La táctica roja de Tibisay

El PSUV ha asumido la política como un niño malcriado frente a un juego de mesa. Al partido de gobierno no le gusta leer las reglas y, a su conveniencia, hace todo por cambiarlas. Con el paso del tiempo, cada vez se le ha hecho más cuesta arriba ganar y el número de trucos, en consecuencia, ha aumentado. Las elecciones regionales llegan después de una Constituyente que metieron a trocha y mocha en la que hasta Smartmatic salió a decir que hubo fraude. Llegan, también, con un ‘delay’ que lejos de ser casual, es bien intencional: el gobierno ha retrasado la elección y la ha puesto justo después de la ANC porque es el escenario más beneficioso que ha encontrado para no salir aplastado en las urnas. Con una oposición desmotivada y descontenta con sus líderes, el PSUV ve una rendija por donde colar gobernaciones. Esa, la del retraso, es sólo una de las diez irregularidades (trampas) que marcarán el próximo 15-O, según explica Eugenio Martínez en Diario Las Américas. El domingo, los candidatos de la oposición no aparecerán dentro de la tarjeta de la MUD, debido a que jueces la anularon en siete estados y el TSJ todavía procesa una demanda presentada por el PSUV para anular a la Mesa de la Unidad como partido. Para más inri, el CNE no permitió la sustitución de candidatos, por lo que en la pantalla, al momento de sufragar, el elector verá a todos los dirigentes opositores que compitieron en las primarias, una confusión que puede costar votos. Martínez, por otra parte, comenta que el proceso no tendrá los observadores nacionales de siempre y que, además de no contar con el simulacro, en las elecciones no estará presente la UNASUR como acompañante internacional. Por el viraje ideológico de muchos de sus miembros, el CNE prescindió de la organización y prefirió al CEELA, una institución promovida y financiada por el gobierno venezolano. La guinda al pastel es la manipulación del RE: se desaparecieron votantes, se eliminaron centros y hubo cambios de última hora. A esto se le suma la falta de tinta indeleble, la no notificación a los miembros de mesa, la campaña con recursos públicos y los puntos de votación con nombres como: “Chávez vive, la lucha sigue”.

Maduro hasta 2018…si la oposición juega bien

‘Default’ en octubre y salida de Maduro tres meses después. Ese es el escenario que maneja el abogado, escritor y periodista español César Vidal para Venezuela. “En octubre, Maduro se enfrenta con un vencimiento de deuda que puede concluir con una suspensión de pagos nacional, quiebra soberana o default, como ustedes quieran denominarlo. Es cierto que hace unos meses Goldman Sachs acudió en ayuda del régimen chavista comprando un trozo de deuda descomunal. Sin embargo, no parece que semejante balón de oxígeno se pueda repetir y sobre todo que lo haga en las proporciones necesitadas por los chavistas. Si a eso se añaden las medidas adoptadas por Donald Trump para limitar el comercio con Venezuela, hay que llegar a la conclusión de que pinta de color hormiga para el régimen chavista. ¿Qué va a suceder entonces? Si Maduro no logra renegociar la deuda –y sería un milagro conseguirlo– su permanencia en el poder podría quedar limitada a algo más de un trimestre a partir de la quiebra soberana”, escribe Vidal en un texto colgado en su blog. Pero ni tan fácil ni tan rápido. El analista pone un si condicional para que ello suceda: la oposición. “El chavismo quedará tan debilitado que podría caer, pero sólo si la oposición aprende a ir más allá, mucho más allá, de las concentraciones en la calle, los cortes de la circulación y los muchachos lanzando cócteles Molotov a la policía. [Sería necesario] que consiguiera unirse de una vez y alcanzara a fraguar algún tipo de plan conjunto que fuera más allá de desplazar a Maduro de la presidencia”. Para Vidal, ya es poco lo que el Papa Francisco y Zapatero pueden hacer a favor de la dictadura, razón por la cual “si esta vez la oposición venezolana logra aprovechar la ocasión de octubre estará más cerca del triunfo que nunca”. Vaya su palabra por delante.

Rafael Araujo

Es difícil dar una opinión sobre por qué no cayó. Mira, yo creo que se hizo todo, salió una cantidad inmensa de gente, pero faltó apoyo por parte de los militares, que fueron la piedra de tranca: ni siquiera permitieron que llegáramos al centro. Yo creo que si ellos nos hubieran acompañado, entonces el régimen se habría tenido que ir: porque nadie lo quiere, está acorralado, no puede ganar ninguna elección, pero se mantiene gracias a ese aparataje militar. También hay que decir que sigue habiendo gente que no ayuda: como en toda sociedad, hay gente que se acomoda a la dictadura, que se pone a su sombra para resguardar sus beneficios e intereses: pienso, por ejemplo, en los que compra bonos y no trabajan sino que esperan que engorden; o los que tienen beneficios con el dólar, que los reciben a tasa preferencial y por eso siguen a la sombra de esto. Es gente que se acomoda y sobrevive, y que son egoístas, porque están bien y no les importa que los demás estén mal. Siempre recordaré la primera vez que hice un papagayo: fue con Franklin Brito, y en ese momento yo pensaba que todos los ataques que se le hacían a una persona iban a generar la respuesta contundente de la sociedad, y que la gente iba a ir en contra. Todavía me sorprende que hayan pasado tantos años y esa gente siga allí.

*Rafael Araujo, el señor del papagayo, es un ciudadano de a pie, participante de todas las protestas, y artista plástico de la Cristóbal Rojas.

María Verónica Torres

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Por la miopía de la dirigencia opositora, aunada a discursos grandilocuentes que fomentaron expectativas de cambio político difíciles de cumplir, y terminaron defraudando las esperanzas del pueblo y permitiendo el avance del Estado comunal. Hubo un divorcio entre el discurso político del liderazgo opositor del inicio de las protestas –desconocimiento de instituciones– y el del final de las mismas –dinámica electoral–. Como consecuencia, parte importante de la sociedad civil duda ahora de su sensatez les retira apoyo a los partidos políticos. Esta incoherencia en el discurso es el resultado de dos asuntos: la moralidad totalitaria del gobierno y la falta de preparación de nuestros políticos. La maquinaria propagandística de este tipo de gobiernos ataca la verdad como fuente del entendimiento social. Sin una verdad que unifique a la ciudadanía entre sí y con los partidos políticos, se imposibilita la cohesión social, de ahí la necesidad de censurar medios de comunicación y otros males. Es por ello que en Venezuela existe una dicotomía entre la realidad que vive el pueblo y lo que se presenta en la opinión pública. En estos fenómenos políticos la oposición suele verse envuelta en una red esquizofrénica de mentiras y miedo porque es la dinámica social impuesta, de ahí que se requiera una visión estratégica seria que sirva de muro de contención. La manera de romper con esta dinámica es la vuelta a la sensatez en el discurso público, que comienza por la aceptación de las propias incapacidades; la  profunda reflexión de la realidad política, social y económica; y la apertura a escuchar  lo que les demanda la sociedad civil. A la vez de una desintoxicación de aspiraciones personales irrealizables de acuerdo a la naturaleza política del gobierno. La clave, como todo en la vida, es la sensatez.

*María Verónica Torres es directora de la Escuela de Derecho de la Universidad Monteávila.

Carlos Benucci

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Lo primero que debo dejar sentado es que entre de los actores que fallaron, definitivamente no está el pueblo venezolano. Por más de tres meses la gente lo arriesgó todo, hasta la vida, por acabar con esto de una vez. Sin embargo, si no se dio no fue por ellos. La gran responsabilidad la tienen los sectores políticos democráticos. En primer lugar, creo que reducir las decisiones políticas a sólo partidos fue un error, pues la partidocracia en dictadura no es positiva. Había que abrir el compás y escuchar a otros sectores de la sociedad civil, que tenían también legitimidad, fuerza y convocatoria, y eso no ocurrió. En segundo lugar, la poca capacidad de generar consensos alrededor de la MUD demoraba y retrasaba la comunicación de las líneas y de las acciones que la sociedad civil esperaba; esto fue un factor que desgastó a la gente, pues esperaban respuestas que se daban a destiempo. En tercer lugar, hubo una grave falla comunicacional en cuanto a lo discursivo: hubo partidos, voceros y personalidades que se rasgaron las vestiduras diciendo que vivíamos en una dictadura, hicieron que la gente se lo creyera, pero realmente no estaban muy convencidos de ello. Digo esto por lo que fueron las acciones siguientes: la sumisión ante las decisiones de la ANC, la decisión de ir a las regionales y la falta de convocatoria a la calle y de nueva alternativas de protesta. Esto hizo que la misma gente que hacía 3 meses estaba dispuesta a dar la vida por el país, no se arriesgara ni siquiera a asistir a un pancartazo.  La creación de una expectativa de salida del régimen fue tan alta y las acciones tan desenfocadas con el objetivo, que la gente se desilusionó. Faltó mayor contundencia, mayor capacidad de respuesta, mayor capacidad para generar consensos y líneas claras, y, por supuesto, mayor articulación e inclusión con sectores políticos de la sociedad civil. Definitivamente no hemos perdido, pero sí nos empataron la partida en el 9no inning y hoy estamos en extra inning y somos el equipo visitante.

*Carlos Benucci es estudiante de VII semestre de Sociología en la UCV y Secretario General Adjunto de la FCU.

Luz Mely Reyes

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo creo que la pregunta planteada se responde por sí misma, porque los objetivos de las manifestaciones eran: la convocatoria a elecciones, la liberación de los presos políticos, la apertura de un canal humanitario y el restablecimiento de la Asamblea Nacional. En ningún momento la hoja de ruta que se había planteado la MUD tenía que ver con alguna salida del gobierno. Y esto se debe a distintas razones. Porque si lo que se buscaba era un restablecimiento y un reconocimiento de las instituciones, no se puede obviar que el gobierno de Maduro, con todo el rechazo que pueda tener, fue electo hasta el 2019 y los comicios presidenciales deben hacerse en 2018. ¿Que las manifestaciones pudieron haber llevado a una negociación? Por supuesto, pero no se va a una negociación sin ánimos de convenir. No se puede solicitar que salga el gobierno porque sí, aun cuando hay violaciones de derechos humanos, aun cuando el gobierno ha cometido errores y ha afectado la vida de todos los venezolanos. Unas manifestaciones no implican una salida. Esa resolución iba ligada a la ejecución del revocatorio, que, lamentándolo mucho, no se realizó. ¿Por qué no cae el gobierno? Simplemente porque ese no era un punto en la agenda. Por otro lado, también influyó, a la hora de presionar de manera más efectiva para lograr una negociación, que las manifestaciones no obedecieran a una planificación. Es decir, los venezolanos, cuando decidieron protestar, superaron a sus dirigentes y los obligaron a improvisar muchísimo. No había ningún plan que especificara cuáles eran realmente los objetivos. Todo se fue dejando a la improvisación, a lo que llaman la estrategia de Eudomar Santos, personaje de una telenovela venezolana, que decía: ‘Como vaya viniendo, vamos viendo’. Además, el gobierno se blindó con la Fuerza Armada, por lo que una protesta pacífica, sin ningún tipo de poder de fuego, frente a un poder que no le tiembla el pulso para reprimir, es difícil que obtenga una resolución favorable.

*Luz Mely Reyes es periodista y co-fundadora de @EfectoCocuyo.

