Ahogados en el Orinoco

Las aguas bajan y los problemas quedan. Esa es la preocupación de José Gregorio Salazar, no Hernández: por eso, aunque padre, no hace milagros. A él mismo le tocó acompañar a una familia en duelo porque la más pequeña de la casa, que contaba con un año y medio, murió ahogada en la crecida más alta del río Orinoco, que ha acumulado más de 60 mil damnificados en seis estados del país.

La pequeña pertenecía a un hogar de cuatro mujeres, donde cada una contaba con responsabilidades distintas. La madre y la tía se encargaban de buscar comida en una ciudad inundada y sin alimentos. Mientras que la niña de ocho años se quedaba resguardada en casa cuidando a su hermana. Bastó unos segundos de distracción para que lo irreversible ocurriera. La bebé gateó hacia lo que se supone que era el patio, hacia lo que debía ser el patio: hacia ese lugar al que, probablemente, tantas veces había gateado sin problema alguno.

Pero lo que antes era solo patio, ahora era principalmente agua: a la niña la encontraron ahogada.

Los gritos de los vecinos anunciaban a un “objeto” flotando. Los gritos devinieron alaridos cuando comprendieron que se equivocaban. Y el padre José Gregorio Salazar solo pudo ofrecer la palabra de Dios. Y solo pensó que si el río se elevaba, continuarían las tragedias. Y que si el río descendía, se mantendrían las tragedias.

El río Orinoco, el cuarto más largo de Sudamérica y el tercero más caudaloso del mundo, luego del Amazonas y el Congo, tiende a elevar sus metros de agua sobre el nivel del mar entre julio y agosto desde hace más de dos siglos. Este año, superó el nivel máximo histórico registrado en 1943 y 1976, con una cota de 18,10 msnm. Es decir, el agua alcanza las calles hasta, algunas veces, cubrir casas completas. En esta oportunidad, se han visto afectadas las comunidades de los estados Amazonas, Bolívar, Delta Amacuro, Monagas, Apure y Anzoátegui.

Precisamente por eso, por no ser un fenómeno reciente, la preocupación del padre Salazar se acentúa. Por eso su rabia, que desea disimular. No es primera vez que observa el dolor de una familia, ni tampoco la destrucción de paredes, techos, neveras y cocinas. Y, peor aún, está consciente de que, en una Venezuela sin medicamentos, enfermedades supuestamente erradicadas, como el paludismo y el sarampión, no podrán ser atendidas. Está consciente de que, en una Venezuela hiperinflacioanaria, esas casas destruidas difícilmente podrán ser recuperadas.

Pero la naturaleza, poco a poco, retoma su rumbo. Las aguas se calman y las ciudades salen a flote. El problema es que los ciudadanos de San Félix se sienten más pobres. No saben qué tienen, cuánto tienen. Reciben donaciones de la gobernación: mosquiteros, sábanas, colchones, ropa. Los revenden. Los revenden caro. Todos quieren ser bachaqueros. El padre cuestiona, nuevamente, la política de pan y circo que emplea las autoridades. Exige que se cree una Contraloría, para reducir la viveza criolla de los revendedores. Y espera soluciones efectivas porque sabe que esa misma gobernación no tiene ninguna cajita CLAP –uno de los pocos e insuficientes “beneficios” que ofrece a los ciudadanos– que controle la cota del Orinoco: solo controla el hambre, dizque. El padre se pregunta, ¿acaso van a seguir retando a la naturaleza?

El proyecto Misión Vivienda, uno de los mecanismos con los que las autoridades supuestamente buscan “ayudar” a los venezolanos, no se plantea la reubicación de las familias, a pesar de que las consecuencias de la subida del río es algo que se ha repetido sucesivamente a lo largo de los últimos años. Las inoportunas construcciones se mantendrán a la orilla del río. El padre dice: “Ya basta. Nadie predice la naturaleza. Sí: esta subida es un récord histórico. ¿Y si el próximo año es peor?”.

Mientras, las serpientes y zancudos se pasean entre aguas estancadas. Esperando su próxima presa. Algunos habitantes no se alejan de su chozita, pues es lo único que tienen: lo único que les queda. Además, los delincuentes no desaparecen en desastres naturales. Como dice el padre, el problema no es el Orinoco, el problema es el país.

Por primera vez, él y su equipo de Justicia y Paz de la Diócecis de Ciudad Guayana fueron escuchados. Dejaron de ser los “escandalosos y creadores de zozobra”. Recaudaron ciertos insumos. Solo que los califican como “pañitos caliente” porque las comunidades siguen buscando respuestas de verdaderas autoridades: necesitan soluciones contundentes y no medidas de contención. Agradecen la ayuda del padre, pero saben que no es suficiente, que están condenados a sobrevivir bajo el agua todos los años.

Es probable que aún les queden más niñas ahogadas por enterrar.

 

Por Claudia Smolansky | @clausmolansky

Jardín Botánico en peligro de extinción

En 1945 comenzaron las gestiones para la creación del que es en la actualidad uno de los dos jardines botánicos –en todo el mundo– en ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fundado por el Doctor Tobías Lasser en 1958, y con 70 hectáreas de extensión, el Jardín Botánico de Caracas (JBC) es considerado el segundo pulmón natural de la capital, además de ser la mayor reserva de flora tropical del país. La institución ha sido referente internacional por preservar alrededor de 2500 especies vegetales, algunas autóctonas y otras provenientes de Centroamérica, Oceanía, África y Asia.

Pero el Jardín Botánico no solo alberga árboles místicos, gruesos cactus y flores llamativas, en sus instalaciones acobija al Herbario Nacional –que posee 450 mil muestras de plantas– y a la Biblioteca Henri Pittier, en cuyos estantes reposan libros del siglo XVIII. Los tres entes están agrupados bajo la figura de Instituto Experimental Jardín Botánico Dr. Tobías Lasser, cuya tutela es de la UCV.

El museo ecológico está ubicado al lado de la entrada universitaria Tamanaco, dirección Plaza Venezuela. Su colina da al norte con las comunidades San Agustín y La Charneca, lo que ha forjado una relación bosquebarrio por décadas que, según autoridades, no ha sido del todo buena. Pero más allá de lo que puedan hacer o no estos vecinos, existen problemas mayores que, si no se atienden a tiempo, serán como aquel gusano que devora al chaguaramo lentamente hasta acabar con él y dejarlo muerto de pie… Hasta dejar un patrimonio marchito.

A un año del 2017: la fase cero

En abril del año pasado al JBC le fue removida la custodia de la Guardia Nacional Bolivariana, presuntamente para cumplir funciones de control público. Al estar el jardín completamente desprotegido fue blanco de masivos robos que ocurrieron de manera sucesiva; hurtaron desde lápices y engrapadoras, hasta computadoras, sillas, lámparas, escritorios, impresoras, scanner, vigas, aires acondicionados, piezas sanitarias, colecciones vegetales, herramientas científicas y de jardinería y hasta vehículos fueron desvalijados.

Acceso bloqueado del auditorio del edificio principal Salón adyacente al auditorio
del edificio principal.

 

Lo más grave del saqueo fue la sustracción y pérdida total del cableado eléctrico, aún no repuesto por falta de presupuesto. La directora del instituto en ese entonces, Ana Herrera, denunció –a través de distintos medios– un ataque sistemático contra el patrimonio natural.

A falta de electricidad en la actualidad, funcionarios de la Guardia del Pueblo –vigilancia restituida en diciembre pasado– se las han ingeniado con un fogón improvisado –un recipiente con gasolina y madera puesto en el suelo con una plancha oxidada encima– para cocinar por las noches, además de armar varios mechuzos para iluminar algunas áreas.

Fogón improvisado utilizado por La Guardia del Pueblo para cocinar.

El auditorio del edificio principal –con aforo de 350 asientos–  no ha sido utilizado desde los hurtos. Los baños no están aptos para el aseo humano y ya no existen las duchas para los jardineros, el orquideario fue desmantelado y la mayoría de los equipos resguardados fuera del JBC no han sido restablecidos por miedo a nuevos robos.

La Guardería Ambiental quedó en ruinas al igual que los galpones de los obreros, en cuyas paredes curtidas se lee dos veces “este galpón ya fue saqueado”, graffiteado con pintura roja.

En 18 años de experiencia profesional en el instituto botánico, Neida Avendaño, curadora principal del Herbario Nacional, declaró nunca haber vivido una situación tan crítica, con un nivel de destrucción tan grande. “Aquí no hay luz, solo se puede hacer el trabajo manual”, expresó. El horario de trabajo de todo el personal pasó de ser el habitual a tener el carácter de ‘emergencia’, ahora se labora solo en las mañanas, obligando a continuar los deberes en casa.

En 2017 se sembró ausencia de funcionarios de seguridad y se cosechó –de manera abundante– saqueos, de los que un año después el Jardín Botánico no se recupera.

Galpón de descanso para obreros y jardineros, saqueado.

Inventario de arbitrariedades  

Algunos habitantes de los barrios La Charneca y San Agustín no han encontrado la mejor manera de compartir la montaña con el Jardín Botánico de Caracas y de coexistir respetando las reglas y normas del área de conservación.

Aunque el director encargado de jardinería, Jean Tillet, no catalogó como mala la relación con estas zonas populares, reconoció que ocurren con frecuencia ciertos tipos de abusos; como la existencia de puertas en la cerca colindante para tomar atajos, o la instalación de pequeños conucos de plantas aromáticas, de aguacate o de sábila, que propician la deforestación de la superficie protegida para sembrar vegetación ajena al jardín.

“Muchísima de la basura como línea blanca desechada y escombros diarios han terminado del lado del Jardín Botánico… El cerro está tachonado de basura de décadas que no se ve porque hay un bosque encima”, confesó Tillet. Al tiempo que también admitió que no hay políticas persistentes con esas comunidades para concienciar sobre la mala práctica.

El sargento mayor en jefe de la Guardia del Pueblo, Yorfran Rodríguez, que custodia el parque agregó que han encontrado personas aseándose dentro de los tanques que se ubican en la colina y que surten con agua al Hospital Universitario.

Una realidad de anarquía que fue ratificada por el director del Instituto JBC, Mauricio Krivoy, que a su vez denunció que en el territorio del patrimonio natural hay una invasión de un par de viviendas, a pocos metros de un cuartel de la Organización Nacional Antidrogas. Lo han informado a las autoridades más de una vez: no han hecho nada.

Invernadero en total abandono.

El presupuesto no alcanza

Gladys Vergel, administradora de la institución, aclaró que el pago del sueldo de los 80 trabajadores del jardín lo hace directamente la OPSU. El Vicerrectorado Administrativo de la UCV les asigna 200 millones de bolívares anuales (40 dólares paralelos) para cubrir costos de mantenimientos, reparaciones de infraestructura, así como cualquier adquisición de nuevas herramientas, lo cual resulta tremendamente irrisorio. “En un día se nos puede ir todo el dinero en la compra de una podadora”, lamentó.

La entrada general al recinto cuesta 500 Bs. (0,0001 dólar paralelo). En efectivo, porque la excesiva burocracia impide la instalación de un punto de venta. El precio no ha sido aumentando, pues la autoridades consideran que aún no tienen un Jardín Botánico a la altura de un mayor costo.

En comparación, el presupuesto del Real Jardín Botánico de Kew, Reino Unido, el único que comparte junto con el de Caracas el título de Patrimonio de la Humanidad, tuvo un presupuesto de 65 millones de euros para el 2016, según una nota del diario ABC. De los cuales el gobierno británico aportó 25 millones, lo restante fue recolectado gracias a donaciones y al millón de turistas que lo visitó ese año.

En cambio, del este lado del mundo: “no hay dinero”. Eso es lo que dicen las autoridades para responder a las problemáticas visibles del Jardín Botánico de Caracas: como el reforzamiento con alambres de púas de la cerca fronteriza con la autopista para evitar robos, o la compra de agroquímicos y pesticidas que combatan los hongos y gusanos que están exterminando la colección de palmeras –que era una de las más grandes de Latinoamérica–.

La Dirección del instituto ha esquivado la extinción del parque al recibir la ayuda de empresas y particulares, que han donado desde guantes y bolsas de basura hasta cisternas para mantener con agua a algunas áreas. “Ya le hemos metidos 200 mil litros de agua donadas a la Laguna Venezuela gracias a la empresa privada”, comunicó Krivoy. Regularmente dos o tres sábados al mes hay voluntariado.

Palmeras taladas que obstaculizan el camino
principal del jardín. Muertas a causa de hongos y gusanos.

Contactos e influencias                   

El 18 de abril una comisión de la Misión Árbol encabezada por su presidente, Henryck Rangel, visitó el JBC, así se anunció a través de la cuenta oficial en twitter @fundamiarbol. Asimismo, el 23 de abril un representante de la OPSU –que se negó a dar declaraciones al no estar autorizado– también inspeccionó el patrimonio. Ambas visitas con el motivo de tomar acciones y solucionar los problemas que azotan como plaga al reservorio natural.

Estas son las dos visitas oficiales gubernamentales en más de un año que ha tenido el JBC, a pesar de que en el 2017 se solicitaran formalmente más de una veintena de veces. Krivoy confesó que ambos encuentros con el Estado se lograron gracias a movimientos realizados por “debajo de cuerdas” y el cobro de deudas acumuladas en los 18 años que estuvo al frente del Centro Médico de Caracas.

Hasta la fecha ninguno de los dos entes ha actuado significativamente en la recuperación del Jardín Botánico.

Guardería Ambiental en
pérdida total.

FUTURO

El jardín botánico ha mejorado notablemente gracias a la presencia de funcionarios de seguridad y actividades de voluntariado. Luego del ‘año cero 2017’ los trabajadores no conciben una situación peor, han salido de un hueco que casi los lleva a renunciar, afirman.

La dirección del instituto planea desarrollar una campaña de recaudación de fondos, una ciclovía, la recuperación de una segunda laguna, la construcción de una nueva Guardería Ambiental, el restablecimiento de la energía eléctrica, la sustitución de las viejas tuberías de agua y alianzas con centros internacionales para continuar con investigación vegetal… pero una cosa queda claro: sin recursos no hay paraíso.

 

 

 

Caracas se llena de perreras

No solo los servicios básicos de electricidad y agua se han visto notablemente afectados en la Venezuela del 2018, sino también el transporte urbano y rural, por las malas políticas aplicadas en torno a las dificultades que tiene para operar y que no se han resuelto por la poca atención gubernamental.

El transporte público terrestre de Caracas ha venido presentado fallas en su funcionamiento desde el 2017, circunstancia dada al incrementarse una situación país que cada vez más impide el desarrollo social. Solo el 10% de las unidades de transporte están habilitadas para prestar servicio, según el presidente de la Central Única de Carros Libres y Por Puestos: José Luis Montoya.

Dayanes Suáres, habitante de El Junquito, tiene cinco horas en una larga y mal organizada fila, al igual que otras 400 personas. Todos tienen el mismo propósito: regresar a casa. Dayana aguarda bajo el sol de La Yaguara y confiesa que evita las perreras, si puede hacerlo. Muchos de los usuarios se refieren de esta forma a los vehículos que destinó para el transporte, como medida de contingencia, la alcaldesa del municipio Libertador de Caracas, Erika Farías. Buscando, de esta manera, mejorar un panorama en el que en promedio aparece un autobús cada dos horas y cuya tarifa está entre 15 y 30 mil bolívares en efectivo (0,004 centavos de dólar paralelo).

FOTO: Efecto Cocuyo

La alcaldesa anunció a través de su cuenta de Twitter, el 26 de noviembre del 2017, el implemento de esta “política pública”.  Los vehículos, que no cobran a los usuarios, tienen el nombre oficial de “cuadrilleras”: son de metal y están pintadas de blanco, con graffitis que o muestran el rostro de Chávez o el logo de la Alcaldía de El Libertador.

Manuela Bolívar, diputada opositora de la Asamblea Nacional y especializada en políticas públicas, consideró que con este servicio estatal se violentan los derechos fundamentales de los venezolanos. “El país tiene una industria de autoparques paralizada, por culpa del modelo comunista, no solo es un viraje económico sino también político”, opinó.

“Lo gratis sale caro”

Las personas ingresan al chasis o parte trasera del camión, el cual está techado y tiene dos asientos planos de lado y lado –que algunas veces quitan para tener más espacio–. No tiene barandas, ni verticales ni horizontales, de las cuales los pasajeros puedan sostenerse para lograr alguna estabilidad una vez iniciado el recorrido, que en la ruta La Yaguara-El Junquito está comprendida de una pendiente.

“Si eres alto, puedes con tu mano hacer presión en el techo para agarrar equilibrio, si alguien no alcanza entonces se aferra de alguien que sí”, expresa Suáres, profesora universitaria. Para anunciar la parada tienes que golpear la carrocería fuerte, para que el chófer atienda y se detenga. Miguel Vázquez, estudiante universitario,  confiesa que más de una decena de veces, al no hacerse escuchar por el conductor, lo han dejado hasta cinco kilómetros lejos de su vivienda.

Pasa una hora y ya las cinco de la tarde impacienta a muchos que ahora ocupan en su totalidad los dos canales de la calle: ningún carro se puede estacionar. Ya en la acera de toda una cuadra no hay espacios para nadie más. Un señor sentado encima de una lámina de cartón grita: “¿Y nos piensan tener aquí hasta las seis de la tarde como ayer?”. Su reclamo va dirigido a los operadores del Metrobús de Caracas, a cargo del proyecto de emergencia (o “proyecto perreras”), que se ubican diariamente del otro lado de la Calle Principal de La Yaguara.

La fila de personas es un orden que dura hasta que finalmente llega una perrera: todos corren incluso antes de que se estacione. Suben lo más jóvenes, adolescentes con uniformes escolares; le siguen los hombres, hay uno que carga una bombona de gas y otro que se monta con una bicicleta. Pocas mujeres y ancianos pueden imitar los saltos de los más fuertes. En un espacio de tres metros de largo por tres de ancho, apróximamente, hay más de 60 usuarios. Dos militares, con cara de fastidio y chorreando sudor, intentan poner orden. Tienen tanto éxito como Nicolás Maduro garantizando un país potencia.

