Remesas: un respirador artificial

El país se hizo portátil. Más de tres millones de venezolanos se lo han llevado consigo a distintas latitudes, según cifras de migración de la ONU. El éxodo es inocultable, y, en contraste a la cantidad de gente que se va, el número de divisas que ingresan al país por concepto de remesas ha aumentado proporcionalmente. Muchos de esos emigrantes buscan trabajar de inmediato en sus nuevas latitudes, no solo para sobrevivir, sino para enviar algo de dinero a los familiares que permanecen en el país. Con ese monto, que al cambio en bolívares puede resultar muy superior a un sueldo mínimo, quienes lo reciben pueden todavía subsistir, y es así cómo las remesas acaban amortiguando la crisis económica y social que atraviesa Venezuela.

Producto de una hiperinflación que se acrecienta más, los salarios en el país no solo resultan insuficientes, sino que pierden poder adquisitivo con el pasar de cada día. Ante esto, las remesas aparecen como un imperioso complemento que les permite a muchos jóvenes estudiar, a familias alimentarse y a comercios mantenerse.

Oxígeno para la economía

Presentadas como un “salvavidas” a medida que recrudece la crisis, las remesas son un nuevo elemento incorporado a la realidad venezolana. Según datos del Banco Mundial, la cifra de ingresos al país por este concepto viene aumentando paulatinamente desde 2012, cuando se ubicó en 118 millones de dólares, hasta llegar a los 293 millones registrados en  2017.

No obstante, esa cantidad difiere y por mucho con respecto a otras mediciones, como la realizada por el Fondo Monetario Internacional, según se cita en un informe de Ecoanalítica, que la ubicó entre los 1.000 y 1.500 millones de dólares para ese mismo año. Y difiere también con los datos del Banco de Desarrollo de América Latina, según el cual ingresaron más de 2.000 millones de dólares en remesas durante 2017.

Para 2018, el monto total no quedó rezagado, pues según un estudio realizado por la propia Ecoanalítica, las remesas podrían haber alcanzado los 2.400 millones de dólares. Es indudable que el peso de ese dinero se va asentando en el país, aunque para el director de Econométrica, Henkel García, el total sigue siendo bajo. “Venezuela tiene una economía que necesita anualmente cerca de 1.000 dólares en importaciones por habitante. Hablamos de 30.000 millones de dólares al año. El monto actual representa unos 2.000 millones; es apenas una décima parte”, señala.

A juicio de García, el ingreso de remesas puede aumentar exponencialmente, pero su utilización es lo que marcará su grado de utilidad para el país. “Si su peso para los requerimientos de la economía sigue siendo bajo, habrá que ponerlas en su debida proporción. Lo que sí pueden hacer es una diferencia tremenda a nivel de las familias que las reciben”, acota.

Es ahí donde radica justamente la importancia de las remesas, pues les permite a muchas familias hacer frente a las vicisitudes diarias. Además, con las consecuentes transacciones y gastos, ese dinero extra termina moviendo la economía, o por lo menos haciendo que mantenga algo de ritmo dentro de la prolongada recesión que experimenta desde hace años, y que llevó a que en 2016 se reconociera la crisis con un decreto de emergencia.

En dicha crisis, marcada por la inflación más alta del mundo, el desabastecimiento y la caída del sector petrolero, las remesas vienen entonces a representar un tanque de oxígeno para que la economía siga operando, tal como señala el economista y colaborador de Cedice Libertad, Oscar Torrealba. “Las remesas se están convirtiendo en la segunda fuente de divisas del país”, indica. Lo que, a su juicio, denota dos cosas: “que la crisis se está agudizando y que la economía está estancada, pero también que hay muchos venezolanos productivos afuera”.

Con una economía estancada y una crisis que se agudiza, el panorama para quienes permanecen en el país presenta condiciones poco humanas. En esa resistencia, muchos venezolanos ven un apoyo fundamental en el dinero que les envían familiares desde el extranjero, sin el cual les resultaría casi imposible subsistir.

Amortiguadoras de la sociedad

 

Inflación en dólares. Cortesía: Ecoanalítica.

Las remesas permiten a muchos venezolanos mitigar de cierto modo los embates económicos. No pueden ser el único ingreso para sobrevivir, debido a que la inflación también consume ya el valor de los dólares, como señala Asdrubal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica, pero sí pueden ser complementos fundamentales, mayores a los sueldos.

Daniela Buitrago pasa sus días entre la UCV, donde estudia Comunicación Social, y su trabajo. Su familia sufrió en 2018 la ida de su padre a Medellín, quien ahora les manda remesas. Ese dinero resulta fundamental para su subsistencia, según señala, porque le permite seguir estudiando sin tener que recurrir a un segundo trabajo. “Podríamos sobrevivir sin la remesa, pero sería muchísimo más trabajoso: mi mamá tendría que trabajar más, y yo tendría que trabajar más, porque con sueldos mínimos no es posible. La remesa supera ese monto, y estar sin eso sería complicarse más”, indica.

Aunque en su casa las remesas van destinadas a la compra de alimentos y a los imponderables del hogar, agrega también que gracias a estas tuvieron oportunidad de ir al cine en una ocasión, dejando ver con ello otro de los usos que pueden darse a ese dinero, como lo son las actividades de entretenimiento y recreación.

Esta otra destinación es más visible con Angélica Guarenas, madre de familia que trabaja como coordinadora de Permisología y Desarrollo de Nuevos Productos en la empresa Chocolates San José, además de ser profesora de postgrado en la UCV. Su familia recibe remesas desde principios de 2018, provenientes de su pareja, quien emigró a Chile a inicios de 2018. Aunque ese dinero no le resulta esencial porque cuenta con un salario que le permite cubrir las necesidades básicas, según indica, sí que les hace la vida más cómoda. “Si bien yo puedo cubrir los gastos básicos con mi sueldo, los adicionales se cubren es con la remesa. Si quiero hacer algún curso, por ejemplo, se paga con esta”, indica.

Aquí las remesas sí van destinadas a gastos ajenos a la cesta básica, como ella misma expresa. “Sin la remesa no hay entretenimiento, y de hecho es algo que se planifica”, culmina. Esto demuestra una cosa, y es que las remesas están amortiguando además la crisis social del país, tal como señala la también socióloga y profesora universitaria, Verónica Zárraga, pero generando a la par una distorsión ahora a nivel social. “Se está mostrando una realidad que, desde la perspectiva de la sociedad productiva, engaña, genera representaciones que no corresponden”, puntualiza, refiriéndose a ese dinero con el cual se hacen gastos que, de otro modo, no se podrían.

Sin embargo, para Zárraga, esto no es nuevo, pues en su visión las remesas solo vienen a sustituir al petróleo como dinamizador de la economía y la sociedad. Y esta dinámica, agrega, viene dada por la concepción de un Estado manejado desde la beneficencia, y no desde la productividad. Pero en medio de la crisis actual, incluso ese Estado rentista se ha visto en jaque, y, viendo en las remesas un tanque de oxígeno, también él ha querido conectarse a este respirador artificial.

Intromisión del régimen

De las tres casas de cambio habilitadas, Italcambio es la de mayor reconocimiento internacional

Como parte de un intento por atraer las divisas que ingresan al país bajo la figura de remesas, el régimen autorizó en junio a tres casas de cambio para realizar operaciones relacionadas. Tales casas (Italcambio, Grupo Zoom e Insular) recibieron el aval para operar con sus agencias, pero bajo la tasa que estableciera el régimen a través del Banco Central de Venezuela (BCV). Y esa tasa ha permanecido muy por debajo del valor de la divisa en el mercado negro. Además, vale destacar que a fines de julio se derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios.

A partir de todo esto podría inferirse una apertura al mercado cambiario, pero la advertencia que recoge el diario El Universal hecha por Antonio Morales, Presidente de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (SUDEBAN), parece no indicarlo así: “El envío de remesas desde el exterior debe efectuarse por casas de cambio y no por transferencias entre personas naturales o jurídicas que envían dinero por medio de la banca electrónica sin pagar las tasas correspondientes”.

No obstante, con un control de cambio establecido desde hace 15 años, y por la desconfianza que genera en sí el régimen, tampoco es probable que la gran parte de las remesas se canalicen a través de esa vía. “Se eliminó la Ley de Ilícitos Cambiarios, pero la gente no puede enviar las remesas por el medio que quiera, sino que tiene que hacerlo por los medios oficiales, al tipo de cambio oficial”, argumenta el economista Oscar Torrealba.

Para el además profesor universitario, esa necesidad del régimen de encausar las remesas por medios “oficiales”, se debe a la posibilidad de acceder con ellas a divisas extranjeras. “La urgencia de divisas se incrementa a medida que la economía produce menos, porque así se depende más de las importaciones. Al depender más de las importaciones, se depende más de las divisas, y como las importaciones están siendo prácticamente centralizadas por el gobierno, al final del día quien necesita más divisas es el gobierno”, añade.

Lo más probable es que la informalidad siga reinando en este sentido. Muchos de esos venezolanos que envían remesas deben someterse a trabajos forzosos, y lo que buscan es que esa porción de salario que pueden mandar sea aprovechada al máximo por sus familiares en el país.

Afuera también es difícil

José Manuel Rodríguez es uno de los tantos jóvenes venezolanos que se ha marchado del país para buscar un futuro. En febrero de este año abandonó la carrera de Estudios Internacionales en la UCV, para emigrar a Buenos Aires, donde obtuvo una beca en una universidad privada. Sus padres permanecieron en Venezuela y, desde junio, cuando consiguió trabajo en un laboratorio de ideas (think thank), él les ha enviado remesas para que puedan sobrevivir en medio del caos.

Subsistir con un salario mínimo, o no muy distante de este, es un reto duro en cualquier país. Las necesidades básicas elementales quizás quedan cubiertas (salvo en casos como el de Venezuela), pero se vuelve cuesta arriba hacer otros gastos. Y si encima toca desprenderse de un pequeño monto del salario, todo se torna más difícil aún. “Lo que esas personas le pueden enviar a sus familiares es lo mínimo, porque ellos también necesitan comer allá. Y está el tema de la salud, a muchos se les deteriora por la depresión”, comenta la socióloga Zárraga.

Este no es el caso de Rodríguez, según indica él mismo, pues no se siente limitado por enviar dinero a sus padres: en detrimento de las cosas que puede comprarse, le satisface mandarles dinero sabiendo que lo necesitan. “Desde que llegué he querido comprarme un teléfono, por ejemplo, pero no he ahorrado, porque en vez de hacerlo les he mandado dinero a ellos. La satisfacción por un teléfono nuevo es la misma que tengo por saber que están mejor”, relata a la distancia.

Finalmente, Rodríguez comenta que no contempla enviar remesas por los canales ahora legales, pues no le convendría, debido a que la tasa de cambio “oficial” tiene un valor asignado que, establecido por el régimen, no le compite al valor real en el mercado. Y así como él, son muchos los venezolanos que preferirán seguir usando los canales informales, en esta avalancha que significa el envío de remesas y que no se detendrán mientras el éxodo continúe.

La expansión y la dependencia

Las remesas no solo permanecerán en tanto continúe la migración, sino que se irán acrecentando. Sin embargo, para Henkel García esto no representa una solución de mediano-corto plazo para la economía venezolana, porque ese dinero enviado va enfocado a nivel de las personas y no a nivel macroeconómico.

A nivel social, por otra parte, el efecto de las remesas podría ser no del todo positivo de cara al futuro, tal como lo señala la socióloga Verónica Zárraga. “Creo que se puede generar un arraigo pernicioso para la sociedad venezolana”, comenta, aludiendo a la posibilidad de la dependencia a estas en un futuro post crisis.

Las remesas se posicionan como un nuevo elemento en la realidad de muchos venezolanos. Su peso no solo es económico sino también social. Y viendo en ellas a una muleta de divisas con la cual apoyarse, el propio régimen ha tratado de canalizarlas a través de sus organismos cómplices. Es decir, el resultado del éxodo, en un fenómeno paradójico, podría ser ahora uno de los sostenedores del régimen. Al menos por algo más de tiempo.

Dentro de la crisis, las remesas vienen a generar distorsiones y espejismos. Ahora al país lo sostiene, en buena parte, un dinero no trabajado aquí por los venezolanos. Y esa es, tal vez, la mayor paradoja socioeconómica en la Venezuela de fines de 2018, donde la inflación interanual finalmente se queda con el récord de la más alta en la historia de América Latina, y donde muchos venezolanos ya no ven soluciones a su cada vez más deteriorado nivel de vida, por lo que parten a otras tierras sin olvidarse de quienes aún permanecen en el país.

 

Por Anderson Ayala Giusti | @Anderson2_0

El arte que envuelve al barrio El Calvario

El Hatillo, uno de los cinco municipios de Caracas, es una zona turística por excelencia. El movimiento que tiene los fines de semana es radicalmente distinto al que se presenta de lunes a viernes, porque personas de toda la ciudad vienen a disfrutar de la arquitectura, arte, gastronomía y oferta cultural que ofrece. Protagonistas de ese flujo natural de esparcimiento citadino son su casco histórico, su pueblo colonial y el Centro Comercial Paseo El Hatillo. Sin embargo, los habitantes de la urbe a menudo tienden a ignorar la presencia de un lugar destacado a nivel artístico y creativo,  que ofrece una vista que permite observar a toda la zona desde lo alto: El Calvario.

