La pregunta que Leonardo Padrón quiere hacerle a Venezuela

Desde el seis de mayo de 2017, Leonardo Padrón no pisa Venezuela. Salió por trabajo y le advirtieron que era mejor no volver. Autor de telenovelas muy exitosas, poeta, entrevistador y columnista, Padrón es un rostro bastante popular en su país. Un rostro que no ha dejado de mostrar su desacuerdo contra el régimen que, paulatinamente, secuestró y destruyó la tierra en la que nació, creció e hizo casi toda su carrera. Un régimen del que también es víctima.

Le dijiste a Shirley en una entrevista que te botaron de Venezuela, pero entiendo que estabas fuera del país por trabajo y no pudiste volver.

Podía, pero no lo hice ante la advertencia que había recibido de alguien de la línea aérea en la que iba a volver, que se lo agradezco. Me dijo: “Mira, no sé si me están grabando o si me van a botar del trabajo, pero yo no puedo dormir en paz con mi conciencia si no te llamo para avisarte que el Sebin tiene tres días llamando para saber en qué vuelo vienes y a qué hora”. Era obvio lo que me iba a pasar.

Por la media chiquita nos iban a quitar el pasaporte a Mariaca y a mí. Porque además son tan siniestros que implican a la familia, que, a su criterio, son un daño colateral inevitable. Estábamos diseñando toda la gira internacional de Piaf, así que corríamos el riesgo de que nos dejaran encerrados en el país y de abortar un proyecto que tenía meses granjeándose.

¿Te sorprendió recibir esa llamada?

Me sorprendió, aunque sabía que yo podía estar en el radar. Viajé por diez días y me llevé ropa para diez días nada más. Tuve que comprar todo de nuevo, hasta la cesta donde echo los trastos que ya no sirven. Pero sí, de alguna manera me sorprendió, sin duda alguna; no tuve chance de ejercer ningún ritual de despedida o de desconexión con mi casa, con mi espacio y con los míos.

¿Te sigue haciendo falta esa despedida?

Por supuesto. El exilio siempre es una palabra de rendijas dolorosas, sobre todo cuando no es voluntario. Mis hijos están allá. Otra de las cosas que más extraño ruidosamente es mi biblioteca, donde tengo cinco mil libros: toda una vida construyéndola. Me quedé con el libro que llevé de viaje y empecé a comprar otros.

¿Qué fue lo que faltó para derrotar a Chávez y a la dictadura?

Brújula. Es decir, todo el mundo cuando sacaba la brújula apuntaba a un norte distinto, y hay que cuestionar duramente a las dos generaciones políticas a las que les ha tocado enfrentar esto. Efectivamente se estaban enfrentando a un proceso inédito, pero siempre va a ocurrir una primera vez y tienes que tener la lucidez y la capacidad de análisis necesaria para enfrentar al monstruo. Creo que hubo un cóctel de elementos que han contribuido a que tantos intentos hayan desembocado en un territorio de inestabilidad y frustración tremenda. No se calibró con precisión al enemigo. A veces sentías que era como si pusieras a pelear en un callejón cerrado a un malandro contra un boy scout. El malandro no tiene reglas de juego y el boy scout tiene una nobleza. Lo que quiero decir es que algunos asumieron la contienda de forma ingenua y otros la asumieron de forma inmensamente personalista, se dijeron que ese era el tren perfecto para llegar rápido a la presidencia de la República, o para que su partido finalmente conquistara el poder, o lo recuperara. Hubo demasiadas agendas sobre la mesa y no cabían todas en la misma página, ni apuntaban todas al mismo sitio. El norte del país se volvió un laberinto de flechas y la sociedad entera pagó los platos rotos de ese enjambre de intenciones.

¿Crees que cierta arrogancia de los venezolanos fue la que no les permitió ver que, como a cualquier otro país, a ellos les podía pasar otra dictadura?

Es que a eso me refiero. Tengo meses con una pequeña campaña personal contra el tópico de que Venezuela es el mejor país del mundo. Me parece una frase peligrosísima, tramposa y falsa. Si fuéramos el mejor país del mundo no hubiéramos caído en lo que caímos. El discurso populista de Chávez no hubiese calado de esta manera tan insólita, y menos aún después de muerto. Tan no somos el mejor país del mundo que no hemos podido concretar nuestra salida de la pesadilla. Tan no somos el mejor país del mundo que la mayoría de las personas que están en el poder, poniéndole unas comillas a Maduro, son venezolanos. Diosdado Cabello es de El Furrial, ese tipo con esa mente tan siniestra es venezolano, al igual que Tibisay Lucena. Así estén asesorados por los rusos, por los cubanos o los iraníes, no dejan de ser venezolanos. Cohabitaron todos en el mismo mapa. Mordimos el polvo como sociedad y eso nos tiene que enseñar humildad. Tenemos que, con los dientes rotos y la cara llena de tierra, pararnos del piso rocoso y fangoso y eso nos tiene que hacer más humildes, ver hacia los lados, contextualizar, saber interpretar los hechos históricos y en cuál estamos metidos. Hay que bajar las expectativas de que la solución es mágica: no lo va a ser. De manera contundente quiero dejar ver que distamos mucho de ser el mejor país del mundo. Un país donde además la corrupción se convirtió en un estilo de vida, desde el gestor que te ayuda a sacarte el pasaporte hasta los cupos que se venden en las universidades. La corrupción se ha dimensionado de una manera espantosa.

Pienso en Por estas calles, una novela de 1992 que se agarró de la realidad social para criticar muy duro al gobierno de entonces. Ahora, en 2003, un año casi de precampaña para el revocatorio a Chávez, salió al aire la novela Cosita rica, donde también se expone la difícil vida diaria del país. ¿Tuvo Cosita rica alguna intencionalidad política también?

Sin duda. Te voy a contar algo que poca gente sabe: en esa época me puse a trabajar en una gran telenovela sobre Simón Bolívar, porque me asustaba el Bolívar que Chávez le estaba dibujando al país, arrimando el fuego a su brasa. A los ejecutivos del canal les encantaba la idea. Contraté a un historiador como asesor y reuní un montón de carpetas y libros para estudiar. Hasta que llegó el paro petrolero, junto con los problemas económicos, y echaron el proyecto para atrás por falta de plata. Me mandaron a olvidarme de una historia de época y de caballos, tuve que concentrarme en la actualidad. Como lo de Simón Bolívar era un espejo, pensé en quitarle el marco y ponerle otro: el de la Caracas a comienzos del siglo XXI. Así nació Cosita rica. Quise conectarme con el país y decirle lo que nos estaba pasando.

En Cosita rica tuvimos a Carlos Cruz, que era un actor que representaba a Chávez. Había llegado en paracaídas directo a presidir una fábrica de perfumes, y no contaba con el talento, ni las capacidades, ni el talante intelectual para hacerlo. Entonces en algún momento en la empresa empiezan a quejarse de este tipo, que además Carlos Cruz colgaba sus fotos en todos lados –que era el asunto personalista y egocéntrico de Chávez– y tenía un programa de televisión que todos sus trabajadores tenían que ver. Los empleados empezaron a quejarse de que tenían que oír a ese carajo hablar pendejadas y deciden hacer un movimiento para sacarlo. O sea, un revocatorio.

Parte de la biblioteca que Leonardo dejó en Caracas.

¿Es cierto que ya en los capítulos finales el Gobierno supervisó los libretos?

En Cosita rica hubo dos etapas: una en donde yo hice lo que quería y otra en donde empezaron a censurarme los libretos. Gustavo Cisneros estaba contento porque le había devuelto el rating al canal, me lo comentó la única vez que hablé con él, en una fiesta de Navidad del canal. Me dijo que si Chávez se metía conmigo, el canal me pondría en cualquier parte del mundo con tal de terminar de escribir la novela. Fue chévere escuchar eso y sentirse respaldado. Después hubo la famosa reunión Chávez – Carter – Cisneros, y un día llamó Jesse Chacón [entonces ministro de comunicación] al canal a pedir que el capítulo de un revocatorio que estaba planeado dentro del mundo de la telenovela se transmitiese después del referéndum que se le iba a hacer a Chávez en la vida real. Monitoreaban lo que hacíamos un poco escoliados quizá de que Por estas calles contribuyó a la caída del gobierno de Pérez, que me parece que no hay porqué endosarle tanta responsabilidad a una novela. Al final tuvimos un censor que llegó a tachar palabras del libreto, porque yo me negué a hacerlo. Yo le decía: “Yo no me voy a autocensurar, táchalas tú”.

¿Cómo recibiste esa segunda etapa?

Si ya empezaban a meterse en los mundos ficcionales, entonces era porque querían dominar todos los resortes y bisagras de la sociedad.

¿Eso hizo que de algún modo decayera tu entusiasmo?

Los intentos por cercenar la libertad de expresión lo que hacen es retarte a decir las cosas de otra manera. En la España del franquismo los intelectuales, escritores y cineastas buscaban la forma de decir lo que tenían que decir con fórmulas un poco más elaboradas, y lo lograban. Ahí fue cuando yo empecé a vivir en carne propia al chavismo y sus implicaciones.

¿Te costó convencer a los ejecutivos del canal sobre la realización de Ciudad bendita, tu novela que siguió después, también con crítica social?

No. Aunque obviamente me pidieron que no fuera tan explícita en su nivel confrontacional, pero que no se desconectara del país. Por eso elegí ambientarla en un mercado popular.

¿Y la intención de la telenovela La mujer perfecta?

Volví otra vez con un discurso que había tocado en Cosita rica. Con la obsesión de la mujer venezolana con la belleza, capaz hasta de consumirse 70% de su sueldo en cosméticos, maquillaje, peluquería, teta y culo. Me parecía un trastorno importante de tratar. Después de esta novela, escribí dos producciones más, pero no volví a estar al aire. No me lo dijeron explícitamente, pero había una orden que dictaba eso. Para que veas que no estoy especulando: en la gira de medios sobre un espectáculo, inocuo políticamente hablando, que hice junto con Aquiles Báez y Mariaca, nos entrevistaron en todos lados (hasta en Últimas Noticias), menos en Venevisión. Cuando la productora llamó al productor de El Informador, él le comentó que podían ir Mariaca y Aquiles, pero que yo estaba vetado en el canal, luego de 17 años trabajando ahí.

¿Cómo te cayó eso?

Muy mal. Fui a Venevisión y le reclamé a un alto ejecutivo, que le escurrió el bulto a los de más arriba. Entendí todo y me fui.

¿Cuál fue la telenovela que más satisfacción te trajo?

Cosita rica, sin duda. En Venevisión Plus la repitieron, y me gustó ver de nuevo el nivel de producción que tuvimos y el discurso que estuvo presente. Es una novela que todo el mundo recuerda.

¿Y la que menos?

Diría que La vida entera, una novela con un alto nivel de producción y unos tremendos actores y que lideró el rating, pero la resetearía quizá por el Leonardo que soy ahorita, ahora me parece inocua.

¿Cómo termina un poeta en escritor de telenovelas? ¿Te hace sentir menos poeta?

Llegué a la televisión buscando el cine. Estaba haciendo un taller de cine en el Conac y ahí al profesor de dirección y guion, que era Abraham Pulido, lo nombran gerente de un programa magazine en vivo llamado Lo de Hoy. De los catorce talleristas, él me elige a mí porque le gustaba mi trabajo. Entré como asistente de producción y empecé a educarme en silencio para hacer cine, porque el cine me fascina. Pero, coño, la televisión me atrapó. Encontré una fascinación en el trabajo que se hacía en cuatro paredes y que terminaba por verse en todo el país. No quería ser asistente ni productor, pedí que me dejaran hacer dramático y ahí es cuando Salvador Garmendia me llama para trabajar como escritor en una novela llamada Amanda Sabater, como dialoguista.

Suelo decir que este fue mi modus arepandis, mi manera de ganarme la arepa, con lo que me gustaba que era escribir. He visto a tantos amigos escritores haciendo trabajos que no tienen nada que ver con la escritura, y los veo profundamente amargados. Nunca en mi vida me planteé ningún conflicto con la quinta esencia de la poesía. Tuve amigos de mi propia generación que me condenaban porque escribía para la televisión y que diez años después me tocaban la puerta pidiéndome trabajo, porque así es la vida.

Coño, la intelectualidad a veces tiene más prejuicios de los que uno piensa. Debería tener menos, porque se supone que si eres intelectual el pensamiento es tu músculo más ejercitado. Vi todo lo harto que estaba Cabrujas de justificar siempre el hecho de que escribiera telenovelas y es verdad, te cansas. Salvador Garmendia se cagaba en la gente que le criticaba eso, era un tipo maravilloso del que aprendí tanto de la vida. Me la pasaba con él caminando por el bulevar de Sabana Grande, después de escribir nos íbamos a tomar a los bares de ahí. Oír a Salvador Garmendia era un taller de vida. Nunca tuve conflictos éticos sobre esto que me planteas, pero sí sabía que me veían de reojo, y todavía. Hay colegas, por llamarlos de alguna manera, gente del mundo literario que te dice que vendes libros solo porque eres famoso.

