienza a hacerse con un nombre, ganándose las comparaciones con artistas como Bjork, Kate Bush e incluso, TheKnife.

“Don’tSpeak” es el tema que presenta ahora, en el que su voz se despliega a nuevos horizontes, y en el que la caracterización visual de la música es interesante hasta los puntos de rozar la experimentación de una forma más que potente.

El tema es sencillo, sin embargo, lo que lo hace especial es la capacidad de Arvesten de diseñar en base a su voz diferentes interpretaciones en la repetición de las líneas. Y esto es genial. Es, quizás, más interesante ver el videoclip del tema, para poder presenciar por completo las capacidades artísticas de  la músico.

“Don’tSpeak”, nuevamente, es una excusa para seguirle los pasos a la joven sueca.