Cultura vintage en Caracas

Por: Joiver Sánchez  ⎜ @JoiverSanchez

“El que busca bien se lleva lo mejor” es una de las frases se puede leer en los posters del Vintage Market, el mercado de pulgas con más auge de Caracas, que sumerge al visitante en ropa, accesorios, adornos, libros, arte y un sinfín de antigüedades en buen estado, y le ayuda a encontrar piezas únicas o, lo que es mejor, tesoros para el hogar y el closet.

Pero más allá de cumplir con su objetivo -fomentar el reciclaje, la reutilización de los objetos y que todo lo que no usemos tenga una nueva oportunidad-, este mercado de pulgas tiene una identidad propia. Desde el 2012 ha venido creando una cultura vintage en la ciudad de los techos rojos.

Bajo la coordinación de Bárbara Portto, diseñadora de modas y creadora de esta feria, se ha iniciado una comunidad de vendedores y compradores del Flea Market, quienes se identifican por la variedad de gustos dentro de lo antiguo y lo llevan a lo moderno.

Entre la buena música que rodea el lugar y la decoración, personas de diferentes edades se topan en este entorno fascinante donde encuentran otro mundo fuera de la rutina capitalina y aprovechan de un domingo diferente. Originalmente, el mercado se inició en La Guayaba Verde, ubicada en Santa Eduvigis; sin embargo los últimos domingos de cada mes se lleva a cabo en la Plaza Sucre de El Hatillo.

En las siguientes fotografías tuve la oportunidad de retratar a esta comunidad en una edición especial en la Sala Cabrujas de Cultura Chacao el pasado 13 de marzo.

5 murales no tan escondidos en Caracas

Por:

Martha Allendes | @marth_checkosv

Antonieta Abreu | @AntoAbreuh

El street art o arte urbano es un movimiento artístico que, históricamente hablando, ha existido aproximadamente desde los años 60’s y se popularizó como una forma de protesta. Hoy en día, los stencils, graffittis, posters y stickers, son ya considerados como una expresión artística en espacios públicos, cuyos autores, muchos de ellos reconocidos internacionalmente, a veces resguardan sus identidades bajo seudónimos. En Caracas, el street art ha pasado a convertirse en un elemento de la ciudad y ha tomado mayor protagonismo en los últimos años, logrando que muchos de estos artistas dejaran su huella plasmada y que la misma perdure en las calles de la ciudad. Recorrimos algunas zonas de Caracas y encontramos varias intervenciones que nos llamaron la atención. También contactamos a sus autores, quienes nos contaron un poco acerca de los murales.

You Can Do It

Ubicación: Av. Los Chaguaramos, La Castellana, Caracas.

Una obra realizada por Michael Wong, artista que se dedica al graffitti y es conocido bajo el seudónimo de Burnerwong. La inspiración de Wong sale de las ideas que maquina en su cabeza, las cuales lleva a acto con un lápiz, elemento indispensable para su proceso creativo.

“Nada como sentir que la ciudad es tuya”, esas son las palabras que expresa Wong con respecto a su trabajo y al street art. Su mural “You can do it”, fue realizado en el Centro Denú de La Castellana con motivo del aniversario número 25 de la agencia de publicidad Concept-McCan. “Les propuse realizar el mural y quedaron encantados con la idea”, comenta Wong, quien describe su estilo, con el que comenzó y que mantiene hasta el momento, como “muy propio, más que una ilustración, es un graffitti”. Wong no cree en romanticismos y es agudo al momento de opinar sobre su campo de trabajo, “no creo en la evolución de la que hablan para separar lo que anteriormente hicieron otros artistas del graffiti para justificar lo actualmente hacen, eso sigue siendo graffiti donde lo pongas”, señala.

“Salve, Emperador, los que vamos a morir te saludan”

Ubicación: Casco histórico del municipio Chacao, parte exterior del taller del IDC

“Este mural surgió como parte de un  proyecto estudiantil durante mi etapa como profesor de ilustración en el Instituto de Diseño de Caracas (IDC), donde era tradición que varios grupos de estudiantes realizaran murales en espacios públicos o dentro de la institución”, comenta el ilustrador Juan Carlos Rincón, mente detrás del mural “Salve, Emperador, los que vamos a morir te saludan”, ubicado en el Casco histórico del municipio Chacao, cuyo título hace referencia a la frase que decían los gladiadores ante el emperador al comienzo de una pelea a muerte en el coliseo romano. Estas palabras, escritas en latín, decoran la parte inferior del mural, que  deja ver un teatro con el telón entre abierto, en cuyo escenario están a la lejanía las típicas máscaras de la actuación, la comedia y la tragedia. En los extremos, una multitud con personas pudientes y otras que no lo son, simboliza el constante conflicto de clases sociales en los países latinoamericanos. En las bocas de las máscaras hay unas santamarías con el aviso “Sí hay, no hay”. Todos estos elementos están comandados por un cerdo ubicado en la parte superior de las máscaras, que juega con billetes y usa una corbata roja de seda, dentro de un ciclón de dinero.

“Ingeniería del pensamiento. Arquitectura del corazón”

Ubicación: Estación de metro en Colinas de Bello Monte.

