Nagasaki (en el corazón)

Este año se llevó a cabo la 66ta edición del concurso anual de cuentos del diario El Nacional. Gabriel Payares fue el ganador y el blog http://www.lasmalasjuntas.com/ compartió en la web, el mismo día de su publicación, el cuento del venezolano. Acá se lo dejamos para que lo disfruten.

Por Gabriel Payares

Ésta no habría sido nunca la ciudad que escogiera para envejecer. Si algún emisario del destino me hubiese consultado al respecto, mi dedo habría apuntado sin vacilar hacia el oriente, hacia ciudades lejanas en un país inverosímil, hacia lugares en donde ser extranjero y alcanzar la madurez son, al final del día, condiciones indistinguibles. Siento una desconfianza sincera hacia ciudades como ésta, construida en el constante recuerdo de la caída; una ciudad en la que se va por ahí con la sensación de que un tropiezo inesperado significaría rodar a trompicones hacia el infierno, sin que nada pueda detener el cuerpo que se desploma como un peñasco. A ese vértigo se debe, seguramente, el andar sereno de quienes han nacido en estas montañas: se aferran bien al asfalto en cada paso y no ven nunca hacia atrás —hacia abajo— a menos que ya hayan alcanzado su destino. Sólo entonces se permiten una rápida mirada hacia el vacío. Y es que sus ojos, fijos en el suelo, no parecen hechos para mirar hacia el sol, sino a la propia sombra en la tierra que les da de comer, la misma que algún día los recibirá entre sus brazos.

Aunque habito entre ellos mi propio destierro, producto de malas decisiones tomadas en aún peores momentos, no suelo realmente quejarme demasiado: he podido siempre abandonar estos rincones empinados con la frecuencia y el ímpetu del momento, con ese gesto de bumerán humano que persigue durante años una patria lejana y no logra devolverse sino con unas cuantas postales y un par de rollos de fotos. Y al final uno se cansa de apostar todo al desenfreno del viaje; a menudo me pregunto si la patria no será más bien ese suelo blando en el que menos duele echar las últimas raíces, y el hogar el sitio que se escoge para darle la bienvenida a la muerte. Mi problema es que desciendo de una estirpe mucho más cálida que ésta, una concebida en el galope andariego de la llanura, entre distancias que se miden con el viento y un padre que predecía la llovizna con sólo ver los zamuros a lo lejos. Provengo de una familia que criaba caballos ajenos. Yo preferí enseñar literatura.

Mis clases son lo único que oxigena el día a día. La pasión y la curiosidad que alguna vez me lanzaron de cabeza a la lectura se han ido extinguiendo a lo largo de los años hasta convertirse en brasas sosegadas: ideales para cocinar y digerir, pero de una presencia apenas notoria. Mis alumnos, en cambio, exhiben semestre tras semestre la llama estéril que caracteriza la veintena, esa época en que los varones persiguen la inconsciencia y las mujeres a un padre sustituto al que destrozarle el corazón. Y la literatura, esa cosa odiosa e inasible, al mismo tiempo serpiente y encantador, es el sitial desde donde contemplo sus epidérmicas pasiones, con una mezcla de deseos y emociones que he preferido pensar como envidia. No deja de sorprenderme, año tras año, la reacción casi idéntica que obtengo de ellos a partir de la lectura de ciertos poetas, casi siempre los mismos: Baudelaire, Rimbaud, Ramos Sucre. Siempre esos tres, en cualquier orden. A los jóvenes entusiasma sobremanera el sufrimiento de la figura del poeta, el atrevimiento que muestran sus versos y el trágico destino que le aguarda. Les encanta la muerte, un concepto abstracto sin vínculo real con su existencia, y la nombran en casi todos sus ensayos finales. Ojalá pudiera conservarse toda la vida esa visión romántica del destino, en vez de este pánico ciego a la desaparición de los sentidos. Read More…

La pluma añeja de Miro Popic

Foto cortesía Miro Popic

Compartimos con ustedes el artículo de Diablo por Viejo publicado en la 11era edición de Revista Ojo

Este texto sobre Miro Popic, periodista sibarita de amplia trayectoria, fue el ganador del premio Zapato de Oro de la UCAB a mejor perfil, reconocimiento que se entrega a los mejores trabajos producidos por los estudiantes de Comunicación Social de esa universidad

Por Erika Velásquez

Probar, leer, escribir y viajar son las cuatro necesidades básicas de Miroslav. Dice que la cultura empieza por el estómago. De turista, va primero al mercado y luego al museo porque los pintores comen y después pintan. Es director de catas, periodista, editor y escritor de gastronomía y vinos desde hace 35 años.