El Calvario es una barriada ubicada por encima del pueblo de El Hatillo. Desde el casco histórico, el centro comercial, o cualquiera de las locaciones regadas por la zona, se puede ver a la distancia. Se le entra o por arriba, en la intersección de la bajada que se dirige a Los Naranjos; o por abajo, desde la avenida El Progreso. Es un lugar fascinante, con una humildad inusitada: pese a tener un microcosmos artístico envidiable para otras comunidades, una identidad maciza como el acero y un acervo de tradiciones sumamente rico, mantiene una actitud silenciosa en la ciudad de Caracas. Sea por problemas de comunicación, físicos o electrónicos, su aislamiento es un problema que requiere de soluciones.

Una visita a El Calvario  es una de esas experiencias que te abren los ojos respecto al país. Ver las abundantes muestras artísticas que tienen lugar en sus calles resulta cautivador, y, también, contemplar una comunidad con una identidad tan macada, con un orgullo local tan radiante, te hace ver a Venezuela de una forma distinta, y te permite reconciliarte con la esperanza de un mañana posible. Cheo Carvajal, destacado periodista especializado en el área de urbanismo y miembro de Ciudad Laboratorio, nos concedió el honor de explicarnos el porqué del arraigo de sus habitantes:

Yo creo que El Calvario es un barrio que nació, por ser periférico y tener una larguísima historia, anterior a los años 50, y que empezó cuando se construyeron los campos de golf a partir de la hacienda que había allí, ya que la gente que trabajaba allí tuvo ese espacio para poblar. El señor José Gonzales, que tiene alrededor de setenta años, dice que su mamá nació allí, que su abuela nació allí: hay una larga tradición sobre el territorio, que siempre estuvo emparentada por el pueblo, hasta que en algún momento se separó por lo agresivo de la avenida Progreso, lo divide tanto física como mentalmente. Los tres sectores conforman una imagen de comunidad completa que es muy fuerte, quizás porque su capilla fue la primera construcción de El Hatillo”.

La organización civil Ciudad Laboratorio ha sido protagonista del proceso de integración entre Caracas y el barrio. En su experiencia, ha desempañado varios proyectos en conjunción con la comunidad. Además, hace cuatro años tomaron la iniciativa de crear El Calvario a Puertas Abiertas, que se llevó a cabo por primera vez en compañía de Vive El Hatillo y la Asociación Civil Asoraíces. Hay que destacar que no es la única tarea que han cargado sobre sus hombros: han realizado talleres de revalorización de patrimonio, gestionado actividades culturales, y establecido vínculos con varias instituciones para la elaboración de una amplia variedad de proyectos que se han venido llevando a cabo. Como dice Cheo, “nosotros no somos los dueños de El Calvario”.

Actualmente, hay muchísimos esfuerzos que se desarrollan en estas calles. No son pocos los planes por atraer a los transeúntes. Por revalorizar su tradición. Por hacerlo parte de la ciudad.

 

Caminando por El Calvario

“Nuestra apuesta a El Calvario es abordar o dar respuesta a los diferentes problemas que hemos encontrado a través de nuestros programas educativos. Realmente, aquí en Caracas cada barriada es un mundo distinto, no puedes comparar a La Vega con Antímano, mucho menos con El Calvario, que en muchos sentidos se siente como un pueblo, es muy chiquito, son aproximadamente tres o cuatro hectáreas, de 200 y pico de casas. Es una comunidad muy consolidada, ellos no han vuelto a crecer desde 1984, ellos no crecen a nivel físico, si lo hacen, es montando más pisos en las casas, no pueden ocupar otros terrenos porque no hay espacio”.

Laura Guerrero, licenciada en Psicología, nos narró esa situación –y el panorama completo– con sorpréndete detallismo. La misión que ella y su equipo vienen desarrollando nació en el 2016, cuando tuvo lugar la primera edición de El Calvario a Puertas Abiertas, iniciativa dirigida por Caracas Ciudad Laboratorio con la idea de hacer al ciudadano recuperar su calle, su ciudad, que aprenda a vivirla. Además de su potencial turístico, esta barriada tiene muchísimas opciones en el plano cultural, pues en cada esquina hay un artista, un escultor, un pintor o un orfebre, es una comunidad destacada en ese plano.

La principal dificultad de la comunidad, comentada tanto por Guerreo como por Carvajal, es su división. Pese a que todos los ciudadanos hablan del barrio unitariamente, muchos mencionan que existen tres zonas marcadamente diferenciadas: El Calvario bajo, el medio y el alto; circunstancia que inició cuando Hidrocapital era conocida como Electricidad de Caracas. Por motivos pragmáticos, se vieron en la obligación de asignar las “fronteras” para facilitar el trabajo de la empresa. Tiempo después, cuando se iniciaron las juntas comunales, la fragmentación se acrecentó; y hoy en día, la cohesión social es un asunto a resolver.

Asistí a El Calvario A Puertas Abiertas realizado el 22 de diciembre de 2018. Desde las 10:00 am hasta las 7:30 pm se desarrollaron presentaciones de música, danza, cine, literatura oral, además de exposiciones de artes visuales y actividades recreativas en las diferentes paradas del barrio. En total, hubo treinta y cuatro estaciones, dos de ellas en el pueblo de El Hatillo.

Mis pies estaban en el suelo; y mis ojos, perdidos. Perdidos entre el infinito de opciones visuales. En el sector bajo, dos locales llamaban la atención: una tienda de máscaras de los Diablos del Yare y el taller de un artista de estilo Pop-Art. En el sector medio, un tallador se acercaba al grupo para mostrar su trabajo; además, un señor invitaba a todos los visitantes a entrar en su casa para ver su enorme nacimiento realizado con papel mache (el cual ocupaba toda una sala); y también, mostraba con orgullo una pared donde estaban todos los dibujos hechos por su hijo de catorce años de edad, la mayoría, con fuerte influencia del anime. Y en el alto, tres dibujantes urbanos mostraban sus ilustraciones a los transeúntes.

La historia de la fragmentación podrá entrar por un oído, pero abandona la mente cuando empieza el recorrido. En las tres zonas hay murales, todos con una diversidad cromática avasalladora. Ese día, cantidades de personas  recorrían sus callejones, y en cada estación, el colectivo de pupilas se asombraba. Formas abstractas, grafitis con personajes pintorescos, enormes alas angelicales: todo un arsenal de creatividad. En El Calvario, el arte es un elemento unificador.

Otro problema de la comunidad es el total desconocimiento de los ciudadanos de Caracas sobre ella. Tiende a ser frustrante mencionar a El Calvario en –por ejemplo– Las Mercedes, San Agustín, Montalbán o Los Dos Caminos, pues la gente siempre lo asocia con el que se encuentra en El Centro. Es necesario potenciar su visibilidad. Además, debido a su reducido tamaño, los espacios públicos escasean. Comúnmente, en ellos se desarrollan múltiples actividades, pero no hay una ambientación apropiada para el disfrute de todas las edades. Ambos aspectos requieren medidas.

Entre el frenesí y el reposo, el deseo por alzar la voz manipulaba cada expresión del recorrido. En una de las paradas, los habitantes de una casa invitaban a los transeúntes a entrar para contemplar una colección de cámaras analógicas. Muchas personas llevaban adornos festivos; como por ejemplo, una chica que en su cabeza portaba un par cachos de renos de Santa (de felpa).

Sonaba la música, en varias estaciones los instrumentistas se hacían escuchar. Repentinamente,  aparecía una cantante ofreciendo un concierto móvil desde una moto que recorría el barrio. Más adelante, todos bailaban  al son de la salsa. El espíritu carnavalesco lanzaba flechas entre los habitantes, hacía que las calles se movieran.  Dos muchachos iban documentando la rumba con un enorme equipo de filmación. Al verme bordear el aparato me dijeron: “Tranquilo, hermano. Nosotros estamos grabando a las personas que nos visitan”.

La arquitectura local te atrapa. Pasear por El Calvario es penetrar un laberinto de caminos estrechos, callejones sin salida, escaleras entre casas, y, por supuesto, colores, muchos colores. Como en todas las comunidades de este tipo, no existió ningún diseño urbanístico previo a la realización del poblado. Pero El Calvario no solo brilla por la obra del hombre, también lo hace por su naturaleza, que se puede distinguir con facilidad. No es necesario caminar mucho para ver zonas verdes.

El barrio se ubica en una montaña, por lo tanto, en casi todas las viviendas del lugar hay un balcón, un techo o una ventana para contemplar la urbe hatillana y su ambientación verde. Es un complejo de miradores.

Blancas, azules, naranjas, amarillas y verdes, la melanina urbana es cambiante pero coherente. Los tamaños también varían, pero la concordancia jamás se siente irrespetada. Por donde pises, verás techos con tejas rojas, puertas arcaicas y letreros anunciando qué se vende en ese local. Además, están los murales. El Calvario es una guacamaya de concreto. En esa marea de diversidad cromática, a consecuencia de la ausencia de un conflicto visual, el gusto experimenta una inusual satisfacción.

Una doble transformación

La propuesta realizada por la ONG es abordar cada dificultad mediante programas educativos. La apuesta se proyecta para los próximos dos o tres años. Se pretende colaborar con la comunidad para hacer que El Calvario llegue a su potencial máximo. El objetivo es marcar presencia en sus tres sectores, mediante cursos para modificar algunos espacios callejeros colectivamente (que incluyen diseño, fotografía, planifiación, etc), que duran tres o cuatro meses. Observar, imaginar y transformar, ese es su lema. Parte de ese ciclo contempla un diálogo con los habitantes, saber qué necesidades sienten para poder atenderlas. Por ejemplo, se viene realizando una intervención de más de 100 metros cuadrados que uniría al barrio con el Pueblo de El Hatillo, todo con ayuda de los ciudadanos de la comunidad.

Las actividades realizadas por los voluntarios de la ONG son varias, involucran una consciencia social materializada en arduos ejemplos creativos. Se pueden mejorar problemas urbanísticos, pero manteniendo el respeto por la identidad y las tradiciones de El Calvario. Uno de los pasos de su segunda fase –imaginar– fue realizar maquetas donde se señalen las proyecciones a mejorar en el lugar. Los integrantes de la comunidad pudieron realizarlas libremente, seleccionando fragmentos del complejo y señalando que detalles debían tratarse. Cada integrante tuvo que realizar una cooperación de ojo,  corazón y del cerebro. De hecho, el espacio físico no es la única meta de Trazando Espacios, también lo es la espiritual, como dijo Laura Guerrero cuando se le pregunto al respecto:

“Trazando Espacios Identidad busca crear intervenciones artísticas que estén en las paradas espontáneas a partir de elementos e ideas de El Calvario. Estamos trabajando en una escalera condenada, que no lleva a ningún lado, y la primera intervención que se plantea es a través de un cuento que se llama Al otro lado de la orilla, que es sobre una niñita a la que siempre le han dicho que no se relacione con la gente que no sea de su isla, un poco como Moana, y ella empieza a darse cuenta de que en la otra orilla hay otro niño, y empiezan a hablar con una conversación a través de botellas; usamos esa historia para hacer un puente, colocando ladrillos entre varias personas hasta fusionar las dos ciclas, eso se haría para  tratar el tema de la cohesión social”.

Durante la totalidad del recorrido quedó demostrado que el barrio, en sus tres niveles, está en la búsqueda de un fluido contacto con el resto del ecosistema caraqueño. Allende a la barriada, hay toda una ciudad que debe descubrirla, que no conoce las sorpresas que le aguardan entre los callejones cromáticos. Quizás, aquel día en específico sus integrantes realizaron actividades, expusieron sus  vidas, hicieron relucir sus actos creativos, pero su esencia, cultura e identidad pertenecen a la cotidianidad. A diario, El Calvario crece, reinventa su imagen y se proyecta para el futuro. Hoy más que nunca, podría decirse que está en etapa de expansión. No en vano el periodista Cheo Carvajal habló de los frutos de la labor de Ciudad Laboratorio y de Trazando Espacios:

“Ahora es que se vienen a ver los frutos de lo que hemos hecho con Ciudad Laboratorio, que es la integración y el reconocimiento del barrio como parte de la ciudad. Buscamos hacer procesos orgánicos e internos de integración con la comunidad. Este año se hicieron muchos talleres desde hace varios meses. El Calvario a Puertas Abiertas no es un evento, es un proceso de relación e interacción mucho más profundo, que busca la integración no solo social sino también espacial, que el habitante sienta que es una oferta valiosa para cualquier habitante de Caracas”.

Por Diego Alejandro Torres Pantin  | @sr_mowgli

El cáncer también es una historia de princesas

Yerlin Rincón tenía diez años cuando le diagnosticaron cáncer. Todo comenzó por un dolor en la pierna derecha. Al principio su familia pensó que era una excusa para no ir al colegio, pero las quejas de Yerlin aumentaban así que, finalmente, terminaron por consultar a un traumatólogo. Dieron inicio, como es habitual, los interminables exámenes médicos. Sin embargo, el osteosarcoma que se había alojado en su rodilla pasaría un par de meses más sin ser descubierto.