“Este proyecto ayudaría a mejorar las expectativas de la comunidad de Bello Monte, que por un largo tiempo  había sido el afectada por la concentración industrial y obrera, producto de la construcción de la estación del Metro. El descontento de los vecinos por el ruido, los escombros y el polvo, más el tráfico constante  generado por las gigantes grúas, habían creado un sentimiento de inconformidad total entre los vecinos, que en diversas ocasiones manifestaban su enérgico rechazo a cualquiera de los obreros o ingeniero presentes”, comenta Juan Carlos Rincón, quien participó en el mural que acompaña la fachada de la estación Bello Monte del Metro de Caracas.

Tal descontento fue la principal inspiración para la pieza, que buscaba conciliar ambas partes, con alguna insinuación política o social. Se trata de una pieza con fecha de caducidad: durará hasta que estén terminados los trabajos internos de la estación de metro de Bello Monte, fecha en la que será derribado el muro sobre el que se encuentra.

La idea del mural se concretó al reflexionar sobre los nombres de cada una de las calles del sector. Es así como en él se combinan Cervantes, Beethoven, Chopin, Leonardo da Vinci, entre otros ilustres genios, que se cruzan con artistas, obreros y vecinos descontentos. La obra toma como referencias a los muralistas mexicanos, chilenos, argentinos y venezolanos del siglo XX. Para su realización se utilizaron técnicas tradicionales: pincel, brocha y creyones de cera para crear dibujos de amplios trazos. La mayoría de las figuras están planteadas con una estética cubista y figurativa, pero haciendo uso de las formas geométricas que permiten alcanzar buenos resultados sin hacer uso del hiperrealismo, ya que éste requiere de un proceso más detenido y complejo a nivel técnico. En este estilo se dejó ver el juego y manipulación de las proporciones deformando sus rasgos o anatomía. “Es importante en este proceso acentuar el trazo, el contraste de los colores y las formas. De esta manera se permite que las imágenes tengan un valor plástico más acertado, de naturaleza primitiva y mayor gracia”, comenta Rincón.

Colaboradores: Edith Zapata, Anna Tkachenko, A. Karina Rojas, Dayana Rojas, Karina Gentile, Christel Keller, Joseba San Severino, Carlos de Andrea, Jose Carlos R. Boccardo, Carlos Rodriguez, Alejandro Chinea.

“D-LETRA”

Ubicación: 2da transversal de Los Palos Grandes.

Los voladores negros, así se llaman los creadores de este arte. Ellos se autodefinen como “los hijos bastardos del skate, la era pre-internet y el graffitti”, y realizaron este mural en el año 2014 en las instalaciones de Kenco Estudio Creativo, ubicado en la 2da transversal de Los Palos Grandes.

“Para este proyecto nos inspiramos en carteles, murales y publicidades old school (de la vieja escuela) hechos a mano de forma tradicional y diagramados según la estética de cada fachada. Quisimos crear un juego visual que funcionara en distintos momentos y aprovechando que la fachada tenía santamaría, decidimos usar el abierto/cerrado como excusa para así generar diferentes vistas de las tipografías”, comentaron Los voladores negros.

Los voladores explican que cuando la Santamaría está cerrada se observa el mural tipográfico con aplicación de colores, texturas, estilos y técnicas. Cuando está abierta, se obtiene una textura y sensación de papel vegetal o de sketch. Se expone la composición de cada tipografía del mural, expresado por medio de retículas, bocetos y experimentos. Además de esto, crearon un personaje que da la bienvenida al estudio creativo, representado al estilo Dummie, es decir “para tontos”, con un estilo humorístico.

“Duramos aproximadamente una semana para desarrollar este mural, tuvimos la oportunidad de contar con el apoyo de Kenco, de trabajar con nuestro hermano y colega Okso”.  A los voladores les encantaría hacer este tipo de trabajos tipográficos en otros espacios con diferentes conceptos, paletas de colores y estilos de intervención, plan que no descartan para el transcurso de 2016.

-sin nombre-

Ubicación: Av. Rómulo Gallegos, Los Dos Caminos.

“Cada espacio intervenido es un reto nuevo. Casi siempre que intervengo un espacio procuro usar algún elemento del entorno de manera satírica; en este caso la pared está ubicada al lado de una barbería, por lo que decidimos hacerlo con esa temática”, señala Okso, artista urbano con más de 16 años de experiencia en el graffiti alrededor del país, sobre su pieza ubicada en la Av. Rómulo Gallegos.

Okso decidió realizar esta pieza ya que suele pasar todos los días por esa zona al salir de su casa y es una pared que siempre le ha llamado la atención por la particularidad de todos los ángulos de vista que tiene y además por ser un lugar muy transitado. Este mural fue realizado en agosto de 2015, con la colaboración de Anticris, ilustrador y tatuador, y fue pintado en su mayoría con spray, por lo cual la técnica la definen como graffitti.

El artista considera que a pesar de todos los contras que trae este oficio, desde lo difícil y costoso de conseguir materiales hasta lo obtusa que puede llegar a ser la sociedad para entender lo que se pinta,  siempre encuentra motivación para llenar la mayoría de espacios posibles y dejar su marca. Esta es una forma de arte independiente que no obliga a nadie a mirar, simplemente a toparse por casualidad con algo distinto y de alguna u otra forma queda grabada en la mente de cualquier persona.

