Así saquearon al país con importaciones de comida vencida

$5.850.000 (cinco millones ochocientos cincuenta mil dólares, se lee) fue lo que recibieron dos cuñados del General Carlos Osorio (“soldado chavista, ahora más que ayer”, como se describe en twitter) por importar 40.000 toneladas de carne para CASA (Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícola), mientras éste era Ministro de Alimentación. La información la publicó ayer el portal Cuentas Claras Digital, que incluyó fotocopias de documentos y pasaportes en su informe, y detrás del cual se encuentra el ex gobernador de Aragua y diputado Carlos Tablante, quien lleva tiempo dedicado a denunciar la corrupción roja-rojita. La operación fue hecha usando a un empresario (Namal Wakil su nombre) que importó desde Brasil y con sobreprecio 40.000 toneladas de una carne que supuestamente era de primera calidad y en realidad estaba vencida, importación para la cual CASA (bajo el mando de Osorio) dio plena aprobación y dólares, buena parte de los cuáles (casi $5,9 millones) fueron a parar a las cuentas de sus dos cuñados. Ya anteriormente, este mismo empresario se vio implicado en una operación semejante que le dejó casi $13 millones de dividendos por importar mortadela, también vía CASA. Es a partir de allí que hay que contar (y entender) el por qué de las colas y el desabastecimiento. No, no es guerra económica: es corrupción roja-rojita.

El costo de la vida sigue en aumento

Lo dijo ayer Aristóbulo Istúriz: la gasolina va a subir de nuevo. Fue en una alocución realizada con exportadores zulianos: “Se deberá hacer otro aumento de la gasolina, de manera progresiva, ya que no se aumentó el diésel”, explicó el vicepresidente.  Aunque no habló de montos, según el diario 2001, que cita a “fuentes del sector”, la de 91 octanos sería llevada a 3 BsF. Y todo ello, apenas una semana después del aumento de 75% del transporte público en Caracas (de 20 a 35 bolívares). Pero no sólo será la gasolina lo que suba, también una serie de productos regulados estarán más caros a partir de hoy: todos, rubros de la canasta básica, que está cerca de romper (si no lo ha hecho ya) la barrera de los 200 mil bolívares –entre enero y febrero dio un salto de 15 mil bolívares, para ubicarse en 177 mil–, lo que ha llevado a que un 12% de la población (3,5 millones de venezolanos) haga apenas dos comidas diarias. Hoy, precisamente, un trabajo especial del diario Panorama (sospechoso de todo, menos de opositor) revela que las carnes y proteínas están saliendo del menú del venezolano para darles paso a los carbohidratos (harina, pasta, arroz, plátano, yuca y papa, en ese orden), que son actualmente los alimentos más consumidos, por lo baratos. Además, para principios de mayo ya está anunciado un aumento en las tarifas de DirecTV, una de las mayores operadoras de televisión por cable del país. ¿Y el peso que baja? ¡Ya ni se ve!

En Venezuela somos tan pobres como Zimbabwe

Ayer se hicieron públicos los resultados de la Encuesta de Condiciones de Vida 2015 de la UCV, y sus resultados son demoledores: después de casi dos décadas de Revolución, los venezolanos somos más pobres. De acuerdo con el estudio, un 34,4% de la población ha entrado recientemente a formar parte la clase pobre, cuyo nivel alcanza a 81% de los habitantes del país. Entre 2014 y 2015, 3 millones de venezolanos suprimieron una comida del día, para unirse al 12% de la población que no hace ya las tres comidas diarias recomendadas por los nutricionistas; de ellos, al menos 600.000 pertenecían a la clase media. De los 1.488 encuestados 87% afirma que el dinero ya no le alcanza para comprar la comida necesaria. Harina, arroz, pan y pasta son los alimentos más comprados, mientras que las frutas, leguminosas y tubérculos se han convertido en productos de lujo. Ello no hace sino darle valor a lo que en su edición de mañana publicará ‘The Economist’, que en un reportaje compara a la Venezuela actual  con el Zimbabwe de hace 15 años: “Ambos  creen que las fuerzas del mercado pueden ser comandadas como soldados en un desfile y en ambos casos, los resultados son similares: escasez, inflación y el nivel de vida por el suelo”. “¿Podría Venezuela seguir el camino de Zimbabwe? Culturalmente son muy diferentes, pero los paralelismos políticos son aterradores”, dicen, para luego repasarlos y concluir que la mayor similitud entre ambos es la ineptitud económica que los llevó a la ruina.

