Catherine Medina: traducir las artes para el gran público

El mundo de las Artes es, por excelencia, una actividad de minorías. Y el periodismo, por su parte, pretende llegar a un público masivo. Por lo tanto, la labor del periodista cultural es por mucho más compleja que la del especializado en otras fuentes. Quien escriba sobre deportes, tiene un amplio número de adeptos dispuestos a prestarle toda la atención que necesita. Quien cubra las áreas de economía o política, también. Tristemente, las sociedades no son equitativas en cuanto a sus intereses.

Catherine Medina, periodista cultural enfocada en el mundo teatral de Caracas, conoce muy bien esta situación. El periodismo cultural informa sobre el acontecer artístico y pretende informar, analizar y contribuir con el desarrollo creativo de la sociedad. Como lo demuestra su portafolio, Catherine lleva a cabo la totalidad de su trabajo de forma lúcida, manteniendo una mirada analítica y curiosa sobre el acontecer de los escenarios en el país. Entrevista a sus protagonistas, ejerce la crítica con objetividad, está al tanto de las nuevas propuestas, y, en general, procura ofrecer un contenido de calidad a la audiencia venezolana.

Hoy, Revista OJO tiene el placer de conversar con ella. Nos cuenta sobre las satisfacciones  y dificultades de ejercer su oficio en la Venezuela actual.

¿Consideras que la crítica –en cualquiera de las distintas áreas del arte– es, o puede llegar a ser, un género literario?

No un género literario, sino más bien otra modalidad. Cuando se trata de un hecho cultural, evito cualquier juicio de valor y trato más bien de desmenuzarlo para hacerlo más digerible. Por ejemplo, a veces las palabras de los curadores no te terminan de explicar de qué va la propuesta. La labor del periodista de cultura es acercar a la sociedad a ese mundo que luce impenetrable, darle la oportunidad de comprenderlo a  una audiencia menos especializada, hacerlo más digerible. Ya cuando se trata de la crítica es una labor  meramente personal, se supone que va dirigida a un público más conocedor, hay más licencias, está permitido un juicio de valor. No diría que se trata de un género literario, pero sí de otro estilo para abordar la misma fuente. Hay gente que se dedica en exclusiva a la crítica, otros que la ejercen con el periodismo, pero son dos cosas totalmente distintas. Hay periodistas de cultura y hay críticos, a pesar de que manejan la misma fuente y que se fundamentan en los mismos conocimientos.

¿Por qué crees que la sociedad no parece apreciar la figura del crítico?

Se trata de un tema de ego. La figura del crítico no es popular en Venezuela porque no es común en todos los medios. En El País, de España, hay varios críticos para una misma obra teatral. Igual en el New York Times.  Acá el músculo artístico no está lo suficientemente desarrollado como para permitir eso. Hay casos donde, incluso, existe un solo periodista para cubrir varias fuentes culturales.

Otro motivo por el cual no se aprecia es porque hay mucha susceptibilidad. Hace unos dos años hice una crítica de la obra Terror, que dirigía Héctor Manrique para el Grupo Actoral 80. Comenté que, en su interpretación, Manrique no parecía un personaje alemán sino más bien un juez parcializado, sacado de cualquier tribunal de la esquina de Pajarito. También señalé la evidente falta de rotación en el grupo, la poca participación de sus talleristas es un detalle a tomar en cuenta. Esas afirmaciones por supuesto no fueron bien recibidas. Yo entiendo a la crítica como una herramienta para la culturización, el objetivo no es caer en rencillas con el medio artístico.

¿Sientes que el mundo de las artes es receptivo, comunicativo y presto a colaborar con la crítica?

En líneas generales, no. Hay mucho ego aquí, y en círculos más pequeños todo resulta más complicado. La gente piensa que el medio es muy reducido para que nos estemos criticándonos entre sí. Una vez que empecé a hacer periodismo y dejé la crítica de lado, obtuve mayores y mejores fuentes que cuando era crítica. Aquí no es bien recibida porque hay mucha susceptibilidad. Además, está el tema del “talento nacional”, y la gente se pregunta ¿por qué atacas al talento venezolano? ¿Qué propones tú? No se trata de atacar, sino de señalar lo que puede mejorarse. Ese es un problema muy presente en Venezuela.

¿Crees que es lo mismo un crítico teatral –como es tu caso– que uno cinematográfico, literario o de cualquier otra rama de las artes?

