Alerta roja: el totalitarismo de extrema izquierda no es un mito

Tengo un amigo que recién leyó 1984 el año pasado. Es venezolano y vive en Buenos Aires. Se fue para allá luego de padecer la crisis que instaló el régimen. En Venezuela fue profesor universitario y trabajó en una prestigiosa unidad de investigación. En Argentina se desempeña como repartidor, actividad para la cual tuvo que aprender algo esencial que sus años de estudio no le enseñaron: manejar bicicleta. Aunque trabaja fuera de su área, y en algo que espera que no le toque hacer mucho más tiempo, dice ser feliz: en el súper mercado siempre se consiguen sus galletas preferidas y al fin se pudo mudar solo con su novia. Esta última, por cierto, está de fiesta: ahora encuentra toallas sanitarias sin sentir que emprende la búsqueda de las ocho esferas del dragón.

Mi amigo, como dije, recién leyó 1984 en el 2018, lo cual es una especie de guiño irónico: 34 años después del futuro apocalíptico pronosticado por George Orwell, él concluyó que había vivido su propia versión de la novela en Venezuela. ¿Adivinan quién sería nuestro Gran Hermano?

Este 10 de enero, quienes han creado un Estado-mágico en el que se vive según su antojo y sus normas se autoproclamarán amos supremos del país por más tiempo, pese a que la mayoría de la población los rechaza y a que la palabra elecciones se deformó hasta leerse como fraude. Así lo entiende la mayor parte de la comunidad internacional, que manifiesta abiertamente su rechazo hacia el régimen totalitario de Venezuela y hacia sus representantes, por lo que amenaza con aumentar las sanciones que ya empezaron en el 2018.

Sabemos que 1984 aún no ha llegado porque en la población todavía existe la esperanza de cambio. Lejos de ser autómatas que siguen órdenes –aunque muchos no están lejos de llegar a ese estado de disociación–, hay una importante cantidad de venezolanos en Venezuela que hacen frente a la crisis y a sus problemas con creatividad, estoicismo y convicción. Lo que, sin duda, es una elegante forma de resistir los embates de ese gigantesco pulpo rojo que amenaza con meter sus tentáculos en cada hogar. En un territorio destruido, hay muchos que están empeñados en construir país.

Mi amigo, digámosle Luis, sintió que una flor se moría dentro de su estómago cuando llegó al final de la novela de Orwell. ¿Esa sensación es el futuro que nos espera a los venezolanos? Él quiere creer que no, pero hay dos cosas que no conviene soslayar. Uno, es innegable que ese movimiento político y social que empezó a secuestrar al país hace 20 años se inspiró en los peores regímenes totalitarios y en la narrativa apocalíptica de obras como 1984. Y dos, nada garantiza tanto una decepción como las expectativas exageradas.

Hace tiempo que renuncié a pronosticar. Venezuela me ha enseñado algo: todo es posible. Pero quien a estas alturas no sepa que el Niño Jesús son sus padres, está condenado a recibir más golpes (estos sí metafóricos) que los diputados opositores en la Asamblea.

El 10 de enero es una fecha más en el calendario. Una fecha en la que un régimen busca seguir dando pataletas de ahogado, para extender su reinado lo más posible y llevarse por delante (entiéndase matar, secuestrar o anular) a cualquiera que se oponga. Una fecha en la que alimentará una narrativa que ya se cae por el peso de la realidad. Y una fecha en la que, al fin, la mayor parte del resto del mundo terminará de rechazar oficialmente lo que representa.

Pero eso no significa que un meteorito va a caer de ipso facto y extinguirá a los dinosaurios.

La oposición venezolana necesita construir una narrativa creíble y que represente a la inmensa mayoría que rechaza al régimen pero que, al mismo tiempo, los ve con escepticismo. Necesita documentar y denunciar en todo el planeta lo que sucede en el país, y debe cohesionarse para conectarse con las personas. Todo esto si no quiere escenificar la precuela de una ficción en la que la palabra oposición ya no aparece en el diccionario.

Por estos días Jair Bolsonaro asumió la presidencia en Brasil. Sus declaraciones y su desfachatez lo hacen ver como el otro polo político de aquél presidente venezolano que llegara al poder en 1999. Por eso, y por sus simpatías con Trump, muchas agencias internacionales de noticias se refieren a él como el presidente de “extrema derecha”. Lejos de querer ir en contra de tal afirmación, solo me resulta curioso que esas mismas agencias no menten al régimen venezolano y a toda su estructura fraudulenta con los sustantivos adecuados. O que no lo hagan, al menos, con tanta insistencia.

Luis quedó destrozado al terminar el libro. Ojalá logremos que todos sepan que, si algo no cambia pronto, el 2020 venezolano puede quedar en 1984.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel 

Postales del aguante

1: Nosotros

A la calle, a la cama, al cuerpo, a la conversación: a todas partes llevamos la ruina de un país. Y duele. Duele enfrentarse a este exilio cotidiano. “El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del «sentido» de la vida”, decía Cioran, y nos ponemos de frente a una verdad que encandila: vivir aquí es inventarse un país todos los días, es poner barandas de distracción a los lados para salvarse del vértigo.

2: Sostenerse

Compartimos la bitácora de una desorientación colectiva: no tenemos a dónde ir. El país que conocíamos, se lo llevaron. Uno sale a encontrarse con una ciudad entristecida, llena de caras cansadas, expectantes: aquí no pasas, ya este lugar se fue, dice el otro que nos levanta una cerca, y sentimos que todos los días nos arrebatan algo. La batalla más dura: la del país por dentro, ese último suelo que cuidamos para que no se desprenda.

3: “…y todavía”

No sabemos de dónde viene tanta noche. Queremos que amanezca. Llueve en el camino, hay derrumbes, no nos dejan mirar atrás. Hay que seguir andando, nos decimos, porque querer más no puede ser motivo de vergüenza. El país no es el monstruo que vemos allá afuera. Y la llama de la voluntad insiste y alumbra. ¿De dónde salimos tan tercos? ¿Qué es esto que todavía nos sostiene?

4: Buscar, buscar

Todo tiene un nombre, todo en apariencia existe: los lugares, los discursos, las imágenes, la historia, las instituciones, pero condenados por la derrota interior de sus significados. Todo imita la realidad de las tiendas: abiertas y en pie, pero vaciadas por dentro. La herencia de este tiempo: lo ido, lo impropio, lo extraño.

5: Antifaces no

No sabemos dónde mirar y tropezamos. Hemos perdido nuestra propiedad sobre los significados del país. El Poder burló los órdenes, la confianza, los acuerdos sobre los que podría realizarse, la aspiración democrática. Ya nada es lo que era: ni la política, ni el comercio, ni la educación, ni los medios, ni los espacios de habla pública. Nada escapa de la prisión de la pantomima y la representación. Lo que nos queda: decir sin máscaras, valerse de un lenguaje propio, honesto, desvestido.

6: ¿?

¿Irse a dónde? Podremos llevarnos fuera, quizás, pero ¿qué hacemos con el país que nos persigue? ¿Qué le decimos para dejar de forcejear por la mañana? ¿De qué me despido? ¿A quién le doy la espalda?

7: Aquí

Habría que comenzar por dejar los gritos, recoger los escombros de la memoria, encender las velas y resistir.