¿Si me hizo menos poeta? Coño, la poesía tiene su habitación propia. La fraguas tú con el idioma y el hecho poético. Yo siento que la televisión me otorgó una visión del país muy grande y compleja. Cuando me sentaba a escribir pensaba en la señora que estaba friendo tajadas en Bonocó, en una familia de Cumaná o de El Hatillo. Porque te contratan para que ganes el juego y no para andar haciendo experimentos a lo Oswaldo Trejo. Ya para los experimentos tenía a la literatura. En un momento llegué a vivir la extraña paradoja de salir el mismo día publicado en la prensa: en el Papel Literario y en Chepa Candela; pero bueno, qué carajo.

¿Eras un escritor obsesionado por el rating de tus telenovelas? ¿Te fijabas mucho en eso?

Es que tienes que estar pendiente, porque si no, van a estar pendientes tus jefes. Hay una hora terrible del trabajo cotidiano de escritor en televisión que es 10:30 de la mañana, cuando llegaba el correo con la cifra de rating del día anterior. Tú abrías esa vaina rezando hasta en mandarín; y de repente pierdes el último cuarto de hora, eso vuelva a pasar y otra vez, a los tres días ya estás sentado con los ejecutivos del canal. Entonces, no puedes estar en un onanismo creativo pensando que el rating es un asunto de plebeyos. Te contratan para que seduzcas con tus historias y lamentablemente la demostración son los numeritos.

Tengo la noción de que el rating casi siempre fue bastante benévolo contigo, pero ¿cómo se vivía la competencia entre canales con el rating del horario estelar, que fue tuyo por mucho tiempo?

A sangre y fuego. Era sensacional. Siempre he dicho que las canas que tengo son un culto al rating. De hecho, recuerdo un momento muy fuerte cuando me tocó competir con mi compadre, César Miguel Rondón. Era apostar a que él perdiera. Si le iba mal, a mí me iba bien. Fue fuerte. Él tenía Kaína y yo tenía Amores de fin de siglo. Pero claro, él era un veterano y yo era el novel que estaba pichando su primer juego. Eso fue una prueba preciosa para los dos porque las producciones fueron gratificantes y a la gente le gustó. Fue un momento muy lindo de la televisión.

Hacer televisión es muy enajenante, porque efectivamente tienes esa obsesión por el rating. Para los ejecutivos, un punto de rating eran millones de bolívares en publicidad que entraba y salía. La telenovela estelar es el corazón de la programación, así que cuando ibas ganando el rating todo el mundo en el canal te abrazaba. Si ganaba la novela lo hacía también el programa que le antecedía y el que venía después, era una onda expansiva. Una novela ganadora ponía a ganar al canal.

¿Y qué había que hacer cuando el rating bajaba?

Hacía focus group, detectaba problemas y agilizaba o comprimía los capítulos. El rating se medía por cinco ciudades del país: Valencia, Maracaibo, Barquisimeto, Caracas y San Cristóbal, creo. Entonces, si bajaba el rating en Maracaibo, por ejemplo, mandabas a uno de los personajes para allá en la telenovela, o algo parecido. Era muy divertido.

Entonces, ¿es la truculencia el éxito de una telenovela?

No, no es la truculencia, que de hecho hace mal. Una cosa es la truculencia y otra es un argumento pleno de eventos trepidantes, con giros inesperados y de personajes con gancho: eso es una telenovela exitosa. La truculencia me parece que espanta a la gente. A veces caía en cosas truculentas, pero las evitaba porque las consumí: no soy de esos que decían que estaban comiendo y de repente la TV estaba puesta allí. Uno se daba cuenta, porque los rating llegaban estratificados, de la cantidad de hombres que ven telenovelas, y que de cara lo niegan.

Considero que Televisa puede llegar a ser la casa de la truculencia; hace poco escribiste una telenovela para ellos, ¿el canal te pidió truculencia siendo un escritor que no acostumbra a ella?

Te agradezco esta pregunta. Toda la vida le tuve alergia a Televisa. Venevisión ponía las novelas de Televisa y yo decía: “¡Dios mío! Qué manera de actuar tan impostada, con unos argumentos truculentos y simplistas, que si la muchacha pobre y el tipo rico…”. La televisión ha cambiado mucho, gracias al triunfo de plataformas como Netflix o Amazon, que han hecho que millones de personas —porque el rating ha caído pero millones, en cifras de millones— migren a ellos. Los canales se han dado cuenta de eso y han tenido que actuar: revisar, reeditar sus discursos y adaptarlos a los códigos con los que operan algunas series. De alguna manera, me llamaron por eso, querían que escribiera una historia de amor con un toque fresco, cotidiano y moderno. Entré en una estrategia y en un viraje que está haciendo Televisa, en aras de reconquistar ciertas audiencias.

¿Te gustaría escribir series?

Sí, claro. Las consumo ávidamente. The Handmaid’s [Tale] me parece sensacional. Me gusta muchísimo Black Mirror, por lo que tiene que decir de lo que estamos viviendo actualmente. Hay una serie alemana llamada Dark que me gustó también. Una de mis favoritas fue Breaking Bad, me encantó y me pareció un alarde genial de cómo echar un cuento. Me volví adicto a Peaky Blinders, una serie británica con un nivel de elaboración estética importante: es mi serie favorita. Y por supuesto, Game of Thrones, que tiene una superproducción maravillosa.

Ha cambiado la narrativa audiovisual: es más audaz y más ambiciosa, con una sintaxis y un ritmo distinto. Hay cosas importantes que se han hecho en Hispanoamérica: desde el mismo El Patrón del mal hasta la Reina del sur, son dos productos que tienen gancho.

¿En Venezuela se podrá hacer una telenovela de pranes?

Es importante, eso va a venir. Todo lo que pasa en Venezuela lo tenemos que codificar audiovisualmente. Va a ser un éxito, si se hace como debe ser. Se han hecho algunos experimentos que no funcionaron, como El Comandante, por ejemplo. De hecho, tengo un proyectico medio avanzado que tiene que ver con Venezuela.

¿Por qué decidiste ser poeta y no cuentista o novelista?

Las editoriales que me han publicado me han preguntado que para cuándo una novela. Ya tengo 30 años escribiendo telenovelas: sé escribir personajes, echar un cuento largo, escribo prosa y crónica, en fin. La única razón por la que no lo he hecho es por falta de tiempo, confieso. Me tiene atrapado el día a día: paso siete horas en la casa escribiendo, no he dejado un día de hacerlo. Hoy, sábado, diagramé un capítulo, por ejemplo.

Entonces, no tienes problemas con escribir una novela

Lo voy a terminar haciendo. Sé más o menos el cuento que quiero echar, pero me encuentro configurando el tono. No me apuro, aunque la vida es bastante breve, pero si no se da, no se da.

¿Qué tipo de rutina o ambiente necesitas para escribir?

Esta es una pregunta interesante porque yo antes escribía siempre con música. No sé por qué de un tiempo para acá necesito silencio, ahora la música me distrae. Me gusta mucho la música, he ido a una gran cantidad de conciertos. Me activo siempre en las mañanas, siete y media u ocho, me gusta escribir con el cerebro fresco. Me gusta estar lo más lúcido posible cuando estoy escribiendo. En el día escribo y en la noche vivo.

¿Y lo que escribiste no te acompaña todo el día?, ¿te zafas de ello?

Por supuesto que pienso en ello todo el día, a veces es una maravilla porque se me ocurren unas ideas buenísimas, pero cuando te conviertes en escritor profesional tienes que tener a la inspiración contigo y saber parcelar este asunto. Cuando es poesía, dejo los textos en reposo; si es algo periodístico a veces me quedo sin tiempo de maceración. Lo mismo pasa con los libretos, a los que les doy tres pasadas en las mismas 24 horas.

¿Y la dinámica con tus famosas crónicas de El Nacional?

A esas sí les daba más tiempo que a las que estuve escribiendo después para Caraota Digital, que eran más cortas. Las de El Nacional eran de al menos diez mil caracteres, un trabajo grande y delicado. Tardaba una semana.

¿Sigues escribiendo poesía?

Sí. Aprendí a no tener prisa con la poesía. Creo que es lo más saludable. De todos los géneros es el que más se presta para la dilatación del tiempo.

¿Tienes una metodología para la poesía y otra para escribir telenovelas?

Claro, aunque en ambas hago muchas anotaciones a mano. Pero mi mejor manera de pensar es con las yemas de los dedos en el teclado. Si estoy trancado, me siento en la computadora; ese es el truco: me destranco.

¿En la poesía importa más la inspiración o la disciplina?

La poesía es una forma de ver el mundo. El poema, que es ese artefacto lingüístico que de alguna manera traduce tu forma de ver el mundo, viene de esa relación con el mundo: los detalles, tu punto de vista, dónde asientas la mirada. Para mí es un ejercicio constante. De hecho, a veces hasta utilizo la cámara del celular para captar una escena en donde está un punto de vista, que pueda ser el origen de una divagación poética. El arte, no solamente la poesía, es un 99% transpiración y un 1% inspiración, como lo dijo Picasso.

Muchos te consideran como un poeta urbano, ¿crees que es así?

No, no. Yo me llamaría poeta, a secas: así nada más. Aunque me da pudor decirme así: yo no me llamo poeta a mí mismo. En mi Twitter dice escritor. Le tengo mucho respeto a esa palabra y pareciera que en Venezuela es una moda. Cuando estudiaba Letras en la UCAB, todos se saludaban como “poeta”. En la televisión me decían así, aun cuando ninguno de esos carajos se había leído uno de mis poemas. Yo preferiría… lo que pasa es que la palabra poeta es un sustantivo tan poderoso que no necesita de adjetivos.

¿Pero sí te consideras poeta?

Coño, sí. La poesía es lo que más me gratifica en la escritura. Aunque es mi rol menos popular. He tenido una vida laboral creativa muy diversa, así que es difícil que me recuerden solo por ella. Me conocen sobre todo por Los Imposibles, o por las telenovelas. Pero si me ponen a escoger, entre todos los formatos de escritura que manejo, me quedaría solo con la poesía.

¿Y que tiene la poesía que encanta tanto?

Juan Liscano decía que la poesía era el penthouse de la literatura, me parecía arrechísima la imagen. Hay una experiencia estética tremenda y demoledora que tienes con el lenguaje cuando logras reunir las palabras indicadas para que ocurra una suerte de relámpago estético en la página. Ocurre una dosis de belleza particular. Es una epifanía que te dan las palabras y que revelan algo de ti. O cuando haces la pregunta exacta que no sabías ni siquiera cómo articularla: muchas veces la poesía lo que hace es preguntar cosas y no responderlas.

¿Has logrado versos que hieren?

Creo que sí. Han ocurrido momentos importantes en los que logro versos con los que quedo satisfecho y con los que llego a declarar el triunfo de la poesía. Que siento que la conquisté, que la invoqué. Esa sensación es tan gratificante que me mantiene contento. Uno además está escribiendo para tratar de vencer a la muerte, aunque al final ella gana. Pero con la poesía uno se siente más cerca de derrotarla.

¿Un verso de otro poeta al que siempre vuelves?

Dos de Juan Sánchez Peláez: “Suenan como animales de oro las palabras”, que me parece casi como una definición de las palabras cuando están en estado de poesía; otro que dice “Belleza, santa perra”. Hay otro de Juan Carlos Onetti: “Santas, putas, y ese intermezzo que llamamos mujeres”, me parece sensacional porque define la naturaleza de la belleza femenina, tan compleja e inaprehensible.

“El apego, el apego es el enemigo”, ese es de Cadenas y me parece un mantra de vida.

¿Qué es lo que más extrañas de Caracas?

Su pasado.

¿Algún recuerdo emblemático de El Paraíso?

El ocio de las esquinas. Esa maravilla de sentarte en una esquina con tus amigos a construir un ocio extraordinario y larguísimo, donde con plenitud divagas con chistes, comentarios y ebriedades… uff, es maravilloso. Extraño las caimaneras que se armaban cerca de las Naciones Unidas. Jugaba burda a las pelotas, en la primera base.

Si tuvieras la oportunidad de hacerle una pregunta a Venezuela, ¿cuál sería?

¿Me aseguras que no te quedarás atrapada en la resignación?

¿Y si te dice que sí?

Lo siento por ti, qué bolas tienes. Tus hijos desean volver a ti, incluso los que están adentro.

 

Por Ezequiel Abdala | (@eaa17)

Tamoa Calzadilla, una cara del periodismo expatriado

El nudo hace estrago en su garganta. Camina lento y mira hacia atrás: va dejando la cromo-interferencia de Carlos Cruz Díez que se ha convertido en un arte repudiable para quienes se van y añorado para quienes regresan. Sus padres y su hermana se quedan allí. Mientras se despide, un cúmulo de sentimientos comienzan a reencontrarse. Es jueves primero de octubre del 2015 y a Tamoa Calzadilla le toca abandonar el lugar en el que creció. Donde hizo 25 años de carrera. Donde pintó sus muñecas. Donde conoció a su primer amor. Donde descubrió quién mató al Fiscal Danilo Anderson y, también, al estudiante Bassil Da Costa. Todos sus logros ahora quedan atrás. Se ve obligada a decirle adiós.

Ella, junto a su familia, lleva unas ocho maletas que parecieran estorbarle, pero realmente no. El equipaje que le pesa va vacío y lo carga en su pecho. En el lugar que ahora deja tuvo dos hijos. Hizo una carrera de periodismo intachable, que la llevó a ganarse un María Moors Cabot, uno de los premios más importantes del mundo para quienes hacen investigación en su profesión.