El 25 de agosto de 2016 es un día que la familia de Yerlin no olvidará nunca: fue cuando la internaron por primera vez en el Hospital de Guanare, una zona rural de Venezuela ubicada en el estado Portuguesa. “Eso fue en la mañana”, dice Jennifer Rincón, hermana de Yerlin, “estábamos jugando, se sentó en la cama y oímos un sonido que venía de su rodilla”. Después del “crack” llegaron los gritos, el llanto y el ingreso a urgencias.

Así comenzó Yerlin su larga travesía en busca de un diagnóstico. Después de que una tomografía evidenciara la presencia de una lesión ocupante de espacio (LOE), el siguiente paso era realizar una biopsia. Para ello, llevar a cabo una intervención quirúrgica era inevitable. Como a casi cualquier niño, a Yerlin no le gustaban los hospitales: “Ella le temía a todo lo que tuviera que ver con quirófanos o inyecciones”, asegura Jennifer, por eso su mamá y sus dos hermanas se las ingeniaron para que nunca estuviera sola. “De esta vamos a salir”, se repetían unas a otras.

Tras un mes de espera, los primeros resultados: “Biopsia no concluyente”. No hay diagnóstico. Era necesario repetir la prueba y tomar una nueva muestra, someter a Yerlin otra vez a una intervención. Pero lo peor de todo era perder más tiempo. Cuando el diagnóstico por fin llegó, en noviembre, más de dos meses después de aquel 25 de agosto, las células cancerosas ya se habían expandido por el cuerpo de Yerlin: los osteosarcomas son altamente metastásicos.

Desde que su familia puede recordar, el sueño de Yerlin era ser Miss Venezuela. A los seis años notó que su estatura sobrepasaba por mucho a la media: sus piernas largas prometían servir como un trampolín a las pasarelas. Por eso, cuando los doctores asomaron la posibilidad de una amputación, el golpe fue brutal, la vida parecía estarles jugando una broma cruel. Sin embargo, todos los que conocieron a Yerlin dicen lo mismo: siempre se mantuvo hermosa. Hasta el día de su muerte, e incluso después, Yerlin sería conocida en el Hospital de Guanare como Miss Portuguesa 2024.

Yerlin Rincón antes de su enfermedad. Portuguesa, Venezuela. Foto: Archivo familiar

“Ese era el año en el que hubiera podido participar en el concurso”, explica Claret De Gouveia, Miss Amazonas 2016, “en el 2024 Yerlin habría tenido 18 años y, claro, habría representado a Portuguesa, su estado natal”.

Claret, sin embargo, participó en el concurso cuando tenía 24 años. Las condiciones estaban dadas: estaba en la edad, había terminado su carrera, “¿por qué no?”, pensó, y entonces lo hizo. Su participación fue especial, no dejó a nadie indiferente: recién graduada de médico cirujano, sería conocida como “la Miss Doctora”.

“Mientras estuvo hospitalizada, Yerlin se entretenía viendo programas de mises, le encantaban, se emocionaba mucho”, cuenta Jennifer. Ese año vio el paso de Claret por el concurso sin imaginar que pocas semanas después se volverían inseparables.

Sucedió cuando Yerlin fue trasladada a Caracas. En el Hospital de Guanare los recursos eran limitados, además no había una unidad de oncología pediátrica. No podían atender un caso como el suyo y por eso la enviaron a casa. Su familia, que se resistía a la idea de quedarse con los brazos cruzados, buscó la manera de hacer un traslado a la capital. Gracias a una tía consiguieron una cama en el Hospital Militar, uno de los pocos centros de salud abastecidos en Venezuela. Una vez allí, Yerlin recibió la mejor atención, aunque sólo se tratara de cuidados paliativos. Su pediatra, el doctor Gustavo Yánez, lo asegura: “Yerlin tuvo una muerte tranquila, no le faltó nada, cumplió todos los sueños que te puedas imaginar”.

Él personalmente se encargaría de que así fuera.

“Era de mi tierra natal, era una niña preciosa, tenía porte de Miss, ¡y quería ser Miss, de paso!”, recuerda el doctor Yánez. Para él fue inevitable involucrarse con su historia. Cuando en el Hospital Militar descubrieron la pasión de Yerlin por el Miss Venezuela, le presentaron al doctor Gustavo. Él, con suficientes contactos para regalarle a la niña el mejor día de su vida, le aseguró a la familia que pronto tendría una sorpresa para Yerlin, así que intercambiaron números de teléfono y quedaron en contacto.

El Doctor Gustavo había conocido a Miss Amazonas, Claret de Gouveia, hace algunos meses. Fue un encuentro casual en un centro comercial. Sin embargo, el contacto se mantuvo ya que, entre otras cosas, él y Claret compartían la misma profesión. Cuando la llamó para contarle la historia de Yerlin, ella no dudó en involucrarse, y con ella también otras de las mises que ese año hacían vida en el concurso.

Especialmente se involucraría, junto con Claret, Melanie Gerber, que para la fecha era Miss Anzoategui. Cuando le contaron el caso se sumó a la causa y hoy, casi un año después de su primer encuentro con Yerlin, confiesa que conocerla fue lo mejor que le pudo haber pasado: “Gracias a ella hoy soy una persona totalmente diferente, obviamente para mejor”. Para describir la relación que las unió, le basta una palabra: “Mágico, fue algo mágico”, dice.

Las hadas madrinas existen

Poco tiempo después, llegó la sorpresa: “El doctor Gustavo llamó a mi mamá y le dijo que arreglara a Yerlin porque iban a ir unas mises a visitarla”, cuenta Jennifer. Después de un rato, comenzaron a llegar.

Con Anyela Galante, Miss Venezuela Mundo, Yessica Duarte, Miss internacional Venezuela, y Andrea Rosales, Miss Tierra Venezuela. Foto: Archivo familiar.

Jennifer recuerda la reacción de su hermana: “Cuando las vio, muy altas, bonitas… Se emocionó muchísimo. Le llevaron una banda que decía ‘Miss Portuguesa’, le llevaron regalos, almorzaron juntas… Ese día fue grandioso para ella, nos dijo que había sido uno de los más felices de su vida”.

Yerlin junto a Claret, Melanie y el Dr. Yánez Foto: Archivo familiar.

“¡El hospital se llenó de reinas de belleza!”, recuerda el doctor Yánez, “traían coronas y bandas originales, ropa, maquillaje… ¡Esa niña no lo podía creer! Me decía ‘¡Doctor, me duele el corazón!’. Antes de esto, Yerlin era una niña que anímicamente estaba muerta, estaba en una progresión de la enfermedad total, muy desanimada, y ese gesto, cumplir su sueño de sentirse como una Miss, la devolvió a la vida”.

Aunque ese día Yerlin disfrutó con todas las mises, hubo dos con las que tuvo una relación especial. Claret y Melanie llegaron a la vida de Yerlin para quedarse. Ambas, a partir de ese momento, se convertirían en sus hadas madrinas, como ella las llamaba.

“Estuvimos conociendo su caso: Yerlin era de una familia de bajos recursos. Dependían de la salud pública y, claro, en medio de una crisis sanitaria, era muy complicado para su mamá costearle los tratamientos, acceder a quimioterapias, además de haber tropezado con muchas trabas diagnósticas”, explica la doctora Claret.

Por eso decidió canalizar el uso de sus redes sociales en pro del caso de Yerlin.

Claret siempre quiso ser médico y su motivación fue la misma desde que tiene memoria: “Ayudar a las personas”. Cuando terminó la carrera decidió tachar el Miss Venezuela de su checklist. Al principio, lo hizo por hobby, pero una vez dentro del concurso se dio cuenta del alcance comunicacional que tenían las mises en su país. A partir de ese momento comenzó a utilizarlo como un brazo más de su profesión.

“Durante el Miss Venezuela, y después, tuve la posibilidad de apoyar a muchos pacientes. Me di cuenta de que podía involucrarme y apoyar buenas causas y eso para mí es muy reconfortante”, asegura Claret. Sin embargo, hace énfasis en que “tampoco podemos olvidar que el Miss Venezuela es un concurso de belleza, no de almas caritativas, entonces en algún punto yo no pude trascender tanto como hubiese querido, aunque me doy por bien servida”, explica.

Y así fueron mezclando la salud con la belleza para ayudar a Yerlin: no sólo conseguían proveer todo aquello que necesitaba para su tratamiento, como agujas, medicinas, o exámenes específicos, Melanie y Claret iban también a jugar, a divertirla y, especialmente, a recordarle que era bella a pesar de todas las inseguridades que pudiera sentir por los cambios que había generado en ella su condición.

“Queríamos conseguir dos cosas: procurar que no le faltase nada médico y conseguir que viviera esa fantasía de cualquier niña de diez años que en lo que debe pensar es en sus muñecas, en jugar, en sus cosas, y no en un diagnóstico tan duro como el que tuvo”, afirma Claret. Por eso en sus últimos meses de vida Yerlin tuvo más abundancia de la que jamás se imaginó: muñecas, vestidos, maquillaje… y muchos amigos.

Pero posiblemente el momento favorito de todos los que vivieron esta historia fue la celebración del cumpleaños número once de Yerlin. Ella, que nunca había celebrado un cumpleaños con piñata, no sólo tuvo una gigante esta vez, además la agasajaron con cinco tortas diferentes, con muchísimos regalos, con visitas especiales de personas a las que siempre había soñado conocer, con música y, por supuesto, con la presencia de sus seres queridos y de todos los niños del servicio de oncología.

Yerlin Rincón junto con el doctor Gustavo Yánez, Claret De Gouveia, Melanie Gerber y Keysi Sayago, actual Miss Venezuela. Foto: Archivo familiar.

Fue un diez de febrero. Claret y Melanie se encargaron de organizar la fiesta de Yerlin. “El día de su cumpleaños ella estaba muy feliz. Su fiesta fue de Frozen, que le encantaba, la disfrazaron de Elsa. Además, estaba con nosotros, con su familia. Yerlin estaba feliz. Esa noche, antes de dormir, nos dijo que había sido uno de sus mejores cumpleaños”, recuerda con nostalgia su hermana Jennifer.

Para ese momento Yerlin ya no tenía cabello. También había perdido su pierna derecha, un mes antes, tras afrontar la amputación a la que tanto temía. Pero, su último cumpleaños fue muy feliz. Después de todo, para eso son las hadas madrinas.

El luto

“Usualmente pensamos que el luto hace referencia a la muerte de alguien, pero, en realidad, el luto se genera cuando tú pierdes algo”, explica la doctora De Gouveia, “cuando tú pierdes la cotidianidad, elaboras un luto; cuando pierdes tu cabello, elaboras un luto; cuando pierdes la posibilidad de sentirte bonita, atraviesas por un luto también”.

Mientras su familia se enfrentaba al luto que suponía perder a la integrante más pequeña y hermosa de la casa, Yerlin batallaba con uno distinto: su propio reflejo que se había convertido en un extraño. Ella era otra, se sentía otra en esa cama de hospital: notaba los cambios que generaba en su cuerpo una agresiva quimioterapia, la pérdida de peso, de movilidad, los mechones de cabello que se caían en la ducha y, además, la posibilidad de perder una de sus largas piernas de modelo amenazaba con destruir sus sueños.

“Cuando se enteró de que iba a perder su cabello comenzó a llorar. Fue una noticia muy dura para ella”, cuenta Jennifer, “le ofrecimos cortárnoslo todas, le explicamos que le iba a volver a crecer, le dijimos que se iba a ver igual de hermosa, que iba a parecer una de sus muñecas… Le dijimos muchas cosas hasta que fue perdiendo el miedo”.

Después de un tiempo, sería la misma Yerlin quien tomaría la decisión de cortar su larga cabellera. “Hermana, córtame el cabello porque me molesta muchísimo. Córtamelo por los hombros”, le pidió a Jennifer, y su hermana así lo hizo. Poco tiempo después, Jennifer, o Pepe, como le decía Yerlin, recibió una solicitud que jamás hubiera podido imaginar: “pásame la máquina, Pepe. Me molesta mucho el cabello y además me da calor”.

Las versiones coinciden: a pesar de perder todo su cabello, Yerlin continuaba hermosa. Su rostro se resistía a perder el encanto. A veces, cuando se miraba en el espejo, incluso ella lo notaba. Otros días, más difíciles, más opacos, necesitaba un empujón para mantener el ánimo. La presencia de Melanie y de Claret era vital en esas ocasiones.

Yerlin Rincón junto con su hermana, Jennifer Rincón, y Melanie Gerber. Foto: Archivo familiar.

En sus visitas, además de jugar, conversar y tomarse muchas fotos, enseñaban a Yerlin a maquillarse, aunque siempre le insistían en que a ella no le hacía falta. Las sesiones de maquillaje, de manicura o pedicura, conseguían que Yerlin se reconciliara con su imagen, hacían más llevadera la situación.

