¿Hasta cuándo?

Por: @JuanSanoja

 

La oposición venezolana tiene quince años viviendo de la esperanza. Ha dedicado los últimos tres lustros de su quehacer político a pregonar un mensaje que año tras año ha chocado contra el doloroso muro de los hechos. Los partidos pertenecientes a la Mesa de la Unidad Democrática han vendido hasta el cansancio la idea de que el gobierno está por caer, de que el chavismo está en etapa terminal y de que el cambio en Venezuela es inminente. Y aquí estamos, cada vez más cerca del famoso 2021 y el país, en medio de la endemoniada crisis por la que atraviesa, pintado de rojo rojito. La oposición sufre hoy los embates de su propia incoherencia, las consecuencias de su difuso mensaje, la condena de su pobre estrategia. El rival del chavismo ha dado tumbos tratando de entender la dinámica de la política criolla y en el camino siempre le ha faltado timing. Por excusarse en el fraude cuando el gobierno arrasaba (2004), le costó construir una mayoría (2015) que, una vez conseguida, ha servido de poco. Este año prometieron, de nuevo, que ‘el régimen tenía los días contados’ y al final fue el chavismo el que les contó los días para que inscribieran unos candidatos en un CNE deslegitimado. Dijeron estar preparados para enfrentar cualquier tipo de trampa y resultó que terminaron cayendo en ella, porque fueron a elecciones con la convicción de que pintarían el mapa de azul y tras la declaración de Tibisay Lucena han quedado pintados. La oposición venezolana es la eterna subcampeona, el perenne ‘hicimos lo que pudimos’, el imperecedero David que no para de justificarse ante cada derrota contra Goliat, la que condena los abusos del gobierno y luego sonríe cuando dialoga con él. Son casi veinte años de infinitas promesas y de muy pocos resultados (dos de veintidós elecciones). Son casi dos décadas encerrados en un círculo vicioso que parece no tener final. No han dejado de competir con el mismo árbitro que tanto critican y la incongruencia les ha salido muy cara. El chavismo no tiene quien le compita.

¿Y ahora qué?

La calle estaba fría pero la terminaron de congelar. El mismo día que Smartmatic denunció que el CNE se había fabricado un millón de votos, Ramos Allup anunció que AD participaría en las regionales. El electoral fue el camino de la MUD para continuar la lucha. Pintar el mapa de azul fue su promesa. Se la jugó por esa vía y de momento acaba de llevarse una estrellada monumental: el mapa es rojo-rojito. Son 17 las gobernaciones que el CNE le acaba de adjudicar al PSUV por apenas 5 a la MUD, que minutos antes de la alocución del Poder Electoral ya había denunciado que esto sucedería (“sabemos lo que van a anunciar y hacemos está alerta temprana, tenemos serias sospechas sobre los resultados que le van a anunciar al país”, dijo Gerardo Blyde). Para los próximos minutos se espera un pronunciamiento de la MUD, en el que se juega la vida. Será la alocución de su vida y de ella dependerá su futuro. ¿La habrán agarrado fuera de base o tendrá con qué defender lo que prometió? Son acontecimientos en pleno desarrollo que a esta hora se escriben entre dos grandes signos de interrogación. Seguiremos informando.

La táctica roja de Tibisay

El PSUV ha asumido la política como un niño malcriado frente a un juego de mesa. Al partido de gobierno no le gusta leer las reglas y, a su conveniencia, hace todo por cambiarlas. Con el paso del tiempo, cada vez se le ha hecho más cuesta arriba ganar y el número de trucos, en consecuencia, ha aumentado. Las elecciones regionales llegan después de una Constituyente que metieron a trocha y mocha en la que hasta Smartmatic salió a decir que hubo fraude. Llegan, también, con un ‘delay’ que lejos de ser casual, es bien intencional: el gobierno ha retrasado la elección y la ha puesto justo después de la ANC porque es el escenario más beneficioso que ha encontrado para no salir aplastado en las urnas. Con una oposición desmotivada y descontenta con sus líderes, el PSUV ve una rendija por donde colar gobernaciones. Esa, la del retraso, es sólo una de las diez irregularidades (trampas) que marcarán el próximo 15-O, según explica Eugenio Martínez en Diario Las Américas. El domingo, los candidatos de la oposición no aparecerán dentro de la tarjeta de la MUD, debido a que jueces la anularon en siete estados y el TSJ todavía procesa una demanda presentada por el PSUV para anular a la Mesa de la Unidad como partido. Para más inri, el CNE no permitió la sustitución de candidatos, por lo que en la pantalla, al momento de sufragar, el elector verá a todos los dirigentes opositores que compitieron en las primarias, una confusión que puede costar votos. Martínez, por otra parte, comenta que el proceso no tendrá los observadores nacionales de siempre y que, además de no contar con el simulacro, en las elecciones no estará presente la UNASUR como acompañante internacional. Por el viraje ideológico de muchos de sus miembros, el CNE prescindió de la organización y prefirió al CEELA, una institución promovida y financiada por el gobierno venezolano. La guinda al pastel es la manipulación del RE: se desaparecieron votantes, se eliminaron centros y hubo cambios de última hora. A esto se le suma la falta de tinta indeleble, la no notificación a los miembros de mesa, la campaña con recursos públicos y los puntos de votación con nombres como: “Chávez vive, la lucha sigue”.