Autoridades hacen caso omiso

La inspectora y jefe del turno tarde-noche de la medida de contingencia, Alen Vargas, declaró que en un principio les otorgaron 20 unidades, pero que ahora solo tienen nueve: insuficientes para cubrir la demanda. Las 11 restantes las reubicaron en otras zonas donde, según Vargas, “hacían más falta”. Es probable que las 400 personas que hacían cola en La Yaguara tengan otra opinión.

Foto: Radio Fe y Alegría

Para no dejar tan descompensada la mencionada ruta, se propuso reemplazar a las perreras por metrobuses. Esto fue rechazado: la Alcaldía alegó que hay déficit de metrobuses.

La realidad está plagada de anarquía, irrespeto y violencia. “Uno quiere hacer el trabajo bien, pero los usuarios son muy salvajes, yo he visto de todo aquí”, anunció Vargas. “Las lista de horrores”, como le llama, va desde gente que permanece en los estribos del camión hasta una señora de 87 años que se cayó en la vía y se fracturó el fémur. El sistema Metro de Caracas, según la inspectora, cubrió con la mitad de los gastos de la anciana: una víctima más de la “medida de contingencia”. Otros usuarios aclaran que ha habido más accidentes.

Vargas también compartió que, cuando los ciudadanos empiezan a insultar a los trabajadores e intentan formar una protesta, ella pasa de inspectora a verdugo: tarda en autorizar la puesta en servicio de los vehículos. Es un castigo que utiliza cuando las quejas superan su paciencia. “A cada momento fastidio para que venga la Policía y me ayude con esto que es muy difícil, pero siempre llegan tarde”, confesó.

No hay ruedas para tantos

Ya a las seis de la tarde todas las cuadrilleras van vía El Junquito. No hay más hasta dentro de una hora, que es lo que suele durar en promedio el viaje.

De repente, un camión de construcción, expuesto y sin jaulas irrumpe en medio de la carretera. Un chamo, con la ropa más sucia que los indigentes del Guaire, grita desde la parte trasera del vehículo: “A cuatro mil bolos y se montan”. En menos de dos minutos, un enjambre de 30 adultos –entre ellos una mujer embarazada– lo acometen como abejas sobre un mango podrido.

Si son las ocho de la noche y aún quedan personas esperando llegar a El Junquito, se habilitan unidades de la Guardia Nacional Bolivariana hasta agotar la demanda. Una hora y media dura el proceso. Una medida de contingencia sobre otra medida de contingencia.

FOTO: Venezuela al día

Hay más rutas

Carlos Julio Rojas, integrante de la organización no gubernamental, Caracas Ciudad Plural, recordó que en el estado Carabobo dos señoras sufrieron lesiones dentro de las perreras. Aseguró que hay una total indiferencia que permite que proliferen estos camiones, sin ningún tipo de regulaciones, vigilancia o monitoreo por parte de las autoridades del Ministerio del Transporte o el Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT).

Informó que la ONG, en 2014, protestó frente al El Ministerio de Transporte junto con la Federación de Centros Universitarios de la UCV. La acción invitaba a la creación de mesas de trabajos, precisamente para evitar que la sociedad caraqueña llegase a un punto de inflexión con respecto a la movilidad urbana. La propuesta no se materializó.

Desde Petare, a poca distancia de su estación de Metro, hay paradas improvisadas donde las “cochineras” –el sustantivo cambia con la zona– ofrecen llevar a los que esperan por cualquier cosa que ruede para que los acerquen a los barrios donde residen. San Isidro es una de las rutas. “Nos tratan como ganados”, se quejó Graciela Peña, vecina de la comunidad. “Nos maltratan y no nos dejan pagar el pasaje preferencial”, agregó un estudiante de bachillerato.

Aquí aparecen camiones modelo 350 y 750, para el transporte de materiales de construcción o animales, usados para contener arena o gallinas. Están sucios y son muy demandados. La crisis de transporte público afecta más a las zonas rurales de la capital y hay quienes se aprovechan de la situación, cobran entre 20 mil y 30 mil bolívares, en efectivo y por encima de la tarifa establecida de 15 mil bolívares. “Son unos abusadores, y eso que son gente que vive al lado de uno y te saludan todos los días”, añadió una maestra del Banco de la Mujer, que prefirió no revelar su identidad.

Los lugareños no han protestado o denunciado esta modalidad de viaje en ninguna instancia. Creen que con eso no se logra nada y se pierde tiempo. “El gobierno nunca hará nada”, gritó un buhonero desde su puesto de trabajo.

Dos señoras en la cola de la ruta para San Isidro tomaban el asunto con humor, al compararse en el viaje con sardinas en latas. Lo que es una referencia del nivel de hacinamiento que padecen.

En Petare no hay fiscales de tránsito y el uso de una grúa para estos fines ya ha sido institucionalizado. Su chófer dice ayudar con la crisis del sector automotriz y, al mismo tiempo, tener ingresos económicos extras.

En la zona de Los Chaguaramos, el Metrobús comparte el sitio de espera con las “chivas”, pero hay usuarios que se niegan a optar por ellas, prefieren caminar. En el barrio La Vega y El Valle se ha replicado ese transporte alternativo.

Sin contacto

Funcionaros del Ministerio de Transporte y del INTT tienen prohibido dar declaraciones sobre esta problemática, alegan que sus autoridades dentro de la institución no se lo permiten. “No está el que sí puede hablar”, se excusa en cuatro oportunidades un trabajador mediante la línea telefónica del Departamento de Control Urbano de la Alcaldía en Libertador, Caracas.

Manuela Bolívar dice que no hay posibilidad de mejorar el sistema urbano a corto plazo, pues se requiere mucha inversión y ayuda de entes internacionales para ello. Mientras desde Petare hasta La Yaguara el caraqueño solo espera por algo que ruede. Lo que sea. Así vayan y sean tratados como perros, cochinos o chivos. Caracas es ahora una ciudad que va en la parte trasera de un camión, quién sabe adónde.

 

Por Otto Michelena

Se mantienen con las uñas

21 días han transcurrido desde que las enfermeras alternan su jornada diaria con la protesta. Y es que el gremio de la salud no sólo tiene que combatir contra la insuficiencia de insumos médicos e instalaciones deplorables, sino que también contra salarios que no alcanzan para comprar un kilogramo de café. El último aumento de salario mínimo anunciado por Nicolás Maduro –el cuarto en seis meses– ni siquiera es una medida celebrable por el sector, pues la hiperinflación es un monstruo que no se combate con pistolas de agua. El aumento es una cachetada para el personal sanitario cuando se compara con los honorarios que recibe el sector castrense: en el país de los caudillos, portar armas está mejor remunerado que aplicar inyecciones. Un salario justo y equiparable al de los militares es la petición de un gremio que está en mengua y sobrevive –en algunos casos– gracias a la economía informal, pues tiene que recurrir a ella para sobrevivir y no abandonar su puesto de trabajo de forma permanente. La vocación es el motor para que se mantengan al servicio de un país que necesita más de quien salve a sus enfermos, que de una protección ante la dizque amenaza extranjera. La crisis empeora más rápido de lo que crece una bacteria y la petición básica es una: “Queremos el salario de los militares, la misma indexación. Nosotros salvamos vidas y este Gobierno lo que busca es que renunciemos en masa todas las enfermeras. Llevamos veinte días en conflicto y en ese tiempo no hemos recibido ni una sola llamada del Ministro de Salud, que todavía está buscando un hueco en su agenda para atendernos. A estas alturas, nos estamos preparando para ir a protestar directamente en el despacho de Maduro en Miraflores”, señaló Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas a ‘El País’ de Madrid. Ante ningún correctivo profundo del régimen, los hospitales de Venezuela se mantienen con las uñas.

 

Por JP

Los tesoros ocultos en los templos del centro

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Una vieja tradición que nos viene de la España colonial lleva a los fieles católicos a visitar siete templos entre la tarde del Jueves y la del Viernes Santo para hacer memoria de los siete lugares a los que fue traslado Jesús desde la Última Cena hasta el Calvario. En épocas más seguras, las visitas eran de noche y los templos permanecían abiertos hasta la bien entrada ella. Ahora se suelen hacer mientras dure el sol del jueves o en en la mañana del viernes  Lo que no ha cambiado, sin embargo, es la preferencia de los caraqueños por los templos del centro de Caracas, que a pesar de tener ya una basta competencia en toda la ciudad, siguen siendo los más visitados. ¿Por qué? Probablemente porque son las iglesias más viejas de la capital y están llenas de historia. Y aunque el tiempo,  el descuido, el mal gusto y las remodelaciones han ido sepultando sus tesoros, todavía sus viejos muros e imágenes tienen mucho que decirnos y mostrarnos. Aquí una guía de cosas para ver -y sorprenderse- si se les visita.

CATEDRAL

Es la madre de todas las iglesias de Caracas, pero bien bien podría ser la hija o hijastra: para ser catedral es bastante modesta y discreta, y no deslumbra ni resalta. Su estilo es más bien colonial, con algo de barroco en las capillas laterales.

LA CRUZ QUE PARÓ EL TERREMOTO

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Cuenta la leyenda que cuando la centenaria cruz pontificial que encabeza su fachada  tocó el suelo, el terremoto de 1967 paró. Quedó enterrada en el asfalto, viendo al Ávila, y durante 2 días fue el centro de atracción de los caraqueños, que peregrinaban y hacían cola para ver y rezar ante ella. Para sacarla fue necesario remover toda la pieza de asfalto con un gato hidráulico y volverla a construir. “Durante todo el recorrido se posó al lado de la cruz una paloma blanca, que no dejó de supervisar el proceso de restauración”, contó el pintor Alirio Rodríguez, encargado de la restauración. La pieza de asfalto sobre la que quedó su huella se encuentra actualmente en la Capilla del Santo Cristo de la Misericordia de El Valle

EL ALMA DE BOLÍVAR 

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La capilla la fundó en 1689 uno de los familiares de Bolívar, y desde entonces perteneció a su familia. Allí recibieron sepultura sus antepasados y en su última visita a Caracas el mismo Simón Bolívar rezó allí ante los restos de sus familiares. En aquella ocasión, emitió un decreto ordenando que se hiciera un monumento, que finalmente fue construido un siglo después, en Toledo, España, en el que se representa a su alma rezando ante la tumba de sus padres y esposa. Durante 34 años, antes de ser llevado al Panteón, sus restos descansaron allí. Hoy, queda allí su alma.

LA CÁTEDRA DE UROSA

Todo obispo y toda catedral tienen una. Se le llama Cátedra o Sede Episcopal, es una especie de trono o silla presidencial eclesiástica. Es símbolo de autoridad (desde ella el obispo gobierna la diócesis) y de primacía (desde ella el obispo preside a la comunidad cristiana). La de Caracas es de mármol blanco y terciopelo rojo, y puede que dentro de poco tenga nuevo ocupante.

EL ÚLTIMO CUADRO DE MICHELENA

Iglesias

De haberse terminado, hubiera sido una obra preciosa (la luz del rayo de luna y la mesa en herradura que va cambiando según la perspectiva de quién lo vea así lo prometían). Sin embargo, la muerte se atravesó entre Michelena y este cuadro de la Última Cena, por lo que quedó inconcluso, y así se exhibe en la capilla donde están las tumbas de los arzobispos de Caracas. Se trata de un gran lienzo enmarcado en madera que él murió pintando en la misma Catedral y sobre el cual, cuenta la leyenda, tosió sangre. Que quedara sin terminar ha permitido a los expertos en arte conocer mejor la técnica de Michelena.

BASÍLICA DE SANTA TERESA Y SANTA ANA

Ostenta la dignidad de ‘Basílica’, lo que la hace especial entre todas las iglesias caraqueñas. Fue un regalo de Guzmán Blanco a su esposa Ana Teresa -de allí le viene el nombre-. Arquitectónicamente es muy rara -tiene dos fachadas-, litúrgicamente no es tan funcional, pero dentro alberga una gran cantidad de tesoros y es la sede de la mayor devoción de los caraqueños: el Nazareno de San Pablo.

DOS IGLESIAS JUNTAS


Quizás la cosa más curiosa que alguien pueda encontrar en la Basílica de Santa Teresa es su propia estructura: dos iglesias neoclásicas unidas por una cúpula debajo de la cual se sitúa el altar mayor. Tiene, de hecho, dos fachadas distintas: la de Santa Teresa y la de Santa Ana, y eso la hace casi única en el mundo. Una está siempre abierta (la de Santa Ana) y la otra (la de Santa Teresa) cerrada. No es muy funcional para el culto y es un caso paradigmático de espacio mal aprovechado: se le entra por la puerta trasera y en las misas del Nazareno más de la mitad de la feligresía suele quedar por detrás del altar.

EL ÓRGANO

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Es uno de los pocos –poquísimos– órganos tubulares que todavía funciona en Caracas. Es de la marca Cavaillé-Coll, y data de 1885. Tiene un motor eléctrico y gran potencia para los bajos. Durante la Semana Santa, se toca con todos sus registros, y su sonido potente y envolvente retumba por toda la Basílica.

EL BALDAQUINO

Dícese de un pabellón en forma de domo que apoyado sobre cuatro columnas se erige sobre los altares mayores de las iglesias grandes. El más famoso es el de la Basílica de San Pedro, hecho por Bernini. Santa Teresa es la única iglesia del centro -y puede que de Caracas y quizás de Venezuela-, con uno de ellos. Está hecho de mármol.

LA CÚPULA

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Aunque el tiempo ha hecho de las suyas, es digna de admirar por dentro.

EL HUESO DE SANTA TERESA

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Fue una de las más grandes santas de la cristiandad y una de las pocas mujeres que por sus escritos ha alcanzado el título de Doctora de la Iglesia: Santa Teresa de Ávila. En uno de los altares laterales de la basílica, debajo de su imagen de yeso, hay un relicario con un hueso suyo. Tomando en cuenta que murió en 1582, tiene por lo menos 434 años.

EL NAZARENO DE SAN PABLO

Es el rockstar de la Semana Santa caraqueña. La imagen más venerada, la que más devoción genera y la que más gente congrega. Su fama, inmortalizada por Andrés Eloy en un poema, data de los años mil seiscientos -1696, para ser exactos- cuando una peste de vómito negro azotó Caracas y lo sacaron en procesión; al pasar por la esquina de Miracielos, la cruz se enredó en un limonero, los caraqueños lo entendieron como una señal providente, hicieron limonada con ellos y se sanaron. A partir de allí, los Miércoles Santos no fueron iguales: cada vez que sale -tras 15 misas, que comienzan a las 12 de la noche y se celebran cada hora hasta las 3 de la tarde- , lo hace en loor de multitudes debajo de un arco de 5.000 orquídeas moradas. Dicen los más viejos que cada año se inclina un poco, y que cuando su cruz toque el suelo el mundo se acabará.

LAS ESTATUAS DE OJOS BLANCOS

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Son de mármol y han de valer millones. Representan a Santa Ana y a Santa Teresa. Sin embargo, el blanco de sus ojos, sin ningún tipo de relieve ni expresión,  producen un poco de miedo.

EL MISTERIO DE SAN JUSTINO

Autor: Brisa del Mar - Venezuela (Flikr)

Autor: Brisa del Mar – Venezuela (Flikr)

Son lo más misterioso -e ignorado- de la Basílica de Santa Teresa: los huesos de San Justino. Aunque en la placa que los acompañan se dice que era un “soldado romano y martir de los primeros siglos”, la verdad es que era un samaritano de origen romano, más filósofo que soldado, autor de los primeros textos de apologética (defensa de la fe) católica. Murió martir en el año 162 por negarse a ofrecer incienso a los dioses romanos, según consta en su acta martirial. ¿Cómo sus restos llegaron de la Roma del siglo II a la Caracas del XIX? Misterio tan grande como el de qué fue lo que pasó con esos huesos en los 80’s: hasta esa época se encontraban exhibidos en la Basílica en una urna de cristal, que luego desapareció. En 1986 volvieron a exhibirse, pero esta vez en el pequeño cofre de bronce ubicado debajo del altar mayor en el que todavía se encuentran. ¿Qué pasó allí? Misterio indescifrable.

BASÍLICA MENOR SANTA CAPILLA

Es el templo más bello de toda Caracas, y puede que de Venezuela. Una improbable joya arquitectónica enclavada en el centro de la capital, en el lugar donde se celebró la primera misa de Caracas. La mandó a construir Guzmán Blanco con la idea de que fuera una réplica menor de la ‘Saint Chapelle’ parisina, y aunque quedó en idea -la diferencia entre ambas es abismal- no deja de ser preciosa.

EL (MAL) GUSTO DE JACKELINE FARÍA

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En 2011, cuando Jackeline Faría era Jefa del Gobierno del Distrito Capital, ‘Santa Capilla’, que se estaba cayendo, fue restaurada y rescatada por esta institución. Aparte de incompleta –sólo arreglaron la nave central–, la restauración demostró el mal gusto y poco criterio estético de quienes la llevaron a cabo, que pintaron de color salmón (¡¡¡!!!) un templo gótico.

EL DEMONIO

Demonio

Dicen que está allí precisamente para alejarlo. Se le ve siendo torturado y vencido por el Arcángel Miguel. Y es una de las pocas iglesias que tiene a Satanás en su fachada.

LAS PUERTAS

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De buena madera y mejor talla. En ellas están representados algunos pasajes insignes del evangelio.

LAS OJIVAS

Foto: TripAdvisor

Bóvedas ojivales, cruceros y tragaluces. Todo eso que uno jamás pensó ver en Caracas.

EL ALTAR

Foto de 'El Universal'

Foto de ‘El Universal’

De mármol esculpido. Toda una obra maestra. En el centro, una imagen de la patrona de Francia: ‘Notre Dame de París’ (Nuestra Señora de París).

EL CUADRO QUE SÍ TERMINÓ MICHELENA

En 1897, un año después de terminar de pintar a Miranda en la Carraca, a Arturo Michelena le encomiendan dos cuadros para Santa Capilla: ‘La multiplicación de los panes y los peces’ y ‘Las bodas de Caná’. El primero lo termina y el segundo queda incompleto. El 17 de octubre de ese año bendicen el cuadro en Santa Capilla y desde ese año se encuentra en la nave derecha de la Basílica Menor, donde se le puede -y debe- apreciar.

