Nadia María: “Búrlate de ti primero y verás cómo nadie nunca se podrá burlar de ti”

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

La Nadia María  es aún más pana en persona de lo que parece en tarima… y pensar que todo ese sentido del humor, y todo ese talento para hacer reír a la gente, estuvo confinado, durante un tiempo, en una oficina del departamento de Recursos Humanos de una empresa de tecnología.

Allí era la encargada de reclutar personal hasta que alguien en Improvisto levantó el teléfono y le ofreció ser parte del elenco. Pero había una condición: tenía que dejarlo todo. Sin garantía de éxito, pero con la certeza de que su lugar en el mundo no estaba frente a un escritorio, Nadia tomó la decisión que, para ese momento, lucía más arriesgada: dejar de trabajar con sueldo fijo.

Todo cambió en aquel mes. Dejó la oficina, comenzó a vivir sola, terminó con su novio y empezó a dedicarse a la improvisación. Un período convulso que, sin embargo, tuvo un final feliz.

En la actualidad tiene la responsabilidad de dirigir, producir y actuar en el mismo show que años atrás veía desde público y con el que soñaba, algún día, formar parte para vivir la experiencia desde el otro lado del teatro.

Hace ya unas semanas tuvimos la oportunidad de conversar con ella y esto fue lo que nos dijo:

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Trabajaba en Recursos Humanos en IBM. Era el cliché de una persona de Recursos Humanos: o sea, era la gorda de la oficina que reclutaba personal. Eso era yo (risas), antes de llegar a Improvisto.

–¿Cuándo y por qué decidiste apostar por la comedia, por la improvisación?

–Yo comencé en la comedia con la técnica de clown, porque era voluntaria de Doctor Yaso. De ahí me fui conectando con la improvisación y comencé con el Impro Match.

Yo ya veía Improvisto porque Impro Match era como el equipo chiquito de Improvisto, como la liga B, y yo ya quería estar en Improvisto. Iba a todas las funciones. Siempre decía: quiero estar ahí. Justamente cuando estaba trabajando en IBM me llamaron y me preguntaron si quería estar en Improvisto, pero tenía que dejarlo todo.

–¿Y podías, económicamente, dejarlo todo?

–No, pero lo hice, porque yo sabía que mi lugar no era en una oficina, porque estaba sumamente frustrada y dije: ‘Mira, ya está, con la liquidación puede que viva un rato’. Fue un momento de cambio completamente. Yo dejé de trabajar con sueldo fijo, me vine a Improvisto, comencé a vivir sola y terminé con mi novio, con el que tenía como seis años. Todo me pasó en el mismo mes. Pero ya… Todo salió bien.

–¿Eras introvertida o extrovertida?

–Creo que soy las dos cosas, y siempre ha sido así. Ahora quizá soy mucho más extrovertida que introvertida, pero siempre fui las dos cosas. Según el contexto donde estuviera era una o la otra. En un contexto de confianza soy absurdamente extrovertida y cuando no, soy absurdamente lo opuesto. Es como un tema de lo que quiero en el momento. Es decir, si en el momento me da flojera hablar con la gente, soy la persona más introvertida del mundo entero

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–Se puede aprender. Yo creo que existe la gente que nace con eso y esos ya tienen una ventaja. Tú puedes aprender a ser cómico y vas a ser un cómico de librito, como digo yo. Con trabajo, no se te va a notar. Pero tienes que trabajar el triple de lo que trabaja cualquier persona. Y también tienes que entender cuando no lo puedes hacer y ya. Es decir, ¿se puede aprender? Sí, pero no todo el mundo.

–¿Cómo es tu día a día y cómo es un día de función?

–Mi día a día es una corredera absurda. Yo siento que desde que estoy en el mundo de la comedia trabajo más que cuando estaba en una oficina. Yo produzco Improvisto, soy directora de Improvisto, soy actriz de Improvisto… Entonces estoy todo el día en este tema: reuniones con clientes, vendiendo funciones privadas. Hasta hace nada hacía radio, entonces también tenía que dedicarle su tiempo…

Un día normal mío es trabajar, es entrenar, porque entreno, ¡gracias! (risas)… hago ejercicios y ensayo con Improvisto.

Un día de función es: descansar todo el día hasta que tenga que venir al show.

–¿Tienes algún ritual prefunción?

–Creo que me paso el suiche cuando me estoy maquillando: en esos cinco minutos que me siento frente al espejo ya comienzo a meterme en el mood de actriz. Cuando me pongo la braga hago un par de estiramientos, siempre muy muy individual, y me empiezo a conectar con el juego yo con yo. Y luego hacemos nuestro ritual del grupo completo y vamos con todo. Pero no es taaaaan un ritual así que tenga. Es súper sencillo.

–¿Qué es lo más difícil a la hora de improvisar?

–Creo que estar pendiente de todo lo que pasa. Para mí un buen improvisador tiene el cerebro fracturado como en mil pedazos y tienes que hacer millones de cosas a la vez. Tienes que llevar la historia, tienes pensar en la propuesta que vas a hacer y escuchar las propuestas de tus compañeros, tienes que ver lo que está pasando en el público, tienes que ver qué hace falta o qué sobra en el escenario, tienes que ver cuándo puedes lanzar una buena propuesta… Hacer todo eso al mismo tiempo, sin que se te note, para mí es lo más difícil y creo que cuando un improvisador llega a ese nivel ya está consolidado.

–¿Qué haces para mejorar día tras día?

–Veo mucha comedia, trato de leer un montón, siempre estoy indagando. Cuando viajo, intento ver ideas del lugar al que voy, tanto de impro como de stand-up, que son las dos cosas que yo hago.

De vez en cuando, muy esporádicamente, dicto un taller para nutrirme de la gente que lo cursa, porque no hay nada más bueno para enriquecerte que la pureza con la que entran las personas a hacer un taller, porque entran sin vicios. Entonces ahí tú ves qué se está viendo en el momento, sales del cajón de Improvisto, porque somos una secta y todos pensamos y hablamos igual. Ahí ves un montón de cosas y todo eso te va nutriendo.

Y, obviamente, estudiar muchísimo. El Internet ayuda mucho, cuando hay (risas).

–¿En qué te estás fijando ahorita?

–Por ejemplo: ahorita llegué súper fiebrúa porque estuve recientemente en Los Ángeles (Estados Unidos) y fui al UCB, que es una escuela de improvisación allá, de donde salió Chelsea Peretti. Estuve como en cuatro shows y vine loca del nivel de impro que estaban haciendo.

Me compré el libro de técnicas de improvisación de ellos y ahorita estoy como descubriendo… O sea, hay como un paso por encimo del clásico “Yes I do” de la improvisación. Entonces es como ‘Wow, esto es como un reload de lo que ya sabemos de la impro’. A parte de que nosotros conocimos la improvisación por un argentino que lo trajo para acá y lo fuimos puliendo.

–¿Qué viste que nos pudieses contar?

–Vi dos shows que me encantaron. El más pro de ellos, que justamente es de donde viene Chelsea Peretti y toda esta gente, es un long-form clásico, pero el nivel de impro que ellos estaban haciendo ahí era increíble. ¡Ver cómo la capa de chiste no era la primera! Hubo una cosa que me resultó demasiado significativa, porque a mí en Improvisto me chalequean… es decir, yo soy un chiste fácil para todos los actores de Improvisto: yo salgo a escena y con meterse con mi gordura ya tienen y hay un chiste en el público y eso es así. Ya tengo experiencia con eso y no me molesta. Pero en el show que vi había una improvisadora que es increíble, que es una gordita que siempre tiene como una matica de coco en el pelo, y ella sale al escenario y lo primero que yo pienso cuando ella sale es justamente en el chiste que me hubiesen hecho a mí si hubiese sido yo la que hubiese salido en Improvisto y eso pasó desapercibido y vino una capa superior a ese chiste y fue y que: ‘Okay, es aquí donde deberíamos estar nosotros en este momento’. Me encantó ese.

Y me gustó otro de Impro que los disparadores eran música que la gente tenía en el celular. Le pedían el celular al público y había como un DJ que iba mezclando, entonces esos eran los disparadores para hacer las improvisaciones y me pareció increíble lo que pasaba con esa música.

–¿Cúales han sido tu mejor y tu peor momento en el escenario?

–Yo creo que los buenos momentos son muchos. Evidentemente, la primera vez que jugué fue mi mejor momento en escena porque yo deseaba estar en este show desde que tengo uso de razón. Estaba súper nerviosa, pero tienes un equipo que no te deja morir y eso es una tranquilidad que no te da el stand-up. En el stand-up te mueres ahí de un infarto y ya (risas).

Otra, sin duda, fue la primera vez que tocamos suelo en Miami y agotamos esa función. Fue increíble sentir el público. La primera vez que agotamos el Aula Magna en la central fue otro momento en el que se te aguan los ojos en la tarima… Hay un montón así.

Y malos momentos… creo que cuando no estás conectado con el juego, que es como que le ves la costura a todo. Es como: ‘Dios mío, esta puede ser, lejos, la peor función que hemos tenido en la vida’. Para mí, ese momento fue en Costa Rica: era un público que no hacía click con nosotros, o yo no sé si eran otro tipo de persona…

–Ese es el riesgo de hacer giras, ¿no?

–Claro, porque aparte nosotros estábamos invitados en un festival y había mucha gente de Costa Rica, entonces había que buscar la manera de adaptar este idioma para la gente de Costa Rica y ellos no son eufóricos como el venezolano, sino que son mucho más pasivos. De hecho salimos y fue y que: ‘Buen show, buen show’. Y nosotros y que: ‘Pero no demostraron que era bueno (risas)’. Ese, creo, fue uno de los peores shows de mi vida. Al menos el que más me costó.

–¿Tu género favorito de Improvisto y uno que no te guste tanto?

–Mi género favorito es ‘Contrarreloj’, que es uno que se hace en tres tiempos: se hace una presentación de cuatro minutos, luego de dos minutos y luego de un minuto. Y el otro es ‘Musical’. A pesar de que no canto, me gusta mucho porque yo soy una rapera frustrada. Entonces cada vez que tengo oportunidad de lanzarme una lírica (risas), lo hago.

–¿Vives de esto?

–Vivo de esto absurdamente. Completamente vivo del humor gracias a Dios. Vivo de Improvisto y del stand-up. Esas son las dos cosas que hago y espero vivir de eso hasta que me muera, porque no pienso regresar a una oficina por ahora.

–¿Improvisto en una palabra o en una frase?

–Trabajo.

–¿Un hobby?

–Comer.

–¿Una canción?

–No Rain, de Blind Melon.

–¿Artista?

–Pharrell.

–¿Película?

–Uff. Creo que la saga de Harry Potter siempre será mi película, pero estoy demasiado con La la land ahorita. Es que vengo de Los Ángeles, entonces todo es La la land allá. A parte de que descubrí por qué la película se llama La la land.

–¿Por qué?

–Se llama La la land porque a la gente de LA (Los Ángeles) le dicen que anda en las nubes y todos son “La la land”. O sea, el ‘La’ es de LA (Los Ángeles). Lo usan cuando, por ejemplo, te preguntan algo y tú respondes y que: “No, es que yo prefiero el café de la esquina (voz de sifrina)”. Entonces te dicen: “Tú y tu La la land”.

–¿Serie?

–Game of Thrones.

–¿Actor?

–Leonardo Di Caprio. Y actriz: Susan Sarandon.

–¿Frase?

–Búrlate de ti primero y verás cómo nadie nunca se podrá burlar de ti.

–¿Comida?

–Papitas fritas.

–¿Ídolo?

–Creo que Jerry Seinfeld es uno a juro, por todo lo que significa, y de acá, Emilio Lovera, porque trabaja incansablemente.

–¿Alter ego?

–Una asesina (risas).

–¿Un libro?

–El último libro que me compré es el de Técnica de Improvisación de UCB y el último que me leí fue Una Vacante Disponible, de J.K. Rowling, que también es bueno. Una novela para adultos que está buena, buena, buena.

 

Asdrúbal Oliveros: “Ni el narcotráfico es tan rentable como el dólar a 10”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Desde las oficinas de Ecoanalítica, Caracas se ve habitable, bonita y hasta próspera. El gran ventanal de su sala de reuniones da precisamente para La Castellana, zona de mucho verde y edificios bajos, coronada por un Ávila majestuoso. Casi al frente, el movimiento de máquinas sobre un terreno de tamaño considerable anuncia que en unos años habrá allí erigida la torre de una aseguradora. Y si uno se quedara con la imagen de ese instante, Caracas sería una señora capital que aparte de ser bonita, progresa. Mera ficción que se derrumba a los minutos, al conversar de economía con el director de la consultora, Asdrúbal Oliveros. La que en principio iba a ser una entrevista de una pregunta para #SurfeandoLaCrisis, terminó convertida en un considerable y muy didáctico coloquio sobre la situación real de Venezuela. Había que aprovechar: no todas las tardes se tiene en frente a un economista que se sabe explicar y hacerse entender. Y aunque estaba en la víspera de un viaje y con un sinfín de tareas encima, Oliveros sacó tiempo para contestar varias de nuestras muchas inquietudes. A continuación, una entrevista de lectura imprescindible para saber por qué estamos cómo estamos y qué podemos esperar para el futuro reciente:

-Asdrúbal, ¿fue la de los años recientes la mayor bonanza económica de la historia de Venezuela?

-Mira, de alguna forma sí. Porque las bonanzas previas, aunque en términos reales cuando las deflactas fueron un poco más grandes, no duraron tanto. Esa es una que comenzó en 2004 y se alargó hasta 2008, fue bastante larga.

-Ahora, si eso fue así, ¿qué lógica tiene, cómo se explica, que en los años de mayor bonanza nos hayamos endeudado tanto y estemos a punto ahora de entrar en ‘default’?

-Eso es un tema que tiene muchas aristas. Durante los años del control de cambio, que arrancó en 2003, el gobierno diseñó un sistema en el que usaba el apetito de la gente por tener dólares para endeudarse “barato”. El sistema pernicioso que el gobierno generó fue el siguiente: emitía deuda, y esa era una manera que la gente tenía para tener dólares. Y fue el peor endeudamiento posible: tú generabas un pasivo del Estado (que hoy nos está siendo bastante pesado), y esa plata no se reinvertía en el país o servía para financiar planes de desarrollo, sino que principalmente terminaba en el bolsillo de muchos venezolanos, que lo que hacían era sacarla del país. Entonces, ¿cuál es la realidad que tienes hoy? Un país con una posición externa extremadamente vulnerable, prácticamente sin liquidez, sin dinero, sin dólares, endeudado y sin capacidad de responder a esa deuda. Por eso caemos en el default. Pero a su vez, tienes un sector privado y unos particulares con mucha plata afuera. Porque esa es la otra realidad: el sector privado venezolano y los particulares, durante el boom, lograron sacar mucho dinero. Nosotros calculamos que el sector privado tiene fuera de Venezuela el equivalente a más de 320 mil millones de dólares. Eso en este momento es casi el tres veces PIB de Venezuela. De hecho, esa plata que tienen muchos privados afuera y muchos particulares ha sido uno de los mecanismos de mucha gente para poder sobrevivir a la crisis: han tenido que cambiar esos dólares para poder soportar estos años de dura crisis. Y esa plata, una muy buena parte de ella, salió vía endeudamiento, lo cual es un total sinsentido.

-¿Es eso lo que llaman fuga de capitales?

-Tiene que ver con fuga de capitales, sólo que fue una fuga de capitales que se financió con deuda, y fue más perniciosa. Porque terminas teniendo un estado endeudado, con altísimos pasivos, y no le ves el queso a la tostada a ese dinero: desarrollo, infraestructura, vialidad, etc. Venezuela debió haber estado a la cabeza de América Latina en cuando a desarrollo por el boom que recibió y el endeudamiento en que se comprometió, y eso no es así: porque terminó en bolsillo de particulares afuera.

-¿En verdad existe un dólar a 10 bolívares o es un mito?

-Existe y es una distorsión. Para que tengas una idea: el 91% de las importaciones del Estado se hacen a 10 bolívares por dólar. Y cerca de un 22% de las privadas se hacen a 10 bolívares por dólar. Esas son cifras de 2017. Cuando tú ponderas eso: por tamaño, lo que es el sector público, el sector privado, te termina dando que cerca el 84% de las importaciones del país se financian con dólar a 10.