 

Zakarías Zafra | @zakariaszafra

Dolor país, las protestas de 2017 y sus secuelas

Venezuela fue sacudida en 2017 por un nuevo ciclo de protestas ciudadanas que duró cuatro meses y dejó un amplio saldo de personas fallecidas, heridos y presos políticos. Al final, este movimiento se agotó sin una clara resolución de la crisis política y económica que padece el país. Hoy se observa un incremento del autoritarismo, de la militarización y de la crisis, pero al mismo tiempo se percibe un creciente descrédito opositor. Tanto la Asamblea Nacional como la Asamblea Nacional Constituyente son instituciones desprestigiadas. Y todo apunta a una convivencia cada vez más precaria, con una población cada vez más vulnerable y sin salidas a la vista.

El 27 y 29 de marzo de 2017 la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia emitió las sentencias 155 y 156 que, entre otras cosas, declararon a la Asamblea Nacional en desacato, retiró la inmunidad parlamentaria y ordenó que, “mientras persista la situación de desacato”, esa misma sala ejercería las competencias parlamentarias. Acciones que fueron evaluadas tanto dentro del país como a nivel internacional, particularmente a través de la OEA y el alto comisionado de las Naciones Unidas, como un golpe de estado judicial o un “autogolpe”. Las sentencias eran parte del enfrentamiento entre la Asamblea Nacional, como único poder bajo el control de la oposición política, elegida a través del voto popular en 2015 y el resto de las instituciones del Estado bajo el control del chavismo. Sin embargo, al día siguiente, de manera sorpresiva, la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, otrora aliada del Gobierno, se declaró en contra de ambas sentencias por representar “una ruptura del orden constitucional”, develando una fisura importante dentro del poder gubernamental.

Las sentencias condujeron a protestas a partir del 30 de marzo, a pesar de que Maduro ofreció mediar en lo que denominó como “un impasse”, convocando al Consejo de Defensa. Al día siguiente, 1 de abril, el Tribunal Supremo emitió en su página de Internet una nota “suprimiendo” los contenidos de las sentencias 155 y 156 referidos a la inmunidad parlamentaria y a la adjudicación a la sala constitucional de las competencias parlamentarias, como respuesta al exhorto de ese Consejo.

El 30 de marzo se produjeron manifestaciones de grupos estudiantiles frente al Tribunal Supremo de Justicia, junto a parlamentarios de oposición que llegaron a escaramuzas con la Guardia Nacional Bolivariana, lo que condujo a un ciclo de protestas que duró cuatro meses.

Dolor país, las protestas de 2017 y sus secuelas

Antecedentes

Para comprender el estallido en la calle es crucial entender las tensiones políticas heredadas del año anterior. En el 2016 la oposición, representada por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que para el momento reunía a 19 partidos políticos, luego de un debate más o menos amplio, se decantó por presionar para la realización del referéndum revocatorio, que según establece la Constitución permite solicitar la revocatoria del presidente, pasada la mitad de su período de ejercicio. De hacerse la consulta la salida de Maduro lucía inminente, dado que su rechazo según las encuestas de opinión rondaba el 80%[1]. El referéndum fue dilatado con múltiples argucias por el Gobierno en sus distintas fases. Lo que impulsó a la oposición a convocar protestas masivas.

El 21 de septiembre el Consejo Nacional Electoral finalmente aprobó la recolección de firmas para la activación definitiva del Referéndum. A esa recolección de firmas el CNE le haría luego una auditoría, lo que conduciría a que, según declaraciones de la Presidenta del Consejo, se realizara el referéndum definitivo a comienzos de 2017. La oposición accedió asistir a la recolección de las firmas bajo protesta por las condiciones que consideraron inconstitucionales. Sin embargo, ni siquiera se llegó a esa recolección de firmas ya que, el 20 de octubre, cuatro tribunales estatales suspendieron el proceso.

La medida avivó aún más las protestas callejeras, entre las cuales el 26 de octubre se convocó a la Gran Toma de Venezuela reportada, por los medios internacionales, como una manifestación de “cientos de miles” de personas[2]. Esa marcha dejó a un fallecido y más de un centenar de heridos y detenidos.

El mismo día que los tribunales suspendieron el revocatorio, Maduro salió de manera sorpresiva a una gira que culminó con una visita al Vaticano. Allí el Gobierno solicitó al papa que fungiera, junto a los ex presidentes de España, Panamá y Santo Domingo, como mediador en una nueva ronda de diálogo con la oposición. Oferta que fue aceptada por la oposición, a pesar de un fuerte escepticismo. Para arrancar el diálogo, la oposición concedió suspender la marcha que se había convocado al palacio presidencial de Miraflores para el 2 de noviembre, lo que condujo a la desmovilización ciudadana que había comenzado a cobrar fuerza.

A las pocas semanas ya el Vaticano expresó dudas sobre la voluntad del Gobierno de cumplir las promesas hechas en el diálogo y para mitad de enero de 2017 ya se había retirado del mismo. Lo que dejó a la oposición con las manos vacías. La opinión pública declaró a Maduro victorioso al haber logrado mantenerse en el poder evitando el referéndum revocatorio y desmovilizado las protestas en la calle.

Todos estos hechos acrecentaron el escepticismo en la posibilidad de salidas negociadas o electorales, así como la desconfianza tanto en el Gobierno como en la oposición. Este recelo quedó evidenciado, por ejemplo, con la encuesta LAPOP, de la Universidad de Vanderbilt, que levantó datos en Venezuela entre octubre de 2016 y enero de 2017. Dicha encuesta encontró, entre otras cosas, las percepciones más negativas de la economía del país en diez años con un 90% de las personas respondiendo que la situación había empeorado, 66% de la población opinando que Maduro debió haber dejado la presidencia por vía de la renuncia o el referéndum revocatorio, así como la satisfacción más baja con la democracia reportada por la encuesta en diez años, ubicándose apenas en un 26,5% de los encuestados[3].

Todo esto corrió paralelo a una situación económica cada vez más apremiante. Ante la falta de datos emitidos por el Banco Central de Venezuela, la Asamblea Nacional calculó la inflación anualizada hasta marzo de 2017 en 65,5%.

Las protestas de 2017

El primero de abril de 2017, la MUD volvió a convocar una marcha, luego de cinco meses de las realizadas el año anterior. El rechazo a las sentencias del Tribunal Supremo fue, en esta ocasión, el disparador. Los diputados, sobre todos los más jóvenes, aparecieron liderando la movilización en las calles. La generación que surgió dentro del movimiento estudiantil en 2007 a raíz del cierre arbitrario del canal de televisión RCTV, diez años después fue protagónica en la calle a través de jóvenes políticos como Freddy Guevara, Miguel Pizarro, Roberto Patiño, David Smolansky y Manuela Bolívar, entre otros.

La marcha se dirigió a las Defensoría del Pueblo exigiéndole al defensor, Tarek William Saab, un pronunciamiento en torno a los hechos recientes. En varios tramos se encontraron con barricadas de la Guardia Nacional y la Policía Bolivariana, siendo finalmente dispersados con gas pimienta y perdigones. A partir del 4 de abril las protestas comenzaron a convocarse a diario con escaramuzas cada vez más intensas, llegando al asesinato, el 6 de abril, de Jairo Ortiz, de 19 años, quien fue asesinado de un disparo en el pecho realizado por un Policía Nacional Bolivariano[4]. Esto ocurrió mientras el joven protestaba. Las imágenes de represión fueron contagiando la indignación y se reprodujeron las protestas a lo largo del país. Las redes sociales jugaron un papel relevante registrando y transmitiendo muchos de los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad, que, además de reprimir dentro de las normas establecidas, fueron captadas cometiendo actos vandálicos, robando a manifestantes y asesinando con disparos a corta distancia.

