Luis Eduardo González: “Una condición física no define nuestra vida; nuestra actitud sí” PARTE II

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

[Puedes leer la primera parte aquí]

INTUICIÓN DE MADRE

“Le dieron en la pierna”

“Está herido de bala”. Eso fue lo que le dijo la presidenta del Centro de Estudiantes de la USB a la mamá de Luís Eduardo, en una llamada traumática y accidentada que se cortó no más ser pronunciada la última palabra porque en el Seguro Social de Vargas no había cobertura. “Fue desesperante –cuenta su mamá–. Yo salgo corriendo donde mi mamá, su abuela, y le digo: ‘Mami, mami, hirieron a Luis de bala. No sé dónde’. Pedimos varios teléfonos prestados para llamar a la muchacha que nos avisó, cinco o seis teléfonos distintos, y no había manera: no caía la llamada. No hallábamos ya qué teléfono buscar cuando ella me manda un mensaje: ‘Tranquila. Está herido de bala’. Yo le pregunto: ‘¿Dónde?’. ‘Le dieron en la pierna, la bala entró y salió y rozó solamente carne’. Entonces, yo me quedo tranquila y viajo ese mismo lunes. Llego a las 5 de la tarde a Caracas, y no puedo bajar a La Guaira porque no conozco bien eso por allá. Espero al siguiente día, que un amigo de mi hija me llevó. Llegué a las 7 de la mañana, él estaba enyesado completo en el Seguro. Él pensaba que habían pasado muchas horas. Pero yo le aclaro que no. Él me decía que no lo fuera a dejar solo, que me necesitaba”, recuerda.

Para ese momento, diagnóstico y pronóstico no podían ser más optimistas: la bala no había tocado hueso, apenas rozado carne, así como había entrado había salido y sería cosa de algunos días apenas. “Allí dije: relajado, esto me va a tomar unas dos semanas para recuperarme y luego a la calle otra vez”. Sin embargo, a la madre algo no le cuadraba: “Yo decía, ¿si no le tocó hueso, por qué lo tienen enyesado completo? Y además el pie se lo veía demasiado pálido. Ese mismo día yo le pregunto por qué lo tiene así. ‘Es por la inflamación’, me dice él. Le pregunto si siente los dedos y me dice que no, pero que la doctora le había explicado que eso era normal, y que si en 21 días seguía sin sensibilidad, entones debía ir a terapia. Pero a mí el pie me preocupaba: estaba amarillo y sin color. Los tres días siguientes fue hielo y hielo en esa pierna. Pero al cuarto día, le levanto la sábana y empieza a botar una sangre con muy mal olor, y cuando destapan ya tenían necrosado el pie. Allí sí volaron rapidito: iban a meterlo a quirófano, y cuando llega el estudio dicen que no lo pueden meter porque podría perder la pierna o él morir desangrado, ya que había una arteria afectada. Entonces, lo despachan al Pérez Carreño”.

LA PEOR NOTICIA QUE ALGUIEN PUEDE RECIBIR

“Me estaba muriendo en vida. Me estaba volviendo loco”

Si hay un lugar del cual Luis tiene malos recuerdos, ése es el Hospital Pérez Carreño: “Cuando llegué, me tiraron al suelo en una tabla de esas de los paramédicos. Estuve en el suelo un buen rato. Yo lo que pedía era que me levantaran del suelo. Porque aunque yo no estaba bien, estar tirado me hacía sentir peor”, recuerda. Es allí donde tras una evaluación médica, un doctor le informa que le deben amputar la pierna:

-Cuando me dan la noticia, fue (largo silencio)

-¿Qué te dicen?

-Que me tienen que amputar la pierna.  Fue algo loco porque si me estaban diciendo que al cuarto día me daban de alta y todo estaba bien, ¿cómo me iban a decir que me iban a amputar la pierna? Eso me tumba totalmente. La verdad me estaba volviendo loco. Fue horrible. No tengo palabras para describirlo. Fue como estar otra vez en medio de una balacera y que el blanco volviera a ser yo.

¿Cuál de los dos momentos fue peor: el tiro o la noticia?

-La noticia

-¿Cómo se recibe una noticia así?

-No sé. Es que fue tan fuerte. Tan duro. Y fue así: inmediato. Yo me hacía como el despistado: el doctor me decía que no había nada que hacer, y yo le preguntaba que a qué se refería con eso. ‘Que tenemos que amputarla’. Me estaba muriendo en vida. Literal. Lloré horriblemente. Como no tienes idea. Me estaba muriendo por dentro. Sentía demasiado dolor. Que se me venía el mundo encima. Yo creo que esa es la peor noticia que alguien puede recibir. Es como que se te muera un familiar.

UNA DOLOROSA ESPERANZA

“Yo levantaba la pierna y podía ver a través de ella”

La peor noticia del mundo vino seguida de una esperanza: la conocida de un amigo de Luis hace inmediatamente gestiones para que lo reciban en el Clínico. Allí, una cirujano cardiovascular lo examina y le dice que tiene 95% de la pierna muerta y sólo hay un 5% de probabilidad de salvarla, pero que ella tomaría el riesgo. Ese mismo día, 21 de julio, Luis entra a quirófano a las 2 de la tarde y la cirugía, en apariencia, es un éxito. Esperan las 48 horas de rigor, y la pierna responde. Se abre una esperanza que pasa por el camino doloroso –y hasta tortuoso– de unas curas diarias de dos meses que tenían que ser hechas a carne viva y sin anestesia, y que hicieron que en alguna ocasión Luis se desmayara de dolor: “Yo tenía la pierna abierta por ambos lados: la levantaba y veía a través de ella. Yo veía cómo la doctora metía la mano en la pierna y sacaba músculos que estaban necrosados. Y todo eso en carne viva, con un dolor de la tierra al cielo. Sin embargo, yo pensaba que si todo ese dolor era para volver a caminar y tener mi pierna, pues había que echarle bola. No había de otra”.

Durante todo ese tiempo, Luis Eduardo es testigo de la inmensa precariedad que hay en el hospital –“había gente que moría por no poder costear un antibiótico”–, pero también de la solidaridad con que unos y otros se ayudaban. Sus compañeros de la Resistencia y de estudio, incluidos algunos profesores, vendían malta y chucherías en las afueras del Clínico para ayudarlo con los costos, que eran bastante elevados: “Yo recibía 3 antibióticos 3 veces al día, eran 9 dosis al día. Y costaban entre 300 y 400 mil bolívares; es decir, que yo necesitaba aproximadamente 2,5 millones diarios en medicinas. Pero a mí me llegaron ángeles”, recuerda. Y por tener ángeles, él también procuró convertirse en uno: “Yo estuve súper grave, pero había personas que llegaban a mi habitación a solicitar un antibiótico. Y yo lo necesitaba pero no me importaba. Le decía: ‘mamá, si lo necesita dáselo’. Y así hacíamos. Si teníamos un antibiótico que otro necesitaba, lo regalábamos, porque la verdad es que yo me sentía mal, pero me hacía sentir peor ver que otros morían por no tener un antibiótico”.

Exactamente a una semana de cumplirse los dos meses de la intervención quirúrgica, Luis comienza a sentir un malestar. Son las 3 de la madrugada del jueves 14 de septiembre cuando se despierta temblando. “Tenía taquicardia y un dolor insoportable en el pecho que no me dejaba respirar casi. Además, sentía un frío incontrolable y aunque mi mamá me ponía mantas y mantas no paraba de temblar. La mandíbula se me estaba desviando, tenía los labios blancos y las uñas moradas. Yo sentía que me moría”, narra. A las 4:30 de la mañana logran estabilizarlo y hacer que duerma, pero a las dos horas los síntomas vuelven y más fuertes. “Yo decía: hasta aquí llegué. Era loco, algo que no podía controlar”. 6 mil mililitros de solución -6 litros- recibe ese día. “No te imaginas lo hinchado que estaba. No podía abrir los ojos. No podía ni siquiera hablar, cerrar la mano, nada”. Y cuando por más medicamentos que le ponen no hay manera de que la tensión le suba de 40, los médicos deciden psarlo a terapia intensiva, intubarlo y conectarlo a un respirador artificial: acababa de sufrir un shock séptico. El panorama con el que se encuentran los doctores es desalentador: “El foco de infección –explica una de las que lo atendió– era el tobillo. Allí tenía una mancha negra debajo de la cual había una artritis séptica macabra, que había hecho que ya el pie no estuviera articulado con la pierna. Nosotros tapamos eso, quitamos lo negro e hicimos lo único que se podía: amputar”.

LA AMPUTACIÓN

“Si ya antes me estaba muriendo, allí ya me había muerto”

Entre el jueves 14 de septiembre y el lunes 18 hay cuatro días que a Luís Eduardo se le borraron de la memoria, que sencillamente no vivió. Son cuatro días fundamentales en los que pasa por un shock séptico, un ingreso a terapia intensiva, una intervención quirúrgica para amputarle la pierna, la noticia de que se la han amputado y la visita solidaria de familiares y amigos. Sin embargo, no guarda memoria de ninguno de ellos. Y por eso, cuando el lunes en la mañana se despierta, debe darse cuenta por sí mismo y afrontar completamente solo el insoslayable hecho de que le falta una pierna:

-¿Puedes recordar ese momento?

-Sí. Yo despierto el lunes y poco comienzo a estar consiente, pero aún estaba intubado. En la tarde me extuban y ahí ya puedo yo por lo menos sentarme. Y cuando me siento veo que la cama hay un vacío y cuando quito la sábana veo que la pierna ya no estaba. Y eso fue: si ya antes me estaba muriendo, ya allí me había muerto.

¿Ha sido el peor momento de tu vida?

-Sí

-¿Y estabas completamente solo?

-Sí.

-¿Qué es lo primero que te viene a la mente allí?

-En ese momento yo me pregunto: ¿qué me pasó? Cuando veo que mi pierna no está, empiezo a llamar a los doctores: que por qué no siento la pierna. Yo no aceptaba lo que había pasado. Cuando desperté tenía un vendaje más corto: pensé que era la rodilla, que la pierna se me había partido y la tenía doblada hacia atrás. Eso fue lo primero que me llegó al a mente. Y  yo decía que no sentía la pierna, que la pierna se me había partido. Y un médico de terapia me dice que no: que me la tuvieron que amputar. En el instante no lloré. Fue como entrar en coma. Porque era como que no sentía ganas ni de llorar ni de gritar. Fue una especie de coma. Fue un shock sentimental todo loco, que ni yo mismo sabía cómo me sentía.

-¿Quién es, de los tuyos, a la primera persona que ves?

-A mí mamá. Y lo primero que le dije fue que por qué ella dejó que esto pasara. Porque una de las cosas que yo le había hecho saber a ella y a todos era que si yo tenía que morir para no perder la pierna, que me dejaran morir, porque yo no quería vivir sin una pierna. Fue algo que les recalqué y se lo dije con toda la sinceridad del mundo: que no quería que me amputaran, que me dejaran morir si esa era la solución para yo conservar la pierna. Y cuando despierto y no está, fue así como rencor, resentimiento, de por qué habían dejado que pasara esto cuando yo no quería. En ese momento no entendía que fue la decisión para mantenerme con vida. Y obviamente mi mamá no iba a preferir que yo muriera a salvarme la pierna. Pero la verdad no lo entendía en ese momento: Era tanta rabia, tanto resentimiento. Yo le decía a mi mamá que por qué había dejado que pasara eso, que por qué había dejado me hicieran eso.

AYUDAR, AYUDAR, AYUDAR

“No voy a parar de ayudar al que pueda”

Entre el momento de la amputación y su salida del Clínico pasa casi un mes, en el que Luis Eduardo tuvo obligatoriamente que resignarse a su nueva realidad. Y entre todas las cosas, lo que más le dolía era el fútbol. “Lo único en lo que pensaba, lo que en verdad me agobiaba, era saber que no podría jugar fútbol”, dice. Lateral derecho de toda la vida (“desde que entré en el colegio”) su recuerdo más bonito de ese deporte es, paradójicamente, una derrota 12-1. Pero es que ese uno se lo metieron al equipo de la Escuela de Talentos, el mejor de Portuguesa: “Nosotros celebramos que al equipo más difícil, a los que nos daban clases, le hayamos metimos un gol. Estábamos demasiado alegres y no sé: éramos felices”, rememora. Admirador de Tomás Rincón (“siempre ha llevado el nombre de Venezuela en alto y es un duro”), y de Neymar (“la humidad que tiene ese tipo, berro. Le echa y sabe”), un día se encontró con que ya no podría ser como ninguno de ellos en la cancha: “Era como que me estuvieran quitando la mitad del corazón, porque el fútbol era mi vida”. ¿Cómo se hace, pues, para levantarse y superar algo así? Escrito se lee sencillo, pero es un proceso que toma tiempo. Tal como Luis Eduardo lo cuenta, en su caso la ecuación consistió en dejar de pensar en todo lo que no podría hacer de allí en adelante –el fútbol, por ejemplo– y enfocarse en el mundo nuevo que paradójicamente se le abría, en aquellas cosas que antes no hacía y que a partir de ese momento podría hacer y disfrutar; y entre ellas, una especialmente: ayudar a otros. Esa ha sido su gran motivación y la clave para superar el duro proceso que vivió:

-Los primeros días pensabas en el fútbol y en todo lo que no podías hacer, ¿pero qué pasó luego?

-Logré entender de que la vida no terminaba allí. Que si bien había muchas cosas que ya no podía hacer, había también mil y un cosas que antes no hacía y que ahora podía. Y entendí también que había muchas personas en mi misma condición o en peores condiciones que podían hallar en mí una motivación. Entonces, decidí usar mi situación para motivar a otros, para ser una referencia de inspiración y de lucha para muchos. Porque una condición física no decide nuestra vida. Nuestra vida la define la actitud que tomamos frente a las adversidades, y eso es lo que ahora tengo clavado en la mente, y no voy a parar de ayudar al que pueda: aquí estoy haciendo todo lo posible para ayudar a aquellos que estén dentro de mis posibilidades. Y es lo que me ha ayudado a superar la pérdida de la pierna: encontrar en la ayuda a los demás un motivo, que es lo que más me llena.

-Entiendo que eres creyente, ¿esta experiencia afectó tu relación con Dios?

-Yo estuve resentido los primeros días, porque yo le pedía demasiado a Dios que no me tuvieran que amputar la pierna, y lo que le preguntaba era por qué. ¿Por qué a nosotros, que lo que estábamos era luchando por una causa buena? ¿Por qué a mí, que desde pequeño vengo haciendo actividades benéficas, que he hecho cosas buenas por otras personas? Yo decía: ¿por qué a las personas buenas les tiene que pasar esto, y hay otros que son unos monstruos y están disfrutando de una vida plena?

-¿Y lograste hallar la respuesta?

-Mira, como te digo los primeros días yo ni quería saber nada de Dios. Hubo una fractura demasiado grande con Él: yo decía que no existía y tenía una rabia demasiado grande, pero después entendí que fue necesario que yo pasara por esto para comprender muchas cosas y que Dios manda sus mejores batallas a sus mejores guerreros. Hoy me encuentro aquí y Dios me ha dado una cachetada como diciéndome: mira todo lo que te estoy mandando en recompensa por lo que pasaste. Y la verdad es que la recompensa y el aprendizaje han sido demasiado grandes.

-¿Qué cosas has aprendido?

 -Que la vida no termina por situaciones. Yo perdí una pierna y pensé que hasta allí llegaba mi vida, que iba a ser un estorbo, y ahorita entendí que una condición física no es limitante para nadie. Ahora puedo hacer mil y un cosas, llegar a más personas, y el cambio que quise hacer en Venezuela, ahora estoy llevándolo de persona en persona y con el favor de Dios ahora  serán miles a los que voy a poder llegar a raíz de esto. Ahora veo la vida distinta y la valoro como no tienes idea.

-Si el Luis Eduardo de ahorita pudiera tener en frente al del año pasado, ¿qué consejo le daría?

-Que se diera cuenta de todo lo que puede hacer sin necesidad de pasar por una situación tan grave. Que aunque no tenemos mucha diferencia, ahorita soy una mejor persona de lo que era antes. Pero que pudiera serlo y llegar a serlo sin tener la necesidad de pasar por una tragedia como esta.

-¿Esto ha logrado sacar una mejor versión de ti?

-Totalmente.

-¿Qué es lo más importante de la vida?

-La familia. Y no incluyo solo la de sangre, sino también a los amigos. Los amigos en mi vida han jugado un papel fundamental. Yo soy demasiado pana. Siempre lo he dicho. Yo no tengo enemigos: yo tengo amigos innumerables, y ahora muchísimo más: tengo amigos más íntimos, que son mi familia, pero la familia de amigos se sigue extendiendo cada vez más. Y he llegado a conocer a una infinidad de personas increíbles.

EL ABRAZO DEL PERDÓN

“Si lo tuviera en frente le daría un abrazo”

No tener puesto el cinturón de seguridad fue lo que provocó el reencuentro de Luis Eduardo con Poli Vargas, el cuerpo oficial de donde salió el hombre que le disparó. Ver el uniforme le revolvió (y devolvió) todos los malos recuerdos. “Me daban ganas de vomitarles en la cara. De decirles todo lo que sentía. Sacar toda la rabia. Sin embargo la mamá de una amiga que iba con nosotros me hizo entender que esas son las piedras que Dios me pone en el camino para que entienda que nosotros debemos diferenciar al bueno del malo, y que sin duda alguna nosotros seguimos siendo los buenos a pesar de que los malos están claros de que son malos y que les gusta ser malos”.

-Ahora, Luis, si tuvieras en frente no a algún oficial de Poli Vargas, sino directamente al hombre que te disparó, ¿qué le dirías?

– (Silencio). No sé, suena extraño, pero créeme esto: le daría un abrazo. Y le diría que qué lástima que en ese momento haya tomado la decisión de disparar. Porque yo fui el blanco, pero también pudo haber sido su hermano, su hijo o algún familiar. Y ya que está a tiempo, hasta lo ayudaría a cambiar de forma de pensar, porque todos en el fondo, muy en el fondo, tenemos dentro a la buena persona que podemos ser, y lo que hace falta es que, en cierto modo, como en este caso, alguien ayude a sacarla de ese fondo y a darse cuenta de que es, de que puede ser, una buena persona. Pero sin duda, también lo pondría detrás de las rejas ya que debe pagar por lo que hizo. Igual, bueno, la justicia que no hace el hombre la hace Dios. Hay un Dios muy grande que mira hacia abajo y que todo lo sabe.