Un día, Claret y Melanie aparecieron en el hospital con un regalo muy especial para Yerlin: “Hablamos con Ivo Contreras para donarle una peluca, él es quien hace las pelucas para el Miss Venezuela. Le hicimos una lo más parecida posible a su cabello original. La cara de felicidad de esa niña cuando se la dimos… ¡No te la puedes imaginar!”, recuerda Melanie.

“El cabello en Venezuela se cotiza a un precio muy elevado. Las extensiones o las pelucas pueden llegar a costar 800 o 900 USD, un monto muy alto para un venezolano común”, afirma Claret, “pero para estos pacientes tener acceso a estas herramientas representa la posibilidad de mantenerse dentro de una cierta normalidad, aferrarse a lo familiar que han tenido toda la vida, porque desde que nacemos tenemos cabello. En medio de tantos cambios, poder aferrarnos a algo es imprescindible”, asegura la doctora y, en ese sentido, gracias a todos los apoyos que recibía, Yerlin logró conservar, por lo menos hasta cierto punto, la normalidad en su vida.

Pero después llegó la amputación, un golpe fatal. “Mi otra hermana ya había comenzado a asomarle que existía la posibilidad de que perdiera su piernita. Le decía que tenía un animalito ahí que le estaba haciendo daño y que tenían que sacárselo para que estuviera más tiempo con nosotras”, recuerda Jennifer.

Claret, por su parte, afirma que la posibilidad de perder la pierna era quizás lo que más le preocupaba a Yerlin: “Yo creo que ella, gracias a Dios, no alcanzaba a tener plena consciencia de su enfermedad. No concientizaba morir, su miedo era perder la pierna y la posibilidad de ir al concurso. Para Yerlin el Miss Venezuela era un sueño: era la posibilidad de conocer Caracas, era la posibilidad de tener mejores ingresos para su familia, porque asumía que era súper rentable; el Miss Venezuela para ella era sentirse famosa, era ese sueño de la grandeza. Y por eso, finalmente, su preocupación de cara a la enfermedad no era tanto morir: era no poder participar en el concurso”.

Yerlin Rincón con la peluca donada por Ivo Contreras. Foto: Archivo familiar.

“Yerlin me preguntaba: ‘pero ¿yo de verdad voy a poder modelar como ustedes con una pierna así?”, recuerda Melanie, y luego, cuando trata de explicar la belleza de Yerlin, no consigue las palabras. “Yo le insistía siempre en que era una niña hermosa, en que tenía una sonrisa preciosa, en que no le hacía falta maquillaje para verse como una princesa… Y Yerlin era nuestra princesa”, dice al final.

Entre su familia, sus hadas madrinas y el doctor Gustavo, emprendieron entonces una labor larga pero que daría buenos resultados. Buscaron fotos de modelos diferentes, modelos amputadas, modelos con vitíligo, modelos de diferentes tallas, modelos con rasgos físicos inusuales, y así comenzaron a mostrarle a Yerlin que la belleza era mucho más que el patrón que ella conocía. “Si ellas se sienten bellas es porque lo son, no simplemente porque alguien les diga que sí o que no”, le explicaba Claret, “¡si se sienten así, lo son y punto!”.

“Comenzamos a buscar historias para motivarla y también comenzamos a mostrarle prótesis”, dice su hermana. El problema de los fondos, que en Venezuela suponen una importante complicación, sería solventado con ayuda de Melanie y Claret. Lo importante era permitir que Yerlin tuviera opciones, o que por lo menos lo sintiera así.

“Si te arrebatan algo de tu cuerpo, tú quieres restaurarlo de una u otra manera”, puntualiza el doctor Gustavo Yánez. “Muchos dicen que esto es solamente una fachada de la persona, y puede ser, pero esa persona valora el hecho de sentir que sigue siendo quien siempre ha sido”, explica Yánez.

“La gente tiende a percibir la belleza o la imagen como algo superfluo, como algo banal, pero no se dan cuenta del impacto que puede tener. Aunque la belleza es subjetiva, sentirse bien con uno mismo empieza por reconocer lo que ves en el espejo. Cuando a ti te gusta lo que ves frente al espejo, eso cambia tu vida”, reflexiona, también, Claret, la “Miss Doctora”. “El maquillaje, la peluca o la posibilidad de tener acceso a una prótesis, eran distractores para que Yerlin mantuviera su ánimo y su energía”, asegura De Gouveia.

Al final, Yerlin terminó por aceptar también la amputación. “Si es por estar más tiempo con ustedes”, decía… Y así lo hizo.

Su cirugía fue programada para enero. Todo estaba listo y parecía estar bajo control. Sin embargo, sus exámenes preoperatorios deparaban un nuevo trago amargo para Yerlin y su familia: “Cuando revisamos sus exámenes de sangre, resulta que la niña presentaba un VIH positivo contraído por una trasfusión sanguínea”, recuerda el doctor Yánez, “eso complicaba mucho más las cosas, claro, porque suponía tratar con antirretrovirales a una paciente con la condición de Yerlin, que recibía quimioterapia”.

Una de las primeras trasfusiones de sangre que recibió Yerlin en el hospital de Guanare estaba infectada. “No pudieron saberlo porque no había reactivos”, explica Jennifer, que también denuncia que este centro de salud se encuentra en condiciones críticas. “Para mi mamá fue muy duro porque ya se sumaba el cáncer más el VIH. Nuestras esperanzas disminuían, era muy fuerte”, recuerda Jennifer.

A Yerlin, por su parte, nunca se lo dijeron. Cuando llegaron los resultados le aseguraron que todo estaba bien. “Eran demasiadas malas noticias para una niña”, dice su hermana.

Morir como Yerlin

Ella ya lo sabía, cuenta su hermana Jennifer, “algunos días antes dejó escrito en notas que le dolía mucho y que sabía que se iba a ir al cielo con Dios”. Su madre, la señora Rosa, también tenía ese semblante triste de quien siente que la vida de un ser amado se le escapa de las manos. “Me dijo que sentía que su angelito se le estaba yendo”, recuerda Melanie Gerber.

Y tenía razón.

Yerlin, sus hermanas y su madre se encomendaron a Dios. Sus hadas madrinas también. Después de tantos meses atravesando esa dura enfermedad, todos aquellos que la querían estaban dispuestos a aceptar que había llegado el final del camino. Se consolaban, como de alguna u otra forma lo hacen todos, con la idea de que “ahí”, adonde quiera que Yerlin fuera después, ya no habría dolor, no habría cansancio.

La historia clínica de Yerlin bien podría ser una oda a la injusticia: su osteosarcoma, que al final se alojó en ambas rodillas, hizo metástasis en pulmón. Posteriormente afectaría también a otros órganos. Tendría que enfrentar una amputación de la pierna derecha. A su condición de base se sumaría un VIH positivo contraído a través de una trasfusión sanguínea contaminada. Sufriría también un ACV. Finalmente, tras una semana de deterioro, Yerlin moriría de un paro cardiorrespiratorio el 3 de junio del 2017.

Sin embargo, es posible que nadie que lea estas líneas pudiera atravesar ese largo camino como lo hizo Yerlin: esa niña guapa y de once años que jamás dejó de sonreír. Por eso la muerte de Yerlin tuvo, y mantiene hoy, un aura de dignidad. Porque frente a la injusticia, que le arrebató incluso su último aliento, Yerlin fue feliz.

Yerlin mantuvo la fe en la vida, en la vida como una luz más allá de ella y sus circunstancias. A pesar de su enfermedad, de las dificultades, del dolor o del miedo, Yerlin Rincón venció el cáncer: “Nosotros le ganamos al cáncer, indistintamente de que Yerlin falleciera, porque la hicimos la niña más feliz del mundo”, reflexiona Melanie.

Como siempre pasa, la vida continuó después de la muerte de Yerlin, y aunque nada sigue igual, todo parece lo mismo. A pesar de que su muerte fue dura, todos los involucrados en esta historia han aprendido que en el recuerdo también hay vida.

Así, Yerlin ha encontrado la manera de seguir viviendo. Y lo hace a través de un legado: de las donaciones que aún recibe el doctor Yánez, por ejemplo, o de la fundación Somos Vida, gestionada también por Yánez y que se encarga de apoyar a pacientes oncológicos infantiles. Yerlin sigue viviendo en Melanie y en Claret, en la idea de la belleza con propósito. Yerlin sigue viviendo en la unión de su familia.

Hace un mes, la peluca que tantas alegrías le brindó a Yerlin fue donada. La recibió una chica de 15 años con alopecia idiopática. “Era como ver a Yerlin otra vez”, recuerda el doctor Gustavo, y quien escribe, entonces, no puede evitar pensar en una frase: “donde hay esperanza hay vida”. Sí, y donde hay amor, también.

Epílogo: las niñas son mises y los niños son peloteros

“En Venezuela, las mises son percibidas como las mujeres intocables”, afirma Melanie Gerber, Miss Anzoátegui 2016, y puede que esta sea la razón de que el sueño de convertirse en reina de belleza sea tan cotizado entre muchas niñas. “Sobre todo en las poblaciones rurales, si eres niña, tu familia quiere que seas Miss, y si eres niño, quieren que seas pelotero”, explica Claret de Gouveia, Miss Amazonas 2016.

Sin embargo, y más allá de la belleza, Claret y Melanie se quedan con la misma sensación tras su paso por el certamen: el alcance y el poder comunicacional que tienen las mises, herramientas que, lamentablemente, se diluyen en aguas de vanidad.

En un contexto como el venezolano, que atraviesa conflictos políticos y sociales importantes, Melanie Gerber considera que una Miss debería tener el tacto de querer conectar con la gente y ayudarla, transmitir mensajes más profundos que simplemente la belleza.

“Si te soy sincera, yo, al final, no quería ser Miss Venezuela porque sabía que no me iba a permitir llegar tanto a las personas como lo hago ahora”, dice Melanie, que actualmente continúa apoyando pacientes y tiene planes de crear una fundación en conjunto con Claret.

“Yo durante el concurso sufrí un accidente y quedé con una cicatriz en mi pierna derecha”, cuenta Claret, “la maquillé y no se notó nunca. Nadie se enteró, pero termina el Miss Venezuela y a mí lo que me queda es la cicatriz”, afirma. Sin embargo, después de compartir con Yerlin Rincón se olvidó de sus complejos: “Ella tenía un problema mucho más importante en su pierna derecha, y era que la iba a perder”.

Claret asegura que su encuentro con Yerlin fue providencial. Además de ser un “cable a tierra”, sembró en ella algo más: la importancia de la belleza con propósito, la importancia de la belleza por mucho más que la belleza en sí misma.

Yerlin y otro paciente oncológico en compañía del Dr. Yánez, Claret, Melanie y una enfermera del servicio. Foto: Archivo familiar.

Por Gabbi Consuegra | @gabbiconsu

Pensionados: entre el maltrato y la humillación

—Tenemos órdenes de reprimir. ¿Qué estás esperando?

—Déjalos, no hace falta. Ellos mismos se van a cansar. ¿No estás viendo ese sol?

Así escuchó María Hernández, de 75 años, discutir a dos funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), mientras protestaba la mañana del primero de septiembre de 2018 en El Paraíso, debido al pago insuficiente de su pensión. Ella junto a otro grupo de personas de la tercera edad esperaban a las afueras del banco para que les entregaran los 450 bolívares soberanos que le debe, por ley, el Estado venezolano.

No fueron reprimidos, pero sí humillados. Solo recibieron 90 bolívares soberanos: el 20% de lo que les correspondía.

Las palabras de los policías no fueron equivocadas. El sol y las largas horas de espera por su dinero sí han desgastado a los viejitos venezolanos en los últimos 15 días. Sin embargo, no pretenden quedarse callados. Los pensionados y jubilados continúan exigiendo sus derechos en distintos rincones del país. Y también, se mantienen haciendo colas en diferentes entidades bancarias. Para el mes de septiembre les corresponde cobrar por su seguro social 1.800 bolívares soberanos,cifra equivalente al salario mínimo. Dicho pago se supone que sería cancelado en tres partes: 450, el primero de septiembre; 450, el siete del mismo mes; y los últimos 900, para el 14.

En todo eso les han incumplido. Hasta la fecha solo han recibido 270 bolívares en efectivo, apenas la quinta parte del total.

Pero la protesta también tiene otro motivo:la vicepresidenta de la República, Delcy Rodríguez, anunció el 22 de agosto de este año que el pago de las pensiones se tramitaría a través del “sistema patria”; o sea, mediante el Carnet de la Patria. El que no estuviese registrado, debía hacerlo para recibir el nuevo pago de la reconversión monetaria.

“¿Cómo funciona esa página? Yo no sé usar internet”,“Yo no tengo internet”. “Me niego a tener que registrarme en un sistema en el que no creo. Ese dinero es mío. Lo trabajé durante años”, son algunas de las reacciones que se escuchan en la calle ante dicha medida.

Emilio Lozada, presidente de la Federación Nacional de Pensionados y Jubilados, recuerda que según la Ley Orgánica de Trabajo, los inscritos en el seguro social tienen el derecho a cobrar la totalidad de su pensión en efectivo, por lo que no es obligatorio el uso de una tarjeta electrónica

“Lo del efectivo no es un capricho, y mucho menos en la Venezuela que vivimos. Las cosas son más económicas en efectivo. Podemos resolver más rápido. Para ir al abasto, hacer mercado. Comprar el pan. O si te montas en el transporte y no te consideran de la tercera edad”, explica.

