Rafael Araujo

Es difícil dar una opinión sobre por qué no cayó. Mira, yo creo que se hizo todo, salió una cantidad inmensa de gente, pero faltó apoyo por parte de los militares, que fueron la piedra de tranca: ni siquiera permitieron que llegáramos al centro. Yo creo que si ellos nos hubieran acompañado, entonces el régimen se habría tenido que ir: porque nadie lo quiere, está acorralado, no puede ganar ninguna elección, pero se mantiene gracias a ese aparataje militar. También hay que decir que sigue habiendo gente que no ayuda: como en toda sociedad, hay gente que se acomoda a la dictadura, que se pone a su sombra para resguardar sus beneficios e intereses: pienso, por ejemplo, en los que compra bonos y no trabajan sino que esperan que engorden; o los que tienen beneficios con el dólar, que los reciben a tasa preferencial y por eso siguen a la sombra de esto. Es gente que se acomoda y sobrevive, y que son egoístas, porque están bien y no les importa que los demás estén mal. Siempre recordaré la primera vez que hice un papagayo: fue con Franklin Brito, y en ese momento yo pensaba que todos los ataques que se le hacían a una persona iban a generar la respuesta contundente de la sociedad, y que la gente iba a ir en contra. Todavía me sorprende que hayan pasado tantos años y esa gente siga allí.

*Rafael Araujo, el señor del papagayo, es un ciudadano de a pie, participante de todas las protestas, y artista plástico de la Cristóbal Rojas.

Nehomar Hernández

Hay distintos factores que influyen en que el desplazamiento del poder de Nicolás Maduro no se haya producido. A saber: Dentro de la MUD agrupaciones como AD, UNT e incluso una parte de PJ parecían no creer en las protestas como un método para lograr la salida definitiva de Maduro del poder, sino que más bien atendían a una lógica gradualista en la que bastaba que se diera fecha de elecciones regionales para dar por satisfecho su objetivo puntual. Este planteamiento obedecía, además, al hambre de estas agrupaciones por acceder a pequeños espacios de poder que les permitieran captar renta petrolera y, por ende, obtener músculo económico para buscar mantenerse, en todo sentido.

Otro era el planteamiento de sectores que jugaban a una especie de todo o nada, en el que el objetivo planteado era que Maduro abandonara el cargo de forma perentoria y se instaurase un nuevo gobierno. El leitmotiv de este grupo, integrado fundamentalmente por algunos grupos de PJ, María Corina Machado y VP, era que una acción intensa y permanente de protesta en las calles eventualmente llevaría al colapso del chavismo desde sus propias entrañas, a través de la ruptura militar y de un quiebre interno que llevaría a un “chavismo descontento” a “ponerse del lado del pueblo”. El caso es que no sucedió ni la fractura dentro de la FANB ni el brinco de charco masivo del tal chavismo crítico (más allá de lo ocurrido con la Fiscal Luisa Ortega Díaz), por lo que la aspiración de poner fin al gobierno de Maduro por esta vía no logró ser materializada en la realidad.

Huelga decir que una acción de calle no puede ser sostenida indefinidamente en el tiempo, tanto más cuando no logra victorias al menos parciales o simbólicas. La brutal represión que se incrementaba exponencialmente cada vez más, y que era ejercida sin ningún miramiento por grupos de la FANB y por los colectivos paramilitares del gobierno, llevó a las protestas a convertirse en una rutina en la que el gato se mordía la cola, al punto de que muchas acciones de calle parecían convocadas simplemente por mera inercia. El chavismo demostró que ya no se trataba de unas manifestaciones que eran contenidas por cuerpos de seguridad del Estado, sino de una guerra declarada en la que la cosa se resolvería a tiros. La oposición, carente de un grupo armado que representara sus intereses en tal contienda, quedaba de adorno en esa película. Más de 120 personas fueron asesinadas por la represión en esos días y ante ello el gobierno pagó un costo interno bajísimo o sencillamente inexistente, pues le daba igual lo que los venezolanos dijeran de él.

