“Ser oposición en este país se ha convertido en un gran negocio”

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

En un país polarizado hasta la médula, Pedro Luis Pedrosa es uno de los pocos intelectuales venezolanos que diserta sobre una tercera vía. De verbo mordaz, este consultor político con experiencia en Colombia, Panamá y México se ha dedicado en los últimos tiempos a difundir una tesis tan polémica como estremecedora: la oposición y el gobierno no son enemigos, sino cómplices. A través de su programa en Radio Capital y entrevistas en medios internacionales, el también profesor universitario se ha metido con Raimundo y todo el mundo. Sin guardar las formas, sin cuidar los signos de puntuación y los acentos, sin miedo a caer mal y ser odiado, con insultos y grosería de por medio, Pedrosa ha convertido sus redes sociales en una base militar que dispara contra el gobierno, dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática y seguidores acérrimos de la oposición venezolana. Su alharaca tuitera contrasta con el docente que, en el aula, es capaz de dialogar y debatir, ahora sí cordialmente, con cualquiera que piense distinto. Pedrosa tiene una maestría en Relaciones Internacionales, una especialización en Derecho y Política Internacional y recientemente estuvo nominado a los Napolitan Victory Awards, premios de asesoría política para consultores de habla hispana que se entregan en Washington D.C. En Revista OJO conversamos con el controvertible consultor y esto fue lo que nos dijo:

–Usted ha dicho en sus redes sociales que la MUD y el PSUV trabajan en conjunto. ¿Puede explicar esa afirmación?

–Bueno, lo primero que me hace pensar así es la aplastante evidencia que salta a la cara. No puede ser que después de 19 años procurando el poder, la oposición haya fracasado en sus pretensiones. Lo segundo que me hace pensar eso es ver cómo ha estado conformado desde 1958 el sistema político venezolano: este gira en torno a la captación de renta petrolera, a cómo y quién utiliza lo que se obtiene por la explotación del petróleo. Entonces, evidencias como la empresa Derwick Associates, que es una organización del ramo eléctrico que recibe contratos por 2 mil millones de dólares del Estado venezolano en apenas 14 meses, donde están involucrados familiares de políticos de la MUD como Henry Ramos Allup, son apenas la punta del iceberg. Eso es lo que te hace pensar, o te hace inferir, que no son oposición y gobierno: son el establishment político venezolano.

Otro de los ingredientes que tú le puedes sumar a esa receta es que no hay divergencias ideológicas entre los proyectos de Chávez en sus 14 años de gobierno, en lo que está haciendo ahora Nicolás Maduro y en lo que hizo previamente Acción Democrática y Copei. ¿El proyecto político de ellos consiste en qué? Utilizar la renta petrolera para repartirla entre algunos amigos, en el caso de empresarios, y para distribuir un poco de miseria entre los ciudadanos. Tú no escuchas en las ofertas electorales de ningún bloque la generación de 100.000 empleos, fomentar la inversión privada, aumentar el precio de la gasolina, liberar el control de precios y de cambio. Absolutamente nada de eso está en el lenguaje político venezolano. Por lo tanto, si son ideológicamente afines, si el modelo político venezolano está diseñado en torno a la captación de la renta petrolera y si la MUD, en cualquiera de sus versiones, lleva 19 años intentando llegar al poder, uno puede inferir, en función de esas tres cosas, que ellos no tienen aspiración alguna  de tomar el gobierno. Estos señores no son enemigos del PSUV, son socios.

–Es decir, usted considera que Henrique Capriles se lanzó en 2012 y 2013 sabiendo que no iba a ganar…

–Yo creo que Capriles fue el candidato chantaje.

–¿Lo utilizaron?

–Oye, yo no creo que Henrique a estas alturas de su vida, que fue dos años diputado, luego ocho años Alcalde de Baruta, otros tantos en la Gobernación de Miranda… Es decir, yo no creo que después de 20 años viviendo de la renta pública y el negocio político, Capriles me vaya a echar el cuento de la quinceañera que le dice al papá que no sabe por qué está embarazada. Él por supuesto que sabía que no iba a ganar.

–¿Y por qué si comparten el poder no rotan en la Presidencia?

–Porque no hay un interés absoluto del chavismo en que eso suceda. Hay un límite, siempre tratando de mantener la farsa de que esto es una democracia. Aquí hay cosas tan asombrosas como que Smartmatic dice desde Londres, después de saber que ya no tendrían más negocios en Venezuela, que había una diferencia de al menos un millón de votos en la Constituyente. Y, claro, muchos van a argumentar: “Es que no había testigos, es que no se hicieron las auditorias”. Pero lo que queda claro es que el proceso es vulnerable. De todos modos, suponiendo que las elecciones en este país hayan sido total y absolutamente transparentes durante estos 18 años, cosa que yo dudo con un altísimo grado de probabilidad, pero, de ser así, de haber sido las elecciones transparentes todo este tiempo, llega la elección del 6 de diciembre de 2015, las de la Asamblea Nacional, y gana la oposición. Entonces queda demostrado en las urnas lo que nosotros creíamos saber hace mucho tiempo: que el chavismo ya no es mayoría. Se cumple así la profecía aquella que repetía Leopoldo López a cada rato: “Vamos a construir una nueva mayoría”. Bueno, ya la tienen. ¿Por qué no la usan? ¿Por qué desde la Asamblea Nacional de los 112 diputados no se ha derogado la ley de ilícitos cambiarios? Esa es la que impone el control de cambio y que prohíbe la libre circulación de moneda en Venezuela. Tampoco han derogado la ley de precios justos, que es la que fija un tope de precios a los productores y que trae escasez y quiebra. ¿No han podido hacer eso en una mañana?

–¿Votó en las regionales?

–No, no volveré a votar hasta que no se restablezca la república en Venezuela.

–¿Qué opina de la gente que fue a votar?

–Bueno, yo creo que son personas víctimas de la propaganda. Aquí el gobierno no es el único que hace propaganda. La oposición tiene un aparato propagandístico mucho más pequeño, pero muy eficiente. Este recurre a más gente, lo cual lo hace más peligroso aún. Tú sólo imagínate que dos o tres personas tengan la capacidad de transmitirle la verdad absoluta a la mayoría del país. Eso es peligrosísimo. El sueño de Joseph Goebbels.

–¿Cómo funciona ese aparato de la oposición?

–Eso es bastante fácil montarlo, pero lleva tiempo desarrollarlo. Todo proyecto político tiene unos dirigentes que construyen una agenda. Esta es sustentada y promovida por unos medios de comunicación que se alimentan de la clase política para la que trabajan a través de la obtención de publicidad o colaboraciones directas. Esos medios impulsan, a su vez, a lo que se llama una intelectualidad orgánica. ¿Qué es una intelectualidad orgánica? Personas que son queridas en el ámbito público, que tienen cierto reconocimiento por algún trabajo académico y que pasan a formar parte de la maquinaria de opinión. Los escuderos del proyecto político de la MUD y, en definitiva, del establishment, son estos ‘opinion shapers’, estos generadores de opinión. ¿Cuál es la función de ellos? Promover una idea, defenderla y sustentarla hasta llevarla al límite donde tenemos una cantidad de falacias que ruedan en la opinión pública. ¿Qué es una falacia? Parece verdad, suena bonito, pero es una mentira. Hay que ver el entramado de relaciones económicas que se han creado en un país al que están desangrando.

–¿No se siente sólo? ¿No tiene miedo de ir en contra tanto del gobierno como de la oposición?

–De sentirme solo, por supuesto que me siento sólo. Tengo alrededor a 4 o 5 personas que son mi equipo de trabajo directo que creen en lo que hacemos. Yo no tengo aspiraciones políticas. Sí, algunos me pueden ver como alguien peligroso, cosa que me halaga muchísimo, sobre todo si es de parte de estas personas que han secuestrado y que han saqueado al país, pero de verdad no creo significar un peligro para la clase política. Eso sí, por una persona que escuche, por una persona que trate de mirar en una dirección contraria a la que la opinión pública venezolana le ha impuesto durante los últimos 19 años, yo siento que he avanzado.

–¿Cómo hace gente como usted, que trata de irse por otra línea de pensamiento, para ganar peso en la opinión pública?

–Mira, yo tuve un profesor en la UCV que decía que para hacer política hacían falta tres cosas: dinero, dinero y más dinero. Ser oposición en Venezuela se ha convertido, de paso, en un muy buen negocio. ¿Por qué? Porque quien no llega a captar algún contrato directo, como la gente de Derwick, llega a la renta petrolera a través de una gobernación, una alcaldía o una diputación. Y hay más: quienes están fuera de los cargos haciendo han conseguido un negocio buenísimo en una cosa que se llama Agencias de Cooperación Internacional. Estas le meten una cantidad de dinero a organizaciones como Mundo sin Mordaza, Voto Joven, Balas por Balones… ese tipo de fundaciones que son, además de ONGs, filiales de partidos políticos. Entonces, ser oposición es un negocio muy rentable.

¿Cómo hacemos los que queremos ganar peso en la opinión pública? Primero hay que mantener la tenacidad y promover las cosas en las que uno cree. La evidencia va a seguir apuntando hacia allá. Poco a poco iremos viendo a gente que voltee hacia nosotros y tendremos que decirle a la gente: “Te lo dije”. La gente se está dando cuenta.

–Luego de que eso pase, ¿cómo sería la conversión hacia lo político, hacia la creación de esa tercera fuerza en el país?