Sin embargo, así no lo observa Nicolás Maduro, quien declaró en cadena nacional que los pensionados y jubilados exigen el efectivo para venderlo a precios elevados.

Esto no sorprende a Lozada. A pesar de que lamenta el poco respeto que se la ha ofrecido a los ancianos en las últimas semanas, tampoco cree que eso sea algo nuevo. Está convencido de que el “discurso de odio“, tanto del difunto mandatario Hugo Chávez como de Maduro, ha calado en la sociedad y son los ancianos uno de los grupos más perjudicados ante estas palabras.

“No te lo voy a negar. Muchas veces cuando vamos a cobrar nuestra pensión nos tratan como basura. ‘Párate ahí, viejo’. ‘Ajá’. ‘Dale’. O en los mismos autobuses o metro. ‘Muévete, viejo’. Este es un gobierno que nunca ha favorecido a los grupos minoritarios y, sin duda, los jubilados y pensionados no somos la excepción. Es un sistema que nos veja, nos deja a un lado.Y, hoy más que nunca, están tratando de quitarnos la ganas de luchar,pero no vamos a desmayar“, opina Lozada.

Su temor es que las políticas que ejerza el Gobierno ante este grupo sean cada vez más similares a las de Cuba; cosa que no parece descabellada considerando, en primer lugar, que el sistema de carnetización es una copia del modelo castrista.

En la isla caribeña las jubilaciones son casi inexistentes. Lo que reciben los ancianos no les alcanza para los gastos del mes:muchas veces, deben compensar ese ingreso realizando otros trabajos. Pero en Venezuela las condiciones son otras. Y el pasado económico es otro.

El diputado a la Asamblea Nacional, Antonio Benítez, lamenta que todo lo que trabajó y pagó durante más de 30 años como ingeniero eléctrico no lo pueda obtener para “sobrevivir“, porque ni siquiera se atreve a decir la palabra disfrutar.

“En el presente, la gran mayoría de las personas que está exigiendo su pensión son aquellos que construyeron el Guri, instalaron el sistema eléctrico en Venezuela, obreros que construyeron grandes edificios. En fin, personas que construimos este país. Y todos nos encargamos por más de 30 años de pagar lo respectivo al seguro social. O sea, ese dinero es nuestro. No es del Estado. El Estado no es que debe incluirlo en su presupuesto anual. Entonces, ¿dónde está nuestro dinero?“, se pregunta Benitez.

Le entristece, mientras protesta y hace colas, contemplar que ese país que construyó junto a otros  lo han destruido las mismas personas que no le quieren entregar su dinero.

Foto: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

 

Por Claudia Smolansky | @clausmolansky

Cuando la sociedad civil se impuso al poder

A principios de agosto de 2018, los caraqueños observaron detrás del obelisco de la Plaza Francia de Altamira, en el extremo que está en dirección a la avenida San Juan Bosco, unas estructuras metálicas y un anuncio blanco con rojo en el que se leía: “Páramo Café. Próximamente”. Todo ocurrió tan rápido que la asociación de vecinos más cercana a la plaza, Arpan, manifestó que no sabía nada. Se le había informado días atrás de un proyecto pero sin ofrecerle detalles: sin fechas específicas, nada. A los pocos días visualizaron que había un local en construcción en la plaza.

El Instituto de Patrimonio Cultural de Venezuela (IPC) declaró la Plaza Francia de Altamira, ubicada en el municipio Chacao, como patrimonio cultural en el 2005. Esto conlleva a que, para la realización de cualquier evento en el espacio o levantamiento de un local, se debe respetar las ordenanzas municipales de uso de parques y espacios públicos, y las ordenanzas que invitan a la conservación del patrimonio cultural. Es decir, se necesita el aval de los vecinos, del concejo municipal y del IPC. Nada de esto se tuvo en cuenta al momento del montaje del kiosco de Páramo Café.

“Nosotros nos enteramos cuando ya era público. Cuando el comercio ya estaba ahí. Nunca vimos el proyecto completo. Le pregunté a las asociaciones de vecinos y ellos tampoco estaban en conocimiento”, dice el presidente del concejo municipal de Chacao, Daniel Godoy.

Como autoridad legislativa del municipio, explica que todo tipo de proyecto debe ser presentado ante el concejo con una planificación clara y específica. “Tenemos que saber bajo qué requisitos se realizan las alianzas, realmente hasta dónde la empresa va a ayudar con el mantenimiento de la plaza, por cuánto tiempo. Se debe justificar desde lo más mínimo; por ejemplo, se va a cambiar la bandera en un mes, se van a conseguir nuevos bombillos, se van a sembrar unas flores. Todo”, agrega.

El alcalde del municipio Chacao, Gustavo Duque, declaró por sus cuentas de redes sociales que la alianza con Páramo Café consistía, principalmente, en que la empresa se encargaría del mantenimiento de la plaza. Luego, anunció la rescisión del acuerdo debido a que el comercio quería evitar polémicas mediáticas e invitó a la reflexión al “pequeño grupo de vecinos que se manifestó de manera agresiva”. Se refería con esto, al parecer, a los chacaoenses que escribieron en sus redes sociales que estaban indignados por la construcción e invitaron a protestar pacíficamente frente al tarantín.

Foto: Globovisión

“Chacao era el municipio per cápita más rico de Venezuela y la crisis pues nos ha afectado bastante. Pero eso no significa que dejaremos de cumplir con los procesos legales y las ordenanzas que guían la conducta de los comerciantes y vecinos que hacemos vida en este municipio.  Chacao es un municipio liberal que siempre ha creído en las alianzas con las empresas privadas, pero la justificación para otorgar la permisología (sic) de un negocio va más allá de que nos digan ‘vamos a regar la grama’. Hay razones por las que a uno se les dice que sí y a otros que no. Entonces, por qué permitir esta instalación si no se habían cumplido los requisitos”, cuestiona Godoy.

Así no lo observa Duque, quien expresó, para Revista Ojo, que este tipo de permisos para “kioscos móviles” se otorga directamente desde el despacho del alcalde en conjunto con la ingeniería municipal y algunos vecinos, ya que lo que se necesita es un “permiso provisional” y, por ende, no se requiere la aprobación de la cámara municipal.

Por su parte, las asociaciones de vecinos Arpan y Aruaca manifestaron que no habían aprobado el proyecto. Así mismo, comentaron que en 24 horas recolectaron las firmas de más de 500 vecinos en desacuerdo con la instalación del local y que el aspecto del kiosco no parecía móvil como puede serlo el de, por ejemplo, un perro calentero.

Luego de la evaluación de cuatro empresas cafetaleras, Duque asevera que Páramo Café era la única con capacidad monetaria para pagar los cuatro años consecutivos de mantenimiento de la plaza. Explicó que el país cada día está más dolarizado y solo un bombillo de la Plaza Francia puede costar entre 25 y 30 dólares. Igualmente, recordó que luego de las protestas opositoras de 2017, el espacio quedó deteriorado y dicha recuperación se ubicó en más de 40 mil dólares.

El problema no es Páramo Café

Se ha especulado con que Páramo Café podría tener algunos vínculos con el Gobierno, debido a los lugares que selecciona la empresa para la instalación de sus locales, ya que los mismos son pertenecientes al Estado: el teleférico de Mérida, en donde es el único comercio abierto; en el hotel Humboldt; en el aeropuerto Maiquetía. No obstante, también tiene sus locales en centros comerciales como el Tolón, ubicado en Las Mercedes; y en la avenida Francisco de Miranda, en el municipio Chacao. Más allá de esto, los vecinos no se atreven a caer en especulaciones. Son otras las razones, dicen, por las que expresaron su disgusto y exigieron procedimientos transparentes.

“A nosotros no nos incumbe la procedencia del dinero de los negocios que se instalen en Chacao. Eso no nos corresponde a nosotros, le corresponde a la alcaldía. La realidad es que la alteración de los vecinos no fue porque era Páramo Café, ya que preferimos mantenernos en el terreno de la certeza, y no guiarnos de la opinión pública. Es la alcaldía la que se debe cuidar y estar atenta a que las inversiones provengan de gente con buena reputación”, dice Gustavo Torres, vecino del lugar y miembro del consejo comunal Norce.

Para Melin Nava, profesora de Facultad de Arquitectura y Urbanismo, en el área de gestión y rehabilitación del patrimonio cultural, y, además, vecina del municipio desde hace casi 20 años, las irregularidades se han presentado a lo largo de los últimos meses. Según ella, son varios los grupos de accionistas de “procedencia dudosa” que están invirtiendo en el municipio Chacao. Resalta, entre ellos, al Grupo Wolf, que recientemente compró el edificio Atlantic e hizo unas construcciones prohibidas en su último piso.

Foto: Construido en Caracas

“Hay varios elementos dudosos. Primero, esta empresa compra uno de los edificios más relevantes del municipio. Luego, se le otorga un permiso sin consultar a los de Páramo Café, que además son conocidos del Grupo Wolf. Yo creo que se debe hacer una investigación minuciosa. La realidad es que el alcalde no le pasó el convenio a nadie y a nosotros no nos interesa si es Páramo Café o Movistar o McDonalds. Nos interesa la transparencia. Además, Chacao siempre ha sido incluyente con sus propios comerciantes. Por qué no se buscaron otros métodos, un concurso abierto. En fin, son tantas cosas. Y, en lo particular, sí me hace dudar. Porque para cualquier negociante es muy difícil costear un espacio en el Humboldt o en el teleférico de Mérida, y esta cadena en tan poco tiempo ha logrado tanto. Repito, nosotros simplemente queremos transparencia”, asevera.

Claudio Gamboa es ingeniero. Entre sus labores se encuentra el asesoramiento en temas de ingeniería y arquitectura al Grupo Wolf y al grupo que lleva la marca de Páramo Café, del que no quiso facilitar un contacto, ni revelar los nombres de los dueños; solo comentó que son alrededor de veinte socios que representan varias marcas.

“El grupo está obstinado. Dicen que los ciudadanos en vez de aportar, solo critican. Ellos querían atender la necesidad de los usuarios que utilizan ese espacio de la plaza. Capaz detrás del obelisco no era el lugar adecuado; pero no por ello es que es incorrecto que se instale un comercio de café”, opinó.

Apunta que Páramo Café es una marca que comenzó hace cinco años y sigue en desarrollo mediante un “trabajo de hormiguita”. Además, dice que son muy pocos los empresarios que están haciendo nuevos proyectos y Páramo Café está aprovechado oportunidades que otros no.

“Si los analizas, Páramo Café es una marca que está posicionando el café venezolano. Como un Starbucks en Estados Unidos. Ellos invirtieron en una hacienda cafetalera que estaba expropiada y a partir de allí comenzaron con el negocio. Hay varias marcas que han surgido por la crisis. En todo tipo de negocios. Desde productos de limpieza hasta comercios como Balú, que trae ropa de Zara y Bershka. Antes estaban presentes muchas más cadenas de comercios internacionales, ahora observamos marcas nacionales. Es muy poca la importación y eso ha beneficiado a algunos en la producción nacional”, agrega.

Municipio protegido

La profesora Nava explica que la instalación, más que una solución, se convertiría en un problema, ya que el local se estaba construyendo dentro de las jardineras originales de la plaza, deteriorando los brocales de piedra. “Eso es un abuso de uso del espacio. Además, entorpece la condición integral de la plaza como patrimonio”, asevera.

Foto: Jesús Medina Ezaine

Tanto Navas, como Godoy y Torres rechazan las acusaciones del alcalde en las que los tildó de vecinos agresivos. Todos manifiestan que lo que más les interesa es la preservación de sus espacios y la transparencia en el municipio. No comprenden el trato despectivo hacia ellos.

Cada vecino de Chacao identifica la Plaza Altamira con alguna época o costumbre específica. Ya sea una celebración de fin de año, alguna marcha opositora, un concierto o feria del libro. Por ende, defienden su territorio. Todos coinciden en que Caracas es una ciudad maltratada, mientras que Altamira busca la modernidad y el auge bajo los principios correspondientes.

“La Plaza Francia es un espacio simbólicamente muy significativo. ¿Cuál es el mensaje desde el punto de vista simbólico? ¿Quieren colonizar? El vecino de Chacao es muy sensibilizado a proteger sus iconos, su patrimonio cultural. Estamos cansados de las situaciones de atropello que desean eliminar nuestros recuerdos. Nuestra memoria. Este mensaje deben comprenderlo tanto funcionarios públicos como empresarios ambiciosos que buscan ganar dinero a costilla de deteriorar nuestra calidad de vida”, opina Nava.

La aspiración de ella, como muchos de su junta vecinal, es la activación de un plan de desarrollo urbano local que reduzca los niveles de discrecionalidades por parte de las autoridades locales al momento de tomar decisiones.

“Hubiésemos reaccionado así sea cual sea el local. Nos quieren despojar de nuestra memoria cultural agrediendo el patrimonio material y como vecinos no lo permitiremos”, sostuvo Navas.

