La agonía de ganar

Jugar a ganador nunca tuvo tanto sentido como apostarle a Brasil durante las copas del mundo. Cada cuatro años la ilusión se renueva con el 10 de turno que hará los regates que generaciones después reproducirán en YouTube. En la memoria colectiva el carnaval de Río de Janeiro es tan alegre como el juego de la selección canarinha; sin embargo, pese a que el ‘jogo bonito’ se implantó oficialmente desde 1970 cuando Brasil jugó con cinco números 10; es decir, con cinco genios del balompié capaces de hacer arte con un balón, han existido equipos brasileros que preponderan el juego efectivo sin tanto lujo, como cuando ganaron en 1994 o como cuando dirigió el técnico Dunga durante 2010. Las dos grandes decepciones brasileras en su evento, pues son los reyes con cinco copas, ocurrieron paradójicamente en su casa, cuando fueron anfitriones, en el estadio Maracaná y el Mineirao (Belo Horizonte). Y es que allí, ante su público, sufrieron derrotas que quedaron marcadas en el ADN brasilero (1-2 en una final y 1-7 en una semifinal). Las cinco estrella bordadas en su camisa generan una presión inconmensurable en los futbolistas que tienen como ídolos a Pelé, Zico, Garrincha, Bebeto, Romario, Rivaldo, Ronaldo Nazario, Ronaldinho, entre otros. El descalabro del 2014 pareció haberse disipado gracias a la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río en 2016 y el gran premundial rumbo a Rusia, en el que Brasil demostró una sobriedad y superioridad notables. Neymar es la superestrella y el líder que debe cargar en su espalda la ilusión de todo un país. Desde que era un adolescente, y jugaba en el Santos, la prensa lo distinguió de los demás habilidosos. Pero en Brasil muchos son llamados los elegidos que quedan en el camino. La historia de Ney sería distinta porque ha sido de capaz de atender a las exigencias, a triunfar en su país y dar el salto a Europa. Rusia debería ser su Mundial, todos lo esperan, él lo sabe. Es por ello que apenas marcó un gol en el agregado ante Costa Rica, el elegido lloró, lloró de felicidad, por la agonía de ganar.

La deuda del creador

Si bien los guaraníes tienen el aval de haber jugado una actividad muy parecida al fútbol moderno hace tres siglos, son los ingleses que reglamentaron el juego tal y como lo conocemos hoy en 1863. Inglaterra no se midió ante nadie en una competición oficial sino hasta el Mundial de 1950. Y es que el gentleman inglés –según el historiador Ángel Iturriaga– sentía una superioridad futbolística respecto a otros países comparable a la de las estrellas americanas de la NBA vs. los jugadores europeos de los ochenta: los leones británicos no cazaban moscas. Así que mientras el fútbol se popularizó en todos los barrios británicos, y los inmigrantes anglosajones lo jugaban en Sudamérica, siempre se distanciaron del pueblo. Y es que en Argentina, por ejemplo, cuenta el periodista Martín Caparros, los asistentes a los primeros partidos eran hombres y mujeres de la alta sociedad, por lo que se vestían con ropa apropiada para un evento selecto. El carisma latino se adueñó del deporte refinado de los ingleses para darles lugar a pinceladas irreverentes de arte. De esta manera, nació la gambeta, aquel factor sorpresa que se le atribuye en primera instancia a los brasileros, pero que está impregnado en el estilo de juego de los mejores futbolistas sudamericanos. Es por ello que los pross decidieron plantarse ante el mundo en 1950: la historia de la decepción del creador había iniciado. En su segundo partido en una Copa del Mundo, ante Estados Unidos, los colonizadores perdieron ante la antigua colonia 1-0. Inglaterra no pudo demostrar su superioridad sino hasta 1966, cuando ganaron la Copa como organizadores del torneo. Después de aquello, el sinfín de decepciones serían renovadas –casi sin interrupción– cada cuatro años. Y es que no bastó el dominio inglés en competiciones europeas de clubes, ni tampoco contar con figuras mundiales como Steve Mcmanaman, Gary Lineker, Michael Owen, David Beckham, Steven Gerard o Wayne Rooney, el creador del fútbol nunca pudo cumplir con las expectativas desde 1966; sin embargo, hoy, sin súper estrellas y con un equipo más humilde, vuelve a aparecer como una selección que tiene mucho potencial: el creador siempre tendrá cuentas por saldar.

