Henkel García: “Estamos en la parte final del cuento y no va a ser bonita”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La que en principio no iba a ser sino una entrevista de una sola pregunta para una nueva sección de ‘OJO’, terminó convertida en una mini-clase de economía (marcadores y pizarras incluidos) en la oficina del director de Econométrica, Henkel García, con quien conversamos acerca de Venezuela, su catastrófico presente y el que podría ser (cambios y medidas acertadas mediante) un esperanzador futuro. Con verbo claro, sencillo y hasta pedagógico –virtud admirable donde las haya entre los que hablan de economía–, este Ingeniero Químico seducido por las finanzas y devenido en Analista e Instructor nos explicó cómo se puede comprender la situación económica actual a partir de la premisa de que lo que hay en el poder no es un gobierno, sino una gran estructura (corporación se le puede llamar también) de extracción de riqueza, que busca a toda costa mantenerse robando y por eso no hace cambios ni toma medida alguna. “En 3 o 4 años hemos pedido 1/3 del PIB: eso son desempeños de economías de guerra”, señala García, quien no duda en calificar lo que vivimos como una verdadera catástrofe, que se va a acentuar en los próximos meses. Un cambio tanto de gobierno como de sistema sería lo que en su opinión podría llevar a Venezuela a flote, empresa que ve con optimismo –“tenemos las condiciones y la capacidad instalada”– siempre y cuando se hagan las cosas bien. A continuación, una conversación sin desperdicio para entender dónde estamos parados ahora, adónde podríamos ir y  qué podemos hacer:

-En términos extremadamente sencillos, Henkel, ¿qué es el ‘default’?

-El ‘default’ es el incumplimiento de pagos. Tú tienes un compromiso de deuda en el que incurriste y cuando no puedes pagar haces un ‘default’. Es eso, sencillamente.

-¿Es tan grave como lo pintan?

-Un ‘default’ podría complicar las cosas, sí, pero ya la catástrofe la tenemos aquí. No creo que agregue mucho más a lo que vivimos. Ya la catástrofe está: en un lapso de 3-4 añoshemos perdido 1/3 del PIB, de la producción nacional del país por habitante. Esos son desempeños de economía de países en guerra. El ritmo de deterioro que estamos viviendo ahorita es el más pronunciado que vamos a tener en muchísimos años.

-¿En qué momento estamos?

-Yo creo que es la parte final de un ciclo político-económico en Venezuela. La catástrofe está en pleno desarrollo. No es cualquier cosa: es la parte final del cuento y no va a ser bonita: vienen unos meses más duros.

-O sea que esto se va a poner peor…

-Mira, yo el año pasado dije que las de 2016 iban a ser las peores navidades de Venezuela. Lo dije pensando que iba a haber algo de sensatez en los gobernantes, y no…

-¿Porque no tienen idea de lo que hacen, porque no saben de economía, por el velo ideológico que los cubre, por qué…?

-Porque lo que está en Venezuela no es un grupo que gobierna,medianamente consciente y que más o menos quiere tener a la gente contenta, sino una gran estructura de extracción de riqueza, una corporación de extracción de riqueza. Entonces, cuando lo consideras así lo ves claro: ellos no quieren cambiar nada, sino seguir con el juego como está:si quisieran el bien de la gente, ya hubieran, por lo menos, hecho algún tipo de cambio. Pero no: ¡ellos no piensan en eso! Piensan es en mantener el ‘statu quo’: aquí hay gente a la que le regalan el dólar a 10, y son tan descarados que ni siquiera son capaces de cambiar eso, por ejemplo.

-Entiendo, entonces, que la salida de la crisis pasa a juro por un cambio de gobierno…

-Espérate: el problema que nosotros tenemos como sociedad es que los que vengan después puedan tener la misma mentalidad. Porque el sistema los lleva a eso. Al final el sistema político, la estructura que tenemos de Estado, donde el Estado es dueño de la principal riqueza del país, los lleva a eso. Puedes tener un político joven que tenga ganas de hacer las cosas y al principio lo va a hacer bien, pero en 10 años tenemos otro Chávez. Se degenera. Tú puedes llegar con las mejores intenciones, tú puedes, si quieres, poner a la madre Teresa en medio de este sistema y va a empezar a guisar. Porque este sistema lleva a eso, corrompe. Y por eso lo tenemos que cambiar.

-¿Y eso se puede?

-Sí, claro. Pero porque la misma sociedad lo va a requerir y pedir. Depende de nosotros: si no hay presión social, va a ser imposible, porque no va a partir de los políticos.

-¿Y por qué no va a partir de ellos?

-Te lo voy a explicar sencillito: ¿A qué político no le gusta llegar y repartir? ¡A todos! ‘Yo llego, y voy a repartir bien’.Esa es la premisa: para mantenerme tengo que ser populista, tengo que repartir. Y por eso es que llevamos 40 años estancados.

-¿Estancados cómo?

-Cuando tú revisas los números, te das cuenta de que en los setenta teníamos un PIB mucho mayor que el de ahora. Terminando esa década se nacionaliza el petróleo, se afianza el modelo rentista y desde entonces llevamos casi 40-50 años con el mismo PIB per cápita. Tenemos un estancamiento que viene desde allá, y que yo sí creo que tiene que ver con un sistema.

-Ahora, Henkel, mucha gente dice que Venezuela es fácilmente recuperable, que si se hacen las cosas como deben hacerse es cosa de poco tiempo para que salgamos de la crisis. Es un lugar común que se repite, y precisamente por eso quiero preguntarte cuánto de verdad hay en ello, si es exceso de optimismo, o qué.

-Si repasas lo que sucedió en Polonia cuando salió del comunismo o en Perú cuando hizo su reforma económica para salir del desastre, ves eso. En esos países duplicaron el PIB per cápita en 10-15 años. Y con más razón Venezuela, que es un país que está muy por debajo de su potencial: tú a cualquier industrial le preguntas en cuánto está su capacidad y te dice 30%. Llevarla a 80% es fácil si le das los insumos y las condiciones. Lo difícil es cuando no tienes la capacidad instalada, que cuesta más. En nuestro caso está allí instalada. El problema es que si la crisis se prolonga, esa capacidad instalada comienza a deteriorarse más y ese potencial se deteriora también. Ese es un punto que hay que tomar en cuenta: mientras más se prolongue esto y no logremos un cambio, ya después ese rebote inicial es hacia un nivel más bajo.

-¿De cuánto tiempo estaríamos hablando para ver los resultados?

-Haciendo los cambios necesarios, en el corto plazo, pongámosle los primeros seis meses, comienzas a tener los primeros efectos positivos: aparecerán algunas cosas, aumentará un poco la capacidad de compra. Eso va a ser un hecho. Después, en los dos o tres primeros años, se veráel crecimiento económico.

-¿Hay algún antecedente propio de recuperación de este tipo?

-Venezuela no es la primera vez que pasa por esto. Algo semejante sucedió ya, y en una Venezuela en la que el precio del petróleo estaba muy en contra y la situación no era nada fácil. Eso fue en el 96, cuando se implementó el plan ‘Agenda Venezuela’: veníamos de un control de cambio corto, no tan devastador como éste, pero una vez levantado, el poder de compra del salario se triplicó en años: de $75 en el 1996 a $180 en el 2000 y a $300 en 2001-2002, que no era poca cosa. Eso mismo puede repetirse, pero va a depender mucho de la calidad de las reformas: hay que hacer las cosas bien.

-¿Qué es hacer las cosas bien?

-Una reforma ordenada, consensuada, con armonía social,que vaya a una economía de mercado (que no tiene que ser desregulada), con reglas del juego claras, en las que no haya experiencias monopólicas. Eso básicamente.

-¿Adónde debería apuntar Venezuela?

-Al libre emprendimiento. Mira: aquí para formar una empresa necesitas 190 días; en Panamá,apenas uno. Aquí el empresario, hay que entenderlo, no es un enemigo: es alguien en que tienes que apoyarte. Para mí una Venezuela ideal es una en la que haya millones de pequeños emprendedores con pequeños negocios y que tengan capacidad de negociar lo que vale su trabajo. Para mi ese es el mundo ideal. Y no es un cuento. Es tratar de incentivar que la gente arme sus empresas y darles las facilidades. Darle financiamiento para que esas empresas nazcan y generen productividad. Entonces, cuando Venezuela apunte a eso es que vamos a ver el cambio. Ahorita veremos una pequeña apertura porque sabemos que por el camino que vamos no es, entonces hay que devolverse. Y si alguien te dice: ‘no, volvamos para allá’. Nosotros como sociedad diremos: ‘no, para allá no’. En Perú está constitucionalmente prohibido poner controles de precios, por ejemplo. Ellos aprendieron.

-¿Y nosotros?

-Yo sí creo que hemos aprendido. Tú le dices a la gente control y te dicen: ‘no’. Le dices: ‘te vamos a aumentar el salario’, y te dicen: ‘no’. Porque hemos aprendido. No sé si la clase política lo ha hecho, porque no han trabajado mucho en eso, se han concentrado en sacar al chavismo del poder.

-Un mensaje para los jóvenes que todavía están en Venezuela.

-Que no traten de extrapolar la Venezuela de hoy hacia el futuro. Los países cambian y rectifican, la Venezuela del futuro no va a ser como la de ahora. Lo más probable es que sea mucho mejor. Que las condiciones para vivir, para desarrollar cualquier actividad económicasean muy distintas. Visualizar un futuro donde siempre debes tener una contingencia, una coyuntura, vivir con la soga al cuello, eso no es extrapolable en Venezuela: eso es un error, esas cosas cambian. Si tú piensas que esto es el futuro que vamos a tener dentro de 10-15 años, tu decisión optima es irte o aceptar que eres masoquista y te gusta pasar trabajo.

Venezuela va rumbo a ser un país de analfabetos

Venezuela va rumbo a convertirse en un país de analfabetos, tal como demuestran los datos oficiales del Ministerio de Educación. Sólo basta restar la cifra de niños que comenzaron clases en 2016 (7.446.515) con la de aquellos que empezaron clases este 2017 (7.195.335) para encontrarse con la alarmante cifra de que 251.180 muchachos abandonaron la escuela entre uno y otro año. Eso equivale, como bien apunta Richard Sanz en la revista ‘Zeta’, a 10 estadios universitarios repletos de niños que hoy se encuentran sin estudiar. Todos los especialistas coinciden en que este nivel de deserción está estrechamente ligado a la grave crisis económica que vive Venezuela, que ha impedido dos cosas básicas: que los niños se alimenten, y que puedan disponer de los útiles necesarios para ver clases. Cuando lo que falta es comida, ya la educación, en la lista de prioridades, queda en un segundo plano: son miles los niños que deben sobrevivir con una comida al día, y otros tantos los que la encuentran en la basura. Menos dramática, pero igual de triste, es la situación de aquellos que tienen resuelto el problema del alimento pero no el de los útiles: son cifras del CENDAS que la llamada canasta básica escolar para un estudiante de educación básica está 1,2 millones de bolívares (aproximadamente 10 salarios mínimos) y para estudiantes de media llega a 1,7 millones (un poco más de 12 salarios mínimos). Así las cosas, son muchos los padres que todavía queriendo no pueden mandar a sus hijos a los liceos, aun cuando muchos de éstos han optado por flexibilizar las normas. El resultado es que 251.180 muchachos se encuentran hoy en las calles y no en el lugar donde deberían: la escuela.

No ‘se murió’, lo mataron

Todo comenzó con una improvisación (otra más) de Nicolás Maduro, que intempestivamente decidió sacar de circulación el que para entonces era el billete de más alta denominación. El ya por entonces dictador le dio 72 horas al país, en medio de la primera quincena de diciembre 2016, para salir de todos los billetes de cien que tuvieran. La gente fue en multitud a los bancos, éstos se vieron sobrepasados, pasó el plazo establecido y muchos se quedaron sin poder hacer sus depósitos, con un papel que había perdido todo valor. Entonces vino el caos. Apure fue uno de los diez estados donde se presentaron disturbios. En Guasdualito, la gente salió el 16 de diciembre a quemar bancos y a saquear. Y la dictadura hizo lo de Nerón con el incendio de Roma: culpar a sus adversarios. Carlos Andrés García, concejal de Primero Justicia y crítico tenaz del gobernador Ramón Carrizales, fue uno de los 3 detenidos de la entidad. Se lo llevaron sin orden de captura a la sede del SEBIN del Distrito Apure, le allanaron (destrozaron) la casa y terminaron imputándole un rosario de delitos: hurto calificado, daño violento, incendio en grado de participación e instigación pública a delinquir, de los que tuvo que responder apelando a una defensora pública por no tener con qué pagar abogados privados. De 43 años, García sufrió, a horas de ser detenido, una descompensación de la tensión arterial para la que no le dieron tratamiento. Y a partir de allí, se fue deteriorando progresivamente: primero cayó en un estado depresivo severo, luego perdió la noción de tiempo y espacio, después el control de esfínteres y finalmente el apetito. Alarmados ante su deterioro, sus allegados pedían urgentemente un traslado médico, que sólo se dio (a pesar de existir la orden de un tribunal) cuando era demasiado tarde. En el Hospital Central de San Cristóbal, adonde fue a parar, descubrieron que durante el encierro había sufrido un ACV para el que no recibió tratamiento alguno, y que terminó desencadenando su muerte (asesinato), que se produjo ayer, luego de que se acabaran los medicamentos que necesitaba y no se consiguieran en ninguna farmacia de San Cristóbal.

Número de homicidios en Venezuela

Las muertes violentas azotan Venezuela, y su incremento constante (en cifras) es un indicador de la grave descomposición social por la que transitamos. De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Seguridad (OVS), durante el primer semestre de 2017 tuvieron lugar un total de 9.927 asesinatos en el país. Ajuste de cuentas (74,6%), robos (16,4%) y riñas (1,5%) son algunas de las causas más frecuentes de los homicidios. El estudio también detalla el objeto activo con lo que estos delitos se ejecutan: arma de fuego (92,5%), arma blanca (4,5%) y fuerza física o material inflamable (1,5%). No en vano Caracas encabeza la lista de las 10 ciudades más peligrosas del mundo con un promedio de 130,35 personas asesinadas por cada 100.000 habitantes, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (Ccspjp) de México. En Venezuela, los ciudadanos viven asediados por las armas y el miedo inunda las calles de sus ciudades. Sin embargo, la difusión de estos números no tiene como fin acrecentar el terror; por el contrario, nuestro objetivo es hacer un llamado al Estado para que implemente políticas que reivindiquen el derecho a la vida y hagan un alto a la impunidad. Es su responsabilidad.

Rafael Araujo

Es difícil dar una opinión sobre por qué no cayó. Mira, yo creo que se hizo todo, salió una cantidad inmensa de gente, pero faltó apoyo por parte de los militares, que fueron la piedra de tranca: ni siquiera permitieron que llegáramos al centro. Yo creo que si ellos nos hubieran acompañado, entonces el régimen se habría tenido que ir: porque nadie lo quiere, está acorralado, no puede ganar ninguna elección, pero se mantiene gracias a ese aparataje militar. También hay que decir que sigue habiendo gente que no ayuda: como en toda sociedad, hay gente que se acomoda a la dictadura, que se pone a su sombra para resguardar sus beneficios e intereses: pienso, por ejemplo, en los que compra bonos y no trabajan sino que esperan que engorden; o los que tienen beneficios con el dólar, que los reciben a tasa preferencial y por eso siguen a la sombra de esto. Es gente que se acomoda y sobrevive, y que son egoístas, porque están bien y no les importa que los demás estén mal. Siempre recordaré la primera vez que hice un papagayo: fue con Franklin Brito, y en ese momento yo pensaba que todos los ataques que se le hacían a una persona iban a generar la respuesta contundente de la sociedad, y que la gente iba a ir en contra. Todavía me sorprende que hayan pasado tantos años y esa gente siga allí.

*Rafael Araujo, el señor del papagayo, es un ciudadano de a pie, participante de todas las protestas, y artista plástico de la Cristóbal Rojas.

“Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

“Vamos a revisar las cámaras. Si nosotros vemos que un guardia de la brigada le quitó el teléfono al chamo, tal y como dice él, vamos a tener problemas entre nosotros. Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”. Escuchó aquello, vio a su amigo con la cara tapada y se preguntó en qué lío se había metido. Gabriel Figueroa había salido a protestar aquella mañana y ahora estaba en un comando de la Guardia Nacional Bolivariana bajo amenaza de un Sargento Mayor.

Tras su detención, el joven estudiante de Comunicación Social se resistía a ser una víctima más del hampa policial. Estaba convencido de que le habían quitado el celular y, dignidad por delante, no iba a dejarse robar así de fácil. Esposado, denunció lo que le había pasado ante el capataz de los GNB y ahora tenía que cruzar los dedos. “Yo no estoy loco. A mí me sacaron el teléfono del bolsillo”, pensó para darse fuerza. Los guardias salieron del módulo para hacer una especie de cónclave en relación al asunto y a él, entre el nerviosismo y la serenidad, le tocaba esperar el veredicto de aquella reunión improvisada.

La noche anterior, por medio de un grupo de Whatsapp creado por la comunidad, Gabriel había incentivado a varios de sus vecinos a participar en el plantón que la Mesa de la Unidad Democrática había convocado para el día siguiente: 5 de junio de 2017. Cansado de protestar siempre en los mismos puntos del Este de la ciudad, hacía tiempo que Figueroa había cambiado Altamira y Las Mercedes por la zona donde vivía: la parroquia San José del municipio Libertador, al lado de San Bernardino y La Candelaria.

Con el objetivo de convertir los estruendosos cacerolazos en multitudinarias manifestaciones, el estudiante de la UCV llevaba semanas tratando de erradicar el miedo que paralizaba a los habitantes de su comunidad. La tarea, al tratarse de una alcaldía emblema del chavismo, era harto complicada. En Libertador, el ‘modus operandi’ de la represión es el mismo que utilizó el gobierno el día de las elecciones para la Constituyente: ni siquiera dejan agrupar a la gente.

Por ello, ese 5 de junio a las 7:00 a.m., cuando vio a 15 personas reunidas en la avenida Panteón, Gabriel esbozó una sonrisa. No era un río de gente, pero el número, dadas las condiciones, invitaba al optimismo. El trabajo de semanas comenzaba a rendir frutos. La ilusión, no obstante, duró pocos minutos. “No pueden estar por acá, si ustedes quieren manifestar tienen que irse a Altamira. Esto es el centro, esto se respeta”, le dijo un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana a Figueroa a eso de las 8:00 de la mañana. La realidad tocaba la puerta.

“Mientras esto ocurría, nos percatamos de que a dos cuadras, en la avenida Fuerzas Armadas, había otro conglomerado de gente manifestando. A lo lejos se veía que eran entre 20 y 30 personas, por lo que les propuse a los de nuestro grupo: ‘Vamos a unirnos a ellos para hacer más bulto’. Y eso hicimos. Nos fuimos por las calles aledañas para no llamar la atención y logramos juntarnos. Allí estaban hasta dirigentes de Voluntad Popular y Primero Justicia. Seguimos la protesta cívica y pacífica, ni siquiera estábamos trancando la calle, pero volvieron a llegar los mismos guardias con las mismas amenazas”, relata Figueroa.

El grupo decidió, en un acto de rebeldía, seguir la protesta. ¿Cómo? “En vez de quedarnos estáticos en un sitio, caminamos la Fuerzas Armadas de arriba a abajo cantando consignas para que la gente que estuviese en los balcones, temerosa, se sumara. Y logramos el objetivo: muchos bajaron y llegamos a ser una masa como de 40 personas, pero cuando veníamos de regreso observamos cómo la guardia estaba amedrentando a los dirigentes políticos y éstos desaparecieron en el acto. Sin embargo, decidimos hacer una segunda ronda”, comenta el estudiante.

Gabriel, sus padres, un amigo de toda la vida al que había convencido ‘in extremis’ y el grupo de vecinos, continuaron con la mañana de protesta. Cuando iban por la emblemática Esquina de Socorro, el mismo guardia que ya los había amenazado en dos ocasiones volvió a aparecer. “Mira, chamo, el Sebin viene hacia acá y a los más jóvenes se los están llevando presos. Yo, en lo particular, no quiero que te pase algo malo. Lo mejor es que tú y tu amigo se retiren”. Aquella recomendación, aparentemente compasiva y solidaria, resultaría ser un engaño macabro.

“Yo de verdad confié en la buena fe del hombre y, ante la inminente llegada del Sebin, le dije a mi pana: ‘Vamos a alejarnos de este conglomerado de gente para que no estemos a la vista. Nos metemos en un local o algo’. No queríamos que, por ser los jóvenes del grupo, nos agarraran. Les comenté a mis padres y a los vecinos que nosotros nos iríamos del sitio. Para ese momento ya eran las 10:00 de la mañana y consideramos que la protesta había tenido cierto éxito, por lo que acordamos rencontrarnos al mediodía otra vez y seguir manifestando”, rememora Figueroa.

El grupo decidió cantar un Himno Nacional para cerrar esa primera fase del plantón y los dos jóvenes aprovecharon el momento para escabullirse. Llevaban una cuadra recorrida cuando escucharon un sonido inquietante: motos. La brigada motorizada, ese cuerpo de funcionarios que ya los había corrido de un par de sitios y que hacía nada les había dado un amigable consejo, ahora estaba detrás de ellos.

“Volteo y hay dos motos persiguiéndome. Ahí, más allá del instinto racional, sale a reducir el instinto animal que todos tenemos. Me sentí una presa y corrí, así de simple. Corrí una cuadra y, cuando iba por la segunda, me topé de frente con el mismo tipo que minutos antes me había dicho que el Sebin me iba a agarrar. En ese momento caí en cuenta: fue una trampa, un juego psicológico para que yo me separara del grupo y él me pudiese agarrar”, detalla Gabriel.

Apenas lo detuvieron, Figueroa pensó en su familia. ¿Cómo se enterarían su mamá y su papá de que la GNB lo había emboscado? Lo cierto es que mientras lo razonaba pasó una patrulla del mismo cuerpo policial y la orden fue clara: “Llévenlo al CNE”. Alrededor de la escena, el ‘déjenlo’ de la gente se hizo coro, pero nadie se atrevió a pasar de la palabra a la acción.

“Me montan en la camioneta y fue bastante duro para mí porque tras recorrer una calle vi a mi mamá y a mi papá. Estaban caminando por la acera y no tenían ni idea de lo que me había pasado. Yo estaba esposado, tenía un militar a cada lado y lo que se me ocurrió fue gritar: ‘¡Hey! Mamá, papá, me están llevando al CNE’. Lamentablemente, no me escucharon. Pensé: ‘Mieeeerda, no puede ser’. No obstante, tuve la suerte de que nos paramos en el puente de la Fuerzas Armadas para que el militar que estaba manejando preguntara dónde quedaba el calabozo al que me llevarían. Gracias a Dios, allí estaba una vecina que había manifestado conmigo y le dije por la ventana: ‘Señora, dígale al de gorra tricolor, camisa blanca y bigote, que es mi papá, que me están llevando preso’. Menos mal me entendió”, declara Gabriel.

Al final, a Figueroa lo trasladaron al Palacio de Justicia, al módulo de la GNB ubicado en la institución. Lo bajaron de la camioneta, le taparon la cara con el suéter que cargaba puesto y, justo mientras le cubrían el rostro, uno de los guardias aprovechó para quitarle el teléfono que tenía en uno de sus bolsillos. Ahí, cuenta, comenzó a vivir uno de los episodios más violentos de su vida.

“Yo no me quedé callado. Le dije: ‘Mira, ¿tú eres un malandro uniformado o tú eres un garante de nuestro país? ¿Qué coño eres?’. Yo estaba muy molesto. Y, bueno, al escuchar eso me empezó a caer a lepes. ‘Cállate, vale, que aquí te vas a quedar’, me decía. Ya en el módulo me conseguí con Vicente, mi pana, que también había sido detenido. Nos sentaron en el piso y empezó un proceso protocolar: los que nos detuvieron tenían que explicarle a los del módulo por qué nos habían agarrado. Y fíjate lo que dijeron de mí, textual: ‘Este chamo impulsó y obligó a un poco de viejitas de la zona donde vive a que salieran a protestar y el coño de su madre es tan arrecho que las usaba de escudo para protegerse. Dime si no es un maldito’. A todas estas, yo seguía pendiente de mi teléfono”, recuerda Gabriel.

Fue en ese momento cuando Figueroa decidió decirle al Sargento Mayor del comando que uno de los GNB le había quitado el celular. Quienes lo trasladaron salieron a desmentirlo ‘ipso facto’, pero él se mantuvo firme. Allí, el mandamás emitió sentencia: “Vamos a revisar las cámaras. Si nosotros vemos que un guardia de la brigada le quitó el teléfono al chamo, tal y como dice él, vamos a tener problemas entre nosotros. Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”. El maratónico día apenas comenzaba y a Gabriel todavía le restaban tres eternos días y dos interminables noches para volver a ser libre. Su período de reclusión, aunque corto, está lleno de pequeñas historias que vale la pena leer. Como hicimos con el caso de Reynaldo Riobueno, dejaremos que sea el entrevistado, en primera persona del singular, quien relate los hechos.

I

TERRORISTA DIGITAL

‘AH, PERO TÚ CONSPIRAS CONTRA EL GOBIERNO’

–El teléfono, como por obra y gracia del Espíritu Santo, apareció. ‘¿Este es tu teléfono, chamo?’. Y yo: ‘Sí’. Me pidieron la clave y les dije que no, porque necesitaban una orden judicial para revisarlo. Entonces me empezaron a pegar. Esta es la parte más fea de la historia: me pegan y me pegan hasta que les doy la clave. La marcaron y comenzaron a registrar de arriba a abajo. Desde videos que son típicos de enviar por los grupos, hasta esas notas de voz de Freddy Guevara que se hacían virales. Ellos escuchan eso y dijeron: ‘Ah, pero tú conspiras contra el gobierno, tú grabaste a Guevara’. Se ponían con eso, jodiendo y riéndose. Era una burla. Incluso, recuerdo claramente que tenía una foto del pasillo de mi casa y ellos hicieron objeción: ‘¿Dónde la tomaste?’. Y yo: ‘En mi casa, la habré tomado sin querer’. Y me reí, porque era una imagen cualquiera, no se veía persona, ni arma, ni molotov, ni nada. Uno de ellos me dio un primer cascazo y me agarraron de sopita. Luego llegó el peor mensaje. El de una vecina que me había mandado el día anterior: “¿Mañana vamos a prender el plantón?”. Y yo le puse: “Sí, vale, claro que sí. Yo tengo los cauchos y la gasolina”. Eso fue lo único que le contesté. De ahí fue que ellos se agarraron para decir que yo era un conspirador en contra del gobierno de Nicolás Maduro, que yo era un ‘terrorista digital’. Cuando me dijeron aquello, yo no pude aguantar la risa. ¿Terrorismo digital? Yo sé que estaba en las peores circunstancias de mi vida, pero tenía que reírme. Era ilógico e irracional lo que me estaban diciendo. Me dieron otro cascazo y, en ese momento, tuvieron que irse. Se había presentado otro inconveniente en el centro con otros manifestantes.

II

EL COMANDO, UNA MANO AMIGA

‘TRANQUILO, YO SÉ QUE TÚ NO VAS A HACER NADA’

–Cuando se fueron los de la brigada motorizada, que fueron los que me detuvieron, los que me quitaron el celular y los que me pegaron los cascazos, Vicente y yo quedamos bajo la custodia de los GNB que estaban en el módulo del Palacio de Justicia. La atención de ellos, de verdad, fue un espectáculo. Allí yo evidencié que no todos los verdes son unos malditos. Las trenzas de los zapatos que habían utilizado para amarrarme cuando me quitaron las esposas me estaban, casi, cortando la circulación. Entonces le pedí a uno de ellos que si por favor me las podían aflojar un poco y él, amablemente, contestó que no había problema. Me las soltó tanto que prácticamente quedé con las manos libres. ‘Tranquilo, yo sé que tú no vas a hacer nada’, dijo. Tuve sed y, de nuevo muy cordialmente, uno de ellos me trajo un vaso de agua. Estuvimos en el comando como dos horas. En una de esas Vicente me dice: ‘Mira, tu mamá está allá afuera’ y fue allí cuando entendí que el mensaje que les mandé a mis padres con la vecina había llegado. ‘Les trajeron comida’, nos informó un GNB. Eran las 2-3 de la tarde. Mi mamá se puso a hablar con uno de los militares que estaba en el comando: ‘Él es un niño. Lo que tiene es barba, pero él es un niño. Suéltenlo’. Estaba ella junto a mi papá y el papá de Vicente. Fue un momento sentimental. Los tres dialogando con los guardias, tranquilos, pero con voz de llanto. No fueron a insultar, mantuvieron una actitud de respeto. ‘¿Qué terrorista pueden tener ustedes?’, decían. Mi padre, que siempre ha sido un señor sumamente diplomático, lo que nos dijo fue: “Hijos, fortaleza, yo sé que los guardias saben que no están en el lado correcto de la historia. Valentía”. Evidentemente no son las palabras que uno quisiera escuchar, porque no es un mensaje personalizado, sino genérico, pero me llenó de energía ese mensaje. También nos llevaron unas hamburguesas con unas papitas. Luego, mientras comíamos, como se habían portado tan bien con nosotros, les ofrecimos a los militares parte de nuestro alimento. La verdad es que en ese momento tú no tienes hambre, tú no tienes nada.

III

SUERTE EN EL CICPC

‘YO, DE VERDAD, NO LES VOY A PONER ANTECEDENTES PENALES’

–Como a las 4 de la tarde nos fuimos a presentar a El Llanito, creo que con el CICPC, y a la sede de Parque Carabobo, que es donde nos empiezan a redactar los antecedentes penales y todo lo demás. En la primera parada nos preguntaron: ¿Qué les hicieron? ¿Los golpearon? Tenía a dos guardias detrás de mí y preferí quedarme callado. Ese proceso fue súper rápido. Luego, en Parque Carabobo, por primera vez en mi vida, compartí con delincuentes de verdad. El hombre que se había reseñado antes que nosotros era un homicida que estaban buscando desde hace tiempo y como él habían muchos más. Era un pasillo donde hacíamos una cola mientras esperábamos para ser atendidos. Cada delincuente tenía al lado uno o dos funcionarios del cuerpo policial que lo había apresado. Cuando nos tocó a Vicente y a mí, entramos al cuartico donde nos iban a reseñar sin los dos guardias que nos estaban cuidando. Allí, el CICPC nos trató estupendo. Nos dijeron: ‘Hermano, ustedes vienen y que por guarimba. Yo, de verdad, no les voy a poner antecedentes penales porque eso les va a rayar el historial. El día de mañana los detiene un policía y les puede traer problemas’. Eso fue sin cobrar nada, sin pedir nada. Estaremos eternamente agradecidos.

IV

OCHO MUNDOS DIFERENTES

‘NO ME ARREPIENTO DE QUE ME HAYAN METIDO PRESO’

–Cuando llegamos otra vez al comando, a eso de las 5-6 de la tarde, vimos como a 30 personas allí: familiares y amigos de Vicente y míos. Nos bajan de la camioneta y al ver la cara de preocupación de todos, dije con el puño hacia arriba: ‘Todo va a estar bien’. Me sentí Capriles. Yo no sabía si todo en verdad iba a salir bien, pero debía darles una tranquilidad a ellos. Acto seguido, nos bajaron a los calabozos. Entramos a la celda que nos correspondía y ahí estaban ocho personas. Nos habían dicho que la mayoría eran guarimberos y no delincuentes comunes, lo que nos dio cierta tranquilidad entre tanto nervio. Nos presentamos y conocimos a la gente. Eran ocho personas y ocho mundos diferentes. Pero todos, menos uno, tenían algo en común: los habían detenido en la Fuerzas Armadas una semana antes por presuntamente estar guarimbeando, pero no fue así. Ellos ni siquiera estaban protestando. Lo que pasa es lo siguiente: por el centro de Caracas los vecinos no le tienen miedo a la guardia sino a los colectivos. Éstos llegan al lugar, roban a las personas que están viendo la protesta, los empujan hacia los guardias y dicen: ‘Miren, ellos son guarimberos’. Y como si se tratase de una hermandad colectivos-guardias, los uniformados hacen caso sin chistar. Así agarraron a estas siete personas que no tenían nada que ver.

Uno era un viejo de 55 años, un colombiano que no estaba documentado; otro era el dueño de una panadería; había un gochito encargado de un negocio ubicado en la avenida Urdaneta; estaba un chamo que había ido a visitar a su novia en la Esquina de Socorro y también un malandrito que nada tenía que ver con los otros siete. En fin, como dije, eran ocho mundos distintos.

No me arrepiento de que me hayan metido preso porque conocer a esas personas fue algo estupendo, fantástico. Había diferentes edades y diferentes preocupaciones. El colombiano que estaba indocumentado, por ejemplo, únicamente tenía una perrita aquí en Caracas. No tenía a más nadie por quien vivir. Y ese hombre todos los días, a cada minuto, lo que decía era: ‘¿Mi perrita estará viva? ¿Estará muerta?’

Hubo un juego bastante emotivo que hicimos la noche antes de que nos soltaran. Había uno que era bastante católico y tenía una biblia. Entonces cada uno tenía que, de forma aleatoria, escoger un salmo y leerlo. Luego, debía contar qué había sido lo mejor y lo peor de haber estado preso y, al final, tenía que comentar qué haría después de que lo soltaran. Ellos, que tenían más tiempo que nosotros, hablaban sobre abrazar a sus seres queridos que tanto extrañaban. Esa noche prometimos tomarnos una cerveza cuando estuviésemos en libertad. Fue bastante emotivo. Varios lloraron.

V

UNA PELEA INESPERADA

‘USTEDES YA ME TIENEN ARRECHO’

–Mi mamá nos había enviado a Vicente y a mí una malta de lata y el malandrito nos pidió: ‘Dame un poquito’. Se tomó todo e hizo un chuzo, que es una especie de cuchillo artesanal. Entonces se puso violento y nos gritó: “No, vale. Ustedes ya me tienen arrecho. Son un poco de guarimberos”. Y empezó a amenazarnos. Gracias a Dios éramos nueve contra él y lo pudimos controlar y hacer entrar en razón. Lo que pasa es que él ya tenía tres meses ahí. Además era un drogadicto. Trabajaba, precisamente, en el Palacio de Justicia, en la sede administrativa. Se robó los discos duros de unas computadoras y lo metieron preso. Él era peligroso. Vicente y yo le dijimos que la mejor pelea que se podía hacer era la de la palabra: conversando y no peleando con agresiones. Y, bueno, el chamo como que entró en razón. Se sentó, cogió mínimo y siguió en el juego.

VI

COMER EN LA CELDA

“LA ECHAN EN UNA BOLSA PLÁSTICA Y SE PONEN A REVISARLA”

–Es asqueroso, porque los guardias abren el pote que te manda tu familia para ver si hay cigarros, si hay drogas o, incluso, para darle un bocado. Entonces agarran toda la comida y la echan en una bolsa plástica y se ponen a revisarla. Y al final te dan todo eso así, en una bolsa. Tu familia te envía todo en un pote herméticamente cerrado, limpiecito, y tú tienes que arreglártelas para comer en una bolsa con el tenedor. Ojo, no a todos los presos les llevan alimentos. Hubo familias que, de tres comidas, llevaban una. Nosotros compartíamos. A veces quedábamos con hambre, pero compartíamos y nos sentíamos bien. Éramos una hermandad. Así no nos conociéramos, éramos hermanos adentro. Nos tratábamos fenomenalmente bien. Yo agradezco que me haya tocado compartir con esas personas. Como te dije, no me arrepiento de que me hayan metido preso, porque es una vivencia más. Una experiencia que me ha servido mucho de aprendizaje.

VII

IR AL BAÑO EN PRISIÓN

“O HAGO AQUÍ O NO HAGO”

–Yo hice una vez porque de verdad no aguantaba y dije: o hago aquí o no hago. En la celda había un hueco en una esquina,era como un hoyo de golf en medio de una alcantarilla. Te bajas los pantalones y tienes que sentarte y apuntar al hueco. Yo no quería, pero tuve que agacharme con todo el dolor de mi alma. Fui desafortunado: hice en todos lados menos en el hueco (risas). No tengo puntería. Los demás sí pudieron, yo no. Mientras tanto, te calas el típico chalequeo: ‘Guardia sáquennos de aquí. Nos están matando a lacrimógenas’. Lo cierto es que quedó todo regado allí y tuve que buscar el agua con el jabón azul que nosotros diluíamos y echarle a la alcantarilla cada dos horas, porque el olor quedaba concentrado.

Europa amenaza: ‘Acciones o sanciones’

Lo interesante, lo fundamental, lo esencial, se encuentra en una frase del canciller francés, pronunciada ayer luego de un encuentro no pautado con Jorge Arreaza: “Le recordé del riesgo de sanciones europeas y la necesidad de ver rápidamente evidencia de que Venezuela está lista para relanzar las negociaciones con la oposición y participar de un proceso creíble y sincero”. Traducida a ‘román paladino’ no es más que una amenaza, un ultimátum si se quiere: o hay pronto acciones puntuales por parte del gobierno –“espero que lleve rápidamente a medidas concretas”, insistió el canciller galo– o Europa se sumará a Estados Unidos en las sanciones económicas –que son finalmente las que duelen– contra la dictadura venezolana. Y lo mismo acaba de decir el canciller español: “es indispensable que [el encuentro] se concrete en un proceso, sin dilación, de negociaciones que resulten en acuerdos con concesiones concretas y con garantías de cumplimiento de los acuerdos alcanzados”. Ojo a los términos ‘indispensable’, ‘sin dilación’, ‘concesiones concretas’ y ‘garantía de cumplimiento’, que son bastante claros. La oposición, por su parte, tras hacerse de rogar y meter así algo más de presión, ha aceptado viajar a Santo Domingo, no para dialogar, sino, en sus palabras, “a explorar las condiciones para una negociación seria [con] acciones inmediatas”. Si se mantiene firme en su postura, la lógica indica que, teniendo en frente a un gobierno presionado, acorralado, y obligado a producir resultados concretos, algo podría lograr. Pero nunca se sabe.

Nehomar Hernández

Hay distintos factores que influyen en que el desplazamiento del poder de Nicolás Maduro no se haya producido. A saber: Dentro de la MUD agrupaciones como AD, UNT e incluso una parte de PJ parecían no creer en las protestas como un método para lograr la salida definitiva de Maduro del poder, sino que más bien atendían a una lógica gradualista en la que bastaba que se diera fecha de elecciones regionales para dar por satisfecho su objetivo puntual. Este planteamiento obedecía, además, al hambre de estas agrupaciones por acceder a pequeños espacios de poder que les permitieran captar renta petrolera y, por ende, obtener músculo económico para buscar mantenerse, en todo sentido.

Otro era el planteamiento de sectores que jugaban a una especie de todo o nada, en el que el objetivo planteado era que Maduro abandonara el cargo de forma perentoria y se instaurase un nuevo gobierno. El leitmotiv de este grupo, integrado fundamentalmente por algunos grupos de PJ, María Corina Machado y VP, era que una acción intensa y permanente de protesta en las calles eventualmente llevaría al colapso del chavismo desde sus propias entrañas, a través de la ruptura militar y de un quiebre interno que llevaría a un “chavismo descontento” a “ponerse del lado del pueblo”. El caso es que no sucedió ni la fractura dentro de la FANB ni el brinco de charco masivo del tal chavismo crítico (más allá de lo ocurrido con la Fiscal Luisa Ortega Díaz), por lo que la aspiración de poner fin al gobierno de Maduro por esta vía no logró ser materializada en la realidad.

Huelga decir que una acción de calle no puede ser sostenida indefinidamente en el tiempo, tanto más cuando no logra victorias al menos parciales o simbólicas. La brutal represión que se incrementaba exponencialmente cada vez más, y que era ejercida sin ningún miramiento por grupos de la FANB y por los colectivos paramilitares del gobierno, llevó a las protestas a convertirse en una rutina en la que el gato se mordía la cola, al punto de que muchas acciones de calle parecían convocadas simplemente por mera inercia. El chavismo demostró que ya no se trataba de unas manifestaciones que eran contenidas por cuerpos de seguridad del Estado, sino de una guerra declarada en la que la cosa se resolvería a tiros. La oposición, carente de un grupo armado que representara sus intereses en tal contienda, quedaba de adorno en esa película. Más de 120 personas fueron asesinadas por la represión en esos días y ante ello el gobierno pagó un costo interno bajísimo o sencillamente inexistente, pues le daba igual lo que los venezolanos dijeran de él.

Cuando, aún luego de haber convocado un plebiscito en el que participaron al menos 7,5 millones de venezolanos (y que decantaría en una eventual “hora cero” del gobierno) y habiendo obviado que el chavismo logró imponer a troche y moche su inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (pese a que por wishfullthinking siempre se dijo que no lo haría), la mayoría de los factores opositores decidieron aceptar el premio de consolación que encarnan las elecciones regionales, todo estaba listo para encapsular la diatriba y abortar el objetivo de la salida inmediata del régimen de Maduro. La gente solo se suma a manifestaciones masivas si percibe que su presencia en ellas puede presionar efectivamente al gobierno o transformar en algo la situación política de su país; en caso de que no sea así sencillamente se abstiene de hacerlo. Pasada el agua de esos 4 meses lamentablemente luce que las vías pacíficas o de derecho para lograr un cambio de gobierno se tornan insuficientes, dejando campo abierto a vías de hecho que tienen su correlato en la violencia.

*Nehomar Hernández es periodista y locutor. Tiene una maestría en Ciencia Política y es conductor del programa ‘Y así nos va’, de Radio Caracas Radio.

 

María Verónica Torres

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Por la miopía de la dirigencia opositora, aunada a discursos grandilocuentes que fomentaron expectativas de cambio político difíciles de cumplir, y terminaron defraudando las esperanzas del pueblo y permitiendo el avance del Estado comunal. Hubo un divorcio entre el discurso político del liderazgo opositor del inicio de las protestas –desconocimiento de instituciones– y el del final de las mismas –dinámica electoral–. Como consecuencia, parte importante de la sociedad civil duda ahora de su sensatez les retira apoyo a los partidos políticos. Esta incoherencia en el discurso es el resultado de dos asuntos: la moralidad totalitaria del gobierno y la falta de preparación de nuestros políticos. La maquinaria propagandística de este tipo de gobiernos ataca la verdad como fuente del entendimiento social. Sin una verdad que unifique a la ciudadanía entre sí y con los partidos políticos, se imposibilita la cohesión social, de ahí la necesidad de censurar medios de comunicación y otros males. Es por ello que en Venezuela existe una dicotomía entre la realidad que vive el pueblo y lo que se presenta en la opinión pública. En estos fenómenos políticos la oposición suele verse envuelta en una red esquizofrénica de mentiras y miedo porque es la dinámica social impuesta, de ahí que se requiera una visión estratégica seria que sirva de muro de contención. La manera de romper con esta dinámica es la vuelta a la sensatez en el discurso público, que comienza por la aceptación de las propias incapacidades; la  profunda reflexión de la realidad política, social y económica; y la apertura a escuchar  lo que les demanda la sociedad civil. A la vez de una desintoxicación de aspiraciones personales irrealizables de acuerdo a la naturaleza política del gobierno. La clave, como todo en la vida, es la sensatez.

*María Verónica Torres es directora de la Escuela de Derecho de la Universidad Monteávila.

Aumento de miseria

Anoche, en una cadena de cinco horas, Maduro anunció un aumento (otro más) del salario mínimo: 40% para el sueldo base y 4 Unidades Tributarias para el bono de alimentación, lo que lo deja en Bs.F. 325.544, equivalente a $16 mensuales a la tasa de cambio del mercado paralelo. El aumento, que se hace efectivo desde el 01 de septiembre, es el quinto (¡quinto!) en los nueve meses que lleva el año. “El nuevo aumento de salario decretado por Maduro es de Bs. 2.500 diarios. No alcanza para una empanada. Y traerá más inflación aún”, dijo Luis Oliveros con respecto a la medida. ¿Por qué? Porque sencillamente un aumento de sueldo no se puede hacer sin que previamente haya habido un aumento en la productividad, que genere los ingresos para pagarlo. Es decir, cualquier aumento superior a la productividad lo único que generará (contrario a lo que se “pretende”) es inflación. En poco tiempo se volverán a disparar los precios y la capacidad de compra de este aumento quedará aniquilada, por lo que el aumento terminará siendo una carga durísima para los ciudadanos, para las empresas, para los venezolanos en general, porque además vino acompañado por el caramelito envenenado de la fijación del precio de 50 rubros distintos, que desaparecerán pronto del mercado. A este respecto, Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, fue tajante: “Maduro lo que anunció fueron mayores controles. Las consecuencias también están cantadas: más inflación, escasez y mercados negros”. ¿Qué fueron, entonces, las medidas decretadas anoche por Maduro? Otra estafa. Y nada más.