Mis domingos con El Nacional

Era una rutina invariable: los domingos representaban la oportunidad de levantarme más tarde debido a cualquier fiesta a la que hubiese acudido la noche anterior. Mi familia era pequeña y ya estaban ocupados con el desayuno-almuerzo para el momento en que yo salía de mi habitación a la búsqueda de la primera taza de café. De vez en cuando rememoro esas comidas con una sonrisa de nostalgia. Vuelvo a vernos, alrededor del largo mesón del corredor, cada uno llenando su plato según su gusto particular: arepas, huevos fritos, tocinetas, caraotas negras, chorizos de ajo, jugo de naranja y café con leche. Esos domingos comíamos bastante y luego de organizar la cocina y lavar los platos, cada quien buscaba su rincón predilecto para leer los periódicos dominicales. Papá no escatimaba con ellos y en mi casa nunca faltaron durante cada fin de semana: El Nacional, El Universal, 2001, El Aragüeño, El Nuevo País, Tal Cual, El Siglo; además de los dos periódicos locales: El Nacionalista y La Prensa del Llano.

Ya sea por la posterior mudanza, por la enfermedad y muerte de mi madre y mi abuela, por el costo aumentado de los periódicos, por la censura, por los cierres consecutivos; en fin, sea por la razón que haya sido, esas lecturas de domingo no se efectuaron más, pero a mí me agrada recordarlas de vez en cuando, por lo que significaban, por lo que representaban, por lo que simbolizaban dentro de mi rutina del fin de semana. Papá solía acostarse en el chinchorro del corredor principal, frente a la puerta de la casa, con los perros echados en el piso, debajo de él. Mi abuela se acostaba en el otro chinchorro, en el corredor lateral, y mi madre se sentaba en uno de los sillones de hierro, junto a ella. Yo variaba el puesto, iba y venía, buscaba otra taza de café; pero lo que abundaba en esas tardes de domingo, después del desayuno-almuerzo, era el silencio de las lecturas simultáneas de mi familia.

Nos turnábamos los periódicos. Comentábamos las noticias. Sugeríamos ciertas lecturas. Nos levantábamos para beber agua o más café. Si cierro los ojos puedo escuchar de nuevo el rumor del papel al ser doblado para leer mejor algún artículo, o el inconfundible sonido al pasar de una página a la siguiente. Los dedos manchados de tinta. Papá levantándose del chinchorro para darle comida a los perros. Pero lo que más recuerdo es el silencio expandido en toda la casa porque cada uno estaba inmerso en una lectura diferente. No pretendo decir aquí que éramos una familia culta o bien leída, sólo intento recrear el placer de esos domingos con cada uno de nosotros ocupado en leer e informarse sobre lo que ocurría en el país y en el mundo. Era eso: nos gustaba estar informados. Por supuesto, de vez en cuando caíamos en el lugar común: Papá leyendo absorto las páginas deportivas de El Nacional y yo entretenido con las noticias culturales y literarias del Cuerpo C del mismo periódico. Porque debo agregar aquí que teníamos nuestras manías; por ejemplo, yo leía el periódico comenzando con el último cuerpo, es decir, leía desde la última página a la primera con los titulares. Papá, como ya dije, prefería el Cuerpo B, con los deportes, y el Cuerpo A, por las noticias nacionales y los artículos de opinión. Mientras eso sucedía, mi madre y mi abuela podían estar ocupadas leyendo las revistas de cada periódico y cruzando comentarios sobre las recetas de cocina que leían allí.

Hoy puedo decir que disfruté, que disfrutamos, de muchos domingos de calmada y silenciosa lectura. Y éramos una de esas familias que, obligadas a jerarquizar, hubiésemos preferido (y así nos tocó hacerlo, pero más adelante) siempre leer El Nacional por encima de todos los demás. Y no se trataba sólo de las lecturas dominicales, sino de los agregados, de lo tangencial, porque aún conservo la colección de música clásica y los CD de ópera que el periódico ofrecía por un precio adicional. Y los libros. No olvidemos los libros de El Nacional, en hermosísimas ediciones de tapa dura y con títulos imprescindibles de la literatura. Atesoro con cuidado una serie de narrativa hispanoamericana muy bien editada, tapa blanda, de 16 volúmenes. Lo que quiero decir, torpemente, es que El Nacional representaba la oportunidad no sólo de leer un periódico, sino de ampliar la cultura a través de múltiples colecciones y encartados que no podrían pasar desapercibidos. Eso quiero decirlo con claridad.

Estoy seguro de que muchos de ustedes tienen historias similares, recuerdos parecidos, o anécdotas que transitan el mismo camino. El Nacional formaba parte de nuestras vidas, de nuestras lecturas, de nuestras opiniones, de nuestras diferencias. Ningún periódico debería cerrar, por razones económicas o de censura. Justo anoche vi la película The Post, con Meryl Streep haciendo el papel de Katharine Graham, la poderosa editora de The Washington Post, durante la toma de decisiones para publicar lo que luego denominarían Los Papeles del Pentágono. Y fue como mirarme(nos) en un espejo. La censura. Las estratagemas políticas. Las decisiones judiciales. El olfato periodístico para intuir las noticias. La ebullición interna de un periódico en su lucha por informar y decir la verdad. Quizás asumo una postura idealista (sí, es mi karma), pero se me aguaron los ojos hacia el final de la película. Pero también pesa mi yo realista: Miguel Henrique Otero no es Katharine Graham, ni El Nacional es The Washington Post. Eso sólo sucede en mi cabeza.

Ahora proliferan las ediciones digitales, las tabletas, los teléfonos celulares, y si bien es cierto que no tengo nada en contra de esos avances tecnológicos, al mismo tiempo debo reconocer que una parte de mí añora y quisiera volver a disfrutar de aquellos domingos silenciosos de feliz lectura de periódicos, de dedos manchados de tinta, de multiplicidad de opiniones, de noticias contrastadas, de artículos y notas interesantes, de revistas y horóscopos fallidos. Soy un nostálgico, forma parte de mi naturaleza. Hoy lamento el cierre de El Nacional, pero esa misma parte idealista o ingenua (que ustedes tendrán que disculpar) prefiere creer que vendrán tiempos mejores y menos filosos para el periodismo venezolano. El Nacional se queda conmigo, entre mis recuerdos, con mis sonrisas y en mis relecturas de todos esos libros que alguna vez alguien tuvo la brillante idea de ofrecernos por un monto adicional que a nadie empobrecía. Me quedo con eso. Es mi escogencia puertas adentro.

 

Por Luis Guillermo Franquiz | @lgfranquiz 

Mis 18 años en El Nacional: soy parte de una muerte envuelta en papel periódico

Llegué con 20 años a la antigua sede del diario El Nacional, en uno de los rincones más sórdidos de la urbanización caraqueña El Silencio, para mi primera entrevista laboral en marzo de 1996. Debajo del brazo llevaba mi único currículum: los cuadernos manuscritos que había elaborado desde niño, en los que anotaba las alineaciones de los partidos de fútbol y dibujaba las formaciones tácticas de los equipos, junto con esquemas de ambos uniformes coloreados con lápices Berol Prismacolor.

La artimaña funcionó: Cristóbal Guerra, al que probablemente has escuchado en los Mundiales como comentarista lírico de Venevisión –y quien todavía es mi principal maestro de periodismo–, me dio trabajo como pasante en la redacción de Deportes.

En El Nacional permanecí casi 20 años, con algunas interrupciones, bajo casi todas las figuras contractuales concebibles. Quisiera contar a los chamos que hoy están estudiando Comunicación Social en universidades venezolanas algo que probablemente jamás vivirán: cómo era la redacción de un diario impreso clásico, en su momento el de mayor prestigio intelectual del país y el que en diciembre de 2018 publicó sus últimos periódicos en papel, previo desdibujamiento de su fortaleza de marca en el ecosistema de medios digitales.

Yo formé parte marginal de algo parecido a un All Star del periodismo criollo.

Fumar no es la única mala maña

La vieja sede de El Nacional quedaba a escasos metros del último exponente caraqueño de un modelo de negocios conocido como cine porno: el Teatro Urdaneta. Cuando entré al diario en 1996, en toda la redacción sólo había una computadora con Internet: la gente hacía colita para buscar una entrada en Yahoo! o abrir una cuenta de correo en Hotmail. Posteriormente los jefes de secciones empezaron a contar con conexión a la web. Presencié cómo, en sus horas muertas a la espera de textos que aún se estaban escribiendo, algunos de esos jefes empezaban a descargar porno en sus PC, en un ciclo de hábitos sexuales que aceleraría la agonía de espacios con olor a semen, orina y sudor rancios como el Teatro Urdaneta.

En su era dorada (yo llegué a vivir solo los peores tiempos de los tiempos mejores), El Nacional era un modelo de especialización extrema en una estructura física enorme, difícil de imaginar para los que trabajan en la oficina de un portal web actual. Cada una de las grandes secciones (Política y Sucesos, Economía, Deportes, Cultura, Espectáculos, Internacionales, Ciudad, etc) contaba con una planta de alrededor de diez periodistas, más dos o tres pasantes y un par de jefes de sección con su respectiva secretaria. Por decir un caso: en Deportes había un especialista para escribir exclusivamente de baloncesto y, aunque hoy parezca insólito, una periodista solo para voleibol.

No vengo de una familia de intelectuales. El periódico que se leía en mi casa era Últimas Noticias, y quizás El Universal los domingos, por aquello del crucigrama de la revista Estampas.

El Nacional, incluso en los años de pre-decadencia que a mí me tocó vivir, era la reserva forestal de las mejores plumas de Venezuela. Allí se vivían cosas como que una o dos veces al mes estos intelectuales revoloteaban alrededor de la feria en miniatura que montaba sobre un armario de lockers el librero Esteban Brassesco: ese al que llamaban “el librero de los periodistas”, pues iba quincenalmente a la redacción a ofrecer y recomendar joyas editoriales a muy buen precio.

Repasar nombres es ocioso y siempre injusto. Me bastaría con decir que Vanessa Davies, a la que hoy debes conocer como una periodista –algo rayada– del chavismo crítico, tenía un otro yo como la autora de algunas de las entradas de textos más exquisitas que puedo recomendar a aprendices de escritura creativa. Y eso sin hablar de que había un segundo piso solo para fotógrafos y diseñadores, y hasta una flota propia de choferes, con los que un chamo de 20 años lleno de inseguridades y carencias afectivas se involucraba en una compleja red de complicidades humanas.

Porque una redacción de periódico era también un depósito de patologías y manías, lo que puede explicarse en una jaula ratonera sin ventanas en la que profesionales permanecían encerrados más de un tercio de sus vidas peleando con sus teclados, sus obsesiones y sus egos. Como pasante de El Nacional (entré haciendo jornadas de diez o más horas diarias y guardias de fin de semana de manera 100% voluntaria, lo que violaba las normas sindicales) presencié el suicidio de un compañero, además de una pelea que por poco terminó con periodistas dándose unas manos, vidrios rotos a puñetazos y episodios varios de acoso sexual laboral y adicción al alcohol y otras sustancias.

Yo mismo –a pesar de que sentía desprecio por máximas tipo “el periodismo es café y cigarros” (una de las favoritas de Cristóbal Guerra) y por el mundillo de comederos de mala muerte, bares y prostíbulos que servía de entorno a la vieja sede de El Nacional– no pude evitar incurrir en deformaciones del manual sexista: concebir la redacción de un periódico como un dispensador infinito de pasantes femeninas muy jóvenes y atractivas, a las que aplicaba tácticas de depredador inofensivo pero muy desagradable. O engañarme a mí mismo pretendiendo que podía ser amigo íntimo de actrices de TV o modelos de pasarela, en los años en que trabajé en la sección de Espectáculos y Farándula. Por decir algo: llegué a enviarle bombones a Venevisión a la ex miss y chica del tiempo Patricia Fuenmayor, de quien todo el mundo me advertía que tenía sonrisa de tonta, pero por cuyos casi dos metros de estatura experimenté una especie de infatuación fatal, como me ha solido pasar con otras maracuchas de piel de porcelana.

En la redacción de El Nacional me enamoré cuatro veces, una de las cuales fue de la periodista de voleibol (también una de mis jefas, pifia profesional que te recomiendo evitar en lo posible). Me consta que se enamoraron de mí al menos dos veces. En ninguno de los casos hubo correspondencia. Dañé un microondas con unas cotufas calcinadas, me convertí en obeso mórbido y adquirí gastritis crónica y patologías de columna vertebral que probablemente me acompañarán el resto de mis días. Esto de pasar horas tecleando frente a una computadora no es un hábito natural en la evolución humana.

El lugar donde vi a Chávez

En la sede de El Nacional vi en persona por única vez a Hugo Chávez, cuando acababa de ser elegido presidente y visitó la redacción para un foro dominical (no llegué a darle la mano, calma pueblo), un gesto normal en democracia que hoy se me hace irreal. Seguramente habrás leído en redes que la política editorial de El Nacional fue responsable de que Chávez llegara al poder. Estuve ahí adentro esos años. Desde mi punto de vista ingenuo, lo único que puedo agregar es que siempre me pareció un medio plural, donde convivía gente de todas las tendencias de pensamiento. De hecho, vi como uno de mis mejores amigos se transformó en chavista, como reacción a lo que consideraba una jefatura de línea opositora radical.

En El Nacional me quedé atrapado una noche en 2001 durante el primer episodio grave de acoso a un medio de comunicación, cuando un grupo de manifestantes chavistas encabezados por Lina Ron amenazó con quemar el edificio con nosotros dentro. Desde las únicas ventanas externas del piso 1 (en la sección de Internacionales y Diplomacia), presencié cómo la gente huía de las balas en los alrededores de Miraflores el jueves 11 de abril de 2002. Vi a algunos compañeros indignados el viernes 12, por lo que llamaban un “golpe de Estado de derecha” de Carmona Estanga. Huí de la redacción en plena guardia del sábado 13 (violación grave de los códigos no escritos del periodismo), para refugiarme muerto de pavor en una pensión de mala muerte de los alrededores, después de que leí en un cable de agencias internacionales que un general de apellido Baduel encabezaba una revuelta en Maracay para restituir a Chávez en el poder. Recuerdo que mi asignación de aquel día era llenar media página de periódico con una nota del aniversario de Bugs Bunny, o algo por el estilo.

Como no entregué tesis en la escuela de Comunicación Social en la UCAB (léase: les escribe un pirata no graduado), nunca formé parte de algo que suena a rareza exótica en estos tiempos de predominio de la libre asociación: el sindicato de periodistas de El Nacional. Con frecuencia me aplicaron malas caras y leyes de hielo por firmar un contrato no avalado por el gremio. Fui testigo de pancartazos y asambleas interminables por derechos laborales y reivindicaciones salariales, cuyo objetivo era retrasar la elaboración del periódico mediante operaciones morrocoy. Una de las medidas de protesta más extremas que observé fue la publicación de una edición en la que nadie puso su firma en ningún texto. Sí, puede parecer poca cosa, pero la firma es el único patrimonio del que disponemos los que nos dedicamos a teclear.

Una sede con menos burdel

El Nacional se mudó a una sede más grande, moderna, aséptica, cómoda y presuntamente segura en 2006: una antigua planta industrial de margarina y mayonesa en Los Cortijos de Lourdes, en el municipio Sucre. El nuevo y enorme estacionamiento permitía posibilidades como la celebración de espectáculos: allí se organizó un Festival Nuevas Bandas, por ejemplo.

En Los Cortijos me vieron perder casi la mitad de mi peso: mis compañeras en la sección de Espectáculos se calaban mi perfume corporal después de regresar de dos horas de gimnasio, casi siempre sin ducharme. También inicié allí un plan de ahorro franciscano después de que, con la llegada al poder de Nicolás Maduro, se precipitó una recesión que ha derivado en tobogán interminable al infierno: recuerdo que llevé a la redacción una olla eléctrica arrocera-vaporera para preparar mi frugal almuerzo cerca del rincón de los fotógrafos, que me miraban con una mezcla de asombro y compasión.

Y no, no estaba allí cuando se anunció en cadena televisión la presunta muerte de Chávez el cinco de marzo de 2013: mi horario de salida a las 4:00 pm (gozaba entonces del raro estatus de ser un periodista con hora de salida) y ya regresaba a casa en el Metro.

Nada fue igual. Comenzó también un período de desplome de una marca que solo en parte tiene que ver con la escasez de papel periódico en Venezuela, y con el ocaso en general de los diarios impresos en todo el planeta. En dos platos: lo que vemos hoy en www.el-nacional.com no es demasiado representativo de la experiencia de lectura que ofreció El Nacional en papel con sus 75 años de tradición encima. Su web, en general, luce rezagada con respecto a lo que hacen hoy en Internet o en redes otras marcas con menos tiempo en el mercado de contenidos editoriales como El Pitazo, Crónica Uno, Prodavinci, Runrunes, Tal Cual y, sí, también esta relativamente modesta y novata Revista Ojo.

¿Escasa capacidad de la gerencia encabezada en el exilio por Miguel Henrique Otero (hijo del legendario Miguel Otero Silva, un punto de comparación eternamente ingrato) para anticipar lo que venía, conseguir vías de financiamiento alternas a la publicidad en papel y escapar del rol de cordero de sacrificio de un régimen autoritario que, en boca de uno de sus principales verdugos, ha expresado claramente la voluntad de destruir o apoderarse de la marca? ¿Gente que se llevó unos reales? ¿Sueldos poco competitivos? ¿Un éxodo masivo de cerebros que fue vaciando la redacción? ¿Un “entorno país” (sorry por la expresión) imposible de eludir? ¿Mala leche y ya? No soy quien para pararme a dar lecciones de marketing. Después de todo, aunque lo cualitativo se cuestione, tengo entendido que las evaluaciones cuantitativas de clics en el punto.com siguen siendo sólidas. E igual sigo soñando con la recuperación del medio que fue mi escuela, mi casa, mi despecho, mi fuente y mi paño de lágrimas.

Renuncié a El Nacional en marzo de 2014, poco después de atestiguar en sus alrededores una guerra civil en pequeña escala. En ese medio de comunicación registré mis pocos logros profesionales. Y comenzaron todos los patrones de fracaso que sigo arrastrando hoy, y que forman parte inseparable de mí. Quizás las empresas y las personas nos parecemos: como Wolverine, nunca duraremos para toda la eternidad, pero quizás nos quede siempre al menos una oportunidad de sacar las garras y regenerarnos.

Por Alexis Correia

Los críticos en estado crítico

Los tres son periódicos importantes. Tienen en común la línea editorial –crítica con el gobierno– y el problema del papel. Divergen, eso sí, en la forma de afrontarlo. Uno se surte de Maneiro y padece sus inconsistencias; el otro no le ha comprado –ni le comprará– papel al monopolio estadal, así le cueste la circulación; y el otro está vetado y no le venden papel a pesar de las múltiples solicitudes. Son tres testimonios sobre lo difícil que es editar un diario crítico en la Venezuela revolucionaria

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Es el decano de la prensa nacional, el diario más antiguo de Venezuela. Circula en Barquisimeto y en algunos estados de la región centro-occidental. Solía hacerlo con 32 páginas, a razón de 4 cuerpos de 8 páginas cada uno. Ahora lo hace apenas con un solo cuerpo de 8 páginas. Ha perdido el 75% de su edición. “Hemos tenido que dejar de publicar cantidad de información: acuerdos que había con universidades, páginas de salud, la página de opinión, que en principio se redujo de dos a una y ahora ni siquiera tenemos, se han reducido los trabajos de investigación, se ha dejado de publicar una cantidad enorme de información”, dice Carlos Carmona, editor del diario, que ha estado, por lo menos dos veces, al borde del cierre. Y siempre, como si de un juego macabro se tratara, se salva –lo salvan– in extremis. Una vez, incluso, con edición de despedida prácticamente lista para el domingo, les dieron papel –un poquito– el viernes. “La relación con Maneiro ha sido complicada, absolutamente irregular, porque no hay respuestas. Las respuestas son después de mucho jaleo, no responden las llamadas, los correos, las mensajerías”, explica. En la última crisis un twitt fue su última respuesta: “En los próximos días hemos de recibir papel, y le venderemos al @elimpulsocom, con la seriedad que caracteriza al Presidente @NicolasMaduro”. “Eso no funciona, yo necesito como empresa, como gerente, saber si tienen o no tienen papel, cuándo llega, cuál es mi esperanza, yo necesito tomar decisiones”.

¿Cómo se gerencia un periódico en esas condiciones? “Es terrible. La incomodidad de los trabajadores es enorme. Muchos se me han ido buscando nuevos horizontes, por no tener un futuro garantizado o razonablemente tranquilo, viven en una permanente duda o angustia. Adicionalmente no puedo cerrar ningún tipo de trato o preventa a largo plazo porque yo mismo tengo la duda de si me venderán papel o no, tengo que hacer mini preventas semestrales porque no me puedo comprometer a ofrecer algo que no sé si voy a poder cumplir”.

 ¿Es censura? “Definitivamente. En tiempos de dictadura te mandaban a fusilar y te callaban. En estos tiempos te mandan al Seniat, te hacen la vida cuadritos, te hacen la vida imposible, hasta que te vas del país o pones rodilla en tierra”.

CORREOCARONÍ

“Nosotros no le hemos comprado papel a Maneiro, no estamos de acuerdo con la existencia de un monopolio de papel”, dice Oscar Murillo, jefe de redacción de Correo del Caroní, único diario, hasta ahora, que no ha entablado –ni entablará, juran– contacto con el CEAM. Son principistas y desde hace tiempo lo están pagando caro: editado en Bolívar, una zona donde toda la actividad económica gira alrededor del Estado, hace años perdieron no sólo la publicidad oficial –esa desde hace tiempo–, sino clientes importantes –llámense empresarios y contratistas–, que por temor, para evitar problemas –y ganar alguna licitación– prefieren no publicar con ellos. Su via crucis con el papel comenzó en enero de 2014: un pedido hecho en el último trimestre del año anterior nunca llegó. Allí se prendieron las alarmas. “Terminamos 2013 con cuatro cuerpos, y ese primer mes de 2014 tuvimos que recudirnos a dos cuerpos de 8 páginas. A mitad de año debimos tomar una medida más drástica: reducir todo a un solo cuerpo de 8 páginas. Después vino la tercera tragedia de 2014: tener que reducir la circulación para poder estirar el inventario y comenzar a circular sólo de lunes a viernes”. Entonces se acabó el papel estándar; en depósito quedaban unas bobinas que, en tiempos mejores, habían sido adquiridas para la puesta en circulación de dos suplementos que no vieron luz, y por primera vez, en sus casi 4 décadas de historia, desde el 28 de abril Correo del Caroní comenzó a circular de lunes a jueves como un tabloide de 8 páginas y los viernes con una edición de fin de semana de 16 páginas. Y así lo hicieron hasta agosto, cuando se vieron obligados a convertirse en semanario en su último intento de sobrevivir.

¿Cómo ha sido trabajar en esas condiciones? “El reto para mí ha sido la coordinación: hemos tenido que eliminar las páginas de opinión, que en su momento eran muy fuertes, con firmas importantes, condensar los deportes y la vida cultural en una sola. Hemos evolucionado en la titulación, le hemos dado al diario una orientación interpretativa, apelando a una estructura que tiene algo de información y análisis”.

 ¿Lo más difícil? “La despedida de muchos compañeros que se van del país. Estar aquí en Correo del Caroní es un costo muy alto. Ha significado para muchos un sacrificio salarial y económico”.

¿Por qué no claudican? “Todas las medidas que se han tomado son para mantener la independencia editorial. No porque estemos en un momento de necesidad vamos a cambiar de política: este medio ha acompañado al pueblo en las últimas décadas y estamos convencidos de que el periodismo está para hacer precisamente lo que estamos haciendo: darle a la gente una voz crítica donde expresarse”.

De los grandes diarios de circulación nacional, es seguramente el más crítico y combativo. De ediciones dominicales de hasta cien páginas y decenas de suplementos en su buena época, ha quedado reducido a un berlinés de 2 cuerpos y 16 páginas. Y eso, gracias a la ayuda de afuera, porque adentro, con Maneiro, no hay forma. “Yo no he llamado menos de 1.500 veces a Maneiro”, dice Daniel Pérez Poleo, Director Ejecutivo de Negocios, “tenemos 8 comunicaciones escritas recibidas por ellos, en las que les pedimos una reunión formal, pero no hay, no existe manera. No nos dan la cara. Hemos hablado con el gerente de ventas, con el director de operaciones, a todas las recepcionistas y secretarias las conocemos y son extremadamente cordiales, pero nos dicen que no, que no nos pueden dar papel”.

¿Cómo sobreviven entonces? “Pertenecemos al Grupo de Diarios de América (GDA), que han sido en extremo solidarios con nosotros y nos han suministrado papel permanentemente para seguir batallando y diciendo las cosas como son”.

¿Ha habido trabas con la importación? “No. La documentación ha llegado en forma correcta. Desde el punto de vista aduanal no estamos cometiendo ningún delito: cumplimos con todo lo que nos corresponde, pagamos todos nuestros aranceles”.

¿Cómo los ha afectado la falta de papel? “De forma significativa. Hace un año estábamos en un cuerpo apenas; luego decidimos rediseñarnos y pasar a dos: un primer cuerpo que tiene la información de política, ciudad, regiones; y un segundo que recoge deporte, cultura y espectáculos. Pasamos de 36 a 16 páginas, y eso ha hecho que se tenga que ir mucha gente porque hay menos páginas para escribir.

¿Han recibido ofertas de compra? “Sí, las hemos tenido. Pero la posición es que no: este es el patrimonio de su padre y de su familia, y los principios de su padre se mantienen en esta organización”.

Se anunciaron los nominados al Premio GGM de Periodismo

La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, anunció esta semana la selección oficial del Premio Gabriel García Márquez 2015, conformada por 40 trabajos correspondientes a cuatro categorías: texto, imagen, cobertura e innovación.

Los trabajos “Justicia a los caídos“, realizado por Valentina Oropeza, Airam Fernández, Vanessa Moreno, Indira Rojas, Carjuan Cruz y Jhon Fuentes para Contrapunto.com y “Serie de investigación sobre los dólares CADIVI“, de David González, Adriana Rivera, Franz von Vergen, María Victoria Fermín, Fabiola Zerpa, Laura Helena Castillo y Maolis Castro publicado El Nacional, representan a Venezuela en la categoría “Cobertura”. Mientras que “Propietarios de la censura en Venezuela“, una publicación de Emily Avendaño, César Batiz, Mariengracia Chirinos, Juan José Faría, Cristina González, Gabriela Moreno, Clavel Rangel, Ana Rodríguez y Yoleida Salazar para IPYS Venezuela, Armando.info y Poderopedia, está incluida en la selección oficial en la categoría “Innovación”.

En 2014, el periodista César Bátiz y el equipo de la -ahora extinta- Unidad de Investigación de Últimas Noticias, recibieron el PPGGM en la categoría “Cobertura” por el reportaje “Uniformados y civiles dispararon en Candelaria el 12F”. Este año los trabajos premiados recibirán 33 millones de pesos colombianos, un diploma emitido por la FNPI y un ejemplar de la obra “Gabriel”, autoría del artista colombiano Antonio Caro. Los ganadores se anunciarán el próximo 30 de septiembre en Medellín, Colombia, en marco del Festival del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo.

Aquí compartimos los 40 trabajos concursantes, los cuales fueron elegidos entre 1.645 que se postularon este año al galardón y atravesaron tres rondas de evaluación.

Categoría Texto: 

Trabajo: El cisne negro
Autor: Santiago Wills (Colombia)
Medio: Revista Etiqueta Negra
País del medio: Perú

Trabajo: El hombre que eligió el bosque y lo asesinaron
Autor: Joseph Zárate Salazar
Medio: Revista Etiqueta Verde
País del medio: Perú

Trabajo: Infancias de Vitrine
Autor: Catarina Gomes
Medio: Jornal Público
País del medio: Portugal

Trabajo: Los positivos del Cabo Mora
Autor: Juan Miguel Álvarez
Medio: Revista El Malpensante
País del medio: Colombia

Trabajo: Madre busca
Autor: Leila Guerriero
Medio: Rolling Stone Argentina
País del medio: Argentina

Trabajo: Mi marido me secuestró
Autor: Daniel Burgui Iguzkiza
Medio: El País
País del medio: España

Trabajo: O lado oculto das contas de hospital
Autor: Cristiane Segatto
País del medio: Revista Época
País: Brasil

Trabajo: Rápido, furioso, muerto
Autor: Javier Sinay
Medio: Rolling Stone Argentina
País del medio: Argentina

Trabajo: Tribus de la inquisición
Autor: Roberto Navia Gabriel
Medio: Diario El Deber
País del medio: Bolivia

Trabajo: Vasco Pimentel, el oidor
Autor: Sabrina Duque
Medio: Revista Etiqueta Negra
País del medio: Perú

Categoría Imagen:

Trabajo: Donbass
Autor: Álvaro Ybarra Zavala y equipo
Medio: XLsemanal/ABC
País del medio: España

Trabajo: HQ: Meninas em Jogo
Autor: Andrea Di Profio y Alexandre de Maio
Medio: Agencia Pública
País del medio: Brasil

Trabajo: La Cancha de la Vida
Autor: Alba Mora Roca y equipo de AP México
Medio: The Associated Press

Trabajo: Linhas – ligando os pontos das energías do Brasil
Autor: Eliza Capai, Carol Quintanilha, Marina Yamaoka y Ale de Maio
Medio: Greenpeace
País del medio: Brasil

Trabajo: Leandro Díaz, El Último Juglar
Autor: Alejandro Vargas y Eduardo Muñoz
Medio: Señal Colombia
País del medio: Colombia

Trabajo: Luchando contra la muerte en el infierno de Alepo
Autor: JM López
Medio: El Mundo

País del medio: España

Trabajo: Mar de Vítimas e heróis
Autor: José Carlos Carvalho y equipo
Medio: Revista Visao
País del medio: Portugal

Trabajo: Paisajes de desolación
Autor: José Palazón
Medio: El Mundo/El País
País del medio: España

Trabajo: Preludio é Fuga
Autor: Marília Freitas y Rodrigo Machado
País del medio: Rádio Renascença
País: Portugal

Trabajo: Vaqueros Extremos
Autor: Tomás Munita
Medio: National Geographic
País del medio: Estados Unidos/España

Categoría Cobertura:

Trabajo: Cobertura especial sobre la desaparición forzada de normalistas en Guerrero
Autor: París Martínez y equipo
Medio: Animal Político
País del medio: México

Trabajo: El Caso Tlatlaya
Autor: Pablo Ferri, fotografías de Nathalie Iriarte
Medio: Esquire Latinoamérica
País del medio: México

Trabajo: El Nuevo Éxodo Latino
Autor: Cristian Ascencio, Carlos Eduardo Huertas, Tamara Miranda Varela, Dánae Rivadeneyra, Edilma Prada, Juan Camilio Maldonado, Rodrigo Selles Ferres, David Bustos, Macarena Sánchez, Brice Le Borgne
Medio: Connectas, El Mercurio de Antofagasta, Agenda Propia, Útero de Marita, Vice
País del medio: Colombia, Chile, Perú

Trabajo: Justicia a los caídos
Autor: Valentina Oropeza, Airam Fernández, Vanessa Romero, Indira Rojas, Carjuan Cruz y John Fuentes
Medio: Contrapunto
País del medio: Venezuela

Trabajo: La casa blanca de Enrique Peña Nieto
Autor: Rafael Cabrera, Daniel Lizárraga, Irving Huerta, Sebastián Barragán y Carmen Aristegui
Medio: Aristegui Noticias
País del medio: México

Trabajo: Miles de menores huyen de América Central
Autor: Alberto Arce Suárez (España)
Medio: Associated Press
País del medio: México

Trabajo: Minha casa, minha sina
Autor: Rafael Soares y Luã Marinatto
Medio: Periódico Extra
País del medio: Brasil

Trabajo: Narcotráfico en América del Sur
Autor: Dromómanos (Alejandra Sánchez Inzunza, José Luis Pardo y Pablo Ferri)
Medio: El Universal
País del medio: México

Trabajo: Serie de investigación sobre Los Dólares Cadivi
Autor: David González, Adriana Rivera, Franz Von Bergen, María Victoria Fermín, Fabiola Zerpa, Laura Castillos, Maolis Castro
Medio: El Nacional
País del medio: Venezuela

Trabajo: Violência tem cura?
Autor: Galeno Lima, Natália Portinari, Murilo Zardo, Taís Hirata, Dante Ferrasoli, Caroline Prado, Carolina Dantas, Fernanda Perrin Thiago Nascimento, Júlia Barbon y Flavia Faria
Medio: Folha de Sao Paulo
País del medio: Brasil

Categoría Innovación:

Trabajo: A periferia travada
Autor: Roberta Soares y equipo
Medio: JC Online y NE10
País del medio: Brasil

Trabajo: Eldiario.es
Autor: Ignacio Escolar y equipo de Eldiario.es
Medio: Eldiario.es
País del medio: España

Trabajo: Chequeado.com
Autor: Laura Zommer y equipo de Chequeado.com
Medio: Chequeado.com
País del medio Argentina

Trabajo: La Silla Llena
Autor: Olga Lucía Lozano y equipo de La Silla Vacía
Medio: Lasillavacia.com
País del medio: Colombia

Trabajo: Marca Plus
Autor: Pablo Berraondo y Nacho Labarga
Medio: Marca Plus
País del medio: España

Trabajo: Mujeres en venta
Autor: Fernando Irigaray, Anahí Lovato, Gisela Moreno y Patricio Irisarri
Medio: Documedia
País del medio: Argentina

Trabajo: Propietarios de la censura en Venezuela
Autor: Emilia Díaz-Struck, Katherine Pennacchio, Emily Avendaño, César Batiz, Mariengracia Chirinos, Juan José Faría, Cristina González, Gabriela Moreno, Clavel Rangel, Ana Rodríguez y Yoleida Salazar
Medio: IPYS Venezuela en alianza con Armando.info y Poderopedia
País del medio: Venezuela

Trabajo: Truco!
Autor: Natalia Viana, Andrea Dip, Bruno Fonseca, Ciro Barros, Giulia Afiune, Jessica Mota, Marina Amaral, Marina Dias, Marcelo Grava, Mauricio Moraes y Luciano Onça
Medio: Agência Pública
País del medio: Brasil

Trabajo: Los vagabundos de la chatarra
Autor: Jorge Carrión
Medio: La Vanguardia/Norma
País del medio: España

Trabajo: Los casos de la vicaría
Autor: Javier Ortega, Andrea Insunza y equipo de la Universidad Diego Portales
Medio: www.casosvicaria.cl
País del medio: Chile

Enrique Bencomo trabaja en un documental sobre la tragedia de Nepal

El pasado 25 de abril ocurrió en Nepal un sismo de de 7.9 grados en la escala Richter. Ese día, el cineasta venezolano Enrique Bencomo, director del film “Pipí mil, pupú dos lucas”, se encontraba en el país documentado el trabajo de la ONG Shanti Sewa, encargada de ayudar a personas discapacitadas que requieren de asistencia médica.

Luego del hecho, el equipo de producción decidió cambiar completamente el foco de la historia y capturar la realidad de los habitantes de Nepal. Carlos Pérez (director), Rodrigo Esquinca (sonidista) y Patricio Cordero (productor), los tres de nacionalidad mexicana, también forman parte del documental, en el que Enrique Bencomo está encargado de la cinematografía.

Según un trabajo publicado por el periodista Sergio Moreno de El Nacional, Bencomo aseguró que “los edificios que se encontraban cerca de nosotros comenzaron a caerse. Vimos personas aplastadas por placas de concreto. Pasamos unos días en shock, y luego entendimos que debíamos cambiar la idea principal del documental”.

El terremoto de abril es el sismo de mayor magnitud registrado en el país durante los últimos 80 años. Además, fue catalogado como una de las peores tragedias en la región del Himalaya en una década.

De cómo banalizar es censurar

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Rayma y El Universal fueron, durante casi dos décadas, un binomio inseparable. Tan ligados estaban que sus nombres prácticamente iban acompañados de un “valga la redundancia”. Todos sabían que la caricaturista de El Universal era Rayma, y que Rayma publicaba en El Universal. A diario en las páginas de opinión, los domingos en Estampas, cada año en las ediciones aniversario, siempre en cada trabajo especial; en la preventa, en los lanzamientos, en todo lo que tuviera que ver con el centenario periódico estaba por algún lado una caricatura de Rayma. Read More…

El ambiente de Festival está en el aire

Por Ivette Rodríguez Rondón -@iverodriguezr

Este fin de semana se llena de música y de eventos para reconciliarse con la ciudad aunque, para mí, el evento más relevante es el Festival Nuevas Bandas (FNB), que después de 12 meses de ausencia, vuelve con una nueva edición celebrando sus 21 años, lleno de presentaciones prometedoras.

Este es uno de esos eventos que más levanta pasiones y controversias año tras año: que si las bandas que están participando no se lo merecen, que si todo es manipulado por la gente de la fundación, que no se toma en cuenta todo el talento emergente del país y pare usted de contar. Sin embargo, más allá las críticas, este es un Festival con enorme trayectoria e importancia, que aunque no garantiza el éxito de ninguno de sus participantes, da un gran nivel a las agrupaciones que se montan en su tarima.

En esta oportunidad y por primera vez  se juntará el Festival Nuevas Bandas con el Intercolegial de Bandas, lo que garantiza una amplia muestra de talento nacional, tanto sábado como domingo.

La lista de participantes del FNB, está compuesta por 11 bandas, seleccionadas a través de todo el territorio nacional. Ellas son:  Telecolor, La Abuela Disco (Acarigua), Espiral Jack (Caracas), Holy Sexy Bastards (Valencia),  La Mar (Caracas), Guayana Dub Project (Bolívar), Petrula (Maracaibo), Los Colores (Caracas), Buena Parte (Pto La Cruz), Okills (Caracas) y Sir Buffalo (Mérida).

Ambos días comienzan con las presentaciones de los participantes del Intercolegial, desde las 11:00am hasta las 2:30 cuando se le dará paso a una banda invitada, el sábado a Sincrónica y el domingo a Bioshaft.  Desde las 3:00pm comenzarán las presentaciones de los participantes del Nuevas bandas, hasta las 7:00pm cuando se montarán las bandas invitadas y es aquí donde la noche se llenará de sorpresas, con presentaciones de Sunsplash, Alfombra Roja, ViniloVersus, Los Humanoides, Boogaloo y Los Mentas.

El Rock Espacial de Zoé llega de nuevo a Venezuela

La banda de indie rock mexicana Zoé vuelve a Venezuela como parte del ciclo de conciertos El Nacional ¡Se Vive! El evento se llevará a cabo el 16 de septiembre en las instalaciones del periódico.

Esta vez la presentación viene de la mano de Doppler Música, empresa venezolana que se estrena en la producción de eventos. Para este show prometen un espectáculo lleno de indie rock, con toques de blues y de esa electrónica de los noventa que marca la personalidad de Zoé.

Esta será la segunda vez que la agrupación toque en el país (la primera, en abril de 2011), y lo hará en el marco de una gira por Latinoamérica que servirá de preludio a una nueva entrada al estudio de grabación. En la presentación la banda se paseará por casi 15 años de carrera artística que les han valido numerosos reconocimientos tales como el de Mejor Artista Rock MTV Latinoamérica, un premio especial en los MTV Europe Music Awards, 2 Nominaciones al  Latin Grammy por el álbum Reptilectric y 2 premios en el Latin Grammy al Mejor Álbum Alternativo por Música de Fondo y Mejor canción de Rock por ‘Labios Rotos’.  

Las entradas comenzarán a venderse próximamente a través de tuticket.com. Para mantenerte informado de todos los pormenores del evento, sigue Zoe Caracas en Facebook, Twitter e Instagram.