Gilber Caro: El diputado torturado 

La política devolvió a Gilber Caro al lugar que prometió no regresar jamás. Oriundo de Catia, el hoy dirigente de Voluntad Popular tuvo una niñez traumática: padeció la muerte de un hermano, el arresto de otro y  presenció cómo su padre se perdía en la bebida mientras su madre se hundía en la tristeza. Unos primeros años trágicos lo llevaron al destino maldito de millones de jóvenes venezolanos: el crimen. Su incipiente carrera delictiva lo condujo, inevitablemente, a estar en los momentos menos convenientes y en los lugares más inoportunos. “Me inculparon de un homicidio porque me quedé callado y no dije quién había sido”, explicó a Efecto Cocuyo. “El que lo mató está muerto, un muchacho del barrio. No quise decir quién era porque me iban a matar, es un código”, le confesó a Univisión Noticias. Ese código lo encaminó a estar diez años tras las rejas, dirigir una banda en prisión, empezar a ser un líder positivo dentro de los reclusos, crear una fundación para ayudar a los presos a reinsertarse a la sociedad, ser dirigente político y convertirse en el primer expresidiario en ocupar un curul dentro de la Asamblea Nacional. La historia de Gilber parecía un cuento de hadas criollo. Superación, reinserción y reivindicación. No obstante, el pasado 11 de enero lo detuvieron en el peaje de La Cabrera y fue acusado de poseer material de guerra. Tareck El Aissami aseguró que el diputado portaba “un fusil automático ligero, 20 cartuchos y un explosivo plástico”. Caro tuvo su audiencia de presentación el 01 de junio, cuatro meses después de su detención, y se le ordenó privativa de libertad mientras lo investigaban por los delitos de traición a la patria y sustracción de efectos de la FANB. En Tocuyito, lugar donde está recluido, ha sufrido diversos tipos de tortura. Ayer, la diputada Gaby Arellano informó que Caro está aislado, sin agua, sin luz y sin comida, por lo que presenta temblores y desnutrición. Ya el 26 de junio la directora de la ONG Justicia y Proceso Venezuela, Theresly Malave, había denunciado que a Gilber solo le daban arroz y únicamente dos veces al día. Según su abogado, Caro está aislado y pasa sus días en un espacio de dos metros cuadrados.

¿Qué hicieron con él?

Pasan los días y con ellos aumenta la incertidumbre. ¿Qué pasó con Baduel? ¿Qué le hicieron? ¿Por qué no aparece? Familia y abogados tienen las manos vacías: sólo saben que la madrugada del 08 de agosto desapareció de la cárcel de Ramo Verde. Eso es todo lo que hay. El resto, son conjeturas tejidas en medio de un silencio de 16 días que cada vez preocupa más. Este domingo, en el Carrusel Político de ‘La Razón’ lanzaron tres hipótesis: que lo habrían llevado a ‘La Habana’ para torturarlo; que lo tendrían en una celda de castigo en La Tumba; o que se les habría muerto en medio de las torturas. Según Nelson Bocaranda, siempre bien dateado, su destino fue la aterradora prisión del SEBIN, en Plaza Venezuela. De acuerdo con el periodista, todo tenía relación con la toma del Fuerte Paramacay, lo que también fue corroborado por Sebastiana Barraez, quien en un informe publicado a principios de mes reveló que efectivamente aquella operación tenía, entre otros fines, la liberación de Baduel: “La acción arrancaría con una operación comando que rescataría al ex ministro de la Defensa de la cárcel de Ramo Verde y se alzarían algunas unidades militares”. De acuerdo con la periodista experta en fuente militar, a partir de la toma de Pamaracay comenzó una severa persecución contra todos los que tuvieran alguna relación con Baduel y por eso lo sacaron de Ramo Verde. Hasta allí todo parecía tener lógica, pero a partir de allí todo comenzó a complicarse: porque lo que hicieron fue desaparecerlo, y no han dado ninguna fe de vida. Ni siquiera una foto o un video. Nada. Está en manos de unos cuerpos de seguridad que actúan con impunidad total en un país sin estado de derecho. Y eso, en cualquier parte del mundo, es peligrosísimo…y a veces una sentencia de muerte. Van ya 16 días y la pregunta es cada vez más pertinente: ¿qué hicieron con él?