Creo que manejan las mismas referencias, es necesario. Tienes que tener una  cultura cinematográfica amplia, un espectro musical amplio, ver mucho arte. Una formación diversa, más o menos integral. Pero yo creo que no es lo mismo. Cada una de las artes es distinta, tiene su propio lenguaje, en el cual el crítico se debe especializar. Quien ejerce la crítica de las artes visuales se fija en cosas que un especialista en artes escénicas no ve, pero que complementa con otros puntos para realizar el análisis. Cada arte exige su especialización, su espacio, su “maña”, por decirlo de alguna manera.

¿Cómo ves el panorama del periodismo cultural en Venezuela, comparándolo con el que se hace en el exterior?

Aquí se hace buen periodismo cultural. Queda gente valiosa. Está Humberto Sánchez Amaya, Patricia Aymerich, Juan Antonio González, Maritza Jiménez. Hay gente muy talentosa todavía, y, sobre todo, conocedora, que se esfuerza por tener el mejor contenido cada día. Por su puesto, tomando en cuenta las limitaciones de la situación del país. De repente, no se puede ir a cubrir una pauta por falta de transporte. Quedan muy buenos periodistas, y buenos proyectos artísticos. Las audiciones para Los Miserables son un buen ejemplo, ¿quién iba a pensar que iban a presentar esa obra en Venezuela? Pero es un asunto ligado a los periódicos, los cuales no han sabido darle la importancia merecida, no saben cómo manejar cultura.

Por supuesto, en el exterior es otra cosa. No puedes comparar el que se hace aquí con el que se hace en Madrid, en México o en New York, son extensiones distintas de territorio, geografías distintas y realidades distintas. Claro, todo eso apartando nuestro contexto político y social. Ellos tienen muchas más facilidades que nosotros.

¿Qué crees que necesita el periodismo cultural para llegar a un público más amplio?

Yo creo que necesita deslastrarse del lenguaje técnico para alcanzar un público más amplio. A mí, la verdad, me aburre, me siento como una idiota cada vez que veo una curaduría de Erik del Bufalo, porque siento que él escribe para que nadie entienda nada. Eso sí es un buen ejemplo de una masturbación intelectual, muy común en los curadores de arte. Creo que es necesario, pese a que le estás escribiendo a un público de cierto nivel, recordar que estás intentando establecer un vínculo entre la obra y la sociedad. El periodista cultural tiene que imaginar que está contándole algo a su mamá, dándole todos los detalles para que ella entienda. Le explicas qué es, por qué es así, y todas sus directrices. Si se presenta una obra alemana en La Caja de Fósforos, tú le explicas a tu mamá de qué va el teatro esperpéntico, y cuáles son los agobios que abordan específicamente los dramaturgos germanos. Advertirle qué encontrará. Algo que ocurre mucho en el periodismo de cultura es que la  gente piensa que no lo entiende. Hay que hacer un esfuerzo, no para empezar a escribir con lenguaje vulgar, pero sí para facilitar una comprensión, educar a la gente. Ese es el propósito final del periodista de cultura, sin burlarse del lector ni tratarlo como si fuera estúpido. Hay que saber guiar al público.

Un problema del periodismo cultural es su aparente cercanía con la fuente de entretenimiento, ¿dónde crees que está la línea divisora entre ambos?

La confusión que tiende a darse en esas  áreas es por culpa de los periódicos, que no terminan de entender que cultura es una cosa y entretenimiento otra. Una obra de teatro es una cosa, una expresión artística es algo distinto a lo que están haciendo los famosos en su tiempo libre. Una cosa es Hola y otra cosa totalmente distinta es El Malpensante. Hay que darle a ambas fuentes su justa dimensión, su propio espacio. Se trata de respetar a cada uno por su cuenta y no hacinarlos por un tema de papel y de presupuesto. Muchos creen que el periodismo cultural no vende, pero la gente compraba la Revista Mono y Platanoverde. Creo que, en resumidas cuentas, cada una merece que se tome en cuenta su propio valor y divorciarse por el bien de cada una.

¿Qué es lo más difícil de ejercer la crítica teatral, o de cualquier otro género?

Creo que el periodista que ejerza la crítica teatral o cinematográfica, o de cualquier otro género, tiene que ser consciente de que lo van a odiar y estar preparado para ello. Crear una coraza que le impida ser susceptible.

¿Crees que los museos y las galerías tienen una relación saludable con la prensa actualmente?

Los Museos no, todos dependen de La Fundación de los Museos Nacionales, un órgano del Gobierno que mantiene una comunicación sumamente opaca, cosa que no ocurre con las galerías, donde la relación entre éstas y los medios podría calificarse incluso como interactiva.

 

Por Diego Alejandro Torres | @sr_mowgli