Las 9 letras de la fiscal

“Fiscal / traidora / ya te llegó la hora”. La consigna se cantó en la Plaza Bolívar la madrugada del lunes y se escuchó en cadena nacional en toda Venezuela. La decían como respuesta a las palabras que Maduro pronunciaba contra el Ministerio Público, al que ya el sábado había calificado como el primer objetivo de la Constituyente. No habían transcurrido 24 horas cuando ya la Fiscal respondía. Lo hacía desde la sede del Ministerio Público (MP), rodeada de su plana mayor y con un discurso netamente institucional a flor de labios: me atacan como cabeza del MP porque estamos investigando la corrupción, explicaba, y pasaba de inmediato a la faena: el caso Oderbrecht. “Nueve letras nada más”, dijo la Fiscal, haciendo uso magistral de la intriga, para comenzar a soltar números: “30 mil millones de dólares es el monto que el estado venezolano le pagó a Odebrecht en 11 obras de infraestructura que están inconclusas”. Este caso, asomó, “ha puesto a tambalear a los grupos del poder”, para luego agregar que el MP había “corroborado que hay muchos  funcionarios activos que aparecen involucrados en esas irregularidades”. Entre ellos, y aunque no lo dijo, el presidente Maduro. $11 millones en efectivo no declarados le dio Nicolás en 2012 a la publicista brasileña Mônica Moura para que trabajara en la campaña para la reelección de Chávez, según declaró su esposo. “El entonces canciller Nicolás Maduro exigió que Mônica Moura recibiese casi todos los valores pagados (…) en negro, a través de pagos hechos por las empresas Oderbrecht y Andrade Gutierrez”, se lee un documento hecho público en mayo por la justicia brasilera, con la que Ortega Díaz ha tenido contacto –“el Fiscal General de Brasil ha sido muy colaborador y respetuoso y ha atendido nuestras solicitudes”, dijo en entrevista con ‘O Estado de Sao Paulo’–. Nueve letras tiene la Fiscal, “nueve letras nada más”, con las que puede remecer al poder.

¿Con el mazo gobernando?

“Vamos a continuar la obra de Chávez. Así nos cueste la vida, lo vamos a hacer. Yo les digo, señores de la oposición, ustedes tenían que haber rezado mucho para que Chávez siguiera vivo, porque Chávez era el muro de contención de muchas ideas locas de esas que se nos ocurren a nosotros”, amenazó Diosdado Cabello el 23 de marzo de 2013. El líder de la Revolución Bolivariana no llevaba ni un mes de muerto y al oriundo de Monagas ya se le caía la baba de sólo pensar en todo el poder que ahora atesoraría. Pero había un problema: él no era el elegido. Chávez había preferido al guardaespaldas que le cuidó recién salido de Yare y no a su compañero de armas del 4F. Su opinión firme, plena, como la luna llena, era que, en unas hipotéticas elecciones, sus seguidores apoyasen a Nicolás. ¿Por qué Maduro y no Cabello? Los rumores no tardaron en salir e incluso Capriles Radonski insinuó que el por ese entonces presidente de la AN no acataría la orden del jefe supremo y se impondría al otrora chofer de autobús. Aquello no ocurrió y fue negado por Diosdado en varias oportunidades: “No. Yo no tengo nada que ver (risas). Yo ya fui presidente en el 2002 gracias a la derecha. Cuando estaba en la Asamblea, mientras el comandante Chávez estaba enfermo, me decían: ‘Te queremos, Diosdado’. Querían que yo fuera presidente, que asumiera yo. No vale, yo soy un soldado de esta revolución. He cumplido las misiones que me han dado sin ver para atrás, sólo pensando en la revolución bolivariana”, le dijo a un periodista de Globovisión el 18 de octubre de 2016. Sin embargo, la percepción de que el militar quiere agarrar el coroto ha estado rondando el ambiente desde hace tiempo. Incisivo en el verbo y con la inmunidad de los más poderosos, Diosdado se sienta todos los miércoles, desde la trinchera televisiva del Estado, a repartir insultos y amenazas por doquier a ‘María Asesina’, ‘El Monstruo de Ramo Verde’ y los demás dirigentes opositores. Con una Asamblea Constituyente omnipotente, puede que el PSUV haga un enroque y que la elocuencia soez de Cabello llegue a la presidencia. Ya avisaron que no creerían en nadie. Instalada la ANC, empezarán a gobernar con el mazo dando.