-Pero eso no se ve reflejado en los precios de la calle…

-Bueno, porque ese 84% que se importa a 10 queda finalmente diluido por corruptelas, ya que muchas de esas importaciones no tienen impacto directo en los anaqueles y en la red de abastecimiento, porque muchas de ellas son importaciones del sector petrolero y de empresas estadales, o son las cajas Clap. Entonces, al final la peor distorsión que tienes en esta economía, entre muchas, es que el grueso de las importaciones son a 10, pero el marcador es el dólar negro, que aunque financia la mitad de las importaciones privadas, eso es alrededor de un 14-15% del total. Entonces, ese 15%, que te puede parecer poco, se convierte en el marcador de una economía con todas las distorsiones que eso genera.

-Ahora: me dan un dólar a 10, lo vendo a 80 mil en el mercado paralelo y tengo para comprar 8 mil dólares a diez. ¿Hay en el mundo un negocio más rentable que ese?

-Yo te diría que no. Ni siquiera el narcotráfico es tan rentable, porque además es ilegal y quien lo hace se juega la vida. Con el dólar a 10 no, porque tiene una estructura legal que lo ampara. De alguna manera, es un sistema de protección que lamentablemente está detrás del Estado. Y por eso es que también, y yo siempre lo digo, el control de cambio no lo puedes ver desde la lógica económica. Por supuesto, yo soy economista y entiendo que lo tienes que quitar y todo lo que uno siempre dice. Pero al final, el gobierno, cuando uno intenta entender por qué lo mantiene y no lo quita, es porque la lógica es política. Hay una cantidad de actores y de grupos que se están alimentando de esto, y que para Maduro es muy difícil quitar. Al final tiene que ver con cuotas de poder.

-¿Son siempre malos los controles?

-Mira, yo siempre he dicho que el control de precios es uno de tres trillizos: el control en sí, la corrupción y el arbitraje. ¿Qué es el arbitraje? Eso que tú acabas de describir. Ni que pongas al Papa Francisco a administrar las divisas podría hacerlo correctamente ya que el incentivo es muy grande. Si a mí me venden a 10 pero yo sé que tú estás dispuesto a pagar a 80 mil, yo tengo todos los incentivos para venderlo. Lo mismo pasa con la harina, con los productos regulados, etc. Toda estructura de control en la que el precio es ficticio y está por debajo de la estructura de costo termina en estos sistemas de mercado negro. Efectivamente, hay mucho de corrupción en este proceso. Nosotros hicimos un estudio, que lamentablemente no hemos podido actualizar porque no se ha actualizado la data del BCV. Pero entre 2003 y 2012 calculamos que la sobrefacturación de importaciones era más o menos equivalente a 69,5 millardos de dólares. Es decir: son importaciones que se declararon pero no llegaron. Y tienen que ver con este sistema. Y ya de mucho antes esto venía ocurriendo. Y fue prácticamente desde que nació el control.

-Ahora, en el caso específico del control de cambios, que Venezuela no es el único país que lo tiene y hay algunos en los que hasta pareciera que funciona. ¿Son necesarios? ¿Son una buena medida?

-Los controles de cambio no son buenos ni malos: son una excepción. Hay momento en los que los tienes que aplicar, pero en cosas de muy corta duración. Obviamente, Venezuela en 2003, después de la paralización de la industria petrolera, lo necesitaba. Pero ya por ejemplo en 2005 o 2006 era lógico quitarlo: tenías una economía con bajo riesgo país, Chávez iba a su reelección, la oposición iba al proceso, tenías activos en reserva para defender el tipo de cambio, etc. Pero Chávez decidió no hacerlo porque el control de cambio es un arma política muy poderosa, que le permitía tener sometido al sector privado al Estado; adicionalmente, le permitía al Estado financiarse muy barato, porque como esos bolívares quedaban represados internamente, el Estado se apropiaba de ellos para su financiamiento. Entonces fue una decisión estrictamente política mantener el control de cambio más allá del tiempo prudencial que lo ameritaba.

-Vayamos al otro extremo del control: Dólar Today, ¿el dólar cuesta lo que dice esa página?

-Mira, es un tema complejo que tiene que ver un poco con el dólar al que puedes acceder. En una economía en la que funcionaran las cosas bien y estuvieran medianamente sanas y con los desequilibrios más o menos ordenados, el tipo de cambio no sería esa distorsión tan terrible, que no hay quien pueda aguantar. Pero es que Venezuela está lejos de ser eso. Entonces, la única forma en la que tú puedes aspirar a tener un tipo de cambio de alguna manera que responda más a condiciones de país, de oferta y demanda, un tipo de cambio sano, tiene que pasar necesariamente por cambiar el modelo político y económico. Con este no es posible.

-¿Todo pasa entonces por un cambio de gobierno?

-Yo ya soy escéptico de que Maduro pueda implementar las reformas que la economía requiere para superar este problema. Hasta ahora se ha negado y no parece dispuesto. Y el tiempo pesa. Cada día que pasa se profundizan las distorsiones y hace pensar que el tipo de cambio que termine quedando, en una economía abierta de mercado, va a ser cada vez va a ser más alto, así no sea Dólar Today.

-Entre 10 y 84 [NDLR: precio del dólar el día de la entrevista], ¿el verdadero estará más cerca de…?

-Es que es muy difícil saberlo, porque tiene que ver con las reformas que tú apliques. Pero yo te diría que si de alguna manera haces un plan amplio de reforma, y también depende de un factor clave, que es plata: si obtienes liquidez, dólares para defender la moneda, el tipo de cambio va a ser mucho más bajo. Lo que sí vas a tener inicialmente, y ese es un efecto psicológico importante, es que cuando liberes la moneda, el tipo de cambio, la tasa, se va a pegar, va a seguir a la paralela, porque es la de las expectativas, y luego, dependiendo de las políticas que se implementen, esa tasa paralela va a ir cediendo. ¿Hasta dónde puede ceder? Va a depender del compromiso de los ‘policy maker’, de los que están allí detrás, en las reformas, en la plata que logren levantar. Entonces puede ser que la caída sea muy abrupta o muy lenta. Por eso es muy difícil decir cuánto va a ser el tipo de cambio. Ahora, lo que sí te puedo decir, 100% seguro, es que va a seguir siendo mucho menor de lo que dice Dólar Today

-¿Venezuela es recuperable, Asdrúbal?

-Bueno, mira, yo creo que todos los países son recuperables. La historia está llena de ejemplos de países devastados que se levantaron y hoy son potencia. Y así como los países no tocan fondo, tampoco están condenados al fracaso per se. Eso para mí es fundamental. Ahora, hay cosas que se van a recuperar más rápido que otras. Yo creo que nos queda todavía una especie de bono, de bendición celestial, de unos 30-40 años, en los que el petróleo va a seguir jugando un rol importante como fuente energética, y tenemos que aprovecharlos para hacer las transformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales del país. Porque probablemente después de 30-40 años ya el petróleo no va a ser lo que era, y tendremos que aprender a vivir de otras cosas y hacer ese salto a una sociedad post-petrolera, que hoy Venezuela no está preparada para eso. Entonces, ese es un reto que tendremos en frente.

-¿Cómo sería esa recuperación del país?

– Venezuela va a requerir varia etapas: una primera de emergencia y de estabilización, y luego otra reformas más profundas y estructurales. Esto quizás suena cínico, pero como estamos tan caídos en el foso, que en la medida en la que uno empiece a hacer las cosas bien va a ver rápidamente los cambios. En una economía que está en este grado de deterioro, hay muchos elementos en los que en el mismo día uno vas a ver cambios. Eso no quiere decir que de la noche a la mañana Venezuela se vaya a recuperar, pero creo que lo que falta, y por eso hay tanta desesperanza, es esa senda, esa luz al final del túnel que te diga: vamos corrigiendo cosas para enrumbar al país. Y eso es posible: pero insisto con otro modelo político y económico, que no tenemos en este momento, y es el principal escollo que hay actualmente.

-Hay nuevo gobierno, forman gabinete, te nombran Ministro de Economía, ¿cuáles deberían ser las medidas a tomar?

-Para mí hay 5 frentes claves a los que deberían estar orientadas las medidas. El primero, el cambiario: ir a un proceso de unificación cambiaria, de una sola tasa competitiva de mercado. El segundo, el fiscal, que pasa por una reforma importante del Estado y tiene que ver con elementos institucionales también, porque tienes un estado hipertrofiado y con un déficit descomunal con el que es imposible tener una economía y unos indicadores sanos. El tercero, el precio: hoy el principal elemento de distorsión de la economía, y sobre todo para la gente, es la inflación, entonces parte importante de ese plan es estabilizar precios y reducir la tasa de inflación; yo diría que esa debe ser la prioridad dadas las condiciones de precariedad que tiene mucha gente hoy en Venezuela: hay obligatoriamente que recudir el tema inflacionario, y eso pasa por una reducción de controles, el rol del sector privado, el tema  productivo, el tema importador. El cuarto, el frente petrolero, que es medular y pasa por una reforma importante de PDVSA: volverla a llevar a su rol clave, que es la producción de crudo. Y por último, pero no menos importante, el tema social: tienes una crisis social grave y tú no puedes estabilizar la economía si no ofreces una política social que ayude a personas vulnerables que en las condiciones actuales no se pueden sostener por sí mismas y están en la pobreza extrema.

-¿Eso no son las misiones y el carnet de la patria?

-No. De ninguna manera: yo hablo de una política social distinta, no clientelar, que no esté atada a la devoción al partido/Estado, sino que de alguna manera le permita a la gente superar la pobreza: transferencias directas, empoderamiento del ciudadano, temas de emprendimiento;  eso es fundamental, es un eje clave, porque si no logras resolver el tema social, cualquier gobierno que venga a futuro no va a tener estabilidad política, entonces eso te va a generar una tensión, una fuente de conflicto importante, que si eres pragmático y con visión de futuro, debes minimizar.

-Ahora, el argumento de mucha gente para mantener los controles es que si se liberan los precios estos se dispararán y llegarán a la estratósfera. ¿Es eso cierto?

Mira, eso era hace algunos años. Si me hubieras hecho esa entrevista en 2012, probablemente te hubiera dicho que es un peligro. Hoy ese peligro no existe: muchos de los precios que ves en las calle, más allá de la bolsa Clap, son más caros de lo que verías en una economía libre. La gente ya está pagando unos precios exorbitantes. Entonces yo más bien creo que una de las consecuencias positivas que tendría una liberación de precios es que muchas cosas o pueden bajar o por lo menos no van a seguir creciendo. Porque hoy todo está marcado por la escasez y la distorsión cambiaria, y todo está atado a las expectativas cambiarias: si tu expectativa es que el $ en una semana está en 100 mil y en 6 meses en 500 mil, te podrás imaginar por donde irán los precios. Ahora, si yo postulo una política cambiaria en la que logro estabilizar un tipo de cambio, eso va a tener una incidencia. De modo que yo no comparto esa tesis. Yo creo que con un programa de estabilización, más bien, en promedio los precios van a bajar.

Ahora, hay cosas que están muy rezagadas: servicios, por ejemplo; eso lo tendrán que ajustar. Pero lo que a la gente más le afecta, que son alimentos, no necesariamente va a tener un salto importante. Pero sí vamos a tener que pagar por los servicios. En el caso del tipo de cambio es lo mismo: con una política coherente en la que el tipo de cambio responda al mercado, tampoco es que vas a tener unas salidas ingentes de capitales, porque tampoco es que haya muchos capitales para salir. Pero digamos que tiene que ver con cómo comunica. Por eso uno de los roles fundamentales en cualquier equipo de gobierno que llegue acá, primero es la credibilidad, que la gente perciba que están preparados para llevar a cabo las reformas, el compromiso de ese equipo con las reformas, y la estrategia comunicacional, porque eso es lo que te permite moderar la expectativas.

-¿Cómo ve Asdrúbal Oliveros el 2018?

-Mira, yo te diría que lamentablemente depende un poco de las condiciones políticas. Si seguimos en este modelo no hay perspectiva de mejora. 2018 es un año en el que van a estar 3 elementos económicos claves que hacen pensar que va a ser un año muy complicado, más incluso de lo que hemos tenido: la hiperinflación, el default de la deuda y la fuerte caída de la producción petrolera, que no se detiene y que afecta el flujo. Esos 3 factores conviven. Y agrégales una crisis social latente que está creciendo. El problema del transporte, del efectivo, de la bombona de gas. Al final la gente ha perdido total calidad de vida y eso es una bomba de tiempo que de alguna manera va a generar un clima de tensión. Y en el medio de esa crisis económica y social tienes un contexto político en el que el gobierno va a buscar la reelección. Ese es el cuadro que tienes. Va a ser un año muy complejo y muy difícil, con muchos elementos de incertidumbre, pero creo que en lo que son números económicos yo no tengo lamentablemente para pensar que vayamos a tener algún desempeño positivo.

Jonathan Collet: ‘Uno está acostumbrado a negar y en la improvisación siempre hay que decir sí’

Jonathan Collet (@jotylodije) está convencido de que a este país, entre otras cosas, le hace falta gente que haga lo que le apasione. Él tomó esa decisión hace casi diez años y desde ese momento se ha dedicado a las artes escénicas. Luego de comenzar con una compañía en el CELARG y de graduarse en la Escuela de Teatro Musical de Caracas, Jonathan trabajó en un show de improvisación con @yasirijilla, conoció a @lanadiamaria y el destino hizo el resto: tuvo la oportunidad, como invitado, de participar en algunas funciones de Improvisto la temporada pasada y hoy en día ya forma parte del elenco.

En esta entrevista, Collet cuenta cuál es su ritual antes de cada show (en el que a veces incluye algún tipo de meditación), explica qué es lo más difícil a la hora de improvisar y afirma que, “aunque suene muy místico”, ahorita en este país necesitas, a juro, encontrar lo bueno en todo lo malo.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Estoy dedicado al teatro desde el 2009 más o menos. Comencé en una compañía en el CELARG. Estuve 5-6 años ahí y luego me gradué en la Escuela de Teatro Musical de Caracas. En paralelo a eso la improvisación llegó a mi vida. Y, bueno, yo soy como el ‘nuevón’ del grupo ahorita. Llevo nada más esta temporada.

–¿Cómo entraste al elenco?

–Por recomendaciones. Me empezaron a ver mientras estaba en otro show de improvisación, que era Impro Teatro, y allí tuve la oportunidad de trabajar con Yasirijilla y conocer a Nadia. Uno en este medio a fin de cuentas conoce a todo el mundo. La temporada pasada me llamaron como invitado y ahorita me dieron la oportunidad de estar fijo con ellos.

–¿Eres introvertido o extrovertido? 

–Yo soy más salido que una gaveta, más salido que un balcón (risas). Suelo ser más reservado con mi vida privada a veces, pero normalmente en este medio, en el que uno se siente tan cómodo y está tan tranquilo, yo soy más salido que el carrizo.

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–Mira, no sé si a ser cómico. Esa es una de las cosas a las que yo siempre le he tenido mucho respeto. Como te digo, yo me formé como actor de teatro, no como comediante ni como improvisador. Y una de las cosas que a mí me parecen más peludas es hacer comedia. De hecho le tengo mucho respeto y mucho miedo a la comedia, pero creo que sí se puede conocer la técnica y ver qué es lo que te funciona. Yo siento que cada quien tiene su humor y tiene como su gancho.

–¿Cómo es tu día a día y cómo es un día de función?

–(Risas) Mi día a día es una locura. Yo también bailo y estoy en un staff de profesores de una escuela. Entonces mi rutina es estar todo el día metido con el arte. Estudio también en las mañanas. Así que en las mañanas voy a clases, luego voy para la escuela, donde me la paso bailando como hasta las 10 de la noche y de ahí a mi casa a lavar ropa, a cocinar, los quehaceres normales del hogar…

Y en un día de función trabajo también a veces. Por ejemplo, los sábados me toca hasta las 3-4 de la tarde y después de ahí a patear calle, a agarrar autobús y llegar para acá (Torreo BOD). Yo soy de los que trato siempre de estar súper temprano porque me gusta estar en las tablas, y eso también lo aprendí como parte de la formación que tuve cuando comencé a hacer teatro: sentir el ambiente y estar con el grupo. Pienso que esos momentos son muy importantes.