Claudia de Lima: una joven de actitud ingobernable

Tiene 19 años y estudia segundo año de Comunicación Social en la Universidad Monteávila. A  simple vista se ve como una niña adorable, de estatura baja, menuda y vestida de colores claros, pero detrás de apariencia aniñada hay una mujer de actitud rebelde que muestra su hobbie a más de 5000 personas a través de Instagram. Su nombre es Claudia De Lima, y desde hace poco más de dos años  publica autorretratos, fotografías e intervenciones en las que expresa sus pensamientos, emociones e incluso molestias.

¿Por qué te defines como una ‘joven de actitud ingobernable’?

Más que todo es porque el mensaje que transmiten mis fotos es ‘no me importa lo que los demás digan de mí’ y, aparte, porque no estoy haciendo nada que les afecte a los demás. Es algo muy personal, es una manera de transmitir mis molestias o mis sentimientos acerca de cualquier cosa. Por eso digo que soy una ‘joven de actitud ingobernable’, pues mucha gente ha tratado de decirme cosas tipo ‘lo que haces está mal’, ‘busca otro camino’. No. A mí me gusta lo que estoy haciendo y no voy a cambiar porque otras personas lo quieran.

¿Cómo definirías tu arte? ¿Has hecho algún curso de fotografía o eres autodidacta?

Soy autodidacta y he participado en festivales de fotografía como el Festival Imaginarios de las Artes por tres años seguidos. Mi arte puedo definirlo como una suerte de protesta. Lo considero autobiográfico, porque ahí expongo todas las cosas que me gustan y las que no. Hay cosas que, por ejemplo, alguien me contó y yo traté de plasmarlas en una imagen.

Una foto publicada por Claudia De Lima (@missguaiti) el

 Aparte de la fotografía y de la ilustración, ¿haces algo más artísticamente hablando?

Me encantan los videos y estoy incursionando en ello. Días atrás estuve grabando unos promocionales para el día de los enamorados con Animal Tropikal, una marca con la que estoy trabajando actualmente.

Al momento de hacer tus fotografías, las cuales para cierto público suelen ser un poco controversiales, ¿tienes algún proceso creativo? ¿Algún paso a paso? ¿O solo fluye?

Realmente no tengo un paso a paso. Hay días que me provoca tomar fotos, pero no lo hago porque siento que no es el momento. Puedo tener una idea, pero hay que saber cuándo es el momento perfecto para tomar estas fotos. Así como también ha sido el caso de que estoy cansada y simplemente no me provoca. Normalmente, cuando hago mis fotos tengo mucha energía, tengo una idea clara de lo que haré y, además, en ese momento siento que tengo pasión, pasión por lo que hago; y que lo que estoy haciendo me gusta mucho.

En tu galería de imágenes en Instagram, vi que no sólo tienes autorretratos sino también sesiones fotográficas de otras personas como el pintor Flores Solano. ¿Alguna diferencia entre retratarte a ti misma y retratar a los demás?

Personalmente me gustan más los autorretratos que fotografiar a la gente, porque a veces suele ser complicado. Actualmente en Venezuela es difícil encontrarse en algún sitio, movilizarse en transporte público y llevar tu cámara, que es la única herramienta de trabajo, y tal como está la situación en el país, tanto económicamente como por cuestiones de seguridad, hay que cuidar lo que se tiene. Esta sesión de fotos fue un poco desafiante pues nunca le había fotografiado a alguien que prácticamente no conocía. Les había tomado fotos a varias amigas en ocasiones pero esto fue muy distinto: fue realmente un trabajo. En las sesiones les he dado la libertad de hacer lo que les provoque pero yo, con mi ojo fotográfico, digamos que tenía la potestad de captar lo que yo quisiera de ellos. Sin embargo, esas personas me mostrarían algo de ellos mismos, así como también me dicen el sitio donde se van a tomar las fotos, como posar, etc. Al ser personas que tampoco conoces mucho, se dificulta la actividad, ya que tomar fotos requiere mucha confianza para que queden bien. La persona se debe sentir cómoda contigo. Independientemente de que tengas o no ropa, a veces es un poco intimidante que alguien te esté tomando fotos. Tienes como una especie de miedo de que si no te gusta esa imagen, y la otra persona la muestra o la pública, qué podrían decir. Eso pasa muchísimo. Con este proyecto siento que también rompí un poco el concepto de que los hombres no son tan fotografiados como las mujeres o, el que hombres sean fotografiados por mujeres. Así lo veo yo. Esto fue una experiencia que necesitaba tener, y me encantó y sin duda lo seguiré haciendo.

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  Algo que me llama bastante la atención es el feedback de tus seguidores respecto a tus imágenes. ¿Cómo lidias con ello?

Hubo un momento en el que yo estaba muy a la defensiva. Yo quería que la gente comprendiera lo que yo hacía, y luego me di cuenta de que yo no puedo hacer eso. Comprendí que tengo que dejarlos ser así como yo también quiero que ellos hagan conmigo. Al principio discutía muchísimo con esos seguidores y entendí que es mejor decir un ‘sí, tienes razón pero este es tu punto de vista y yo tengo otro’. Más nada. Al final la gente queda un poco ‘ponchada’ con la respuesta porque piensan que me pondré a discutir con ellos. Esto me ha hecho madurar en este sentido pues jamás se puede hacer que el público piense exactamente igual que uno o que vean las cosas como uno.

