RESEÑA: ‘La vida en rosa’

A Edith Piaf la existencia siempre le pesó. La vida, para ella, fue un martirio que duró 47 vueltas al Sol. Una niñez de tumbos, pobreza, malnutrición, ceguera temporal y abandono, en medio de la prostitución y la calle; una madurez conseguida a punta de talento, carisma y alcohol; y una prematura vejez marcada por la artritis, los accidentes de tránsito y la trágica muerte de su amado Marcel Cerdan, desgracias todas que únicamente la morfina –una fuerte dosis de morfina diaria– podía aliviar. Y así se le fue consumiendo la vida, tratando de resistir un día a la vez. Sólo las inyecciones lograban que su cuerpo se callase, sólo ellas le permitían permanecer en la Tierra sin sentirse parte del Infierno. A Edith Piaf la existencia siempre le pesó y Marion Cotillard, esa extraordinaria actriz, se encargó de dejarlo claro en ‘La vida en rosa’, una película biográfica en la que la protagonista merece absolutamente todos los elogios. Si cada persona tiene su perfume particular, puede decirse que Cotillard te permite oler, sentir, a Piaf durante más de dos horas: sus gestos, sus dolores, su forma de cantar, amar y ver el mundo. De que la escuches se encarga la propia Edith, quien le presta su mítica voz a Marion cada vez que se sube al escenario. ‘La vida en rosa’ es un film dramático, emocional, que recorre los contextos más sombríos por los que puede pasar un ser humano: el abandono, la soledad y la pérdida. Cotillard pone la actuación –Óscar en 2007– y Piaf el canto para hacer, quizá, uno de las mejores biopic que el cine ha visto pasar.

RESEÑA: Elsa y Fred

Entrañable, antiparabólica, fresca, risueña, jocosa, despampanante, auténtica, ocurrente, fiestera, alegre, dicharachera, confianzuda, coqueta, intrépida y bastante mentirosa. Esa es Elsa, una viejita traviesa que enamora al espectador desde que aparece en pantalla. Con el aura de quienes tienen el don de no caer mal bajo ninguna circunstancia, la protagonista de esta historia de humor y amor reparte sonrisas y carcajadas en cada escena. Es una adolescente inmadura en el cuerpo de una señora mayor, una mujer de tercera edad que bien podría tener tatuado ‘carpe diem’ en su pecho.

Desganado, deprimido, bonachón, introvertido, cabizbajo, correcto, enfermizo, endeble, serio, prudente, responsable, pesimista y un toque cascarrabias. Ese es Fred, un abuelo que lleva siete meses de viudo y que enfrenta la vejez por el camino contrario al que transita Elsa. Dependiente de mil pastillas y con pavor a empeorar su estado de salud, este señor de la tercera edad es la prueba perfecta para medir la magia encantadora de la osada octogenaria y para comprobar si es verdad aquello de que los opuestos se atraen.

Elsa y Fred es la historia de un affaire improbable, pero genuino. Trata el tema más cliché de la existencia, con un guion que esquiva lugares comunes y le da a la obra una originalidad premiada con remakes y publicidad boca a boca. Estrenada dos años antes, esta película de amor tiene mucho de TheBucketList, la cinta en la que Jack Nicholson y Morgan Freeman cumplen una lista de deseos antes de que una enfermedad terminal los lleve a mejor vida. En Elsa y Fred no hay lista ni tampoco muchos deseos, pero hay un capricho particular de la protagonista estrella que tiene un peso importante en la trama.

“Es que es una historia tan bien escrita por Marcos Carnevale… Si no fuera así, Elsa sería una vieja insoportable, descabellada. Pero tiene gracia y mucha ternura. Y tiene bastantes cosas mías, por ejemplo, el tipo de humor. Yo creo que al humor hay que dejarlo caer, nunca poner cara de ‘ahí va el chiste’. Y además, es una mujer con claroscuros, no es siempre buena o mala”, dijo China Zorrilla, ese emblema cultural rioplatense, sobre el personaje que le tocó interpretar bajo la orientación de un escritor/director 41 años más joven que ella. Como siempre, las obras suelen ser mejor explicadas por sus protagonistas. Y esta frase de Zorrilla, que no quepan dudas, expele la esencia del film.

Sin mucha parafernalia, este largometraje iberoamericano ofrece casi dos horas de risas ininterrumpidas y frases que refrescan el alma. Sin ser Riso o Coelho, la señora Elsa suelta reflexiones al aire y enseña que, sea cual sea la circunstancia que te toque en la vida, siempre habrá dos formas de enfrentarla: con la amargura de quienes se sienten víctimas o con la alegría de aquellos optimistas confesos que resisten a los embates de la melancolía.