LA CRUZ MILAGROSA

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Llegó al país en 1927, después de la cuarta peregrinación de venezolanos a Jerusalén. Tiene muchos devotos –y placas de agradecimiento– y es un impelable de la Semana Santa caraqueña.

LA ORTOGRAFÍA DE LOS ABUELOS

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Cientos de placas de mármol se encuentran en este templo, muchas de las cuales, como la que ilustra la foto, dan cuenta de cómo escribían nuestros mayores.

IGLESIA DE LAS MERCEDES

Puede que sea el tercer o cuarto templo más viejo de Caracas. Su primera construcción data de 1614: era apenas una ermita de madera hecha por mulatos. Sucesivos terremotos la fueron destruyendo, hasta que en 1857 se reconstruye con la estructura que tiene ahora. Es uno de los templos más altos de Caracas, y destaca por la solidez de sus muros y columnas de piedra gris. Pertenece a la orden de los Capuchinos.

LA VIRGEN QUE DETUVO LOS TEMBLORES

Amaneciendo el 29 de octubre de 1900, un terremoto -otro de tantos- y sus réplicas azotaron a la ciudad capital. Durante todo el día temblores y lluvias se sucedieron, siendo el de las 7 de la noche uno de los más fuertes. “¡Fin de mundo!”, pensaron los caraqueños. Los frailes capuchinos -que algo sabrían después de tantas destrucciones del templo- decidieron entonces sacar en procesión a la Virgen de las Mercedes, y santo remedio: se terminaron los terremotos y las lluvias. En agradecimiento, los caraqueños mandaron a hacer una imagen de mármol, que está en la entrada del templo. “Los católicos de Caracas agradecidos a la Santísima Virgen María”, dice la inscripción. Desde ese entonces, se le tiene como ‘Abogada de los Terremotos’.

LA ESCALERA MÁS ESTRECHA DE CARACAS

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No será una obra magna de la ingeniería, pero igual tiene su gracia. Una gran y estrecha escalera de caracol, hecha de madera, desde la cual se subía hasta el órgano…cuando lo usaban.

LOS OJOS DE SANTA LUCÍA

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Primero ordenaron llevarla a un prostíbulo para que la violaran, y no pudieron moverla ni con cuerdas; luego la intentaron quemar en la hoguera, y no ardió; después le sacaron los ojos, y siguió viendo; finalmente la decapitaron y murió. Así narra la tradición el martirio de Santa Lucía, cuya estatua de yeso, con sus ojos en un plato, se encuentra en esta iglesia.

IGLESIA NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA

Otro de los templos históricos de la capital. Fue la quinta iglesia de Caracas (1668), y en su momento, puede que la más bella. “La iglesia parroquial de Altagracia es la mejor de todas y su fábrica honraría hasta a las principales ciudades de Francia”, escribió en su momento el diplomático francés Francisco Depons, quien estuvo de visita en el país entre 1800 y 1804. Está llena de buen mármol, pero muy mal conservada. Al visitarla es imposible no sentir que ha sido víctima de mucho descuido y mal gusto.

EL PÚLPITO DE MÁRMOL

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Antes de que llegaran los micrófonos y cornetas, las homilías y sermones se pronunciaban desde allí para garantizar que todos escucharan. El de esta iglesia, que todavía se conserva, es una obra de arte: todo de mármol, con un ángel impecablemente esculpido, que desde abajo indica que se oiga al que habla. Durante años, su delicado dedo señaló al Padre José Vicente Lozano, famoso predicador de la época, quien desde allí hizo llorar por muchos Viernes Santos a nuestros bisabuelos con sus elocuentes y muy concurridos sermones de las 7 palabras.

LOS ALTARES…DE MÁRMOL Y ORO

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Los altares de las naves laterales (lo que queda de ellos después del Concilio), atestiguan que debió ser una iglesia de caraqueños pudientes: mármol blanco, verde y rosado; mosaicos de piedras preciosas y oro. Todo de un valor incalculable, aunque parece que nadie se ha dado cuenta.

MAYOR DOLOR DE CRISTO

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Es una de las imágenes más antiguas (y sangrientas) del país. Llegó de España en 1864 y desde entonces estuvo por varios templos (San José, Santa Rosalía) hasta finalmente terminar en Altagracia.

EL TECHO EN RUINAS

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No se está cayendo, pero pareciera. Es la pintura –y no el concreto, yeso, o de lo que quiera que esté hecho– lo que se ha ido abajo. Y así lleva años sin restaurar. Para meditar sobre el tiempo y su inclemencia, sobre el descuido y la desidia.

LAS TUMBAS CENTENARIAS

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Caminando por el templo no es raro toparse con las tumbas de algunos caraqueños, supone uno que insignes, que se encuentran enterrados allí. Las fechas denotan la antigüedad de los mismos.

IGLESIA DE SAN FRANCISCO

Es prácticamente una iglesia-museo, y allí se encuentran los que los expertos consideran los 17 retablos más hermosos del siglo XVIII venezolano. El tener a la cabeza al más rojo-rojito de los curas de Caracas (el P. Numa Molina, SJ) llevó a que fuera impecablemente resaturada y a que constantemente tenga mantenimiento. Única iglesia del centro que es custodiada y vigilada por la GNB. Puede competir de tú-a-tú con cualquier templo mexicano o suramericano, e incluso europeo.

LA CRUZ SANTA

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Todo su retablo mayor es una joya, y se le podría dedicar un aparte a cada imagen. Sin embargo, nada más valioso que la cruz que lo encabeza, que dentro contiene  las reliquias de 14 santos distintos. A la hora de un exorcismo, sería harto efectiva.

EL SANTO QUE HA GRADUADO A MEDIA CARACAS

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Dicen que vivió sesenta años en el desierto alimentándose de dátiles y agua, y del pan y vino que un ángel le bajaba los domingos. El cabello y la barba le crecieron tanto que se convirtieron en su única ropa. San Onofre se llama, santo del trabajo y los estudios, y tiene en Caracas cofradía propia y una legión de seguidores que año a año les dejan sus medallas de graduación.

LA (DESCONOCIDA) EMPERATRIZ DE CARACAS

Foto: El Universal

 

Es la reina de Caracas. El título se lo confirió en 1988 el Cardenal José Alí Lebrún, quien la coronó canónicamente en la Plaza Bolívar. Una placa –y la corona de oro– dan testimonio de ello. ‘Nuestra Señora de la Soledad’, se llama, y es además una imagen única: la original se quemó en España y de allá tuvieron que venir a hacer una réplica para poder seguirla venerando en Madrid.

EL CONFESIONARIO DE SEÑORITAS

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Puede que sea el confesionario más antiguo de la capital. Data de mil setecientos y tanto. Tiene a San Francisco arriba y a varios ángeles a los lados. Rococó se llama a su delicado estilo, que explica muy bien por qué antes los hombres se confesaban de frente y las mujeres en estos muebles.

EL SANTO SEPULCRO

Foto: El Universal

Era, quizás, la única procesión que podía acercársele -en número de devotos- a la del Nazareno de San Pablo: la del Santo Sepulcro de San Francisco. La imagen, antiquísima, data de la época de Guzmán Blanco -era del convento de las Concepcionistas, que el ilustre afrancesado cerró-, y sigue saliendo, con menos fieles pero igual costumbre, todos los Viernes Santos.

Dos caras

Por: Emmanuel Rincón |  @emmarincon

No hará como Django: no saldrá a dispararles a todos los chavistas aristócratas en busca de justicia como en el western de Texas. Sus armas son otras. Su realidad es distinta. Pero Luisa Ortega está desencadenada. “El día que repartieron el miedo, yo no llegué”, dijo sin sobresalto, sin titubeos, sin preocupación, y no solo lo dice, también lo demuestra. Siguiendo el guion cinematográfico, algunos la acusan de ser la Severus Snape dentro de la revolución, y quizás su película no tenga tantos disparos y tanta sangre como cualquier film de Tarantino, ni la magia de cualquier entrega de Harry Potter; pero la Fiscal General de la República es la protagonista de un epílogo revolucionario para no perder de vista.

Pero, ¿quién es Luisa Ortega Díaz?, ¿de dónde salió?, ¿hacia quién son sus lealtades?, ¿cuáles designios la mueven? Las primeras interrogantes podemos responderlas escribiendo su nombre en el buscador, las últimas no.

Las primeras pistas sobre su deserción al chavismo las comenzamos a ver el último día de marzo del presente año, cuando declaró que las sentencias 155 y 156 del TSJ constituían una ruptura al orden constitucional, condenando la medida del máximo tribunal de la República con la cual el gobierno buscaba, vulgarmente hablando, disolver a la Asamblea Nacional electa por voto popular. Las protestas por el fallido impasse legal generaron una ola de manifestaciones que se ha extendido hasta nuestros días. Resulta trágico para el oficialismo concebir que toda la presión que se le ha venido encima ha sido producto de su propia imprudencia, pues de cierta forma despertaron la conciencia popular a base de muestras de autoritarismo totalmente inútiles para sus cometidos.

A principios de abril el cónclave político seguía estando cuadrado (no deforme como hoy en día), con los protagonistas principales y los actores de reparto sentados en ambos costados de la mesa, cada uno sabiendo cuál bando pertenecía, y la oposición especulando que las declaraciones de la Fiscal, siempre tan querida y adorada por el comandante Hugo Chávez, eran tan solo parte de un juego estratégico impuesto por el gobierno con el cual simulaban que en el país existía separación de poderes; luego de ello, entrado el mes de mayo, la Fiscal volvió a apoderarse de los focos condenando de manera categórica la violencia contra manifestantes, alegando que “no podemos exigir un comportamiento pacífico y legal de los ciudadanos si el Estado toma decisiones que no están de acuerdo con la ley”. Allí el mundo se vino abajo, al menos para algunas cabezas del partido oficialista, pues esta frase, que en un principio fue tomada por la mayoría del pueblo opositor como un simple saludo a la bandera, de pronto comenzó a cobrar no solo relevancia, sino también protagonismo… pero… vamos poco a poco.

Luisa Ortega Díaz, abogada de la República Bolivariana de Venezuela, especialista en Derecho Penal y en Derecho Procesal, sucedió a Isaías Rodríguez (ex vicepresidente de la República) en la Fiscalía General en el año 2007. Aquello, por supuesto, fue una designación no solo aprobada, sino también promovida por el mesías de Sabaneta, Hugo Rafael Chávez Frías, quien luego de apropiarse de todos los escaños de la Asamblea Nacional en el 2005, tras el desistimiento de la oposición para participar en las elecciones, empezó a nombrar a dedo, a través de sus representantes en el parlamento, a las cabezas de los distintos órganos superiores en Venezuela. Pero antes, mucho antes de ser una cabeza visible en los círculos revolucionarios, Luisa Ortega fue una abogada litigante que transitó por varios empleos, hasta acercarse a Hugo Chávez, primero fungiendo como consultora jurídica de VTV y luego adhiriéndose al Ministerio Público, en abril del 2002, tras el golpe de Estado en contra del Comandante, lo que viene a darnos una idea de cómo fue su relación con Miraflores durante los últimos 15 años. Como funcionaria, ejerció los cargos de Fiscal 7° del Área Metropolitana de Caracas, y Fiscal 6° Nacional con competencia plena; luego, el 18 de septiembre del 2006, fue designada Directora General de Actuación Procesal del Ministerio Público, hasta su escalada al estrellato de las cortes judiciales.

Desde diciembre del 2007, fecha en que nombran a la jurista como la Fiscal General de la República, hasta hace un par de meses, Luisa Ortega Díaz era uno de los personajes más repudiados por el pueblo opositor. No debe olvidarse que bajo su mandato se levantaron las controvertidas acusaciones contra Leopoldo López en el 2014, que culminaron con su arresto por “daños a la propiedad pública, instigación a delinquir y delitos de asociación para la delincuencia organizada”, lo que en el discurso del gobierno se traducía como terrorismo y haber propiciado los asesinatos de 43 venezolanos. Esta “olla judicial” se levantó desde el despacho de quien fuera durante años parte activa del brazo político del Estado para encarcelar opositores, favorecer juicios contra allegados al chavismo, disuadir las denuncias de corrupción, o esconder números que reflejaran los índices de impunidad en Venezuela. De hecho, en el sepelio del comandante Hugo Chávez, la Fiscal apareció en primera fila. Sin importarle las acusaciones de partidismo, allí estaba ella, despidiendo al Comandante, con un semblante irremediablemente conmovido; pero las piezas del rompecabezas no terminan allí: es un entramado más amplio y difícil de ordenar, pues cabe acotar que la Fiscal se encuentra unida sentimentalmente con el diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV, electo en el Estado Lara, Germán Ferrer, quien hoy día, por el simple hecho de haberse enamorado de la mujer de cabello y ojos claros, pasó a convertirse en enemigo de la revolución.

Mucho debe considerarse a la hora de tratar de determinar los móviles de actuación de la Fiscal, pues fue el propio Diosdado Cabello quien en su rol de Presidente de la Asamblea Nacional la ratificó en el cargo el 22 de diciembre del 2014, tras liderar la caza de los “terroristas opositores” unos meses atrás; de hecho, el 5 de mayo del mismo año, la Fiscal acudió al programa “Con el mazo dando” del número dos del chavismo, y sostuvo con él una amena charla de una hora en la cual acusaron de terroristas y violentos a “un pequeño grupito del país”.

“Una de las cosas que en los últimos años nos enseñó el Presidente Chávez fue a asumir la responsabilidad, aceptar cuando se ha cometido un error, y reconocerlo ante el país. Entonces yo creo que allí ha habido verdaderamente un deseo de destruir no solamente la vida de los venezolanos amantes de la paz, sino también de destruir todas las infraestructuras e incendiar al país”, declaró la Fiscal en alusión a los actos de protesta promovidos por Leopoldo López y una parte de la MUD. De hecho, al cierre de la entrevista, Diosdado Cabello le anunció que la sesión de la Asamblea Nacional del día posterior a dicha plática se concentraría en debatir el encontronazo que había sostenido recientemente Luisa Ortega Díaz con el entrevistador de CNN, Ismael Cala, acusando a la cadena internacional de terrorista, ofreciéndole todo su apoyo, y abriéndole las puertas de su espacio, para todas las veces que quisiera dirigirse al pueblo venezolano –¿Será que el diputado dejaría hoy día a la Fiscal sentarse en la silla de ‘Con el mazo dando’? –.     

En todo este panorama tan confuso y abyecto, no puede dejar de destacarse que la oposición llamó negligente y corrupta en un centenar de ocasiones a la Fiscal, no solo por enjuiciar a los contrincantes al gobierno, sino por no investigar ninguna de las acusaciones que caían sobre las cabezas del chavismo, como el caso del propio Diosdado Cabello, quien al año siguiente fuera acusado de narcotraficante por Leamsy Salazar, Capitán de Corbeta miembro del primer anillo de seguridad de Hugo Chávez hasta su muerte, y que luego pasara al mando del diputado tras su defunción.

Ahora volvamos al presente, ese en el que Luisa Ortega está desencadenada, como Django, tirando acusaciones a diestra y siniestra, encarando a magistrados, levantando recursos, promoviendo actos de protesta en contra del quebrantamiento del orden jurídico, convirtiéndose en la ficha de poder más importante de la oposición. ¿Qué es lo que pasa allí?, o, mejor dicho, ¿qué fue lo que pasó?

Hay quienes insisten con la teoría de que la actuación de Luisa Ortega viene dada bajo las directrices del gobierno para “distraer”. ¿Distraer de qué? –me pregunto–, si ya todo lo ha ventilado, no solo al pueblo venezolano, sino al mundo. Si hay algo peor que el chavista enceguecido, es el opositor paranoico que cree que todos, inclusive su propia madre, conspiran para que el gobierno siga en el poder. Esa teoría se va de la tangente por los propios hechos. Luego hay quienes dicen que la Fiscal solo intenta salvar su pellejo ante la inminente caída del gobierno (esto puede ser); y también están quienes creen que la jurista, en un acto de piedad, compasión y misericordia, recapacitó, abrió los ojos y se dio cuenta de que el gobierno era el malo de la película (esto no me lo creo); una última vertiente, no muy popular por cierto, corresponde a lo que yo llamaría “los demonios del egocentrismo”, esta es por cierto una vertiente en la que, según el lenguaje corporal de la Fiscal, sus declaraciones y sus actuaciones, surgen como respuesta de una lucha interna de poderes: la han acusado bajo cuerda de no apoyar al proceso revolucionario, la han amenazado, y ella se ha hartado, los mandó a todos a Neptuno y ahora quiere demostrar quién puede más. No en vano, ya Iris Varela, Ministra para Asuntos Penitenciarios, salió a acusarla de estar inmiscuida en el escándalo de los Panamá Papers, junto a su esposo, el diputado Germán Ferrer; y Diosdado Cabello la tildó de traidora; en fin, quisieron intimidarla, le declararon la guerra, le tocaron el ego, y ahora Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, quiere demostrarle al chavismo que así como mandó a encarcelar a Leopoldo, y así como disuadió investigaciones en contra de los suyos, ahora puede hacer justo lo contrario e iniciar un movimiento que los mande a todos al calabozo, y a ella al estrellato.

Pero… porque entre tantos peros siempre hay unos más valiosos que otros, ¿qué fue lo que la llevó a distanciarse del proceso revolucionario?, ¿por qué iniciaron estos conflictos internos? Allí sobresale una circunstancia que nadie parece haber percatado: el secuestro de su hijastra María Ferrer (hecho que hoy día sigue sin ser esclarecido y del que poco se habló). Por coincidencia o no, el secuestro se llevó a cabo el mismo día que la Fiscal viajó a Brasil para solicitar información sobre los sobornos a venezolanos en el caso Odebrecht, el jueves 16 de febrero del presente año; con todas las fichas sobre la mesa, vale preguntarse, ¿quién secuestró a la hijastra de la Fiscal?, ¿bajo cuáles acuerdos fue liberada?, ¿hubo amenazas?, ¿hubo disputas?, ¿hubo intimidación?, ¿hubo negociaciones?, ¿dónde están los culpables?, ¿cuáles fueron los móviles del secuestro? Esa información la población la desconoce. Seguro los archivos están depositados en un gabinete ultra secreto de Miraflores, con copia en el despacho de la Fiscal, pero lo cierto es que la bomba estalló y no sabremos precisar por cuál costado, pero reventó.