–Bueno, a todo proceso artificial impuesto, siempre hay una reacción natural. Ahorita mismo lo podemos observar con el tema de los desastres naturales: no es que el planeta esté molesto, no es que los terremotos y los huracanes sean una respuesta a que Trump no firmó el acuerdo del cambio climático. No. Si tú colocas algo artificial en el paso de un evento natural, en algún momento ese evento natural por reiteración, o por la fuerza que lleve, va a destruir lo artificial. Entonces, lo que nosotros tenemos en Venezuela hoy es la imposición de un modelo político por una la vía de la creación artificiosa de una opinión falsa y de una cantidad de mentiras. Eso hará que la gente en algún momento, por un proceso natural, se dé cuenta de que ha sido engañada. Ya está pasando. Pero eso es un proceso de duelo. Es como la muerte. De hecho, yo creo que el país está empezando a atravesar esa situación y se va a presentar un vacío de desconfianza absoluta y de no creer en nadie.

–¿Cuál es la situación actual de los partidos políticos en Venezuela?

–Mira, un inexistente partido que no tiene militancia orgánica es Acción Democrática. AD es básicamente lo que el capataz de ese partido puede hacer con los liderazgos regionales. ¿Quién es el capataz de ese partido? Henry Ramos Allup. Él es un tipo simpático. A mí me hubiese agradado mucho verlo en Radio Rochela en algún momento. Él dice: “Mira, chico, tú de inteligencia no te vas a morir” y eso es noticia en la opinión pública venezolana durante dos semanas. “¿Viste lo que le dijo?”. Eso pasa porque nuestra opinión pública es muy superficial. Entonces, ese es un partido que logró meter por pulso, por maniobra política, tres candidatos de consenso sin que fueran a primarias y les fue muy bien en ese proceso interno. Entonces vienen y me dicen: “Es una falacia eso de que AD es un partido inexistente”. No, no es una falacia. Fueron a la recolección de firmas y recogieron un poco más de 200.000 firmas. ¿Eso es significativo para un partido político en Venezuela? La última encuesta de Varianzas que acaba de ser publicada dice que en simpatías políticas aún el PSUV tiene 16,2% y el partido de oposición que está más cerca es Acción Democrática con un 8%. Le sigue Primero Justicia con 7,8%, Voluntad Popular con 6%… En total, todos los partidos de oposición suman un poco más de 27%. Contando al PSUV, la simpatía por es de 44,5%. El partido político más grande en Venezuela hoy se llama la arrechera, la molestia, la náusea. Tiene 55,5% de militantes ese partido.

–¿La gente compraría un discurso alejado del socialismo?

–Hoy más que nunca. El mejor momento para decir que el Real Madrid no sirve es cuando el Barcelona, su archienemigo, le mete 3 goles en el Bernabéu. Entonces, no hay mejor momento en la historia política de Venezuela para decir que el socialismo fracasó, para ofrecer trabajo, para ofrecer libertad, para ofrecer propiedad. Sin embargo, sale Carlos Ocariz diciendo: “Por ahí anda Héctor Rodríguez regalando neveras y lavadoras. Agarren todo lo que sea. Nos los vamos a chulear”. ¿Ese es el tipo de políticos que va a reconstruir Venezuela? No, vale, esa es una versión edulcorada del chavismo. La diferencia entre el líder y el demagogo es que el líder inspira, el líder busca obtener lo mejor de la gente. El demagogo ofrece.

–¿Hay algún líder que usted respete ahorita en Venezuela?

–¿Ahorita? No, en lo absoluto.

–¿Leopoldo?

–No, vale. Nunca. De paso que…

–Usted estuvo en Voluntad Popular…

–Sí, le decía a mi asistente hace rato que ese es un momento muy lejano de mi vida al cual quiero olvidar.

–¿Qué puede decir de esa experiencia? Conoció al monstruo por dentro.

–Bueno, lo que pasa es que en Voluntad Popular no quieren gente que los asesore, sólo quieren validadores de opinión. Lo otro es que VP perdió la oportunidad de convertirse en un partido opción al decidir inscribirse en la internacional socialista y convertirse en más de lo mismo. A mí no me agradan las posturas políticas de Leopoldo López y menos las decisiones que ha tomado últimamente. Sin embargo, debo reconocer que él tiene carisma, tiene lo que yo llamo el fuego sagrado. O sea, el tipo quiere y arrastra…

–¿Logrará llegar al poder?

–No creo. Quienes lo metieron en la cárcel ya tomaron las medidas necesarias para que él vaya paulatinamente apagándose. Eso lo debe tener a él muy frustrado. Fíjate que no se habla de Leopoldo López desde su segundo regreso al casa por cárcel. Él perdió, y esto es muy doloroso decirlo, la magia del preso. Ya López no genera opinión. Y, hasta donde tengo entendido, no ha logrado tomar el control de su partido, que se ha convertido en un saco de gato. En resumen, sí tiene las ganas, tiene el ímpetu y, aunque no me agrade su proyecto país por depender de la renta petrolera, considero que tiene un capital político importante, pero, como te dije, quienes lo metieron preso ya tomaron las medidas necesarias para que él no pueda hacer uso de ello.

–¿A quién ve de presidente en 2019?

–No estoy seguro ahorita.

–¿Habrá elecciones?

–Sí, por supuesto. Aquí nos encantan las elecciones. En Venezuela hay una muy buena y muy abundante democracia, lo que no hay es república. Y al no haber república, entonces la democracia es una payasada. Un negocio para consultores, para gente que hace franelas, pendones. Las agencias de material P.O.P. en este país deben estar felices con cada elección que se hace.

Creo que el candidato de la oposición va a ser Henry Ramos. Estoy convencido de eso. Si él gana es porque le habrá garantizado al chavismo absoluta impunidad. Agarrarán dos o tres chinitos de RECADI por ahí para que paguen todos los platos rotos. Luego se creará una nueva élite política y económica.

Lo que está sucediendo en Venezuela ya pasó en el período de Acción Democrática y COPEI. El politólogo Juan Carlos Rey lo expresa en su libro ‘La crisis de la democracia venezolana y el pacto populista de conciliación de élites’. Lo central para la dirigencia política es saber cómo se repartirán la cochina. El chavismo hizo exactamente lo mismo que adecos y copeyanos. Lo que pasa es que lo exponenciaron.

El problema en Venezuela no es que se metan con Empresas Polar. El problema en Venezuela es que no hay veinte empresas como Polar. ¿Por qué te digo esto? La familia Mendoza, siendo muy loable su labor hacia Venezuela, siempre supo acercarse al poder. Eso lo puedes ver tú en la película ‘CAP 2 intentos’. En esa película puedes observar quiénes fueron los que rodearon a Carlos Andrés en su primer mandato. ¿Por qué te nombro esa empresa? Porque quien hubiese querido hacer harina de maíz precocida en Venezuela para competir con Polar no lo hubiese podido hacer, porque Polar tenía los dólares preferenciales para la importación de insumos y materia prima. Por eso, en este país no se desarrollaron 20 empresas como esa. ¿Por qué te echo este cuento? Porque el chavismo hizo exactamente lo mismo. Lo que pasa es que no incluyó a la élite económica que venía jugando con Acción Democrática y Copei, sino que creó su propia élite. ¿Cuál era la campaña de Luis Herrera Campins? “¿Y dónde están los riales?”.

Es decir, este país ha crecido bajo este discurso: “Vota por mí porque somos ricos”. Y la gente pregunta: “¿Entonces por qué estamos mal?”. Y los políticos responden: “Ah, es que ellos no saben cómo repartir la riqueza. Cuando votes por mí yo la voy a administrar mejor”. Y ese fue el mismo discurso de Chávez, y ese es el mismo discurso de Rosales cuando ofrece Tarjeta Mi Negra, y ese es el mismo discurso de Capriles en su última campaña electoral, cuando ofreció aumentar el sueldo 40% y meter las misiones dentro de la Constitución. Es el mismo discurso. Aquí nadie habla de producción de riquezas en vez de distribución de riquezas. ¿Hace cuánto un político en Venezuela no ofrece crear 100.000 empleos en su primer año de gestión? Todos son la misma cosa. Y como eso es así volvemos a la pregunta inicial: No son oposición y gobierno, son socios. Son el establishment político que controla Venezuela.

–Su opinión sobre el diálogo y la presión internacional.

–El diálogo es una bombona de oxígeno para el régimen. Europa quiere sancionar al régimen, Canadá sanciona al régimen, Estados Unidos sanciona al régimen, y Julio Borges sale con Eudoro González, que por cierto es un diputado de PJ cuyo hermano fue el presidente del Banco Industrial de Venezuela en este gobierno, a decirle a Macron, a Merkel, a Rajoy y a un poco de gente: “No, déjennos dialogar con el gobierno”. Es un contrasentido. Esa es otra evidencia más de que la oposición no quiere salir del gobierno.

–¿Entonces qué va a pasar?

–De momento… Bueno, te lo dije: Un proceso humano creado de manera artificial, construido sobre mentiras e hipótesis falsas, va a ser desplazado en algún momento por un proceso natural.

–Mientras, ¿Allup 2019?

–Mientras, Allup 2019.

–¿Y esa hipotética presidencia cómo la ve?

–Primero tenemos que ver que en efecto gane. Yo no creo en los procesos electorales en Venezuela. De todos modos, algo que no hemos mencionado es que Venezuela hoy es una gran pieza de canje en el tablero internacional. Aquí hay intereses de Cuba, de Rusia, de China. Creo que los que menos están interesados ya en Venezuela son precisamente los chinos. Y hay un interés de Estados Unidos no en tomarse nuestras riquezas y ‘blablabla’. No, eso es una estupidez. El interés de EE.UU. radica en torno a que Venezuela se ha convertido en una amenaza para la seguridad de ellos y de la región. Entonces, los intereses de toda esta gente deben quedar satisfechos a la hora de ver si se queda Maduro, o va a ser Rosa Inés o María Gabriela o Henry Ramos. O no sé… Héctor Rodríguez. La cosa es que en Venezuela estamos tan mal que cualquiera puede ser. Eso sí, lo que venga después de esto no va a durar, porque va a ser parte del proceso de finalización. Eso va a dar paso a otro sistema que verdaderamente se va a establecer y que va a poder hacer transformaciones en Venezuela.

Henkel García: “Estamos en la parte final del cuento y no va a ser bonita”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La que en principio no iba a ser sino una entrevista de una sola pregunta para una nueva sección de ‘OJO’, terminó convertida en una mini-clase de economía (marcadores y pizarras incluidos) en la oficina del director de Econométrica, Henkel García, con quien conversamos acerca de Venezuela, su catastrófico presente y el que podría ser (cambios y medidas acertadas mediante) un esperanzador futuro. Con verbo claro, sencillo y hasta pedagógico –virtud admirable donde las haya entre los que hablan de economía–, este Ingeniero Químico seducido por las finanzas y devenido en Analista e Instructor nos explicó cómo se puede comprender la situación económica actual a partir de la premisa de que lo que hay en el poder no es un gobierno, sino una gran estructura (corporación se le puede llamar también) de extracción de riqueza, que busca a toda costa mantenerse robando y por eso no hace cambios ni toma medida alguna. “En 3 o 4 años hemos pedido 1/3 del PIB: eso son desempeños de economías de guerra”, señala García, quien no duda en calificar lo que vivimos como una verdadera catástrofe, que se va a acentuar en los próximos meses. Un cambio tanto de gobierno como de sistema sería lo que en su opinión podría llevar a Venezuela a flote, empresa que ve con optimismo –“tenemos las condiciones y la capacidad instalada”– siempre y cuando se hagan las cosas bien. A continuación, una conversación sin desperdicio para entender dónde estamos parados ahora, adónde podríamos ir y  qué podemos hacer:

-En términos extremadamente sencillos, Henkel, ¿qué es el ‘default’?

-El ‘default’ es el incumplimiento de pagos. Tú tienes un compromiso de deuda en el que incurriste y cuando no puedes pagar haces un ‘default’. Es eso, sencillamente.

-¿Es tan grave como lo pintan?

-Un ‘default’ podría complicar las cosas, sí, pero ya la catástrofe la tenemos aquí. No creo que agregue mucho más a lo que vivimos. Ya la catástrofe está: en un lapso de 3-4 añoshemos perdido 1/3 del PIB, de la producción nacional del país por habitante. Esos son desempeños de economía de países en guerra. El ritmo de deterioro que estamos viviendo ahorita es el más pronunciado que vamos a tener en muchísimos años.

-¿En qué momento estamos?

-Yo creo que es la parte final de un ciclo político-económico en Venezuela. La catástrofe está en pleno desarrollo. No es cualquier cosa: es la parte final del cuento y no va a ser bonita: vienen unos meses más duros.

-O sea que esto se va a poner peor…

-Mira, yo el año pasado dije que las de 2016 iban a ser las peores navidades de Venezuela. Lo dije pensando que iba a haber algo de sensatez en los gobernantes, y no…

-¿Porque no tienen idea de lo que hacen, porque no saben de economía, por el velo ideológico que los cubre, por qué…?

-Porque lo que está en Venezuela no es un grupo que gobierna,medianamente consciente y que más o menos quiere tener a la gente contenta, sino una gran estructura de extracción de riqueza, una corporación de extracción de riqueza. Entonces, cuando lo consideras así lo ves claro: ellos no quieren cambiar nada, sino seguir con el juego como está:si quisieran el bien de la gente, ya hubieran, por lo menos, hecho algún tipo de cambio. Pero no: ¡ellos no piensan en eso! Piensan es en mantener el ‘statu quo’: aquí hay gente a la que le regalan el dólar a 10, y son tan descarados que ni siquiera son capaces de cambiar eso, por ejemplo.

-Entiendo, entonces, que la salida de la crisis pasa a juro por un cambio de gobierno…

-Espérate: el problema que nosotros tenemos como sociedad es que los que vengan después puedan tener la misma mentalidad. Porque el sistema los lleva a eso. Al final el sistema político, la estructura que tenemos de Estado, donde el Estado es dueño de la principal riqueza del país, los lleva a eso. Puedes tener un político joven que tenga ganas de hacer las cosas y al principio lo va a hacer bien, pero en 10 años tenemos otro Chávez. Se degenera. Tú puedes llegar con las mejores intenciones, tú puedes, si quieres, poner a la madre Teresa en medio de este sistema y va a empezar a guisar. Porque este sistema lleva a eso, corrompe. Y por eso lo tenemos que cambiar.

-¿Y eso se puede?

-Sí, claro. Pero porque la misma sociedad lo va a requerir y pedir. Depende de nosotros: si no hay presión social, va a ser imposible, porque no va a partir de los políticos.

-¿Y por qué no va a partir de ellos?

-Te lo voy a explicar sencillito: ¿A qué político no le gusta llegar y repartir? ¡A todos! ‘Yo llego, y voy a repartir bien’.Esa es la premisa: para mantenerme tengo que ser populista, tengo que repartir. Y por eso es que llevamos 40 años estancados.

-¿Estancados cómo?

-Cuando tú revisas los números, te das cuenta de que en los setenta teníamos un PIB mucho mayor que el de ahora. Terminando esa década se nacionaliza el petróleo, se afianza el modelo rentista y desde entonces llevamos casi 40-50 años con el mismo PIB per cápita. Tenemos un estancamiento que viene desde allá, y que yo sí creo que tiene que ver con un sistema.

-Ahora, Henkel, mucha gente dice que Venezuela es fácilmente recuperable, que si se hacen las cosas como deben hacerse es cosa de poco tiempo para que salgamos de la crisis. Es un lugar común que se repite, y precisamente por eso quiero preguntarte cuánto de verdad hay en ello, si es exceso de optimismo, o qué.

-Si repasas lo que sucedió en Polonia cuando salió del comunismo o en Perú cuando hizo su reforma económica para salir del desastre, ves eso. En esos países duplicaron el PIB per cápita en 10-15 años. Y con más razón Venezuela, que es un país que está muy por debajo de su potencial: tú a cualquier industrial le preguntas en cuánto está su capacidad y te dice 30%. Llevarla a 80% es fácil si le das los insumos y las condiciones. Lo difícil es cuando no tienes la capacidad instalada, que cuesta más. En nuestro caso está allí instalada. El problema es que si la crisis se prolonga, esa capacidad instalada comienza a deteriorarse más y ese potencial se deteriora también. Ese es un punto que hay que tomar en cuenta: mientras más se prolongue esto y no logremos un cambio, ya después ese rebote inicial es hacia un nivel más bajo.

-¿De cuánto tiempo estaríamos hablando para ver los resultados?

-Haciendo los cambios necesarios, en el corto plazo, pongámosle los primeros seis meses, comienzas a tener los primeros efectos positivos: aparecerán algunas cosas, aumentará un poco la capacidad de compra. Eso va a ser un hecho. Después, en los dos o tres primeros años, se veráel crecimiento económico.

-¿Hay algún antecedente propio de recuperación de este tipo?

-Venezuela no es la primera vez que pasa por esto. Algo semejante sucedió ya, y en una Venezuela en la que el precio del petróleo estaba muy en contra y la situación no era nada fácil. Eso fue en el 96, cuando se implementó el plan ‘Agenda Venezuela’: veníamos de un control de cambio corto, no tan devastador como éste, pero una vez levantado, el poder de compra del salario se triplicó en años: de $75 en el 1996 a $180 en el 2000 y a $300 en 2001-2002, que no era poca cosa. Eso mismo puede repetirse, pero va a depender mucho de la calidad de las reformas: hay que hacer las cosas bien.

-¿Qué es hacer las cosas bien?

-Una reforma ordenada, consensuada, con armonía social,que vaya a una economía de mercado (que no tiene que ser desregulada), con reglas del juego claras, en las que no haya experiencias monopólicas. Eso básicamente.

-¿Adónde debería apuntar Venezuela?

-Al libre emprendimiento. Mira: aquí para formar una empresa necesitas 190 días; en Panamá,apenas uno. Aquí el empresario, hay que entenderlo, no es un enemigo: es alguien en que tienes que apoyarte. Para mí una Venezuela ideal es una en la que haya millones de pequeños emprendedores con pequeños negocios y que tengan capacidad de negociar lo que vale su trabajo. Para mi ese es el mundo ideal. Y no es un cuento. Es tratar de incentivar que la gente arme sus empresas y darles las facilidades. Darle financiamiento para que esas empresas nazcan y generen productividad. Entonces, cuando Venezuela apunte a eso es que vamos a ver el cambio. Ahorita veremos una pequeña apertura porque sabemos que por el camino que vamos no es, entonces hay que devolverse. Y si alguien te dice: ‘no, volvamos para allá’. Nosotros como sociedad diremos: ‘no, para allá no’. En Perú está constitucionalmente prohibido poner controles de precios, por ejemplo. Ellos aprendieron.

-¿Y nosotros?

-Yo sí creo que hemos aprendido. Tú le dices a la gente control y te dicen: ‘no’. Le dices: ‘te vamos a aumentar el salario’, y te dicen: ‘no’. Porque hemos aprendido. No sé si la clase política lo ha hecho, porque no han trabajado mucho en eso, se han concentrado en sacar al chavismo del poder.

-Un mensaje para los jóvenes que todavía están en Venezuela.

-Que no traten de extrapolar la Venezuela de hoy hacia el futuro. Los países cambian y rectifican, la Venezuela del futuro no va a ser como la de ahora. Lo más probable es que sea mucho mejor. Que las condiciones para vivir, para desarrollar cualquier actividad económicasean muy distintas. Visualizar un futuro donde siempre debes tener una contingencia, una coyuntura, vivir con la soga al cuello, eso no es extrapolable en Venezuela: eso es un error, esas cosas cambian. Si tú piensas que esto es el futuro que vamos a tener dentro de 10-15 años, tu decisión optima es irte o aceptar que eres masoquista y te gusta pasar trabajo.

