El amor y el interés …

 Si le gustan los hombres corruptos o es ella -y su entorno- quien los corrompe, eso queda para la especulación. Pero lo cierto es que María Gabriela Chávez Colmenares, “la consentida” del Comandante, tiene una lista de amores con prontuario que resulta curiosa, cuando no preocupante. El primero, Gustavo Arraiz Manrique, un empresario que a inicios del milenio tuvo un rápido (e injustificable) crecimiento económico producto de Microstar, una comercializadora de equipos de computación, principal proveedora del gobierno, con hasta 10 sucursales en el país, que en 2003 solicitó a –y recibió de– CADIVI $27,1 millones para importar unas computadoras que nunca trajo. En 2005 el Ministerio Público (MP) lo imputó por ello, en 2007 la Interpol (en un proceso exprés e inusual) lo apresó en Panamá, en 2009 (con dos años de retardo procesal, sí) recibió una sentencia de 8 años de prisión y en 2012 salió en libertad condicional. El segundo, Manuel Vicente Sosa Morales, mejor conocido como “Coco” Sosa, muñequito de torta de RCTV y niño consentido de María Gabriela por los días de la muerte de Chávez, quien se encuentra hoy detenido luego de que el MP determinara que una empresa de su propiedad desfalcó a la nación con una serie de contratos firmados con más de 200% de sobreprecio en la Faja Petrolífera del Orinoco, cuya estafa alcanzó también los $27 millones. El tercero y más reciente, Roberto Antonio Leyba Morales, medio hermano de Sosa, quien, según informa el semanario ‘La Razón’, estaba siendo investigado por el viejo MP (el actual no sabemos) “por desfalco de divisas a CENCOEX” por medio de 3 empresas (una registrada en Maracaibo, otra en Miami y otra en Panamá), y a quien se le atribuye también el control de una tribu judicial –grupo Leiva y Mavares– que, según El Cooperante, maneja a jueces, magistrados y Fiscales del Ministerio público. Y eso por no hablar de los amigos cercanos de “la consentida”, como el argentino Roberto Vignati, dueño de Bioart C.A, la única empresa que fue autorizada para importar las 80 mil toneladas de arroz pactadas entre Venezuela y Argentina, y que llevó a cabo con un sobreprecio de entre 30% y 80%.

Desde Rusia con temor

“Venezuela es un estado fallido. Es una sola compañía: PDVSA, y esa empresa está a punto de colapsar. Dependiendo de la naturaleza del colapso puede ser tomada en un año por los rusos o por los chinos. Aunque puede ser en menos tiempo. Si leemos los contratos con cuidado veremos cuánto control de grandes partes de PDVSA pueden tomar los rusos si ésta no logra cumplir sus compromisos”. La advertencia la daba Steve Hanke, economista y profesor de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.), en una entrevista concedida a El Estímulo en marzo de este año. Hanke, quien en la revista Forbes había tachado a PDVSA como la peor empresa petrolera del mundo, aseguraba que la compañía podía quebrar al no poder pagar sus facturas y el gobierno tendría que rescatarla, pero al no tener dinero, las posibilidades serían menores y los acreedores terminarían tomando el control de la organización. Viaje relámpago de por medio, Maduro apareció esta semana en Rusia, reconoció que Venezuela había caído en default con el Kremlin y anunció, sin dar detalles, que el gobierno venezolano reestructurará la forma en la que saldará cuentas con Putin. Por ello, Henrique Capriles Radonski no tardó en decir que Nicolás había ido a Moscú a “mentir y pedir cacao para que le estiren más la liga, para que no le cobren y ver si le dan algo más de crédito”. Aparte de la factura pendiente con Rusia, el Gobierno debe pagar $3.5 millardos de deuda externa durante las próximas semanas y, aunque Maduro haya dicho que el país está listo para solventar esos compromisos, no es secreto que el chavismo está desesperado por dinero. El Kremlin es una mano amiga que puede ayudar, pero el tema central, el meollo del asunto, se encuentra en la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones? Puede que el señor Hanke vaya a tener razón. Recordemos que, como bien dijo Ramón Muchacho, Rusia y China son los principales países que sostienen a la dictadura. Maduro lo sabe y por eso tuvo que viajar para negociar, desde Rusia y con temor, la plata que le ayudará a sobrevivir los meses venideros.