Ahora Luisa Ortega Díaz está desencadenada disparando contra la nueva burguesía del país (el chavismo), al igual que lo hacía Django contra los blancos opresores latifundistas, y lo más importante de todo: tiene con qué hacerlo, pues de seguro, antes de salir a ventilar “sus graves preocupaciones sobre la alteración del orden constitucional”, tenía bajo la manga una serie de pruebas para mandar tras las rejas a todas las cabezas del chavismo. El final de esta historia seguro será espeluznante: desde ya empezamos a contactar a Hollywood para ir armando el libreto.

Perfil de un tirano revolucionario

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Pocos sabrán que en su pasado, el actual mandatario venezolano fungió como guardaespaldas de José Vicente Rangel durante la campaña presidencial del año 83; es decir, que su cuerpo alargado servía como muro de contención y barrera contra cualquier intento de agresión hacia el entonces candidato y sus brazos se empleaban para abrirle paso a José Vicente cuando se decidía a caminar en medio de una multitud; no en vano, su metro noventa le facultaba para ser un perfecto receptor de balas, golpes, y hasta huevos, como bien supo demostrar durante su paseo militar por la apacible San Félix.

Pero antes de eso hay una historia, una no muy interesante, pero la hay: desde un nacimiento en no se sabe dónde (que hoy día sigue siendo un misterio, puesto que ni sus propios allegados logran ponerse de acuerdo) a las andanzas de un niño, y luego adolescente, que fracasó en todo lo que intentó hacer.

Hace un par de días, Nicolás apareció tocando el piano dándonos muestras de por qué abandonó los instrumentos para usar su cuerpo como muro de contención. No sabemos si intentaba darnos un mensaje de amor a la música luego de que sus esbirros asesinaran a Armando Cañizales, o rompieran el violín de Willy Arteaga, pero lo cierto es que cada vez que aparece para darnos muestras de sus “destrezas” únicamente fracasa; está claro que en lo único que ha triunfado es en consagrarse como represor y asesino de ciudadanos, pero vamos poco a poco.

Esta triste historia comenzó en Caracas, donde un Nicolás Maduro adolescente desistió de sus estudios de bachillerato para dedicarse a tocar el bajo en una banda de rock, tal como asegura la versión oficial. Lo cierto es que durante décadas, al hoy presidente de la nación no se le conocieron logros, mucho menos esfuerzos o habilidades. El mensaje de Hugo Chávez al designarlo como sucesor fue claro: a Presidente de la República puede llegar cualquiera, no se necesitan pergaminos, títulos o destrezas.

En los años 80’s, con la mayoría de edad cumplida, Nicolás Maduro vivía de las arcas de su padre, no se había preocupado por educarse, mucho menos por trabajar, y sí por gritar consignas de izquierda y afirmar que el mundo era un lugar injusto, ya que mientras otros paseaban en autos del año, a él le tocaba resignarse con el Fairlane anticuado de su papá. De esa forma, su corazón empezó a ir ahorrando… resentimiento, pues claro está que dinero no podía acumular vagueando por las calles de manera indefinida. Fue entonces cuando se acercó a los grupos de izquierda y el de José Vicente Rangel le dio la oportunidad de ganarse el pan: ‘tú lo único que tienes que hacer es poner el cuerpo y aguantar coñazos’, le dirían. Maduro aceptó, puesto que no tenía otros talentos, tampoco ambiciones, solo sabía que quería “igualdad”, que quería tener en su cuenta bancaria la misma cantidad de dinero que el abogado de enfrente, que el médico de la clínica por la que pasaba cada mañana, o que el ingeniero que había construido los puentes y elevados por los que se trasladaba día tras día.

Luego de que la propuesta de José Vicente Rangel fuera claramente rechazada por el pueblo, su salario sufrió el mismo destino. Ya no tenía a quien servirle de guardaespaldas, así que tuvo que buscar otro empleo, ¿y qué otra cosa sabía hacer Nicolás Maduro?: manejar un carro. Así fue como se convirtió en chófer de Metrobús. Detrás del volante tampoco resultó ser muy exitoso: en muy poco tiempo se hizo con el record de más unidades chocadas en la historia de la empresa, y también supo apuntar su nombre en lo más alto, en la lista de ausencias “justificadas”, siempre relacionadas con cuadros de asma o fiebres.

Sus contactos con grupos izquierdistas, y su deplorable actuación detrás del volante, lo llevaron a probar nuevos destinos, y fue así como terminó en Cuba realizado cursos de adoctrinamiento de cuadros políticos de izquierda en la escuela Ñico López; allí permaneció durante casi dos años, fomentando su odio hacia la derecha, aprendiendo a implantar un modelo político tan “eficiente” como el cubano, en lo que a él respecta, de igualdad y felicidad: es más fácil construir miseria para todos que propiciar las bases de la riqueza.

De vuelta a Caracas, su tiempo se dividió en fomentar la pereza, la apatía, y la inconformidad; su condición le parecía deplorable, pero no hacía nada en lo absoluto para cambiarla, únicamente contribuía quejándose e intentando sumarse a grupos de izquierda que compartieran su odio por la gente que ha logrado acumular riquezas. Pasados un par de años, decidió volver a ponerse detrás del volante, logró aliarse con los miembros del sindicato del sistema de transporte, y así reingresó a la nómina de conductores, a pesar de su récord poco confiable. Allí, gracias a las enseñanzas aprendidas en Cuba, consiguió posicionarse como uno de los jefes en el sindicato, y esto lo facultó para ausentarse del trabajo las veces que quisiera, negociar con los representantes de las empresas para las cuales laboraba, y exigir cada vez mayores beneficios a cambio de menos trabajo. Estos azares de la vida lo llevaron a conocer a Cilia Flores, estudiante de derecho que se tildaba a sí misma de “revolucionaria e izquierdista”, con básicamente los mismos propósitos que el chófer de autobús.

En el año 1992, un 4 de febrero, luego de abandonar su oficina de trabajo, se enteró por los medios de comunicación de que un grupo de militares estaba llevando a cabo un golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez. La noticia estremeció a Nicolás, y a la mañana siguiente, cuando vio a Hugo Chávez por los medios de comunicación declarando que “por ahora” los objetivos planteados no habían sido logrados, sintió un flechazo en el corazón. Fue amor a primera vista: ese hombre que se había robado la atención de todo un país se convirtió desde ese momento en su líder.

Fue por ello que un par de meses después, Cilia Flores, ya abogada de la República, hizo un acercamiento con Hugo Chávez en la cárcel de Yare, y a su vez le introdujo a Nicolás Maduro, quien desde el principio reconoció al Comandante como un Dios en la tierra, y aseguró que lo seguiría por cielos e infiernos.

Durante la campaña electoral de Chávez, puso al servicio sus mejores talentos: usando su cuerpo como muro de contención y manejando los vehículos en los que se transportaba el candidato presidencial. Fue así como logró hacerse con la confianza del mesías de Sabaneta, quien lo incluyó en las listas de su partido para acceder a un escaño en la Asamblea Nacional. De ese modo, un hombre que en el pasado no había podido lidiar siquiera con las materias del bachillerato se transformó en diputado.

El resto de la historia ya todos la conocen: envestido como diputado, el comandante Hugo Chávez lo propuso como Presidente del Parlamento, y sus partidarios lo votaron para hacerse con la silla más importante del Poder Legislativo; así, el cúmulo de aptitudes y logros de Nicolás Maduro (primaria básica, bajista mediocre, guardaespaldas, conductor de autobús con el mayor número de accidentes de tránsito) lo llevaron a ser la persona encargada de legislar en el país, y de aprobar los presupuestos de un de las naciones más ricas del planeta tierra.

En el año 2006 fue designado ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela. Aquello lo congració con Chávez aún más, promoviendo y apoyando las relaciones bilaterales del gobierno venezolano: desde Saddam Hussein, a Muamar el Gadafi, Mahmud Ahmadineyad y, por supuesto, Fidel Castro. El fiel cumplimiento de sus funciones, sin ningún tipo de excusas u objeciones, convirtió a Nicolás Maduro en uno de los favoritos, no solo de Hugo Chávez, sino también de Fidel. En el año 2009, el entonces canciller voló a Damasco y luego a Teherán para estrechar vínculos con la organización terrorista “Hezbolá” –todo esto según las investigaciones del periodista Emili J Blasco publicadas en su libro Búmeran Chávez–, información que años después sería refrendada por el departamento de Estado de los Estados Unidos de América, y transmitida por la señal de CNN, al confirmarse la vinculación de Tareck El Aissami con dicho grupo terrorista.

En aquel entonces, Nicolás Maduro sostuvo reuniones con Hasán Nasralá, jefe de la agrupación terrorista Hezbolá, y uno de los hombres más buscados por el servicio secreto de los Estados Unidos, a quien habría accedido gracias a la intermediación del entonces Ministro de Interior y Justicia, Tareck El Aissami, de ascendencia sirio-libanesa y muy allegado a los grupos de poder árabes existentes en Venezuela. Luego de ello, el canciller voló a Teherán, donde se reunió con el presidente Hugo Chávez, quien sostenía juntas con Mahmud Ahmadineyad. Allí planificaron la implantación de las células terroristas en territorio venezolano, y la dotación de pasaportes a sus integrantes, bajo el resguardo y control de Tareck El Aissami. Es desde ese entonces cuando el dueto Maduro – El Aissami comienza a afianzarse, y es de allí de donde sale la futura designación del segundo como Vicepresidente de la República (2017).

Ante el cáncer de Hugo Chávez y su probable defunción, comenzaron a evaluarse las propuestas a sucederle en Miraflores. Entre los candidatos estaban Elías Jaua, Diosdado Cabello, e inclusive su hermano Adán Chávez; no obstante, quien terminó haciéndose con tal designación fue Nicolás Maduro: primero, por la obediencia y lealtad mostrada; y segundo, por su acercamiento con Cuba: es la voz de Fidel la que inclina la balanza a su favor, al saber que con Diosdado tendría más difícil su injerencia sobre territorio venezolano.

Su andar presidencial comenzó con un fraude tras otro: primero, haciendo de presidente interino tras la falta de juramentación de Hugo Chávez; y luego, en unas elecciones que las propias investigaciones anteriormente mencionadas han demostrado que fueron manipuladas y fraudulentas. Desde allí comenzó a reprimir ciudadanos venezolanos, a propiciar saqueos, a destruir la economía, y a construir la “igualdad” que tanto soñó en su adolescencia. Luego de propiciar el Dakazo y fomentar el aumento de la escasez y de la inflación, se topó con un cúmulo de protestas en el 2014 que lo llevaron a encarcelar a Leopoldo López, y a ordenar una represión que dejó 43 asesinados en un par de meses, lo que lo forzó a convocar a diálogos que facilitaran una “pacificación” de la sociedad. Desde entonces, su gobierno ha estado en punto de mira de todos los organismos internacionales. Un tiempo después a sus sobrinos los detuvieron en Puerto Príncipe con 800 kilogramos de cocaína, y a su Vicepresidente, Tareck El Aissami, lo acusaron formalmente de poseer nexos terroristas y de otorgarles pasaportes venezolanos a ciudadanos sirios (aquello que se venía cocinando desde el año 2009).

2017 ha resultado ser el año más caótico de todos, cosa nada desdeñable: cada 365 días los venezolanos se sorprenden al percatarse que, de hecho, su país si puede hundirse cada vez más, sin importar que desde el 2012 aquello ya pareciera una misión imposible. Con el pueblo en contra, a Nicolás, el del bajo; a Nicolás, el de la camionetica, no le ha quedado de otra que aumentar la represión, salir a la caza de ciudadanos, promover una Constituyente sin pies ni cabeza, ordenar el asesinato de más de 60 venezolanos opositores hasta lo que va de fecha (29 de mayo del 2017), y esperar que el espíritu del Comandante venga en su rescate.

Pero poco y nada puede achacársele de toda esta crisis: es difícil exigirle a un sujeto que jamás aspiró a nada, y que lo único que cultivó en sus primeras décadas de vida fue resentimiento, que sepa administrar riquezas e impartir justicia. En el vocablo del Presidente de la República aquello no existe, jamás lo conoció, ni tampoco se preocupó nunca de hacerlo: él es, sencillamente, un individuo de corta racionalización dispuesto a defender a capa y espada la herencia intergaláctica recibida, la herencia que nunca, jamás, soñó o imaginó tener. El culpable de toda esta situación ya ha fallecido, aunque su historia también es otra que vale le pena analizar, porque a esas culpas también les hallaremos otras; como la del señor que decidió sacarlo de la cárcel, como la de los dueños de grandes medios de comunicación que decidieron encumbrar su carrera política, o como la de los millones de venezolanos que decidieron darle poder infinito a un Teniente Coronel.

ESPECIAL: 4F, cuando la TV cambió la historia

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

En un mismo día (4 de febrero de 1992) y por un mismo medio (la televisión) se definió el destino de tres hombres, de tres presidentes: CAP, Chávez y Caldera. Aquel martes de hace hoy 25 años, el verdadero poder no lo tuvieron las armas o las instituciones, sino la pantalla: en ella Carlos Andrés Pérez salvó su gobierno del golpe; Caldera, cadáver político, resurgió de las cenizas; y el mito de Hugo Chávez comenzó a construirse. Tres momentos transmitidos en vivo y directo que a la postre se mostraron como definitivos para la historia del país.

1:30 AM

-Acuérdese de Rómulo, acuérdese de que usted tiene que salir por televisión para que lo vean, para que sepan que está vivo, que está firme hablándole al país.

cap

En el fondo suenan disparos. Es la banda sonora de la escena. De un lado del teléfono, en La Casona, Blanca de Pérez, la primera dama. Del otro lado del teléfono, escapando de Miraflores, Carlos Andrés Pérez, el presidente. Y alrededor de ellos, tanquetas y militares disparando. Es la madrugada del 4 de Febrero y la Fuerza Armada se ha sublevado contra el gobierno. Hay un Golpe de Estado en pleno desarrollo.

Apenas unas horas antes, el presidente había aterrizado en el país luego de estar en una cumbre en Davos. El viaje lo deja agotado y no más llegar a La Casona se pone el pijama y duerme. Una llamada del Ministro de Defensa interrumpe la paz del hogar. La atiende Carolina, su hija, a quien le informan que hay un alzamiento en Maracaibo. Inmediatamente le avisa al padre, que rápidamente se viste y en el único carro disponible al momento –no espera la caravana presidencial, que no estaba lista–, acompañado sólo con un chofer y un escolta, sale rumbo a Miraflores. Cinco minutos después llegan los golpistas y atacan con saña la residencia presidencial. Lo que viene son cinco horas de fuego cerrado en las que la familia presidencial sobrevive únicamente porque los morteros que lanzaron los golpistas estaban vencidos y no estallaron.

A Miraflores llega rápido. Las calles están solas y el trayecto lo hace tranquilo y sin sobresalto. Buen augurio que se desvanece cuando llama a su hija y ella le da cuenta de la batalla campal que tiene lugar en La Casona. Promete que mandará un batallón, pero al instante se entera de que no es posible porque el golpe ha comenzado a tomar forma. El aeropuerto de La Carlota está tomado, lo mismo el Ministerio de la Defensa y unos minutos después el propio palacio de Miraflores, adonde llegan dos tanquetas. Comienza entonces otra batalla campal y desigual: solo 16 escoltas civiles y 8 militares son los que hay para defender al presidente de un batallón de militares. El despacho es atacado por una de las tanquetas –lo salvan los vidrios blindados–, y lo suben a la suite vieja. Allí un disparo destroza la ventana –“me descubrieron, pero fallaron el tiro”–. Gritos, tiros y detonaciones van y vienen. Son minutos de confusión y mucha angustia. Lo llama de Colombia el presidente Gaviria a preguntarle por lo que está sucediendo. Se limita a poner el auricular en alto para que escuche los tiros. “Creo que sobran las explicaciones. No sé qué va a pasar”, le dice.

Y lo que pasa es que después de casi una hora hay un alto al fuego. “Aquí acaba de cesar el tiroteo y voy a salir”, le dice al Ministro de Defensa, quien le advierte lo peligroso de la movida. Él no se conmueve. Le ordena al Jefe de Casa Militar que le busque una salida. “Usted no puede salir”, le responde. “Le estoy dando una orden, no una consulta”. Y la suerte le sonríe: Chávez, quien comandaba la operación, no se había hecho con un plano completo del Palacio y dejó una puerta sin cubrir. Es la que da al Liceo Fermín Toro. El presidente se monta en un Conquistador gris blindado. “No más abrirse la puerta, salga a toda máquina sin mirar a los lados”, instruye al chofer. Pero, clásico, la llave de la puerta no aparece, nadie sabe dónde está. Cuando la fuerzan, comienza a sonar una alarma. “Apenas se abra lo suficiente, arranque y tome la Avenida Fuerzas Armadas”, ordena el presidente. Y así hace. Los golpistas son sorprendidos, y aunque disparan al ver el carro, el presidente se les escapa.