Rafael Araujo

Es difícil dar una opinión sobre por qué no cayó. Mira, yo creo que se hizo todo, salió una cantidad inmensa de gente, pero faltó apoyo por parte de los militares, que fueron la piedra de tranca: ni siquiera permitieron que llegáramos al centro. Yo creo que si ellos nos hubieran acompañado, entonces el régimen se habría tenido que ir: porque nadie lo quiere, está acorralado, no puede ganar ninguna elección, pero se mantiene gracias a ese aparataje militar. También hay que decir que sigue habiendo gente que no ayuda: como en toda sociedad, hay gente que se acomoda a la dictadura, que se pone a su sombra para resguardar sus beneficios e intereses: pienso, por ejemplo, en los que compra bonos y no trabajan sino que esperan que engorden; o los que tienen beneficios con el dólar, que los reciben a tasa preferencial y por eso siguen a la sombra de esto. Es gente que se acomoda y sobrevive, y que son egoístas, porque están bien y no les importa que los demás estén mal. Siempre recordaré la primera vez que hice un papagayo: fue con Franklin Brito, y en ese momento yo pensaba que todos los ataques que se le hacían a una persona iban a generar la respuesta contundente de la sociedad, y que la gente iba a ir en contra. Todavía me sorprende que hayan pasado tantos años y esa gente siga allí.

*Rafael Araujo, el señor del papagayo, es un ciudadano de a pie, participante de todas las protestas, y artista plástico de la Cristóbal Rojas.

“Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

“Vamos a revisar las cámaras. Si nosotros vemos que un guardia de la brigada le quitó el teléfono al chamo, tal y como dice él, vamos a tener problemas entre nosotros. Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”. Escuchó aquello, vio a su amigo con la cara tapada y se preguntó en qué lío se había metido. Gabriel Figueroa había salido a protestar aquella mañana y ahora estaba en un comando de la Guardia Nacional Bolivariana bajo amenaza de un Sargento Mayor.

Tras su detención, el joven estudiante de Comunicación Social se resistía a ser una víctima más del hampa policial. Estaba convencido de que le habían quitado el celular y, dignidad por delante, no iba a dejarse robar así de fácil. Esposado, denunció lo que le había pasado ante el capataz de los GNB y ahora tenía que cruzar los dedos. “Yo no estoy loco. A mí me sacaron el teléfono del bolsillo”, pensó para darse fuerza. Los guardias salieron del módulo para hacer una especie de cónclave en relación al asunto y a él, entre el nerviosismo y la serenidad, le tocaba esperar el veredicto de aquella reunión improvisada.

La noche anterior, por medio de un grupo de Whatsapp creado por la comunidad, Gabriel había incentivado a varios de sus vecinos a participar en el plantón que la Mesa de la Unidad Democrática había convocado para el día siguiente: 5 de junio de 2017. Cansado de protestar siempre en los mismos puntos del Este de la ciudad, hacía tiempo que Figueroa había cambiado Altamira y Las Mercedes por la zona donde vivía: la parroquia San José del municipio Libertador, al lado de San Bernardino y La Candelaria.

Con el objetivo de convertir los estruendosos cacerolazos en multitudinarias manifestaciones, el estudiante de la UCV llevaba semanas tratando de erradicar el miedo que paralizaba a los habitantes de su comunidad. La tarea, al tratarse de una alcaldía emblema del chavismo, era harto complicada. En Libertador, el ‘modus operandi’ de la represión es el mismo que utilizó el gobierno el día de las elecciones para la Constituyente: ni siquiera dejan agrupar a la gente.

Por ello, ese 5 de junio a las 7:00 a.m., cuando vio a 15 personas reunidas en la avenida Panteón, Gabriel esbozó una sonrisa. No era un río de gente, pero el número, dadas las condiciones, invitaba al optimismo. El trabajo de semanas comenzaba a rendir frutos. La ilusión, no obstante, duró pocos minutos. “No pueden estar por acá, si ustedes quieren manifestar tienen que irse a Altamira. Esto es el centro, esto se respeta”, le dijo un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana a Figueroa a eso de las 8:00 de la mañana. La realidad tocaba la puerta.

“Mientras esto ocurría, nos percatamos de que a dos cuadras, en la avenida Fuerzas Armadas, había otro conglomerado de gente manifestando. A lo lejos se veía que eran entre 20 y 30 personas, por lo que les propuse a los de nuestro grupo: ‘Vamos a unirnos a ellos para hacer más bulto’. Y eso hicimos. Nos fuimos por las calles aledañas para no llamar la atención y logramos juntarnos. Allí estaban hasta dirigentes de Voluntad Popular y Primero Justicia. Seguimos la protesta cívica y pacífica, ni siquiera estábamos trancando la calle, pero volvieron a llegar los mismos guardias con las mismas amenazas”, relata Figueroa.

El grupo decidió, en un acto de rebeldía, seguir la protesta. ¿Cómo? “En vez de quedarnos estáticos en un sitio, caminamos la Fuerzas Armadas de arriba a abajo cantando consignas para que la gente que estuviese en los balcones, temerosa, se sumara. Y logramos el objetivo: muchos bajaron y llegamos a ser una masa como de 40 personas, pero cuando veníamos de regreso observamos cómo la guardia estaba amedrentando a los dirigentes políticos y éstos desaparecieron en el acto. Sin embargo, decidimos hacer una segunda ronda”, comenta el estudiante.

Gabriel, sus padres, un amigo de toda la vida al que había convencido ‘in extremis’ y el grupo de vecinos, continuaron con la mañana de protesta. Cuando iban por la emblemática Esquina de Socorro, el mismo guardia que ya los había amenazado en dos ocasiones volvió a aparecer. “Mira, chamo, el Sebin viene hacia acá y a los más jóvenes se los están llevando presos. Yo, en lo particular, no quiero que te pase algo malo. Lo mejor es que tú y tu amigo se retiren”. Aquella recomendación, aparentemente compasiva y solidaria, resultaría ser un engaño macabro.

“Yo de verdad confié en la buena fe del hombre y, ante la inminente llegada del Sebin, le dije a mi pana: ‘Vamos a alejarnos de este conglomerado de gente para que no estemos a la vista. Nos metemos en un local o algo’. No queríamos que, por ser los jóvenes del grupo, nos agarraran. Les comenté a mis padres y a los vecinos que nosotros nos iríamos del sitio. Para ese momento ya eran las 10:00 de la mañana y consideramos que la protesta había tenido cierto éxito, por lo que acordamos rencontrarnos al mediodía otra vez y seguir manifestando”, rememora Figueroa.

El grupo decidió cantar un Himno Nacional para cerrar esa primera fase del plantón y los dos jóvenes aprovecharon el momento para escabullirse. Llevaban una cuadra recorrida cuando escucharon un sonido inquietante: motos. La brigada motorizada, ese cuerpo de funcionarios que ya los había corrido de un par de sitios y que hacía nada les había dado un amigable consejo, ahora estaba detrás de ellos.

“Volteo y hay dos motos persiguiéndome. Ahí, más allá del instinto racional, sale a reducir el instinto animal que todos tenemos. Me sentí una presa y corrí, así de simple. Corrí una cuadra y, cuando iba por la segunda, me topé de frente con el mismo tipo que minutos antes me había dicho que el Sebin me iba a agarrar. En ese momento caí en cuenta: fue una trampa, un juego psicológico para que yo me separara del grupo y él me pudiese agarrar”, detalla Gabriel.

Apenas lo detuvieron, Figueroa pensó en su familia. ¿Cómo se enterarían su mamá y su papá de que la GNB lo había emboscado? Lo cierto es que mientras lo razonaba pasó una patrulla del mismo cuerpo policial y la orden fue clara: “Llévenlo al CNE”. Alrededor de la escena, el ‘déjenlo’ de la gente se hizo coro, pero nadie se atrevió a pasar de la palabra a la acción.

“Me montan en la camioneta y fue bastante duro para mí porque tras recorrer una calle vi a mi mamá y a mi papá. Estaban caminando por la acera y no tenían ni idea de lo que me había pasado. Yo estaba esposado, tenía un militar a cada lado y lo que se me ocurrió fue gritar: ‘¡Hey! Mamá, papá, me están llevando al CNE’. Lamentablemente, no me escucharon. Pensé: ‘Mieeeerda, no puede ser’. No obstante, tuve la suerte de que nos paramos en el puente de la Fuerzas Armadas para que el militar que estaba manejando preguntara dónde quedaba el calabozo al que me llevarían. Gracias a Dios, allí estaba una vecina que había manifestado conmigo y le dije por la ventana: ‘Señora, dígale al de gorra tricolor, camisa blanca y bigote, que es mi papá, que me están llevando preso’. Menos mal me entendió”, declara Gabriel.

Al final, a Figueroa lo trasladaron al Palacio de Justicia, al módulo de la GNB ubicado en la institución. Lo bajaron de la camioneta, le taparon la cara con el suéter que cargaba puesto y, justo mientras le cubrían el rostro, uno de los guardias aprovechó para quitarle el teléfono que tenía en uno de sus bolsillos. Ahí, cuenta, comenzó a vivir uno de los episodios más violentos de su vida.