Cuando, aún luego de haber convocado un plebiscito en el que participaron al menos 7,5 millones de venezolanos (y que decantaría en una eventual “hora cero” del gobierno) y habiendo obviado que el chavismo logró imponer a troche y moche su inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (pese a que por wishfullthinking siempre se dijo que no lo haría), la mayoría de los factores opositores decidieron aceptar el premio de consolación que encarnan las elecciones regionales, todo estaba listo para encapsular la diatriba y abortar el objetivo de la salida inmediata del régimen de Maduro. La gente solo se suma a manifestaciones masivas si percibe que su presencia en ellas puede presionar efectivamente al gobierno o transformar en algo la situación política de su país; en caso de que no sea así sencillamente se abstiene de hacerlo. Pasada el agua de esos 4 meses lamentablemente luce que las vías pacíficas o de derecho para lograr un cambio de gobierno se tornan insuficientes, dejando campo abierto a vías de hecho que tienen su correlato en la violencia.

*Nehomar Hernández es periodista y locutor. Tiene una maestría en Ciencia Política y es conductor del programa ‘Y así nos va’, de Radio Caracas Radio.

 

María Verónica Torres

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Por la miopía de la dirigencia opositora, aunada a discursos grandilocuentes que fomentaron expectativas de cambio político difíciles de cumplir, y terminaron defraudando las esperanzas del pueblo y permitiendo el avance del Estado comunal. Hubo un divorcio entre el discurso político del liderazgo opositor del inicio de las protestas –desconocimiento de instituciones– y el del final de las mismas –dinámica electoral–. Como consecuencia, parte importante de la sociedad civil duda ahora de su sensatez les retira apoyo a los partidos políticos. Esta incoherencia en el discurso es el resultado de dos asuntos: la moralidad totalitaria del gobierno y la falta de preparación de nuestros políticos. La maquinaria propagandística de este tipo de gobiernos ataca la verdad como fuente del entendimiento social. Sin una verdad que unifique a la ciudadanía entre sí y con los partidos políticos, se imposibilita la cohesión social, de ahí la necesidad de censurar medios de comunicación y otros males. Es por ello que en Venezuela existe una dicotomía entre la realidad que vive el pueblo y lo que se presenta en la opinión pública. En estos fenómenos políticos la oposición suele verse envuelta en una red esquizofrénica de mentiras y miedo porque es la dinámica social impuesta, de ahí que se requiera una visión estratégica seria que sirva de muro de contención. La manera de romper con esta dinámica es la vuelta a la sensatez en el discurso público, que comienza por la aceptación de las propias incapacidades; la  profunda reflexión de la realidad política, social y económica; y la apertura a escuchar  lo que les demanda la sociedad civil. A la vez de una desintoxicación de aspiraciones personales irrealizables de acuerdo a la naturaleza política del gobierno. La clave, como todo en la vida, es la sensatez.

*María Verónica Torres es directora de la Escuela de Derecho de la Universidad Monteávila.

Carlos Benucci

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Lo primero que debo dejar sentado es que entre de los actores que fallaron, definitivamente no está el pueblo venezolano. Por más de tres meses la gente lo arriesgó todo, hasta la vida, por acabar con esto de una vez. Sin embargo, si no se dio no fue por ellos. La gran responsabilidad la tienen los sectores políticos democráticos. En primer lugar, creo que reducir las decisiones políticas a sólo partidos fue un error, pues la partidocracia en dictadura no es positiva. Había que abrir el compás y escuchar a otros sectores de la sociedad civil, que tenían también legitimidad, fuerza y convocatoria, y eso no ocurrió. En segundo lugar, la poca capacidad de generar consensos alrededor de la MUD demoraba y retrasaba la comunicación de las líneas y de las acciones que la sociedad civil esperaba; esto fue un factor que desgastó a la gente, pues esperaban respuestas que se daban a destiempo. En tercer lugar, hubo una grave falla comunicacional en cuanto a lo discursivo: hubo partidos, voceros y personalidades que se rasgaron las vestiduras diciendo que vivíamos en una dictadura, hicieron que la gente se lo creyera, pero realmente no estaban muy convencidos de ello. Digo esto por lo que fueron las acciones siguientes: la sumisión ante las decisiones de la ANC, la decisión de ir a las regionales y la falta de convocatoria a la calle y de nueva alternativas de protesta. Esto hizo que la misma gente que hacía 3 meses estaba dispuesta a dar la vida por el país, no se arriesgara ni siquiera a asistir a un pancartazo.  La creación de una expectativa de salida del régimen fue tan alta y las acciones tan desenfocadas con el objetivo, que la gente se desilusionó. Faltó mayor contundencia, mayor capacidad de respuesta, mayor capacidad para generar consensos y líneas claras, y, por supuesto, mayor articulación e inclusión con sectores políticos de la sociedad civil. Definitivamente no hemos perdido, pero sí nos empataron la partida en el 9no inning y hoy estamos en extra inning y somos el equipo visitante.