[PS: Luego de la entrevista, Luis Eduardo, gracias a un crowfounding, pudo recolectar el dinero para comprar la próstesis de pierna que necesitaba para volver a caminar. Ahora que puede hacerlo, se dedica a realizar actividades benéficas en pro de otras personas que han pasado por situaciones como la suya. Se le puede seguir en Instagram a través de la cuenta: @luisedgonzalez]

Luis Eduardo González: “Yo sentía que protegía a la gente” PARTE I

Las dos veces que se vio cara a cara con la muerte, Luis Eduardo González (19) tuvo muy presente la frase que estaba escrita en uno de los varios escudos que tuvo, y que decía, debajo de una estampa de la Virgen del Valle, que ‘si uno muere haciendo lo correcto, sabrá que su muerte no fue en vano, porque habrá logrado algún cambio’. De autor desconocido, la frase fue para él consuelo y alivio la madrugada en la que, para disolver un trancazo en el que participaba, un efectivo de Poli-Vargas le disparó un tiro en la pierna que casi lo desangra, y luego, también, cuando un shock séptico, sufrido de madrugada dos meses después, lo llevó a terapia intensiva y obligó a amputarle la pierna. “En esos momentos yo recordaba lo que decía mi escudo y pensaba: al menos estaba haciendo algo bueno. No me dieron un tiro robando o por andar en algo indebido, sino por estar luchando por lo correcto”, rememora sentado en el sofá de un apartamento en Las Acacias este joven de 19 años, una de las tantas víctimas anónimas de la represión gubernamental durante las protestas que sucedieron entre abril y julio de este año, y quien tuvo a bien compartir su historia con el equipo periodístico de Revista OJO en una extensa y enriquecedora entrevista cuya primera parte puedes a continuación

Por: Ezequiel Abdala |@eaa17

Esta es una historia cotidiana y a su vez extraordinaria. Una historia de la calle, que me pudo suceder a mí que la escribo, a ti que la lees, o a cualquier persona que entre abril y julio haya salido a protestar contra la dictadura. Le terminó pasando a Luis Eduardo González, un joven cuya biografía puede ser la de cualquiera de su generación: nacido en marzo 1998, año fundacional de la revolución, vivió con su familia en Sanare, estado Lara, hasta cumplir la mayoría de edad, cuando en procura de estudios superiores y de una mejor calidad de vida dejó el terruño materno. Comercio Internacional fue la carrera elegida y el núcleo de la USB en Vargas el lugar donde estudiarla, por lo que se residenció en Naiguatá, donde alternaba los estudios con el trabajo de bar tender en el club Tanaguarenas los fines de semana. Tranquila pero llena de inconformidades era su vida (así la describe él), porque aunque nacido en revolución (hijo cronológico de ella, de hecho)  vino al mundo con un espíritu crítico que le impedía estar conforme con la realidad. “No poder salir a la esquina con el teléfono sin tener el miedo de que te lo roben, no poder estar en la calle después de las 10 de la noche porque no hay garantía de que vayas a llegar con bien, ver gente pasando hambre y muriendo de desnutrición, comiendo de la basura, a profesionales con salarios de miseria…” eran las principales razones de su insatisfacción, esa que lo llevó a salir a protestar en la calle apenas se le presentó la oportunidad.

LA PRIMERA MARCHA

“No me asusté sino que me dieron ganas de ayudar”

19 de abril de 2017. Es el día cuando una marea humana se lanza a la autopista y es reprimida con una ferocidad criminal. Es el día en que la gente, desesperada, se arroja al Guaire para escapar. Es el día de las decenas de asfixiados y heridos. Es el día, también, de la primera marcha de Luis Eduardo. “Yo fui como cualquier chamo, como sociedad civil, porque todavía no me había unido a la Resistencia. Estuve detrás de ellos y vi muy de cerca la brutal represión, todo lo que pasaba”, rememora. Contrario a lo que pudiera pensarse, el horror no lo intimidó sino que lo impulsó: “No me asusté sino que me dieron ganas de estar allí adelante y ayudar: yo decía que podía hacer algo más, ser uno más que estuviera al frente y relevara a alguno que cayera. Lo que pasó en esa marcha me motivó demasiado”. Tanto, que dos días después, el viernes 21 de abril, se unió formalmente a la Resistencia: “Yo simplemente salí, alguien me regaló un escudo, y me uní”. Así de fácil.

En su primer contacto serio con las lacrimógenas –“ese día yo no tenía máscara ni nada, y me cubría era con una franela” –, quien le vino a la mente fue su hermano: “Él estuvo 5 meses en una escuela militar, y cuando me hablaba de las lacrimógenas me decía: ‘tú sientes que es un humo que te va a matar’. Y ese día, cuando estaba al frente, yo decía: ‘mi hermano tenía toda la razón del mundo’”. Ese viernes de asfixia –“yo no duraba ni 5 minutos al frente cuando ya me estaba ahogando”– Luis Eduardo entraba y salía constantemente de la zona de combate para tomar aire. Es en una de esas salidas cuando se consigue con sus compañeros de clase: “Cuando los vi, dije: ‘con ellos me quedo’, y me uní al grupo de choque de la USB como tal”. A partir de allí comenzó una nueva etapa en su vida.

LA PLEGARIA DEL ESCUDERO

“Nunca salíamos sin hacer la oración y darnos un abrazo”

Aunque su primer escudo lo recibió por casualidad, en Luis Eduardo estaba acendrada la vocación de escudero: “Era como tener la vida de muchas personas en tus manos. Yo sentía que  protegía a la gente y que ellos se sentían protegidos por nosotros: porque los perdigones pegaban en mi escudo, y no en el ojo o cuerpo de alguien más”. Como escudero tuvo varios escudos, que solía esconder en el techo de un kiosco que estaba en Chacaito. Sin embargo, hubo uno que lo marcó: tenía una imagen de la Virgen del Valle y una frase que le llegó desde que la leyó por primera vez: “Si uno muere haciendo lo correcto, sabrá que su muerte no fue en vano, porque habrá logrado algún cambio”, y que luego tuvo siempre presente.

Como grupo de choque, su función comenzaba con el conflicto. Se mantenían entre los marchistas, y una vez que las movilizaciones se topaban con los cordones de la GNB o la PNB y arrancaba la represión, allí salían ellos al frente. Lo hacían entre vítores y aplausos, como verdaderos héroes. Y ese es, de hecho, uno de sus recuerdos más felices: “Era una de las cosas que más me gustaba: recibir el aplauso de las personas desde atrás, y que todo el mundo te bendijera. No sabes la cantidad de crucifijos que tenía en el cuello, de gente que me los colgaba. Las abuelitas que me abrazaban y me besaban. Eso me llenaba demasiado porque yo sentía que ellas estaban seguras con nosotros. Que tenían todas las esperanzas puestas en nosotros. Y eso  era lo que nos hacía estar allí al frente”.

Estar al frente significaba, también, vérselas con los militares y los policías. “Yo sentía una total lástima por ellos, al ver cómo desperdiciaban su vida en eso: que su historia profesional fuera enfrentarse a unos chamos con escudos de madera. Lo veía y pensaba: qué pena dan. Pensar que en el mundo hay ejércitos que se baten en guerras, en cosas más serias. Y ellos, que también estaban pasando por lo mismo que nosotros, desperdiciaban su carrera así. Nuestros escudos eran más fuertes que la moral de cualquiera de ellos”, reflexiona. “Pero yo no sentía miedo, sino ganas de proteger”, explica.

-Dame 3 imágenes o 3 momentos de aquellos días de resistencia…

-Un abrazo de grupo. Una oración antes de salir. Y un saludo que era como el de pelotero, que hacíamos siempre al salir: chocar el casco de la cabeza con el del escudero que teníamos más cerca. Era algo que siempre hacíamos. Nunca salíamos sin hacer la oración, darnos un abrazo y chocar el casco, porque nunca sabíamos si íbamos a regresar.

-¿Qué pedían en esta oración?

-Que Dios escuchara nuestras plegarias, y que, sabiendo que nosotros estábamos luchando por el bien, se nos diera la oportunidad de lograr el cambio sin necesidad de que hubiera tantos sacrificios humanos.

-¿Te tocó que algún compañero no regresara?

No. Nunca. Hubo muchos heridos y eso. Pero todos regresamos siempre, gracias a Dios. En nuestro grupo hubo uno que tuvo fractura de cráneo por una lacrimógena; otro que recibió un disparo cuando mataron a Fabian Urbina; el que arroyó la tanqueta era de la universidad también. Pero gracias a Dios siempre volvimos todos. Y ninguno murió.

-Eran muy unidos, entonces…

-Allí al frente éramos como una familia: todos cuidábamos de todos, y todos estábamos pendiente de que nadie cayera. Por eso el 21 fue una inspiración tan grande. Allí dije: este es mi lugar y de aquí nadie me saca. Me sentía como en casa estando al frente, porque sentía que estaba luchando por lo correcto.

AUMENTA EL PELIGRO

 “Yo dije que iba a estar hasta el fin”

El 06 de julio, en el Distribuidor Altamira, Luis Eduardo fue herido por varios perdigones. Hasta el balazo, ese había el momento más angustioso de la protesta: “Fue algo tan inesperado. Estábamos bajando por el Distribuidor. No teníamos ni 10 minutos caminando, y de pronto vimos que la gente corría, pero no veíamos gases ni nada. Y de repente la GNB llegó en moto disparando perdigones a todos. Fue brutal: demasiados disparos. Fuimos decenas los heridos: señoras mayores que cayeron, chamos. Una cosa loca”, recuerda. En total, recibió 12 impactos en todo el cuerpo. “Pero yo lo tomé relajado”, dice, al punto que pidió que no le avisaran a nadie de la familia. Su madre, sin embargo, lo intuyó: “Ese día yo tuve el sueño de que estaba muerto en una barricada. E inmediatamente cuando amaneció lo llamé. Ya estaba herido, pero no me lo dijo”, cuenta. Y es que hasta Sanare, donde vivía, le llegaba la información: “Cada vez que salía al abasto, al supermercado, sus amigos me decían: ‘Mira Chucho anda metido en las barricadas’. Y yo les decía: ‘Sí, yo no sé en qué piensa. Sé que él está inconforme con lo que pasa, pero él tiene que ver que los políticos no le ha dado el tamaño que tiene: ése se lo he dado yo con mucho sacrificio”.

Pero Chucho, su Chucho, pensaba en cualquier cosa menos en abandonar la calle. “Nunca pasó por mi mente dejar de salir. Yo dije que iba a estar hasta el fin de los días, cuando lográramos el objetivo”. Palabras más, palabras menos, esa fue su respuesta (y la de sus compañeros) cuando los líderes del grupo de la USB los reunieron para preguntarles qué hacer dado el aumento salvaje de la represión. “Nos plantearon dejar de salir o disminuir las salidas: y las disminuimos. Porque ninguno se veía en casa viendo como caían los demás. Todos estábamos decididos a seguir saliendo, y comenzamos a hacerlo dos o tres veces por semana”

AQUELLA MADRUGADA

“Allí dije: ‘morí’”

Plebiscito y hora cero. Eso dijeron los políticos, aunque no explicaron exactamente en qué consistía aquello. La lógica decía que se trataría de una fase superior de lucha, y fue por eso que la propia madrugada del 17 de julio, Luis Eduardo y su grupo salieron a trancar el puente de Naiguatá: “Decidimos hacerle frente al llamado de que había de empezar la Hora Cero como tal y montamos una barricada en el puente que conecta Vargas con Naiguatá, entonces llegó la Guardia Nacional, pero no eran nada agresivos. De pronto apareció la Policía del Estado Vargas, una especie de grupo comando que ellos tienen, que en Vargas es conocido y al que todos le temen, que se le conoce como el grupo de Goncalves. Yo no los conocía porque era nuevo en la zona, pero todo el mundo decía: ‘nos van a matar, llegó el grupo de Goncalves’. Y así fue: ellos bajándose de los carros y disparando a diestra y siniestra”. Era aproximadamente la 1:30 de la madrugada cuando la bala impactó en su pierna.

-¿Qué se siente que a uno le den un tiro?

-Es horrible. La verdad es que no hay palabras para describirlo. Tú sientes que vas a morir en el primer instante que recibes el tiro.

-¿Qué diferencia hay entre el tiro y el perdigón?

-El perdigón te duele al rato cuando ya despiertas, y la bala te está avisando que vas a morir en el instante, inmediatamente.

-Puedes recordar lo que pasó inmediatamente después de que recibiste el balazo…

-Al recibirlo, perdí la vista: casi ni veía. Luego, quedé sordo: no escuchaba nada. Era como un sonido que me aturdía desde adentro: yo hablaba y ni yo mismo me escuchaba. Y no habían pasado ni diez segundos cuando me desmayé. Allí dije: ‘morí’. Porque sentía cómo me estaba desvaneciendo. Una sensación horrible.

-¿Qué pasa luego?

-Mis compañeros, arriesgando su vida, porque los policías no dejaban de disparar, me agarraron, me cargaron, me montaron en una moto y me llevaron al dispensario de Naiguatá. Yo despierto allí, despistado y sin noción de lo que estaba pasando: veía a todos corriendo y no entendía nada, porque aún no escuchaba. Fue al rato cuando comencé a hacerlo y fue peor: oía que decían ‘se nos va’, que no se podía parar el sangrado, que la bala había roto una arteria. Y cuando me levantaban la pierna yo veía cómo salían los chorros de sangre. Me habían colocado un torniquete pero no había sido efectivo, porque el sangrado era muy grande. Cuando logran parar el sangrado, llaman a una ambulancia, que llegó como hora después, pero se espichó pasando la barricada y tuve que esperar como hasta las  5 de la mañana a que llegara otra.

-¿Creías que te morías?

-En ese momento sí.

-¿Y qué siente, qué piensa uno, cuando cree que se muere?

-Yo pensaba, dentro de mí, que me estaba muriendo y presentía algo súper malo. A mi amigo Luis Reyes, que estuvo en todo momento conmigo, yo le preguntaba si me iba a morir, que me dijera la verdad. Yo no podía ni levantar los brazos. Estaba demasiado débil por la pérdida de sangre. Y él me decía: ‘no, guaro, no le pares bolas que tú vas a salir vivo de esto’. Lo que hacía era echarme chistes. Yo le decía: ‘estamos hablando serios, deja tu payasada’. Pero una vez que me empezó a hablar y a intentar desviarme de lo que estaba pasando yo empecé a entender que las cosas podían mejorar. Pero yo pensaba: ‘¿qué le voy a decir a mí mamá?’.

[Parte II de la entrevista: aquí]

Asdrúbal Oliveros: “Ni el narcotráfico es tan rentable como el dólar a 10”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Desde las oficinas de Ecoanalítica, Caracas se ve habitable, bonita y hasta próspera. El gran ventanal de su sala de reuniones da precisamente para La Castellana, zona de mucho verde y edificios bajos, coronada por un Ávila majestuoso. Casi al frente, el movimiento de máquinas sobre un terreno de tamaño considerable anuncia que en unos años habrá allí erigida la torre de una aseguradora. Y si uno se quedara con la imagen de ese instante, Caracas sería una señora capital que aparte de ser bonita, progresa. Mera ficción que se derrumba a los minutos, al conversar de economía con el director de la consultora, Asdrúbal Oliveros. La que en principio iba a ser una entrevista de una pregunta para #SurfeandoLaCrisis, terminó convertida en un considerable y muy didáctico coloquio sobre la situación real de Venezuela. Había que aprovechar: no todas las tardes se tiene en frente a un economista que se sabe explicar y hacerse entender. Y aunque estaba en la víspera de un viaje y con un sinfín de tareas encima, Oliveros sacó tiempo para contestar varias de nuestras muchas inquietudes. A continuación, una entrevista de lectura imprescindible para saber por qué estamos cómo estamos y qué podemos esperar para el futuro reciente:

-Asdrúbal, ¿fue la de los años recientes la mayor bonanza económica de la historia de Venezuela?

-Mira, de alguna forma sí. Porque las bonanzas previas, aunque en términos reales cuando las deflactas fueron un poco más grandes, no duraron tanto. Esa es una que comenzó en 2004 y se alargó hasta 2008, fue bastante larga.

-Ahora, si eso fue así, ¿qué lógica tiene, cómo se explica, que en los años de mayor bonanza nos hayamos endeudado tanto y estemos a punto ahora de entrar en ‘default’?

-Eso es un tema que tiene muchas aristas. Durante los años del control de cambio, que arrancó en 2003, el gobierno diseñó un sistema en el que usaba el apetito de la gente por tener dólares para endeudarse “barato”. El sistema pernicioso que el gobierno generó fue el siguiente: emitía deuda, y esa era una manera que la gente tenía para tener dólares. Y fue el peor endeudamiento posible: tú generabas un pasivo del Estado (que hoy nos está siendo bastante pesado), y esa plata no se reinvertía en el país o servía para financiar planes de desarrollo, sino que principalmente terminaba en el bolsillo de muchos venezolanos, que lo que hacían era sacarla del país. Entonces, ¿cuál es la realidad que tienes hoy? Un país con una posición externa extremadamente vulnerable, prácticamente sin liquidez, sin dinero, sin dólares, endeudado y sin capacidad de responder a esa deuda. Por eso caemos en el default. Pero a su vez, tienes un sector privado y unos particulares con mucha plata afuera. Porque esa es la otra realidad: el sector privado venezolano y los particulares, durante el boom, lograron sacar mucho dinero. Nosotros calculamos que el sector privado tiene fuera de Venezuela el equivalente a más de 320 mil millones de dólares. Eso en este momento es casi el tres veces PIB de Venezuela. De hecho, esa plata que tienen muchos privados afuera y muchos particulares ha sido uno de los mecanismos de mucha gente para poder sobrevivir a la crisis: han tenido que cambiar esos dólares para poder soportar estos años de dura crisis. Y esa plata, una muy buena parte de ella, salió vía endeudamiento, lo cual es un total sinsentido.

-¿Es eso lo que llaman fuga de capitales?

-Tiene que ver con fuga de capitales, sólo que fue una fuga de capitales que se financió con deuda, y fue más perniciosa. Porque terminas teniendo un estado endeudado, con altísimos pasivos, y no le ves el queso a la tostada a ese dinero: desarrollo, infraestructura, vialidad, etc. Venezuela debió haber estado a la cabeza de América Latina en cuando a desarrollo por el boom que recibió y el endeudamiento en que se comprometió, y eso no es así: porque terminó en bolsillo de particulares afuera.

-¿En verdad existe un dólar a 10 bolívares o es un mito?

-Existe y es una distorsión. Para que tengas una idea: el 91% de las importaciones del Estado se hacen a 10 bolívares por dólar. Y cerca de un 22% de las privadas se hacen a 10 bolívares por dólar. Esas son cifras de 2017. Cuando tú ponderas eso: por tamaño, lo que es el sector público, el sector privado, te termina dando que cerca el 84% de las importaciones del país se financian con dólar a 10.

-Pero eso no se ve reflejado en los precios de la calle…

-Bueno, porque ese 84% que se importa a 10 queda finalmente diluido por corruptelas, ya que muchas de esas importaciones no tienen impacto directo en los anaqueles y en la red de abastecimiento, porque muchas de ellas son importaciones del sector petrolero y de empresas estadales, o son las cajas Clap. Entonces, al final la peor distorsión que tienes en esta economía, entre muchas, es que el grueso de las importaciones son a 10, pero el marcador es el dólar negro, que aunque financia la mitad de las importaciones privadas, eso es alrededor de un 14-15% del total. Entonces, ese 15%, que te puede parecer poco, se convierte en el marcador de una economía con todas las distorsiones que eso genera.

-Ahora: me dan un dólar a 10, lo vendo a 80 mil en el mercado paralelo y tengo para comprar 8 mil dólares a diez. ¿Hay en el mundo un negocio más rentable que ese?

-Yo te diría que no. Ni siquiera el narcotráfico es tan rentable, porque además es ilegal y quien lo hace se juega la vida. Con el dólar a 10 no, porque tiene una estructura legal que lo ampara. De alguna manera, es un sistema de protección que lamentablemente está detrás del Estado. Y por eso es que también, y yo siempre lo digo, el control de cambio no lo puedes ver desde la lógica económica. Por supuesto, yo soy economista y entiendo que lo tienes que quitar y todo lo que uno siempre dice. Pero al final, el gobierno, cuando uno intenta entender por qué lo mantiene y no lo quita, es porque la lógica es política. Hay una cantidad de actores y de grupos que se están alimentando de esto, y que para Maduro es muy difícil quitar. Al final tiene que ver con cuotas de poder.

-¿Son siempre malos los controles?

-Mira, yo siempre he dicho que el control de precios es uno de tres trillizos: el control en sí, la corrupción y el arbitraje. ¿Qué es el arbitraje? Eso que tú acabas de describir. Ni que pongas al Papa Francisco a administrar las divisas podría hacerlo correctamente ya que el incentivo es muy grande. Si a mí me venden a 10 pero yo sé que tú estás dispuesto a pagar a 80 mil, yo tengo todos los incentivos para venderlo. Lo mismo pasa con la harina, con los productos regulados, etc. Toda estructura de control en la que el precio es ficticio y está por debajo de la estructura de costo termina en estos sistemas de mercado negro. Efectivamente, hay mucho de corrupción en este proceso. Nosotros hicimos un estudio, que lamentablemente no hemos podido actualizar porque no se ha actualizado la data del BCV. Pero entre 2003 y 2012 calculamos que la sobrefacturación de importaciones era más o menos equivalente a 69,5 millardos de dólares. Es decir: son importaciones que se declararon pero no llegaron. Y tienen que ver con este sistema. Y ya de mucho antes esto venía ocurriendo. Y fue prácticamente desde que nació el control.

-Ahora, en el caso específico del control de cambios, que Venezuela no es el único país que lo tiene y hay algunos en los que hasta pareciera que funciona. ¿Son necesarios? ¿Son una buena medida?

-Los controles de cambio no son buenos ni malos: son una excepción. Hay momento en los que los tienes que aplicar, pero en cosas de muy corta duración. Obviamente, Venezuela en 2003, después de la paralización de la industria petrolera, lo necesitaba. Pero ya por ejemplo en 2005 o 2006 era lógico quitarlo: tenías una economía con bajo riesgo país, Chávez iba a su reelección, la oposición iba al proceso, tenías activos en reserva para defender el tipo de cambio, etc. Pero Chávez decidió no hacerlo porque el control de cambio es un arma política muy poderosa, que le permitía tener sometido al sector privado al Estado; adicionalmente, le permitía al Estado financiarse muy barato, porque como esos bolívares quedaban represados internamente, el Estado se apropiaba de ellos para su financiamiento. Entonces fue una decisión estrictamente política mantener el control de cambio más allá del tiempo prudencial que lo ameritaba.

-Vayamos al otro extremo del control: Dólar Today, ¿el dólar cuesta lo que dice esa página?

-Mira, es un tema complejo que tiene que ver un poco con el dólar al que puedes acceder. En una economía en la que funcionaran las cosas bien y estuvieran medianamente sanas y con los desequilibrios más o menos ordenados, el tipo de cambio no sería esa distorsión tan terrible, que no hay quien pueda aguantar. Pero es que Venezuela está lejos de ser eso. Entonces, la única forma en la que tú puedes aspirar a tener un tipo de cambio de alguna manera que responda más a condiciones de país, de oferta y demanda, un tipo de cambio sano, tiene que pasar necesariamente por cambiar el modelo político y económico. Con este no es posible.

-¿Todo pasa entonces por un cambio de gobierno?

-Yo ya soy escéptico de que Maduro pueda implementar las reformas que la economía requiere para superar este problema. Hasta ahora se ha negado y no parece dispuesto. Y el tiempo pesa. Cada día que pasa se profundizan las distorsiones y hace pensar que el tipo de cambio que termine quedando, en una economía abierta de mercado, va a ser cada vez va a ser más alto, así no sea Dólar Today.

-Entre 10 y 84 [NDLR: precio del dólar el día de la entrevista], ¿el verdadero estará más cerca de…?

-Es que es muy difícil saberlo, porque tiene que ver con las reformas que tú apliques. Pero yo te diría que si de alguna manera haces un plan amplio de reforma, y también depende de un factor clave, que es plata: si obtienes liquidez, dólares para defender la moneda, el tipo de cambio va a ser mucho más bajo. Lo que sí vas a tener inicialmente, y ese es un efecto psicológico importante, es que cuando liberes la moneda, el tipo de cambio, la tasa, se va a pegar, va a seguir a la paralela, porque es la de las expectativas, y luego, dependiendo de las políticas que se implementen, esa tasa paralela va a ir cediendo. ¿Hasta dónde puede ceder? Va a depender del compromiso de los ‘policy maker’, de los que están allí detrás, en las reformas, en la plata que logren levantar. Entonces puede ser que la caída sea muy abrupta o muy lenta. Por eso es muy difícil decir cuánto va a ser el tipo de cambio. Ahora, lo que sí te puedo decir, 100% seguro, es que va a seguir siendo mucho menor de lo que dice Dólar Today

-¿Venezuela es recuperable, Asdrúbal?

-Bueno, mira, yo creo que todos los países son recuperables. La historia está llena de ejemplos de países devastados que se levantaron y hoy son potencia. Y así como los países no tocan fondo, tampoco están condenados al fracaso per se. Eso para mí es fundamental. Ahora, hay cosas que se van a recuperar más rápido que otras. Yo creo que nos queda todavía una especie de bono, de bendición celestial, de unos 30-40 años, en los que el petróleo va a seguir jugando un rol importante como fuente energética, y tenemos que aprovecharlos para hacer las transformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales del país. Porque probablemente después de 30-40 años ya el petróleo no va a ser lo que era, y tendremos que aprender a vivir de otras cosas y hacer ese salto a una sociedad post-petrolera, que hoy Venezuela no está preparada para eso. Entonces, ese es un reto que tendremos en frente.

-¿Cómo sería esa recuperación del país?

– Venezuela va a requerir varia etapas: una primera de emergencia y de estabilización, y luego otra reformas más profundas y estructurales. Esto quizás suena cínico, pero como estamos tan caídos en el foso, que en la medida en la que uno empiece a hacer las cosas bien va a ver rápidamente los cambios. En una economía que está en este grado de deterioro, hay muchos elementos en los que en el mismo día uno vas a ver cambios. Eso no quiere decir que de la noche a la mañana Venezuela se vaya a recuperar, pero creo que lo que falta, y por eso hay tanta desesperanza, es esa senda, esa luz al final del túnel que te diga: vamos corrigiendo cosas para enrumbar al país. Y eso es posible: pero insisto con otro modelo político y económico, que no tenemos en este momento, y es el principal escollo que hay actualmente.

-Hay nuevo gobierno, forman gabinete, te nombran Ministro de Economía, ¿cuáles deberían ser las medidas a tomar?

-Para mí hay 5 frentes claves a los que deberían estar orientadas las medidas. El primero, el cambiario: ir a un proceso de unificación cambiaria, de una sola tasa competitiva de mercado. El segundo, el fiscal, que pasa por una reforma importante del Estado y tiene que ver con elementos institucionales también, porque tienes un estado hipertrofiado y con un déficit descomunal con el que es imposible tener una economía y unos indicadores sanos. El tercero, el precio: hoy el principal elemento de distorsión de la economía, y sobre todo para la gente, es la inflación, entonces parte importante de ese plan es estabilizar precios y reducir la tasa de inflación; yo diría que esa debe ser la prioridad dadas las condiciones de precariedad que tiene mucha gente hoy en Venezuela: hay obligatoriamente que recudir el tema inflacionario, y eso pasa por una reducción de controles, el rol del sector privado, el tema  productivo, el tema importador. El cuarto, el frente petrolero, que es medular y pasa por una reforma importante de PDVSA: volverla a llevar a su rol clave, que es la producción de crudo. Y por último, pero no menos importante, el tema social: tienes una crisis social grave y tú no puedes estabilizar la economía si no ofreces una política social que ayude a personas vulnerables que en las condiciones actuales no se pueden sostener por sí mismas y están en la pobreza extrema.

-¿Eso no son las misiones y el carnet de la patria?

-No. De ninguna manera: yo hablo de una política social distinta, no clientelar, que no esté atada a la devoción al partido/Estado, sino que de alguna manera le permita a la gente superar la pobreza: transferencias directas, empoderamiento del ciudadano, temas de emprendimiento;  eso es fundamental, es un eje clave, porque si no logras resolver el tema social, cualquier gobierno que venga a futuro no va a tener estabilidad política, entonces eso te va a generar una tensión, una fuente de conflicto importante, que si eres pragmático y con visión de futuro, debes minimizar.

-Ahora, el argumento de mucha gente para mantener los controles es que si se liberan los precios estos se dispararán y llegarán a la estratósfera. ¿Es eso cierto?

Mira, eso era hace algunos años. Si me hubieras hecho esa entrevista en 2012, probablemente te hubiera dicho que es un peligro. Hoy ese peligro no existe: muchos de los precios que ves en las calle, más allá de la bolsa Clap, son más caros de lo que verías en una economía libre. La gente ya está pagando unos precios exorbitantes. Entonces yo más bien creo que una de las consecuencias positivas que tendría una liberación de precios es que muchas cosas o pueden bajar o por lo menos no van a seguir creciendo. Porque hoy todo está marcado por la escasez y la distorsión cambiaria, y todo está atado a las expectativas cambiarias: si tu expectativa es que el $ en una semana está en 100 mil y en 6 meses en 500 mil, te podrás imaginar por donde irán los precios. Ahora, si yo postulo una política cambiaria en la que logro estabilizar un tipo de cambio, eso va a tener una incidencia. De modo que yo no comparto esa tesis. Yo creo que con un programa de estabilización, más bien, en promedio los precios van a bajar.

Ahora, hay cosas que están muy rezagadas: servicios, por ejemplo; eso lo tendrán que ajustar. Pero lo que a la gente más le afecta, que son alimentos, no necesariamente va a tener un salto importante. Pero sí vamos a tener que pagar por los servicios. En el caso del tipo de cambio es lo mismo: con una política coherente en la que el tipo de cambio responda al mercado, tampoco es que vas a tener unas salidas ingentes de capitales, porque tampoco es que haya muchos capitales para salir. Pero digamos que tiene que ver con cómo comunica. Por eso uno de los roles fundamentales en cualquier equipo de gobierno que llegue acá, primero es la credibilidad, que la gente perciba que están preparados para llevar a cabo las reformas, el compromiso de ese equipo con las reformas, y la estrategia comunicacional, porque eso es lo que te permite moderar la expectativas.

-¿Cómo ve Asdrúbal Oliveros el 2018?

-Mira, yo te diría que lamentablemente depende un poco de las condiciones políticas. Si seguimos en este modelo no hay perspectiva de mejora. 2018 es un año en el que van a estar 3 elementos económicos claves que hacen pensar que va a ser un año muy complicado, más incluso de lo que hemos tenido: la hiperinflación, el default de la deuda y la fuerte caída de la producción petrolera, que no se detiene y que afecta el flujo. Esos 3 factores conviven. Y agrégales una crisis social latente que está creciendo. El problema del transporte, del efectivo, de la bombona de gas. Al final la gente ha perdido total calidad de vida y eso es una bomba de tiempo que de alguna manera va a generar un clima de tensión. Y en el medio de esa crisis económica y social tienes un contexto político en el que el gobierno va a buscar la reelección. Ese es el cuadro que tienes. Va a ser un año muy complejo y muy difícil, con muchos elementos de incertidumbre, pero creo que en lo que son números económicos yo no tengo lamentablemente para pensar que vayamos a tener algún desempeño positivo.

Erik Del Bufalo: “Una oposición seria jamás se presentaría en estas condiciones a elecciones” (y II)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Foto por: @traficovisual

Frases como las que encabezan la segunda parte de esta entrevista son las que le han ganado el epíteto de anti-político, que a él lo mata de risa. Para defenderse, se limita a citar a Hanna Arendt: la anti-política es la política que prescinde de la moral y busca instrumentalizar al ser humano. Y si ese fuera el que pecado del que habría que estar libre para arrojar piedras, bien podría él lanzar la primera contra una clase política que no busca otra cosa sino mantener (y mantenerse en) el sistema. No votará en las municipales de diciembre ni en las presidenciales del año que viene, y a pesar de que el tema le fastidia, habla de él. La salida, en su opinión, no es electoral sino insurreccional, y aunque la palabra parezca prohibida en dictadura, se la juega explicando por qué. No es su aspiración, tampoco, decirle a la gente qué hacer o no, que lo sigan o no, lo suyo es lo de aquellos primeros filósofos de la Atenas decadente: orientar y dar sentido en medio del caos. Y en la Caracas de finales de 2017, aquí está él diciendo lo que pocos e invitando a los venezolanos a ver y a escuchar aunque duela. Cuando la gente deje de taparse los ojos, jura, se habrá dado el primer paso para despertar y crear una conciencia colectiva que nos llevará a superar esta desgracia. Así habla el filósofo Erik del Bufalo, en la segunda y última parte de una entrevista que puedes leer completa aquí:

[PRIMERA PARTE: AQUÍ]

-Erik, te voy a citar un texto de Américo Martín, en el que habla de la relación entre moral y política, y quisiera un comentario tuyo al respecto: “Aunque desde la Antigüedad la Política, concebida como ciencia y arte, está estrechamente vinculada a la Moral, tiene su propio ámbito, sus leyes específicas. Subordinarla sin más a la Moral es negarla. Tratándose de una actividad fundamental en todos los ámbitos del hacer humano, esa operación sería inaplicable (…) Aquellos que en nombre de los principios rechazan las flexibilidades necesarias y lógicas que aconseja la Política atentan contra ella y, es más, contra la Moral misma. Un solo ejemplo: siendo en 1943 un imperativo moral impedir que Hitler dominara al mundo, la alianza entre Roosevelt, Churchill y Stalin resultó ser decisiva. Semejante sutileza política debió parecerle “inmoral” a aquellos oídos que escucharon las brutales prédicas anticapitalistas del monstruoso georgiano rojo, y las tenaces prédicas anticomunistas de dos estadistas de la envergadura de los grandes mandatarios occidentales”.

-A mí me parece que Maquiavelo y Kant lo dicen mucho mejor todavía. Esa es una idea maquiavélica y kantiana. Maquiavelo critica a Savonarola, que era un cura muy moral, cuya llegada al poder desencadena la guerra toscana, que fue una matanza muy brutal, porque su inflexibilidad moral no dio espacios para otra cosa. Kant dice que la moral es autónoma de la política, pero la política no es autónoma de la moral. Aquí hay un matiz. Lo que es autónomo no es la política: es la esfera moral. La moral no puede andar según convenga políticamente o no. Si la política debe tener flexibilidad, no puede instrumentalizar al ser humano, no puede ser inmoral, porque si es inmoral, estamos, allí sí, entrando en el sentido estricto de anti-política, que diría Hanna Arendt: el ser humano se instrumentaliza. La política en sí misma es pura violencia, es puro poder bruto, si es puro poder bruto se elimina el sello moral del hombre y no hay política: hay violencia. Esa es una definición precisa de anti-política, que es una palabra que en Venezuela usan muy mal, la usan al revés.

-¿Cuál debe ser entonces la relación entre la moral y la política?

-La misma que existe entre las leyes y la moral. Las leyes son una cosa y la moral es otra. La moral está siempre más allá de las leyes, pero las leyes deben estar subordinadas a la moral: tú no puedes poner leyes inmorales porque nadie las va a cumplir. Tú puedes, si quieres, crear una ley que obligue a todos a pegarle a su mamá, pero nadie lo va a hacer. En los clásicos antiguos ya está esto: Antígona, de hecho, no trata de otra cosa: el dictador de Tebas prohíbe que a Edipo se le entierre para que se lo coman los buitres, lo que era una gran infamia porque desde el origen del hombre todos los cuerpos se entierran. Y Antígona falta a la ley política para cumplir con la ley moral, que era enterrar a su padre, y por eso muere. Entonces, la relación de la política con la moral es la de Antígona. Puede haber un punto, digamos, donde ciertamente la política no coincide con el ámbito moral. La política tiene sus propios medios, pero los fines siempre son morales. Eso de que el fin justifica los medios es algo que se entendió muy mal. No es, de hecho, una frase de Maquiavelo: es una frase de la Iglesia, que lo acusó de inmoral, aunque fue ella la que llevó a la matanza de Siena con Florencia. Entonces, la política sí está subordinada a la moral: si no, estamos en la anti política, que es la violencia pura. La pura practicidad de la política sin la moral es la instrumentalización del ser humano.

