Tamoa Calzadilla, una cara del periodismo expatriado

El nudo hace estrago en su garganta. Camina lento y mira hacia atrás: va dejando la cromo-interferencia de Carlos Cruz Díez que se ha convertido en un arte repudiable para quienes se van y añorado para quienes regresan. Sus padres y su hermana se quedan allí. Mientras se despide, un cúmulo de sentimientos comienzan a reencontrarse. Es jueves primero de octubre del 2015 y a Tamoa Calzadilla le toca abandonar el lugar en el que creció. Donde hizo 25 años de carrera. Donde pintó sus muñecas. Donde conoció a su primer amor. Donde descubrió quién mató al Fiscal Danilo Anderson y, también, al estudiante Bassil Da Costa. Todos sus logros ahora quedan atrás. Se ve obligada a decirle adiós.

Ella, junto a su familia, lleva unas ocho maletas que parecieran estorbarle, pero realmente no. El equipaje que le pesa va vacío y lo carga en su pecho. En el lugar que ahora deja tuvo dos hijos. Hizo una carrera de periodismo intachable, que la llevó a ganarse un María Moors Cabot, uno de los premios más importantes del mundo para quienes hacen investigación en su profesión.

También abandona a su hermana, quien está embarazada, y no sabe cuándo la volverá a ver. Ni a ella ni a su sobrino que está por nacer. Respira y con sus manos trata de limpiarse las lágrimas. Así lo recuerda Calzadilla, mientras cuenta cómo fue ese fatídico día para ella. Para el país. Para el periodismo.

“Hasta el último momento pensé que iba a tener problemas para salir del país, por todas las investigaciones que había hecho sobre  irregularidades registradas en el Gobierno. El  funcionario que nos trató fue bastante hostil  y revisaba los documentos y miraba cada cosa como para encontrar algo que nunca consiguió. Viajaba con mi hija mayor que, legalmente, no es hija de mi esposo;  pero su papá estaba allí,  afuera, despidiéndose. El funcionario, por molestar, dijo así como: ¿y dónde está el papá de ella? ¿Y por qué no va? Y yo lo que pensé fue: porque no viajo con mi esposo y ex esposo al mismo tiempo. Cuando nos montamos en ese avión mi sensación fue de  alivio”.

Su salida fue inminente. Univisión la llamó para formar parte de su unidad de investigación. Esa mujer morena, y de cabello afro, no lo dudó. No lo pensó. Una crisis económica, hostigamientos y constantes amenazas tenían a su familia en zozobra.  A su esposo, David Maris, un fotógrafo independiente que trabajaba para ABC de España, un efectivo de la Guardia Nacional lo había despojado de sus equipos fotográficos valorados en cinco mil dólares. Fue un robo descarado que quedó impune. Su casa también fue violentada, por sujetos desconocidos que se llevaron su computador. Solo eso. Para ella, entonces, ere imposible decirle que no a esa propuesta.

 

Calzadilla había liderado la Unidad de Investigación de Últimas Noticias que desenmascaró una de las falacias del gobierno de Nicolás Maduro, el cual pretendía sumarle 18 años de cárcel al líder opositor Leopoldo López.  Aunque el dirigente fue condenado por 14 años, no le sumaron la condena del asesinato del estudiante Bassil Da Costa. Un minucioso reportaje audiovisual logró determinar que un escolta de Freddy Bernal, junto a funcionarios vestidos de civil y otros uniformados, fueron quienes perpetraron una ráfaga de disparos que le quitó la vida a ese muchacho; por lo tanto, López quedó absuelto de toda culpa, al menos, en lo referido a esa muerte. El trabajo desnudó las mentiras vociferadas por Nicolás Maduro.

La periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela sabía que se había convertido en uno de los detractores VIP del Ejecutivo Nacional. Pero no era la primera vez que había realizado una investigación de tal envergadura. Para el 2005, durante el gobierno de Hugo Chávez, también se encargó de desenmascarar a quienes estaban a cargo de conseguir el culpable del atentado contra el Fiscal Danilo Anderson. Su ímpetu de periodista impertinente la llevó a descubrir a los asesinos. El resto es ahora historia.

En Últimas Noticias, por cambios de línea editorial que favorecían a Nicolás Maduro, tuvo que renunciar. Luego, pasó a las filas de Runrunes, un medio digital que también apostaba por el periodismo de investigación. Allí se desempeñó hasta seis meses antes de su mudanza a Estados Unidos.

“Cuando yo sabía que mi destino ya era otro lugar,  yo decidí retirarme a tiempo, dejé Runrunes. De hecho, en ese momento estuve pendiente porque hubo un problema con uno de los periodistas de Runrunes. Diosdado Cabello lo nombró y trató de meterlo en un problema con los patriotas cooperantes. Yo estaba  muy pendiente y al mismo tiempo preocupada por lo que le pudiera pasar. Eran unos días terribles porque yo sentí que era un país que me empujaba.  Que no me dejaba estar ahí. Y eso era una prueba más de que el país me estaba empujado, de ir a buscar otra cosa. A poner a mis hijos a salvo y tratar de hacer periodismo en otra trinchera, que pudiese ser útil, pero poniéndome a salvo mi vida”, dice.

—Ahora que ejerce el periodismo de investigación en Estados Unidos, ¿cómo lo comparas con el que hacías en Venezuela?

Ambos tienen dificultades muy distintas. Sin embargo, el método de periodismo de investigación sigue siendo igual. Tienes que hacer registros, atar cabos, hacer entrevistas, sustentar la hipótesis. Ese tipo de cosas  siguen siendo iguales en el periodismo de investigación y nunca van a cambiar.  Pero a la hora de ejercerlo en otro territorio, cambian muchas cosas. Una es conocer la realidad.  Hay cosas que uno desconoce y que hay que investigar y estudiar un poquito más. Por ejemplo, si a mí en Venezuela me dicen Diego Salazar, ya yo me conozco su pasado. Sé de quién me están hablando.  Aquí de pronto me saltan un nombre y yo me quedo como  en blanco y, entonces, tengo que empezar a buscar y a preguntar  más a la gente para poder arrancar. Son cosas que me cuestan, pero sin duda aquí hay más herramientas. Por ejemplo, si el nombre que te dan tiene propiedades acá, en los registros puedes conseguir su número de teléfono. En Venezuela se hace periodismo de investigación con las uñas. Dependes mucho de datos y fuentes anónimas que te lleven a un documento”.

 

Por Nil Rodríguez  | @NilRodriguez