*Carlos Benucci es estudiante de VII semestre de Sociología en la UCV y Secretario General Adjunto de la FCU.

Luz Mely Reyes

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo creo que la pregunta planteada se responde por sí misma, porque los objetivos de las manifestaciones eran: la convocatoria a elecciones, la liberación de los presos políticos, la apertura de un canal humanitario y el restablecimiento de la Asamblea Nacional. En ningún momento la hoja de ruta que se había planteado la MUD tenía que ver con alguna salida del gobierno. Y esto se debe a distintas razones. Porque si lo que se buscaba era un restablecimiento y un reconocimiento de las instituciones, no se puede obviar que el gobierno de Maduro, con todo el rechazo que pueda tener, fue electo hasta el 2019 y los comicios presidenciales deben hacerse en 2018. ¿Que las manifestaciones pudieron haber llevado a una negociación? Por supuesto, pero no se va a una negociación sin ánimos de convenir. No se puede solicitar que salga el gobierno porque sí, aun cuando hay violaciones de derechos humanos, aun cuando el gobierno ha cometido errores y ha afectado la vida de todos los venezolanos. Unas manifestaciones no implican una salida. Esa resolución iba ligada a la ejecución del revocatorio, que, lamentándolo mucho, no se realizó. ¿Por qué no cae el gobierno? Simplemente porque ese no era un punto en la agenda. Por otro lado, también influyó, a la hora de presionar de manera más efectiva para lograr una negociación, que las manifestaciones no obedecieran a una planificación. Es decir, los venezolanos, cuando decidieron protestar, superaron a sus dirigentes y los obligaron a improvisar muchísimo. No había ningún plan que especificara cuáles eran realmente los objetivos. Todo se fue dejando a la improvisación, a lo que llaman la estrategia de Eudomar Santos, personaje de una telenovela venezolana, que decía: ‘Como vaya viniendo, vamos viendo’. Además, el gobierno se blindó con la Fuerza Armada, por lo que una protesta pacífica, sin ningún tipo de poder de fuego, frente a un poder que no le tiembla el pulso para reprimir, es difícil que obtenga una resolución favorable.

*Luz Mely Reyes es periodista y co-fundadora de @EfectoCocuyo.

Ramón Guillermo Aveledo

​-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo me planteo, en lugar de ‘¿Por qué no cayó?’, ‘¿Por qué no ha caído?’. Con gobiernos como este, no se puede sacar una conclusión tan definitiva. Yo creo que este gobierno va a terminar, sin duda. ‘Va a caer’, para usar el mismo verbo con el que se me interroga. No ha caído porque ha usado la fuerza por encima de la ley y de las reglas. Para ello, ha tenido un respaldo suficiente de lo que podríamos llamar condición gobernante, que es el partido del gobierno y la Fuerza Armada utilizada como instrumento político-partidista. ¿Y eso por qué ha sido posible? Porque en Venezuela viene ocurriendo un golpe de Estado continuado, por etapas, por capítulos. Lo que venía siendo un gobierno autoritario, poco respetuoso pero dentro de los límites legales y constitucionales, se ha ido convirtiendo, cada vez más, en un gobierno dictatorial, en un gobierno de facto. En Venezuela hay unas reglas para llegar al gobierno y para cambiar el gobierno, que están en la Constitución. Sin embargo, no se han respetado, como en el caso del referéndum revocatorio, que era una manera constitucional de cambiar el gobierno. La Carta Magna tiene también otras normas que se refieren al control del gobierno y que suponen la existencia de un Poder Legislativo autónomo, de un Poder Judicial autónomo, que haya una serie de mecanismos en el Poder Ciudadano para que funcione también con autonomía. Esos poderes durante mucho tiempo obraron sin independencia y esa condición, precisamente, se puso a prueba cuando la oposición ganó la mayoría en la Asamblea Nacional. Esa era una oportunidad para que la AN controlase al Ejecutivo: los presupuestos, el gasto a través de los créditos adicionales y hacer investigaciones. Legislar con autonomía para establecer límites al poder. Fue allí cuando el gobierno empezó esa fase del golpe de Estado continuado a través de una serie de descalificaciones al poder parlamentario y para eso contó con la colaboración del TSJ, elegido inconstitucionalmente por el gobierno en diciembre de 2015 con el fin de garantizarse su apoyo. Esa espiral ascendente desde el Estado de derecho muy imperfecto que teníamos hacia un Estado de mero hecho, en el que predomina el uso de la fuerza, le ha permitido al gobierno seguir en el poder a pesar de no contar con la opinión pública, a pesar de las grandes protestas, a pesar de las presiones internacionales para que se cumplan la Constitución y las leyes. Hasta ahora puede hacerlo porque tiene la fuerza para obligarnos a aceptarlo. ¿Por qué digo yo que no se puede llegar a una conclusión y decir que no cayó? Yo pienso que va a caer porque esta forma de gobernar tiene en sí misma los gérmenes de su propia destrucción. Cuando se permanece en el gobierno por el mero hecho, sin el derecho, ya estamos hablando de la pura fuerza. Tan pronto ocurra un cambio en la correlación de las fuerzas va a entrar en crisis este modelo. Lo que nos espera es una fase de inestabilidad hasta que el país logre una equilibrio nuevo sobre la Constitución y el derecho.