Me verás volver

Henry Ramos Allup siempre lo tuvo claro. Fue a un par de marchas en Caracas, expuso su bigote de pasta de diente y luego se dedicó a recorrer Venezuela. Lejos del foco mediático y de la algarabía caraqueña, el veterano de AD empezó a hacer política ‘old school’. No buscó retuits ni ser tendencia, sino que se centró en pedir apoyo recorriendo caseríos y abrazando viejitas. Nada nuevo bajo el sol. Política puntofijista, convicción adeca, costumbre del siglo pasado, lo de Allup fue ir contracorriente. Las fotos, los videos y las noticias ponían la lupa en los desmanes policiales ocurridos en la capital, mientras Henry lo hacía en miles de viviendas en el interior del país. Él sabía que, tarde o temprano, el juego desencadenaría en elecciones y, para ese entonces, su partido estaría listo para ganar. “Hemos estado pidiendo calendario electoral. ¿Vamos a cambiar la línea? No podemos proceder por delirios o arrebatos. AD va a participar. Eso fue en lo que nos comprometimos. Ese fue el mandato de la gente”, anunció Allup el 2/8/2017 en ‘Vladimir a la 1’, declaración tras la cual tuvo que soportar una avalancha de críticas. No le importó, estaba preparado. “¿Le vamos a regalar la gobernación a Héctor Rodríguez en Miranda por miedo a lo que nos digan por Twitter?”, inquirió, altivo, esa tarde en Globovisión. Ante los mensajes de los televidentes que indicaban que una dictadura no saldría con votos, Henry acudió a la historia para dar ejemplos de que ese no era un buen argumento. Además, mencionó que, con testigos desplegados, el CNE no podría adulterar los resultados. El líder de Acción Democrática sabía que Venezuela no se reducía a las redes sociales y actuó en consonancia. Hoy, poco más de un mes después, celebró su victoria en la misma tribuna. “Llueve y escampa”, le dijo, sonriente, a Vladimir Villegas. Su plan había funcionado. AD había conseguido que sus candidatos ganasen en 8 de los 19 estados en disputa –la cifra sube a 12 si se toman en cuenta las alianzas– y las encuestas, según comentó, le empezaban a dar la razón: entre 50-60% del electorado ya está convencido de ir a votar. Hoy, en pleno 2017, sería imprudente asegurar que no volverán.

Guerra de sordos

Por: Emmanuel Rincon | @emmarincon

Cuenta la leyenda que en los países desarrollados los gobernantes escuchan las necesidades e inquietudes de su gente. Esta leyenda no ha podido ser constatada por el pueblo venezolano, cuyos líderes han sido afectados por la maldición del sordo.

Bueno, basta de fábulas, basta de realidad, basta de realidades que son fábulas, o de fábulas que son realidades, necesitamos coherencia, sí, una gran dosis de coherencia. El país se va por la tangente (esto no es secreto para nadie), el divorcio MUD—PUEBLO quedó en evidencia en la jornada del martes cuando al trancón convocado no acudieron ni los propios convocantes.