Ya fuera de palacio, llama a La Casona para saber cómo va todo allá. Es allí cuando la primera dama le da la idea de salir en TV. “Yo me acordaba de que cuando hubo el atentado contra Rómulo Betancourt, en donde se le quemaron las manos, él lo primero que hizo fue salir en televisión y decir: ‘miren como estoy, miren lo que me hicieron, pero estoy vivo y hay que luchar contra esto’. Y se lo recuerdo a Carlos Andrés”. Él, que había sido su Ministro del Interior, toma el consejo. Llama a Carmelo Lauría y le pide que le ubique una televisora que no esté tomada. Éste habla con Marcel Granier y el directivo le dice que en el canal 2 hay tropas. Llama entonces a Ricardo Cisneros, y él le asegura que el canal 4 está libre. Toman la Cota Mil y se dirigen a Venevisión. En el canal ya hay un estudio preparado. A la 1:30 AM comienza a sonar la famosa fanfarria del canal de la colina, que no parará durante toda la transmisión. Con una bandera al lado, el presidente le habla breve y firmemente al país:

“Un grupo de militares traidores a la democracia, liderando un movimiento antipatriota, pretendieron tomar por sorpresa al gobierno. Me dirijo a todos los venezolanos para repudiar este acto. En Venezuela el pueblo es quien manda. Su presidente cuenta con el respaldo de las Fuerzas Armadas y de todos los venezolanos. Esperemos a que en las próximas horas quede controlado este movimiento. Cuando sea necesario volveré a hablar”

Es la sentencia de muerte del golpe, y la salvación del gobierno. “En Fuerte Tiuna colocaron los televisores a todo volumen y en dirección a las tropas que cercaban el edificio, que al oír mis palabras se rindieron”.

11:00 AM

-Yo ni siquiera me di cuenta de cuando dije ‘por ahora’

Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, en la intentona golpista del 4 de Febrero de 1992

“No se le puede dar la posibilidad de hablar por televisión; quién sabe lo que va a decir, qué proclamas dirigirá a las Fuerzas Armadas. Llévelo preso al Ministerio, métalo en una habitación, pónganle una cámara de televisión, graben y luego editan”. Esa, cuenta CAP en sus memorias, fue la instrucción que le dio a su Ministro de la Defensa, Fernando Ochoa Antich, cuando éste le propuso que dejara hablar a Chávez por televisión para que pidiera la rendición de los golpistas que tenían todavía tomado el cuartel Libertador de Maracaibo, en el que había gran cantidad de explosivos y por ende no podía ser bombardeado ni atacado sin correr el riesgo de volar media capital zuliana. ¿Cómo es que aquella orden, tajante y precisa, terminó por desembocar en una alocución en vivo del Teniente Coronel que comandó el golpe? “Una mini conspiración” es la respuesta que da Ochoa Antich en sus memorias. Una mini conspiración en la que el Alto Mando Militar lo apura a él cuando les informa que el presidente dice que sí, que hable, pero que el mensaje sea grabado: “Ochoa, no hay tiempo. Si no lo hacemos de inmediato, comenzarán los combates”, es la respuesta del almirante Elías Daniels, Inspector General de las Fuerzas Armadas. Entonces Ochoa cede, y a las 11 de la mañana, desde la sala protocolar del Ministerio de la Defensa, rodeado de algunos hombres, perfectamente uniformado y rasurado –luego se descubrirá que en la Proveeduría de las Fuerzas Armadas se le había permitido bañarse, afeitarse y cambiarse de uniforme–, con apenas los ojos rojos como única muestra visible de cansancio, aparece delante de los micrófonos y cámaras de las cuatro televisoras nacionales –RCTV, Venevisión, VTV y Televen–, Hugo Chávez Frías.

“Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros acá en Caracas no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre. Ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones, y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra. Oigan al Comandante Chávez,  quien les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas porque ya, en verdad, los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros, oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias”

“Yo nunca he sido el que de manera fría o calculada elaboro un discurso, y aquel día tampoco. Era una voz interior (…) Hubo expresiones que yo no había pensado. Ese ‘por ahora’ yo ni siquiera me di cuenta de cuando lo dije: salió del subconsciente”, reveló Chávez años después en un documental. Sin embargo, el discurso, a pesar de esas salidas espontáneas, tuvo su ensayo. Fernán Altuve, pieza de los golpistas infiltrada en las FF.AA., demoró por horas el traslado de Chávez de La Planicie al Ministerio de la Defensa con el fin de darle tiempo para que pensara lo que diría: “El general Ochoa Antich llamó y me dijo: ‘Fernán: tráete a Chávez con Santeliz para acá a Miraflores’. Yo le respondí que estábamos inventariando el armamento y los cartuchos disparados, con lo que ganamos unas horas durante las cuales se ensayó el ‘por ahora’”.

La alocución es el verdadero golpe: uno de opinión. Capta la atención de todo el país, y en el imaginario colectivo ese Chávez de uniforme, que asume responsabilidades y deja abierta la esperanza a una victoria futura, queda grabado. Son las melosas palabras de un documental propagandístico, pero no están exentas de verdad: “Quien no lo haya visto ese día, se perdió el instante de apertura de un nuevo ciclo que cambiaría todo para siempre”.

6:00 PM

-Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y la democracia cuando no son capaces de darle de comer

Caldera

No era más que un anciano ex-presidente de la República, que precisamente por eso, por ex presidente, tenía la dignidad de Senador Vitalicio y ocupaba un escaño en el Congreso. Eso es todo lo que Rafael Caldera, a sus 72 años, pintaba en febrero de 1992. Sí, dirigente histórico de uno de los dos grandes partidos del país. Sí, articulista de prensa. Sí, entrevistado frecuente en la tele. Sí, hombre escuchado en los sectores políticos. Pero nada más. Relevancia y peso, ningunos. Hasta esa tarde en que encorbatado y engominado subió a la tribuna de oradores, rodeado de un enjambre de cámaras y micrófonos, para dar un discurso histórico. Un discurso que no le correspondía –había pedido la palabra terminada ya la sesión del día-, pero que tenía bien planeado, y por ello quería que fuera televisado –“Caldera había llamado al Ministro de Información y le había dicho que iba a hablar, pero quería que le pasaran el discurso en cadena. Como era una sesión de apoyo, Andrés Eloy cayó en la celada”, recordaría CAP–. Es la pieza oratoria de un zorro viejo y hábil, de un hombre con experiencia, que sabe lo que dice y más que ello lo que quiere conseguir.

“He pedido la palabra no con el objeto de referirme al decreto de suspensión de garantías” fueron las palabras con la que arrancó, empezando la lidia de frente, a porta gayola, para que nadie se sorprendiera luego. Comenzó criticando el decreto por la forma –“encuentro un defecto de redacción”– y terminó afincándose en el fondo: “Yo no estoy convencido de que el golpe felizmente frustrado haya tenido como propósito asesinar al Presidente de la República”. ¿Por qué? “Nadie, por más protegido que esté, puede salvarse de un asesinato cuando se cuentan con los medios y la decisión de perpetrarlo”; es decir: que el que CAP estuviera vivo demostraba que no habían querido matarlo. Un argumento muy endeble, pero que le permitía salirse del carril y romper la unanimidad que había al respecto. “Me siento obligado en conciencia a expresar mi duda acerca de ésta afirmación, y considero grave que el Ejecutivo y el Congreso la hayan hecho”, decía ofendido.

Pero no era de eso de lo que él quería hablar. Su tema era otro. Y ya clavada una banderilla sobre el decreto y habiéndolo puesto en duda, entró a lo suyo: convocar sus colegas “a una profunda reflexión y una inmediata y urgente rectificación”. ¿Por qué? Porque él, padre de la democracia, se daba cuenta, clarividente como nadie, de que a diferencia de otros golpes –en los sesenta se sucedieron uno tras otro–, esta vez el país no reaccionaba enérgicamente para defender la democracia como entonces. “Es lo que más me preocupa y me duele: no encuentro en el sentimiento popular la misma reacción entusiasta y decidida, el mismo fervor por la defensa de las instituciones que caracterizó la conducta del pueblo en todos los dolorosos incidentes que hubo que atravesar después del 23 de enero de 1958”. Y entonces comenzó a repartir responsabilidades.

Los primeros en recibir la estocada fueron sus colegas. “El país está esperando otro mensaje”, les espetó en directo. “No es la repetición de los mismos discursos que hace 30 años se pronunciaban cada vez que ocurría algún levantamiento, y que vemos desfilar por las cámaras de la televisión lo que responde a la inquietud, al sentimiento, a la preocupación popular”. Y con esa frase, en diez segundos, se puso él en otro plano distinto al de todos los políticos y se erigió, además, como el traductor del sentimiento popular.  Luego, le hizo su lidia a Carlos Andrés: “Quiero decirle desde esta tribuna al Señor Presidente de la Republica, que de él depende la responsabilidad de afrontar de inmediato las rectificaciones profundas que el país está reclamando”. Y finalmente, volvió a su rol de encarnación, de altavoz del pueblo: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y la democracia cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer; de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; de ponerle un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad venezolana. Esta situación no se puede ocultar”, bramó con tono indignado. Y ya a esas alturas todo estaba consumado.

Lo que vino después fue más de lo mismo. Caldera desde su Olimpo, todo un Zeus tronante, lanzando rayos a diestra y siniestra contra la dirigencia política –“por eso he pedido la palabra: para transmitirles desde aquí al Señor Presidente y a los dirigentes de la vida pública nacional mi reclamo”–. Caldera denunciando indignado la situación del país –“no podemos afirmar en conciencia que la corrupción se ha detenido: íntimamente tenemos el sentir de que se está extendiendo progresivamente; el costo de la vida se hace cada vez más difícil de atender para grandes sectores de nuestra población; los servicios públicos no funcionan; el orden público y la seguridad personal tampoco encuentran un remedio efectivo”–. Caldera encarnando al pueblo –“en nombre del pueblo venezolano, [ruego] que se enfrente de inmediato el proceso de rectificaciones que todos los días se está reclamando y que está tomando carne todos los días en el corazón y sentimiento del pueblo”. Caldera resurgiendo de sus cenizas y dando el primer y fundamental paso para alcanzar, un año después, la Presidencia de la República.

Fuentes:

-Ramón Hernández, Roberto Giusti. (2006). Carlos Andrés Pérez: Memorias Proscritas. Caracas: El Nacional

-Mirtha Rivero. (2009). La rebelión de los náufragos. Caracas: Alfa.

-Fernando Ochoa Antich. (2007). Así se rindió Chávez: la otra historia del 4 de febrero. Caracas: El Nacional.

-Juan Carlos Figueroa. (2007). Las cinco horas cruciales del 4 de febrero. El Tiempo.

-José Sant Roz. (2011). Estremecedoras revelaciones jamás narradas sobre el 4-F. 4 / 02 / 2016, de Aporrea Sitio web: http://www.aporrea.org/tiburon/a117017.html

-Fragmento de una vida: Testimonio de Hugo Chávez sobre el 4F (https://www.youtube.com/watch?v=rVGAwaW-2Z8)

El clero en la lucha

Por: Gabriel García Márquez*

El 1° de mayo del año pasado (1957) -fiesta del trabajo- los curas párrocos de Venezuela leyeron en los púlpitos una carta pastoral del arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en sus términos esenciales la doctrina social de la Iglesia. Desde Caracas hasta Puerto Páez, en el Apure; desde las solemnes naves de la catedral metropolitana hasta la destartalada iglesita de Mauroa, en el territorio federal amazónico, la voz de la Iglesia -una voz que tiene 20 siglos- sacudió la conciencia nacional y encendió la primera chispa de la subversión. Monseñor Rafael Arias, un hombre macizo y apacible que habla con la misma sencillez y la misma cadencia criolla de cualquier venezolano corriente, había meditado mucho antes de escribir la primera línea de aquella pastoral. La idea nació del conocimiento general que tenía el arzobispo de la realidad del país, por apreciación directa y por las conversaciones con sus párrocos. En un estudio económico de las Naciones Unidas, que recibió por correo, se enteró de que la producción per cápita de Venezuela había subido al índice de 500 dólares, pero que esa riqueza no se distribuía de manera que llegara a todos los venezolanos. “Una inmensa masa de nuestro pueblo -observó en una de sus primeras notas- está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas”. Poco antes, el cardenal Caggiano, legado pontificio al II Congreso Eucarístico Bolivariano, había planteado ese problema en la sesión extraordinaria que celebró en su honor el Concejo del Distrito Federal. “Venezuela -dijo en esa ocasión Caggiano- tiene tanta riqueza que podría enriquecer a todos, sin que haya miseria y pobreza, porque hay dinero para que no haya miseria”.

No había una fecha prevista para la publicación de la pastoral. Monseñor Arias se había hecho el propósito de que fuera un documento breve, claro, directo e invulnerable. Al principio del año pasado ordenó a la Juventud Obrera Católica adelantar una encuesta que le permitiera formarse un juicio sereno de la realidad nacional. El sondeo duró dos meses. Con una completa documentación en el despacho, después de haber conversado no sólo con los párrocos de Caracas sino con los que vinieron expresamente de las más remotas aldeas de provincia, el arzobispo inició la redacción de sus notas, de su puño y letra. En 45 días de trabajo, de consulta con sus asesores, la primera copia definitiva -11 hojas a máquina, a doble espacio- estuvo lista en la primera semana de abril. Entonces pareció muy apropiada para su publicación la fecha del 1° de mayo, día del trabajo, fiesta del patriarca carpintero, San José.

Se precisó de una actividad extraordinaria para que la Pastoral estuviera en todas las parroquias de Venezuela en la fecha convenida. Fue dada, sellada y refrendada en Caracas a las 10:30 am del lunes 29 de abril. Dos días después se leyó en los púlpitos. A fines de la semana le había dado la vuelta al país y trascendido al exterior, donde se consideró como una brecha en el cinturón de acero creado por la censura de prensa. La primera edición -repartida gratuitamente por los párrocos- se agotó en ocho días. Algunos especuladores se hicieron de un considerable número de ejemplares y los vendieron a 10 bolívares.

Una semana antes Pérez Jiménez pronunció un discurso espectacular en el Congreso, en el cual hizo una apoteósica enumeración de la obra material adelantada por su gobierno y se refirió a los elevados salarios del obrero venezolano. Ese día la Pastoral estaba hecha. Pero el ministro del Interior, Laureano Vallenilla Lanz, no entendía esa clase de argumentos. En su opinión, la pastoral del 1° de mayo era una réplica al discurso presidencial del 24 de abril.

El jueves 2 de mayo, a las 11:00 am, citó a su despacho al arzobispo de Caracas, no en una nota especial, sino por teléfono. Monseñor Arias concurrió a la convocatoria esa misma tarde y tuvo que esperar en la desierta antesala del Ministerio del Interior. Vallenilla Lanz solía recordar aquella entrevista con un orgullo evidente. “Me di el gusto -decía- de hacer esperar al arzobispo durante hora y media”. En realidad, monseñor Arias -que es un hombre humilde- no esperó más de media hora. A las 3:30 pm pasó al despacho del ministro del Interior, donde se le comunicó el pensamiento oficial.

Vallenilla no iba a misa pero conocía los sermones

Fue una entrevista breve, en la cual Vallenilla Lanz habló casi todo el tiempo, y casi exclusivamente de la obra material del Gobierno. Cuando monseñor Arias abandonó el despacho se le había hecho saber que el Gobierno haría publicar en los periódicos una respuesta a la pastoral. Pero esa respuesta no apareció jamás. A cambio de ella, el ministro del Trabajo dirigió al arzobispo una carta privada -con fecha 10 de mayo- que era una edición corregida y aumentada del discurso de Pérez Jiménez. El argumento más poderoso contra la carta pastoral, según el ministro del Trabajo, era la construcción de la Casa Sindical y del balneario de Los Caracas. Los párrocos de Venezuela sabían desde ese momento cuál era su deber: predicar la doctrina social de la Iglesia. Cada domingo, en los púlpitos de Caracas, se pronunciaban sermones cuyo rumor inquietaba, el lunes en la mañana, el desayuno de Vallenilla Lanz.

Particularmente uno de los sacerdotes de Caracas -el padre Jesús Hernández Chapellín- asumió una posición combativa. Joven, de una salud a toda prueba y un notable valor personal, el padre Hernández Chapellín, director de La Religión, se sentaba todas las noches frente a su máquina de escribir a ejercer su doble ministerio de sacerdote y periodista. El 13 de agosto, Vallenilla Lanz -bajo el pseudónimo de R. H.- publicó en El Heraldo una interpretación atolondrada y arbitraria de la justicia social. Al día siguiente, el padre Hernández Chapellín publicó una réplica que no mandó a la censura porque sabía que la censura no la habría dejar pasar: “Orientaciones a R. H.”. A las 10:00 am, una llamada telefónica del Ministerio del Interior lo despertó en su residencia particular. El propio Vallenilla Lanz estaba al teléfono. “Padre -dijo el ministro, sin preámbulos- es necesario que usted modifique su actitud”. También sin preámbulos, el director de La Religión respondió: “Mis editoriales los pienso y los medito bien, luego los escribo y los lanzo y me importa poco lo que ustedes piensen de ellos”.

Vallenilla Lanz no respondió nada, sino que citó al padre Hernández Chapellín a su despacho, esa tarde a las 5:00 en punto. El sacerdote llegó con cinco minutos de retraso.

En hora y media, el padre Hernández se hizo conspirador

La entrevista duró un poco más que la de monseñor Arias y esta vez fue el sacerdote quien habló casi todo el tiempo. Vallenilla Lanz, vestido de gris y un poco pálido, no había tenido tiempo de iniciar el diálogo, cuando el director de La Religión tomó la iniciativa. “Voy a hablar -dijo- más que todo como sacerdote que sólo teme a Dios. Con el régimen que ustedes tienen en Venezuela casi todo el pueblo los odia y los detesta”.

Vallenilla Lanz enrojeció:

-¿Por qué?- preguntó tímidamente.

-Porque ustedes tienen un régimen de pánico con la Seguridad Nacional. Es la espada de Damocles sobre la cabeza de cada venezolano. Las lágrimas y la sangre y la cantidad de muertos…

-¿Cuáles muertos?- interrumpió Vallenilla Lanz, con un aire de cándida inocencia.

El padre Hernández Chapellín enumeró, con sus nombres propios, 10 víctimas del régimen. “Y los que no sabemos”, agregó. “¿Y los exilados políticos?”

Vallenilla Lanz empezó a reaccionar.

-Usted llama exilados políticos a bandidos como Rómulo Betancourt, dijo.

-Betancourt y yo -replicó el padre Hernández Chapellín- estamos en trincheras opuestas, como otros muchos exilados. Pero ellos también son venezolanos y aquí deben estar para que les demos la pelea en el terreno ideológico.