El 18 de abril Maduro ordenó la aplicación del Plan Estratégico Cívico-Militar Zamora, que entre otras cosas implica “un despliegue de fuerzas militares, fuerzas milicianas y fuerzas populares”[5]. Lo que, dicho de otra manera, oficializó la incorporación de grupos armados paraestatales a la represión. De manera reiterada se observó el uso de “colectivos” armados, o grupos de civiles aliados al chavismo para intimidar a la oposición.

La oposición declaró a través de sus liderazgos que se mantendría en la calle hasta restablecer el orden constitucional, abrir un canal humanitario para atender a la crisis y liberar a todos los presos políticos. Las protestas fueron continuas durante cuatro meses hasta los primeros días de agosto. La Fiscal General contabilizó que en ese tiempo se produjeron 121 muertes y casi 2000 heridos. Fuentes periodísticas, haciendo seguimiento de los reportajes colocaron la cifra más bien en 157 asesinatos[6]. Lo cual hablaría de casi dos personas asesinadas por día. En realidad la letalidad de la represión fue incrementándose con el paso del tiempo llegando a días como el 30 de julio, en que se reportaron 12 asesinatos en distintas circunstancias. Asimismo la ONG Foro Penal contabilizó 5.092 arrestos de los cuales 1.325 personas permanecían en prisión a comienzos de agosto de 2017.

Como movimiento colectivo, las movilizaciones y este ciclo de protestas presentan muchas aristas. Una a destacar es la masiva participación de la población juvenil, reflejada en el saldo lamentable de 77 de los asesinados que tenían 25 años o menos, y por lo menos 11 de los cuales eran menores de edad[7],[8]. Los jóvenes desarrollaron sus propios códigos y, en última instancia, sus propias lógicas de participación.

En la Plaza Altamira, pude observar muchas de esas protestas a lo largo de los meses. Fue evidente el cruce de distintas perspectivas y el contagio emotivo que en un principio impulsó la dimensión y la intensidad de las protestas en el país. En la plaza se observó la variedad de movimientos: estudiantes universitarios, representantes de los partidos políticos, organizaciones civiles, una gran masa anónima, que incluyó a muchos jóvenes que fueron generando toda una indumentaria de protesta con máscaras de gas, escudos de madera pintados y bombas caseras.

Manuel Llorens

La ciudadanía en general dio pie a múltiples expresiones distintas que se conjugaron en la calle. Movimientos como el Laboratorio Ciudadano de Protesta No-Violenta intentaron servir de plataforma para coordinar e impulsar distintas expresiones. Aparecieron protestas creativas como Dale Letra usando pancartas y consignas originales que intentaban llegar al comienzo de las marchas; “Canta el Pueblo” y “Las Piloneras”, usaron canciones para darle voz al reclamo. Los músicos, muchos de ellos miembros del Sistema de Orquestas Juveniles, tantas veces utilizado por el Gobierno como emblema, participaron activamente con sus instrumentos, convirtiéndose tanto en víctimas como en símbolos de resistencia. La muerte de un joven violinista de diecisiete años, miembro del Sistema, llevó a que el Director de Orquestas de fama mundial, Gustavo Dudamel, quien aparecía a menudo en actos oficiales, declarara su rechazo a la represión.

Muchas esferas de la sociedad se sumaron al reclamo. Por ejemplo, los deportistas, que en general han sido de los sectores menos involucrados en el conflicto político, reprodujeron videos con proclamas contra el Gobierno. En el fútbol, los jugadores de varios equipos profesionales solicitaron permiso para hacer un minuto de silencio en honor a los caídos, pero la petición fue rechazada por la Federación Venezolana de Fútbol. En respuesta, los jugadores se pusieron de acuerdo entre ellos decidiendo que, aunque el árbitro pitara el inicio del partido, se mantendrían inmóviles, imponiendo la protesta a pesar de las presiones de los dueños de equipo, la Federación y el canal de televisión, en una modalidad original de desobediencia civil[9].

El hijo del Defensor del Pueblo publicó un video declarándose opositor al Gobierno y reclamándole al padre la represión contra las protestas y los dos asesinatos del día anterior, diciendo “pude haber sido yo”, lo cual condujo a expresiones similares de familiares de gobernantes. Médicos y estudiantes de medicina se organizaron en lo que llamaron la “Cruz Verde”, ofreciendo auxilio a los heridos durante las marchas[10].

En paralelo también se fueron conformando grupos de protesta violenta. En las marchas eran evidentes distintos grupos de diez a quince jóvenes encapuchados que se llamaban a sí mismos “guerreros” y que iban a la cabeza de la marcha dispuestos a devolver las bombas lacrimógenas y lanzarles piedras y bombas molotovs a la Guardia. Paulatinamente este grupo heterogéneo de jóvenes sin rostro se fue identificando como la llamada “Resistencia”. En entrevistas concedidas a medios internacionales se identificaron como estudiantes universitarios algunos, trabajadores otros, conectados a través de las redes sociales, en anonimato para no ser perseguidos por el Gobierno, opositores al mismo, pero cada vez más en desacuerdo tanto con los políticos de la oposición como con las expresiones de protesta no-violenta[11],[12].

En medio de las tensiones entre los que argumentaban a favor de la protesta pacífica y los que argumentaban lo contrario, el 27 de junio un funcionario de la policía científica robó un helicóptero, sobrevoló el Tribunal Supremo de Justicia y lanzó una granada, además de enviar un video llamando a la rebelión. El policía, Oscar Pérez, logró escapar y a los días apareció de imprevisto en una marcha. El llamado de Pérez no tuvo mayor eco dentro de las Fuerzas Armadas y fue difícil de interpretar para la mayoría de la población que desconfió de la autenticidad del gesto. Meses después, en enero de 2018, su asesinato por parte de las fuerzas de seguridad del Estado evidenció que Oscar Pérez apeló a un grupo de la llamada resistencia, que juntaron esfuerzos para intentar una insurrección violenta contra el Gobierno.

Esta heterogeneidad efervescente que en principio fue contagiosa, paulatinamente evidenció la ausencia de un liderazgo opositor claro que pudiese canalizarla. La coalición de partidos en la MUD, liderados principalmente por Primero Justicia donde milita Hernrique Capriles, Voluntad Popular liderado por Leopoldo López, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, tuvo graves dificultades para articular una estrategia coordinada. A pesar de que en las primeras convocatorias se vio de manera significativa el liderazgo de políticos de la oposición y que la represión gubernamental generó una indignación que multiplicó las protestas, en el camino, especialistas advirtieron que las mismas se fueron “anarquizando”, aumentó la violencia y el liderazgo opositor perdió fuerza para conducirlas[13].

La MUD, que había logrado un éxito importante en las elecciones legislativas de 2015, bajo la presión de las protestas, se resquebrajó. Intentando canalizar el malestar hacia manifestaciones cívicas, en varias ocasiones líderes de la oposición dieron mensajes contradictorios sobre los mecanismos y las horas de protestas convocadas. Además la presión de los mismos manifestantes en la calle a menudo condujo las protestas en direcciones distintas, rebelándose a los mensajes de los políticos.