También abandona a su hermana, quien está embarazada, y no sabe cuándo la volverá a ver. Ni a ella ni a su sobrino que está por nacer. Respira y con sus manos trata de limpiarse las lágrimas. Así lo recuerda Calzadilla, mientras cuenta cómo fue ese fatídico día para ella. Para el país. Para el periodismo.

“Hasta el último momento pensé que iba a tener problemas para salir del país, por todas las investigaciones que había hecho sobre  irregularidades registradas en el Gobierno. El  funcionario que nos trató fue bastante hostil  y revisaba los documentos y miraba cada cosa como para encontrar algo que nunca consiguió. Viajaba con mi hija mayor que, legalmente, no es hija de mi esposo;  pero su papá estaba allí,  afuera, despidiéndose. El funcionario, por molestar, dijo así como: ¿y dónde está el papá de ella? ¿Y por qué no va? Y yo lo que pensé fue: porque no viajo con mi esposo y ex esposo al mismo tiempo. Cuando nos montamos en ese avión mi sensación fue de  alivio”.

Su salida fue inminente. Univisión la llamó para formar parte de su unidad de investigación. Esa mujer morena, y de cabello afro, no lo dudó. No lo pensó. Una crisis económica, hostigamientos y constantes amenazas tenían a su familia en zozobra.  A su esposo, David Maris, un fotógrafo independiente que trabajaba para ABC de España, un efectivo de la Guardia Nacional lo había despojado de sus equipos fotográficos valorados en cinco mil dólares. Fue un robo descarado que quedó impune. Su casa también fue violentada, por sujetos desconocidos que se llevaron su computador. Solo eso. Para ella, entonces, ere imposible decirle que no a esa propuesta.

 

Calzadilla había liderado la Unidad de Investigación de Últimas Noticias que desenmascaró una de las falacias del gobierno de Nicolás Maduro, el cual pretendía sumarle 18 años de cárcel al líder opositor Leopoldo López.  Aunque el dirigente fue condenado por 14 años, no le sumaron la condena del asesinato del estudiante Bassil Da Costa. Un minucioso reportaje audiovisual logró determinar que un escolta de Freddy Bernal, junto a funcionarios vestidos de civil y otros uniformados, fueron quienes perpetraron una ráfaga de disparos que le quitó la vida a ese muchacho; por lo tanto, López quedó absuelto de toda culpa, al menos, en lo referido a esa muerte. El trabajo desnudó las mentiras vociferadas por Nicolás Maduro.

La periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela sabía que se había convertido en uno de los detractores VIP del Ejecutivo Nacional. Pero no era la primera vez que había realizado una investigación de tal envergadura. Para el 2005, durante el gobierno de Hugo Chávez, también se encargó de desenmascarar a quienes estaban a cargo de conseguir el culpable del atentado contra el Fiscal Danilo Anderson. Su ímpetu de periodista impertinente la llevó a descubrir a los asesinos. El resto es ahora historia.

En Últimas Noticias, por cambios de línea editorial que favorecían a Nicolás Maduro, tuvo que renunciar. Luego, pasó a las filas de Runrunes, un medio digital que también apostaba por el periodismo de investigación. Allí se desempeñó hasta seis meses antes de su mudanza a Estados Unidos.

“Cuando yo sabía que mi destino ya era otro lugar,  yo decidí retirarme a tiempo, dejé Runrunes. De hecho, en ese momento estuve pendiente porque hubo un problema con uno de los periodistas de Runrunes. Diosdado Cabello lo nombró y trató de meterlo en un problema con los patriotas cooperantes. Yo estaba  muy pendiente y al mismo tiempo preocupada por lo que le pudiera pasar. Eran unos días terribles porque yo sentí que era un país que me empujaba.  Que no me dejaba estar ahí. Y eso era una prueba más de que el país me estaba empujado, de ir a buscar otra cosa. A poner a mis hijos a salvo y tratar de hacer periodismo en otra trinchera, que pudiese ser útil, pero poniéndome a salvo mi vida”, dice.

—Ahora que ejerce el periodismo de investigación en Estados Unidos, ¿cómo lo comparas con el que hacías en Venezuela?

Ambos tienen dificultades muy distintas. Sin embargo, el método de periodismo de investigación sigue siendo igual. Tienes que hacer registros, atar cabos, hacer entrevistas, sustentar la hipótesis. Ese tipo de cosas  siguen siendo iguales en el periodismo de investigación y nunca van a cambiar.  Pero a la hora de ejercerlo en otro territorio, cambian muchas cosas. Una es conocer la realidad.  Hay cosas que uno desconoce y que hay que investigar y estudiar un poquito más. Por ejemplo, si a mí en Venezuela me dicen Diego Salazar, ya yo me conozco su pasado. Sé de quién me están hablando.  Aquí de pronto me saltan un nombre y yo me quedo como  en blanco y, entonces, tengo que empezar a buscar y a preguntar  más a la gente para poder arrancar. Son cosas que me cuestan, pero sin duda aquí hay más herramientas. Por ejemplo, si el nombre que te dan tiene propiedades acá, en los registros puedes conseguir su número de teléfono. En Venezuela se hace periodismo de investigación con las uñas. Dependes mucho de datos y fuentes anónimas que te lleven a un documento”.

 

Por Nil Rodríguez  | @NilRodriguez 

El hombre que siempre denunció el fraude electoral

No son pocos los que vinculan la historia de Alfredo Weil con la del mito de Casandra. La leyenda cuenta que la sacerdotisa de Apolo previó la caída de Troya en la guerra milenaria; sin embargo, nadie dio crédito a sus palabras, hasta que finalmente la ciudad cedió. Con el experto electoral la historia arroja su propio juicio: cuando él hablaba de fraude le acusaron de “divisionista”. Hoy, el Sistema Electoral no goza de credibilidad alguna y poco a poco aparecen los que no dudan al certificar que el tiempo le dio la razón al especialista que dejó este mundo a los 75 años de edad.

Cuando en el año 2004 se incorporaron las máquinas electrónicas de votación, con motivo del referéndum revocatorio, Alfredo Weil Reyna se opuso gallardamente. En ese momento apareció el enemigo más firme que ha tenido el nuevo entramado electoral, un sistema que ha servido para encubrir una de las facetas más oscuras de la dictadura venezolana. Este científico electoral difundió a los cuatro vientos las fallas y los engaños del sistema, pese a que la mayoría le hizo caso omiso, unos por desinformación, otros por desinterés y otros tantos por conveniencia.

Sin embargo, cuando Alfredo Weil hablaba en foros, reuniones y en otros espacios en los que se abordaba la materia, era una voz autorizada y muy respetada; por eso los demás estaban obligados a escuchar sus planteamientos. En los albores de la vilipendiada y ahora extrañada cuarta república, había desempeñado una trayectoria de militancia en la Universidad Central y en el Partido COPEI, además de ser parte por 12 años de un Consejo Supremo Electoral que gozaba de una gran reputación internacional, puesto que la transparencia no era la excepción sino la regla.

Siendo un técnico avezado y rector en tiempos en los que Rafael Caldera se imponía en el fiero juego político, Weil sorprendía con su calma en la resolución de contiendas electorales; tan diferente a la lengua viperina que puede aparecer en cada alocución de la actual Tibisay Lucena. Sin duda eran otros tiempos y otros estilos.

FOTO: Archivo familiar

Para 2004, Weil denunció el crecimiento inconsistente del padrón electoral, las auditorías que no auditaban y la irrupción de un sistema electoral que rompía con el secretismo que demanda un sufragio. Organizó a expertos en la materia bajo la plataforma de ESDATA (junto con María Mercedes Febres Cordero, Bruno Egloff, Horacio Velasco, Humberto Villalobos, Isbelia Martin, Freddy Malpica, Gustavo Delfino y Guillermo Salas), reunió material, publicó libros informativos y se dedicó a dar cientos de charlas para convencer. Se volvió incómodo para muchos, incluso para sectores de la oposición que vilipendiaron su trabajo para sostenerse en el juego político.

Hablar de fraude era un tabú y Alfredo Weil luchaba contra la corriente.  Pese a todo, hubo quienes lo escucharon con atención y le creyeron; por eso fue entrevistado en diversas oportunidades. Las opiniones allí reflejadas deben convertirse en documentos históricos, cuando en un futuro se estudien las inconsistencias de la trampa electoral. Llama particularmente la atención la entrevista que le hizo la conocida periodista Nitu Pérez Osuna, la cual en el último momento no fue emitida por el canal Globovisión, en circunstancias extrañas.

Entre quienes sí lo escucharon destacaron Diego Arria, quien en las Primarias de 2013 usó los avances de ESDATA para diseñar su propia estrategia electoral; y María Corina Machado, quien sostuvo encuentros constantes con él para llevar a cabo el “Plan Cantaclaro”, en las elecciones que permitieron el triunfo de la actual Asamblea Nacional. Dicho Plan buscaba identificar con el sistema de ESDATA centros electorales claves para defender mesas que normalmente eran escamoteadas por la dictadura, pero que en realidad eran defendibles. El éxito fue rotundo, se apoyaron 51 candidatos a diputados, en lugares que usualmente se perdían, y se ganaron 41 escaños de esta forma. Entre ellos se benefició un joven, imberbe y sin la fama de otros ex dirigentes de la generación 2007, casi desconocido en el panorama político de ese entonces: un tal Juan Guaidó, electo en el estado Vargas.

Cantaclaro fue el trabajo que más influyó en darle la mayoría en el Hemiciclo a la oposición.

FOTO: Archivo familiar. Alfredo Weil junto a dos hijas,Peña Esclusa y Aristeguieta Gramcko

Salir del chavismo era la meta de vida de Alfredo Weil. Se lo puso entre ceja y ceja cuando, en 2004, su hija Irene María, quien viajó desde México para ejercer su derecho al voto, sufrió un trágico accidente en las carreteras del interior de Venezuela. Un mazazo demasiado duro para el padre amoroso de una familia cristiana. Sin embargo, pudo superar el impacto gracias al apoyo de su esposa, Irene; de sus hijos Patricia y Luis Jorge (“el hijo que nunca tuve”); y de sus hijas Carolina y Virginia junto a sus respectivos esposos, Alan y Javier.

El trabajo continuó, dando incluso cátedra en las redes sociales. Su cuenta de Twitter estuvo siempre identificada con una foto de su querida hija, Irene María, tras salir del centro de votación. En su cuenta todavía aparece un “hilo” de fecha 17 de febrero de 2017, el cual debe ser tomado para las elecciones transparentes que promete el Gobierno de transición que lidera Juan Guaidó:

  1. Hay que realizar una REFORMA CONSTIUCIONAL DEL SISTEMA ELECTORAL, para decidir: a. Reducir período a 4 o 5 años, b. Limitar la reelección a UNA SOLA VEZ (inmediata si es de 4 años o al culminar el siguiente período, si es de 5 años, c. Elegir al Vicepresidente de la República.
  2. Antes de nombrar a nuevos Rectores (dentro de un CNE totalmente viciado), designar una calificada Comisión Técnica que se encargue de evaluar integralmente el sistema electoral, en todos sus componentes, según indico en los siguientes hilos.
  3. Como 1ra tarea la Comisión Técnica debe auditar al R.E. y al SAIME. Verificar el estado de los archivos de Actas de Nacimiento, para tomar las medidas sancionatorias y de recuperación de información. De acuerdo al resultado decidir una reinscripción y una re cedulación.
  4. Debe removerse a todo funcionario incurso en deformaciones de nuestro sistema electoral, a nivel de Directiva, de unidades operativas, Juntas Electorales, Dirección de Registro e Informática y otras, Juntas Electorales Estadales, Distritales y Municipales.
  5. Se debe evaluar la Infraestructura Electoral (Centros de Votación) para reinsertar pequeños centros, donde el régimen hacía su “ingeniería electoral”, en Centros aledaños convencionales, debidamente depurados en su registro electoral. Allí fue donde robaron a Capriles el 2013.
  6. Sustituir el voto “automatizado” por el voto manual. La automatización ha dejado demasiadas sospechas que desnaturalizan la “voluntad popular” (la gente considera que su voto no es secreto y que los resultados se manipulan). Ver http://www.ESDATA.info.
  7. Alemania sentenció contra el voto electrónico con base en este axioma: “En la utilización de aparatos electorales electrónicos, el ciudadano debe poder controlar los pasos esenciales del acto electoral y el resultado de manera fiable y sin conocimientos técnicos especiales”.
  8. El sistema manual ha demostrado ser más eficiente y transparente que el automatizados (caso Colombia o Chile), y la tecnología se usó para difundir “en vivo” los resultados, sin apelar a la “irreversibilidad” del CNE, que mantiene en ascuas al pueblo hasta el amanecer.

Weil no se escondió nunca, dijo lo que tenía que decir y fue el primero en denunciar que existía fraude en Venezuela, algo que alguna vez fue tabú y hoy en día casi nadie pone en duda, ni siquiera políticos que lo renegaron recurrentemente. Hoy son miles los que lo despiden en las redes sociales. Cuando se confirmó su deceso el 14 de marzo de 2019, María Corina Machado escribió: “Hoy ha partido un gran hombre, gran ciudadano y mi gran amigo; Alfredo Weil. Cuánto luchó por liberar a su adorada Vzla. Cuánto lo vamos a necesitar para su reconstrucción. Desde el cielo su espíritu indoblegable seguirá con nosotros. A Irene, sus hijos y amigos mi abrazo infinito”.