¿No hay hambre Delcy Eloína?

Recién nombrada presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez dio un discurso ‘made in’ chavismo, repleto de lugares comunes y palabras desgastadas: que si la derecha esto, que si el fascismo aquello, que la culpa es del Imperio y que el gobierno bolivariano, ahora sí, gracias a la ANC, tendría el poder suficiente para combatir la guerra económica. Una frase, no obstante, se salió del clásico guion y retumbó en los portales de noticias y las redes sociales: “En Venezuela no hay hambre”. La hasta hace meses Canciller de Venezuela, encargada de defender a capa y espada el proceso revolucionario en los organismos internacionales, aseguraba que en el país no había crisis humanitaria, que en la tierra de Bolívar lo que había era amor (¿?). La aseveración contrastaba con los estudios de profesionales como Susana Raffalli, nutricionista especializada en gestión de seguridad alimentaria, quien había estado anunciando, pruebas en mano, que en Venezuela no había una crisis, sino, mucho peor, una emergencia humanitaria. Es decir, no sólo es que en el país había falta de bienestar y pérdida de vidas a causa de la desnutrición, sino que el problema había escalado tanto que ni con recursos excepcionales el Estado iba a poder detener el hambre. Hoy, casi dos meses después de la infausta declaración de la señora Rodríguez, Raffalli ha dado en el programa de César Miguel Rondón unas cifras desgarradoras: en Venezuela están muriendo entre 5 y 6 niños semanales por desnutrición frente a un gobierno al que no le preocupa el tema. “A este nivel en el país se tendría que estar hablando no solo de darle a la población alimentos sino también de proveer productos medicinales para salvar a niños con desnutrición severa”, afirmó la especialista. Pero no se ha hecho. Hasta ahora, el gobierno ha recomendado criar conejos y sembrar quinchoncho. Dos medidas tanto insólitas como ineficientes.

No ‘se murió’, lo mataron

Todo comenzó con una improvisación (otra más) de Nicolás Maduro, que intempestivamente decidió sacar de circulación el que para entonces era el billete de más alta denominación. El ya por entonces dictador le dio 72 horas al país, en medio de la primera quincena de diciembre 2016, para salir de todos los billetes de cien que tuvieran. La gente fue en multitud a los bancos, éstos se vieron sobrepasados, pasó el plazo establecido y muchos se quedaron sin poder hacer sus depósitos, con un papel que había perdido todo valor. Entonces vino el caos. Apure fue uno de los diez estados donde se presentaron disturbios. En Guasdualito, la gente salió el 16 de diciembre a quemar bancos y a saquear. Y la dictadura hizo lo de Nerón con el incendio de Roma: culpar a sus adversarios. Carlos Andrés García, concejal de Primero Justicia y crítico tenaz del gobernador Ramón Carrizales, fue uno de los 3 detenidos de la entidad. Se lo llevaron sin orden de captura a la sede del SEBIN del Distrito Apure, le allanaron (destrozaron) la casa y terminaron imputándole un rosario de delitos: hurto calificado, daño violento, incendio en grado de participación e instigación pública a delinquir, de los que tuvo que responder apelando a una defensora pública por no tener con qué pagar abogados privados. De 43 años, García sufrió, a horas de ser detenido, una descompensación de la tensión arterial para la que no le dieron tratamiento. Y a partir de allí, se fue deteriorando progresivamente: primero cayó en un estado depresivo severo, luego perdió la noción de tiempo y espacio, después el control de esfínteres y finalmente el apetito. Alarmados ante su deterioro, sus allegados pedían urgentemente un traslado médico, que sólo se dio (a pesar de existir la orden de un tribunal) cuando era demasiado tarde. En el Hospital Central de San Cristóbal, adonde fue a parar, descubrieron que durante el encierro había sufrido un ACV para el que no recibió tratamiento alguno, y que terminó desencadenando su muerte (asesinato), que se produjo ayer, luego de que se acabaran los medicamentos que necesitaba y no se consiguieran en ninguna farmacia de San Cristóbal.

