“Lo único que hizo fue luchar por su gremio”

La mesa estaba servida: arepas, huevos revueltos y café. Era sábado por la mañana y los García se disponían a desayunar. Dieron par de mordiscos y tomaron los primeros sorbos de café, hasta que alguien tocó la puerta. La hija mayor (10) de la familia bajó corriendo a ver quién era y regresó con una noticia escalofriante: “Mamá, allá abajo está la policía y unas personas con la cara tapada”. El padre, Julio, bajó en el acto. Los funcionarios le dijeron que tenían una citación y que por favor abriese la puerta para que la firmara. Sin esperar a que los dejaran ingresar, los funcionarios saltaron el portón, le pusieron unas esposas y lo montaron en una Grand Cherokee. El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) se estaba llevando de su casa a Julio García, presidente del Colegio de Enfermeros de Carabobo, sin la presencia de un fiscal del Ministerio Público. Su esposa, con cuatro meses de embarazo, temblaba dentro del hogar mientras el cuerpo policial ponía patas para arriba la vivienda en busca de evidencias. “No pudieron conseguir absolutamente nada. Él lo único que hace es luchar por su gremio. Pedir bonificaciones, aumentos y que los hospitales tengan con qué atender a los pacientes”, contó la señora García a El Carabobeño. La afectada denuncia que la detención tiene tres motivos: su esposo es un defensor de los derechos de los enfermeros, ha llamado a protestas pacíficas para que su gremio reciba los beneficios que le corresponden y ha expresado su tendencia política. David Torrealba, vicepresidente del Colegio de Enfermeros, agrega una cuarta causa: dejar al descubierto las fallas de los centros de salud carabobeños. Por tales razones, Julio García está detenido desde el sábado 12 de agosto. Fue imputado en Fuerte Tiuna el lunes siguiente por presunta vinculación con el armamento que se sustrajo de la 41 Brigada del Fuerte Paramacay y lo enviaron a Ramo Verde. Allí sufrió una crisis hipertensiva, por lo que tuvo que volver el 15 a la sede del Sebin en Naguanagua para que le tratasen su delicado estado de salud. Dos días después, volvió a la prisión militar. El martirio para García empezó cuando Gustavo González López, director general del Sebin, lo acusó de estar implicado en el alzamiento militar ocurrido en Carabobo el pasado 6 de agosto.

Lisbeth Añez: Presa por ayudar

“Estoy detenida, avísale a tu hermano”. Esas fueron, por mucho tiempo, las últimas palabras que Luis González Añes escuchó en boca de su madre. Las pronunció el 12 de mayo pasado, cuando a punto de abordar un vuelo con destino a Estados Unidos, donde se trataría una hepatitis, funcionarios de la DGCIM la detuvieron. “Sobre usted pesa una orden de captura”, le dijeron en la zona de abordaje, y se la llevaron. Estuvo desaparecida por horas hasta que la ubicaron en Fuerte Tiuna, donde inmediatamente fue puesta bajo la jurisdicción de un Tribunal Militar: la audiencia empezó a las 4:30 de la tarde y terminó a la 1 de la mañana con una sentencia desfavorable: rebelión militar y traición a la patria. ¿Cuáles fueron las pruebas? Audios y conversaciones de WhatsApp sacados de su teléfono, de cuya existencia dudan sus abogados –“para nosotros no existen porque nunca nos los enseñaron”–. Todo parece indicar, más bien, que lo que en realidad le cobraron fue otra cosa: su labor solidaria y humanitaria a favor de los presos políticos. Y es que desde 2014, Lisbeth Añez se convirtió en una activa colaboradora con la causa de los jóvenes presos durante las protestas de ese año, a los que consecuentemente, casi todos los fines de semana, visitaba en las distintas cárceles donde estaban recluidos (Ramo Verde, El Helicoide o El Rodeo), para llevarles comida, medicina, libros, periódicos y ropa, lo que a veces ni sus propias familias hacían. Esa solidaridad, que le ganó el nombre de ‘Mamá Lis’, se la cobraron con cárcel y silencio. Nomás recibir sentencia fue recluida en El Helicoide, donde la mantuvieron completamente aislada durante 24 días, en los que le impidieron cualquier tipo de comunicación con familiares y abogados. “No entendía por qué nadie me visitaba o preguntaba por mí”, le confesó a su hijo entre lágrimas el 04 de junio, cuando por fin pudo verlo. Desde entonces (el sábado cumplió 100 días), le permiten la visita dos veces a la semana. Es la única concesión que hacen: no le permiten recibir el tratamiento para la hepatitis, ni tampoco la trasladan a tribunales para su audiencia preliminar, que ha sido diferida ya tres veces.

Raúl Isaías Baduel: 10 días desaparecido

“El General Baduel, nuestro Ministro de la Defensa y uno de los hombres que se convirtió en bastión de la resistencia popular, en bastión de la victoria revolucionaria. ¡Que viva el General Baduel! ¡Aquí estamos, hermano de toda la vida, después de tantos años, Raúl Isaías, podemos decir delante de la nación: todo ha valido la pena y todo valdrá la pena! ¡Aquí estamos los soldados y el pueblo venezolano dispuestos a hacer patria!”. Así valoraba Hugo Chávez a Raúl Isaías Baduel hasta que al General se le ocurrió llevarle la contraria públicamente al Comandante Supremo. Quien fuese el líder de la operación cívico-militar que le devolvió el poder al nativo de Sabaneta en aquel abril de 2002 pasaría a ser enemigo número uno de la Revolución Bolivariana cinco años más tarde, tras oponerse al referéndum constitucional promovido desde el gobierno. “Soy un preso de Hugo Chávez”, llegó a decir luego de ser condenado en 2010 a casi 8 años de cárcel por la apropiación indebida de dinero del Estado. Según Raúl Isaías, su hermano de toda la vida, su amigo del alma, su compadre, lo había metido preso porque ese era el destino de todos los que contrariasen los caprichos autoritarios del líder del extinto MVR. La medida, cuenta el General, fue pensada años atrás desde Cuba y con la participación de la mente perversa de Fidel Castro. Baduel era un peligro para el proyecto socialista. Luego de cumplir siete años y once meses de prisión, y en vísperas para salir en libertad, el Tribunal Primero de Ejecución de Caracas dictó dos nuevos delitos en marzo de este año. Permanecería en prisión. Mientras cumplía condena, funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim) lo sacaron en la madrugada del 8 de agosto de la cárcel de Ramo Verde, y hoy, diez días después, no se sabe nada de su paradero. ¿Por qué rescaté a Hugo Chávez? La pregunta debe atormentarle cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo. Desde donde quiera que esté, Raúl Isaías debe estar arrepentido.

Las piedras en el zapato de la dictadura

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Sabía lo que le esperaba. Preso desde febrero de 2015, había perdido espacio en la opinión pública nacional. Su liderazgo, desde la distancia, estaba mermado. En popularidad, sufría los embates del olvido. A Antonio Ledezma la insignificancia le carcomía y decidió disparar un último cartucho desde la cárcel que dos años atrás le habían asignado: su hogar. No era el primer mensaje que colgaría en YouTube –el día del plebiscito y el pasado 26 de julio subió comunicados–, pero sí el más contundente.

Con temple y voz profunda, Ledezma señaló, desde la autocrítica, el camino que debía tomar la oposición venezolana. Preciso, puntual y certero, enumeró cada uno de los errores de la Mesa de la Unidad Democrática. “Asumidos todos los riesgos, he decidido mandar este mensaje”, dijo al empezar su alocución, para luego pasar a la lista de fallos: permitir que el chavismo echara del hemiciclo a los diputados de Amazonas, dejar que Maduro gobernara por decreto ante un supuesto desacato y dialogar a escondidas.

“No se pueden ganar batallas, cuando nos derrotamos nosotros mismos”, sentenció el sexagenario Antonio, como abuelo que reparte lecciones a sus nietos. No tendrá en la maleta los mil refranes de Allup, pero irradia la sapiencia de los zorros más viejos de la política.

Según Ledezma, el secretismo generó rumores. Aunado a ello, la oposición pecó al elegir a los dirigentes menos indicados para conversar con el gobierno, esos que velaron por libertades personales y no por la liberación de todo el pueblo de Venezuela. Allí, en República Dominicana, la mesa de negociación enterró el revocatorio. “A veces la gente no entiende nuestras propias contradicciones, cuando ve que nos metemos autogoles y que nosotros mismos diluimos nuestros triunfos, porque a veces priva la vanidad. A veces los egos se convierten en demonios tormentosos”.

Unas contradicciones que, por cierto, no pocas veces han confundido a quienes día a día patean calle: “marche mañana, no marche mañana, pare mañana, no pare mañana, marche a las 12, no marche a las 12. Esos son pequeños detalles que a veces conspiran contra nuestros esfuerzos”. Pequeñísimos detalles como, por ejemplo, ir a unas regionales con este Consejo Nacional Electoral, propuesta defendida por Acción Democrática y Henry Ramos Allup.

“Ahora vienen a plantearnos elecciones regionales. Yo no me imagino a nadie que sea leal a la lucha que ha dado el pueblo inscribiéndose, haciendo una fila india para inscribirse en ese Consejo Nacional Electoral (CNE). Bastante que le aguantamos a este CNE, que protagonizó este domingo una de las estafas más burdas”, opinaba Ledezma antes de que el plan de AD fuese anunciado al país.

Antonio, junto a Leopoldo López y María Corina Machado, era de los que opinaba en 2014 que la salida del gobierno era urgente y que, llegado el 2015, lucía impostergable. El fundador de Alianza Bravo Pueblo perteneció en sus inicios a Acción Democrática e incluso fue una figura cercana a Carlos Andrés Pérez, pero hoy, con 62 años, sus ideas para salir de la crisis están más cerca de Voluntad Popular y Vente Venezuela que del histórico partido blanco de Rómulo Betancourt.

A su lado, y en la misma lucha, tiene al enemigo número uno del PSUV (inhabilitado por el gobierno desde el 2008 por temor a su potencial) y a la mujer que se atrevió a hablarle de frente al expresidente Chávez en la Asamblea Nacional. Con el primero remará desde la cárcel, mientras que la segunda será la voz fuera de ella. Por sus posturas incorruptibles, se han convertido en las piedras en el zapato de la dictadura.