César Pérez Vivas también se solidarizó: “Lamento el fallecimiento de mi amigo Alfredo WEIL, un venezolano y demócrata-cristiano a carta cabal. Bastión de la lucha por la democracia y firme defensor de la trasparencia electoral. Denunció y combatió el fraude chavista en el CNE”.

FOTO: Archivo familiar Alfredo Weil, Luis Alberto Machado (Intelectual y Ministro de la inteligencia), el abogado Eduardo Rodríguez Weil y el periodista Agustín Rodríguez Weil (autor de este escrito)

Andrés Velásquez, a quien muchos reconocen su entereza a la hora de denunciar, con la documentación al día, el fraude electoral recibido, también reparó en la pérdida: “Lamentamos en la Causa R, fallecimiento del Dr. Alfredo Weil @AlfredoWeil buen amigo, con quien tuvimos permanentes reuniones destinadas al tema de la pulcritud electoral. Paz a su alma. Nuestras condolencias a familiares y amigos”.

Diego Arria lo calificó como una de las personas más “honorables, dignas y admirables” con la que compartió. Su amigo entrañable, Enrique Aristeguieta Gramcko, no fue ajeno al dolor que embargaba a los demócratas del país: “Lamento tener que informar que hoy falleció el Ing. y Abogado Alfredo Weil Reyna, un ser humano extraordinario, luchador incansable por la libertad de Vzla. Su muerte es una pérdida sensible para la causa de la liberación. Paz a su alma”.

Junto con Aristeguieta Gramcko, Alfredo Weil fundo la Gran Alianza Nacional, GANA, y desempeñaba el cargo de director de esa organización al momento de su fallecimiento. En la página web de la organización formada por numerosos expertos políticos y electorales, se da fe de sus convicciones. “Alfredo era ingeniero mecánico y abogado. Ocupó cargos importantes dentro de la empresa privada y en la administración pública. Además, era un conocido experto electoral, lo cual lo llevó a ser directivo del Consejo Supremo Electoral y fundador de ESDATA. Sin duda hubiese sido el hombre ideal para encabezar la reestructuración del sistema electoral venezolano y para llevar a cabo unos comicios libres y transparentes. Quienes lo conocieron coinciden en resaltar sus grandes virtudes, entre ellas su humildad, entrega, generosidad y prudencia. Buen esposo, buen padre, buen amigo, buen ciudadano y patriota ejemplar. Según sus propias palabras, su máximo deseo no era ser importante, sino útil; y en efecto lo fue”.

En Venezuela se debe cesar la usurpación, establecer un Gobierno de transición e ir a unas elecciones limpias y transparentes. Y en este último renglón, cuando millones ejerzan su derecho al voto en el proceso más esperado de todos los que se han hecho en el país, sobrevivirá su legado. Cada voto manual será una sonrisa para Weil, quien, desde el firmamento, con su computadora Wilson y jugando Candy Crush, mientras modifica su equipo de Fantasy Baseball, verá a su país libre y soberano. Y entonces, el tiempo le habrá dado la razón, como a Casandra.

 

Por Agustín Rodríguez Weil | @Agusrodweil

#ConstruyendoPaís: “Solo teníamos una manera de ayudar a la Generación del Hambre”

Este muchacho sí tiene posibilidad de llegar a adulto. Se empezó a gestar hace un par de años luego de un romance a orillas del Guaire. Fue concebido en República Dominicana a finales del pasado mayo y parido al límite de la Navidad, aunque por poco no había donde alojarlo en Venezuela. Es bastante probable que lo veas ganando premios y distinciones en 2019, lo que no quitará a sus progenitores una sensación amarga. Este muchacho goza de un cuerpo bastante robusto, pero nutrido con ocho historias de hambre que muy probablemente desembocarán en nueve vidas de dependencia.

La Generación del Hambre es uno de los reportajes más relevantes que se publicó en 2018. Retrata ocho casos certificados por especialistas médicos en ocho estados diferentes (entre ellos un par de gemelas) y así le pone caras de mejillas hundidas a 17% de niños que, según las estadísticas de la ONG Cáritas, padecían desnutrición aguda en Venezuela a principios de 2018 (y contando). Con una lectura rápida, lo puedes matear en un par de horas a través de este link, si acaso no pudiste sortear la censura que bloquea a portales noticiosos nacionales. Detrás tiene un trabajón de ocho meses –que en rigor todavía no ha terminado–, un bandón de 25 profesionales, el músculo financiero de una institución internacional (Connectas) y las extensiones nerviosas en todo el territorio venezolano del medio de comunicación El Pitazo, todo en un contexto de hiperinflación y grave crisis de conectividad y transporte. Eso cuesta el buen periodismo de investigación.

Entrevisté a Johanna Osorio, la coordinadora y creadora del (ex) proyecto, de apenas 26 años de edad.

Johanna Osorio

Aunque empezó su carrera como periodista de deportes, el empeño de ponerle voz a los más vulnerables se le metió entre ceja y ceja después de Buscando a Virginia, la investigación sobre una madre indigente de tres menores de edad –uno de ellos con síndrome de Down– que conoció junto a la fotógrafa Andrea Hernández a las orillas del río Guaire, cerca de las cinco estrellas de un hotel llamado Eurobuilding, en diciembre de 2016. En La Generación del Hambre dirigió a un equipo que dotó de carne y hueso (relatos y cifras) al casi total silencio de data oficial actualizada sobre desnutrición en Venezuela. “Durante esta investigación enviamos solicitudes a ocho organismos oficiales. Solo nos respondieron en el Consejo de Protección del Niño, Niña y Adolescente de la alcaldía de Libertador del Distrito Capital, donde pretendían que tuviéramos una entrevista previa con el asistente del funcionario al que deseábamos interrogar”. Más kafkiano imposible.

Luego de recibir luz verde como becaria de Connectas tras una encerrona de periodistas de investigación en República Dominicana en mayo de 2018, Osorio quiere comprobar cómo la sistematización del hambre se agravó en el primer período de Nicolás Maduro (2013-2019), pero no comenzó con él: “Con expropiaciones, Chávez inicia la destrucción del aparato productivo de alimentos tan temprano como en 2003”. Todos los niños con retardo físico y psicológico irreversible cuyos hogares (por ponerles un nombre) son visitados en La Generación del Hambre nacieron en 2013, excepto uno: el chamo de Portuguesa, que vino al mundo en aquel diciembre de 2012 de la “opinión plena como la luna llena” y sirve de eslabón simbólico entre dos administraciones populistas.

Una foto famosa: el niño y el buitre. Un dilema perpetuo: ¿registrar o ayudar?

Johanna Osorio: Ocurría al comienzo. Nos preguntábamos: ¿no podemos llevar comida a esas familias? Eso podía perjudicar al proyecto: quedaría la sospecha de que nos habían dado un testimonio a cambio de un beneficio. Los reporteros que participamos, y me incluyo, no vivimos una realidad extremadamente distinta a la de esas familias. Algunos no tenemos agua o dinero para reparar una ducha. O no hacemos un buen mercado. O dejamos de almorzar. ¿Estábamos ayudando a los niños, realmente? La respuesta es sí: no tengo otra manera de ayudar que no sea haciendo periodismo. Lo que sé hacer es escribir, contar, difundir, investigar, indagar. Es mi propósito en la vida. Carezco del poder, como el Estado, de ayudar a las ocho familias. Tal vez las personas que sí pueden ayudar digan: no conocía esta realidad, no sabía que esto estaba pasando. Antes del 24 de diciembre, a las morochas de Lara les llevaron helado, nunca lo habían probado en sus cinco años de vida. También juguetes y carne. La última vez que comieron carne fue cinco meses antes de la entrevista.

Todos los que participamos en la Generación del Hambre nos quebramos emocionalmente en algún momento. Soy terriblemente emotiva. Comer me hacía sentir mal: ¿por qué yo sí y ellos no? ¿Qué me hace ser distinta? ¡Ellos no son menos que nadie! Es muy difícil saber que ninguno de estos niños tendrá la misma vida que llevo yo de adulta. Tal vez no cumplirán los 26 años que yo tengo. Están así por culpa de un conjunto de personas a las que no les importa los más vulnerable de nuestra población: imagínate lo que les importa el resto de nosotros. ¿Por qué hay gente tan mala en el mundo? No entiendo cómo pueden dormir. O cómo pueden comer. No me podía dar el lujo de llorar a los niños, no hubiera terminado nunca. Con llorar no cambio ninguna realidad. Hay un texto de García Lorca, Juego y teoría del duende,al que le podemos dar una interpretación acerca de la energía vital que nace del quiebre. Hace dos diciembres conocí a Virginia en una jornada de calle y me dije: necesito que la gente sepa lo que le pasa a estas personas.

En esta investigación colaboró una plataforma internacional (Connectas) con un medio nacional (El Pitazo). ¿Cuáles fueron las principales tensiones?

La variable tecnológica fue horrible. Pautábamos reuniones en Skype y terminábamos haciéndolas con voices e incluso textos de WhatsApp. Pasé tres meses sin Internet en mi casa en Guatire. Por otra parte, debíamos justificar presupuestos en divisas en medio de un proceso económico hiperinflacionario de variación diaria que no es fácil de entender fuera de Venezuela. La complejidad de la logística de transporte nos obligó a modificar el cronograma. Había traslados en automóvil más costosos que un boleto aéreo, pero para obtener estos últimos teníamos que recurrir a agentes que nos cobraban con sobreprecio y sin factura. Afortunadamente contamos con una editora internacional extremadamente comprensiva en Connectas: Priscila Hernández.

Los que acceden a estas investigaciones siempre serán minorías.

Pero dejamos un registro y yo aspiro a que incluso algún día pueda ser una prueba para juzgar a los responsables. El Pitazo es un portal que está bloqueado en Venezuela. Hemos redirigido a los lectores al portal de Connectas, distribuimos parte del material en WhatsApp y redes sociales y establecimos alianzas con otros medios de comunicación. Hicimos infografías estáticas para que pudieran verse con una conexión lenta. Incluso imprimimos volantes con frases destacadas. En el mes de enero nos acercaremos a comunidades para difundir la investigación: quizás una señora del barrio José Félix Ribas de Petare no tiene Internet, pero le llevaremos el mensaje de que no es normal que un niño presente la mitad del peso adecuado para su edad. Queremos que se corra la bola. Hay un público pendiente en Venezuela y Connectas es una plataforma que llega a toda Latinoamérica. El periodismo de investigación es menos cercano que la noticia caliente. Pero mientras más se acerque a lo humano, hay más posibilidades de que la gente lo lea.

¿Escogerías alguna de estas 8 historias por encima de otra?

Todos son como mis hijos. Creo que hay tres historias que se me hacen representativas. La niña de Miranda es el abandono con piecitos. Ni siquiera tiene partida de nacimiento y se sabe abandonada por sus padres. La muchachita de Monagas sabe qué es el desprecio, porque tiene que pedir en la calle. Hay un caso esperanzador: el niño de Bolívar. Está subiendo de peso. Su mamá se hizo voluntaria de un programa comunitario. No puedes revertir los daños que ya sufrió, pero sí ponerles un parao. Claro que hay gente buena, pero carece de recursos para ayudar.

Tengo una duda un poco cruel: ¿alguien que solo ha conocido el hambre desde que nació… puede acostumbrarse a ella?

Según la doctora Marianella Herrera, sí. Como seres humanos tenemos capacidad de acostumbrarnos a comer poco y mal. Eso no quiere decir que no traerá consecuencias. Además es muy grave que un niño se adapte a comer sólo lo que recibe a través de una caja CLAP. La mamá del caso de Portuguesa pensaba que su hijo no estaba desnutrido porque le daba una arepa sin nada adentro.

Si escuchamos a alguno de sus voceros, el régimen alega que en realidad está protegiendo a la población. ¿La caja CLAP es una protección para los más necesitados?

No. La caja CLAP es control, no es protección. Destruyes el aparato productivo, pones a la gente a pasar hambre y luego eres el salvador que les da comida barata, que no alimenta en absoluto. Y todo esto asociado a esquemas de corrupción. No es que importas comida porque te preocupa la gente, es para seguir lucrándote.

Antes cubriste la fuente deportiva durante cuatro años. ¿No sería fácil para ti entrevistar peloteros o futbolistas profesionales, antes que registrar la desnutrición?

Siempre quise ser periodista de beisbol. Luego empecé a hacer deporte comunitario: registraba sus alegrías, pero también sus carencias y luego las ausencias por las carencias. Fue muy difícil desligarme de las comunidades. Me tocó hacer un programa deportivo de radio mientras casi todos los días mataban a un chamo en las protestas de 2017. Ojo, todos los periodismos son necesarios, los deportes dan un respirito. Hay días en que lloraba todo el tiempo. Lloraba por los niños y por el estrés: los viajes, la logística, los viáticos, las cartas para Connectas, las fotos. Además sigo teniendo un trabajo como periodista de investigación de El Pitazo, mato tigres y atiendo a una familia, dos perros, una madre, tres hermanas y un novio. En septiembre, en pleno proyecto, mi padre biológico murió. No tomé reposo y pasé dos días sentada frente a una pantalla sin poder teclear una letra. Mi novio me dijo: “¿Por qué no te das la oportunidad de ser?”. Y pasé un día entero llorando.

El periodismo que hago hoy es cero bonito. Pero es necesario. Alguien lo tiene que hacer. Este diciembre no pude regalar nada a nadie. Pero recibir un audio del niño del Zulia en el que nos recuerda a los periodistas del reportaje como sus “hermanos” fue suficiente. Me hizo la Navidad.

 

Por Alexis Correia         

#ConstruyendoPaís: Exportar el cine venezolano a Japón

Despreciar nuestra producción artística es una moda que creo que está dejando de ser trendy. Eso de generalizar, sin anestesia ni sentido común, diciendo cosas como “el cine venezolano es una mierda” cada vez resulta más desubicado. Supongo que mucho ha tenido que ver con eso el hecho de que nuestra producción artística ha sido tan vilipendiada por el régimen, tan descuidada por la sociedad y además se ha enfrentado a la peor crisis de la historia de Venezuela, que ya el solo hecho de que sigamos teniendo algo que pueda considerarse como cine venezolano es una cosa a celebrar.

Y aunque sí, aún habrá por ahí algún necio con halitosis hablando pestes, con el escueto argumento de que todo lo que se produce aquí está mal, también hay profesionales muy serios dedicados a difundir lo mejor de nuestra cultura en el extranjero.

En el 2015, Maykol Medina regresó a Venezuela. Pero solo de visita. Hacía tiempo que estaba residenciado en Japón ejerciendo como diseñador gráfico, abriéndose paso en otro mundo. En esa visita a su país natal, se reunió con su hermana Luza Medina y con el periodista Erick Barráez. Ahí se sembró la idea de hacer algo relacionado con el cine venezolano en Japón.

Desde la distancia, trataron de organizar un festival en Tokyo. Pero no fue sino hasta el 2018, luego de que Luza se mudara al país asiático a estudiar, cuando al fin se materializó el sueño. Erick, que es parte del equipo que organiza el festival de cine venezolano en Buenos Aires; Maykol, el único de los tres que domina a la perfección el japonés; y Luza, quien tiene años ligada a la escena cultural venezolana, crearon así el primer Festival de cine venezolano en Japón.

“Lo que nos dijeron en el Instituto Cervantes es que están abiertos a cualquier iniciativa hispanoamericana, pero de alguna manera nuestra intención era llegar al público japonés, no hacer un evento solo para los venezolanos. Y lo que nos dijeron es que tenían que estar todas las películas traducidas al japonés. Por eso hicimos una muestra pequeña. Esperemos que el año que viene podamos sumar patrocinantes, podamos sumar aliados y podamos traducir más películas. Pero, bueno, es un trabajo bastante grande, porque el japonés es otra lengua totalmente distinta”, dice Luza Medina, directora general del proyecto.

El primer Festival de cine venezolano en Japón se llevó a cabo en el Instituto Cervantes, con el apoyo económico de dos empresas japonesas: Opon y Mottomo. Así como con el de la red social venezolana Uriji, la cual, precisan, tuvo un papel fundamental y creyó en el proyecto desde el primer día.

El tema económico exigió a fondo la creatividad de Luza, quien se acercó a la comunidad de venezolanos que hace vida en Japón, la cual, aunque pequeña, no dudó en sumar a la causa a través de contactos.

“A través de las redes sociales solicité voluntarios y de esa manera pude armar un equipo de venezolanos que ayudaron muchísimo. Detrás de todo hay un venezolano. Todo de forma voluntaria”, cuenta. “La idea también era no limitar la iniciativa a la proyección de películas. Por eso hicimos unas arepas y tuvimos el cierre musical del grupo 5 años. Los contacté por Instagram y tampoco cobraron”.

Foto: @VenFilmFestJapan

¿El grupo 5 años?

“En la Universidad de Tokyo hay una cátedra electiva de música venezolana, estos muchachos vieron esa cátedra y se enamoraron de la música venezolana, o de Venezuela, y decidieron formar un grupo que se llama 5 años. Y básicamente hacen covers de música venezolana. Antes de ellos di con mucha gente. Aquí, la movida musical venezolana sí es grande, hay gente que da clases de cuatro, etc. Pero muchos viven fuera de Tokyo, lejos, y, entonces, pedían una cantidad de dinero por tocar totalmente justa para trasladarse hasta acá; pero, como te digo, tuve el presupuesto exacto, no cómo hubiese querido… Y nada, cuando ya estaba como resignada a que no hubiese cierre musical, vi a los muchachos de 5 años, los vi por Instagram, los contacté, hablamos y dijeron que sí. Estaban muy contentos. Son muchachos súper talentosos, que todos trabajan en oficinas y la música venezolana es, digamos, su pasión”, explica.

De los miembros de la banda, solo uno habla bien español. Lo que, se me ocurre, es una muestra de que nuestra producción artística puede resultar atractiva en todas las latitudes. Es posible trasmitir un pedazo de nuestra tierra –y compartir las cosas positivas de ella, en una época en la que se ha hecho famosa por situaciones desagradables– a cualquiera más allá de la barrera del idioma. El profesor de música que dicta la cátedra electiva en cuestión sí es venezolano: enamora a sus alumnos hasta un punto al que solo con el arte se puede llegar.

 Pero volvamos al punto central.

Foto: @VenFilmFestJapan

En el festival se exhibieron La distancia más larga (Claudia Pino) y La casa del fin de los tiempos (Alejandro Hidalgo), así como los cortometrajes La mora y el Cocuyo (Isaías Pérez), Eva (Francisco Pareja), El galón (Anabel Rodríguez) e Ivana (Emiliano Barreto).

“La primera película fue La distancia más larga y como gustó tanto muchos repitieron: fueron al primer día, después vinieron al segundo y luego al tercero. De todas las proyecciones hacían un comentario. Además, la gente estaba muy sorprendida porque no conocen nada del cine venezolano. ¡Y hasta la gente del Instituto Cervantes!, no solo japoneses, sino españoles, comunidad hispanoparlante en general. Les gustó la calidad de las películas que vieron y se sintieron muy a gusto”, cuenta Luza.

“La película que más les gustó fue La distancia más larga. En cuanto a La casa del fin de los tiempos, aunque les gustó, algunos se asustaron muchísimo. Hubo personas que salieron de sala y después volvieron a entrar. Y de los cortometrajes les gustaron bastante La mora y el Cocuyo y El galón. Como el último día fue de cortos y tuvimos este pequeño mitin, había como mucho interés en saber más sobre El galón: que qué pasó con esos niños, que cómo es posible… Y también sobre La mora y el Cocuyo: que querían leer el cuento… ¡De las arepas también preguntaron muchísimo! Al japonés le gusta mucho la gastronomía en general. Y como no hay eso acá, les daba mucha curiosidad. Conseguir la harina PAN es un tema. Una de las voluntarias tenía, una amiga que vino de México me trajo… en fin, es difícil. Entonces, claro, cuando los japoneses las vieron preguntaron de dónde venían, de qué era el relleno, por qué se rellenaba así”, agrega.

 La mejor forma de entender a un país es a través de su producción artística, arquitectónica, de sus deportes y sus tradiciones. El encuentro cultural enriquece al individuo quien, a su vez, enriquece a su país de origen esté donde esté. La difusión de nuestro cine, en un siglo particularmente exitoso en cuanto a que se han producido películas de alto calibre, es una parte importante en la construcción de ese país que queremos y merecemos.

“La sala estuvo llena todos los días. Tiene una capacidad para 160 personas. El primer día hubo que poner sillas. El segundo estuvo lleno. Y el tercero quizá fue el día que hubo menos gente, pero fueron unas 140 personas. La idea es hacer esto todos los años. Se necesita contar con más apoyo económico. También, conociendo a los venezolanos acá, cada uno tiene su historia, y a mí me gustaría tener los recursos para que cada trabajo sea remunerado. A mí me tocó insertar subtítulos, y duré tres días sin dormir haciendo eso: porque debía quedar perfecto, en el momento perfecto. Entonces, bueno, es un trabajón que vale la pena si ves la sala llena, el interés de los japoneses, etc. La gente del Instituto Cervantes también quedó muy complacida. Ellos hacen acá muestras de cine peruano, argentino… y se sorprendieron de que tuvimos la sala llena los tres días. Lo normal es que se llene un día, pero no todos. Y pues, quedaron súper encantados: quieren que lo hagamos todos los años. Estamos trabajando en eso”, finaliza Luza.

Foto: @VenFilmFestJapan

 

Por Ulises Vargas

Francisco Massiani en medio de un partido

 “Cuando escribes, eres un ser atemporal”

Francisco Massiani.

Es una soleada mañana caraqueña. Francisco Massiani está sentado sobre su cama con mucha placidez. Tiene una sonrisa diáfana. Verlo así impregna el ambiente de serenidad. Me saluda como si se tratara de una vieja amiga. Al frente está la imponente biblioteca –casi del piso al techo– de los libros heredados de su padre Felipe Massiani. Más allá, el patio de la casa cubierto de verde y de pájaros. Los Milagros, allí reside Pancho, el hombre para quien la literatura es magia e ilusionismo.

—Pancho, ¿podemos conversar?

—Sí, claro. Pero después que termine el primer tiempo.

Los ojos azules de Massiani apelan a la empatía. Él se refiere al partido de la segunda jornada del grupo F del Mundial Rusia 2018, entre las selecciones de Alemania y Suecia. Pancho es uno de nuestros escritores más queridos. Dicen que uno no debería conocer a sus escritores favoritos para no llevarse un chasco. La obra de Pancho invita a conocerlo con los que nos ofrece: luces y demonios. Porque “para escribir hay que tener honestidad y una gran nobleza”. Szymon Marciniak, árbitro polaco, da el pitazo inicial.

Primer tiempo

Francisco Massiani nació en una Caracas postgomecista. Hijo de Felipe Massiani, escritor, cronista y director de la Biblioteca Nacional; y de Edith Antonetti, una guayanesa con “los ojos verdes más bellos”. Creció junto a sus tres hermanos –Felipe, Jeanette y Coromoto– en una ciudad vestida de pueblo. Tenía siete años cuando tuvo que exiliarse junto su familia en Chile porque la ideología política de su padre iba en contra del régimen de Marcos Pérez Jiménez.

Durante su estadía en Santiago fue alumno de José Donoso, escritor chileno y autor de las novelas El lugar sin límites y El obsceno pájaro de la noche, en el Kent’s School. Massiani cuenta que su padre le recomendó leer diez minutos todos los días. El primer libro que le entregó fue La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, pero lo aburrió inmensamente.

Según dice, comenzó a escribir desde que nació. Siempre. Lorena Vargas, un amor chileno de la infancia, le regaló un diario y comenzó a llenarlo. A los 14 años escribió un poema llamado Puerto, cuando regresaba a Venezuela. Ya en el país se inició con la poesía y los cuentos fantásticos. A partir de allí no paró.

A principios de los años sesenta comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. No terminó. Se inscribió en Arquitectura. Tampoco culminó la carrera. Pancho se dedicó a escribir. El duende del que habló García Lorca se había adueñado de Massiani. No había vuelta atrás.

La pintura es otra de las artes que ha cultivado el autor de Piedra de mar. “Todos comenzamos a pintar desde chiquitos. La diferencia es que yo seguí pintando”. Varios de sus dibujos se han expuesto en galerías y han sido portadas de sus libros.

Es un lector ávido, en la mesa cercana a su cama tiene varios libros apilados. De los viejos escritores, le gusta Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva, Guillermo Meneses y de los contemporáneos destaca El libro de Esther, “es una bella novela”, de Juan Carlos Méndez Guédez.

Asimismo, ama viajar. Para Pancho, “un viaje siempre es enriquecimiento inevitable del espíritu”. Conoció París, Madrid, Barcelona. Visitó a la ciudad luz en 1965, volvió en 1969 –becado por el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA)– y de nuevo en 1978. Allí sucedió un acontecimiento que tomó notoriedad en la vida de Pancho: el día que no conoció a Cortázar.

Ya le fastidia decir lo que pasó con el gran cronopio, “lo he contado más de cien veces”. Era marzo de 1969, se hospedaba en el hotel Wettel con Clara, su pareja en ese momento. Lo llamó Antonio Gálvez, amigo y fotógrafo, para contarle que Julio Cortázar leyó un texto que había publicado en la revista Imagen, llamado “Después de Gálvez”, y quería conocerlo. Pancho llegó al edificio donde vivía Gálvez y donde lo esperaba Cortázar. Permaneció unos diez minutos pensando si subía o no. Pensaba ¿qué le voy a decir yo a Cortázar? ¿Cómo voy a hablar con ese gigante? Se fumó tres cigarros seguidos y tenía unas ganas enormes de tomarse un trago pero no tenía dinero. Cerró la puerta del edificio y se fue caminando hasta el hotel. Luego de contarle a Clara lo que había sucedido, echó una lloraíta.