Mientras eso ocurría en las calles, multitud de eventos políticos fueron ocurriendo que influyeron en el curso final. El 27 de abril el Gobierno comunicó su retiro de la Organización de Estados Americanos. El primero de mayo Maduro solicitó la realización de unas elecciones para formar una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con facultades plenipotenciarios para redactar una nueva Constitución y se fijó la fecha de la elección para el 30 de julio.

Protestas

El conflicto entre el Tribunal Supremo y la Fiscalía continuó. El 27 de junio el Tribunal Supremo de Justicia le otorgó al Defensor del Pueblo competencias de la Fiscalía y el 4 de julio, el mismo tribunal pasó por encima de la Asamblea Nacional designando una nueva Vice-Fiscal. Evidentemente rechazada dentro de la institución, en un episodio rocambolesco, intentó tomar el cargo ingresando escondida en la maleta de un auto a la sede del instituto, siendo descubierta y desalojada. El 5 de julio, grupos chavistas armados irrumpieron en la Asamblea Nacional e hirieron a varios parlamentarios. Grabaciones de las comunicaciones entre los grupos de choque y la Guardia Nacional encargada de custodiar el palacio legislativo evidenciaron la coordinación entre ambos grupos[14].

El 8 de julio, Leopoldo López, el preso político más reconocido, condenado a catorce años de cárcel luego de las protestas de 2014, fue sorpresivamente enviado a su casa a un régimen de casa por cárcel, disparando todo tipo de rumores sobre negociaciones entre el Gobierno y la oposición.

Pero fue la elección e instalación de la ANC la que marcó de manera definitiva el curso de las protestas. La MUD rechazó participar en esas elecciones reclamando que el presidente no tiene la facultad de convocarla y las reglas de la votación contravenían el principio democrático de que a cada persona le corresponde un voto, al organizar una elección “sectorial y territorial”. Como expresión de rechazo la MUD realizó su propio referendo sin concurso del Consejo Nacional Electoral, el 17 de julio, preguntándole al país si rechazaba la convocatoria a la ANC, reportando que lograron más de siete millones de votantes.

Nada detuvo, sin embargo, la iniciativa del Gobierno. El 30 de julio llevaron a cabo las elecciones y el 4 de agosto instalaron la ANC. El Gobierno afirmó haber superado los ocho millones de votantes, a pesar de que el mundo entero lo declaró un fraude, incluyendo la misma empresa encargada de contabilizar los votos[15]. A pesar del fraude, la reacción de la oposición fue desarticulada y débil. El Gobierno convocó inmediatamente a nuevas elecciones regionales y estatales lo que generó un nuevo debate entre participar o no. El mismo día en que se denunció el fraude, el presidente del partido Acción Democrática, sin consultar con los otros partidos, anunció que ellos irían a esas elecciones.

La elección de la ANC desinfló definitivamente las protestas. Tanto estas como la presión internacional no lograron evitar su instalación, como se había prometido. La fractura dentro del chavismo que se pretendió impulsar con las protestas a partir de la separación de la Fiscal tampoco sucedió[16]. En cambio la MUD acabó seriamente herida y en desbandada. El 8 de agosto Maria Corina Machado, una de las líderes más críticas, y su partido anunciaron su retiro de la Unidad.

Consecuencias

Los meses de conflicto dejaron un saldo doloroso para el país lleno de duelos por pérdidas de personas queridas, más presos políticos, agudización de la fractura entre las partes, pérdida de esperanza en salidas de la crisis, mayor presencia militar, así como la imposición a la fuerza de una instancia plenipotenciaria en teoría pero sin legitimidad en la práctica.

El chavismo logró sobrevivir con el poder, con fracturas menores (como lo fue la separación de la fiscal, junto a una ex defensora del pueblo y dos diputados, quienes se pronunciaron de manera pública contra la ANC). Los rumores sobre tensiones internas abundan pero solo se han evidenciado en cruces de órdenes contradictorias en algunos eventos públicos. De manera visible, la separación de la fiscal vino antecedida por órdenes de excarcelación emitidas por este organismo que los cuerpos policiales se negaron a cumplir, en algunos casos durante meses. Asimismo, llamó la atención que la suspensión del Referendo Revocatorio de 2016 lo hicieran tribunales estatales en estados dirigidos por ex militares (y no el Tribunal Supremo de Justicia), luego de que el Consejo Nacional Electoral hubiese fijado la fecha. Finalmente, en el operativo para arrestar al disidente Óscar Pérez y su grupo, se grabaron videos y audios que evidenciaron pugnas en la toma de decisiones, de manera notoria, entre cuerpos policiales y militares. Otra muestra visible de la lucha interna surgió en noviembre cuando el embajador de Venezuela ante la ONU, Rafael Ramírez, otrora cercano a Chávez y ex presidente de PDVSA, fue destituido y posteriormente acusado de corrupción junto a un grupo cercano de colaboradores.

Ante la fragmentación interna, unida a la pérdida de apoyo popular y la fuerte crisis económica, la militarización y la represión ha ganado cada vez más terreno. Para el 2016 las Fuerzas Armadas habían más que duplicado su número de efectivos en comparación con el 2012; el porcentaje del PIB dedicado a la defensa era más del doble de lo asignado en todos los demás países latinoamericanos salvo Cuba[17]; y la presencia de militares retirados o activos en el gabinete pasó de aproximadamente del 20% en 2013 al 40% en 2018[18].

Dolor país, las protestas de 2017 y sus secuelas

Quizás la consecuencia más visible en la población es la generalizada pérdida de confianza. Las encuestas tanto nacionales como internacionales ya evidenciaban los niveles más bajos de confianza en las instituciones para el año 2015[19],[20]. A eso se le suman niveles muy altos de desconfianza interpersonal. Se ha perdido la fe en representantes, instituciones y en el colectivo. Una muestra relevante de la desconfianza generalizada es la lucha interna y el desmembramiento de la misma oposición. Sectores de la población acusan a los políticos opositores de traicionar a los manifestantes que murieron en las calles. En la medida en que se acumulan muertes en los movimientos sociales, una parte de los afectados vive como traición la posibilidad de cualquier salida negociada[21]. Si bien la popularidad del Gobierno ha continuado en caída, el apoyo a la MUD no ha incrementado. Para diciembre de 2017, en una encuesta nacional, un 61% de la población evaluaba su gestión como mala. Esa misma encuesta[22] encontró que el 57% de la población evaluaba como negativa la gestión de la Asamblea Nacional, mientras que el 74% evaluaba como negativa la gestión de la Asamblea Nacional Constituyente. De manera que somos un país con dos asambleas, el lugar donde supuestamente se da el debate para concretar los grandes consensos, ambas, sin credibilidad.

En resumen, hay poca fe en salidas negociadas o democráticas. Opciones como las mesas de diálogo instalada en República Dominicana, con mediadores internacionales, han sido recibidas con mucho escepticismo. Para que el diálogo funcione debe haber un mínimo de certeza de que las partes cumplirán con lo prometido[23]. El gobierno ha demostrado de manera reiterada que rompe los acuerdos a pocas horas de haberse parado de las mesas de negociación previas. De manera inquietante, expresiones de lucha armada van paulatinamente apareciendo en el panorama, como el asalto al Fuerte Militar Paramacay en agosto de 2017 y otro asalto al Fuerte San Pedro en diciembre realizado por el grupo de Oscar Pérez, que al mes fue masacrado por fuerzas de seguridad. En paralelo, la emigración se ha multiplicado a niveles nunca antes vistos, lo que refleja la pérdida de la esperanza de gran parte de la población en una salida a la crisis. No se puede perder de vista que la situación económica expresada en la hiperinflación y el desabastecimiento de comida y medicinas se ha agudizado gravemente.

