Guerra de sordos

Por: Emmanuel Rincon | @emmarincon

Cuenta la leyenda que en los países desarrollados los gobernantes escuchan las necesidades e inquietudes de su gente. Esta leyenda no ha podido ser constatada por el pueblo venezolano, cuyos líderes han sido afectados por la maldición del sordo.

Bueno, basta de fábulas, basta de realidad, basta de realidades que son fábulas, o de fábulas que son realidades, necesitamos coherencia, sí, una gran dosis de coherencia. El país se va por la tangente (esto no es secreto para nadie), el divorcio MUD—PUEBLO quedó en evidencia en la jornada del martes cuando al trancón convocado no acudieron ni los propios convocantes.

¿Qué es lo que pasa? ¿El pueblo se cansó? ¿Perdió la esperanza? No. Lo que sucede es que el pueblo se hartó de la falta de coherencia política de los líderes de la Unidad. En lo que va de año, y con la instauración de la constituyente por parte del gobierno, la MUD ha repetido en miles de ocasiones que el sistema electoral venezolano es fraudulento (hecho que quedó en evidencia el 30 de julio con las informaciones de Reuters y las declaraciones del Presidente de Smartmatic): 80% del país ha planteado una lucha contra la dictadura para demostrarle a ellos y al mundo que en Venezuela reina una tiranía y que hay que desmontarla a como dé lugar. Entonces, resulta que luego de que el discurso MUD ha calado hondo en cuanto al desconocimiento de las instituciones secuestradas por el Estado, y ese mismo discurso escala a nivel internacional recibiendo un apoyo sin precedentes de múltiples naciones, la MUD decide cambiar de estrategia e irse por el camino electoral para “salir” del régimen. ¿Absurdo, no?

Pongamos las ideas en orden, pues en estos momentos necesitamos de sensatez política. Los problemas de la MUD son tanto de fondo como de forma, sus errores comunicacionales han progresado hasta codearse con el pobre discurso de CAP que condujo al país al caracazo hace un par de décadas y que a la postre nos metería en este castro—comunismo—populista—autoritario—terrorista—socialista—chavista—invertebrado. Si a cuatro meses del inicio de las protestas, y con más de cien muertos en el camino, el régimen ha vuelto a pisar terreno firme, no ha sido por sus astucias, sino por la falta de conducción de sus adversarios. Ya se ven muy lejanos aquellos días en los que Capriles, Guevara, Machado, Borges, o cualquier miembro de la Mesa anunciaba acciones de calle y el respaldo era monumental y contundente; que la represión ha tenido que ver en ello, sí, no se puede negar, pero más que la represión, la principal causa de esta apatía es la sordera de la clase política. Actualmente no existen encuestas que aclaren qué parte del 80% del país opositor está dispuesto a ir a elecciones, pero lo cierto es que, según lo que se escucha en supermercados, barrios, oficinas, conversaciones familiares, grupos de WhatsApp y redes sociales, una amplia mayoría está en desacuerdo en acudir a un llamado del régimen que los legitime —y aclaro, con esto no intento conducir a pensar a todo el que cree que se debe votar a que no lo haga, a mi parecer ir a esas elecciones es un error, pero no soy dueño de la verdad y admito que la otra vertiente también tiene puntos a favor— pero más allá de ello, tú como cabeza de una gran mayoría en el país no puedes pasar años pidiendo que sea deslegitimado el gobierno, llamándolo dictatorial, acudiendo a organismos internacionales para denunciar la falta de democracia, mostrar pruebas de los fraudes electorales en el país, y a la hora de la chiquita inscribirte para participar en los comicios, ¿cuál es tu coherencia como líder político? ¿cuál conexión existe entre tu discurso y lo que haces?

Pongamos algo en claro: acudir o no acudir a las elecciones no hará que salgamos del régimen por un milagro. Más allá del tema de elecciones regionales, lo que debe medirse es el tema credibilidad—confianza—país. Si en momentos cruciales como éste le das la espalda al pueblo, el pueblo te la dará a ti, y como aspirante a jefe de gobierno quedarás desnudo. No saber escuchar es peor que no saber hablar, pues en ello se traduce tu labor como líder y gestor de las inquietudes y necesidades de un pueblo.

El tema de agenda a seguir para batallar contra el régimen ya es otro punto más extenso, y sí, cabe la posibilidad de que acudiendo a elecciones regionales se ganen unas cuantas gobernaciones, pero también existe la posibilidad de que posterior a ello el régimen por la ANC desconozca los resultados de esas elecciones e instaure un nuevo poder superior a las gobernaciones, tal como hicieron con la Alcaldía Metropolitana y con la Asamblea Nacional, y así habrás ganado unas gobernaciones de papel y habrás perdido tu discurso, tu coherencia, el apoyo internacional y la empatía con tu pueblo. Razones de sobra hay para desconocer las elecciones, fuera de que son extemporáneas y vienen precedidas por un fraude electoral: ya el CNE estableció que la MUD no podrá inscribir candidatos en siete estados, y en otros como Miranda ya ha inhabilitado al menos a siete posibles gobernadores (Capriles, María Corina, Leopoldo López, Ramón Muchacho, Antonio Ledezma, Adriana D´Elia, yDavidSmolansky), y cabe acotar que una gran mayoría están presos o buscados por el SEBIN para cumplir condena. Ese escenario se repite en otros estados como Mérida, Táchira y Lara.

Por si fuera poco, en la noche de ayerDiosdado Cabello ha advertido que los candidatos opositores deberán mostrar una “carta de buena conducta” avalada por la Asamblea Nacional Constituyente para poder postularse. Entonces el problema no radica en acudir al llamado a elecciones, el problema está en que piensas acudir a pesar de los atropellos y humillaciones del régimen, legitimando unos comicios en los cuales ellos mismos están eligiendo a sus contrincantes, y sabiendo que de ganarlas instalarán unas gobernaciones paralelas y perderás la confianza del pueblo que te apoya.

A la MUD solo me queda decirles que si no aman al pueblo, al menos tengan amor propio, que tengan dignidad y no se presten para ese tipo de aberraciones, que no sean parte de un proceso desigual y fraudulento, y no sucumban a los “requisitos del régimen”. Mañana terminará pidiendo Diosdado entre risas que le besen los pies de Maduro para poder inscribirse, y detrás de ustedes hay al menos 25 millones de personas y un centenar de muertos que no se merecen la humillación ni las migajas del régimen; todavía están a tiempo de cambiar de ruta, de reconciliarse con el pueblo que los eligió como sus representantes. No se pierde nada con escuchar, todo lo contrario, se gana, y mucho. La maldición del sordo es peligrosa, no dejen que se esparza, puede ocasionar que el chavismo se enquiste para siempre en Miraflores.