¿Tienes alguna influencia visual? Y en líneas generales, para buscar inspiración, ¿cuáles son tus influencias? Ya sea música, películas, fotógrafos, directores de cine, diseñadores, ilustradores, pintores o gente del mundo.

Siento que todo lo que escucho y veo es una influencia para mí, de alguna u otra manera, así no lo exprese abiertamente. Por ejemplo: mi mayor influencia es el director de cine Wes Anderson. Es mi dios. Es muy colorido pero a la vez también tiene una mente muy ‘cuadriculada’. Yo quisiera hacer muchísimas cosas como él, pero también las cosas que yo hago son súper low-budget; es decir: de bajo presupuesto. No tengo todos los recursos. Cuando logre independizarme, eventualmente podría hacer muchísimas más cosas que se acerquen a lo que realmente quiero. David Lynch, John Baldessari. Este último, especialmente, me parece que es increíble, pero aquí en Venezuela no es muy conocido. Sin embargo, en Estados Unidos es un artista reconocido y su arte es muy alternativo. Son imágenes intervenidas en las que todas tienen las caras tapadas por puntos de algún color. Me llaman muchísimo la atención porque son demasiado impersonales. Cualquier persona podía ser aquella retratada y no había nada que pudiera distinguirla. Eso me gustó muchísimo y me inspiró, y lo desarrolle de muchas maneras. Respecto a la música, son muchísimas pero particularmente las bandas venezolanas han sido una gran influencia en mí. Son muchas pero ahorita solo vienen a mi cabeza Americania, Recordatorio, o Telegrama. Todos tienen esa ‘nostalgia caraqueña’, lo que pudo haber sido una Caracas increíble y actualmente no es, o por lo menos así lo percibo. A todos nos afecta la inseguridad; la falta de muchas cosas, por ejemplo. Es un factor en común que tienen muchos artistas. De bandas internacionales, hubo un momento en que The XX influyó demasiado en lo que estaba haciendo.

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Hay como una serie de imágenes que has creado de autoretratos + covers de algunos discos. ¿Cómo se te ocurrió? ¿Es una forma de homenajear tus influencias musicales? ¿Sigues haciéndolos?

Sí, sigo haciéndolos. Al principio sí se trató de homenajear mis influencias musicales. Sin embargo, también me di cuenta de que era una manera muy cool de explotar la creatividad. El problema radica en que cuando haces un cover no puede ser igual, pues evidentemente es un plagio. Es tomarlo como una inspiración. Yo tomo estos covers porque me gusta el arte o me gusta el disco y lo hago todo de nuevo, a mi manera, y con los recursos que tengo a mi alcance. Hay muchos detalles que se pierden pero la idea, para mí, es hacerlo lo más parecido posible. He buscado y encontrado las maneras para lograrlo.

¿Cómo te ves a futuro? ¿Todavía haciendo fotos o en alguna otra rama del arte?

Mi idea siempre ha sido continuar con las fotos pues me encantan y estoy en esto desde los 14 años. Hasta ahora no ha habido momento alguno en el que diga que no quiero seguir tomando fotos por un tiempo. Las veces que lo he tenido que hacer es porque tengo otras cosas que cumplir, ya sea trabajo o universidad, pero todo lo que hago he tratado siempre de llevarlo hacia la fotografía. Ahorita que estoy con Animal Tropikal, hay muchísimas ideas y me han dado la libertad para estar ahí y ayudar a desarrollarlas.

El 23 de enero de 1958 en 10 fotos históricas

58 años se cumplen hoy de una jornada memorable, en la que una dictadura tan eficiente como sangrienta llegó a su fin. 58 años del día inolvidable en el que la palabra ‘libertad’, contenida durante más de una década de oscura represión, pudo ser gritada a todo pulmón por los venezolanos. 58 años de una jornada festiva y alegre, que los cronistas de la época sólo atinaron a comparar con los festejos de año nuevo. 58 años de un día que cambió la historia de Venezuela para siempre. Un día en el que sucedieron muchas cosas que quedaron inmortalizadas en los lentes de los fotógrafos de entonces, y que hoy sacamos del baúl del olvido: se trata de 10 particulares imágenes tomadas el 23 de enero de 1958, algunas de ellas poco conocidas, a partir de las cuales relatamos cómo fueron –y se vivieron– esas horas trascendentales y definitivas en las que nació nuestra democracia. 

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

 

Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional

02 de Diciembre  era el nombre con el que la dictadura había decidido bautizar esa faraónica unidad residencial proyectada para darle techo a aproximadamente 60.000 personas. Se le ponía en honor a la fecha del golpe de estado que dio inicio al régimen en 1952. Era un súper proyecto llevado a cabo por varios arquitectos comandados por Carlos Raúl Villanueva, que constaba de 9.176 apartamentos repartidos en 38 superbloques de 15 pisos y 42 bloques pequeño. Contaba, además, con 8 guarderías, 17 kinders, 5 escuelas primarias, 25 edificios de comercio y 2 mercados. Toda una mini ciudad para cuya construcción habían sido desalojados y demolidos varios barrios de las parroquias Sucre y Catedral, a cuyos habitantes se les había prometido luego un acuerdo de adjudicación. Y en esas estaban cuando cayó la dictadura. No más conocerse la noticia, habitantes de los barrios del oeste invadieron casi la mitad de los apartamentos -4.000 aproximadamente-, que todavía no habían sido entregados, y después, tras años de negociaciones, ofertas y contra ofertas con el Banco Obrero, les fueron vendidos y adjudicados.  Ese día, es una las zonas más convulsas de la capital. Hay barricadas, disturbios y fuertes enfrentamientos entre los invasores y la autoridad. En la gráfica se aprecia la llegada de varios tanques Hellcat del ejército a la urbanización –uno de ellos, incluso, dispara, mientras algunos civiles se encuentran cerca–. A partir de ese momento, el sector, luego rebautizado ’23 de enero’, quedaría caracterizado en el imaginario colectivo caraqueño como uno de los más rebeldes, inconformes e insurgentes de la capital: una urbanización que se pobló en una invasión.