“Yo no me quedé callado. Le dije: ‘Mira, ¿tú eres un malandro uniformado o tú eres un garante de nuestro país? ¿Qué coño eres?’. Yo estaba muy molesto. Y, bueno, al escuchar eso me empezó a caer a lepes. ‘Cállate, vale, que aquí te vas a quedar’, me decía. Ya en el módulo me conseguí con Vicente, mi pana, que también había sido detenido. Nos sentaron en el piso y empezó un proceso protocolar: los que nos detuvieron tenían que explicarle a los del módulo por qué nos habían agarrado. Y fíjate lo que dijeron de mí, textual: ‘Este chamo impulsó y obligó a un poco de viejitas de la zona donde vive a que salieran a protestar y el coño de su madre es tan arrecho que las usaba de escudo para protegerse. Dime si no es un maldito’. A todas estas, yo seguía pendiente de mi teléfono”, recuerda Gabriel.

Fue en ese momento cuando Figueroa decidió decirle al Sargento Mayor del comando que uno de los GNB le había quitado el celular. Quienes lo trasladaron salieron a desmentirlo ‘ipso facto’, pero él se mantuvo firme. Allí, el mandamás emitió sentencia: “Vamos a revisar las cámaras. Si nosotros vemos que un guardia de la brigada le quitó el teléfono al chamo, tal y como dice él, vamos a tener problemas entre nosotros. Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”. El maratónico día apenas comenzaba y a Gabriel todavía le restaban tres eternos días y dos interminables noches para volver a ser libre. Su período de reclusión, aunque corto, está lleno de pequeñas historias que vale la pena leer. Como hicimos con el caso de Reynaldo Riobueno, dejaremos que sea el entrevistado, en primera persona del singular, quien relate los hechos.

I

TERRORISTA DIGITAL

‘AH, PERO TÚ CONSPIRAS CONTRA EL GOBIERNO’

–El teléfono, como por obra y gracia del Espíritu Santo, apareció. ‘¿Este es tu teléfono, chamo?’. Y yo: ‘Sí’. Me pidieron la clave y les dije que no, porque necesitaban una orden judicial para revisarlo. Entonces me empezaron a pegar. Esta es la parte más fea de la historia: me pegan y me pegan hasta que les doy la clave. La marcaron y comenzaron a registrar de arriba a abajo. Desde videos que son típicos de enviar por los grupos, hasta esas notas de voz de Freddy Guevara que se hacían virales. Ellos escuchan eso y dijeron: ‘Ah, pero tú conspiras contra el gobierno, tú grabaste a Guevara’. Se ponían con eso, jodiendo y riéndose. Era una burla. Incluso, recuerdo claramente que tenía una foto del pasillo de mi casa y ellos hicieron objeción: ‘¿Dónde la tomaste?’. Y yo: ‘En mi casa, la habré tomado sin querer’. Y me reí, porque era una imagen cualquiera, no se veía persona, ni arma, ni molotov, ni nada. Uno de ellos me dio un primer cascazo y me agarraron de sopita. Luego llegó el peor mensaje. El de una vecina que me había mandado el día anterior: “¿Mañana vamos a prender el plantón?”. Y yo le puse: “Sí, vale, claro que sí. Yo tengo los cauchos y la gasolina”. Eso fue lo único que le contesté. De ahí fue que ellos se agarraron para decir que yo era un conspirador en contra del gobierno de Nicolás Maduro, que yo era un ‘terrorista digital’. Cuando me dijeron aquello, yo no pude aguantar la risa. ¿Terrorismo digital? Yo sé que estaba en las peores circunstancias de mi vida, pero tenía que reírme. Era ilógico e irracional lo que me estaban diciendo. Me dieron otro cascazo y, en ese momento, tuvieron que irse. Se había presentado otro inconveniente en el centro con otros manifestantes.

II

EL COMANDO, UNA MANO AMIGA

‘TRANQUILO, YO SÉ QUE TÚ NO VAS A HACER NADA’

–Cuando se fueron los de la brigada motorizada, que fueron los que me detuvieron, los que me quitaron el celular y los que me pegaron los cascazos, Vicente y yo quedamos bajo la custodia de los GNB que estaban en el módulo del Palacio de Justicia. La atención de ellos, de verdad, fue un espectáculo. Allí yo evidencié que no todos los verdes son unos malditos. Las trenzas de los zapatos que habían utilizado para amarrarme cuando me quitaron las esposas me estaban, casi, cortando la circulación. Entonces le pedí a uno de ellos que si por favor me las podían aflojar un poco y él, amablemente, contestó que no había problema. Me las soltó tanto que prácticamente quedé con las manos libres. ‘Tranquilo, yo sé que tú no vas a hacer nada’, dijo. Tuve sed y, de nuevo muy cordialmente, uno de ellos me trajo un vaso de agua. Estuvimos en el comando como dos horas. En una de esas Vicente me dice: ‘Mira, tu mamá está allá afuera’ y fue allí cuando entendí que el mensaje que les mandé a mis padres con la vecina había llegado. ‘Les trajeron comida’, nos informó un GNB. Eran las 2-3 de la tarde. Mi mamá se puso a hablar con uno de los militares que estaba en el comando: ‘Él es un niño. Lo que tiene es barba, pero él es un niño. Suéltenlo’. Estaba ella junto a mi papá y el papá de Vicente. Fue un momento sentimental. Los tres dialogando con los guardias, tranquilos, pero con voz de llanto. No fueron a insultar, mantuvieron una actitud de respeto. ‘¿Qué terrorista pueden tener ustedes?’, decían. Mi padre, que siempre ha sido un señor sumamente diplomático, lo que nos dijo fue: “Hijos, fortaleza, yo sé que los guardias saben que no están en el lado correcto de la historia. Valentía”. Evidentemente no son las palabras que uno quisiera escuchar, porque no es un mensaje personalizado, sino genérico, pero me llenó de energía ese mensaje. También nos llevaron unas hamburguesas con unas papitas. Luego, mientras comíamos, como se habían portado tan bien con nosotros, les ofrecimos a los militares parte de nuestro alimento. La verdad es que en ese momento tú no tienes hambre, tú no tienes nada.

III

SUERTE EN EL CICPC

‘YO, DE VERDAD, NO LES VOY A PONER ANTECEDENTES PENALES’

–Como a las 4 de la tarde nos fuimos a presentar a El Llanito, creo que con el CICPC, y a la sede de Parque Carabobo, que es donde nos empiezan a redactar los antecedentes penales y todo lo demás. En la primera parada nos preguntaron: ¿Qué les hicieron? ¿Los golpearon? Tenía a dos guardias detrás de mí y preferí quedarme callado. Ese proceso fue súper rápido. Luego, en Parque Carabobo, por primera vez en mi vida, compartí con delincuentes de verdad. El hombre que se había reseñado antes que nosotros era un homicida que estaban buscando desde hace tiempo y como él habían muchos más. Era un pasillo donde hacíamos una cola mientras esperábamos para ser atendidos. Cada delincuente tenía al lado uno o dos funcionarios del cuerpo policial que lo había apresado. Cuando nos tocó a Vicente y a mí, entramos al cuartico donde nos iban a reseñar sin los dos guardias que nos estaban cuidando. Allí, el CICPC nos trató estupendo. Nos dijeron: ‘Hermano, ustedes vienen y que por guarimba. Yo, de verdad, no les voy a poner antecedentes penales porque eso les va a rayar el historial. El día de mañana los detiene un policía y les puede traer problemas’. Eso fue sin cobrar nada, sin pedir nada. Estaremos eternamente agradecidos.

IV

OCHO MUNDOS DIFERENTES

‘NO ME ARREPIENTO DE QUE ME HAYAN METIDO PRESO’

–Cuando llegamos otra vez al comando, a eso de las 5-6 de la tarde, vimos como a 30 personas allí: familiares y amigos de Vicente y míos. Nos bajan de la camioneta y al ver la cara de preocupación de todos, dije con el puño hacia arriba: ‘Todo va a estar bien’. Me sentí Capriles. Yo no sabía si todo en verdad iba a salir bien, pero debía darles una tranquilidad a ellos. Acto seguido, nos bajaron a los calabozos. Entramos a la celda que nos correspondía y ahí estaban ocho personas. Nos habían dicho que la mayoría eran guarimberos y no delincuentes comunes, lo que nos dio cierta tranquilidad entre tanto nervio. Nos presentamos y conocimos a la gente. Eran ocho personas y ocho mundos diferentes. Pero todos, menos uno, tenían algo en común: los habían detenido en la Fuerzas Armadas una semana antes por presuntamente estar guarimbeando, pero no fue así. Ellos ni siquiera estaban protestando. Lo que pasa es lo siguiente: por el centro de Caracas los vecinos no le tienen miedo a la guardia sino a los colectivos. Éstos llegan al lugar, roban a las personas que están viendo la protesta, los empujan hacia los guardias y dicen: ‘Miren, ellos son guarimberos’. Y como si se tratase de una hermandad colectivos-guardias, los uniformados hacen caso sin chistar. Así agarraron a estas siete personas que no tenían nada que ver.

Uno era un viejo de 55 años, un colombiano que no estaba documentado; otro era el dueño de una panadería; había un gochito encargado de un negocio ubicado en la avenida Urdaneta; estaba un chamo que había ido a visitar a su novia en la Esquina de Socorro y también un malandrito que nada tenía que ver con los otros siete. En fin, como dije, eran ocho mundos distintos.

No me arrepiento de que me hayan metido preso porque conocer a esas personas fue algo estupendo, fantástico. Había diferentes edades y diferentes preocupaciones. El colombiano que estaba indocumentado, por ejemplo, únicamente tenía una perrita aquí en Caracas. No tenía a más nadie por quien vivir. Y ese hombre todos los días, a cada minuto, lo que decía era: ‘¿Mi perrita estará viva? ¿Estará muerta?’