China aprieta las condiciones de sus préstamos con Venezuela

Como los precios del petróleo no van a subir considerablemente en los próximos meses, la salvación del gobierno de Venezuela pasa por algún préstamo. No queda de otra. La facturación petrolera de 2016 está estimada en $18.000 millones; las importaciones mínimas del país (comida y medicinas) se calculan en $35.000 millones; y el gobierno tiene obligaciones que cancelar este año, si no quiere declararse en default, de por lo menos $8.300 millones. Así las cosas, el panorama, en número macro, luce desolador: de algún lado hay que sacar $25.000 millones. ¿De dónde si no producimos nada? De Asia. A China le debemos el oro y el moro, y se lo pagamos con medio millón de barriles diarios que podríamos vender para tener más ingresos. “Venezuela está tratando de retrasar los pagos de petróleo con China”, informaba ‘The Economist’ este fin de semana. Y de acuerdo con ‘El Nuevo Herald’ ya hubo un primer acercamiento en el que se les propuso –más bien rogó– suspender los envíos por dos años. “Los chinos, las empresas y el gobierno, dijeron que no. Pero ellos [en el gobierno venezolano] están insistiendo, y ahora están solicitando otra reunión, diciendo que es necesario seguir hablando”. En su informe, ‘The Economist’ ya sugería que no son precisamente años de gracia lo que quieren los chinos, sino “acceso a petróleo y minerales venezolanos en condiciones favorables”; es decir: lo último de valor que le queda al país. Con esa primera negativa, China pone al gobierno en jaque y en la desesperada posición –más bien obligación– de dar lo que le pidan. ¿Se atreverán?

Presidente Maduro anunció medidas económicas insuficientes

Un alucinante y caótico soliloquio de más de dos horas fue el prólogo que Nicolás Maduro usó para anunciarle al país las medidas económicas. Un soliloquio que pretendió ser didáctico y terminó siendo esperpéntico: divagó, contó sus conversaciones de alcoba –“Cilia a veces me pregunta qué pasaría si no existiera el petróleo” –, sacó a relucir los demonios que lo atormentan –Henry Ramos Allup, a quien nombró más de diez veces; Lorenzo Mendoza, a quien insultó–, hizo gala de un preocupante locus de control externo –todo es culpa de Dólar Today, la guerra económica y la guerra geopolítica- y demostró lo mal informado que está –“tenemos los precios de petróleo más bajos en 45 años” –. Todo ello sirvió de antesala para unas medidas que oxigenan un poco la economía, pero no solucionan nada. El control de cambio se simplifica pero sigue: todavía con un dólar escandalosa y artificialmente bajo (de Bs. 6,30 subió apenas a Bs. 10) y otro que supuestamente será flotante y arrancará en Bs. 200 (todo dependerá de cuántos suelte el Estado). La gasolina aumentó a Bs. 1 la de 91 octanos y a Bs. 6 la de 95. La medida parece correcta, pero la aplicación contradictoria: lo recaudado irá a parar a un Fondo de Misiones (se aligera un subsidio para mantener otros). También habrá un ajuste tributario (nos exprimirán con más impuestos) y un aumento del salario mínimo (sigue perdiendo con la inflación). A muy grandes rasgos, ninguna de estas medidas generará más dólares para nuestra economía (eso es lo que urge); y habrá, apenas, una ligera recuperación fiscal (5 puntos en un cálculo optimista) que no será suficiente (el déficit es de casi 20). Venezuela necesita un cambio estructural, y esto fue apenas puntual. Como al inicio: puro bla, bla, bla.

Transición o caos es el pronóstico de The Economist para Venezuela

El análisis es de ‘The Economist’ y por ello le damos crédito: porque se trata de una de las publicaciones más serias –si no la más– de Europa, que contrasta y verifica sus informaciones y no suele dar puntada sin hilo. “El fin del juego en Venezuela” es el sugerente título del informe que el semanario británico incluye en el número que mañana estará en la mayoría de los kioscos del mundo. El texto arranca con una escena contrastante: mientras 6 personas hacen cola para entrar al mausoleo de Hugo Chávez, unas 120 hacen cola en la misma cuadra desde las 3 am para conseguir alimentos. “El colapso de los precios del petróleo ha puesto de manifiesto a la revolución como una estafa monumental”, dice. Revolución que describen como “mezcolanza de subsidios indiscriminados, controles de precio y cambio, programas sociales, expropiaciones y robos a gran escala por parte de funcionarios”. Pero lo verdaderamente interesante viene luego: “La mayoría de la oposición y algunos chavistas creen que una transición negociada es la única forma de evitar un derramamiento de sangre”. ¿Bajo qué condiciones? El gobierno liberaría a los presos políticos y colaboraría para restaurar la independencia del Poder Judicial y el Electoral; y la oposición apoyaría las duras medidas económicas que se necesitan. “Hay conversaciones pero sin diálogo formal”, le reconoció Henry Ramos al semanario, que concluye con unas líneas implacables: “Muchos en la oposición quieren la renuncia del Maduro como precio para un acuerdo de este tipo (…) ¿Sería el Sr. Maduro capaz? Él parece estar paralizado por el pensamiento de que la renuncia sería una traición del legado de Chávez. De hecho, lo que queda del chavismo estaría mejor sin él”. Y lo que queda de Venezuela, creemos nosotros, también.

