La izquierda de las misses

Cuando me contrataron dije: “Va, es tan extraño que me divierte”. Acto seguido me arrepentí. Después me puse malvada, pensé redactar glosas con mensajes escondidos y otras conspiraciones libertarias, para ver si destruía alguno de nuestros tantos complejos, basados en la belleza de mujeres imposibles. Al final entendí que era solo un trabajo, me conquistó mi buen equipo y empecé a aprender.

Todos los días descubro más detalles que hacen de este país una obra trágica en loop Caribe. La belleza idealizada que enorgullece en automático a miles de venezolanos creó narcomodelos y suicidas que compadezco, demasiadas chicas dan su vida por aparecer en la televisión que mis padres comunistas nunca me dejaron ver pero siempre tuvimos. Si en este país las peluquerías abren a las 6:00 am. y existen más de diez en un mismo centro comercial, es por causa del Miss Venezuela, que seguro representa la mitad de nuestra estética. Queriendo cambiar al mundo y viendo cómo nada cambiará, archivo el contenido que no usaremos en este nuevo show y me pregunto a cada tanto cuándo fue que nos convertimos en la Venezuela del espectáculo.

Desde el 52 estamos en estas, cuando Pan American Airways creó el Miss Venezuela para llevar a “la mujer más bella del país” a modelar en el también recién estrenado Miss Universo. Miss Bolívar se fue a desfilar en traje de baño a California, mientras que Pérez Jiménez rondaba la presidencia y Ruiz Pineda moría asesinado quizás por agentes de la Seguridad Nacional, la temida SN. En el 53 se repitió el concurso, cuando el primer canal del país, la Televisora Nacional, comenzaba sus transmisiones. Ese mismo año Pérez Jiménez era nombrado presidente y Pinto Salinas era asesinado por la SN, mientras los colegios católicos les prohibían a sus alumnas participar en el inmoral concurso. Por mala o buena suerte, yo estudié en un colegio de esos, y a los 15 años, mientras mis amiguitas se operaban las tetas con el permiso y el dinero de sus padres, a mí no me dejaban hacerme un piercing en la nariz porque, imagínate, ¿cómo que a los 15 años un piercing?

Candidatas al primer Miss Universo. 1952

En 1954 no hubo concurso, el país andaba extraño. Estados Unidos le otorgaba la Legion of Merita Pérez Jiménez, moría Armando Reverón y nacía Hugo Chávez. Un año más tarde y en plena dictadura se realizó el tercer Miss Venezuela. Cuentan que Wolfgang Larrazábal alegó que por ser militar, macho y jurado, decidía que la ganadora era Mireya Casas. Carola Reverón de Behrens, también jurado, replicó que decidiría el aplauso del público. Susana Duijm ganó para convertirse en la primera Miss Mundo latinoamericana. Mientras Ernest Hemingway venía al país a ver una corrida de toros se coronaba a la cuarta reina, y en 1957, año en que Perón sufría un atentado en Caracas y Walt Disney visitaba Venezuela, se entregó la quinta corona. Con Hemingway y Disney mis padres, contradictoriamente, nunca tuvieron problemas.

La dictadura estaba haciendo sus desastres, el Congreso anunció que habría elecciones, Pérez Jiménez refutó y dijo que más bien haría un plebiscito y claro que ganó. Las universidades protestaron, quemaron leyes y retratos del gordito. La UCV fue clausurada temporalmente. 1958 comenzó con el 23 de enero, el gordito se fue con su Vaca Sagrada, y Richard Nixon visitó al país que lo recibió con piedras y tubos por haber apoyado al prófugo. El greengo se fue por donde vino, rescatado por sus marines y sus paracaidistas. Rómulo Betancourt ganó las elecciones y nació Elluz Peraza, segunda Miss que renunció por amor para casarse al día siguiente de haberse coronado, y divorciarse cuatro años después. La primera fue María José Yellici, que abdicó a petición de su novio Guillermo Zuloaga, quien le propuso una boda que nunca pasó.