Paramacay según Marcos Pérez Jiménez

“Como viejo conspirador le digo que en estos procesos hay cinco etapas. La primera es la de las murmuraciones, un ruido como de multitud de la cual no se distingue nada preciso, pero se percibe que está disgustada. Después viene el rumor sobre algo concreto, aunque exagerado o falso, pero que indica aquello que la gente quisiera que fuera verdad. Entonces hay conatos, que son pronunciamientos aislados de algún oficial que alza algún destacamento o guarnición. Hasta que llega la asonada, pronunciamiento coordinado en el cual el jefe se alza pero los comprometidos le quedan mal. Y después de todo eso es que viene el gran carajazo”. La explicación es de un ex Presidente de Venezuela y especialista en golpes de Estado: Marcos Evangelista Pérez Jiménez. Partícipe de uno (1945), líder de otro (1948) y víctima de un tercero (1958), el histórico dictador le ofreció a Rafael Poleo en 1988 una definición que, incluso con sus vacíos descriptivos y la distancia temporal que separa ambas épocas, conviene tener presente en estos días de ruidos de sables y sublevaciones. Ataque terrorista para algunos, peine, trapo y humo para otros, lo ocurrido ayer en Paramacay pudiese coquetear con la etiqueta de asonada, si se toma en cuenta uno de los apuntes de Sebastiana Barráez, periodista entendida en la fuente militar: Juan Carlos Caguaripano esperaba que otras unidades se alzaran. Capitán de la GNB dado  de baja en 2014 por manifestarse en contra del gobierno y acusado de conspirar en el Golpe Azul (presunta intentona planificada por el General de la Aviación Oswaldo Hernández hace tres años), Caguaripano se une a Óscar Pérez como el segundo miembro de un cuerpo de Seguridad del Estado que se pronuncia en contra del presidente Nicolás Maduro y vuelve a tocar la puerta que da hacia una salida armada del conflicto. Solución con la que muchos fantasean, pero cuyos alcances pudiesen ser devastadores. Queda esperar si lo ocurrido ayer en Paramacay traerá cola o la historia le conferirá el carácter de anecdótico.

El problema de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

El problema no son las regionales. El problema es el infame CNE. El problema no es llamar a votar. El problema es que han dicho hasta el cansancio que esto es dictadura. El problema no es ganar. El problema es que después te quiten las gobernaciones. El problema no es explicar cuál es la estrategia. El problema es que no se ha hecho de forma conjunta. El problema no es debatir sobre las elecciones. El problema es hacerlo días antes de inscribir las candidaturas. El problema no es anunciar que tu partido irá a los comicios. El problema es que le das pie al chavismo para decirte incoherente. El problema no es proclamar un nuevo Consejo Nacional Electoral. El problema es que los nuevos magistrados quedaron en el olvido. El problema no es debatir propuestas. El problema es que se ventilen tus discusiones. El problema no es afirmar que el gobierno está por caer. El problema es que no cumplas con las expectativas. El problema no es convocar un plebiscito. El problema es que después ignores las respuestas. El problema no es ser mayoría. El problema es convencer a la gente de que la salida es electoral. El problema no es la hora cero. El problema es la cero planificación. El problema no es pelear en todos los frentes. El problema es cómo aumentar la presión. El problema no es el sufragio. El problema es la percepción de la comunidad internacional. El problema no es el plan. El problema es la congruencia. El problema no es la disyuntiva. El problema es que el PSUV sigue avanzando. El problema es que mientras nosotros hablamos de esto, la ANC se está instalando.

Las cosas que quiero decirle a la MUD

Por: Emma Rincon | @emmarincon

En la jornada de la constituyente el tuit de un diputado de la MUD llamó mucho mi atención. “Pueblo de Venezuela manténganse en las calles. Firmes. Esta noche daremos nuevas acciones a seguir. La victoria está cerca”, decía. ¿Manténganse? ¿No habrá querido decir el diputado ‘mantengámonos’? Al terminarlo de leer entendí por qué en la resistencia está instaurada la idea de que la MUD está vendida: es natural que un ser humano que a diario se expone a que la Guardia Nacional lo detenga, lo torture o lo mate, observe con desprecio a un diputado que desde su oficina tuitea mandando a la gente a la calle.

En el discurso político el lenguaje es esencial, me atrevería a decir que más importante que las acciones (las acciones muchas veces se manipulan, el lenguaje no, el lenguaje es lo que queda), y en eso el chavismo le ha propiciado una fuerte paliza a la MUD.

Yo no seré uno más del montón que solo emite críticas sin aportar soluciones, por ello, aparte de expresar lo que a mi parecer está mal (usted tiene todo el derecho a pensar diferente), también aportaré posibles remedios a la coyuntura política nacional:

  1. El descuido en las provincias de Venezuela: si bien es cierto que el eje político del país se encuentra en Caracas, existen otros 23 Estados que han sido completamente desatendidos por la agenda de la MUD. La mesa se ha dedicado a plantear agenda de calle únicamente en la capital, y si bien el propósito es sacar a Maduro del poder, ¿no creen que poniendo a temblar las provincias el régimen se tambalea más? ¿Por qué no han organizado a la sociedad civil también para librar batallas en ciudades y pueblos del interior? ¿Por qué no se ha tramitado una agenda nacional? ¿No creen que emitiendo presión desde cada rincón del país el agua se le subiría más al chavismo, o sólo importa lo que pase en Caracas? Además: muchos diputados de la Asamblea Nacional viven permanentemente en Caracas para luchar contra el régimen, ¿y es que acaso en los estados donde fueron electos no se debe luchar contra el régimen? ¿No creen que serían más útiles en ciudades desmovilizadas que en una Caracas que ya tiene a líderes de sobra? El problema con estos diputados es que todos quieren estar en el epicentro de la noticia, les preocupa más su popularidad, aparecer en un artículo de ‘The New York Times’ que derrocar al régimen, ninguno se quiere perder la foto en Miraflores el día que el tirano caiga, y es por ello que en las provincias del país no se han vuelto a convocar grandes movilizaciones de personas, de esas que inflan el pecho. Los cuerpos represores del Estado se han concentrado en las ciudades con mayores índices de protesta (Caracas, San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Maracaibo, y un poco más), ¿qué pasaría si el gobierno se viera obligado a enviar tropas a otras ciudades, a otras locaciones? ¿No se lo han preguntado? La calle debe volver a activarse, con agenda bien definida en el resto del país. Las marchas (les gusten a unos sí y a otros no) son la prueba fehaciente de que hay un pueblo en la calle que quiere cambio (esa eficacia no la tienen las trancas con carros), el poder de una manifestación multitudinaria y lo que inspira el ver a miles de personas caminando a tu lado persiguiendo el mismo sueño no te lo da otro tipo de protesta, así que es indispensable que se llame a la calle de nuevo, con contundencia, con fuerza. Insisto, sonará frívolo, pero el régimen ejecutará a sus opositores en sus casas o en la calle, los más de 120 muertos lo comprueban, y quienes vamos al asfalto todo el tiempo sabemos que podemos ir pero no volver (es eso o perder el país).
  2. El uso del lenguaje: el domingo, luego de que el régimen enviara a sus esbirros a asesinar venezolanos con armas de guerra, la MUD emitió sus declaraciones con un tono de normalidad espantoso. Acababan de matar a 16 venezolanos, y lo que le pidió a la gente fue salir de las oficinas a trancar con carros. La oposición al gobierno supera el 80% de la población, es decir que somos una mayoría inmensa, los desbordamos en gente, ¿entonces por qué seguir actuando y expresándonos como minoría? Es hora de subirle también al discurso y a la calle: ya para atrás no podemos correr, el régimen nos está disparando con armas de guerra, ¿vas a seguir trancando con carros nada más? De una u otra forma, mientras ellos estén en el poder van a seguir asesinando o encarcelando a sus disidentes u opositores, estemos en la calle o estemos en nuestras casas (pregúntenle a Leopoldo, a Ledezma, o Alfredo Ramos, o si quieren casos más comunes, consúltenle también a los cientos de allanados en Los Verdes y el resto de Caracas). Estamos en el punto en el que aceleras o te embisten.
  3. La amenaza: quedó comprobado que el parapeto Constituyente sólo fue un invento del régimen para tratar de negociar la calle y bajar la presión. Por primera vez la MUD hace bien en no negociar bajo condiciones fraudulentas. Sin embargo, el oficialismo amenaza y cumple, ¿y nosotros? Ya quedó demostrado que si queremos paralizar el país lo paralizamos, que si queremos llenar las calles las llenamos, ¿entonces? ¿Por qué no hacer un uso adecuado de la fuerza? ¿Qué estamos esperando?
  4. Los voceros: La Mesa de la Unidad como representante de la gran mayoría del país necesita ante todo credibilidad. ¿Cómo va a tenerla si permite que sigan perteneciendo en ella políticos como Manuel Rosales y Henri Falcón cuyos partidos le hacen juego al gobierno? La última desgracia fue la de Ramos Allup, quien horas después de que el presidente de Smartmatic afirmara que los números del CNE habían sido alterados, declara que su partido, AD, participará en las elecciones regionales. Estas personas no sólo le hacen daño a la Mesa, sino a todo un país, transformando una gran victoria (el desenmascaramiento del régimen) en un gran fracaso. Ya Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello están diciendo que el gobierno es legítimo y el CNE también, ya que la oposición va a participar en las regionales. Es hora de ser un poco más estrictos y radicales: a estas medias tintas hay que expulsarlas de la Mesa de la Unidad, no pueden seguir siendo voceros de un pueblo que no apoya sus decisiones (será eso, o el pueblo se aislará por completo de la dirigencia opositora).
  5. ¿Las instituciones para cuándo?: ¿Por qué se ha esperado tanto para nombrar los magistrados del TSJ? ¿Por qué se ha esperado tanto en remover y sustituir los rectores del CNE? ¿Por qué la Asamblea Nacional ha perdido tanto tiempo en politiquería en vez de ejecutar las acciones que se prometieron en la campaña electoral del 2015? Héctor Rodríguez lo decía en su entrevista con Vladimir Villegas, ¿recuerdan las promesas de la oposición en el 2015 de la última cola? ¿Por qué no han cumplido? Y bien, cualquiera con dos dedos de frente sabe por qué, pero ese no es el gran porcentaje de la nación, una gran parte del pueblo puede ser fácilmente manipulada de esta manera, pero entre todo, Héctor Rodríguez tiene razón: la MUD prometió muchas cosas en el 2015 y no cumplió una sola de ellas, se limitó a sacar los cuadros de Chávez del hemiciclo de la Asamblea, tomarse fotos, y mandar a callar a los chavistas en las sesiones; de resto, lo prometido quedó en el aire. El régimen puede bloquearte o intentar hacerlo, pero hay que hacer valer la autonomía del Órgano Legislativo. Desde luego que después habrá una lucha de poderes (vean el caso de la “vicefiscal” Harrington) pero allí es donde habrá que aplicar la fuerza, donde habrá que ejercer presión. Si el gobierno lo hace, ¿por qué nosotros, como oposición con 80% del pueblo a favor, no?

Para cerrar, yo no soy partidario de que se nombre un gobierno paralelo (o de transición, como le llaman algunos), ¿las razones? No repetir los errores del pasado. Eso fue justo lo que sucedió con Carmona Estanga en el 2002, y el resultado es todo esto que hemos vivido 15 años después: si los líderes de aquel entonces hubiesen tenido cabeza fría y no hubiesen desconocido todos los poderes y armado un Estado de facto, toda esta pesadilla revolucionaria nos la habríamos ahorrado. Un gobierno paralelo no contará con el reconocimiento de otros países (así muchos piensen lo contrario). Además, aquello atenta con dividir más al país y también a la MUD, puesto que, a falta de elecciones, cualquiera que sea el elegido para presidir el gobierno de transición va a recibir palo por todos los costados. Un nuevo gobierno solo puede ser electo por el pueblo vía electoral. Poner a la MUD en el exceso de nombrarlo a dedo puede terminar de destruir lo que se ha construido y brindarle argumentos al régimen para terminar de declarar una guerra armada en la nación.

Lamento haberme extendido tanto, pero es que la situación del país no cabe en tan pocas páginas. Para culminar solo les pediré cuatro cosas muy concisas:

  1. Recuerden que somos mayoría, y la soberanía reside en nosotros.
  2. Si van a criticar, por favor háganlo de manera constructiva.
  3. Cero pesimismo.
  4. En estos días finales: fuerza, fuerza, y más fuerza, que nadie pierda la voluntad, este país nos pertenece.

La anarquía que seremos

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

“Algunas personas solo quieren ver el mundo arder…”.  Iniciamos este escrito con el mismo enunciado del de la semana pasada porque en evidencia quedó que algunos solo quieren ver este mundo (país) hecho pedazos. Los resultados de la jornada electoral del domingo no fueron los emitidos por Tibisay Lucena a medianoche: los verdaderos resultados del invento constituyente fueron los 16 venezolanos asesinados a sangre fría (muchos de ellos menores de edad, una gran parte con disparos a la cabeza). No haré ningún análisis de esa “votación” porque creo que no merece la pena, ya todos saben que fueron números inflados para el acomodo del chavismo (no hay que ser experto en materia electoral ni un superdotado para saberlo).