Se desempeñó como profesor del diplomado en vinos de la Universidad de Preston (Estados Unidos). Ha colaborado para publicaciones internacionales especializadas como: Virium (España), Enotria (Italia), Lan in (Chile), Sazón (Panamá) y la Guía Mundial del Vino.

Popic pertenece al movimiento internacional de origen italiano llamado Slow Food. Ampara la importancia del tiempo para el disfrute de la comida y rechaza el término fast food. Edita guías viales, ecoturísticas y gastronómicas en Venezuela. De su autoría son los libros: Morir en Tacoa, El libro del pan de jamón, Manual del Vino y Misión Gula.

Un hogar en Venezuela

El polvo reposa en los muebles de la casa N° 938. Obreros trabajan con fuertes golpes en las paredes externas. En la segunda planta, el primer cuarto funciona como oficina. Adentro, Miroslav reposa su cuerpo en una silla. Se da tiempo para despegarse de su labor periodística. Hace divagaciones con humor. Bromea cuando dice que no come nada que lo engorde. Detrás de su escritorio, un clavo sostiene un mapamundi. No está rayado, pero si lo estuviera ya no habría espacio para marcar su próximo destino.

Asiste a conferencias internacionales de vino y gastronomía. Antes de que el año termine, su próxima agenda de viajes se ocupa. Los primeros meses del año explora nuevos rumbos. Siempre permanece en Venezuela los últimos seis meses, tiempo en el cual produce, junto a su equipo de colaboradores, la Guía Gastronómica de Caracas.

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Los romances de María Antonia

Pablo Luís Duarte Borges

El sábado 15 de octubre se estará presentando, en los espacios de la segunda edición de la Feria del Libro, en la Alfredo Sadel, el libro de Inés Quintero [El fabricante de peinetas. Último romance de María Antonia Bolívar (CURSIVAS)]. El libro promete indagar sobre el último romance de la hermana mayor del Libertador.

Quintero es una historiadora venezolana cuyas piezas literarias han revivido grandes episodios y personajes de nuestra historia.

Nos complace presentar esta nueva aventura de su autoría porque, además, forma parte de la próxima edición de la revista, en la cual publicaremos una entrevista que llenará las páginas de la sección Diablo por Viejo.

La presentación del libro contará con la participación de Valentina Quintero y Federico Vegas. El fabricante de peinetas. Último romance de María Antonia Bolívar es de Editorial Alfa.

Asiste este sábado de 6:00 a 6:45 p. m.

Poemas para llevar

Como los domingos son días de descanso y relajación, les dejamos los textos de Juan Carlos Mendez Guedez y Leonardo González Alcalá de nuestra sección  Pluma y Papel  de la 11ra edición para que los disfruten mientras se preparan para comenzar la semana.

Por Juan Carlos Méndez Guédez

Narrador venezolano, especial cultivador del cuento y la novela, Méndez Guédez ha publicado hasta la fecha doce libros. Nacido en Barquisimeto en 1967, ha sido finalista del premio Rómulo Gallegos con El libro de Esther (Madrid, 1999) y ganador del XL Premio Internacional Ciudad de Basbastro con su novela Tal vez la lluvia(Barcelona, 2009). Licenciado en letras por la Universidad Central de Venezuela y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, para esta edición nos regaló una selección de mini cuentos bajo el título de Bararida, un zoológico de su Barquisimeto natal.

BARARIDA (cinco textos)

EL GALLO PIENSA EN OMAR KHAYAM, CONTEMPLA EL FIN DE LA MADRUGADA Y EXCLAMA

Vivir en la incomprensión, asociado para siempre con esa hora primera del día, con ese despertar del aire y de la luz, cuando en realidad ese canto del amanecer no es una celebración, no es un amable aviso, sino el aterrado quejido, la desesperada certeza de que otra noche festiva se ha marchado, de que cada vez falta menos.

LA HORMIGA LAICA

Fue la más extraña de las hormigas. Conocía su destino, su oficio, su misterio entregado a la belleza.

Pero se negó a cumplir su tarea y decidió quedarse para siempre en lo más profundo del hormiguero.

Las otras, la de allí, la de allá, la de más lejos y la de más cerca, fueron ascendiendo en fila hacia la carretera para buscar la euforia de un terrón de azúcar, un codo de pan, un insecto moribundo, carnoso. Read More…