RESEÑA: ‘Sinuhé, el egipcio’ – Mika Waltari

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“Mi nombre estuvo un día en el libro del faraón, y habitaba el palacio dorado a la derecha del rey. Mi palabra tenía más peso que la de los poderosos (…) Tenía cuanto un hombre puede desear, pero yo deseaba más de lo que un hombre puede obtener. He aquí por qué estoy en este lugar: fui desterrado”. Con esas intrigantes palabras arranca uno de los grandes clásicos de la literatura histórica del siglo pasado: ‘Sinuhé, el egipcio’, de Milka Watari, una novela que se ha vendido y leído mucho (ha sido traducida a 40 idiomas y desde su publicación en 1945 no ha dejado de reimprimirse), que se llevó al cine con mucho éxito y que catapultó a su autor a la fama. Se trata de una obra maestra del género, que le tomó a Watari por lo menos una década entera de investigación para poder recrear –y con mucho acierto, según los egiptólogos, que la elogiaron como una de las más exactas representaciones que hay de aquella época– la vida y costumbres del Egipto de los faraones. Es allí donde entra en escena Sinuhé, médico real, que ya anciano y desde el exilio hace memoria de su existencia.¿Cómo y por qué hombre tan poderoso terminó desterrado de la ciudad real y desencantado de los hombres? Esa es la pregunta cuya respuesta toma más de 700 páginas, en las que Sinuhé cuenta su vida de la niñez a la vejez. Vida en la que hay aciertos y desaciertos, momentos felices y trágicos, fracasos, victorias, derrotas, poder, intriga y mucha nobleza, que eso, por encima de todo, es Sinuhé: un personaje noble que conoció tanto la grandeza como la miseria del mundo en una época de la que nos separan tres milenios, pero en la que el hombre, al final, no era muy diferente al de ahora. Y he allí, seguramente, la clave de su éxito: en que nos muestra que, costumbres y creencias apartes, en el fondo hemos sido (y seguimos siendo) lo mismo; y que siempre nos hemos movido (y nos seguimos moviendo) por lo mismo: pasión, belleza, dinero, ambición y poder. Se trata, pues, de un libro bueno y bien escrito, que aparte de transportarnos a otra época, también nos lleva a reflexionar sobre nosotros y nuestra condición, tal y como hace la buena literatura.

RESEÑA: Los padres pródigos – Sinclair Lewis

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

‘Los padres pródigos’, de Sinclair Lewis, es uno de esos libros con los que el paso del tiempo no ha hecho justicia y ha relegado, más bien, a un olvido inmerecido, siendo como es una obra con méritos suficiente para ser leída por varias generaciones. Publicada en 1938, esta novela nos mete dentro de lo que hoy se llamaría una familia disfuncional, digna de cualquier sit-com gringo pero construida con muchos menos estereotipos y más inteligencia: los Cornplaw, conformada por Fred, el padre, un desahogado vendedor de carros; Hazel, su esposa, una ama de casa promedio; y Sara y Howard, sus dos hijos, un par de vagos redomados y buenos para (casi) nada.

El núcleo de la novela es la tensión que hay entre el padre y sus hijos, debido a las ideas antagónicas de ambos. Mientras el primero es un entusiasta capitalista, los segundos son fervientes comunistas. El padre es un trabajador insigne y los hijos viven de su renta. El padre produce dinero y los hijos, que viven de ese dinero, abrazan una ideología que lo llevaría a perderlo todo. Esa paradoja es manejada con gran maestría y mucha ironía por Lewis.

Si bien el libro, escrito en los años treinta, contiene un alegato muy fuerte contra el comunismo  -“el trabajo no es para vosotros más que una lucha contra vuestros patronos. Cada minuto de trabajo que podéis robarle lo consideráis un trofeo de victoria”– y la holgazanería–“[quieren] transformar los Estados Unidos en un país en el que se exija como único mérito para alcanzar un empleo ser completamente inepto para desempeñar la misión correspondiente al cargo”-, el verdadero objeto de la denuncia son los ‘hijos de papá’: “sacáis a vuestros padres cuánto dinero podéis obtener de su generosidad y luego le reprocháis su fortuna”, como en algún momento le reprocha Fred a sus vástagos.

Es precisamente ese conflicto, ese tener que luchar siempre contra sus hijos, sentirse denunciado por ellos y pasarse la vida pidiéndoles perdón por darles una buena vida, lo que lleva a Fred a concebir una idea en principio descabellada: desaparecer de casay que ellos ven cómo hacen para arreglarse la vida. Es la cura que le encuentra a la que confiesa su enfermedad: “no negarles a Sara y a Howard todo lo que me han pedido”. Entonces, ante la negativa de todos, emprende un viaje de meses a Europa con su mujer, que en aquellos treinta, sin Whatsaap ni internet, equivalía, se entiende, a desaparecer del mapa. Es ello lo que le da título al libro: la inversión de los papeles de la archi-conocida parábola evangélica, que al igual que esta concluirá con un final aleccionador.

La prosa de Lewis –o por lo menos la que la traducción, castellana y antigua, permite atisbar– no es exactamente deslumbrante. Hay buenas descripciones y hasta allí. Nada de grandes imágenes o cosas muy bella. Tampoco destaca mucho su estructura: un relato netamente lineal y cronológico, dividido en 40 capítulos cortos. Sin embargo, el genio de Lewis se manifiesta en el sarcasmo y en la ironía con la que habla y suele responder su protagonista, Fred Cornwplad, un hombre que tiene siempre a flor de labios una frase mordaz e inteligente. Se trata de un personaje bien construido y entrañable, con el que no es difícil tener empatía, y que bien merecido tiene un lugar en el panteón de los personajes inmortales, esos que protagonizan los buenos libros, en cuya categoría puede entrar éste.

Los padres pródigos

Autor: Sinclair Lewis

Año: 1938

Páginas: 189

Calificación: 7 /10