Europa amenaza: ‘Acciones o sanciones’

Lo interesante, lo fundamental, lo esencial, se encuentra en una frase del canciller francés, pronunciada ayer luego de un encuentro no pautado con Jorge Arreaza: “Le recordé del riesgo de sanciones europeas y la necesidad de ver rápidamente evidencia de que Venezuela está lista para relanzar las negociaciones con la oposición y participar de un proceso creíble y sincero”. Traducida a ‘román paladino’ no es más que una amenaza, un ultimátum si se quiere: o hay pronto acciones puntuales por parte del gobierno –“espero que lleve rápidamente a medidas concretas”, insistió el canciller galo– o Europa se sumará a Estados Unidos en las sanciones económicas –que son finalmente las que duelen– contra la dictadura venezolana. Y lo mismo acaba de decir el canciller español: “es indispensable que [el encuentro] se concrete en un proceso, sin dilación, de negociaciones que resulten en acuerdos con concesiones concretas y con garantías de cumplimiento de los acuerdos alcanzados”. Ojo a los términos ‘indispensable’, ‘sin dilación’, ‘concesiones concretas’ y ‘garantía de cumplimiento’, que son bastante claros. La oposición, por su parte, tras hacerse de rogar y meter así algo más de presión, ha aceptado viajar a Santo Domingo, no para dialogar, sino, en sus palabras, “a explorar las condiciones para una negociación seria [con] acciones inmediatas”. Si se mantiene firme en su postura, la lógica indica que, teniendo en frente a un gobierno presionado, acorralado, y obligado a producir resultados concretos, algo podría lograr. Pero nunca se sabe.

Me verás volver

Henry Ramos Allup siempre lo tuvo claro. Fue a un par de marchas en Caracas, expuso su bigote de pasta de diente y luego se dedicó a recorrer Venezuela. Lejos del foco mediático y de la algarabía caraqueña, el veterano de AD empezó a hacer política ‘old school’. No buscó retuits ni ser tendencia, sino que se centró en pedir apoyo recorriendo caseríos y abrazando viejitas. Nada nuevo bajo el sol. Política puntofijista, convicción adeca, costumbre del siglo pasado, lo de Allup fue ir contracorriente. Las fotos, los videos y las noticias ponían la lupa en los desmanes policiales ocurridos en la capital, mientras Henry lo hacía en miles de viviendas en el interior del país. Él sabía que, tarde o temprano, el juego desencadenaría en elecciones y, para ese entonces, su partido estaría listo para ganar. “Hemos estado pidiendo calendario electoral. ¿Vamos a cambiar la línea? No podemos proceder por delirios o arrebatos. AD va a participar. Eso fue en lo que nos comprometimos. Ese fue el mandato de la gente”, anunció Allup el 2/8/2017 en ‘Vladimir a la 1’, declaración tras la cual tuvo que soportar una avalancha de críticas. No le importó, estaba preparado. “¿Le vamos a regalar la gobernación a Héctor Rodríguez en Miranda por miedo a lo que nos digan por Twitter?”, inquirió, altivo, esa tarde en Globovisión. Ante los mensajes de los televidentes que indicaban que una dictadura no saldría con votos, Henry acudió a la historia para dar ejemplos de que ese no era un buen argumento. Además, mencionó que, con testigos desplegados, el CNE no podría adulterar los resultados. El líder de Acción Democrática sabía que Venezuela no se reducía a las redes sociales y actuó en consonancia. Hoy, poco más de un mes después, celebró su victoria en la misma tribuna. “Llueve y escampa”, le dijo, sonriente, a Vladimir Villegas. Su plan había funcionado. AD había conseguido que sus candidatos ganasen en 8 de los 19 estados en disputa –la cifra sube a 12 si se toman en cuenta las alianzas– y las encuestas, según comentó, le empezaban a dar la razón: entre 50-60% del electorado ya está convencido de ir a votar. Hoy, en pleno 2017, sería imprudente asegurar que no volverán.

