RESEÑA: Elsa y Fred

Entrañable, antiparabólica, fresca, risueña, jocosa, despampanante, auténtica, ocurrente, fiestera, alegre, dicharachera, confianzuda, coqueta, intrépida y bastante mentirosa. Esa es Elsa, una viejita traviesa que enamora al espectador desde que aparece en pantalla. Con el aura de quienes tienen el don de no caer mal bajo ninguna circunstancia, la protagonista de esta historia de humor y amor reparte sonrisas y carcajadas en cada escena. Es una adolescente inmadura en el cuerpo de una señora mayor, una mujer de tercera edad que bien podría tener tatuado ‘carpe diem’ en su pecho.

Desganado, deprimido, bonachón, introvertido, cabizbajo, correcto, enfermizo, endeble, serio, prudente, responsable, pesimista y un toque cascarrabias. Ese es Fred, un abuelo que lleva siete meses de viudo y que enfrenta la vejez por el camino contrario al que transita Elsa. Dependiente de mil pastillas y con pavor a empeorar su estado de salud, este señor de la tercera edad es la prueba perfecta para medir la magia encantadora de la osada octogenaria y para comprobar si es verdad aquello de que los opuestos se atraen.

Elsa y Fred es la historia de un affaire improbable, pero genuino. Trata el tema más cliché de la existencia, con un guion que esquiva lugares comunes y le da a la obra una originalidad premiada con remakes y publicidad boca a boca. Estrenada dos años antes, esta película de amor tiene mucho de TheBucketList, la cinta en la que Jack Nicholson y Morgan Freeman cumplen una lista de deseos antes de que una enfermedad terminal los lleve a mejor vida. En Elsa y Fred no hay lista ni tampoco muchos deseos, pero hay un capricho particular de la protagonista estrella que tiene un peso importante en la trama.

“Es que es una historia tan bien escrita por Marcos Carnevale… Si no fuera así, Elsa sería una vieja insoportable, descabellada. Pero tiene gracia y mucha ternura. Y tiene bastantes cosas mías, por ejemplo, el tipo de humor. Yo creo que al humor hay que dejarlo caer, nunca poner cara de ‘ahí va el chiste’. Y además, es una mujer con claroscuros, no es siempre buena o mala”, dijo China Zorrilla, ese emblema cultural rioplatense, sobre el personaje que le tocó interpretar bajo la orientación de un escritor/director 41 años más joven que ella. Como siempre, las obras suelen ser mejor explicadas por sus protagonistas. Y esta frase de Zorrilla, que no quepan dudas, expele la esencia del film.

Sin mucha parafernalia, este largometraje iberoamericano ofrece casi dos horas de risas ininterrumpidas y frases que refrescan el alma. Sin ser Riso o Coelho, la señora Elsa suelta reflexiones al aire y enseña que, sea cual sea la circunstancia que te toque en la vida, siempre habrá dos formas de enfrentarla: con la amargura de quienes se sienten víctimas o con la alegría de aquellos optimistas confesos que resisten a los embates de la melancolía.