Jorge Humberto Cárdenas

Jorge Humberto Cárdenas

El protagonista de la foto no está identificado, pero no es difícil adivinar que se trata de un simpatizante de la dictadura. Como se aprecia en la gráfica, está siendo linchado. El suyo fue uno de los tantos ajusticiamientos que se llevaron a cabo contra los funcionarios del régimen. Años de represión, abusos y tortura se desfogaron en una salvaje reacción colectiva que terminó en el asesinato de quienes los oprimían. Los esbirros de la Seguridad Nacional fueron los que se llevaron la peor parte, y varios murieron en manos del pueblo que torturaban. No así los altos funcionarios de la dictadura, que, viendo que la caída era inminente, se habían refugiado desde el día anterior en distintas embajadas. Ya en la tarde del 22 de enero, toda la familia presidencial se encontraba a buen resguardo en la Embajada de Paraguay, y el mismo Juan Domingo Perón, dictador argentino que se encontraba viviendo en Venezuela, se había ido a la Embajada de Dominicana. De modo que fueron los cuadros medios, los que ejecutaban las órdenes, los verdugos, quienes se llevaron la peor parte en ese día de la ira, en el que hubo entre 150 y 300 muertos, y casi 1.000 heridos.

Jorge Humberto Cárdenas

Jorge Humberto Cárdenas

Al igual que los linchamientos, los saqueos también estuvieron a la orden del día. Edificios gubernamentales, así como las casas de funcionarios de la dictadura, e incluso del mismo Pérez Jiménez, fueron asaltadas por los enardecidos manifestantes, quienes tomaron todo lo de valor que encontraron y destruyeron lo que no pudieron llevarse. La sede del diario El Heraldo, órgano oficial y propagandístico de la dictadura, así como sus talleres, fueron destruidos ese día. En la gráfica se aprecia el momento en el que un orgulloso grupo de hombres -nótese la expresión de satisfacción de varios de ellos, así como el detallazo del motorizado enfluxado– acaba con un carro de época, propiedad, seguramente, de algún funcionario del régimen. Escenas como esa, cargadas de humo y escombros, se repitieron constantemente a lo largo y ancho de la ciudad.

Archivo/ Cadena Capriles

Archivo/ Cadena Capriles

La gráfica muestra una manifestación de trabajadores -la mayoría de sombrero y camisas arremangadas, con algún feliz coleado cuyos lentes de sol lo delatan- que tuvo lugar en la capital ese día. La pancarta, escrita casi en caligrafía Palmer y firmada por la Unión de Obreros, es elocuente: “Queremos trabajo”. Contrario a lo que pudiera pensarse, ya a finales de la dictadura las condiciones de los trabajadores eran bastante difíciles. “Una inmensa masa de nuestro pueblo está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas”, denunciaba el 01 de mayo, en la fiesta de San José Obrero, el Arzobispo de Caracas, Monseñor Arias Blanco, en su célebre carta pastoral. En ella, además, hacía un resumen de los problemas que afectaban entonces a la mayoría de los trabajadores: “1) El desempleo que hunde a muchísimos venezolanos en el desaliento y que a algunos empuja hasta la desesperación. 2) Los salarios bajísimos con que una gran parte de nuestros obreros tiene que conformarse, mientras los capitales invertidos en la industria y el comercio que hacen fructificar esos trabajadores, aumentan a veces de una manera inaudita. 3) El déficit, no obstante el plausible esfuerzo hasta ahora realizado por el Estado y por la iniciativa privada, de escuelas, sobre todo profesionales, donde los hijos de los obreros puedan adquirir la cultura y formación a que tiene absoluto derecho, para llevar a una vida más humana que la que han tenido que sufrir sus progenitores. 4) La falta de prestaciones familiares con que la familia obrera pueda alcanzar un mayor bienestar. 5) Las inevitables deficiencias en el funcionamiento de institutos y organismos creados para el mejoramiento y seguridad del trabajador y su familia. 6) La frecuencia con que son burlados la Ley del Trabajo y los instrumentos legales previstos para la defensa de la clase obrera. 7) Las injustas condiciones en que muchas veces se efectúa el trabajo femenino”. No, no eran colas, hiperinflación y escasez, como ahora, pero eran problemas también.