En vista de los acontecimientos y del panorama en que nos encontramos, para el ciudadano común hoy parecen quedar solo cuatro soluciones: te arrodillas, te anarquizas, te mueres, o te vas. Como era de esperarse, la agenda del domingo por parte del gobierno fue la de la violencia: el 30 de julio del 2017 se vivió en Venezuela uno de los días de mayor represión política en la historia de nuestra República; no obstante a ello, Jorge Rodríguez soltó una carcajada cuando le preguntaron por los muertos, y en la madrugada Nicolás Maduro solo se refirió al caso del Guardia Nacional asesinado (para ellos el resto del país no existe). La crueldad desde el discurso es una herramienta que el oficialismo ha implementado sin medir consecuencias: que el país supere los más de cien asesinatos en protestas es un comedia para ellos, pero eso no es lo preocupante, porque tenemos bien claro que en la morfología de los que se aferran a las franelas rojas no queda un alma, no queda un cerebro, solo maldad.

Ese día por la tarde salí a la calle a intentar documentar la situación, pero acercarme a los centros electorales para demostrar la ausencia de votantes rojos se me hizo imposible: no había paso en ninguna parte. Allí estaba, en medio de una ciudad convertida en campo de guerra, armado con una cámara y una bandera, mientras que a escasos metros los colectivos paramilitares y la Guardia nos rodeaban, esta vez no con perdigones y gases sino con sniper y fusiles de asalto. Ya había reportes de francotiradores y muertos en algunas partes de nuestro estado, y fue entonces cuando entré en razón: puedo morir en cualquier segundo sin darme cuenta.

En ese instante opté por resguardarme en un edificio con varios miembros de la resistencia, y comenzamos a hablar. Allí volví a encontrarme con el que ya es un punto de vista en común: los de la MUD son unos vendidos, unos traidores. Yo jamás he llegado a pensar aquello, ni creo que lo piense, por lo que estuvimos debatiendo largo rato. Al final de la discusión uno de ellos dio un poco su brazo a torcer y me dijo: “Está bien, voy a creerte. Esperemos a ver que van a decir esta noche”; y se hizo de noche, y la MUD no me ofreció un buen argumento para tratar de hacerles entender que en su agenda no hay nada turbio: tras el escandaloso número de fallecidos, aparte de seguir empleando un discurso victimista, en vez de confrontar y dar la cara por el 80% del país que los respalda, la MUD lo que pidió fue trancar Caracas con carros.

Hablemos claramente, nadie está llamando a la guerra armada, ¿por qué? Porque en ese campo saldríamos destrozados antes de empezar el partido, pero sí es tiempo de ir presurizando la represión del gobierno. No es posible que luego de 16 asesinatos políticos en una jornada, tu solución como cabeza de aproximadamente 25 millones de personas sea seguir trancando Caracas con los carros. Lo cierto es que somos más, somos la mayoría del país, la soberanía reside en nosotros, no en ellos, ¿entonces por qué seguir actuando como oprimidos siempre a la defensiva, en vez de pasar a ejercer el control? Durante mucho tiempo he defendido a la MUD, y no por placer o convicción, sino porque soy consciente de que es necesario que exista un liderazgo y una unidad en el país para poder salir adelante, y muchas veces he preferido callar para no alborotar el avispero, pero a mi parecer el domingo el cántaro se rompió.

La muestra de debilidad de la MUD es directamente proporcional al empleo de la fuerza por parte del gobierno. Nuestros líderes opositores se han comportado como esas mujeres a las cuales el esposo golpea y engaña, y la amenaza que le suelta es la de no volver a lavarle la ropa interior, ¿cómo van a respetarte si tú mismo no te respetas? Las consecuencias de su fragilidad y discurso lánguido las vimos esta madrugada cuando el SEBIN secuestró a Leopoldo López y Antonio Ledezma sin aviso ni premeditación, ¿por qué lo hicieron? Porque simplemente les dio la gana de hacerlo, y porque nadie les ha puesto un parado, aplicando el miedo como política de Estado, la represión como única forma de autoridad.

El país se está saliendo de control, no solo de las manos del oficialismo, sino también de la dirigencia opositora. El domingo una bomba explotó en Altamira lastimando a ocho Guardias Nacionales, y es inevitable preguntarse: ¿a cuánto estamos de los carros bomba, de los sicariatos políticos y de la total y absoluta anarquía? La falta de una lectura adecuada de la Mesa de la Unidad en el país originará que la sociedad explote llevándose todo por delante, por la sencilla razón de no saber conducir la frustración de los ciudadanos.

¿Se debe negociar o no?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Algunas personas solo quieren ver el mundo arder, no lo dijo Platón o Montesquieu, lo dijo Alfred refiriéndose al Guasón. Ciudad Gótica también posee un sinfín de conjeturas políticas sin resolver, pero, ¿cómo se asemeja la situación actual de Venezuela con el comic y en qué se diferencia? Sencillo: en nuestro caso el Pingüino, el Guasón, Ra´s al Ghul, Bane, Harley Quinn, Enigma, y Sr. Frío están dentro de Miraflores, ostentan el poder, las armas, los ejércitos armados y bandas criminales; en el comic son tan sólo un grupo de desadaptados cuyos intentos por adueñarse de Ciudad Gótica siempre son evitados por los cuerpos policiales, o en última instancia por Batman. Ahora bien, en nuestra realidad no hay un Batman, y tampoco cuerpos policiales (hablemos sin tapujos, eso en Venezuela no existe), sí un Guasón, un Pingüino, y una Harley Quinn, que están dentro de Miraflores, y que tal como Alfred aseveró solo quieren ver el mundo arder.

La semana pasada estuve reunido con un par de diputados de la Asamblea Nacional (las reuniones fueron por separado —nada serio—). En dichas conversaciones ellos y sus colaboradores afirmaban que la Constituyente no iba, que habían negociaciones de por medio y que no llegábamos al 30; yo creo (y ojalá me equivoque) que la Constituyente sí va; es más, nunca he tenido dudas que va a aprobarse: echarla para atrás en este momento tendría un peso político demasiado alto para el gobierno y, como ya lo he dicho, hay personas que solo quieren ver el mundo arder.

Ahora, estas circunstancias nos enfrentan a un gran dilema, ¿debemos negociar con los captores de nuestra libertad?, ¿debemos darles oportunidad de salvarse a los culpables de nuestra tragedia como nación? Bien, la cuestión no es si debe negociarse o no, la cuestión es cuáles cosas se va a negociar: si es la salida de Nicolás Maduro, por supuesto que deben llevarse adelante las conversaciones; si son promesas a futuro, no.

