Alerta roja: el totalitarismo de extrema izquierda no es un mito

Tengo un amigo que recién leyó 1984 el año pasado. Es venezolano y vive en Buenos Aires. Se fue para allá luego de padecer la crisis que instaló el régimen. En Venezuela fue profesor universitario y trabajó en una prestigiosa unidad de investigación. En Argentina se desempeña como repartidor, actividad para la cual tuvo que aprender algo esencial que sus años de estudio no le enseñaron: manejar bicicleta. Aunque trabaja fuera de su área, y en algo que espera que no le toque hacer mucho más tiempo, dice ser feliz: en el súper mercado siempre se consiguen sus galletas preferidas y al fin se pudo mudar solo con su novia. Esta última, por cierto, está de fiesta: ahora encuentra toallas sanitarias sin sentir que emprende la búsqueda de las ocho esferas del dragón.

Mi amigo, como dije, recién leyó 1984 en el 2018, lo cual es una especie de guiño irónico: 34 años después del futuro apocalíptico pronosticado por George Orwell, él concluyó que había vivido su propia versión de la novela en Venezuela. ¿Adivinan quién sería nuestro Gran Hermano?

Este 10 de enero, quienes han creado un Estado-mágico en el que se vive según su antojo y sus normas se autoproclamarán amos supremos del país por más tiempo, pese a que la mayoría de la población los rechaza y a que la palabra elecciones se deformó hasta leerse como fraude. Así lo entiende la mayor parte de la comunidad internacional, que manifiesta abiertamente su rechazo hacia el régimen totalitario de Venezuela y hacia sus representantes, por lo que amenaza con aumentar las sanciones que ya empezaron en el 2018.

Sabemos que 1984 aún no ha llegado porque en la población todavía existe la esperanza de cambio. Lejos de ser autómatas que siguen órdenes –aunque muchos no están lejos de llegar a ese estado de disociación–, hay una importante cantidad de venezolanos en Venezuela que hacen frente a la crisis y a sus problemas con creatividad, estoicismo y convicción. Lo que, sin duda, es una elegante forma de resistir los embates de ese gigantesco pulpo rojo que amenaza con meter sus tentáculos en cada hogar. En un territorio destruido, hay muchos que están empeñados en construir país.

Mi amigo, digámosle Luis, sintió que una flor se moría dentro de su estómago cuando llegó al final de la novela de Orwell. ¿Esa sensación es el futuro que nos espera a los venezolanos? Él quiere creer que no, pero hay dos cosas que no conviene soslayar. Uno, es innegable que ese movimiento político y social que empezó a secuestrar al país hace 20 años se inspiró en los peores regímenes totalitarios y en la narrativa apocalíptica de obras como 1984. Y dos, nada garantiza tanto una decepción como las expectativas exageradas.

Hace tiempo que renuncié a pronosticar. Venezuela me ha enseñado algo: todo es posible. Pero quien a estas alturas no sepa que el Niño Jesús son sus padres, está condenado a recibir más golpes (estos sí metafóricos) que los diputados opositores en la Asamblea.

El 10 de enero es una fecha más en el calendario. Una fecha en la que un régimen busca seguir dando pataletas de ahogado, para extender su reinado lo más posible y llevarse por delante (entiéndase matar, secuestrar o anular) a cualquiera que se oponga. Una fecha en la que alimentará una narrativa que ya se cae por el peso de la realidad. Y una fecha en la que, al fin, la mayor parte del resto del mundo terminará de rechazar oficialmente lo que representa.

Pero eso no significa que un meteorito va a caer de ipso facto y extinguirá a los dinosaurios.

La oposición venezolana necesita construir una narrativa creíble y que represente a la inmensa mayoría que rechaza al régimen pero que, al mismo tiempo, los ve con escepticismo. Necesita documentar y denunciar en todo el planeta lo que sucede en el país, y debe cohesionarse para conectarse con las personas. Todo esto si no quiere escenificar la precuela de una ficción en la que la palabra oposición ya no aparece en el diccionario.

Por estos días Jair Bolsonaro asumió la presidencia en Brasil. Sus declaraciones y su desfachatez lo hacen ver como el otro polo político de aquél presidente venezolano que llegara al poder en 1999. Por eso, y por sus simpatías con Trump, muchas agencias internacionales de noticias se refieren a él como el presidente de “extrema derecha”. Lejos de querer ir en contra de tal afirmación, solo me resulta curioso que esas mismas agencias no menten al régimen venezolano y a toda su estructura fraudulenta con los sustantivos adecuados. O que no lo hagan, al menos, con tanta insistencia.

Luis quedó destrozado al terminar el libro. Ojalá logremos que todos sepan que, si algo no cambia pronto, el 2020 venezolano puede quedar en 1984.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel 

La AN cumplió, ¿ahora qué?

