Cinco motivos por los que El Futuro Promete

Era la una de la tarde del primero de diciembre en Caracas, caminaba por Chacaíto hacia El Rosal después de mi último almuerzo de 2018 en un restaurante vegetariano que ya no podía pagar y, aparentemente, no tenía razón alguna para pensar que el futuro me prometía algo alentador. Este mismo día, en México, el aprendiz de Fidel –dispuesto a demostrar que es más Fidel que el mismo Fidel– tuiteó una foto discotequera, con el hashtag #SomosContinuidad, en la que lo único que no me causó un miedo terrible fue el traje formal boliviano de Evo, siempre objeto de envidia para los que consideramos las prendas del cuello como lo más detestable de la masculinidad.

Unas 40 horas antes, Nicolás Maduro le echó más gasolina al incendio de la inflación más descontrolada del mundo con un nuevo aumento de sueldo sin ningún respaldo fiscal. El lunes siguiente se reuniría en Caracas con Erdogan y esa misma noche viajaría a Moscú para pedirle real a Putin. El jonrón Pepsi de los autócratas.

Llegué a la 1:30 de la tarde al Centro Cultural Chacao y todavía no habían dado puerta, aunque en el flyer publicado en redes social se anunciaba el comienzo del evento para la 1:40 pm. Como suelo hacer, me senté sobre el suelo sucio en algún rincón donde pudiera apoyar mi espalda contrahecha contra algo firme.

No me enteraría hasta el lunes siguiente, pero estaba asistiendo a una de mis primeras asignaciones en Revista OJO, una publicación que intenta recuperarme como redactor y que ese día organizaba El Futuro Promete: un ejercicio multidisciplinario con el que OJO cerraba el 2018.

Quizá el futuro sí guardaba algo alentador.

Llegó Valentina Oropeza, que sería panelista en representación de Prodavinci en una de las mesas de conversación del evento. Valentina no está 100% consciente de ello, no tiene tiempo para estarlo, pero, además de una de las periodistas de investigación más arrechas de este país, es una de las personas más importantes de mi vida. Me arrancó del suelo y del sopor y ya éramos dos para esperar bajo una de las cosas más espectaculares que no le han arrebatado todavía a Caracas: un cielo azul de diciembre.

Y sí, El Futuro Promete no comenzó a la hora, como tantas cosas –como casi todo– en este país: un lugar en el que los planes cambian a cada minuto. Y sí, invité a Valentina y otras dos periodistas a tomar un café y comer brownies en el cafetín del Teatro Chacao, con lo que se me fue como el 10% de mi quincena. Y sí, cuando el comediante-bardo Ricardo Del Búfalo se colgó su guitarra y abrió el evento, el auditorio todavía estaba adivinando a qué jugábamos y su presentación no resultó tan emotiva como la que realizara en el Aula Magna de la UCV. Pero recién estábamos empezando la jornada, cómo negarlo, ya empezaba a prometer.

Y es que, aunque debo decir que probablemente mi punto de vista no es demasiado imparcial, estas son cinco razones por las que creo que El Futuro Promete fue algo más que una flexión naïf del adormecido músculo del optimismo: fue un encuentro que nos pintó un panorama posible y realista sobre el presente y el futuro. Un encuentro que de pana deseo que se convierta en institución en los años que vendrán.

Ricardo del Búfalo
Foto: Gabriela Escalante

  1. Porque mostró cómo los medios de comunicación podemos reinventarnos

El portal La vida de nos se aleja intencionadamente de la noticia, mientras que El Bus TV lo hace de la tecnología. Armando.Info ha terminado con prácticamente toda su plana mayor de periodistas en el exilio, por sus denuncias de corrupción. Y Prodavinci extrae cifras del subsuelo de un desierto de data oficial. De todos estos emprendimientos aprendimos lecciones para la propia reinvención que le toca a Revista Ojo en 2019. Y sentimos cómo el aire infló nuestros pulmones: en el periodo más duro de la historia del país, son muchos los que en vez de desfallecer se han reinventado.

Sí se puede.