¿Qué es lo que pasa? ¿El pueblo se cansó? ¿Perdió la esperanza? No. Lo que sucede es que el pueblo se hartó de la falta de coherencia política de los líderes de la Unidad. En lo que va de año, y con la instauración de la constituyente por parte del gobierno, la MUD ha repetido en miles de ocasiones que el sistema electoral venezolano es fraudulento (hecho que quedó en evidencia el 30 de julio con las informaciones de Reuters y las declaraciones del Presidente de Smartmatic): 80% del país ha planteado una lucha contra la dictadura para demostrarle a ellos y al mundo que en Venezuela reina una tiranía y que hay que desmontarla a como dé lugar. Entonces, resulta que luego de que el discurso MUD ha calado hondo en cuanto al desconocimiento de las instituciones secuestradas por el Estado, y ese mismo discurso escala a nivel internacional recibiendo un apoyo sin precedentes de múltiples naciones, la MUD decide cambiar de estrategia e irse por el camino electoral para “salir” del régimen. ¿Absurdo, no?

Pongamos las ideas en orden, pues en estos momentos necesitamos de sensatez política. Los problemas de la MUD son tanto de fondo como de forma, sus errores comunicacionales han progresado hasta codearse con el pobre discurso de CAP que condujo al país al caracazo hace un par de décadas y que a la postre nos metería en este castro—comunismo—populista—autoritario—terrorista—socialista—chavista—invertebrado. Si a cuatro meses del inicio de las protestas, y con más de cien muertos en el camino, el régimen ha vuelto a pisar terreno firme, no ha sido por sus astucias, sino por la falta de conducción de sus adversarios. Ya se ven muy lejanos aquellos días en los que Capriles, Guevara, Machado, Borges, o cualquier miembro de la Mesa anunciaba acciones de calle y el respaldo era monumental y contundente; que la represión ha tenido que ver en ello, sí, no se puede negar, pero más que la represión, la principal causa de esta apatía es la sordera de la clase política. Actualmente no existen encuestas que aclaren qué parte del 80% del país opositor está dispuesto a ir a elecciones, pero lo cierto es que, según lo que se escucha en supermercados, barrios, oficinas, conversaciones familiares, grupos de WhatsApp y redes sociales, una amplia mayoría está en desacuerdo en acudir a un llamado del régimen que los legitime —y aclaro, con esto no intento conducir a pensar a todo el que cree que se debe votar a que no lo haga, a mi parecer ir a esas elecciones es un error, pero no soy dueño de la verdad y admito que la otra vertiente también tiene puntos a favor— pero más allá de ello, tú como cabeza de una gran mayoría en el país no puedes pasar años pidiendo que sea deslegitimado el gobierno, llamándolo dictatorial, acudiendo a organismos internacionales para denunciar la falta de democracia, mostrar pruebas de los fraudes electorales en el país, y a la hora de la chiquita inscribirte para participar en los comicios, ¿cuál es tu coherencia como líder político? ¿cuál conexión existe entre tu discurso y lo que haces?

Pongamos algo en claro: acudir o no acudir a las elecciones no hará que salgamos del régimen por un milagro. Más allá del tema de elecciones regionales, lo que debe medirse es el tema credibilidad—confianza—país. Si en momentos cruciales como éste le das la espalda al pueblo, el pueblo te la dará a ti, y como aspirante a jefe de gobierno quedarás desnudo. No saber escuchar es peor que no saber hablar, pues en ello se traduce tu labor como líder y gestor de las inquietudes y necesidades de un pueblo.

El tema de agenda a seguir para batallar contra el régimen ya es otro punto más extenso, y sí, cabe la posibilidad de que acudiendo a elecciones regionales se ganen unas cuantas gobernaciones, pero también existe la posibilidad de que posterior a ello el régimen por la ANC desconozca los resultados de esas elecciones e instaure un nuevo poder superior a las gobernaciones, tal como hicieron con la Alcaldía Metropolitana y con la Asamblea Nacional, y así habrás ganado unas gobernaciones de papel y habrás perdido tu discurso, tu coherencia, el apoyo internacional y la empatía con tu pueblo. Razones de sobra hay para desconocer las elecciones, fuera de que son extemporáneas y vienen precedidas por un fraude electoral: ya el CNE estableció que la MUD no podrá inscribir candidatos en siete estados, y en otros como Miranda ya ha inhabilitado al menos a siete posibles gobernadores (Capriles, María Corina, Leopoldo López, Ramón Muchacho, Antonio Ledezma, Adriana D´Elia, yDavidSmolansky), y cabe acotar que una gran mayoría están presos o buscados por el SEBIN para cumplir condena. Ese escenario se repite en otros estados como Mérida, Táchira y Lara.