*Ramón Guillermo Aveledo es abogado, profesor universitario y autor de más de veinte libros. Tiene un doctorado en Ciencia Política y fue Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática desde 2009 hasta 2014.

Nicmer Evans

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-El gobierno no cayó en estos días porque no había una contraparte que tuviese una conducción política asertiva y que pudiese canalizar la presión social que se generó tras las extraordinarias protestas que se pudieron ver en la calle. Lamentablemente, las manifestaciones no tenían esa conducción política pertinente que pudiese convertir toda esa energía en acciones concretas. Estoy hablando de negociaciones, de cabildeos, de articulación y suma de actores políticos, que pudiesen realmente lograr el objetivo que en principio se planteaba. Pero, además, hay otro elemento y es que el gobierno de Maduro no cayó porque el gobierno de Maduro no debe caer. Debe salir, que es distinto. Y debe hacerlo en los términos más democráticos para que no genere un hecho de fuerza posterior. De producirse una salida de Maduro por las balas en lugar de por los votos, no tengo ninguna duda de que traería consecuencias aún peores de las que se están viviendo hoy. Quien llegue a tomar el poder en esas circunstancias tendría una mayor condición de ingobernabilidad que la que tiene Maduro y entraríamos en una espiral de situaciones complejas y controvertidas desde el poder. En todo caso, creo que hubo un problema serio de conducción política. Se crearon unas falsas expectativas y sobre ellas se generó la situación que estamos viviendo: el hecho de que nos estemos preguntando hoy una cosa que, en principio, sabíamos que no se podía lograr.

*Nicmer Evans es politólogo. Tiene una maestría en Psicología Social y es director de la consultora Visor 360. Pertenece al chavismo disidente.

Pedro Luis Pedrosa

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Maduro no cayó porque a la acción de calle le faltó una acción política. Y esa acción política no llega por la cantidad de compromisos que existen entre factores del gobierno y factores de la oposición. Ninguno de los muchachos que estuvo en la calle tirando piedras lo hacía con aspiraciones políticas serias. Es decir, el país no iba a poner su futuro en manos de estos muchachos. De modo que a esa acción de rebelión, que se puede considerar como tal, le faltaba la rebelión de la clase política. Esa rebelión de la clase política no se da por cómo está conformado el sistema político venezolano: absolutamente toda la clase política (gobierno y oposición) gira en torno a la captación de renta petrolera. Y eso se ejecuta a través de negocios, contratistas, testaferros… Una cantidad de entramados de los cuales Derwick Associates debe ser apenas la punta del iceberg. Entonces no había, en realidad, una intención de la dirigencia opositora de que esas protestas se extendiesen tanto. Se vieron montados en un barco en el cual no querían estar. A este entramado de relaciones incestuosas y promiscuas entre gobierno y oposición, Bruce Bueno de Mesquita, en su libro ‘El Manual del Dictador’, lo describe como “el círculo del dictador”. Básicamente los partidos políticos venezolanos, desde hace tiempo, vienen fungiendo el papel de los llamados partidos del bloque de la Alemania Oriental, que se hacía llamar Alemania Democrática, donde había un partido hegemónico, que casualmente se llamaba Partido Socialista Unido Alemán, y una serie de partidos que participaban en un juego electoral que ya estaba previamente ganado por el partido hegemónico.