Todo apunta a una convivencia cada vez más precaria y una población cada vez más vulnerable. Los niveles de sufrimiento percibidos son apabullantes. Los psicólogos han buscado maneras para describir el sufrimiento colectivo como el que estamos observando en Venezuela. Martín-Baró[24] en El Salvador acuñó el término “trauma psicosocial”, para referirse a las incontables heridas en los individuos, pero también en la convivencia producidos por la violencia política crónica. La naturalización de la violencia como la opción evaluada por la mayoría como única posibilidad, la militarización de la vida cotidiana, la institucionalización de la mentira, la imposición a la fuerza como solución a los conflictos y el desprecio por la vida humana, son marcas de ese trauma que los venezolanos estamos padeciendo. La expresión de Bleichmar “dolor país” también resulta sugerente. Ella lo definió como “la relación entre la cuota diaria de sufrimiento que se le demanda a sus habitantes y la insensibilidad profunda de quienes son responsables de buscar una salida menos cruenta.”[25]

El panorama inmediato para recuperar la convivencia y articular salidas políticas negociadas al conflicto es más bien desolador.

 

Por Manuel Llorens 

*Este texto se publicó originalmente en la revista Nueva Sociedad (Argentina).


 

[1] Keller y Asociados. Estudio de la Opinión Pública Nacional: 4to trimestre 2016. 2016. <https://es.slideshare.net/anmon12/encuesta-keller-4to-trimestre-2016>

[2] Redacción BBC Mundo. “Toma de Venezuela”: cientos de miles salen a las calles a protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro. 2016. <http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37781493>

[3] LAPOP. America’s Barometer Brief: Venezuela 2016/17. <https://www.vanderbilt.edu/lapop/venezuela/AB2016_Venezuela_RRR_Presentation_W_052417.pdf>

[4] El Pitazo. Funcionario de la PNB fue detenido por asesinato de Jairo Ortiz. 2017.<https://elpitazo.com/ultimas-noticias/funcionario-de-la-pnb-fue-detenido-por-asesinato-de-estudiante-en-carrizal/>

[5] p. 1. Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello. 10 pistas para entender el Plan Zamora. UCAB. Caracas. 2017. <http://elucabista.com/wp-content/uploads/2017/05/Para-entender-el-Plan-Zamora-CDH-UCAB-1.pdf>

[6] Runrunes. Fotos/Infografía y Mapa: 157 muertos en protestas en Venezuela hasta el #13Ago. 2017. <http://runrun.es/rr-es-plus/319427/fotos-infografia-y-mapa-muertos-en-protestas-en-venezuela-parte-dos.html>

[7] Alfredo Meza. Estudiante, de 27 años y en primera línea de las protestas: el perfil de los asesinados en Venezuela. Diario El País. 2017. <https://elpais.com/internacional/2017/08/01/america/1501549008_300999.html>

[8] Carlos Trapani. Eran solo niños. La Vida de Nos. 2017. <http://www.lavidadenos.com/eran-solo-ninos/>

[9] Manuel Llorens. Protesting on the field. Caracas Chronicles. 2017. <https://www.caracaschronicles.com/2017/05/23/protesting-on-the-field/>

[10] Megan Specia. Los médicos voluntarios de la Cruz Verde, al frente de las protestas en Venezuela. The New York Times ES. 2017. <https://www.nytimes.com/es/2017/07/14/cruz-verde-venezuela/>

[11] BBC Mundo. Quienes forma “La Resistencia” que protesta contra el gobierno de Nicolás Maduro. 2017. <http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40743203>

[12] Maolis Castro. La rebelión de los encapuchados. El País. 2017. <https://elpais.com/internacional/2017/07/26/actualidad/1501104066_003012.html>

[13] Benigno Alarcón. ¿Violencia o resultados? El Ucabista. 2017. <http://elucabista.com/2017/05/15/violencia-o-resultados/>

[14] ver: http://runrun.es/nacional/venezuela-2/316514/audio-asi-fue-como-paramilitares-y-gnb-planearon-ataque-a-la-asamblea-nacional.html

[15] Redacción BBC Mundo. Smartmatic, la empresa a cargo del sistema de votación de Venezuela, denuncia “manipulación” en la elección de la Constituyente y el CNE lo niega. agosto, 2017. <http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40804551>

[16] Tomás Straka. El round de Maduro. Nueva Sociedad. septiembre, 2017. <http://nuso.org/articulo/el-round-de-maduro/>

[17] RESDAL. Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina y el Caribe. Red de Seguridad Defensa de América Latina. 2016. <http://www.resdal.org/assets/atlas-2016-esp-completo.pdf>

[18] Franz von Bergen. Más pretorianismo en el gobierno de Maduro. <https://twitter.com/FranzvonBergen>

[19] Yorelis Acosta. El Peso de la Ley: la transgresión a la norma se percibe como una práctica generalizada. SIC, 763, 100-102. 2014.

[20] Juan Trak; Lissette González y Maria Gabriela Ponce. Crisis y Democracia en Venezuela: 10 años de cultura política de los venezolanos a través del barómetro de las Américas. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas. 2017.

[21] Daniel Bar Tal; Eran Halperin; Roni Porat y Rafi Nets-Zhengut. Why society members tend to support the continuation of intractable conflicts and resist peaceful resolution. En Golec, A. y Cichoka, A. (Eds.). Social Psychology of Social Problems. Palgrave Macmillan. London. 2012.

[22] Datanalisis. Encuesta Nacional Ómnibus, Diciembre 2017. <http://americanuestra.com/wp-content/uploads/2017/12/Encuesta.pdf>

[23] Michael Warren. Democracy and Trust. Cambridge University Press. Cambridge. 1999.

[24] Ignacio Martín-Baró. Psicología Social de la Guerra: trauma y terapia. UCA. San Salvador. 1990

[25] p. 29. Sivlia Bleichmar. Dolor País. Libros del Zorzal. Buenos Aires. 2002.

Los motores del desastre (o Revelaciones desde la chivera)

Una catástrofe como la nuestra no avanza así no más. Necesita piezas, engranajes, además de tiempo, perversidad y aceite. Tampoco es lenta ni casual la tragedia que estamos pasando: su velocidad caótica se debe a unos cuantos propulsores que la han empujado con asombrosa potencia. Autobús en caída libre, lancha llena de desagües, carro con troneras y picos de botella al frente: estos motores llevan por dentro el combustible del absurdo y operan a partir del despilfarro. Su funcionamiento es peculiar: se encienden para apagarlo todo.

Su propósito: volver el país una chatarra.

1.El motor saqueo semántico: alteración de símbolos, héroes importados, deformación de la memoria, balbuceo ideológico, sincretismo espiritual, vaciamiento y llenado de palabras molde (p.ej. democracia, revolución, pueblo), panoramas patrióticos desdibujados, silenciamiento/escandalización de efemérides, son algunas de las piezas del motor más eficaz del chavismo: el desplazamiento de la sustancia-país, la mudanza definitiva de sus significados. La casa, en apariencia, es la misma, pero le cambiaron los muebles y le movieron los espejos. No fue que nos quitaron el país: lo saquearon por dentro.