¡Ladronazo!

Repetidamente lo advirtió: “No soy tan tonto como creen”. Y las revelaciones de la Fiscal Luisa Ortega Díaz parecen confirmarlo: el presidente obrero ha resultado ser todo un pillo. De siete suelas o de cuatro esquinas, como diría el Comandante eterno que se murió. Según los papeles de la Fiscal, Maduro sacó del erario público entre 8 y 10 millones de dólares en efectivo valiéndose de una empresa afín. “Usaron como fachada la empresa venezolana ConteXtus Comunicación Corporativa, propiedad de Mónica Ortigoza Villasmil, quien es esposa de Alejandro Escarrá Gil, sobrino del constituyente Hermann Escarrá”, explicó Ortega Díaz. Pero aún hay más. Aparte de esta operación clásica de desvío de fondos –nada que no se haya visto antes–, Maduro habría perpetrado también lo que en jerga criminal podría considerarse un golpe magistral, digno de Ocean’s Eleven: la estafa de los CLAP, que consistió, básicamente, en empobrecer a la población a niveles africanos para hacerla dependiente de una caja de comida que el Estado compraba con altísimo sobreprecio…a una empresa de su propiedad. Algo semejante a lo que hacía Rafael Leónidas Trujillo, “El Chivo”, en Dominicana, quien al momento de su muerte era propietario de 111 empresas y tenía una fortuna de 800 millones de dólares. El nombre del consorcio con el que Maduro, siempre según la Fiscal (“esas pruebas las tenemos con nosotros”), se estaría lucrando del hambre que él mismo provocó en los venezolanos es Group Grand Limited, “una sociedad registrada en Hong Kong, [que] ha logrado venderle alimentos a Venezuela por más de $200 millones en una negociación aprobada con la firma de Nicolás Maduro y con la intermediación de la Gobernación de Táchira”, según se lee en una investigación de Armando.Info. Y todavía hay más: sobre el mandatario pesa la denuncia de haberle dado a la publicista brasileña Monina Moura, para que trabajara en la campaña de la reelección de Chávez en 2012, $11 millones en ‘cash’, “a través de pagos hechos por las empresas Odebrecht y Andrade Gutierrez”, según un documento de la justicia de Brasil. Que no quepa duda: tonto no es.

Canta, corazón

Por fin habló. Luego de tantas amenazas, advertencias y amagos, Luisa Ortega Díaz empezó a cantar. Lo hizo como siempre: pronunciando mal las palabras, quedándose sin aire, haciendo pausas constantes, temblando y leyendo papelitos. Pero la noticia es que cantó, y no precisamente rancheras, como dijo el todavía gobernador Henrique Capriles Radonski. En el encuentro de fiscales del Mercosur, que se desarrolla en Brasil, Ortega Díaz disparó contra las dos cabezas del chavismo: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Al primero lo acusó de ser dueño de la empresa mexicana dedicada a ensamblar las cajas de los CLAP: la organización, denominada Group Grand Limited, es propiedad de Rodolfo Reyes, Álvaro Pulido Vargas y Alex Saab. Del segundo mencionó que, en el marco del caso Odebrecht, recibió un depósito de 100 millones de dólares en una empresa española denominada TSE Arietis, propiedad de sus primos Luis Alfredo Campos Cabello y Gerson Jesús Campos Cabello. De su ilegítimo sucesor, Tarek William Saab, afirmó tener evidencias sobre seis casos de corrupción vinculados con PDVSA. Todas estas pruebas, según Ortega Díaz, serán entregadas a autoridades de distintos países (Estados Unidos, Colombia, España) para que se investiguen los delitos, puesto que en Venezuela “no hay justicia y es imposible que se indague sobre cualquier hecho de corrupción o narcotráfico”. Nuestro país, sostiene la fiscal, es una zona de tránsito para el tráfico de drogas, por lo que la comunidad internacional debe tomar partida en estos asuntos.  Además de los casos ya mencionados, Ortega Díaz se refirió a las 11 obras de Odebrecht que quedaron inconclusas, a documentos que comprometen a Jorge Rodríguez, al allanamiento que sufrió su residencia en Caracas y a su destino: informó que regresará a Colombia, debido a que Estados Unidos no le ha ofrecido asilo.