Autor desconocido Escenificación popular de la muerte de la Dictadura, enero de 1958

Autor desconocido

Una urna negra con lo que parecería ser un retrato del dictador encima recorre en hombros el centro de Caracas -con un Capitolio con su cúpula en obras al fondo-, cosa impensable meses atrás. Como buen dictador, Pérez Jiménez también tuvo un marcado culto a su personalidad, y no era difícil hallar retratos suyos por doquier. Como buen dictador, también, Pérez Jiménez fue muy celoso de su figura, a la que nadie osaba, si quiera, caricaturizar. Así fue hasta que cayó. Ya sin poder, la imagen del dictador perdió el aura casi sagrada que la rodeaba y fue usada como burla y escarnio. Los retratos terminaron encabezando simbólicos cortejos fúnebres, como el de la gráfica, en los que se daba entierro a la dictadura y que posteriormente acababan en grandes hogueras colectivas en las que ardieron los otrora divinos cuadros del general.

Colección Pozueta. Biblioteca Nacional

Colección Pozueta. Biblioteca Nacional

PCV, las siglas del Partido Comunista de Venezuela, eran, junto con las de AD, tres letras malditas que la dictadura había borrado de la faz de Venezuela. Portarlas implicaba una ida segura a la cárcel, y en algunos casos hasta una condena hasta de muerte. Su desaparición era uno de los logros que más celebraba la dictadura. “En Venezuela, los partidos políticos han dejado de existir. Bastó un decreto y una simple operación policial para que desaparecieran. Lo que significa que éstos no tienen apoyo popular ni validez histórica”. Así se congratulaba y jactaba el Ministro del Interior de la dictadura, Laureano Vallenilla Lanz, en un artículo en El Heraldo, diario oficialista, que fue inmediatamente replicado en el diario católico La Religión por el padre Hernández Chapellín, en un célebre texto que logró burlar la censura: “AD y otros partidos no están muertos. Todo lo contrario. Creer que una idea se mata con una simple acción policial, que se extingue con un decreto, es colocar esas ideas en el plano de las cosas materiales. Lo que pasa es que esos partidos no encuentran clima propicio para trabajar a la luz pública. Que tengan campo libre de acción y veremos si es cierto la falta de vitalidad”. Santa palabra que fue confirmada la misma tarde del 23 de enero, cuando en las calles de Caracas volvieron a verse, libres, campantes y sin complejos, las letras PCV y AD. En la gráfica se aprecia una manifestación de los militantes del PCV -de franela ellos, siempre informales-, en pleno centro. No, no habían dejado de existir los partidos: estaban más vivos que nunca.

Colección Pozueta. Biblioteca Nacional

Colección Pozueta. Biblioteca Nacional

Es la sede de la Seguridad Nacional, la policía política de la dictadura, su implacable brazo represivo. Su sola mención era capaz de producir espanto en los venezolanos de la época. A sus funcionarios se les conocía como “esbirros”, y eran los hombres más temidos del país. De sus calabozos salían los lamentos de cientos de venezolanos que eran apresados y torturados en sus sótanos. Se trataba, en su mayoría, de militantes de Acción Democrática (AD) y del Partido Comunista Venezolano (PCV), que se encontraban ilegalizados en esa época. Su sede, ubicada en la Avenida México, en lo que hoy es el Hotel Alba Caracas, fue uno de los primeros objetivos de los manifestantes aquella mañana. No más huir el dictador, los caraqueños se dirigieron al edificio y tumbaron sus puertas y rejas para dejar en libertad a los casi 1.300 presos que había en sus calabozos. “El Gavilán”, uno de los torturadores más temidos, fue linchado en manos de la multitud, mientras otros ‘esbirros’ eran detenidos y encarcelados por las Fuerzas Armadas. Las oficinas fueron saqueadas y al edificio le prendieron fuego, en una especie de exorcismo colectivo y libertario para expulsar al execrable y cruel demonio de la tortura, que había enlutado a tantas familias venezolanas. Entre los métodos de tortura usados para lograr confesiones estaban brutales golpizas, descargas eléctricas de alto voltaje en los testículos, quemaduras con cigarrillos y el ring. Este último fue probablemente el más famoso –y pavoroso– método de todos. Miguel Otero Silva, en su novela ‘La muerte de Honorio’, lo describe de la siguiente manera en boca de ‘El Periodista’, uno de sus personajes: “El ring es una de esas filosas armaduras de metal alrededor de las cuales van enrollados los neumáticos de los automóviles. Estos canallas las usan para torturar a los presos políticos, como usted verá en seguida. Descalzo me montaron sobre ese círculo punzante y yo supuse al comienzo que el suplicio no era tan terrible, ya que apenas experimentaba un daño llevadero en la planta de los pies. Pero luego las hendiduras abiertas por el filo del metal en esa piel sensible se fueron ahondando y un dolor agudo me impulso a cambiar de posición sobre el borde del ring, lo que significaba ofrecerle nuevos caminos al cuchillo que me tasajeaba. A medida que transcurrían  las horas se magullaban más y más las plantas de mis pies, ya no me quedaba superficie sana que colocar sobre el filo, manaba sangre de las regiones rotas, se volvió el sufrimiento tan insoportable que yo pretendí a toda costa bajarme de aquellas navajas. Pero en ese momento intervinieron los esbirros y entre planazos, bofetones, insultos, escupitajos y patadas, me treparon de nuevo sobre el artefacto abominable”. Todo ello se acabó ese 23 de enero con la destrucción de la sede y la detención y muerte de los esbirros. Al día siguiente, la Junta de Gobierno ordenó su disolución inmediata, y así se puso fin a uno de los más infames organismos del país.