2. El motor malandrismo institucional: es la escenificación del quieto ahí de la burocracia y el pégate becerro de  las instituciones del Estado. Es la voz del descrédito, del hago lo que me da la gana oficializado, de la paralización del ciudadano ante el totalitarismo de chopo y puñal de los órganos gubernativos. Mírese el TSJ, el CNE, la antigua AN: actúan con la legitimidad del vivo y la desfachatez del malandro. Es el decir cállate o te quiebro del Poder Público Nacional.

3. El motor bochinche y mierda: el desorden, si no se goza, no se aguanta. Hay que carnavalizar la gestión pública. Hay que meterle fiesta, tarimas, musiquita en los pies. Distraerse con serpentina mientras el ventilador salpica. Así, entre rumba y gozadera, el panem et circenses se convierte en política pública, favor paternal y aspiración ciudadana. No hacen falta cornetas ni subwoofers: la sentencia mirandina tiene hoy el volumen preciso. Y atormenta.

4.El motor inoculación del vértigo: nos trajeron a bailar a una cornisa con los ojos vendados y las trenzas sueltas. Nos pusieron frente a un barranco para dejarnos la náusea como tarea. El plan: poner el pánico en alto, marear, (pre)ocupar. Hacer que el miedo nos mantenga firmes y contra la pared. ¿Qué es lo que hace uno ante un abismo? O se calla o se vomita.

 …

Intermedio contra el olvido: una breve excursión a la chivera

Este invento de mecánica popular ya había sido ensayado tiempo atrás cuando Chávez, para inaugurar el año 2007, le muestra al país los Cinco motores constituyentes de la Revolución Bolivariana. Esas turbinas apocalípticas que anunciaban la consolidación del “Socialismo del Siglo XXI” en Venezuela, y que estaban construidas sobre un plural de “realidades y aspiraciones” de dudosa procedencia, se conformaban de:

I. Ley Habilitante:el truco jurídico favorito del Ejecutivo Nacional en tiempos del chavismo, con el cual el Máximo Líder se disfraza de superhéroe omnímodo y megalosaurio legislador, y se faculta a sí mismo para meter la cuchara en todo. Es la histeria del aparato estatal sujeto a la voluntad de un hombre. Llámese: motor siembra del personalismo.

II. Reforma Constitucional: con esto se pretendió hacer de la Carta Magna un traje a la medida. Se sometió a elecciones, perdió, se cambió por enmienda para asegurar la reelección indefinida del Presidente, y muchas de sus premisas terminaron metiéndose por debajo de cuerdas. Burla y obstinación antidemocrática. Motor lo que me salga del forro.

III. Moral y Luces: estudio de la doctrina socialista en escuelas, liceos, fábricas, talleres y campos. Inyección curricular de los valores grandilocuentes del socialismo, la deformada doctrina bolivariana y la ideología política del chavismo. A este le llamamos motor no me lo mate no, porque a la par que aniquila el pensamiento libre pone en peligro al “hombre nuevo” que pretendió crear.

IV. La Nueva Geometría del Poder:con ese suculento título se buscaba cambiar la división político-territorial del país y erradicar a los municipios del mapa (a saber el nivel más próximo y real de participación ciudadana). Hablaba de simetría del poder político y militar, con una ocupación total por parte de ese pequeño monstruo al que bautizaron Poder Popular. ¿Menos ciudades, menos ciudadanos? ¿Reordenaditos se les manda mejor? Motor obediencia participativa.

V. Explosión del Poder Comunal:dependiente de los cuatro anteriores, proponía crear una federación de Consejos Comunales, especie de constelación de ciudades sin alcaldías ni juntas parroquiales, gobernadas por un Estado Comunal que recibiría del Gobierno Central el poder político, social, económico y administrativo para autogestionarse. No sería difícil predecir los requisitos de filiación ideológica y partidista de esa transferencia de poder, ni advertir las consecuencias de tal aberración. Motor constelación servidumbre.

Y estos cinco aparatos llegaron a nosotros, casi una década después, convertidos en chatarra de chivera, en tema de conversación para coleccionistas de inventos, en extraordinaria curiosidad de repuesteras. Su épica inquietante, aunque triste, nos abre la puerta al siguiente galpón de trastos.

5. El motor reducción al ridículo: la negligencia descarada, la fatalidad de la práctica de gobierno, el testimonio de su propia destructividad, ridiculizaron la ideología, la lucha de clases, el poder del pueblo y todas aquellas ensoñaciones verbales llenas de onanismo y anacronías. ¿Socialismo para qué siglo? La izquierda, por enésima vez, fue golpe de torpeza, desorientación y zurdera.

6. El motor gran milagro: la espera, la paciencia, el mesianismo. Ese algo tiene que pasar del que todos hablan. El estancamiento de la voluntad nos puso a la orden de una fe ciega, casi brujeril, en cualquier fuerza (o acontecimiento o fecha de calendario) con promesas de cambios mágicos. Y nos dejaron con el escapulario y la pulserita en vela. Más que un país, Venezuela se convirtió en una larga cola hacia un milagro.

7. El motor desesperanza para todos: aquí se afirma la generosidad del proyecto poschavista: repartirnos por igual su cuota de desesperanza. Es el abatimiento en el pecho, la pérdida del país íntimo, el ejercicio de la desmoralización del que nadie se escapa. Es esa desilusión histórica, ese te amo, pero no de la patria confundida. Es, al fin, ese gran desamor nacional.

8. El motor felicidad por cupos: entre racionamientos, inseguridad ciudadana,hiperinflación depravada y desabastecimiento, el poschavismo nos va haciendo partícipes de su filosofía de prosperidad limitada: ser feliz la máxima suma de felicidad permitida. Vivir el aprendizaje forzado de lo bueno poco. Mamar, pero contentos.

Hacia un engrase definitivo

Motores que remueven sedimentos culturales, historias fallidas, resquemores, cosas que no se hicieron. Motores que echan a andar esa gran maquinaria de desastre en la que vivimos. Podrían inventarse otros (el motor loco escondido, el motor la divisa es tu horror, el motor tranca la puerta, el motor tu puesto en la ruleta, etc., etc.,) que contengan los dramas de la impunidad y la violencia, la sombra delincuencial del Estado, el poder militar y sus alter-egos paraestatales, el falso enaltecimiento de la pobreza, la anomia vandálica, el nihilismo en el bolsillo, la devaluación de la dignidad, la ruleta de la tragedia, la primacía salvaje del individualismo.

Podrían, pero encenderlos no los dejaría en evidencia ni los haría menos malos.

Esos ya están andando sin que nadie los vea, sin que nadie perciba su escándalo de tornillos sueltos y silbidos. Y lo peor es que nos aplastan, nos vuelven mínimos, indefensos, vulnerables, sin tener siquiera la decencia de recoger el desastre después.

 

Por Zakarías Zafra |@zakariaszafra

El victimismo del régimen

Marca de la casa, muletilla familiar, sello institucional: la epopeya es una de las composiciones literarias que más le gusta al régimen. Fue gracias al poder de la oratoria que el único inmortal que se murió logró convertir sus arrebatos irresponsables en gestas heroicas, tal como dice Thays Peñalver. Y es que las causas del incidente del sábado 4 de agosto (un supuesto atentado durante el acto presidencial), tal como las del apagón en pleno Congreso del PSUV en el Hotel Alba, o las de la escasez de comida, el oficialismo las enmarca dentro de la misma narrativa bélica: saboteadores contratados por el Imperio-Uribe-Ultraderecha pretenden arruinar “la revolución”.