Por si fuera poco, en la noche de ayerDiosdado Cabello ha advertido que los candidatos opositores deberán mostrar una “carta de buena conducta” avalada por la Asamblea Nacional Constituyente para poder postularse. Entonces el problema no radica en acudir al llamado a elecciones, el problema está en que piensas acudir a pesar de los atropellos y humillaciones del régimen, legitimando unos comicios en los cuales ellos mismos están eligiendo a sus contrincantes, y sabiendo que de ganarlas instalarán unas gobernaciones paralelas y perderás la confianza del pueblo que te apoya.

A la MUD solo me queda decirles que si no aman al pueblo, al menos tengan amor propio, que tengan dignidad y no se presten para ese tipo de aberraciones, que no sean parte de un proceso desigual y fraudulento, y no sucumban a los “requisitos del régimen”. Mañana terminará pidiendo Diosdado entre risas que le besen los pies de Maduro para poder inscribirse, y detrás de ustedes hay al menos 25 millones de personas y un centenar de muertos que no se merecen la humillación ni las migajas del régimen; todavía están a tiempo de cambiar de ruta, de reconciliarse con el pueblo que los eligió como sus representantes. No se pierde nada con escuchar, todo lo contrario, se gana, y mucho. La maldición del sordo es peligrosa, no dejen que se esparza, puede ocasionar que el chavismo se enquiste para siempre en Miraflores.

El problema de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

El problema no son las regionales. El problema es el infame CNE. El problema no es llamar a votar. El problema es que han dicho hasta el cansancio que esto es dictadura. El problema no es ganar. El problema es que después te quiten las gobernaciones. El problema no es explicar cuál es la estrategia. El problema es que no se ha hecho de forma conjunta. El problema no es debatir sobre las elecciones. El problema es hacerlo días antes de inscribir las candidaturas. El problema no es anunciar que tu partido irá a los comicios. El problema es que le das pie al chavismo para decirte incoherente. El problema no es proclamar un nuevo Consejo Nacional Electoral. El problema es que los nuevos magistrados quedaron en el olvido. El problema no es debatir propuestas. El problema es que se ventilen tus discusiones. El problema no es afirmar que el gobierno está por caer. El problema es que no cumplas con las expectativas. El problema no es convocar un plebiscito. El problema es que después ignores las respuestas. El problema no es ser mayoría. El problema es convencer a la gente de que la salida es electoral. El problema no es la hora cero. El problema es la cero planificación. El problema no es pelear en todos los frentes. El problema es cómo aumentar la presión. El problema no es el sufragio. El problema es la percepción de la comunidad internacional. El problema no es el plan. El problema es la congruencia. El problema no es la disyuntiva. El problema es que el PSUV sigue avanzando. El problema es que mientras nosotros hablamos de esto, la ANC se está instalando.