La cosa es así: Maduro al parecer le robó un realero al país con Odebrecht, la Fiscal lo pilló, le entregó las pruebas al TSJ, éste las estudió, vio que eran categóricas y se lo notificó a la AN, que ayer se reunió, dijo que sí y con quorum suficiente dio luz verde para que se le enjuicie. A diferencia de lo que sucede con un ladrón cualquiera (al que se le acusa, detiene y enjuicia), cuando el ladrón es presidente (como todo parece indicar que lo es Maduro) y la Constitución es presidencialista (como la nuestra, hecha a la medida Chávez, que no se olvide), hay que acusarlo (Fiscalía), pre-juzgarlo para ver si hay méritos suficientes (TSJ), en caso de hallarlos, informarle al legislativo (AN) y pedir su aprobación para separarlo del cargo y poder pasarlo así a tribunales para que se le juzgue. Y todo ello terminó de suceder ayer cuando la AN, con 105 votos, dio luz verde al juicio. Así que en papel ya Maduro no es presidente: es un ciudadano común, sin privilegio y protección de cargo alguno, que ha de ser procesado por un tribunal que, luego de recoger las acusaciones, estudiar la evidencia y escuchar su defensa, dictaminará su culpabilidad y la pena que, según el Código Penal, habría de pagar. De estar en democracia, eso es lo que estaría sucediendo hoy. Como no lo estamos, la historia es distinta: la Fiscal y el TSJ están en el exilio y no tienen ningún poder real para ejecutar y hacer cumplir sus decisiones; la AN, que sí está en Caracas, tampoco tiene ese poder; y por ende Maduro, que sí tiene poder, sigue en la presidencia y con la posibilidad de seguir robando impunemente. En el duelo legitimidad vs poder, sigue ganando el primero. Sin embargo, lo de ayer sienta un precedente legal importante y puede que hasta peligroso para la revolución: le da legitimidad a cualquier acción de poder. Y a buen entendedor pocas palabras. Con ese precedente, rebelión o quebrantamiento (que son delitos) podrían pasar a ser observancia o acatamiento (que son acciones legítimas). Y esa diferencia no es sólo semántica. De momento, queda el consuelo de poder empezar llamar a Maduro presidente ‘de facto’ con todas las de la ley. Y eso también es algo.

Robo descarado (CNE se fue de palos en Bolívar)

Antes del parto, en el parto y después del parto. Como en las preces del rosario, el CNE tiene capacidad de hacer fraude en cualquier momento de la elección, como lo acaba de demostrar lo sucedido en Bolívar, donde los resultados de 11 mesas fueron forjados y le agregaron 2.066 votos al candidato Justo Noguera (un militar retirado acusado de violar los derechos humanos y cuyos bienes en EEUU, país al que tiene prohibida la entrada, se encuentran congelados) en detrimento de Andrés Velásquez. Se trata de un hecho escandaloso y grave que en cualquier país serio valdría la impugnación del proceso, y la destitución, enjuiciamiento y prisión de las rectoras y demás responsables, ya que fue el organismo comicial quien lo cometió. En este caso concreto, hubo 11 máquinas en el estado Bolívar que no transmitieron los datos, por lo que fue menester cargarlos manualmente; en ese momento, los encargados de hacerlo (los empleados del CNE) se fabricaron 2.066 votos para Noguera, que son, finalmente, los que le dan la “victoria”, que se produce por una “diferencia” (ficticia) de 1.471 votos. Vale acotar, además, que en el caso de Bolívar, el candidato Francisco Sucre, de Voluntad Popular, sacó 3.878 votos. El detalle está en que Sucre había renunciado a su candidatura a favor de la de Velásquez pero el CNE no permitió su sustitución ni modificó el tarjetón electoral.  De ese modo, no han sido los ciudadanos con su voluntad sino el CNE con su trampa, quienes han terminado eligiendo al gobernador del estado Bolívar. “Todas las inconsistencias numéricas fueron detectadas. Delincuentes electorales: llegaron al extremo de fabricarse votos, [pero] los atrapamos con las manos en la masa. ¿Qué creían? ¿Que no teníamos las actas? Quienes forjaron las actas son reos de delitos”, escribió en twitter Andrés Velásquez, quien lleva desde el domingo peleando su gobernación y ha venido a Caracas, actas y pruebas en mano, a denunciar ante la AN y organismos internacionales el escandaloso fraude cometido en su contra.

