La historia que los nietos de Reynaldo Riobueno no se cansarán de escuchar

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Si la vida lo premia con largos años y una prole numerosa, Reynaldo Riobueno tendrá forzosamente que contarles a los nietos, una y otra vez, la fascinante e improbable historia de cómo la vida le cambió por completo en el año 2017. El Reynaldo abuelo no podrá pasar mucho tiempo sin mostrarles la Canon T2i (para ese entonces una reliquia) con la que registró las primeras protestas de ese año definitivo para él y cuyo obturador congeló para siempre la imagen de un Hans Wuerich desnudo, lloroso y lleno de perdigones, en medio de la autopista. A juro deberá arremangarse la bota del pantalón y enseñarles a sus vástagos las cicatrices dejadas por los 9 tornillos y la placa de titanio que tuvieron que ponerle  en la pierna izquierda para curarle la fractura de tibia que le produjo un bombazo disparado aposta por una tanqueta de la GNB. Siempre deberá tener una copia, o al menos recorte, del durísimo informe de la ONU con el que colaboró, y que tanto ayudó a desenmascarar la dictadura. Y nunca podrá dejar de repetir, con lujos de detalles, la historia de cómo una ida casual al banco terminó desembocando en una salida madrugadora y casi clandestina del país. Y es que todo lo que vivió en los últimos cinco meses este casi ingeniero con vocación de fotógrafo por osar informar en dictadura es de esas cosas que son dignas de ser recordadas siempre. Para que no haya que esperar el nacimiento de los nietos, @RevistaOJO lo entrevistó largamente en Miami, donde de momento reside. He aquí, en primera del singular, una historia que dentro de dos o tres generaciones los Ryobueno todavía escucharán.

I

DE ESTUDIANTE DE INGENIERÍA A FOTÓGRAFO

“Tienes buen ojo. ¿Por qué no te pones a estudiar fotografía?”

-Mi papá tenía una cámara guardada para los viajes y un día revisando cosas la saqué y le pregunté si podía usarla. Él me dijo que comprara un rollo y viera cómo me iba. Hice unas primeras fotos, las imprimí y mi papá me dijo: ‘Guao, tienes buen ojo. ¿Por qué no te pones a estudiar fotografía?’. Entonces, me compré mi cámara digital, hice un curso con el maestro Roberto Mata, y empecé a salir a fotografiar las protestas, pero como estudiante. En ese momento [2014] estudiaba Ingeniería en Telecom en la USB, era presidente del Centro de Estudiantes e iba con mi franela amarilla y con mi cámara a manifestar. Mis papás estaban aterrados porque tenía dos puntos en contra: ser presidente de un Centro de Estudiante y fotógrafo. Pero no me pasó nada. Luego, me cambié de la USB a la UCAB, por todo el tema de los paros y por problemas con el pensum, y así llegamos a 2017. Cuando empezaron las protestas dije: ‘me toca hacer otra labor, ya no como estudiante sino como fotógrafo’. Había conseguido un trabajo en Unión Radio y IVC, que es un canal internacional, por lo que tenía carnet de prensa, casco, máscara, chaleco, todo, y ya mis papás estaban más tranquilos.

II

DE FOTÓGRAFO A AMENAZADO

“Cuidado con una vaina, carajito”

-Recibí varias amenazas estando en protestas. Una de ellas fue el 20 de abril, cuando le estaba tomando la foto a Hans. La foto en la que él parece un Cristo, llorando con toda la cara llena de perdigones, es mía. Yo me había concentrado tanto en la foto, que me quedé solo. Éramos Hans y yo en medio de la autopista. Entonces, el Comandante de la GNB se me acerca y me pregunta de qué medio soy. Le muestro la franela, que estaba identificada con Unión Radio, y me dice: “No te creo una vaina, muéstrame el carnet”. Se lo saco y me dice: “Cuidado con una vaina más adelante, carajito, y te jodemos”.

III

DE AMENAZADO A VÍCTIMA

“Todavía sueño con lo que pasó ese día”

-Para el 03 de mayo, día en el que la oposición convoca una marcha encabezada por los diputados, yo ya había recibido 3 bombazos: uno en la cabeza (tenía casco, afortunadamente), otro en el pecho (tenía el chaleco y me dejó un morado), y uno en el pie izquierdo (que me dejó otro morado). Por eso en la marcha yo estaba más cauto y no me metía detrás de los muchachos de la Resistencia, por ejemplo, que era de las tomas que más me gustaba hacer. Ya la represión tenía rato y yo estaba en la Francisco Fajardo a la altura de las gotas del CCCT cuando escucho que del parlante de la tanqueta dicen: “Dispárale al de blanco. Dispárale en la pierna”. En el momento yo me veo y digo: ‘No creo que haya sido conmigo’, pero cuando me volteo y me doy cuenta de que soy el único que tiene una franela blanca hasta las muñecas, me asusto y pienso: ‘Me voy a quedar con la prensa’. Esa fue mi medida de precaución: ‘No me voy a ir, pero me voy a quedar con la prensa para cuidarme’. Pasan 5 minutos, salgo al hombrillo a tomar una foto, oigo una detonación y siento un golpe en la pierna: me habían disparado una bomba. Volteo hacia abajo y veo la pierna sangrando; entonces intento caminar, y en el momento en que pongo la pierna en el piso me doy cuenta de que la tengo fracturada porque percibo el crackeo del hueso y siento que está roto. A partir de ese momento no pude volver a pisar.

Unos compañeros fotógrafos me llevan cargado hasta el otro lado de la autopista, por el Sambil, donde hay unas piedras, y me dicen: “Nos quedamos contigo, porque si te dejamos solos te pueden llevar”. La gente de primeros auxilios comienza a curarme la pierna, y cuando me están cargando para llevarme, lanzan una bomba lacrimógena cerca de nosotros. Nos retiramos un poco más, me siento en una de las piedras y llamo al motorizado para que me vaya a buscar, porque no podía caminar del dolor. Entonces se me acerca un GNB y me dice: “¡Camina, camina, porque si no te llevo!”. Yo trato de explicarle, todavía de un modo razonable, que me había golpeado la pierna y no podía caminar. Ni siquiera le dije que me habían disparado ellos. Y él: “No. Camina o te llevo”. Les dije a mis compañeros que se fueran, y yo me fui saltando en una pierna aproximadamente 20 metros hasta que pude conseguir al motorizado. Me monto en la moto todavía con la pierna sangrándome, guardo las cámaras y me voy a Salud Chacao. Allí me hacen el ‘Rayos X’ y confirman que tengo una fractura de tibia; entonces, me inmovilizan la pierna desde el dedo gordo hasta la nalga para evitar que se mueva la fractura. Seis días después, el 09 de mayo, me operan, y cuando abren la pierna se dan cuenta de que está más fracturada de lo que se apreciaba en las radiografías, y me tienen entonces que poner 9 tornillos y una placa de titanio que me la cubre toda. Yo, sencillamente, no me lo podía explicar. Después recordaba las cosas, de hecho todavía sueño con lo que pasó ese día, y fue bárbaro.

IV

DE VÍCTIMA A DENUNCIANTE

“Quería sentirme útil durante el encierro”

-Desde mi casa traté de continuar con mi labor, denunciando lo que tenía que denunciar. Por mis redes publicaba un noticiero cada 3 horas. También comencé a colaborar con medios internacionales: agarraba cortes de videos y se los mandaba a CNN, a la BBC, a ‘El País’, etc. A veces los publicaban y a veces no. Quería sentirme útil durante el encierro de 4 meses que tuve en mi casa. Formé parte de las víctimas de COFAVIC y tuve varias reuniones clandestinas con embajadores y el Alto Comisionado de la ONU. Yo les declaré como víctima, por lo que me había ocurrido. Ellos se interesaron bastante en mi caso y como además había estado cubriendo las protestas, me hacían preguntas sobre lo que estaba sucediendo: si de verdad la GNB disparaba de frente contra los manifestantes, por ejemplo. Yo tenía material sobre eso, y ellos querían constatar que eso realmente estaba pasando en la calle; entonces me pidieron todas las fotos y videos que tenía: eran casi 300 gigas, que estuve como 3 semanas subiendo a la web.

V

DE DENUNCIANTE A PERSEGUIDO

“¡Te están buscando!”

-Dos días después de la publicación del primer informe de la ONU sobre Venezuela, llegaron unas camionetas negras sin placa a mi edificio. De ellas se bajaron unas personas uniformadas de negro y empezaron a preguntar por mí. “Reynaldo Riobueno. El fotógrafo Reynaldo Riobueno”, así decían. En ese momento no había nadie en la casa. Entonces comenzaron a interrogar al conserje y al vigilante, les preguntaron si yo recibía visitas, que quienes vivían conmigo, etc, etc, etc. Ellos le avisaron a mi mamá y ella me llamó desesperada: “Te están buscando, te están buscando”. Yo en ese momento estaba haciendo una diligencia en un banco y lo que pensé fue: ‘me están buscando por colaborar con la ONU y por sacar material hacia afuera; toqué una llaga que no les gusta que les toquen y me quieren joder’. Contacté a unos amigos que tenía en la AN y en COFAVIC, y me dijeron: “Escóndete a ver qué pasa”. Entonces, decidí no volver a mi casa. Yo, como sabía que podía ser blanco de ellos por publicar información en redes y colaborar con la ONU, ya tenía un lugar para esconderme fuera de Caracas y un bolso con ropa en ese lugar, entonces me fui para allá y más nunca volví a mi casa.

VI

DE PERSEGUIDO A ENCONCHADO

“Tú estás colaborando para afuera: te vamos a joder”

-Yo pasé 8 días escondido en el interior del país. Fueron 8 días en los que casi no podía dormir por el terror de sentir que me estaban persiguiendo. Trataba de desconectarme pero era imposible. Con mi familia me comunicaba por medio de una aplicación, pero tampoco daba muchos detalles por allí, ya que no sabía qué tan segura podía ser. No me podían visitar en el lugar donde estaba por razones de seguridad, ya que si los seguían a ellos me encontraban a mí, y podía ser muchísimo peor. Cometí, sin embargo, el error de no sacarle el chip inmediatamente al teléfono, y recibí una llamada de un número desconocido. Cuando la atendí me empezaron a gritar: “Te vamos a joder, carajito. Tú estás colaborando para afuera y te vamos a joder”. Inmediatamente tranqué, saqué el chip del teléfono (porque si lo mantenía me podían rastrear) y lo apagué. Entonces, la recomendación que me dieron COFAVIC y el Alto Comisionado fue que saliera del país lo más pronto posible. Preferí eso antes que verme metido en una cárcel torturado y que mi familia estuviera sufriendo: no podía permitir que pasaran por eso. Con ellos tuve un proceso de despedida a distancia y duro, sobre todo con mi hermanito de 8 años, porque todo fue muy rápido y violento, no hubo nada planificado, y hubo mucho terror y miedo de por medio.

VI

DE ENCONCHADO A EXILIADO

“Gracias a Dios llegué sano y salvo”

-Yo manejaba varias opciones para salir de Venezuela sin pasar por Maiquetía, pero pasaban los días y ninguna cuajaba, y dije: ‘necesito salir lo más rápido posible y sin esperar, porque si no en cualquier momento van a atentar contra mi familia o contra mí’, así que me arriesgué a salir por Maiquetía de madrugada. Luego de una semana escondido, bajé a La Guaira. Lo hice con un carro adelante y uno atrás para prever que no hubiera alcabalas, porque no sabía si mi nombre estaba en alguna lista extraña o algo así. Al llegar, me quedé en un pequeño hotel de bajo perfil en Vargas. Mis papás, para prevenir, bajaron por otro lado y se cambiaron una vez de carro por si los estaban persiguiendo. Tuve que borrar toda la información de mi computadora y de mi teléfono para no levantar sospecha en Maiquetía. Entré a inmigración a las 3 de la mañana y la GNB no me revisó nada. El vuelo salió a las 5 de la mañana y gracias a Dios llegué aquí (a EE.UU) sano y salvo, sin que esos animales me revisaran.

VII

EN EL EXILIO

“Algún día volveremos a encontrarnos allá”

-Luego de varios días aquí es que he ido procesándolo todo, y he llegado a la conclusión de que sí valió la pena: yo dejé mi grano de arena, mi material no es que se quedó en una memoria y ya, sino que se está usando para denunciar al régimen internacionalmente. Que yo esté o no en el país, eso no va a cambiar la situación de Venezuela. Mi salida es circunstancial: cuando la dictadura caiga sin duda voy a volver. Mi país está allá. Mi familia está allá. Mis abuelos están allá. Mis primos están allá. Mis amores están allá. Mis playas están allá. No sé si falte mucho o poco para ese día, pero sé que nada es para siempre y algún día volveremos a encontrarnos allí. Mientras tanto, yo voy a hacer una vida aquí, obviamente, porque no puedo pararla. Pero luego voy a volver para ayudar a rescatar y a reconstruir el país. De hecho, esa es la foto que me falta y que quiero hacer: la de la Venezuela de la reconstrucción y del rescate.

Revista OJO seguirá solidaria con los presos políticos

Durante las últimas tres semanas publicamos cada día la historia de un preso político venezolano distinto. No fue la más feliz de las tareas (ni tuvo tampoco la más entusiasta de las respuestas, todo hay que decirlo), pero la asumimos como un deber moral inherente a nuestra profesión. Mal podíamos pretender llamarnos medio de comunicación y hacernos la vista gorda ante la injusticia que hace sufrir a cientos de compatriotas. Por ello decidimos dedicar parte de nuestro quehacer diario a denunciar y visibilizar la situación de aquellos venezolanos contra quienes la (in)justicia revolucionaria se cebó con saña por atreverse a disentir. Al hacerlo, encontramos un patrón sistemático de actuación: detenciones sin orden de captura ni flagrancia (entiéndase: secuestros), ruleteos y desapariciones por horas y a veces días, juicios en tribunales militares express con pruebas amañanadas (o a veces, incluso, sin ellas), y, en buena parte de los casos, torturas y maltratos físicos y psicológicos en los centros de reclusión. Todo ello constituye una de las peores caras de Venezuela, con la que nos topamos de frente. Pero no fue la única. Hacer esta serie significó también conocer de abogados que con un tesón ejemplar y un desinterés verdaderamente admirable están gastando su vida en la defensa de estos presos; fue saber la historia de madres, padres y hermanos infatigables que diariamente hacen esfuerzos sobrehumanos por alimentar y sostener a sus familiares que están tras las rejas; fue tener noción de gente anónima que ayuda; y fue, incluso, ver cómo la nobleza y la generosidad brotaban en nuestros propios lectores, que conmovidos con los relatos nos solicitaban información por privado para colaborar con los detenidos. En estas tres semanas sentimos dolor, asco, impotencia, admiración, esperanza y respeto, todo al mismo tiempo. Hubo lugar incluso para la alegría, al enteramos de la liberación de alguno de los presos sobre los que escribimos. Por ello hoy, cuando #PresosDeLaDictadura llega a su fin como serie diaria en ‘Revista OJO’, la despedimos con un compromiso: el de darles siempre, a los presos políticos y a sus familiares, el espacio que necesiten. Aquí estaremos a la orden para lo que necesiten. Mientras haya presos políticos, este OJO no mirará para otro lado, y será el de ustedes.

El máximo responsable

Apenas su firma, solo eso, habría bastado para ahorrarnos todo este problema y sobre todo estos muertos. Si cuando el pran Maikel y su tren de magistrados delincuentes disolvieron la Asamblea, el Defensor, como jefe del Consejo Moral Republicano, hubiera apoyado la declaración de falta grave hecha por la Fiscal, entonces los magistrados golpistas hubieran sido destituidos y la AN reestablecida con todos sus poderes. Se lo pidieron los diputados, la gente que salió por millones a la calle, la comunidad internacional, e incluso su propio hijo. Pero él siempre dijo que no. Esa fue su respuesta invariable: no, no y no. Y de aquellos polvos estos lodos: esa terquedad suya, ese empecinamiento, lo que trajo fueron muertos, heridos y detenidos a granel. Él se limitó, altivo y soberbio como ha sido toda la vida, a bloquear gente en twitter y a condenar, siempre por la red social, algunos de los casos más graves de violaciones de DDHH, todo el tiempo con la coletilla argumental de que la violencia era de lado y lado, y como si no hubiera un patrón sistemático de violación de DDHH por parte del Estado como lo acaba de comprobar la ONU. Tanta fidelidad terminó dando frutos: cuando la ANC destituyó a Luisa Ortega Díaz como Fiscal General, le dieron el cargo a él… el cual aceptó. Ello, a pesar de que anteriormente lo había despreciado y rechazado por no tener “tripas” para eso: “No estoy para estar imputando ni encarcelando. No estoy en contra de quienes son fiscales, pero lo mío es la defensa y la protección de los DDHH. Cada quien a lo suyo”, le confesó a Pedro Penzini López el 27 de junio. Pero las tripas se le acomodaron en poco más de un mes: el cargo lo asumió rápidamente y con todas las de la ley. El mismo lunes despachó desde Parque Carabobo y hasta rueda de prensa dio, explicando que la condena de su antecesora fue atreverse (vaya osadía) a tocar al TSJ: “LOD propició su definitivo desenlace porque presentó una serie de denuncias a los miembros del TSJ”, dijo, y allí quedó retratado: él jamás lo hizo (ni lo hará) y por no hacerlo (volvemos al inicio) es que estamos aquí.

Antidemocráticos y torturadores

Al chavismo siempre le interesó ponerse el traje democrático. Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Democracia participativa y protagónica. Liderazgo obrero. Políticas para las mayorías y decisiones adaptadas a sus necesidades. Con esa máscara llegó al poder, consiguió aliados y legitimó su accionar en clave internacional. Más allá de sus rencillas con Mr. Danger, Uribe y el ‘maldito pueblo de Israel’, el gobierno de Chávez procuró crear amigos por todo el globo terráqueo, unos a punta de chequera, otros con mera diplomacia. En América Latina coincidió (y propició) el auge de la izquierda de los Lula, Kirchner, Correa y Evo Morales y en el resto del mundo tuvo camaradas más polémicos como Fidel Castro, Al Assad y Gadafi. Hasta al viejo Carter se lo trajo para dar a entender que incluso con el Imperio se podía dialogar. Encantador de serpientes, el Comandante conocía la importancia de quedar bien frente a los ojos del planeta Tierra. Ojos que hoy, a casi un lustro de su muerte, coinciden en dos impresiones: en Venezuela impera una dictadura y hay violación sistemática de los derechos humanos. Los últimos en pronunciar la primera aseveración fueron los cancilleres y representantes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, quienes suscribieron la Declaración de Lima, un documento que aborda varias aristas de la crisis venezolana y cuyas resoluciones son las siguientes: desconocer a la ANC, apoyar al Parlamento y a la Fiscal General, desaprobar el gobierno de Maduro, apoyar la implementación de la Carta Democrática y la decisión del Mercosur y condenar las violaciones a los derechos humanos. Sobre este último punto, la ONU emitió ayer un comunicado contundente: los tratos crueles, inhumanos y degradantes no son aislados, sino sistemáticos. Los allanamientos violentos de viviendas, las bombas disparadas a corta distancia, el uso de metras, tuercas y tornillos para dispersar y las torturas a las personas detenidas en protestas son procedimientos rutinarios en los cuerpos de seguridad del Estado. El mundo ya está claro: son antidemocráticos y torturadores.

Concierto Iguales pero diferentes, a favor de los DDHH

Como parte de la celebración de la Semana Internacional de los Derechos Humanos, organizaciones no gubernamentales junto a la Alcaldía de Chacao y la Embajada de Canadá realizarán el concierto Iguales Diferentes, bajo la consigna “Sin discriminación, juntos suena mejor”. El evento busca promover un mensaje que busca la inclusión y la tolerancia social; un mensaje que está en contra de cualquier tipo de discriminación por raza, color, etnia, orientación sexual, idioma, discapacidad, entre otros tipos de discriminaciones que son violaciones a los Derechos Humanos.

El evento se realizará el próximo 12 de diciembre en el Anfiteatro de la Plaza Francia (Altamira Sur) con entrada libre. Será conducido por Melanio Escobar y contará con varios invitados, entre los que se encuentran Toberías, Big Mandrake y una banda tributo a Sentimiento Muerto.

Representantes de las organizaciones participantes, Provea, Espacio Publico, Civilis, Acción Solidaria, Laboratorio de Paz estarán presentes difundiendo información y contaran con diversas actividades de sus campañas.

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