Se juramentó la nueva Asamblea Nacional

La jornada de hoy se puede resumir con una sentencia del francés Corneille: “Los muertos que vos matasteis, gozan de buena salud”. Y no, no hablamos sólo de los adecos –aunque también–, sino de todo aquello que el chavismo había sepultado en la AN con la letanía del ‘no volverán’, y que hoy, constituido el nuevo parlamento, ha vuelto. En primer lugar, los periodistas, que esta vez pudieron cubrir la sesión completa desde el mismo hemiciclo, y no desde el salón en el que los encerraba Diosdado, y que además pudieron hacer preguntas libremente, y en contados casos poner en aprietos a algunos diputados. En segundo lugar, las transmisiones en vivo, antes hechas a discreción y a conveniencia apenas por un solo canal –ANTV, que ayer desmantelaron–, a las que sorpresivamente se sumaron Venevisión, Televen y Globovisión, con una cobertura distinta a la que hicieron cuando las elecciones. En tercer lugar, la pluralidad: se escucharon las voces y discursos de ambos bandos. En cuarto lugar, el respeto de los tiempos y las formas. En quinto lugar, el abordaje de temas de los que antes no se hablaba: corrupción, narcotráfico. Y por último, ‘last but not least’, la voluntad de ser un verdadero poder independiente y actuar en consonancia, supervisar a los demás poderes y pedir cuentas. “Aquí la cosa cambió”, le dijo Ramos Allup a Pedro Carreño. Y hoy tuvimos una esperanzadora muestra de ello.