Hay, de hecho, una novela que todo venezolano debería leer en este momento, que es la que mejor refleja la realidad actual: ‘Rebelión en la granja’. Allí está la famosa frase de los cerdos: todos somos iguales pero algunos somos más iguales que otros. Entonces, el hombre se vuelve un cerdo si la política cae afuera de la moral. El poder en sí mismo no es un fin, y si yo digo que la política es autónoma de la moral estoy diciendo que el poder es un fin, y eso lleva a la absoluta violencia. Es una idea jacobina, estalinista y nazi.

-Vale. Entendido. Ahora, todo esto venía a cuento, el artículo y la pregunta, por el asunto de las elecciones. De votar o no votar. Ayer en esta misma plaza había un acto del candidato Duque, en el que llamaba a defender Chacao…

-..mira, a mí me da fastidio hablar de eso: es tan insignificante. Pero, digamos, no hay ningún espacio que proteger, nada. Yo prefiero incluso que sea un chavista, que a lo mejor sea enemigo de otro chavista y le meta más dinámica: en estas condiciones un candidato opositor será más sumiso que otro chavista, porque va a tener miedo, lo van a humillar, lo van a meter preso. Fíjate en Carabobo: el señor Lacava, que es un impresentable, que es un canalla impresentable, creó un cortocircuito y se metió con Ameliach. ¿Tú crees que un candidato opositor se hubiera metido con Ameliach?

-Probablemente no. Pero ahora, ¿aplica también eso para las presidenciales de 2018?

-Lo mismo. Exactamente lo mismo. Una oposición seria jamás se presentaría en estas condiciones a unas elecciones: ¡las boicotearía!

-¿Entonces la salida no es electoral?

-Para nada. ¿A quién se le puede ocurrir eso?

-Al 90% de la clase política, por ejemplo…

-Claro, porque esa es la salida vital para ellos, porque mantienen el sistema del que estamos hablando. Mantienen la gobernabilidad y la paz, y el semblante, no de legitimidad o de algo así, sino de estabilidad, que es lo que en el fondo les interesa a las fuerzas políticas.

-¿Pero cuál es entonces la salida? Porque al decir que no es electoral, parece quedar solo la opción violenta. Al menos esa es la dicotomía que a uno le plantean siempre.

-El chavismo es violencia. Cuando hay 300 mil niños desnutridos o muchos en peligro de morir con difteria o con una gripe, eso es violencia. Si te asomas dos cuadras más abajo, vas a ver gente comiendo de la basura. Pero no indigentes. Acabo de pasar. Un señor que se veía que no era un indigente, sino un trabajador que estaba buscando comida para sus hijos. Eso es violencia. La delincuencia es violencia. La guerra entre pranes y GNB por el control de la droga, que es horrible, eso es violencia. Vivimos en una situación de extrema violencia, así que la estupidez de ‘salida electoral o violencia’, eso es una falacia demasiado burda.

Ahora, no me voy a escapar de la pregunta y la voy a contestar, aun estando en Venezuela: la salida no es electoral, es insurreccional. ¿Cuál es el nivel de violencia de esa insurrección? Es difícil saberlo y dependerá de las acciones y las fuerzas que vengan. En teoría podría ser sin ninguna violencia, o con violencia mínima. Lo ideal es que la violencia venga nada más del represor. Se podrían dar cosas como en Zimbawe: que el Estado colapsa y la violencia viene para preservar de que no haya más violencia. Cuando los militares dan el golpe, el golpe es casi seco, lo cual evita la situación de matanza. Entonces, hay que ser muy delicado con la violencia.

Por otro lado, la salida no solo es insurreccional, también es geopolítica. Tiene que haber fuerzas externas que nos ayuden a salir de esto, porque esto está enquistado, y es una amenaza continental. Y mientras mayor sea la fuerza política, menor será la violencia. Ahorita hay un militar en EE.UU. que acaba de escapar y decía que él traficaba, solo, una tonelada mensual. Eso es una forma también de intervención, que no es violenta: la DEA. Hay muchas formas, pero la salida en el fondo es insurreccional.

-¿Y tú la ves viable? Porque, insisto, toda la clase política parece ir por otro lado…

-No toda. Hay movimientos que son tímidos todavía, pero tienen cada vez más presencia. No toda la clase política está allí. Toda la ideología de la MUD, que todavía sigue viva, se mantendrá a pesar del desprestigio, pero a medida que pasen los días desaparecerá, y otras fuerzas políticas renacerán.

-Ahora que mencionas la MUD, ¿qué fue la MUD?

-En teoría es un pacto electoral para ir a elecciones unidos en una tarjeta única. En la práctica se volvió un súper cogollo que monopolizó la oposición venezolana. Y ahí se volvió un error. Y un error, sobre todo, de las élites: de las intelectuales, que le jalaron mecate y procuraron mantener ese sistema de conchupancia al máximo; y de las económicas, que solo financiaban la MUD y nada más.

-¿Y eso por qué?

-Porque en el fondo mantenían el sistema. Venezuela necesita otra oposición, entre otras cosas, para que sea locutora ante el mundo. Venezuela no necesita una oposición que esté restructurando la deuda por Maduro, que esté tratando de evitar sanciones, que se preste a las payasadas electoralistas, que se presta para apaciguar los ánimos. Necesitamos una oposición que sea todo lo contrario.

-¿Y tú la ves posible?

La veo naciendo, la veo germinar.

-¿Y no llega un poco tarde?

-Sí. Es cierto. Pero llega tarde, como llegó tarde el chavismo. Llega tarde porque los venezolanos somos un poco lentos. En Venezuela no analizamos los hechos: somos afectivos. Todavía hay gente que justifica a la MUD como los chavistas justifican al chavismo. Respetamos más los afectos, como si los afectos fueran gran cosa y no respetamos lo que los anglosajones llaman los hechos, the facts.

-¿De la oposición actual  quienes salvas?

-A Antonio Ledezma, a María Corina Machado, a Julio Coco, que yo admiro. Mucha gente lo acusa porque es de origen popular, habla un poco malandreado y les recuerda a Chávez en algunas cosas. Yo creo que es todo lo contrario: es un hombre que se ha hecho a sí mismo, que además es una persona muy clara. Hay también fuerzas jóvenes en VP que pueden rescatar al partido de la situación lamentable que está ahorita…

-¿Freddy Guevara?

-…En PJ también hay jóvenes valiosos que pueden ser rescatados…

-¿Miguel Pizarro?

-….

-Me parece, entonces, que no salvas a ninguno…

-Yo evito dar nombres no porque no quiera, sino porque cuando uno da un nombre, el venezolano se afecta: que este te cae bien, este mal. Caemos en el chisme y en la anécdota. Y no quisiera caer en eso. Esos que me nombras son jóvenes, y pueden reinventarse: lo que han sido hasta ahora no pueden seguir siéndolo, pero son menores de 40 años, se pueden reinventar. No quisiera hacerles tampoco la cruz.

-Ok, entendido. Ahora, ¿no es curioso que ideológicamente la mayoría de la oposición sea de izquierda?

-Todos los partidos son de centro izquierda. En apariencia sí. Pero ni siquiera es centro izquierda, porque centro izquierda es otra cosa y ellos son rentistas. Son clubs, en el sentido jacobino: asociaciones para acceder a la renta petrolera. Otros partidos minoritarios son despreciados por eso: es como cuando hay muchos corruptos y hay uno que no lo es y lo señalan. Entonces hay partidos que no están diseñados para llegar a la renta, que son los liberales, de centro derecha, Vente Venezuela, ABP, La Causa R…

-¿La causa R no es de centro izquierda?

-Sí. Es de centro izquierda pero no está hecha para llegar a la renta. Su visión era darle otra dignidad al trabajo, etc. Pero lo que te quiero decir es que izquierda y centro derecha dicen poco. A mí la distinción me parece más oportuna entre los que están diseñados para acceder a la renta y los que están para producir sucesos sociales más liberales, más abiertos al mercado…

-¿…y lo que no están diseñados para llegar a la renta, están diseñados para llegar al poder…?

-No. Están diseñados para hacer aporte de otra manera….

…pero quiero decir: una vez que accedes a la renta, entonces tienes recurso, puedes darte a conocer y luego ganar algún cargo, si te sales de eso, ¿no estás condenado a perder siempre, toda vez que los otros tienen más recursos y la competencia es en extremo desigual?

-…es que tiene que haber otro financiamiento. Lo bueno de todo esto es que el chavismo destruyó PDVSA y vivir de la renta no es negocio ahora. Eso podría dar salida a que Venezuela vea la vida de otra manera.

-Otra cosa Erik. Fuiste columnista en ‘Economía Hoy’, escribiste unos pocos artículos en Aporrea, todos medios de bajo perfil, no exactamente masivos…

-Es que a mí no me gusta ser un influenciador de la opinión pública.

-…pero

-…ahí voy. No te rías. A mí me gusta, esto tengo que decirlo con modestia: me gusta despertar la conciencia de la gente. Decirles: ‘No te dejes engañar así, porque no solamente te friegas tú: nos fregamos todos’. Trato de atizar un poco la conciencia. Pero no mandar a la gente a que haga una cosa u otra…

-Hay quien ha sugerido que tú tienes algún tipo de responsabilidad en la derrota de las regionales…

-Es un argumento muy ridículo. Porque además se contradice. Primero: Venezuela no es twitter. Luego: la culpa es de twitter. Ellos buscan culpables donde sea, porque son tan mediocres que serían incapaces de asumir su responsabilidad. Incluso Chávez, que era un pirata, asumió su responsabilidad. Yo no he escuchado a Capriles asumir su responsabilidad, a Borges. Menos aún a esos intelectuales en funciones de ellos, que son más tristes todavía: lo que hacen es atacar a la gente, burlarse de la gente, que es una cosa canallesca.

-A ustedes, a los que han dicho cosas como las que tú dices, los llaman anti-políticos…

-Claro, pero la diferencia es que yo sé lo que significa anti-política, ellos no. Al final yo lo demuestro, y ellos no. La gente podrá decir: ‘qué fastidio este tipo’, pero tengo razón. Yo asumo mi responsabilidad. Y la responsabilidad me ha llevado a cierto ostracismo, pero no al desprecio, que es lo peor.

-¿Es el ostracismo el destino del intelectual?

-Bueno, yo me dedico a una cosa que a pocas personas les interesa y entienden, y en Venezuela todavía menos. O sea que yo estoy acostumbrado un poco a la soledad. Eso no me afecta. No soy candidato a nada, ni vendedor de seguros, entonces no me afecta. Me pueden atacar. Pero como yo respeto, me atacan desde el respeto. El ostracismo no me molesta.

-¿Te sientes muy solo en Venezuela?

-Hay un hecho objetivo: todos mis amigos se fueron.

-¿Qué se siente tener razón antes que lo demás?

-No. No me siento cómodo si dices eso. No es verdad.

-Pero digamos, la noche del 15 de octubre, por ejemplo, cuando Tibisay da los resultados…

-Yo sabía que eso iba a pasar. Aunque fue mucho más exagerado de lo que esperaba. Yo pensaba que iba a ser una especie de 11-10. Ellos podían jugar, tenían varios escenarios. Pero fue tan catastrófica la oposición, fue tan infantil, tan balurda, tan mediocre, que agarraron un poquito más de lo que obtuvieron. Y además, como pillaron que los adecos se iban a arrodillar, porque ya seguramente lo habían negociado, entonces dijeron: ‘vamos a arrasar con todo’, y se llevaron más de la cuenta. Me sorprendió un poquito en el sentido de que se agarraron más de lo que pensaba…

-¿Y cómo te sentiste en ese momento?

-Me sentí mal, porque sabía que se cumplía algo que nos estaba llevando a una situación de sumisión y de miseria. Me sentí mal, como cuando tienes una enfermedad, vas al médico y te confirma el diagnóstico…

-Pero sí las ves venir mucho antes, entonces…

-Pero es que tampoco hay demasiado mérito en eso: en Venezuela las cosas no están tan ocultas. Lo que pasa es que la población es muy erotómana, muy emocional, entonces se tapan los ojos y no ve. No es que yo tenga mucha lucidez: para ver que te están engañando no hay que ser muy lúcido, pero si uno se tapa los ojos con sus emociones, con lo que quiere que ocurra, con el wishfull thinking, es imposible, no vas a ver. Entonces yo invito a ver aunque duela: escuchar que tu propia gente te engañó, que la persona en la que confiabas te engañó, se burló de ti, te utilizó, eso no es fácil, pero es el primer paso para poder despertar y tener esperanza en una conciencia colectiva que nos guíe a la superación de esta desgracia…

-¿Cómo se siente un filósofo en esta época?

-La filosofía siempre viene en tiempos difíciles o en el malestar. Hay pocos filósofos de la Belle Époque, como Nietszche, después hay filosofía del esplendor, pero, digamos, es en la Grecia, en la Atenas de la decadencia, donde aparece la filosofía. Entonces, bueno: en momentos históricos difíciles, sea porque son ascendentes o descendentes, es cuando es más interesante hacer filosofía, porque hay algo que orientar, a lo que darle sentido.

-¿Es por eso que sigues en Venezuela?

-En parte sí.

-¿Esto puede entenderse como una misión o algo así?

-Me siento útil…

-Gracias, Erik

-A ti.

 

Erik del Búfalo: “El chavismo es crimen organizado en el poder” (I)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Foto por: @traficovisual

Son quienes lo adversan los que han aumentado su leyenda. A sus tweets le han atribuido, incluso, derrotas electorales, cosa que a él le produce risa. Jura que nunca ha querido ser un influenciador de la opinión pública (le ha llegado sin buscarlo), sino que lo suyo siempre ha sido procurar atizar y despertar la conciencia de quien lo lee. En esa labor, en ese continuo gritar que los reyes están desnudos, ha ido quedándose solo. Aun perteneciendo a esa rara especie de los que se salen del lugar común para decir algo interesante (o por lo menos distinto), son pocos los medios que lo llaman. No le preocupa ni le importa demasiado: filósofo a fin de cuentas, no es al ostracismo, sino al desprecio, a lo que teme. Y mientras continúe diciendo lo que su conciencia le dicte, mientras no mienta y engañe, se sabe libre de esa condena. Por ello no ceja en su labor, aun a riesgo de aumentar aún más la lista de gente que no lo soporta y adversa, que a estas alturas resulta imposible saber si la encabezan los miembros de la dictadura o los de la oposición, que para él, nadie lo dude, son prácticamente lo mismo: beneficiarios todos de un sistema que gira en torno a la renta y a un montón de negocios ilícitos (y algunos criminales), cuya gesta viene de mucho antes. Eso es apenas un abreboca de las varias y muy interesantes cosas sobre las que hablamos en @RevistaOJO con el filósofo Erik del Búfalo, en una larga, sustanciosa y reveladora conversación sin censura, cuya primera parte puedes leer aquí:

-Erik, si, por poner un caso, alguien que cayó en coma durante las marchas, cuando la calle estaba en su efervescencia, se despierta hoy y te pide que le expliques qué pasó, ¿qué le dirías?

-Caramba. Esa es exactamente una pregunta que yo me hago. Y es muy difícil, porque mi estado de perplejidad es muy grande. Yo todavía estoy tratando de metabolizar qué es lo que está pasando. Lo que es obvio, a nivel político, es que hubo un acuerdo a espaldas del país, y que hay un…la palabra que me viene es contubernio: un contubernio de las fuerzas políticas para mantener la gobernabilidad de sistema.

-¿…y en ese ‘contubernio’ se traicionó a la gente?

-Peor: se usó a la gente para tener capital político para la propia agenda de cierta clase opositora, y negociar con base en ello. Lo cual es mucho peor, es mucho más terrible, es algo infame.

-¿Serviría eso para explicar por qué, entonces, tras unas jornadas de protestas tan duras la dictadura no cayó?

-No cayó porque nunca estuvo destinada a caer. Porque aquellas fuerzas aparentes que estaban movilizando el cambio lo hacían era para tener recurso político, pero no para usar eso como instrumento del cambio.

-Para caracterizar lo que vivimos se han dado diferentes definiciones. Arturo Pereza llegó a hablar de ‘tiranía del pranato’, tú alguna vez de ‘socialismo de anti-sociales’, ¿qué es esto que estamos viviendo?

-Es crimen organizado en el poder. Es un sistema socialista en el sentido más vulgar, pero que no se basa en la producción, en los medios de producción, sino en la repartición de la renta petrolera y en la rapiña de todo recurso natural, como el Arco Minero; y que también se basa en el empobrecimiento absoluto del trabajo. En términos marxistas sería de acumulación originaria del capital para ellos, a partir de la destrucción del trabajo y de la exacerbación del clientelismo a partir de la renta. Pero además se añaden estos negocios criminales que tienen que ver con el narcotráfico, con el contrabando, y con la mafia cambiaria, que es un negocio muy fácil: en los veinte minutos que haces una llamada te dan dólares a 10 BsF, y esos los puedes vender a 60 mil [NDLR: una semana después el dólar llegó a 80 mil]. Entonces, ¿cuánto hiciste en 30 min con riesgo nulo? Porque incluso el narcotráfico tiene riesgos. Pero con la mafia  cambiaria el riesgo es mínimo, lo puedes hacer por WhatsApp, y la tasa de retorno es brutal. No hay un negocio parecido en el mundo. ¿Pero cuál es el costo de eso? Es la destrucción de la sociedad. Es la devastación de la fuerza de trabajo, de la salud de la gente.

-¿Qué es el sistema?

-Es un sistema de rapiña bien particular, que favorece élites entorno al control cambiario, los contratos con el Estado, el situado constitucional y tal vez negocios más oscuros. No estoy acusando a nadie, pero hay que recordar que el narcotráfico es un negocio que permea muy fácil en todos los sectores de la sociedad: es el negocio que más fácilmente permea porque su capacidad de apalancamiento es muy grande. Y la extorsión también, de la cual hay muchas formas. Yo creo que parte de la clase política está extorsionada y la otra es cómplice manifiesta por las acciones que toma. Uno puede pensar que ciertos presos políticos que están en prisión en sus domicilios están extorsionados, pero hay otros políticos que están a sus anchas, libres y todo lo que hacen es para mantener la gobernabilidad.

Ahora, el hablar de sistema sugiere que no es algo coyuntural, sino estructural, y si es así eso toma tiempo, ¿desde cuándo impera este sistema?