Carlos Julio Rojas: Periodista preso y torturado

La tarde del 06 de julio, Carlos Julio Rojas (32), periodista y dirigente comunitario de La Candelaria, se encontraba haciendo mercado cuando fue secuestrado por la PNB. No medió orden de captura ni tribunal alguno. No le dijeron adónde iba ni le dejaron avisar a familiares y abogados. Simplemente lo encapucharon, le quitaron sus pertenencias y se lo llevaron. Pasadas las 11 de la noche, tras casi 6 horas desaparecido, Néstor Reverol informó vía twitter que lo tenían cautivo. “Se le incautó un bolso con artificios lacrimógenos y material utilizado para actos violentos”, trinó el Ministro en la red social, aunque quienes fueron testigos de su detención insisten en que la única bolsa que tenía era la de mercado, que terminó tirada en el suelo. Tras 86 horas ruleteado por distintas comisarías (El Helicoide, CICPC, y las sedes de Boleita y Nuevo Circo de la PNB), en las que llegó a estar detenido con presos comunes y en las que fue golpeado, lo presentaron ante el Tribunal Militar Segundo de Fuerte Tiuna, que tras una larguísima audiencia le imputó los delitos traición a la patria, rebelión militar y sustracción de efectos pertenecientes a la FANB, y le dictó privativa de libertad, con la cárcel Ramo Verde como lugar de reclusión. Se convirtió así en el primer periodista venezolano juzgado y preso por un Tribunal Militar. En Ramo Verde pasó dos semanas incomunicado y recluido en una celda de castigo de 2×2, llamada “El Tigrito”, en la que lo tenían amarrado siempre, y en la que el acceso a agua, baño y comida era selectivo. Paralelamente, grupos de encapuchados armados comenzaron a asediar a su familia en su hogar, a cuyas puertas se paraban diariamente. A través de su madre, el periodista divulgó en días pasados las condiciones en las que se encuentra actualmente: “Nos tiene hacinados, en una sola celda hay 112 personas. Gracias a ello casi no podemos dormir, ni siquiera caminar: pasamos las noches de pie. En las colchonetas duermen hasta 3 personas, no tenemos derecho a la biblioteca, esto nos mantiene aislados y en ocio”, dijo, a la vez que explicó que diariamente les sirven 60 gramos de comida…y eso cuando se portan bien.

“Lo único que hizo fue luchar por su gremio”

La mesa estaba servida: arepas, huevos revueltos y café. Era sábado por la mañana y los García se disponían a desayunar. Dieron par de mordiscos y tomaron los primeros sorbos de café, hasta que alguien tocó la puerta. La hija mayor (10) de la familia bajó corriendo a ver quién era y regresó con una noticia escalofriante: “Mamá, allá abajo está la policía y unas personas con la cara tapada”. El padre, Julio, bajó en el acto. Los funcionarios le dijeron que tenían una citación y que por favor abriese la puerta para que la firmara. Sin esperar a que los dejaran ingresar, los funcionarios saltaron el portón, le pusieron unas esposas y lo montaron en una Grand Cherokee. El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) se estaba llevando de su casa a Julio García, presidente del Colegio de Enfermeros de Carabobo, sin la presencia de un fiscal del Ministerio Público. Su esposa, con cuatro meses de embarazo, temblaba dentro del hogar mientras el cuerpo policial ponía patas para arriba la vivienda en busca de evidencias. “No pudieron conseguir absolutamente nada. Él lo único que hace es luchar por su gremio. Pedir bonificaciones, aumentos y que los hospitales tengan con qué atender a los pacientes”, contó la señora García a El Carabobeño. La afectada denuncia que la detención tiene tres motivos: su esposo es un defensor de los derechos de los enfermeros, ha llamado a protestas pacíficas para que su gremio reciba los beneficios que le corresponden y ha expresado su tendencia política. David Torrealba, vicepresidente del Colegio de Enfermeros, agrega una cuarta causa: dejar al descubierto las fallas de los centros de salud carabobeños. Por tales razones, Julio García está detenido desde el sábado 12 de agosto. Fue imputado en Fuerte Tiuna el lunes siguiente por presunta vinculación con el armamento que se sustrajo de la 41 Brigada del Fuerte Paramacay y lo enviaron a Ramo Verde. Allí sufrió una crisis hipertensiva, por lo que tuvo que volver el 15 a la sede del Sebin en Naguanagua para que le tratasen su delicado estado de salud. Dos días después, volvió a la prisión militar. El martirio para García empezó cuando Gustavo González López, director general del Sebin, lo acusó de estar implicado en el alzamiento militar ocurrido en Carabobo el pasado 6 de agosto.