Es agotador, pero es divino a fin de cuentas, porque es lo que a uno le hace feliz, y el cuerpo lo agradece.

–¿Tienes algún tipo de ritual prefunción específico?  

–Coye, dependiendo del día. Es decir, sí me gusta calentar mucho el cuerpo, también por el hecho de que tengo formación por la parte de baile y me parece demasiado importante ese aspecto y más en Improvisto, que tienes que estar dinámico porque si te apagas el público simplemente te elimina. Mi ritual normalmente es, como te digo, llegar a las tablas, sentir el ambiente del teatro… Yo soy bien místico con eso. Si me siento como flojo con la voz, de repente caliento un poco esa parte. Si siento algún tipo de molestia, trato de calmarme, de hacer algún tipo de meditación para relajarme. De resto, nada, empezar a compartir con la gente porque yo siento que eso en tarima se nota demasiado.

–¿Qué es lo más difícil a la hora de improvisar?

–Una de las cosas que a mí me pasó cuando comencé a hacer impro es que me empecé a dar cuenta de que uno está acostumbrado a siempre negar y que el principio de la improvisación, por el contrario, es decir siempre: “sí y…”. O sea, es agregar y buscar qué hay más allá. No sé si lo más difícil, pero lo que más se me complicó al principio, y que es lo que normalmente más se le complica a la gente, es precisamente eso: aprender a aceptar y a no negar tanto. Y la escucha: uno aquí siempre tiene que estar conectado y atento, tener los sentidos totalmente abiertos.

–¿Ese “sí y…” es la clave para ir en contra de la sociedad?, que quizás reprime la creatividad…

–No sé si ir en contra. Mas bien creo que la clave está en utilizar esa fuerza a favor de uno, precisamente como un “sí y…”. Utilizar esa negación que te da la sociedad y darle la vuelta a la tortilla.

–¿Qué haces para mejorar día tras día?

–Uno como actor, no sólo como improvisador, tiene una herramienta que para mí es mágica, que es observar. Yo soy burda de freak por la calle y voy observando gente. Yo soy de los que ve a alguien muy particular en la calle y necesita escanearlo, ver por qué es así. Eso te va nutriendo… Ver películas, ver documentales, leer sobre ejercicios o grupos de improvisación afuera del país… En verdad todo te nutre como persona, como ser humano, como improvisador, como actor, como doctor, como lo que sea.

–¿Mejor y peor momento en tarima?

–Hubo una función hace unas semanas que el título era “¿Para qué está el culo, sino para darlo?” y, claro, la gente normalmente se va por lo común, por el chiste tonto, y nosotros le dimos la vuelta y estábamos hablando del culito de las empanadas. Era una fábrica de empanadas y tal… y yo cerré la historia con un: “Mi abuelo siempre lo decía: que el culo está para darlo” y la gente como “¡Wow! ¡Le diste la vuelta!”. Eso fue brutal.

Y uno así nefasto… Berro, no sé. Es que creo que hasta los nefastos uno se los termina disfrutando. Ayer estuve de cabeza en escena como si fuera una mesa y me agarraron de sopita: la mesa no se movía y llegó un punto en que estaba sufriendo y que ‘¡mieeeeeh!’, pero eso es parte del juego.

A lo mejor es una manera hippie y tonta de ver las cosas malas, pero siento que ahorita en este país, aunque suene muy místico, necesitas ver, incluso en lo malo, la parte buena. Porque si no, vamos a agarrarnos todos juntos cantando y nos lanzamos al metro y trancamos este país (risas).

–¿Cuál es tu género favorito de Improvisto y cuál te gusta menos?

–Me gusta demasiado ‘Musical’, también porque tengo formación en ese tipo de teatro, aunque irónicamente antes odiaba los musicales. Y uno que me cuesta mucho más es ‘Relato y Acción’, me da un poquito de pánico. También por el hecho de que tienes en tarima a una persona del público.

Hay muchos géneros que todavía no he jugado, porque es mi primera temporada.

–¿Vives de esto?

–Sí, vivo de esto. Es algo que me hace feliz, que me apasiona. Yo recuerdo siempre a mi papá. Él era médico y decía: “Coño, esta es mi pasión, yo no hago esta vaina por dinero”. Y eso creo que es lo que hace falta muchas veces en este país. A uno lo acostumbran a ‘sal, estudia, haz, haz’. Y es como: No, date el chance de conocer qué carrizo es lo que tu quieres para que la partas, para que si quieres ser el recogecables o el tipo que barre la esquina, la gente no piense ni siquiera en quién le va a barrer la esquina y ya te esté llamando a ti. Eso es lo que debería pasar.

–¿Improvisto en una frase?

–Oportunidad de crecer.

–¿Un hobby?

–Dormir (risas).

–¿Una canción?

–Too Good at Goodbyes, de Sam Smith.

–¿Artista?

–Ahorita a Sam Smith lo tengo en las venas.

–¿Película?

–Noviembre, una película española en formato documental que me cambió la vida. La recomiendo. Véanla. Es brutal.

–¿Serie?

–Friends o Stranger Things.

–¿Actor?

–Will Smith.

–¿Frase?

–Pa’ lante, marica (risas).

–¿Plato de comida?

–Cualquier plato italiano.

–¿Libro?

–El psicoanalista o el Arte de amar, de Erich Fromm.

Alessandra Hamdan: “Es mejor ser chévere que ser grande”

Alessandra Hamdan estudió Derecho (UCV), tiene alma de profesora, aprendió a bailar hip hop y ahora se gana la vida, entre otras cosas, improvisando cada fin de semana. Y decimos que tiene alma de profesora no porque imparta talleres en La Escuela de Humor, que también, sino por la cantidad de conceptos, explicaciones y ejemplos que soltó en tan poco tiempo y respondiendo a tan pocas preguntas.

Hamdan cree que Héctor Lavoe tenía razón y simplifica la mítica frase del cantante puertorriqueño: es mejor ser chévere que ser grande. Su alter ego, dice, podría ser algo así como Missy Elliott y su película favorita es esa que le dio el segundo Oscar a Tom Hanks por allá en 1995: Forrest Gump.

En esta entrevista nos cuenta, además, el momento más incómodo (y gracioso) que ha vivido durante función alguna: un episodio que involucra a Juan Andrés Belgrave, un desodorante aerosol y una braga que ‘olía malísimo’.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Bueno, estudié Derecho en la Universidad Central de Venezuela, estaba haciendo producción de teatro en el grupo Skena y participaba esporádicamente en el match de improvisación, que es un formato deportivo. También formé parte de otro grupo que se llamaba ‘Perdón, ahí vamos de nuevo’, que lo dirigía Freddy Merentes, pero no seguimos porque muchos se fueron a estudiar impro a Chicago. Además de eso estuve bailando hip hop, hasta que me llamaron de Improvisto hace tres años y todavía pertenezco al elenco.

–Te llamó Domingo y te dijo…

–Salió una muchacha llamada Marianna Michinel del elenco y creo que en ese caso al grupo le estaba faltando una actriz que fuese muy física.

Improvisto es como el fútbol. Digamos que el director, Domingo Mondongo, veía quién tenía el talento y qué podía aportar cada uno al escenario. Dentro del equipo hay muchas personas que hacen comedia y que hacen impro, pero cada uno tiene un fuerte. En mi caso es el cuerpo, lo físico, el baile: yo sé bailar locking, waacking, que son géneros del funk style y el hip hop. Eso en la improvisación quizás es una mezcla muy atípica y creo que por esa razón me llamaron.

Obviamente ya cuando entras al show vas cambiando según lo que tú sabes aportar. También hago clown: estuve recibiendo talleres en España, en Argentina, con Tomate, con Walter Velázquez, que son como mi formación. Una mezcla de todas esas cosas fue lo que intenté aportar al show. En Improvisto ya manejaban la técnica del clown y creo que fue por eso que pensaron que podía estar en el elenco.

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–A improvisar por supuesto: tiene sus técnicas, tiene sus fundamentos. Todas las personas que tienen el interés pueden hacerlo. No necesitas ni siquiera ser actor. Evidentemente si lo eres y quieres aprender la técnica de la impro vas a tener más herramientas que alguien que no tiene el fogueo sobre las tablas, pero cualquiera puede hacerlo. Por supuesto, tener muchas horas de vuelo en el escenario y muchísimas presentaciones y ensayos, te permite ir entendiéndote.

Ojo, en la improvisación no es necesario ser todo el tiempo cómico: no por el hecho de improvisar vas a hacer comedia. De hecho, hay muchos formatos de improvisación que son de drama y que son muy interesantes, que tienen que ver con lo que se llama long-form.

–¿Cómo definirías el formato de Improvisto?

–En Improvisto hay una mezcla de cosas: improvisación, clown e incluso técnicas de stand-up comedy; pero no es el único formato. Hay muchos en el mundo: solos de impro, catch, match, está el formato de maestro en donde se eliminan competitivamente cuatro actores…

Nosotros hacemos improvisaciones que duran 8-10 minutos y que son historias que armamos según el título que nos dé el público. Con la técnica del payaso, que usa la exageración, la mimetización y el juego, de pronto en el escenario podemos, por ejemplo, abrir una puerta como en las comiquitas, tal cual como en Tom y Jerry. Con ese tipo de juegos se puede construir una historia que sea una telenovela. Eso nada más lo puedes ver en Improvisto.

Ahora, si en un formato de long-form tú ves que hay un conflicto en una familia y de pronto sale un extraterrestre, te parece raro, porque no es tan real. Hay formatos que son más realistas. En Improvisto, por ejemplo, se vale todo. Y es fino jugar en el show por eso: es muy caricaturesco, debido a que se apuntó a que fuese así hace doce años, cuando había muchos actores que dominaban la técnica del circo y la del payaso.

–¿Tienes algún ritual prefunción?

–Calentamiento del cuerpo y un ritual de siempre que hacemos nosotros que es vernos a las caras y gritar antes de entrar al escenario para tener la energía de un equipo de fútbol. Es una locura porque la gente quizás no lo entiende. Compartimos camerino con otros y se quedan y que: “Oye, estos están locos”. En este ritual nos tenemos que ver a los ojos. Hacemos como un círculo de energía y de allí arranca el show.

–¿Cuáles han sido tu mejor y tu peor momento en el escenario?

–El mejor fue en una función que hicimos en la Universidad Metropolitana. Yo estaba entrando, era nueva y me tocó entrompar. Digamos que en Improvisto tú vas escalando: al principio tienes más pena, sabes menos, te dejas guiar por los demás porque tú no le quieres arruinar las propuestas a ellos. Al principio tú eres como una persona que sirve a los demás. En mi caso fui in crescendo: en lo que me sentía más cómoda jugaba más y así iba. Pero, bueno, en la Metropolitana me tocó protagonizar y tocó como un baile de hip hop. Recuerdo que ese día le di con todo y el público se volvió realmente loco, loco, loco. Y fue como uff.

Y el peor momento fue cuando tuve que jugar toda una función con una braga que olía malísimo, al punto de que Juan Andrés tuvo que buscar un desodorante aerosol para echarme. Parecía una cucaracha (risas). Era muy incómodo, porque obviamente es muy físico el trabajo de los actores. Para mí fue incomodísimo. Yo decía: ‘¡Dios mío, qué vergüenza!’. Y ojo: me bañé, quiero que lo sepan (risas).

–¿Cuál es el género que más te gusta y el que menos?

–Mis favoritos son ‘Contrarreloj’, ‘Musical’ y ‘Telenovela’. Y los que menos: ‘Dos sílabas’, que es muy difícil, y ‘¿Qué dijiste?’.

–¿Improvisto en una frase?

–Ser tú mismo.

–¿Un hobby?

–Bailar o hacer stand-up.

–¿Una canción?

–Sex Machine.

–¿Un artista?

–James Brown.

–Película.

–Forrest Gump.

–Serie.

–No soy una persona de serie nuevas: me gusta mucho Friends.

–Actor o actriz

–De improvisación, Charo López, que es una argentina que me parece una dura. Y me gusta Emma Stone, Natalie Portman…

–¿Una frase?

–Es mejor ser chévere que ser grande, algo así, como la de Héctor Lavoe.

–¿Ídolo o modelo a seguir?

–Malena Pichot, Charo López… son muy fieles a su trabajo y me gustaría seguir ese camino.

–¿Un alter ego?

–Algo así como Missy Elliott.

–¿Plato de comida?

–Cualquier tipo de pizza.

–¿Libro?

–Cualquier poemario de Mario Benedetti.

Daniel López: “La clave es saber qué pasa en el escenario para apoyar y proponer desde la música”

Por, Juan Sanoja | @JuanSanoja

A Daniel López también le toca improvisar, pero no con la braga en tarima, sino con la guitarra y el sintetizador que controla a un lado del escenario. Él es el encargado de hacer todos los sonidos que los actores representan durante el espectáculo –abrir una puerta, tocar un timbre, revisar una gaveta– y de ponerle el ambiente musical a cada escena.

Estudió bastantes años guitarra y desde ahí se puso a jammear con varios de sus mejores amigos, quienes veían clases con el mismo profesor. Observando shows de Improvisto, admirando a los actores y realizando talleres, Daniel se fue preparando hasta que le llegó la oportunidad.

En esta entrevista nos explica cómo desde la música incidental puede apoyar a los actores para darle mayor emoción a lo que está ocurriendo en tarima, nos comenta cómo se comunica con el elenco en plena función, nos echa el cuento de cuando le tocó ponerse la braga para subirse al escenario y nos declara, entre otras cosas, que su serie favorita es Stranger Things.

–¿Cómo aprendiste a improvisar desde la música?

–Junto a mis mejores amigos estudié bastantes años guitarra. Todos veíamos clases con el mismo profesor y llegó un punto en el que parte del entrenamiento era jammear (improvisar musicalmente) entre nosotros y cuando nos íbamos para nuestras casas seguíamos practicando lo mismo.

También fue importante entender qué pasaba sobre el escenario gracias a los talleres de improvisación que realicé, además de estar viendo shows y admirando mucho lo que pasaba sobre las tablas. Todo esto me hizo entender cómo funciona la impro y cómo la música apoya eso.

Antes de estar en Improvisto estaba en otro show que se llamaba ‘El cumpleaños de fulanito’ y digamos que fue gran parte de mi training para ver de qué manera apoyaba. Descubrí que en la música incidental si un actor propone una escena que va por algo triste, ciertos acordes pueden hacer que se sienta más lo que él quiere mostrar.

Uno también puede ser el que proponga algo triste y que los actores se vayan por ahí. Por ejemplo, ayer estábamos tocando y hubo un momento como que un actor muerde una cosa y yo con el teclado marqué como unas voces todas angelicales y el actor se enamoró de lo que estaba probando.

–¿A veces ellos se acoplan a ti y a veces tú a ellos?

–Exacto. Las propuestas van de lado y lado. La clave es saber entender qué pasa en el escenario para uno apoyar y proponer desde ahí. Además de mucha comunicación y mucha sinergia entre los actores y el músico.

–Desde tu punto de vista, ¿qué es lo más difícil de improvisar?

–Para los actores es lo que llamamos el vértigo, que es como no saber para dónde va la cosa. Digamos que el músico está en un punto medio entre externo a lo que está pasando, pero no llega a ser parte del público. Es alguien que puede ver la situación desde afuera y desde afuera apoya. Entonces cuando uno sabe que empieza a haber vértigo en los actores, uno también se empieza a llenar de esa energía porque es como, bueno, ¿qué tanto puedo proponer para que no haya más vértigo? ¿De qué manera puedo ayudar para que esto fluya?

Desde la música es muy complicado cuando no hay muy buen entendimiento o cuando un actor se va y está cantando sobre lo que tú estás tocando y pierde la rima. Uno tiene que acoplarse a él en vez de que él se acople a uno. Tienes como que reacoplarte y empezar a tocar para volver a estar en sintonía.

Lo otro es manejar códigos visuales a la hora de yo ver qué me están pidiendo. Si es tocar una puerta o tocar un timbre…

–¿Tienen algunas señas?

–Las señas son más que todo con la visión o desde la pata que me dicen: Mira, aguanta un pelo la música que vamos a hacer tal cosa. Me hacen una seña y yo veo qué carrizo entendí y le entrompo.

