Líderes ‘new age’

Por: Ezequiel Abdala| @eaa1717

Son los signos de estos tiempos, qué le vamos a hacer. Si ‘El Secreto’ es un best-seller planetario y Hermes Ramírez es escuchado con autoridad de catedrático, ¿por qué habría de extrañarnos que la clase política se contagiara, también, de ese ‘wishfullthinking’ cuya aura (fantasma es ya un término muy pasado de moda y negativo) recorre no  solo Europa sino el mundo entero? Si el chavismo se hizo santero-palero-africano, la oposición se volvió positiva-buena-vibra-voluntarista-entusiasta-y-energética (que no enérgica, desgraciadamente), y por eso va repetidamente y en condiciones inaceptables a elecciones viciadas, regidas por un cuartero de delincuentes electorales que hacen trampa por activa, pasiva y perifrástica. ‘Pero no importa, somos los que flinchy, y a punta de pensamiento positivo, esfuerzo y voluntad superaremos todos los obstáculos que nos pongan, sin denunciarlos mucho para que nadie se desanime, porque lo importante, lo verdaderamente importante, ya se sabe, es tener el ánimo arriba y participar con entusiasmo en la fiesta electoral. Que nos inhabiliten a todos los candidatos que quieran,que no cambien nunca el tarjetón,que modifiquen a conveniencia los circuitos, nucleen las mesas, cierren los centros donde ganamos; todo eso nos lo aguantamos, no importa. Que obliguen a nuestros electores a trasladarse, en buses que luego asaltan, a centros rurales donde los vuelven a asaltar, que les hagan pasar mil y un trabajos, que los colectivos los amenacen y amedrenten, que los golpeen si quieren, que hagan eso y más, peor para ellos, al venezolano le gusta el voto, se vuelve loco por una papeleta, nunca le dice que no a un reto y mientras más difícil mejor’. Palabras más, palabras menos, esa es la falaz propuesta, que inevitablemente termina por estrellarse contra los hechos, que, al igual que los números, son tercos, categóricos y simples: ir a elecciones con un árbitro en contra, sin garantías y en medio de un sistema totalitario, es un ejercicio inútil, por más ilusión, mente positiva, buenas vibras y ganas que le pongan los líderes –¿o son ya gurús?– que tenemos en frente.

 

Robo descarado (CNE se fue de palos en Bolívar)

Antes del parto, en el parto y después del parto. Como en las preces del rosario, el CNE tiene capacidad de hacer fraude en cualquier momento de la elección, como lo acaba de demostrar lo sucedido en Bolívar, donde los resultados de 11 mesas fueron forjados y le agregaron 2.066 votos al candidato Justo Noguera (un militar retirado acusado de violar los derechos humanos y cuyos bienes en EEUU, país al que tiene prohibida la entrada, se encuentran congelados) en detrimento de Andrés Velásquez. Se trata de un hecho escandaloso y grave que en cualquier país serio valdría la impugnación del proceso, y la destitución, enjuiciamiento y prisión de las rectoras y demás responsables, ya que fue el organismo comicial quien lo cometió. En este caso concreto, hubo 11 máquinas en el estado Bolívar que no transmitieron los datos, por lo que fue menester cargarlos manualmente; en ese momento, los encargados de hacerlo (los empleados del CNE) se fabricaron 2.066 votos para Noguera, que son, finalmente, los que le dan la “victoria”, que se produce por una “diferencia” (ficticia) de 1.471 votos. Vale acotar, además, que en el caso de Bolívar, el candidato Francisco Sucre, de Voluntad Popular, sacó 3.878 votos. El detalle está en que Sucre había renunciado a su candidatura a favor de la de Velásquez pero el CNE no permitió su sustitución ni modificó el tarjetón electoral.  De ese modo, no han sido los ciudadanos con su voluntad sino el CNE con su trampa, quienes han terminado eligiendo al gobernador del estado Bolívar. “Todas las inconsistencias numéricas fueron detectadas. Delincuentes electorales: llegaron al extremo de fabricarse votos, [pero] los atrapamos con las manos en la masa. ¿Qué creían? ¿Que no teníamos las actas? Quienes forjaron las actas son reos de delitos”, escribió en twitter Andrés Velásquez, quien lleva desde el domingo peleando su gobernación y ha venido a Caracas, actas y pruebas en mano, a denunciar ante la AN y organismos internacionales el escandaloso fraude cometido en su contra.

Nossa! (Assim Maduro Guisa)

La campaña electoral (y la censura) hicieron que pasara por debajo de la mesa, pero el pasado jueves la Fiscal Ortega publicó en su cuenta de twitter una auténtica bomba informativa: la confesión de Euzenando Prazeres de Azevedo, ex presidente de Odebrecht en Venezuela, sobre el financiamiento de la constructora brasilera a la campaña presidencial de Nicolás Maduro en 2013. En el video, grabado en la sede de la Procuraduría brasileña, en presencia de dos procuradores del estado y de los abogados de Prazeres de Azevedo, el ex presidente de la constructora, revela haber aportado $35 millones para la campaña de Maduro. Según el relato de Prazeres de Azevedo, la operación se produjo por medio de un intermediario, Américo Mata, quien fue enviado por el equipo de Maduro para solicitar el dinero. Mata es un contador de la UCV que ha ocupado distintos puestos en la administración pública, ligados, todos, a Elías Jaua –secretario general del INCE cuando Jaua era Ministro de Economía, presidente del Banco Agrícola cuando Jaua era Ministro de Agricultura, Director General de Seguimiento y Control de Políticas Públicas de la Vicepresidencia cuando Jaua era Vicepresidente–. “Este señor me buscó y acordó un encuentro conmigo. Nos reunimos varias veces (…) Él sabía de nuestro negocio y del tamaño de nuestras operaciones, y me pidió la contribución para la campaña de Maduro (…) él pidió 50 [millones de dólares] y yo acordé pagarle 35 (…) el señor Mata me dio garantía de que si el presidente Maduro ganaba, él continuaría colocando las obras de Odebrecht como prioritarias (…) entonces negociamos y yo acepté pagar y fueron liberados esos recursos para él [Maduro] durante su campaña”. No es el primer hecho de corrupción en el que Maduro está implicado con Odebrech: su nombre aparece también en el caso ‘Lava-Jato’, en el que la publicista Mónica Moura declaró bajo juramento haber recibido $11 millones en efectivo en la sede de la cancillería de manos de Maduro para pagar su trabajo en la campaña de la reelección Chávez en 2012, dinero que provenía de Odebrecht de la constructora Andrade Gutierrez. Por menos de eso, el ex presidente de Perú está preso.

‘Se los dije’

Tras escuchar el décimo “Partido… Socialista… Unido… de Venezuela” pronunciado por Tibisay Lucena, María Corina Machado habrá esbozado media sonrisa, levantado las cejas y cerrado sus ojos. Habrá recordado los eventos por los que el país ha pasado durante el último año y su mente puede que haya empezado a repetir hasta el cansancio el ya célebre ‘Se los dije’. Habrá evocado, también, varios de los tuits en los que ha sido insultada, varias de las conversaciones en las que ha sido condenada, muchos de los momentos en los que se ha sentido sola, y también derrotada. Puede que haya asimilado con tristeza el error de muchos de sus amigos y compañeros y sentenciado en su conciencia a varios líderes opositores. Supo desde ese instante, eso sí, que en los próximos días tendría su momento y que de su mensaje dependería el futuro de Vente Venezuela. Hoy, martes 17 de octubre, María Corina Machado ha salido a la carga para disparar contra propios y extraños. “Este fraude no solo es responsabilidad del CNE, sino también de cogollos que aceptaron estos términos”, aseguró luego de citar una frase dicha por Almagro en su mensaje post regionales: «Es muy claro que cualquier fuerza política que acepta ir a una elección sin garantías se transforma en elemento esencial del eventual fraude y demuestra que no tiene reflejos democráticos como para proteger los derechos de la gente». Convencida de las decisiones tomadas en el pasado, María Corina no sólo atacó a la MUD, sino que pidió disculpas por no ser más firme y contundente a la hora de comunicar su mensaje: nada podía salir bien en las elecciones del 15-0. Luego de escuchar lo que Machado vislumbra para el futuro – “es la hora de una nueva unidad, pasar de un grupo de cogollos a la unidad ciudadana”–, es momento de recordar la pregunta que le hicimos a la dirigente en agosto de este año: ¿Tiene la fuerza María Corina y Vente Venezuela para capitalizar y agrupar a todas esas personas que, como ella dice, hicieron un mandato el 16J y esperaban una ruta diferente? ¿Están en la capacidad para convocar manifestaciones multitudinarias sin el apoyo de los otros partidos?

[La entrevista completa a través de este link: https://www.revistaojo.com/2017/08/17/la-ruta-de-maria-corina-machado/ ].

‘¡Es el CNE, estúpidos!’

Saint Exupery lo escribió, y los venezolanos lo estamos confirmando: lo esencial es invisible a los ojos. De otra forma no se explica cómo el día de ayer comenzaron a aparecer y a proliferar cualquier cantidad de análisis (publicados, algunos, por medios de prestigio) que intentan explicar la derrota de la oposición con base en la abstención electoral. Calculadora y lápiz en mano, encuestólogos, adivinadores, politólogos, expertos y periodistas han comenzado a diseccionar municipios, examinar circuitos, descomponer parroquias, y escudriñar los números del CNE (dándolos por buenos), cual si estuviéramos en cualquier democracia occidental. Es allí cuando ‘El Principito’ de Exupery sonríe con satisfacción: lo esencial es invisible a los ojos. A algunos, pero no al de esta revista. Lo esencial, en las elecciones venezolanas, se llama CNE, que está presidido por unas señoras que tienen el periodo vencido, cobran un sueldo que la mayor parte del tiempo no trabajan y no disimulan su carácter partidista; un CNE que si nadie lo vigila tiene la capacidad de fabricarse un millón de votos -Smartmatic dixit-, que para estas elecciones -que movió de fecha arbitrariamente por lo menos 3 veces- contrató a dedo y sin licitación a la empresa argentina Ex-Clé, que no permitió a la oposición la sustitución de candidatos hecha en el plazo legal correspondiente, que no modificó el tarjetón electoral, que a última hora reubicó 274 centros en los que ganaba la oposición, que nucleó 51 puntos de votación (también de mayoría opositora), que se hizo la vista gorda ante el ventajismo oficial en el Sistema de Medios Públicos, que no dijo nada sobre la entrega –pública y en cadena- de recursos por parte del Ejecutivo (presidente y ministros) a candidatos oficialistas, que prescindió del uso de tinta indeleble e, incluso, de los acompañantes de la siempre amiga UNASUR (a los que sustituyó por los del “Consejo de Expertos Electorales para Latino América”), que no cerró las mesas a tiempo, y que, en definitiva, si queremos hablar de abstención, es el gran responsable de que, asqueados e indignados, un grupo de ciudadanos haya decidido, lógicamente, no votar.

¿Hasta cuándo?

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

 

La oposición venezolana tiene quince años viviendo de la esperanza. Ha dedicado los últimos tres lustros de su quehacer político a pregonar un mensaje que año tras año ha chocado contra el doloroso muro de los hechos. Los partidos pertenecientes a la Mesa de la Unidad Democrática han vendido hasta el cansancio la idea de que el gobierno está por caer, de que el chavismo está en etapa terminal y de que el cambio en Venezuela es inminente. Y aquí estamos, cada vez más cerca del famoso 2021 y el país, en medio de la endemoniada crisis por la que atraviesa, pintado de rojo rojito. La oposición sufre hoy los embates de su propia incoherencia, las consecuencias de su difuso mensaje, la condena de su pobre estrategia. El rival del chavismo ha dado tumbos tratando de entender la dinámica de la política criolla y en el camino siempre le ha faltado timing. Por excusarse en el fraude cuando el gobierno arrasaba (2004), le costó construir una mayoría (2015) que, una vez conseguida, ha servido de poco. Este año prometieron, de nuevo, que ‘el régimen tenía los días contados’ y al final fue el chavismo el que les contó los días para que inscribieran unos candidatos en un CNE deslegitimado. Dijeron estar preparados para enfrentar cualquier tipo de trampa y resultó que terminaron cayendo en ella, porque fueron a elecciones con la convicción de que pintarían el mapa de azul y tras la declaración de Tibisay Lucena han quedado pintados. La oposición venezolana es la eterna subcampeona, el perenne ‘hicimos lo que pudimos’, el imperecedero David que no para de justificarse ante cada derrota contra Goliat, la que condena los abusos del gobierno y luego sonríe cuando dialoga con él. Son casi veinte años de infinitas promesas y de muy pocos resultados (dos de veintidós elecciones). Son casi dos décadas encerrados en un círculo vicioso que parece no tener final. No han dejado de competir con el mismo árbitro que tanto critican y la incongruencia les ha salido muy cara. El chavismo no tiene quien le compita.

¿Y ahora qué?

La calle estaba fría pero la terminaron de congelar. El mismo día que Smartmatic denunció que el CNE se había fabricado un millón de votos, Ramos Allup anunció que AD participaría en las regionales. El electoral fue el camino de la MUD para continuar la lucha. Pintar el mapa de azul fue su promesa. Se la jugó por esa vía y de momento acaba de llevarse una estrellada monumental: el mapa es rojo-rojito. Son 17 las gobernaciones que el CNE le acaba de adjudicar al PSUV por apenas 5 a la MUD, que minutos antes de la alocución del Poder Electoral ya había denunciado que esto sucedería (“sabemos lo que van a anunciar y hacemos está alerta temprana, tenemos serias sospechas sobre los resultados que le van a anunciar al país”, dijo Gerardo Blyde). Para los próximos minutos se espera un pronunciamiento de la MUD, en el que se juega la vida. Será la alocución de su vida y de ella dependerá su futuro. ¿La habrán agarrado fuera de base o tendrá con qué defender lo que prometió? Son acontecimientos en pleno desarrollo que a esta hora se escriben entre dos grandes signos de interrogación. Seguiremos informando.

Lo que su conciencia le dicte

Votar o no, he allí el dilema que hoy enfrenta medio país, y del que ni siquiera nosotros, como medio, hemos podido escapar. Aunque mayoritariamente nuestra redacción ha terminado inclinándose por la participación, hay todavía entre nosotros quien no. De allí que estas líneas de hoy no puedan gozar de la contundencia de otras ocasiones: estamos imbuidos en una situación cuya complejidad nos abruma y sobrepasa, y en la que sobran argumentos (buenos y legítimos) para hacer una cosa u otra. Por eso, en esta hora complicada nuestra apuesta como medio no es otra que a la conciencia de cada uno de nuestros lectores: con libertad y sin coacción, sin dejarse llevar por consignas electoreras ni por emociones muy fuertes (el despecho, la frustración y el rencor tres de ellas), desechando el optimismo iluso y el pesimismo fatalista, poniendo a un lado los chantajes baratos y las etiquetas gratuitas, teniendo claro quién es el verdadero enemigo a vencer, e intentando hallar, entre tanta mentira y falsedad, la poca verdad que se consigue, con todo ello, y en conciencia, que cada quién haga lo que deba y lo asuma. Eso es todo lo que podemos decir.

La rebelión de las masas

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Tomo prestado el nombre del ensayo de Ortega y Gasset debido a que por casualidades del destino es mi lectura actual. Si bien el mencionado libro se escribió en un contexto totalmente diferente al nuestro (la ascensión del fascismo al poder en Europa), nos servirá de ejemplo para observar cómo una masa (también muy distinta a la que hoy adversa al gobierno venezolano) fue suplantando espacios de la elite, creando un grupo de personas homogéneo que de a poco fue rompiendo las clases elitistas.

Pues bien, en nuestro universo paralelo precisamente la elite es el hombre masa, y el hombre masa es un conjunto de individuos derrotados que han observado cómo los años de revolución se han llevado lo mejor de sus vidas. El sueño de Karl Marx vive al norte del continente sudamericano: que cualquier ignorante sin dotes de pensamiento se equipare o inclusive pisotee y someta al hombre culto y estudiado. La realidad así lo demuestra, por difícil que sea de entender para cualquier extranjero: al gobierno venezolano lo manejan choferes de autobús, porristas, narcotraficantes y lacayos, mientras que la masa se ha conformado por ingenieros, médicos, abogados, artistas, empresarios, intelectuales, y un sinfín de profesionales que curiosamente ya no pueden ni ejercer sus profesiones; después de todo no hay mejor forma de dominar una nación que destruyéndola (sí, ese es el único fin del comunismo). Interpretar que todo esto sea verdad es una dura realidad para el venezolano, tanto para el que está dentro, como para el que está fuera, escuchar frases de extranjeros que mencionan a la Caracas de los 70’s como la mayor metrópolis de América Latina y verla reducida hoy en día a cenizas con edificios grises, y poblaciones invadiendo los basureros es una pesadilla distópica que ni en Mad Max se puede representar.

Poniendo todo esto en contexto entonces podremos deducir que la lucha que libramos los venezolanos hoy en día es quizás la más desigual de todos los tiempos, pues en el pasado el hombre masa disponía de la brutalidad de la ignorancia, lo cual podía dotarlo de una violencia que a la postre podía lograr la conquista de espacios haciendo el uso de la fuerza. En la Venezuela del presente, el hombre masa es la elite, y la elite pasó a ser masa, es por ello que el primero posee las armas, el dinero, la fuerza, y el don de la ignorancia; mientras que el segundo únicamente dispone de una sabiduría inaplicable contra la vehemencia revolucionaria y derrochadora. Visto desde ese contexto, estamos en una absurda desventaja, pues la nueva elite posee las armas del hombre masa y el control social que propicia el dinero y el poder político. Los soldados se sienten fuertes; vestidos de oliva son impenetrables y más poderosos que nunca, asumen de guardianes de la carretera y a su vez fomentan el crimen y se enriquecen aprovechando el desbarajuste estatal.

Viendo todo el contexto desde dicha panorámica pareciera estar todo perdido, pues en ocasiones, por mucho que duela, solo el caos podría traer cambios, y el nuevo hombre masa no es individuo de caos, sino de orden, y la elite superpuesta ha minado de anarquía su universo. Es por ello que se presentan las dudas e incertidumbres, pues el nuevo hombre masa ante la vista de que la lógica no es aplicable a su realidad, empieza a perder los sentidos, a querer disfrazarse de inadaptado, y proceder así a generar un cambio que ya no haya como propiciar.

Aquella tarde que Ramos Allup vociferó que participaría de las elecciones regionales, el control de mi televisor salió volando y estrellándose contra la puerta del closet; los improperios se adueñaron de mi garganta y en medio de mi efervescencia lo maldije una y otra vez, entonces vale la pena preguntarse: ¿Por qué el nuevo hombre masa, ilustre y pensador, ha soñado con convertirse en un mono violento y agresivo? Sencillamente porque su realidad así lo dispuso; no obstante, una vez pasada la algarabía del odio, el dolor, la desdicha, el nuevo hombre masa debe volver a pensar, a apropiarse de las armas que le quedan y sabe usar, y salir a dar la batalla, esa batalla, esa lucha que no acabará hasta el día en que caiga el rey de la ignorancia, el nuevo hombre elite, quien también en su nueva faceta de cambios aborrece la opinión popular y le teme al poder del nuevo hombre masa, quien ahora le supera en números.

El mal menor

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Voy a votar, qué remedio. No con el pañuelito en la nariz de Betancourt sino con el tonel de lejía y cloro que se necesita para sanear el Guaire. Lo haré para convertir en gobernador a mi mediocre alcalde, un hombre de gestión mejorable, probidad sospechosa, talento invisible, principios flexibles y empatía ninguna. Pero qué se le va a hacer: es él o Héctor Rodríguez, el que (sociata al fin) quiere tener a la gente pobre y bruta para controlarla. Y entre dos males, el menor. Pero teniendo siempre presente que lo son, aunque ‘El Nacional’ y ‘Ciudad Caracas’ (finalmente polos opuestos se atraen) hagan almibarados publi-reportajes para presentar a cada uno como la panacea. Y con sinceridad ‘roosevelteana’ y cinismo ‘kissingeriano’ hay que decir que no: que lo que vamos a hacer es elegir, de entre dos (y si usted leyó a Roosevelt o a Kissinger ya sabe lo que debería venir aquí), al nuestro, que, por nuestro y demócrata, será (creemos) menos malo. Y una vez asumido esto, se vota (se hace el simulacro de) con un poco más de tranquilidad. Y escribo simulacro por respeto a esas cuatro letras de la palabra voto, que son preciosas, tienen una historia admirable y nada que ver con lo del domingo, que será, en rigor, un acto de aguante, triste y resignado; una cosa que se hace porque no queda de otra, una situación de esas en la que lo único posible es recitar con el salsero infiel que ‘la vida es así / no la he inventado yo’; y por ser así la vida y no haberla inventado nosotros, nos colocó en esta circunstancia endemoniada en la que, a falta de actores de fuerza que la saquen de una, toca asestarle pequeñas y tontas derrotas a la dictadura en los escenarios que sabrá Dios por qué permite. Y nuevamente: qué le vamos a hacer. ‘Abstenerse’, me dirán. Y miren que lo consideré bastante. Pero ‘contra factum non valet argumentum’, decían los latinos, y la abstención, finalmente, es un tremendo –y legítimo– ‘argumentum’ que tiene en contra el ‘factum’ aplastante de que igual me deja a Héctor & CIA en la gobernación. Y entre dos males, nuevamente, el menor. De eso, desgraciadamente, se trata todo.