 

Por Claudia Smolansky@clausmolansky 

Gustavo Cerati un minuto antes del colapso

Una navegación a través del entorno humano y emocional que circundó el trágico episodio del colapso de Gustavo Cerati en Caracas permite extraer una conclusión: el astro argentino no sólo llegó a tener plena conciencia de la gravedad de su problema, sino que vio aproximarse con claridad las puertas del vacío en el cual quedó suspendido.

El día decisivo para comprender el desenlace de este trance no fue el sábado 15 de mayo, día de la crisis, sino el domingo 16, fecha del ingreso. Es a partir de entonces que el planteamiento inicial de su dolencia conoció, en cosa de horas, una siniestra –pero más o menos habitual en estos casos– metamorfosis. El rostro definitivo de sus consecuencias iba a ser apreciado el lunes. Su ingreso al Centro Médico Docente La Trinidad se produjo en medio de una comprensible ansiedad adobada con sorpresa, pero ninguno de los protagonistas de este episodio pudo figurarse ni remotamente que las consecuencias iban a ser tan devastadoras.

Parece cierta la hipótesis de que aquel día el músico despertó relativamente estabilizado, incluso de buen humor, con ánimos suficientes para bañarse, comerse las arepas que ha reseñado la prensa y caminar con ayuda por el entorno de la habitación.

De la tarde a la noche del lunes, sin embargo, tuvo lugar un evento inesperado y aún desconocido para el público grueso. Luego de un interregno en el cual pudo dormir, Gustavo Cerati comprobó que no podía escribir y que tenía completamente inutilizada su pierna izquierda. Las insinuaciones mecánicas que se le habían asomado a partir de la noche del sábado ya habían conocido un desenlace inapelable. Le sobrevino a continuación una terrible crisis emocional: tuvo que ser contenido en masa por los músicos de la banda y sus amigos para que no saliera de la cama.

El desajuste puede haber constituido el pórtico del agravamiento de su situación: bordeando la hora de la cena, una rubia médico de guardia constató con alarma que sus signos vitales estaban bordeando la subsistencia. Cerati fue trasladado de emergencia, espacio que pasó a convertirse en una residencia fija: la sala de terapia intensiva.

I


“El mejor concierto de toda la gira Fuerza Natural” le declaró Richard Coleman, uno de los miembros del séquito, al rotativo argentino Clarín. Una velada húmeda y relativamente fresca en la Universidad Simón Bolívar, en la cual la audiencia se encontró a un Gustavo Cerati especialmente simpático y elocuente, lo suficientemente animado para ofrecerle al público, por ejemplo, una versión de A merced nunca antes tocada en vivo.

Había arribado Cerati a Caracas el viernes 14 procedente de Bogotá. Un largo tour de vuelos continuos, mucho trabajo y excesos en fiestas que habían sido desaconsejados por sus médicos personales: fumador irremediable de cigarrillos en cadena, Cerati ya había sufrido cuatro años atrás de una trombosis en la vena de una de sus piernas que le dejó unas cuantas semanas sin caminar. La recuperación llegó rápido, había dejado de fumar, pero quedó el susto: un “cagazo tremendo”, como le había confesado a un periodista austral.

Algunas versiones de prensa –que incluyen reportajes hechos en el Cono Sur– han reseñado que, llegado a Caracas, Cerati había visitado algunos lugares nocturnos hasta altísimas horas de la noche, y atribuyen lo acaecido en estas juergas como el paso previo a la crisis.

Se ha hablado en particular de Moulin Rouge, en Sabana Grande –uno de los espacios que más tarde cierra en Caracas– como el escenario en el cual él y sus músicos calentaron motores como paso previo al concierto. Marcos Santos, uno de los propietarios del local, desmiente por completo lo que considera un mal entendido. “Ese día estuvimos hasta bien tarde en local y nadie supo nade de Cerati”, explica. “Ese chisme se extendió porque en una página web se hizo un montaje con su foto en unos de los sillones del local. La verdad es que todo formó parte de una broma”.

Confirma la información Víctor Méndez, dj que amenizó la velada del “after party” en el camerino durante en el concierto de 2006, en el Sambil, y que iba a hacer lo mismo en la Universidad Simón Bolívar. “Si salió a rumbear el viernes nadie supo nada”, afirma. “Yo no sé si hizo algo privado, tan privado que ni nosotros lo supimos, o se reunió con su gente en la suite que ocupaba en el hotel. Estoy totalmente seguro de que el viernes él no salió a ninguna parte”.

II

Sin embargo, el aspecto de Cerati al día siguiente era el de, como mínimo, un evidente trasnocho. Independientemente de que sea cierto que no salió a la calle de juerga. Se presentó, como estaba pautado, pasada la hora del almuerzo a la USB, en la zona del concierto. Tenía pendiente concluir el “meet and greet”: encuentro organizado por Evenpro con el artista junto a los ganadores de un concurso de Twitter a partir del cual se tomarían fotos y se repartirían autógrafos. Luego efectuarían la correspondiente prueba de sonido.

La periodista Herminia Fernández fue una de las afortunadas participantes del “meet and greet”. Ella recuerda que Cerati se presentó con el desaliño propio de un pop star: franela gris y jeans deslavados; lentes oscuros y unos zapatos de goma que ni siquiera tenían las trenzas amarradas. “Fue muy simpático desde el principio”, recuerda. “Nos invitó a cordializar a todos. ‘rompamos el hieló’ fue lo que dijo”. El músico cumplió pacientemente con el trámite: fotos con los ganadores y obsequios; firmas autografiadas, conversaciones algo torpes con fanáticos que no conocía y hasta un poema, con llanto incluido, de una de las participantes.

Pudo Fernández quedarse a contemplar la prueba de sonido, un auténtico privilegio que hizo imborrable aquella experiencia. Andrea Benavides, de Evenpro, rememora: “Lucía muy relajado. Tocó casi todo el repertorio de Fuerza Natural mientras bromeaba con la audiencia. Varias veces, porque no le llegaba, pidió que le acercaran una cerveza Polar. ‘¿Es que no hay una Polar en este país?’, se preguntaba”.

La prueba concluyó sobre las cinco de la tarde. Volverían al hotel para arreglarse. Todo estaba listo para ofrecerle a la audiencia de Caracas aquel memorable último concierto. “En la firma de autógrafos, Cerati nos comentó que no se sentía bien”, dice Fernández. “Con eso se disculpó para terminar la conversación. Dijo que estaba resfriado”.

III



“Esta noche tenemos fiesta y será con Leandro Fresco”, prometía Cerati en medio de una ovación cuando se aproximaba el fin del recital. El tecladista de la banda, organizador de otros after party memorables durante el paso de los argentinos por Caracas, tenía arreglado con su amigo, el locutor y dj venezolano David Rondón, una fiesta de despedida que tendría lugar en Atlantique. Aquel fue, en rigor, el único encuentro nocturno pensado en Caracas para el tour Fuerza Natural.

“El día del concierto y la fiesta, voy al hotel Meliá a verme con Leandro, saludar, llevarle las invitaciones y buscar los pases de backstage”, recuerda Rondón. ”Estuvimos un rato hablando y quedamos en vernos en allá para irnos todos a la fiesta”. Prosigue: “cuando llegamos a backstage después del concierto los chicos estaban cenando. Como tenía que irme a la fiesta le dije a Leandro que me avisaran al llegar para el acceso de la banda. Justo después, Leandro me escribió que había pasado algo terrible y que se iban a la clínica. Nos fuimos a la fiesta muy tristes, con el ‘secreto’ en las manos. A la hora todo el mundo escribiéndome y haciendo especulaciones. Horrible. Leandro, tan buen amigo que es, horas después fue todo preocupado a la fiesta, queriendo cumplir con su trabajo, pero desbastado por lo de Gustavo”.

Recapitulemos: completada la despedida y el bis, Cerati y los miembros de su banda entraron felices y satisfechos al camerino. Luego de la cena tendría lugar una pequeña velada para celebrar el último concierto de la gira. La banda se tomaría una última foto. Luego, los que desearan partirían a la rumba de Atlantique.

Parece cierta la hipótesis de que a Cerati le irritó la entrada descontrolada e inconsulta de público que, con una pulsera a manera de pase, entró al camerino para conocer al astro para tomarse fotos. El dj Victor Méndez dice: “Normalmente entra publico escogido al camerino. Pero es gente selecta, que se sabrá dar su puesto y podrá comportarse como corresponde ante un astro como Cerati. Si un montón de gente te invade y te aborda sin que te pregunten nada, claro que te tienes que molestar”.

En unas declaraciones muy recientes a Clarín, el argentino Richard Coleman lo recuerda así. “Habíamos tenido un show excelente. Después, nos fuimos a camerinos, nos cambiamos, cenamos y recibimos visitas. Todo en el transcurso de una hora y media. Como era el último show de esa etapa de la gira, nos sacamos una foto con el equipo. Gustavo estaba con cara de cansado. Después, él volvió al camerino y se quedó solo. Al rato, tuvo una isquemia. Perdió el control sobre la mano y el brazo, y fue socorrido por alguien del equipo (…). En los pasillos, encontré un movimiento muy raro. Adrián Taverna me miró con una cara de que algo malo había pasado. Llegaron los paramédicos y le controlaron la presión… La camilla se lo llevó consciente, y crucé miradas con él”. Tomo un tiempo disolver por completo la atmósfera de celebración que aún imperaba. “Me siento mal. Me quiero ir a la mierda”, había dicho Cerati luego de la foto de familia.

El Centro Médico Docente la Trinidad era la unidad médica con prestigio más cercana. Víctor Méndez recuerda que no hubo que esperar nada entre la crisis y la salida: la ambulancia estaba ahí. Su presencia es obligante en el caso de un astro de su talla, aún si no estuviera pasando nada. También él lo vio pasar justo a su lado en una camilla.

IV

El ex Dermis Tatú y actual Bacalao Man, Sebastián Araujo, había escuchado en diagonal que Cerati estaba en una clínica en Caracas. Como muchos por entonces, pensó que se trataría de alguna indisposición pasajera: la “fuerte subida de presión” a la que hacían referencia los partes oficiales.

Aunque es amigo personal de varios de los miembros del entorno musical de Cerati, muy especialmente del baterista, Fernando Samalea, había permanecido, por esta vez, alejado de los pormenores del show. Es Héctor Castillo, su compañero en Dermis Tatú, hoy aquilatado productor musical internacional muy cercano a Cerati, quién lo llama para confirmarle la gravedad de la situación.

“Yo me activo a partir del miércoles 19. Todos los miembros de la banda se quedaron varados en Caracas. Me ocupé de orientarlos y atenderlos. Héctor me pidió que atendiera sobre todo a Anita Alvarez de Toledo, la corista, por la que Cerati sentía un especial afecto”.

Toda la banda estaba en la clínica aquel martes: a la crisis le siguió la famosa operación de emergencia que puso a sus fans en vilo y colocó al astro en el suspenso actual. Devastados, ninguno quiso declararle a la prensa. Goteados entre esa semana y la siguiente, comenzaron a abandonar el país.

El martes 18 llegan a Caracas la madre de Cerati y su hermana. Araujo cuidó de Anita Alvarez, a quien tuvo en su casa en Los Palos Grandes casi un mes completo –el tiempo en el cual estuvo Cerati hospitalizado acá– y el resto de los músicos. Atendió personalmente a la madre y la hermana de Cerati, quienes, ya en la ciudad, asumieron el control de las decisiones del paciente.

Fueron horas de largas conversaciones, recuerdos, incertidumbre y drenajes de angustia. Araujo recuerda que la hermana y la madre de Cerati estaban atormentadas con el tráfico y la distancia que mediaba entre el hotel y la clínica. “Fueron muy amables, educadas y agradecidas. Anita estaba destruida, pero disfrutó mucho más la ciudad. Salimos bastante y conversamos muchísimo. Se fue con ganas de regresar”.

Una aeroambulancia cruzó un mes después el cielo de Caracas a Buenos Aires y se los llevó a todos con su nuevo tormento. El centro Fleni fue, desde entonces, una residencia. El drama de Gustavo Cerati ya le pertenecía a todo el hemisferio.

 

Por Alonso Moleiro@amoleiro

¡No te apagues más, Maracaibo!

En la urbanización Nueva Democracia, ubicada al oeste de la ciudad de Maracaibo, los vecinos pueden conocer muchas cosas, menos la democracia. Ninguno de ellos goza de libertades básicas como 24 horas continúas de luz o de agua. Se rigen bajo un cronograma de racionamiento eléctrico y parecen estar acostumbrados a este nuevo modelo que les ha impuesto el “gobierno revolucionario”. Eso no significa que, necesariamente, simpaticen con él o lo aprueben.

La urbanización se divide en cinco sectores o “etapas”, como le dicen los maracuchos. Cada etapa cuenta con 150 casas aproximadamente, sin contar las invasiones –terrenos vacíos que fueron ocupados ilegalmente por distintas familias–, que están a los alrededores y se denominan “barrios”.

Desde hace más de un año, estos sectores cuentan “exclusivamente” con cuatro horas diarias de luz.  Hasta el Hospital de Especialidades Pediátricas se ha visto perjudicado; y es que, a pesar de que instalaron una planta eléctrica destinada para emergencia y quirófano, sus salas de hospitalización y pediatría se mantienen sujetas al mismo cronograma de la revolución.