¿Se debe apoyar una intervención militar en Venezuela?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

La respuesta lógica a la interrogante que se plantea en el título de este escrito sería un no rotundo. No. No. No. Y mil veces no. Pero como no vivimos en un país donde la lógica impere, son muchos escenarios los que deben analizarse antes de tomar una postura.

Lo primero que debe aclararse es que si hipotéticamente los Estados Unidos tomasen la decisión de intervenir militarmente Venezuela, no lo harían de gratis ni de buena fe: detrás de su intervención habría lógicamente un interés y no solo de índole económico, sino también geopolítico. ¿Por qué? La República Bolivariana de Venezuela no solo cuenta con riquezas minerales extraordinarias y paisajes hermosos, sino que tiene una ubicación geográfica esplendida: estamos al norte de América del Sur, y al sur de América del Norte; desde el punto de vista militar y económico somos una maravilla, algo así como un puente entre diferentes naciones (un puente que transitoriamente se ha mudado a Colombia —Bogotá— por la situación que atraviesa Venezuela).

Una intervención militar norteamericana en Venezuela no sería ocasionada únicamente porque Maduro sea un dictador; de hecho, de todas las razones, quizás esa sea la de menor peso. Lo que verdaderamente afecta y preocupa a los Estados Unidos es la implantación de células terroristas (Hezbolá) en un país como Venezuela (tan cerca de la Florida), y la ruta de narcotráfico que se ha desplegado desde nuestras fronteras. Cuando en los años 90’s el espíritu de Pablo Escobar rondaba por las selvas antioqueñas y los norteamericanos se dieron a la tarea de darle caza, la razón por la cual esta operación tardó tanto en ejecutarse fue porque los gringos en aquel entonces tenían como punto de mira principal al comunismo, y luego al narcotráfico. No fue hasta después que se dieron cuenta de que precisamente el narcotráfico es una de las mayores fuentes de financiamiento del comunismo, y a sabiendas de que ningún comunismo sobrevive sin dinero, había, pues, que destrozar primero lo uno para luego acabar con lo otro. Hoy en Venezuela ocurre algo similar, con la diferencia de que los Pablo Escobar ocupan puestos en la administración pública, y dicha administración pública no va a abrirles las puertas a los gringos para que vengan a darles captura a ellos mismos.

Otro dato de no menor relevancia es que Venezuela hace mucho que dejó de ser un país soberano. Para nadie es un secreto la intromisión del aparato cubano en las decisiones emanadas por el Poder Ejecutivo y en el adiestramiento de las fuerzas militares, además del domino que tienen los chinos y los rusos sobre las transacciones petroleras del país. El discurso nacionalista y patriota es una bolsería más del chavismo: ningún gobierno en nuestra era republicana había vendido a Venezuela de una forma tan absurda a los intereses de terceros, y es por ello que el tema de una intervención militar norteamericana es de difícil evaluación.