Hubo un juego bastante emotivo que hicimos la noche antes de que nos soltaran. Había uno que era bastante católico y tenía una biblia. Entonces cada uno tenía que, de forma aleatoria, escoger un salmo y leerlo. Luego, debía contar qué había sido lo mejor y lo peor de haber estado preso y, al final, tenía que comentar qué haría después de que lo soltaran. Ellos, que tenían más tiempo que nosotros, hablaban sobre abrazar a sus seres queridos que tanto extrañaban. Esa noche prometimos tomarnos una cerveza cuando estuviésemos en libertad. Fue bastante emotivo. Varios lloraron.

V

UNA PELEA INESPERADA

‘USTEDES YA ME TIENEN ARRECHO’

–Mi mamá nos había enviado a Vicente y a mí una malta de lata y el malandrito nos pidió: ‘Dame un poquito’. Se tomó todo e hizo un chuzo, que es una especie de cuchillo artesanal. Entonces se puso violento y nos gritó: “No, vale. Ustedes ya me tienen arrecho. Son un poco de guarimberos”. Y empezó a amenazarnos. Gracias a Dios éramos nueve contra él y lo pudimos controlar y hacer entrar en razón. Lo que pasa es que él ya tenía tres meses ahí. Además era un drogadicto. Trabajaba, precisamente, en el Palacio de Justicia, en la sede administrativa. Se robó los discos duros de unas computadoras y lo metieron preso. Él era peligroso. Vicente y yo le dijimos que la mejor pelea que se podía hacer era la de la palabra: conversando y no peleando con agresiones. Y, bueno, el chamo como que entró en razón. Se sentó, cogió mínimo y siguió en el juego.

VI

COMER EN LA CELDA

“LA ECHAN EN UNA BOLSA PLÁSTICA Y SE PONEN A REVISARLA”

–Es asqueroso, porque los guardias abren el pote que te manda tu familia para ver si hay cigarros, si hay drogas o, incluso, para darle un bocado. Entonces agarran toda la comida y la echan en una bolsa plástica y se ponen a revisarla. Y al final te dan todo eso así, en una bolsa. Tu familia te envía todo en un pote herméticamente cerrado, limpiecito, y tú tienes que arreglártelas para comer en una bolsa con el tenedor. Ojo, no a todos los presos les llevan alimentos. Hubo familias que, de tres comidas, llevaban una. Nosotros compartíamos. A veces quedábamos con hambre, pero compartíamos y nos sentíamos bien. Éramos una hermandad. Así no nos conociéramos, éramos hermanos adentro. Nos tratábamos fenomenalmente bien. Yo agradezco que me haya tocado compartir con esas personas. Como te dije, no me arrepiento de que me hayan metido preso, porque es una vivencia más. Una experiencia que me ha servido mucho de aprendizaje.

VII

IR AL BAÑO EN PRISIÓN

“O HAGO AQUÍ O NO HAGO”

–Yo hice una vez porque de verdad no aguantaba y dije: o hago aquí o no hago. En la celda había un hueco en una esquina,era como un hoyo de golf en medio de una alcantarilla. Te bajas los pantalones y tienes que sentarte y apuntar al hueco. Yo no quería, pero tuve que agacharme con todo el dolor de mi alma. Fui desafortunado: hice en todos lados menos en el hueco (risas). No tengo puntería. Los demás sí pudieron, yo no. Mientras tanto, te calas el típico chalequeo: ‘Guardia sáquennos de aquí. Nos están matando a lacrimógenas’. Lo cierto es que quedó todo regado allí y tuve que buscar el agua con el jabón azul que nosotros diluíamos y echarle a la alcantarilla cada dos horas, porque el olor quedaba concentrado.

La historia que los nietos de Reynaldo Riobueno no se cansarán de escuchar

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Si la vida lo premia con largos años y una prole numerosa, Reynaldo Riobueno tendrá forzosamente que contarles a los nietos, una y otra vez, la fascinante e improbable historia de cómo la vida le cambió por completo en el año 2017. El Reynaldo abuelo no podrá pasar mucho tiempo sin mostrarles la Canon T2i (para ese entonces una reliquia) con la que registró las primeras protestas de ese año definitivo para él y cuyo obturador congeló para siempre la imagen de un Hans Wuerich desnudo, lloroso y lleno de perdigones, en medio de la autopista. A juro deberá arremangarse la bota del pantalón y enseñarles a sus vástagos las cicatrices dejadas por los 9 tornillos y la placa de titanio que tuvieron que ponerle  en la pierna izquierda para curarle la fractura de tibia que le produjo un bombazo disparado aposta por una tanqueta de la GNB. Siempre deberá tener una copia, o al menos recorte, del durísimo informe de la ONU con el que colaboró, y que tanto ayudó a desenmascarar la dictadura. Y nunca podrá dejar de repetir, con lujos de detalles, la historia de cómo una ida casual al banco terminó desembocando en una salida madrugadora y casi clandestina del país. Y es que todo lo que vivió en los últimos cinco meses este casi ingeniero con vocación de fotógrafo por osar informar en dictadura es de esas cosas que son dignas de ser recordadas siempre. Para que no haya que esperar el nacimiento de los nietos, @RevistaOJO lo entrevistó largamente en Miami, donde de momento reside. He aquí, en primera del singular, una historia que dentro de dos o tres generaciones los Ryobueno todavía escucharán.

I

DE ESTUDIANTE DE INGENIERÍA A FOTÓGRAFO

“Tienes buen ojo. ¿Por qué no te pones a estudiar fotografía?”

-Mi papá tenía una cámara guardada para los viajes y un día revisando cosas la saqué y le pregunté si podía usarla. Él me dijo que comprara un rollo y viera cómo me iba. Hice unas primeras fotos, las imprimí y mi papá me dijo: ‘Guao, tienes buen ojo. ¿Por qué no te pones a estudiar fotografía?’. Entonces, me compré mi cámara digital, hice un curso con el maestro Roberto Mata, y empecé a salir a fotografiar las protestas, pero como estudiante. En ese momento [2014] estudiaba Ingeniería en Telecom en la USB, era presidente del Centro de Estudiantes e iba con mi franela amarilla y con mi cámara a manifestar. Mis papás estaban aterrados porque tenía dos puntos en contra: ser presidente de un Centro de Estudiante y fotógrafo. Pero no me pasó nada. Luego, me cambié de la USB a la UCAB, por todo el tema de los paros y por problemas con el pensum, y así llegamos a 2017. Cuando empezaron las protestas dije: ‘me toca hacer otra labor, ya no como estudiante sino como fotógrafo’. Había conseguido un trabajo en Unión Radio y IVC, que es un canal internacional, por lo que tenía carnet de prensa, casco, máscara, chaleco, todo, y ya mis papás estaban más tranquilos.

II

DE FOTÓGRAFO A AMENAZADO

“Cuidado con una vaina, carajito”

-Recibí varias amenazas estando en protestas. Una de ellas fue el 20 de abril, cuando le estaba tomando la foto a Hans. La foto en la que él parece un Cristo, llorando con toda la cara llena de perdigones, es mía. Yo me había concentrado tanto en la foto, que me quedé solo. Éramos Hans y yo en medio de la autopista. Entonces, el Comandante de la GNB se me acerca y me pregunta de qué medio soy. Le muestro la franela, que estaba identificada con Unión Radio, y me dice: “No te creo una vaina, muéstrame el carnet”. Se lo saco y me dice: “Cuidado con una vaina más adelante, carajito, y te jodemos”.

III

DE AMENAZADO A VÍCTIMA

“Todavía sueño con lo que pasó ese día”

-Para el 03 de mayo, día en el que la oposición convoca una marcha encabezada por los diputados, yo ya había recibido 3 bombazos: uno en la cabeza (tenía casco, afortunadamente), otro en el pecho (tenía el chaleco y me dejó un morado), y uno en el pie izquierdo (que me dejó otro morado). Por eso en la marcha yo estaba más cauto y no me metía detrás de los muchachos de la Resistencia, por ejemplo, que era de las tomas que más me gustaba hacer. Ya la represión tenía rato y yo estaba en la Francisco Fajardo a la altura de las gotas del CCCT cuando escucho que del parlante de la tanqueta dicen: “Dispárale al de blanco. Dispárale en la pierna”. En el momento yo me veo y digo: ‘No creo que haya sido conmigo’, pero cuando me volteo y me doy cuenta de que soy el único que tiene una franela blanca hasta las muñecas, me asusto y pienso: ‘Me voy a quedar con la prensa’. Esa fue mi medida de precaución: ‘No me voy a ir, pero me voy a quedar con la prensa para cuidarme’. Pasan 5 minutos, salgo al hombrillo a tomar una foto, oigo una detonación y siento un golpe en la pierna: me habían disparado una bomba. Volteo hacia abajo y veo la pierna sangrando; entonces intento caminar, y en el momento en que pongo la pierna en el piso me doy cuenta de que la tengo fracturada porque percibo el crackeo del hueso y siento que está roto. A partir de ese momento no pude volver a pisar.

Unos compañeros fotógrafos me llevan cargado hasta el otro lado de la autopista, por el Sambil, donde hay unas piedras, y me dicen: “Nos quedamos contigo, porque si te dejamos solos te pueden llevar”. La gente de primeros auxilios comienza a curarme la pierna, y cuando me están cargando para llevarme, lanzan una bomba lacrimógena cerca de nosotros. Nos retiramos un poco más, me siento en una de las piedras y llamo al motorizado para que me vaya a buscar, porque no podía caminar del dolor. Entonces se me acerca un GNB y me dice: “¡Camina, camina, porque si no te llevo!”. Yo trato de explicarle, todavía de un modo razonable, que me había golpeado la pierna y no podía caminar. Ni siquiera le dije que me habían disparado ellos. Y él: “No. Camina o te llevo”. Les dije a mis compañeros que se fueran, y yo me fui saltando en una pierna aproximadamente 20 metros hasta que pude conseguir al motorizado. Me monto en la moto todavía con la pierna sangrándome, guardo las cámaras y me voy a Salud Chacao. Allí me hacen el ‘Rayos X’ y confirman que tengo una fractura de tibia; entonces, me inmovilizan la pierna desde el dedo gordo hasta la nalga para evitar que se mueva la fractura. Seis días después, el 09 de mayo, me operan, y cuando abren la pierna se dan cuenta de que está más fracturada de lo que se apreciaba en las radiografías, y me tienen entonces que poner 9 tornillos y una placa de titanio que me la cubre toda. Yo, sencillamente, no me lo podía explicar. Después recordaba las cosas, de hecho todavía sueño con lo que pasó ese día, y fue bárbaro.