El Nacional

El Nacional

Es la primera página de la edición extra de El Nacional que recorrió las calles de Caracas esa tarde. Una portada que grita, jubilosa, la noticia que el periódico llevaba años queriendo dar. Casi una década -8 años, para ser exactos- tenía la prensa escrita sometida a una rigurosa censura por parte de la Junta de Revisión y Examen de Prensa, organismo por cuyo escrutinio pasaba previamente todo lo que publicaban los periódicos. Eran los tiempos en los que los redactores debían escribir sus notas con tres copias: una para la Jefatura de Información, otra para los talleres y una última, la original, para la Junta, a la que un mensajero debía llevar todos los textos, y sólo cuando volvían sellados y aprobados era que podían insertarse en la edición del día siguiente. A pesar del riguroso control y de su escaso margen de maniobra, la prensa también jugó un papel determinante en la caída de la dictadura, sobre todo con la huelga llevada a cabo el 21 de enero, día en el que no circuló ningún periódico en el país y fue el aviso –o la confirmación– para la gente de a pie, de que la Huelga General había comenzado.

Civico-Militar

Un militar de bigotitos, rigurosamente uniformado, es alzado en hombros por civiles en medio de una manifestación en la que ondean las banderas de Venezuela y un flaco orejón mira sonriente y con expresión simpática a la cámara. Nada resume mejor el espíritu de aquel día, en el que Fuerza Armada y civiles se unieron para derrocar una tiranía, paradójicamente, militar. Desde hacía algún tiempo, la dictadura había perdido el favor –y fervor– del mundo castrense: la burla a la voluntad popular cometida en el plebiscito del año anterior, así como la cada vez más sangrienta represión a la que tenían que apelar para mantener el orden, hacían que los uniformados ya no la quisieran. En el amanecer del año nuevo, el alzamiento de la Fuerza Aérea y algunos componentes del Ejército, que ametrallaron y bombardearon Miraflores, aunque infructuoso fue sintomático del poco control y apoyo con el que contaba el régimen entre los uniformados. Tres semanas después, la noche del 22 de enero, Pérez Jiménez recibe una dura respuesta de parte del Director de la Academia Militar, uno de los pocos oficiales que todavía le atendían el teléfono, cuando lo llamó a consultarle como estaba todo: “Aquí, Marcos, en las Fuerzas Armadas, ya nadie lo quiere, lo mejor es que se vaya”. Posteriormente, el mismo dictador reconocería que lo determinante para tomar la decisión de irse fue ver que la Fuerza Armada –“la institución sobre la cual se basó la solidez de mi gobierno”– ya no lo apoyaba.

 Archivo/ Cadena Capriles

Archivo/ Cadena Capriles

Como un fin de año. Así describieron varios cronistas lo que se vivió en las calles de Caracas ese 23 de enero. Una fiesta que había comenzado en la mañana y se había extendido hasta la noche, como se aprecia en esta gráfica que capta la multitud que abarrotó, ya tarde, la Plaza O’Leary, en El Silencio, a unas pocas cuadras de Miraflores. Al fondo, el Teatro Junín, en la que probablemente fuera su época de mayor esplendor: tenía apenas 8 años de construido y su letrero eléctrico iluminaba, enorme, una de las noches caraqueñas más felices –si no la más– de las que ha sido testigo.

El mundo alzó su voz en 2015

Generalmente se asocia la palabra “protesta” con un hecho masivo en el que se manifiesta un descontento ante un hecho social o movimientos que buscan generar un cambio ante esa situación determinada. En 2015 hubo una serie de protestas que salieron de los estándares, propuestas creativas que se llevaron a cabo en varios países y amplificaron su impacto a través de las redes sociales.

Estas fueron algunas de ellas:

Como forma de pobreza contra la violencia y la desigualdad social en el mundo, un grupo de activistas en Munich, Alemania colocó globos de aire con los rostros de los presidentes de los países que forman parte del G7. Debajo de ellos hay una nota que dice lo siguiente:

“Querido G7, se más que aire caliente. Actúa ahora para terminar la pobreza extrema”

Activistas en Ankara, Turquía protestaron contra la violencia doméstica mostrando fotografías recortadas a la mitad de mujeres que han sido víctimas de malos tratos.

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Ciudadanos en Milán, Italia, manifestaron a favor de los derechos de la comunidad LGTB con carteles que simplemente decían la palabra “Sí”.

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En Pamplona, España, activistas por los derechos de los animales protestaron en el festival de San Fermín, reconocido a nivel mundial por la corrida de toros que se realiza en las calles de la ciudad. Los participantes pintaron sus cuerpos de rojo y se colocaron en el asfalto de las calles de Pamplona para hacer un llamado a la sociedad y ponerle fin a este evento.

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Luego de celebrarse en París el “Climate Summit” de las Naciones Unidas, un grupo de activistas y simpatizantes a la causa, se unieron para protestar en la ciudad colocando un pares de zapatos como una manera de apoyo ante los problemas climáticos. Entre los pares de zapatos que se utilizaron, se encontraban unos pertenecientes al Papa Francisco y otros al secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki Moon.

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Emigrantes y refugiados sirios cosieron sus bocas en una protesta en las fronteras de Grecia y Macedonia.

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Como parte de la celebración del “Día Internacional sin Carne”, activistas del grupo Anima Naturalis, el cual actúa en defensa de los derechos de los animales, se mostraron “empacados” en las calles de México DF.  Estos empaques humanos tenían una etiqueta en la que se leía “Carne humana”.