La MUD se pronunció el domingo para rechazar cualquier injerencia extranjera (aludiendo también a los cubanos) y aprovechó para rechazar también la amenaza militar de cualquier potencia extranjera (refiriéndose, claro está, a los Estados Unidos de Norteamérica). Quiero acotar, y esto es una opinión bastante personal, que yo sería el primero en sentirme triste y defraudado si la única forma de salir de este gobierno fuese por medio de una intervención extranjera, pues eso significaría que habríamos fracasado como país, como pueblo, que el chavismo ganó, y que la única forma de sacarlos de Miraflores fue por medio de la fuerza de terceros. Pero a su vez, observando el panorama que se avecina (la imposición vía Asamblea Constituyente de un Estado Comunal y un Poder Vertical) pareciera ser una de las pocas soluciones a todo este conflicto. Con respecto a la MUD, es comprensible que no apoyen en público una intervención extranjera, pero tampoco tienen por qué pronunciarse, no es su obligación, ellos no son un gobierno y tienen derecho a guardar silencio (a veces el silencio dice mucho más que las palabras). Y volvamos al pasado una vez más: cuando los Pepes empezaron a darle caza a Pablo Escobar actuando con impunidad en Colombia, mucha presión cayó sobre el presidente Gaviria, quien a pesar de su posición como ejecutivo de Colombia guardó silencio pues estaba claro que su intención era derrocar al narcotraficante ¿Por qué volvemos a usar como ejemplo a Pablo Escobar? Porque precisamente en Venezuela se está lidiando con terroristas y narcotraficantes, y ese es un tema que no debe preocuparnos solo a los venezolanos, sino también al resto de países que conforman América Latina.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que la situación de Venezuela desde hace mucho tiempo que dejó de ser una “situación de Venezuela”: lo que sucede en nuestro país repercute de forma directa o indirecta en nuestros vecinos, además que la soberanía como tal acá no existe, vivimos controlados por una dictadura comunista y militar manejada por los intereses de terceras naciones. Entonces, ¿necesitamos de la ayuda de los gringos? Tristemente sí, pues lamentablemente en el país se han instalado células armadas extranjeras que nos tienen (y probablemente nos seguirán teniendo) pisoteados si no se topan con un freno, y ese freno dudo que sea una avalancha de votos en las regionales o una actuación digna y soberana de “nuestra FANB”.

No hay algo que yo como ciudadano venezolano deseara más en este mundo que vencer al oficialismo en el juego democrático, derrotarlos con votos y reestablecer la República con civilidad, pero poniendo los pies sobre la tierra sabemos que eso claramente no va a ocurrir, pues no estamos luchando contra un gobierno, sino contra un grupo de criminales que defienden sus riquezas, sus libertades y sus vidas.

El final de esta historia nadie lo conoce, lo cierto es que ya no hay forma de que sea agradable, no hay forma de que sea amistosa, tampoco justa, pase lo que pase se cometerán injusticias. Habrá una guerra contra los gringos, una guerra entre venezolanos, o un sometimiento eterno a la bota cubana. Cualquiera de las tres opciones será dolorosa y dejará sangre a su alrededor, y eso es algo con lo que todo venezolano debe ir mentalizándose: las opciones milagrosas dejaron de existir.

¡Choros!

El autobús partió ayer del terminal Catia La Mar, estado Vargas, con destino a Valencia y Barquisimeto. No había salido siquiera de la parroquia cuando un puesto de control de la Guardia Nacional Bolivariana lo detuvo. Allí, uno de los funcionarios del cuerpo policial le pidió un favor al chofer de la unidad: llevar hasta Caracas a dos hombres y una mujer. El conductor aceptó y minutos más tarde se desató el terror. Quienes habían pedido la cola resultaron ser delincuentes organizados. Sometieron a todos los pasajeros a punta de pistola y robaron a su antojo. “Fue una suerte de requisa exhaustiva, uno por uno”, le dijo una de las víctimas a Luis López, periodista de El Nacional. A otro de los viajeros, que había llegado de Panamá, le quitaron 2.000 dólares, según reseña la web del periódico. La complejidad del atraco es tal que no sospechar de complicidad de la GNB parece ingenuo. Y es que los malandros contaron hasta con escoltas: tres motorizados cómplices que siguieron al vehículo hasta que los dos hombres y la mujer se bajaron de él para huir como parrilleros. Furiosos, los pasajeros quisieron cobrar justicia por sus propias manos y le pidieron al conductor que regresase a Catia La Mar, para pedirles explicación de lo sucedido a los funcionarios del puesto de control. Una vez en el lugar, arremetieron contra los uniformados, quienes tuvieron que ser auxiliados por otros compañeros del comando. Al momento de realizar la denuncia, la Fiscalía del Ministerio Público de Vargas les ignoró. Ojalá el chofer hubiese podido hacer lo mismo cuando la alcabala de la GNB lo detuvo.