Pancho en Mérida. 1976 Foto: Vasco Szinetar

La Sabana Grande de la República del Este fue una parada obligatoria para Massiani. Se reunía con sus amigos en los bares del boulevard. Gabriel Jiménez Emán cuenta que “una vez Adriano González León y Pancho Massiani le montaron una trampa a Luis Camilo Guevara en un bar y le hicieron creer, lo convencieron totalmente de que los marcianos habían tomado la Tierra y que ahora debíamos refugiarnos en bunkers, le mostraron la información armada por ellos y lo sugestionaron, lo intimidaron. Luis Camilo se quedó pensando un buen rato en la barra y después dijo: ‘Bueno, está bien, acepto que vengan los marcianos a vivir aquí. ¡Pero que no vengan con echonerías!’”.

Toni Kroos pierde la pelota en el mediocampo, la recoge Claesson para desplazarse hacia la banda y esperar el desmarque de Toivonen para hacerle el pase. El delantero bate la portería sin que Neuer pueda defenderse. Gol de Toivonen. Alemania 0 – 1 Suecia.

Pancho y Matilde Daviu, BK, Sabana Grande. 1976
Foto: Vasco Szinetar

Medio Tiempo – Piedra de Mar

—¿Pancho, qué te inspira a escribir?

—La vida. Aunque cualquier cosa puede inspirarte. Una pared, un poema, hasta una arrechera te puede inspirar.

Pancho escribía reseñas de libros y pinturas en la revista Imagen, de la cual Guillermo Sucre era su director. Simón Alberto Consalvi, director de Inciba, llamó un día a Massiani a su oficina y le preguntó si tenía una novela escrita. Pancho mintió, a los 21 años ya había escrito tres novelas –Renate o la vida siempre como un comienzo, Fiesta de campo y El veraneante–, pero se inventó una historia sobre un viaje para la playa en plena reunión entre panas. Tardó un año y medio en escribirla, y Guillermo Sucre le dijo que sería una de los primeros títulos de Monte Ávila. Así fue.

Monte Ávila Editores fue fundada por iniciativa de Simón Alberto Consalvi, Guillermo Sucre y Ulises Milla. Se convirtió en una de las mejores editoriales de Latinoamérica. Publicó a Pier Paolo Pasolini, Clarice Lispector, Juan Villoro, entre otros aclamados escritores. Piedra de Mar es la novela más reeditada de esa casa editorial con 17 reediciones. La última es del 2018.

La voz del autor en la novela es desenfadada con toques de humor e ironía, con un lenguaje coloquial y fresco. Sobre el protagonista de su historia cuenta que Corcho es un muchacho prematuro en muchas cosas, lee mucho para su edad. “Sospecho que Piedra de mar es una novela magnífica. Esa es toda la explicación. Aún me parece muy buena”, dice Pancho sobre el éxito de la novela.

Las primeras hojas de la noche, El Llanero Solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes, Relatos, Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal y Con agua en la piel fueron editados por Monte Ávila Editores. Fiesta de campo y Renate o la vida siempre como en un comienzo, dos novelas cortas, fueron publicadas por Otero Ediciones; y su libro de cuentos Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer, por la Fundación para la Cultura Urbana y Sudaquia Editores, editorial asentada en Nueva York.

Segundo Tiempo

¡Gol de Alemania! Empata Reus. Centro de Werner pero Mario Gómez no llega a enganchar, aparece Reus para anotar con la rodilla. Alemania 1 – Suecia 1.

Los Milagros

Así se llama la casa donde se crió Massiani junto a sus hermanos y padres en una icónica urbanización caraqueña. Una casa blanca, luminosa, alta, amplia, llena de libros, dibujos hechos por Pancho y fotos de su hija y nietas. Fue un lugar de reunión y tertulias con los amigos de Felipe Massiani y sus hijos. Todos eran bienvenidos al hogar. Las conversaciones variaban desde la política nacional e internacional, la literatura hasta fútbol. Ahora, es el lugar donde amigos y seguidores van a visitar a Pancho. Y cuando el escritor se despide de ellos no duda en pedir para la próxima vez que le traigan cigarros y vino, si se puede.

El amor y las mujeres

Las mujeres tienen una presencia fundamental en la vida y obra de Massiani. Desde su madre, pasando por sus hermanas y terminando en su hija Alejandra Massiani y sus nietas, de las que habla con ternura y emoción.

Pancho es un devoto de la belleza femenina. Se casó y divorció de Norma Olivares, madre de su única hija. Su gran amor, el último, fue Belén Huizi, a quien conoció en la Librería Suma de Sabana Grande. Una presencia fundamental en su vida. Vivieron en el edificio Fontainebleau de Macuto, donde pudo estar cerca de sus lugares favoritos, del mar.

Con poco tiempo de diferencia, Massiani vivió pérdidas muy dolorosas. La muerte de Belén –a causa del cáncer– y la de sus padres. En el documental Francisco Massiani: Breve y arbitraria historia de mi vida (2015), Pancho grita: ¡a Belén Huizi! ¡Que la adoro todavía!

Aún le reclama su muerte.

Fútbol

Pancho es un gran seguidor del fútbol, por eso es un tema recurrente en su obra y sus conversaciones. Jugó como delantero en el Ávila Futbol Club hasta los 35 años. Admira a Lionel Messi. Cree que la Vinotinto no irá al Mundial y recuerda que la mejor era de la selección venezolana fue bajo la dirección de Richard Páez.

Habla con entusiasmo del gol de media cancha de Deyna Castellanos contra Camerún, en Mundial sub 17 Jordania 2016. Un gol que fue candidato al premio Puzkás del año siguiente. La delantera, dice, “es una extraordinaria jugadora”.

Para Pancho, la literatura y el fútbol tienen mucho en común: “Cuando tú juegas fútbol y driblas a dos o tres defensas e hinchas la malla con un golazo es muy parecido a cuando comienzas un cuento, seduces al lector poco a poco, lo llevas hasta el final y rematas. Eso es un golazo. Ambas cosas son apasionantes”.

Como dato curioso, el estadio de fútbol del parque Andrés Eloy Blanco en Puerto La Cruz lleva el nombre de Francisco Massiani, “eso es más importante para mí que el Nobel”.

Pancho también es Premio Nacional de Literatura 2012.

Tarjeta roja

Falta clara de Boateng con entrada por detrás sobre Marcus Berg. Es doble amarilla. El defensor sale del partido.

Pancho en su casa años 80.
Foto: Vasco Szinetar

Luces y sombras

Un eterno enamorado de la vida y de las mujeres. El llamado señor de la ternura pasó 20  años sin publicar, porque “la literatura no es fácil y duele en lo más profundo del alma”. Fue en el 2008 cuando volvió al ruedo.

Padeció, asimismo, un accidente automovilístico que lo dejó postrado y le provocó una fractura de cráneo. Además, desarrolló una dependencia al alcohol que le causó un coma etílico. “Yo soy mi peor enemigo, Pancho”, se increpa así mismo.

La remontada de Alemania en el minuto 95. Kroos juega en corto con Reus, este se la coloca y el mediocampista anota. ¡Qué golazo! Alemania 2 – 1 Suecia.

Tiempo adicional o descuento

18 de noviembre de 2018. 3:00 p.m. 14ª Feria Internacional del Libro de Venezuela. Casco Histórico de Caracas. Presentación de la nueva reedición de Piedra de Mar, por Monte Ávila Editores. Han pasado veinte minutos y Pancho no llega. Por un malentendido se presenta media hora después. La sala está llena, el público toma asiento y se dispone a escuchar al autor que quería escribir una novela sobre la juventud. “Me siento intimidado por ver a tanta gente que vino a escucharme. Me intimido como ante la belleza de una mujer”.

Terminada la actividad, varias personas se le acercan para que le firmen su ejemplar de Piedra de mar y tomarse fotos con él, desde adultos hasta unas adolescentes de 14 años. Pancho sonríe, aunque cansado, no deja de ser amable. Está por irse pero llega una mujer de 35 años, le dice que es su ídolo. Lo leyó a los 13 años y es su autor favorito. Le pide una foto. Massiani accede.

A la mujer se le aguan los ojos.

 

Por May Mijares | @SritaMaga

Foto de portada Yohanny García

Los orígenes de un seductor (o cómo hacer de tu problema un emprendimiento)

“Cuando yo me enteraba de que le gustaba a una chama, me paralizaba”. La frase la dice un hombre que hace unos años tenía miedo de invitar a salir a una mujer, pero que hoy, después de un proceso largo de transformación personal, no sólo logró salir con  chamas distintas todas las semanas, sino que mantiene un canal de YouTube con más de 500 mil suscriptores en donde enseña a cómo seducirlas.

De eso vive.

Luis Caraballo se describe como un tipo divertido y alocado, que le gusta aprender, y le encanta hablar sobre lo que hace. La verdad es que este Hitch caribeño no inició siendo un tigre como Charlie Sheen o Barney Stinson, sino más bien un Alan Harper. “Yo pasé por un proceso de dos años de transformación personal. Me arranqué la timidez de raíz, me enfoqué en mí. Me hice amigo de unos tipos que eran unos tigres con las chamas”.

De una primaria llena de noviecitas, pasó a un largo verano: “En bachillerato tuve una virginidad eterna”. Y no es que no hubiese tenido oportunidades, sino que el miedo podía más. “Una vez fuimos a una fiesta. Una chama estaba conmigo, estaba interesada, pero yo no sabía qué hacer. Yo hablaba un poquito con ella, luego con unos amigos. La dejo sola como una hora. Cuando volteo a buscarla, la chama se estaba besando con un amigo mío, con el hermano de un amigo mío. Él no tenía mucha idea de que yo iba pendiente ni nada, pero la estaba besando. El chamo la conoció esa misma noche, y la estaba besando en una hora de conocerse. Le hubiese dicho que a mí me gustaba para que no la besara, pero después pensé que eso no me podía estar pasando”.

El descalabro ni siquiera era sentimental, porque realmente no llegó a conectar con ninguna mujer, sino era un tema personal, por lo que conscientemente se esforzó para resolver su problema. Fue allí cuando empezó a consumir contenido acerca de seducción, negocios y marketing.

Su objetivo inicial no era encontrar el amor de su vida, sino conseguir que aceptaran salir con él. “Empecé a hablar con un montón de chamas. Algunas no me gustaban tanto, y otras sí, pero empecé a hablar con un gran volumen de chamas e intentaba formas de invitarlas para que me dijeran que sí. Agregaba a chamas al Messenger, echaba vainas con ellas, jodía con ellas, y con la que yo sintiera que tuviera más feeling, o estaba más buena, la invitaba a salir”. Confiesa que a algunas las tuvo que perseguir un poco más: “A veces las chamas se baten una, y se la dan de duras”.

“Cuando te va mal con una chama, duele. Cuando tienes meses y años sin tener sexo con una chama, duele; pero los hombres no hablamos de esa vaina”. Luis reflexionó, hizo una introspección y descubrió una necesidad que la sociedad de machos alfa-lomoplateado-pelo-en-el-pecho calla. Es por ello que narró algo de lo que pocas veces habla, pero que forma parte de la historia de una transformación personal que lo ayudó a tener éxito en su canal de YouTube.

Cuando su primer objetivo (que le aceptaran las invitaciones) fue tachado de su checklist, el siguiente paso era el contacto físico.

Era la cuarta vez que salía con esa chica, pero ni la mano le había agarrado hasta aquel día en la playa, cuando salió de la friendzone. “Estaba al lado de mí. La chama estaba dormida, pero yo sólo pensaba cuándo besarla. Tiene que ser ya, mis amigos se habían apartado. Es ahora, o estoy jodido. Le agarré la mano, abrió los ojos y me monté encima de ella. Se intentó echar para atrás, pero no pudo, movía la boca para que no la besara. Al final, medio la besé y me aparté. La miré con cara de asustado:

—Qué coño e madre estás haciendo –me dijo.

—Mierda, no sé, me provocó –respondí y, curiosamente, empezamos a hablar:

—Qué loco que hayas hecho eso –dijo.

—Es que no me interesas como amiga.

A la media hora ambos estábamos metidos en la playa besándonos. Ahí aprendí que así la chama te diga que no, que no quiere un beso, el simplemente hecho de hacerlo es necesario, tienes que hacerlo”.

La sensación de seguridad abordaba a un chamo que perdió muchas oportunidades por timidez. Del verano eterno del bachillerato pasó a: “No sé si llamarlo latinlover. Fue una locura. Yo vi Hitch creo que antes. Creo que dice algunas cosas que pueden estar en lo cierto, pero Hollywood y las películas son mucho más fresas, románticos. Hasta el propio concepto de latinlover es más romántico que en la vida real. En mi experiencia todo es más loco. A las chamas les encanta mucho más el sexo de lo que los hombres creen. Las chamas quieren todo más rápido de lo que uno cree. Las chamas son tan ansiosas por conectar sexo-romance-besos como nosotros, o más. No es un proceso como que de enamorarlas al principio, sino de más que las cosas sucedan rápido, y avancen. Hasta que consigas que una chama te guste mucho y te deje de provocar salir con otras. Es lo que a mí me pasa. A mí me encanta la locura, pero, en el fondo, creo que soy más romántico que otra cosa”.

La base conceptual y empírica estaba, sólo bastaba empezar a colocar bloques para materializar su gran proyecto. Quien cursó más de la mitad de ingeniería eléctrica en la Universidad Simón Bolívar entendió que su perfil no encajaba con esa carrera. Es por ello que decidió abandonarla en 2008. Le faltaba un año y la pasantía. En un entorno repleto de ingenieros, no fue fácil. “Mi mamá lloró. Amigos se alejaron de mí”. Para la época, la situación económica venezolana empezó a tambalearse, por lo que Luis sabía que un título de ingeniería no sería un salvavidas. El asunto era tan serio que llegó a afirmar: “Si algún día llego a trabajar como ingeniero, me suicido”.