El narco – sobrino cantó

#JóvenesInformados: No precisamente de la cáscaras de huevo de la canción infantil, sino del narcotráfico. De esa manera habría intentado una parte del chavismo obtener dinero una vez que se desplomaron los precios del petróleo. Así lo ha testimoniado Efraín Campo, el sobrino-hijo de la Primera Combatiente Cilia Flores, en una conversación grabada por la DEA entre él y dos agentes encubiertos de dicho organismo que se hacían pasar por jefes de un cartel mexicano, cuya transcripción, que ha sido presentada por la Fiscalía de Estados Unidos como prueba ante el tribunal neoyorquino que lleva el caso, ha sido filtrada por la periodista Jessica Carrillo y el corresponsal en Washington del diario ‘El Nuevo Herald’. “Necesitamos el dinero”, dice Campo en la conversación, a lo que su interlocutor pregunta por qué. “Porque los americanos nos están dando duro con el dinero, ¿endientes? La oposición…está recibiendo mucho dinero”. Son unas breves líneas que podrían darle un giro completo a la historia, ya que Campo sugiere que el dinero no era entonces para un fin personal o lúdico sino que se inscribía dentro de la lucha con la oposición; es decir, en el campo de la política. Conversando y conversando, se  meten en ese tema. Campo habla sobre la gestión de su tía Cilia en la Asamblea Nacional, a la que llama madre: “Mi mamá hizo un trabajo muy excelente cuando estuvo allí. La gente la ama… y entonces como… existe la posibilidad de que… se… se pudiese perder algo allí, se metió allá otra vez”, dice. Luego, afirma que la Presidencia de la República “está segura hasta dentro de tres años (…) que son las elecciones…pero, ¿qué pasa?…que queremos volver a tomar posesión de la Asamblea Nacional”. ¿Sugiere esto que el dinero obtenido por la narco-operación podría ser usado para la campaña de la AN? Para la Fiscalía de los Estados Unidos, sí. En un documento de casi 40 páginas, en el que pide a la juez que admita la transcripción de esta conversación como prueba, esgrimen, entre sus razones, que en ella se demuestra “que ellos necesitaban dinero para financiar la campaña electoral”. Poco queda por decir.

Ministros en desacato: no acudieron a la Asamblea

La revolución que hizo del ejercicio del gobierno un eterno mitin, que tuvo a un presidente que mandaba en vivo y directo desde la televisión, que transmitía en cadena hasta la inauguración de una calle, la revolución del “Aló, Presidente” y  el “Contacto con Maduro” está irreconocible. De la noche a la mañana se volvió tímida, y ahora huye despavorida ante las cámaras. Le da penita, parece. Y como no puede controlar el miedo escénico, entonces se esconde y no da la cara. Así explicó el vicepresidente Aristóbulo Istúriz el por qué los ministros no acudieron a la interpelación pautada para ayer a las 5: porque iba a ser “una interpelación prácticamente pública, transmitida durante todas las preguntas”, dijo. “Hay materias que no pueden ser dilucidadas públicamente”, explicó Istúriz, razonando como todo un señor cardenal en un cónclave. ¿Cuáles son esas materias que los venezolanos no estamos preparados para conocer, según el vicepresidente? La respuesta la dio el diputado José Guerra, quien dijo que la interpelación iba a versar sobre la situación de “las reservas internacionales, el financiamiento, la situación de los alimentos, los montos de los mismos”. Y eso, al parecer, es secreto de Estado. “¿Cuánto es la producción de petróleo? ¿Qué piensan hacer para bajar la inflación? ¿Cuáles son los niveles de inventarios de alimentos en el país? ¿Qué se está haciendo para resolver el problema de las medicinas?” fueron algunas de las preguntas que quedaron sin respuesta. Si el que no la debe no la teme, ¿por qué entonces tanto miedo a responder en público? ¿Será que la deben…y por eso temen?

En la AN ganó el pragmatismo

Varias cosas han sucedido entre ayer y hoy con la Asamblea Nacional como epicentro.  En su primera sentencia del año, la Sala Electoral del TSJ declaró el pasado lunes a la Asamblea Nacional (AN) en desacato y proclamó nulos todos sus actos mientras estuvieran incorporados los tres diputados de Amazonas juramentados por la directiva, a los que ordenó desincorporar cuanto antes. Durante el día de ayer el oficialismo en pleno se plegó a la sentencia manifestando por activa y pasiva que mientras la AN se mantuviera en desacato ni ellos ni Maduro –que debe ir a rendir cuentas el viernes– asistirían al parlamento. La mayoría de los diputados opositores tampoco asistió, por lo que la Sesión pautada para ayer hubo de ser suspendida y movida para hoy a las 10 am. En la noche, una misiva de los tres diputados de Amazonas pidiendo su desincorporación a la AN hasta conseguir una solución con la Sala Electoral hizo estallar la bomba informativa y cambió totalmente el panorama. Esta mañana, la AN procedió en consecuencia y acordó desincorporarlos y acatar la sentencia del TSJ. “Recularon en vivo y directo”, dijo, provocador, Diosdado Cabello, quien anunció que volverán al Hemiciclo y que este viernes Maduro rendiría cuentas allá. Ramos Allup, por su parte, apeló al pragmatismo para explicar lo ocurrido: “A veces hay que sacrificar partes para salvar el todo y en ese plan estamos”, a la par que elogió la actitud “cívica, institucional y responsable” de los parlamentarios, que permitió que la AN “no quedara trabada e inutilizada”.