¿Por qué sacamos a relucir todo esto? En medio de la paranoia en que vivimos como nación, tenemos radicales de ambos lados y en todas las direcciones políticas. En el seno opositor (con el cual me identifico) existen los que no admiten bajo ninguna circunstancia que se intente dialogar con los representantes del partido de gobierno, y piden que llegue Batman y los destruya a todos (les cuento, Batman en la vida real no existe), y salvo que usted mismo esté dispuesto a formar un ejército de diez mil personas —o más— armarlo, alimentarlo y motivarlos para ir al campo de batalla, no pida milagros ni hable babosadas: las armas están con el régimen y los criminales también, en el campo de la violencia seríamos derrotados en cuestión de segundos. Ahora, si las negociaciones van por el lado de suspender la constituyente y darle oxígeno al gobierno, es una conversación que ni siquiera debería empezar: lo único negociable es la salida de los criminales de Miraflores. Entonces, ¿debe negociarse o no? Por supuesto que sí: sí debe negociarse, porque, según nos han demostrado los militares de este país, no se va a repetir la escena rumana en la que Ceausescu fue capturado y fusilado. Aquí a los uniformados, si le dan la oportunidad, van a seguir disparando balas contra la juventud y llenándose los bolsillos. ¿Por qué? Porque a Venezuela la convirtieron en un país triste y miserable donde los billetes verdes valen una millonada, y mientras ellos puedan ser los únicos dueños de la riqueza, no la van a soltar.

Entonces, ¿qué alternativas nos quedan?, ¿acaso nos jodimos y ya? Pues no, la verdad es que no. Las relaciones políticas, tal como las sociales de cualquier ser humano, penden de un hilo y existen cientos y miles de formas por las cuales Nicolás Maduro puede salir del poder: se cayó bañándose y se rompió la cabeza, descubrió que Cilia lo engañaba, entró en una depresión y se fue, Diosdado se cayó a palos y borracho lo agarró a golpes, salió un loco y estrelló un avión contra Miraflores con el mandatario adentro, o sencillamente el miedo de toda la presión que se la ha venido encima lo consume y en determinado momento solo siente que debe escapar. No hay que olvidarlo: los que ostentan el poder también son seres humanos, hoy día se sienten intocables (o pretenden sentirse) pero saben que sus vidas de reyes están por terminar y lo único que están intentando es que sus cabezas no vayan a parar tan rápido en un sucio calabozo. Es por ello que prefieren ver el mundo arder a la distancia antes que sus pestañas. Mi lectura, la cual expondré con un riesgo enorme de equivocarme, es que la Constituyente se aprobará, aun a pesar del escándalo interno e internacional. Aquello desatará una agenda de calle donde reine la anarquía, y, por cierto, esto sí lo dijo el Guasón: “instaura una pequeña anarquía, altera el orden establecido, y todo se convierte en caos. Soy un agente del caos, ¿y sabes algo del caos? Es justo”. Con la Constituyente instaurada, el uso desproporcionado de la fuerza por parte del gobierno, las presiones internas y las sanciones internacionales harán del país una habitación llena de gas inflamable, y será cuestión de días (a mi parecer entre 15 y 30 días) para que el gobierno se queme en su propio infierno y finalmente acabe la fantasía revolucionaria.

Entonces, ¿negociar? Si es la salida de Maduro, dejen que los líderes opositores conversen con los captores y les den la posibilidad de irse; si aquello va a evitar un derramamiento de sangre aun mayor, es pertinente, puesto que de una u otra forma, este gobierno va a acabar, lo que no sabemos es cómo ni cuándo; de lo contrario no va a quedar de otra, la anarquía se instaurará con más fuerza que nunca, el gobierno va a terminar declinando, pero ese caos podría llevarse mucha sangre a su paso.

PD: Los líderes opositores ni son traidores ni son colaboradores del régimen. Se equivocan, a veces hablan de más y otras de menos, en otras ocasiones no saben explicar lo que pretenden hacer, y en muchas no han sabido leer al país, pero ni traidores ni colaboradores; si quieren llámenlos incompetentes (yo no lo hago) o hasta estúpidos, pero dejen de hacerle juego al gobierno instaurando la idea de que todo es maniobra del G2 y el oficialismo es una fuerza imbatible que tiene todo bajo control. Sinceramente, ser político es una mierda, y más en un país como este: actúes mal o actúes bien, siempre habrá quien te critique. Esa gente (con sus defectos y virtudes) también arriesga su vida a diario, y aunque la verdad en la mayoría de las ocasiones pienso todo lo contrario a lo que la MUD anuncia, la respeto, porque de una u otra forma vamos a tener que reconstruir a Venezuela, y eso sin liderazgo político no lo vamos a lograr (la anarquía no es la vía para la reestructuración, créanme que no). Así que discutan, quéjense, manifiesten sus inquietudes si quieren, pero no vuelvan a repetir que hay traidores y colaboradores y que el G2 es más poderoso que Dios. Siga yendo a la calle, apoye en lo que pueda, utilice las redes de forma inteligente para informar —y no desinformar a sus conciudadanos— y rece para que esta pesadilla acabe pronto.

Y recuerde: algunas personas solo quieren ver al mundo arder, y Miraflores está plagada de esas personas. Mi apuesta es que saldrán entre los 15 y 30 días después de la Constituyente (si me equivoco, que es muy probable, no seré el primero, ni el segundo).

La desgracia de tener una cámara en vez de un violín

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

De seguro muchos ni se han enterado que en Caracas un fotógrafo llamado Leonardo Guzman está detenido “por tener el perfil”. Su historia es otra más de las que invaden a Venezuela día tras día y pasan sin pena ni gloria. A diferencia de Wuilly Arteaga, quien luego de sufrir los embates de la Guardia Nacional y ver su violín quebrado recibiera la solidaridad de millones de personas, incluidas Shakira, Marc Anthony, Alejandro Sanz y varios congresistas de los Estados Unidos, el atropello a los Derechos Humanos de Leonardo Guzman ha pasado totalmente desapercibidos para la sociedad venezolana, y es allí donde debemos preguntarnos, ¿por qué estamos como estamos?

A Leonardo Guzman la Guardia Nacional no solo lo reprimió como hizo con Wuilly, sino que también lo detuvo, y hoy se encuentra recluido sin saber qué va a depararle el futuro: podría ser liberado en cuestión de horas o podría pasar tras las rejas el tiempo que le queda al gobierno en el poder; todo esto es impredecible en una nación donde el debido proceso no es respetado.

Lo que sabemos de Leonardo Guzman es que se encontraba en su casa cuando se produjeron allanamientos ilegales en las residencias Las Torres de Montaña Alta, en San Antonio de los Altos; lo que no sabemos es porqué se lo llevaron: no se encontraba trabajando, no se encontraba protestando, sencillamente estaba en casa cuando unos Guardias Nacional tumbaron la puerta y se lo llevaron. Personas cercanas a Leonardo Guzman han ventilado que las razones que les han dado es que “tenía el perfil”, y eso ha sido suficiente para estar tras las rejas; quizás el hecho de usar la barba larga, o tener una cámara fotográfica (un elemento terrorista para las pretensiones de la dictadura) hayan motivado su aprehensión.