Lisbeth Añez: Presa por ayudar

“Estoy detenida, avísale a tu hermano”. Esas fueron, por mucho tiempo, las últimas palabras que Luis González Añes escuchó en boca de su madre. Las pronunció el 12 de mayo pasado, cuando a punto de abordar un vuelo con destino a Estados Unidos, donde se trataría una hepatitis, funcionarios de la DGCIM la detuvieron. “Sobre usted pesa una orden de captura”, le dijeron en la zona de abordaje, y se la llevaron. Estuvo desaparecida por horas hasta que la ubicaron en Fuerte Tiuna, donde inmediatamente fue puesta bajo la jurisdicción de un Tribunal Militar: la audiencia empezó a las 4:30 de la tarde y terminó a la 1 de la mañana con una sentencia desfavorable: rebelión militar y traición a la patria. ¿Cuáles fueron las pruebas? Audios y conversaciones de WhatsApp sacados de su teléfono, de cuya existencia dudan sus abogados –“para nosotros no existen porque nunca nos los enseñaron”–. Todo parece indicar, más bien, que lo que en realidad le cobraron fue otra cosa: su labor solidaria y humanitaria a favor de los presos políticos. Y es que desde 2014, Lisbeth Añez se convirtió en una activa colaboradora con la causa de los jóvenes presos durante las protestas de ese año, a los que consecuentemente, casi todos los fines de semana, visitaba en las distintas cárceles donde estaban recluidos (Ramo Verde, El Helicoide o El Rodeo), para llevarles comida, medicina, libros, periódicos y ropa, lo que a veces ni sus propias familias hacían. Esa solidaridad, que le ganó el nombre de ‘Mamá Lis’, se la cobraron con cárcel y silencio. Nomás recibir sentencia fue recluida en El Helicoide, donde la mantuvieron completamente aislada durante 24 días, en los que le impidieron cualquier tipo de comunicación con familiares y abogados. “No entendía por qué nadie me visitaba o preguntaba por mí”, le confesó a su hijo entre lágrimas el 04 de junio, cuando por fin pudo verlo. Desde entonces (el sábado cumplió 100 días), le permiten la visita dos veces a la semana. Es la única concesión que hacen: no le permiten recibir el tratamiento para la hepatitis, ni tampoco la trasladan a tribunales para su audiencia preliminar, que ha sido diferida ya tres veces.

Estudiantes de la UPEL: presos y enfermos

Llegaron a la UPEL al amanecer del domingo 02 de julio, en camionetas blancas y sin placa. Estaban encapuchados y armados, y sometieron a los vigilantes de la institución universitaria. Entonces, la emprendieron contra el grupo de estudiantes que se encontraban allí dentro. Eran 27 en total: 22 hombres y 5 mujeres, a los que apilaron en las camionetas y se los llevaron sin permitirles comunicación alguna. Aparecieron a las 3 de la tarde en el Comando Central de Poli Aragua, donde las mujeres fueron víctimas de actos lascivos: “Las manosearon dentro de sus camisas, les abrieron los sostenes. No les quitaron la ropa, pero sí trataron de introducir objetos en sus zonas intimas”, según denunció Alfredo Romero. Al día siguiente, se instaló en el comando un Tribunal Militar express, que tras 13 horas de audiencia les imputó los delitos de Instigación a la rebelión, sustracción de efectos pertenecientes a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), destrucción de fortaleza y violación de una zona de seguridad, y les dictó 18 años de cárcel: a las mujeres en su casa, y a los varones en dos penales de máxima seguridad: El Dorado (Ciudad Bolívar) y 26 de julio (Guárico). En ambos, están en condiciones infrahumanas. Los once que se encuentran presos en la cárcel de Guárico están recluidos todos en una celda de 2×3 mts, que cuenta apenas con una letrina de 1×1; agua para bañarse y comer tienen apenas 10 minutos al día y la comida se la sirven a deshoras: desayuno al mediodía, almuerzo de 4 a 6 de la tarde y cena entre las 2 y las 3 de la mañana. Mejor suerte no corren los otros once presos en El Dorado: dos de ellos (Axel González y José Saldivia) han presentado síntomas de paludismo (vómito, dolor en los huesos y fiebre alta) y uno (Saldivia) ha llegado a convulsionar. Ninguno ha recibido tratamiento ni asistencia médica.