Con el dólar a 4,30 Betancourt sufre un atentado, detallazo del dictador dominicano Trujillo. Al año siguiente Cabrujas y Chalbaud comenzaron a trabajar para RCTV, con el propósito de intentar una televisión menos estúpida. Nacieron Maritza Sayalero, Irene Sáez, Andrés Galarraga, Henri Falcón y el Conde del Guácharo. Un año más tarde nació Maye Brandt, Miss Venezuela 1980, quien después de casarse con Jean Carlo Simancas, se suicidó en 1982. Abundan versiones. En 1980 el Miss Venezuela aparecía por segunda vez a todo color, el país estaba tan emocionado que hasta la Policía Metropolitana le hizo un regalo a su nueva reina: la nombró agente femenino honoraria, con uniforme y una pistola 3.65 cargada. Cuentan que al leer un comentario de María Conchita Alonso en el que decía que Simancas se casó con Brandt por despecho, la chica no aguantó, llamo a Irena Sáez, ella no contestó, y se disparó con su regalo. La versión entre los técnicos del canal es que Maye consiguió a Jean Carlo en la cama con Yani Chimaras y esto detonó su muerte. Chimaras se convirtió a la larga en un número más de la Venezuela revolucionaria que él mismo defendía. Estuvo en medio de un secuestro justo el día en el que grabaría el último episodio de la novela Ciudad Bendita. Desagradables ironías venezolanas.

Maye Brandt

En el 63 nacieron Astrid Carolina Herrera y Bárbara Palacios. Teodoro Petkoff se escapó del séptimo piso del Hospital Militar, a donde, cuentan, lo habían llevado cuando lo encarcelaron, después de beber medio litro de sangre para fingir enfermedad. Este guion no para. En el 67 la guerrilla está bien activa. Mariela Pérez Branger es finalista en el Miss Universo, Venezuela anda esperando otra corona pero con lo que se conseguirá, días después, será con el famoso -y trágico- temblor del 67. Secuestran al niño Vegas, en Caracas se prohíbe por inmoral la proyección del Último tango en París, se suicida Allende y García Márquez le dona su premio por Cien años de soledad a José Vicente Rangel, quien pierde las elecciones. Imaginen por quién votó mi familia.

Aquí nacen misses cuando se mueren intelectuales y se escapan comunistas por túneles de tierra, aunque algunos se apagan por torturados, como el padre de Jorge Rodríguez. El mismo año en que nacieron Alicia Machado y Jacqueline Aguilera, perdimos a Aquiles Nazoa y murieron todos los miembros del Órfeon Universitario en un accidente de avión. Repetimos la frase del buen país que nunca llega, como la buena televisión que se asomó. Si mis padres me hubieran dejado prenderla, quizá hubiera querido ser Miss, y mientras mis amigas se alisaban los rizos a los 12 años yo hubiera estado haciendo lo mismo. Solo me acerqué a la TV los pocos años que María trabajó en casa, cuando escuchaba la telenovela que ella estaba viendo mientras me peinaba mi afro catire y mal visto. Algo aprendí para poder defenderme en este país melodramático, de intentos fallidos y non sense. Y quizá gracias a eso hoy tengo un buen trabajo.

 

Por Mariana Maduro

El cáncer también es una historia de princesas

Yerlin Rincón tenía diez años cuando le diagnosticaron cáncer. Todo comenzó por un dolor en la pierna derecha. Al principio su familia pensó que era una excusa para no ir al colegio, pero las quejas de Yerlin aumentaban así que, finalmente, terminaron por consultar a un traumatólogo. Dieron inicio, como es habitual, los interminables exámenes médicos. Sin embargo, el osteosarcoma que se había alojado en su rodilla pasaría un par de meses más sin ser descubierto.

El 25 de agosto de 2016 es un día que la familia de Yerlin no olvidará nunca: fue cuando la internaron por primera vez en el Hospital de Guanare, una zona rural de Venezuela ubicada en el estado Portuguesa. “Eso fue en la mañana”, dice Jennifer Rincón, hermana de Yerlin, “estábamos jugando, se sentó en la cama y oímos un sonido que venía de su rodilla”. Después del “crack” llegaron los gritos, el llanto y el ingreso a urgencias.

Así comenzó Yerlin su larga travesía en busca de un diagnóstico. Después de que una tomografía evidenciara la presencia de una lesión ocupante de espacio (LOE), el siguiente paso era realizar una biopsia. Para ello, llevar a cabo una intervención quirúrgica era inevitable. Como a casi cualquier niño, a Yerlin no le gustaban los hospitales: “Ella le temía a todo lo que tuviera que ver con quirófanos o inyecciones”, asegura Jennifer, por eso su mamá y sus dos hermanas se las ingeniaron para que nunca estuviera sola. “De esta vamos a salir”, se repetían unas a otras.

Tras un mes de espera, los primeros resultados: “Biopsia no concluyente”. No hay diagnóstico. Era necesario repetir la prueba y tomar una nueva muestra, someter a Yerlin otra vez a una intervención. Pero lo peor de todo era perder más tiempo. Cuando el diagnóstico por fin llegó, en noviembre, más de dos meses después de aquel 25 de agosto, las células cancerosas ya se habían expandido por el cuerpo de Yerlin: los osteosarcomas son altamente metastásicos.

Desde que su familia puede recordar, el sueño de Yerlin era ser Miss Venezuela. A los seis años notó que su estatura sobrepasaba por mucho a la media: sus piernas largas prometían servir como un trampolín a las pasarelas. Por eso, cuando los doctores asomaron la posibilidad de una amputación, el golpe fue brutal, la vida parecía estarles jugando una broma cruel. Sin embargo, todos los que conocieron a Yerlin dicen lo mismo: siempre se mantuvo hermosa. Hasta el día de su muerte, e incluso después, Yerlin sería conocida en el Hospital de Guanare como Miss Portuguesa 2024.

Yerlin Rincón antes de su enfermedad. Portuguesa, Venezuela. Foto: Archivo familiar

“Ese era el año en el que hubiera podido participar en el concurso”, explica Claret De Gouveia, Miss Amazonas 2016, “en el 2024 Yerlin habría tenido 18 años y, claro, habría representado a Portuguesa, su estado natal”.

Claret, sin embargo, participó en el concurso cuando tenía 24 años. Las condiciones estaban dadas: estaba en la edad, había terminado su carrera, “¿por qué no?”, pensó, y entonces lo hizo. Su participación fue especial, no dejó a nadie indiferente: recién graduada de médico cirujano, sería conocida como “la Miss Doctora”.

“Mientras estuvo hospitalizada, Yerlin se entretenía viendo programas de mises, le encantaban, se emocionaba mucho”, cuenta Jennifer. Ese año vio el paso de Claret por el concurso sin imaginar que pocas semanas después se volverían inseparables.

Sucedió cuando Yerlin fue trasladada a Caracas. En el Hospital de Guanare los recursos eran limitados, además no había una unidad de oncología pediátrica. No podían atender un caso como el suyo y por eso la enviaron a casa. Su familia, que se resistía a la idea de quedarse con los brazos cruzados, buscó la manera de hacer un traslado a la capital. Gracias a una tía consiguieron una cama en el Hospital Militar, uno de los pocos centros de salud abastecidos en Venezuela. Una vez allí, Yerlin recibió la mejor atención, aunque sólo se tratara de cuidados paliativos. Su pediatra, el doctor Gustavo Yánez, lo asegura: “Yerlin tuvo una muerte tranquila, no le faltó nada, cumplió todos los sueños que te puedas imaginar”.

Él personalmente se encargaría de que así fuera.

“Era de mi tierra natal, era una niña preciosa, tenía porte de Miss, ¡y quería ser Miss, de paso!”, recuerda el doctor Yánez. Para él fue inevitable involucrarse con su historia. Cuando en el Hospital Militar descubrieron la pasión de Yerlin por el Miss Venezuela, le presentaron al doctor Gustavo. Él, con suficientes contactos para regalarle a la niña el mejor día de su vida, le aseguró a la familia que pronto tendría una sorpresa para Yerlin, así que intercambiaron números de teléfono y quedaron en contacto.

El doctor Gustavo había conocido a Miss Amazonas, Claret de Gouveia, hace algunos meses. Fue un encuentro casual en un centro comercial. Sin embargo, el contacto se mantuvo ya que, entre otras cosas, él y Claret compartían la misma profesión. Cuando la llamó para contarle la historia de Yerlin, ella no dudó en involucrarse, y con ella también otras de las mises que ese año hacían vida en el concurso.

Especialmente se involucraría, junto con Claret, Melanie Gerber, que para la fecha era Miss Anzoategui. Cuando le contaron el caso se sumó a la causa y hoy, casi un año después de su primer encuentro con Yerlin, confiesa que conocerla fue lo mejor que le pudo haber pasado: “Gracias a ella hoy soy una persona totalmente diferente, obviamente para mejor”. Para describir la relación que las unió, le basta una palabra: “Mágico, fue algo mágico”, dice.

Las hadas madrinas existen

Poco tiempo después, llegó la sorpresa: “El doctor Gustavo llamó a mi mamá y le dijo que arreglara a Yerlin porque iban a ir unas mises a visitarla”, cuenta Jennifer. Después de un rato, comenzaron a llegar.

Con Anyela Galante, Miss Venezuela Mundo, Yessica Duarte, Miss internacional Venezuela, y Andrea Rosales, Miss Tierra Venezuela. Foto: Archivo familiar.

