Pedro Luis Pedrosa

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Maduro no cayó porque a la acción de calle le faltó una acción política. Y esa acción política no llega por la cantidad de compromisos que existen entre factores del gobierno y factores de la oposición. Ninguno de los muchachos que estuvo en la calle tirando piedras lo hacía con aspiraciones políticas serias. Es decir, el país no iba a poner su futuro en manos de estos muchachos. De modo que a esa acción de rebelión, que se puede considerar como tal, le faltaba la rebelión de la clase política. Esa rebelión de la clase política no se da por cómo está conformado el sistema político venezolano: absolutamente toda la clase política (gobierno y oposición) gira en torno a la captación de renta petrolera. Y eso se ejecuta a través de negocios, contratistas, testaferros… Una cantidad de entramados de los cuales Derwick Associates debe ser apenas la punta del iceberg. Entonces no había, en realidad, una intención de la dirigencia opositora de que esas protestas se extendiesen tanto. Se vieron montados en un barco en el cual no querían estar. A este entramado de relaciones incestuosas y promiscuas entre gobierno y oposición, Bruce Bueno de Mesquita, en su libro ‘El Manual del Dictador’, lo describe como “el círculo del dictador”. Básicamente los partidos políticos venezolanos, desde hace tiempo, vienen fungiendo el papel de los llamados partidos del bloque de la Alemania Oriental, que se hacía llamar Alemania Democrática, donde había un partido hegemónico, que casualmente se llamaba Partido Socialista Unido Alemán, y una serie de partidos que participaban en un juego electoral que ya estaba previamente ganado por el partido hegemónico.

*Pedro Luis Pedrosa es un consultor político con una maestría en Relaciones Internacionales y una especialización en Derecho y Política Internacional cursadas en la Universidad Central de Venezuela, casa de estudios en la que ha impartido clases.

Mariano de Alba

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Porque no se concretó un quiebre trascendental de la alianza de gobierno. A pesar de la grave situación económica, del abandono absoluto de las formas democráticas por diversos poderes del Estado y de la violenta represión y asesinatos a manifestantes pacíficos, los venezolanos que hacen vida dentro del gobierno –desde los miembros de las Fuerzas Armadas hasta los funcionarios públicos– no produjeron un quiebre lo suficientemente sustancial para que la cúpula que controla el país se quedara sin apoyo y se viera forzado a negociar su salida. Asimismo, la intensidad y regularidad de las protestas fueron inéditas, pero a la dirigencia opositora le faltó concretar un movimiento permanente que incluyera a todos los sectores de la sociedad y lograra que el descontento se manifestara abrumadoramente. En sus comunicaciones con las Fuerzas Armadas y las personas relacionadas con el chavismo, la dirigencia opositora no logró articular acuerdos concretos que dieran paso al quiebre trascendental del cual hablábamos antes. Venezuela es actualmente un país controlado por una cúpula civil y militar que ha demostrado ser capaz de cualquier cosa para mantener el poder, además de estar incursos en actividades criminales. Se pensó que la manera de quebrar esa realidad era subiendo la presión con protestas en las calles y atención internacional, pero al final se demostró que además de esa cúpula hay un buen número de venezolanos que por ideología o necesidad económica no está dispuesta a romper con el statu quo, aunque la situación del país sea catastrófica. En principio, la solución a este grave problema sigue siendo tratar de construir puentes con ese grupo para acordar una visión y camino de país distinto, en el que quienes sostienen al régimen también estén incluidos y se manifiesten de forma concluyente. De lo contrario, los escenarios que quedan son la escalada del conflicto a un enfrentamiento armado –con una eventual intervención internacional– o la consolidación definitiva de un régimen que ya destruyó a Venezuela.

*Mariano De Alba es abogado y especialista en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.

¡Ladronazo!

Repetidamente lo advirtió: “No soy tan tonto como creen”. Y las revelaciones de la Fiscal Luisa Ortega Díaz parecen confirmarlo: el presidente obrero ha resultado ser todo un pillo. De siete suelas o de cuatro esquinas, como diría el Comandante eterno que se murió. Según los papeles de la Fiscal, Maduro sacó del erario público entre 8 y 10 millones de dólares en efectivo valiéndose de una empresa afín. “Usaron como fachada la empresa venezolana ConteXtus Comunicación Corporativa, propiedad de Mónica Ortigoza Villasmil, quien es esposa de Alejandro Escarrá Gil, sobrino del constituyente Hermann Escarrá”, explicó Ortega Díaz. Pero aún hay más. Aparte de esta operación clásica de desvío de fondos –nada que no se haya visto antes–, Maduro habría perpetrado también lo que en jerga criminal podría considerarse un golpe magistral, digno de Ocean’s Eleven: la estafa de los CLAP, que consistió, básicamente, en empobrecer a la población a niveles africanos para hacerla dependiente de una caja de comida que el Estado compraba con altísimo sobreprecio…a una empresa de su propiedad. Algo semejante a lo que hacía Rafael Leónidas Trujillo, “El Chivo”, en Dominicana, quien al momento de su muerte era propietario de 111 empresas y tenía una fortuna de 800 millones de dólares. El nombre del consorcio con el que Maduro, siempre según la Fiscal (“esas pruebas las tenemos con nosotros”), se estaría lucrando del hambre que él mismo provocó en los venezolanos es Group Grand Limited, “una sociedad registrada en Hong Kong, [que] ha logrado venderle alimentos a Venezuela por más de $200 millones en una negociación aprobada con la firma de Nicolás Maduro y con la intermediación de la Gobernación de Táchira”, según se lee en una investigación de Armando.Info. Y todavía hay más: sobre el mandatario pesa la denuncia de haberle dado a la publicista brasileña Monina Moura, para que trabajara en la campaña de la reelección de Chávez en 2012, $11 millones en ‘cash’, “a través de pagos hechos por las empresas Odebrecht y Andrade Gutierrez”, según un documento de la justicia de Brasil. Que no quepa duda: tonto no es.

Elías Pino Iturrieta 

Tras más de cien días de protestas y 135 asesinados, un día la calle se apagó, la vida en Venezuela volvió a su normal anormalidad y la dictadura siguió allí. La pregunta, entonces, se hizo inevitable: ‘¿Por qué no cayó?’. Con la premisa de que el periodismo no solo consiste en contar lo que pasa, sino también en ayudar a darle sentido y comprenderlo, el equipo de @RevistaOJO decidió buscar a un grupo de expertos para hacerles la pregunta. Son voces autorizadas a las que les daremos cabida en esta trinchera digital con frecuencia diaria para que nos ayuden a descifrar el enigma que tanto atormenta a los venezolanos:

-¿Por qué no cayó la dictadura?

Aquí, nuestra primera entrega, con Elías Pino Iturrieta*

-Porque todavía es fuerte, pese a los desencantos cada vez más hondos que ha producido. En especial, por el apoyo de las Fuerzas Armadas. Los uniformados, de acuerdo con la información que se observa a simple vista, forman un bloque compacto al servicio de la dictadura. Ninguna reacción de los opositores puede contar, ni siquiera, con el débil aliento de un solo cuartel. El dominio ejercido por el Ejecutivo sobre el Poder Judicial complica las cosas.  Todas las ventanas del sistema cierran la entrada de oxígeno vivificante. No para dar un golpe de estado, lo cual no es deseable, sino apenas para sentirse acompañados.  Si se agrega el hecho, nada desestimable, de que la cúpula no parece interesada sino en la imposición de sus intereses, las alternativas de una transición se hacen arduas. Pero, para no ver la situación apenas por uno de sus lados, es evidente que la heterogeneidad de la oposición y los tumbos de la MUD colaboran en el mantenimiento de la dictadura. Hay que mirar hacia la fragmentación de los partidos políticos para explicar la razón de que un régimen abominado por la mayoría de la sociedad continúe en las alturas.

*Elías Pino Iturrieta es historiador y escritor. Pertenece a la Academia Nacional de la Historia, es Presidente del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB y Editor Adjunto de El Nacional.

Roberto Picón: 16 días encerrado en un baño

Si no fuera trágico sería risible: tener un pisapapeles con forma de granada fragmentaria fue una de las cosas que le costó a Roberto Picón (ingeniero de sistemas y jefe de la Secretaría Técnica de la MUD) la libertad. Según se detalla en un informe de Provea, el curioso objeto fue uno de los elementos de convicción de los que se valió el Tribunal Militar Tercero de Control (a cargo del juez militar Mickel Amézquita, capitán) para imputarle a Picón sustracción de efectos pertenecientes a las Fuerzas Armadas, traición a la patria y rebelión. Esa fue apenas una de las varias irregularidades de un proceso que comenzó la noche del 22 de junio de 2017, cuando 18 agentes del SEBIN asaltaron –no mediaba orden judicial alguna, por lo tanto no se le puede llamar allanamiento– la quinta 4.15 de Altamira, propiedad del ex viceministro de CAP Arístides Moreno, y donde se solían reunir miembros de la MUD. Esa noche secuestraron –no había orden de detención ni se estaba en presencia de delito flagrante– a Picón y a Moreno. Los incomunicaron y ruletearon por varias comisarías, hasta dejarlos en El Helicoide. Luego, los separaron. Picón pasó cuatro días –la ley establece un plazo máximo de dos– cautivo y sin audiencia de presentación, pero ya estaba sentenciado: en su tribunal televisivo (“Los domingos con Maduro”) el dictador lo acusó de estar preparando una operación de intervención del sistema del CNE: “La persona que dirigía esto es Roberto Picón, muy íntimo de Capriles, tenía un bunker de hackeo del poder electoral”. Eso fue el 25 de junio. Al día siguiente, diligentes, lo llevaron ante un Tribunal Militar (siendo él civil), que con los frágiles elementos de convicción antes descrito le imputó tres delitos del Código de Justicia Militar y le puso como lugar de reclusión El Helicoide. Allí durante 16 días (01 de agosto – 17 de agosto) estuvo encerrado en un baño sin ventana, donde no entraba aire fresco ni pegaba la luz del sol y en cuyo suelo, sobre una colchoneta, dormía. Las condiciones mejoraron desde esa fecha, pero aún no ha obtenido la libertad.

Marcos Aponte: “No sabía si me iban a desaparecer”

Por: Juan Sanoja || @JuanSanoja

“No sabía si me iban a desaparecer. No sabía si mi mamá se iba a enterar y cómo reaccionaría ella, que es hipertensa, si le avisaban que yo estaba perdido o preso”. Habían transcurrido sólo horas desde su detención cuando Marcos Aponte empezó a pensar en lo peor. Estaba a la altura del Gran Abasto Bicentenario de Zona Rental y por primera vez, tras ser arrestado por la Policía Nacional Bolivariana, lo habían separado de su compañero de partido, Javier Chirinos.

Aquel era el día del tercer trancazo nacional y Vente Venezuela, todavía lejos de su desvinculación, seguía al pie de la letra las convocatorias de la Mesa de la Unidad Democrática. En consecuencia, ese 28 de junio desplegaría a sus partidarios por todo el país. A Marcos y Javier, en la repartición, les tocó plantarse en la parroquia San Pedro, a la altura del Crema Paraíso de Santa Mónica.

“Trancamos ahí y cuando llega la Policía Nacional Bolivariana, el mensaje era claro: ‘Esta lucha también es por ustedes, que están pasando por lo mismo que nosotros’. Javier tomó una suerte de liderazgo y se dirigió a los policías para que nos dejaran estar allí, porque no estábamos haciendo otra cosa que ejercer nuestro legítimo derecho a la protesta. Pero sus palabras fueron en vano. La PNB comenzó a reprimir y el grupo de personas se dividió. Cuando nos reagrupamos, nos empezaron a emboscar”, comenta Aponte sobre cómo ocurrió su detención.

Ante la persecución, los miembros de Vente decidieron abandonar la zona. “Tomamos la determinación de irnos. Irnos, pero hacia otro punto de la ciudad. Dijimos: ‘Bueno, nos toca trabajar en otro lado. Ya la gente se dispersó’. En ese momento pensamos que no tenía ningún sentido quedarse allí”. La decisión, no obstante, fue adoptada demasiado tarde. Primero agarraron a Javier y luego a Marcos. Él, que había visto cómo atrapaban a su compañero, prefirió no correr ya que, además de no poder contra la velocidad de una moto, temía que los cuerpos de seguridad reaccionaran con un perdigonazo o, por qué no, un tiro.

De Santa Mónica los trasladaron a El Helicoide, donde les quitaron sus pertenencias y les pidieron sus datos. Allí, en Roca Tarpeya, a Marcos lo intentaron extorsionar: “Me llamaron aparte y me dijeron: ‘¿Cuánto te está pagando él?’. Ellos habían visto que yo estaba grabando lo que sucedía en el punto del trancazo, porque es mi labor como Coordinador de Comunicaciones del partido, y por eso me preguntaban: ‘¿Cuánto te paga?’. Era coacción, porque las preguntas venían con insultos, con cualquier cantidad de cosas. El policía me decía: ‘Yo te quiero ayudar, pero tú tienes que decirme cuánto te paga’. Yo les contestaba que a mí no me pagaban por eso, que yo estaba allí por convicción propia”.

Los oficiales se dieron cuenta de la prominencia de sus reclusos, par de miembros de un partido político, y los llevaron a Plaza Venezuela, donde confluían todos los detenidos cerca del Gran Abasto Bicentenario. Les cubrieron los rostros, les volvieron a solicitar unos datos y –lo más estremecedor del asunto– un policía empezó a atender llamadas desde los celulares de Marcos y Javier. Unas las respondía con insultos y en otras decía que Aponte y Chirinos estaban secuestrados por colectivos, por lo que requerían una suma de dinero para el rescate.

“No sabía si me iban a desaparecer. No sabía si mi mamá se iba a enterar y cómo reaccionaría ella, que es hipertensa, si le avisaban que yo estaba perdido o preso”. Habían transcurrido sólo horas desde su detención cuando Marcos Aponte empezó a pensar en lo peor. Estaba a la altura del Gran Abasto Bicentenario de Zona Rental y por primera vez, tras ser arrestado por la Policía Nacional Bolivariana, lo habían separado de su compañero de partido, Javier Chirinos.

“Está llevando golpes y en cualquier momento me toca a mí”, infirió Aponte. Su preocupación, sin embargo, no era esa. No le inquietaba tanto por lo que él pudiese pasar, pues sabía a qué gobierno se estaba enfrentando y la lucha que estaba dando. Su verdadera preocupación residía en el futuro de su madre. ¿Qué haría ella al enterarse? ¿Cómo haría para vivir sin él?

Luego del trago amargo, Marcos se rencontró con Javier. El día eterno apenas comenzaba. Eran horas de Jack Bauer, pasaban mil cosas por minuto. La siguiente parada de la travesía infernal sería la Dirección de Investigaciones de la Policía Nacional en Nuevo Circo. “Nos quitaron los suéteres que cargábamos puestos, las trenzas de los zapatos y nos metieron en un calabozo de 1.20 x 1.50 metros donde había un preso común que estaba detenido por robo. Ahí tuvimos que pasar la noche y fue en ese lugar donde le quitaron las llaves del carro a Javier”.

«¡Aquí está la prueba! Así se robó ayer la PNB el carro de @Javier_Chirinos de la sede de @VenteVenezuela para sembrarlo. Están descubiertos», tuiteaba María Corina Machado el 29 de junio, un día después de la detención de los dos miembros de su partido político. Cuenta Marcos Aponte que a Javier, Coordinador General del Distrito Capital, la policía lo coaccionó para que entregara las llaves de su carro. Los PNB las agarraron, fueron a la oficina central de Vente y así, sin más, sin testigos, sin grúa, sin ninguna experticia, se llevaron el vehículo de Chirinos.

“Nada más con mover el carro era para desestimar todo el caso. Los únicos testigos que estaban ahí eran las personas del partido. Eso es alteración de lo que se considera evidencia”, dice Aponte. Chirinos y él pasaron la noche en ese calabozo ubicado en Nuevo Circo. Tres personas en un espacio de 1.20 x 1.50. Los agarraron a la 1:30 p.m. y pudieron ver a sus familiares y abogados ya para las 8-9 de la noche.

“Pasaron muchas cosas durante los siguientes dos días. Sé que fuimos al CICPC a hacernos la reseña respectiva, donde nos tomaron las huellas e hicieron el registro de que estábamos detenidos. También fuimos a hacernos los exámenes legales para ver si habíamos consumido drogas: exámenes de sangre, exámenes de orina, exámenes toxicológicos. Nos reseñaron en varios sitios. Estuvimos en La Yaguara, pasamos dos noches en el Helicoide y luego nos llevaron a tribunales”, relata Marcos sobre los primeros días post-detención.

Para ese momento, el retardo procesal era considerable. Marcos y Javier no fueron a tribunales sino después de las primeras 48 horas de arresto. El acta policial tuvo varios errores, incluso en el nombre de los policías que habían apresado a los dos miembros de Vente Venezuela. Esas fallas atrasaron el caso. Por ello, en lo que debía ser su audiencia de presentación, el abogado de Aponte y Chirinos tuvo que meter un recurso de amparo porque no quisieron recibirlos.

Marcos explica que presentarse ante el tribunal después de los dos primeros días post-arresto desestima el acta policial, porque puede estar viciada. No obstante, él y Javier tuvieron su audiencia a las 72 horas, un sábado, ante un tribunal de guardia. Ese día los llevaron a las celdas de los juzgados mientras procedían a revisar su caso.

–¿Cómo fue la espera?

–Ahí se pasa todo el día sin comer, sin beber agua. Era un espacio relativamente amplio. Creo que 5 x 5 o 4 x 4 (metros). Tenía una suerte de baño, un hueco muy maloliente. Era una celda con barrotes normales. Estábamos en unas condiciones paupérrimas e insalubres.

–¿Con cuántas personas estabas en la celda?

–Nosotros compartíamos celda con dos muchachos que estaban ahí por protestar; dos hermanos por un tema de especulación, a quienes también les querían imputar financiamiento al terrorismo; otras dos personas por robo y un señor que ya había cumplido con su condena de régimen de presentación en Trujillo y que lo agarraron y todavía aparecía solicitado. Según cuentan los que ya han tenido experiencia, porque había gente reincidente allí, los fines de semana no hay tantos detenidos, pero hay veces que esas celdas están abarrotadas.

–¿Cuánto tiempo estuvieron allí?

–Llegamos en la mañana y creo que salimos a las nueve o diez de la noche. Pudimos notar que a todos los que estábamos allí por protestar nos dejaron la audiencia para el final del día. Primero atendían los delitos comunes y de último revisaban a los que tenían casos similares a nosotros. Si subías a la audiencia y te daban libertad plena, salías por otro lado. Si no, te devolvían para la celda. A todos nos mandaron de regreso a la celda. Vimos a los 25 del caso de la Cámara de Gas, pasaron por delante de nosotros. A ellos les difirieron la audiencia para el día siguiente. Nosotros, Javier y yo, fuimos trasladados en la noche para La Yaguara, lugar donde permanecimos hasta que nos otorgaron la libertad.

–¿Cómo eran las condiciones en La Yaguara?

–La primera noche fue fatal. Estuvimos mucho tiempo afuera esperando, porque La Yaguara es un centro de custodia en el que se registran todos los que son detenidos y que aún no tienen sentencia. De allí es que los distribuyen a otros centros de reclusión de la PNB. Nosotros dormimos en una celda grande, había alrededor de 30-35 personas. El piso estaba lleno de colchonetas. La mayoría de los presos estaban acostados. Los otros tenían que permanecer de pie.

–¿Cuál era tu rutina?

–Los presos tienen costumbres carcelarias muy marcadas. Te dicen hasta cómo orinar, cómo bañarte, cómo vestirte. Una de las cosas que me dejaron claras fue: ‘Cuando te digan acuéstate a dormir, acuéstate a dormir, porque no sabes cuándo puedas volver descansar’. Evidentemente no cabía una colchoneta más en el piso, entonces había lo que llaman la contención. Esto es que alguien se para y tiene la amabilidad de dejarte acostar y a las tres horas te levanta otra vez. Y eso es si el dueño de la colchoneta quiere, porque por lo general quienes están más cómodos son los que tienen más tiempo. Había un muchacho que tenía los pies hinchadísimos, ya que la mayor parte del tiempo la había pasado de pie. Pensé: ¿qué voy a hacer yo aquí?¿Cómo voy a pasar la estadía aquí?

A la mañana siguiente nos movieron a otra celda con menos personas. Eran presos que tenían otra clase de delitos. Crímenes menores como estafa u homicidio culposo. Era un espacio más pequeño: tenía dos literas donde dormían los más antiguos y los demás dormíamos en el piso. Éramos diez personas dentro de ese espacio. Conforme fueron saliendo éramos menos. Sin embargo a mí me tocaba dormir en el suelo. Durante todo el tiempo que estuve allí dormí en el piso.

–¿Siempre estuviste con Javier?

–Siempre estuve con Javier. Eso hizo todo más fácil. Uno de mis mayores temores era que me separaran, que fuese a pasar algo. Yo tenía cierto temor a que nos fuesen a torturar, pero eso no sucedió. El trato fue hasta cordial. No éramos amigos de los policías, pero sí era un trato respetuoso. Puedes notar que muchas de las bases de la PNB están viviendo la misma situación y se quejan de lo mismo que padecen la mayoría de los venezolanos. No obstante, notas también que, y esto me imagino que sucederá con las otras fuerzas policiales, están formados para obedecer. Y no precisamente a las necesidades de la gente, sino a quien está al mando. Es decir, no están formados con moral, están formados para obedecer lo que les pidan y ya. Ellos están convencidos de que su trabajo es salir a reprimir.

–¿Consideras que tuviste suerte de que no te torturaran? ¿O crees que las torturas no son una práctica sistemática?

–Probablemente fue suerte de que nos haya tomado la PNB y no el Sebin o la GNB. Tenemos casos dentro de Vente Venezuela. Unos días atrás habían agarrado a Orlando Moreno, un secretario político de Monagas, y él fue torturado. Entonces siempre estás pensando: ‘¿Qué va a pasar?’. De hecho, cuando estábamos en Bicentenario la cuestión fue más difícil. Porque a mí me aislaron por un momento de Javier y eso fue como un coñazo para mí, porque estuvimos como media hora separados y yo decía: ‘Está llevando golpes, en cualquier momento me toca a mí’. Obviamente sientes el miedo.

–¿Les dijeron por qué los detenían?

–Nos agarran porque supuestamente estábamos trancando la calle, obstrucción a la vía pública, alteración del orden público. Todo lo que le ponen a cualquiera. De hecho, la fiscalía, con todo el material que tenía el acta policial, simplemente nos imputó instigación pública, porque había muchas cosas que evidentemente estaban fuera de lugar. Nos pusieron medida cautelar bajo fiadores, con régimen de presentación y sustitutiva de libertad mientras se conseguían esos fiadores. Se consiguieron, pero tuvimos mucho tiempo sin despacho en el tribunal porque a la juez la cambiaron y eso generó retardo. El 21 de julio se emite la boleta de libertad y nosotros no salimos sino hasta diez días después. Los abogados tuvieron que meter un recurso de amparo diario frente a todo lo que estaba sucediendo.

–¿Por qué no salieron sino hasta diez días después?

–Me imagino que los jueces son ordenados por el Tribunal Supremo de Justicia y no nos querían firmar la boleta. No querían hacer el trámite. Me imagino. No había razón para que siguiéramos ahí si ya teníamos a los fiadores y toda la documentación. Faltaba sólo la verificación y firmar la boleta. Pero el proceso duró muchísimo tiempo. Tuvimos una semana sin la juez de control. Tuvieron que poner un juez auxiliar y este da despacho dependiendo de cómo esté ocupado con su propio tribunal.

–Volvamos a La Yaguara. ¿Cómo fue tu día a día desde que estuviste en la segunda celda hasta que saliste en libertad? ¿En qué te aferrabas para resistir?

–Mira, no era fácil. En principio no era fácil. Pero cuando no estás encerrado con delincuentes comunes tienes mayor capacidad de adaptación. Cuando estuvimos en la primera celda los temas de conversación eran totalmente distintos a los que teníamos en la segunda. En esta última yo podía hablar de una película, de un libro, de la situación política del país. En la otra no. En la otra eran personas que estaban pendientes de otras cosas. No voy a emitir ningún juicio de valor, sino que simplemente las personas estaban pendientes de otras cosas. Y con todo y eso la primera noche la pasamos en la celda más sana de las tres principales. Era la celda donde estaba un pastor evangélico y donde oraban todos los días. En esa no había tanto rollo como en las otras dos. No había tanto hacinamiento. Y cuando nos cambiaron de celda éramos 10 personas. Era una convivencia más amistosa. Estuve leyendo varios libros: Cien años de soledadEl continente de la esperanza de Alejandro Peña Esclusa, algo de Jorge Olavarría…

–¿Te amenazaron para que no volvieses a manifestar? ¿La sentencia te impide volver a la calle, hacer política?

–No te impide hacer política. La medida fue: régimen de presentación y prohibición de salida del Área Metropolitana de Caracas durante los próximos ocho meses. Esto es mientras terminan las investigaciones para determinar si somos culpables. Si no, hacen sobreseimiento de causa y se quitan estas medidas.

–Ya cuando estabas en esa última celda, ¿tenías la convicción de que ibas a salir? ¿Cada cuánto veías a tus abogados?

–Los abogados iban una vez a la semana y por eso sabíamos cómo iba marchando todo: si ya habían conseguido los fiadores o no, qué faltaba, etcétera. Podíamos conversar con ellos regularmente y nos enterábamos de cuánto más o menos faltaba para salir en libertad.

–¿Qué comían?

–La comida nos la llevaban diariamente. La dejaban y el policía nos la entregaba en el calabozo: te daba el pote y uno lo devolvía vacío. De la alimentación en general se encargó Vente Venezuela, en conjunto con la ayuda que pudimos recibir de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, que hizo operativos para eso. Fue una mano que nos echaron y eso se agradece. Lo cierto es que siempre enviaban a alguien con nuestras tres comidas de una sola vez. Ningún día nos hizo falta.

–¿No le dan comida a ningún recluso?

–No. De hecho hay reclusos que viven de las sobras de los demás. Entre presos hay una premisa: no perder la comida. Si no te la comes, dásela a otro, pero no la botes.

–¿Cómo hacían para ir al baño y ducharse?

–Nos tenían que sacar custodiados tres veces al día. Cuando te bañabas tenías que hacer todo, a menos de que fuese una emergencia estomacal y eso ya quedaba a discreción del guardia de turno.

–Si te digo cárcel, ¿en qué piensas?

–Pienso en el país. El país es una cárcel en este momento. Al estar en prisión te das cuenta de que Venezuela tiene 30 millones de presos: porque cuando estás adentro te dicen cuándo bañarte, cuándo te llega la comida, cuándo encender la luz, cuándo apagarla. Eso no dista mucho de lo que vivimos los venezolanos: la comida te llega cuando el Estado decide, el agua te llega cuando funciona, ves a tu gente cuando te lo permite la situación. ¿Qué diferencia hay? Estamos presos dentro del país. Todos estamos presos.

–¿No te da miedo volver a salir?

–Si salgo, obviamente lo haré con mayor precaución. Si me vuelven a agarrar quedo preso ocho meses y no me va a sacar nadie. Ni fiador, ni abogado, ni nadie. Pero no creo que sea momento de rendirse. Hay muchos mecanismos de lucha que no necesariamente requieren que uno se exponga.

–¿Lo peor de estar preso?

–No ver a tu familia, no ver a tus amigos. Un ser querido te puede mandar la comida que más te gusta, pero no te la estás comiendo con ellos. Piensas: ‘Quizás mi mamá no tenía plata para comprar esta hamburguesa y sacó de donde no tenía para que yo me sintiese un poquito mejor’. Es muy difícil también el no poder expresarte. Si quieres llorar, tienes que tragarte las lágrimas, porque podrías perder el respeto de los demás. Hay dos prisiones dentro de la cárcel: la prisión policial y la prisión del preso. Las reglas del policía y las reglas del preso. Te cohíbes de tantas cosas… La parte sentimental, la parte emocional, tienes que tragártela por completo.

Lisbeth Añez: Presa por ayudar

“Estoy detenida, avísale a tu hermano”. Esas fueron, por mucho tiempo, las últimas palabras que Luis González Añes escuchó en boca de su madre. Las pronunció el 12 de mayo pasado, cuando a punto de abordar un vuelo con destino a Estados Unidos, donde se trataría una hepatitis, funcionarios de la DGCIM la detuvieron. “Sobre usted pesa una orden de captura”, le dijeron en la zona de abordaje, y se la llevaron. Estuvo desaparecida por horas hasta que la ubicaron en Fuerte Tiuna, donde inmediatamente fue puesta bajo la jurisdicción de un Tribunal Militar: la audiencia empezó a las 4:30 de la tarde y terminó a la 1 de la mañana con una sentencia desfavorable: rebelión militar y traición a la patria. ¿Cuáles fueron las pruebas? Audios y conversaciones de WhatsApp sacados de su teléfono, de cuya existencia dudan sus abogados –“para nosotros no existen porque nunca nos los enseñaron”–. Todo parece indicar, más bien, que lo que en realidad le cobraron fue otra cosa: su labor solidaria y humanitaria a favor de los presos políticos. Y es que desde 2014, Lisbeth Añez se convirtió en una activa colaboradora con la causa de los jóvenes presos durante las protestas de ese año, a los que consecuentemente, casi todos los fines de semana, visitaba en las distintas cárceles donde estaban recluidos (Ramo Verde, El Helicoide o El Rodeo), para llevarles comida, medicina, libros, periódicos y ropa, lo que a veces ni sus propias familias hacían. Esa solidaridad, que le ganó el nombre de ‘Mamá Lis’, se la cobraron con cárcel y silencio. Nomás recibir sentencia fue recluida en El Helicoide, donde la mantuvieron completamente aislada durante 24 días, en los que le impidieron cualquier tipo de comunicación con familiares y abogados. “No entendía por qué nadie me visitaba o preguntaba por mí”, le confesó a su hijo entre lágrimas el 04 de junio, cuando por fin pudo verlo. Desde entonces (el sábado cumplió 100 días), le permiten la visita dos veces a la semana. Es la única concesión que hacen: no le permiten recibir el tratamiento para la hepatitis, ni tampoco la trasladan a tribunales para su audiencia preliminar, que ha sido diferida ya tres veces.

El máximo responsable

Apenas su firma, solo eso, habría bastado para ahorrarnos todo este problema y sobre todo estos muertos. Si cuando el pran Maikel y su tren de magistrados delincuentes disolvieron la Asamblea, el Defensor, como jefe del Consejo Moral Republicano, hubiera apoyado la declaración de falta grave hecha por la Fiscal, entonces los magistrados golpistas hubieran sido destituidos y la AN reestablecida con todos sus poderes. Se lo pidieron los diputados, la gente que salió por millones a la calle, la comunidad internacional, e incluso su propio hijo. Pero él siempre dijo que no. Esa fue su respuesta invariable: no, no y no. Y de aquellos polvos estos lodos: esa terquedad suya, ese empecinamiento, lo que trajo fueron muertos, heridos y detenidos a granel. Él se limitó, altivo y soberbio como ha sido toda la vida, a bloquear gente en twitter y a condenar, siempre por la red social, algunos de los casos más graves de violaciones de DDHH, todo el tiempo con la coletilla argumental de que la violencia era de lado y lado, y como si no hubiera un patrón sistemático de violación de DDHH por parte del Estado como lo acaba de comprobar la ONU. Tanta fidelidad terminó dando frutos: cuando la ANC destituyó a Luisa Ortega Díaz como Fiscal General, le dieron el cargo a él… el cual aceptó. Ello, a pesar de que anteriormente lo había despreciado y rechazado por no tener “tripas” para eso: “No estoy para estar imputando ni encarcelando. No estoy en contra de quienes son fiscales, pero lo mío es la defensa y la protección de los DDHH. Cada quien a lo suyo”, le confesó a Pedro Penzini López el 27 de junio. Pero las tripas se le acomodaron en poco más de un mes: el cargo lo asumió rápidamente y con todas las de la ley. El mismo lunes despachó desde Parque Carabobo y hasta rueda de prensa dio, explicando que la condena de su antecesora fue atreverse (vaya osadía) a tocar al TSJ: “LOD propició su definitivo desenlace porque presentó una serie de denuncias a los miembros del TSJ”, dijo, y allí quedó retratado: él jamás lo hizo (ni lo hará) y por no hacerlo (volvemos al inicio) es que estamos aquí.

Las cosas que quiero decirle a la MUD

Por: Emma Rincon | @emmarincon

En la jornada de la constituyente el tuit de un diputado de la MUD llamó mucho mi atención. “Pueblo de Venezuela manténganse en las calles. Firmes. Esta noche daremos nuevas acciones a seguir. La victoria está cerca”, decía. ¿Manténganse? ¿No habrá querido decir el diputado ‘mantengámonos’? Al terminarlo de leer entendí por qué en la resistencia está instaurada la idea de que la MUD está vendida: es natural que un ser humano que a diario se expone a que la Guardia Nacional lo detenga, lo torture o lo mate, observe con desprecio a un diputado que desde su oficina tuitea mandando a la gente a la calle.

En el discurso político el lenguaje es esencial, me atrevería a decir que más importante que las acciones (las acciones muchas veces se manipulan, el lenguaje no, el lenguaje es lo que queda), y en eso el chavismo le ha propiciado una fuerte paliza a la MUD.

Yo no seré uno más del montón que solo emite críticas sin aportar soluciones, por ello, aparte de expresar lo que a mi parecer está mal (usted tiene todo el derecho a pensar diferente), también aportaré posibles remedios a la coyuntura política nacional:

  1. El descuido en las provincias de Venezuela: si bien es cierto que el eje político del país se encuentra en Caracas, existen otros 23 Estados que han sido completamente desatendidos por la agenda de la MUD. La mesa se ha dedicado a plantear agenda de calle únicamente en la capital, y si bien el propósito es sacar a Maduro del poder, ¿no creen que poniendo a temblar las provincias el régimen se tambalea más? ¿Por qué no han organizado a la sociedad civil también para librar batallas en ciudades y pueblos del interior? ¿Por qué no se ha tramitado una agenda nacional? ¿No creen que emitiendo presión desde cada rincón del país el agua se le subiría más al chavismo, o sólo importa lo que pase en Caracas? Además: muchos diputados de la Asamblea Nacional viven permanentemente en Caracas para luchar contra el régimen, ¿y es que acaso en los estados donde fueron electos no se debe luchar contra el régimen? ¿No creen que serían más útiles en ciudades desmovilizadas que en una Caracas que ya tiene a líderes de sobra? El problema con estos diputados es que todos quieren estar en el epicentro de la noticia, les preocupa más su popularidad, aparecer en un artículo de ‘The New York Times’ que derrocar al régimen, ninguno se quiere perder la foto en Miraflores el día que el tirano caiga, y es por ello que en las provincias del país no se han vuelto a convocar grandes movilizaciones de personas, de esas que inflan el pecho. Los cuerpos represores del Estado se han concentrado en las ciudades con mayores índices de protesta (Caracas, San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Maracaibo, y un poco más), ¿qué pasaría si el gobierno se viera obligado a enviar tropas a otras ciudades, a otras locaciones? ¿No se lo han preguntado? La calle debe volver a activarse, con agenda bien definida en el resto del país. Las marchas (les gusten a unos sí y a otros no) son la prueba fehaciente de que hay un pueblo en la calle que quiere cambio (esa eficacia no la tienen las trancas con carros), el poder de una manifestación multitudinaria y lo que inspira el ver a miles de personas caminando a tu lado persiguiendo el mismo sueño no te lo da otro tipo de protesta, así que es indispensable que se llame a la calle de nuevo, con contundencia, con fuerza. Insisto, sonará frívolo, pero el régimen ejecutará a sus opositores en sus casas o en la calle, los más de 120 muertos lo comprueban, y quienes vamos al asfalto todo el tiempo sabemos que podemos ir pero no volver (es eso o perder el país).
  2. El uso del lenguaje: el domingo, luego de que el régimen enviara a sus esbirros a asesinar venezolanos con armas de guerra, la MUD emitió sus declaraciones con un tono de normalidad espantoso. Acababan de matar a 16 venezolanos, y lo que le pidió a la gente fue salir de las oficinas a trancar con carros. La oposición al gobierno supera el 80% de la población, es decir que somos una mayoría inmensa, los desbordamos en gente, ¿entonces por qué seguir actuando y expresándonos como minoría? Es hora de subirle también al discurso y a la calle: ya para atrás no podemos correr, el régimen nos está disparando con armas de guerra, ¿vas a seguir trancando con carros nada más? De una u otra forma, mientras ellos estén en el poder van a seguir asesinando o encarcelando a sus disidentes u opositores, estemos en la calle o estemos en nuestras casas (pregúntenle a Leopoldo, a Ledezma, o Alfredo Ramos, o si quieren casos más comunes, consúltenle también a los cientos de allanados en Los Verdes y el resto de Caracas). Estamos en el punto en el que aceleras o te embisten.
  3. La amenaza: quedó comprobado que el parapeto Constituyente sólo fue un invento del régimen para tratar de negociar la calle y bajar la presión. Por primera vez la MUD hace bien en no negociar bajo condiciones fraudulentas. Sin embargo, el oficialismo amenaza y cumple, ¿y nosotros? Ya quedó demostrado que si queremos paralizar el país lo paralizamos, que si queremos llenar las calles las llenamos, ¿entonces? ¿Por qué no hacer un uso adecuado de la fuerza? ¿Qué estamos esperando?
  4. Los voceros: La Mesa de la Unidad como representante de la gran mayoría del país necesita ante todo credibilidad. ¿Cómo va a tenerla si permite que sigan perteneciendo en ella políticos como Manuel Rosales y Henri Falcón cuyos partidos le hacen juego al gobierno? La última desgracia fue la de Ramos Allup, quien horas después de que el presidente de Smartmatic afirmara que los números del CNE habían sido alterados, declara que su partido, AD, participará en las elecciones regionales. Estas personas no sólo le hacen daño a la Mesa, sino a todo un país, transformando una gran victoria (el desenmascaramiento del régimen) en un gran fracaso. Ya Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello están diciendo que el gobierno es legítimo y el CNE también, ya que la oposición va a participar en las regionales. Es hora de ser un poco más estrictos y radicales: a estas medias tintas hay que expulsarlas de la Mesa de la Unidad, no pueden seguir siendo voceros de un pueblo que no apoya sus decisiones (será eso, o el pueblo se aislará por completo de la dirigencia opositora).
  5. ¿Las instituciones para cuándo?: ¿Por qué se ha esperado tanto para nombrar los magistrados del TSJ? ¿Por qué se ha esperado tanto en remover y sustituir los rectores del CNE? ¿Por qué la Asamblea Nacional ha perdido tanto tiempo en politiquería en vez de ejecutar las acciones que se prometieron en la campaña electoral del 2015? Héctor Rodríguez lo decía en su entrevista con Vladimir Villegas, ¿recuerdan las promesas de la oposición en el 2015 de la última cola? ¿Por qué no han cumplido? Y bien, cualquiera con dos dedos de frente sabe por qué, pero ese no es el gran porcentaje de la nación, una gran parte del pueblo puede ser fácilmente manipulada de esta manera, pero entre todo, Héctor Rodríguez tiene razón: la MUD prometió muchas cosas en el 2015 y no cumplió una sola de ellas, se limitó a sacar los cuadros de Chávez del hemiciclo de la Asamblea, tomarse fotos, y mandar a callar a los chavistas en las sesiones; de resto, lo prometido quedó en el aire. El régimen puede bloquearte o intentar hacerlo, pero hay que hacer valer la autonomía del Órgano Legislativo. Desde luego que después habrá una lucha de poderes (vean el caso de la “vicefiscal” Harrington) pero allí es donde habrá que aplicar la fuerza, donde habrá que ejercer presión. Si el gobierno lo hace, ¿por qué nosotros, como oposición con 80% del pueblo a favor, no?

Para cerrar, yo no soy partidario de que se nombre un gobierno paralelo (o de transición, como le llaman algunos), ¿las razones? No repetir los errores del pasado. Eso fue justo lo que sucedió con Carmona Estanga en el 2002, y el resultado es todo esto que hemos vivido 15 años después: si los líderes de aquel entonces hubiesen tenido cabeza fría y no hubiesen desconocido todos los poderes y armado un Estado de facto, toda esta pesadilla revolucionaria nos la habríamos ahorrado. Un gobierno paralelo no contará con el reconocimiento de otros países (así muchos piensen lo contrario). Además, aquello atenta con dividir más al país y también a la MUD, puesto que, a falta de elecciones, cualquiera que sea el elegido para presidir el gobierno de transición va a recibir palo por todos los costados. Un nuevo gobierno solo puede ser electo por el pueblo vía electoral. Poner a la MUD en el exceso de nombrarlo a dedo puede terminar de destruir lo que se ha construido y brindarle argumentos al régimen para terminar de declarar una guerra armada en la nación.

Lamento haberme extendido tanto, pero es que la situación del país no cabe en tan pocas páginas. Para culminar solo les pediré cuatro cosas muy concisas:

  1. Recuerden que somos mayoría, y la soberanía reside en nosotros.
  2. Si van a criticar, por favor háganlo de manera constructiva.
  3. Cero pesimismo.
  4. En estos días finales: fuerza, fuerza, y más fuerza, que nadie pierda la voluntad, este país nos pertenece.