–¿Se puede aprender a improvisar?

–Totalmente. Es un músculo, hay que entrenarlo, pero todo el mundo puede improvisar. Hace mucho tiempo entrené bastante impro, inclusive creo que esa es una de las cualidades que más me ha ayudado a hacer música.

Hice muchos talleres. Mi primer básico de impro duró como dos meses con Corina Perera, que estuvo en Improvisto hace mucho tiempo. Luego hice un básico con Ron Chávez y luego hice un taller con Nadie de improvisación deportiva. Y eso me ha ayudado mucho a entender la parte de la tarima.

–¿Tú vas a los entrenamientos con ellos?

–Fijo. Inclusive a veces ni siquiera practicamos cosas de música sino que hago yo cosas de impro con los actores y eso nos permite generar conexión, entender qué es lo que pasa, generar códigos.

–¿Te ha tocado montarte en tarima?

–Me tocó montarme hace poquito por un percance: a uno de los actores se le complicó y tuvimos que hacer un resuelve de última hora. A Ron le sobraba una braga azul y bueno, nada, me mandaron a ponérmela y resolver el trabajo. Gracias a Dios ya tenía bastante training de impro: cuatro talleres, más el entrenamiento diario de Improvisto y conocer el juego de los actores.

Me tocó más que todo jugar al servicio, que es ayudar a las propuestas de mis compañeros y dejarme guiar por ellos, estar ahí para lo que necesiten. Fue bastante divertido, una adrenalina que nunca había sentido como músico del show. Cumplí mis dos funciones: fui músico mientras no estaba en el escenario y cuando estaba en tarima improvisaba y hacía parte de las historias. Creo que entre nosotros hay una sinergia que va mucho más allá de lo que la gente puede ver y que de verdad no importa si eres músico o actor: perteneces a la misma energía. Todos nos comunicamos de la misma manera y eso nos permite jugar y divertirnos, sea cual sea el rol.

No dudo que en algún futuro se repita, capaz bajo otras circunstancias. Sin duda alguna me divirtió muchísimo. Siempre estuve pendiente y siempre estuve claro que el día que tocara resolver el trabajo lo iba hacer con la mejor disposición. Cuando ocurra nuevamente le echaré el doble de ganas que le pude haber echado.

–¿Tienes algún ritual específico que hagas antes de la función?

–Bueno, cuando pruebo sonido me gusta repasar todo lo que puedo hacer. Tengo guitarra, sintetizador y unas secuencias de batería, entonces mientras pruebo los sonidos pruebo los acordes. También si practiqué algo en casa que quiero traer, hago alguna pasada sin que los actores estén, como para también buscar sorprenderlos en el escenario a ellos, que es algo sabroso de la improvisación.

Con la guitarra me gusta calentar, practicar escalas, revisar la afinación y eso también me ayuda a conseguir cosas para la función. Como ritual grupal, me gusta mucho jugar fuchi.

–¿Mejor y peor momento que te ha tocado en improvisto?

–Sinceramente, en esta temporada hubo un musical que fue perfecto. Casi como Broadway. De pana hubo como tres canciones que las pegamos entre todos. Fue un momento muy top.

El peor momento creo que fue una función de la gira que estuve yo bastante bajito y las propuestas musicales que lanzaba no iban para ningún lado o sentía que los actores se perdían. También es que estaba mal posicionado hacia el escenario. Esa es otra cosa: el músico siempre tiene que estar lo más hacia el escenario para poder ver todo lo que pasa. Yo estaba arrimado para atrás, entonces lo que veía eran las espaldas. Era difícil verlos. Desde ese momento aprendí que siempre tenía que estar bien posicionado.

–Tu género favorito y uno que no te guste tanto.

–El que más me gusta es musical, obviamente, porque es el que más tengo para hacer. El otro es contrarreloj, porque puedo hacer muchos efecticos.

El que menos me gusta es extranjero con traducción, porque a veces desde la música, como los actores hablan un idioma y otros actores traducen lo que pasó, quedan como poquitos incisos como para uno jugar.

–¿Improvisto en una palabra o frase?

–Alegría.

–¿Canción?

–Mi canción favorita del año se llama ‘Break de Fever’ de Mutemath. Es increíble y es como lo que quiero llegar a hacer yo como productor musical.

–¿Artista?

–Liam Gallagher.

–¿Película?

–Pulp Fiction.

–¿Serie?

–Stranger Things. Cegado.

–¿Actor?

–El que hace de James Gordon en la serie Gotham: Ben McKenzie

–¿Frase?

–La música es vida (risas).

–¿Ídolo?

–Tengo dos en mente: Paul Meany y Roy Mitchell-Cárdenas, los dos de la banda que te nombré anteriormente. Musicalmente son unos genios. En el proceso de efectos y como componen. Me vuelan la mente cada vez que escucho algo de ellos.

–¿Comida?

–Tacos mexicanos.

–¿Algún libro?

–Me gusta mucho la serie de ‘Percy Jackson and the Olympians’. La leí hace mucho tiempo y todavía me encanta.

 

Erik Del Bufalo: “Una oposición seria jamás se presentaría en estas condiciones a elecciones” (y II)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Foto por: @traficovisual

Frases como las que encabezan la segunda parte de esta entrevista son las que le han ganado el epíteto de anti-político, que a él lo mata de risa. Para defenderse, se limita a citar a Hanna Arendt: la anti-política es la política que prescinde de la moral y busca instrumentalizar al ser humano. Y si ese fuera el que pecado del que habría que estar libre para arrojar piedras, bien podría él lanzar la primera contra una clase política que no busca otra cosa sino mantener (y mantenerse en) el sistema. No votará en las municipales de diciembre ni en las presidenciales del año que viene, y a pesar de que el tema le fastidia, habla de él. La salida, en su opinión, no es electoral sino insurreccional, y aunque la palabra parezca prohibida en dictadura, se la juega explicando por qué. No es su aspiración, tampoco, decirle a la gente qué hacer o no, que lo sigan o no, lo suyo es lo de aquellos primeros filósofos de la Atenas decadente: orientar y dar sentido en medio del caos. Y en la Caracas de finales de 2017, aquí está él diciendo lo que pocos e invitando a los venezolanos a ver y a escuchar aunque duela. Cuando la gente deje de taparse los ojos, jura, se habrá dado el primer paso para despertar y crear una conciencia colectiva que nos llevará a superar esta desgracia. Así habla el filósofo Erik del Bufalo, en la segunda y última parte de una entrevista que puedes leer completa aquí:

[PRIMERA PARTE: AQUÍ]

-Erik, te voy a citar un texto de Américo Martín, en el que habla de la relación entre moral y política, y quisiera un comentario tuyo al respecto: “Aunque desde la Antigüedad la Política, concebida como ciencia y arte, está estrechamente vinculada a la Moral, tiene su propio ámbito, sus leyes específicas. Subordinarla sin más a la Moral es negarla. Tratándose de una actividad fundamental en todos los ámbitos del hacer humano, esa operación sería inaplicable (…) Aquellos que en nombre de los principios rechazan las flexibilidades necesarias y lógicas que aconseja la Política atentan contra ella y, es más, contra la Moral misma. Un solo ejemplo: siendo en 1943 un imperativo moral impedir que Hitler dominara al mundo, la alianza entre Roosevelt, Churchill y Stalin resultó ser decisiva. Semejante sutileza política debió parecerle “inmoral” a aquellos oídos que escucharon las brutales prédicas anticapitalistas del monstruoso georgiano rojo, y las tenaces prédicas anticomunistas de dos estadistas de la envergadura de los grandes mandatarios occidentales”.

-A mí me parece que Maquiavelo y Kant lo dicen mucho mejor todavía. Esa es una idea maquiavélica y kantiana. Maquiavelo critica a Savonarola, que era un cura muy moral, cuya llegada al poder desencadena la guerra toscana, que fue una matanza muy brutal, porque su inflexibilidad moral no dio espacios para otra cosa. Kant dice que la moral es autónoma de la política, pero la política no es autónoma de la moral. Aquí hay un matiz. Lo que es autónomo no es la política: es la esfera moral. La moral no puede andar según convenga políticamente o no. Si la política debe tener flexibilidad, no puede instrumentalizar al ser humano, no puede ser inmoral, porque si es inmoral, estamos, allí sí, entrando en el sentido estricto de anti-política, que diría Hanna Arendt: el ser humano se instrumentaliza. La política en sí misma es pura violencia, es puro poder bruto, si es puro poder bruto se elimina el sello moral del hombre y no hay política: hay violencia. Esa es una definición precisa de anti-política, que es una palabra que en Venezuela usan muy mal, la usan al revés.

-¿Cuál debe ser entonces la relación entre la moral y la política?

-La misma que existe entre las leyes y la moral. Las leyes son una cosa y la moral es otra. La moral está siempre más allá de las leyes, pero las leyes deben estar subordinadas a la moral: tú no puedes poner leyes inmorales porque nadie las va a cumplir. Tú puedes, si quieres, crear una ley que obligue a todos a pegarle a su mamá, pero nadie lo va a hacer. En los clásicos antiguos ya está esto: Antígona, de hecho, no trata de otra cosa: el dictador de Tebas prohíbe que a Edipo se le entierre para que se lo coman los buitres, lo que era una gran infamia porque desde el origen del hombre todos los cuerpos se entierran. Y Antígona falta a la ley política para cumplir con la ley moral, que era enterrar a su padre, y por eso muere. Entonces, la relación de la política con la moral es la de Antígona. Puede haber un punto, digamos, donde ciertamente la política no coincide con el ámbito moral. La política tiene sus propios medios, pero los fines siempre son morales. Eso de que el fin justifica los medios es algo que se entendió muy mal. No es, de hecho, una frase de Maquiavelo: es una frase de la Iglesia, que lo acusó de inmoral, aunque fue ella la que llevó a la matanza de Siena con Florencia. Entonces, la política sí está subordinada a la moral: si no, estamos en la anti política, que es la violencia pura. La pura practicidad de la política sin la moral es la instrumentalización del ser humano.

Hay, de hecho, una novela que todo venezolano debería leer en este momento, que es la que mejor refleja la realidad actual: ‘Rebelión en la granja’. Allí está la famosa frase de los cerdos: todos somos iguales pero algunos somos más iguales que otros. Entonces, el hombre se vuelve un cerdo si la política cae afuera de la moral. El poder en sí mismo no es un fin, y si yo digo que la política es autónoma de la moral estoy diciendo que el poder es un fin, y eso lleva a la absoluta violencia. Es una idea jacobina, estalinista y nazi.

-Vale. Entendido. Ahora, todo esto venía a cuento, el artículo y la pregunta, por el asunto de las elecciones. De votar o no votar. Ayer en esta misma plaza había un acto del candidato Duque, en el que llamaba a defender Chacao…

-..mira, a mí me da fastidio hablar de eso: es tan insignificante. Pero, digamos, no hay ningún espacio que proteger, nada. Yo prefiero incluso que sea un chavista, que a lo mejor sea enemigo de otro chavista y le meta más dinámica: en estas condiciones un candidato opositor será más sumiso que otro chavista, porque va a tener miedo, lo van a humillar, lo van a meter preso. Fíjate en Carabobo: el señor Lacava, que es un impresentable, que es un canalla impresentable, creó un cortocircuito y se metió con Ameliach. ¿Tú crees que un candidato opositor se hubiera metido con Ameliach?

-Probablemente no. Pero ahora, ¿aplica también eso para las presidenciales de 2018?

-Lo mismo. Exactamente lo mismo. Una oposición seria jamás se presentaría en estas condiciones a unas elecciones: ¡las boicotearía!

-¿Entonces la salida no es electoral?

-Para nada. ¿A quién se le puede ocurrir eso?

-Al 90% de la clase política, por ejemplo…

-Claro, porque esa es la salida vital para ellos, porque mantienen el sistema del que estamos hablando. Mantienen la gobernabilidad y la paz, y el semblante, no de legitimidad o de algo así, sino de estabilidad, que es lo que en el fondo les interesa a las fuerzas políticas.

-¿Pero cuál es entonces la salida? Porque al decir que no es electoral, parece quedar solo la opción violenta. Al menos esa es la dicotomía que a uno le plantean siempre.

-El chavismo es violencia. Cuando hay 300 mil niños desnutridos o muchos en peligro de morir con difteria o con una gripe, eso es violencia. Si te asomas dos cuadras más abajo, vas a ver gente comiendo de la basura. Pero no indigentes. Acabo de pasar. Un señor que se veía que no era un indigente, sino un trabajador que estaba buscando comida para sus hijos. Eso es violencia. La delincuencia es violencia. La guerra entre pranes y GNB por el control de la droga, que es horrible, eso es violencia. Vivimos en una situación de extrema violencia, así que la estupidez de ‘salida electoral o violencia’, eso es una falacia demasiado burda.

Ahora, no me voy a escapar de la pregunta y la voy a contestar, aun estando en Venezuela: la salida no es electoral, es insurreccional. ¿Cuál es el nivel de violencia de esa insurrección? Es difícil saberlo y dependerá de las acciones y las fuerzas que vengan. En teoría podría ser sin ninguna violencia, o con violencia mínima. Lo ideal es que la violencia venga nada más del represor. Se podrían dar cosas como en Zimbawe: que el Estado colapsa y la violencia viene para preservar de que no haya más violencia. Cuando los militares dan el golpe, el golpe es casi seco, lo cual evita la situación de matanza. Entonces, hay que ser muy delicado con la violencia.

Por otro lado, la salida no solo es insurreccional, también es geopolítica. Tiene que haber fuerzas externas que nos ayuden a salir de esto, porque esto está enquistado, y es una amenaza continental. Y mientras mayor sea la fuerza política, menor será la violencia. Ahorita hay un militar en EE.UU. que acaba de escapar y decía que él traficaba, solo, una tonelada mensual. Eso es una forma también de intervención, que no es violenta: la DEA. Hay muchas formas, pero la salida en el fondo es insurreccional.

-¿Y tú la ves viable? Porque, insisto, toda la clase política parece ir por otro lado…

-No toda. Hay movimientos que son tímidos todavía, pero tienen cada vez más presencia. No toda la clase política está allí. Toda la ideología de la MUD, que todavía sigue viva, se mantendrá a pesar del desprestigio, pero a medida que pasen los días desaparecerá, y otras fuerzas políticas renacerán.

-Ahora que mencionas la MUD, ¿qué fue la MUD?

-En teoría es un pacto electoral para ir a elecciones unidos en una tarjeta única. En la práctica se volvió un súper cogollo que monopolizó la oposición venezolana. Y ahí se volvió un error. Y un error, sobre todo, de las élites: de las intelectuales, que le jalaron mecate y procuraron mantener ese sistema de conchupancia al máximo; y de las económicas, que solo financiaban la MUD y nada más.

-¿Y eso por qué?

-Porque en el fondo mantenían el sistema. Venezuela necesita otra oposición, entre otras cosas, para que sea locutora ante el mundo. Venezuela no necesita una oposición que esté restructurando la deuda por Maduro, que esté tratando de evitar sanciones, que se preste a las payasadas electoralistas, que se presta para apaciguar los ánimos. Necesitamos una oposición que sea todo lo contrario.

-¿Y tú la ves posible?

La veo naciendo, la veo germinar.

-¿Y no llega un poco tarde?

-Sí. Es cierto. Pero llega tarde, como llegó tarde el chavismo. Llega tarde porque los venezolanos somos un poco lentos. En Venezuela no analizamos los hechos: somos afectivos. Todavía hay gente que justifica a la MUD como los chavistas justifican al chavismo. Respetamos más los afectos, como si los afectos fueran gran cosa y no respetamos lo que los anglosajones llaman los hechos, the facts.

-¿De la oposición actual  quienes salvas?

-A Antonio Ledezma, a María Corina Machado, a Julio Coco, que yo admiro. Mucha gente lo acusa porque es de origen popular, habla un poco malandreado y les recuerda a Chávez en algunas cosas. Yo creo que es todo lo contrario: es un hombre que se ha hecho a sí mismo, que además es una persona muy clara. Hay también fuerzas jóvenes en VP que pueden rescatar al partido de la situación lamentable que está ahorita…

-¿Freddy Guevara?

-…En PJ también hay jóvenes valiosos que pueden ser rescatados…

-¿Miguel Pizarro?