Jennifer recuerda la reacción de su hermana: “Cuando las vio, muy altas, bonitas… Se emocionó muchísimo. Le llevaron una banda que decía ‘Miss Portuguesa’, le llevaron regalos, almorzaron juntas… Ese día fue grandioso para ella, nos dijo que había sido uno de los más felices de su vida”.

Yerlin junto a Claret, Melanie y el Dr. Yánez Foto: Archivo familiar.

“¡El hospital se llenó de reinas de belleza!”, recuerda el doctor Yánez, “traían coronas y bandas originales, ropa, maquillaje… ¡Esa niña no lo podía creer! Me decía ‘¡Doctor, me duele el corazón!’. Antes de esto, Yerlin era una niña que anímicamente estaba muerta, estaba en una progresión de la enfermedad total, muy desanimada, y ese gesto, cumplir su sueño de sentirse como una Miss, la devolvió a la vida”.

Aunque ese día Yerlin disfrutó con todas las mises, hubo dos con las que tuvo una relación especial. Claret y Melanie llegaron a la vida de Yerlin para quedarse. Ambas, a partir de ese momento, se convertirían en sus hadas madrinas, como ella las llamaba.

“Estuvimos conociendo su caso: Yerlin era de una familia de bajos recursos. Dependían de la salud pública y, claro, en medio de una crisis sanitaria, era muy complicado para su mamá costearle los tratamientos, acceder a quimioterapias, además de haber tropezado con muchas trabas diagnósticas”, explica la doctora Claret.

Por eso decidió canalizar el uso de sus redes sociales en pro del caso de Yerlin.

Claret siempre quiso ser médico y su motivación fue la misma desde que tiene memoria: “Ayudar a las personas”. Cuando terminó la carrera decidió tachar el Miss Venezuela de su checklist. Al principio, lo hizo por hobby, pero una vez dentro del concurso se dio cuenta del alcance comunicacional que tenían las mises en su país. A partir de ese momento comenzó a utilizarlo como un brazo más de su profesión.

“Durante el Miss Venezuela, y después, tuve la posibilidad de apoyar a muchos pacientes. Me di cuenta de que podía involucrarme y apoyar buenas causas y eso para mí es muy reconfortante”, asegura Claret. Sin embargo, hace énfasis en que “tampoco podemos olvidar que el Miss Venezuela es un concurso de belleza, no de almas caritativas, entonces en algún punto yo no pude trascender tanto como hubiese querido, aunque me doy por bien servida”, explica.

Y así fueron mezclando la salud con la belleza para ayudar a Yerlin: no sólo conseguían proveer todo aquello que necesitaba para su tratamiento, como agujas, medicinas, o exámenes específicos, Melanie y Claret iban también a jugar, a divertirla y, especialmente, a recordarle que era bella a pesar de todas las inseguridades que pudiera sentir por los cambios que había generado en ella su condición.

“Queríamos conseguir dos cosas: procurar que no le faltase nada médico y conseguir que viviera esa fantasía de cualquier niña de diez años que en lo que debe pensar es en sus muñecas, en jugar, en sus cosas, y no en un diagnóstico tan duro como el que tuvo”, afirma Claret. Por eso en sus últimos meses de vida Yerlin tuvo más abundancia de la que jamás se imaginó: muñecas, vestidos, maquillaje… y muchos amigos.

Pero posiblemente el momento favorito de todos los que vivieron esta historia fue la celebración del cumpleaños número once de Yerlin. Ella, que nunca había celebrado un cumpleaños con piñata, no sólo tuvo una gigante esta vez, además la agasajaron con cinco tortas diferentes, con muchísimos regalos, con visitas especiales de personas a las que siempre había soñado conocer, con música y, por supuesto, con la presencia de sus seres queridos y de todos los niños del servicio de oncología.

Yerlin Rincón junto con el doctor Gustavo Yánez, Claret De Gouveia, Melanie Gerber y Keysi Sayago, actual Miss Venezuela. Foto: Archivo familiar.

Fue un diez de febrero. Claret y Melanie se encargaron de organizar la fiesta de Yerlin. “El día de su cumpleaños ella estaba muy feliz. Su fiesta fue de Frozen, que le encantaba, la disfrazaron de Elsa. Además, estaba con nosotros, con su familia. Yerlin estaba feliz. Esa noche, antes de dormir, nos dijo que había sido uno de sus mejores cumpleaños”, recuerda con nostalgia su hermana, Jennifer.

Para ese momento Yerlin ya no tenía cabello. También había perdido su pierna derecha, un mes antes, tras afrontar la amputación a la que tanto temía. Pero su último cumpleaños fue muy feliz. Después de todo, para eso son las hadas madrinas.