Este artículo no es solo una crítica contra el sistema procesal del país o contra la arbitrariedad de las Fuerzas Armadas, es más que todo un llamado de atención a esas personas que dicen preocuparse por la situación del país pero que tan solo se movilizan o publican lo que la prensa les vende, porque es más fácil sensibilizarse con un joven al que le rompen el violín, que con otro que ha arriesgado su vida para retratar las arbitrariedades del régimen bajo el cual vivimos. La injusticia aquí viene siendo aplicada también por todos los venezolanos, pues mientras que a algunos “héroes” los reconocen y apoyan en cualquier circunstancia, a otros los ignoran y les voltean los ojos para que el gobierno los ejecute a discreción. Pasa con los que tienen cámaras en vez de violines, y pasa con los muertos que no aparecen en video.

La vida de los fotógrafos es muy trágica en este país: siempre están en primera fila, tragando gas, a merced de los colectivos y de los guardias, recibiendo perdigones, empujones y golpes. Todo ello para mostrarle al país y al mundo lo que ocurre en Venezuela; pero a diferencia de los aventajados violinistas, quienes en caso de ver su instrumento deteriorado por los atropellos tienen de inmediato mil solicitudes para recomponérselo, a los fotógrafos nadie les presta atención, y si caen en desgracia, ya será culpa de su propio “descuido”.

A una amiga, a la cual seguro muchos conocen en Caracas, llamada Andrea Daniela Sandoval, quien ha estado registrando a través de su cuenta todo lo que ocurre en la capital desde hace tres meses, le robaron su cámara con un par de lentes hace varios días; la prensa no se solidarizó y la sociedad civil tampoco, salvo algunos de sus amigos en Facebook. No ha recibido una cámara, no ha recibido una invitación de Marc Anthony, tampoco la han llevado a visitar Nueva York y a hablar con los congresistas. Su historia pasó desapercibida, al igual que pasa la de Leonardo Guzman y la de cientos de fotógrafos que a diario exponen sus vidas para que la gente pueda enterarse y compartir lo que ocurre en el país.

Para culminar, quiero dejar por entendido que nada de esto es contra Wuilly Arteaga, sino contra las personas que “mueven sus corazones” por una causa que les vende la prensa y les hará ganar popularidad, y voltean la cara por otra causa que a nadie le importa. De Wuilly me alegra que haya podido recuperar su violín (de seguro ahora tiene una gran colección), y también todas las oportunidades que le han brindado; solo espero que lo mismo que hicieron con Wuilly lo hagan con cada fotógrafo pisoteado en resistencia, con cada paramédico, con cada articulista, y con todo aquel que sufre los embates de un gobierno autoritario y déspota.

¿Qué piensa un Guardia Nacional?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Llevo semanas tratando de descifrar este misterio, ¿qué piensa un Guardia Nacional?, ¿cuáles razones lo empujan a amedrentar a sus iguales,  golpear salvajemente a jóvenes, y asesinar sin contemplación al hijo de una madre que bien podría ser la suya? Luego de observar las aberrantes imágenes donde una treintena de guardias patea, arrastra, tortura y sacude en el piso a un manifestante indefenso en el Estado Anzoátegui, aquella pregunta interna se hizo más fuerte: ¿qué pasa por la cabeza de un sujeto que ve a un ciudadano débil y desprotegido siendo atacado por compañeros suyos armados, con cascos, rodilleras y petos, para en vez de auxiliarle, ir a amedrentarle más? Desde el punto de vista psicoanalítico no bastaría un solo artículo, habría que dedicarle libros enteros para poder hacer introspección en los móviles de cada uno de ellos; pero, fuera de los móviles particulares, hay uno que les corroe el alma a todos, y es el odio, pues no puede haber otra razón para tamaña crueldad si no es la del odio por el odio.

La semana pasada me encontraba en uno de los puntos de tranca a la altura baja de la avenida Carabobo en San Cristóbal, cuando un grupo de Guardias Nacionales Bolivarianos (aproximadamente 100 motos) llegaron a dispersar a los manifestantes. Las señoras mayores intentaron negociar con ellos haciéndoles ofrecimientos de café y merienda, pero fueron corridas ante las amenazas de soltar gases lacrimógenos; la voz de mando en el pelotón ordenó entonces que no quería ver manifestantes en cinco minutos o comenzarían a sonar las armas. Un joven encapuchado se acercó y le dijo:

  • Pana, nuestra batalla no es contra ustedes, es contra el gobierno, ¿qué no ve que sufrimos los mismos padecimientos? Estamos aquí por sus hijos también, por la comida de sus hijos, por la educación de sus hijos, por la medicina de sus hijos.
  • Mis hijos no se meten en esta mierda, y arranque antes de que le encienda el culo a pata —le respondió el capitán apuntándole el escopetín a la cara.

El manifestante se dio media vuelta y rápidamente soltó a correr, mientras uno de los que secundaba al capitán disparó una lacrimógena que le rozó la espalda. No hubo forma de negociar. Los intentos de dialogar fueron infructíferos y en cuestión de minutos los gases y los perdigones habían inundado la zona. Se supo lo que pensaba el capitán, quien presumía en su muñeca izquierda de un reloj que a leguas se veía costoso, pero no así el resto de la tripulación.

Algo similar sucedió en la marcha realizada hacia el Cuartel Bolívar de San Cristóbal el pasado 24 de junio. Yo llevaba mi cámara y tomaba fotografías, mientras algunos voceros de la sociedad civil intentaban dialogar con los guardias para que pararan la represión. Uno se me acercó y me gritó:

  • ¡Guarda esa mierda antes de que te la rompa a plomo!

Allí no hubo oportunidad de dialogo. Al verlo supe que aquel sujeto no escucharía ningún argumento: su rostro estaba plagado de violencia e ignorancia, su mirada se veía pérdida, lejana y vacía, como si en el cuerpo solo quedara un espectro del alma que antes habitó. Las probabilidades de que mi cámara acabara estropeada en el suelo y yo con un perdigón en el cuerpo eran mucho mayores a las de hacer entrar en razón al gorila: esos sujetos están acostumbrados a la orden por medio de gritos, a la obediencia sin juicios, llevan años sumergidos en cuarteles y operativos en los que sus mentes se han acostumbrado a que un componente establezca un objetivo y todos los demás escuchen y cumplan sin importar las circunstancias. Son seres humanos que han perdido la capacidad de análisis y de deliberación, pues las decisiones ya han sido tomadas por otros, y ellos solo asienten. Sus patrones de conducta están condicionados por el odio y la manipulación ideológica: las Fuerzas Armadas están tan desligadas de la sociedad civil, que en sus cuarteles se ha implantado la idea de que esta es una lucha de militares contra civiles, y al verse en minoría naturalmente la fuerza y la aberración es lo único que les queda. Luchan por sobrevivir, creyendo perdido cualquier otro destino.