Una conversación moderada

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuando le pregunto por Carlitos y si lo ha visitado después de que lo cosieran a perdigones en Bello Campo, Julio hace una mueca. “Sí, man, ayer fui. Y casi nos caemos a coñazos”, me dice. “¿Por política?”, le pregunto. “¿Por qué más, bro? Lo mismo de siempre. A ese carajo la resistencia lo ha puesto peor”. “Pero ha estado echándole bolas pess. Todo el tiempo me lo encuentro adelante. No es cuento”. “Pero está loco, man. Loco, loco”. “Él muy cuerdo nunca ha sido, ¿pero por qué pelearon?”. “Porque ese carajo no entiende que tenemos que ir a las regionales?”. Ojos como dos platos. “¿Tenemos que ir a las regionales?”. “Coño, Abdalita, no me digas que tú también?”. “¿Que yo también qué?”. “Que tú también estás en contra de ir a las regionales”. “Pues muy de acuerdo no estoy, si te soy sincero”. “No vale”. “Es que de verdad no le veo el sentido”. “¿No le ves el sentido, bro? ¿Cómo no le ves el sentido?”. “Pues no viéndoselo”. “Si está de anteojito”. “Serio yo no lo veo”. “Marico, el mapa de Venezuela”. “Ajá, el mapa de Venezuela”. “¿Lo estás viendo, no?”. “Sí, lo veo”. “Ahora imagínatelo pintado todo de azul”. “Ok”. “¿No te parece ya suficiente motivo? El mapa todo de azul porque arrasamos con todas las gobernaciones”. “Tampoco serán todas”. “Bueno, quita Delta Amacuro, Portuguesa y Cojedes, que no tienen remedio”. “Ok”. “¿Y no lo ves? Azul. Bro: es precioso”. “Ya. Sí. Lo que no veo es cómo vamos a pintarlo de azul con este CNE que hasta Smartmatic confirma que hace trampa”. “Bueno, eso es otro tema”. “Coño, yo creo que es EL TEMA”. “Si supieras que no tanto”. “¿No tanto?”. “No, bro”. “Ya va, ¿tú me estás diciendo que vas a ir a elecciones con este CNE?”. “No. Momento. Lo ideal sería ir a elecciones con otro CNE”. “¿Lo ideal? ¡Lo fundamental, hermano!”. “No. Lo ideal. Y eso se va a buscar y se está negociando ya: que haya un cambio en el CNE. Pero si no lo hay, todavía sería posible…”. “Loco, no”. “Sí, bro”. “Marico, ¿tú escuchaste la denuncia de ayer de Smarmatic?, ¿los números de Reuters? ¡En hora y media sacaron de la chistera 4 millones y tanto de votos!”. “Exactamente. Lo de Smartmatic. ¿Qué dijo ese pana?”. “Que los números estaban inflados”. “Ajá, pero no te quedes con el titular: que por falta de supervisión y de auditoría los números los inflaron”. “¿Y?”. “Fácil, bro: que ellos pueden hacer el fraude siempre que nosotros se lo permitamos. Pero si estamos pilas y hacemos todo lo que tenemos que hacer, con testigos y observadores en cada mesa, no hay forma de que nos roben. Y esa maquinaria la tenemos, porque con ella ganamos la Asamblea”. “Sí, bueno, eso es verdad”. “¿Ves?”. “Pero igual queda muy mal ir con ese CNE. Es casi inmoral”. “Yo sé, bro. Eso no te lo discuto. Y se va a trabajar para cambiarlo. Pero tampoco vas a perder la oportunidad de tener prácticamente el control del país por una cosa de quedar bien o mal, por un escrúpulo moral. Así visto es accesorio”. “No sé”. “Claro, por tu peo católico y la moral y la vaina y  todo eso. Yo sé. Pero es  eso o el mapa pintado todo de rojo”. “Mierda”. “To-do ro-jo: en Miranda, en todos lados, rojo”. “Da cague y todo”. “Además, bro, vamos a tener policías, recursos, control, margen de maniobra, capacidad de hacer cosas”. “Ajá, y entonces viene la Constituyente y dice que no, que se acabaron las gobernaciones, que el Estado pasa a ser comunal y chao”. “¿Quién te garantiza que eso va a ser así?”. “¿Quién te garantiza a ti que no?”. “Por eso. Nadie nos garantiza a los dos nada: estamos especulando, y renunciar a ganar unas gobernaciones por una especulación, por algo que puede ser o no, eso no tiene lógica”. “Ok. Pero esto no es especulación, esto es algo que está pasando: te destituyen vía TSJ”. “Bro, es igual: especular”. “Marico, no: está pasando”. “Pero es otro sinsentido: ¿te vas a privar del chance de ganar algo por el miedo a que te lo quiten después?”. “Pero es que esto no es un miedo hipotético: es algo que está pasando y va a pasar”. “Supongamos que sí”. “Dile supongamos a los merideños que les acaban de quitar al alcalde”. “Ok, quitemos el supongamos. Esto pasa, las ganas y te destituyen: al menos los haces pasar por el mal rato y el descrédito de tener que sacarte del juego”. “¿Cómo así?”. “No es lo mismo regalarles en bandeja de plata la Gobernación de Miranda, por ejemplo, a que tú la ganes y tengan luego que echarle bolas para sacarte”. “Pero al final el resultado es el mismo”. “Pero el proceso no”. “¿Entonces el juego es hacerles pasar trabajo?”. “Desgastar al adversario, hermano. Obligarlo a hacer vainas. No ponérsela tan fácil”. “Ya. Pero al final el mapa rojo igual”. “Y ni se sabe”. “No lo sabrás tú, yo sí”. “Porque eres adivino”. “¡Porque ya lo vivimos con la Asamblea, hermano! Campaña, elecciones, esfuerzo descomunal, arrasamos, mayoría calificada y al final no sirvió de nada”. “No seas injusto tampoco”. “Bro. No sirvió de nada. La Asamblea, al final, no hizo nada”. “No pudo hacer”. “¡Exacto! No pudo hacer. No la dejaron hacer. Ahí me das toda la razón: haces el esfuerzo descomunal, les ganas las elecciones y luego no puedes gobernar. El mapa se pinta de azul, como se pintó de azul la Asamblea, y no te dejan hacer nada: no te pasan los recursos, te intervienen la policía y te terminan destituyendo”. “Y ahí se arma el peo en las regiones”. “¿Ah?”. “Piensa, Abdalita: ¿se hubiera podido armar un peo como este si nos hubiéramos abstenido de participar en las parlamentarias? ¿Hubiera habido una rebelión así? ¡No! Participamos, ganamos el parlamento, los obligamos a que lo cerraran, quedaron desnudos ante el mundo y la calle se activó”. “¡Loco, esto no tiene sentido!”. “¿Qué?”. “Marico, eso de lo que me hablas. Ganar cosas para que te las quiten”. “Ya te lo expliqué: los desgasta. Cada vez salen más débiles. Y además, hablamos ahora de regiones. Piensa en esto: que se prenda el peo en cada región. La gente del interior va a defender lo suyo, lo que le duele”. “No veo que lo hayan hecho con sus diputados”. “Coño, es diferente. Ellos sesionan en Caracas, no hay ese contacto directo y diario que puedes tener con un gobernador”. “Ya. ¿Pero no es mejor, en vez de andar pensando sólo en desgastarlos de a poquito, buscar sacarlos de una y luego, sí, pintas tu mapa todo lo azul que quieras y gobiernas todo lo que quieras?”. “Volvemos al principio: lo ideal contra lo que es”. “¿Y qué es lo que es?”. “Que no hay manera de sacarlos de una”. “¿Asimismo?”. “Asimismo, hermano. Llevamos ciento y pico de días de calle, y pueden llegar a trescientos. Los muertos se pueden multiplicar por tres, y vamos a seguir en esto”. “Entonces el 350, la desobediencia, la rebelión y todo eso, ¿qué fue?”. “Idealismo”. “¿Jugaron con nosotros?”. “No deliberadamente”. “No entiendo”. “Esa fue una apuesta honesta y sincera, pero luego los hechos demostraron que no basta la gente para sacar a una dictadura”. “¿No?”. “No, bro. La gente, al final, es casi accesoria. Y esa es la gran lección de esto: militares y dinero, papá. Ahí se resuelve todo, y mientras no lo tengamos, no nos queda sino intentar erosionar y erosionar a ver si lo logramos”. En ese momento, derrotado, le doy la mano y nos despedimos.

Represión, muerte y montaje

Soltó una carcajada. El periodista le había dicho que el Ministerio Público reconocía, hasta ese momento, 7 muertos en el contexto del proceso electoral de la Asamblea Nacional Constituyente y él, para desacreditar la información, dijo: “(Eso es) según la futura ex-Fiscal”. Acto seguido, esbozó su cínica sonrisa, marca de la casa. Para Jorge Rodríguez, lo de este 30 de julio ha sido una votación histórica: “Nunca en un evento electoral habíamos visto un mensaje tan claro. Hoy hubo un pueblo hablando, que seguirá hablando hasta altas horas de la noche”. El dirigente del PSUV afirmó que, obligado por la masiva participación en los comicios, “debió el CNE anunciar la extensión de una hora en el tiempo de votación, puesto que persiste una gran cantidad de votantes. Aparece un repunte en la votación”. El chavismo, especialista en remates, intentará maquillar una jornada en la que, según pudo comprobar el equipo de Revista OJO en horas de la mañana, se vio demolido hasta en sus otrora fortines: flojísima fue la participación en el centro de Caracas, de poco entusiasmo y poca afluencia de electores. La Experimental Venezuela tenía una cola de 50 personas, el Liceo Andrés Bello lucía sin prácticamente votantes y el Fermín Toro, a una cuadra de Miraflores, tenía una cola, acaso, de 200 personas. La que no estuvo floja fue la represión. En Caracas, los cuerpos policiales no dejaron ni reunirse a los manifestantes en los puntos de salida: las motos tocaron las puertas de los hogares, por lo que resultó imposible congregarse en la autopista Francisco Fajardo. Hasta el momento, según cifras de los principales medios de comunicación y dirigentes como Capriles Randonski, se estima que el lindo amanecer de paz prometido por el chavismo cuenta con 14 fallidos: Táchira y Mérida son los estados más golpeados.