Francisco Massiani en medio de un partido

 “Cuando escribes, eres un ser atemporal”

Francisco Massiani.

Es una soleada mañana caraqueña. Francisco Massiani está sentado sobre su cama con mucha placidez. Tiene una sonrisa diáfana. Verlo así impregna el ambiente de serenidad. Me saluda como si se tratara de una vieja amiga. Al frente está la imponente biblioteca –casi del piso al techo– de los libros heredados de su padre Felipe Massiani. Más allá, el patio de la casa cubierto de verde y de pájaros. Los Milagros, allí reside Pancho, el hombre para quien la literatura es magia e ilusionismo.

—Pancho, ¿podemos conversar?

—Sí, claro. Pero después que termine el primer tiempo.

Los ojos azules de Massiani apelan a la empatía. Él se refiere al partido de la segunda jornada del grupo F del Mundial Rusia 2018, entre las selecciones de Alemania y Suecia. Pancho es uno de nuestros escritores más queridos. Dicen que uno no debería conocer a sus escritores favoritos para no llevarse un chasco. La obra de Pancho invita a conocerlo con los que nos ofrece: luces y demonios. Porque “para escribir hay que tener honestidad y una gran nobleza”. Szymon Marciniak, árbitro polaco, da el pitazo inicial.

Primer tiempo

Francisco Massiani nació en una Caracas postgomecista. Hijo de Felipe Massiani, escritor, cronista y director de la Biblioteca Nacional; y de Edith Antonetti, una guayanesa con “los ojos verdes más bellos”. Creció junto a sus tres hermanos –Felipe, Jeanette y Coromoto– en una ciudad vestida de pueblo. Tenía siete años cuando tuvo que exiliarse junto su familia en Chile porque la ideología política de su padre iba en contra del régimen de Marcos Pérez Jiménez.

Durante su estadía en Santiago fue alumno de José Donoso, escritor chileno y autor de las novelas El lugar sin límites y El obsceno pájaro de la noche, en el Kent’s School. Massiani cuenta que su padre le recomendó leer diez minutos todos los días. El primer libro que le entregó fue La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, pero lo aburrió inmensamente.

Según dice, comenzó a escribir desde que nació. Siempre. Lorena Vargas, un amor chileno de la infancia, le regaló un diario y comenzó a llenarlo. A los 14 años escribió un poema llamado Puerto, cuando regresaba a Venezuela. Ya en el país se inició con la poesía y los cuentos fantásticos. A partir de allí no paró.

A principios de los años sesenta comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. No terminó. Se inscribió en Arquitectura. Tampoco culminó la carrera. Pancho se dedicó a escribir. El duende del que habló García Lorca se había adueñado de Massiani. No había vuelta atrás.

La pintura es otra de las artes que ha cultivado el autor de Piedra de mar. “Todos comenzamos a pintar desde chiquitos. La diferencia es que yo seguí pintando”. Varios de sus dibujos se han expuesto en galerías y han sido portadas de sus libros.

Es un lector ávido, en la mesa cercana a su cama tiene varios libros apilados. De los viejos escritores, le gusta Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva, Guillermo Meneses y de los contemporáneos destaca El libro de Esther, “es una bella novela”, de Juan Carlos Méndez Guédez.

Asimismo, ama viajar. Para Pancho, “un viaje siempre es enriquecimiento inevitable del espíritu”. Conoció París, Madrid, Barcelona. Visitó a la ciudad luz en 1965, volvió en 1969 –becado por el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA)– y de nuevo en 1978. Allí sucedió un acontecimiento que tomó notoriedad en la vida de Pancho: el día que no conoció a Cortázar.

Ya le fastidia decir lo que pasó con el gran cronopio, “lo he contado más de cien veces”. Era marzo de 1969, se hospedaba en el hotel Wettel con Clara, su pareja en ese momento. Lo llamó Antonio Gálvez, amigo y fotógrafo, para contarle que Julio Cortázar leyó un texto que había publicado en la revista Imagen, llamado “Después de Gálvez”, y quería conocerlo. Pancho llegó al edificio donde vivía Gálvez y donde lo esperaba Cortázar. Permaneció unos diez minutos pensando si subía o no. Pensaba ¿qué le voy a decir yo a Cortázar? ¿Cómo voy a hablar con ese gigante? Se fumó tres cigarros seguidos y tenía unas ganas enormes de tomarse un trago pero no tenía dinero. Cerró la puerta del edificio y se fue caminando hasta el hotel. Luego de contarle a Clara lo que había sucedido, echó una lloraíta.