Han pasado 18 años desde que el Teniente Coronel del Ejército, Hugo Chávez Frías, asumiera la presidencia de la República. Han sido 18 años en los que el discurso de odio se ha repetido día tras día por medio de los voceros del gobierno, instaurando una lucha de clases en Venezuela. Son más de seis mil amaneceres repitiendo una y otra vez lo mismo: destruir a los apátridas, a los antirrevolucionarios, a los burgueses, imperialistas, basuras, traidores; los militares no están exentos de esta lucha, la mayoría de ellos, los que aún no gozan de promociones, viven bajo condiciones paupérrimas, alejados de sus familias, sin dinero ni alimentos, trasnochados, con una armadura encima, viendo a los transeúntes pasearse con sus vehículos y esposas; a esa mayoría la única esperanza que les queda es la de esperar a que pasen los años y tomar el puesto de su superior inmediato, a ver si así pueden comprarse los relojes que ellos tienen, los autos que ellos tienen, y manejar los negocios que ellos manejan. La obediencia y la crueldad no forman parte de un guion, sino de un resentimiento, de un abuso de poder que ha condicionado la mentalidad del grupo de uniformados, y que los ha llevado a pensar que disparándole un plomazo al rostro de un estudiante veinteañero están defendiendo a la patria.

No se crean, detrás de toda esta guerra sin cuartel los intereses económicos también priman: suficiente se ha hablado de las “detenciones cobradas en dólares” por miembros de los cuerpos de seguridad. El odio no es de gratis, son dosis que van bien recompensadas. Naturalmente todas estas eventualidades carecen de justificativos, cualquier hombre bien equilibrado sabría que golpear a un tercero no es la solución a los problemas; otro que ha atravesado campos más difíciles, y con mayor honorabilidad, jamás avalaría que treinta individuos con armaduras golpeen a uno que anda sin ellas. Aquello es sinónimo de una cobardía encubierta y lo cierto es que por estos momentos el odio no dejará de existir, el resentimiento no dejará de existir, la lucha de clases y condiciones sociales no dejará de existir, y las protestas y los intentos por restaurar la República tampoco, ¿entonces qué queda?, ¿cómo se va a resolver este conflicto? La respuesta es incierta. Lo que sí parece estar claro es que los militares no colgarán sus fusiles ni los entregaran al bando contrario: ya hay mucha sangre en sus botas y mucho odio en sus corazones; solo queda seguir bregando, seguir luchando para encontrar un cambio que no propiciarán los uniformados, sino la sociedad civil venezolana, que es la única capaz de recuperar la República que yace perdida desde hace un par de décadas.

¿Y si aprueban la constituyente?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

¿Qué esperaban, una exploración argumentativa sobre los puntos legales que plantean ser demolidos por la nueva constitución? Pues no. Eso hoy día no existe, porque para poder analizar jurídicamente una normativa legal necesitamos de una propuesta “jurídica”, valga la redundancia, y al día de hoy el gobierno no ha expuesto tal cosa, únicamente ha ventilado los propósitos “políticos” de la misma:

  1. Ganar la paz, aislar a los violentos y reafirmar los valores de justicia y la no impunidad.
  2. Ampliar y perfeccionar el sistema económico venezolano.
  3. Constitucionalizar todas las misiones sociales.
  4. Potenciar el funcionamiento del sistema de justicia, seguridad y protección del pueblo.
  5. Impulsar las nuevas formas de “democracia participativa y protagónica”.
  6. Impulsar la política exterior soberana de defensa de nuestra integridad.
  7. Impulsar la identidad cultural, la “nueva venezolanidad”, y la “nueva espiritualidad del país”.
  8. La garantía del futuro para la juventud.
  9. El cambio climático, la supervivencia de la vida en el planeta.

Analizando el entramado de los nueve puntos a destacar difundidos por el gobierno, muchos se preguntaran: bien, ¿y esto cómo cara… me afecta? Siendo un poco más claro, valdría la pena decir que este “nuevo ordenamiento jurídico” afectará en poco nuestra vida social y política. ¿A qué me refiero con esto? ¿Es que acaso los puntos propuestos necesitan “legalizarse” para entrar en vigencia? ¿Acaso el gobierno no nos ha coartado ya el acceso a elecciones democráticas y ha vulnerado la actual constitución de todas las formas posibles? Entonces… ¿en qué nos afecta realmente la constituyente?, ¿qué cambiaría en caso de ser aplicada? Yo diría, en poco o nada… ¡sí!, leyeron bien, en poco o nada; con esto no quiero decir que debemos restarle importancia a la imposición a la fuerza de la misma, ni mucho menos que debemos tomárnoslo a la ligera, sino todo la contrario: la razón por la que esta constituyente no afectará nuestra vida social es porque la constituyente ya fue aplicada en Venezuela desde hace mucho tiempo: hace años que no vivimos bajo el ordenamiento jurídico que adornan los títulos oficiales del país, nuestra Constitución actual es una caricatura con la que el oficialismo juega a la República, mientras el comunismo es aplicado de manera desfachatada.

No obstante, y a pesar de que las relaciones jurídicas en Venezuela podrían variar poco —prácticamente hablando—, hay un par de puntos a los que debe prestársele mucha, mucha, muchísima atención:

  1. Ganar la paz, aislar a los violentos y reafirmar los valo… —politiquería, ignórenlo.
  2. Ampliar y perfeccionar el sistema económico venezolano —los invito a reírse con este punto.
  3. Constitucionalizar todas las misiones sociales —politiquería, las misiones sociales no necesitan carácter constitucional para ser aplicadas.
  4. Potenciar el funcionamiento del sistema de justicia, seguridad y protección del pueblo —legalizar la persecución y encarcelamiento de líderes políticos y activistas opositores, ¿importa?, ¿acaso ya no someten a quien les da la gana?
  5. Impulsar las nuevas formas de “democracia participativa y protagónica” —este es uno de los caracteres más vinculantes, la alteración de los circuitos electorales y el Estado Comunal; oficialmente no se ha aplicado, pero las elecciones en Venezuela no existen actualmente, es solo la consolidación de lo que ya viene sucediendo.
  6. Impulsar la política exterior soberana de defensa de nuestra integridad —más amor y regalos a Cuba, más insultos a Estados Unidos.
  7. Impulsar la identidad cultural, la “nueva venezolanidad”, y la “nueva espiritualidad del país” —ojo, mucho ojo a este punto; desde que entrara Hugo Chávez al poder los ritos santeros y paleros se han popularizado en Venezuela, sobre todo en las Fuerzas Armadas y círculos bolivarianos; ya hace más de una década que Fidel le advirtió al comandante que la religión es indispensable para controlar a los pueblos, y desde el 2000 ya era notoria la separación entre el gobierno actual y la Iglesia Católica, por lo que los asesores de La Habana le indicaron al jefe de la revolución que debía dejar penetrar nuevos ordenes religiosos al país; allí cobraron fuerza los Testigos de Jehová, los Evangélicos, los Yoruba, entre otros; a muchos venezolanos de las clases bajas les han hecho creer que estas religiones le aseguraran el éxito económico y que su proliferación está directamente ligada a los destinos de la revolución; dentro de la politiquería, esta es una politiquería peligrosa y radical. Hay que tener mucho cuidado con esto.
  8. La garantía del futuro para la juventud —¿Escucharon lo de la chamba juvenil? Saquen sus propias conclusiones y ríanse un poquito.
  9. El cambio climático, la supervivencia de la vida en el planeta —ríanse otro poquito, pero nada más otro poquito. Un gobierno que no puede ni alimentar a su población, que ha dejado que sus playas se inunden de petróleo, que por la negligencia y falta de inversión condujeron a la catástrofe de Amuay, quiere alertar sobre el deterioro del planeta.