Uno de los principales objetivos del régimen, una vez se asentó en el poder hace 20 años, fue construir una hegemonía comunicacional que pudiera contar, a través de medios oficiales, la verdad que ellos querían difundir. Es así como el control de la comunicación fue total hasta el punto que los ancianos aprendieron a utilizar Twitter y luego Instagram para, a veces, (mal) enterarse de lo que sucede en Venezuela.

Pero la realidad superó a la epopeya bolivariana y el cuento de la guerra económica no se cree con el estómago vacío. El discurso oficialista –ese victimismo que convierte al régimen en el David que vence a Goliat, pero le gusta pasar roncha– no calza con el hecho de que un Mayor General es ministro de Energía Eléctrica y aun así, según el Gobierno, ocurren “sabotajes” a cada rato.

La pirámide de naipes construida con cartas se derrumbó por el peso de la realidad; sin embargo, la manera de informarse cambió de manera radical en Venezuela. De encender la televisión para consumir las noticias, se pasó al mensaje que envían desde el grupo de WhatsApp. Ante la falta de oportunidad para consumir información verídica por parte de los medios tradicionales, estas cadenas –que constituyen una forma de tergiversación por sí mismas– generan zozobra hasta en el pana que se fue a Francia hace cinco años, pero tiene la jerga criolla actualizada.

El antagonismo invade las charlas acerca de política. Y es que mientras unos miran al régimen  como una cúpula tan indestructible como el martillo de Thor, capaz de simular una explosión y ensayar que militares rompan filas y corran despavoridos, otros piensan en el intervencionismo extranjero. El chavismo hizo escasear la credibilidad, pero abunda el rumor que motiva (si es que todavía se puede) las compras nerviosas.

La falta de confianza y credibilidad ante cualquier suceso que aqueja a la sociedad impulsan más teorías que el final de Game Of Thrones. La (des)información en tiempos de revolución, y redes sociales, es tan invasiva como personas hay en el Metro en hora pico. La misión, para quienes escribimos, y para quienes leen, es tener un OJO crítico como el de un cirujano y la virtud de la pausa: masticar es mejor que atragantarse.

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

A un año de un fraude llamado Constituyente

Por esos días aún existía la esperanza de que un Gobierno totalitario podía irse por la vía electoral: la única que desde hace más de 40 años conocían los venezolanos para expresarse. Quizá por eso el plebiscito organizado por la oposición, semanas antes de que el Gobierno insistiera con realizar las elecciones para la (f) Asamblea Nacional Constituyente, fue considerado como un rotundo éxito: Venezuela, en poco tiempo y pese a la apresurada organización, habló: más de la mitad del país expresó su rechazo al régimen.

Pero el Gobierno siguió adelante y, el 30 de julio de 2017, realizó sus anticonstitucionales comicios. Entonces, el silencio fue un mecanismo de expresión popular: los centros de votación permanecieron casi vacíos. Una gran mayoría de personas no se dejó intimidar por el discurso violento de Nicolás Maduro y de los dirigentes oficialistas, se negó a convalidar una convocatoria realizada de forma ilegal y, por ende, se negó a reconocer todo lo que de ahí surgiera.

Fue entonces cuando el chavismo, decidido a perpetrarse en el poder a toda costa, difundió unos resultados electorales que a todas luces habían sido alterados hasta la exageración. Pocos, muy pocos, creyeron esa farsa. Ni dentro ni fuera del país tal exabrupto encontró un respaldo significativo. En vez de eso, para muchos terminó de quedar claro que la democracia había sido aplastada por el régimen de Nicolás Maduro.

Días antes de los fraudulentos comicios, la frontera colombo-venezolana colapsó. Miles de venezolanos huían ante lo que vislumbraban como un futuro oscuro. Muchos cayeron en el juego y asumieron que un fraude podría legitimar la tiranía. En varios testimonios el miedo se dejó colar en frases como: “Si la Constituyente se lleva adelante, ahora el Gobierno sí podrá hacer lo que le dé la gana”.

La pregunta, ante estas afirmaciones, quizá debía ser: ¿y acaso hasta ese momento no venía haciendo lo que le daba la gana?

Un año después la tónica no ha cambiado, salvo por dos cosas: uno, la crisis ha empeorado (y empeora) notablemente; dos, el Gobierno tiene cada vez menos credibilidad y se muestra cada hora que pasa más acorralado por la comunidad internacional.

Uno de los logros más contundentes del chavismo fue construir una narrativa que todos sus seguidores compraron. Una narrativa plagada de frases que ya todos hemos escuchado hasta el cansancio, de héroes hiperbolizados en la imaginación colectiva y enemigos dibujados con la tinta del cliché. Tanto caló esta historia, que millones de venezolanos creyeron que lo que ocurrió hace un año era un paso más hacia la legitimidad de todos los exabruptos que cometiera el régimen.

Esto no fue así.

Desde el pasado 30 de julio de 2017, un Gobierno escogido de forma democrática realizó una de sus acciones más inconstitucionales, con lo que, al contrario de lo que vendió su discurso, solo se tornó ilegitimo. Y ese carácter se ha venido acentuando con la continua violación a los derechos humanos y los sucesivos fraudes en montajes que de ningún modo pudieran ser llamados elecciones. Así lo entiende buena parte de la comunidad internacional. Y así deberíamos entenderlo quienes adversamos al régimen.

Que quede claro: cada segundo que los dirigentes oficialistas continúan en el poder se convierte en un segundo más de fraude y violación a una Constitución que, dicho sea de paso, se redactó bajo el mandato del ex presidente que dicen idolatrar, Hugo Chávez. De esta manera, los ciudadanos de a pie debemos entender que nada, absolutamente nada, de lo que haga el Gobierno es legítimo o legal. Venezuela es un país en el que casi 30 millones de personas permanecen secuestradas por unos dictadores que solo saben agredir y delinquir. Y quienes delinquen, ya se sabe, carecen de credibilidad.

Es que, además, si hace un año el régimen aún podía presumir ante el mundo de haber sido electo en un proceso reconocido, después del fraude que sucedió en mayo de 2018 ya ni siquiera eso tiene a su favor: buena parte del planeta desconoce a Maduro como presidente.

Todas las declaraciones, acciones y decretos deben ser vistos con el recelo con el que se evalúan las promesas de los ladrones. Para oponerse realmente a la tiranía que hoy tiene secuestrada al país, es necesario entender que vivimos en una nación en la que ni siquiera hay un presidente electo. Sino, por el contrario, un ex presidente que se decidió a no soltar el cargo y se empeña en mantenerlo secuestrado a toda costa.

Venezuela es un país sometido, en el que no hay quien gobierne.