-El sistema viene gestándose desde antes del chavismo. Lo que pasa es que con el chavismo transmutó en una cosa peor. Pero viene gestándose desde la caída de CAP II. Yo creo que la situación actual comienza en ese momento: allí empieza una reacción muy virulenta de las élites. No del pueblo: de las élites. La reacción popular se había dado en el 89, al principio, pero después estaban asumiendo la agenda. Sin embargo, las élites comienzan a reaccionar, en el 90-91, cuando se ven amenazadas por la apertura económica. Entonces, esas élites, que son económicas y financieras esencialmente, que estaban acostumbradas a parasitar en torno al Estado, empiezan a conspirar contra Carlos Andrés Pérez. Cae CAP, hay una necesidad política, y surge una cosa que la gente no suele tomar en cuenta, pero que era muy pre-chavista: el chiripero. Y allí comienzan a gestarse todas las bases por las cuales la gente votó por Chávez, porque allí están todas las promesas que volvían otra vez a un socialismo exacerbado.

Si como Zavalita, al inicio de ‘Conversación en La Catedral’, nos pusiéramos a buscar ese momento en el que se ‘jode’ el país. ¿Sería la salida de CAP II?

-Sí. Pero no tanto por la figura particular de CAP, sino por las reformas, que yo pienso que eran las que había que hacer, y que, dicho sea, él las hace muy mal: con engaño electoral. Entonces, aunque poner un origen en la historia es una cosa muy complicada, creo que el momento puntual en el que hay una línea más o menos clara, un vector, es allí en el 92: se paran las reformas, se restituye el Estado rentista al máximo, incluso más populista de lo que era antes, y eso va llevando a la lógica que desemboca en Chávez.

-Y allí está también el muy controversial papel jugado por Caldera…

-Pero hay que distinguir dos cosas: a CAP lo tumba su propio partido. Escobar Salón, Ramos Allup, todos ellos, que le quitan el apoyo político y lo mandan a la piqueta. Entonces Caldera, que un político de la vieja guardia, de los de antes, que no era, digamos, Freddy Guevara, vio su oportunidad, lo cual no era ilegítimo. El problema es que para llegar al poder se tiene que montar en un discurso que no le pertenecía, mucho más populista que el que había tenido. Caldera representaba la centro derecha en Venezuela, simbólicamente, porque en verdad nunca funcionó así. Pero se monta en ese discurso populista, que sienta las bases de que eso está bien. Y es, además, un gobierno que se llena de muchos oportunistas. Y luego, todo ese oportunismo venezolano ve el chance de Chávez, y militares, empresarios y dueños de medios, gente muy poderosa, lo consienten, le prestan aviones, le financian la campaña. Eso hay que tenerlo en cuenta: Chávez no fue tampoco un ‘outsider’ que llegó solito de la nada.

-¿Tú votaste por Chávez?

-No. Yo voté por Claudio Fermín, lo cual no me llena de ningún orgullo jajaja.

-Entones a ti Chávez nunca te sedujo…

No. Todos mis amigos en la universidad eran chavistas. Parte de mi familia y mi familia política. Pero yo no. De hecho yo escribía en ‘Economía Hoy’, y era muy duro con Chávez.

-…aun cuando todo el país se le rendía.

-Es que el Chávez del principio, aunque era un tipo muy ignorante, tenía mucho carisma. Mi esposa tiene una imagen muy buena, porque dice que Chávez tenía todas las voces de Venezuela: hablaba como un evangélico, como un narrador de deporte, como un beisbolero, como un militar. Tenía todas esas voces arquetipales venezolanas. Era como un pastor. Yo creo que él nunca supo muy bien donde estaba metido.

-¿Cómo así?

-Chávez siempre fue un monigote llevado por intereses que él no dominaba. Él no era ningún Comandante Supremo ni ningún líder. Hay un artículo que yo escribí en Aporrea en el que decía que era un globo: un monigote inflable llevado por una masa criminal.

-¿Y eso no es exculparlo?

-No, no: él es culpable. De eso no hay duda. Pero, digamos: en el chavismo, el menos culpable es Chávez. ¿En qué sentido? En que todos los jala-mecates de Chávez, los oportunistas, las élites que lo apoyaron, toda la mediocridad del país, lo sostuvo. Él era un pobre loquito inflado a nivel de César, con todo lo peor del país alrededor, que le jaló mecate sin parar y hasta lo llamó Comandante Supremo siendo un pobre diablo. Y al final de su gobierno se ve: él es llevado por ese sistema, muy armado por los cubanos, muy de Fidel, y de hecho cuando Chávez muere ponen  a Maduro, y la gente subestima a Maduro, pero Maduro en su visión del mundo, que es nefasta, ha sido más eficaz que Chávez en transformar al país.

-Para el mal…

-Para el mal para nosotros, pero exitosamente para ellos.

-¿Entonces, esto era algo premeditado?

-Mira, al chavismo se le puede ver y entender de dos maneras: La primera, como algo que se coleó en la historia: ese señor charlatán, con mucho carisma, coleado en la historia, que hace un gran desastre. La segunda: como algo que se instaló y se escapó de las manos. Yo pienso que es la segunda hipótesis: porque si Chávez hubiera durado 6 meses, un año, cinco, hubiese sido eso: un señor que se coleó en la historia. Además que la lógica, tras la muerte de Chávez, de mantener a Maduro, por las fuerzas decadentes de la IV, me refiero a AD y a otros partidos, demuestran que hay una continuidad. Además, son los mismos protagonistas que tumbaron a CAP, que conspiraron contra él. Eso demuestras que hay una continuidad de actores, de política y de orientación de lo que debe ser la vida pública en Venezuela, que hace pensar que no es que Chávez se coleó, sino que fue llevado allí, se escapó de las manos, y después, cuando muere, se trata de mantener la herencia, lo que entre comillas se llama ‘el legado’, que es este sistema muy mafioso, muy criminal, que estamos padeciendo los venezolanos.

-¿Los pueblos tienen destinos manifiesto? ¿Estamos destinados a ser este gran fracaso?

-Guao. Es muy duro como lo pones tú. A ver. Vamos a matizar un poco. Venezuela no ha sido un gran fracaso. Venezuela ha sido un campo de batalla, siempre, entre fuerzas distintas. En Venezuela se han dado cosas maravillosas, que no se han dado en Latinoamérica, y se dieron aquí primero. Y se han dado cosas terribles, que también se han dado aquí primero. Tuvimos a Boves, pero también a Francisco de Miranda, a Bolívar, a Bello. Es también la tierra de Zamora y de esa gente, claro. Pero es la tierra que logra modernizar un país en poco tiempo, mientras el resto de la comunidad andina estaba muy atrasada; es un país que inventó la vacuna contra la Lepra, es un país de gente muy buena y muy maravillosa. Venezuela es un país que siempre ha sido progresista, en el sentido que llamaríamos hoy: siempre dejó que las clases bajas accedieran de algún modo a la riqueza y al poder. En Colombia, por ejemplo, nunca fue así. La oligarquía bogotana, que es casi feudal y terrateniente, nunca permitió esa movilidad que nosotros tuvimos: cada vez que había movimiento democrático, mataron. Siempre taponaron. Y de hecho, los venezolanos nunca le perdonaron eso a Bolívar: que quisiera entregar el país a la oligarquía cachaca, que era muy reaccionaria y feudal, y con razón. Y no porque el proyecto de la Gran Colombia fuera malo (era muy bueno), sino porque justamente, para hacerlo, tenía que darle poder a Santander, etc, que no veían las cosas como Bolívar, y veían a Venezuela con gran desprecio. Pero Venezuela es un país visionario, de relaciones muy horizontales. En Latinoamérica es muy raro eso. Eso nada más se puede ver en países como Argentina y unos pocos más. Venezuela fue muy moderna en eso. Pero al lado de eso, tenías…¿cómo lo simbolizamos en una imagen que se entienda? Tenías un campo petrolero, que tiene todos los servicios adentro, una cerca y un montón de gente mendigando trabajo en el campo petrolero. Esa es la forma para mí estructural del chavismo: tienes una modernidad cercada y un poco de masa que no saben cómo acceder a esa modernidad. Las élites se empantuflan, se acomodan con la renta, cortan el flujo del proyecto modernizador, que no aparece nada más con la generación del 28, esa es la segunda parte, siendo la primera Guzmán Blanco, que la gente lo desprecia y tal…

-…porque quería convertir Caracas en Paris…

-…no. Él no quiere convertir esto en un pequeño París. Ese es el discurso resentido. Fíjate que hay siempre como dos historias en Venezuela, y una siempre de resentimiento: pelucón, afrancesado,  pitiyanqui. Siempre hay ese bajo continuo, esa voz dolorida de gente que no supo nunca cómo llegar a la modernidad, y de élites que no fueron lo suficientemente inteligente para maximizar eso.

-Pero a ver: tuvimos la guerra de independencia más sangrienta de Latinoamérica. Bolívar muere exiliado y pobre, Miranda desembarca y no consigue a nadie, muere preso en una cárcel…

-…Miranda era hijo de comerciantes, de una panadera. Un tipo que estuvo en Rusia, en la corte Rusa, que está en el Arco del Triunfo. Era un hombre que además tenía una visión de lo que iba a ser la modernidad. El mundo pensaba en reyes, y él en repúblicas, incluso globalizadas. Un visionario. ¿Qué hijo de la panadera en Perú, por ejemplo, que es muy vertical, iba a poder hacer algo así? Eso te dice a ti que en Venezuela, incluso el hijo de la panadera podía tener esas posibilidades. Aquí hay una visión más horizontal de la realidad, más moderna, y eso es milagroso. Más allá de los errores de la existencia humana.

-¿Pero de qué le sirve al país esa horizontalidad y producir gente extraordinaria si al final el país le da la espalda y no pueden llevar a cabo sus planes…?

-Ya va. Lo que pasa es que este es un momento muy oscuro de Venezuela, y los seres humanos tendemos a proyectar en la historia el presente: si el presente es muy bueno, tendemos a pensar que todo ha sido maravilloso; si el presente es muy malo, tendemos a pensar que todo ha sido una porquería siempre. Y no es así: esto es un momento. Entonces no exageremos las cosas. Esto es un momento demasiado grave, demasiado triste, demasiado innecesario, que a la vez conecta con lo peor del país. Los países todos tienen una parte mejor y una parte peor. El problema es que la parte mejor tiene que prevalecer, porque, si no, todos la pasan mal. En Venezuela, y eso también es un defecto nuestro, somos muy tolerantes con lo que no tenemos que ser tolerantes. Aquí se alcahuetearon muchas cosas que no se debían alcahuetear, se fue muy laxo con la moral pública, con la corrupción, los guisos, la matraca y el chanchullo…yo pienso que a esto todavía le falta, pero que eventualmente Venezuela va a salir de esta pesadilla y volverá también a su situación luminosa, porque las ha tenido. Esto es más oscuro que Gómez, ¿eh? Gómez era, cuando yo estudiaba en el colegio, lo más oscuro que había pasado en Venezuela en la modernidad, después de la Guerra Federal. Y sin embargo, uno estudia a Gómez y sí, un campesino campechano y un poco brutazo, pero modernizador. Esto ni siquiera: es una destrucción, una devastación como nunca hemos visto. Es pre-gomecista.

-¿De los presidentes de la democracia cuál fue el mejor?

-El más importante fue Betancourt. No sé si el mejor, pero el fundamental es Betancourt. Fue el más claro de su generación.

-¿Era el pacto de Punto Fijo tan vituperable como el chavismo lo ha hecho ver?

-No. Punto Fijo fue lo más moderno que tuvimos en Venezuela. Fue el momento más lúcido durante el siglo XX. Lo que pasa es que la gente siempre le atribuye a la política la derrota. Lo que pasa es que el sistema fue secuestrado por la sustitución de importaciones. Se volvió una especie de paternalismo, de relación simbiótica con el Estado muy grave.

-¿Fue un error excluir al PCV de Punto Fijo?

-Lo que pasa es que en el momento estábamos en plena guerra fría. Si no se le hubiera excluido el PCV no hubiésemos, a lo mejor, tenido el apoyo de Estados Unidos. Estábamos en pleno macartismo y hubiera sido muy difícil que EEUU hubiera apoyado el golpe contra Pérez Jiménez si después se hubiese metido al PCV. Quizás hubieran apoyado después un golpe de militares perezjimenistas. Entonces tácticamente tuvo sentido.

-Erik, tú has sido más crítico con la intelectualidad venezolana…

-¿Te parece?

-…y quisiera preguntarte: ¿por qué?

-Es que en Venezuela los intelectuales son como un círculo de amigos, lo cual es un fiasco. El amiguismo intelectual es peor que el político, porque te estupidiza. Tienes 4 o 5 amigos que te aplauden todo, haces libros y los presentas ante esos 4 o 5 amigos que te aplauden, y eso te vuelve idiota. Tiene que ver, también, con esta idea de Ateneo, que es una casita en la que todos compartimos, luego se vuelve CONAC, viene el subsidio. Entonces el intelectual venezolano, que es el intelectual del subsidio, está destinado, está preso, por esa misma mentalidad de subsidio y clientelar. Y terminas viendo intelectuales que son operadores políticos, y eso es nefasto. Yo tengo mis preferencias políticas, pero no hablo desde allí. Si yo hablara desde allí perdería mucho prestigio, porque estaría ejerciendo otra función.

-¿Y esto ha sido así siempre?

-Ha pasado desde hace mucho tiempo. Además que en los 60 pasaba que si no eras de izquierda entonces eras un bicho raro, un fascista, un reaccionario. Luego había intelectuales adecos, intelectuales de partido, y eso era nefasto.

-¿A qué intelectual venezolano rescatarías del olvido?

-A Mariano Picón Salas.

-¿Y de los actuales?

-Yo con Colette Capriles estoy muy distanciado en el momento actual, pero ha escrito una obra importante. ‘La revolución como espectáculo’ es un libro que hay que leer. A Gisela Kozac la rescataría. Rescataría a Aura Palermo. A Ana Teresa Torres, que tiene una obra importante. Todos han hecho cosas interesantes. A Carlos Rangel hay que rescatarlo también, porque además vivió una época horrible en la que era él solo en un desierto, un liberal en medio del colectivismo exacerbado de su época. Y lo bueno de él es que muestra muy bien las resistencias más profundas que existen en el momento histórico, de por qué Venezuela es un país muy miedoso al liberalismo.

[PARTE II: AQUÍ]

María Alesia Machado: “Yo no voy a traicionar mis convicciones por complacer a otro”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“¡Tienen que cuidarse!” le advirtió a voz en cuello un espectador, al terminar la función del sábado, al elenco de ‘1984’. La archi famosa y harto elogiada novela de Orwell, martillo y espejo de todos los totalitarismos, está siendo montada por primera vez en Caracas en plena dictadura socialista, y la empresa tiene sus lógicos riesgos. Como por ejemplo, que la gente al verla se sienta identificada con esa sociedad orwelliana, totalitaria, manipuladora y represora, y se dé cuenta -¡por fin!- de cuál es la naturaleza del sistema político en el que vivimos; o que tal vez se les contagie algo del espíritu indómito y libertario de Winston y Julia, y salgan de allí con ganas de no dejarse pisotear más. El elenco sabe lo que arriesga montando una obra así, pero no se amilana. El comprensible temor de que les pueda llegar el SEBIN lo exorcizan con bromas; y la siempre latente amenaza de algún veto la conjuran con entereza. El público, por su parte, responde: todas las funciones de la primera temporada, en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, fueron lleno total; y la segunda, que comenzó el viernes pasado y terminará el próximo 09 de diciembre, en la Sala Italiana del Trasnocho, apunta a lo mismo. Para hablar de este encomiable montaje, dirigido por Abel García y Aníbal Cova, el equipo de @RevistaOjo conversó con la actriz María Alesia Machado, sobre quien cae la responsabilidad de encarnar a Julia. La entrevista completa a continuación:

-¿Qué retos ha supuesto para ti?

-El primer reto es que, por ser un clásico, la gente ya conoce al personaje y tiene una preconcepción del mismo en su mente, ya lo tiene muy concebido y determinado; entonces existe la posibilidad de que la gente se lleve una decepción porque el personaje no está netamente apegado al libro o a la idea que tienen. Otro de los grandes retos es que acompaño en escena a Elvis Chaveinte, que es un gran actor, y a mí me generaba mucha ansiedad no estar a su altura. Pero cuando confías en tu trabajo, en el de los directores y en el de los compañeros, no hay manera de que salga mal.

-¿Te tomó tiempo aceptar el personaje?

-No: el proyecto en sí y el personaje eran demasiado ambiciosos; y más bien yo me sentía muy afortunada de que me hubieran llamado para hacerlo en este momento que estamos viviendo: un personaje tan importante y con tanta relevancia en una una obra con la que te puedes sentir identificada mundialmente y donde quiera que estés.

-¿Cómo fue el proceso de montaje?

-Estuvo muy lleno de tropezones, porque fue durante los trancazos y las marchas, y una obra como esta requiere un tiempo importante de trabajo. Entonces tuvimos que echar mano de las mejores herramientas para poder sacarla adelante en poco tiempo. Empezamos en junio y salimos en septiembre. La primera temporada fue en la Sala Experimental del Trasnocho Cultural, donde se agotó, y ahora estaremos hasta el 09 de diciembre en la Sala Italiana del Trasnocho.

-¿Por qué alguien debería ver ‘1984’?

-Hay mucha gente que todavía no entiende qué es lo que está pasando, adónde estamos yendo, y adónde es que nos conducen y pretenden llevar. E ir a ver ‘1984’ te muestra tal cual adónde podemos llegar. Porque estamos mal y podemos terminar peor. ‘1984’ habla de una voluntad anulada, completamente manipulada, al punto de que te terminas creyendo tú mismo lo que dice este grupo. Te envuelven tanto y te manipulan tanto, que terminas diciendo: ‘acepto lo que me dices y formo parte del partido’. Entonces creo realmente que hay que ir a verla para darse cuenta de que sí, estamos mal, pero podemos estar mucho peor y esto es lo que nos va a pasar si no tomamos cartas en el asunto.

-¿Es esta obra un modo de protesta?

-Siempre digo que la mejor forma de protesta que tenemos los actores es hacer teatro; decir lo que pensamos desde el escenario. Y te das cuenta de que aunque el público está ávido de comedia, también quiere seguir viendo cosas que le afecten en su día a día, quiere verse reflejado en el teatro, ver sus monstruos y sus miedos reflejados allí. Hay gente que me escribe para decirme que no le gustó la obra porque es demasiado dura, que la tortura es demasiado fuerte. Y yo digo: ‘¿y tú qué crees que es La Tumba [NDLR: La cárcel política de la dictadura]? ¡La Tumba es peor de lo que se ve en ‘1984’!’.

