Cómo hacer revistas y no morir en el intento

Foto extraída de www.ondalasuperestacion.com

En los últimos años hemos sido testigos de la migración de medios impresos a digitales; de hecho, muchos presagian la completa extinción de revistas y periódicos en formato físico. Sin embargo, esta mañana, un especial de medios impresos en la emisora Onda demostró que todavía quedan muchos que no consideran “morir”, como una opción

El programa Lado B de la emisora Onda la superestación reunió a Paula Quintero,  Geraldine Villasmil, Juan Carlos Ballesta y a nuestra Vero Ruiz del Vizo, editores de las revistas Clímax, Mono, La Dosis y Ojo, además de mantener conversaciones telefónicas con Mario Aranaga de la revista Estampas y con Liza López de Marcapasos, para que contaran cómo se pueden hacer revistas y no morir en el intento.

El tema central y el punto donde todos los editores coincidieron fue que si bien mantener una revista en físico no es un trabajo sencillo, muchos medios impresos están poniendo todo el ingenio posible para darle un valor agregado a los contenidos y a la distribución para  evitar el supuesto fin que se avecina.

Además, uno de los datos más interesantes que se pudo escuchar en el programa  fue la cifra que arrojaron los estudios realizados por el Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro y el Instituto Nacional de Estadísticas, donde se supo que, en Venezuela, una población de  aproximadamente  30,6%  consume  y colecciona revistas. Así las cosas, vemos que no todo está perdido y que se necesitará algo más que web 2.0 para acabar con los impresos.

Jimmy Flamante: mucho más que música de pizzería

Por Patricia Anuel @patyneta

Fotos Fotoruido @fotoruido

Penetrar en los headquarters de Juan Medina AKA Jimmy Flamante es una experiencia abrumadora. Su habitación está inundada por una vorágine casi perfecta: cables arremolinados en el piso; aparatos indescifrables llenos teclas y botones de colores; y una montaña de franelas que se erige en medio de todo, entre revistas y sábanas, como señal inequívoca de que debajo de tanta tecnología sigue él, un ser humano de carne y hueso lleno de códigos binarios, pero humano al fin.

Este es su microcosmos: una pequeña macbook blanca en el centro y un montón de artefactos girando a su alrededor. La teoría del caos nunca tuvo un representante más adecuado. Toda una sinfonía de orden y desorden de la que surgen melodías y beats llenos de vísceras y emociones.

Jimmy Flamante comenzó con la música hace diez años. Wu Tang Clan y específicamente RZA lo incitaron a conocer un poco más acerca de la creación musical mediante software. “Yo compraba revistas como Future Music porque aquí no existía mucha información acerca del tema. Tampoco había tiendas donde comprar samplers profesionales, así que la solución más económica siempre fue usar el computador”.

A pesar de la anarquía que reina en su habitación queda claro que en su mente ocurre algo diferente. El diseño gráfico –carrera que dejó para dedicarse por entero a la música- le ha ayudado a ser meticuloso en la selección de sampleos, y cumple con un rigor casi inquebrantable para producir sus pistas. Se dedica a crear minuciosamente cada sonido que utiliza, todo esto con el fin de lograr que suene a lo que tiene esquematizado en su cabeza.

La música de Jimmy posee una profunda influencia del hip hop y del IDM (Intelligent Dance Music), aunque admite que no le gusta encasillarse en ningún género. “Escucho funk, dubstep y rock. Eso me inspira y me otorga cierta libertad para hacer lo que quiero. Mi música es muy honesta y emocional. Definitivamente, depende mucho de mi estado de ánimo”.

Ya tiene tres discos en su haber: Girls, friends & enemies (2003), Soulseek me prestó un Mc (200) y El drama de Lacreación (2007). Aunque trabaja en su cuarta producción, confiesa que no ha tenido mucho tiempo para completarla. “Ahora estoy produciendo a tres bandas y a unos raperos. Además, tengo un curso para iniciación musical llamado Beats and Bass. Hago muchas cosas a la vez, pero me gusta. Espero que de mis cursos salgan nuevos exponentes de la música electrónica caraqueña”.

A pesar de que su inicio estuvo a la par de la movida de Drum and Bass en Venezuela, él se deslinda instantáneamente de ella. “Probablemente voy a sonar burda de hater y no me importa, pero aquí nadie se arriesga, la actitud es siempre buscar lo que es seguro. El Drum and Bass es un tiro al piso porque es un genero de 180bpm. Cualquiera baila con esa vaina. Una vez, y estando en una fiesta de esas, una chica me dijo que lo que yo ponía era música de pizzería. Ella esperaba un ritmo frenético que la hiciera volar y mi música era muy lenta. Aún me da risa. Creo que es el comentario más extraño y cómico que he recibido”, confiesa.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado y ahora Jimmy forma parte de los productores venezolanos más reconocidos del país, junto a músicos como Cardopusher, Pacheko y Nuuro. Su carisma y talento han cruzado las fronteras, por eso no descarta irse a otro país para enfocarse en su carrera. Entre tanto sigue sonriente, meneando su cabeza al son de sus beats, tranquilo de vivir entre el caos de Caracas y el desorden de su pequeña habitación.