Un grupo de aproximadamente 200 personas protestaron en Brighton, Inglaterra, colocándose en bolsas negras como si tratara de cadáveres a la orilla del mar. La protesta organizada por Amnistía International se realizó por la gran crisis de los refugiados en Europa.

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Mira las fotos más bellas tomadas desde un Drone en 2015

Este año los avances de la tecnología han sido tales que incluso los drones de “bajo costo” pueden tomar muy buenas fotografías. Para impulsar la difusión de las mejores imágenes capturadas con estos equipos, la compañía DJI creó la web SkyPixel, una plataforma dedicada a los fotógrafos y realizadores audiovisuales áreos de todo el mundo.

Hace unos días la revista Time seleccionó del catálogo de SkyPixel a las 16 mejores tomadas por Drones en 2015. La curaduría estuvo a cargo de Josh Raab, editor fotográfico de la publicación, esta incluye piscinas artificiales en China, manadas de animales en Kazajistán, puertos y estadios en Europa y varios escenarios naturales en Estados Unidos.

Aquí pueden ver la selección de Raab:

Piscina Mengzhuiwan en Chengdu, China.

Así suena la banda sonora de “Star Wars: The Force Awakens”

Así suena la banda sonora de “Star Wars: The Force Awawens”

Desde su primera entrega, la banda sonora de la saga dirigida y producida por George Lucas,  “La Guerra de Las Galaxias” (Star Wars), ha sido una de las más icónicas en la historia del cine.

La música de “Star Wars” es producto del trabajo del director de orquesta estadounidense, John Williams, quien también ha realizado el fondo musical de películas como: “Jaws”, “Indiana Jones”, “Jurassic Park”, “Harry Potter” y ahora del episodio siete “Star Wars: The Force Awakens”.

CBS News transmitió un segmento de la introducción musical de la película en su programa “60 Minutes”. En el clip, J.J Abrams, director de The Force Awakens, compartió en pleno ensayo con Williams y toda la orquesta. Abrahams también reveló varios detalles sobre el film y su rodaje.

Disfruten del segmento aquí debajo:

Disfruten del segmento aquí debajo:

INMATERIALES, la intervención artística en Maracaibo

Inmateriales es una cubierta móvil que se encuentra en la plazoleta de la Basílica de Chiquinquirá en Maracaibo, estado Zulia. La obra fue creada por el arquitecto Miguel Braceli y es una “intervención participa” que pertenece al Museo Contemporáneo del Zulia.

En el extracto de la sala, se encuentra el siguiente texto:

“INMATERIALES, comienza con un discernimiento que conduce a la construcción de dos intervenciones espaciales de carácter efímero, que buscan, mediante la acción de la luz solar y el viento en nuestra ciudad, producir una experiencia EXTRAordinaria en el espectador, para sacarlo intempestivamente de su cotidianidad y sumergirlo en una experiencia inesperada, cuya intención es generar conocimiento. 

Esta exposición, ha sido construida mediante las imágenes producidas en esas dos intervenciones, pensadas éstas, a partir de la inmaterialidad y accionadas desde el carácter efímero. Imágenes en secuencia, que muestran y evidencian, las transformaciones que suceden mediante procesos de experimentación y construcción colectiva. Procesos que han partido desde una catálisis solar, para provocar una alquimia de imágenes simbólicas.”

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Fotógrafa norteamericana comparte su visión de Venezuela

La visión foránea, de un fotográfo, escritor u artista, siempre suele ser de reflexión y aprendizaje para los locales,  quienes, sin quererlo también son protagonistas de su trabajo. Este es el caso de la serie fotográfica “The Office of Hope”, de Natalie Keyssar, fotógrafa free-lance, quien durante su estancia en Venezuela en el primer semestre de 2014 realizó el fotoreportaje que fue publicado esta semana por The New Yorker.

“Desde llegué por primera vez a Caracas en febrero de 2014, busqué fotografiar la belleza única  del paisaje venezolano, la extraña paradoja de un país rico en petróleo pero hundido en la pobreza. El orgullo de los trabajadores de una nación socialista, la corrupción presente en todos lados que los ha hecho estar al borde del colapso, la polarización y la rabiosa disparidad de clases que caracteriza su política”, comentó Keyssar en su página web.

“The office of hope”, está compuesta por 43 fotografías que se completan con testimonios recogidos por la fotógrafa en su estancia en el país. Natalie Keyssar ha trabajado para Time, Wired, The New York Times, The Fader, The Wall Street Journal, Le Monde M Magazine, Newsweek, Mashable y Amnistía Internacional, actualmente esta de vuelta en Caracas.

Aquí pueden ver una selección de “The Office of Hope”:

Mathieu Stern: La mezcla entre el lente de una cámara de 1910 y una réflex actual

Mathieu Stern, un fotógrafo francés, llevó a cabo un experimento casero en el que adaptó el lente de una cámara Eastman Kodak Kodex / Topaz Boyer Paris f 6.3 120 MM, del año 1910, a su cámara réflex actual. En el video, que registra la primera parte del experimento, se aprecia que gracias al lente utilizado se ha conservado el estilo de la imagen, la iluminación, y una definición perfecta de la misma.

He aquí la elaboración y el resultado del proyecto: