Carlos Benucci

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Lo primero que debo dejar sentado es que entre de los actores que fallaron, definitivamente no está el pueblo venezolano. Por más de tres meses la gente lo arriesgó todo, hasta la vida, por acabar con esto de una vez. Sin embargo, si no se dio no fue por ellos. La gran responsabilidad la tienen los sectores políticos democráticos. En primer lugar, creo que reducir las decisiones políticas a sólo partidos fue un error, pues la partidocracia en dictadura no es positiva. Había que abrir el compás y escuchar a otros sectores de la sociedad civil, que tenían también legitimidad, fuerza y convocatoria, y eso no ocurrió. En segundo lugar, la poca capacidad de generar consensos alrededor de la MUD demoraba y retrasaba la comunicación de las líneas y de las acciones que la sociedad civil esperaba; esto fue un factor que desgastó a la gente, pues esperaban respuestas que se daban a destiempo. En tercer lugar, hubo una grave falla comunicacional en cuanto a lo discursivo: hubo partidos, voceros y personalidades que se rasgaron las vestiduras diciendo que vivíamos en una dictadura, hicieron que la gente se lo creyera, pero realmente no estaban muy convencidos de ello. Digo esto por lo que fueron las acciones siguientes: la sumisión ante las decisiones de la ANC, la decisión de ir a las regionales y la falta de convocatoria a la calle y de nueva alternativas de protesta. Esto hizo que la misma gente que hacía 3 meses estaba dispuesta a dar la vida por el país, no se arriesgara ni siquiera a asistir a un pancartazo.  La creación de una expectativa de salida del régimen fue tan alta y las acciones tan desenfocadas con el objetivo, que la gente se desilusionó. Faltó mayor contundencia, mayor capacidad de respuesta, mayor capacidad para generar consensos y líneas claras, y, por supuesto, mayor articulación e inclusión con sectores políticos de la sociedad civil. Definitivamente no hemos perdido, pero sí nos empataron la partida en el 9no inning y hoy estamos en extra inning y somos el equipo visitante.

*Carlos Benucci es estudiante de VII semestre de Sociología en la UCV y Secretario General Adjunto de la FCU.

Así convirtieron a ‘Notitarde’ en panfleto

Hace casi una década se podía gloriar de ser el segundo diario con mayor circulación de Venezuela, mérito bastante significativo siendo apenas un periódico de provincia. Pero lo era, y ANDA-FEVAP lo certificaba: ‘Notitarde’, con 88 mil ejemplares diarios promedio y un alcance de 448 mil lectores, era el segundo periódico del país, doliérale a quien le doliera. Tabloide combativo y beligerante, no se callaba ni guardaba nada, y por eso la gente agotaba sus ediciones: porque tenía credibilidad. Y así fue hasta enero 2015: el día 7, mientras los ortodoxos festejaban la navidad, en Valencia la revolución celebraba la adquisición y domesticación de una de sus bestias negras de la prensa. “Editorial Notitarde fue vendida al empresario de origen español José Rodríguez Álvarez, dueño del hotel Hesperia WTC de Valencia”, se leía en una nota de prensa de aquellos días. Era solo una fachada para que dentro del periódico desembarcara un militar: el Coronel del Ejército Ramón José Carrasco Oropeza, primer uniformado a cargo de un diario, responsable de haber destruido un señor periódico para convertirlo en un panfleto que todas las mañanas compite con el ‘Últimas Noticias’ de Díaz Rangel por ver quién ser postra de modo más complaciente ante la revolución. La de hoy es apenas una de tantas muestras que podríamos tomar. Mientras dos estados más al occidente ‘El Informador’ de Barquisimeto cuenta que los pacientes del Hospital Central Antonio María Pineda mueren por falta de antibióticos (¡¡¡!!!); ‘Notitarde’ se hace el loco y abre –clásico de los panfletos– con una promesa a futuro –de la que luego, es obvio, no harán seguimiento ni preguntarán–: que el sector salud dispondrá de 500 mil millones de bolívares; lo que deja al lector con la idea de que la revolución –tan buena– se preocupa por la salud e invierte en ella, cuando la realidad es que ha destruido el sector al punto de que la gente muere en hospitales por no tener antibióticos.

Luz Mely Reyes

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo creo que la pregunta planteada se responde por sí misma, porque los objetivos de las manifestaciones eran: la convocatoria a elecciones, la liberación de los presos políticos, la apertura de un canal humanitario y el restablecimiento de la Asamblea Nacional. En ningún momento la hoja de ruta que se había planteado la MUD tenía que ver con alguna salida del gobierno. Y esto se debe a distintas razones. Porque si lo que se buscaba era un restablecimiento y un reconocimiento de las instituciones, no se puede obviar que el gobierno de Maduro, con todo el rechazo que pueda tener, fue electo hasta el 2019 y los comicios presidenciales deben hacerse en 2018. ¿Que las manifestaciones pudieron haber llevado a una negociación? Por supuesto, pero no se va a una negociación sin ánimos de convenir. No se puede solicitar que salga el gobierno porque sí, aun cuando hay violaciones de derechos humanos, aun cuando el gobierno ha cometido errores y ha afectado la vida de todos los venezolanos. Unas manifestaciones no implican una salida. Esa resolución iba ligada a la ejecución del revocatorio, que, lamentándolo mucho, no se realizó. ¿Por qué no cae el gobierno? Simplemente porque ese no era un punto en la agenda. Por otro lado, también influyó, a la hora de presionar de manera más efectiva para lograr una negociación, que las manifestaciones no obedecieran a una planificación. Es decir, los venezolanos, cuando decidieron protestar, superaron a sus dirigentes y los obligaron a improvisar muchísimo. No había ningún plan que especificara cuáles eran realmente los objetivos. Todo se fue dejando a la improvisación, a lo que llaman la estrategia de Eudomar Santos, personaje de una telenovela venezolana, que decía: ‘Como vaya viniendo, vamos viendo’. Además, el gobierno se blindó con la Fuerza Armada, por lo que una protesta pacífica, sin ningún tipo de poder de fuego, frente a un poder que no le tiembla el pulso para reprimir, es difícil que obtenga una resolución favorable.

*Luz Mely Reyes es periodista y co-fundadora de @EfectoCocuyo.

“Al escucharnos, saca la mano por los barrotes y nos pide la bendición”

Más de 2 meses lleva el matrimonio Velasco Marín madrugando. Desde el 12 de junio, cuando detuvieron al menor de sus hijos, la vida les cambió. Ahora todos los días el despertador suena, religiosamente, a las 4 de la mañana. A esa hora la madre y la abuela se levantan a cocinar 3 comidas distintas: las que Carlos Julio (18) comerá durante el día. A las 6 de la mañana salen y recorren los 120 kilómetros que hay entre Guarenas y Macarao, donde él está preso. “Cuando llegamos al sitio es un dolor muy grande el que siento por ver a mi hijo en una celda, cual delincuente. Un niño inocente, que debe estar viviendo un infierno. Él no nos lo cuenta para no hacernos sentir mal. Pero ver que tu hijo, cuando te puede oír la voz, saca la mano por medio de unos barrotes y te grita: ‘papá, mamá, la bendición’, eso me revienta el alma”, narra su padre. A las 11 de la mañana, destrozados, vuelven al hogar y comienzan otra lucha: la de conseguir los alimentos con los que prepararle la comida que le llevarán al día siguiente. “Mi trabajo está por el piso desde hace año y medio; vendo materiales eléctricos y económicamente estamos muy precarios”, explica el padre, un hombre destrozado: “No duermo y me deprimo por cualquier cosa. Caí en una depresión severa con ataques de pánico y sufro una neuritis intercostal: tengo comprimidas las costillas del tórax por efecto de la angustia y del stress. Todo esto a raíz de la situación de mi hijo”. Situación que comenzó ese 12 de junio, cuando auxiliando a un anciano ahogado por los gases lacrimógenos, Carlos Julio fue detenido junto con otros 18 manifestantes en las inmediaciones del Centro San Ignacio. Incendio, detentación de sustancias incendiarias, agavillamiento, homicidio intencional en grado de frustración, terrorismo e instigación pública fueron los delitos que un Tribunal de Control les imputó sin prueba alguna: “En el expediente no hay nada que pueda evidenciar ningún tipo de elemento de convicción que pudiera señalar que ellos cometieron algunos de esos delitos”, explica su abogada. Poco importa. Desde ese día, un despertador suena a las 4 de la mañana en Guarenas y dos padres dejan la vida rumbo a Macarao.

Santiago Guevara: El profesor amigo de Baduel

Antes de que arrancasen las multitudinarias protestas y varios civiles fuesen juzgados por tribunales militares, en Venezuela ya existía un profesor de economía que había sido imputado por castrenses. Santiago Guevara, doctor en ‘Técnicas económicas, prospectiva y planificación’ y profesor jubilado de la Universidad de Carabobo (UC), fue acusado la noche del jueves 23 de febrero por el Tribunal Primero de Control de la Corte Marcial en Fuerte Tiuna. ¿Sus supuestos delitos? Instigación a la rebelión y traición a la patria. La rectora de la UC, Jessy Divo, y el vicerrector administrativo de la institución, José Ángel Ferreira, señalaron que a Guevara lo querían inculpar por una presunta reunión clandestina en el estado Aragua. La amistad del profesor con Raúl Isaías Baduel forma parte del caso. Santiago fue tutor de tesis de uno de los hijos del exministro de Defensa y se sensibilizó con la situación del militar, preso político del gobierno desde 2009. “Desde que conoció a mi hermano se solidarizó mucho con la familia. Visitó a mi papá varias veces en Ramo Verde. Cuando compartía con él siempre demostraba un rechazo inmenso a la persecución de este régimen. Es alguien bastante centrado y ecuánime que tiene como propósito luchar por Venezuela”, dijo Andreína Baduel a El Nacional el 12 de marzo pasado. El Tribunal Primero que imputó a Guevara es el mismo que lleva el caso de Raúl Isaías y los militares retirados Lozada Saavedra, Noé Romero y Vruzco Hernández, todos detenidos tras visitar al compadre de Hugo Chávez. “Se han afincado en detener a todas las personas del entorno de Baduel. Los acumulan bajo el mismo tribunal para así fabricar un mismo caso. Los dos ingredientes para la captura del profesor fueron ser un crítico de las políticas económicas del gobierno y ser amigo del general”, le dijo Omar Mora, abogado de Baduel, a la periodista Claudia Smolansky (El Nacional). El profesor Guevara lleva más de seis meses detenido y todavía espera su audiencia, la cual ha sido diferida en cuatro ocasiones. Durante su reclusión, ha perdido 22 kilos. Santiago padece de tensión arterial, escoliosis y complicaciones en el hígado.

Ramón Guillermo Aveledo

​-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo me planteo, en lugar de ‘¿Por qué no cayó?’, ‘¿Por qué no ha caído?’. Con gobiernos como este, no se puede sacar una conclusión tan definitiva. Yo creo que este gobierno va a terminar, sin duda. ‘Va a caer’, para usar el mismo verbo con el que se me interroga. No ha caído porque ha usado la fuerza por encima de la ley y de las reglas. Para ello, ha tenido un respaldo suficiente de lo que podríamos llamar condición gobernante, que es el partido del gobierno y la Fuerza Armada utilizada como instrumento político-partidista. ¿Y eso por qué ha sido posible? Porque en Venezuela viene ocurriendo un golpe de Estado continuado, por etapas, por capítulos. Lo que venía siendo un gobierno autoritario, poco respetuoso pero dentro de los límites legales y constitucionales, se ha ido convirtiendo, cada vez más, en un gobierno dictatorial, en un gobierno de facto. En Venezuela hay unas reglas para llegar al gobierno y para cambiar el gobierno, que están en la Constitución. Sin embargo, no se han respetado, como en el caso del referéndum revocatorio, que era una manera constitucional de cambiar el gobierno. La Carta Magna tiene también otras normas que se refieren al control del gobierno y que suponen la existencia de un Poder Legislativo autónomo, de un Poder Judicial autónomo, que haya una serie de mecanismos en el Poder Ciudadano para que funcione también con autonomía. Esos poderes durante mucho tiempo obraron sin independencia y esa condición, precisamente, se puso a prueba cuando la oposición ganó la mayoría en la Asamblea Nacional. Esa era una oportunidad para que la AN controlase al Ejecutivo: los presupuestos, el gasto a través de los créditos adicionales y hacer investigaciones. Legislar con autonomía para establecer límites al poder. Fue allí cuando el gobierno empezó esa fase del golpe de Estado continuado a través de una serie de descalificaciones al poder parlamentario y para eso contó con la colaboración del TSJ, elegido inconstitucionalmente por el gobierno en diciembre de 2015 con el fin de garantizarse su apoyo. Esa espiral ascendente desde el Estado de derecho muy imperfecto que teníamos hacia un Estado de mero hecho, en el que predomina el uso de la fuerza, le ha permitido al gobierno seguir en el poder a pesar de no contar con la opinión pública, a pesar de las grandes protestas, a pesar de las presiones internacionales para que se cumplan la Constitución y las leyes. Hasta ahora puede hacerlo porque tiene la fuerza para obligarnos a aceptarlo. ¿Por qué digo yo que no se puede llegar a una conclusión y decir que no cayó? Yo pienso que va a caer porque esta forma de gobernar tiene en sí misma los gérmenes de su propia destrucción. Cuando se permanece en el gobierno por el mero hecho, sin el derecho, ya estamos hablando de la pura fuerza. Tan pronto ocurra un cambio en la correlación de las fuerzas va a entrar en crisis este modelo. Lo que nos espera es una fase de inestabilidad hasta que el país logre una equilibrio nuevo sobre la Constitución y el derecho.

*Ramón Guillermo Aveledo es abogado, profesor universitario y autor de más de veinte libros. Tiene un doctorado en Ciencia Política y fue Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática desde 2009 hasta 2014.

Juan Pedro Lares: Rehén de los gánsters revolucionarios

Como toda película de gánsters, esta arranca con varias amenazas: las que constantemente recibía el político merideño Omar Lares por atreverse a oponerse al gobierno revolucionario en un estado rojo-rojito como lo era Mérida a principios del 2000. Como toda película de gánsters, esta continúa con dos atentados: el que Lares sufre en el año 2005, cuando le propinan 3 disparos; y del que es víctima en 2010, cuando los colectivos roban y asaltan su casa. Y como toda película de gánsters esta termina con un secuestro: el que los cuerpos represivos de la dictadura llevan a cabo contra su hijo. Es 30 de julio de 2017 y Lares, eterno sobreviviente de mil peligros, tiene tres años como Alcalde del Municipio Campo Elías, en Mérida. El ejercicio del cargo no ha sido nada sencillo: en su municipio ha habido protestas desde abril, él no las ha reprimido y la dictadura lo tiene, una vez más, en la mira. Ese domingo, el del fraude constituyente, a la par que inventaba votos, la revolución también irrumpe en su casa con una orden de captura emitida por el TSJ. Más de cien efectivos del SEBIN, la PNB, la GNB y los Tupamaros se hacen presentes con todo su aparataje. No pueden derribar la puerta principal, y entran por una ventana. Es una vieja casona colonial la que habita Lares, con patio interno, mil puertas y techos bajos, lo que le permite escapar por una de las puertas traseras. Toda la familia corre con él, pero el hijo mayor, Juan Pedro Lares Rangel, de 23 años, se queda atrás. “No te preocupes que a mí no me van a hacer nada”, le dice al padre, sabiéndose inocente. Pero sí le hacen: lo arrestan y desaparecen. ¿Por qué? Porque la de la revolución es una película de gánsters en la que secuestran y toman como rehenes a familiares para torturar a sus adversarios. En el caso de Juan Pedro Lares no había delito ni mucho menos orden de captura: sólo el vínculo afectivo y consanguíneo. Gestiones diplomáticas (Lares es ciudadano colombiano) hicieron que a los días se supiera su paradero: la sede del SEBIN, en El Helicoide, donde cumple hoy un mes detenido por ser hijo de un alcalde rebelde.

Nicmer Evans

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-El gobierno no cayó en estos días porque no había una contraparte que tuviese una conducción política asertiva y que pudiese canalizar la presión social que se generó tras las extraordinarias protestas que se pudieron ver en la calle. Lamentablemente, las manifestaciones no tenían esa conducción política pertinente que pudiese convertir toda esa energía en acciones concretas. Estoy hablando de negociaciones, de cabildeos, de articulación y suma de actores políticos, que pudiesen realmente lograr el objetivo que en principio se planteaba. Pero, además, hay otro elemento y es que el gobierno de Maduro no cayó porque el gobierno de Maduro no debe caer. Debe salir, que es distinto. Y debe hacerlo en los términos más democráticos para que no genere un hecho de fuerza posterior. De producirse una salida de Maduro por las balas en lugar de por los votos, no tengo ninguna duda de que traería consecuencias aún peores de las que se están viviendo hoy. Quien llegue a tomar el poder en esas circunstancias tendría una mayor condición de ingobernabilidad que la que tiene Maduro y entraríamos en una espiral de situaciones complejas y controvertidas desde el poder. En todo caso, creo que hubo un problema serio de conducción política. Se crearon unas falsas expectativas y sobre ellas se generó la situación que estamos viviendo: el hecho de que nos estemos preguntando hoy una cosa que, en principio, sabíamos que no se podía lograr.

*Nicmer Evans es politólogo. Tiene una maestría en Psicología Social y es director de la consultora Visor 360. Pertenece al chavismo disidente.

Alfredo Ramos: Condenado por ser alcalde

“¿Por qué decidiste irte?”, le preguntó Fernando del Rincón a Ramón Muchacho, quien por esos días había escapado de Venezuela para no ser un preso más del gobierno de Maduro. “Todas las decisiones son respetables y hay que estar en la posición de la persona para entender sus motivaciones. Yo creo que en Venezuela poco se puede hacer desde la cárcel. No quiero ser una preocupación más para mi equipo de trabajo, para mis vecinos, ni mucho menos para los venezolanos. No quiero ser uno más por los que tengan que marchar, defender y pedir justicia”. Alfredo Ramos, Alcalde de Iribarren, tuvo un razonamiento diferente. El dirigente de la Causa R decidió atornillarse en su oficina y asumir las consecuencias. Por tomar esa determinación, cuando el viernes 28 de julio funcionarios encapuchados del Sebin ingresaron en la Alcaldía de Iribarren, sí lo encontraron en su despacho. Era el punto y final de una persecución política de hacía meses. A mediados de mayo, un grupo de ocho concejales del Gran Polo Patriótico habían aprobado su destitución, en una maniobra catalogada como espuria, írrita y temeraria por parte del alcalde y diversos miembros de la Mesa de la Unidad Democrática. Una semana antes, Ramos había recibido una demanda en su contra por ser terrorista y estar financiando las protestas en Barquisimeto. Pero ante tanto ataque y amenaza, Alfredo se mantuvo al frente de su municipio, arguyendo que él era el alcalde legítimo y que no abandonaría su puesto. El gobierno, que lo quería fuera del cargo, tuvo que acudir a su brazo judicial y ordenó su aprehensión. Ramos fue sentenciado a 15 meses en El Helicoide, inhabilitación política y prohibición de salida del país. Al llegar a la sede del Sebin en Caracas, a Alfredo le aplicaron la receta del aislamiento. No fue sino hasta 26 días después cuando su esposa pudo verlo. “Su estado de salud es delicado, aspecto físico es pálido y tembloroso pero fuerte de espíritu indomable” fue el mensaje emitido por Twitter el 23 de agosto y es lo último que se conoce del caso.

Pedro Luis Pedrosa

-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Maduro no cayó porque a la acción de calle le faltó una acción política. Y esa acción política no llega por la cantidad de compromisos que existen entre factores del gobierno y factores de la oposición. Ninguno de los muchachos que estuvo en la calle tirando piedras lo hacía con aspiraciones políticas serias. Es decir, el país no iba a poner su futuro en manos de estos muchachos. De modo que a esa acción de rebelión, que se puede considerar como tal, le faltaba la rebelión de la clase política. Esa rebelión de la clase política no se da por cómo está conformado el sistema político venezolano: absolutamente toda la clase política (gobierno y oposición) gira en torno a la captación de renta petrolera. Y eso se ejecuta a través de negocios, contratistas, testaferros… Una cantidad de entramados de los cuales Derwick Associates debe ser apenas la punta del iceberg. Entonces no había, en realidad, una intención de la dirigencia opositora de que esas protestas se extendiesen tanto. Se vieron montados en un barco en el cual no querían estar. A este entramado de relaciones incestuosas y promiscuas entre gobierno y oposición, Bruce Bueno de Mesquita, en su libro ‘El Manual del Dictador’, lo describe como “el círculo del dictador”. Básicamente los partidos políticos venezolanos, desde hace tiempo, vienen fungiendo el papel de los llamados partidos del bloque de la Alemania Oriental, que se hacía llamar Alemania Democrática, donde había un partido hegemónico, que casualmente se llamaba Partido Socialista Unido Alemán, y una serie de partidos que participaban en un juego electoral que ya estaba previamente ganado por el partido hegemónico.

*Pedro Luis Pedrosa es un consultor político con una maestría en Relaciones Internacionales y una especialización en Derecho y Política Internacional cursadas en la Universidad Central de Venezuela, casa de estudios en la que ha impartido clases.