-La revolución lleva 18 años, cada vez la represión es mayor, hay ahora una ley del odio capaz de sancionar cualquier cosa, y hablas del teatro como forma de protesta. Eso inevitablemente me lleva a preguntarte: ¿no les da miedo montar esta obra?

-Sabes que cuando terminó la función del sábado, al finalizar los aplausos, un señor nos gritó “¡Cuídense. Tienen que cuidarse!”. Evidentemente, uno siente miedo. Siempre está la duda de si nos llegarán o no. Uno lo ve un poco lejano, porque dice: ‘¿cómo te van a llegar a ti?’. Pero la posibilidad de que nos toquen la puerta existe. Nada de eso ha pasado, pero es posible. Nosotros lo decimos a modos de chiste, de catarsis, pero medio en serio. Y ahora con esta ley del odio, pareciera que ellos agarraron la obra de Orwell, copiaron lo que había que hacer para manipular y anular la voluntad de la gente e hicieron su ley. Hay miedo, pero el miedo lo sientes todos los días…

-Cabría también la posibilidad de algo menos explícito pero igual de dañino, como de que los pongan en una lista negra y veten de determinados espacios…

-Podría ser, pero yo personalmente, y puedo estar equivocada, creo que hoy en día hay que ser blanco o negro: no se puede vivir en grises, ni seguir permitiendo, entendiendo, comprendiendo. Hay que fijar posiciones y no bandearse. Soy artista pero también ser humano, ciudadana, y tengo una posición que ya no es ni siquiera política sino de humanidad. Y si alguien me quiere vetar, me da exactamente lo mismo: yo no voy a traicionar mis convicciones por complacer a otro.

-¿Tu familia ha visto la obra?

-Hay un tema allí porque en la obra hay un ‘toplees’. A mí cuando me lo dijeron no me importó: yo dije, solo me importan mi mamá y mi esposo. Y mi esposo lo tomó bien, pero mi mamá al principio sí se puso un poquito como que ‘cónchale, ¿pero es necesario?’. Y ahora ella le dice a todo el mundo que vaya a la obra y que hago un desnudo muy artístico. Además…esta obra significa mucho para mí, porque yo perdí a mi hermano en junio, el 14 de junio, y empecé a ensayar dos semanas después de haber tenido esa pérdida. Y la gente me decía que cómo me sometía a una obra tan fuerte, a emociones así…y la verdad es que gracias a esa obra yo he podido sobreponerme a la tristeza y salir adelante, y he encontrado como un norte: me siento capaz de hacer las cosas, me ha dado fuerza, me ha plantado, me ha hecho ser un poco más ecuánime. Alejar el sentimiento y volver a la realidad, entender que él se fue pero yo sigo.

-¿Tiene actuar un efecto terapéutico?

-Yo diría que…no. No podría decir terapéutico, porque si lo vendes como terapia, paras en loco. Más que terapéutico es liberador. Es como hacer ejercicio: yo boto energía, libero muchísimo stress, voto tristeza y rabia, y eso lo dejo allí, no me lo llevo a la casa. Más bien para mí es mejor porque libero y me voy feliz.

-Has actuado en cine, en teatro y en TV, ¿con cuál de los tres te quedas?

-La TV me da mucho miedo porque es demasiado inmediata y yo creo en los procesos. Demanda mucha práctica y aunque quisiera tener la oportunidad de incursionar mucho más en ella, la realidad es que vivo en un país donde esa posibilidad no existe, no se puede. El cine me gusta muchísimo, porque aunque hay inmediatez, hay también mucho más proceso, y tiene una cosa fascinante: perdura en el tiempo. Sin embargo, el teatro es lo que más me ha apasiona: son procesos largos, hay muchísimo aprendizaje, te involucras mucho con el equipo, con lo que vives, con el entorno, con tu personaje.

‘1984’ se está presentando los viernes y sábado a las 8:00 PM y los domingos a las 7:00 PM en el Trasnocho Cultural. Más info aquí: http://trasnochocultural.com/teatro_trasnocho/obras/ver?playId=59fdea97d27f1d58388b288f

 

“Ser oposición en este país se ha convertido en un gran negocio”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

En un país polarizado hasta la médula, Pedro Luis Pedrosa es uno de los pocos intelectuales venezolanos que diserta sobre una tercera vía. De verbo mordaz, este consultor político con experiencia en Colombia, Panamá y México se ha dedicado en los últimos tiempos a difundir una tesis tan polémica como estremecedora: la oposición y el gobierno no son enemigos, sino cómplices. A través de su programa en Radio Capital y entrevistas en medios internacionales, el también profesor universitario se ha metido con Raimundo y todo el mundo. Sin guardar las formas, sin cuidar los signos de puntuación y los acentos, sin miedo a caer mal y ser odiado, con insultos y grosería de por medio, Pedrosa ha convertido sus redes sociales en una base militar que dispara contra el gobierno, dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática y seguidores acérrimos de la oposición venezolana. Su alharaca tuitera contrasta con el docente que, en el aula, es capaz de dialogar y debatir, ahora sí cordialmente, con cualquiera que piense distinto. Pedrosa tiene una maestría en Relaciones Internacionales, una especialización en Derecho y Política Internacional y recientemente estuvo nominado a los Napolitan Victory Awards, premios de asesoría política para consultores de habla hispana que se entregan en Washington D.C. En Revista OJO conversamos con el controvertible consultor y esto fue lo que nos dijo:

–Usted ha dicho en sus redes sociales que la MUD y el PSUV trabajan en conjunto. ¿Puede explicar esa afirmación?

–Bueno, lo primero que me hace pensar así es la aplastante evidencia que salta a la cara. No puede ser que después de 19 años procurando el poder, la oposición haya fracasado en sus pretensiones. Lo segundo que me hace pensar eso es ver cómo ha estado conformado desde 1958 el sistema político venezolano: este gira en torno a la captación de renta petrolera, a cómo y quién utiliza lo que se obtiene por la explotación del petróleo. Entonces, evidencias como la empresa Derwick Associates, que es una organización del ramo eléctrico que recibe contratos por 2 mil millones de dólares del Estado venezolano en apenas 14 meses, donde están involucrados familiares de políticos de la MUD como Henry Ramos Allup, son apenas la punta del iceberg. Eso es lo que te hace pensar, o te hace inferir, que no son oposición y gobierno: son el establishment político venezolano.

Otro de los ingredientes que tú le puedes sumar a esa receta es que no hay divergencias ideológicas entre los proyectos de Chávez en sus 14 años de gobierno, en lo que está haciendo ahora Nicolás Maduro y en lo que hizo previamente Acción Democrática y Copei. ¿El proyecto político de ellos consiste en qué? Utilizar la renta petrolera para repartirla entre algunos amigos, en el caso de empresarios, y para distribuir un poco de miseria entre los ciudadanos. Tú no escuchas en las ofertas electorales de ningún bloque la generación de 100.000 empleos, fomentar la inversión privada, aumentar el precio de la gasolina, liberar el control de precios y de cambio. Absolutamente nada de eso está en el lenguaje político venezolano. Por lo tanto, si son ideológicamente afines, si el modelo político venezolano está diseñado en torno a la captación de la renta petrolera y si la MUD, en cualquiera de sus versiones, lleva 19 años intentando llegar al poder, uno puede inferir, en función de esas tres cosas, que ellos no tienen aspiración alguna  de tomar el gobierno. Estos señores no son enemigos del PSUV, son socios.

–Es decir, usted considera que Henrique Capriles se lanzó en 2012 y 2013 sabiendo que no iba a ganar…

–Yo creo que Capriles fue el candidato chantaje.

–¿Lo utilizaron?

–Oye, yo no creo que Henrique a estas alturas de su vida, que fue dos años diputado, luego ocho años Alcalde de Baruta, otros tantos en la Gobernación de Miranda… Es decir, yo no creo que después de 20 años viviendo de la renta pública y el negocio político, Capriles me vaya a echar el cuento de la quinceañera que le dice al papá que no sabe por qué está embarazada. Él por supuesto que sabía que no iba a ganar.

–¿Y por qué si comparten el poder no rotan en la Presidencia?

–Porque no hay un interés absoluto del chavismo en que eso suceda. Hay un límite, siempre tratando de mantener la farsa de que esto es una democracia. Aquí hay cosas tan asombrosas como que Smartmatic dice desde Londres, después de saber que ya no tendrían más negocios en Venezuela, que había una diferencia de al menos un millón de votos en la Constituyente. Y, claro, muchos van a argumentar: “Es que no había testigos, es que no se hicieron las auditorias”. Pero lo que queda claro es que el proceso es vulnerable. De todos modos, suponiendo que las elecciones en este país hayan sido total y absolutamente transparentes durante estos 18 años, cosa que yo dudo con un altísimo grado de probabilidad, pero, de ser así, de haber sido las elecciones transparentes todo este tiempo, llega la elección del 6 de diciembre de 2015, las de la Asamblea Nacional, y gana la oposición. Entonces queda demostrado en las urnas lo que nosotros creíamos saber hace mucho tiempo: que el chavismo ya no es mayoría. Se cumple así la profecía aquella que repetía Leopoldo López a cada rato: “Vamos a construir una nueva mayoría”. Bueno, ya la tienen. ¿Por qué no la usan? ¿Por qué desde la Asamblea Nacional de los 112 diputados no se ha derogado la ley de ilícitos cambiarios? Esa es la que impone el control de cambio y que prohíbe la libre circulación de moneda en Venezuela. Tampoco han derogado la ley de precios justos, que es la que fija un tope de precios a los productores y que trae escasez y quiebra. ¿No han podido hacer eso en una mañana?

–¿Votó en las regionales?

–No, no volveré a votar hasta que no se restablezca la república en Venezuela.

–¿Qué opina de la gente que fue a votar?

–Bueno, yo creo que son personas víctimas de la propaganda. Aquí el gobierno no es el único que hace propaganda. La oposición tiene un aparato propagandístico mucho más pequeño, pero muy eficiente. Este recurre a más gente, lo cual lo hace más peligroso aún. Tú sólo imagínate que dos o tres personas tengan la capacidad de transmitirle la verdad absoluta a la mayoría del país. Eso es peligrosísimo. El sueño de Joseph Goebbels.

–¿Cómo funciona ese aparato de la oposición?

–Eso es bastante fácil montarlo, pero lleva tiempo desarrollarlo. Todo proyecto político tiene unos dirigentes que construyen una agenda. Esta es sustentada y promovida por unos medios de comunicación que se alimentan de la clase política para la que trabajan a través de la obtención de publicidad o colaboraciones directas. Esos medios impulsan, a su vez, a lo que se llama una intelectualidad orgánica. ¿Qué es una intelectualidad orgánica? Personas que son queridas en el ámbito público, que tienen cierto reconocimiento por algún trabajo académico y que pasan a formar parte de la maquinaria de opinión. Los escuderos del proyecto político de la MUD y, en definitiva, del establishment, son estos ‘opinion shapers’, estos generadores de opinión. ¿Cuál es la función de ellos? Promover una idea, defenderla y sustentarla hasta llevarla al límite donde tenemos una cantidad de falacias que ruedan en la opinión pública. ¿Qué es una falacia? Parece verdad, suena bonito, pero es una mentira. Hay que ver el entramado de relaciones económicas que se han creado en un país al que están desangrando.

–¿No se siente sólo? ¿No tiene miedo de ir en contra tanto del gobierno como de la oposición?

–De sentirme solo, por supuesto que me siento sólo. Tengo alrededor a 4 o 5 personas que son mi equipo de trabajo directo que creen en lo que hacemos. Yo no tengo aspiraciones políticas. Sí, algunos me pueden ver como alguien peligroso, cosa que me halaga muchísimo, sobre todo si es de parte de estas personas que han secuestrado y que han saqueado al país, pero de verdad no creo significar un peligro para la clase política. Eso sí, por una persona que escuche, por una persona que trate de mirar en una dirección contraria a la que la opinión pública venezolana le ha impuesto durante los últimos 19 años, yo siento que he avanzado.

–¿Cómo hace gente como usted, que trata de irse por otra línea de pensamiento, para ganar peso en la opinión pública?

–Mira, yo tuve un profesor en la UCV que decía que para hacer política hacían falta tres cosas: dinero, dinero y más dinero. Ser oposición en Venezuela se ha convertido, de paso, en un muy buen negocio. ¿Por qué? Porque quien no llega a captar algún contrato directo, como la gente de Derwick, llega a la renta petrolera a través de una gobernación, una alcaldía o una diputación. Y hay más: quienes están fuera de los cargos haciendo han conseguido un negocio buenísimo en una cosa que se llama Agencias de Cooperación Internacional. Estas le meten una cantidad de dinero a organizaciones como Mundo sin Mordaza, Voto Joven, Balas por Balones… ese tipo de fundaciones que son, además de ONGs, filiales de partidos políticos. Entonces, ser oposición es un negocio muy rentable.

¿Cómo hacemos los que queremos ganar peso en la opinión pública? Primero hay que mantener la tenacidad y promover las cosas en las que uno cree. La evidencia va a seguir apuntando hacia allá. Poco a poco iremos viendo a gente que voltee hacia nosotros y tendremos que decirle a la gente: “Te lo dije”. La gente se está dando cuenta.

–Luego de que eso pase, ¿cómo sería la conversión hacia lo político, hacia la creación de esa tercera fuerza en el país?

–Bueno, a todo proceso artificial impuesto, siempre hay una reacción natural. Ahorita mismo lo podemos observar con el tema de los desastres naturales: no es que el planeta esté molesto, no es que los terremotos y los huracanes sean una respuesta a que Trump no firmó el acuerdo del cambio climático. No. Si tú colocas algo artificial en el paso de un evento natural, en algún momento ese evento natural por reiteración, o por la fuerza que lleve, va a destruir lo artificial. Entonces, lo que nosotros tenemos en Venezuela hoy es la imposición de un modelo político por una la vía de la creación artificiosa de una opinión falsa y de una cantidad de mentiras. Eso hará que la gente en algún momento, por un proceso natural, se dé cuenta de que ha sido engañada. Ya está pasando. Pero eso es un proceso de duelo. Es como la muerte. De hecho, yo creo que el país está empezando a atravesar esa situación y se va a presentar un vacío de desconfianza absoluta y de no creer en nadie.

–¿Cuál es la situación actual de los partidos políticos en Venezuela?

–Mira, un inexistente partido que no tiene militancia orgánica es Acción Democrática. AD es básicamente lo que el capataz de ese partido puede hacer con los liderazgos regionales. ¿Quién es el capataz de ese partido? Henry Ramos Allup. Él es un tipo simpático. A mí me hubiese agradado mucho verlo en Radio Rochela en algún momento. Él dice: “Mira, chico, tú de inteligencia no te vas a morir” y eso es noticia en la opinión pública venezolana durante dos semanas. “¿Viste lo que le dijo?”. Eso pasa porque nuestra opinión pública es muy superficial. Entonces, ese es un partido que logró meter por pulso, por maniobra política, tres candidatos de consenso sin que fueran a primarias y les fue muy bien en ese proceso interno. Entonces vienen y me dicen: “Es una falacia eso de que AD es un partido inexistente”. No, no es una falacia. Fueron a la recolección de firmas y recogieron un poco más de 200.000 firmas. ¿Eso es significativo para un partido político en Venezuela? La última encuesta de Varianzas que acaba de ser publicada dice que en simpatías políticas aún el PSUV tiene 16,2% y el partido de oposición que está más cerca es Acción Democrática con un 8%. Le sigue Primero Justicia con 7,8%, Voluntad Popular con 6%… En total, todos los partidos de oposición suman un poco más de 27%. Contando al PSUV, la simpatía por es de 44,5%. El partido político más grande en Venezuela hoy se llama la arrechera, la molestia, la náusea. Tiene 55,5% de militantes ese partido.

–¿La gente compraría un discurso alejado del socialismo?

–Hoy más que nunca. El mejor momento para decir que el Real Madrid no sirve es cuando el Barcelona, su archienemigo, le mete 3 goles en el Bernabéu. Entonces, no hay mejor momento en la historia política de Venezuela para decir que el socialismo fracasó, para ofrecer trabajo, para ofrecer libertad, para ofrecer propiedad. Sin embargo, sale Carlos Ocariz diciendo: “Por ahí anda Héctor Rodríguez regalando neveras y lavadoras. Agarren todo lo que sea. Nos los vamos a chulear”. ¿Ese es el tipo de políticos que va a reconstruir Venezuela? No, vale, esa es una versión edulcorada del chavismo. La diferencia entre el líder y el demagogo es que el líder inspira, el líder busca obtener lo mejor de la gente. El demagogo ofrece.

–¿Hay algún líder que usted respete ahorita en Venezuela?

–¿Ahorita? No, en lo absoluto.

–¿Leopoldo?

–No, vale. Nunca. De paso que…

–Usted estuvo en Voluntad Popular…

–Sí, le decía a mi asistente hace rato que ese es un momento muy lejano de mi vida al cual quiero olvidar.

–¿Qué puede decir de esa experiencia? Conoció al monstruo por dentro.

–Bueno, lo que pasa es que en Voluntad Popular no quieren gente que los asesore, sólo quieren validadores de opinión. Lo otro es que VP perdió la oportunidad de convertirse en un partido opción al decidir inscribirse en la internacional socialista y convertirse en más de lo mismo. A mí no me agradan las posturas políticas de Leopoldo López y menos las decisiones que ha tomado últimamente. Sin embargo, debo reconocer que él tiene carisma, tiene lo que yo llamo el fuego sagrado. O sea, el tipo quiere y arrastra…

–¿Logrará llegar al poder?

–No creo. Quienes lo metieron en la cárcel ya tomaron las medidas necesarias para que él vaya paulatinamente apagándose. Eso lo debe tener a él muy frustrado. Fíjate que no se habla de Leopoldo López desde su segundo regreso al casa por cárcel. Él perdió, y esto es muy doloroso decirlo, la magia del preso. Ya López no genera opinión. Y, hasta donde tengo entendido, no ha logrado tomar el control de su partido, que se ha convertido en un saco de gato. En resumen, sí tiene las ganas, tiene el ímpetu y, aunque no me agrade su proyecto país por depender de la renta petrolera, considero que tiene un capital político importante, pero, como te dije, quienes lo metieron preso ya tomaron las medidas necesarias para que él no pueda hacer uso de ello.

–¿A quién ve de presidente en 2019?

–No estoy seguro ahorita.

–¿Habrá elecciones?