 

Por Mark Rhodes

 

Soluciones de plastilina

Desde que Venezuela entró en un proceso hiperinflacionario en noviembre de 2017, la crisis económica se devoró (y devora) cada medida que implementó el Gobierno con el mismo ímpetu de un niño que se atraganta de chucherías. Ningún control de precios, aumento de salario mínimo ni bonos son correctivos suficientes para detener a un enfermo que necesita tratamiento clínico especializado en detrimento de las gotas mágicas que recetó la abuela. Si por el presidente Nicolás Maduro hubiese sido, Wolverine tendría garras de plastilina en vez de adamantium. La reconversión monetaria, que fue anunciada en marzo, y ya lleva dos prórrogas, es una medida cosmética según expertos en economía: “[La reconversión] Jamás va a bajar la inflación”, comentó el diputado a la Asamblea Nacional, José Guerra, en Twitter. “El cambio estético de la moneda no afectará de ninguna manera el crecimiento de los precios”, sentenció el equipo de Ecoanalítica en un análisis para Prodavinci. El nuevo cono monetario, que debe entrar en circulación el 20 de agosto, comprende una nueva familia de billetes (2; 5; 10; 100; 200 y 500) y la eliminación de cinco ceros al bolívar en vez de tres, como se había anuncia en marzo; es decir, el salario mínimo, que se ubica en Bs. 5.196.000, quedará en 51,96 bolívares soberanos. La convivencia de ambas familias de billetes sería tan complicada como leer un libro al revés, pero retirar de sopetón todos los billetes del cono actual produciría colas que, en comparación, harían ver como ínfimas a las que se hicieron para depositar el billete de 100 (de la familia de 2008) en diciembre de 2016; un billete que, cabe destacar, todavía tiene valor. La medida –que anclará el bolívar a una criptomoneda (el petro) que carece de transparencia y confianza– también conlleva a aumentos de precios, debido a que los servicios de bajo costo no podrán ser costeados, por lo que no habrá manera de cancelar la gasolina de 95 octanos, que pasará de Bs. 6 a 0,000006 bolívares soberanos. La devaluación has come.

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

Protestas en ascenso

Inmersos en una crisis económica que el Gobierno enfrenta como quien intenta apagar un incendio forestal soplando, la mayoría de los venezolanos no sólo padece un colapso de servicios básicos que obliga a los ciudadanos –en ciertos estados del país– a bañarse con “tobito” y a oscuras, sino a sobrevivir con un salario que no alcanza para adquirir una canasta básica que superó los 600 millones de bolívares en junio de 2018.

Ante la dificultad de cubrir necesidades básicas de la población, la respuesta orgánica y natural para exigir una solución a la crisis es la protesta que, a través de concentraciones y el cierre parcial de avenidas, tiene carácter –en su mayoría: 84% de ellas– social, según el informe que publicó el Observatorio Venezolano de Conflictos Sociales (OVCS); el cual registró, en el primer semestre de 2018, 5.315 protestas; es decir, 30 protestas diarias, 8% más que el año pasado durante el mismo periodo.

La característica principal de las protestas durante estos seis meses fue el descontento ante los problemas más urgentes que imperan en la sociedad: dificultades en los servicios básicos, en la salud, en la alimentación y en las condiciones laborales. A planificar el horario diario según el racionamiento de agua para realizar las actividades domésticas, se le agregó largas caminatas para trasladarse por falta de transporte público. Es así como el régimen de Nicolás Maduro mantiene a la población en un calvario que genera malestar y agudiza la conflictividad social. Si en 2017 observamos manifestaciones contra una decisión política (el autogolpe perpetrado por el Estado, con respaldo del Tribunal Supremo de Justicia, contra la Asamblea Nacional), en 2018 la sobrevivencia es el letmotiv para realizar concentraciones de calle que, pese a no ser masivas ni mediáticas (salvo las que inició el sector salud hace un mes), alzan la voz pidiendo mejoras en las condiciones laborales.

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

Un símbolo del chavismo que agoniza

El discurso gubernamental se resquebraja, la crisis no distingue simpatías políticas ni un sueldo aumenta por conservar lealtades. La Red de Abastos Bicentenario, creación insigne del único inmortal que se murió, se mantiene en cierre técnico y con protestas espontáneas de los trabajadores desde hace 22 días. En 2010, el Gobierno anunció, a través de Gaceta Oficial, “la adquisición forzosa”; es decir, expropiar –lo que en clave María Corina significa robar– los “bienes inmuebles” de la cadena de tiendas Cada y Éxito, por –según el oficialismo– la disconformidad y explotación de los trabajadores. La situación actual entre empleadores y empleados no sólo es confusa, sino que la hiperinflación golpea a todos. El sinfín de beneficios que percibían (mejoras salariales, cesta navideña, planes vacacionales para hijos, entre otros) cayeron como una piedra lanzada desde una terraza: la papa caliente de mentiras rojas durante 20 años le explotó a Nicolás Maduro en las manos. Tanto en la Plaza Bolívar de Caracas, como en la sede del Abasto Bicentenario en Plaza Venezuela, las consignas son las mismas: “Queremos trabajar”, “No a los despidos masivos”.  La caída de la red es tal que hasta Maduro la tuvo que admitir en 2016: “Abasto Bicentenario se pudrió”. La corrupción y negligencia reinan en la red: “Se han hecho inversiones y han sido para robar”, comentó a VIVOplay un trabajador. “Las condiciones en la que estamos trabajando son infrahumanas. La empresa siempre nos ha tratado mal: nos han quitado nuestras reivindicaciones laborales, han hecho despidos masivos”. Sólo en la capital, han cerrado siete tiendas. El discurso proselitista pro Gobierno se queda sin argumentos y aquellos simpatizantes que lo sostienen marcan diferencias entre su apoyo al inmortal que se murió y el apoyo a su hijo. “En 2010 cuando el presidente [Chávez] compró la red siempre protegió a los trabajadores. Ahora están haciendo contrarrevolución”. Pero la actualidad también es parte del legado.

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

 

Se mantienen con las uñas

21 días han transcurrido desde que las enfermeras alternan su jornada diaria con la protesta. Y es que el gremio de la salud no sólo tiene que combatir contra la insuficiencia de insumos médicos e instalaciones deplorables, sino que también contra salarios que no alcanzan para comprar un kilogramo de café. El último aumento de salario mínimo anunciado por Nicolás Maduro –el cuarto en seis meses– ni siquiera es una medida celebrable por el sector, pues la hiperinflación es un monstruo que no se combate con pistolas de agua. El aumento es una cachetada para el personal sanitario cuando se compara con los honorarios que recibe el sector castrense: en el país de los caudillos, portar armas está mejor remunerado que aplicar inyecciones. Un salario justo y equiparable al de los militares es la petición de un gremio que está en mengua y sobrevive –en algunos casos– gracias a la economía informal, pues tiene que recurrir a ella para sobrevivir y no abandonar su puesto de trabajo de forma permanente. La vocación es el motor para que se mantengan al servicio de un país que necesita más de quien salve a sus enfermos, que de una protección ante la dizque amenaza extranjera. La crisis empeora más rápido de lo que crece una bacteria y la petición básica es una: “Queremos el salario de los militares, la misma indexación. Nosotros salvamos vidas y este Gobierno lo que busca es que renunciemos en masa todas las enfermeras. Llevamos veinte días en conflicto y en ese tiempo no hemos recibido ni una sola llamada del Ministro de Salud, que todavía está buscando un hueco en su agenda para atendernos. A estas alturas, nos estamos preparando para ir a protestar directamente en el despacho de Maduro en Miraflores”, señaló Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas a ‘El País’ de Madrid. Ante ningún correctivo profundo del régimen, los hospitales de Venezuela se mantienen con las uñas.

 

Por JP