De esta forma, decidió que lo mejor que podía hacer para entrar dentro del mundo laboral era echar una mano a todos quienes, como él, habían padecido problemas con las mujeres. Así nació Atracción Lab, un exitoso emprendimiento que hoy, incluso, lleva adelante junto a la mamá de su hija.

Todo empezó con una página web que vendía un ebook de seducción. De aquella incipiente web nació un libro que escribió con un amigo. “Lo montamos en PDF y empezamos a generar tráfico hacia la página hasta que un día tuvimos la primera venta. Yo no vengo de una familia de comerciantes. Yo pensaba que para ganar dinero tienes que meter currículum en algún lado, que te contraten y que te den dinero. No pensaba que el dinero que te da el jefe es porque está vendiendo algo. No lo veía. La mayoría de ingenieros tampoco lo ven, pero así los preparan”. Después de su primera venta, de 37 USD, recuerda, se entusiasmó.

No había vuelta atrás. No sólo había nacido un seductor, sino también un emprendedor.

 

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch 

Catherine Medina: traducir las artes para el gran público

El mundo de las Artes es, por excelencia, una actividad de minorías. Y el periodismo, por su parte, pretende llegar a un público masivo. Por lo tanto, la labor del periodista cultural es por mucho más compleja que la del especializado en otras fuentes. Quien escriba sobre deportes, tiene un amplio número de adeptos dispuestos a prestarle toda la atención que necesita. Quien cubra las áreas de economía o política, también. Tristemente, las sociedades no son equitativas en cuanto a sus intereses.

Catherine Medina, periodista cultural enfocada en el mundo teatral de Caracas, conoce muy bien esta situación. El periodismo cultural informa sobre el acontecer artístico y pretende informar, analizar y contribuir con el desarrollo creativo de la sociedad. Como lo demuestra su portafolio, Catherine lleva a cabo la totalidad de su trabajo de forma lúcida, manteniendo una mirada analítica y curiosa sobre el acontecer de los escenarios en el país. Entrevista a sus protagonistas, ejerce la crítica con objetividad, está al tanto de las nuevas propuestas, y, en general, procura ofrecer un contenido de calidad a la audiencia venezolana.

Hoy, Revista OJO tiene el placer de conversar con ella. Nos cuenta sobre las satisfacciones  y dificultades de ejercer su oficio en la Venezuela actual.

¿Consideras que la crítica –en cualquiera de las distintas áreas del arte– es, o puede llegar a ser, un género literario?

No un género literario, sino más bien otra modalidad. Cuando se trata de un hecho cultural, evito cualquier juicio de valor y trato más bien de desmenuzarlo para hacerlo más digerible. Por ejemplo, a veces las palabras de los curadores no te terminan de explicar de qué va la propuesta. La labor del periodista de cultura es acercar a la sociedad a ese mundo que luce impenetrable, darle la oportunidad de comprenderlo a  una audiencia menos especializada, hacerlo más digerible. Ya cuando se trata de la crítica es una labor  meramente personal, se supone que va dirigida a un público más conocedor, hay más licencias, está permitido un juicio de valor. No diría que se trata de un género literario, pero sí de otro estilo para abordar la misma fuente. Hay gente que se dedica en exclusiva a la crítica, otros que la ejercen con el periodismo, pero son dos cosas totalmente distintas. Hay periodistas de cultura y hay críticos, a pesar de que manejan la misma fuente y que se fundamentan en los mismos conocimientos.

¿Por qué crees que la sociedad no parece apreciar la figura del crítico?

Se trata de un tema de ego. La figura del crítico no es popular en Venezuela porque no es común en todos los medios. En El País, de España, hay varios críticos para una misma obra teatral. Igual en el New York Times.  Acá el músculo artístico no está lo suficientemente desarrollado como para permitir eso. Hay casos donde, incluso, existe un solo periodista para cubrir varias fuentes culturales.

Otro motivo por el cual no se aprecia es porque hay mucha susceptibilidad. Hace unos dos años hice una crítica de la obra Terror, que dirigía Héctor Manrique para el Grupo Actoral 80. Comenté que, en su interpretación, Manrique no parecía un personaje alemán sino más bien un juez parcializado, sacado de cualquier tribunal de la esquina de Pajarito. También señalé la evidente falta de rotación en el grupo, la poca participación de sus talleristas es un detalle a tomar en cuenta. Esas afirmaciones por supuesto no fueron bien recibidas. Yo entiendo a la crítica como una herramienta para la culturización, el objetivo no es caer en rencillas con el medio artístico.

¿Sientes que el mundo de las artes es receptivo, comunicativo y presto a colaborar con la crítica?

En líneas generales, no. Hay mucho ego aquí, y en círculos más pequeños todo resulta más complicado. La gente piensa que el medio es muy reducido para que nos estemos criticándonos entre sí. Una vez que empecé a hacer periodismo y dejé la crítica de lado, obtuve mayores y mejores fuentes que cuando era crítica. Aquí no es bien recibida porque hay mucha susceptibilidad. Además, está el tema del “talento nacional”, y la gente se pregunta ¿por qué atacas al talento venezolano? ¿Qué propones tú? No se trata de atacar, sino de señalar lo que puede mejorarse. Ese es un problema muy presente en Venezuela.

¿Crees que es lo mismo un crítico teatral –como es tu caso– que uno cinematográfico, literario o de cualquier otra rama de las artes?

Creo que manejan las mismas referencias, es necesario. Tienes que tener una  cultura cinematográfica amplia, un espectro musical amplio, ver mucho arte. Una formación diversa, más o menos integral. Pero yo creo que no es lo mismo. Cada una de las artes es distinta, tiene su propio lenguaje, en el cual el crítico se debe especializar. Quien ejerce la crítica de las artes visuales se fija en cosas que un especialista en artes escénicas no ve, pero que complementa con otros puntos para realizar el análisis. Cada arte exige su especialización, su espacio, su “maña”, por decirlo de alguna manera.

¿Cómo ves el panorama del periodismo cultural en Venezuela, comparándolo con el que se hace en el exterior?

Aquí se hace buen periodismo cultural. Queda gente valiosa. Está Humberto Sánchez Amaya, Patricia Aymerich, Juan Antonio González, Maritza Jiménez. Hay gente muy talentosa todavía, y, sobre todo, conocedora, que se esfuerza por tener el mejor contenido cada día. Por su puesto, tomando en cuenta las limitaciones de la situación del país. De repente, no se puede ir a cubrir una pauta por falta de transporte. Quedan muy buenos periodistas, y buenos proyectos artísticos. Las audiciones para Los Miserables son un buen ejemplo, ¿quién iba a pensar que iban a presentar esa obra en Venezuela? Pero es un asunto ligado a los periódicos, los cuales no han sabido darle la importancia merecida, no saben cómo manejar cultura.

Por supuesto, en el exterior es otra cosa. No puedes comparar el que se hace aquí con el que se hace en Madrid, en México o en New York, son extensiones distintas de territorio, geografías distintas y realidades distintas. Claro, todo eso apartando nuestro contexto político y social. Ellos tienen muchas más facilidades que nosotros.

¿Qué crees que necesita el periodismo cultural para llegar a un público más amplio?

Yo creo que necesita deslastrarse del lenguaje técnico para alcanzar un público más amplio. A mí, la verdad, me aburre, me siento como una idiota cada vez que veo una curaduría de Erik del Bufalo, porque siento que él escribe para que nadie entienda nada. Eso sí es un buen ejemplo de una masturbación intelectual, muy común en los curadores de arte. Creo que es necesario, pese a que le estás escribiendo a un público de cierto nivel, recordar que estás intentando establecer un vínculo entre la obra y la sociedad. El periodista cultural tiene que imaginar que está contándole algo a su mamá, dándole todos los detalles para que ella entienda. Le explicas qué es, por qué es así, y todas sus directrices. Si se presenta una obra alemana en La Caja de Fósforos, tú le explicas a tu mamá de qué va el teatro esperpéntico, y cuáles son los agobios que abordan específicamente los dramaturgos germanos. Advertirle qué encontrará. Algo que ocurre mucho en el periodismo de cultura es que la  gente piensa que no lo entiende. Hay que hacer un esfuerzo, no para empezar a escribir con lenguaje vulgar, pero sí para facilitar una comprensión, educar a la gente. Ese es el propósito final del periodista de cultura, sin burlarse del lector ni tratarlo como si fuera estúpido. Hay que saber guiar al público.

Un problema del periodismo cultural es su aparente cercanía con la fuente de entretenimiento, ¿dónde crees que está la línea divisora entre ambos?

La confusión que tiende a darse en esas  áreas es por culpa de los periódicos, que no terminan de entender que cultura es una cosa y entretenimiento otra. Una obra de teatro es una cosa, una expresión artística es algo distinto a lo que están haciendo los famosos en su tiempo libre. Una cosa es Hola y otra cosa totalmente distinta es El Malpensante. Hay que darle a ambas fuentes su justa dimensión, su propio espacio. Se trata de respetar a cada uno por su cuenta y no hacinarlos por un tema de papel y de presupuesto. Muchos creen que el periodismo cultural no vende, pero la gente compraba la Revista Mono y Platanoverde. Creo que, en resumidas cuentas, cada una merece que se tome en cuenta su propio valor y divorciarse por el bien de cada una.

¿Qué es lo más difícil de ejercer la crítica teatral, o de cualquier otro género?

Creo que el periodista que ejerza la crítica teatral o cinematográfica, o de cualquier otro género, tiene que ser consciente de que lo van a odiar y estar preparado para ello. Crear una coraza que le impida ser susceptible.

¿Crees que los museos y las galerías tienen una relación saludable con la prensa actualmente?

Los Museos no, todos dependen de La Fundación de los Museos Nacionales, un órgano del Gobierno que mantiene una comunicación sumamente opaca, cosa que no ocurre con las galerías, donde la relación entre éstas y los medios podría calificarse incluso como interactiva.

 

Por Diego Alejandro Torres | @sr_mowgli

El renacer creativo y las búsquedas internas de Caramelos de Cianuro

En los Pepsi Music 2018 una de las llegadas que captó mayor atención fue la de Caramelos de Cianuro. Asier, Pavel y Darío arribaron cual tribu del rock, como si desfilaran en medio de una videoclip. Los integrantes de la banda –solo faltó el Enano– se detuvieron, en distintos momentos de la gala, a conversar con Revista Ojo.

Asier Cazalis

¿Cómo ves actualmente el rock en Venezuela?

Me parece que hay muy buenas bandas. Lamentablemente, las mejores se han tenido que ir buscando otros mercados, otros horizontes. Y siempre pienso mucho en eso, ¿no?: nosotros lo tuvimos mucho más fácil, en nuestros años de crecimiento, que los muchachos ahora; cosa que siempre lo hablo: si a nosotros nos hubiese tocado esta situación tan dura seguramente no estuviésemos donde estamos ahorita.

¿Qué bandas destacas?

Por supuesto Los Mesoneros, Viniloversus, La Vida Bohème, Rawayana… tantas bandas de esta nueva generación que están haciendo cosas tan importantes, y penetrando en el mercado de afuera.

¿Cómo han hecho ustedes para mantenerse en la primera plana durante todos estos años?

Me gusta pensar que haciendo buena música, ¿no?

¿Cuál es el leitmotiv de ustedes como artistas?

Bueno, ahora que nos toca viajar tanto, y digamos que ha sido un año muy itinerante, eso siempre funciona de inspiración. A la vez, hemos pasado tanto tiempo en Miami y uno aprende a hacer música de otra manera. Eso es lo interesante del proceso creativo. Y yo estoy muy contento, porque tengo como un renacer creativo que para mí ha sido muy importante como compositor.

¿Actualmente el centro de operaciones de ustedes está en Caracas o está afuera?

Últimamente, hemos estado más en Miami que acá, pero por lo que queda de año creo que vamos a pasar un tiempito aquí, en nuestra casa, con nuestra familia. Y disfrutando del disco nuevo.

¿Cómo los afecta la crisis?

Bueno, igual que a todo el mundo. De hecho, eso es lo que te estaba comentando: haber viajado por todo el mundo este año, hicimos más de 40 shows en todo el mundo y ver a tantos venezolanos que han tenido una ruptura de su vida tan abrupta. Yo creo que a todos nos ha afectado.

¿De qué va el último disco?

Bueno, acabamos de lanzar un disco en vivo, de una fecha en Paris: Live from Paris, lo hicimos hace un par de meses. Estamos a punto de lanzar un disco acústico, que sí es un disco con todas las de la ley, y estamos trabajando un disco con canciones inéditas para el año que viene.

¿Cómo has evolucionado tú en cuanto a la composición lirica?

Yo creo que uno va cambiando a medida que le pasan cosas, y empieza a buscar no repetirse también y empieza a buscar otra fórmula y otra manera de trabajar.

¿En esas dinámicas de cambio no han surgido choques importantes con la banda?

Siempre. Yo creo que siempre en la bandas hay conflictos, y eso es parte del proceso creativo.