“Estamos un poco cansados del tópico de que la gente ya no lee. ¡Oye, hay de todo allá afuera! Muchos están dispuestos a leerte, dependiendo de cómo los seduzcas”, aseguró Albor Rodríguez, que en La vida de nos se propuso construir un “tapiz de vidas individuales que, juntas, muestran el espíritu de la Venezuela de hoy”.

Esto se escuchó en la charla Reinventarse para seguir comunicando, moderada por Juan Pablo Chourio.

En El Bus TV, se dijo, no aguardan por la audiencia: salen a buscarla con un encuadre de cartón, remedo de los antiguos noticieros de la televisión abierta ahora autocensurados. Antes se montaban a combatir la desinformación en camionetas por puesto; ahora, en plena debacle del transporte público, abren ventanas de conciencia a los que esperan en paradas de buses o colas de panaderías. “Una mezcla de rigor periodístico y puesta en escena”, lo resumió Claudia Lizardo, uno de los personajes camaleónicos de El Futuro Promete.

“En Prodavinci elaboramos contenidos que quizás jamás llegarán a las personas afectadas: contamos de un pueblo de Falcón que lleva 17 años sin agua de tubería, pero donde tampoco hay Internet. La gente nos pregunta: ¿y ese reportaje de qué nos va a servir? Y contestamos que lo que les pasa a ellos lo sufrimos nosotros también. Dejamos registro y generamos empatía”, reflexionó Oropeza.

Patricia Marcano, de Armando.Info, reveló que la censura ha debilitado la noción de competencia entre medios digitales: se observan ahora como aliados, más que como rivales.

Quizá, en el fondo, así tendremos que observarnos todos los venezolanos para hacer del futuro algo más prometedor.

De izquierda a derecha: Claudia Lizardo (El Bus TV), Patricia Marcano (ArmandoInfo), Albor Rodríguez (La vida de Nos), Valentina Oropeza (Prodavinci)
Foto: Gabriela Escalante

  1. Porque enfatizó la importancia de narrarnos en medio de la atomización del tejido social

“Tenemos necesidad de contar historias porque nos preparan para la vida”, lo puso en dos platos la sabiduría de Héctor Torres, editor de La vida de nos, en la conversación ¿Cómo se narra a Venezuela?, conducida por Lizandro Samuel.

“La angustia tiene un lado bueno: nos ayuda a encontrar soluciones. La desesperación te lleva a intentar lo que jamás hubieras ensayado en condiciones normales”, explicó el narrador y diseñador gráfico Lucas García París, que agregó: “Todos somos una historia en desarrollo, y si no estás consciente de ello, te vuelves la historia de otro”.

Héctor Torres, por su parte, dijo no sentirse preocupado de que todavía no palpemos algo así como el Por quién doblan las campanas de los 20 años de revolución: “La literatura urgente no es necesariamente la mejor, estoy seguro de que estos tiempos van a generar narrativas maravillosas”. El futuro promete y así dijo creerlo también uno de los mejores narradores del periodismo vernáculo, Óscar Medina: “Hay respuesta a la censura y al ahogo, esta se irá consolidando y multiplicando. No solo promete el futuro de la narrativa venezolana: ya lo estamos viendo”, sentenció el director de UB Magazine, sobre la multiplicación de formatos de resistencia.

Una época dura está dejando como resultado a notables narradores de ficción y no ficción, que se reinventan para contar historias.

De izquierda a derecha: Lucas García Paris, Héctor Torres, Lizandro Samuel, Óscar Medina
Foto: Gabriela Escalante

3 Porque abrió una rendija para conectarnos

Liana Malva tiene razones para sentirse tan azul de la tristeza como la nación Na’vi de la película Avatar cuando le derriban su Árbol de las Almas. Cantautora, se crió en la Gran Sabana. Hoy se desgarra viendo cómo, bajo la tracción destructora del Arco Minero, los ríos en que se bañó y los hábitats con los que conversó son contaminados y arrasados. Pese a esto, dijo: “Es cuestión de tiempo para que logremos invertir el polo negativo en Venezuela”.

Liana era una de las voces de la Mesa país, que ya caída la noche juntó a cinco experiencias aparentemente distintas: un trío de rectas de humo en el nuevo panorama digital de medios, compuesto por un narrador y dos periodistas (Lizandro Samuel, Víctor Amaya, Erick Lezama), un emprendedor de la recarga de las exprimidas baterías de los celulares venezolanos (Omar Viña), y una cantautora.

Quizás ocurre que, contrario a lo que solemos pensar, para la naturaleza humana rendirse sea lo verdaderamente cuesta arriba, en vez de persistir. En todo caso, estos panelistas mostraron tener en común la alergia al discurso derrotista.

“Como dice el preparador físico Lorenzo Buenaventura, jugar se trata de competir bien cuando no estás bien (…). No puedo sacar a todos los niños venezolanos de la pobreza, pero sí puedo ser mejor ciudadano, hombre, narrador”, estableció así una metáfora deportiva Samuel, que también es entrenador de fútbol.

“Con o sin crisis, con o sin dictadura, las oportunidades estarán: lo importante es ver bien el panorama y tomar decisiones lo más inteligentes posibles”, recomendó Amaya, director de Tal Cual Digital y Revista Clímax, que no cuestionó a los que eligen emigrar.

“No me veo en otro país, no haciendo periodismo. Nos hemos creado espacios que nos habían arrebatado”, contestó Lezama, que participó en un proyecto de La vida de nos en el que se retrató a chamos con cáncer del hospital JM de los Ríos, quienes muestran más entereza que casi cualquier adulto.

“Ser emprendedor no tiene nada de mágico: es una golpiza constante. Pero si aquí le echas pichón, eres la persona que quieres ser”, concluyó Viña.

 

  1. Porque sonó a futuro

Así sea tocando con ollas vacías y material de desecho (que no es el caso), la música seguirá sonando en Venezuela: esta también es una forma de narrarnos. En El Futuro Promete, entre conversación y conversación, tocaron algunas de las bandas que darán de qué hablar dentro o fuera de Venezuela en los próximos años.

¿O quizás es que hubo conversaciones entre concierto y concierto?

Confieso que no conocía a Nomásté, un septeto integrado exclusivamente por chicas caraqueñas que hace un repaso soberbio por el ska, el jazz y varios géneros tropicales: me despertaron de mi letargo permanente y terminaron de electrizar lo que todavía estaba apagado. Días después cerrarían 2018 como teloneras de Desorden Público.

De un estrato socioeconómico totalmente distinto (son egresados del colegio Claret), Anakena sirvió guayabas y sanguchitos de Diablito y Cheez Whiz en pachanga de plácida digestión para cerrar el evento, mostrando por qué fue la ganadora del recientemente reactivado Festival Nuevas Bandas.

Claudia Lizardo, la hija del legendario rockero sanantoñero PTT Lizardo, quien sólo se atrevió a salir del clóset con una voz propia en la música luego de que su padre sufrió un ACV, se desdobló después de ser panelista por El Bus TV y conmovió con su sensibilidad única. Caso similar fue el de Liana Malva, la fuerza emergida de la naturaleza de El Paují.

La selección musical demostró que la música surge en cualquier rincón del país.

  1. Porque fue un acontecimiento indefinible

Porque El Futuro Promete no fue ni una conferencia, ni un concierto, ni una feria de arte, sino que fue todo al mismo tiempo.

Porque la podías pasar bien aunque llegaras al Centro Cultural Chacao con o sin nada de bolívares soberanos en la cuenta bancaria.

Porque había buena vibra aunque fueras un dinosaurio, en plena crisis de edad madura, entre un montón de centennials sin pelos faciales ni estreñimientos de sentimientos.

Porque además de reflexiones tan densas que las podías cortar con un cuchillo y propuestas musicales que sonaban a novedad y a embotellamiento destrancado, podías toparte con instalaciones artísticas como las de Dayana Maldonado y Abraham Rosales, que han encontrado musas en el papel moneda desechable de la hiperinflación y las montañas de sobrantes textiles de las fábricas de ropa, respectivamente.

Porque podías estar un rato o quedarte durante todo el cuarto de día que duró el evento y siempre te ibas a llevar algo puesto.

Porque me gustaría asociar El Futuro Promete al desafío de Prometeo: arrebatarle el fuego vital a las macabras deidades de la Pax Totalitaria.

 

 

 

Por Alexis Correia