El luto

“Usualmente pensamos que el luto hace referencia a la muerte de alguien, pero, en realidad, el luto se genera cuando tú pierdes algo”, explica la doctora De Gouveia, “cuando tú pierdes la cotidianidad, elaboras un luto; cuando pierdes tu cabello, elaboras un luto; cuando pierdes la posibilidad de sentirte bonita, atraviesas por un luto también”.

Mientras su familia se enfrentaba al luto que suponía perder a la integrante más pequeña y hermosa de la casa, Yerlin batallaba con uno distinto: su propio reflejo que se había convertido en un extraño. Ella era otra, se sentía otra en esa cama de hospital: notaba los cambios que generaba en su cuerpo una agresiva quimioterapia, la pérdida de peso, de movilidad, los mechones de cabello que se caían en la ducha y, además, la posibilidad de perder una de sus largas piernas de modelo amenazaba con destruir sus sueños.

“Cuando se enteró de que iba a perder su cabello comenzó a llorar. Fue una noticia muy dura para ella”, cuenta Jennifer, “le ofrecimos cortárnoslo todas, le explicamos que le iba a volver a crecer, le dijimos que se iba a ver igual de hermosa, que iba a parecer una de sus muñecas… Le dijimos muchas cosas hasta que fue perdiendo el miedo”.

Después de un tiempo, sería la misma Yerlin quien tomaría la decisión de cortar su larga cabellera. “Hermana, córtame el cabello porque me molesta muchísimo. Córtamelo por los hombros”, le pidió a Jennifer, y su hermana así lo hizo. Poco tiempo después, Jennifer, o Pepe, como le decía Yerlin, recibió una solicitud que jamás hubiera podido imaginar: “pásame la máquina, Pepe. Me molesta mucho el cabello y además me da calor”.

Las versiones coinciden: a pesar de perder todo su cabello, Yerlin continuaba hermosa. Su rostro se resistía a perder el encanto. A veces, cuando se miraba en el espejo, incluso ella lo notaba. Otros días, más difíciles, más opacos, necesitaba un empujón para mantener el ánimo. La presencia de Melanie y de Claret era vital en esas ocasiones.

Yerlin Rincón junto con su hermana, Jennifer Rincón, y Melanie Gerber. Foto: Archivo familiar.

En sus visitas, además de jugar, conversar y tomarse muchas fotos, enseñaban a Yerlin a maquillarse, aunque siempre le insistían en que a ella no le hacía falta. Las sesiones de maquillaje, de manicura o pedicura, conseguían que Yerlin se reconciliara con su imagen, hacían más llevadera la situación.

Un día, Claret y Melanie aparecieron en el hospital con un regalo muy especial para Yerlin: “Hablamos con Ivo Contreras para donarle una peluca, él es quien hace las pelucas para el Miss Venezuela. Le hicimos una lo más parecida posible a su cabello original. La cara de felicidad de esa niña cuando se la dimos… ¡No te la puedes imaginar!”, recuerda Melanie.

“El cabello en Venezuela se cotiza a un precio muy elevado. Las extensiones o las pelucas pueden llegar a costar 800 o 900 USD, un monto muy alto para un venezolano común”, afirma Claret, “pero para estos pacientes tener acceso a estas herramientas representa la posibilidad de mantenerse dentro de una cierta normalidad, aferrarse a lo familiar que han tenido toda la vida, porque desde que nacemos tenemos cabello. En medio de tantos cambios, poder aferrarnos a algo es imprescindible”, asegura la doctora y, en ese sentido, gracias a todos los apoyos que recibía, Yerlin logró conservar, por lo menos hasta cierto punto, la normalidad en su vida.

Pero después llegó la amputación, un golpe fatal. “Mi otra hermana ya había comenzado a asomarle que existía la posibilidad de que perdiera su piernita. Le decía que tenía un animalito ahí que le estaba haciendo daño y que tenían que sacárselo para que estuviera más tiempo con nosotras”, recuerda Jennifer.

Claret, por su parte, afirma que la posibilidad de perder la pierna era quizá lo que más le preocupaba a Yerlin: “Yo creo que ella, gracias a Dios, no alcanzaba a tener plena consciencia de su enfermedad. No concientizaba morir, su miedo era perder la pierna y la posibilidad de ir al concurso. Para Yerlin el Miss Venezuela era un sueño: era la posibilidad de conocer Caracas, era la posibilidad de tener mejores ingresos para su familia, porque asumía que era súper rentable; el Miss Venezuela para ella era sentirse famosa, era ese sueño de la grandeza. Y por eso, finalmente, su preocupación de cara a la enfermedad no era tanto morir: era no poder participar en el concurso”.