Raúl Isaías Baduel: 10 días desaparecido

“El General Baduel, nuestro Ministro de la Defensa y uno de los hombres que se convirtió en bastión de la resistencia popular, en bastión de la victoria revolucionaria. ¡Que viva el General Baduel! ¡Aquí estamos, hermano de toda la vida, después de tantos años, Raúl Isaías, podemos decir delante de la nación: todo ha valido la pena y todo valdrá la pena! ¡Aquí estamos los soldados y el pueblo venezolano dispuestos a hacer patria!”. Así valoraba Hugo Chávez a Raúl Isaías Baduel hasta que al General se le ocurrió llevarle la contraria públicamente al Comandante Supremo. Quien fuese el líder de la operación cívico-militar que le devolvió el poder al nativo de Sabaneta en aquel abril de 2002 pasaría a ser enemigo número uno de la Revolución Bolivariana cinco años más tarde, tras oponerse al referéndum constitucional promovido desde el gobierno. “Soy un preso de Hugo Chávez”, llegó a decir luego de ser condenado en 2010 a casi 8 años de cárcel por la apropiación indebida de dinero del Estado. Según Raúl Isaías, su hermano de toda la vida, su amigo del alma, su compadre, lo había metido preso porque ese era el destino de todos los que contrariasen los caprichos autoritarios del líder del extinto MVR. La medida, cuenta el General, fue pensada años atrás desde Cuba y con la participación de la mente perversa de Fidel Castro. Baduel era un peligro para el proyecto socialista. Luego de cumplir siete años y once meses de prisión, y en vísperas para salir en libertad, el Tribunal Primero de Ejecución de Caracas dictó dos nuevos delitos en marzo de este año. Permanecería en prisión. Mientras cumplía condena, funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim) lo sacaron en la madrugada del 8 de agosto de la cárcel de Ramo Verde, y hoy, diez días después, no se sabe nada de su paradero. ¿Por qué rescaté a Hugo Chávez? La pregunta debe atormentarle cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo. Desde donde quiera que esté, Raúl Isaías debe estar arrepentido.

Ángel Zerpa: 22 días en huelga de hambre

Ángel Wladimir Zerpa Aponte muere de indiferencia en una celda de El Helicoide. Lleva 24 días detenido y 22 en huelga de hambre sin que nadie se preocupe por él. Toda la fuerza represiva de la dictadura ha caído sobre su persona. A las 6 de la tarde del sábado 22 de julio el SEBIN lo secuestró en Los Cortijos, mientras estaba con su esposa. Durante toda la noche lo ruletearon por Caracas hasta que a las 7 de la mañana de ese domingo lo ingresaron a la sede principal del SEBIN, donde lo encerraron en un baño lleno de excremento, según El Nacional. Le negaron la visita de abogados y familiares, y el acceso a los medicamentos que necesita para controlar su hipertensión. Al día siguiente lo llevaron a juicio en un Tribunal Militar, en el que se le negó la posibilidad de tener un defensor privado y le asignaron uno público. Penalista de carrera y profesor de trayectoria –la UCV, la UCAB, la UC, la UCAT, la ULA, la USM, la UCSAR y la UJMV son las universidades donde enseñó en pre-grado y post-grado– decidió defenderse a sí mismo en un juicio que tenía perdido de antemano: traición a la patria le dictaron y se lo llevaron a El Helicoide. Dos cosas puede que le hayan cobrado: haberse juramentado como magistrado del TSJ por la Asamblea Nacional y haber representado y defendido a Luisa Ortega Díaz en el antejuicio de mérito que el TSJ le hizo a petición de Pedro Carreño. Al salir de la audiencia, Zerpa se declaró en huelga de hambre, y desde entonces han pasado 22 días, en los cuales no le han dejado ver, ni siquiera, a su familia. “No sabemos absolutamente nada de mi papá. Todas las mañanas me levanto sin saber si está vivo o está muerto”, declaró su hija a VPI ayer. Y aunque el Ministerio Público designó a un Fiscal para el caso e intentó ingresar a El Helicoide para verificar su estado de salud, también le ha sido repetidamente negado el acceso. La última información que se tuvo, la proporcionó un abogado que accidentalmente lo vio en El Helicoide hace una semana: “No me dejen solo”, pidió Zerpa.