El faraón del pueblo

El talento del egipcio Mohamed Salah no sólo aparece en las canchas, sino que también se hizo presente en la carrera presidencial de su país sin siquiera hacer campaña. Y es que el futbolista sensación de la Premier League inglesa y jugador del Liverpool fue la segunda opción más votada en las elecciones de Egipto de abril pese a que su nombre no apareció entre los candidatos elegibles. Ante la inminente relección de Abdel Fattah –quien se mantiene en el poder desde 2014– un grupo opositor decidió boicotear los escrutinios, por lo que la abstención e incluso la burla se hicieron presentes. De esta manera, casi un millón de electores (4,3% de los sufragios) escribió el nombre del atacante. El fenómeno de Salah en Egipto no pudo ser posible sin la gran actuación del futbolista para devolver a su país a una Copa del Mundo luego de 28 años. Su conexión con los fervientes fanáticos también se hace más cercana gracias a su aporte social. Salah compró una ambulancia y también donó dinero para que se inicie la construcción de una escuela y un hospital en su ciudad natal. El fenómeno Salah se extendió por toda Europa gracias a que ayudó a su equipo a disputar la final de la Champions League. El ágil y habilidoso zurdo celebrará en Rusia el premio al esfuerzo: cuando era niño tenía que tomar entre tres y cinco autobuses para ir a entrenar desde su casa y luego la misma cantidad de vuelta. Un faraón de origen humilde pretenderá reinar en la tierra de los zares.

El secreto vikingo

Un dato demográfico demoledor nos indica que en Islandia vive menos gente que en Petare: 330.000 habitantes. El ex futbolista inglés Gary Lineker no temió en decir que su país había perdido (en los octavos de final de la Eurocopa 2016) ante uno que tiene más volcanes que futbolistas profesionales. El personaje de Islandia quizás más mediático en la actualidad es quien funde de guardaespaldas de Cersei Lennister en Game Of Thrones: ‘La Montaña’. Ante un panorama en donde durante nueve meses el sol casi no se ve y el frío es intenso, practicar fútbol al aire libre es prácticamente imposible, por lo que clasificar a una Copa del Mundo era una quimera que parecía alcanzable sólo si una legión de héroes nórdicos encabezados por Thor se vestían de pantalón corto y medias largas. La misión no pudo haberse llevado a cabo sin una fuerte inversión económica de la federación en infraestructura y formación, pues construyeron siete estadios techados y profesionalizaron a sus técnicos. A partir de allí, el técnico Heimir Hallgrimsson puso en marcha un plan que tenía como objetivo conectar a los fanáticos con el equipo nacional en 2011: en un bar conocido, el entrenador –que también es odontólogo– decidió citar a miembros de un grupo de fanáticos conocido como Tólfan, del cual pertenecían no más de 15 miembros. En aquel pub islandés, el técnico-dentista les comenta a los fanáticos cuál será la alineación que utilizará en el próximo partido y cuál será la estrategia para vencer al rival. La tradición –que sería imposible en las grandes capitales del fútbol– funciona a la perfección en un país en donde existe una app para prevenir salir con un familiar en una noche de copas. Hoy en día, cuando el equipo nacional juega de local, el bar se abarrota de aficionados para asistir a la charla con el entrenador. El fenómeno es tal que en el partido contra Inglaterra en la Eurocopa fue visto por el 99.8% de la población. Un país sin mosquitos, sin hormigas y con la firme creencia en los duendes participará por vez primera en Mundial con un grito de guerra que cautiva por su sincronía y segundos de silencio que también hacen ruido.

El viaje del Guerrero

El viaje de Paolo Guerrero al Mundial de Rusia es el de todo Perú. Y es que el delantero, como la selección, sólo logró suspirar al final, cuando casi era una sentencia irreversible que Guerrero tendría que ver el Mundial desde su casa, el Tribunal Arbitral Deportivo, como un gol en el minuto 90,  aceptó la suspensión de una medida que inhabilitaba al delantero a jugar fútbol durante 14 meses. A apenas 14 días para que inicie el torneo en Moscú, el técnico de Perú podrá contar con su capitán. La travesía del héroe de la Eliminatoria peruano no podía ser una historia con desenlace feliz apresurado, sino que debía tener la misma tensión que tuvo el equipo de fútbol para clasificar a Rusia. Guerrero, de gustos extravagantes y olfato goleador certificado, empezó el calvario de suspensiones en noviembre de 2017 tras salir positivo en una prueba antidopaje. Tras realizar diversos análisis, el futbolista dio positivo al hallar en una muestra de orina un derivado de la cocaína, por lo que el jugador alegó que el resultado se debió a la ingesta de un medicamento contra la gripe. Aunque la opinión pública pueda tener conclusiones disimiles, el futbolista más carismático de Perú fue apoyado hasta por sus próximos rivales (Francia, Australia y Dinamarca), quienes por medio de sus capitanes firmaron una carta de clemencia para que la FIFA lo dejara jugar. La inocencia del jugador no fue cuestionada ni por la afición ni por sus compañeros, pues esperaban que el delantero, como si fuese un defensa más, se librara de sus problemas. Y es que él fue pieza fundamental para el equipo inca –luego de 36 años– vuelva a estar presente en el torneo. Máximo goleador y estrella indiscutible, el futbolista tocó el cielo gracias a un gol que no hubiese sido posible sin su picardía: a menos de 20 minutos para el final, con su equipo perdiendo 1-0 vs. Colombia, en la última fecha de la Eliminatoria, Guerrero calculó que el arquero colombiano tocara un tiro libre indirecto que no podía ser válido sin que aquello sucediera. El viaje peruano cuenta la historia de un guerrero que se desvive por la adrenalina de los minutos finales.