*Pedro Luis Pedrosa es un consultor político con una maestría en Relaciones Internacionales y una especialización en Derecho y Política Internacional cursadas en la Universidad Central de Venezuela, casa de estudios en la que ha impartido clases.

Mariano de Alba

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Porque no se concretó un quiebre trascendental de la alianza de gobierno. A pesar de la grave situación económica, del abandono absoluto de las formas democráticas por diversos poderes del Estado y de la violenta represión y asesinatos a manifestantes pacíficos, los venezolanos que hacen vida dentro del gobierno –desde los miembros de las Fuerzas Armadas hasta los funcionarios públicos– no produjeron un quiebre lo suficientemente sustancial para que la cúpula que controla el país se quedara sin apoyo y se viera forzado a negociar su salida. Asimismo, la intensidad y regularidad de las protestas fueron inéditas, pero a la dirigencia opositora le faltó concretar un movimiento permanente que incluyera a todos los sectores de la sociedad y lograra que el descontento se manifestara abrumadoramente. En sus comunicaciones con las Fuerzas Armadas y las personas relacionadas con el chavismo, la dirigencia opositora no logró articular acuerdos concretos que dieran paso al quiebre trascendental del cual hablábamos antes. Venezuela es actualmente un país controlado por una cúpula civil y militar que ha demostrado ser capaz de cualquier cosa para mantener el poder, además de estar incursos en actividades criminales. Se pensó que la manera de quebrar esa realidad era subiendo la presión con protestas en las calles y atención internacional, pero al final se demostró que además de esa cúpula hay un buen número de venezolanos que por ideología o necesidad económica no está dispuesta a romper con el statu quo, aunque la situación del país sea catastrófica. En principio, la solución a este grave problema sigue siendo tratar de construir puentes con ese grupo para acordar una visión y camino de país distinto, en el que quienes sostienen al régimen también estén incluidos y se manifiesten de forma concluyente. De lo contrario, los escenarios que quedan son la escalada del conflicto a un enfrentamiento armado –con una eventual intervención internacional– o la consolidación definitiva de un régimen que ya destruyó a Venezuela.

*Mariano De Alba es abogado y especialista en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.

Elías Pino Iturrieta 

Tras más de cien días de protestas y 135 asesinados, un día la calle se apagó, la vida en Venezuela volvió a su normal anormalidad y la dictadura siguió allí. La pregunta, entonces, se hizo inevitable: ‘¿Por qué no cayó?’. Con la premisa de que el periodismo no solo consiste en contar lo que pasa, sino también en ayudar a darle sentido y comprenderlo, el equipo de @RevistaOJO decidió buscar a un grupo de expertos para hacerles la pregunta. Son voces autorizadas a las que les daremos cabida en esta trinchera digital con frecuencia diaria para que nos ayuden a descifrar el enigma que tanto atormenta a los venezolanos:

-¿Por qué no cayó la dictadura?

Aquí, nuestra primera entrega, con Elías Pino Iturrieta*

-Porque todavía es fuerte, pese a los desencantos cada vez más hondos que ha producido. En especial, por el apoyo de las Fuerzas Armadas. Los uniformados, de acuerdo con la información que se observa a simple vista, forman un bloque compacto al servicio de la dictadura. Ninguna reacción de los opositores puede contar, ni siquiera, con el débil aliento de un solo cuartel. El dominio ejercido por el Ejecutivo sobre el Poder Judicial complica las cosas.  Todas las ventanas del sistema cierran la entrada de oxígeno vivificante. No para dar un golpe de estado, lo cual no es deseable, sino apenas para sentirse acompañados.  Si se agrega el hecho, nada desestimable, de que la cúpula no parece interesada sino en la imposición de sus intereses, las alternativas de una transición se hacen arduas. Pero, para no ver la situación apenas por uno de sus lados, es evidente que la heterogeneidad de la oposición y los tumbos de la MUD colaboran en el mantenimiento de la dictadura. Hay que mirar hacia la fragmentación de los partidos políticos para explicar la razón de que un régimen abominado por la mayoría de la sociedad continúe en las alturas.

*Elías Pino Iturrieta es historiador y escritor. Pertenece a la Academia Nacional de la Historia, es Presidente del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB y Editor Adjunto de El Nacional.