Los dos hombres estaban solos en el despacho. El sacerdote, con ese entusiasmo un poco estudiantil con que habla con sus amigos en la redacción de su periódico, siguió enumerando las razones por las cuales el régimen de Pérez Jiménez era una maquinaria de terror. Dijo: “Si cuando el general se tomó el poder hubiera hecho elecciones libres en vez de proseguir y de trancarle la voz a la prensa, se hubiera inmortalizado. Pero la realidad es otra. Se quedó en el poder por un golpe de estado al derecho de sufragio”.

El padre Hernández Chapellín abandonó el despacho a las 6:30 pm, cuando ya habían salido los empleados del ministerio. Con un cinismo inconmovible, Vallenilla Lanz lo acompañó hasta la puerta, lo despidió con un abrazo y le dijo: “Las puertas de mi despacho estarán siempre abiertas para usted”. Pero el padre Hernández no volvió a franquearlas. Siguió librando la batalla desde su modesta oficina de periodista. Pocas semanas más tarde, su robusto y combativo colega, Fabricio Ojeda, se presentó en la redacción de La Religión.

-Padre -dijo Fabricio Ojeda- vengo a decirle una cosa como si fuera una confesión: yo soy el presidente de la Junta Patriótica.

A partir de ese día, el padre Hernández Chapellín no fue solamente un sacerdote dispuesto a sacar adelante la doctrina social de la Iglesia ni solamente un periodista de la oposición. Fue también un conspirador.

Lluvia de volantes en la Catedral

Estrada acechaba en su plácido despacho de la catedral metropolitana, de espaldas a un estante atiborrado de libros que cubre toda una pared, el padre José Sarratud recibió el 11 de julio, a las 2:00 pm, una llamada telefónica del Ministerio de Justicia. El padre Sarratud, que es muy joven pero que parece más joven de lo que es, no tenía motivos para conocer la voz del ministro: era la primera vez que la escuchaba. En pocas palabras, el ministro le dijo: “Padre, usted está atacando al Gobierno en sus sermones”. El padre Sarratud, sin levantar la voz, sin el menor indicio de alteración, respondió: “No hago otra cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia”.

Durante un mes entero, no modificó el tono de sus sermones. En septiembre volvió a llamarlo el ministro de Justicia, y el padre Sarratud volvió a responder: “Señor ministro, no hago otra cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia”. Poco tiempo después, un incidente habría de llevar el nombre del padre José Sarratud hasta el sombrío despacho de Pedro Estrada. Ocurrió el 12 de diciembre: durante una manifestación de mujeres, a un costado de la Catedral, un hombre gritó: “Abajo Pérez Jiménez”. Tratando de alcanzarlo, un policía se abrió paso entre las mujeres y agredió a una de ellas, encinta. Seis hombres atacaron al agente. De pronto, sin que nadie hubiera sabido en qué momento, millares de volantes contra el Gobierno cayeron sobre la multitud. Habían sido lanzados desde la torre de la Catedral.

Pedro Estrada hizo averiguaciones y descubrió que aquellos volantes habían sido impresos en el multígrafo de la Catedral, puesto al cuidado del padre Sarratud. El director de la Seguridad Nacional esperó un momento propicio para actuar.

Ese momento propicio se presentó el 1° de enero, a raíz del levantamiento de Maracay. Desde cuando volaron los primeros aviones sobre Caracas, Estrada se asiló en la Embajada de Santo Domingo. Pero al día siguiente, cuando supo que el golpe había fracasado, se instaló en su despacho de la avenida México, a dirigir personalmente las represalias. El 3 de enero, el arzobispo le dijo por teléfono al padre Sarratud que Pedro Estrada lo estaba buscando desde hacía tres días. El sacerdote, que no se había escondido, se echó al bolsillo el breviario y se dirigió en automóvil a la SN. Lo recibió Miguel Sanz, quien sin formular juicio lo mandó a la celda. En el cuarto piso de la Seguridad Nacional se llevó una sorpresa: allí había, detenidos, cuatro sacerdotes más. Se les acusaba de que sus sermones eran la causa moral del levantamiento militar.

Cinco sacerdotes presos: El Gobierno se cae a pedazos

Al padre Alfredo Osiglia lo fueron a buscar cuatro detectives armados, en la mañana del 2 de enero, hasta la iglesia de la Candelaria, donde acababa de decir la misa. A las 3:00 pm, monseñor Delfín Moncada, después de almorzar en su casa de Los Chaguaramos, llegó en su modesto automóvil negro al despacho parroquial de Chacao, y allí lo esperaba un hombre de apariencia humilde. Era un enviado de Pedro Estrada. Monseñor Moncada se comunicó con el arzobispo por teléfono y se dirigió, solo, a la Seguridad Nacional. Lo condujeron al despacho de Sanz. Sentado en un rústico banco de madera, ese sacerdote sólido y sanguíneo, pero de edad avanzada, esperó al segundo de Pedro Estrada durante siete horas, minuto a minuto. Había ido con el propósito de dejar una constancia, pero dos guardias armados de ametralladoras le comunicaron que estaba detenido. Al atardecer, monseñor Moncada pidió permiso para ir al baño. Los guardias lo acompañaron, encañonándolo, y no le permitieron cerrar la puerta.

A las 11:00 pm, rodeado de sus guardaespaldas, entró Miguel Sanz. “Usted -dijo, dirigiéndose a Monseñor Moncada- encabeza la lista de cinco sacerdotes que son los autores morales del cuartelazo de Maracay”. Luego, sin solución de continuidad, agregó:

-Además, usted se ha mostrado desatento con el Presidente.

-En los afectos no se mete ni Dios, respondió Monseñor Moncada.

-Vaya a predicar eso allá arriba, replicó el negro Sanz.

Allá arriba, en el cuarto piso, estaba desde el mediodía el padre Jesús Hernández Chapellín, el único de los cinco sacerdotes que fue sentenciado personalmente por Pedro Estrada. Para el director de La Religión, la Seguridad Nacional destacó ocho detectives: cuatro en su oficina y cuatro en su casa. El padre Hernández Chapellín, que no quiso presentarse a la seguridad antes de hablar con el Arzobispo, eludió los sitios habituales y almorzó en casa de unos parientes suyos, en el Cementerio. De allí se comunicó por teléfono con monseñor Arias, quien envió a un sacerdote para que lo acompañara hasta la avenida México. A las 2:00 pm, impecablemente vestido de azul claro y con corbata blanca, Pedro Estrada lo hizo pasar a su despacho:

-Padre -le dijo- usted está complicado en el golpe militar de ayer. Ese es el resultado de sus editoriales que son incendiarios, revolucionarios, y que no parecen de un ministro de Dios.

Pedro Estrada no levantó los ojos en ningún momento de la entrevista. Hablaba con la cabeza inclinada, eludiendo sistemáticamente la mirada segura del padre Hernández Chapellín.

-No refuto lo de Maracay -respondió el director de La Religión- porque me parece infantil. En cuanto a mis editoriales, le diré que me tiene sin cuidado lo que ustedes piensen y no es mi culpa si ustedes se ven retratados en ellos.

-¿Usted no está de acuerdo con el régimen?- preguntó Pedro Estrada.

-No. Estoy en completo desacuerdo.

Estrada no se atrevió a hacerse responsable de su detención. Dijo que tenía órdenes superiores. El padre Hernández Chapellín fue conducido al pabellón destinado a los cinco sacerdotes. Sólo uno de ellos salía todas las noches a dormir a su casa, el padre Pablo Barnola, de la Universidad Católica. Querían que se asilara para que abandonara al país. Pero el padre Barnola no lo hizo. Sus compañeros de prisión le llamaban “el semi interno”. La única visita que se les permitió fue la del doctor Guillermo Altuve Carrillo, enviado personal de Pérez Jiménez, el domingo 5 de enero. Trató de convencerlos de que modificaran su actitud en relación con el Gobierno. Pero ellos se mostraron inflexibles. El doctor Altuve Carrillo, furibundo, les lanzó una amenaza:

-Sepan que no tumbarán al Gobierno.

Aquella amenaza no duró mucho tiempo. El 13 de enero, el Gobierno empezó a caerse a pedazos. Pedro Estrada abandonó el país. El coronel Teófilo Velasco, quien lo reemplazó, puso en libertad a los cinco sacerdotes.

El padre Álvarez, de La Pastora, un conspirador de rueda libre

La ciudad que ellos encontraron al salir de la cárcel había sufrido una transformación sensacional. Todo el mundo, desde el industrial en su gerencia hasta el vendedor ambulante en la calle, estaba conspirando. En la humilde parroquia de La Pastora, el padre Rafael María Álvarez Flegel -156 centímetros cargados de un dinamismo incontenible- estaba comprometido hasta los huesos en la conspiración. En los primeros días de enero, un sobrino suyo, Ramón Antonio Álvarez Cabrera, estudiante del colegio Carabobo, le informó confidencialmente que estaba actuando en contacto con la Junta Patriótica. Necesitaban un multígrafo. El padre Álvarez no se conformó con compartir el secreto y prestar el multígrafo de la parroquia para reproducir los volantes clandestinos, sino que hizo las copias en su máquina y trabajó personalmente en la impresión. Usaba guantes para evitar las huellas digitales. Durante los primeros 15 días del año, sin ningún contacto directo con la Junta Patriótica, el padre Álvarez ocupó la jornada entera en su ejemplar trabajo de conspirador espontáneo. Los muchachos llevaban el papel en la mañana y volvían en la noche por las copias. En varias parroquias se adelantaba una actividad semejante. Apenas salido de la cárcel, el padre Sarratud entró en contacto con otros grupos estudiantiles que celebraban reuniones en una dependencia de la Catedral e imprimían allí volantes clandestinos.

A medida que se acercaba el martes 21, el padre Álvarez sentía que los días le quedaban cortos. La huelga general estaba preparada, pero el efervescente párroco de La Pastora en su solitario y escueto despacho, sin otro contacto con el gigantesco mecanismo de la conspiración que su grupo de estudiantes, sentía que algo faltaba: un ultimátum a Pérez Jiménez, con condiciones concretas. En la noche del 19 redactó él mismo, por su cuenta y riesgo, el último volante, y se tomó la libertad de firmarlo: “La Junta Patriótica”. No se conformó con imprimirlo, sino que puso al correo urbano en sobres cerrados una copia para Pérez Jiménez y cada uno de sus ministros. En su cuarto, debajo de la estrecha cama de hierro pintada de azul, quedaron 500 ejemplares que los muchachos irían a buscar esa noche. Los esperó hasta las 11:00 pm. Antes de acostarse dio orden al sacristán de no quitar las cuerdas de las campanas para que los huelguistas pudieran tocarlas al día siguiente, a las 12:00 en punto. Se durmió a la media noche después de escuchar los últimos boletines en la radio. A la 1:30 am varios golpes a la puerta lo despertaron sobresaltado. Una voz masculina gritó: “Padre, acompáñenos, para que bautice un niño que se está muriendo”. El padre Álvarez abrió la puerta y vio al resplandor de las bombillas del patio cuatro hombres oscuros, con las manos en los bolsillos. Eran agentes de la Seguridad Nacional.

Las campanas de la mayoría de las iglesias de Caracas anunciaron a las 12:00 el principio de la huelga general. La policía había destacado agentes para evitarlo, pero los sacristanes tenían órdenes terminantes de facilitar la entrada de los huelguistas. A monseñor Moncada lo visitó el prefecto de Chacao, a las 11:00 am, para advertirle que sería sancionado si tocaba las campanas. El sacerdote respondió que la policía no podía prohibir la costumbre secular de dar las 12 seguidas por un breve repique. Protegido por el pueblo, el sacristán repicó tres minutos por cuenta del párroco y tres minutos más por su propia cuenta.

En la Candelaria, la policía estuvo a punto de enloquecer con unas campanas que sonaban sin campanero. El párroco había instalado a los altoparlantes una cinta magnética, que giró -repicando- durante varias horas. El párroco contempló el espectáculo desde el abasto de enfrente, vestido de civil.

Al padre Alvarez le habría gustado tocar las campañas con sus propias manos. Pero a esa hora estaba detenido en el convento de los Padres Benedictinos de San José del Ávila. Los agentes de la SN habían pasado la madrugada en su dormitorio, esperando instrucciones. Uno de los estudiantes llamó por teléfono y fue un detective quien respondió: “¿A qué hora es la misa?”, preguntó el estudiante. “No hay misa”, respondió el detective, sin saber que aquello era una clave. Por esa respuesta supieron los muchachos que el padre Álvarez estaba en poder de la Seguridad Nacional. Acompañado por el arzobispo, el coronel Velasco se dirigió a La Pastora a las 6:00 am y se opuso a que el párroco fuera conducido a la seguridad. Desde su celda conventual, el padre Álvarez oyó las campanas, las cornetas y los pitos de las fábricas, y supo entonces que su labor no había sido inútil y que antes de 48 horas estaría de nuevo en su púlpito.

En la Iglesia profanada, el párroco herido esperaba…

El arzobispo se encontraba en una situación difícil: no podía intervenir directamente en política, pero tampoco podía -ni como miembro ilustre de la Iglesia ni como venezolano- impedir el trabajo subversivo de sus párrocos. Las relaciones entre Venezuela y el Vaticano habían llegado a un peligroso grado de tirantez. El nuncio apostólico había protegido en la Nunciatura al político Rafael Caldera y a un oficial del levantamiento de Maracay. Monseñor Jesús María Pellín -cuyo despacho es una biblioteca blindada de 14.000 volúmenes- había pronunciado un sermón sobre el prevaricato y se había visto precisado a abandonar discretamente el país. Como miembro, varias veces reelecto, del comité de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) había firmado una declaración en la cual se condenaba el régimen de Pérez Jiménez por haber amordazado a la prensa.

En todos los frentes la Iglesia participaba en la resistencia. Los colegios dirigidos por religiosos estuvieron entre los primeros que echaron sus alumnos a la calle para que manifestaran contra el régimen. El régimen lo sabía, pero ya en enero habría podido encarcelar a todos los sacerdotes de Venezuela sin ningún resultado. La fuerza democrática se había desencadenado. Monseñor Hortensio Carrillo, párroco de Santa Teresa, tenía informes de que la policía y la seguridad, a espaldas del coronel Velasco, tenía preparado un asalto a su templo. Sólo se esperaba una oportunidad.

Monseñor Carrillo no podía renunciar a su deber. El martes 21, un poco antes del mediodía, estaba diciendo su misa ordinaria cuando una manifestación de médicos perseguida por la policía se refugió en la iglesia. En la confusión, la misa fue interrumpida, y agentes uniformados y civiles irrumpieron en el recinto, armados de fusiles y ametralladoras. En un instante la iglesia de Santa Teresa se impregnó de gases lacrimógenos, pero los policías impidieron la salida de las 500 personas -hombres, mujeres y niños- que se asfixiaban en el interior. Una bomba estalló a pocos metros de monseñor Carrillo. Los fragmentos se le incrustaron en las piernas y el párroco, con la sotana en llamas, se arrastró hasta el altar mayor. A pesar de la confusión, un grupo de mujeres mojaron sus pañuelos en el agua bendita de la sacristía y apagaron la sotana del párroco.

Cuando la iglesia fue evacuada, la policía se opuso incluso a que las ambulancias se llevaran oportunamente a los heridos. El arzobispo llamó por teléfono al comandante de la policía, Nieto Bastos, cuando todavía la iglesia estaba sitiada. Nieto Bastos respondió: Son ellos quienes están acribillando a la policía.

Monseñor Carrillo no pudo ser conducido al hospital. Con las piernas inutilizadas por los fragmentos de la bomba fue llevado al despacho parroquial, hasta donde logró penetrar, al atardecer, un médico que le prestó los primeros auxilios. El sacerdote fue sentado en un escritorio frente a una puerta que da directamente sobre la calle. Una patrulla de policía hizo tres descargas contra la puerta: un tiro de fusil, otro de revólver y una ráfaga de ametralladora. La bala de fusil perforó la puerta, atravesó el despacho y se incrustó en la pared del fondo, a 20 centímetros sobre la cabeza de monseñor Carrillo.

Durante toda la noche, mientras el párroco sufría en su dormitorio del primer piso, presa de terribles dolores, la policía disparó contra la iglesia para dar la impresión de que allí había grupos atrincherados. Energúmenos, subrayaban las descargas con toda clase de expresiones obscenas. Pero monseñor Carrillo, a pesar de su estado, sabía que aquel asedio no podía durar mucho tiempo. Así fue. El heroico pueblo de Caracas, con piedras y botellas, descongestionó el sector a la mañana siguiente. Horas después, el párroco experimentó una inmensa sensación de alivio. La misma sensación de alivio que experimentó Venezuela. Era la madrugada del 23 de enero. El régimen había sido derrocado.

*Gabriel García Márquez, ‘Cuando era feliz e indocumentado’. 1973. Ediciones El ojo del camello

Una tragedia ‘universal’

Ni su imponente sede, ni su sobria imagen, ni sus abultadas ediciones dominicales hacían pensar que El Universal, uno de los grandes periódicos del país, se encontraba en una situación crítica. Luego de varios –y fallidos– intentos, su propietario logró venderlo a una empresa española envuelta en un halo de misterio. A partir de allí, todo cambió. El diario, sumamente crítico con el chavismo, comenzó a suavizar su línea editorial hasta quedar convertido en un medio dócil y manso. Su situación, sin embargo, no mejoró: perdió su público y parte su prestigio, labrado a pulso por más de un siglo. Pasados ya dos años de la venta, los augurios no son buenos. Esta es la tragedia de la destrucción de un diario centenario

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

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Formalmente, esta tragedia, la de la destrucción de El Universal, el diario de circulación nacional más antiguo de Venezuela, comienza el viernes 04 de julio de 2014, cuando el personal de la redacción es convocado a una reunión en la que se le informa que el periódico tiene nuevos propietarios. Sin embargo, como toda tragedia clásica –y El Universal siempre ha sido muy clásico–, tiene un prólogo, y por eso hay que hablar primero de los problemas económicos por los que atravesaba el periódico desde hacía tiempo. Problemas, en principio, que se inscribían dentro de la crisis mundial de la prensa ante la irrupción de lo digital, pero que en Venezuela se acentuaron, además, con la pérdida de importantes y grandes anunciantes que, bien por las nacionalizaciones –CANTV, Movilnet, Banco de Venezuela–, bien por la acentuada polarización reinante en revolución –olvídense de toda la publicidad oficial– y bien por la situación económica de los últimos años, marcada por la recesión y la inflación, dejaron de pautar. Los ingresos por publicidad –de los que viven todos los diarios– mermaron considerablemente. Reducciones de personal en 2003 y 2010, baja en los salarios de los jefes, pagos fraccionados de utilidades, la hipoteca con Bancaribe de la sede, una torre de 16.800 metros y 15 pisos, ganadora del Premio Nacional de Arquitectura en 1971, la venta de una planta en Guatire con tres rotativas y de algunos terrenos y propiedades del periódico, todo daba cuenta de que la situación no era óptima. A ello, además, se sumó la crisis de papel, que en el caso particular de El Universal tuvo su clímax en mayo de 2014, cuando se declararon en emergencia –“el actual inventario alcanzaría para imprimir el diario hasta un máximo de 2 semanas”– porque tenían retenidas desde enero 600 toneladas de papel en el puerto de La Guaira.