–Sí, por supuesto. Aquí nos encantan las elecciones. En Venezuela hay una muy buena y muy abundante democracia, lo que no hay es república. Y al no haber república, entonces la democracia es una payasada. Un negocio para consultores, para gente que hace franelas, pendones. Las agencias de material P.O.P. en este país deben estar felices con cada elección que se hace.

Creo que el candidato de la oposición va a ser Henry Ramos. Estoy convencido de eso. Si él gana es porque le habrá garantizado al chavismo absoluta impunidad. Agarrarán dos o tres chinitos de RECADI por ahí para que paguen todos los platos rotos. Luego se creará una nueva élite política y económica.

Lo que está sucediendo en Venezuela ya pasó en el período de Acción Democrática y COPEI. El politólogo Juan Carlos Rey lo expresa en su libro ‘La crisis de la democracia venezolana y el pacto populista de conciliación de élites’. Lo central para la dirigencia política es saber cómo se repartirán la cochina. El chavismo hizo exactamente lo mismo que adecos y copeyanos. Lo que pasa es que lo exponenciaron.

El problema en Venezuela no es que se metan con Empresas Polar. El problema en Venezuela es que no hay veinte empresas como Polar. ¿Por qué te digo esto? La familia Mendoza, siendo muy loable su labor hacia Venezuela, siempre supo acercarse al poder. Eso lo puedes ver tú en la película ‘CAP 2 intentos’. En esa película puedes observar quiénes fueron los que rodearon a Carlos Andrés en su primer mandato. ¿Por qué te nombro esa empresa? Porque quien hubiese querido hacer harina de maíz precocida en Venezuela para competir con Polar no lo hubiese podido hacer, porque Polar tenía los dólares preferenciales para la importación de insumos y materia prima. Por eso, en este país no se desarrollaron 20 empresas como esa. ¿Por qué te echo este cuento? Porque el chavismo hizo exactamente lo mismo. Lo que pasa es que no incluyó a la élite económica que venía jugando con Acción Democrática y Copei, sino que creó su propia élite. ¿Cuál era la campaña de Luis Herrera Campins? “¿Y dónde están los riales?”.

Es decir, este país ha crecido bajo este discurso: “Vota por mí porque somos ricos”. Y la gente pregunta: “¿Entonces por qué estamos mal?”. Y los políticos responden: “Ah, es que ellos no saben cómo repartir la riqueza. Cuando votes por mí yo la voy a administrar mejor”. Y ese fue el mismo discurso de Chávez, y ese es el mismo discurso de Rosales cuando ofrece Tarjeta Mi Negra, y ese es el mismo discurso de Capriles en su última campaña electoral, cuando ofreció aumentar el sueldo 40% y meter las misiones dentro de la Constitución. Es el mismo discurso. Aquí nadie habla de producción de riquezas en vez de distribución de riquezas. ¿Hace cuánto un político en Venezuela no ofrece crear 100.000 empleos en su primer año de gestión? Todos son la misma cosa. Y como eso es así volvemos a la pregunta inicial: No son oposición y gobierno, son socios. Son el establishment político que controla Venezuela.

–Su opinión sobre el diálogo y la presión internacional.

–El diálogo es una bombona de oxígeno para el régimen. Europa quiere sancionar al régimen, Canadá sanciona al régimen, Estados Unidos sanciona al régimen, y Julio Borges sale con Eudoro González, que por cierto es un diputado de PJ cuyo hermano fue el presidente del Banco Industrial de Venezuela en este gobierno, a decirle a Macron, a Merkel, a Rajoy y a un poco de gente: “No, déjennos dialogar con el gobierno”. Es un contrasentido. Esa es otra evidencia más de que la oposición no quiere salir del gobierno.

–¿Entonces qué va a pasar?

–De momento… Bueno, te lo dije: Un proceso humano creado de manera artificial, construido sobre mentiras e hipótesis falsas, va a ser desplazado en algún momento por un proceso natural.

–Mientras, ¿Allup 2019?

–Mientras, Allup 2019.

–¿Y esa hipotética presidencia cómo la ve?

–Primero tenemos que ver que en efecto gane. Yo no creo en los procesos electorales en Venezuela. De todos modos, algo que no hemos mencionado es que Venezuela hoy es una gran pieza de canje en el tablero internacional. Aquí hay intereses de Cuba, de Rusia, de China. Creo que los que menos están interesados ya en Venezuela son precisamente los chinos. Y hay un interés de Estados Unidos no en tomarse nuestras riquezas y ‘blablabla’. No, eso es una estupidez. El interés de EE.UU. radica en torno a que Venezuela se ha convertido en una amenaza para la seguridad de ellos y de la región. Entonces, los intereses de toda esta gente deben quedar satisfechos a la hora de ver si se queda Maduro, o va a ser Rosa Inés o María Gabriela o Henry Ramos. O no sé… Héctor Rodríguez. La cosa es que en Venezuela estamos tan mal que cualquiera puede ser. Eso sí, lo que venga después de esto no va a durar, porque va a ser parte del proceso de finalización. Eso va a dar paso a otro sistema que verdaderamente se va a establecer y que va a poder hacer transformaciones en Venezuela.

Henkel García: “Estamos en la parte final del cuento y no va a ser bonita”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La que en principio no iba a ser sino una entrevista de una sola pregunta para una nueva sección de ‘OJO’, terminó convertida en una mini-clase de economía (marcadores y pizarras incluidos) en la oficina del director de Econométrica, Henkel García, con quien conversamos acerca de Venezuela, su catastrófico presente y el que podría ser (cambios y medidas acertadas mediante) un esperanzador futuro. Con verbo claro, sencillo y hasta pedagógico –virtud admirable donde las haya entre los que hablan de economía–, este Ingeniero Químico seducido por las finanzas y devenido en Analista e Instructor nos explicó cómo se puede comprender la situación económica actual a partir de la premisa de que lo que hay en el poder no es un gobierno, sino una gran estructura (corporación se le puede llamar también) de extracción de riqueza, que busca a toda costa mantenerse robando y por eso no hace cambios ni toma medida alguna. “En 3 o 4 años hemos pedido 1/3 del PIB: eso son desempeños de economías de guerra”, señala García, quien no duda en calificar lo que vivimos como una verdadera catástrofe, que se va a acentuar en los próximos meses. Un cambio tanto de gobierno como de sistema sería lo que en su opinión podría llevar a Venezuela a flote, empresa que ve con optimismo –“tenemos las condiciones y la capacidad instalada”– siempre y cuando se hagan las cosas bien. A continuación, una conversación sin desperdicio para entender dónde estamos parados ahora, adónde podríamos ir y  qué podemos hacer:

-En términos extremadamente sencillos, Henkel, ¿qué es el ‘default’?

-El ‘default’ es el incumplimiento de pagos. Tú tienes un compromiso de deuda en el que incurriste y cuando no puedes pagar haces un ‘default’. Es eso, sencillamente.

-¿Es tan grave como lo pintan?

-Un ‘default’ podría complicar las cosas, sí, pero ya la catástrofe la tenemos aquí. No creo que agregue mucho más a lo que vivimos. Ya la catástrofe está: en un lapso de 3-4 añoshemos perdido 1/3 del PIB, de la producción nacional del país por habitante. Esos son desempeños de economía de países en guerra. El ritmo de deterioro que estamos viviendo ahorita es el más pronunciado que vamos a tener en muchísimos años.

-¿En qué momento estamos?

-Yo creo que es la parte final de un ciclo político-económico en Venezuela. La catástrofe está en pleno desarrollo. No es cualquier cosa: es la parte final del cuento y no va a ser bonita: vienen unos meses más duros.

-O sea que esto se va a poner peor…

-Mira, yo el año pasado dije que las de 2016 iban a ser las peores navidades de Venezuela. Lo dije pensando que iba a haber algo de sensatez en los gobernantes, y no…

-¿Porque no tienen idea de lo que hacen, porque no saben de economía, por el velo ideológico que los cubre, por qué…?

-Porque lo que está en Venezuela no es un grupo que gobierna,medianamente consciente y que más o menos quiere tener a la gente contenta, sino una gran estructura de extracción de riqueza, una corporación de extracción de riqueza. Entonces, cuando lo consideras así lo ves claro: ellos no quieren cambiar nada, sino seguir con el juego como está:si quisieran el bien de la gente, ya hubieran, por lo menos, hecho algún tipo de cambio. Pero no: ¡ellos no piensan en eso! Piensan es en mantener el ‘statu quo’: aquí hay gente a la que le regalan el dólar a 10, y son tan descarados que ni siquiera son capaces de cambiar eso, por ejemplo.

-Entiendo, entonces, que la salida de la crisis pasa a juro por un cambio de gobierno…

-Espérate: el problema que nosotros tenemos como sociedad es que los que vengan después puedan tener la misma mentalidad. Porque el sistema los lleva a eso. Al final el sistema político, la estructura que tenemos de Estado, donde el Estado es dueño de la principal riqueza del país, los lleva a eso. Puedes tener un político joven que tenga ganas de hacer las cosas y al principio lo va a hacer bien, pero en 10 años tenemos otro Chávez. Se degenera. Tú puedes llegar con las mejores intenciones, tú puedes, si quieres, poner a la madre Teresa en medio de este sistema y va a empezar a guisar. Porque este sistema lleva a eso, corrompe. Y por eso lo tenemos que cambiar.

-¿Y eso se puede?

-Sí, claro. Pero porque la misma sociedad lo va a requerir y pedir. Depende de nosotros: si no hay presión social, va a ser imposible, porque no va a partir de los políticos.

-¿Y por qué no va a partir de ellos?

-Te lo voy a explicar sencillito: ¿A qué político no le gusta llegar y repartir? ¡A todos! ‘Yo llego, y voy a repartir bien’.Esa es la premisa: para mantenerme tengo que ser populista, tengo que repartir. Y por eso es que llevamos 40 años estancados.

-¿Estancados cómo?

-Cuando tú revisas los números, te das cuenta de que en los setenta teníamos un PIB mucho mayor que el de ahora. Terminando esa década se nacionaliza el petróleo, se afianza el modelo rentista y desde entonces llevamos casi 40-50 años con el mismo PIB per cápita. Tenemos un estancamiento que viene desde allá, y que yo sí creo que tiene que ver con un sistema.

-Ahora, Henkel, mucha gente dice que Venezuela es fácilmente recuperable, que si se hacen las cosas como deben hacerse es cosa de poco tiempo para que salgamos de la crisis. Es un lugar común que se repite, y precisamente por eso quiero preguntarte cuánto de verdad hay en ello, si es exceso de optimismo, o qué.

-Si repasas lo que sucedió en Polonia cuando salió del comunismo o en Perú cuando hizo su reforma económica para salir del desastre, ves eso. En esos países duplicaron el PIB per cápita en 10-15 años. Y con más razón Venezuela, que es un país que está muy por debajo de su potencial: tú a cualquier industrial le preguntas en cuánto está su capacidad y te dice 30%. Llevarla a 80% es fácil si le das los insumos y las condiciones. Lo difícil es cuando no tienes la capacidad instalada, que cuesta más. En nuestro caso está allí instalada. El problema es que si la crisis se prolonga, esa capacidad instalada comienza a deteriorarse más y ese potencial se deteriora también. Ese es un punto que hay que tomar en cuenta: mientras más se prolongue esto y no logremos un cambio, ya después ese rebote inicial es hacia un nivel más bajo.

-¿De cuánto tiempo estaríamos hablando para ver los resultados?

-Haciendo los cambios necesarios, en el corto plazo, pongámosle los primeros seis meses, comienzas a tener los primeros efectos positivos: aparecerán algunas cosas, aumentará un poco la capacidad de compra. Eso va a ser un hecho. Después, en los dos o tres primeros años, se veráel crecimiento económico.

-¿Hay algún antecedente propio de recuperación de este tipo?

-Venezuela no es la primera vez que pasa por esto. Algo semejante sucedió ya, y en una Venezuela en la que el precio del petróleo estaba muy en contra y la situación no era nada fácil. Eso fue en el 96, cuando se implementó el plan ‘Agenda Venezuela’: veníamos de un control de cambio corto, no tan devastador como éste, pero una vez levantado, el poder de compra del salario se triplicó en años: de $75 en el 1996 a $180 en el 2000 y a $300 en 2001-2002, que no era poca cosa. Eso mismo puede repetirse, pero va a depender mucho de la calidad de las reformas: hay que hacer las cosas bien.

-¿Qué es hacer las cosas bien?

-Una reforma ordenada, consensuada, con armonía social,que vaya a una economía de mercado (que no tiene que ser desregulada), con reglas del juego claras, en las que no haya experiencias monopólicas. Eso básicamente.

-¿Adónde debería apuntar Venezuela?

-Al libre emprendimiento. Mira: aquí para formar una empresa necesitas 190 días; en Panamá,apenas uno. Aquí el empresario, hay que entenderlo, no es un enemigo: es alguien en que tienes que apoyarte. Para mí una Venezuela ideal es una en la que haya millones de pequeños emprendedores con pequeños negocios y que tengan capacidad de negociar lo que vale su trabajo. Para mi ese es el mundo ideal. Y no es un cuento. Es tratar de incentivar que la gente arme sus empresas y darles las facilidades. Darle financiamiento para que esas empresas nazcan y generen productividad. Entonces, cuando Venezuela apunte a eso es que vamos a ver el cambio. Ahorita veremos una pequeña apertura porque sabemos que por el camino que vamos no es, entonces hay que devolverse. Y si alguien te dice: ‘no, volvamos para allá’. Nosotros como sociedad diremos: ‘no, para allá no’. En Perú está constitucionalmente prohibido poner controles de precios, por ejemplo. Ellos aprendieron.

-¿Y nosotros?

-Yo sí creo que hemos aprendido. Tú le dices a la gente control y te dicen: ‘no’. Le dices: ‘te vamos a aumentar el salario’, y te dicen: ‘no’. Porque hemos aprendido. No sé si la clase política lo ha hecho, porque no han trabajado mucho en eso, se han concentrado en sacar al chavismo del poder.

-Un mensaje para los jóvenes que todavía están en Venezuela.

-Que no traten de extrapolar la Venezuela de hoy hacia el futuro. Los países cambian y rectifican, la Venezuela del futuro no va a ser como la de ahora. Lo más probable es que sea mucho mejor. Que las condiciones para vivir, para desarrollar cualquier actividad económicasean muy distintas. Visualizar un futuro donde siempre debes tener una contingencia, una coyuntura, vivir con la soga al cuello, eso no es extrapolable en Venezuela: eso es un error, esas cosas cambian. Si tú piensas que esto es el futuro que vamos a tener dentro de 10-15 años, tu decisión optima es irte o aceptar que eres masoquista y te gusta pasar trabajo.

Rafael Araujo

Es difícil dar una opinión sobre por qué no cayó. Mira, yo creo que se hizo todo, salió una cantidad inmensa de gente, pero faltó apoyo por parte de los militares, que fueron la piedra de tranca: ni siquiera permitieron que llegáramos al centro. Yo creo que si ellos nos hubieran acompañado, entonces el régimen se habría tenido que ir: porque nadie lo quiere, está acorralado, no puede ganar ninguna elección, pero se mantiene gracias a ese aparataje militar. También hay que decir que sigue habiendo gente que no ayuda: como en toda sociedad, hay gente que se acomoda a la dictadura, que se pone a su sombra para resguardar sus beneficios e intereses: pienso, por ejemplo, en los que compra bonos y no trabajan sino que esperan que engorden; o los que tienen beneficios con el dólar, que los reciben a tasa preferencial y por eso siguen a la sombra de esto. Es gente que se acomoda y sobrevive, y que son egoístas, porque están bien y no les importa que los demás estén mal. Siempre recordaré la primera vez que hice un papagayo: fue con Franklin Brito, y en ese momento yo pensaba que todos los ataques que se le hacían a una persona iban a generar la respuesta contundente de la sociedad, y que la gente iba a ir en contra. Todavía me sorprende que hayan pasado tantos años y esa gente siga allí.

*Rafael Araujo, el señor del papagayo, es un ciudadano de a pie, participante de todas las protestas, y artista plástico de la Cristóbal Rojas.

“Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

“Vamos a revisar las cámaras. Si nosotros vemos que un guardia de la brigada le quitó el teléfono al chamo, tal y como dice él, vamos a tener problemas entre nosotros. Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”. Escuchó aquello, vio a su amigo con la cara tapada y se preguntó en qué lío se había metido. Gabriel Figueroa había salido a protestar aquella mañana y ahora estaba en un comando de la Guardia Nacional Bolivariana bajo amenaza de un Sargento Mayor.

Tras su detención, el joven estudiante de Comunicación Social se resistía a ser una víctima más del hampa policial. Estaba convencido de que le habían quitado el celular y, dignidad por delante, no iba a dejarse robar así de fácil. Esposado, denunció lo que le había pasado ante el capataz de los GNB y ahora tenía que cruzar los dedos. “Yo no estoy loco. A mí me sacaron el teléfono del bolsillo”, pensó para darse fuerza. Los guardias salieron del módulo para hacer una especie de cónclave en relación al asunto y a él, entre el nerviosismo y la serenidad, le tocaba esperar el veredicto de aquella reunión improvisada.

La noche anterior, por medio de un grupo de Whatsapp creado por la comunidad, Gabriel había incentivado a varios de sus vecinos a participar en el plantón que la Mesa de la Unidad Democrática había convocado para el día siguiente: 5 de junio de 2017. Cansado de protestar siempre en los mismos puntos del Este de la ciudad, hacía tiempo que Figueroa había cambiado Altamira y Las Mercedes por la zona donde vivía: la parroquia San José del municipio Libertador, al lado de San Bernardino y La Candelaria.

Con el objetivo de convertir los estruendosos cacerolazos en multitudinarias manifestaciones, el estudiante de la UCV llevaba semanas tratando de erradicar el miedo que paralizaba a los habitantes de su comunidad. La tarea, al tratarse de una alcaldía emblema del chavismo, era harto complicada. En Libertador, el ‘modus operandi’ de la represión es el mismo que utilizó el gobierno el día de las elecciones para la Constituyente: ni siquiera dejan agrupar a la gente.

Por ello, ese 5 de junio a las 7:00 a.m., cuando vio a 15 personas reunidas en la avenida Panteón, Gabriel esbozó una sonrisa. No era un río de gente, pero el número, dadas las condiciones, invitaba al optimismo. El trabajo de semanas comenzaba a rendir frutos. La ilusión, no obstante, duró pocos minutos. “No pueden estar por acá, si ustedes quieren manifestar tienen que irse a Altamira. Esto es el centro, esto se respeta”, le dijo un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana a Figueroa a eso de las 8:00 de la mañana. La realidad tocaba la puerta.