Pancho en Mérida. 1976 Foto: Vasco Szinetar

La Sabana Grande de la República del Este fue una parada obligatoria para Massiani. Se reunía con sus amigos en los bares del boulevard. Gabriel Jiménez Emán cuenta que “una vez Adriano González León y Pancho Massiani le montaron una trampa a Luis Camilo Guevara en un bar y le hicieron creer, lo convencieron totalmente de que los marcianos habían tomado la Tierra y que ahora debíamos refugiarnos en bunkers, le mostraron la información armada por ellos y lo sugestionaron, lo intimidaron. Luis Camilo se quedó pensando un buen rato en la barra y después dijo: ‘Bueno, está bien, acepto que vengan los marcianos a vivir aquí. ¡Pero que no vengan con echonerías!’”.

Toni Kroos pierde la pelota en el mediocampo, la recoge Claesson para desplazarse hacia la banda y esperar el desmarque de Toivonen para hacerle el pase. El delantero bate la portería sin que Neuer pueda defenderse. Gol de Toivonen. Alemania 0 – 1 Suecia.

Pancho y Matilde Daviu, BK, Sabana Grande. 1976
Foto: Vasco Szinetar

Medio Tiempo – Piedra de Mar

—¿Pancho, qué te inspira a escribir?

—La vida. Aunque cualquier cosa puede inspirarte. Una pared, un poema, hasta una arrechera te puede inspirar.

Pancho escribía reseñas de libros y pinturas en la revista Imagen, de la cual Guillermo Sucre era su director. Simón Alberto Consalvi, director de Inciba, llamó un día a Massiani a su oficina y le preguntó si tenía una novela escrita. Pancho mintió, a los 21 años ya había escrito tres novelas –Renate o la vida siempre como un comienzo, Fiesta de campo y El veraneante–, pero se inventó una historia sobre un viaje para la playa en plena reunión entre panas. Tardó un año y medio en escribirla, y Guillermo Sucre le dijo que sería una de los primeros títulos de Monte Ávila. Así fue.

Monte Ávila Editores fue fundada por iniciativa de Simón Alberto Consalvi, Guillermo Sucre y Ulises Milla. Se convirtió en una de las mejores editoriales de Latinoamérica. Publicó a Pier Paolo Pasolini, Clarice Lispector, Juan Villoro, entre otros aclamados escritores. Piedra de Mar es la novela más reeditada de esa casa editorial con 17 reediciones. La última es del 2018.

La voz del autor en la novela es desenfadada con toques de humor e ironía, con un lenguaje coloquial y fresco. Sobre el protagonista de su historia cuenta que Corcho es un muchacho prematuro en muchas cosas, lee mucho para su edad. “Sospecho que Piedra de mar es una novela magnífica. Esa es toda la explicación. Aún me parece muy buena”, dice Pancho sobre el éxito de la novela.

Las primeras hojas de la noche, El Llanero Solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes, Relatos, Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal y Con agua en la piel fueron editados por Monte Ávila Editores. Fiesta de campo y Renate o la vida siempre como en un comienzo, dos novelas cortas, fueron publicadas por Otero Ediciones; y su libro de cuentos Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer, por la Fundación para la Cultura Urbana y Sudaquia Editores, editorial asentada en Nueva York.

Segundo Tiempo

¡Gol de Alemania! Empata Reus. Centro de Werner pero Mario Gómez no llega a enganchar, aparece Reus para anotar con la rodilla. Alemania 1 – Suecia 1.

Los Milagros

Así se llama la casa donde se crió Massiani junto a sus hermanos y padres en una icónica urbanización caraqueña. Una casa blanca, luminosa, alta, amplia, llena de libros, dibujos hechos por Pancho y fotos de su hija y nietas. Fue un lugar de reunión y tertulias con los amigos de Felipe Massiani y sus hijos. Todos eran bienvenidos al hogar. Las conversaciones variaban desde la política nacional e internacional, la literatura hasta fútbol. Ahora, es el lugar donde amigos y seguidores van a visitar a Pancho. Y cuando el escritor se despide de ellos no duda en pedir para la próxima vez que le traigan cigarros y vino, si se puede.