Así las cosas, no era de extrañar que su dueño, Andrés Mata Osorio, nieto homónimo del poeta Andrés Mata, fundador del diario, que nació en Venezuela pero se crio en los Estados Unidos, que no vivía en Caracas sino en Nueva York, y no era precisamente la persona con más arraigo y apego hacia el periódico –lo visitaba pocas veces al año, las estrictamente necesarias–, estuviera buscando la manera de deshacerse de tan problemática y costosa herencia. La operación, sin embargo, no parecía sencilla: tres intentos de venta, según el portal de confidenciales financieros y políticos del periodista Juan Carlos Zapata, se habían caído ya, porque no había comprador dispuesto a pagar tanto por tan poco.

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Son básicamente periodistas de la redacción de El Universal quienes integran el coro de esta tragedia. Y es así a petición expresa de ellos, que solicitaron que sus nombres no fueran mencionados en el presente reportaje y sólo bajo esa condición accedieron a hablar. Rumores –cuentan– era todo lo que había en esas fechas puertas adentro: un caudal de rumores que durante meses circulaban diciendo que El Universal iba a ser vendido. Eso y poco más. No había información oficial ni nada semejante. La redacción era un hervidero: día sí y día también los periodistas preguntaban a sus jefes cuánto de cierto había en la especie, y estos, las manos vacías y cara de sorpresa, decían que no, que no era verdad, o que por lo menos ellos no tenían información alguna al respecto. El asunto llegó a ser irritante: “No vamos a estar desmintiendo todos los días que el diario fue vendido”, llegó a responder, ofuscado y harto, Miguel Sanmartín, de la Mesa de Edición, a un insistente redactor deportivo. Y no era el único. “Yo me pasé casi 3 meses desmintiendo la venta”, reconoce Alfredo Yánez, quien para la fecha no estaba en la redacción, sino a la cabeza de EUTV (El Universal Televisión), un canal de televisión por internet que, a pesar del nombre, operaba de forma independiente del periódico y había sido lanzado en noviembre de 2013. “Yo veía que allí había dinero, que había inversión, que había una apuesta arriesgada. El año anterior se había invertido en una grilla de luces, se habían impreso unos backings, se había cambiado la escenografía. Por eso no lo creí hasta el último momento”, se justifica.

Sin embargo, mientras él veía inversión, otros, en la sede, veían unos movimientos extraños que apuntaban en dirección contraria: “En un momento nos empezamos a dar cuenta de que se estaba desmantelando la Fundación Andrés Mata. Llegaban como 7 camiones de muebles y enseres a sacar materiales, mobiliario y cosas que los Mata mantenían en el edificio del periódico, y eran llevados a una propiedad de ellos en Chacao. Nos parecía obvio que se estaban yendo de allí”, narra el coro.

“No, imposible” fue la respuesta que dio Ernesto Ecarri, quien para la fecha era Editor de Política, cuando el jueves 03 de julio una fuente, que llevaba 3 meses hablándole de la operación venta, le dijo que ésta ya estaba concretada. Ese jueves, precisamente, Elides Rojas, de la Mesa de Edición, fue convocado a una reunión en un hotel en Chacao. Al llegar se encontró con la plana mayor del diario, que le informó de la venta y le presentó al nuevo presidente, Jesús Abreu Anselmi. Estupor, por lo menos, fue lo que sintió y así se lo manifestó a los presentes. “Él pertenecía al círculo de confianza de los dueños anteriores y para él fue bastante sorprendente”, desliza un allegado. Cláusulas de confidencialidad, le dijeron. Más de 20 años de relación, alegó no sin amargura.

A la cláusula de confidencialidad también apeló Jesús Abreu Anselmi cuando le preguntaron quiénes eran los nuevos dueños de El Universal. Fue el 04 de julio en la asamblea convocada en el auditorio del piso 15 para presentarse ante el personal del diario. Allí, oficialmente, la redacción se enteró de que, en efecto, el periódico había sido vendido. “El ambiente era muy tenso”, recuerda Yánez, que no fue convocado pero igual subió. “Te estaban diciendo en una reunión familiar a disgusto que tus padres dejaban de ser tus padres y que a los nuevos tenías que quererlos y creer que lo que traían en sus alforjas era pura bondad”. ¿Y qué llevaba Jesús Abreu Anselmi en sus alforjas para El Universal? El compromiso de que la línea editorial no iba a ser cambiada –“doy mi palabra como única prueba”, dijo–, la garantía de que el papel no iba a faltar más –“tendrán papel para trabajar”–, la promesa de fortalecer los proyectos que habían quedado sin concretar con los viejos dueños, y “una agenda llena de proyectos e interesantes propuestas de crecimiento regional, diversificación y modernización”. Allí, formalmente, empezó todo.
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“A partir de hoy, la firma española de inversiones Epalisticia se incorpora al diario”. Esa es la versión que dio El Universal el sábado 05 de julio en portada, cuando anunció el “cambio en su estructura accionaria” –nunca venta, palabra, al parecer, vetada–, con la entrada de una “empresa de inversión con base en Madrid que centra su actividad en áreas como el petróleo, bienes raíces y medios de comunicación”. “Dos de sus directivos, Eduardo López de la Osa y José Antonio de la Torre, luego de investigar el mercado venezolano durante más de un año (…) se inclinaron por la empresa que les ofreció mayores y mejor potencial de desarrollo”, explicaban. “Epalisticia trae un plan de generación de valor a largo plazo”, además de introducir “innovaciones tecnológicas que aceleren el proceso ya iniciado de digitalización y que van mucho más allá de la mera aportación financiera”, decían.

Alfredo Yánez sencillamente no se lo creyó. “En un país como este, con control de cambios, con periodistas acusados y señalados, es muy difícil conseguir un inversor que quiera hacerse con una estructura enquistada, con taras, con una plantilla de periodistas y obreros, sólo porque quiere hacer negocios. Eso es un cuento muy cuento y quien quiera creerlo, chévere”. Y cuento comenzaba a parecer cuando ese mismo 05 de julio el diario madrileño El País informaba que Epalisticia había sido constituida el año anterior con un capital de apenas 3.500 euros, que el dominio de su página web había sido creado 4 meses atrás, y que el monto de la operación se encontraba entre 90 y 140 millones de euros.

“No sé de dónde salió esa cifra. No fue ni la mitad de 40 millones de euros. El periódico valía muy poco: ha pedido dinero durante muchos años y tiene una situación económica complicada”, le dijo meses después José Luis Bastante, Consejero Delegado de Epalisticia, al periodista Jesús Yagure, de Runrun.Es, en una entrevista en la que revela que en realidad Espalisticia fue contactada por unos “inversores internacionales” –cuyos nombres él no puede revelar por un acuerdo de confidencialidad– para que “hicieran una gestión técnica, sobre todo económica y de empresa” en la compra de El Universal, pero que “ni yo ni mis socios, ni Eduardo ni José Antonio (…) somos accionistas ni tenemos participación ni hemos comprado ningún periódico”. “–¿Epalisticia se creó para comprar este medio?”, le preguntó Yagure “–Sí.”, respondió, tranquilo, Bastante. Es decir que al final –hablando de cuentos– Espalisticia resultó no ser la dueña del diario, ni esos inversionistas, cuyos nombres se mencionaron en la portada, los propietarios, sino intermediarios usados por otros fantasmagóricos “inversionistas” para comprar El Universal. ¿Quiénes son finalmente los dueños y de dónde salió el dinero? Secreto de arcano.

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“Se define como un hombre austero y sencillo, cuya zona de confort se sitúa (…) en el bajo perfil y en el culto activo de su fe cristiana (…) Contralor del estado Lara, Viceministro de Desarrollo Urbano, senador independiente por AD y profesor universitario. Ingeniero Civil de la UCV (…) [con] postgrado en la Universidad de Saint Thomas (Minessota), en los últimos tres lustros se ha dedicado a asesorar empresas en materia de restructuración financiera”. Con esas primeras líneas arrancó la presentación en sociedad de Jesús Abreu Anselmi. Fue en la edición del domingo 13 de julio, de la mano de Roberto Giusti, el gran entrevistador del diario, con titular de apertura y gran foto de portada. En el coloquio Abreu respondió de modo bastante parco y manteniendo siempre una línea discursiva muy técnica. Allí se presentó simplemente como un gerente que fue llamado por unos inversionistas para tratar de levantar una empresa recién adquirida por ellos –a quienes parecía no conocer casi– y en cuyo proceso de negociación nada tenía que ver y nada sabía. En cuanto al diario y su línea editorial, mencionó un par de veces la palabra “imparcialidad” y dijo que debía ser “absolutamente objetivo en el plano de la política”, que la unidad de investigación funcionaría tal como lo había ido haciendo, que se elevaría el nivel informativo en economía, energía y ambiente; que estarían al servicio de todo lo que significara progreso; que serían críticos del gobierno “y de todo aquello que sea necesario criticar”, y que el objetivo del periódico “no es hacer actividad política” sino suministrar información veraz y objetiva.

De lo que no se habló ese día –a fin de cuentas era su día– fue de lo publicado por El País de Madrid el sábado anterior: “en épocas más recientes Abreu ha estado vinculado con la nueva burguesía surgida al amparo del chavismo. Desde hace par de años funge como director suplente del circuito radial FM Center, con casi 50 emisoras en el país. Abreu es parte del 40% de las acciones adquiridas por el empresario Rafael Sarría, que mantiene estrechas relaciones con el número dos del régimen, Diosdado Cabello. Una fuente de esa emisora confirmó a este diario que Abreu asiste a las reuniones de la junta cuando se ausenta Sarría”.

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“Lamento tener que informarle que debido a la reestructuración editorial que adelanta el diario El Universal se ha hecho una serie de ajustes y por esta razón ya no podremos darle curso de publicación a sus artículos temporalmente”. Esas líneas, firmadas por Miguel Mayta, Editor de Opinión, llegaron a los correos de 26 articulistas, que, entre el 10 de julio y el 03 de agosto, fueron removidos de la plantilla de opinadores.

Marta Colomina, cuyos textos llevaban años abriendo las páginas de opinión dominicales, renunció con una carta pública el 02 de agosto. “Las denuncias sobre articulistas censurados o despedidos por razones políticas han crecido significativamente (…) todos los censurados o sacados de las páginas de opinión son críticos del gobierno (…) en esas condiciones no puedo seguir escribiendo en El Universal, aunque mis artículos críticos, hasta la semana pasada, hayan salido sin censura alguna”, alegó.

Tres días después, en la portada de la edición del martes 05 de agosto, el periódico se defendió con una carta pública: “En los últimos días se ha presentado una serie de inconvenientes en la muy importante sección de Opinión de El Universal a partir de la entrada en vigencia de nuevas normas para el tratamiento de los artículos, que implican, como ya se dijo, retomar el Manual de Estilo y (…) rescatar el equilibrio necesario”, decían. “En la nueva etapa de El Universal hemos advertido muestras palpables de violaciones, por lo que el periódico declinó las publicaciones que no responden al código ético”. ¿Cuáles eran las máximas de ese código ético? Según explicaban: “balance”, “equilibrio”, “buen uso del lenguaje”, “respeto” y “guarda de la honra de terceros”.

“El Papa Francisco nunca podría escribir en El Universal, porque ese sí que utiliza adjetivos calificativos para describir a los corruptos” fue la respuesta que dio al editorial la periodista María Denisse Fernández, quien escribía semanalmente de religión e iglesia y fue una de las primeras despedidas por una serie de artículos en los que públicamente pedía oraciones por la conversión de los corruptos –“Rezaremos mucho por ustedes. Ojalá puedan arrepentirse de corazón, pedir perdón y devolver todo lo robado”, era el cierre del último texto, que nunca llegó a ver luz–.

“¿Qué es opinión hoy en día? Esa es una buena pregunta”, dice Ernesto Ecarri. “Con Opinión lo que hicieron fue buscar temáticas distintas, tratar de que no todo fuese negativo. De alguna manera es hacer un periódico que no moleste”, manifiesta. Disertaciones sobre las selfies, disquisiciones bizantinas sobre los dilemas morales del mundo, la hipocresía de la humanidad, el mal que hace el tabaco o las mentiras que todos nos creemos, son algunos de los temas que ahora se pueden leer en dichas páginas, que, efectivamente, molestan poco.

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“Está fuerte”, fue lo que dijo Jesús Abreu Anselmi, según el deslenguado portal de Juan Carlos Zapata, cuando vio la caricatura que saldría en la edición del 18 de septiembre. Una caricatura en la que hay dos electrocardiogramas: el primero –Salud–, con sus picos altos y bajos; el segundo –Salud en Venezuela–, totalmente plano, muerto y partiendo de la firma de Hugo Chávez. “Está fuerte”, dijo, pero se publicó. En la tarde, no obstante, al llegar de una reunión fuera del periódico –siempre según Zapata–, Abreu llamó a Elides Rojas y le pidió que botara a Rayma Suprani, la caricaturista estrella de El Universal.

“Me llamó mi editor para informarme que el nuevo director, el Señor Abreu, se había molestado mucho con la caricatura (…) me imagino que el chavismo, que es quien está detrás de la compra de El Universal, se molestó porque existía un dibujo muy crítico ante la situación de la salud, y se estaba usando la firma de Chávez, que es una de las iconografías que han intentado elevar hasta lo celestial, que es como la firma de Mahoma, algo intocable, y yo traté de desmontar esa forma religiosa de ver ese grafismo”, explicó ella la mañana siguiente en el programa radial de César Miguel Rondón.

“Rayma está muy bien botada. Desde hace meses ella venía haciendo todo lo posible por ser botada con el propósito de obtener que la liquidaran doble (…) Permanentemente retó a la directiva, publicando las caricaturas que quiso con el contenido que quiso”, escribió en su cuenta personal de Facebook Arturo Casado, Vicepresidente de Mercadeo, quien, sin embargo, renunció ese día. “Desde el poder siempre te van a decir que te buscaste lo que pasó. Como el caso del violador y la muchacha con mini-falda. Rayma lo que hizo fue hacer su trabajo, lo que hacía todos los días. Siempre fue muy rebelde y muy radical, nunca fue suave, siempre fue frontal contra lo que no estaba bien”, la defiende Ángel Gómez, quien para la fecha era reportero de Cultura.

“Ella llegó a publicar una caricatura, que el periódico no impidió, en la que presentaba como una rata peluda al Presidente del Periódico”, alegó Casado como prueba de hasta dónde había llegado la caricaturista. Se refería a una curiosa pieza publicada el domingo 24 de agosto que para muchos pasó inadvertida: en ella tres personas, dos hombres y una mujer –¿Elides Rojas, Miguel Sanmartín y Taisa Medina?–, están sentados en una mesa –¿la Mesa de Edición?– y frente a ellos está un cuerpo de manos y torso peludos escondido tras la pantalla de un hombre afable –¿Abreu?– que dice: “¡Muy buenas tardes! Soy el nuevo inversionista”. “Eso ningún editor del mundo lo hubiera aceptado”, jura Casado. “Cuando lo que no está bien está dentro de tu casa, tú tienes que atacarlo, y fue lo que ella hizo. Estando dentro no tuvo ningún tipo de prurito en cuestionar lo que estaban haciendo con el periódico”, continúa en su defensa Ángel Gómez.

El coro pasa por encima de los supuestos intereses crematísticos de la caricaturista, pero confirma que sí, que ella jugó duro. “Rayma nunca tranzó con nada ni con nadie. Ella siguió haciendo caricaturas fuertes, incluso más fuertes, a pesar de los múltiples llamados que le hacían”, comentan. Y ella lo acepta sin ningún problema: “Después de la venta, mi trabajo se empezó a ver de manera crítica (…) en el periódico me empezaron a decir que si podía bajar la nota”, reconoció ante Cala en CNN. Pero no lo hizo: “Yo decidí que no iba a suavizar mi línea”, le confesó a César Miguel Rondón. “Mi posición era que seguiría en El Universal mientras pudiera publicar mis caricaturas con la libertad que siempre tuve, sin hacer concesiones con esa manera de pensar aguda que he manejado en estos años”. Y así fue.

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“Es de las secciones más leídas del periódico (…) sus fuertes son el análisis y el seguimiento continuo”. Así les vendieron el primer día de la preventa de 2015 a los anunciantes la que era –siempre lo había sido– una de las fortalezas del diario: la sección de economía, una de las mejores –si no la mejor– del país, que Abreu había prometido reforzar en su entrevista con Giusti, y que en tiempos de grave crisis resultaba bastante incómoda.

La noche del 14 de agosto una nota de la sección fue mandada a sacar. Estaba firmada por el corresponsal del diario en Guayana, y reseñaba los conflictos surgidos a partir de la firma del contrato colectivo en Sidor: los trabajadores se sentían estafados por la representación sindical y habían protestado. En su lugar, se publicó la nota de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), que sólo reflejaba la versión oficial, en la que se hablaba de un “triunfo de la clase obrera” –así lo celebró en su twitter la Ministra de Comunicación, Delcy Rodríguez–.