Darío Adames

Cuéntame un poco del nuevo disco.

Acaba de salir uno que se llama Live from Paris, lo picamos en dos partes: lado A, lado B. Son dos horas de música. Después, tenemos un disco que se llama Retrovisor, que es un disco acústico. Caramelos nunca había hecho un disco acústico. Después de eso, pretendemos terminar un disco de canciones inéditas. Ahorita viene una fase de tres lanzamientos consecutivos. Eso es lo que viene por ahora.

¿Cómo han evolucionado musicalmente desde los comienzos hasta ahora?

Bueno, al oír la música es evidente, ¿no? Antes era un poco más distorsionado que ahora. En los últimos discos se jugaron con sintetizadores… ha cambiado un poco la sonoridad, digamos que en el camino de la reinvención siempre para no estar todo el tiempo en el mismo lugar.

¿Te interesan los mismos ritmos que cuando empezaron?, ¿o han ido cambiando…?

Sí, nos interesan, seguro. Mira, yo creo que la música evoluciona y a uno le seguirán gustando los clásicos de toda la vida que uno ha oído, pero también en la música nueva hay cosas interesantes, hay cosas no tan interesantes, pero eso es parte de la evolución.

¿El rock venezolano actualmente cómo lo ves?

Bueno, está difícil porque no hay un entorno amigable que favorezca tanto a la cultura y a la vaina; sin embargo, fíjate, aquí en estos Premios hay un montón de músicos y gente que está intentándolo y creo que hay muchísimo talento en Venezuela, lo único que está quizá en una fase más difícil de explotar ante el mundo. Pero eso vendrá, pues.

Pavel Tello

Cuéntame cómo se han reinventado a lo largo de los años.

Oye, una buena pregunta, ¿no? Yo creo que no ha sido nada premeditado pero sin duda hemos tratado de no repetir lo que hemos hecho en nuestros discos anteriores. Por supuesto, muchas veces, uno es esclavo de los éxitos que tuviste en los discos anteriores. Y uno quiere superarlo o emular un poco esos logros, pero digamos que hemos hecho la tarea: de un disco a otro, hemos buscado cosas nuevas, otra clase de música… del disco antepasado al pasado, estudiamos con Gerry Weil, Asier se compró un piano, yo me compré un piano… entonces, digamos que tratamos de que nuestras canciones vengan por caminos diferentes siempre, ¿no?, no necesariamente siempre vamos a tener una melodía muy definida, creo que tener un poquito la mente amplia nos ha ayudado en esa búsqueda de tratar de no repetirnos y tratar de hacer algo interesante que nos mantenga también unidos como banda. Eso yo creo que es lo más difícil: mantenerse tantos años juntos es porque realmente crees que pueden hacer algo.

¿Cuántos años tiene Caramelos?

Yo entré en el 2005, para el disco Flor de fuego. Fue bastante curioso, porque yo tocaba mucho de noche, en esa Caracas de vida nocturna, con muchos artistas; y en un bar famoso que se llamaba la Belle Pop, coincidía mucho con Asier. Y Asier un día fue a uno de esos jamming que hacían allá, y me dijo: “Vamos a tocar junto algún día”. Y bueno, ese día llegó al año siguiente y me dijo que a los dos o tres meses teníamos que estar grabando un disco en Los Ángeles y no había ninguna canción. Entonces digamos que fue bastante bonito ese inicio. Así es el rock and roll. No pudo haber mejor bienvenida.

¿En ese momento tú escuchabas a Caramelos?, ¿te gustaba la banda?

Yo no era fanático de Caramelos, pero sí te puedo contar una anécdota que me pareció muy curiosa: en la época de Navegando a través de la galaxia –que esa canción sonaba en la AM, no había FM en esa época–, recuerdo que yo tenía una banda también y oímos esa canción, que tenía un ritmo compuesto, ¿no?, algo como un 5/4. Entonces de alguna manera dijimos… claro, veníamos de otra escuela, nos gustaba el rock and roll también pero éramos un poco más ingenieriles a la hora de hacer las canciones… y analizamos esa canción, y dijimos: “Es un 5/4. Esos chamos seguramente no saben lo que están haciendo”. Pero me pareció muy interesante la pieza de ese disco. No le seguí el rastro después. Pero digamos que siempre, de alguna manera, estuve muy unido a ellos. Estuve dándole clases a Luis de bajo tiempo antes de entrar. Algo siempre me unió a la banda por cosas del destino.

Eres de San Antonio, un sitio que ha tenido una movida importante en el rock: Aditus, PTT Luzardo, por ejemplo. ¿Cómo influyó eso en ti?

Uno realmente no lo sabía, al estar metido dentro del pueblo simplemente respiras eso y no estás consciente hasta que sales de ahí. Pero sí recuerdo que había conciertos todos los fines de semana. Todos los fines de semana nos visitaban artistas de afuera. Y yo tenía mi banda… Hacían festivales de bandas de San Antonio, de Los Altos Mirandinos. Y por supuesto conocía a PTT, había una banda también muy buena de Luis Cuña, el guitarrista, que se llamaba 20 20… había muchos buenos artistas. Toto band… Y cómo dices tú, había una movida muy interesante, que no sé si la había en Caracas o no, pero eso es lo que uno respiraba día a día.

Históricamente, a nivel mundial el rock siempre ha sido una música que se enfrenta al poder. En estos tiempos en los que vivimos, en esta dictadura, ¿qué papel crees que está jugando el rock venezolano?

Es muy buena tu pregunta. Ciertamente, hay bandas a las que les va muy bien con ese mensaje de protesta que dices tú, muchas bandas lo han hecho. Los Caramelos no lo hemos hecho. Los Caramelos digamos que hemos entendido que hay grupos que saben hacer mejor una cosa que otros. No es que no vivamos nuestro día a día, no es que como individuos, como seres humanos, no tengamos una postura ante las adversidades o ante lo que vivimos en estos tiempos. Pero como banda creo que se nos hace difícil enfrentar esto, siempre hemos tocado otro tipo de posición… digamos, la posición de divertir, de ver el lado bueno a las cosas; que a lo mejor puede ser una salida, podría uno pensar, ¿no?, pero es que realmente es lo que sabemos hacer. Hay muy buenas bandas, por supuesto, que hicieron protesta en su momento. Hay muy buenas bandas afuera, que lo están haciendo. En el disco 8, hay un par de canciones en las que Asier varía un poco la lirica: no tanto canciones con doble sentido, con humor negro, sino más bien un poco el tema de Adiós a las armas –que particularmente me encanta–, Euforia –que es un poco como la Caracas que tuvimos hace algunos años y ya no la tenemos–. Pienso que a nuestra manera hacemos la protesta, pero no es tan frontal como uno pudiese pensar.

¿Pero en algún momento ha sido tema interno de debate?, ¿se han planteado en la banda ‘oye, está pasando esto en el país, deberíamos decir algo’?

Nos lo hemos planteado, obviamente. Y hemos dicho. Nosotros hemos tomado postura política, hemos apoyado a candidatos durante elecciones presidenciales. Pero como te dije, no es fácil escribir sobre eso. A algunas bandas se las da bien, a otras no. A otras pareciera que es un poco pavoso. Yo creo que ese no es nuestro fuerte, no es nuestro fuerte. Y preferimos asumir posturas como músicos independientes, como personas y quizá a la banda no involucrarla en eso.

Ya para cerrar: ¿cuál es el leitmotiv de la banda en los siguientes discos?

Guao. Es difícil darle nombre a lo que uno está haciendo: esos años que uno está pasando en una búsqueda hacia dónde ir. Yo creo que intentamos hoy en día ver hacia dentro, hay tantas cosas afuera que si te pones a perseguir modas terminas cayendo en un abismo que no tiene fin. Y yo siempre he pensado que, unas palabras que me quedaron grabadas: cuando uno está buscando un hit, esa palabra que tanto usan hoy en día, y uno oye ‘tengo un hit’ es porque es algo que ya oíste. Si tú sabes que tienes un hit es porque eso ya existió. Entonces, las cosas a las que les puedes tener un poquito de miedo es cuando tienes algo que te gusta a ti pero no sabes si le va a gustar a la gente. Esas cosas que toman riesgos son las que pueden llevarte al triunfo. Entonces, hoy en día creo que estamos ya buscando un poco más dentro de nosotros que fuera y, bueno, no sabría darle nombre a lo qué viene.

¿Hay todavía espacio para el rock en este tipo de eventos, con tanto reguetón y trap?

Yo quisiera pensar que sí. Yo quisiera pensar también que un poco las barreras ya son un poco más difusas, ya ese convencionalismo entre tú eres rockero, o tú haces este estilo o este otro, están un poquito eliminadas. No quiere decir que yo voy a tratar de hacer algo que yo desconozco, por supuesto. Que me voy a meter por un camino en el que yo sé que no lo hago bien. Yo sé qué puedo hacer bien y qué no. Pero creo que es un poquito una liberación, uno se libera como músico.

 

Por Lizandro Samuel@LizandroSamuel 

Jan Hurtado, el venezolano de los goles importantes

Pedro Troglio da por finalizada la práctica matinal de Gimnasia, aunque Jan Carlos Hurtado se queda un rato más practicando su pegada en uno de los arcos de Estancia Chica, el predio que posee Gimnasia a media hora de la ciudad de La Plata. Cuando termina, el joven delantero venezolano abandona el campo de entrenamiento y saluda a los periodistas que fueron a presenciar la práctica.

Alto y fibroso, pero con una sonrisa que delata sus 18 años, Hurtado ha comenzado a hacerse un nombre en el Lobo gracias a los dos goles que marcó hasta ahora en la Copa Argentina. Uno de ellos sirvió para eliminar a Boca, mientras que el otro, el que le marcó a Central Córdoba de Santiago del Estero, le dio vida a Gimnasia para poder alcanzar las semifinales del torneo. “Después del gol que hice contra Boca me gané el cariño de la gente y agarré más confianza, pero yo sigo siendo igual”, afirma “el Negro”, como le dicen cariñosamente los hinchas platenses.

¿Qué tal estos primeros meses en La Plata?

Muy, muy bien. Vivo con mi papá en un departamento muy lindo. Hasta hace poco vivía en un hotel. La gente me ha tratado muy bien acá, gracias a Dios me he ganado el cariño de la gente.

¿Y en el vestuario? ¿Te resultó fácil la adaptación?

Sí, cuando llegué al equipo todos se acercaron a saludarme, eso me hizo sentir muy bien. Todos los compañeros me hablan y me dan consejos, aunque más que todo el “tanque” Silva.

En tres meses, Hurtado, que llegó proveniente del Deportivo Táchira, ya pudo contrastar las diferencias entre el fútbol venezolano y el argentino.“Los árbitros dejan pegar mucho, el juego aquí es muy rápido y de mucha fricción. Hay que estar bien despierto”, reconoce. “A mí me gusta pivotear y meter diagonales; arrancar desde atrás y salir en velocidad con la pelota, para ir a buscar el cabezazo”, dice sobre sus características como delantero.

Después del gol que le marcó a Boca, al joven delantero se le llenó el celular de felicitaciones. “Me escribió mucha gente y le respondí primero a todos los que estuvieron ahí cuando me tocó estar muchos meses sin jugar”, subraya, recordando el conflicto que sostuvo con el Deportivo Táchira y que precipitó su salida del cuadro aurinegro.

¿Qué fue lo que pasó con el Táchira?

Lo que ocurrió fue un tema contractual, aunque no quiero entrar mucho en detalle porque ya he hablado mucho de eso. Me bajaron a la reserva y no me dejaron jugar un partido. Vi que no me iban a dejar jugar más y decidí rescindir el contrato e irme a Colombia. Mis representantes me dijeron que ahí iba a poder seguir entrenando. Tuve dos preparadores físicos argentinos que me ayudaron mucho, que son unos cracks trabajando. Ellos me ayudaron mucho con las comidas y con el entrenamiento para seguir activo.

Probaste suerte en Europa. ¿Qué tal te fue?

Hice tres pruebas en Bélgica: en el Brujas, en el Lokeren y en el Oostende. Hice un gran trabajo y todos me querían, pero por el problema que tenía con Táchira no pude firmar. Con Oostende y Lokeren no pude firmar por eso. Con el Brujas ya iba a firmar, ya estaba todo arreglado, pero me llegó la propuesta de Gimnasia y decidí venirme para acá, porque en Brujas iba a jugar en el segundo equipo y recién en diciembre me iban a subir a Primera. No quería retroceder un paso después de todo lo que había avanzado. En Lokeren y Oostende sí iba a jugar con el primer equipo desde el principio, pero me tiró más el fútbol argentino.

¿Qué experiencias te dejaron el Sudamericano y el Mundial Sub 20?

Fueron muy lindas experiencias, aprendí mucho y tuve la oportunidad de conocer muchos lugares y otras culturas. Nunca imaginé que iba a conocer Chile o Corea. Es una experiencia que te marca de por vida.

De padres colombianos, Hurtado, que indica que está en contacto permanente con el cuerpo técnico de Rafael Dudamel, el entrenador de la selección de Venezuela, sonríe cuando se le pregunta si considera vestir algún día la camiseta de Colombia.

“No, no, no, Venezuela. Siempre Venezuela”, sentencia.

 

Juan Méndez | @Juanmendezgo