El amor y las mujeres

Las mujeres tienen una presencia fundamental en la vida y obra de Massiani. Desde su madre, pasando por sus hermanas y terminando en su hija Alejandra Massiani y sus nietas, de las que habla con ternura y emoción.

Pancho es un devoto de la belleza femenina. Se casó y divorció de Norma Olivares, madre de su única hija. Su gran amor, el último, fue Belén Huizi, a quien conoció en la Librería Suma de Sabana Grande. Una presencia fundamental en su vida. Vivieron en el edificio Fontainebleau de Macuto, donde pudo estar cerca de sus lugares favoritos, del mar.

Con poco tiempo de diferencia, Massiani vivió pérdidas muy dolorosas. La muerte de Belén –a causa del cáncer– y la de sus padres. En el documental Francisco Massiani: Breve y arbitraria historia de mi vida (2015), Pancho grita: ¡a Belén Huizi! ¡Que la adoro todavía!

Aún le reclama su muerte.

Fútbol

Pancho es un gran seguidor del fútbol, por eso es un tema recurrente en su obra y sus conversaciones. Jugó como delantero en el Ávila Futbol Club hasta los 35 años. Admira a Lionel Messi. Cree que la Vinotinto no irá al Mundial y recuerda que la mejor era de la selección venezolana fue bajo la dirección de Richard Páez.

Habla con entusiasmo del gol de media cancha de Deyna Castellanos contra Camerún, en Mundial sub 17 Jordania 2016. Un gol que fue candidato al premio Puzkás del año siguiente. La delantera, dice, “es una extraordinaria jugadora”.

Para Pancho, la literatura y el fútbol tienen mucho en común: “Cuando tú juegas fútbol y driblas a dos o tres defensas e hinchas la malla con un golazo es muy parecido a cuando comienzas un cuento, seduces al lector poco a poco, lo llevas hasta el final y rematas. Eso es un golazo. Ambas cosas son apasionantes”.

Como dato curioso, el estadio de fútbol del parque Andrés Eloy Blanco en Puerto La Cruz lleva el nombre de Francisco Massiani, “eso es más importante para mí que el Nobel”.

Pancho también es Premio Nacional de Literatura 2012.

Tarjeta roja

Falta clara de Boateng con entrada por detrás sobre Marcus Berg. Es doble amarilla. El defensor sale del partido.

Pancho en su casa años 80.
Foto: Vasco Szinetar

Luces y sombras

Un eterno enamorado de la vida y de las mujeres. El llamado señor de la ternura pasó 20  años sin publicar, porque “la literatura no es fácil y duele en lo más profundo del alma”. Fue en el 2008 cuando volvió al ruedo.

Padeció, asimismo, un accidente automovilístico que lo dejó postrado y le provocó una fractura de cráneo. Además, desarrolló una dependencia al alcohol que le causó un coma etílico. “Yo soy mi peor enemigo, Pancho”, se increpa así mismo.

La remontada de Alemania en el minuto 95. Kroos juega en corto con Reus, este se la coloca y el mediocampista anota. ¡Qué golazo! Alemania 2 – 1 Suecia.

Tiempo adicional o descuento

18 de noviembre de 2018. 3:00 p.m. 14ª Feria Internacional del Libro de Venezuela. Casco Histórico de Caracas. Presentación de la nueva reedición de Piedra de Mar, por Monte Ávila Editores. Han pasado veinte minutos y Pancho no llega. Por un malentendido se presenta media hora después. La sala está llena, el público toma asiento y se dispone a escuchar al autor que quería escribir una novela sobre la juventud. “Me siento intimidado por ver a tanta gente que vino a escucharme. Me intimido como ante la belleza de una mujer”.

Terminada la actividad, varias personas se le acercan para que le firmen su ejemplar de Piedra de mar y tomarse fotos con él, desde adultos hasta unas adolescentes de 14 años. Pancho sonríe, aunque cansado, no deja de ser amable. Está por irse pero llega una mujer de 35 años, le dice que es su ídolo. Lo leyó a los 13 años y es su autor favorito. Le pide una foto. Massiani accede.

A la mujer se le aguan los ojos.

 

Por May Mijares | @SritaMaga

Foto de portada Yohanny García