IV

DE VÍCTIMA A DENUNCIANTE

“Quería sentirme útil durante el encierro”

-Desde mi casa traté de continuar con mi labor, denunciando lo que tenía que denunciar. Por mis redes publicaba un noticiero cada 3 horas. También comencé a colaborar con medios internacionales: agarraba cortes de videos y se los mandaba a CNN, a la BBC, a ‘El País’, etc. A veces los publicaban y a veces no. Quería sentirme útil durante el encierro de 4 meses que tuve en mi casa. Formé parte de las víctimas de COFAVIC y tuve varias reuniones clandestinas con embajadores y el Alto Comisionado de la ONU. Yo les declaré como víctima, por lo que me había ocurrido. Ellos se interesaron bastante en mi caso y como además había estado cubriendo las protestas, me hacían preguntas sobre lo que estaba sucediendo: si de verdad la GNB disparaba de frente contra los manifestantes, por ejemplo. Yo tenía material sobre eso, y ellos querían constatar que eso realmente estaba pasando en la calle; entonces me pidieron todas las fotos y videos que tenía: eran casi 300 gigas, que estuve como 3 semanas subiendo a la web.

V

DE DENUNCIANTE A PERSEGUIDO

“¡Te están buscando!”

-Dos días después de la publicación del primer informe de la ONU sobre Venezuela, llegaron unas camionetas negras sin placa a mi edificio. De ellas se bajaron unas personas uniformadas de negro y empezaron a preguntar por mí. “Reynaldo Riobueno. El fotógrafo Reynaldo Riobueno”, así decían. En ese momento no había nadie en la casa. Entonces comenzaron a interrogar al conserje y al vigilante, les preguntaron si yo recibía visitas, que quienes vivían conmigo, etc, etc, etc. Ellos le avisaron a mi mamá y ella me llamó desesperada: “Te están buscando, te están buscando”. Yo en ese momento estaba haciendo una diligencia en un banco y lo que pensé fue: ‘me están buscando por colaborar con la ONU y por sacar material hacia afuera; toqué una llaga que no les gusta que les toquen y me quieren joder’. Contacté a unos amigos que tenía en la AN y en COFAVIC, y me dijeron: “Escóndete a ver qué pasa”. Entonces, decidí no volver a mi casa. Yo, como sabía que podía ser blanco de ellos por publicar información en redes y colaborar con la ONU, ya tenía un lugar para esconderme fuera de Caracas y un bolso con ropa en ese lugar, entonces me fui para allá y más nunca volví a mi casa.

VI

DE PERSEGUIDO A ENCONCHADO

“Tú estás colaborando para afuera: te vamos a joder”

-Yo pasé 8 días escondido en el interior del país. Fueron 8 días en los que casi no podía dormir por el terror de sentir que me estaban persiguiendo. Trataba de desconectarme pero era imposible. Con mi familia me comunicaba por medio de una aplicación, pero tampoco daba muchos detalles por allí, ya que no sabía qué tan segura podía ser. No me podían visitar en el lugar donde estaba por razones de seguridad, ya que si los seguían a ellos me encontraban a mí, y podía ser muchísimo peor. Cometí, sin embargo, el error de no sacarle el chip inmediatamente al teléfono, y recibí una llamada de un número desconocido. Cuando la atendí me empezaron a gritar: “Te vamos a joder, carajito. Tú estás colaborando para afuera y te vamos a joder”. Inmediatamente tranqué, saqué el chip del teléfono (porque si lo mantenía me podían rastrear) y lo apagué. Entonces, la recomendación que me dieron COFAVIC y el Alto Comisionado fue que saliera del país lo más pronto posible. Preferí eso antes que verme metido en una cárcel torturado y que mi familia estuviera sufriendo: no podía permitir que pasaran por eso. Con ellos tuve un proceso de despedida a distancia y duro, sobre todo con mi hermanito de 8 años, porque todo fue muy rápido y violento, no hubo nada planificado, y hubo mucho terror y miedo de por medio.

VI

DE ENCONCHADO A EXILIADO

“Gracias a Dios llegué sano y salvo”

-Yo manejaba varias opciones para salir de Venezuela sin pasar por Maiquetía, pero pasaban los días y ninguna cuajaba, y dije: ‘necesito salir lo más rápido posible y sin esperar, porque si no en cualquier momento van a atentar contra mi familia o contra mí’, así que me arriesgué a salir por Maiquetía de madrugada. Luego de una semana escondido, bajé a La Guaira. Lo hice con un carro adelante y uno atrás para prever que no hubiera alcabalas, porque no sabía si mi nombre estaba en alguna lista extraña o algo así. Al llegar, me quedé en un pequeño hotel de bajo perfil en Vargas. Mis papás, para prevenir, bajaron por otro lado y se cambiaron una vez de carro por si los estaban persiguiendo. Tuve que borrar toda la información de mi computadora y de mi teléfono para no levantar sospecha en Maiquetía. Entré a inmigración a las 3 de la mañana y la GNB no me revisó nada. El vuelo salió a las 5 de la mañana y gracias a Dios llegué aquí (a EE.UU) sano y salvo, sin que esos animales me revisaran.

VII

EN EL EXILIO

“Algún día volveremos a encontrarnos allá”

-Luego de varios días aquí es que he ido procesándolo todo, y he llegado a la conclusión de que sí valió la pena: yo dejé mi grano de arena, mi material no es que se quedó en una memoria y ya, sino que se está usando para denunciar al régimen internacionalmente. Que yo esté o no en el país, eso no va a cambiar la situación de Venezuela. Mi salida es circunstancial: cuando la dictadura caiga sin duda voy a volver. Mi país está allá. Mi familia está allá. Mis abuelos están allá. Mis primos están allá. Mis amores están allá. Mis playas están allá. No sé si falte mucho o poco para ese día, pero sé que nada es para siempre y algún día volveremos a encontrarnos allí. Mientras tanto, yo voy a hacer una vida aquí, obviamente, porque no puedo pararla. Pero luego voy a volver para ayudar a rescatar y a reconstruir el país. De hecho, esa es la foto que me falta y que quiero hacer: la de la Venezuela de la reconstrucción y del rescate.

Nehomar Hernández

Hay distintos factores que influyen en que el desplazamiento del poder de Nicolás Maduro no se haya producido. A saber: Dentro de la MUD agrupaciones como AD, UNT e incluso una parte de PJ parecían no creer en las protestas como un método para lograr la salida definitiva de Maduro del poder, sino que más bien atendían a una lógica gradualista en la que bastaba que se diera fecha de elecciones regionales para dar por satisfecho su objetivo puntual. Este planteamiento obedecía, además, al hambre de estas agrupaciones por acceder a pequeños espacios de poder que les permitieran captar renta petrolera y, por ende, obtener músculo económico para buscar mantenerse, en todo sentido.

Otro era el planteamiento de sectores que jugaban a una especie de todo o nada, en el que el objetivo planteado era que Maduro abandonara el cargo de forma perentoria y se instaurase un nuevo gobierno. El leitmotiv de este grupo, integrado fundamentalmente por algunos grupos de PJ, María Corina Machado y VP, era que una acción intensa y permanente de protesta en las calles eventualmente llevaría al colapso del chavismo desde sus propias entrañas, a través de la ruptura militar y de un quiebre interno que llevaría a un “chavismo descontento” a “ponerse del lado del pueblo”. El caso es que no sucedió ni la fractura dentro de la FANB ni el brinco de charco masivo del tal chavismo crítico (más allá de lo ocurrido con la Fiscal Luisa Ortega Díaz), por lo que la aspiración de poner fin al gobierno de Maduro por esta vía no logró ser materializada en la realidad.

Huelga decir que una acción de calle no puede ser sostenida indefinidamente en el tiempo, tanto más cuando no logra victorias al menos parciales o simbólicas. La brutal represión que se incrementaba exponencialmente cada vez más, y que era ejercida sin ningún miramiento por grupos de la FANB y por los colectivos paramilitares del gobierno, llevó a las protestas a convertirse en una rutina en la que el gato se mordía la cola, al punto de que muchas acciones de calle parecían convocadas simplemente por mera inercia. El chavismo demostró que ya no se trataba de unas manifestaciones que eran contenidas por cuerpos de seguridad del Estado, sino de una guerra declarada en la que la cosa se resolvería a tiros. La oposición, carente de un grupo armado que representara sus intereses en tal contienda, quedaba de adorno en esa película. Más de 120 personas fueron asesinadas por la represión en esos días y ante ello el gobierno pagó un costo interno bajísimo o sencillamente inexistente, pues le daba igual lo que los venezolanos dijeran de él.

Cuando, aún luego de haber convocado un plebiscito en el que participaron al menos 7,5 millones de venezolanos (y que decantaría en una eventual “hora cero” del gobierno) y habiendo obviado que el chavismo logró imponer a troche y moche su inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (pese a que por wishfullthinking siempre se dijo que no lo haría), la mayoría de los factores opositores decidieron aceptar el premio de consolación que encarnan las elecciones regionales, todo estaba listo para encapsular la diatriba y abortar el objetivo de la salida inmediata del régimen de Maduro. La gente solo se suma a manifestaciones masivas si percibe que su presencia en ellas puede presionar efectivamente al gobierno o transformar en algo la situación política de su país; en caso de que no sea así sencillamente se abstiene de hacerlo. Pasada el agua de esos 4 meses lamentablemente luce que las vías pacíficas o de derecho para lograr un cambio de gobierno se tornan insuficientes, dejando campo abierto a vías de hecho que tienen su correlato en la violencia.