Fue esta zona rural una de las afectadas durante el apagón de Maracaibo.

Desde el 9 de agosto, la tierra de la gaita y el petróleo se quedó sin luz. Muchos sectores, como el Nueva Democracia, estuvieron una semana completa sin electricidad. Otros contaron con este servicio de forma intermitente. Sin embargo, la oleada pegostosa de calor afectó a todos.

En una de las ciudades más calientes de Venezuela, no hay distinción de clases sociales para la adquisición de un aire acondicionado. Cualquier casa, local, comercio o abasto debe tener este artefacto para mantener una mínima calidad de vida. Una calidad de vida que los habitantes ya no parecen tener, o, por lo menos, no de forma constante.

En las noches, Jayalin Altuve, profesora de 30 años, intenta que su sobrino Santiago de 3 años pueda dormir con ciertas comodidades. Coloca el colchón en las afueras de la casa en búsqueda de una brisa en temperaturas de 39 y 40 grados. Como sabe que las probabilidades son bajas, sujeta un pedazo de cartón y refresca con un poco de aire al pequeño Santiago, quien –a veces sudoroso– llora y se queja por las altas temperaturas. Pues si para un adulto el calor extremo se convierte insoportable, los niños pequeños no lo comprenden, se vuelven irritables y no logran conciliar el sueño.

Nueva Democracia, sin democracia

Nueva Democracia es uno de los sectores más vulnerables en cuanto a los apagones. Las mismas invasiones han entorpecido el funcionamiento del servicio eléctrico mediante las “tomas ilegales de los canales de luz”.

“Ellos llegan y se enchufan”, dice Levin Bracho, estudiante de Derecho y uno de los dirigentes juveniles en Maracaibo por Voluntad Popular.

El joven del movimiento estudiantil explica que, a diferencia de Caracas u otras ciudades del país donde los cables de electricidad se instalaron de forma subterránea, en Maracaibo se encuentran visibles por las calles de “poste en poste”.

Ciudad Lozada, Los planazos y Carmelo son los tres barrios que se han “enchufado”, sin respetar la ley, en Nueva Democracia. No existe autoridad que imparta el orden en esta zona.

Durante las mudanzas a los terrenos, los habitantes conectaron su propio cable a los transformadores de la urbanización, sin ningún tipo de autorización o control, lo  que generó una sobrecarga eléctrica, afectando el funcionamiento correcto de los servidores.

“Supongamos que la línea de cables de Nueva Democracia estaba diseñada para alimentar 50 casas, bueno, ahora hay que sumarle todas las que no estaban dentro de la planificación de la urbanización, que son demasiadas y cada cierto tiempo son más y más. De hecho, esta zona ha crecido a raíz de las invasiones”, comenta Bracho.

A la mayoría de los vecinos, por no decir todos, que es lo que se sospecha, se le ha dañado algún artefacto eléctrico por los centenares de apagones.

Los que se quedan sin nevera, intentan resolver con una cava para el hielo. Se pueden olvidar de la carne y el pollo, pero no del agua fría. A los que se les daña el aire acondicionado, no saben responder cómo solucionarán. Solo manifiestan que los costos de reparación son impagables. Mientras, a los que se les daña el televisor responden que hay cosas más importantes. “El televisor es como la ropa, son lujos que en el presente ni siquiera consideramos”, cuenta Juan Fermín, vecino del lugar.

La oscuridad arropa a Maracaibo. 100 horas continuas sin luz estuvo la urbanización Nueva Democracia. No hay señal telefónica. Las protestas son reprimidas por los cuerpos de seguridad del Estado. Y los habitantes solo pueden gritar: “¡No te apagues más, Maracaibo!”.

 

 

Por Claudia Smolansky | @ClauSmolansky

La decadencia del Teatro Teresa Carreño

El principal Complejo Cultural del país, y uno de los teatros más importantes de América Latina,  bajó el telón y tiene un año sin realizar  presentaciones en sus famosas salas: la Ríos Reyna y la José Félix Ribas. La situación del país hunde al teatro Teresa Carreño en la sombra; por lo que ahora, la función no puede continuar.

Los protagonistas del Teresa Carreño hoy son distintos: la oscuridad es la reina de los pasillos que solo se iluminan con los rayos de sol que entran del exterior; las jardinerías perdieron su color verdoso, ahora están descoloridas; el piso está cubierto por una gran capa de polvo, ya no brilla como antes; los robos son los antihéroes y el abandono, el tema central.

A 35 años de fundación, la época dorada del teatro quedó atrás. El deterioro lleva años acumulándose y se intensificó desde que el gobierno de Nicolás Maduro ordenó su intervención en 2014 y nombró a una junta interventora que estaría a cargo del teatro solo por seis meses, con la finalidad de hacer una reestructuración. Sin embargo, la realidad es que a cinco años de eso la junta sigue allí y no hay rastro de que se haya hecho mantenimiento a las instalaciones; por el contrario, la política de mantenimiento que existía desapareció.

La mala gestión: la obra más exitosa

“No hay una política de mantenimiento sino que de repente viene el presidente y  manda a pintar una pared o a limpiar. Anteriormente había una gerencia de mantenimiento que se encargaba de esas cosas. Pero desde la llegada de la junta interventora el lema es como vaya viniendo vamos viendo”, expresó el  historiador, investigador y director del Centro de Documentación y Archivo del Teatro Teresa Carreño, Jesús  Gutiérrez.

En noviembre de 2014, el presidente de la junta interventora, Gustavo Arreaza, manifestó en una entrevista para el Correo del Orinoco que se realizaría una rehabilitación integral de toda la institución: “La junta se ha dedicado a recuperar las salas y los espacios que rodean al edificio .El presidente Maduro nos pidió que se levantaran los diagnósticos para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y al mismo tiempo rehabilitar integralmente la estructura”.

Sin embargo, la renovación nunca se realizó, basta con caminar por los pasillos que están sucios, oscuros y manchados. Incluso sin entrar, la decadencia de los jardines, de esa integración con el Parque los Caobos, con la fachada de concreto y naturaleza que desde su fundación caracterizó la edificación, se ha perdido: Los jardines, no existen, dejaron que se convirtieran  en basurero, ahorita no hay nada”, manifestó Gutiérrez.

Las taquillas del teatro ya no tienen programación que ofrecer, los baños están cerrados por la falta de agua, luz y continuos robos y las veces que los habilitan permanecen en muy mal estado. “El plan de gestión de la junta han sido puras declaraciones, nunca se llevó a cabo nada, era puro papeleo y la realidad lo demuestra”, dijo el historiador. Pero el cambio notorio que sí realizó la directiva del segundo teatro más importante de América del Sur fue la programación: sustituyó  los espectáculos culturales por actos de un partido político.

“El poco mantenimiento realizado en los últimos cuatro años son pañitos calientes, lo hacen cuando hay grandes eventos políticos para que funcionen medianamente mientras estos duren. Pero el mantenimiento para una estructura como esta tiene que ser permanente, como antes. Ahorita existe una coordinación que en teoría debe encargarse de eso pero no tiene recursos, y es como si no existiera”, declaró Gutiérrez.

Cristian Hernández – Climax

Sin funciones no hay ingresos

Parte importante de los ingresos del teatro que servían para su mantenimiento provenían  de las funciones que se realizaban  en la sala Ríos Reyna y la José Félix Ribas. Pero la falta de mantenimiento del aire de Parque Central que surte el aire acondicionado ha causado que las salas, que en un tiempo albergaron más de 1.900 eventos entre internacionales y nacionales, tengan un año cerradas.

“Los recursos económicos provienen, mayormente, de dos fuentes básicas: lo que asigna el Ministerio de Cultura y los ingresos propios. Pero, ¿qué pasa?, no hay programación y  por lo tanto no hay ingresos. Es  un ciclo: si no se generan ingresos, no se puede hacer mantenimiento y tener las condiciones adecuadas; y si deja de funcionar… ¿de dónde se obtienen esos recursos económicos?”, declaró el también profesor de historia, Jesús Gutiérrez.

 “El teatro va a estar en mes y medio entre los cinco mejores del mundo, se harán otros cambios como la iluminación de las salas con luces led y el reemplazo de las butacas”, fue la promesa de Arreaza en 2016, pero la realidad es que nunca llegó luz nueva al teatro. Cuando aún las salas estaban en funcionamiento, Jonitza Castillo,  estudiante de la escuela de música José Ángel Lamas, se presentó con la Ópera del Teresa Carreño en la sala Ríos Reyna, en unas condiciones que no eran las adecuadas: “Las salas de ensayos estaban muy oscuras, a mis compañeros y a mí se nos dificultaba la lectura de las partituras”.

La política debe continuar

Las entradas por taquillas representaban un ingreso importante para el teatro; pero el deterioro, las malas condiciones y la escasa gestión han ahuyentado a los mejores representantes artísticos. A eso se suma la mala reputación que ganó el teatro por incumplir con las fechas debido a las constantes cancelaciones por eventos políticos que siempre tienen prioridad.  “Los artistas solicitaban la reserva de las salas, se daba la fecha y ¿qué pasaba?, llegaba una solicitud del presidente, y tenía que cambiarse la fecha o cancelarla”, dijo Gutiérrez.

“No, nunca ha habido interrupción de ningún espectáculo por actos oficiales. La Ríos Reyna no quedó para esos eventos”, declaró el presidente del Teresa Carreño a Contrapunto. Sin embargo, Gutiérrez resalta que si la directiva se negaba a cancelarle a los artistas que ya habían reservado, se jugaban su puesto de trabajo: “Si decían que no, les cortaban la cabeza. Entonces esto llevó a que muchos artistas no se presentaran aquí porque el teatro se había ganado la fama de que no cumplía. Claro, eso no sale en la prensa, eso no se dice”.

La actualidad es diferente a los mejores años del teatro donde la política no entraba en los recintos culturales. Leonardo Azparren, ex director del teatro desde 1995 hasta 1999, declaró que durante sus años de gestión no se realizaron actos favorables a partidos políticos: “Estas instituciones no deben contaminarse de esa manera. Es oportunismo político porque el Estado no tiene un espacio para esos eventos”.

Obra estelar: el abandono

Los pasillos en los que intentan hacer vida las pocas personas que aún visitan el teatro, están desolados y oscuros, y allí el hampa es el nuevo personaje que protagoniza la obra con función permanente llamada: inseguridad. Apenas un pequeño grupo de vigilantes se concentran en el lobby del teatro, desde donde tienen una visibilidad reducida y regalan a los amantes de lo ajeno el resto de los más de veinte mil metros que ocupa el teatro más importante del país.

Músicos, cantantes, bailarines, actores y distintos artistas optan por ensayar en otros lugares por miedo a ser víctimas del hampa. De acuerdo con Gutiérrez, son pocas las agrupaciones que aún se mantienen en el teatro: “Se fue la Orquesta Filarmónica de Caracas, la Orquesta Simón Bolívar, Danza Hoy, el Coro Simón Bolívar,  la sede la  Organización Nacional de Teatro, la Compañía Nacional de Música… solo quedan la Compañía  Nacional de Ballet que es un esqueleto y agrupaciones independientes“.

Esta situación cambia totalmente la esencia que menciona Azparren sobre la magia que tenía el teatro cuando él era director: “A mí siempre me gusta decir que lo más valioso e importante del teatro es su gente. El personal de la gerencia de producción de ese teatro era el mejor, podía ser comparado con el personal del Teatro Colón de Buenos Aires, que es  uno de los cinco mejores del mundo”.

Si la magia del teatro era su gente, el Teresa Carreño se ha quedado sin su “algo” especial. Apenas diez personas son las encargadas del mantenimiento de los 22.586 metros cuadrados que ocupa el complejo, quienes intentan hacer milagros con los limitados recursos de los que disponen. La falta de personal y la inseguridad han sumido al teatro en un rincón oscuro y abandonado, mientras que los encargados y las autoridades pertinentes hacen poco o nada por salvarlo.

 

Por Luis Quiaro y Aylihanys Vargas | @luisQuiaro1510  –  @aylihanysm

Ahogados en el Orinoco

Las aguas bajan y los problemas quedan. Esa es la preocupación de José Gregorio Salazar, no Hernández: por eso, aunque padre, no hace milagros. A él mismo le tocó acompañar a una familia en duelo porque la más pequeña de la casa, que contaba con un año y medio, murió ahogada en la crecida más alta del río Orinoco, que ha acumulado más de 60 mil damnificados en seis estados del país.

La pequeña pertenecía a un hogar de cuatro mujeres, donde cada una contaba con responsabilidades distintas. La madre y la tía se encargaban de buscar comida en una ciudad inundada y sin alimentos. Mientras que la niña de ocho años se quedaba resguardada en casa cuidando a su hermana. Bastó unos segundos de distracción para que lo irreversible ocurriera. La bebé gateó hacia lo que se supone que era el patio, hacia lo que debía ser el patio: hacia ese lugar al que, probablemente, tantas veces había gateado sin problema alguno.

Pero lo que antes era solo patio, ahora era principalmente agua: a la niña la encontraron ahogada.