-….

-Me parece, entonces, que no salvas a ninguno…

-Yo evito dar nombres no porque no quiera, sino porque cuando uno da un nombre, el venezolano se afecta: que este te cae bien, este mal. Caemos en el chisme y en la anécdota. Y no quisiera caer en eso. Esos que me nombras son jóvenes, y pueden reinventarse: lo que han sido hasta ahora no pueden seguir siéndolo, pero son menores de 40 años, se pueden reinventar. No quisiera hacerles tampoco la cruz.

-Ok, entendido. Ahora, ¿no es curioso que ideológicamente la mayoría de la oposición sea de izquierda?

-Todos los partidos son de centro izquierda. En apariencia sí. Pero ni siquiera es centro izquierda, porque centro izquierda es otra cosa y ellos son rentistas. Son clubs, en el sentido jacobino: asociaciones para acceder a la renta petrolera. Otros partidos minoritarios son despreciados por eso: es como cuando hay muchos corruptos y hay uno que no lo es y lo señalan. Entonces hay partidos que no están diseñados para llegar a la renta, que son los liberales, de centro derecha, Vente Venezuela, ABP, La Causa R…

-¿La causa R no es de centro izquierda?

-Sí. Es de centro izquierda pero no está hecha para llegar a la renta. Su visión era darle otra dignidad al trabajo, etc. Pero lo que te quiero decir es que izquierda y centro derecha dicen poco. A mí la distinción me parece más oportuna entre los que están diseñados para acceder a la renta y los que están para producir sucesos sociales más liberales, más abiertos al mercado…

-¿…y lo que no están diseñados para llegar a la renta, están diseñados para llegar al poder…?

-No. Están diseñados para hacer aporte de otra manera….

…pero quiero decir: una vez que accedes a la renta, entonces tienes recurso, puedes darte a conocer y luego ganar algún cargo, si te sales de eso, ¿no estás condenado a perder siempre, toda vez que los otros tienen más recursos y la competencia es en extremo desigual?

-…es que tiene que haber otro financiamiento. Lo bueno de todo esto es que el chavismo destruyó PDVSA y vivir de la renta no es negocio ahora. Eso podría dar salida a que Venezuela vea la vida de otra manera.

-Otra cosa Erik. Fuiste columnista en ‘Economía Hoy’, escribiste unos pocos artículos en Aporrea, todos medios de bajo perfil, no exactamente masivos…

-Es que a mí no me gusta ser un influenciador de la opinión pública.

-…pero

-…ahí voy. No te rías. A mí me gusta, esto tengo que decirlo con modestia: me gusta despertar la conciencia de la gente. Decirles: ‘No te dejes engañar así, porque no solamente te friegas tú: nos fregamos todos’. Trato de atizar un poco la conciencia. Pero no mandar a la gente a que haga una cosa u otra…

-Hay quien ha sugerido que tú tienes algún tipo de responsabilidad en la derrota de las regionales…

-Es un argumento muy ridículo. Porque además se contradice. Primero: Venezuela no es twitter. Luego: la culpa es de twitter. Ellos buscan culpables donde sea, porque son tan mediocres que serían incapaces de asumir su responsabilidad. Incluso Chávez, que era un pirata, asumió su responsabilidad. Yo no he escuchado a Capriles asumir su responsabilidad, a Borges. Menos aún a esos intelectuales en funciones de ellos, que son más tristes todavía: lo que hacen es atacar a la gente, burlarse de la gente, que es una cosa canallesca.

-A ustedes, a los que han dicho cosas como las que tú dices, los llaman anti-políticos…

-Claro, pero la diferencia es que yo sé lo que significa anti-política, ellos no. Al final yo lo demuestro, y ellos no. La gente podrá decir: ‘qué fastidio este tipo’, pero tengo razón. Yo asumo mi responsabilidad. Y la responsabilidad me ha llevado a cierto ostracismo, pero no al desprecio, que es lo peor.

-¿Es el ostracismo el destino del intelectual?

-Bueno, yo me dedico a una cosa que a pocas personas les interesa y entienden, y en Venezuela todavía menos. O sea que yo estoy acostumbrado un poco a la soledad. Eso no me afecta. No soy candidato a nada, ni vendedor de seguros, entonces no me afecta. Me pueden atacar. Pero como yo respeto, me atacan desde el respeto. El ostracismo no me molesta.

-¿Te sientes muy solo en Venezuela?

-Hay un hecho objetivo: todos mis amigos se fueron.

-¿Qué se siente tener razón antes que lo demás?

-No. No me siento cómodo si dices eso. No es verdad.

-Pero digamos, la noche del 15 de octubre, por ejemplo, cuando Tibisay da los resultados…

-Yo sabía que eso iba a pasar. Aunque fue mucho más exagerado de lo que esperaba. Yo pensaba que iba a ser una especie de 11-10. Ellos podían jugar, tenían varios escenarios. Pero fue tan catastrófica la oposición, fue tan infantil, tan balurda, tan mediocre, que agarraron un poquito más de lo que obtuvieron. Y además, como pillaron que los adecos se iban a arrodillar, porque ya seguramente lo habían negociado, entonces dijeron: ‘vamos a arrasar con todo’, y se llevaron más de la cuenta. Me sorprendió un poquito en el sentido de que se agarraron más de lo que pensaba…

-¿Y cómo te sentiste en ese momento?

-Me sentí mal, porque sabía que se cumplía algo que nos estaba llevando a una situación de sumisión y de miseria. Me sentí mal, como cuando tienes una enfermedad, vas al médico y te confirma el diagnóstico…

-Pero sí las ves venir mucho antes, entonces…

-Pero es que tampoco hay demasiado mérito en eso: en Venezuela las cosas no están tan ocultas. Lo que pasa es que la población es muy erotómana, muy emocional, entonces se tapan los ojos y no ve. No es que yo tenga mucha lucidez: para ver que te están engañando no hay que ser muy lúcido, pero si uno se tapa los ojos con sus emociones, con lo que quiere que ocurra, con el wishfull thinking, es imposible, no vas a ver. Entonces yo invito a ver aunque duela: escuchar que tu propia gente te engañó, que la persona en la que confiabas te engañó, se burló de ti, te utilizó, eso no es fácil, pero es el primer paso para poder despertar y tener esperanza en una conciencia colectiva que nos guíe a la superación de esta desgracia…

-¿Cómo se siente un filósofo en esta época?

-La filosofía siempre viene en tiempos difíciles o en el malestar. Hay pocos filósofos de la Belle Époque, como Nietszche, después hay filosofía del esplendor, pero, digamos, es en la Grecia, en la Atenas de la decadencia, donde aparece la filosofía. Entonces, bueno: en momentos históricos difíciles, sea porque son ascendentes o descendentes, es cuando es más interesante hacer filosofía, porque hay algo que orientar, a lo que darle sentido.

-¿Es por eso que sigues en Venezuela?

-En parte sí.

-¿Esto puede entenderse como una misión o algo así?

-Me siento útil…

-Gracias, Erik

-A ti.

 

Carito Delgado: “Dije: no me quiero morir sin saber qué se siente hacer lo que te gusta”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Carito Delgado llevaba una vida común y corriente: había estudiado Administración en la UCAB y ya tenía varios años trabajando en una empresa relacionada con su profesión, en el área de compras internacionales.

Pero en 2009 descubrió el teatro y, con la intención de superar el pánico escénico que padecía, quiso comenzar a hacer talleres. Sin embargo, su día a día de escritorio todavía estaba lejos de terminar. No fue sino hasta 2015 que Improvisto tocó la puerta. Ese año le ofrecieron formar parte del equipo y no se lo pensó dos veces: “Yo dije: ‘Mira, no me quiero morir sin saber qué se siente hacer lo que a uno le gusta’”. Y es precisamente haciendo lo que le gusta que Carito Delgado se ha ganado la vida desde entonces.

De aquella decisión no se arrepiente, más allá de que en la actualidad se encuentre con personas que, llenas de prejuicios, critiquen su nueva profesión: “En estos días me conseguí a un exjefe. Se lo presenté a mi novio porque estábamos haciendo mercado y él señor ha dicho: ‘Sí, yo era su jefe, cuando ella tenía un trabajo formal’. Fue tipo: ‘Aaaaarghhhhh!’. Claro, yo a todas estas me reí como que: “Ja, ja, ja, ja”.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Era administradora. Trabajaba en compras internacionales. Estuve en varias empresas y viajé mucho. Fue un trabajo muy bonito, pero no era lo que quería hacer.

Luego descubrí el teatro por ahí en el 2009, que hice unos talleres de actuación y fue y que: “Esto es lo que quiero hacer”. Claro, la administración no la solté sino hasta 2015, cuando empecé con Improvisto, después de haber estado un año con Noches de Impro.

En resumen: yo estudié Administración en la Universidad Católica, bla, bla, bla y trabajé muchos años en compras internacionales, hasta que en el 2015 me salió la oportunidad con Improvisto y dije: “Mira, no me quiero morir sin saber qué se siente hacer lo que a uno le gusta” y bueno, aquí estoy.

–¿Cómo te llegó esa oportunidad de entrar a Improvisto?

–Yo en enero de 2015 comencé en un grupo que se llama Noches de Impro y con ellos tuve el chance de conocerme como improvisadora sobre un escenario, con la interacción del público. Entonces por ahí en julio Improvisto como que estaba viendo la posibilidad de incorporar a alguien. Me llamaron en septiembre y comencé en octubre.

–¿Eras introvertida o extrovertida?

–Yo era introvertida hasta que empecé a hacer teatro. De hecho, empiezo a hacer teatro porque era muy introvertida. O más bien: sufría de pánico escénico y dije: “Creo que con el teatro puedo superarlo”. No fue así, porque en el teatro como que usas un personaje para cubrirte. Así que después hice stand-up, que fue lo que me terminó de… O sea, si tú quieres perder el miedo escénico, métete en un taller de stand-up comedy, porque eso es como lanzarte por un barranco, pero la satisfacción de lograrlo es increíble.

–¿Es más difícil que improvisar?

–Son dos cosas muy distintas. En stand-up eres tú solo. Tú eres el que escribe, tú eres el que hace todo.

Aunque en algunos fundamentos son parecidos, porque cuando tú actúas en improvisación estás escribiendo una historia que está saliendo de tu mente. Es algo muy inmediato. Llevas como tu maleta de personajes. A mí me gusta mucho más la improvisación que el stand-up comedy, pero, como te digo, son cosas muy distintas.

Sin embargo, el stand-up me ayudó mucho a creer más en lo que a uno se le ocurre, porque realmente con el stand-up te sientes más juzgado. Es como… ughr, espero que a la gente le guste porque realmente viene de mí, no es de un personaje. Y, bueno, también es divertido.

–¿Se puede a aprender ser cómico, a improvisar?

–Mi papá me cuenta que de chiquita me decía: “Tú vas a trabajar en Radio Rochela”. No sé, hay gente que piensa que obviamente uno lleva cosas dentro que las exploras y desarrollas, pero yo creo que todo el que quiera explorar ese mundo, aunque no se sienta cómico y gracioso, puede hacerlo y descubrir cosas. Es decir, realmente no se trata de ser cómico por ser cómico, sino que nosotros como seres humanos tenemos situaciones que, si las miramos desde otra perspectiva que no sea dramática, pueden ser muy cómicas. Entonces, el truco está en eso, en realmente ir descubriendo las cosas y verlas desde la óptica de “Esto es una locura y es divertido”. Y eso va desde una cosa como un error que cometiste hasta una situación de malentendido.

–¿Cómo es tu día a día y cómo es un día de función?

–Mi día a día es una locura, porque si no tengo ensayos, tengo algunas pautas, por decirte, me llaman y me dicen: “Mira, necesito que me hagas esta suplencia en un programa de radio” o “Tenemos un show a las 2 de la tarde en Prados del Este” o resulta que tengo ensayos con otro grupo, porque además de Improvisto me mantengo activa con Noches de Impro, show en el que soy productora, directora y actriz. Es súper movido.

Los días de función de Improvisto son como: “Yo necesito descansar hoy y me voy a levantar a las 9 de la mañana y voy a ver una serie y no me importa nada”, porque sin duda se te van muy rápido todas la semanas, todos los días. Entonces hay que agarrar como mínimo.

–Un ritual prefunción, algo que hagas siempre.

–Le doy gracias al universo de antemano por la función exitosa que estamos a punto de tener.

–¿Qué es lo más difícil de la improvisación?

–Bueno, son muchas cosas. Una de ellas, sobre todo para los que están empezando, es la ansiedad, controlar la ansiedad y el vértigo. Son sensaciones que te pueden nublar la mente, hacer que no escuches bien lo que está pasando.

Yo creo que luego de controlar esa ansiedad y ese vértigo el cuerpo se entrega a lo que está pasando y es como que cumples con el Aquí y el Ahora, que es lo que se necesita durante la improvisación.

–Estamos entrenados, por la sociedad, para reprimir la creatividad por miedo a ser ridiculizados y en la improvisación hay que hacer todo lo contrario, dejar fluir la creatividad. ¿Cómo manejas esa dualidad?

–¿Puedo decir groserías? Los mandé a todos al carajo, porque sí, hay muchos prejuicios. De hecho, en estos días me conseguí a un exjefe. Se lo presenté a mi novio porque estábamos haciendo mercado y él me dice: “Sí, yo era su jefe, cuando ella tenía un trabajo formal”. Y fue como: “¡Aaaaarghhhhh!”. Claro, yo a todas estas me reí como que: “Ja, ja, ja, ja”. Pero sí, hay muchos prejuicios y uno tiene que superar eso y hacer lo que le gusta.

–¿Qué haces para mejorar día tras día?

–Mira, me mantengo en entrenamiento siempre. Por ejemplo, en el caso de la impro, yo siento que una semana en la que yo no entreno es una semana en la que mi músculo no trabajó, tanto el mental como el corporal. Trato de mantenerme siempre activa y estar aprendiendo, uno nunca deja de aprender. Entonces, cada taller o cada experiencia que te pueda ayudar a crecer, ya sea enseñando o siendo alumna, también es muy importante.

–¿Cuál consideras que ha sido tu mejor momento en el escenario?

–Tengo fresco uno de la semana antepasada, cuando fue el día internacional del payaso y yo me disfracé de Popi. Sé que mucha gente odia a Popi, pero para mí fue alguien muy importante en mi infancia. Disfruté demasiado el papel en tarima y la gente disfrutó demasiado ver a Popi en el escenario, aunque también te encuentras personas que dicen: “Ay no, qué horrible Popi. Ay, no”. Pero fue muy divertido, puse a la gente a cantar ‘Mi amigo Dios’. Y los engañé a todos porque ellos no sabían que eso iba a pasar. Fue increíble.

–¿Y el peor?

 –Y uno que no me haya gustado tanto, pero no fue dentro de Improvisto, fue en un show llamado Impro Match, fue cuando salí a hacer un infomercial, que es uno de los juegos que haces en ese show, y me quedé sola en el escenario y tuve que pegarme un tiro en la cabeza y me morí en la presentación, porque ya no daba para más…

–¿Cuál es el género que más te gusta y el que menos?

–Me tripeo mucho musical porque a mí me encantaría ser cantante, pero no tengo la constancia de “Ay, me voy a meter en unas clases y voy a hacer todos los ejercicios”, no. Y me gusta también ‘Metiendo la Frase’ porque te pone en aprietos. Lees algo que a lo mejor es tan bonito y tienes que justificarlo dentro de la historia.

El que no me tripeo tanto… no sabría decirte, todos me gustan, todos me gustan.

–Improvisto en una palabra, o en una frase…

–Alegría.

–¿Vives de esto ya?

–Sí, sí. Y no me arrepiento para nada de haber dicho: yo me voy a dedicar a esto, porque esto es lo que quiero hacer.

–¿A qué edad decidiste esto?

–Eso fue hace dos años: a los treinta.

–¿Algún hobby?

–Lo que antes era mi hobby, que era ensayar y estar sobre las tablas, ahora se convirtió en mi trabajo. Y digamos que algo distinto que yo haga aparte de esto, ay, berro,¿ir al cine? Podría ser.

–¿Canción?

–Los Beatles. Amo todas las canciones porque soy fanática de Los Beatles. Me gusta mucho And I Love Her, Sargent Pepper, me gusta mucho… Son tantas… ¿Tú sabes cuántos discos tienen los Beatles?

