Líderes ‘new age’

Por: Ezequiel Abdala| @eaa1717

Son los signos de estos tiempos, qué le vamos a hacer. Si ‘El Secreto’ es un best-seller planetario y Hermes Ramírez es escuchado con autoridad de catedrático, ¿por qué habría de extrañarnos que la clase política se contagiara, también, de ese ‘wishfullthinking’ cuya aura (fantasma es ya un término muy pasado de moda y negativo) recorre no  solo Europa sino el mundo entero? Si el chavismo se hizo santero-palero-africano, la oposición se volvió positiva-buena-vibra-voluntarista-entusiasta-y-energética (que no enérgica, desgraciadamente), y por eso va repetidamente y en condiciones inaceptables a elecciones viciadas, regidas por un cuartero de delincuentes electorales que hacen trampa por activa, pasiva y perifrástica. ‘Pero no importa, somos los que flinchy, y a punta de pensamiento positivo, esfuerzo y voluntad superaremos todos los obstáculos que nos pongan, sin denunciarlos mucho para que nadie se desanime, porque lo importante, lo verdaderamente importante, ya se sabe, es tener el ánimo arriba y participar con entusiasmo en la fiesta electoral. Que nos inhabiliten a todos los candidatos que quieran,que no cambien nunca el tarjetón,que modifiquen a conveniencia los circuitos, nucleen las mesas, cierren los centros donde ganamos; todo eso nos lo aguantamos, no importa. Que obliguen a nuestros electores a trasladarse, en buses que luego asaltan, a centros rurales donde los vuelven a asaltar, que les hagan pasar mil y un trabajos, que los colectivos los amenacen y amedrenten, que los golpeen si quieren, que hagan eso y más, peor para ellos, al venezolano le gusta el voto, se vuelve loco por una papeleta, nunca le dice que no a un reto y mientras más difícil mejor’. Palabras más, palabras menos, esa es la falaz propuesta, que inevitablemente termina por estrellarse contra los hechos, que, al igual que los números, son tercos, categóricos y simples: ir a elecciones con un árbitro en contra, sin garantías y en medio de un sistema totalitario, es un ejercicio inútil, por más ilusión, mente positiva, buenas vibras y ganas que le pongan los líderes –¿o son ya gurús?– que tenemos en frente.

 

¿Hasta cuándo?

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

 

La oposición venezolana tiene quince años viviendo de la esperanza. Ha dedicado los últimos tres lustros de su quehacer político a pregonar un mensaje que año tras año ha chocado contra el doloroso muro de los hechos. Los partidos pertenecientes a la Mesa de la Unidad Democrática han vendido hasta el cansancio la idea de que el gobierno está por caer, de que el chavismo está en etapa terminal y de que el cambio en Venezuela es inminente. Y aquí estamos, cada vez más cerca del famoso 2021 y el país, en medio de la endemoniada crisis por la que atraviesa, pintado de rojo rojito. La oposición sufre hoy los embates de su propia incoherencia, las consecuencias de su difuso mensaje, la condena de su pobre estrategia. El rival del chavismo ha dado tumbos tratando de entender la dinámica de la política criolla y en el camino siempre le ha faltado timing. Por excusarse en el fraude cuando el gobierno arrasaba (2004), le costó construir una mayoría (2015) que, una vez conseguida, ha servido de poco. Este año prometieron, de nuevo, que ‘el régimen tenía los días contados’ y al final fue el chavismo el que les contó los días para que inscribieran unos candidatos en un CNE deslegitimado. Dijeron estar preparados para enfrentar cualquier tipo de trampa y resultó que terminaron cayendo en ella, porque fueron a elecciones con la convicción de que pintarían el mapa de azul y tras la declaración de Tibisay Lucena han quedado pintados. La oposición venezolana es la eterna subcampeona, el perenne ‘hicimos lo que pudimos’, el imperecedero David que no para de justificarse ante cada derrota contra Goliat, la que condena los abusos del gobierno y luego sonríe cuando dialoga con él. Son casi veinte años de infinitas promesas y de muy pocos resultados (dos de veintidós elecciones). Son casi dos décadas encerrados en un círculo vicioso que parece no tener final. No han dejado de competir con el mismo árbitro que tanto critican y la incongruencia les ha salido muy cara. El chavismo no tiene quien le compita.

La rebelión de las masas

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Tomo prestado el nombre del ensayo de Ortega y Gasset debido a que por casualidades del destino es mi lectura actual. Si bien el mencionado libro se escribió en un contexto totalmente diferente al nuestro (la ascensión del fascismo al poder en Europa), nos servirá de ejemplo para observar cómo una masa (también muy distinta a la que hoy adversa al gobierno venezolano) fue suplantando espacios de la elite, creando un grupo de personas homogéneo que de a poco fue rompiendo las clases elitistas.

Pues bien, en nuestro universo paralelo precisamente la elite es el hombre masa, y el hombre masa es un conjunto de individuos derrotados que han observado cómo los años de revolución se han llevado lo mejor de sus vidas. El sueño de Karl Marx vive al norte del continente sudamericano: que cualquier ignorante sin dotes de pensamiento se equipare o inclusive pisotee y someta al hombre culto y estudiado. La realidad así lo demuestra, por difícil que sea de entender para cualquier extranjero: al gobierno venezolano lo manejan choferes de autobús, porristas, narcotraficantes y lacayos, mientras que la masa se ha conformado por ingenieros, médicos, abogados, artistas, empresarios, intelectuales, y un sinfín de profesionales que curiosamente ya no pueden ni ejercer sus profesiones; después de todo no hay mejor forma de dominar una nación que destruyéndola (sí, ese es el único fin del comunismo). Interpretar que todo esto sea verdad es una dura realidad para el venezolano, tanto para el que está dentro, como para el que está fuera, escuchar frases de extranjeros que mencionan a la Caracas de los 70’s como la mayor metrópolis de América Latina y verla reducida hoy en día a cenizas con edificios grises, y poblaciones invadiendo los basureros es una pesadilla distópica que ni en Mad Max se puede representar.

Poniendo todo esto en contexto entonces podremos deducir que la lucha que libramos los venezolanos hoy en día es quizás la más desigual de todos los tiempos, pues en el pasado el hombre masa disponía de la brutalidad de la ignorancia, lo cual podía dotarlo de una violencia que a la postre podía lograr la conquista de espacios haciendo el uso de la fuerza. En la Venezuela del presente, el hombre masa es la elite, y la elite pasó a ser masa, es por ello que el primero posee las armas, el dinero, la fuerza, y el don de la ignorancia; mientras que el segundo únicamente dispone de una sabiduría inaplicable contra la vehemencia revolucionaria y derrochadora. Visto desde ese contexto, estamos en una absurda desventaja, pues la nueva elite posee las armas del hombre masa y el control social que propicia el dinero y el poder político. Los soldados se sienten fuertes; vestidos de oliva son impenetrables y más poderosos que nunca, asumen de guardianes de la carretera y a su vez fomentan el crimen y se enriquecen aprovechando el desbarajuste estatal.

Viendo todo el contexto desde dicha panorámica pareciera estar todo perdido, pues en ocasiones, por mucho que duela, solo el caos podría traer cambios, y el nuevo hombre masa no es individuo de caos, sino de orden, y la elite superpuesta ha minado de anarquía su universo. Es por ello que se presentan las dudas e incertidumbres, pues el nuevo hombre masa ante la vista de que la lógica no es aplicable a su realidad, empieza a perder los sentidos, a querer disfrazarse de inadaptado, y proceder así a generar un cambio que ya no haya como propiciar.

Aquella tarde que Ramos Allup vociferó que participaría de las elecciones regionales, el control de mi televisor salió volando y estrellándose contra la puerta del closet; los improperios se adueñaron de mi garganta y en medio de mi efervescencia lo maldije una y otra vez, entonces vale la pena preguntarse: ¿Por qué el nuevo hombre masa, ilustre y pensador, ha soñado con convertirse en un mono violento y agresivo? Sencillamente porque su realidad así lo dispuso; no obstante, una vez pasada la algarabía del odio, el dolor, la desdicha, el nuevo hombre masa debe volver a pensar, a apropiarse de las armas que le quedan y sabe usar, y salir a dar la batalla, esa batalla, esa lucha que no acabará hasta el día en que caiga el rey de la ignorancia, el nuevo hombre elite, quien también en su nueva faceta de cambios aborrece la opinión popular y le teme al poder del nuevo hombre masa, quien ahora le supera en números.

El mal menor

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Voy a votar, qué remedio. No con el pañuelito en la nariz de Betancourt sino con el tonel de lejía y cloro que se necesita para sanear el Guaire. Lo haré para convertir en gobernador a mi mediocre alcalde, un hombre de gestión mejorable, probidad sospechosa, talento invisible, principios flexibles y empatía ninguna. Pero qué se le va a hacer: es él o Héctor Rodríguez, el que (sociata al fin) quiere tener a la gente pobre y bruta para controlarla. Y entre dos males, el menor. Pero teniendo siempre presente que lo son, aunque ‘El Nacional’ y ‘Ciudad Caracas’ (finalmente polos opuestos se atraen) hagan almibarados publi-reportajes para presentar a cada uno como la panacea. Y con sinceridad ‘roosevelteana’ y cinismo ‘kissingeriano’ hay que decir que no: que lo que vamos a hacer es elegir, de entre dos (y si usted leyó a Roosevelt o a Kissinger ya sabe lo que debería venir aquí), al nuestro, que, por nuestro y demócrata, será (creemos) menos malo. Y una vez asumido esto, se vota (se hace el simulacro de) con un poco más de tranquilidad. Y escribo simulacro por respeto a esas cuatro letras de la palabra voto, que son preciosas, tienen una historia admirable y nada que ver con lo del domingo, que será, en rigor, un acto de aguante, triste y resignado; una cosa que se hace porque no queda de otra, una situación de esas en la que lo único posible es recitar con el salsero infiel que ‘la vida es así / no la he inventado yo’; y por ser así la vida y no haberla inventado nosotros, nos colocó en esta circunstancia endemoniada en la que, a falta de actores de fuerza que la saquen de una, toca asestarle pequeñas y tontas derrotas a la dictadura en los escenarios que sabrá Dios por qué permite. Y nuevamente: qué le vamos a hacer. ‘Abstenerse’, me dirán. Y miren que lo consideré bastante. Pero ‘contra factum non valet argumentum’, decían los latinos, y la abstención, finalmente, es un tremendo –y legítimo– ‘argumentum’ que tiene en contra el ‘factum’ aplastante de que igual me deja a Héctor & CIA en la gobernación. Y entre dos males, nuevamente, el menor. De eso, desgraciadamente, se trata todo.

¿Se debe apoyar una intervención militar en Venezuela?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

La respuesta lógica a la interrogante que se plantea en el título de este escrito sería un no rotundo. No. No. No. Y mil veces no. Pero como no vivimos en un país donde la lógica impere, son muchos escenarios los que deben analizarse antes de tomar una postura.

Lo primero que debe aclararse es que si hipotéticamente los Estados Unidos tomasen la decisión de intervenir militarmente Venezuela, no lo harían de gratis ni de buena fe: detrás de su intervención habría lógicamente un interés y no solo de índole económico, sino también geopolítico. ¿Por qué? La República Bolivariana de Venezuela no solo cuenta con riquezas minerales extraordinarias y paisajes hermosos, sino que tiene una ubicación geográfica esplendida: estamos al norte de América del Sur, y al sur de América del Norte; desde el punto de vista militar y económico somos una maravilla, algo así como un puente entre diferentes naciones (un puente que transitoriamente se ha mudado a Colombia —Bogotá— por la situación que atraviesa Venezuela).

Una intervención militar norteamericana en Venezuela no sería ocasionada únicamente porque Maduro sea un dictador; de hecho, de todas las razones, quizás esa sea la de menor peso. Lo que verdaderamente afecta y preocupa a los Estados Unidos es la implantación de células terroristas (Hezbolá) en un país como Venezuela (tan cerca de la Florida), y la ruta de narcotráfico que se ha desplegado desde nuestras fronteras. Cuando en los años 90’s el espíritu de Pablo Escobar rondaba por las selvas antioqueñas y los norteamericanos se dieron a la tarea de darle caza, la razón por la cual esta operación tardó tanto en ejecutarse fue porque los gringos en aquel entonces tenían como punto de mira principal al comunismo, y luego al narcotráfico. No fue hasta después que se dieron cuenta de que precisamente el narcotráfico es una de las mayores fuentes de financiamiento del comunismo, y a sabiendas de que ningún comunismo sobrevive sin dinero, había, pues, que destrozar primero lo uno para luego acabar con lo otro. Hoy en Venezuela ocurre algo similar, con la diferencia de que los Pablo Escobar ocupan puestos en la administración pública, y dicha administración pública no va a abrirles las puertas a los gringos para que vengan a darles captura a ellos mismos.

Otro dato de no menor relevancia es que Venezuela hace mucho que dejó de ser un país soberano. Para nadie es un secreto la intromisión del aparato cubano en las decisiones emanadas por el Poder Ejecutivo y en el adiestramiento de las fuerzas militares, además del domino que tienen los chinos y los rusos sobre las transacciones petroleras del país. El discurso nacionalista y patriota es una bolsería más del chavismo: ningún gobierno en nuestra era republicana había vendido a Venezuela de una forma tan absurda a los intereses de terceros, y es por ello que el tema de una intervención militar norteamericana es de difícil evaluación.

La MUD se pronunció el domingo para rechazar cualquier injerencia extranjera (aludiendo también a los cubanos) y aprovechó para rechazar también la amenaza militar de cualquier potencia extranjera (refiriéndose, claro está, a los Estados Unidos de Norteamérica). Quiero acotar, y esto es una opinión bastante personal, que yo sería el primero en sentirme triste y defraudado si la única forma de salir de este gobierno fuese por medio de una intervención extranjera, pues eso significaría que habríamos fracasado como país, como pueblo, que el chavismo ganó, y que la única forma de sacarlos de Miraflores fue por medio de la fuerza de terceros. Pero a su vez, observando el panorama que se avecina (la imposición vía Asamblea Constituyente de un Estado Comunal y un Poder Vertical) pareciera ser una de las pocas soluciones a todo este conflicto. Con respecto a la MUD, es comprensible que no apoyen en público una intervención extranjera, pero tampoco tienen por qué pronunciarse, no es su obligación, ellos no son un gobierno y tienen derecho a guardar silencio (a veces el silencio dice mucho más que las palabras). Y volvamos al pasado una vez más: cuando los Pepes empezaron a darle caza a Pablo Escobar actuando con impunidad en Colombia, mucha presión cayó sobre el presidente Gaviria, quien a pesar de su posición como ejecutivo de Colombia guardó silencio pues estaba claro que su intención era derrocar al narcotraficante ¿Por qué volvemos a usar como ejemplo a Pablo Escobar? Porque precisamente en Venezuela se está lidiando con terroristas y narcotraficantes, y ese es un tema que no debe preocuparnos solo a los venezolanos, sino también al resto de países que conforman América Latina.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que la situación de Venezuela desde hace mucho tiempo que dejó de ser una “situación de Venezuela”: lo que sucede en nuestro país repercute de forma directa o indirecta en nuestros vecinos, además que la soberanía como tal acá no existe, vivimos controlados por una dictadura comunista y militar manejada por los intereses de terceras naciones. Entonces, ¿necesitamos de la ayuda de los gringos? Tristemente sí, pues lamentablemente en el país se han instalado células armadas extranjeras que nos tienen (y probablemente nos seguirán teniendo) pisoteados si no se topan con un freno, y ese freno dudo que sea una avalancha de votos en las regionales o una actuación digna y soberana de “nuestra FANB”.

No hay algo que yo como ciudadano venezolano deseara más en este mundo que vencer al oficialismo en el juego democrático, derrotarlos con votos y reestablecer la República con civilidad, pero poniendo los pies sobre la tierra sabemos que eso claramente no va a ocurrir, pues no estamos luchando contra un gobierno, sino contra un grupo de criminales que defienden sus riquezas, sus libertades y sus vidas.

El final de esta historia nadie lo conoce, lo cierto es que ya no hay forma de que sea agradable, no hay forma de que sea amistosa, tampoco justa, pase lo que pase se cometerán injusticias. Habrá una guerra contra los gringos, una guerra entre venezolanos, o un sometimiento eterno a la bota cubana. Cualquiera de las tres opciones será dolorosa y dejará sangre a su alrededor, y eso es algo con lo que todo venezolano debe ir mentalizándose: las opciones milagrosas dejaron de existir.

Guerra de sordos

Por: Emmanuel Rincon | @emmarincon

Cuenta la leyenda que en los países desarrollados los gobernantes escuchan las necesidades e inquietudes de su gente. Esta leyenda no ha podido ser constatada por el pueblo venezolano, cuyos líderes han sido afectados por la maldición del sordo.

Bueno, basta de fábulas, basta de realidad, basta de realidades que son fábulas, o de fábulas que son realidades, necesitamos coherencia, sí, una gran dosis de coherencia. El país se va por la tangente (esto no es secreto para nadie), el divorcio MUD—PUEBLO quedó en evidencia en la jornada del martes cuando al trancón convocado no acudieron ni los propios convocantes.

¿Qué es lo que pasa? ¿El pueblo se cansó? ¿Perdió la esperanza? No. Lo que sucede es que el pueblo se hartó de la falta de coherencia política de los líderes de la Unidad. En lo que va de año, y con la instauración de la constituyente por parte del gobierno, la MUD ha repetido en miles de ocasiones que el sistema electoral venezolano es fraudulento (hecho que quedó en evidencia el 30 de julio con las informaciones de Reuters y las declaraciones del Presidente de Smartmatic): 80% del país ha planteado una lucha contra la dictadura para demostrarle a ellos y al mundo que en Venezuela reina una tiranía y que hay que desmontarla a como dé lugar. Entonces, resulta que luego de que el discurso MUD ha calado hondo en cuanto al desconocimiento de las instituciones secuestradas por el Estado, y ese mismo discurso escala a nivel internacional recibiendo un apoyo sin precedentes de múltiples naciones, la MUD decide cambiar de estrategia e irse por el camino electoral para “salir” del régimen. ¿Absurdo, no?

Pongamos las ideas en orden, pues en estos momentos necesitamos de sensatez política. Los problemas de la MUD son tanto de fondo como de forma, sus errores comunicacionales han progresado hasta codearse con el pobre discurso de CAP que condujo al país al caracazo hace un par de décadas y que a la postre nos metería en este castro—comunismo—populista—autoritario—terrorista—socialista—chavista—invertebrado. Si a cuatro meses del inicio de las protestas, y con más de cien muertos en el camino, el régimen ha vuelto a pisar terreno firme, no ha sido por sus astucias, sino por la falta de conducción de sus adversarios. Ya se ven muy lejanos aquellos días en los que Capriles, Guevara, Machado, Borges, o cualquier miembro de la Mesa anunciaba acciones de calle y el respaldo era monumental y contundente; que la represión ha tenido que ver en ello, sí, no se puede negar, pero más que la represión, la principal causa de esta apatía es la sordera de la clase política. Actualmente no existen encuestas que aclaren qué parte del 80% del país opositor está dispuesto a ir a elecciones, pero lo cierto es que, según lo que se escucha en supermercados, barrios, oficinas, conversaciones familiares, grupos de WhatsApp y redes sociales, una amplia mayoría está en desacuerdo en acudir a un llamado del régimen que los legitime —y aclaro, con esto no intento conducir a pensar a todo el que cree que se debe votar a que no lo haga, a mi parecer ir a esas elecciones es un error, pero no soy dueño de la verdad y admito que la otra vertiente también tiene puntos a favor— pero más allá de ello, tú como cabeza de una gran mayoría en el país no puedes pasar años pidiendo que sea deslegitimado el gobierno, llamándolo dictatorial, acudiendo a organismos internacionales para denunciar la falta de democracia, mostrar pruebas de los fraudes electorales en el país, y a la hora de la chiquita inscribirte para participar en los comicios, ¿cuál es tu coherencia como líder político? ¿cuál conexión existe entre tu discurso y lo que haces?

Pongamos algo en claro: acudir o no acudir a las elecciones no hará que salgamos del régimen por un milagro. Más allá del tema de elecciones regionales, lo que debe medirse es el tema credibilidad—confianza—país. Si en momentos cruciales como éste le das la espalda al pueblo, el pueblo te la dará a ti, y como aspirante a jefe de gobierno quedarás desnudo. No saber escuchar es peor que no saber hablar, pues en ello se traduce tu labor como líder y gestor de las inquietudes y necesidades de un pueblo.

El tema de agenda a seguir para batallar contra el régimen ya es otro punto más extenso, y sí, cabe la posibilidad de que acudiendo a elecciones regionales se ganen unas cuantas gobernaciones, pero también existe la posibilidad de que posterior a ello el régimen por la ANC desconozca los resultados de esas elecciones e instaure un nuevo poder superior a las gobernaciones, tal como hicieron con la Alcaldía Metropolitana y con la Asamblea Nacional, y así habrás ganado unas gobernaciones de papel y habrás perdido tu discurso, tu coherencia, el apoyo internacional y la empatía con tu pueblo. Razones de sobra hay para desconocer las elecciones, fuera de que son extemporáneas y vienen precedidas por un fraude electoral: ya el CNE estableció que la MUD no podrá inscribir candidatos en siete estados, y en otros como Miranda ya ha inhabilitado al menos a siete posibles gobernadores (Capriles, María Corina, Leopoldo López, Ramón Muchacho, Antonio Ledezma, Adriana D´Elia, yDavidSmolansky), y cabe acotar que una gran mayoría están presos o buscados por el SEBIN para cumplir condena. Ese escenario se repite en otros estados como Mérida, Táchira y Lara.

Por si fuera poco, en la noche de ayerDiosdado Cabello ha advertido que los candidatos opositores deberán mostrar una “carta de buena conducta” avalada por la Asamblea Nacional Constituyente para poder postularse. Entonces el problema no radica en acudir al llamado a elecciones, el problema está en que piensas acudir a pesar de los atropellos y humillaciones del régimen, legitimando unos comicios en los cuales ellos mismos están eligiendo a sus contrincantes, y sabiendo que de ganarlas instalarán unas gobernaciones paralelas y perderás la confianza del pueblo que te apoya.

A la MUD solo me queda decirles que si no aman al pueblo, al menos tengan amor propio, que tengan dignidad y no se presten para ese tipo de aberraciones, que no sean parte de un proceso desigual y fraudulento, y no sucumban a los “requisitos del régimen”. Mañana terminará pidiendo Diosdado entre risas que le besen los pies de Maduro para poder inscribirse, y detrás de ustedes hay al menos 25 millones de personas y un centenar de muertos que no se merecen la humillación ni las migajas del régimen; todavía están a tiempo de cambiar de ruta, de reconciliarse con el pueblo que los eligió como sus representantes. No se pierde nada con escuchar, todo lo contrario, se gana, y mucho. La maldición del sordo es peligrosa, no dejen que se esparza, puede ocasionar que el chavismo se enquiste para siempre en Miraflores.

Paramacay según Marcos Pérez Jiménez

“Como viejo conspirador le digo que en estos procesos hay cinco etapas. La primera es la de las murmuraciones, un ruido como de multitud de la cual no se distingue nada preciso, pero se percibe que está disgustada. Después viene el rumor sobre algo concreto, aunque exagerado o falso, pero que indica aquello que la gente quisiera que fuera verdad. Entonces hay conatos, que son pronunciamientos aislados de algún oficial que alza algún destacamento o guarnición. Hasta que llega la asonada, pronunciamiento coordinado en el cual el jefe se alza pero los comprometidos le quedan mal. Y después de todo eso es que viene el gran carajazo”. La explicación es de un ex Presidente de Venezuela y especialista en golpes de Estado: Marcos Evangelista Pérez Jiménez. Partícipe de uno (1945), líder de otro (1948) y víctima de un tercero (1958), el histórico dictador le ofreció a Rafael Poleo en 1988 una definición que, incluso con sus vacíos descriptivos y la distancia temporal que separa ambas épocas, conviene tener presente en estos días de ruidos de sables y sublevaciones. Ataque terrorista para algunos, peine, trapo y humo para otros, lo ocurrido ayer en Paramacay pudiese coquetear con la etiqueta de asonada, si se toma en cuenta uno de los apuntes de Sebastiana Barráez, periodista entendida en la fuente militar: Juan Carlos Caguaripano esperaba que otras unidades se alzaran. Capitán de la GNB dado  de baja en 2014 por manifestarse en contra del gobierno y acusado de conspirar en el Golpe Azul (presunta intentona planificada por el General de la Aviación Oswaldo Hernández hace tres años), Caguaripano se une a Óscar Pérez como el segundo miembro de un cuerpo de Seguridad del Estado que se pronuncia en contra del presidente Nicolás Maduro y vuelve a tocar la puerta que da hacia una salida armada del conflicto. Solución con la que muchos fantasean, pero cuyos alcances pudiesen ser devastadores. Queda esperar si lo ocurrido ayer en Paramacay traerá cola o la historia le conferirá el carácter de anecdótico.

El problema de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

El problema no son las regionales. El problema es el infame CNE. El problema no es llamar a votar. El problema es que han dicho hasta el cansancio que esto es dictadura. El problema no es ganar. El problema es que después te quiten las gobernaciones. El problema no es explicar cuál es la estrategia. El problema es que no se ha hecho de forma conjunta. El problema no es debatir sobre las elecciones. El problema es hacerlo días antes de inscribir las candidaturas. El problema no es anunciar que tu partido irá a los comicios. El problema es que le das pie al chavismo para decirte incoherente. El problema no es proclamar un nuevo Consejo Nacional Electoral. El problema es que los nuevos magistrados quedaron en el olvido. El problema no es debatir propuestas. El problema es que se ventilen tus discusiones. El problema no es afirmar que el gobierno está por caer. El problema es que no cumplas con las expectativas. El problema no es convocar un plebiscito. El problema es que después ignores las respuestas. El problema no es ser mayoría. El problema es convencer a la gente de que la salida es electoral. El problema no es la hora cero. El problema es la cero planificación. El problema no es pelear en todos los frentes. El problema es cómo aumentar la presión. El problema no es el sufragio. El problema es la percepción de la comunidad internacional. El problema no es el plan. El problema es la congruencia. El problema no es la disyuntiva. El problema es que el PSUV sigue avanzando. El problema es que mientras nosotros hablamos de esto, la ANC se está instalando.

Las cosas que quiero decirle a la MUD

Por: Emma Rincon | @emmarincon

En la jornada de la constituyente el tuit de un diputado de la MUD llamó mucho mi atención. “Pueblo de Venezuela manténganse en las calles. Firmes. Esta noche daremos nuevas acciones a seguir. La victoria está cerca”, decía. ¿Manténganse? ¿No habrá querido decir el diputado ‘mantengámonos’? Al terminarlo de leer entendí por qué en la resistencia está instaurada la idea de que la MUD está vendida: es natural que un ser humano que a diario se expone a que la Guardia Nacional lo detenga, lo torture o lo mate, observe con desprecio a un diputado que desde su oficina tuitea mandando a la gente a la calle.

En el discurso político el lenguaje es esencial, me atrevería a decir que más importante que las acciones (las acciones muchas veces se manipulan, el lenguaje no, el lenguaje es lo que queda), y en eso el chavismo le ha propiciado una fuerte paliza a la MUD.

Yo no seré uno más del montón que solo emite críticas sin aportar soluciones, por ello, aparte de expresar lo que a mi parecer está mal (usted tiene todo el derecho a pensar diferente), también aportaré posibles remedios a la coyuntura política nacional:

  1. El descuido en las provincias de Venezuela: si bien es cierto que el eje político del país se encuentra en Caracas, existen otros 23 Estados que han sido completamente desatendidos por la agenda de la MUD. La mesa se ha dedicado a plantear agenda de calle únicamente en la capital, y si bien el propósito es sacar a Maduro del poder, ¿no creen que poniendo a temblar las provincias el régimen se tambalea más? ¿Por qué no han organizado a la sociedad civil también para librar batallas en ciudades y pueblos del interior? ¿Por qué no se ha tramitado una agenda nacional? ¿No creen que emitiendo presión desde cada rincón del país el agua se le subiría más al chavismo, o sólo importa lo que pase en Caracas? Además: muchos diputados de la Asamblea Nacional viven permanentemente en Caracas para luchar contra el régimen, ¿y es que acaso en los estados donde fueron electos no se debe luchar contra el régimen? ¿No creen que serían más útiles en ciudades desmovilizadas que en una Caracas que ya tiene a líderes de sobra? El problema con estos diputados es que todos quieren estar en el epicentro de la noticia, les preocupa más su popularidad, aparecer en un artículo de ‘The New York Times’ que derrocar al régimen, ninguno se quiere perder la foto en Miraflores el día que el tirano caiga, y es por ello que en las provincias del país no se han vuelto a convocar grandes movilizaciones de personas, de esas que inflan el pecho. Los cuerpos represores del Estado se han concentrado en las ciudades con mayores índices de protesta (Caracas, San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Maracaibo, y un poco más), ¿qué pasaría si el gobierno se viera obligado a enviar tropas a otras ciudades, a otras locaciones? ¿No se lo han preguntado? La calle debe volver a activarse, con agenda bien definida en el resto del país. Las marchas (les gusten a unos sí y a otros no) son la prueba fehaciente de que hay un pueblo en la calle que quiere cambio (esa eficacia no la tienen las trancas con carros), el poder de una manifestación multitudinaria y lo que inspira el ver a miles de personas caminando a tu lado persiguiendo el mismo sueño no te lo da otro tipo de protesta, así que es indispensable que se llame a la calle de nuevo, con contundencia, con fuerza. Insisto, sonará frívolo, pero el régimen ejecutará a sus opositores en sus casas o en la calle, los más de 120 muertos lo comprueban, y quienes vamos al asfalto todo el tiempo sabemos que podemos ir pero no volver (es eso o perder el país).
  2. El uso del lenguaje: el domingo, luego de que el régimen enviara a sus esbirros a asesinar venezolanos con armas de guerra, la MUD emitió sus declaraciones con un tono de normalidad espantoso. Acababan de matar a 16 venezolanos, y lo que le pidió a la gente fue salir de las oficinas a trancar con carros. La oposición al gobierno supera el 80% de la población, es decir que somos una mayoría inmensa, los desbordamos en gente, ¿entonces por qué seguir actuando y expresándonos como minoría? Es hora de subirle también al discurso y a la calle: ya para atrás no podemos correr, el régimen nos está disparando con armas de guerra, ¿vas a seguir trancando con carros nada más? De una u otra forma, mientras ellos estén en el poder van a seguir asesinando o encarcelando a sus disidentes u opositores, estemos en la calle o estemos en nuestras casas (pregúntenle a Leopoldo, a Ledezma, o Alfredo Ramos, o si quieren casos más comunes, consúltenle también a los cientos de allanados en Los Verdes y el resto de Caracas). Estamos en el punto en el que aceleras o te embisten.
  3. La amenaza: quedó comprobado que el parapeto Constituyente sólo fue un invento del régimen para tratar de negociar la calle y bajar la presión. Por primera vez la MUD hace bien en no negociar bajo condiciones fraudulentas. Sin embargo, el oficialismo amenaza y cumple, ¿y nosotros? Ya quedó demostrado que si queremos paralizar el país lo paralizamos, que si queremos llenar las calles las llenamos, ¿entonces? ¿Por qué no hacer un uso adecuado de la fuerza? ¿Qué estamos esperando?
  4. Los voceros: La Mesa de la Unidad como representante de la gran mayoría del país necesita ante todo credibilidad. ¿Cómo va a tenerla si permite que sigan perteneciendo en ella políticos como Manuel Rosales y Henri Falcón cuyos partidos le hacen juego al gobierno? La última desgracia fue la de Ramos Allup, quien horas después de que el presidente de Smartmatic afirmara que los números del CNE habían sido alterados, declara que su partido, AD, participará en las elecciones regionales. Estas personas no sólo le hacen daño a la Mesa, sino a todo un país, transformando una gran victoria (el desenmascaramiento del régimen) en un gran fracaso. Ya Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello están diciendo que el gobierno es legítimo y el CNE también, ya que la oposición va a participar en las regionales. Es hora de ser un poco más estrictos y radicales: a estas medias tintas hay que expulsarlas de la Mesa de la Unidad, no pueden seguir siendo voceros de un pueblo que no apoya sus decisiones (será eso, o el pueblo se aislará por completo de la dirigencia opositora).
  5. ¿Las instituciones para cuándo?: ¿Por qué se ha esperado tanto para nombrar los magistrados del TSJ? ¿Por qué se ha esperado tanto en remover y sustituir los rectores del CNE? ¿Por qué la Asamblea Nacional ha perdido tanto tiempo en politiquería en vez de ejecutar las acciones que se prometieron en la campaña electoral del 2015? Héctor Rodríguez lo decía en su entrevista con Vladimir Villegas, ¿recuerdan las promesas de la oposición en el 2015 de la última cola? ¿Por qué no han cumplido? Y bien, cualquiera con dos dedos de frente sabe por qué, pero ese no es el gran porcentaje de la nación, una gran parte del pueblo puede ser fácilmente manipulada de esta manera, pero entre todo, Héctor Rodríguez tiene razón: la MUD prometió muchas cosas en el 2015 y no cumplió una sola de ellas, se limitó a sacar los cuadros de Chávez del hemiciclo de la Asamblea, tomarse fotos, y mandar a callar a los chavistas en las sesiones; de resto, lo prometido quedó en el aire. El régimen puede bloquearte o intentar hacerlo, pero hay que hacer valer la autonomía del Órgano Legislativo. Desde luego que después habrá una lucha de poderes (vean el caso de la “vicefiscal” Harrington) pero allí es donde habrá que aplicar la fuerza, donde habrá que ejercer presión. Si el gobierno lo hace, ¿por qué nosotros, como oposición con 80% del pueblo a favor, no?

Para cerrar, yo no soy partidario de que se nombre un gobierno paralelo (o de transición, como le llaman algunos), ¿las razones? No repetir los errores del pasado. Eso fue justo lo que sucedió con Carmona Estanga en el 2002, y el resultado es todo esto que hemos vivido 15 años después: si los líderes de aquel entonces hubiesen tenido cabeza fría y no hubiesen desconocido todos los poderes y armado un Estado de facto, toda esta pesadilla revolucionaria nos la habríamos ahorrado. Un gobierno paralelo no contará con el reconocimiento de otros países (así muchos piensen lo contrario). Además, aquello atenta con dividir más al país y también a la MUD, puesto que, a falta de elecciones, cualquiera que sea el elegido para presidir el gobierno de transición va a recibir palo por todos los costados. Un nuevo gobierno solo puede ser electo por el pueblo vía electoral. Poner a la MUD en el exceso de nombrarlo a dedo puede terminar de destruir lo que se ha construido y brindarle argumentos al régimen para terminar de declarar una guerra armada en la nación.

Lamento haberme extendido tanto, pero es que la situación del país no cabe en tan pocas páginas. Para culminar solo les pediré cuatro cosas muy concisas:

  1. Recuerden que somos mayoría, y la soberanía reside en nosotros.
  2. Si van a criticar, por favor háganlo de manera constructiva.
  3. Cero pesimismo.
  4. En estos días finales: fuerza, fuerza, y más fuerza, que nadie pierda la voluntad, este país nos pertenece.

La anarquía que seremos

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

“Algunas personas solo quieren ver el mundo arder…”.  Iniciamos este escrito con el mismo enunciado del de la semana pasada porque en evidencia quedó que algunos solo quieren ver este mundo (país) hecho pedazos. Los resultados de la jornada electoral del domingo no fueron los emitidos por Tibisay Lucena a medianoche: los verdaderos resultados del invento constituyente fueron los 16 venezolanos asesinados a sangre fría (muchos de ellos menores de edad, una gran parte con disparos a la cabeza). No haré ningún análisis de esa “votación” porque creo que no merece la pena, ya todos saben que fueron números inflados para el acomodo del chavismo (no hay que ser experto en materia electoral ni un superdotado para saberlo).

En vista de los acontecimientos y del panorama en que nos encontramos, para el ciudadano común hoy parecen quedar solo cuatro soluciones: te arrodillas, te anarquizas, te mueres, o te vas. Como era de esperarse, la agenda del domingo por parte del gobierno fue la de la violencia: el 30 de julio del 2017 se vivió en Venezuela uno de los días de mayor represión política en la historia de nuestra República; no obstante a ello, Jorge Rodríguez soltó una carcajada cuando le preguntaron por los muertos, y en la madrugada Nicolás Maduro solo se refirió al caso del Guardia Nacional asesinado (para ellos el resto del país no existe). La crueldad desde el discurso es una herramienta que el oficialismo ha implementado sin medir consecuencias: que el país supere los más de cien asesinatos en protestas es un comedia para ellos, pero eso no es lo preocupante, porque tenemos bien claro que en la morfología de los que se aferran a las franelas rojas no queda un alma, no queda un cerebro, solo maldad.

Ese día por la tarde salí a la calle a intentar documentar la situación, pero acercarme a los centros electorales para demostrar la ausencia de votantes rojos se me hizo imposible: no había paso en ninguna parte. Allí estaba, en medio de una ciudad convertida en campo de guerra, armado con una cámara y una bandera, mientras que a escasos metros los colectivos paramilitares y la Guardia nos rodeaban, esta vez no con perdigones y gases sino con sniper y fusiles de asalto. Ya había reportes de francotiradores y muertos en algunas partes de nuestro estado, y fue entonces cuando entré en razón: puedo morir en cualquier segundo sin darme cuenta.

En ese instante opté por resguardarme en un edificio con varios miembros de la resistencia, y comenzamos a hablar. Allí volví a encontrarme con el que ya es un punto de vista en común: los de la MUD son unos vendidos, unos traidores. Yo jamás he llegado a pensar aquello, ni creo que lo piense, por lo que estuvimos debatiendo largo rato. Al final de la discusión uno de ellos dio un poco su brazo a torcer y me dijo: “Está bien, voy a creerte. Esperemos a ver que van a decir esta noche”; y se hizo de noche, y la MUD no me ofreció un buen argumento para tratar de hacerles entender que en su agenda no hay nada turbio: tras el escandaloso número de fallecidos, aparte de seguir empleando un discurso victimista, en vez de confrontar y dar la cara por el 80% del país que los respalda, la MUD lo que pidió fue trancar Caracas con carros.

Hablemos claramente, nadie está llamando a la guerra armada, ¿por qué? Porque en ese campo saldríamos destrozados antes de empezar el partido, pero sí es tiempo de ir presurizando la represión del gobierno. No es posible que luego de 16 asesinatos políticos en una jornada, tu solución como cabeza de aproximadamente 25 millones de personas sea seguir trancando Caracas con los carros. Lo cierto es que somos más, somos la mayoría del país, la soberanía reside en nosotros, no en ellos, ¿entonces por qué seguir actuando como oprimidos siempre a la defensiva, en vez de pasar a ejercer el control? Durante mucho tiempo he defendido a la MUD, y no por placer o convicción, sino porque soy consciente de que es necesario que exista un liderazgo y una unidad en el país para poder salir adelante, y muchas veces he preferido callar para no alborotar el avispero, pero a mi parecer el domingo el cántaro se rompió.

La muestra de debilidad de la MUD es directamente proporcional al empleo de la fuerza por parte del gobierno. Nuestros líderes opositores se han comportado como esas mujeres a las cuales el esposo golpea y engaña, y la amenaza que le suelta es la de no volver a lavarle la ropa interior, ¿cómo van a respetarte si tú mismo no te respetas? Las consecuencias de su fragilidad y discurso lánguido las vimos esta madrugada cuando el SEBIN secuestró a Leopoldo López y Antonio Ledezma sin aviso ni premeditación, ¿por qué lo hicieron? Porque simplemente les dio la gana de hacerlo, y porque nadie les ha puesto un parado, aplicando el miedo como política de Estado, la represión como única forma de autoridad.

El país se está saliendo de control, no solo de las manos del oficialismo, sino también de la dirigencia opositora. El domingo una bomba explotó en Altamira lastimando a ocho Guardias Nacionales, y es inevitable preguntarse: ¿a cuánto estamos de los carros bomba, de los sicariatos políticos y de la total y absoluta anarquía? La falta de una lectura adecuada de la Mesa de la Unidad en el país originará que la sociedad explote llevándose todo por delante, por la sencilla razón de no saber conducir la frustración de los ciudadanos.