“Mientras esto ocurría, nos percatamos de que a dos cuadras, en la avenida Fuerzas Armadas, había otro conglomerado de gente manifestando. A lo lejos se veía que eran entre 20 y 30 personas, por lo que les propuse a los de nuestro grupo: ‘Vamos a unirnos a ellos para hacer más bulto’. Y eso hicimos. Nos fuimos por las calles aledañas para no llamar la atención y logramos juntarnos. Allí estaban hasta dirigentes de Voluntad Popular y Primero Justicia. Seguimos la protesta cívica y pacífica, ni siquiera estábamos trancando la calle, pero volvieron a llegar los mismos guardias con las mismas amenazas”, relata Figueroa.

El grupo decidió, en un acto de rebeldía, seguir la protesta. ¿Cómo? “En vez de quedarnos estáticos en un sitio, caminamos la Fuerzas Armadas de arriba a abajo cantando consignas para que la gente que estuviese en los balcones, temerosa, se sumara. Y logramos el objetivo: muchos bajaron y llegamos a ser una masa como de 40 personas, pero cuando veníamos de regreso observamos cómo la guardia estaba amedrentando a los dirigentes políticos y éstos desaparecieron en el acto. Sin embargo, decidimos hacer una segunda ronda”, comenta el estudiante.

Gabriel, sus padres, un amigo de toda la vida al que había convencido ‘in extremis’ y el grupo de vecinos, continuaron con la mañana de protesta. Cuando iban por la emblemática Esquina de Socorro, el mismo guardia que ya los había amenazado en dos ocasiones volvió a aparecer. “Mira, chamo, el Sebin viene hacia acá y a los más jóvenes se los están llevando presos. Yo, en lo particular, no quiero que te pase algo malo. Lo mejor es que tú y tu amigo se retiren”. Aquella recomendación, aparentemente compasiva y solidaria, resultaría ser un engaño macabro.

“Yo de verdad confié en la buena fe del hombre y, ante la inminente llegada del Sebin, le dije a mi pana: ‘Vamos a alejarnos de este conglomerado de gente para que no estemos a la vista. Nos metemos en un local o algo’. No queríamos que, por ser los jóvenes del grupo, nos agarraran. Les comenté a mis padres y a los vecinos que nosotros nos iríamos del sitio. Para ese momento ya eran las 10:00 de la mañana y consideramos que la protesta había tenido cierto éxito, por lo que acordamos rencontrarnos al mediodía otra vez y seguir manifestando”, rememora Figueroa.

El grupo decidió cantar un Himno Nacional para cerrar esa primera fase del plantón y los dos jóvenes aprovecharon el momento para escabullirse. Llevaban una cuadra recorrida cuando escucharon un sonido inquietante: motos. La brigada motorizada, ese cuerpo de funcionarios que ya los había corrido de un par de sitios y que hacía nada les había dado un amigable consejo, ahora estaba detrás de ellos.

“Volteo y hay dos motos persiguiéndome. Ahí, más allá del instinto racional, sale a reducir el instinto animal que todos tenemos. Me sentí una presa y corrí, así de simple. Corrí una cuadra y, cuando iba por la segunda, me topé de frente con el mismo tipo que minutos antes me había dicho que el Sebin me iba a agarrar. En ese momento caí en cuenta: fue una trampa, un juego psicológico para que yo me separara del grupo y él me pudiese agarrar”, detalla Gabriel.

Apenas lo detuvieron, Figueroa pensó en su familia. ¿Cómo se enterarían su mamá y su papá de que la GNB lo había emboscado? Lo cierto es que mientras lo razonaba pasó una patrulla del mismo cuerpo policial y la orden fue clara: “Llévenlo al CNE”. Alrededor de la escena, el ‘déjenlo’ de la gente se hizo coro, pero nadie se atrevió a pasar de la palabra a la acción.

“Me montan en la camioneta y fue bastante duro para mí porque tras recorrer una calle vi a mi mamá y a mi papá. Estaban caminando por la acera y no tenían ni idea de lo que me había pasado. Yo estaba esposado, tenía un militar a cada lado y lo que se me ocurrió fue gritar: ‘¡Hey! Mamá, papá, me están llevando al CNE’. Lamentablemente, no me escucharon. Pensé: ‘Mieeeerda, no puede ser’. No obstante, tuve la suerte de que nos paramos en el puente de la Fuerzas Armadas para que el militar que estaba manejando preguntara dónde quedaba el calabozo al que me llevarían. Gracias a Dios, allí estaba una vecina que había manifestado conmigo y le dije por la ventana: ‘Señora, dígale al de gorra tricolor, camisa blanca y bigote, que es mi papá, que me están llevando preso’. Menos mal me entendió”, declara Gabriel.

Al final, a Figueroa lo trasladaron al Palacio de Justicia, al módulo de la GNB ubicado en la institución. Lo bajaron de la camioneta, le taparon la cara con el suéter que cargaba puesto y, justo mientras le cubrían el rostro, uno de los guardias aprovechó para quitarle el teléfono que tenía en uno de sus bolsillos. Ahí, cuenta, comenzó a vivir uno de los episodios más violentos de su vida.

“Yo no me quedé callado. Le dije: ‘Mira, ¿tú eres un malandro uniformado o tú eres un garante de nuestro país? ¿Qué coño eres?’. Yo estaba muy molesto. Y, bueno, al escuchar eso me empezó a caer a lepes. ‘Cállate, vale, que aquí te vas a quedar’, me decía. Ya en el módulo me conseguí con Vicente, mi pana, que también había sido detenido. Nos sentaron en el piso y empezó un proceso protocolar: los que nos detuvieron tenían que explicarle a los del módulo por qué nos habían agarrado. Y fíjate lo que dijeron de mí, textual: ‘Este chamo impulsó y obligó a un poco de viejitas de la zona donde vive a que salieran a protestar y el coño de su madre es tan arrecho que las usaba de escudo para protegerse. Dime si no es un maldito’. A todas estas, yo seguía pendiente de mi teléfono”, recuerda Gabriel.

Fue en ese momento cuando Figueroa decidió decirle al Sargento Mayor del comando que uno de los GNB le había quitado el celular. Quienes lo trasladaron salieron a desmentirlo ‘ipso facto’, pero él se mantuvo firme. Allí, el mandamás emitió sentencia: “Vamos a revisar las cámaras. Si nosotros vemos que un guardia de la brigada le quitó el teléfono al chamo, tal y como dice él, vamos a tener problemas entre nosotros. Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”. El maratónico día apenas comenzaba y a Gabriel todavía le restaban tres eternos días y dos interminables noches para volver a ser libre. Su período de reclusión, aunque corto, está lleno de pequeñas historias que vale la pena leer. Como hicimos con el caso de Reynaldo Riobueno, dejaremos que sea el entrevistado, en primera persona del singular, quien relate los hechos.

I

TERRORISTA DIGITAL

‘AH, PERO TÚ CONSPIRAS CONTRA EL GOBIERNO’

–El teléfono, como por obra y gracia del Espíritu Santo, apareció. ‘¿Este es tu teléfono, chamo?’. Y yo: ‘Sí’. Me pidieron la clave y les dije que no, porque necesitaban una orden judicial para revisarlo. Entonces me empezaron a pegar. Esta es la parte más fea de la historia: me pegan y me pegan hasta que les doy la clave. La marcaron y comenzaron a registrar de arriba a abajo. Desde videos que son típicos de enviar por los grupos, hasta esas notas de voz de Freddy Guevara que se hacían virales. Ellos escuchan eso y dijeron: ‘Ah, pero tú conspiras contra el gobierno, tú grabaste a Guevara’. Se ponían con eso, jodiendo y riéndose. Era una burla. Incluso, recuerdo claramente que tenía una foto del pasillo de mi casa y ellos hicieron objeción: ‘¿Dónde la tomaste?’. Y yo: ‘En mi casa, la habré tomado sin querer’. Y me reí, porque era una imagen cualquiera, no se veía persona, ni arma, ni molotov, ni nada. Uno de ellos me dio un primer cascazo y me agarraron de sopita. Luego llegó el peor mensaje. El de una vecina que me había mandado el día anterior: “¿Mañana vamos a prender el plantón?”. Y yo le puse: “Sí, vale, claro que sí. Yo tengo los cauchos y la gasolina”. Eso fue lo único que le contesté. De ahí fue que ellos se agarraron para decir que yo era un conspirador en contra del gobierno de Nicolás Maduro, que yo era un ‘terrorista digital’. Cuando me dijeron aquello, yo no pude aguantar la risa. ¿Terrorismo digital? Yo sé que estaba en las peores circunstancias de mi vida, pero tenía que reírme. Era ilógico e irracional lo que me estaban diciendo. Me dieron otro cascazo y, en ese momento, tuvieron que irse. Se había presentado otro inconveniente en el centro con otros manifestantes.

II

EL COMANDO, UNA MANO AMIGA

‘TRANQUILO, YO SÉ QUE TÚ NO VAS A HACER NADA’

–Cuando se fueron los de la brigada motorizada, que fueron los que me detuvieron, los que me quitaron el celular y los que me pegaron los cascazos, Vicente y yo quedamos bajo la custodia de los GNB que estaban en el módulo del Palacio de Justicia. La atención de ellos, de verdad, fue un espectáculo. Allí yo evidencié que no todos los verdes son unos malditos. Las trenzas de los zapatos que habían utilizado para amarrarme cuando me quitaron las esposas me estaban, casi, cortando la circulación. Entonces le pedí a uno de ellos que si por favor me las podían aflojar un poco y él, amablemente, contestó que no había problema. Me las soltó tanto que prácticamente quedé con las manos libres. ‘Tranquilo, yo sé que tú no vas a hacer nada’, dijo. Tuve sed y, de nuevo muy cordialmente, uno de ellos me trajo un vaso de agua. Estuvimos en el comando como dos horas. En una de esas Vicente me dice: ‘Mira, tu mamá está allá afuera’ y fue allí cuando entendí que el mensaje que les mandé a mis padres con la vecina había llegado. ‘Les trajeron comida’, nos informó un GNB. Eran las 2-3 de la tarde. Mi mamá se puso a hablar con uno de los militares que estaba en el comando: ‘Él es un niño. Lo que tiene es barba, pero él es un niño. Suéltenlo’. Estaba ella junto a mi papá y el papá de Vicente. Fue un momento sentimental. Los tres dialogando con los guardias, tranquilos, pero con voz de llanto. No fueron a insultar, mantuvieron una actitud de respeto. ‘¿Qué terrorista pueden tener ustedes?’, decían. Mi padre, que siempre ha sido un señor sumamente diplomático, lo que nos dijo fue: “Hijos, fortaleza, yo sé que los guardias saben que no están en el lado correcto de la historia. Valentía”. Evidentemente no son las palabras que uno quisiera escuchar, porque no es un mensaje personalizado, sino genérico, pero me llenó de energía ese mensaje. También nos llevaron unas hamburguesas con unas papitas. Luego, mientras comíamos, como se habían portado tan bien con nosotros, les ofrecimos a los militares parte de nuestro alimento. La verdad es que en ese momento tú no tienes hambre, tú no tienes nada.

III

SUERTE EN EL CICPC

‘YO, DE VERDAD, NO LES VOY A PONER ANTECEDENTES PENALES’

–Como a las 4 de la tarde nos fuimos a presentar a El Llanito, creo que con el CICPC, y a la sede de Parque Carabobo, que es donde nos empiezan a redactar los antecedentes penales y todo lo demás. En la primera parada nos preguntaron: ¿Qué les hicieron? ¿Los golpearon? Tenía a dos guardias detrás de mí y preferí quedarme callado. Ese proceso fue súper rápido. Luego, en Parque Carabobo, por primera vez en mi vida, compartí con delincuentes de verdad. El hombre que se había reseñado antes que nosotros era un homicida que estaban buscando desde hace tiempo y como él habían muchos más. Era un pasillo donde hacíamos una cola mientras esperábamos para ser atendidos. Cada delincuente tenía al lado uno o dos funcionarios del cuerpo policial que lo había apresado. Cuando nos tocó a Vicente y a mí, entramos al cuartico donde nos iban a reseñar sin los dos guardias que nos estaban cuidando. Allí, el CICPC nos trató estupendo. Nos dijeron: ‘Hermano, ustedes vienen y que por guarimba. Yo, de verdad, no les voy a poner antecedentes penales porque eso les va a rayar el historial. El día de mañana los detiene un policía y les puede traer problemas’. Eso fue sin cobrar nada, sin pedir nada. Estaremos eternamente agradecidos.

IV

OCHO MUNDOS DIFERENTES

‘NO ME ARREPIENTO DE QUE ME HAYAN METIDO PRESO’

–Cuando llegamos otra vez al comando, a eso de las 5-6 de la tarde, vimos como a 30 personas allí: familiares y amigos de Vicente y míos. Nos bajan de la camioneta y al ver la cara de preocupación de todos, dije con el puño hacia arriba: ‘Todo va a estar bien’. Me sentí Capriles. Yo no sabía si todo en verdad iba a salir bien, pero debía darles una tranquilidad a ellos. Acto seguido, nos bajaron a los calabozos. Entramos a la celda que nos correspondía y ahí estaban ocho personas. Nos habían dicho que la mayoría eran guarimberos y no delincuentes comunes, lo que nos dio cierta tranquilidad entre tanto nervio. Nos presentamos y conocimos a la gente. Eran ocho personas y ocho mundos diferentes. Pero todos, menos uno, tenían algo en común: los habían detenido en la Fuerzas Armadas una semana antes por presuntamente estar guarimbeando, pero no fue así. Ellos ni siquiera estaban protestando. Lo que pasa es lo siguiente: por el centro de Caracas los vecinos no le tienen miedo a la guardia sino a los colectivos. Éstos llegan al lugar, roban a las personas que están viendo la protesta, los empujan hacia los guardias y dicen: ‘Miren, ellos son guarimberos’. Y como si se tratase de una hermandad colectivos-guardias, los uniformados hacen caso sin chistar. Así agarraron a estas siete personas que no tenían nada que ver.

Uno era un viejo de 55 años, un colombiano que no estaba documentado; otro era el dueño de una panadería; había un gochito encargado de un negocio ubicado en la avenida Urdaneta; estaba un chamo que había ido a visitar a su novia en la Esquina de Socorro y también un malandrito que nada tenía que ver con los otros siete. En fin, como dije, eran ocho mundos distintos.

No me arrepiento de que me hayan metido preso porque conocer a esas personas fue algo estupendo, fantástico. Había diferentes edades y diferentes preocupaciones. El colombiano que estaba indocumentado, por ejemplo, únicamente tenía una perrita aquí en Caracas. No tenía a más nadie por quien vivir. Y ese hombre todos los días, a cada minuto, lo que decía era: ‘¿Mi perrita estará viva? ¿Estará muerta?’

Hubo un juego bastante emotivo que hicimos la noche antes de que nos soltaran. Había uno que era bastante católico y tenía una biblia. Entonces cada uno tenía que, de forma aleatoria, escoger un salmo y leerlo. Luego, debía contar qué había sido lo mejor y lo peor de haber estado preso y, al final, tenía que comentar qué haría después de que lo soltaran. Ellos, que tenían más tiempo que nosotros, hablaban sobre abrazar a sus seres queridos que tanto extrañaban. Esa noche prometimos tomarnos una cerveza cuando estuviésemos en libertad. Fue bastante emotivo. Varios lloraron.

V

UNA PELEA INESPERADA

‘USTEDES YA ME TIENEN ARRECHO’

–Mi mamá nos había enviado a Vicente y a mí una malta de lata y el malandrito nos pidió: ‘Dame un poquito’. Se tomó todo e hizo un chuzo, que es una especie de cuchillo artesanal. Entonces se puso violento y nos gritó: “No, vale. Ustedes ya me tienen arrecho. Son un poco de guarimberos”. Y empezó a amenazarnos. Gracias a Dios éramos nueve contra él y lo pudimos controlar y hacer entrar en razón. Lo que pasa es que él ya tenía tres meses ahí. Además era un drogadicto. Trabajaba, precisamente, en el Palacio de Justicia, en la sede administrativa. Se robó los discos duros de unas computadoras y lo metieron preso. Él era peligroso. Vicente y yo le dijimos que la mejor pelea que se podía hacer era la de la palabra: conversando y no peleando con agresiones. Y, bueno, el chamo como que entró en razón. Se sentó, cogió mínimo y siguió en el juego.

VI

COMER EN LA CELDA

“LA ECHAN EN UNA BOLSA PLÁSTICA Y SE PONEN A REVISARLA”

–Es asqueroso, porque los guardias abren el pote que te manda tu familia para ver si hay cigarros, si hay drogas o, incluso, para darle un bocado. Entonces agarran toda la comida y la echan en una bolsa plástica y se ponen a revisarla. Y al final te dan todo eso así, en una bolsa. Tu familia te envía todo en un pote herméticamente cerrado, limpiecito, y tú tienes que arreglártelas para comer en una bolsa con el tenedor. Ojo, no a todos los presos les llevan alimentos. Hubo familias que, de tres comidas, llevaban una. Nosotros compartíamos. A veces quedábamos con hambre, pero compartíamos y nos sentíamos bien. Éramos una hermandad. Así no nos conociéramos, éramos hermanos adentro. Nos tratábamos fenomenalmente bien. Yo agradezco que me haya tocado compartir con esas personas. Como te dije, no me arrepiento de que me hayan metido preso, porque es una vivencia más. Una experiencia que me ha servido mucho de aprendizaje.

VII

IR AL BAÑO EN PRISIÓN

“O HAGO AQUÍ O NO HAGO”

–Yo hice una vez porque de verdad no aguantaba y dije: o hago aquí o no hago. En la celda había un hueco en una esquina,era como un hoyo de golf en medio de una alcantarilla. Te bajas los pantalones y tienes que sentarte y apuntar al hueco. Yo no quería, pero tuve que agacharme con todo el dolor de mi alma. Fui desafortunado: hice en todos lados menos en el hueco (risas). No tengo puntería. Los demás sí pudieron, yo no. Mientras tanto, te calas el típico chalequeo: ‘Guardia sáquennos de aquí. Nos están matando a lacrimógenas’. Lo cierto es que quedó todo regado allí y tuve que buscar el agua con el jabón azul que nosotros diluíamos y echarle a la alcantarilla cada dos horas, porque el olor quedaba concentrado.