Conoce las ideas del viceministro de economía

Pavor. Ni más ni menos es lo que produce leer las ideas del hombre que el presidente Maduro puso como segundo a bordo de la economía del país. Sólo un somero vistazo de los escritos de Luis Salas, recién nombrado Ministro de Economía Productiva y Vicepresidente del Área Económica, basta para saber lo que podemos esperar de él: más ruinas. No fue rectificación, sino ratificación: el gobierno se afinca y acentúa las mismas políticas con las que destruyó la economía de Venezuela. Y para muestra el siguiente perfil intelectual, extraído de varios textos suyos: cree en una guerra económica “emprendida por la burguesía parasitaria”; es de la idea de que toda la crisis es causada por un trinomio –“especulación, usura y acaparamiento”– en el que el gobierno no tiene ninguna culpa; considera que la inflación es mera narrativa ficcional –“no existe (…) es el correlato económico del fascismo político”–; es partidario del control de precios –“si el control de precios no funciona o tiene fallas, hay que mejorarlo, pero no quitarlo, pues quitarlo no soluciona el problema”–; detesta a los empresarios –“la clase ‘empresarial’ venezolana es una clase vividora y malcriada que a lo largo del tiempo se convirtió en un tumor económico que vive y subsiste de la renta petrolera y la expoliación del salario de los trabajadores a través de la especulación”–; y apuesta por las comunas, “por un modelo productivo basado en la lógica de lo común”. Esas, repetimos, son las ideas del hombre que Maduro puso al frente de los asuntos económicos del país.

10 dólares en Venezuela, ¿mucho o poco?

En Venezuela, la crisis económica aumenta cada vez más, causando devaluaciones, escasez de papel moneda para los billetes, economías paralelas y hasta un mercado negro proveniente de Estados Unidos.

Daniel Pardo, reportero del portal de noticias internacionales, BBC Mundo, hizo un estudio  sobre las cuatro tasas de cambio que actualmente existen en Venezuela y, ante una inflación de esta magnitud, demuestra cómo mentenderlas, manejándonos a través de una guía por el laberinto económico venezolano y conocer cuanto podemos comprar con al menos 10 dólares en nuestros bolsillos.

Ya ni el billete más alto vale algo

En días recientes, la BBC de Londres comparó el valor de los billetes de mayor denominación del mundo, y los ordenó en una lista de acuerdo con el valor adquisitivo de cada uno. El de 100 bolívares, nuestro (des)honroso representante, terminó ocupando el último lugar, por debajo, incluso, de los billetes de países como Liberia, Kwacha Malawi, Uzbekistán o Guinea. Aunque en el reportaje hacen la salvedad de que todo depende del tipo de cambio con el que se calcule, dado que el de 6,30 no existe, que las subastas de Sicad son reuniones de secta a las que (casi) nadie tiene acceso, que Simadi es prácticamente una ficción diaria, y que en la calle los precios están calculados a dólar paralelo, lo justo es calcularlo a esa tasa, lo que deja al billete de 100 bolívares con el valor de 0,17 dólares o, si se prefiere, 17 centavos de dólar. Lo más trágico, es que en el año 2008, cuando salió, el mismo billete valía, calculado a la tasa paralela de aquella época, 22,36 dólares. En esa macro-depreciación está reflejada la historia, más bien tragedia, económica contemporánea de Venezuela. Y no han pasado ni diez años.

El precio de las arepas explica la inflación en el país

Estamos en la segunda semana de julio, séptimo mes del año, y el Banco Central de Venezuela (BCV) no ha publicado las cifras oficiales sobre la inflación del país, números que deben ser presentados mensualmente por la entidad a pesar de esto, las predicciones financieras publicadas por BBC Mundo indican que al terminar el año la cifra podría cerrar entre 150% y 200%, lo que la convierte en la más alta en el mundo, a un paso de catalogarse como hiperhinflación.

Aunque el gobierno de Nicolás Maduro culpe a la “guerra económica” por el desmedido aumento de los precios, las razones señaladas por especialistas en el tema económico, no son otras que el aumento de dinero circulante, impreso por el BCV pero que no cuenta con respaldo de reservas internacionales y la caída en los precios del petróleo.

A falta de cifras del BCV, Daniel Pardo, corresponsal de BBC en Caracas, comparó en reciente reportaje el precio de nuestra comida más representativa, la arepa, que en 2013, costaba 34 BsF aproximadamente, hace un mes, costaba 94Bs y esta semana se ubica en 106Bs, precios que hacen referencia al costo de producción de una arepa, más no de venta al público. Sin cifras oficiales, las arepas hablan sobre nuestra economía mejor que cualquier otra estadística.

Aquí pueden ver el mencionado reportaje de BBC Mundo: