Canta, corazón

Por fin habló. Luego de tantas amenazas, advertencias y amagos, Luisa Ortega Díaz empezó a cantar. Lo hizo como siempre: pronunciando mal las palabras, quedándose sin aire, haciendo pausas constantes, temblando y leyendo papelitos. Pero la noticia es que cantó, y no precisamente rancheras, como dijo el todavía gobernador Henrique Capriles Radonski. En el encuentro de fiscales del Mercosur, que se desarrolla en Brasil, Ortega Díaz disparó contra las dos cabezas del chavismo: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Al primero lo acusó de ser dueño de la empresa mexicana dedicada a ensamblar las cajas de los CLAP: la organización, denominada Group Grand Limited, es propiedad de Rodolfo Reyes, Álvaro Pulido Vargas y Alex Saab. Del segundo mencionó que, en el marco del caso Odebrecht, recibió un depósito de 100 millones de dólares en una empresa española denominada TSE Arietis, propiedad de sus primos Luis Alfredo Campos Cabello y Gerson Jesús Campos Cabello. De su ilegítimo sucesor, Tarek William Saab, afirmó tener evidencias sobre seis casos de corrupción vinculados con PDVSA. Todas estas pruebas, según Ortega Díaz, serán entregadas a autoridades de distintos países (Estados Unidos, Colombia, España) para que se investiguen los delitos, puesto que en Venezuela “no hay justicia y es imposible que se indague sobre cualquier hecho de corrupción o narcotráfico”. Nuestro país, sostiene la fiscal, es una zona de tránsito para el tráfico de drogas, por lo que la comunidad internacional debe tomar partida en estos asuntos.  Además de los casos ya mencionados, Ortega Díaz se refirió a las 11 obras de Odebrecht que quedaron inconclusas, a documentos que comprometen a Jorge Rodríguez, al allanamiento que sufrió su residencia en Caracas y a su destino: informó que regresará a Colombia, debido a que Estados Unidos no le ha ofrecido asilo.

Destituida (y agredida)

Amenazaron y cumplieron. “Traidora, ya te llegó la hora”, le cantaron en la Plaza Bolívar y en menos de una semana lo llevaron a cabo. El sábado de ejecución de la Fiscal arrancó temprano, en una sede del Ministerio Público tomada por la GNB. Bajo el mando del operativo estaba el Coronel Bladimir Lugo, el mismo al que la Fiscalía había imputado por violación de los DDHH. Pero las circunstancias cambiaron y esta vez quien mandaba era él. Vestida con jean y una blusa negra –acaso presagio y expresión del luto que ya vivía- la Fiscal General se aproximó a la sede de Parque Carabobo para encontrarse con una pared de la GNB que no le permitió el acceso. “Me empujaron. Me atacaron con los escudos para que no entrara”, narró ante los medios. “Denuncio ante la comunidad internacional lo que está ocurriendo en este momento”, dijo con un hilito de voz, “¡No dejan entrar a la Fiscal General a la sede principal! (…) me atropellaron y casi me golpean”. ¿No teme por su cargo?, le preguntaron. “No. Yo temo por el país, por la seguridad de los venezolanos”, respondió. Yo voy a seguir luchando por la libertad y la democracia en Venezuela”, prometió y acto seguido volvió a asomar esa cartica de las 9 letras que tiene bien escondida pero que si no se apura en jugar se le va a vencer: “Con esto quieren esconder las pruebas de Odebrecht”, dijo y acto seguido, con un guardaespaldas enorme, se montó en una moto y arrancó. Apenas minutos habían pasado cuando en el Salón Elíptico se leía una carta enviada por el TSJ a Delcy Rodríguez, presidenta de la ANC, en la que le informaban que acababan de destituir a LOD de su cargo para proceder a realizar un antejuicio de mérito en su contra. Además, agregaban, la habían inhabilitado para cualquier cargo público, tenía prohibido salir del país y todos sus bienes estaban congelados. Entonces, diligentes como ellos solos –“¡eso no puede quedar vacío!”, dijo Diosdado- procedieron a nombrar a Tarek William Saab como nuevo FGR con el fin de que encabece la restructuración del MP “desde el primer funcionario hasta el último”.