Yerlin Rincón con la peluca donada por Ivo Contreras. Foto: Archivo familiar.

“Yerlin me preguntaba: ‘pero ¿yo de verdad voy a poder modelar como ustedes con una pierna así?”, recuerda Melanie, y luego, cuando trata de explicar la belleza de Yerlin, no consigue las palabras. “Yo le insistía siempre en que era una niña hermosa, en que tenía una sonrisa preciosa, en que no le hacía falta maquillaje para verse como una princesa… Y Yerlin era nuestra princesa”, dice al final.

Entre su familia, sus hadas madrinas y el doctor Gustavo, emprendieron entonces una labor larga pero que daría buenos resultados. Buscaron fotos de modelos diferentes, modelos amputadas, modelos con vitíligo, modelos de diferentes tallas, modelos con rasgos físicos inusuales, y así comenzaron a mostrarle a Yerlin que la belleza era mucho más que el patrón que ella conocía. “Si ellas se sienten bellas es porque lo son, no simplemente porque alguien les diga que sí o que no”, le explicaba Claret, “¡si se sienten así, lo son y punto!”.

“Comenzamos a buscar historias para motivarla y también comenzamos a mostrarle prótesis”, dice su hermana. El problema de los fondos, que en Venezuela suponen una importante complicación, sería solventado con ayuda de Melanie y Claret. Lo importante era permitir que Yerlin tuviera opciones, o que por lo menos lo sintiera así.

“Si te arrebatan algo de tu cuerpo, tú quieres restaurarlo de una u otra manera”, puntualiza el doctor Gustavo Yánez. “Muchos dicen que esto es solamente una fachada de la persona, y puede ser, pero esa persona valora el hecho de sentir que sigue siendo quien siempre ha sido”, explica Yánez.

“La gente tiende a percibir la belleza o la imagen como algo superfluo, como algo banal, pero no se dan cuenta del impacto que puede tener. Aunque la belleza es subjetiva, sentirse bien con uno mismo empieza por reconocer lo que ves en el espejo. Cuando a ti te gusta lo que ves frente al espejo, eso cambia tu vida”, reflexiona, también, Claret, la “Miss Doctora”. “El maquillaje, la peluca o la posibilidad de tener acceso a una prótesis, eran distractores para que Yerlin mantuviera su ánimo y su energía”, asegura De Gouveia.

Al final, Yerlin terminó por aceptar también la amputación. “Si es por estar más tiempo con ustedes”, decía… Y así lo hizo.

Su cirugía fue programada para enero. Todo estaba listo y parecía estar bajo control. Sin embargo, sus exámenes preoperatorios deparaban un nuevo trago amargo para Yerlin y su familia: “Cuando revisamos sus exámenes de sangre, resulta que la niña presentaba un VIH positivo contraído por una trasfusión sanguínea”, recuerda el doctor Yánez, “eso complicaba mucho más las cosas, claro, porque suponía tratar con antirretrovirales a una paciente con la condición de Yerlin, que recibía quimioterapia”.

Una de las primeras trasfusiones de sangre que recibió Yerlin en el hospital de Guanare estaba infectada. “No pudieron saberlo porque no había reactivos”, explica Jennifer, que también denuncia que este centro de salud se encuentra en condiciones críticas. “Para mi mamá fue muy duro porque ya se sumaba el cáncer más el VIH. Nuestras esperanzas disminuían, era muy fuerte”, recuerda Jennifer.

A Yerlin, por su parte, nunca se lo dijeron. Cuando llegaron los resultados le aseguraron que todo estaba bien. “Eran demasiadas malas noticias para una niña”, dice su hermana.

Morir como Yerlin

Ella ya lo sabía, cuenta su hermana Jennifer, “algunos días antes dejó escrito en notas que le dolía mucho y que sabía que se iba a ir al cielo con Dios”. Su madre, la señora Rosa, también tenía ese semblante triste de quien siente que la vida de un ser amado se le escapa de las manos. “Me dijo que sentía que su angelito se le estaba yendo”, recuerda Melanie Gerber.

Y tenía razón.

Yerlin, sus hermanas y su madre se encomendaron a Dios. Sus hadas madrinas también. Después de tantos meses atravesando esa dura enfermedad, todos aquellos que la querían estaban dispuestos a aceptar que había llegado el final del camino. Se consolaban, como de alguna u otra forma lo hacen todos, con la idea de que “ahí”, adonde quiera que Yerlin fuera después, ya no habría dolor, no habría cansancio.

La historia clínica de Yerlin bien podría ser una oda a la injusticia: su osteosarcoma, que al final se alojó en ambas rodillas, hizo metástasis en pulmón. Posteriormente afectaría también a otros órganos. Tendría que enfrentar una amputación de la pierna derecha. A su condición de base se sumaría un VIH positivo contraído a través de una trasfusión sanguínea contaminada. Sufriría también un ACV. Finalmente, tras una semana de deterioro, Yerlin moriría de un paro cardiorrespiratorio el 3 de junio del 2017.

Sin embargo, es posible que nadie que lea estas líneas pudiera atravesar ese largo camino como lo hizo Yerlin: esa niña guapa y de once años que jamás dejó de sonreír. Por eso la muerte de Yerlin tuvo, y mantiene hoy, un aura de dignidad. Porque frente a la injusticia, que le arrebató incluso su último aliento, Yerlin fue feliz.

Yerlin mantuvo la fe en la vida, en la vida como una luz más allá de ella y sus circunstancias. A pesar de su enfermedad, de las dificultades, del dolor o del miedo, Yerlin Rincón venció el cáncer: “Nosotros le ganamos al cáncer, indistintamente de que Yerlin falleciera, porque la hicimos la niña más feliz del mundo”, reflexiona Melanie.

Como siempre pasa, la vida continuó después de la muerte de Yerlin, y aunque nada sigue igual, todo parece lo mismo. A pesar de que su muerte fue dura, todos los involucrados en esta historia han aprendido que en el recuerdo también hay vida.

Así, Yerlin ha encontrado la manera de seguir viviendo. Y lo hace a través de un legado: de las donaciones que aún recibe el doctor Yánez, por ejemplo, o de la fundación Somos Vida, gestionada también por Yánez y que se encarga de apoyar a pacientes oncológicos infantiles. Yerlin sigue viviendo en Melanie y en Claret, en la idea de la belleza con propósito. Yerlin sigue viviendo en la unión de su familia.

Hace un mes, la peluca que tantas alegrías le brindó a Yerlin fue donada. La recibió una chica de 15 años con alopecia idiopática. “Era como ver a Yerlin otra vez”, recuerda el doctor Gustavo, y quien escribe, entonces, no puede evitar pensar en una frase: “donde hay esperanza hay vida”. Sí, y donde hay amor, también.

Epílogo: las niñas son mises y los niños son peloteros

“En Venezuela, las mises son percibidas como las mujeres intocables”, afirma Melanie Gerber, Miss Anzoátegui 2016, y puede que esta sea la razón de que el sueño de convertirse en reina de belleza sea tan cotizado entre muchas niñas. “Sobre todo en las poblaciones rurales, si eres niña, tu familia quiere que seas Miss, y si eres niño, quieren que seas pelotero”, explica Claret de Gouveia, Miss Amazonas 2016.

Sin embargo, y más allá de la belleza, Claret y Melanie se quedan con la misma sensación tras su paso por el certamen: el alcance y el poder comunicacional que tienen las mises, herramientas que, lamentablemente, se diluyen en aguas de vanidad.

En un contexto como el venezolano, que atraviesa conflictos políticos y sociales importantes, Melanie Gerber considera que una Miss debería tener el tacto de querer conectar con la gente y ayudarla, transmitir mensajes más profundos que simplemente la belleza.

“Si te soy sincera, yo, al final, no quería ser Miss Venezuela porque sabía que no me iba a permitir llegar tanto a las personas como lo hago ahora”, dice Melanie, que actualmente continúa apoyando pacientes y tiene planes de crear una fundación en conjunto con Claret.

“Yo durante el concurso sufrí un accidente y quedé con una cicatriz en mi pierna derecha”, cuenta Claret, “la maquillé y no se notó nunca. Nadie se enteró, pero termina el Miss Venezuela y a mí lo que me queda es la cicatriz”, afirma. Sin embargo, después de compartir con Yerlin Rincón se olvidó de sus complejos: “Ella tenía un problema mucho más importante en su pierna derecha, y era que la iba a perder”.

Claret asegura que su encuentro con Yerlin fue providencial. Además de ser un “cable a tierra”, sembró en ella algo más: la importancia de la belleza con propósito, la importancia de la belleza por mucho más que la belleza en sí misma.

Yerlin y otro paciente oncológico en compañía del Dr. Yánez, Claret, Melanie y una enfermera del servicio. Foto: Archivo familiar.

Por Gabbi Consuegra | @gabbiconsu

El padrino chino de las misses

Tomando Don Perignon Rosé. Así se encontró una vez la periodista Elizabeth Fuentes a Diego Salazar en un restaurant de Las Mercedes. El episodio ocurrió en 2016 y lo relató en ‘Descrifrado’. “Acompañado de una de sus ‘misses’ de turno” fue la expresión usada por Fuentes en ese entonces. Y es que hubo una época en la que hablar de Salazar y misses era casi redundante. El Padrino de las misses, hoy tras rejas, fue un hombre de excesos –blanqueó $2 mil millones en Andorra-, cuyo patrimonio se sustentaba en dos movimientos: por un lado, los contratos que obtenía para su aseguradora con la PDVSA que presidía su primo Rafael Ramírez, y, por otro, la habilidad para hablar (o hacerse entender) en mandarín. Ese turismo de lujo en Dubai no era una empresa al alcance de cualquiera, sino de quien fue capaz de tender puentes -bajo la consigna de “consultoría”- entre empresas chinas y el Ejecutivo venezolano.  Desde que se firmó el Fondo Chino-Venezolano en 2007, en las mesas de reunión de los proyectos de energía, agroalimentarios y de infraestructura había más salsa agridulce que rosada; y Dieguito lo sabía. “El caso chino es cien por cien Diego Salazar. Él era un lobista de los chinos y la embajadora de Venezuela en el país asiático le ayudaba”, publicó el sábado ‘El País’ de España, que explicó que Salazar le cobraba 10% de comisión a los chinos por obra adjudicada. Según el diario, durante sus funciones como enlace, Salazar abonó a su cuenta $49,2 millones. Los ex viceministros de energía Nervis Villalobos y Javier Alvarado, además de la primera finalista del Miss Venezuela 2006, Claudia Suárez, también aparecen en los archivos. La fortuna aglutinada no sólo sería destinada para el disfrute: como todo un Robin Hood rojo, este hijo de guerrillero creó una fundación con el nombre de su padre en favor de los niños pobres. Para promocionarla y generar el impacto mediático que necesitan los servicios de caridad, sus ahijadas lo ayudaban: las mujeres más bellas de Venezuela, ganadoras y concursantes, posaban –y cobraban– como imagen de un vínculo que jamás quisieron que existiera.

Las bolichicas

En la noche más linda del año no cualquiera puede triunfar, ni ser coronada Miss Venezuela. El precio por llevar la corona, o, incluso, por participar, puede implicar tener que hacer un pacto con el diablo o, mejor dicho, con sus hijos: los de la revolución, de cuyas arcas proviene ahora el dinero de la eterna financiación (para cirugías, vestidos, y arreglos) que siempre han tenido que costear las misses por caminos verdes, hoy rojos. Fue Annarella Bono, ex miss, ex ahijada de Chávez (estuvo casada con Rubén Morales, quien fuera edecán del único inmortal que se murió y hoy es presidente de Sudebán), que, harta de ser la única señalada, develó que en la regleta roja hay varias reinas enchufadas. Especialmente a través de la “Fundación Diego Salazar”, que bajo un barniz filantrópico -“asegurar que la mayor cantidad de niños cuente con las condiciones y recursos adecuados para crecer sanamente”- escondía una gran trama de corrupción. Hoy detenido por blanqueo de capitales en Andorra, Diego Salazar, Dieguito, primo de Rafael Ramírez, pasó de vendedor de seguros sin estudios a excéntrico millonario de gustos caros revelados por ‘La Nación’ de Buenos Aires: anfitrión de fiestas con champagne de €800, propietario de un edificio en Campo Alegre, cliente exclusivo del Burj Al Arab (el famoso hotel siete estrellas de Dubai), fundador de una orquesta de salsa de 100 músicos -pagados todos en dólares- y generoso cortejante –lo suyo era regalar Rolex a cada miss que contrataba-, tenía como presidenta de su “fundación” a Zoraya Villarreal, finalista del Miss Venezuela 1995. Es, sin embargo, Claudia Suárez, la primera finalista del Miss Venezuela 2006, la que está relacionada con él en actividades delictivas: contratada como modelo para hacer lobby con empresarios extranjeros, el nombre de la animadora de Globovisión aparece en una investigación de ‘El Pais’ que la señala como depositante de $1 millón en el Banco de Andorra. Y no son las únicas. Son apenas la punta de un iceberg que amenaza con hundir a la institución más frívola -pero institución al fin- de Venezuela, cuya suspensión temporal fue anunciada ayer.