–Entonces tus artistas favoritos son…

–Los Beatles

–¿Película?

–Son varias… En estos días estaba haciendo una lista. Vamos a ver cuál fue mi top ahí… Bueno, me gusta mucho, hablando de directores, Tarantino. Ah, no es Pulp Fiction, pero sí es Bastardos sin Gloria, porque me disfruté tanto esa versión de cómo pudieron haber muerto esos nazis. Es increíble.

–¿Serie?

–Ay, me encanta Sense 8, me gusta Stranger Things, me gusta… Ah, vi una que se llama Orphan Black, que de hecho la protagonista es improvisadora y hace como 15 personajes en la serie. Vale la pena verla.

–¿Actor o actriz?

–Me gusta mucho Helena Bonham Carter. Me encanta.

–¿Ídolo?

–Yo siento que… O sea, no es que quiero hacer exactamente lo que hace, pero a mí me parece un ídolo Jimmy Fallon. Lo admiro mucho.

–¿Comida?

–Me encanta el sushi y me gustan mucho las hamburguesas que vende mi novio.

–¿Frase?

–Una que me gusta mucho es de John Lennon que dice: “Life is what happens to you while you are busy making other plans (La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes)”.

–¿Un libro?

–Tengo 4 libros que estoy leyendo al mismo tiempo y ninguno lo he terminado (risas). El que llevo más adelantado es Caballo de Troya.

Jorge Parra: “Nos queríamos morir. Entramos en una crisis y tuvimos que reinventarnos” (II)

(Para leer la primera parte de la entrevista haz click aquí)

El show estaba en la cima, en la cresta de la ola, y del sombrero salió aquel maldito papel: “Gobernador que se duerme se lo lleva la corriente”. Willian Lara, por ese entonces capataz de Guárico, había muerto ese día a causa de un accidente automovilístico que había terminado con él y su camioneta en el río Paya. Alejandro Mirabal, chofer y escolta del político, informó a las autoridades que pudo sacar a Lara de la camioneta, pero que su cuerpo inevitablemente había sido arrastrado por la fuerza de la corriente.

Cuenta Jorge Parra, fundador de @Improvisto, que los actores desconocían el hecho, pero salió el papel y tocaba hacer lo que hacían cada noche: improvisar. Inventaron la historia de un dirigente que impedía que su pueblo progresara y concluyeron la presentación con el líder ficticio metido en un barco a la deriva.

Sin saberlo, aquella improvisación les costaría su puesto en el CELARG y se convertirían en enemigos del gobierno: a los dos días apareció el por ese entonces vicepresidente Jaua y comandó el ataque mediático contra el espectáculo teatral. “Se la agarraron con nosotros y nos prohibieron a cada uno de nosotros presentar cualquier tipo de función allí. Decían que actuábamos con máscara. En realidad no tenían ni idea de lo que hacíamos”.

Lo cierto es que tuvieron que mudarse para El Hatillo y el comienzo no fue sencillo.

–¿Cómo fue esa transición?

–Para El Hatillo no iba la misma cantidad de gente. Fue toda una crisis. Pasamos de meter 480 personas y estar agotados, a meter 150 en una sala con capacidad para 200.

Nos queríamos morir, porque una cosa era presentarse a las 10 de la noche en el CELARG y otra muy diferente era tener función a las 10 p.m. en El Hatillo. Entramos en una crisis y tuvimos que reinventarnos, pensar en cómo le haríamos publicidad al show.

Entonces decidimos atacar distinto para llegarle al público. Nosotros habíamos recogido los mails durante todas las funciones del último año, así que nos pusimos a enviar correos. El boca a boca fue el mail: “¡Estamos en El Hatillo, estamos en El Hatillo!”. La gente empezó a correr la voz y comenzamos a agotar las presentaciones otra vez.

Después tuvimos un boom hasta ahorita: cuando cumplimos la década giramos por Venezuela y, en un año, el staff llegó a verse 310 días entre ensayos, funciones y viajes. Estábamos todos los días juntos. Nos caíamos a trompadas, no nos aguantábamos, nos amábamos, nos odiábamos, pero en el escenario nos entendíamos muchísimo.

–¿Todavía dirige Improvisto?

No. Hace dos años que ya no soy el director. Después fue Ron Chávez, creo que hasta diciembre del año pasado, y ahí lo agarró Nadia, que es la directora actual. Yo quería dejarlo hace mucho, pero no conseguía convencer a alguien de que lo dirigiera.

–¿Por qué lo quería dejar?

–A las cosas hay que soltarlas. Si no, no tienen vida propia. Yo sentía desde hace tiempo que lo mejor que podía pasar era que al show lo refrescara otro. Siempre lo pensé como un equipo de fútbol, así que la única forma es que cambiáramos de técnico. Nuevas ideas, nuevas ganas de jugar, nuevas formas de regañar y explicar.

Lo que siempre quisimos es que la gente fuese a ver teatro, no caras ni personas. De hecho, la gente va a Improvisto y no sabe ni quién va a actuar ese día. Entonces, lo mejor que podía pasar es que saliera yo.

–¿Cuál es la filosofía de Improvisto?

–Creemos en el trabajo, creemos en el juego. En el compromiso de jugar en serio.

–¿A qué se refiere con jugar en serio?

–Como en el deporte, tú entrenas mucho y sales al campo a jugar comprometido con el juego, no estás atontado ni mirando maripositas. Tampoco te tomas tres botellas de vino antes de entrar a la cancha. No, no. Uno practica para tratar de jugar lo más despierto posible. A veces la gente piensa que la energía que los actores emanan en el escenario es consecuencia de haberse tomado una botella de ron antes de presentarse, y no es así.

La magia de entrenar es que, por ejemplo, un actor muestre en tarima un personaje que ha venido practicando durante los últimos tres meses y la gente piense que es algo que se le ocurrió en ese momento. Claro que siempre se prueban cosas en vivo, sin entrenarlas previamente, porque ahí está el desafío, el vértigo. Si se sabe que fulanito no sabe cantar, es muy probable que el equipo lo ponga a cantar. ¿Y sabes para qué? Para que no sea tan boludo, porque lleva tres años entrenando y aún no sabe cantar. “Ahora échale bola”. Pero obvio que eso lo hacés en una función buena, porque si no, es como pateársela a tu propio arquero. Tenés que hacerlo cuando vas ganando por mucho.

–¿Se puede aprender a ser cómico y a improvisar o es algo que viene innato?

–Indudablemente que se puede, que tú después seas bueno o no depende de cuánto te guste. Si te gusta, te vas a dedicar a trabajar y a mejorar.

Todo lo puedes aprender. De hecho, tenemos la Escuela del Humor porque creemos en eso. Ahora, de ahí a que llegues a jugar como Messi es otro pedo, porque vas a hacerlo cuando tengas 80 años. Algunos tienen la magia intrínseca.

–¿Inculcó algún ritual prefunción? ¿En qué consistía? 

–Básicamente era gritar Improvisto antes de salir. Después hay como muchos rituales según el grupo. Durante mucho tiempo jugamos fuchi, en otro momento nos dábamos lepes. Siempre había un juego para que permaneciésemos despiertos.

–La clave es estar despiertos. 

–Sí, la clave es estar atento al juego. Querer jugar.

–¿Qué es jugar? ¿Cómo lo define?

–Jugar es hacer algo por el placer y el disfrute. La vaina es muy simple: nadie va a ir a jugar fútbol pensando en que lo van a quebrar. Uno dice “Yo voy a jugar el fútbol” contento, con una sonrisa, porque piensas en el disfrute de la pelota, en la fantasía del juego. Vos decís que vas a jugar dominó con tus amigos y no piensas en que te van a estafar.

Te lo voy a explicar con este ejemplo: Tu hijo te pasa la pelota y vos estás en el celular y se la pasás de costado, entonces te la vuelve a pasar y tú se la pasas de costado de nuevo, así hasta que te dice: “Papá, vamos a jugar de verdad”. Entonces dejas el celular y te concentras. Eso es comprometerse con el juego. En la impro pasa lo mismo.

–¿Qué es lo más difícil de la improvisación?

–Manejar la ansiedad. Y eso se entrena justamente trabajando, para tener las herramientas, para estar preparado. Es como tu primera entrevista y tu entrevista número ochenta: cambia totalmente porque manejás mejor la ansiedad.

Lo que nosotros no podemos permitir es que los actores pierdan la adrenalina. De ninguna manera. Por eso es que te digo que les pido lo que les cuesta. Lo que uno tiene que mantener siempre en el escenario es el disfrute. Si el actor no está disfrutando, la vaina no fluye. Vos ves equipos de fútbol con jugadores brillantes, y decís: “Coño, pero se ve que no la están disfrutando”.

No hay nada más egoísta que buscar hacer reír a otro. Cuando tú haces reír al otro tú te sientes plenamente feliz. Entonces, cuando el público se ríe, los actores tripean demasiado y por eso siguen haciendo las boludeces que hacen.

–¿Un introvertido puede ser actor de improvisto?

–Sí, los ha habido muchos. Lo que sí es que hay que manejarlos. Ahí el trabajo es del director, porque los extrovertidos tienden a querer lucir demasiado ellos y aquí el trabajo es del equipo, hay que hacerlos entender que “Mira, está bien, pero jugás para el equipo. Acá la copa no la vas a levantar tú”.

–¿No hay capitán en Improvisto?

–A veces en el escenario le toca asumir el rol de capitán a alguno pero no es algo fijo, la cinta corre según como está el juego.

–¿Cuál recuerda usted que ha sido el mejor momento en tarima?

–La vez que estuvimos en el Aula Magna por los 10 años de Improvisto. Verga, fue una vaina… como ganar por goleada en el Maracaná. Estuvo lleno, agotado. Y todos gritaban “¡Improvisto, Improvisto!” y sacaban carteles… Era un orgasmo tras otro.

–¿Y el peor?

–Yo recuerdo una vez en Valencia, en una vaina de médicos, de señores de 70 años… Nos habían llevado a un evento empresarial porque Improvisto estaba sonando Y cuando entramos la gente estaba comiendo, estaban todos los mesoneros sirviendo y salimos nosotros. Era de esos eventos en los que ponen a una orquesta. Pero en vez de poner a una orquesta nos pusieron a nosotros. Nos pegamos un culazo maaaaal. Veníamos de partirla todos los días y llegamos ahí y fue como “¿Para qué nos metimos en esta loquera?”.

–¿Improvisto en una palabra/frase?

–Jugar.

–¿Algún hobby?

–Jugar con mis hijos

–Una canción.

–Vasos vacíos

–Un artista.

–Los Rolling Stones

–Película.

–Underground, de Emir Kusturica.

–Actor.

–Robert De Niro

–Frase.

–Si te hace feliz, hacelo. La decía mi mamá todo el tiempo, todos los putos de días de mi infancia.

–¿Ídolo o modelo a seguir?

–La idolatría para mí no tiene que ver con personas a seguir. Yo idolatro por pasión. A mí me gustaría ser como mis hijos. En serio. Si es a seguir, intento aprender todos los días de mis hijos.

Ahora, admiro muchísimo lo que escribe Galeano, pero yo no sé cómo era él, quizá le caía a patadas a sus hijos… la magia de Maradona en el fútbol…

–¿Comida?

–Milanesa con papas fritas.

–¿Libro?

–El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.

Erik del Búfalo: “El chavismo es crimen organizado en el poder” (I)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Foto por: @traficovisual

Son quienes lo adversan los que han aumentado su leyenda. A sus twitts le han atribuido, incluso, derrotas electorales, cosa que a él le produce risa. Jura que nunca ha querido ser un influenciador de la opinión pública (le ha llegado sin buscarlo), sino que lo suyo siempre ha sido procurar atizar y despertar la conciencia de quien lo lee. En esa labor, en ese continuo gritar que los reyes están desnudos, ha ido quedándose solo. Aun perteneciendo a esa rara especie de los que se salen del lugar común para decir algo interesante (o por lo menos distinto), son pocos los medios que lo llaman. No le preocupa ni le importa demasiado: filósofo a fin de cuentas, no es al ostracismo, sino al desprecio, a lo que teme. Y mientras continúe diciendo lo que su conciencia le dicte, mientras no mienta y engañe, se sabe libre de esa condena. Por ello no ceja en su labor, aun a riesgo de aumentar aún más la lista de gente que no lo soporta y adversa, que a estas alturas resulta imposible saber si la encabezan los miembros de la dictadura o los de la oposición, que para él, nadie lo dude, son prácticamente lo mismo: beneficiarios todos de un sistema que gira en torno a la renta y a un montón de negocios ilícitos (y algunos criminales), cuya gesta viene de mucho antes. Eso es apenas un abreboca de las varias y muy interesantes cosas sobre las que hablamos en @RevistaOJO con el filósofo Erik del Búfalo, en una larga, sustanciosa y reveladora conversación sin censura, cuya primera parte puedes leer aquí:

-Erik, si, por poner un caso, alguien que cayó en coma durante las marchas, cuando la calle estaba en su efervescencia, se despierta hoy y te pide que le expliques qué pasó, ¿qué le dirías?

-Caramba. Esa es exactamente una pregunta que yo me hago. Y es muy difícil, porque mi estado de perplejidad es muy grande. Yo todavía estoy tratando de metabolizar qué es lo que está pasando. Lo que es obvio, a nivel político, es que hubo un acuerdo a espaldas del país, y que hay un…la palabra que me viene es contubernio: un contubernio de las fuerzas políticas para mantener la gobernabilidad de sistema.

-¿…y en ese ‘contubernio’ se traicionó a la gente?

-Peor: se usó a la gente para tener capital político para la propia agenda de cierta clase opositora, y negociar con base en ello. Lo cual es mucho peor, es mucho más terrible, es algo infame.

-¿Serviría eso para explicar por qué, entonces, tras unas jornadas de protestas tan duras la dictadura no cayó?

-No cayó porque nunca estuvo destinada a caer. Porque aquellas fuerzas aparentes que estaban movilizando el cambio lo hacían era para tener recurso político, pero no para usar eso como instrumento del cambio.

-Para caracterizar lo que vivimos se han dado diferentes definiciones. Arturo Pereza llegó a hablar de ‘tiranía del pranato’, tú alguna vez de ‘socialismo de anti-sociales’, ¿qué es esto que estamos viviendo?

-Es crimen organizado en el poder. Es un sistema socialista en el sentido más vulgar, pero que no se basa en la producción, en los medios de producción, sino en la repartición de la renta petrolera y en la rapiña de todo recurso natural, como el Arco Minero; y que también se basa en el empobrecimiento absoluto del trabajo. En términos marxistas sería de acumulación originaria del capital para ellos, a partir de la destrucción del trabajo y de la exacerbación del clientelismo a partir de la renta. Pero además se añaden estos negocios criminales que tienen que ver con el narcotráfico, con el contrabando, y con la mafia cambiaria, que es un negocio muy fácil: en los veinte minutos que haces una llamada te dan dólares a 10 BsF, y esos los puedes vender a 60 mil [NDLR: una semana después el dólar llegó a 80 mil]. Entonces, ¿cuánto hiciste en 30 min con riesgo nulo? Porque incluso el narcotráfico tiene riesgos. Pero con la mafia  cambiaria el riesgo es mínimo, lo puedes hacer por WhatsApp, y la tasa de retorno es brutal. No hay un negocio parecido en el mundo. ¿Pero cuál es el costo de eso? Es la destrucción de la sociedad. Es la devastación de la fuerza de trabajo, de la salud de la gente.

-¿Qué es el sistema?

-Es un sistema de rapiña bien particular, que favorece élites entorno al control cambiario, los contratos con el Estado, el situado constitucional y tal vez negocios más oscuros. No estoy acusando a nadie, pero hay que recordar que el narcotráfico es un negocio que permea muy fácil en todos los sectores de la sociedad: es el negocio que más fácilmente permea porque su capacidad de apalancamiento es muy grande. Y la extorsión también, de la cual hay muchas formas. Yo creo que parte de la clase política está extorsionada y la otra es cómplice manifiesta por las acciones que toma. Uno puede pensar que ciertos presos políticos que están en prisión en sus domicilios están extorsionados, pero hay otros políticos que están a sus anchas, libres y todo lo que hacen es para mantener la gobernabilidad.