Los gritos de los vecinos anunciaban a un “objeto” flotando. Los gritos devinieron alaridos cuando comprendieron que se equivocaban. Y el padre José Gregorio Salazar solo pudo ofrecer la palabra de Dios. Y solo pensó que si el río se elevaba, continuarían las tragedias. Y que si el río descendía, se mantendrían las tragedias.

El río Orinoco, el cuarto más largo de Sudamérica y el tercero más caudaloso del mundo, luego del Amazonas y el Congo, tiende a elevar sus metros de agua sobre el nivel del mar entre julio y agosto desde hace más de dos siglos. Este año, superó el nivel máximo histórico registrado en 1943 y 1976, con una cota de 18,10 msnm. Es decir, el agua alcanza las calles hasta, algunas veces, cubrir casas completas. En esta oportunidad, se han visto afectadas las comunidades de los estados Amazonas, Bolívar, Delta Amacuro, Monagas, Apure y Anzoátegui.

Precisamente por eso, por no ser un fenómeno reciente, la preocupación del padre Salazar se acentúa. Por eso su rabia, que desea disimular. No es primera vez que observa el dolor de una familia, ni tampoco la destrucción de paredes, techos, neveras y cocinas. Y, peor aún, está consciente de que, en una Venezuela sin medicamentos, enfermedades supuestamente erradicadas, como el paludismo y el sarampión, no podrán ser atendidas. Está consciente de que, en una Venezuela hiperinflacioanaria, esas casas destruidas difícilmente podrán ser recuperadas.

Pero la naturaleza, poco a poco, retoma su rumbo. Las aguas se calman y las ciudades salen a flote. El problema es que los ciudadanos de San Félix se sienten más pobres. No saben qué tienen, cuánto tienen. Reciben donaciones de la gobernación: mosquiteros, sábanas, colchones, ropa. Los revenden. Los revenden caro. Todos quieren ser bachaqueros. El padre cuestiona, nuevamente, la política de pan y circo que emplea las autoridades. Exige que se cree una Contraloría, para reducir la viveza criolla de los revendedores. Y espera soluciones efectivas porque sabe que esa misma gobernación no tiene ninguna cajita CLAP –uno de los pocos e insuficientes “beneficios” que ofrece a los ciudadanos– que controle la cota del Orinoco: solo controla el hambre, dizque. El padre se pregunta, ¿acaso van a seguir retando a la naturaleza?

El proyecto Misión Vivienda, uno de los mecanismos con los que las autoridades supuestamente buscan “ayudar” a los venezolanos, no se plantea la reubicación de las familias, a pesar de que las consecuencias de la subida del río es algo que se ha repetido sucesivamente a lo largo de los últimos años. Las inoportunas construcciones se mantendrán a la orilla del río. El padre dice: “Ya basta. Nadie predice la naturaleza. Sí: esta subida es un récord histórico. ¿Y si el próximo año es peor?”.

Mientras, las serpientes y zancudos se pasean entre aguas estancadas. Esperando su próxima presa. Algunos habitantes no se alejan de su chozita, pues es lo único que tienen: lo único que les queda. Además, los delincuentes no desaparecen en desastres naturales. Como dice el padre, el problema no es el Orinoco, el problema es el país.

Por primera vez, él y su equipo de Justicia y Paz de la Diócecis de Ciudad Guayana fueron escuchados. Dejaron de ser los “escandalosos y creadores de zozobra”. Recaudaron ciertos insumos. Solo que los califican como “pañitos caliente” porque las comunidades siguen buscando respuestas de verdaderas autoridades: necesitan soluciones contundentes y no medidas de contención. Agradecen la ayuda del padre, pero saben que no es suficiente, que están condenados a sobrevivir bajo el agua todos los años.

Es probable que aún les queden más niñas ahogadas por enterrar.

 

Por Claudia Smolansky | @clausmolansky

Jardín Botánico en peligro de extinción

En 1945 comenzaron las gestiones para la creación del que es en la actualidad uno de los dos jardines botánicos –en todo el mundo– en ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fundado por el Doctor Tobías Lasser en 1958, y con 70 hectáreas de extensión, el Jardín Botánico de Caracas (JBC) es considerado el segundo pulmón natural de la capital, además de ser la mayor reserva de flora tropical del país. La institución ha sido referente internacional por preservar alrededor de 2500 especies vegetales, algunas autóctonas y otras provenientes de Centroamérica, Oceanía, África y Asia.

Pero el Jardín Botánico no solo alberga árboles místicos, gruesos cactus y flores llamativas, en sus instalaciones acobija al Herbario Nacional –que posee 450 mil muestras de plantas– y a la Biblioteca Henri Pittier, en cuyos estantes reposan libros del siglo XVIII. Los tres entes están agrupados bajo la figura de Instituto Experimental Jardín Botánico Dr. Tobías Lasser, cuya tutela es de la UCV.

El museo ecológico está ubicado al lado de la entrada universitaria Tamanaco, dirección Plaza Venezuela. Su colina da al norte con las comunidades San Agustín y La Charneca, lo que ha forjado una relación bosquebarrio por décadas que, según autoridades, no ha sido del todo buena. Pero más allá de lo que puedan hacer o no estos vecinos, existen problemas mayores que, si no se atienden a tiempo, serán como aquel gusano que devora al chaguaramo lentamente hasta acabar con él y dejarlo muerto de pie… Hasta dejar un patrimonio marchito.

A un año del 2017: la fase cero

En abril del año pasado al JBC le fue removida la custodia de la Guardia Nacional Bolivariana, presuntamente para cumplir funciones de control público. Al estar el jardín completamente desprotegido fue blanco de masivos robos que ocurrieron de manera sucesiva; hurtaron desde lápices y engrapadoras, hasta computadoras, sillas, lámparas, escritorios, impresoras, scanner, vigas, aires acondicionados, piezas sanitarias, colecciones vegetales, herramientas científicas y de jardinería y hasta vehículos fueron desvalijados.

Acceso bloqueado del auditorio del edificio principal Salón adyacente al auditorio
del edificio principal.

 

Lo más grave del saqueo fue la sustracción y pérdida total del cableado eléctrico, aún no repuesto por falta de presupuesto. La directora del instituto en ese entonces, Ana Herrera, denunció –a través de distintos medios– un ataque sistemático contra el patrimonio natural.

A falta de electricidad en la actualidad, funcionarios de la Guardia del Pueblo –vigilancia restituida en diciembre pasado– se las han ingeniado con un fogón improvisado –un recipiente con gasolina y madera puesto en el suelo con una plancha oxidada encima– para cocinar por las noches, además de armar varios mechuzos para iluminar algunas áreas.

Fogón improvisado utilizado por La Guardia del Pueblo para cocinar.

El auditorio del edificio principal –con aforo de 350 asientos–  no ha sido utilizado desde los hurtos. Los baños no están aptos para el aseo humano y ya no existen las duchas para los jardineros, el orquideario fue desmantelado y la mayoría de los equipos resguardados fuera del JBC no han sido restablecidos por miedo a nuevos robos.

La Guardería Ambiental quedó en ruinas al igual que los galpones de los obreros, en cuyas paredes curtidas se lee dos veces “este galpón ya fue saqueado”, graffiteado con pintura roja.

En 18 años de experiencia profesional en el instituto botánico, Neida Avendaño, curadora principal del Herbario Nacional, declaró nunca haber vivido una situación tan crítica, con un nivel de destrucción tan grande. “Aquí no hay luz, solo se puede hacer el trabajo manual”, expresó. El horario de trabajo de todo el personal pasó de ser el habitual a tener el carácter de ‘emergencia’, ahora se labora solo en las mañanas, obligando a continuar los deberes en casa.

En 2017 se sembró ausencia de funcionarios de seguridad y se cosechó –de manera abundante– saqueos, de los que un año después el Jardín Botánico no se recupera.

Galpón de descanso para obreros y jardineros, saqueado.

Inventario de arbitrariedades  

Algunos habitantes de los barrios La Charneca y San Agustín no han encontrado la mejor manera de compartir la montaña con el Jardín Botánico de Caracas y de coexistir respetando las reglas y normas del área de conservación.

Aunque el director encargado de jardinería, Jean Tillet, no catalogó como mala la relación con estas zonas populares, reconoció que ocurren con frecuencia ciertos tipos de abusos; como la existencia de puertas en la cerca colindante para tomar atajos, o la instalación de pequeños conucos de plantas aromáticas, de aguacate o de sábila, que propician la deforestación de la superficie protegida para sembrar vegetación ajena al jardín.

“Muchísima de la basura como línea blanca desechada y escombros diarios han terminado del lado del Jardín Botánico… El cerro está tachonado de basura de décadas que no se ve porque hay un bosque encima”, confesó Tillet. Al tiempo que también admitió que no hay políticas persistentes con esas comunidades para concienciar sobre la mala práctica.

El sargento mayor en jefe de la Guardia del Pueblo, Yorfran Rodríguez, que custodia el parque agregó que han encontrado personas aseándose dentro de los tanques que se ubican en la colina y que surten con agua al Hospital Universitario.

Una realidad de anarquía que fue ratificada por el director del Instituto JBC, Mauricio Krivoy, que a su vez denunció que en el territorio del patrimonio natural hay una invasión de un par de viviendas, a pocos metros de un cuartel de la Organización Nacional Antidrogas. Lo han informado a las autoridades más de una vez: no han hecho nada.

Invernadero en total abandono.

El presupuesto no alcanza

Gladys Vergel, administradora de la institución, aclaró que el pago del sueldo de los 80 trabajadores del jardín lo hace directamente la OPSU. El Vicerrectorado Administrativo de la UCV les asigna 200 millones de bolívares anuales (40 dólares paralelos) para cubrir costos de mantenimientos, reparaciones de infraestructura, así como cualquier adquisición de nuevas herramientas, lo cual resulta tremendamente irrisorio. “En un día se nos puede ir todo el dinero en la compra de una podadora”, lamentó.

La entrada general al recinto cuesta 500 Bs. (0,0001 dólar paralelo). En efectivo, porque la excesiva burocracia impide la instalación de un punto de venta. El precio no ha sido aumentando, pues la autoridades consideran que aún no tienen un Jardín Botánico a la altura de un mayor costo.

En comparación, el presupuesto del Real Jardín Botánico de Kew, Reino Unido, el único que comparte junto con el de Caracas el título de Patrimonio de la Humanidad, tuvo un presupuesto de 65 millones de euros para el 2016, según una nota del diario ABC. De los cuales el gobierno británico aportó 25 millones, lo restante fue recolectado gracias a donaciones y al millón de turistas que lo visitó ese año.

En cambio, del este lado del mundo: “no hay dinero”. Eso es lo que dicen las autoridades para responder a las problemáticas visibles del Jardín Botánico de Caracas: como el reforzamiento con alambres de púas de la cerca fronteriza con la autopista para evitar robos, o la compra de agroquímicos y pesticidas que combatan los hongos y gusanos que están exterminando la colección de palmeras –que era una de las más grandes de Latinoamérica–.

La Dirección del instituto ha esquivado la extinción del parque al recibir la ayuda de empresas y particulares, que han donado desde guantes y bolsas de basura hasta cisternas para mantener con agua a algunas áreas. “Ya le hemos metidos 200 mil litros de agua donadas a la Laguna Venezuela gracias a la empresa privada”, comunicó Krivoy. Regularmente dos o tres sábados al mes hay voluntariado.

Palmeras taladas que obstaculizan el camino
principal del jardín. Muertas a causa de hongos y gusanos.

Contactos e influencias                   

El 18 de abril una comisión de la Misión Árbol encabezada por su presidente, Henryck Rangel, visitó el JBC, así se anunció a través de la cuenta oficial en twitter @fundamiarbol. Asimismo, el 23 de abril un representante de la OPSU –que se negó a dar declaraciones al no estar autorizado– también inspeccionó el patrimonio. Ambas visitas con el motivo de tomar acciones y solucionar los problemas que azotan como plaga al reservorio natural.

Estas son las dos visitas oficiales gubernamentales en más de un año que ha tenido el JBC, a pesar de que en el 2017 se solicitaran formalmente más de una veintena de veces. Krivoy confesó que ambos encuentros con el Estado se lograron gracias a movimientos realizados por “debajo de cuerdas” y el cobro de deudas acumuladas en los 18 años que estuvo al frente del Centro Médico de Caracas.

Hasta la fecha ninguno de los dos entes ha actuado significativamente en la recuperación del Jardín Botánico.

Guardería Ambiental en
pérdida total.

FUTURO

El jardín botánico ha mejorado notablemente gracias a la presencia de funcionarios de seguridad y actividades de voluntariado. Luego del ‘año cero 2017’ los trabajadores no conciben una situación peor, han salido de un hueco que casi los lleva a renunciar, afirman.

La dirección del instituto planea desarrollar una campaña de recaudación de fondos, una ciclovía, la recuperación de una segunda laguna, la construcción de una nueva Guardería Ambiental, el restablecimiento de la energía eléctrica, la sustitución de las viejas tuberías de agua y alianzas con centros internacionales para continuar con investigación vegetal… pero una cosa queda claro: sin recursos no hay paraíso.