Ya hace cinco años que me recibí de abogado en la Universidad Católica del Táchira, a la que los especialistas en derecho y juristas destacados solían mencionarla como la mejor casa de estudios en el país junto a la UCAB (en cuanto a leyes se refiere), ¿y quieren saber de todas las cosas aprendidas en la universidad cuantas son vinculantes hoy en día, cuantas se aplican tal cual como los dogmas jurídicos establecen? Bueno, supongo que ya todos tienen la respuesta a esa pregunta. En conclusión, la constituyente es nada más que una bolsa de politiquería con manifiestos extremistas, jurídicamente su aplicación no va a alterar en demasía las relaciones sociales del país: ya estamos inmersos en un Estado de derecho de terror, dicho por la Fiscal General de la República. Sin embargo, la finalidad de este despropósito jurídico es la de implementar la fuerza por encisma de la voluntad popular, y la necesidad de impedir a como dé lugar que dicho despropósito sea aplicado tiene poco que ver con la legitimidad del régimen: el gobierno venezolano ya está deslegitimado internacionalmente y también puertas adentro, nadie tiene dudas de que estamos bajo una dictadura.

Anteriormente, a pesar de las irregularidades políticas y jurídicas, el oficialismo podía escudarse bajo el sometimiento a votación de los cargos públicos, y de hecho, las razones por las cuales los líderes opositores no se habían atrevido a consolidar una agenda de calle tan intensa como la presentada en los últimos meses, era porque siempre hubo la falsa creencia de que de este gobierno iba a salir con votos, y que con el descontento propiciado por sus propias políticas económicas calamitosas tarde o temprano esta historia acabaría. No obstante, el cierre de las “vías democráticas”, es decir, la vulneración de las elecciones, y la aplicación de una “constituyente”, finalmente les abrieron los ojos a muchos (incluyendo dirigentes políticos), para darse cuenta de que el camino de las elecciones no sería el que propiciaría la salida del régimen, y esa es la razón por la cual considero que la constituyente es el viacrucis del oficialismo y no de la oposición, porque la búsqueda de su implementación a la fuerza derivará en la reacción que termine sacándoles del poder; o al menos, eso pienso yo. Espero que el tiempo me dé —nos dé— la razón a los que compartimos opinión.

Si no es con votos será con balas

Por: Emmanuel Rincón |  @emmarincon

Pongamos en contexto el título de este artículo: si no es con votos será con armas; repítanlo: si no es con votos será con armas; más lento: si no es con votos, será con armas. Las palabras de Nicolás Maduro brotaron en un momento en el que la estabilidad nacional es una morisqueta desconocida. Justo cuando los ojos del mundo reposan sobre sus hombros se atreve a dictar en televisión, frente a millones de personas, que de no alcanzar a sostener la revolución con votos lo haría con las armas. Si Pedro Carreño se atrevió a poner en entredicho la salud mental de la Fiscal Luisa Ortega por su actuar, ¿qué quedará para el timador de Miraflores quien se encuentra encendido en fuego y a consciencia empieza a rociarse con gasolina? Más que intimidar, lo que logró el presidente de la República fue desnudar su limitada capacidad de análisis político: en una coyuntura delicada, en la que mayor tacto debe tenerse debido a la asonada en los cuarteles, Nicolás sigue cavando su propia tumba llamando a las armas, cuando ha quedado claro que el pueblo lo que quiere es civilización.

El problema de concepción del chavismo es netamente ideológico y estructural. Resulta absurdo que tras 18 años en el poder sigan comportándose y hablando como guerrillas clandestinas de choque y no como jefes de Estado; se manifiestan como si fueran ellos los adversarios de una fuerza política y no el poder per se. Es por ello que constantemente eluden las culpas y tienden a ventilar conspiraciones que solo existen en sus cabezas. Resulta inaudito que tras casi dos décadas en el poder sigan con ese discurso selvático y revolucionario, con esa idea del poder por las armas, con ese temperamento de calentura y reacción, cuando el mundo lo que pide es relaciones civilizadas y formaciones políticas equilibradas sin extremismo.

Luego de que Nicolás Maduro anunciara que si no era con los votos sería con las armas, un batallón de la Guardia Nacional Bolivariana invadió el Palacio Legislativo, ese recinto sagrado en el cual se han aprobado todas las leyes que rigen nuestros destinos como nación —para bien o para mal—. Ese momento en el que un grupo de hombres armados intenta asaltar las competencias de otro grupo de hombres civilizados dispuestos a la ley, simboliza el rompimiento total no solo de las vías democráticas, sino de la cordura estatal; los miembros del gobierno llaman a la barbarie, se comportan como simios cuyo únicos argumentos para sostener el poder es la fuerza y no las ideas, y lo más triste es que no hay quien los saque del camino de la estupidez. El oficialismo pareciera no darse cuenta de que Venezuela está harta de la violencia, de las armas, del terror; que lo que el país necesita es paz —verdadera paz, no la que quiere imponer el gobierno a la fuerza—, acuerdos, coherencia, valores, democracia, elecciones, libertad, una economía sana; quizás son términos muy difíciles de procesar para una masa que tras 18 años de mandato solo han sabido invertir todo el dinero de un Estado en armas, drogas, y regalos; es por eso es que el país está como está, no hay forma en que el hijo vaya por la senda del bien cuando su padre se comporta como un despropósito; los secuaces del presidente de la República no se han terminado de percatar que los años 60’s quedaron atrás, esa época de revoluciones armadas y conspiraciones que llevaban a los hombres a perderse entre las junglas por años, para luego aparecer en calles y edificios dictando catedra de igualdad provocando muertes innecesarias.

Lo que ocurre en Venezuela hoy día ya no es asunto de ideologías políticas o cuestiones materiales, va mucho más allá: es la lucha de la razón contra el salvajismo, de los valores contra la corrupción, de quienes propagan la vida contra quienes llaman la muerte. El oficialismo ya ha dejado claro cuál será la vía que tomarán en caso de que los votos no los acompañen, y está muy claro que en efecto, los votos no los van a acompañar; la única alternativa que le quedan son las armas, el chantaje, la fuerza, la intimidación. La pregunta que hay que hacerse ahora es, ¿cómo va a reaccionar el lado opositor?, ¿seguirán poniéndole el pecho a las balas o buscarán vías alternas para detener la masacre anunciada?