Ahora, el hablar de sistema sugiere que no es algo coyuntural, sino estructural, y si es así eso toma tiempo, ¿desde cuándo impera este sistema?

-El sistema viene gestándose desde antes del chavismo. Lo que pasa es que con el chavismo transmutó en una cosa peor. Pero viene gestándose desde la caída de CAP II. Yo creo que la situación actual comienza en ese momento: allí empieza una reacción muy virulenta de las élites. No del pueblo: de las élites. La reacción popular se había dado en el 89, al principio, pero después estaban asumiendo la agenda. Sin embargo, las élites comienzan a reaccionar, en el 90-91, cuando se ven amenazadas por la apertura económica. Entonces, esas élites, que son económicas y financieras esencialmente, que estaban acostumbradas a parasitar en torno al Estado, empiezan a conspirar contra Carlos Andrés Pérez. Cae CAP, hay una necesidad política, y surge una cosa que la gente no suele tomar en cuenta, pero que era muy pre-chavista: el chiripero. Y allí comienzan a gestarse todas las bases por las cuales la gente votó por Chávez, porque allí están todas las promesas que volvían otra vez a un socialismo exacerbado.

Si como Zavalita, al inicio de ‘Conversación en La Catedral’, nos pusiéramos a buscar ese momento en el que se ‘jode’ el país. ¿Sería la salida de CAP II?

-Sí. Pero no tanto por la figura particular de CAP, sino por las reformas, que yo pienso que eran las que había que hacer, y que, dicho sea, él las hace muy mal: con engaño electoral. Entonces, aunque poner un origen en la historia es una cosa muy complicada, creo que el momento puntual en el que hay una línea más o menos clara, un vector, es allí en el 92: se paran las reformas, se restituye el Estado rentista al máximo, incluso más populista de lo que era antes, y eso va llevando a la lógica que desemboca en Chávez.

-Y allí está también el muy controversial papel jugado por Caldera…

-Pero hay que distinguir dos cosas: a CAP lo tumba su propio partido. Escobar Salón, Ramos Allup, todos ellos, que le quitan el apoyo político y lo mandan a la piqueta. Entonces Caldera, que un político de la vieja guardia, de los de antes, que no era, digamos, Freddy Guevara, vio su oportunidad, lo cual no era ilegítimo. El problema es que para llegar al poder se tiene que montar en un discurso que no le pertenecía, mucho más populista que el que había tenido. Caldera representaba la centro derecha en Venezuela, simbólicamente, porque en verdad nunca funcionó así. Pero se monta en ese discurso populista, que sienta las bases de que eso está bien. Y es, además, un gobierno que se llena de muchos oportunistas. Y luego, todo ese oportunismo venezolano ve el chance de Chávez, y militares, empresarios y dueños de medios, gente muy poderosa, lo consienten, le prestan aviones, le financian la campaña. Eso hay que tenerlo en cuenta: Chávez no fue tampoco un ‘outsider’ que llegó solito de la nada.

-¿Tú votaste por Chávez?

-No. Yo voté por Claudio Fermín, lo cual no me llena de ningún orgullo jajaja.

-Entones a ti Chávez nunca te sedujo…

No. Todos mis amigos en la universidad eran chavistas. Parte de mi familia y mi familia política. Pero yo no. De hecho yo escribía en ‘Economía Hoy’, y era muy duro con Chávez.

-…aun cuando todo el país se le rendía.

-Es que el Chávez del principio, aunque era un tipo muy ignorante, tenía mucho carisma. Mi esposa tiene una imagen muy buena, porque dice que Chávez tenía todas las voces de Venezuela: hablaba como un evangélico, como un narrador de deporte, como un beisbolero, como un militar. Tenía todas esas voces arquetipales venezolanas. Era como un pastor. Yo creo que él nunca supo muy bien donde estaba metido.

-¿Cómo así?

-Chávez siempre fue un monigote llevado por intereses que él no dominaba. Él no era ningún Comandante Supremo ni ningún líder. Hay un artículo que yo escribí en Aporrea en el que decía que era un globo: un monigote inflable llevado por una masa criminal.

-¿Y eso no es exculparlo?

-No, no: él es culpable. De eso no hay duda. Pero, digamos: en el chavismo, el menos culpable es Chávez. ¿En qué sentido? En que todos los jala-mecates de Chávez, los oportunistas, las élites que lo apoyaron, toda la mediocridad del país, lo sostuvo. Él era un pobre loquito inflado a nivel de César, con todo lo peor del país alrededor, que le jaló mecate sin parar y hasta lo llamó Comandante Supremo siendo un pobre diablo. Y al final de su gobierno se ve: él es llevado por ese sistema, muy armado por los cubanos, muy de Fidel, y de hecho cuando Chávez muere ponen  a Maduro, y la gente subestima a Maduro, pero Maduro en su visión del mundo, que es nefasta, ha sido más eficaz que Chávez en transformar al país.

-Para el mal…

-Para el mal para nosotros, pero exitosamente para ellos.

-¿Entonces, esto era algo premeditado?

-Mira, al chavismo se le puede ver y entender de dos maneras: La primera, como algo que se coleó en la historia: ese señor charlatán, con mucho carisma, coleado en la historia, que hace un gran desastre. La segunda: como algo que se instaló y se escapó de las manos. Yo pienso que es la segunda hipótesis: porque si Chávez hubiera durado 6 meses, un año, cinco, hubiese sido eso: un señor que se coleó en la historia. Además que la lógica, tras la muerte de Chávez, de mantener a Maduro, por las fuerzas decadentes de la IV, me refiero a AD y a otros partidos, demuestran que hay una continuidad. Además, son los mismos protagonistas que tumbaron a CAP, que conspiraron contra él. Eso demuestras que hay una continuidad de actores, de política y de orientación de lo que debe ser la vida pública en Venezuela, que hace pensar que no es que Chávez se coleó, sino que fue llevado allí, se escapó de las manos, y después, cuando muere, se trata de mantener la herencia, lo que entre comillas se llama ‘el legado’, que es este sistema muy mafioso, muy criminal, que estamos padeciendo los venezolanos.

-¿Los pueblos tienen destinos manifiesto? ¿Estamos destinados a ser este gran fracaso?

-Guao. Es muy duro como lo pones tú. A ver. Vamos a matizar un poco. Venezuela no ha sido un gran fracaso. Venezuela ha sido un campo de batalla, siempre, entre fuerzas distintas. En Venezuela se han dado cosas maravillosas, que no se han dado en Latinoamérica, y se dieron aquí primero. Y se han dado cosas terribles, que también se han dado aquí primero. Tuvimos a Boves, pero también a Francisco de Miranda, a Bolívar, a Bello. Es también la tierra de Zamora y de esa gente, claro. Pero es la tierra que logra modernizar un país en poco tiempo, mientras el resto de la comunidad andina estaba muy atrasada; es un país que inventó la vacuna contra la Lepra, es un país de gente muy buena y muy maravillosa. Venezuela es un país que siempre ha sido progresista, en el sentido que llamaríamos hoy: siempre dejó que las clases bajas accedieran de algún modo a la riqueza y al poder. En Colombia, por ejemplo, nunca fue así. La oligarquía bogotana, que es casi feudal y terrateniente, nunca permitió esa movilidad que nosotros tuvimos: cada vez que había movimiento democrático, mataron. Siempre taponaron. Y de hecho, los venezolanos nunca le perdonaron eso a Bolívar: que quisiera entregar el país a la oligarquía cachaca, que era muy reaccionaria y feudal, y con razón. Y no porque el proyecto de la Gran Colombia fuera malo (era muy bueno), sino porque justamente, para hacerlo, tenía que darle poder a Santander, etc, que no veían las cosas como Bolívar, y veían a Venezuela con gran desprecio. Pero Venezuela es un país visionario, de relaciones muy horizontales. En Latinoamérica es muy raro eso. Eso nada más se puede ver en países como Argentina y unos pocos más. Venezuela fue muy moderna en eso. Pero al lado de eso, tenías…¿cómo lo simbolizamos en una imagen que se entienda? Tenías un campo petrolero, que tiene todos los servicios adentro, una cerca y un montón de gente mendigando trabajo en el campo petrolero. Esa es la forma para mí estructural del chavismo: tienes una modernidad cercada y un poco de masa que no saben cómo acceder a esa modernidad. Las élites se empantuflan, se acomodan con la renta, cortan el flujo del proyecto modernizador, que no aparece nada más con la generación del 28, esa es la segunda parte, siendo la primera Guzmán Blanco, que la gente lo desprecia y tal…

-…porque quería convertir Caracas en Paris…

-…no. Él no quiere convertir esto en un pequeño París. Ese es el discurso resentido. Fíjate que hay siempre como dos historias en Venezuela, y una siempre de resentimiento: pelucón, afrancesado,  pitiyanqui. Siempre hay ese bajo continuo, esa voz dolorida de gente que no supo nunca cómo llegar a la modernidad, y de élites que no fueron lo suficientemente inteligente para maximizar eso.

-Pero a ver: tuvimos la guerra de independencia más sangrienta de Latinoamérica. Bolívar muere exiliado y pobre, Miranda desembarca y no consigue a nadie, muere preso en una cárcel…

-…Miranda era hijo de comerciantes, de una panadera. Un tipo que estuvo en Rusia, en la corte Rusa, que está en el Arco del Triunfo. Era un hombre que además tenía una visión de lo que iba a ser la modernidad. El mundo pensaba en reyes, y él en repúblicas, incluso globalizadas. Un visionario. ¿Qué hijo de la panadera en Perú, por ejemplo, que es muy vertical, iba a poder hacer algo así? Eso te dice a ti que en Venezuela, incluso el hijo de la panadera podía tener esas posibilidades. Aquí hay una visión más horizontal de la realidad, más moderna, y eso es milagroso. Más allá de los errores de la existencia humana.

-¿Pero de qué le sirve al país esa horizontalidad y producir gente extraordinaria si al final el país le da la espalda y no pueden llevar a cabo sus planes…?

-Ya va. Lo que pasa es que este es un momento muy oscuro de Venezuela, y los seres humanos tendemos a proyectar en la historia el presente: si el presente es muy bueno, tendemos a pensar que todo ha sido maravilloso; si el presente es muy malo, tendemos a pensar que todo ha sido una porquería siempre. Y no es así: esto es un momento. Entonces no exageremos las cosas. Esto es un momento demasiado grave, demasiado triste, demasiado innecesario, que a la vez conecta con lo peor del país. Los países todos tienen una parte mejor y una parte peor. El problema es que la parte mejor tiene que prevalecer, porque, si no, todos la pasan mal. En Venezuela, y eso también es un defecto nuestro, somos muy tolerantes con lo que no tenemos que ser tolerantes. Aquí se alcahuetearon muchas cosas que no se debían alcahuetear, se fue muy laxo con la moral pública, con la corrupción, los guisos, la matraca y el chanchullo…yo pienso que a esto todavía le falta, pero que eventualmente Venezuela va a salir de esta pesadilla y volverá también a su situación luminosa, porque las ha tenido. Esto es más oscuro que Gómez, ¿eh? Gómez era, cuando yo estudiaba en el colegio, lo más oscuro que había pasado en Venezuela en la modernidad, después de la Guerra Federal. Y sin embargo, uno estudia a Gómez y sí, un campesino campechano y un poco brutazo, pero modernizador. Esto ni siquiera: es una destrucción, una devastación como nunca hemos visto. Es pre-gomecista.

-¿De los presidentes de la democracia cuál fue el mejor?

-El más importante fue Betancourt. No sé si el mejor, pero el fundamental es Betancourt. Fue el más claro de su generación.

-¿Era el pacto de Punto Fijo tan vituperable como el chavismo lo ha hecho ver?

-No. Punto Fijo fue lo más moderno que tuvimos en Venezuela. Fue el momento más lúcido durante el siglo XX. Lo que pasa es que la gente siempre le atribuye a la política la derrota. Lo que pasa es que el sistema fue secuestrado por la sustitución de importaciones. Se volvió una especie de paternalismo, de relación simbiótica con el Estado muy grave.

-¿Fue un error excluir al PCV de Punto Fijo?

-Lo que pasa es que en el momento estábamos en plena guerra fría. Si no se le hubiera excluido el PCV no hubiésemos, a lo mejor, tenido el apoyo de Estados Unidos. Estábamos en pleno macartismo y hubiera sido muy difícil que EEUU hubiera apoyado el golpe contra Pérez Jiménez si después se hubiese metido al PCV. Quizás hubieran apoyado después un golpe de militares perezjimenistas. Entonces tácticamente tuvo sentido.

-Erik, tú has sido más crítico con la intelectualidad venezolana…

-¿Te parece?

-…y quisiera preguntarte: ¿por qué?

-Es que en Venezuela los intelectuales son como un círculo de amigos, lo cual es un fiasco. El amiguismo intelectual es peor que el político, porque te estupidiza. Tienes 4 o 5 amigos que te aplauden todo, haces libros y los presentas ante esos 4 o 5 amigos que te aplauden, y eso te vuelve idiota. Tiene que ver, también, con esta idea de Ateneo, que es una casita en la que todos compartimos, luego se vuelve CONAC, viene el subsidio. Entonces el intelectual venezolano, que es el intelectual del subsidio, está destinado, está preso, por esa misma mentalidad de subsidio y clientelar. Y terminas viendo intelectuales que son operadores políticos, y eso es nefasto. Yo tengo mis preferencias políticas, pero no hablo desde allí. Si yo hablara desde allí perdería mucho prestigio, porque estaría ejerciendo otra función.

-¿Y esto ha sido así siempre?

-Ha pasado desde hace mucho tiempo. Además que en los 60 pasaba que si no eras de izquierda entonces eras un bicho raro, un fascista, un reaccionario. Luego había intelectuales adecos, intelectuales de partido, y eso era nefasto.

-¿A qué intelectual venezolano rescatarías del olvido?

-A Mariano Picón Salas.

-¿Y de los actuales?

-Yo con Colette Capriles estoy muy distanciado en el momento actual, pero ha escrito una obra importante. ‘La revolución como espectáculo’ es un libro que hay que leer. A Gisela Kozac la rescataría. Rescataría a Aura Palermo. A Ana Teresa Torres, que tiene una obra importante. Todos han hecho cosas interesantes. A Carlos Rangel hay que rescatarlo también, porque además vivió una época horrible en la que era él solo en un desierto, un liberal en medio del colectivismo exacerbado de su época. Y lo bueno de él es que muestra muy bien las resistencias más profundas que existen en el momento histórico, de por qué Venezuela es un país muy miedoso al liberalismo.

[PARTE II: AQUÍ]

Jorge Parra: “Quería que el show fuese el predespacho para salir a rumbear después” (I)

Cuenta con precisión que llegó a Caracas el 13 de octubre del 2000, en plena aventura mochilera: había comenzado a caminar en su natal Argentina y tenía la intención de llegar hasta México. Jorge Parra era un actor de teatro que buscaba su lugar en el mundo y para ello había decidido explorar todos los rincones de América Latina.

Al sur del continente, en su país de origen, su inicio en las tablas había estado marcado por el teatro político. No obstante, pronto se dio cuenta de que su pasión se escondía en la sonrisa de la gente –“Empecé a hacer humor, a estudiar clown y a hacer shows de calle”–. Esa movida artística de la que ahora formaba parte estaba asociada a un estilo de vida nómada: ir de plaza en plaza y de pueblo en pueblo con un espectáculo guardado en la mochila.

Había leído ‘Las venas abiertas de América Latina’ y quiso ir a Bolivia para conocer Potosí. De regreso a Argentina pasó por una ciudad llamada Cochabamba y se enteró de que allí nunca había invierno. Así que quiso comprobar semejante locura –“Yo decía: ¿Cómo no va a haber invierno?”– y programó un viaje para pasar esa época del año en aquel lugar de Bolivia. El descubrimiento –“Efectivamente era un clima tropical. Llovía, cambiaban las cosas, pero no hacía el frío que uno sufría en Argentina”– le despertó la curiosidad y desde ahí decidió conocer Sudamérica. Pasó por Chile, por Ecuador, recién había estado en Colombia, pero nunca había visitado nuestro país.

“Aquí no se jugaba mucho al fútbol. En ese tiempo lo único que sabía era que los cantantes eran el Puma y Montaner, que tenían el Miss Venezuela y que había un presidente militar. A mí no me interesaba nada de eso”. Lo que sí le interesaba a Parra era renovar la visa y las circunstancias le obligaron a hacer ese trámite por estos lares. Entró mochileando por San Cristóbal, participó en un pequeño festival de cuenta cuentos en Mérida y cuando llegó a Caracas quiso ir a un lugar del que le habían hablado: Choroní. Allí, en el estado Aragua, a Jorge le robaron el pasaporte y aquella desgracia le cambió la vida.

“Para sacar el pasaporte necesitaba una foto impresa y eso tardaba tres meses. Así que me fui quedando, quedando y quedando”.

–¿Cómo le explicó a su familia que se instalaría en Venezuela?

 –Tardé en querer quedarme. Es decir, sin saberlo, me fui quedando, la estaba pasando bien. En el 2001 viajo por primera vez de vuelta a Argentina y tenía miedo de no volver, porque mi visa de artista cultural vencía en noviembre y yo había salido en diciembre de aquí. Estaba muy cagado, tenía pánico de no poder volver, algo que nunca me había pasado. Yo había salido con la visa vencida de un montón de países y si no podía volver no me importaba. Y fue la primera vez que tuve una sensación rara, porque yo decía “Miércoles, ¿y si no puedo volver?”, porque te ponen un sello rojo en el pasaporte si te quedás fuera de tu tiempo.

Como iba para Argentina dije: “Bueno, nada, me largo”. Pero quería volver. Se suponía que iba a estar seis meses en mi país, pero en tres ya estaba de vuelta en Venezuela. Me invitaron a una obra acá y dije: “Me voy”. Había venido sólo por 15 días. De hecho, todavía hoy me dicen “¿Vos te vas a quedar para siempre?” y yo respondo: “Qué sé yo. Vine por 15 días y todavía estoy acá (risas)” .


–¿Qué lo enamoró de esta tierra?

–Para mí hay algo que es muy marcado y es la actitud del venezolano ante la vida. Yo siempre lo explico con Argentina, porque es mi ejemplo inmediato, no porque sea crítico de mi tierra. Yo tengo muchísimas cosas de allá que quiero y uno no puede dejar de ser lo que es, pero lo explico así porque es el país que más conozco.

Vos le preguntás a un argentino cómo anda y te dice: “Bueeejjjno, acá andaaaajjjmos… tirando para no aflojar”. Vos le preguntás a un venezolano cómo anda y te dice: “De pinga, mi pana”. Y esa actitud ante la vida cambia todo. Vos ves a la gente cagándose de la risa en las colas: “No, marico, tenemos pa’ cuatro horas más”. Y vos decís: “¡Qué arrecho esta vaina!” O sea, es raro. Yo no digo que esté bien, pero es raro, es raro. Y eso hace que la actitud sea distinta ante la vida.

–Y en la situación actual, ¿esa energía se mantiene?

–No tengo dudas de que no es igual. Precisamente la situación ha cambiado eso. Saber que no tenés el remedio para tu hijo…

Mira, hoy fuimos a hacer mercado. Gasté 800 bolos (Bs. 800.000) en una compra que no me va a alcanzar para siete días. La semana pasada, en el Farmatodo, la pasta valía 28.000 bolívares. Yo dije: coño, qué cagada que costaba 4.500 hace dos semanas y no la compré. Hoy fuimos y valía 54.000. En apenas dos semanas… Ni el dólar subió el doble en ese período de tiempo.

–Ahora, ¿cómo nace Improvisto?

–A ver, yo había hecho muchos talleres. Con Elías Muñoz yo quería hacer algo de clown. Ya existía Akeké, que es un grupo de teatro que fundamos con el propósito de reivindicar el nombre del payaso en la sociedad. De ahí nace Doctor Yaso. Allí hacíamos cosas de clown, pero yo sentía que el público no estaba listo para ver shows de payasos, porque no los habían tenido antes. Entonces dije: “Lo primero que podemos hacer es montar obras de clown pero sin nariz”. De hecho, recuerdo que al principio en las presentaciones de Improvisto hacíamos todo muy clown. Después fuimos aprendiendo improvisación y fuimos metiendo más de eso.

Pero, respondiendo a tu pregunta, todo empieza cuando decidimos hacer un taller sobre montaje de improvisación en clave clown. Así comenzó Improvisto: siendo un taller de seis meses que terminaría con una muestra, con una presentación al público.

–Fue un experimento…

–Fue un experimento. Y los chicos se fueron enganchando hasta que terminó formándose ese espectáculo. El taller era súper exigente: seis meses con ensayos todos los putos días. Además, si faltaban, los iba echando.

–Entonces usted ya tenía en mente sacar una obra de ese estilo.

–Sí, eso es lo que íbamos a hacer: improvisación en clave clown. Lo que no sabíamos era cómo se iba a llamar. Dos semanas antes del show nació el nombre de la muestra: ‘Improvisto’. De resto, ya teníamos todo claro desde el principio: estábamos seguros de que íbamos a presentarnos con bragas, porque representan el trabajo. Por eso es que entrenábamos todos los putos días. Yo había vivido mi experiencia teatral y siempre había sido así. Estaba acostumbrado a que si yo llegaba tarde no me dejaban entrar.

–Es muy estricto con eso.

–Es que así había sido mi formación. Con el tiempo la he relajado un poco. Pero a mí no me dejaban entrar. Ahora, por ejemplo, si alguien entra tarde y me hace una pregunta de lo que expliqué antes, coño, no lo saco a patadas por el culo, pero las ganas las tengo. Eso sí, los dejo entrar. Antes no lo hacía. Lo que pasa es que, como te digo, a mí me habían formado así. Yo iba y limpiaba al teatro. Yo le pagaba al profesor, y era caro. Aun así, el tipo me decía: “Bueno, para que aprendan, limpien el teatro”. Él tenía señora de limpieza, pero nos obligaba a limpiar el teatro, porque él había aprendido así. Entonces teníamos ese tipo de formación, que yo no digo que sea la mejor, pero aprendíamos cosas. Nos hacía hacer las luces con latas y nosotros decíamos: “Coño, si tenés las luces allí”. Y nos decía: “No importa, hagan las de ustedes. Entiendan cómo se hacía antes para que aprendan cómo usar esta maquinaria, porque así cualquiera”. Yo creo en el trabajo. Yo no soy un tipo talentoso, soy trabajador como perro.

De hecho, a mí me costó horrores hacer clown. Muy pocas personas te cuentan que han hecho 10-12 talleres de clown. Yo lo hacía porque no me salía. Entonces, yo sé, por experiencia propia, que la clave es trabajo, trabajo, entrenamiento, entrenamiento, y toda la vaina para en algún momento te salga. No tengo dudas. Y por eso los hacía trabajar mucho.

–Volvamos a Improvisto. ¿Dónde lo presentaron y cómo fue el recibimiento?

–En la sede del Grupo Actoral 80, en el sótano de Parque Central, y fue una animalada en el primer día. No lo supe hasta años después, cuando aprendí lo que era un plan de negocios, pero la estrategia que habíamos diseñado fue un palo.

A mí me molestaba que las obras fuesen o infantiles o para adultos. En Argentina mi target siempre había sido el juvenil, pero aquí no había nada para ese público. Entonces dije: “Nosotros vamos a ser una energía rock, por lo que vamos a repartir invitaciones donde haya bandas. Queremos que los músicos y chicos que estén en esos eventos vayan a vernos”.

Como yo era muy fanático de una película que se llama ‘Underground’, de Emir Kusturica, y conocía al Grupo Actoral 80, que estaban en un sótano que casualmente ahora les quitaron, decidí que ese era un buen lugar para presentarnos. Yo decía: “¡Es un sótano, es underground, es allí abajo!”. La gente del GA 80 fue siempre súper amable. No tengo idea de por qué, pero siempre nos apoyaron mucho.

Nosotros comenzamos haciendo el show ‘a la gorra’, que es como yo había trabajado toda mi vida. Yo me paraba en una plaza, hacía funciones y luego veíamos quién podía colaborar y quién no podía. Yo tengo la filosofía de que todos los gobiernos deben trabajar para eso. Que no debe ser gratis. En este tipo de presentación yo tengo que brindarte un muy buen espectáculo para que tú colabores dignamente. Tiene que ver con una forma de pensar. Después del GA 80 nunca más lo pudimos hacer a la gorra porque en el CELARG, que era del gobierno, no se podía hacer ningún show si no se pagaba entrada. Los teatros comerciales tampoco aceptan la gorra porque dicen: “Mira, ¿y cómo dividimos la vaina después? ¿Me tengo que sentar a contar la plata?”.

–Ahorita sería insostenible. Los billetes no valen nada…

–Los billetes no valen nada, es verdad. Y no hay plata en la calle. Es cierto: en este momento no se podría hacer. Pero cuando empezamos en el GA 80 se hacían colas. En la sala entraban ochenta personas y en la primera función ponte que entraron noventa. Llenamos la función y sentamos a diez en el piso. La última vez que nos presentamos ahí había como quinientas personas haciendo cola. Hacíamos doble presentación el mismo día. Empezamos un fin de semana: viernes, sábado y domingo. Fue una locura.

–Fue un palo.

–Fue un palo, fue un palo. Luego pasamos al CELARG y la gente se fue para allá. Decíamos: “Qué loco esta vaina”. Hicimos dos temporadas ahí y todo se agotó. Después nos dicen para pasarnos a la sala del medio, la grande, a las 10 de la noche, luego de que terminara la obra de Mimí Lazo, que empezaba siempre a las 8. Nosotros decíamos: “Esa sala es muy grande”. Creo que entraban 200 personas. “No, ni de vaina”. Pero el encargado nos tenía una fe. Nos decía: “Háganlo ahí que va a funcionar así venga menos público. ¿Cuál es el problema?”. Yo siempre había querido que las salas se agotaran para que los chamos sintieran esa energía.

Y así empezamos en la sala grande, donde cabían 480 personas: viernes, sábados y domingos. Todo agotado. Luego agarramos los jueves. Ensayábamos marte, miércoles y luego nos presentábamos hasta que se acabase el fin de semana. Desde el martes, cuando íbamos a ensayar, ya estaba todo agotado. Era una vaina… nosotros no lo esperábamos. Era un desnalgue brutal.

–No cumplió el ciclo normal de un emprendimiento, de ir poco a poco y…

–No, no, no. Fue un palo al toque. Ojo, si este señor del CELARG no hubiese creído tanto en el espectáculo, yo lo hubiese frenado. Yo decía: “No, no, la sala chiquita”. Y él respondía que no, que la grande. “¡Miééééércoles, una sala de 480 personas! ¡Una locura!”, pensaba.

Sí me gustaba a las diez de la noche, eso sí, porque yo quería que Improvisto fuera lo que yo había hecho cuando hacía humor en Buenos Aires. Allí se presentaban las obras de teatro tradicional, intelectual, que era las que yo consumía y después a la salida me iba a tomar un vino a ver teatro también, pero uno más underground. Y ese era el predespacho para salir a rumbear después. Eso quería yo que fuera Improvisto: el predespacho para salir a rumbear después.

–¿Ese modelo ya existía en otras partes del mundo? Eso de…

–¿De improvisación? Sí, sí. Desde la comedia del arte para acá hay improvisación. Lo que no existía era el formato Improvisto, que ha cambiado con el tiempo, porque al principio era muy clown. El clown es la técnica del payaso. Uno por excelencia es Mr. Bean.
Juan Andrés (Belgrave) todavía tiene bastante de clown, pero ha ido metiendo mucha más impro como formación. En los inicios ellos podían jugar abriendo una puerta, en serio, como dos minutos. Nosotros lo que le pusimos luego fue la velocidad de la impro.

–¿Ese fue el elemento diferencial al principio?

–Al principio era el clown. Otros improvisadores ven improvisto y no lo entiende. De hecho la mejor forma de yo explicarles qué es improvisto les digo: Bueno, un grupo de improvisación pero que hace rock and roll en el escenario.

–¿Cómo se estaba haciendo en el mundo?

–Mira, había mucho de lo que es match, que son dos equipos que compiten uno contra otro. Ambos tenían que presentar una historia con un mismo título. El match tiene reglas y en Improvisto no había ninguna. La única condición es que había que tripear arriba. Yo lo que quería es que el público tuviese esta sensación: como si los actores estuviesen tomando birras y dijeran ‘Miren, vamos a jugar, vamos a hacerlo’. Eso es lo que yo quería y para eso hay que trabajar muuuucho.

–¿Los géneros los crearon ustedes?

–Géneros sí había, son comunes en la impro. Indudablemente hay géneros que jugamos sólo nosotros, que creamos para Improvisto. Después nos dimos cuenta de que había algunos parecidos que existían en otras partes. Pero nosotros inventamos los nuestros, las bragas, los colores.

Lo otro es que yo quería que contaran historias. Esta siempre fue mi pelea. Yo los hacía leer el periódico. Los obligaba. Primero discutíamos lo que habíamos leído y luego jugábamos. También les decía “A ver, pa’ esta semana se leen tal libro de Benedetti (risas), pa’ la otra semana Violeta Parra, para la otra semana…”

–Me atrevería a decir que usted se adelantó, porque recién ahora es que está en auge el storytelling.

–Sí, pero sinceramente existía otra gente que lo había hecho. Mucho tiempo después me enteré.

Yo quería que contaran historias, no quería que fuera un reírse por reírse. Yo asociaba más la impro con el clown y con la comedia del arte, esa que tomaba la historia del pueblo al que llegaba y luego la reflejaba. Yo quería eso. Siempre nos preguntábamos: “¿De qué hablan los jóvenes de acá?”. De hecho, nosotros íbamos, por decirte, a Maracaibo y agarrábamos los periódicos de esa región. Luego indagábamos. “¿Dónde se casa la gente de plata acá? ¿Dónde se casa la gente humilde? ¿Dónde se hace el mercado?”. Y preguntábamos a la gente: “A ver: dígame personajes conocidos”. Y así improvisábamos la historia de Maracaibo, que es lo que tiene la comedia del arte.

Ahora es la gente que nos dice, por ejemplo: “Contame la historia de Chacaito, que la extraño tanto”.

–¿Se mantuvieron en ese pico ascendente y nunca pararon?

–Sí. No me acuerdo en qué año nos echaron del CELARG. Justamente por el match de improvisación. Había muerto un gobernador (Willian Lara) que había tenido un accidente, había caído al río y se había muerto ahogado dentro de su propia camioneta.

La cuestión es que haciendo el match sale una frase que dice: gobernador que se duerme se lo lleva la corriente. Los actores que estaban en el escenario no sabían qué era eso. Ese tipo había muerto esa mañana, por decir algo. Y los actores, a la hora del show, no sabían. De hecho, la improvisación que hacen es de un tipo que no permite que su pueblo progrese porque les cobraba cosas y les sacaba la plata. Lo que hicieron en la improvisación fue meterlo en un barco y le soltaron las amarras.

A los dos días aparece el vicepresidente Jaua culpándonos de que habíamos hecho un desastre. Fue una vaina mediática. Nosotros hicimos lo posible por desaparecer, porque sabíamos que había sido un error e Improvisto, que era el fenómeno en ese momento, salió perjudicado. Se la agarraron con nosotros y nos prohibieron a cada uno de nosotros presentar cualquier tipo de función en el CELARG. De hecho, si vos buscás la información, decía: el productor argentino hizo tal y tal cosa. Y decía que actuábamos con máscara. No tenían ni idea de lo que hacíamos.

En ese momento fue terrible. No sabíamos qué hacer, nos queríamos matar. La vaina fue tan arrecha que echaron a Doctor Yaso de ahí. Con eso te digo todo. Doctor Yaso estaba en el CELARG y lo echaron de allí. Fue muy muy duro.

Por suerte, el año anterior había empezado Teatrex de El Hatillo y nos pidieron ayuda. Nosotros fuimos y propusimos hacer una temporada navideña. Al principio la gente no iba tanto. Costaba, era otro público. En el CELARG la gente se bajaba del metro, iba al show y luego salía a rumbear, porque ya no tenía metro para devolverse. En El Hatillo era otro target, otro público. Tuvimos suerte nosotros que justo ahí estaba explotando la movida del Stand Up con Bobby, con Reuben.