Eso marcó, de algún modo, el principio del fin de Economía, que en noviembre terminó desmantelada. Todo a punta de eufemismos –“si el precio del petróleo bajaba, no se decía que bajaba o que cayó, sino que se ubicó”, dice el coro–, de veto a fuentes –“Ecoanalítica y Econométrica no se debían citar porque eran de oposición”–, prohibición de uso de cifras extraoficiales –“no se podía publicar nada que no estuviera respaldado por número oficiales, y el Banco Central de Venezuela desde enero no los publica, entonces las informaciones sobre inflación o escasez sencillamente no salían”–, exigencia de notas educativas y “planas” en detrimento de las de carácter noticioso  –“a juicio del presidente de El Universal se debían llenar los espacios del periódico con informaciones relacionadas, por ejemplo, con la extracción de petróleo y hierro”, contó su editora al IPYS–, y constantes cambios de títulos y sumarios, que contradecían la información de las notas –“Petróleo venezolano se ubica en $77,65, tras leve repunte ayer” fue el título que le pusieron a una información que, líneas más abajo, decía: “la cesta petrolera venezolana perdió 5,07 dólares para cerrar este viernes en 77,65 dólares por barril, el valor más bajo registrado desde la segunda semana de noviembre de 2010” –.

La gota que derramó el vaso fue el caso de una información publicada el 10 de noviembre, en la que se decía que la hallaca de Mercal había subido 201,2%. El cálculo era de la reportera, que lo sacó comparando el precio del año anterior con el anunciado ese día, y que molestó mucho a Abreu: “El propio diario hace unos cálculos sobre inflación y diferencia de precios que son el aporte anti-gobierno de nuestra propia calculadora e intención. A eso es a lo que me refiero con bajarle el tono (…) si hay alguien que quiera opinar sobre eso, que lo haga y se agrega (…) pero atribuido a un tercero, no al periodista y a su iniciativa”, fueron sus palabras de acuerdo con una nota de protesta enviada por el equipo a la Mesa de Edición, cuyo silencio y falta de respuesta llevó a la editora de la sección, Carmen Rosa Gómez, a renunciar. Con ella se fueron dos integrantes, y luego los otros. El “equipo de reporteros especializados [que] permite ir más allá de la noticia” –palabras de la preventa– desapareció. “Hubo que contratar un personal nuevo, que no maneja nada de los temas económicos puros y duros, y que ha suavizado mucho la sección”, cierra el coro.

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“Nosotros, periodistas e integrantes de la redacción del diario El Universal, queremos expresarle al país en general y especialmente a los lectores que nos han acompañado con su confianza por décadas, nuestra preocupación por los cambios que se han registrado en los lineamientos dictados para el ejercicio de nuestras labores”, escribieron los periodistas en un comunicado público al día siguiente del problema de Sidor.

Se referían a cambios como el de aquella noche, y a otros bastante notables como los que se veían en las portadas –“los redactores no somos responsables de la jerarquización y distribución de los contenidos de la primera página del diario, ni ahora ni antes”, se vieron obligados a aclarar en un comunicado posterior–, que empezaron a llenarse de información oficial, a abrir con declaraciones favorables al gobierno –“Le apuesto al éxito de Maduro porque su fracaso nos haría mucho daño” (Vladimir Villegas, 14/09/14)–, promesas a futuro –“Dos trenes para ferrocarril del Tuy llegarán en 9 días” (29/09/14)–, información internacional intrascendente –“Triunfo conservador en las elecciones generales británicas” (8/05/15)–; en las que no se volvió a ver una foto de una cola o de una protesta y sí varias y grandes gráficas de eventos deportivos, actividades al aire libre y cosas triviales. “Las páginas, que deberían estar llenas de información, las han llenado de cosas banales, todo ello para silenciar. Tengo 19 años en esa redacción, y en un país como el que vivimos, tener una portada con todas las misses visitando la redacción de El Universal… Bueno, eso lo dice todo”, le comentó Rayma a César Miguel el día posterior a su despido.

Cambios también apreciables como los de la titulación de las informaciones, cuyo estilo fue modificado. “El periódico estaba acostumbrado a una manera de titular en la que no había problemas en ser confrontadores, eso se trató de bajar y eliminar, se nos pedía que fuéramos lo más neutrales posibles, que buscáramos una posición de equilibrio”, revela Ernesto Ecarri. Y para botón de muestra el que dio Roberto Deniz, a la sazón reportero de Economía, quien el 29 de octubre denunció en su cuenta de twitter que una nota titulada: “Venezuela en el último lugar en derechos de propiedad” fue publicada al día siguiente con el título: “Presentan informe de índice de derechos de propiedad”.

Cambios inexplicables como la minimización –casi eliminación– de la sección Sucesos. “Quedó reducida a media página junto con la sección Caracas. Las notas nos las pusieron en la parte baja”, cuenta Thabata Molina, ex reportera de la fuente. Problemas de papel, alegaban, y se entendía. La crisis existía. Lo que no se entendía es que habiendo tal crisis, sin casi espacio, se ordenara que allí, en esa misma página –en la que se tenían que condensar los crímenes de una de las capitales más violentas del mundo junto con el día a día de una urbe tan caótica– fuera mandada a incorporar también una sección llamada “Historias de Vida”, en la que diariamente se publican testimonios de lucha y superación de gente común y corriente. Esa sección ocupa por lo menos el 25% de la página, es inamovible –“orden del presidente Abreu” –, tiene llamado diario en portada, y se publica, además, en el cuadrante superior derecho, de todos el más visto. Ello, mientras en Sucesos “muchas informaciones quedan fuera y las importantes reducidas a micro notas de 600 caracteres”, dice Molina.

Cambios zalameros, como el de Cultura, que pasó a ser, prácticamente, el boletín del Sistema Nacional de Orquestas, dirigido por José Antonio Abreu, hermano de Jesús Abreu. “El Universal se forzó para que se convirtiera en un medio institucional del Sistema de Orquestas”, afirma Ángel Gómez, quien fuera reportero de la fuente. “Desde la llegada de Abreu hubo una tendencia a apoyar el Sistema, a publicar más cosas del Sistema. Su aparición se convirtió en algo grosero. Llegamos a un punto en el que hasta se fijó una agenda semanal de entrevistas de personalidad a figuras importantes del Sistema” prosigue Gómez, quien se las vio negras para poder publicar un diálogo con Gustavo Dudamel, director de la Sinfónica, en el que le preguntó sobre política. “En la tarde se me instó a que eliminara esas preguntas del cuestionario. Yo dije que no. Desde la coordinación de la sección se me apoyó. Se le hizo creer a la Mesa que ya se habían podado las preguntas, cuando en realidad no fue así, y salieron”, recuerda. Un despliegue inusitado de recursos –con un drone incluido, para tomar una foto de la Orquesta en la terraza– se llevó a cabo cuando fueron a dar un concierto en la sede de El Universal.

Cambios curiosos, como los sucedidos con las fotografías de ciertos personajes del gobierno, que comenzaron a aparecer con mucha y mayor frecuencia y casi siempre en poses sonrientes y favorables –“la orden es que no salgan nunca con malas caras”, juran en el coro–. Eso por no hablar de la lista de intocables, encabezada por Diosdado Cabello –“hubo una amenaza de demanda contra el diario luego de que se publicara la foto de una protesta en la que aparecía una pancarta que decía ‘Diosdado explotador’, desde ese entonces ni se le menciona”, susurran– y en la que se encuentran, además, otros personajes como Miguel Rodríguez Torres, ex Ministro de Interior y Justicia –“se me dijo abiertamente que él era intocable”, revela Molina–, Jorge Rodríguez, Alcalde de Caracas –“pasamos de tener una campaña de denuncia sobre las fallas de su gestión a estar todos con Jorge”, no se lo cree el coro–, la Ministra de Defensa, el director del Sebin, y prácticamente cualquier alto funcionario, que suelen ser tratados con guantes de seda. Que lo diga Elías Jaua, Ministro para las Comunas, cuya empleada doméstica, capturada por las autoridades de Brasil con un arma, pasó de ser, en la primera versión de una nota montada en la web, “niñera de Jaua”, a simplemente, en la segunda versión, “empleada de un alto funcionario” cuyo nombre desapareció y nunca se mencionó en el texto.

Y cambios enigmáticos, como el ocurrido el 16 de agosto, cuando, para recordar los diez años del Referéndum Revocatorio que reafirmó en su mandato a Hugo Chávez, se publicó una entrevista con Hugo Cabezas, jefe de la Onidex para ese entonces y presidente de la Corporación Maneiro, el monopolio estatal dueño de todo el papel periódico en Venezuela. Extraño no tanto por el entrevistado y el motivo –que también– sino, sobre todo, por quien firmaba la entrevista: Ricardo Villarroel, articulista de Aporrea, quien no pertenecía a la plantilla del diario.

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“Los tres se cambiaron el chip. Ahora cuando les presentamos o proponemos algo sus argumentos son: ‘no, eso puede generar zozobra’. ¿Pero cómo generar zozobra si eso era algo que publicábamos antes y no pasaba nada? Se comprometieron con la defensa de la Libertad de Expresión y eso no ha pasado. No están defendiendo absolutamente nada, sólo sus puestos”, brama el coro en contra de Elides Rojas, Miguel Sanmartín y Taisa Medina, cabezas de la redacción. Ernesto Ecarri, que estuvo allí, que en algún momento fue parte de la Mesa de Edición, es quien coloca los matices de grises en tan oscuro asunto, que él, sin quitarle seriedad, plantea como un juego de sobrevivencia, estratégico, bastante complejo y con el final cantado: “El criterio que primó en el caso mío y de todos los de la Mesa para seguir allí y asumir el cargo fue preguntarnos qué era preferible: irse y que viniera otra persona sin tus principios y valores e hiciera lo que le viniera en gana, o estar allí y no plegarte, sino tratar de sobrevivir en esa situación, en ese periódico, que no es el de antes, y hacer lo que buenamente se pudiera, cuidar ese espacio que tenías, preservar esos puestos de trabajo. Al final todos íbamos a morir y nos íbamos a ir del periódico, la cosa en ese momento era tratar de encontrar la mejor manera de irse; ese terminó siendo el gran dilema del periódico, de todos”, alega.

“Tú vas a la Mesa de Edición, que había prometido que iba a defender a los periodistas, y no lo hace: lo único que hace es cumplir órdenes y ya. Cambian y ponen cosas dependiendo de cómo lo manden”, sigue, indignado, el coro. Ecarri dice que no, que así tampoco, que la pelea se da, aunque hay un punto en el que la pierden. “Yo recuerdo haber tenido una discusión en febrero, de las últimas en las que participé, en la que llegamos al acuerdo de que toda información que mereciera ser publicada no iba a ser sacada del periódico; eso no significaba que no se le diera la vuelta, pero no salía del periódico, que era al final lo importante; entonces, a partir de allí tú podías negociar. Sin embargo, llega un punto en el que eso se cae por su propio peso, porque había un mandato bien claro de hacia dónde querían que fueran las cosas y esa pared ya tú no la podías romper”.

“La relación entre la redacción y la Mesa cambió muchísimo. Y ellos están al tanto de que con nosotros perdieron credibilidad en muchísimos aspectos”, sigue desahogándose el coro. Y allí, Ecarri asiente comprensivo. “Hubo momentos en los que era lógico que del lado de los reporteros se resintieran de que yo defendiera lo que defendía, que no fuese tan vehemente en el reclamo de ciertas cosas, pero es que estábamos jugando un juego de sobrevivencia”, insiste. “A mi entorno llegaron incluso cuentos sobre cómo yo me había vendido. La verdad, no me sentí cómodo jugando ese rol, pero era el que tenía que jugar. Aguanté siete meses y no puede más: en un momento me sentí incomprendido, que lo que estaba haciendo no tenía valor. Sin embargo estoy tranquilo con mi conciencia: jugué hasta donde pude”.

Para terminar de zanjar el asunto, Ecarri propone una metáfora bastante gráfica: “Cuando vendieron el periódico a cada empleado le dieron un chicle y cada quien lo estiró hasta donde pudo: unos más otros menos. Es lo que pasó con Economía y Rayma: se rompió a las primeras de cambio”, termina Ernesto. “Lo que me cuesta entender es de qué tamaño es el chicle de Elides Rojas, a quien aprecio y admiro mucho, y del resto de la mesa, porque ha habido atropellos profesionales hacia ellos. Cuando te cambian un título te están violando como editor, tú no puedes permitir eso, y si te quedas, lo estás avalando”, cierra Ángel Gómez.

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Como toda tragedia, esta también tiene un canto coral de cierre. En este caso, un collage de voces y citas –todas dichas por las fuentes, de todas se tienen registros– en las que queda de manifiesto la penosa realidad de El Universal hoy en día.

“No hay inversión por ningún lado”. “Allí no se ha comprado ni un televisor, ni una computadora nueva. Siguen los mismos problemas de siempre”. “El departamento de fotografía trabaja apenas con 3 cámaras”. “Los chamos de multimedia trabajan con las uñas: tienen apenas una cámara para grabar videos”. “Dos veces se les ha vencido la factura del servidor de video, y han tenido que salir corriendo a pagarla”. “No han comprado ni un carro nuevo”. “En el estacionamiento hay una camioneta parada desde hace un año porque le falta una bujía y no la mueven”. “Para comprar un caucho no tienes idea de todo el proceso por el que hay que pasar para que aprueben los recursos”. “Hay una camioneta que chocó un transportista al que iban a robar y está allí, chocada”. “Cuando llamaron al seguro le dijeron que no tenía seguro”.

“En la preventa lo que se vendieron fueron los obituarios, ese fue el punto fuerte”. “Lo que ofreció la preventa fue una garantía de inversión –‘si no circulo como te estoy diciendo, te devuelvo los reales’–, no un servicio de promoción, de publicidad, nada”. “Es que el periódico no tiene nada que ofrecer”. “Había pasado más de un año y seguían vendiendo la Biblia: ¡eso era un plan de la administración anterior!”. “Aquí no hay nada nuevo que proponer, no hay un elemento, no hay un cuento nuevo, nada”. “Y además acabaron con los platos fuertes, que eran Economía y Opinión”.

“Sé que muchos se sienten incómodos pero no les recomiendo que haya una estampida masiva porque el periódico no está en capacidad de pagar arreglos para todos y podría fácilmente declararse en quiebra”. “Desde julio ha habido como 40 o 50 renuncias de periodistas y altos cargos”. “Casi todos los que se han ido son personas con trayectoria, periodistas que conocen su fuente”. “Todo el grupo de corresponsales del interior quedó desmantelado”. “Te metes en la página de contactos de El Universal y vas a ver a un montón de gente que ya no trabaja allí”. “Ha habido una fuga paulatina de talento”. “Los cargos de los que se van quedan congelados, no contratan a nadie para que los reemplace”. “Sólo contrataron a gente en Economía porque eso quedó vacío y había que meter a alguien”.

El Universal perdió su público”. “Nuestro lector tradicional, del 95 para acá, que era un poco más confrontador, se alejó, se fue; y el lector pro-gobierno no nos va a comprar. Y no tener ni a uno ni a otro es difícil”. “Los lectores te lo dicen en la calle: ya no compro más El Universal”. “El tiraje ha disminuido bastante por la falta de papel. El periódico circula con muchos menos ejemplares”. “Si antes circulábamos un domingo con 200.000 ejemplares, ahora es con el 50% menos”. “Y las devoluciones han seguido aumentado de forma significativa”. “El Universal sencillamente no se vende”. “La venta neta podría estar en menos de 20.000 ejemplares de lunes a viernes”. “¿En este momento histórico el periódico se está haciendo para la gente? No. ¿Lo va a comprar la gente? No”.

“Desde que llegó Abreu las decisiones sobre temas importantes se toman a última hora”. “En la reunión de la mañana aprueban un tema y a las 5, con la página lista, él la lee y manda a sacar cosas sin pensar que a esa hora los periodistas ya no estamos o no hay información de calidad con qué llenarla”. “Nadie entiende cómo hace los cambios: hay días en los que deja pasar unas informaciones y días en los que no”. “Un día le gusta una cosa y otro día le disgusta”. “Su frase favorita cuando se le propone un tema complicado es: ‘¿Y para qué nos vamos a meter en eso?’”. “Ni siquiera la gente de la mesa lo entiende: los llama en la noche a la redacción, y ellos no saben por qué”. “Hay momentos impresionantes: 18, 20 llamadas en una noche”. “‘Cambia, quita, pon, esto ya no me gusta, dale la vuelta. No me gusta que le des tanto espacio a esto, quítalo, no lo publiques’”. “Se está manejando todo sin un objetivo específico: nadie ha logrado descifrar cuál es la línea del periódico”. “Al final nadie tiene claro a quién responde este nuevo proyecto: es una cosa extremadamente difusa”. “La idea es tratar de pasar lo más desapercibidos posible”.

“El periódico no está dando información”. “En el momento actual no refleja la realidad venezolana”. “De la noche a la mañana pasamos a vivir en Suiza: sólo se publican las cosas buenas y positivas”. “No salen las colas, ni el desabastecimiento, ni la crisis”. “Están pasando muchas cosas que no se están reflejando en el periódico”.  “Se hizo una recomposición para tratar de pasar las informaciones que generaran menos resistencia al gobierno”. “Cuando haces propaganda en tu primera plana estás declarando tus principios”. “Ahorita el periódico es un panfleto”.

“Lo vendieron para salir de una empresa que no daba resultados, y lo compraron para coartar y tomar un medio que hacía contrapeso”. “Económicamente, comprarlo fue un mal negocio; políticamente hicieron lo que necesitaban: quitarle al país una de las bases más importantes que tenía para el flujo de información”. “Hasta ahora lo que hemos visto es que lo compraron para silenciar la voz disidente al gobierno”. “El objetivo era frenar, darle cabida a otro tipo de vocería y eliminar la que tenía cabida allí”. “Es una forma de decapitación muy sutil: el gobierno compra el país con el dinero del país”. “Desmontar un periódico de 105 años no es tarea fácil y eso es lo que quieren: ir desmontando el medio sin que nadie se dé cuenta”.

Pero todavía hay quien lo ve e incluso quien lo cuenta.