*Nehomar Hernández es periodista y locutor. Tiene una maestría en Ciencia Política y es conductor del programa ‘Y así nos va’, de Radio Caracas Radio.

 

María Verónica Torres

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Por la miopía de la dirigencia opositora, aunada a discursos grandilocuentes que fomentaron expectativas de cambio político difíciles de cumplir, y terminaron defraudando las esperanzas del pueblo y permitiendo el avance del Estado comunal. Hubo un divorcio entre el discurso político del liderazgo opositor del inicio de las protestas –desconocimiento de instituciones– y el del final de las mismas –dinámica electoral–. Como consecuencia, parte importante de la sociedad civil duda ahora de su sensatez les retira apoyo a los partidos políticos. Esta incoherencia en el discurso es el resultado de dos asuntos: la moralidad totalitaria del gobierno y la falta de preparación de nuestros políticos. La maquinaria propagandística de este tipo de gobiernos ataca la verdad como fuente del entendimiento social. Sin una verdad que unifique a la ciudadanía entre sí y con los partidos políticos, se imposibilita la cohesión social, de ahí la necesidad de censurar medios de comunicación y otros males. Es por ello que en Venezuela existe una dicotomía entre la realidad que vive el pueblo y lo que se presenta en la opinión pública. En estos fenómenos políticos la oposición suele verse envuelta en una red esquizofrénica de mentiras y miedo porque es la dinámica social impuesta, de ahí que se requiera una visión estratégica seria que sirva de muro de contención. La manera de romper con esta dinámica es la vuelta a la sensatez en el discurso público, que comienza por la aceptación de las propias incapacidades; la  profunda reflexión de la realidad política, social y económica; y la apertura a escuchar  lo que les demanda la sociedad civil. A la vez de una desintoxicación de aspiraciones personales irrealizables de acuerdo a la naturaleza política del gobierno. La clave, como todo en la vida, es la sensatez.

*María Verónica Torres es directora de la Escuela de Derecho de la Universidad Monteávila.

Carlos Benucci

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Lo primero que debo dejar sentado es que entre de los actores que fallaron, definitivamente no está el pueblo venezolano. Por más de tres meses la gente lo arriesgó todo, hasta la vida, por acabar con esto de una vez. Sin embargo, si no se dio no fue por ellos. La gran responsabilidad la tienen los sectores políticos democráticos. En primer lugar, creo que reducir las decisiones políticas a sólo partidos fue un error, pues la partidocracia en dictadura no es positiva. Había que abrir el compás y escuchar a otros sectores de la sociedad civil, que tenían también legitimidad, fuerza y convocatoria, y eso no ocurrió. En segundo lugar, la poca capacidad de generar consensos alrededor de la MUD demoraba y retrasaba la comunicación de las líneas y de las acciones que la sociedad civil esperaba; esto fue un factor que desgastó a la gente, pues esperaban respuestas que se daban a destiempo. En tercer lugar, hubo una grave falla comunicacional en cuanto a lo discursivo: hubo partidos, voceros y personalidades que se rasgaron las vestiduras diciendo que vivíamos en una dictadura, hicieron que la gente se lo creyera, pero realmente no estaban muy convencidos de ello. Digo esto por lo que fueron las acciones siguientes: la sumisión ante las decisiones de la ANC, la decisión de ir a las regionales y la falta de convocatoria a la calle y de nueva alternativas de protesta. Esto hizo que la misma gente que hacía 3 meses estaba dispuesta a dar la vida por el país, no se arriesgara ni siquiera a asistir a un pancartazo.  La creación de una expectativa de salida del régimen fue tan alta y las acciones tan desenfocadas con el objetivo, que la gente se desilusionó. Faltó mayor contundencia, mayor capacidad de respuesta, mayor capacidad para generar consensos y líneas claras, y, por supuesto, mayor articulación e inclusión con sectores políticos de la sociedad civil. Definitivamente no hemos perdido, pero sí nos empataron la partida en el 9no inning y hoy estamos en extra inning y somos el equipo visitante.

*Carlos Benucci es estudiante de VII semestre de Sociología en la UCV y Secretario General Adjunto de la FCU.

Luz Mely Reyes

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo creo que la pregunta planteada se responde por sí misma, porque los objetivos de las manifestaciones eran: la convocatoria a elecciones, la liberación de los presos políticos, la apertura de un canal humanitario y el restablecimiento de la Asamblea Nacional. En ningún momento la hoja de ruta que se había planteado la MUD tenía que ver con alguna salida del gobierno. Y esto se debe a distintas razones. Porque si lo que se buscaba era un restablecimiento y un reconocimiento de las instituciones, no se puede obviar que el gobierno de Maduro, con todo el rechazo que pueda tener, fue electo hasta el 2019 y los comicios presidenciales deben hacerse en 2018. ¿Que las manifestaciones pudieron haber llevado a una negociación? Por supuesto, pero no se va a una negociación sin ánimos de convenir. No se puede solicitar que salga el gobierno porque sí, aun cuando hay violaciones de derechos humanos, aun cuando el gobierno ha cometido errores y ha afectado la vida de todos los venezolanos. Unas manifestaciones no implican una salida. Esa resolución iba ligada a la ejecución del revocatorio, que, lamentándolo mucho, no se realizó. ¿Por qué no cae el gobierno? Simplemente porque ese no era un punto en la agenda. Por otro lado, también influyó, a la hora de presionar de manera más efectiva para lograr una negociación, que las manifestaciones no obedecieran a una planificación. Es decir, los venezolanos, cuando decidieron protestar, superaron a sus dirigentes y los obligaron a improvisar muchísimo. No había ningún plan que especificara cuáles eran realmente los objetivos. Todo se fue dejando a la improvisación, a lo que llaman la estrategia de Eudomar Santos, personaje de una telenovela venezolana, que decía: ‘Como vaya viniendo, vamos viendo’. Además, el gobierno se blindó con la Fuerza Armada, por lo que una protesta pacífica, sin ningún tipo de poder de fuego, frente a un poder que no le tiembla el pulso para reprimir, es difícil que obtenga una resolución favorable.

*Luz Mely Reyes es periodista y co-fundadora de @EfectoCocuyo.

Ramón Guillermo Aveledo

​-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo me planteo, en lugar de ‘¿Por qué no cayó?’, ‘¿Por qué no ha caído?’. Con gobiernos como este, no se puede sacar una conclusión tan definitiva. Yo creo que este gobierno va a terminar, sin duda. ‘Va a caer’, para usar el mismo verbo con el que se me interroga. No ha caído porque ha usado la fuerza por encima de la ley y de las reglas. Para ello, ha tenido un respaldo suficiente de lo que podríamos llamar condición gobernante, que es el partido del gobierno y la Fuerza Armada utilizada como instrumento político-partidista. ¿Y eso por qué ha sido posible? Porque en Venezuela viene ocurriendo un golpe de Estado continuado, por etapas, por capítulos. Lo que venía siendo un gobierno autoritario, poco respetuoso pero dentro de los límites legales y constitucionales, se ha ido convirtiendo, cada vez más, en un gobierno dictatorial, en un gobierno de facto. En Venezuela hay unas reglas para llegar al gobierno y para cambiar el gobierno, que están en la Constitución. Sin embargo, no se han respetado, como en el caso del referéndum revocatorio, que era una manera constitucional de cambiar el gobierno. La Carta Magna tiene también otras normas que se refieren al control del gobierno y que suponen la existencia de un Poder Legislativo autónomo, de un Poder Judicial autónomo, que haya una serie de mecanismos en el Poder Ciudadano para que funcione también con autonomía. Esos poderes durante mucho tiempo obraron sin independencia y esa condición, precisamente, se puso a prueba cuando la oposición ganó la mayoría en la Asamblea Nacional. Esa era una oportunidad para que la AN controlase al Ejecutivo: los presupuestos, el gasto a través de los créditos adicionales y hacer investigaciones. Legislar con autonomía para establecer límites al poder. Fue allí cuando el gobierno empezó esa fase del golpe de Estado continuado a través de una serie de descalificaciones al poder parlamentario y para eso contó con la colaboración del TSJ, elegido inconstitucionalmente por el gobierno en diciembre de 2015 con el fin de garantizarse su apoyo. Esa espiral ascendente desde el Estado de derecho muy imperfecto que teníamos hacia un Estado de mero hecho, en el que predomina el uso de la fuerza, le ha permitido al gobierno seguir en el poder a pesar de no contar con la opinión pública, a pesar de las grandes protestas, a pesar de las presiones internacionales para que se cumplan la Constitución y las leyes. Hasta ahora puede hacerlo porque tiene la fuerza para obligarnos a aceptarlo. ¿Por qué digo yo que no se puede llegar a una conclusión y decir que no cayó? Yo pienso que va a caer porque esta forma de gobernar tiene en sí misma los gérmenes de su propia destrucción. Cuando se permanece en el gobierno por el mero hecho, sin el derecho, ya estamos hablando de la pura fuerza. Tan pronto ocurra un cambio en la correlación de las fuerzas va a entrar en crisis este modelo. Lo que nos espera es una fase de inestabilidad hasta que el país logre una equilibrio nuevo sobre la Constitución y el derecho.

*Ramón Guillermo Aveledo es abogado, profesor universitario y autor de más de veinte libros. Tiene un doctorado en Ciencia Política y fue Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática desde 2009 hasta 2014.